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martes, 30 de diciembre de 2014

" ES UN ACTO DE FE EL AMOR" - Cap. 1 - (By Sil Barby & Marian Ce)

ES UN ACTO DE FE EL AMOR - CAPÍTULO ESTRENO 

 


Pedro cierra la puerta y tras ella intuye que se va la última oportunidad de sentirse plenamente dichoso, completo, feliz… Porque sólo con él había logrado permanecer en ese estado en los pequeños momentos compartidos, recuerda con dolor sus palabras: Sé feliz y pensando si realmente podrá cumplir con esa promesa, dió rienda suelta a sus sentimientos y se dejó inundar por las lágrimas... Lloró... Desconsoladamente… Sin pausa, descargó su angustia hasta cerrársele el pecho, sin tener noción del tiempo pasado,  sumergido en su dolor, anestesiado por el golpe más terrible que recibió en sus jóvenes años, pués la única persona a quien realmente ama lo abandonó, lo dejó desamparado, librado a su suerte, aunque todo pareciera indicar que era lo mejor. Encendió un cigarrillo y dió una bocanada profunda y lenta pensando en cómo continuar después de esa maraña de sentimientos que Guillermo había despertado en él, sentimientos desconocidos, inexistentes hasta ahora, carentes de razón y lógica:  amor, pasión, compañerismo, celos... Sólo con él los había experimentado y ahora que todo se desmoronaba antes sus ojos sólo le quedaba sobrevivir a este infierno que sería su existencia sin él.
Le resultaba imposible pensar que no lo volvería a ver... Pero Guille le había dicho adios... Lo había liberado de esa indecisión que los últimos días se había apoderado de él...  Él decidió por los dos... y lo alejó de su lado… para siempre, ahora solo le quedaba ese hijo que venía en camino y al cual se dedicaría de ahora en adelante.
Después de aquel día los hechos se habían sucedido velozmente, ajenos al dolor lacerante que le quemaba el alma, el corazón… Sin darle tiempo a pensar... y sin darse cuenta, se encontró en un avión hacia Montevideo donde tomaría aquel empleo como asesor jurídico de la multinacional que su suegro el juez Moravia le habia ofrecido, junto a su esposa Camila, quién con una sonrisa imperceptible, se sientía victoriosa... Radiante... El hijo que lleva en el vientre desde hace tres meses le asegura la presencia de Pedro a su lado... y al fin había logrado separar a Pedro de aquel estudio que tanta infelicidad le trajo... Al fin lo alejó de Guillermo.

Con el paso de los meses Pedro se acomodó en esa vida que sin querer había tomado como propia y que no lo hacía feliz, pero al menos lo dejaba con la conciencia tranquila... Porque estaba siendo responsable... De sus decisiones, de sus actos, de su hijo y de esa mujer que aun sin amar tomó como esposa y que despertaba en él un cariño y una ternura infinita. Los días transcurrían de su casa a la empresa y de la empresa a su casa. Además de su puesto en la multinacional tomaba algunos casos particulares, simples sin complicaciones.. "para despuntar el vicio", se decía, pero en realidad le servían para mantener la mente ocupada... Para no pensar, para no sentir... Para no extrañar ...

En ocasiones cuando Camila estaba sumergida en el sueño profundo tomaba largas duchas, se abandonaba al agua escurriéndose por los recovecos de su cuerpo… y ahí , solo en esos instantes dejaba aflorar esa angustia constante que no lograba soltar frente a ella … Lloraba en silencio, abrazandose a su piel desnuda, pronunciando su nombre y deseando fervientemente que su sueño se haga realidad … Tenerlo a su lado, una vez màs.
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Aún recuerda ese último abrazo y sus propias palabras, “sé feliz, prometelo”... Que imposible lo pedido cuando él mismo siente que dejó su alma, su corazón y todo por lo que valía la pena vivir en ese instante, aquel día en esa dolorosa despedida, sufrida pero necesaria. El era un ser racional, un hombre grande y comprendía perfectamente que esa ilusión de amor no continuaría, que siempre había sido un sueño efímero, un relámpago en la tormenta, un rayo que los atravesó pero sólo dejó dolor y daño a su alrededor. Se cuestiona y se castiga todo el tiempo... ¿Qué había hecho de bueno él en la vida para ser merecedor de ese amor? La respuesta cae de madura, nada... Nada bueno... Vivió en las sombras, navegando en la clandestinidad con amantes de ocasión y una vida de mentiras ocultado su propia esencia.

