Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 26 de noviembre de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap 27 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

CAPÍTULO 27  ( El final – Parte I)

Un breve gemido brotó de sus entrañas cuando hundí mis colmillos en la parte baja de su cuello y comenzó a temblar. Temeroso pero decidido, seguí adelante sin dejar de presionar su mano con la mía, intentando transmitirle confianza, haciéndole saber que era yo el que estaba ahí con él. No debía beber demasiado, ya había perdido mucha sangre y si no me detenía a tiempo la tercera mordida, en lugar de convertirlo, sería fatal.
Cuando el temblor cesó y su respiración se serenó, supe que era el momento de detenerme. Limpié los restos de sangre de su cuello y de mi boca y permanecí inclinado sobre él espectante y nervioso. Un minuto, dos, y su cuerpo seguía sin dar otra señal de alivio más que su respiración, ahora pausada, profunda y serena.
_ Guillermo _ Pronuncié su nombre como se reza una plegaria, como una súplica de amor desesperada brotando de mi alma que agonizaba junto a él. _ Guillermo, mi amor… ¿Podés escucharme? _ Necesitaba ver sus ojos, volver a escuchar su voz. Acerqué mis labios a los suyos y comencé a besarlo con ternura, como si yo fuera el príncipe del cuento que intenta salvar a la princesa de la muerte con un beso de amor.
Un estertor le recorrió el cuerpo despegándolo de la cama. _ ¿Qué pasó? _ Preguntó sobresaltado al tiempo que abría los ojos desconcertado. El alma me volvió al cuerpo.
_ Tranquilo, estás en tu habitacion y estás conmigo. Ya pasó todo, la batalla terminó.
_ Pedro… _ me miraba confundido _ ¿Qué pasó? No entiendo nada… ¿Podés apagar esa luz? Me está dejando ciego. ¿Qué son todos esos ruidos?
Una extraña mezcla de alivio y tristeza me invadió el alma, sus sentidos estaban exhacerbados y dadas las circunstancias eso solo podía tener una respuesta. Acababa de convertirlo en vampiro, un vampiro como yo.  Apagué la luz y volví a su lado. _ ¿Mejor ahora?
_ Si, gracias. ¿Qué está pasando afuera? ¿Por qué hay tanto revuelo?
_ ¿No te acordás de nada?
Trataba de recordar _ Solo algunas cosas sueltas. Estábamos tratando de escapar por el frente, corrimos por un pasillo, después apareció esa mujer… _ hizo una pausa _Ella… ella me apuñaló. ¿Me apuñaló o solo lo estoy imaginando?
_ Si, ella te apuñaló. Tenés una herida profunda en el vientre que con seguridad ya está empezando a cicatrizar. ¿Qué más sentís? ¿Te duele algo?
_ No, no me duele nada. Solo tengo una molestia en el cuello y también sed. ¿Por qué siento tanta sed?
_ ¿De verdad no sabés lo que acaba de pasar? Guillermo… te estabas muriendo. La profundidad de la herida era relevante y el señor Watanabe dijo que no pasarías la noche. Por eso, y con el consentimiento de tu madre…_ No tuve necesidad de terminar la frase, llevó una mano a la parte baja de su cuello y al rozar con las yemas de sus dedos las marcas de mi mordida se sentó en la cama.
_ Pedro…
Lo miré con los ojos cubiertos de lágrimas. _ Tuve que hacerlo, de otro modo…
Acaba de comprender lo que había sucedido y me miraba a los ojos con tanta intensidad que ahora el que temblaba era yo.
_ Lo hiciste… ¡Por fin lo hiciste! _ Abrió sus brazos invitándome a acercarme a él y así lo hice. Necesitaba su aprobación y, sin duda alguna, esa alegría que él no podía disimular para sentirme un poquito menos triste. Me abrazó con tanta fuerza que ningún razonamiento humano hubiese podido comprender que solo unos minutos atrás estaba al borde de la muerte.
De rodillas sobre el piso de la habitación permanecí abrazado a él, descansando sobre su hombro el peso de ser el responsable de haberle quitado tanto a cambio de lo que yo seguía considerando tan poco, pero él no podía esconder la alegría que sentía. 
_ ¡Al fin! _ Me decía acariciando mi espalda, percibiendo el peso en mi consciencia y tratando que su amor me alcanzara para reponerme. _ Al fin… pensé que nunca lo ibas a hacer.
_ No tuve opción. Era esto o perderte para siempre y no soy tan valiente. Tal como dijo Franco, mi amor es lo suficientemente egoista como para tenerte conmigo a cualquier precio.
_ No es así Pedro, no fue a cualquier precio. Fue un precio pactado, acordado y con mi consentimiento. Yo quería que lo hicieras. Deseaba desesperadamente este momento.
Me separé de su abrazo solo para mirarlo, todavía me parecía mentira que estuviera con vida. _ ¿Cómo te sentís?
_ Perfectamente bien _ respondió tomando mi rostro entre sus manos para regalarme un beso tierno y cálido como una mañana de otoño sobre mis labios. _ Mejor que nunca. _ Me sonreía con sincera alegría y debo confesar que volver a ver sus ojos y sentir sus labios sobre los míos sumado a su felicidad comenzaba a ayudarme a estar mejor.
_ ¿Te sentís con fuerza?
_ ¿Cómo para hacer que? _ me preguntó levantando una ceja con esa mirada insinuante que siempre detenía los latidos de mi corazón.
_ ¡Guillermo…! _ Sin dejar de reír por mi reacción se hizo a un lado y golpeando la cama con la palma de su mano me invitó a sentarme junto a él_¿Y que vamos a hacer ahora? La Tribu ha desaparecido, si tenían algún seguidor en Medianoche ya no lo tendrán. Muerto el perro se acabó la rabia. No creo que quieran seguir adelante con esa idea de la vida eterna sin un lider.
_ ¿Pero y esa mujer? La que me atacó…
_ Charity
_ Si esa, Charity. _ Comenzaba a recordar _ ¿Es la hermana de Balthazar, no?
_ Era. Después que te atacó la decapité con mis propias manos y no creo que haya sangre humana que vuelva a unirle la cabeza al cuerpo.
_ ¡Pedro, por Dios! Que imagen horrible.
_ No creas que tanto… para mi fue un placer verla rodar por el piso después de lo que te hizo.
_ ¿Y Balthazar?
_ Todavía no hablé con él.
Me observó con admiración. _ Sos muy valiente. Realmente admiro tu coraje, a veces pienso que no conocés el miedo.
_ Si me hubieses visto cuando crucé esa puerta sabrías cuanto miedo puedo llegar a sentir. Ser valiente no es no sentir miedo, ser valiente es animarse a enfentarlo para que el temor no te paralice, para que no te tome de rehén. Si eso es ser valiente, entonces si lo soy. Sobre todo cuando se trata de vos.
_ Pedro, ¿te dije alguna vez cuanto te amo?
_ Hasta donde yo recuerdo, jamás.
_ Venía para acá, mentiroso. _ Sonreí mientras me dejaba recostar sobre la cama. Lentamente reptó sobre mi cuerpo hasta quedar cuan largo como era sobre mí. _ Dejame refrescarte la memoria. Mucho coraje pero poca retención de hechos precioso.
_ Ni se te ocurra pasarte de la raya _ susurré por lo bajo _ estamos rodeados de vampiros con lo radares alertas, todos deben querer saber que está pasando en esta habitación. No me avergüences delante de mis padres.
Sentí sus brazos en mi espalda y la dureza de su musculatura pegada a mi cuerpo que se desarmaba con su proximidad.
_ No te preocupes bonito que se comportarme. Por ahora solo voy a robarte un beso, por ahora… Supuestamente tenemos cientos de años por delante y te voy avisando Pedro Beggio que pienso hacerte el amor todos los días. Pero por hoy, voy a conformarme con un beso.

