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martes, 31 de marzo de 2015

"EL AMIGO DE MI PADRE" - Cap. 23 - (By Mónica Hernandez)

EL AMIGO DE MI PADRE - CAPÍTULO 23




Con mi edad había vivido muchos caminos de rosas con espinas pero ahora sentía que la vida daba otra  oportunidad a papá. Todo era muy complicado, pero quien tiene una vida perfecta? me preguntaba cuando las cosas daban un giro inesperado…
 Matías y Juan salieron, muy temprano, al encuentro con Marcos en la comisaria,  convencidos del ocultamiento de pruebas por parte del comisario Romero. Impacientes, esperaban su llegada…La mano de Juan roza apenas a Matías, hace que este suspire y clave su mirada en él…
-Perdón, no…
-No pasa nada Juan…
Y se quedan como dos idiotas, mirándose dulcemente, sin saber que decir, ni qué hacer ante las cosas que están creciendo  y que intentan ocultar. A ambos les salva Marcos y el café…
-Muy raro que todavía no llegue…no creen?
-Estará por llegar, Matías…no nos adelantemos.
-Juan, vos crees como Guillermo que no deberíamos de ir a visitar a Miguel Ángel a la cárcel? Que es una pérdida de tiempo?
-Yo pienso que primero hablemos con el comisario y luego barajemos lo que se puede o no hacer, Marcos…-Matías señala el pasillo-Qué?
-Ya viene!
Al comisario Romero no le hizo ninguna gracia verlos. Tranquilamente le expusieron, ante la atenta y asombrada mirada, lo que habían descubierto…Al acabar el comisario  sintió que no tenía salida y ante la insistencia de los abogados…
-Creemos, por las pruebas de balísticas, que es un matón que trabaja para un conocido del estudio…el comisario Gómez. No me miren así, acaba hace poco de ser admitido de nuevo pero por lo visto no aprende. Es lo que tiene el dinero y el poder, que atrae…Estamos contrastando los últimos envíos de Miller con el PC y la notebook con lo que tenemos hasta ahora y…
-Pero es cierto lo de Miguel y el entramado?
-Tienen que quedarse quietos. Por ahora no sabemos si han mandado a alguien para hacerse cargo de los negocios pero a ustedes, pueden que los estén vigilando personal del exterior, no  fichado. Y olvídense de  Valparaíso es muy peligroso. Les prometo mantenerlos al tanto pero no hagan boludeces.
-No nos pueden atar de pies y manos! Todo lleva a allí y ustedes lo saben!
-Matías, compórtate! Juan, ellos lo saben!
-Espero que José no haya muerto en vano, solo queremos saber, no más. Podemos entender que ustedes no deseen exponernos  y…
-Doctor, haga caso a su compañero y deje trabajar a la autoridad y nada de visitar a Miguel. Nosotros estamos esperando para infiltrar de nuevo a alguien.
Salieron del despacho con más dudas y con la idea de visitar a mi tío Miguel.
La semana pasó como un rayo para algunos, para otros como una penitencia escuchando las puteadas de papá…se los dije, tenía razón, están desubicados, ándense a la mierda, sácate de acá…y así hasta que terminaban a las risas o haciendo una comida. Pudieron volver alguna mañana, con mucha prudencia y escolta, al estudio para así desatascar la casa y que Gaby y yo pudiéramos prepararla  por si Ana volvía inesperadamente…aunque  papá, sin nosotros saberlo, ya tenía planes para muchas cosas.
-Que linda esta la casa! Viste, mi amor?
-Se nota la mano de mi Gaby…
-Ya era hora que volvieran-abraza a Guille-no seas tonto, Pedro. Es para que nos sintamos bien. Además dentro de poco…-se calla al sentir la mirada enojada de papá-Y Albert?
-Albert está aparcando…
-Dentro de poco, nada…preciosa-y papá le tapó la boca-por favor! Fabián todo bien, campeón?
-De maravilla, ejerciendo de tío con el nene de Gaby. Viste? Adora a Pedro…
-No. Es un bebe-mira amoroso a papá-se va con todo el mundo-disimulando.
Y a papá se le vuelve a parar el mundo ante esa imagen, su Pedro con un nene pequeño es la pura dulzura del amor. Cierra los ojos y  los abre a la vez que suspira llevándose la mano al pecho…
-Subimos a cambiarnos, cielito?
-Sí, amor. Toma Beto-y el nene le regala una sonrisa.
-Vas a ser un buen padre, te lo digo yo…
Pedro sube tras papá con una sonrisa envidiable en su rostro. Nada más entrar papá lo tira en la cama…
-Guille! Que pasa amor?
-Me vuelves loco con ese nene en tus brazos…si pudiera te embarazaría ahora mismo?
-Que locuras hablas, mi vida? Yo no te he pedido nada, solo quiero casarme en cuanto te divorcies, por ahora solo eso, amor.
-Es que tu no ves lo que yo veo…-entristece.
Pedro lo pone a la par, su mano traza cada línea de la cara de papá, roza suavemente sus labios y acaba por hundir su boca en la de él…Con su mente pide anhelante borrar esa idea aunque sabe que es imposible…es Graziani.
-Ya? Guille, sabes lo que yo veo? A dos hombres, que se aman a más no poder, que luchan día a día por estar juntos y ser uno solo. No pido más, por ahora…Además, te olvidas que tenemos a Fabi…
-Pedro! Y yo intentando alejarte y….venid!-se abrazan-te amo y esta noche voy a dar una noticia.
-No me puedes dar un adelanto? Guillermo!
-Ponte guapo…sí? He tomado  decisiones que van a cambiarlo todo.
Relajados en la cena compartíamos nuestras experiencias al final del día, brindamos y papá dijo las últimas palabras…
-Tengo que anunciar unas cuantas cosas…primero que podemos trabajar en el estudio en horario de mañana-todos lo miraron extrañados -no me miren así…segundo ya puede cada uno ir a su casa aunque las cosas de palacio van muy lentas, el comisario me llamó pero si vieran algo sospechoso, ya saben…tercero Gaby quiero que llames a esa amiga tuya, Sonia para que cuide a Ana porque en tres días vuelve a la casa…y cuarto, estoy intentando alquilar algo  cerca del estudio para poder estar con Pedro…alguna pregunta?
Todos nos quedamos atónitos, probablemente era la primera vez que mi papá encaraba los problemas con esa fuerza y decisión. Pedro estaba radiante, papá lo había asombrado de nuevo, se la estaba jugando por él. Juan se alegraba por su amigo y por Pedro pero se entristecía con el pasado, se preguntaba qué era lo que tenía ese nene para que a cada minuto quisiera parar el tiempo…y al mirar a Matías, comprendió lo que tenía Pedro.
- Yo y Albert nos alegramos, y te llamo a Sonia lo antes posible.
-Hijito! Esa carita?
-Y yo donde voy a vivir, pá?
-Con nosotros, Fabi! Con quien si no,  no Guille?
-Iremos viendo, Pedro…venid, hijito.
Me abrace a él con todo mi ser, lo besé e hice lo mismo con Pedro. Me fui a descansar, la noche había sido agotadora con tanta noticia…
Matías entró en la cocina detrás de Juan. Este bebía un vaso de agua y sus miradas se quedaron en el término que ambos sabían…
-Esta situación es de locos, Matías…uffff!!!Debemos  hablar ya…
-Juan, es muy probable que…-no lo dejó acabar, Juan recordó ese vive que le dijo papá y se tiró de cabeza sin paracaídas a la boca de Matías…
-Entonces, subimos?-contento por el acercamiento.
-Claro que sí, lindo…
-Juan, estaba pensando que podrías venir a vivir conmigo mientras se van arreglando las cosas…
-Te puedes no anticipar…vamos a dormir, sí?
Matías sonreía pues sabía que lo que menos iban a hacer era dormir o al menos eso pasaba por su mente…
Al entrar en la habitación juntos, sintieron un cosquilleo subir por sus cuerpos. Matías no sabía cómo comportarse, le costaba aun entender las señales y Juan lo quería pero algo dentro lo atajaba. Ya en la cama…
-Juan, yo sé que no soy José, que esto a lo mejor es muy pronto para vos pero quiero que sepas que te quiero, que estoy y se esperar…
-Lo sé, Matías. Por eso te pido paciencia, yo estoy pero necesito aire para poder…-lo acarició, hundió su boca en la del joven, se separó y en su mirada vio el reflejo del verdadero amor…-poder decidir bien…
-No tengas miedo, Juan. No te estas equivocando, yo espero. Buenas noches.
Mientras ellos dormían plácidamente en la misma habitación compartiendo la misma cama, abajo en la cocina…
-Gaby, suelta el plato…hoy ha sido un día muy largo para ti, tienes que descansar por este nene, así que Pedro y yo recogemos todo esto.
-Sois dos soles-los besó-hasta mañana.
Juntos lavaron los platos, colocaron toda la cocina, dejaron ordenado el salón, prepararon la ropa para el día siguiente y Pedro se dirigió a seguir el ritual…
 -Whisky, amor?-se lo acerca, le clava un enorme beso del cual le cuesta soltarse.
-Che!  Me vas a conformar así? Con todo lo que he hecho hoy por vos y por mí? Acércate que quiero más y vos lo sabes. Mírame, Pedro. Esto no se puede dejar así de ninguna de las maneras.
-Quien dice que te quiero dejar?-sonríe- Sabes que me encanta, me excita verte jugar  con el hielo pero como todavía estamos en esta comuna… Voy a preparar unos informes para mañana que me olvidé,  relájate y calienta un poco la cama.
-La comuna está acabando, cielito…Que provocativo que sois!…
-Muchooooooo, no tardo.
-Pedro, Pedro…-se levantó de la cama casi al instante-tu  móvil…
-Dámelo, amor…Marcial, primo!  Guille me contó algo, cuando vienen? Tengo tantas cosas de que hablar con vos? Esto es un quilombo…si, si…
-Compramos  casa nueva. Pusimos el loft a la venta, demasiadas mierdas vividas en y en 3 o 4 días estaremos por ahí
-Primo, véndemelo a mí y a Guille!…
- No te preocupes, es tuyo, chau.
-Y esa carita tan linda?-lo abraza-Que me va a pedir ahora?
-Que no me sermonees. Por favor, promételo!
-Lo prometo, amor…
-No alquiles nada…he comprado  una propiedad  para los dos. Tenemos dos sueldos, yo puedo dar clases y…El loft de Cami es nuestro.
-Pedro…jajaja…y Fabi?
-Se viene con nosotros, además no es tan pequeño y se pueden mandar a hacer muebles a medida y…
Papá se perdió una vez más en esos ojazos, en su boca, en las sensaciones de dos cuerpos juntos, en su ímpetu al contar las cosas…
-Y si tenemos niños, que haremos? Afinados sabes que no podemos vivir…
-Y vuelta con lo del bebe, si pasa, buscaremos soluciones pero amor, ahora es ahora….y mando yo, o no?
-No sé, no sé…-Pedro empezó, sin apartar sus ojos de los de papá, a palpar el sexo de su amado…
-Y ahora…qué me dices?-apretando más con suavidad…
-Creo que no estoy muy  convencido todavía.
-Lpm, Guille…ahora vas a ver quién manda…
Pedro lo arrinconó contra la pared, papá sintió que eran ciertas las palabras, que Pedro mandaba, la pasión y el deseo siempre ardía entre ellos en cualquier tipo de contacto o situación…Pedro se  volvió  loco, comenzó a  acariciarle por debajo de la ropa hasta llegar al pecho, cosa que le encantaba, se deleitó por segundos, papá desesperaba ansioso de deseo, lentamente bajó a las caderas, sintiendo la excitación que había generado en los cuerpos que agitados pedían a gritos más rapidez en la entrega…con suavidad, se deshizo de las ropas sin perder la mirada amada…lo gira tan perfecto que las manos de papá quedan colocadas en la pared.
El pecho de Pedro en la espalda de papá y los cuerpos que buscan amoldarse ante el deseo. Las caricias bajan y suben provocando el calor y  la excitación…Papa se deja caer hacia atrás buscando la boca de Pedro devorándose  ambos con desesperación…Pedro pasa sus manos por la entrada de papá provocándole un escalofrió, que le recorre todo su ser, anticipo de lo que sabe que vendrá…
-Uy! Amor, mando o no mando?-excitado…
-Mandas, vos mandas, Pedro….-apenas toma aire, lo besa-tómame ya, amorcito…no puedo estar más caliente!
-Ni yo…
Pedro preparo con mucha suavidad la entrada e hizo caso a papá, entro provocándole un  gemido ronco… a papá, le costaba respirar, su cuerpo se aceleró  por la excitación, por el deseo y el amor que sabía que se tenían. Pedro  intentaba controlar todo con suaves caricias pero estaba claro que los  movimientos, que provocaban la entrega,  los derretía a ambos y no se podían controlar como quisieran.
Sus miradas lo decían todo y nada a la vez, no necesitaban palabras…Pedro apretó con una mano a papá a su cuerpo para la última cabalgada y con la otra tomo su miembro para llegar al éxtasis juntos…
-Agárrate bien que volamos…-le susurró al oído con voz entrecortada.
Si papá no se hubiera agarrado a la pared hubiese acabado no sé dónde…Pedro se derramó en papá a la vez que este lo hacía en su mano…
-Llévame  a la cama,  apenas puedo moverme…-sonreía satisfecho de la mutua entrega-mandas vos pero que conste que otras veces mandaré yo…
-Te amo, Guille...lo sabes, verdad?
-Lo sé…-lo mira con preocupación.
-Y ahora esa cara? Otra vez los fantasmas?
-Pedro…Vamos a tener que disimular por un tiempo aunque todos sepan que eres mi futuro esposo.
-Por Ana…
-Sí…estará en casa con Sonia y ya veremos que hacemos. No sé si reconocerá  a Fabián, a la gente del estudio, a los amigos…espero que no dure mucho esto porque si no, tendré que tomar otra decisión y estoy cansado…
-Abandonarla?
-Pedro, me ves tan cruel a mí vos?...No, me divorciaré y lo más probable, si no puede valerse por sí misma, es que acabe internada para siempre…
 -Guillermo, vos crees que…-angustiado.
-Pedro, esto, lo de Ana no es tu culpa, ni mía…Lo tengo muy claro. Hoy por hoy, no me siento culpable. Amorcito-lo acomoda en su regazo-mirad! Ana quiso estar conmigo, con el tiempo pienso que no maduró como yo esperaba o como ella debía, tomó sus decisiones y es probable que, en su momento yo debido a muchas cosas, me sintiera responsable de ella y de lo que pasaba pero ahora, no. Quiero vivir con vos y para vos…lo comprendes?
-Y yo también quiero, Guille…-hundió la boca en la de papá de nuevo.
-Amorcito, tiempo muerto…Descansemos, mañana es otro día…
-Qué tiempo muerto? Guille nos queda 3 días para…
-No, no, no…te hago cosquillas…
-Te estoy esperando, cobarde…-mordiéndose los labios…
 -No me provoques, Pedro…a dormir! Si no mañana no rendimos como se debe y Gaby nos hace el test psicotécnico y mi hijito no se pierde una…
-Viste lo que es Gaby? Una cotilla…
-Sí pero encantadora…nos quiere.
Los días que siguieron fueron vibrantes, parecía que andaba en una montaña rusa, un día precioso y al siguiente estaba en la cuerda floja… Juan acepto irse a vivir al departamento de Matías por un tiempo. A papá la idea le encantó, sentía que los celos de Pedro estaban más controlados. El comisario Romero nos informó  que habían infiltrado a una persona en Valparaíso, las cosas marchaban como ellos esperaban y en la cárcel el tío Miguel estaba moviendo ficha. Y los abogados del estudio estaban por descubrir una bomba…
 La casa, por momentos, se quedó sorda y hasta vacía. Gaby y yo solos, con Gustavo,  echándolos de menos, a todos, hasta que volvían a almorzar para quedarse...
Sentimos la llave de la puerta, ante el silencio, asomamos nuestras cabezas y enmudecimos ambos al verlos llegar con Ana. El aire se podía cortar con cualquier utensilio, las miradas… de pena anidaba en el rostro de papá, de angustia en Gaby, de indecisión en mí, y Pedro?...Alberto subió deprisa, sin apenas pararse a mirar nada, las cosas a la habitación…
-Hola!-dijo con la mirada extraviada-soy Ana…Ana Graziani.
Gaby la saludo con un abrazo, una leve sonrisa…no pudo aguantar un suspiro y acariciar a papá al ver el desasosiego pintado en su rostro…
-Es mi marido, chiquita!- le gritó.
-Tranquila, Ana! Te conté que son  amigos, que hoy pasamos la noche aquí y que mañana vamos a la casa. Y te vuelvo a repetir que vos y yo no somos nada. Sube a cambiarte para almorzar, por favor…
-Pero Guille…-Ana subió haciendo caso a lo que le había dicho papá.
-Pá y Pedro?
-Hijito, esa carita no…por favor, no. Pedro viene ahora, hay que disimular un poco. Esto está terminando, sí? Recuerden, es un amigo.
-Guille, esta todo colocado como vos dijiste. Pedro ya está aparcando y por lo visto ya está arreglado  el tema del loft y esta noche por lo visto ya lo puede usar…
-No, no…Gaby, lagrimas no, linda…nos vamos a ver y lo sabes.
-Pero me tiene abrumada lo de Ana…Guille está loca?  Y vos y Pedro?
-Media loca, diría yo…viste? No conoce a nadie, ni a Fabián, tenemos que ir viendo…Esto, ummmm.
-Silencio que ya baja, Guille…Gaby, la puerta…
-Pedro, ya llegaste!-me lance a sus brazos.
-Sí, campeón…mira una tarta y vino-sus ojos se anclaron en los de papá. Sus sonrisas cómplices rompieron cualquier nubarrón que estuviera por desatarse.
-Y este bombón quién es?-sorprendida por la belleza de Pedro
-El amigo de papá-dije orgulloso.
-Soy Pedro Beggio, abogado penalista, amigo y socio de Guillermo.
Todos temblamos cuando sus manos se tocaron y Ana lo abrazó como si nada, porque nada fue lo que vimos que sintió Ana.
-Está loca? Me dijo Bombón, Guille?
-No la hagas caso, chiquito…creo que se fue a otro lado.
Después de almorzar, Juan llamaba a Marcos para saber si había conseguido hora para visitar a Miguel…
-Qué haces? Vamos a descansar un poco, dale!
-Hablaba con Marcos…-sin quitarle la vista a Matías que lucía esplendido con su bóxer…-Quita esa cara, lindo!
-A qué hora es la visita?-siente lo que provoca en Juan pero sabe esperar- Jajaja…sabes que me van a culpar de esto?
-Nos lo dejan ver a las 5 de esta tarde-termina de comérselo con la mirada-Sí, lo sé pero también sé que a Guillermo se le pasará.-le acaricia la espalda-Vamos a descansar un poco, amor…La tarde pinta muy larga.