El estudio se había transformado en su obsesión, horas enteras dedicadas a revisar con puntillosa rigurosidad uno a uno los casos, refutandolos,  discutiendo, insistiendo, nada escapaba de su control. A su lado, como siempre Beto, que lo asiste en silencio comprendiendo su dolor, porque él intuye que el alejamiento de Pedro hizo estragos en Guillermo.  Lo observa detenedidamente como animándolo a revelar su dolor. La noche lo sorprende con un vaso de whisky en sus manos, lo hace girar una y otra vez despacio, hunde sus dedos mezclando la bebida y el hielo y esa angustia inquebrantable parece regresar con más fuerzas que nunca. Guillermo detesta especialmente ese momento del día, añora sus pasos acercandose a la puerta de su despacho y esos hoyuelos que se asomaban impertimenentes invitándolo a cenar o a llevarlo de regreso a su casa. Se le escapa un suspiro agónico, se cubre el rostro y esa angustia retenida tanto tiempo, estalla en su pecho, con dolor lacerante, intenta en vano calmarse pero ya es tarde, esas lágrimas durante tanto tiempo contenidas caen sin piedad y abarcan su rostro, su cuerpo y el alma dolorida repitiendo “no puedo más... No puedo más”. Beto se apresura y lo abraza conteniéndolo y Guille lucha contra esos brazos fuertes en vano para finalmente dejarse abrazar rendido, sumido a su propia angustia, mostrándose débil, vencido y descarga en parte esos sentimientos que no le permiten hoy vivir más allá de Pedro... y de esta vida miserable sin él.
Los días continúan su cauce impiadosos de su pena, como ignorando su dolor. Alguien le dice que la vida sigue, pero…  ¿Cómo continuar?  ¿Cómo se hace? Se pregunta una y otra vez.  ¿En que lo ha convertido este chico?  "El gran Graziani", "el incuidable", "el que no permitía que nadie se metiera en su jardín", hoy expresando y mostrando sus sentimientos abiertamente,  absolutamente vulnerable.

Cuando todo parecía cercarlo y hundirlo cada vez más en ese vacío sin
final un rayo de esperanza se coló sin permiso por la ventana de esa vida gris y sin sentido. El regalo más bello e inesperado, su hijo Fabián lo convertiría en abuelo, sí en abuelo, aún no puede pronunciar esa palabra sin que lo inunde una mezcla de orgullo y emoción por la descendencia que se avecina,  por la vida que se asoma inquieta y lo sorprende una vez mas... Tal vez no todo está perdido...
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En el transcurso de lo meses Pedro se dedicó exclusivamente a trabajar y acompañar a Camila en su embarazo, no dejó de asistir a ningún control médico, ni estudio, ni ecografía... Estaba feliz por la venida de este bebé que era un signo de esperanza entre tanta desolación. Camila por su parte estaba lejos de ser una futura mamá feliz, todos sus planes, todas sus ilusiones al arribar a Montevideo se habían ido diluyendo como agua entre los dedos al notar que Pedro nunca más la había mirado de la manera que la veía antes... Antes que sus planes se cayeran a pedazos… Antes que Guillermo irrumpiera en su vida y le quitara todo por lo que ella había luchado.
Con el correr de los meses esa tristeza se apoderó de ella, andaba como autómata sin ganas de vivir y solo pensaba en que ese embarazo llegara a su fin de una vez por todas. Ni siquiera su hijo a punto de nacer lograba darle una esperanza, un sentido a su vida .