Nos besamos por primera vez… Si, por primera vez. Así fue como siempre recordé ese beso, como si hubiera sido el primer beso entre él y yo. Ya no tenía que controlar mis instintos, ya no podía hacerle daño. Ahora era libre de besarlo soltando el mismo ímpetu con que mi sangre corría por mis venas, sin miedo y con toda mi osadía.
Recorrí lugares inexplorados, los espacios más secretos de esa boca que había besado tantas veces sobre un viejo edredón en aquel lugar secreto y nuestro en una de las torres más altas de Medianoche, bajo un cielo a veces transparente y a veces encapotado, pero siempre irradiando el hechizo de Evangeline a través de una ventanita pequeña y cómplice como ella.
Nunca podré saber con exactitud cuanto tiempo estuvimos besándonos, solo recuerdo que mantuve los ojos cerrados todo el tiempo deleitándome con la exaltación del resto de mis sentidos que me permitían capturar su fragancia, la suavidad de su cabello, la consistencia de sus manos recorriendo mi cuerpo y el sonido de su respiración.
Si Guillermo siendo humano había tenido una complexión fuerte y vigorosa, no me quedaban palabras para descibir en lo que se había transformado ahora que era vampiro. Tenía tanta fuerza que podía sentir como sus brazos me separaban del cobertor para adherirme a su cuerpo mientras, en contrapunto, la musculatura de su pelvis y sus piernas se hundía en mi carne como si el mismo Coloso de Rodas estuviera sobre mí.
Estaba fascinado, me sentía como una minúscula partícula de metal frente a un imán de dimensiones descomunales, el sentido de pertenencia se volvía más intenso a cada instante, ahora si tendríamos la vida que tanto habíamos soñado. Con mis dedos hundidos en su espeso cabello negro no dejaba de sujetarlo contra mí, hubiese dado lo que fuera para que ese beso no terminara nunca y a pesar de la presión que su cuerpo ejercía sobre el mío, logré liberar una de mis piernas para cruzarla deliberadamente sobre las suyas.
_ Basta Pedro _ murmuró entre dientes, interrumpiendo el beso y separándose apenas de mis labios que seguían reclamándolo. ­
_ ¿Por qué? _ pregunté usando estratégicamente ese tono sugerente y provocativo que siempre derribaba sus defensas.
_ Porque si seguimos no voy a poder detenerme y no quiero faltar a mi palabra. Vos me pediste que no me pasara de la raya, así que ayudame, solo no puedo. Me quema la piel de tanto que te deseo.
_ ¿Y si tan solo pido un beso más serías capaz de decirme que no?
_ Imposible, sabés que beso el suelo que pisás Pedro, pero si vas a jugar con fuego considerá la posibilidad de que no pueda detenerme y termine desnudándote y haciéndote el amor acá y ahora.
Fingí pensar poniendo los ojos en blanco pero sin soltarlo y arremetí con esa caradurez que ya me caracterizaba _ Considerado… Voy a correr el riesgo _ le dije sonriéndole con sensualidad y la mirada fija en su boca.
_ Listo, vos lo quisiste así. _ Estaba a milímetros de mis labios que se entreabrieron sedientos de los suyos cuando tres golpes en la puerta nos arrebataron del hechizo trayéndonos a la realidad.
_ Si… ¿Quién es? _ Pregunté casi malhumorado mientras los dos nos sentábamos con suma compostura sobre la cama.
_ Marcial Pedro. Perdón, no quería interrumpir pero Kate está desesperada por saber cómo está Guillermo._ Expuso del otro lado de la puerta que aún permanecía cerrada. Nos miramos, nos leímos el pensamiento y sonreímos pensando exactamente lo mismo. “Era de suponer”
_ Pasá Marcial. Vení a verlo con tus propios ojos
La puerta se abrió lentamente y lo primero que vimos fue parte de su cabellera y un par de ojos que se asomaban tímidamente. _ ¿No molesto? _ pero al ver a Guillermo sentado en la cama vivito y coleando su comportamiento cambió radicalmente. Entró como una tromba y cerró la puerta detrás de él _ ¡Por Dios! ¡Guillermo estás perfecto! Pedro, ¿está tan bien como parece o son ilusiones mias?
_ Está perfecto Marcial.
No salía de su asombro _ Si me lo hubiesen contado no lo hubiese creído. ¡Guillermo zafaste de las garras de la muerte por un pelo! ¿Y tu herida?
_ ¿Qué herida? _ preguntó como si la hubiera olvidado
_ La que te hizo Charity en el vientre _ le recordé
_ Ah… si. No sé, yo no siento nada
_ A ver. Dejame verla _ dijo Marcial acercándose a Guillermo _ Recostate en la cama.
_ Si, es una excelente idea, veamos que anda pasando por ahí
_ Como gusten _ Respondió resignado. Se recostó en sobre la cama y abrió su camisa.
Marcial retiró con cuidado el vendaje que le había hecho el señor Watanabe y al ver la herida pegó un grito que seguramente puso en vilo a todos los que, pacientemente, esperaban noticias en la sala común.
_ ¿Era necesario gritar así? _ Pregunté mansamente. No podía culparlo por manifestar su desconcierto y su alegría, pero era un hecho que en cuestión de minutos la habitación se llenaría de gente y yo necesitaba estar a solas con Guillermo un rato más.
_ ¡Pero… Pedro! ¡Está cerrada y ya comenzó a cicatrizar! ¿Cómo pasó esto? ¿A qué santo le rezaste?
_ ¿Podrías dejar de gritar? _ Le dijo Guillermo suplicante _ Siento tu voz dentro de mi cabeza como un redoblante de tambores.
_ Lo siento… _ Dijo bajando el tono de su voz. _ ¿Pero qué pasó?
_ Esto pasó, y por favor, tratá de no volver a gritar _ Giré la cabeza de Guillermo lo indispensable como para dejar la impresión de mis colmillos a la vista. Marcial se llevó las manos al pecho.
_ ¡Lo convertiste…!
_ Así parece _ murmuré mirando a Guillermo fijamente a los ojos.
_ Hasta que te animaste… ¡Bien hecho Pedro! _ me dijo rebosante de alegría_ ¡Bienvenido a nuestro mundo Guillermo!
_ Gracias Marcial
Tal como lo había previsto, un tropel se había amotinado en la puerta de la habitación. La voz se Kate nos se hizo esperar y era entendible, era su madre y estaba preocupada por su hijo.
_ ¡Pedro!
_ Ahí voy _ respondí levantando apenas el tono de mi voz para no torturar a Guillermo que ya no sabía cómo soportar tanto bullicio. Abrí la puerta de la habitación y me corrí a un lado para que ella pudiera verlo con sus propios ojos.  _ Ahí lo tenés, fuerte como siempre, como si nada hubiese pasado.
_ ¡Hijo! _ exclamó al tiempo que corría a su lado. _ Mi hijo… Mi hijo _ repetía mientras lo abrazaba con la cara bañada en lágrimas. Por momentos se separaba de él para auscultarlo, procurando cerciorarse que su recuperación milagrosa no era un engaño de su mente. _ ¿Estás bien? ¿Cómo te sentís? ¿Y tu herida? _ No cabía la menor posibilidad de cuestionar su interrogatorio, era su madre.
_ Estoy bien mamá.
_ Mostrame la herida
_ Ya está cicatrizando Kate
_ No te gastes Pedro, hasta que no la vea con sus propios ojos no va a tener paz.
_ Por supuesto que no. Dejame ver _ Casi se cae redonda contra el piso al ver la recuperación inesperada y sorprendente que se había producido en él. Me buscó con la mirada y no hizo falta que emitiera una sola palabra, esos ojos cristalinos acababan de decirlo todo. Le respondí con un gesto cómplice._ Te debo una Pedro, y una muy grande. Nunca voy a olvidar este día, de hoy en adelante serás un hijo más para mí. Podés contar conmigo para lo que necesites, sea lo que sea.
_ Kate… no me debés nada. Soy yo el que siempre va a estar agradecido que me permitieras salvarlo.
_ Bueno, ya basta ustedes dos que me pega de celos.
_ Lo que me faltaba escuchar _ dijo Kate poniendo los ojos en blanco en señal de fastidio _ ahora se acuerda que tiene madre.
_ Mamá te ruego que no empieces con tu clásico discurso y menos con tus reproches, no es el momento.
_ Está bien, por hoy voy a dejarte en paz, pero solo por hoy. Y espero que todo esto haya calado lo suficientemente hondo en vos, a ver si ahora sos capáz de llamarme más seguido. 
_ Mamá…
_ ¡Está bien! ¡Está bien! Ya me callé. Pedro, lo dejo en tus manos, yo voy a tranquilizar al resto. Marcial, ¿venís conmigo? Creo que los chicos quieren estar solos.
_ Salgo con ustedes, Guillermo vos esperame acá, tengo que hablar un momento con mis padres.
Con la que tenía que hablar en realidad, era con mi madre. Me costó llegar a ella dado que a cada paso alguien me paraba para preguntarme por Guillermo y no solo los miembros de la Cruz, todos los que habían formado parte de la expedición que patió de Medianoche esperaban ansiosos y demacrados el milagro de su salvación, sobre todo Balthazar, a quien logré ver hecho un ovillo en un rincón de la sala común. 
Lo que buscaba de mi madre no alteraría los hechos si me demoraba unos minutos hablando con él, era evidente que estaba sumamente angustiado. Me acerqué a él y apoyé mi mano en su hombro buscando sacarlo de sus cavilaciones.
_ Pedro _ me dijo sorprendido mientras levantaba la cabeza  y me miraba a los ojos _ ¿Cómo está Guillermo?
_ Haceme un lugar _ estaba sentado sobre un largo banco de madera, se hizo a un lado haciéndome espacio y me senté junto a él. _ Guillermo está bien, Balthazar. Ya no hay nada porque preocuparse, es más, podría asegurarte que en breve lo vas a ver por acá.
_ ¿Ya? ¿Y como fue que se recuperó tan rápido? Yo vi la herida y era muy profunda Pedro, además el señor Watanabe dijo que tal vez no iba a pasar la noche.
_ Es todo un tema, ya te vas a enterar, pero lo importante es que Guillermo está fuera de peligro. El que no se ve nada bien sos vos, ¿querés hablar?
_ ¿Y que podría decir? No tengo palabras Pedro, solo una terrible angustia que me carcome por dentro.
_ Te entiendo, claro que te entiendo, pero si te sirve de consuelo no sos el único que se siente angustiado por lo que pasó, por eso necesitaba hablar con vos. Vengo a pedirte disculpas, lo siento mucho, hubiese preferido que las cosas hubieran sido diferentes, Charity era tu hermana y yo… Perdoname Balthazar.
Cuando me miró percibí un alivio extraño en su mirada. _ No me pidas disculpas Pedro, tampoco lo lamentes. Charity dejó de ser mi hermana la misma noche que ellos mataron a mis padres, mi verdadera hermana murió con ellos, ese monstruo que viste estaba muy lejos de ser la niña que vi crecer y que llevé muchas veces de la mano, así que no lo lamentes ni te disculpes porque para ser sincero, es un consuelo saber que ya no podrá seguir haciendo daño. Su muerte me da paz. No se donde irán las almas despiadadas, pero donde quiera que esté le deseo que encuentre tranquilidad y descanso, la misma tranquilidad con la que yo vivo desde que le pusiste fin a su vida sin sentido y a su necesidad insaciable de hacer tanto mal.  Ahora dame un abrazo, me hace falta.
Nos dimos un abrazo fuerte y sincero, había sido un alivio hablar con él.
_ Contá conmigo para lo que necesites, ¿de acuerdo?
_ Lo mismo digo Pedro. Para lo que sea, siempre voy a estar.
_ Gracias. A propósito, ¿viste a mi madre? Necesito hablar con ella.
_ Me parece que está en el despacho de Kate. ¿Querés que te acompañe a buscarla?
_ No hace falta, quedate descansando y tratá de recuperarte. Solo necesito uno de esos termos que trajo de Medianoche.
Se sonrió apenas, no era poco que volviera a sonreír. _ ¿Estás hambriento?
_ Un poco, pero hay alguien que lo necesita más que yo.
Si algo le sobraba a Balthazar era inteligencia, me miró fijo a los ojos y resolvió la ecuación en el acto. _ Pedro… acaso?
_ Si. Lo convertí. Era eso o verlo morir
No pudo disimular cuanto lo alegraba la noticia. _ ¡Convertiste al profesor Graziani en un vampiro! Nunca va a dejar de sorprenderme tu osadía Pedro, pero es una buena noticia, ahora van a poder estar juntos por largos años.
_ Eso espero.
_ ¡Claro que va a ser así! Pero no pierdas más tiempo, andá a buscar a Celia, recién convertido debe tener una sed feroz de sangre fresca.
_ Dale, nos vemos mas tarde.
_ Dalo por hecho. _ Estreché su mano y me marché a toda prisa hacia el despacho de Kate.