CONTINUARA…












lunes, 30 de marzo de 2015

"TEATRO" - Cap. 35 - Parte 2 - EL FINAL (By Guillermina Pedris)


TEATRO - CAPÍTULO 35 - CAPÍTULO FINAL (2da parte)




_Te lo dije… ¿Viste que el pelotudo estaba mintiendo? Si no lo acorralábamos con la idea de que no iba a cobrar un solo peso y encima nos iba a tener que pagar a nosotros, todavía nos estaba boludeando…  ¡Yo me resisto a creer que exista genta tan estúpida!
_Guillermo, de la manera en la que le planteaste las cosas no le dejaste opción. Si hubiese estado en su lugar, hasta hubiese inventado esa historia.
_Si, pero no la inventó… Además no fui yo el que le puso el revólver en la cabeza, ese fuiste vos…  Estuviste brillante, Pedro. ¿Viste que rápido se le hizo la luz y recordó todo?
_ Que tipo sin códigos, me quitó las ganas de defenderlo.
_ ¿Pedro, vos tenés idea de la plata que ganamos hoy?  Con lo que vamos a cobrar se te va a pasar esa sensación y vas a querer defenderlo por el resto de tu vida.  ¡La mitad de la póliza! Esto se merece una cena, con Julio, con Benjamín, con los miembros del estudio y con el mejor de los vinos… y de paso lo podemos invitar o Jorge a cenar con nosotros
_ ¿Ah? ¿La cena y el mejor de los vinos  para todos?
_ ¿Qué tenés en la cabeza Pedro? Si llegamos a cenar vos y yo solos, los otros dos nos ponen dos patadas en el culo que terminamos durmiendo en el yate desmantelado abrazados al pelotudo ese que se estuvo curtiendo a la amante de su socio durante un año… Hasta que el socio se enteró. ¿No le dejo nada viste? Creo que si hubiese podido hasta le rompía la estampita de la primera comunión.
Pedro se ríe. _ ¡Guillermo!
_Dale, volvamos al estudio, Benjamín ya debe estar ahí.
Esta vez Pedro deja salir la carcajada.
_ ¿De  qué te reís si se puede saber?
_Como te mueve el pendejo…
_¡Ah no!  Si vos con el otro te la llevás de arriba. ¡Dejame de joder Pedro! Estás al horno como yo.
_Si, pero de mi era más fácil de esperar, en cambio de vos…
_¿Te callás solo o te callo a trompadas?
Una nueva carcajada fue la única respuesta.

Cuando llegan al estudio lo hacen ruidosamente. Benjamín estaba concentrado en sus apuntes cuando los escuchó llegar.  Trata de hacer su mejor esfuerzo, pero de tanto en tanto, algo lo apuñala cuando los ve trabajando juntos.
El primero en pasar a su lado es Guillermo que con la euforia que trae ni piensa en lo que hace. Le da un beso en la frente y le dice _ Te amo Benjamín._ Luego sigue su camino como si nada y sin siquiera sospecharlo, desclava el puñal. ­_Cuca! Llamalos a Marcos y a Beto, a Gaby también. Deciles que acabamos de ganar un caso y que va a haber asadito en el estudio porque hoy ganamos mucha pero mucha plata… Esta noche, asadito y cabernet.
El segundo en entrar es Pedro, estira su mano buscando la de Benjamín que ha quedado paralizado por el beso y las palabras de Guillermo. _¡Venga esa mano! Felicitanos Benja, hicimos un negocio redondo hoy. _ Para Benjamín no es difícil estrechar la  mano de Pedro, ellos no necesitaron agarrarse a trompadas para establecer la paz. Tal vez por ser más jóvenes, tal vez por ser  menos temperamentales… Ellos habían hecho las paces en silencio y habían aprendido a respetarse.
_Felicitaciones… ¿Pero qué paso? Guille está eufórico.
_El tipo estaba sucio, al final lo terminó confesando y Guille le propuso la mitad de la póliza para convencer a los verificadores de siniestros que había sido un robo.
_ ¿Pero no fue un robo?
_En parte sí, pero más que eso fue un ajuste de cuentas. El tipo se estaba acostando con la amante de su socio y el otro lo descubrió.
_ ¡Uy, que enchastre!
_Paren las rotativas…  _Marcos tenía cara de felicidad, para él todo lo que fuera plata era felicidad. _El jefe ordenó esta noche asadito en el estudio.
_Pero mañana trabajamos… _Alegó Pedro.
Fue Guillermo el que le contestó.  _Por eso, para que mañana trabajemos con las mismas ganas de hoy vamos hacer un asadito tranquilo y lo vamos a invitar  a Jorge._  Le comenta a los demás._ Es un amigo nuestro que estoy seguro les va a encantar conocer. Pedro, ¿Julio tiene función?
_No, hoy no. Recién el viernes.
_Perfecto, ¿ven que los caminos de la vida son perfectos? _ Benjamín se sonríe al escucharlo. _¡Despiértense! Que la vida en hermosa. Esta noche, tempranito, un asadito en el estudio. ¡Ay cuanta platita ganamos hoy!  Beggio,  déjeme felicitarlo. Que oportuna su intromisión… ¡Una maravilla! Muy buen penalista, pero como negociador estuvo impecable.
_ ¿Pero qué pasó? _  Preguntó Benjamín  intrigado.
_Que va a pasar.  Con esa cara de póker que pone cuando quiere, mientras yo lo estaba apretando al tipo, este sacó ese celular multicolor que tiene…
_No es multicolor. Es azul.
_Bueno, azul o lo que sea, y se mandó una parodia que era para llevarlo al teatro. Si lo veía Julio, lo perdemos. Se lo lleva a trabajar con él. Se ve que las pocas clases de actuación que tomó las aprovechó al máximo. _ Pedro y Benjamín cruzan miradas en silencio recordando esos días._ Fingía hablar con los peritos y amenazaba con declara en contra alegando que no teníamos pruebas, entonces el tipo se cagó en las patas y empezó a hablar. Pedro le ofreció colaboración adecuada y le sacamos la mitad de la póliza. ¡No me digan que no estuvo genial!
_ ¡Bien ahí Beggio! Todo el que trae plata al estudio se convierte inmediatamente en mi amigo, te felicito Pedro, esta noche prometo ser tu geisha. Che Guillermo, ¿qué se entiende como “tempranito”? 
_¡Que se yo Marcos!  Si les parece tipo ocho y media podemos estar cenando, así después cada uno se va a su casa a una hora razonable. De más está decirles que mañana a la mañana Pedro y yo no trabajamos, con la plata que trajimos hoy  nos merecemos hasta una semana de descanso, pero con una mañana nos arreglamos.  _ Le guiña un ojo sin que nadie pueda verlo.
Pedro atrapó al vuelo el mensaje en cubierto. _ Apoyo la moción del jefe, mañana se arreglan sin nosotros.
_¡Entonces traigo champagne!
_No Marcos, los que mañana no trabajamos somos Pedro y yo, ustedes si van a trabajar… Y cuando quieran una mañana libre, primero tienen que traer al estudio el dinero que hoy trajimos Pedro y yo.
Les llevó la tarde completa terminar los papeles que debían presentar para el cobro de la póliza, en eso de las seis de la tarde Pedro recibe el llamado de Julio. _ ¿Terminaste amor?
_No, por eso te llamaba. Nos falta una hora o dos para terminar con las grabaciones.
_No te preocupes. Cuando termines te voy a buscar, hoy es un día de fiesta en el estudio. Ganamos el caso del embarcadero y festejamos con un asadito.
Algo le dolió muy adentro. _ Bueno, felicitaciones. Pero quedate tranquilo, cuando termino me tomo un taxi y te espero en casa.
_No entendiste Julio, la fiesta te incluye a vos también. A vos, a Benja y a Jorge. Es un asadito tranquilo y temprano. Cenamos acá todos juntos y después cada uno a su casa.  Ah… cuando te vea tengo algo que decirte.
_Contame ahora.
_No… cuando te vea.
_Sos malo…
_Con vos nunca… Dejame sorprenderte.
_Está bien. Apenas termine te llamo. Pero Pedro, ¿yo en el estudio y cenando con ustedes? ¿Te parece que da?
_No me parece amor, estoy seguro.  Cuando termines te voy a buscar, te amo.
Se queda besando el celular como si fuese una extensión de su cuerpo, de ese cuerpo que acaricia cada noche y revive todas las mañanas. “yo también te amo Pedro.”