_ ¿Y cómo sigue esto ahora Pedro? _ Me preguntó mientras ponía en mis manos un pequeño termo que contenía el elixir de nuestras vidas.
_ No tengo la menor idea mamá, cuando Guillermo pueda sentarse a hablar vamos a evaluar que es lo mejor para todos en este momento.
_ Pero si La Tribu está exterminada no hace falta que se marchen, pueden volver a Medianoche y todo va a volver a ser como era antes. Una nueva orden, todos juntos, noches de música y charlas en nuestro departamento, la misma vida que veníamos llevando…
_ Celia _ mi padre me demostraba una vez más lo amplia que era su forma de pensar _ dejalos que decidan ellos. Tal vez les venga bien un viaje después del momento traumático que les ha tocado vivir, además, ¿quién no necesita una luna de miel?
Ella lo miró fulminante.  _ Siempre poniéndote del lado de tu hijo.
_ Y dale que “tu hijo” cuando algo no te gusta o “mi hijo” cuando se luce. Celia, Pedro es “nuestro” hijo y siempre va a ser así haga lo que haga. Un hijo que ha crecido demasiado rápido tal vez, de la noche a la mañana se ha convertido en un hombre que supo elegir su camino. Dejá de tratarlo como si todavía fuera el crio que arrastramos a Medianoche a pesar de su clara y manifiesta oposición, nosotros lo empujamos a esto. Aceptémoslo y dejémoslo elegir, no lo hace para nada mal y encima siempre cae parado como los gatos.
Me causó gracia la conclusión final de su frase y eché a reír.
_ ¡No le veo la gracia Pedro Beggio!
_ Mamá, ¿podés no empañar el hermoso momento que estoy viviendo? Guillermo es lo que más amo en la vida, sin contar a ustedes dos por supuesto, pero es otra clase de amor. Guillermo es ese amor con el que papá te mira desde que tengo uso de razón, el amor que traspasa todas las barreras, el amor que se elije para pasar toda la vida juntos. No me pongas palos en la rueda con tus miedos, vos nunca fuiste así, alegrate conmigo, vivilo conmigo y empujame a ser yo como lo hiciste siempre.
Si no lograba convencerla con esas palabras ya no sabría que decir para hacerla cambiar de opinión, pero cuando se dejó caer sobre el amplio sillón de Kate, supe que le había ganado la pulseada. A pesar de todos sus temores iba a apoyarme una vez más.
_ Está bien, tienen mi bendición. Pero eso si, si deciden marcharse te llevás el amuleto.
Negué con la cabeza _ De ninguna manera, ya se lo devolví a papá cuando llegaron y no tengo pensado acarrear semejante responsabilidad. El amuleto vuelve con ustedes a Medianoche.
_ ¡Pero Pedro! _ ya iba a comenzar de nuevo con su eterno alegato _ ¿Y si pasa algo?
_ No mamá. Está decidido. Si algo pasa te llamo por teléfono, ¿viste lo prácticos que son? ¡Por favor, te lo suplico! Dejame descansar de tanta carga, te lo ruego, dejame soltar por el tiempo que dure el viaje el peso que vengo acarreando en este último año. Dejame tener una vida lo más natural posible dentro de nuestras posibilidades
_ Celia…
_ ¡Está bien! ¡Está bien! Ustedes ganan, cuando se ponen de acuerdo en algo son imposibles. Apenas Guillermo pueda ponerse de pie quiero una reunión general en la sala común, ya se lo sugerí a Kate, hay mucho de que hablar. Ahora desaparecé, andá a ver como sigue Guillermo y cerrá la puerta cuando salgas, necesito pelear con tu padre a solas.
No esperé a que lo dijera dos veces, practicamente huí del despacho, no sin antes echarle una mirada de condolencia a mi padre que me guiñó un ojo con complicidad. Me fui sin preocuparme en absoluto por lo que pasaría ahí dentro, llevaban cientos de años juntos y mi padre ya era todo un experto para disuadir los enojos de mi madre que, además, nunca pasaban a mayores.