Ha llegado el final del día de trabajo y un clima de fiesta se va generando en el estudio, esta vez Beto se hizo cargo de la parrilla dejando a Gaby liberada de llenarse de olor a humo. En la cocina ella y Cuca preparan las ensaladas.
_Che Gaby,  ¿viste que bonito es Benjamín? Es tan parecido a Pedro… Un poquitito más joven pero igual de bonito.
_Es asombroso el parecido que tienen, cualquiera diría que son hermanos.
_ ¿Viste nena como lo trata Guille? Se derrite cuando lo mira.
_Y bueno Cuca, era hora que el amor le pasara, vos sabés lo que yo lo quiero a Guillermo… No se merecía esa vida que tenía.
_No, claro que no se la merecía. ¿Por qué te pensás que esta noche me quedé a acá en vez de ir con tu mamá al bingo? Por mi sobrino preferido. ¡Lo quiero tanto Gaby!
_Todos lo queremos Cuca, todos.  Guillermo es nuestro sensei. Sin él estaríamos perdidos.
Cuando todo estaba listo para dar comienzo al banquete Pedro llegó trayendo con él a Julio. Jorge había llegado minutos antes en un taxi fiel a su costumbre.  Guillermo recibió a Julio con un abrazo y le preguntó cómo estaba su boca.
_Con los efectos mágicos de los maquillajes pudimos filmar si problemas… ¿Tu ojo?
_Ahí anda…_  Todavía se podía ver esa manchita violácea que comenzaba a bajar hacia el pómulo. _Pero vení, tomate un vino con nosotros. El hematoma se va a ir y la paz se va a quedar.
Tanto Cuca como Gaby estaban impactadas de tener al gran Julio cenando con ellos en el estudio, Gaby sobre todo no dejaba de dejarle en claro su admiración.
_¡Te quiero tanto…! No sé porque te quiero tanto, pero adoro todo lo que hacés. ¿Y la próxima película cuando la vamos a ver?
_ Gracias… _ Julio se sentía intimidado, esa noche lo último que quería era ser la estrella del momento.
_Gaby, dejalo en paz que vino a cenar no a trabajar. _ Guillermo salió en su ayuda. _ Vení Julio, seguime, vamos a buscar un vino. _ Lo rescata de Gaby y su fanatismo.
A solas en la cocina le pregunta_ ¿Cabernet o Malvec?
_Me da lo mismo.
_Nunca da lo mismo, nada da lo mismo… Elegí hombre.
_ Está bien, Cabernet.
_¡Gracias! A mí también me gusta más el Cabernet.
_Guillermo…  Te quiero pedir disculpas por lo que te dije ayer.
Le pone una mano sobre el hombro. _ No hace falta. En todo caso yo también te debo una disculpa, fui grosero, te provoqué. 
_No, el que arrancó con los botines de punta fui yo, perdóname…
_Olvidate de todo Julio, yo ya me olvidé. Hoy Benjamín me dijo que los caminos de la vida son perfectos y creo que tiene razón. Que ninguno de los cuatro tendría lo que tiene si antes no hubiésemos vivido lo que vivimos.   Si en algún momento me deslumbré con Pedro, hoy creo que fue algo perfecto que en ese momento estuviera con vos, Benjamín me dijo cosas muy sabias esta mañana, es muy joven pero a veces su sabiduría me descoloca. Tiene  una filosofía de vida tan especial que no solo me conmueve, me ayuda a crecer.
_Benjamín es una gran persona.
Siempre le gustó el mágico sonido que hace el corcho al abandonar la botella y cuando la inclina sobre la copa se escucha el cabalgar de las cepas cayendo dentro de ella. _Es más que una gran persona, Benjamín es el ángel que me enseñó a creer, a soñar y a confiar.
_Estás enamorado…
_Puede ser._ Claro que lo está y bien que lo sabe.
_Si, estás enamorado, permitítelo.  Viví los días que la vida te deje con él y dedicate a hacerlo feliz. Llevalo de viaje a Colonia. No sabés lo que puede ser Colonia del Sacramento para dos almas enamoradas.  Van a volver levitando.
_Pude ser, prometo pensarlo. Pero bueno, por ahora que gusto que estés en este estudio cenando con nosotros… _ Choca su copa contra la de él. _Buena vida Julio.
_Buena vida Guillermo Graziani.
Eran las diez de la noche cuando Pedro siente que su celular vibra en su bolsillo. Le llama la atención esa llamada a esa hora. _Julia…
_Pedro, perdón por la hora pero tuve una tarde complicada.  Solo un minuto, te llamo para ver cómo les está yendo. ¿Volviste a soñar?
_No, anoche no soñé nada y Guillermo tampoco.
El ruido de fondo la atrae. _ ¿Estás en una fiesta?
Pedro se ríe. _ No, estamos de festejo en el estudio, hoy ganamos un caso importante.
_Felicitaciones. ¿Y quiénes están?
_Estamos todos. Guille, Benja, Julio,  la gente del estudio, Jorge y yo.
_ ¿Jorge? ¿El sacerdote?
_Si, el mismo.
_Ah, pero entonces son muy amigos…
_Mío no, de Guillermo.
_Bueno como sea, Pedro ¿vos me  harías un favor? ¿Le pasarías mi número de teléfono a Jorge? Es que tengo muchos pacientes que son creyentes  y vos sabés que esta ciencia no se lleva bien con la religión, pero por lo que ustedes me dijeron se ve que es un sacerdote especial, abierto… y ya que a mis paciente es común que se les genere un conflicto entre la conciencia y la Iglesia, quizás haríamos un buen equipo.
_Si, no hay problema. ¿Pero segura que se trata de eso?
Se ruborizó porque no es su estilo mentirle  a un paciente, pero este era un caso de fuerza mayor.  Una gran duda todavía se balanceaba sobre ella como la espada de Damocles y necesitaba descargar esa tensión… Sabía q     ue Freud la perdonaría.  _Por supuesto Pedro, de que otra cosa se iba a tratar, los espero la próxima semana, y ya que ganaron un caso les voy a renovar los aranceles.
_No, eso no estaba pactado. _ Julia se rió, muy adentro suyo lo bendijo y pidió estar equivocada. Lo quería demasiado. Le había tomado mucho afecto, Pedro era una persona sencilla pero con mucha capacidad de amar, un don que le había jugado en contra toda su vida, con su familia, con sus amigos  y hasta con sus parejas.  Estaba segura que Álvaro hasta el día de hoy estaría arrepentido de haber intentado ejercer sobre Pedro un poder que le había salido mal, pero por un lado se sentía feliz.  Ese hombre de ojos entrañablemente oscuros parecía tener un alma trasparente. Julio la había impactado. En realidad todos la habían impactado, Benjamín y esa dulzura, Guillermo y su arrogancia que no dudó en quebrarse cuando fue necesario, y Julio… Fue el primero en darle la derecha a su teoría, una teoría de la que cada vez dudaba mas. Por eso esperaba ansiosa que Jorge se comunicara con ella, quería saber su opinión.

La cena había terminado a la hora planeada, cuando cada uno llegó a destino aun había algo de tiempo para charlar y para amar.
_Julio, ¿te puedo hace una pregunta?
_Por supuesto que sí, lo que quieras. ¿Por qué tanto misterio?
Tal como la costumbre demandaba, tal como les gustaba, compartían un whisky y un café antes de dormir.  _ ¿A vos te cerró la teoría de Julia?
Se pasa una mano por el cabello y no tarda en responder. _ Sí, porque no. Tiene sentido._ Se detiene a mirarlo. _ ¿Y a vos te cierra?
_Si, a mi sí, completamente, porque desde ayer que lo hablamos, los sueños de detuvieron.
-¿Y entonces Pedro?
_Entonces quería saber si vos sentías la misma paz que siento yo…
No lo miró, lo consumió con los ojos… _ Vení, vení que te cuento.

Guillermo y Benjamín habían regresado al departamento, al igual que Pedro y Julio buscaron una copa para compartir y un momento para el dialogo.
Benjamín retozaba en el sillón con una sonrisa de oreja a oreja. _ ¿A qué se debe esa cara de placer?
_A que ahora somos ricos… _ Le encanta provocarlo.
_ ¿Cómo es eso?_ Se le arrima dejándole en claro como de costumbre, que lo supera en fuerza. Benjamín muere por esos momentos, cuando toda su masculinidad le sale al cruce, cuando lo avasalla.
_ ¿No dijiste que hoy ganaste mucha plata?
_ Si, ¿qué tiene que ver eso?  _ Lo arrincona con su cuerpo y lo encadena con la mirada.
_Que cuanta más plata tenés, mas te quiero. _ Justo él… Justo él que era el heredero de una fortuna que le permitiría vivir sin trabajar a tres generaciones. Era obvio que lo estaba provocando. Le gustó el juego…
_Y sí, me imaginé que me iba a costar una fortuna sostener tu amor hipócrita e interesado, por eso me decidí a ganar dinero en serio.
Benjamín lo rodea con sus brazos y explota en carcajadas._ Es imposible no amarte Guillermo, imposible. ¿Puedo tocar un tema sin incomodarte?
Guillermo revolea los ojos. _ A ver…
_¿Volviste a soñar con él?
_No, con él no, en todo caso con ellos.
_Bueno, con él o con ellos… ¿Soñaste o no soñaste?
Lo sostiene junto a él, lo mantiene abrazado a su cuerpo. No puede dejar de mirarlo embelesado, ese chico todavía parece no querer entender lo que significa en su vida. “Mejor”, piensa, “así me dedico cada noche a volver a explicárselo.” _ No mi amor.  Anoche fue la primera noche que no soñé con nada que no fuera despertar y verte dormir a mi lado, ¿conforme?
Benjamín se da cuenta que el tema lo incomoda un poco. _Guille, no te pongas así. Aunque yo no sueñe con un barco pirata, aunque mis sueños no se enlacen con otros, yo también siento y padezco día tras día ese miedo de perderte.
Acaricia sus cabellos y besa su frente con adulación. _ Gracias Benjamín…  Pero vos no tenés nada que temer. No pienso alejarme de vos.  Al menos no está en mis planes.
_Guille, tengo algo que decirte…