Verlo beber su vaso de sangre por primera vez me hizo tomar verdadera consciencia de cuanto habían cambiado nuestras vidas. Una parte de mí extrañaría lo que me quedara de vida los encuentros clandestinos en la torre más alta de Medianoche, verlo esperarme en la confusa oscuridad de la incipiente madrugada en aquella escalerita estrecha, la de las ventanitas pequeñas y observar el paisaje aferrado a su espalda. No habría nada que me hiciera olvidar el andar discreto y silencioso con el que trepábamos hasta nuestro refugio para hacer el amor clandestinamente mientras todos dormían, ni la imagen de Evangeline  impresa en el firmamento bendiciendo nuestra unión. Habíamos llegado al final de un juego tan peligroso como prohibido, el amor entre un mortal y un vampiro. Ahora el libro de la vida había dado vuelta la página, nos esperaban cosas nuevas que sin duda traerían emociones que nunca habíamos experimentado juntos, pero evocar el amanecer en que nos conocimos sin presentaciones, cuando corrí desesperado por el bosque tratando de escapar de un supuesto asesino, me hacía sonreír. Observándolo detenidamente me di cuenta que tal vez mi primer instinto no estaba tan equivocado, había intentado escapar temiendo por mi vida sin saber que lo que estaba en riesgo era mi corazón, mi ingenuo y  púber corazón que apenas vio esos ojos transparentes como la miel, cayó a sus pies rendido de amor.

CONTINUARÁ

martes, 21 de noviembre de 2017

"ESCLAVO DE TU MIRADA" - Cap. 2 - (By Verónica Lorena)







CAPÍTULO 2

- Bueno… ¡Que carácter…! Ahora sé por dónde viene el mal de amores – respondió José no pudiendo contener la sonrisa
- No empieces José, que sé por dónde viene la cosa – y enojado consigo mismo se retiró del lugar.
Pedro estaba que volaba de bronca y celos. Nunca pensó que aquel hombre que contempló acunando a su nieto, al que había besado desesperadamente, era el que lo había rechazado… y encima, estaba coqueteando con el fiscal Miller. Era increíble, que descaro… “Lo odio” pensó.
Sonó un celular.
- Hola Pedro… qué bueno que te encontré – saludó su amigo Ignacio
- Hola Ignacio, cómo estás?
- Muy bien… Estamos organizando una salida para esta noche, te prendés?
- No tengo ganas… no estoy de humor
- Dale nene… que tomamos algo y de paso podés conocer alguna chica
- No quiero conocer a nadie – contestó Pedro malhumorado
- Bueno… entonces vení por nosotros, tus amigos… Dale, que desde hace meses que no te vemos
- Bueno, está bien… voy porque de verdad los extraño
- Buenísimo, te esperamos en el lugar de siempre - y colgó el celular.

A pesar que no quería ir por lo mal que estaba, se vistió elegantísimo y salió al encuentro de sus amigos. Eran una pandilla divertida… de verdad que extrañaba las salidas con aquellos muchachos. Pensó que un poco de distracción le haría olvidar al malhumorado de su “Guille”.
Una vez en el bar tomaron unas copas, bailaron, se divirtieron. Para ahogar sus penas Pedro tomó un par de tragos de más, por lo que se dirigió a la barra a pedir una copa.
Desde la otra punta del lugar y entre la multitud, estaba siendo observado por dos hombres. Uno de ellos se acercó a la barra y sin ser visto, vertió en la bebida de Pedro una pastilla retirándose del lugar.