Esa noche se lo veía descansado, como si en lugar de haber trabajado todo el día hubiese dormido toda la tarde.  Su cuerpo exteriorizaba una energía atípica para esa hora de la noche. La música de fondo se convertía en un motor que lo impulsaba a cada instante sobre Pedro buscando más de sus sentidos.  No podía dejar de besarlo, afuera todo era oscuridad y silencio, adentro todo fuego y pasión. Demoraba el momento del sexo por el solo placer de sentirlo así, entregado e indefenso. Despojado de si mismo se rendía a las caricias y a los besos. Destronado de todo resto de individualidad, se dejaba expropiar de sus sentidos para volver a hacer el amor como lo hicieron en Colonia, con toda la ropa puesta.
Era una noche especial. Una noche que marcaría un antes y un después, no solo habían vencido un nuevo desafío, el más difícil de atravesar hasta el momento…  Esa situación incompresible donde tanto él como Guillermo -justamente Guillermo- hubiesen estado soñando el mismo sueño, sino que además habían marcado el principio de una hermosa amistad compartiendo una cena los cuatro juntos en el estudio.  El mismo estudio que para Julio había sido una pesadilla durante tanto tiempo, a partir de esa noche sería uno de los tantos puntos de reunión para tomar un vino entre amigos. Era bueno saber que ya no tendrían un vínculo cerrado formado solo por ellos dos, sino que contaban con un grupo de gente que los esperaría en cualquier momento.  
De no haber visto con sus propios ojos el amor con el que Guillermo miraba a Benjamín, todo hubiese sido diferente, no hubiese podido confiar ni creer. Pero después de haber sido testigo ocular y presencial del amor que se tenían - porque esa piña todavía se dejaba sentir sobre el borde de su boca - tan solo le quedaba confiar, descansar, amar y sonreír.
Pedro era una realidad que no se llevaría ningún  viento por fuerte que soplara. Él era suyo, y se entregaba al placer de abrazarlo con todas sus fuerzas. Lo sentía atrapado entre sus brazos y no tenía apuro en quitarle la ropa, porque él era ese sitio de poder donde se concentran todos los poderes, su hoy y su mañana, su presente y su futuro… Eso era hacer el amor, entregar y  conceder, proporcionarle al otro potestad y señorío, soberanía absoluta y no solo sobre el cuerpo, sino ante todo en esa parte que nos hace tan únicos: el alma.  Lo otro es exteriorizar la sexualidad, es permitirle al cuerpo descargar la líbido generada por el deseo, pero hacer el amor es esto. Mirarse a los ojos y elegirse, hacer la lista de defectos y no desilusionarse, amar muchas veces también es decidir. Es aceptar el desafío de continuar juntos el camino y no soltarse cuando las tempestades amenazan con rugidos lacerantes. Hacer el amor es esto, compartir un café y un whisky sentados lado a lado, mirarse a los ojos, escucharse y completarse. Lo otro es sexo, el siempre placentero, reconfortante y bendito sexo, pero la diferencia es que uno calma el hambre del cuerpo y el otro la sed del alma.
_Vos tenías algo que decirme…
­_Después... _ Seguía entregado a su domino, a ese hombre que soñó durante años.
_ ¿No querés hablar?
_De eso todavía no, no es el momento.
_La intriga me desconcentra Pedro…
_No es una confesión, es una propuesta. Después te digo, ahora dejame besarte. ¿Puede ser?
_ ¿Qué te hace pensar que te diría que no? Besame toda la noche…
Respira profundo y lo mira a los ojos. _ ¿En que pensás cuando me miras así Pedro?
_ En que fuiste mi adoración secreta, mi amor imposible, vos sabes las cosas que hice por llegar a vos y sin la menor esperanza de lograrlo. _ Julio se sonríe, es enternecedor escuchar esa confesión. 
_Pedro, no debe haber sido para tanto…
_Si lo fue, claro que lo fue. ¿Cómo no iba a sentir miedo de perderte? Creo Julia tiene razón cuando dice que busque un alternativo, alguien que no pudiera abandonarme… _ La herida que Álvaro le dejó aun se siente como una de esa cicatrices que se hacen presentes cuando está por llover.
_¿Extrañás a Álvaro a veces?
_No, ¿cómo se te ocurre que lo podría extrañar?...  Si te confieso que me dolió mucho la forma en la que terminó nuestra relación, no me lo merecía, pero se ve que él creyó que si.  Aunque gracias a eso, llegaste vos y todo lo anterior se convirtió en cenizas.
_¡Ay Pedro…!_ Lo mantiene abrazado contra su cuerpo, es la segunda vez que por esos misterios del universo logran hacer el amor de esta manera. Instantes mágicos. Situaciones inolvidables.  _Yo no sé si merezco todo esto…
Le sonríe con esa sonrisa única y esos ojos de cielo.  _ ¿Qué decís? Sos lo mejor que le pudo pasar a mi vida, amé este tiempo con vos, un contrato de amor renovable a treinta días, _ Julio se ríe al escuchar esa frase _ nuestros viajes a Colonia, las promesas que dejamos en las calles empedradas, las leyendas que bebimos, las historias que creamos en la terraza de un hotel en Colonia del Sacramento. Las frases que dejamos escritas sobre un papel una noche cualquiera mientras vos hacías la cena, las veces que la noche nos cobijó con su abrazo, las noches en que la luna misteriosa quiso ser parte de nuestros encuentros y las tantas veces que la lluvia, obstinada se abrazó a los cristales para vernos hacer el amor una vez más.  Julio, estoy enamorado de vos…
Ese sentimiento altruista y bondadoso le va dando paso a otro que era inevitable que llegara, la filantropía es un buen ejercicio, pero él ya está necesitando otro y por el ritmo que ha tomado su respiración, se da cuenta que Pedro también…  Comienza por aflojar su camisa para recorrer su espalda acariciando su piel desnuda y siente como esa piel reacciona, no tarda demasiado en quitarle la ropa, el cortejo estaba consumado, ahora solo había que darle libre albedrío a lo que se había generado por dentro para que traspasara la piel y terminara en un perfecto orgasmo.
Caricias y sonrisas, miradas que acompañan, ojos que incendian, y la plenitud de la sensualidad y el erotismo. Unión, cópula y deseo. Amor y pasión, hasta desfallecer.

_ Te escucho Benjamín…  ¿Qué tenés que decirme?
Le cuesta comentarle lo que va a pasar. _ Guille, la semana que viene llegan mis padres…_ Estudia su reacción.
_ ¿Y por qué tanto enigma? Me parece perfecto que tus padres vengan a visitarte.
Se aclara la garganta y lo mira dudando de cómo va a reaccionar. _ No vienen solo a visitarme a mi…_ Ruega interiormente no haber cometido un error. _ Vienen a conocerte a vos…
_ ¿A mí? ¿Y por qué a mí?_ La pregunta se responde sola ante su mirada retraída._ Benjamín, ¿les contaste?
Asiente con algo de temor.
Lo atrae hacia él. Le besa la frente y caricia sus cabellos. _ ¿Por qué me miras así?
_Porque pensé que podías enojarte.
Es extraño ver a un Guillermo tan pacífico y conciliador, su mirada y su sonrisa más que el reproche que esperaba son puro agradecimiento. _ ¿Cómo me voy a enojar chiquito? _ Lo abraza muy fuerte. _ Vos sos mi vida, ¿con qué motivo me podría enojar? Vos sos mi pareja, el amor que elegí.  Mirá, te voy a decir algo que quizás sepas, pero es la primera vez que la gente del estudio tiene información sobre mi vida privada. Lo sospecharon todo, pero nunca supieron nada de mi boca, hasta que llegaste vos. No lo voy a publicar en los diarios, pero no te escondo, no te oculto, no te niego. No me molesta que sepan que estamos juntos, así que cambia esa carita. Cuando tus padres lleguen a Buenos Aires, yo sé lo que tengo que decir. No te preocupes. Es más… _ Le toma las manos y las besa._ Para que estemos a mano, esta semana voy a hablar con Fabián.
­_ ¿Con Fabián?
_Si, con Fabián… y no tengas miedo Benjamín, ya hablamos de esto. Quedate tranquilo, si ellos no lo entienden a mi me basta con tenerte. _ Lo besa suavemente sobre los labios, se acomoda sobre el sillón y lo rodea con sus brazos. _ ¿Y cómo te fue?
_Y…  Al principio fue difícil, pero después me notaron tan convencido y tan seguro de lo que estaba diciendo que poco a poco fueron aflojando, con mi mamá no fue tan espinoso, pero con papá…
_Me imagino.
_Si, pero era hora de decir la verdad.
Cada minuto lo adora un poco más. _ Gracias Benjamín. Gracias por confiar en mí, y en esto que estamos construyendo.
Se tira encima de él y se enreda en su cuello, ese sillón es un espacio que ha llegado a adorar, ahí durmieron abrazados y vestidos la primera vez que pasaron la noche juntos.
Benjamín deja caer su cabeza hacia atrás y le permite besar su largo cuello.  La respiración se le entumece por momentos, nunca sintió tanto.  Todo su ser está a punto de entregarse,  siente sus manos debajo de su camisa recorriendo su piel y se erotiza, le resulta imposible hablar.  Las manos de Guillermo van creando pasajes nuevos sobre su cuerpo y pierde la noción del tiempo. Hay algo que quería preguntar, recuerda y olvida, se sabe como una marioneta en manos de un ilusionista.  El juego se acentúa y ya no puede recordar lo que iba a preguntar.  Estando sobre él lo único que siente es el calor de su cuerpo. La extraña fiebre de su piel que lo calcina y le provoca mucha sed…
_Siento sed…
Guillermo detiene el combate,  su frase le pareció real. _ ¿Qué te pasa Benjamín?
_Me estoy prendiendo fuego, siento sed…
_¿Qué te pasa amor? ¿Qué te traigo? ¿Querés agua?
_No…  Traeme algo fresco, dulce y embriagador…
_¿Benjamín estas bien?
_Si, estoy bien pero sediento…  Por favor, traé algo para beber.
Revuelve la heladera hasta que recuerda haber  dejado en ella un espumante que está tal como Benjamín lo pidió, dulce, fresco y embriagador. Toma dos copas y coloca la botella en un bol con mucho hielo.  Se sienta junto a él y al servir el vino blanco y dulce como el que Dan compartía con John en esas noches sobre el Revenge, observa como la diferencia de temperatura provoca una pendiente entre ese líquido frío y el vapor del ambiente que se condensa en la superficie del cristal empañando las copas.
_ Brindemos por esto Pedro, somos unos privilegiados, hay gente que muere sin haber conocido el amor. _  Se escucha el tintineo al chocar. No hay duda que descorchar una botella de champagne, realiza cualquier momento. Benjamín se refresca con esa bebida dejando la copa casi vacía.
_Ahora sí, ahora me siento perfecto.
_¿Pero que te pasó?
_Un hombre, eso me pasó. Un hombre sin comparaciones. Vos me pasaste…_  Guillermo lo vuelve a abrazar, lo exprime entre sus brazos. De pronto la mente se aclara y Benjamín recuerda lo que quería preguntar. _ Vos tenés una deuda conmigo, me dijiste que me ibas a decir algo.
Llegó el momento de la verdad,  el a cara o cruz, le cuesta porque nunca dejará de ser Guillermo Graziani, pero Benjamín se lo merece.
_Hoy te dije que te iba a decir algo que no le dije a nadie en mi vida…
_Aha… _ Benjamín sigue bebiendo ese espumante que le devuelve las fuerzas. _ Te escucho.
Lo sostiene junto a él, se sumerge en su mirada, espera unos segundos y lo deja salir así como nació. ­_Benjamín… yo me enamoré de vos.
Le agradeció esas palabras con un beso que no se fue deseo sino reconocimiento.  Sabía lo difícil que era para él permitirse ese momento. Lo llenó de caricias y lo abrazó muy fuerte. ­ _ Qué lindo fue escucharlo. Gracias amor, vos ya lo sabés pero dejame decírtelo, yo también me enamoré de vos.
Eso bastó para empezar con otra etapa de la noche. Abandonaron los temores y siguieron charlando y bebiendo, alimentando la sensualidad que los rodeaba, cada uno con su propio yo en su interior.  El yo, esa instancia psíquica que aparece mediando entre el inconsciente que expresa sus deseos y la moral enjuiciadora provocada por las normas que la sociedad impone y las prohibiciones parentales.  Esa instancia conciliadora que permite al ser humano ser y obtener el mayor placer que la realidad le permita, ese momento de defensa.
No dejaron de mirarse ni de sonreírse por un solo instante, se fueron seduciendo lentamente, se impregnaron de la presencia del otro. Mientras la botella de champagne se vaciaba sus fuentes de pasión se  cargaban de entusiasmo. El placer no nace en la piel sino en la imaginación. Es ahí donde se  crea la mejor fantasía y se genera la culminación perfecta. Es inconcebible pensar que el sexo tenga el magro objetivo de  empezar por la piel, atravesar el cuerpo y terminar en un orgasmo. El proceso debe ser inverso. Cuando el sexo es amor, el placer se genera en la mente, se desplaza por el cuerpo hasta atravesar  la piel y se exterioriza en una convulsión que con un grito, a veces apagado por el pudor y otras veces manifiesto, estalla como sea, silenciado o evidente,  desgarrando un velo.  Ese es el proceso que marca la diferencia y ellos acaban de experimentarlo.
Se durmió sobre su pecho con una sonrisa en los labios, eso era amor.

Esa mañana Jorge llamó a Julia para nada convencido de lo que Pedro le había dicho.
 _ Doctora.
­_¿Si, quien habla?
_Jorge, el sacerdote amigo de Guillermo. Pedro me pasó su número y me habló de su intención de conocernos. Me dijo acerca de sus pacientes y el tema me interesa.
Se remueve incómoda en su sillón. _ Le pido disculpas, eso fue una excusa.
_Lo imaginaba…
_ ¿Quiere que lo hablemos por teléfono o prefiere que sea personalmente?
_Como usted lo prefiera, doctora. Yo estoy a su disposición.
_Páseme una dirección y estoy allá lo antes posible.

Le abre la puerta de la misma casa parroquial donde recibió a Guillermo y a Pedro el día que llegaron juntos y algo asustados por lo que estaban viviendo,
_Usted sabe a lo que vine.
_Claro que lo se.
_Bueno, hablemos de una vez ¿Usted qué piensa de todo eso?_ El silencio  de Jorge la incomoda. _ Diga lo que piensa. Por favor.
_Doctora, usted y yo sabemos bien de que se trata esto.
_Dígalo usted
_ ¿Y por qué no usted?
_Porque usted es un hombre de Dios y de la Iglesia, dígalo usted.
_Y usted es una profesional de la mente humana. ¿Por qué no lo dice usted?­­­
_Por favor padre, más allá de lo que les dije a ellos, en mis tantos años de llevar adelante esta profesión jamás fui testigo de algo así…  ¡Pobrecitos…!  Debe ser terrible vivir algo así, o mejor dicho… Revivir.
_ Algo me dice que ya ha sacado sus conclusiones. Hablemos claro, estamos solos y esta charla nunca saldrá de este lugar, diga lo que piensa.
Julia se muerde los nudillos, está nerviosa. Respira hondo y lo deja salir. _ Para mí es un caso de reencarnación.
-¿Y por qué se los ocultó?
-¿Y para que se los iba a decir? Lo dejé como último recurso, si los sueños no cesaban lo iba a tener que hacer. ¿Pero para que antes? Para volverlos locos, nada más que para eso…  Pero gracias a Dios parece que la conexión se cortó.
_Si, en eso estamos de acuerdo, al menos anoche estaban juntos y de buen humor. Ojalá todo eso haya terminado.
_Padre, no me evada, yo vine con la verdad, haga lo mismo.  ¿Usted qué piensa?
_¿Y qué quiere que le diga?
_¡Lo que piensa!
Jorge duda.  _ ¿Usted me promete que esta charla no va a salir de estas paredes?
_Lo doy mi palabra de honor.
Le cuesta dejar salir su idea, pero finalmente lo hace. _ Claro que es un caso de reencarnación.  Ahora me cierra la vida de Guillermo, lo tuvo todo a sus pies y nunca pudo ser feliz, es obvio que se debían este perdón.
_¿Y entonces porque no se eligieron?_ Julia está bastante angustiada.
_Tal vez porque lo que tenían que aprender el uno del otro ya lo aprendieron en esa vida que vivieron navegando sobre un barco, tal vez porque lo único que les había quedado pendiente era el perdón. Yo no quise ahondar más sobre esos sueños, ¿para qué? Eso solo lograría torturarlos pobres muchachos.  Doctora, yo creo que lo importante es el hoy, que mas allá de lo que haya pasado en esa otra vida, en esta se hayan perdonado. Que cada uno de ellos haya encontrado el amor de su vida es algo maravilloso. Usted vio lo que es Julio y la clase de persona que es Benjamín…  Hasta el parecido físico entre ellos es asombroso, si escarbamos vamos a encontrar mucho mas, no me cabe duda, pero ¿para qué? ¿A dónde nos llevaría eso y a donde los llevaría a ellos? Si los sueños terminaron, si la conexión se cortó, dejémoslos en paz viviendo esta nueva vida, que seguro para eso volvieron, para ser felices y para encontrar un nuevo camino…  Dejemos esto así como está, que así parece estar muy bien. ¿No le parece?
Julia se sonríe. _Claro que me parece. Dejemos esto así como está.
_Y mándeme sus pacientes cuando quiera, no me  pareció descabellada la idea de que podríamos hacer un buen equipo.