Una vez en su departamento se sintió cansado. No pudiendo más con la borrachera que tenía y lo cansado que estaba, así como estaba vestido se acostó en la cama quedándose dormido.
A la mañana siguiente le dolía la cabeza. Estaba desconcertado. Al voltear de su cama tocó la piel fría de una persona. Al ver aquel cuerpo inerte recostado al lado de su cama dio un salto que le paralizó el corazón. ¿Quién era aquél hombre? ¿Qué hacía al lado de su cama…? Estaba confundido y desesperado. No sabía qué hacer. No quería llamar a Guillermo, por lo que sin pensarlo marcó al Juez Juan Arizmendi.
- Hola Juan? – preguntó Pedro desesperado
- ¿Quien habla? – contestó el juez, ex pareja de Guillermo y amigo personal
- Soy Pedro Beggio… me conoce de un par de audiencias
- Pedro, que pasa… te noto raro
- Necesito que vengas a mi casa… me desperté al lado de un muerto que ni siquiera conozco
- ¿Un muerto? ¿Qué decís?
- Juan… estoy desesperado… no sé qué hacer…. De verdad no lo conozco… no sé quien es ni que hace en mi cama… por favor – suplicó Pedro al juez
- No hagas nada ni toques nada… ya voy para allá…

Guillermo recién se acababa de levantar y se dirigió al cuarto de baño. Luego de darse una ducha más que merecida escuchó el timbre del teléfono.
- Papá… - llamó Fabián desconcertado
- Hijo… buen día… ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Danielito está bien? – quiso saber Guillermo ante la inesperada llamada
- Si, si, estamos bien… El que no está bien es Pedro… Juan está en la casa de Pedro y hay un millón de policías
- Juan está qué?.. Que decís hijo – respondió Guillermo tirando la toalla que sostenía en sus manos
- No sé qué pasó… Está Juan con Pedro… parece que salió con alguien y está muerto en su casa
- ¿Qué…? Vos no te muevas de tu casa… ya voy para allá.
Al llegar al edificio había un móvil policial. Se identificó como el Dr. Guillermo Grazziani y entró corriendo por las escaleras. Llegó al quinto piso y lo primero que comprobó fue ver si su hijo estaba bien. Luego se dirigió al departamento de Pedro.
- Juan… ¿Qué pasa? – preguntó Guillermo no pudiendo creer lo que veían sus ojos
- Tranquilo Guillermo… Pedro está bien… Le tendieron una cama
- ¿Una cama?... Tiene un muerto en la cama… ¿Me estás cargando Juan?
- No, no, no es lo que parece… De verdad, Pedro me juró que no lo conoce… Que no sabe quién es…
- Pedro... ¿qué es todo esto? ¿Qué significa este escenario?... ¿No podés estar solo que ya te traes un tipo y encima se te muere? – preguntó Guillermo enojadísimo y celoso.
- No te quiero acá… Andate… ¿Qué te importa qué pasó? – respondió Pedro también enojado.
- Pedro… tranquilízate… Guillermo es el mejor abogado que conozco y el único que te puede sacar de este lío – respondió Juan para tranquilizarlo.
- No quiero verlo… que se vaya…
- ¿Qué pasa? ¿Tenés miedo de contarme que te lo cogiste?... – Guillermo sacaba chispas
- Si… me lo comí con moño y todo… y mirá que bien la pasó que se murió de un infarto… - contestó Pedro desafiándolo
- Ustedes dos… basta de pelearse… Pedro, no estás para bromas sarcásticas y vos Guillermo… cortala con tu mala onda… El chico te necesita – contestó Juan de modo conciliador
- No lo necesito… me se cuidar solo – contestó Pedro siendo esposado por un oficial de la policía.
- ¿Donde lo llevan? – quiso saber Guillermo
- A la alcaldía… El fiscal Miller le tomará declaración… - contestó un oficial
- No digas nada Pedro hasta que yo llegue… - respondió Juan viendo como se llevaban a aquel joven asustado - Y vos Guillermo, no cambiás más… ¿Como pensás que Pedro iba a traerse un tipo? - Le contestó Juan dirigiendo una mirada fría al maduro abogado
- ¿Y por qué no…? Es joven y bonito... puede salir con quien quiera – respondió Guillermo desafiante.
- ¿No te das cuenta que el pibe te adora…? Se le nota en los ojos que se muere por vos
- Que decís Juan… no digas pavadas
- No son pavadas… lo que pasa que estás ciego… no querés reconocer que alguien que te gusta pueda quererte… que se preocupen por vos… no te dejás querer – contestó Juan enojado con su amigo
- Y vos que sabés… ¿sos vidente?
- No… soy tu amigo y te conozco, y sé que ese chico te adora.
- Soy un idiota Juan…
- No… sos Guillermo Grazziani… y tenés que aprender a reconocer que podés ser amado… y Pedro te ama. – y dicho esto dejó solo a su amigo parado en el cuarto revuelto, viendo como se llevaban el cuerpo inerte del lugar.

Pedro se confesó con Juan, jurando que no lo conocía, que no había salido con nadie aquella noche, que luego de beber unas copas con sus amigos se retiró del lugar solo.
Guillermo estaba desesperado. Pedro no quería hablar con él, su amigo Juan estaba enojado y al mando de la defensa de su joven amado. Sin saber qué hacer, recurrió a la ayuda del fiscal de la causa.
- José… se que sos el fiscal del caso y necesito que ayudes a Pedro – le suplicó Guillermo a su amigo
- Guillermo… yo sé que lo querés y todo eso, pero amaneció con un muerto… tengo que atenerme a la ley
- Lo sé… pero creo que es inocente… que dice la verdad… que como dice Juan, le tendieron una cama… y lo voy a averiguar
- Yo también creo lo mismo… tengo que seguir el procedimiento, pero te prometo que lo voy a ayudar… en serio
- Gracias… no se qué hacer…
- Empezá por pensar con la cabeza y no con el corazón, y decile a Marcos y Gabriela que te ayuden… Hablá con los vecinos… Buscá cámaras de seguridad del edificio… No sé, mové la tierra si es necesario
- Si… creo que me tengo que calmar… Voy a hablar con ellos… Gracias por todo José, y perdón
- ¿Perdón por qué?... _ preguntó el fiscal intrigado
- Por no haber valorado a la persona que tuve cuando estuvimos juntos
- Yo sé como sos Guillermo… Te quiero y sé que me querés… pero no podemos estar juntos… Vos no podés estar con una persona que quiera todos los días estar a tu lado… Vos necesitás una persona que te haga hacer hervir la sangre de las venas… que te desafíe… y por eso somos amigos, nada más – contestó José con una sonrisa sincera
- No pensé que pensabas todo eso de mí… Juan me dijo lo mismo pero con otras palabras
- Me diste la oportunidad y te lo dije… soy tu amigo y Juan también te conoce como yo
- Juan es buen tipo… y te quiere José… de verdad te quiere
- Lo sé… pero no me lo demuestra… y yo no quiero esperar a hacerme viejo para estar enamorado
- Sos de fierro José… de verdad
- Lo sé… y ahora tenés que irte porque tengo que interrogar a tu hijo… y después a Pedro
- Bueno… de verdad gracias – respondió Guillermo dirigiéndose hacia la puerta
- Guillermo….
- ¿Qué?
- Quedate tranquilo… Pedro va a salir de esta… te lo prometo como tu amigo que voy a hacer todo lo posible para que eso pase
- Lo sé José… Lo sé – y se retiró del despacho del flamante fiscal.