Julia se fue con lágrimas en los ojos pero satisfecha, si su teoría era avalada por un hombre de Dios y de la Iglesia, tan equivocada no podía estar. Recordó a ese Pedro que había llegado muchos años atrás a su consulta, sus miedos, su necesidad de ser querido, ese deseo de ser aprobado.  Piensa en Guillermo y esa armadura de utilería que usa para escudarse, como queriendo protegerse.  Si, tal vez entre ellos había existido una historia de amor y traición que los había perseguido hasta esta vida para ver si habían aprendido la lección. La lección de amor y confianza. Ella creía que iban por buen camino, el encuentro que había tenido con los cuatro lo dejaba por sentado. Subió a su auto y condujo lento. Las lágrimas se derramaban sin que pudiera contenerlas.  Volvió a pensar en Pedro y en Guillermo, seguramente habían sufrido y era un placer saber que al menos en esta vida, estaban en paz.

La madrugada los encontró entrelazados. Los cuerpos satisfechos, las almas en paz.
Después de haber hecho el amor y antes de dormirse Pedro había susurrado recostado sobre su hombro.  _ Quiero volver a Colonia…  Esa era la propuesta que te quería hacer.
Julio había sonreído con solo recordar lo que habían vivido en ese lugar. _Dame unos días Pedro, solo unos días y te prometo que volvemos. Y de paso vamos a hablar de ciertas cosas vos y yo.
_Cosas como que… _ronroneaba sobre su hombro.
_Quiero saber de tu familia, de tus amistades pasadas, del mundo en el que vivías entes de encontrarnos. Porque vos y yo tenemos un tema pendiente y no creas que me olvidé. Eso de empezar a dejar lo tuyo y lo mío y comenzar a construir lo nuestro. ¿Vos te olvidaste que hay una propuesta pendiente?
_No me digas eso, me haces soñar.
_¿No te cabe empezar a planearlo en lugar de soñar? Pedro, ¿querés casarte conmigo?
Las heridas cerraron instantáneamente, los lazos anteriores se quebraron y todo lo que quedó fue ese presente.  El había vuelto para eso, para volverse a enamorar sin lastimar. Ya todo estaba terminado.  Lo miró a los ojos, lo besó y como única respuesta se abrazó a él dispuesto a no soltarlo. Era obvio que la respuesta era un sí.

Guillermo acariciaba el cabello sedoso de Benjamín mientras intentaba recuperar el ritmo de su respiración, en silencio proyectaba lo que vendría y lo aceptaba. Blanquearlo todo, decir la verdad. Él había regresado para eso, para confiar en el amor y decir la verdad a tiempo. Para no volver a generar dudas que desataran una catástrofe. Esta vez no cometería el mismo error, la verdad duele, pero la mentira mata. John le había ocultado a Dan una parte de una verdad que había provocado muchas muertes y mucho dolor. Pero fracasar no es morir sino volver a empezar. Esta esa su segunda oportunidad y no la desaprovecharía.

Nunca, jamás en la vida imaginé que terminaría mis días navegando sobre los mares del mundo, pero estaba con John y eso me alcanzaba.  A veces pensaba en mi solitaria y confinada niñez en Boston, en mi vieja nodriza que solía leer las líneas de mis manos a cambio de preciados tesoros que siempre volvía a dejar debajo de mi almohada mientras dormía, era tan pequeño que no me daba cuenta de eso. Recuerdo con emoción esos momentos, pagaba con invaluables soldaditos de plomo por sus chapucerías, que siempre volvían a mí, pero hoy estoy seguro que alguna vez me habló de esto. De una isla lejana, de árboles como palos de escobas, de gente muerta, de amor y traición. Recuerdo a Abby con más cariño que el que siento por la memoria de mis padres, a mi madre no la conocí y mi padre preferiría mil veces estar muerto a verme así como vivo hoy. He aprendido el movimiento de las velas y poco a poco he conseguido dominar el timón. John dice que en breve me convertiré en un experto, pero nunca nadie podrá hacerse cargo del timón como lo hace él. Intuye los movimientos del mar y huele el cambio del tiempo. Sabe cuándo habrá tormenta y de qué lado vendrá el viento, he aprendido a admirarlo como toda la tripulación que confía en él su vida.
Hacemos negocios de todo tipo, nunca demasiado turbios, pero tampoco siempre limpios como la paloma de la paz… Sobrevivimos. Con el oro que envió el Sultán no solo pudimos comprar un nuevo barco sino que nos alcanzó para más de un año sin sobresaltos. Fuimos felices y seguimos siéndolo. El Rainbow marcó una nueva etapa en nuestras vidas. La tripulación empezó  a tratarme como a un segundo jefe y Willy nunca permite que nos falte ese vino dulce y blanco con aroma a especias que acompaña nuestras noches. Poco a poco dejamos de ocultarnos para dormir juntos, ya que eso no parecía importarle demasiado a nadie. En esas noches de luna llena y tiempos cálidos cuando los tripulantes pescan desde la cubierta, un pez de un buen tamaño comenzó a ser más interesante que observar cómo nos besábamos  bajo los efectos del vino. La vida es un día a día y mi piel comenzó a abandonar ese pálido color con el que nací para parecerse cada día más a la de ellos,  poco a poco dejé de ser “el americano” para comenzar a ser Dan…  Uno más de la tripulación.
Mi amor por John crece con el paso de los días, nunca he amado así. Amanecemos enredados y con las primeras luces del alba salimos a la cubierta para no perdernos un solo amanecer. No me alcanzará la vida para contar cuanto nos besamos y cuantas veces nos reímos juntos.  Aunque, debo confesar que  existieron esos atardeceres donde me reproché hasta las lágrimas el error que le costó la vida a tanta gente. Lo hemos hablado hasta el cansancio, y una y mil veces él me ha dicho que también fue su error, por no confiar en mí. Que si me hubiese dicho la vedad y todo eso…  Pero nunca tuve paz verdadera, solo placebos que aminoran el cargo de conciencia, lo mío fue un error que se cobró muchas vidas…  A veces soñaba con ese infierno, eso nunca dejó de pesar, aunque él no dejara de hacerse cargo de su parte.
Poco a poco su esfuerzo fue dando resultado, me redimí a mí mismo y me dediqué a ser feliz a su lado después de haber pedido perdón a Dios por tantas vidas. Hasta ese atardecer en que el perdón me fue manifestado.
Tardamos nueve meses y siete días en volver a Zanzíbar, la casa de John había sido restaurada y tanto Zorah como la niña vivían a salvo.  
Llegó a la casita blanca que resplandecía bajo una luna nueva con la niña en sus brazos,  se mantenía sobre la cadera de John con una piernita a cada lado en posición de montar y descasaba su cabecita rizada sobre su pecho. _Dan, ella es Amhra, es mi hija…
La niña me reconoció, yo era ese joven blanco que había estado en su casa alguna vez, ese joven al que no podía dejar de mirar.
_Amhra, el es Dan, un amigo de papá... ¿Querés ser su amiga?
La niña me estiró sus brazos y la abracé como si fuera mi propia hija.  Desde ese día nunca más nos separamos. John y yo recorremos los mares, océanos y archipiélagos, cercanos o lejanos, pero siempre volvemos a  Zanzíbar.  Zorah había decidido vivir en el palacio real, pero Amhra vive con nosotros cuando estamos es la isla, ya no en la casita blanca que en noches de luna llena resplandece sobre la costa del Índico, sino en la casa de John, que ahora es más  hermosa de lo que había sido. Cuando estamos en América nos refugiamos en esa propiedad que nadie sabe que existe. Si de algo tengo que estar agradecido con mi padre, es de enseñarme como defender el dinero y las propiedades.
Cuando Amhra fue un poco más grande comenzó a hacer muchos viajes en el Rainbow, duerme entre nosotros y aunque no nos deje espacio para otras cosas, vale la pena. Es un inmenso placer escucharla respirar entredormida y sentir su abrazo en plena madrugada.
Así es mi vida con John, y si de algo me arrepiento es de no haber caído mucho antes de ese barco que me llevaba a Zanzíbar tanto tiempo atrás. Con él conocí la felicidad.

Dan es lo que siempre soñé tener, tenemos dos hogares, uno en América y otro en África.  Mi hija lo ama y yo también. Cuando Amhra sea más grande le contaré toda la verdad, aunque creo que ya la sabe… Bueno, poco o mucho, hasta ahora es todo lo que puedo contar, el tiempo dirá si hay más…
Esta fue, ha sido, y sigue siendo nuestra historia de amor.

.
Un mes después.
_Pedro, ¿llamaste a Benjamín?
_¿Para qué?
_¿Cómo para qué?  El buquebus sale en una hora y si no nos apuramos lo  perdemos.
_Está bien, ya lo llamo.
_Sin trompas por favor, ya te lo dije la última vez que fuimos, un día de estos se te va a caer la trompa al río y se la van a comer los pescados.
_ No me causa gracia…
_A mi sí. _ Se acerca y le deja un beso rápido pero intenso sobre los labios. _ Adoro tus trompitas Pedro, ¿pero se puede saber por qué estás así de chinchudo? Esta fue tu idea no la mía…
_No estoy chinchudo, tengo sueño nada más.
_Bueno, en el buquebus dormís hasta que lleguemos a Colonia, pero cambiá esa cara porque Guillermo y Benja deben estar por llegar y con esa cara sos un mal anfitrión. Vos propusiste hacer este viaje los cuatro juntos, ahora esmérate para que se sientan cómodos.  Mirá, si con la movida que tuve que hacer para poder fugarnos a Colonia por tres días te ponés en caprichoso, te mato Pedro.
Le hace una trompita más grande mientras lo mira con esos ojos adorables llenos de sueño. _Un abracito y se me pasa.
Es un atorrante, el atorrante más lindo del mundo. El bocinazo avisa que Guillermo y Benjamín llegaron.  Mientras cargan el equipaje en el auto Julio se da cuenta que Benja, no está en mejores condiciones que Pedro. Se lo ve  muerto de sueño y con ganas de nada, en cambio Guillermo está tan eufórico como él.  Ya había hablado con Fabián, tarea que se le hizo cuesta abajo porque apenas quiso explicarle, Fabián le había allanado el camino.  _ Viejo, yo alguna vez fui chico pero no boludo. Y no me importa, no me importa si sos feliz con Benjamín o con Ana, lo único que quiero, es por una vez en la vida, verte feliz.
También había pasado por la vertiginosa experiencia de conocer a sus suegros, eso no había sido tan fácil, pero no le había ido tan mal.  Al menos estaba todo dicho y a pesar de lo que les costó asimilar la idea, antes de regresar a Chile les habían dejado abierta la invitación para que los visitaran cuando quisieran. No era poco.
Las cosas serían como tuvieran que ser, el tiempo y solo el tiempo diría que les deparaba, pero como Jorge se había cansado de decirles, “lo importante es el hoy”, hoy viajaban a Colonia del Sacramento los cuatro juntos y esa era la meta más próxima, el objetivo estaba lejos. Pero batalla  tras batalla es como se gana la guerra y hoy iban por esa.
Abandonaron el puerto y se despidieron por tres días de ese Buenos Aires turbulento y misterioso. Pedro y Benjamín dormían profundamente, Guillermo y Julio no dejaban de hablar mientras cruzaban el río. De tanto en tanto los miraba y se reían.
_¿Cómo era eso de “juventud divino tesoro”? Miralos _ le dijo Julio a Guillermo _ están hechos flecos.
Guillermo se rió, dio gracias a Dios por ese momento y pensó en las palabras de Benjamín… “Los caminos de la vida son perfectos”. Solo hay que saber interpretarlos…