Pasaron los días y Pedro seguía sin querer ver a Guillermo. Juan y José estaban ayudando al joven abogado en lo que podían, ya que uno era el Juez de la causa y otro el fiscal… y Pedro se negaba a contar con un abogado defensor. Estaba decidido a argumentar su propia defensa.
Guillermo había removido cielo y tierra para encontrar evidencias que exculparan a su joven moreno. Gabriela había entrevistado a todos los vecinos del edificio, incluido Fabián, quien había hecho una declaración a favor del joven abogado de manera magistral. Marcos por su lado, se había encargado de revisar las cámaras de seguridad del día del incidente, como de los detalles de la autopsia y del resto de las pruebas del caso.
Reunidos en el “Estudio Grazziani”, Juan, José, Gabriela, Marcos y Guillermo se encontraban revisando “extraoficialmente” las evidencias encontradas. La cinta de seguridad mostraba a un joven ingresando al edificio, con ropa holgada y una gorra, arrastrando una bolsa negra que se utiliza en la morgue. Subió por el ascensor mientras que afuera lo esperaba un vehículo negro, pudiendo individualizar la patente. El joven del video era más bien bajo, rubio por lo que se notaba debajo de la gorra, hasta que José se dio cuenta que no era un muchacho, sino que se trataba de una chica joven… Guillermo supo de inmediato quien era… Camila, la ex novia de Pedro.
El cuerpo encontrado en la cama del joven detenido había sido envenenado y la hora de la muerte no coincidía con la hora en que Pedro había vuelto a su departamento. Sus amigos declararon que lo habían dejado a la una de la madrugada… El hombre asesinado había fallecido a las diez de la noche, lo demostraron las pruebas de toxicología y el rigor mortis del cuerpo.
Pedro era inocente… había que demostrar quien había hecho eso y porque. La patente del vehículo identificado pertenecía al padre de Camila, quien mantenía negocios turbios con el fiscal Miguel Mendoza, hermano de Guillermo y su peor enemigo. Revisando sus causas encontraron una relación con el hombre asesinado. Había sido un soplón en una causa en curso del Fiscal Mendoza que estaba desaparecido con pedido de captura por ser testigo presencial de un hecho de corrupción que implicaba de lleno al villano Mendoza. Lo había mandado a matar. Todo encajaba.
Pedro había dejado a Camila unos días antes de la boda. Por despecho, su padre, incapaz de asimilar que su hija había sido dejada por un hombre que para el Sr Moravia era “poca cosa”, decidió tenderle una trampa. Recurrió al fiscal Mendoza para que lo ayudara en el plan. Lo siguieron hasta el bar donde se reunió con sus amigos, lo drogaron y una vez dormido le colocaron el cadáver fresco que recién había liquidado “el Dr. Frankestein”, alias, el fiscal Miguel Mendoza.
No lo podían creer. Juan y José estaban sin palabras. Guillermo no veía la hora de hacer pedazos a su hermano y meterlo preso de por vida, en tanto que Marcos y Gabriela recogían todas las nuevas pruebas para llevar al tribunal.
Pedro estaba esperando la llegada de su abogado defensor. Se abrió la puerta a su espalada.
- Hola Pedro… ¿Cómo estás? – lo saludó Guillermo
- Pero… ¿Qué hacés vos acá…? No quiero verte ni que me defiendas – le contestó Pedro todavía enojado
- No me importa lo que vos quieras… Yo de acá no me muevo sin que me escuches – respondió Guillermo sentándose frente a aquel joven moreno
- Dale… hablá – lo desafió Pedro
- No seas insolente precioso… que no estás en condiciones de mandar – respondió Guillermo a la defensiva
- ¿“Precioso”? Estoy hecho un asco… necesito una ducha urgente – respondió Pedro mirando fijamente aquellos ojos marrones que tanto lo llamaban al pecado
- Estás hermoso Pedro… y de verdad quiero que me escuches… Se quien te tendió la cama…. Y no fue tu mucama – bromeó Guillermo
- ¿Qué…? Guille… no estoy para bromas… Dale, decime quien fue
- Primero pedime perdón
- ¿Perdón? ¿Por qué?
- Por tratarme de esa manera Pedro…. No me merezco tu rechazo ni tu maltrato – arremetió Guillermo a la defensiva
- ¿Maltrato yo…? ¿Y vos…? ¿No me merezco que me pidas perdón? – respondió Pedro aferrado a los ojos que lo miraban fijamente - ¿Cómo pudiste creer que pude haber salido con un tipo cuando al único hombre que realmente quiero es a vos…? ¿No te das cuenta que cuando me mirás me pierdo en tu mirada…? Que cuando te acercás a mí con ese perfume me vuelvo loco… Que cuando me besás no puedo dejar de saborear tus labios… no… - Guillermo lo calló colocando una mano sobre la de aquel joven sincero
- Perdoname chiquito… perdóname… soy un idiota…. Perdóname… Lo único que quiero en este momento es abrazarte y besarte chiquito…  Sos hermoso y estaba celoso
- ¿Celoso… el Dr Grazziani?
- Si… estaba celoso… ¿Cómo puedo pensar que una criatura tan hermosa como vos pueda fijarse en un viejo como yo? – preguntó Guillermo mirando la mesa
- Guille… vos me diste la vida que nunca tuve… me regalaste las ganas de vivir, de volver a creer en el amor… Cuando te vi sosteniendo a tu nieto me di cuanta que me había enamorado de vos – respondió Pedro sosteniendo la mano de su hombre
- Pedro… yo, desde que te vi, vivo enamorado de vos… Monté a caballo, caminé por el pasto, me amigué con la naturaleza solo por vos… Le diste sentido a mi vida… y fue un idiota… tuve miedo
- ¿Miedo…? Vos no tenés miedo Guillermo…. No querés dejarte querer… tenés terror al amor
- Muy bien no me fue… vengo de dos divorcios… soy un fracaso
- No… sos un hombre… nada más
- ¿Me perdonás Pedro…?
- No… algo más… - contestó Pedro retirando la mano de aquel hombre al que amaba locamente
- Fueron Camila, Moravia y mi hermano – contestó Guillermo con cara seria
- ¡Hijos de su madre…! Que lacra que son… ¿Y eso por qué?
- Por romper el compromiso con su hija
- Lo hice por vos… solo por vos…
- ¿Qué hiciste por mi chiquito?
- Nada Guille… no entendés nada… Quiero a otro abogado, no quiero que me defiendas
- No me importa lo que vos quieras… te voy a defender yo y punto… Si querés después hacé lo que quieras con tu vida – y levantándose de la silla se retiró del lugar cerrando de un portazo.