El FINAL…
“Hasta ayer el desconsuelo había aniquilado mi esperanza y me había convertido en alguien que murió antes de morir, pero te quedaste acunado mis sueños rotos.  Nunca olvidaré esa mirada que se robó en un segundo lo eterno del tiempo y gritó que la respuesta de todo la tenía el silencio. Que el amor es la aventura en la que dos se olvidan del resto y que tus ganas de mí nunca se marchitarían.
Hoy que al fin la esperanza aniquiló al desconsuelo y puedo consolarme, espero que cuando esta vida se apague alguien pueda amarte como yo te amé y que me hayas amado tanto que no consigas olvidarme, porque yo siempre querré recordarte.
Espero me perdones por no haber sabido perdonarme y que esta huella nunca sea tan grande como las que vendrán.
Espero que cuando esta vida se apague nunca olvides que siempre serás parte de lo que no volveré a tener, y que hasta la pena de sufrir ha merecido la pena.
Para nunca más perderte me ocultaré en el horizonte y ahí esconderé a aquel ser extraño con la piel opaca de soledad, cuando el alma estaba muerta y se encerró en la distancia y el silencio, cuando el dolor era tan fuerte que el corazón se había arrancado del cuerpo, y el cuerpo había querido marcharse. Hasta que tus ojos me rescataron de la nada y el alma quiso vivir, la vida me invitó al baile y aprendí a ser un ser nuevo.  Conseguí despedirme del abismo y renací engendrado en la esperanza de habitarme nuevamente.
Por eso y por todo el amor que me has dado, cuando esta vida se apague, te esperaré donde termina el arcoíris, para nunca más perderte.” ( Texto adaptado de José Ramón Marcos Sánchez. “ Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo”)


***  FIN***

domingo, 29 de marzo de 2015

"CONFRONTACIÓN" - Cap. 5 - (By Mary Buhler)

CONFRONTACIÓN - CAPÍTULO 5




La rama del sauce golpea una y otra vez sobre el vidrio.  En la profundidad del sueño, el niño permanece ajeno a vientos o tempestades, naufraga irremediablemente solo como cada noche en sus terrores sin nombre. La imagen del hombre corriendo entre los árboles transcurre en cámara lenta.  Puede ver cada detalle de su cuerpo tenso, la camisa que ondea tras él, los movimientos de su pelo y hasta el olor de su miedo.  Su respiración jadeante, sus esfuerzos por inhalar un aire que se le escapa.  Lo sigue de cerca, apenas unos pasos los separan.  Pero sabe que no huye de él.  La amenaza corre detrás de los dos, es una presencia intangible que oscurece el ambiente, un sonido bajo y difuso que suena como la corriente del río cuando llueve. 
Quiere gritar, pedirle que pare, que se una a él para enfrentar lo que no tardará en alcanzarles.  Pero su boca es una mueca de espanto incapaz de articular una palabra. Tiene una piedra en el pecho que apenas deja pasar el aire.  La sombra aumenta, sus dedos fríos ya rozan el borde de su cuello.  La angustia sube por el centro de su pecho como un geiser que explota desde las entrañas de la tierra.
Grita, el sueño se desvanece, la luz del velador que su madre dejó encendido disipa los últimos terrores de pesadilla.  En la espalda bañada por el sudor, una caricia fría se desliza y se va.
El hombre camina con una cadencia lenta, pesada, como cargando con un peso invisible que le empujara los hombros hacia el piso.  Recorre el pasillo hasta la celda que lo espera abierta.  Entra. Un celador cierra la puerta y se aleja.  En la cama que está sobre la suya, otro hombre se gira y se pone de cara a la pared.  Los ronquidos se detienen por un momento.  Se recuesta en su colchón y enciende la radio que tiene apoyada a un costado de la almohada.  Bajito, para no despertar al vecino de arriba.
Cierra los ojos y no piensa en nada.  En casi nada.  Ejercitó su mente para salir de allí.  Atravesando las gruesas paredes del penal, yéndose lejos.  A un sitio donde no tiene que luchar por un poco más de esa inmunda comida o por el privilegio de sentarse en el baño sin que nadie se meta a molestarlo. Donde no necesite defender con uñas y dientes el espacio íntimo de su cuerpo, tantas veces maltrecho en alguna perdida batalla en la oscuridad.  A veces conseguía mantener la ilusión y lograba dormirse enseguida.  Pero ya no.  El antídoto en algún momento dejó de funcionar.  Tuvo que buscar una nueva forma de salir de su jaula. Ensayó recitar artículos del código penal, pero sólo conseguía recordar que algunos de esas mismas leyes lo habían enviado allí. 
Ahora ha conseguido relajarse con algo mucho más eficaz.  Un nombre y un apellido.  El de una persona que fue su condena, que desapareció del mundo pero no de sus pensamientos.  Lo repite una y otra vez.  Lo desmenuza letra por letra.  Lo aprieta entre sus labios, lo muerde y lo escupe.  Saboreándolo como un manjar, intoxicándose con él como un veneno.  Guillermo Graziani. Su mantra, su invocación.  Su pasado, su presente, su destino. 
….

Matías entra con timidez al despacho de Guillermo.  -Ya está lista la notebook.
La deja sobre el escritorio y se sienta.  Guillermo tiene la cabeza apoyada en el respaldo y  la vista fija en el techo.  No hace ningún gesto que demuestre que lo escuchó.
-Mirá Guillermo… quería hablar con vos por lo que pasó ayer. Creo que lo mejor es que yo me vaya de este estudio.
Logra captar su atención.  Se endereza y lo mira con fastidio.
-Vos no tenés nada que ver.  Y no quiero oírte hablar de renunciar.
-No te preocupes por los clientes nuevos.  Más de la mitad ya te prefieren a vos.  No vas a sentir mucho mi partida.
-Te equivocás, no pienso en los clientes.  Te quiero acá en el estudio.  Sos un muy buen abogado, estoy más que conforme con tu manera de trabajar y de ser.
-Yo tampoco quisiera irme, pero si es necesario…  Me siento en parte responsable de lo que pasó.  No me comporté correctamente con Pedro.  Le dije cosas urticantes.  Después vino este tipo, y bueno… se le llenó el vaso.
-Si, puede ser… a veces sos demasiado atrevido.  Pero todo se puede mejorar.
Matías se queda pensativo.  No quiere renunciar al trabajo y mucho menos renunciar a lo que está sintiendo. Irse es, en definitiva, tirar la toalla para siempre.  Guillermo le clava la mirada y de alguna manera con ello, lo retiene.  No puede decirle adiós.  Aún no.
-Te prometo que a partir de ahora me comporto como un caballero.  Delante de Pedro.
Guillermo se sonríe.  -Vos no cambiás más… pero al menos lográs sacarme una sonrisa.  Aunque me sienta para la mierda, como ahora.
Matías alarga la mano sobre el escritorio y Guillermo se la toma por un momento.
-Siempre voy a estar para lo que necesites.  Si querés que hable con él no tengo problema.
Guillermo prende la computadora. 
-No, dejá.  Si no me escucha a mí, menos lo va a hacer con vos. Empecemos de una vez que no estamos en un bar, hay que trabajar.
El resto de la semana espera un llamado, un mensaje, algo. Los días se suceden sin noticias de él.  Todos los intentos a su teléfono se toparon con el frío mensaje del contestador.  Trató de imprimirle a su voz la desesperación genuina que sentía su alma, le suplicó que dejara de lado esa actitud inmadura y accediera a conversar con él, pero no consiguió ablandar su corazón.  El silencio fue la única respuesta.  Se pregunta hasta cuándo tendrá que purgar esa condena que le impuso, hasta dónde llegará Pedro con un castigo que él siente como la injusticia más grande que ha cometido hasta ahora en la relación.  Incluso más grande que pensar que lo hubiera abandonado a su suerte aquella vez en Brasil.  Porque entonces sí tenía motivos para desconfiar, pero ahora no.  Trata de espantar de su cabeza los pensamientos negativos.  Pedro podrá tener sus problemas, pero no cree que esta vez llegue al punto de cometer otro acto penoso e irreflexivo.  Simplemente desea hacerlo sufrir un poco.  Confrontarlo con el vacío de no tenerlo para empujarlo a que tome alguna decisión.  Pero… ¿cuál? Repasa cada día desde que llegaron.  Lo llevó a vivir con él, a su casa, con su familia.  A dormir en su cama.  En el estudio cree haber dejado bien en claro también su lugar, incluso con Matías, aunque él no acuse recibo.  Lo escuchó, lo entendió, accedió a buscar una casa para irse juntos.  No sabe ya que más hacer. Empieza a creer que la estrategia de Pedro es en realidad, alejarse de él. Si es así… entonces no opondría resistencia.  Por mucho dolor que le trajera, se haría a un lado y le permitiría seguir su camino.  Tal vez uno mucho más despejado, más libre. Con probabilidades de ser feliz a largo plazo.
El vacío al que supone que Pedro lo empuja le habla en un idioma que no comprende. Solo entiende el alcance de sus sentimientos, y cree que esos sentimientos están a la vista, que todo el mundo los puede ver como si se le transparentara la piel y se hicieran visibles.  Para él siempre fue un problema la exposición.  “Hay gente a la que le gusta hablar de sus cosas, y hay gente que no”.  Así de simple.  Pedro quiere cambiarlo, necesita algo que él no puede ofrecerle.  ¿Pero qué?  Ya no tiene tanta imaginación.  No puede vislumbrar que su pareja apenas busca que exteriorice un poco más ese amor que le tiene.  Que hable sin pudores, que llame a las cosas por su nombre.  Guillermo bucea entre la evasión y el jugarse entero, y a duras penas sale a flote. Uno reticente, el otro demandante.  En este punto del camino, sus posiciones no coinciden con exactitud, pero tampoco están distantes.  Son leves variaciones de pensamiento, sutiles discrepancias. 
Ese viernes transcurre sin altibajos.  Es un día común y corriente, con casos rutinarios, con el cansancio de toda una semana y sin la alegría del viernes anterior cuando hicieron el asado de bienvenida. Poco a poco se van yendo del estudio, desisten de preguntarle nada. Saben que lo mejor es dejarlo solo.  Escucha cerrarse la puerta por última vez y se levanta a servirse un trago. Elige un ron que le regaló un cliente, vierte una medida generosa. Apenas comió al mediodía, pero no le importa.  Necesita aturdirse, dejar de pensar.  Lo toma casi sin pausas.  Va a tomarse la botella entera si es necesario.  Se sienta en su sillón.  Descubre que las paredes comienzan a moverse levemente.  ¿Ahogar las penas? No, él lo que necesita es dejar de existir.  No por un rato, no por una noche.  Para siempre.  ¿Pero acaso no tuvo antes ese pensamiento? ¿No fue allí en ese mismo lugar que empuñó aquella arma…? Se siente repentinamente molesto.  Con la vida,  con él mismo.  Decide que ese despacho comienza a asfixiarlo.  Se levanta y recoge el saco y la corbata. 
Abre la puerta de calle y casi se choca con él.  Está allí parado, como indeciso si debería entrar o irse por donde vino.  Se quedan parados sin atreverse a romper ese silencio. Pedro lleva un solo bastón calzado en su mano derecha, tiene las ojeras marcadas y el aspecto ajado de quien no ha dormido bien.  -¿Puedo hablar con vos? -le pregunta.
-Si.  Ya me iba pero… -no sabe qué más agregar.  ¿Invitarlo a pasar?  ¿O a irse con él? 
Pedro hace un gesto vago hacia adentro. Se hace a un lado y lo deja pasar. En el despacho le ofrece un trago de lo que estaba tomando.
-Bueno pero un poquito nada más…
Bebe despacio y lo mira sentarse en su sillón, al otro lado del escritorio.  Lo nota raro.  Casi ni le dirige palabra y definitivamente no lo mira.  Está ausente y algo incómodo. -¿Estás enojado porque no te hablé estos días? -va derecho al grano, no necesitan más vueltas.
Guillermo le responde sin mirarlo.  -No, enojado no.  Lo que estoy es… cansado.
-¿De mí?
-De vos, de mí, de toda esta mierda.  No me sobra el tiempo para peleas de adolescentes. 
Pedro siente crecer la culpabilidad que viene arrastrando desde hace días.
-Por eso vine, Guille.  Estuve pensando y…
-Ah! Estuviste pensando… qué gran noticia! ¡Por fin! –le arroja clavándole una mirada de fingida alegría.
-No te burles… yo también sufro. Es muy difícil bancarme ciertas cosas.  No sé si voy a poder superarlo algún dia  -deja el vaso sobre el escritorio-. Me hace mal dudar de vos.  No quiero hacerlo.  Vos también tenés que ayudarme.  Entendeme.
-¿Ayudarte? Soy yo el que necesita que le digan qué carajo hacer. 
-No puedo estar lejos tuyo…
-Pedro, eso lo escuché varias veces.  Y la palabra perdón, también.  Más de las que quisiera.  Y siempre por lo mismo. Por no querer, o poder aceptar que el pasado se terminó, que no lo podemos borrar, pero que ya no está.  No está, ¿lo entendés? Y si pretendés que me aisle, que eche a todo el mundo para que puedas sentirte seguro… esto no habla bien de lo que sentimos… el amor es confianza, Pedro.  Es mirarse a los ojos y saber que el otro no es capaz de dañarnos. Ya te lo dije una vez. ¿Te acordás? Es un acto de fe, y de total libertad.   Si sos capaz de avanzar sin retroceder casilleros constantemente, seguimos.  Si no, se acabó acá.  Yo no tengo energía para esto…
-En Brasil retrocediste vos, no yo.  Y también sentiste celos.  No te hagas el perfecto.
-Pero mis celos son más entendibles, Pedro…
-Los tuyos eran infundados.  No había nada ahí.  Pero los míos… están apoyados en cosas reales, que sí pasaron. 
-A veces no sé si no me escuchás o si querés castigarme, simplemente. Con Matías no pasó nada, y si vas a seguir en esa postura de justificar lo que hacés… no podemos ponernos de acuerdo.
-Bueno, olvidá lo que te dije hasta ahora.  Vine para estar con vos.  No pienso renunciar a éso.  Ni aunque tenga que soportar a cien José o Matías juntos.  No voy a darme por vencido.
Guillermo se levanta y rodea el escritorio.  Se sienta en el borde y lo mira.
-¿Lo decís convencido? ¿Sos capaz de proponerte de verdad pasar por encima de todo…?
Pedro se levanta y se encara con él.
-Soy capaz de lo que sea. Porque lo sé Guille… aunque no parezca, lo sé.  Que vos me amás, que yo soy el hombre de tu vida. Y vos de la mía…
Guillermo no lo duda ni un segundo.  Tal vez sea consecuencia del alcohol que tomó y que le arde en la sangre.  Lo toma del cuello con las dos manos, le planta un beso que los deja sin aire. Un beso que derriba cada centímetro de esa muralla que construyeron esos cuatro días con minuciosa crueldad.  Los labios se encuentran y se prometen no dejarse ir nunca más.  Se besan con pasión, con amor, con dolor.  Era, tal vez, necesario ese alejamiento.  Porque a veces a la distancia se aprecia mejor lo que la cercanía no dejaba ver. Lo que era tan obvio que uno lo pasaba por alto.   Pedro desliza las manos por su espalda, sube desde la cintura y abarca la anchura de su cuerpo, ese cuerpo que lo enloquece, que lo pierde, que a veces extraña hasta cuando duerme.  Guillermo acaricia su nuca, sube y baja con desesperación, aprieta la curva de su cuello, lo despeina, entierra sus dedos en la cabellera sedosa. 
-Te extrañé tanto mi amor  -le dice entrecortado. 
-Yo también, yo también… nunca más, te lo juro.  Cueste lo que cueste…
Pedro siente que no puede resistir más el deseo de tenerlo, ya se castigó también él demasiado en esos días interminables.  Lo necesita ya, no puede esperar.  Le pide que se vayan de ahí.  -No, acá, acá… -murmura Guillermo que advierte que Pedro se deshace entre sus manos.  Empuja los papeles al suelo, quita del medio la computadora.  Pedro se estira sobre el escritorio con un movimiento felino, se abre la camisa y lo mira retador. Empieza él también a sentir los vapores calientes del alcohol trabajarle en las venas.  Guillermo se apoya encima de él.  Desliza su mano por su cara, la delinea brevemente  y apoya los dedos sobre su boca.  Pedro abre los labios y deja que esos dedos ingresen en ella, que jueguen con su lengua, que anclen en ella con absoluta posesividad.  Los muerde, los saborea, los humedece con su saliva.  Se miran y se ríen de ese jueguito que inexplicablemente, los excita más que cualquier otro.  Manos y boca haciendo el amor, declarándose el amor.  Cuando los deseos se tornan apremiantes, Guillermo le pide que se dé vuelta, Pedro obedece.   Con una violencia inesperada le baja la ropa. Sofoca una queja y en el borde del dolor, se permite disfrutar esa sensación de dominación y de lujuria que su pareja pocas veces se permite con él.  Cierra los ojos y lo acompaña en esa cabalgata, se acopla a su mandato, se somete a su entera voluntad.  Su cuerpo se electriza como si la potencia de un rayo lo rozara, el corazón le estalla de felicidad.  No entiende cómo pudo alejarse de él, lo que está sintiendo es demasiado fuerte, no se paga con nada. Cuando la pasión desbocada se sacía, las caricias intentan suavizar los excesos.
-Me parece que se me fue la mano…
-Te perdono -le dice, y sofoca una risa.  Verlo culposo después de semejante actuación le provoca más placer.  Porque sabe que Guillermo es un tierno y que esos desbordes lo hacen sentir muy culpable. Pedro le señala con un gesto de la mano el desastre que han hecho con sus ropas.
-No podemos irnos así… -se lamenta Guillermo.
-Es cierto.  Y lamento decirte que me rompiste el cierre del pantalón  -le dice Pedro al intentar subirlo y ver que no funciona.
-Perdón mi amor, soy una bestia.  Démonos un baño, en el placard tengo algo de ropa.  Pantalones no, pero con un ganchito te lo soluciono.
Deciden bañarse separados o no van a salir más de allí.  Mientras Pedro se baña, Guille engancha el clip en el cierre y maldice haber sido tan bruto. 
-¿Pudiste?  -se ríe Pedro al verlo laborioso con el cierre como una costurera.
-Vas a tener que taparte con una carpeta… no se te va a caer, pero te va a entrar el vientito.
Los dos largan la carcajada.  El sonido de sus risas les confirma una vez más lo que hace mucho tiempo ya saben.  Que además de amarse, son amigos.  Que no hay ni habrá nadie que pueda ocupar semejante lugar.
Cuando por fin escapan a la calle, parte del alcohol se les ha evaporado y se sienten agradablemente relajados pero muy cansados.  Esperan el remis que pidieron.
-¿Vamos a casa o al hotel? –le pregunta Guillermo.
-Pasemos a buscar mi bolso y después vamos a tu casa -Pedro se sostiene con el bastón y con la otra mano se aferra con fuerza del brazo de Guillermo.
Lo mira preocupado.  -Estás bien, no?  ¿Te duele algo?
Con la sonrisa más convincente del universo despeja todas sus dudas.
-Lo único que me duele fueron estos días sin vos…
Matías se le acerca cuando está buscando un expediente en el archivo.  Odia los lunes como todo el mundo, mucho más si llega de su clase de rehabilitación y encuentra que Guillermo no está, y que el pesado de Matías  aprovecha para lanzar sus indirectas. 
-Llamaron de una inmobiliaria.  Dejaron dicho que mañana a las diez tienen que ir a firmar el boleto…
Pedro se da vuelta y lo mira.  -Gracias.  ¿Algo más?
-No.  ¿Te pasa algo?  Creí que habíamos quedado en que iba a reinar la paz.
-Yo estoy tranquilo.  Pero no veo por qué tenemos que caretear nada.  No somos amigos.  Compartimos el lugar de trabajo, nada más.
-Bueno, pero no tenés que ser tan seco.  Me hacés sentir incómodo. 
-Matías… no seas cínico.  Si no querés sentirte incómodo no me jodas. 
-Entonces no te hablo más.  Así no malinterpretás lo que digo.
Pedro saca el expediente y luego de dirigirle una mirada irritada se va al despacho.
Marcos levanta la vista de su computadora y se queda observándolo.  Le chista para  que se le acerque.
-Flaco, tené cuidado con este pibe porque tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe…
-No sé  a qué te referis.
-No seas boludo.  No te busques problemas.  Acá no se va a romper una fuente, es tu jeta la que se va a partir por una piña como le pasó al otro, al muñequito de torta ése.
-¿Muñequito de torta? -Matías se ríe con ganas- qué bien lo describiste… Aunque me parece una antigüedad.  Ya no se usan.
-No, y pronto no se van a usar ni siquiera las tortas de casamiento.  La gente cada vez lo piensa mejor.
Guillermo entra y deja una carpeta sobre el escritorio de Marcos. 
-Buen día, me lo crucé a Ordóñez en el juzgado y me dio ésto para vos.  ¿De qué casamiento hablaban?
-No, Marcos me decía que la gente se casa menos.  Puede ser.  Pero no me parece tan piola.
-Ah, no? ¿Y por qué? -le pregunta Guillermo-.  Te ahorrás varios problemas.
Pedro regresa a devolver el expediente en el archivo y se queda escuchando la conversación.
-Por varios motivos -continúa Matías-.  Por el respaldo legal que te da.  La posibilidad de ejercer derechos que de otra manera no tenés.
-Si, hace poco tuvimos un caso -recuerda Marcos-.  La mujer quería donarle un riñón porque era compatible y no podía porque no eran familiares.  Y ni hablar si el tipo se muere y no tienen los cinco años de concubinato.  Se queda sin cobrar ni una puta pensión.
-Pero claro, todo tiene sus pro y sus contras  -reflexiona Matías-.  Hay gente que se engrampa sistemáticamente en matrimonios que se terminan pronto y sólo le dejan de saldo una cuenta bancaria cada vez más flaca.  Como tu amigo Materazzi, por ejemplo.