En la sala de audiencias Juan escuchó los alegatos finales. Con las pruebas aportadas y en vista de cómo habían sido los hechos, declaró a Pedro inocente ordenando la detención de los tres mosqueteros del mal: Camila, Moravia y Mendoza.
Una vez liberado, Pedro agradeció efusivamente tanto a Juan como a José por haber confiado en su inocencia. Marcos y Gabriela están contentísimos por haber podido ayudar al Dr. Pedro Beggio… Lo admiraban por su trabajo en tribunales… y por querer a su jefe y amigo, el Dr. Guillermo Grazziani.
Los cuatro se encontraban sentados en el bar de tribunales. Pedro y Guillermo sentados enfrentados se miraban sacando chispas. Juan y José no podían creer lo rencorosos que eran…
- Pedro… ahora que estás libre tenemos que festejar – rompió Juan el silencio - Gracias Juan pero la verdad no tengo ganas… Quiero darme un baño e irme a dormir – respondió Pedro cansado
- Dormir… Dale lindo…. Vamos a tomar algo y a bailar… Conozco un lugar que te va a encantar – contestó Juan ante la mirada acusadora de Guillermo y José
- No… Pedro no sale a ningún lado, te dijo que quería irse a dormir – respondió Guillermo celoso de su amigo
- Vos no sos mi papá Guillermo… ¿Qué lugar es?- respondió Pedro con una sonrisa irónica
- Un lugar de moda, se llama “Secretos”… es un lugar para tomar algo, y hay show en vivo… te va a venir bien – respondió Juan mirando a Guillermo que lo fulminaba con la mirada
- Me gusta la idea… Dale, nos vemos ahí – respondió Pedro mirando de reojo a Guillermo
- Ah bueno… ¡Qué bonito…! ¿Tenés que meterte también con el chico? – preguntó José enojadísimo y celoso de Juan
- ¿Qué pasa José…? ¿Qué te pasa? – preguntó Juan mirando a su dulce fiscal, el que lo tenía perdido en secreto
- Nada le pasa Juan… Dale José, vamos…  Te invito una copa… Este lugar huele a traición – respondió Guillermo parándose de su asiento
- ¿Traición? ¿Qué decís Guillermo? – le preguntó Juan a su amigo
- Traición a la amistad Juan… La amistad… - y junto a José, Guillermo se retiró del lugar.
- Me parece que es mala idea Juan… Te agradezco, pero no voy – dijo Pedro mirando a su amigo
- ¿No ves que está celoso?... Guillermo está celoso lindo – le contestó Juan con una sonrisa pícara
- No me digas que esto fue a propósito ­_ preguntó el joven con una sonrisa que se asomaba de sus hermosos labios
- Sí… sabía que Guillermo iba a reaccionar así… Te quiere Pedro, se le nota a la distancia – contestó Juan
- Pero esto te va a traer problemas con José… se nota que le gustás _ respondió Pedro mirando a su amigo
- José es un caso perdido… Desde que salió con Guillermo cambió mucho… Creo que sigue enamorado de él – confesó Juan
- No… Se nota que quiere a Guillermo… es su amigo, yo también puedo ver eso… pero también se nota que le gustás Juan… Te mira como yo miro a Guillermo _ se sinceró Pedro
- ¿Te parece que tengo chance con el fiscalito? – preguntó Juan sonriente
- Todas las chances… Apostá fuerte – respondió Pedro
- Entonces vamos a la noche… Vas a ver cómo van a ir
- ¿Cómo estás tan seguro? – quiso saber Pedro
- Porque conozco a mi amigo y sé que los celos lo van a hacer ir a bailar – contestó Juan levantándose de su asiento.

CONTINUARÁ