Guillermo se sonríe.  -Ese tiene merecido que le metan la mano en el bolsillo.  Bueno, muchachos, me voy a seguir con lo mío. 
Pasa junto a Pedro y le da un beso en la mejilla.  -¿Todo bien, Pedro?
-Si Guille.  Estoy atascado con el caso que me dejaste para ver. 
Se encierran en el despacho. Guillermo se queda pensativo mientras Pedro hojea unos papeles.  La conversación le dejó titilando pequeñas lucecitas dentro de la cabeza. Inquietudes que viene arrastrando desde hace tiempo y que a veces no lo dejan dormir.  Pedro levanta la vista.  -¿Pasa algo, amor?
-No… estaba pensando en... ¿Qué te parece si esta noche salimos a cenar afuera?
-Me encantaría, por supuesto.  ¿Y qué te gustaría comer?
-Tengo ganas de comer buena pasta. 
-Yo también… ¿vamos a lo de Enzo?
-Hum… está un poquito lejos.  Yo estaba pensando en algo más cerca… No, dejá.  Si quiero comer bueno, vamos allá.  O cocinamos nosotros, pero esta noche no quiero.  Esta noche va a ser especial.
-Me olvidé de decirte, llamaron de la inmobiliaria. Es mañana a las diez lo del boleto.  ¿Hablaste con el banco?
-Sí, ya arreglé con el gerente, me dijo que no hay problema, que le avise un día antes. Lo hacemos ahí.
-Pero… vos no sabías, entonces qué es lo que vamos a festejar?
-Ah.  Tenés razón, dos cosas vamos a celebrar, entonces.  Pero es una sorpresa.
-¿Hay que vestirse de gala?
-Lo mejor que tengas, precioso…
Pedro termina de peinarse y se queda observando la imagen que le devuelve el espejo.  Ya casi no quedan señales del horror del accidente, tan sólo una pequeña cicatriz bajo el nacimiento del pelo. Y una ligera dificultad para caminar a la que se ha ido acostumbrando más de lo que pensaba.  No es tan terrible cuando lo enfrenta con lo que pudo haber sucedido.  Guillermo le pasa la mano por el hombro sacándole una pelusa.  Se miran por intermedio del espejo y se sonríen. 
-Estás… muy bien  -le dice Guillermo sin atreverse a más.
-¿Solo éso? Me esmeré para impactarte…
-Tontito… porque estoy impactado es que no puedo encontrar las palabras adecuadas.  Sos demasiado, para mí.
Pedro se da vuelta y lo encara.  -Ahora el tonto sos vos.  Mirá cómo te queda ese traje azul noche Guille… me vas a matar y ni siquiera salimos todavía. Vamos a llamar mucho la atención.  Espero que no sea de hombres.
-A mí no me importa.  Esta noche no voy a pensar en nada que no sea disfrutarte.  Y que vos me disfrutes a mí.
-A lo mejor deberíamos quedarnos…, ¿la comida es tan necesaria? -Pedro imagina el menú que realmente quiere probar.
- Sí, por supuesto.  ¿Vamos, amorcito?
El restaurante  está lleno de gente porque no es habitual encontrar lugares abiertos en día lunes.  El maitre los lleva hasta una mesa situada al fondo, milagrosamente alejada de la mirada de la gente.  Un lugar perfecto para dos con paredes color borgoña y luces suaves.  Piden un buen vino y leen la carta de comidas.  Pedro siente crecer la curiosidad.  Lo mira con disimulo tratando de leer en sus gestos el motivo del agasajo.  Guillermo no parece especialmente nervioso o excitado.  Como si fuera una cena más. Una noche cualquiera.
Conversan de cosas intrascendentes.  Mencionan al pasar temas del estudio que les cuesta dejar de lado.  Pedro está pendiente de la copa de Guillermo, apenas se vacía vuelve a llenársela.  Quiere que hable pronto o no va a poder saborear la comida.  No logra su cometido, Guillermo se muestra naturalmente ausente.  Les traen los platos, las pastas lucen deliciosas. 
-¿Si yo te doy un poquito de mis agnolottis vos me das de tus tagliattelli? -le pregunta Pedro.
-Un poquito, porque están muy ricos.  Quisiera saber que son estas cositas oscuras, sin embargo…
-Guille, en la carta decía que eran hongos. ¿No leíste?
-Ah… pero igual están ricos.
-Sos terrible… siempre con tus prejuicios.  Tomá, probá esta salsita de quesos.
Le alcanza un bocado y se lo desliza en la boca.
-Mmm,  manjar del cielo, Pedro  -Guillermo se sonríe y lo mira fijo-,  como vos…
-No me hagas ésto, Graziani.  Que todavía falta mucho para el postre. El verdadero.
Comen despacio, saboreando la comida excelente, apreciando la delicadeza y la elegancia de todo lo que los rodea. 
-Hace mucho que no hacíamos ésto… -le señala Pedro-.  Deberíamos salir más.
-Si, es cierto.  Aunque tal vez cuando ya estemos en “nuestra” casa  no lo necesitemos tanto.
-De ninguna manera.  Salir hace bien. Te voy a obligar si es necesario.
Un rato después a una señal de Guillermo el mozo se acerca a traerles la carta de postres.
-Dejame elegir a mí, Guille.  Vos tardás mucho  -echa un vistazo y se decide por dos parfait de diferente sabor-.  Te comés el que te guste más.
Junto con los postres el mozo deposita en la mesa un balde con una botella de champagne.
-¿Y ésto? -le pregunta Pedro-.  No te oí pedirlo…
-Ah, tengo poderes telepáticos  -Guillermo llena las copas y le alcanza la suya a Pedro. 
-Por nosotros… por este amor hermoso que sentimos  -dice Guillermo.
-Brindo por lo mismo.  No hay nada más importante.  Te amo -le susurra Pedro.
Guille le dibuja un “Te amo” con los labios y le guiña un ojo.
Pedro sonríe encantado.  Cada vez un pasito más, poco a poco vuelve a soltar las amarras como cuando se dejaba llevar de la mano por las calles de Bahía. Aunque acá lo haga con más cautela,  para él esos pequeños gestos significan todo. Espera algún comentario más pero Guillermo permanece en silencio.  Beben el champagne y observan al pianista al fondo del salón.
-Si no me equivoco, ésto es Barber… Qué maravilla… Quisiera ir a escuchar un concierto con vos alguna vez. Un concierto en el Colón, vestidos de gala y desde un palco.
-¿Un concierto? -le pregunta Pedro extrañado.
-Si, de música clásica.  Aunque te quedes dormido, no importa.
-Jamás me podría dormir si estoy a tu lado. Lo que me pasaría es que me costaría concentrarme en la música y olvidarme de vos y tu traje de gala…
-Si, me gustaría mucho, lo tenemos que hacer algún día -le contesta animado-. Voy a anotarlo en mi lista de cosas importantes.
-Y en esa lista, anotaste muchas cosas, Graziani?
-Pocas… pero muy imprescindibles. 
-¿Alguna otra, por ejemplo…?
Guillermo lo mira y descubre que Pedro está esperando que el ejemplo lo incluya, obviamente.  -No sé… tal vez, y siguiendo con el tema del arte, pienso que debería retomar mis clases de pintura.  Te debo un retrato como la gente.
-¿Un retrato? -Pedro disimula lo que tan bien sabe, la existencia de aquel cuadro que alguna vez, lo decidió a ir en busca de su amor perdido-.  No hiciste nunca retratos.
Guillermo se ruboriza  y baja la vista. -Sí lo hice…
-¿Cuándo? ¿De quién? -le pregunta exagerando la intriga.
-De vos, tonto  -ahora levanta la vista y lo mira con temor.
-¿Me pintaste a mí…?
Guillermo lo mira un instante fijamente y esboza una sonrisa que se hace más y más amplia.
-¡Lo viste!¡Pedazo de atorrante, lo viste!
Pedro larga la carcajada.  -Perdoname, mi vida… estaba esperando que vos me lo mostraras.
-Y, qué te parece? ¿Te hace justicia un poquito…?
-No… me hiciste más lindo, no sos objetivo.
-Al contrario, vos no sos objetivo. Sólo soy un principiante.  Pero te prometo que voy a practicar hasta que salga perfecto. Y cuando me sienta preparado, uno de cuerpo entero.
Pedro nota el brillo de su mirada.  -Ah… entonces lo vas a intentar… yo estoy dispuesto, mi vida.  En la pose que elijas. ¿Qué preferirías, de frente, de atrás?
Se queda pensando en la pregunta de Pedro y de repente decide que esas imágenes lo ponen muy nervioso.
-¿Pido un café y vamos?
Pedro se siente algo desilusionado.  No quiere que termine esa noche, es demasiado perfecta.  Y aún espera su sorpresa.
-¿No te estás olvidando de algo, mi amor?
-¿De qué?  ¿Te quedaste con hambre? ¿Te pido otra porción de postre?
-Si, me quedé con hambre de escucharte decir qué es lo que vinimos a festejar tan especialmente.
Guillermo baja la vista.  Tarda varios segundos en levantarla y mirarlo a los ojos.  Lo nota preocupado. 
-No es que me haya olvidado… sólo que tengo dudas.
-¿Dudas? No entiendo.
-Desde que te conocí, nada fue lo mismo para mí.  Alguna vez, charlando con Juan, le dije que cuando apareciste en mi vida, fue como ver llegar un barco.  El mío.  El que siempre estuve esperando, oteando el horizonte. Y es así, Pedro.  Con vos esa nave encontró su puerto, y este desahuciado conoció la felicidad… una que ni estoy seguro de merecer, ni mucho menos de poder mantener.
-No sé… a qué te referís con mantener? Ya lo hablamos, ya está todo aclarado… Nada nos va a separar nunca más.
Guillermo deja perder la vista a un costado.  Aunque quiera evitarlo, se le llenan los ojos de lágrimas. -No hay nada para mí más importante… que tu felicidad. Quisiera poder asegurarla, protegerla… hacer que dure, que tu vida sea la mejor.  Que algún día, cuando mires hacia atrás, no te sientas arrepentido de ningún día a mi lado.
-Eso jamás pasaría, mi amor -le dice mientras toma su mano.
Guillermo traga saliva y se fuerza a continuar.  Esa noche es perfecta, él tampoco quiere que termine.  Y no soporta la idea de lastimar a Pedro, de empañar su dicha. No puede continuar, de hacerlo rompería la magia, invitaría al dolor.  No puede.  Todo el discurso que había preparado se desmorona.  Aquellas preguntas que iba a formularle. “Seguirías conmigo si supieras que me queda poco tiempo”… “¿Soy egoista si sigo a tu lado estando enfermo?” Preguntas demasiado dolorosas para ambos.  Tal vez pueda posponerlas, elegir un momento menos maravilloso para que no suenen terribles.  Aunque eso sea tan solo una utopía.  Nunca sonarán menos terribles. Pedro nota que la mano que sostiene está temblando.
-Por Dios, Guille… decímelo ya.  No soporto los misterios.  ¿Qué pasa?
Guillermo mira hacia el salón, se escurre una lágrima con la mano que tiene libre, la mete luego en el bolsillo y saca algo.  Estira la mano y busca la de Pedro.  Le introduce algo frío en ella y  sin soltarlo se queda mirándolo a los ojos.
Pedro intenta zafar y ver qué hay allí.  Guillermo se la aprieta más fuerte.
-Pedro… yo… no sé si debo.  No sé si está bien.  Pero no puedo seguir remando contra la corriente de mis sentimientos….  Mi mente me grita que no. Pero no quiero escucharla.
Ahora retira su mano con suavidad.  Pedro abre la suya y se queda paralizado, sin poder creer lo que está viendo. O es una alucinación, o verdaderamente hay un anillo ahí sobre la palma de su mano.  Levanta la vista y lo interroga con la mirada.
-Cuando por fin estés libre… de tu compromiso anterior,  de tu matrimonio… Pedro, ¿te casarías conmigo? -Apenas cree haber podido terminar la frase.  Siente un miedo inconcebible, le tiembla la voz y el corazón le late enloquecido. Gotas de sudor resbalan por el costado de su rostro.  Pedro no sabe qué es más increíble,  si lo que está viendo en su mano o lo que acaba de escuchar.   -¿Me…me estás proponiendo matrimonio, Guille…?
-No, mi amorcito.  Te estoy pidiendo que me alcances el salero en cantonés. ¿Qué podría querer decir  “te casarías conmigo”?
Pedro encierra el anillo en su mano.  Lo lleva hasta su boca y lo besa.
-¿Ésto contesta tu pregunta?
Guillermo sonríe con ternura.  -No demasiado…
-Entonces te lo digo con todas las letras. Si, Guille, mi amor, mi vida… me quiero casar con vos… ya mismo lo haría si pudiera.  No hay nada que desee más.
Guillermo saca una cajita de su bolsillo y se la alcanza.  -Tomá, acá dentro está el mío.  Guardalos.  Hasta que podamos usarlos.
Pedro se siente conmocionado.  No esperaba tanto.  Jamás imaginó que él fuera capaz de proponerle algo tan arriesgado. Le viene a la mente aquella conversación en el estudio donde se asumió incapaz de usar un anillo que simbolizara pertenecerle a alguien.  Se ve espectador del nacimiento de un nuevo Guillermo, uno que no deja de sorprenderlo y enamorarlo cada día más.  Guillermo siente alivio.  Temió no atreverse a último momento en el medio de ese caos que sentía y después que Pedro no aceptara, o peor aún, que se riera de  su ocurrencia. 
-Vamos a casa, Pedro, antes que me termine de bajar la presión del todo y me caiga encima de la mesa.  Estoy terriblemente nervioso.
-¡Mi amor… parecés un adolescente! Me hacés morir de ternura.  Yo también me siento un poco así.  Vamos  -guarda la cajita con los anillos en el bolsillo del saco.  Guillermo lo mira deslumbrado.
Llegan a su dormitorio y se recuestan sobre el cubrecama, completamente vestidos.  Pedro saca los anillos y se prueba el suyo, le queda perfecto.  No puede dejar de mirarlos, los junta y los observa incapaz de creerlo del todo.  Siente que en ese pequeño par de aros de metal brillante existe algo que ni siquiera podría definir.  Un misterio, una clave universal de algo que su mente no logra entender, que sólo su corazón alcanza a percibir. Los anillos que compró con Camila no significaron nada, eran simples caprichos de su mujer, una costumbre que ella  y la sociedad le impusieron. Estos son de otra especie.  Son un símbolo sagrado, un pasaporte a un estado superior… un lugar que no había imaginado pisar junto a Guillermo.  Le viene a la mente un libro que leyó en su infancia, El sobrino del mago, donde un par de niños se calzaban unos anillos mágicos y se transportaban a otra dimensión, a un lugar fantástico mucho más espectacular que la Tierra donde vivían. Guillermo y él también ingresarán a un mundo mejor y esos anillos serán su pasaporte.  Lo siente, lo intuye.  Así debía ser.  Estaba escrito.
Se toman de la mano y permanecen en silencio.  Es un momento mágico, desean que no termine nunca.  Pedro lo observa y siente que ha llegado a la cumbre de su enamoramiento.  Podría plantar una bandera sabiendo que ya no es posible subir más alto.  Guillermo lo mira a su vez de costado y se sonríe un poco avergonzado.  Le cuesta haberse despojado de todos sus prejuicios, de todos sus miedos y haber puesto su alma misma en una bandeja.  Nadie más en este mundo habría logrado hacerle decir esas palabras. 
-¿Cuándo ocurrió este milagro? -le pregunta maravillado.
-No sé… tal vez Joaquín tuvo que ver.
-¿Qué…? -le dice Pedro frunciendo el entrecejo.
-Viste que él era más osado, un día pasó por una joyería, y bueno… los compró.
-No puedo imaginarlo.  ¿Por qué no lo dijiste antes, mi amor?
-Es que fue justo un par de días antes de venirme de Bahía a Buenos Aires, cuando me llamó Fabián.  No me animaba, no podía decidirme.  Tenía miedo.  Después pasó lo que pasó…
-En todo este tiempo seguiste dudando.  ¿Por qué?
Guillermo se siente acorralado ante la pregunta que aún no puede contestar. 
-No hablemos más de éso.  Lo importante es que lo pude hacer.  ¿No estás contento?
-Mucho más que éso, estoy feliz  -le acaricia la mano-, no puedo dejar de imaginar cómo será ese día…
-No pienses, amorcito.  Ya no quiero planificar, dejemos que las cosas fluyan. Además… no esperes la gran cosa.  No voy a hacerlo público. 
-¿A qué te referís?  -Pedro lo mira con súbita desconfianza-. Me propusiste matrimonio.  ¿Querés que sea algo… secreto?
-No,  lo que digo es que no voy a repartir invitaciones ni hacer una fiesta.  No le pidas peras al olmo.
-Ya sé, pero al menos vamos a tener que confiar en dos personas para que sean los testigos.  No vas a zafar de eso, mi amor.  Lo exige la ley.
-Está bien, pero sólo será un trámite.  Lo otro, los anillos, el brindis… será un acto privado, solamente nuestro.
-Para mí con éso me alcanza para tocar el cielo…
Guillermo apoya la cara en el pelo de Pedro, se queda pensativo. Recuerda cada momento vivido con él.  Si alguien podría hacerlo atravesar el mismo infierno para encontrarlo, ése es Pedro.  Se enfrentaría a lo que fuera, a una horda de demonios si fuera necesario. Lo de los anillos fue algo demasiado fácil. 
La pasión tarda en llegar porque esa noche es mucho más importante algo tan simple como respirar el mismo aire.  Mirarse a los ojos y entender que ésa es la única felicidad con la que siempre soñaron.  El amanecer los ilumina abrazados, cubiertos por las sábanas, dormidos en profunda paz.

CONTINUARÁ

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