- Camila... ¿Qué te pasa?... ¿no vas a comer? ¿O es que acaso el médico te dijo que no comieras... que solo fumaras?
-No tengo hambre. Me siento pesada, enorme... ¡Quiero que este embarazo se termine de una vez!
-Amor no hables asi… Ya estás en el último mes... Es normal que te sientas cansada y pesada pero falta poquito! Tené paciencia... Pensá en el bebé y en que tenés que llegar fuerte al parto.
- ¡¡¡Y a vos que mierda te importa como llegue al parto!!!... A vos no te interesa nada Pedro, ¡este matrimonio es una mierda! ¡Toda nuestra vida es una mierda! ¿Para que vamos a traer a un hijo al mundo así? ¿Eh? Esto es cualquier cosa menos una familia... Y vos no me querés mas... No me amás más...
- Cami... No digas eso, estoy acá, me quedé contigo y con nuestro hijo, te elegí a vos.
- ¡No me hagas reír por favor! Me elegiste porque no te quedaba otra... Porque nunca abandonarías un hijo tuyo, pero la verdad es que estás acá físicamente... ¡¡¡Pero hace rato que tu mente y tu corazón están lejos!!! ¡Me abandonaron ... ¡Te odio! ¡Pedro, te odio!

Camila entró en una crisis de llanto, gritaba y tiraba manotazos al aire trantando de golpear a Pedro y este trataba de tranquilizarla hasta que un fuerte y desgarrador grito le heló la sangre... Camila doblada sobre su vientre gritaba y lloraba, él en su desesperación trataba de calmarla mientras llamaba a la ambulancia.
En una medida de tiempo que para Pedro fue eterna se encontró en el pasillo de la clínica, esperando novedades. Los minutos no transcurrían y él no sabía si llorar o reír... El momento había llegado, pronto conocería la carita de su bebé. Miles de pensamientos invadían su mente y las sensaciones no le daban tregua. Si, ese no era el mejor hogar para traer a su hijo, sin embargo él se sentía dichoso... Y en ese mismo instante se prometió no permitir que nada ni nadie dañara a ese precioso regalo que la vida le estaba dando. Mientras esperaba, perdido en ese torrente de emociones y sentimientos, un rostro se le presentó en la mente: Guillermo. Como le gustaría poder llamarlo, que estuviera ahí, con él... No solo había perdido a la única persona  que había amado en su vida, también perdió al amigo... Ese al cuál podía llamar a cualquier hora solo para hablar, ese con quién se “le escapaban las palabras”, ese con el que compartía mucho más que horas de trabajo, miles de expedientes y cenas de negocios. Deambulaba en los recuerdos de otra época, cuando se abrió la puerta del quirófano y el obstetra salió para darle el informe de lo ocurrido.
- ¡Dr Beggio! Felicidades, su hijo nació en buen estado de salud, con un peso de 3,200 gs, tuvimos que intervenir quirúrgicamente ya que Camila no estaba en condiciones físicas para resistir un parto normal. Pero todo salió bien, en un momento la enfermera lo hará pasar para conocerlo.
- Gracias Doctor, muchísimas gracias. ¿Todo está bien entonces?
- Si en principio todo esta más que bien... En un rato trasladaremos a la mamá a su habitación. Buenas tardes.

Pedro respiró hondo, y las lágrimas mojaron sus mejillas, todo había valido la pena solo por conocer la cara de su hijo y tomarlo en sus brazos.
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Por su parte Guillermo vivió todo el embarazo de Valeria con tranquilidad, alegría y mucha ilusión. ¡Deseaba tanto que llegara el dia! Luego de enterarse de la próxima llegada de su nieto, decidió que lo mejor era mudarse, él era un hombre solo, ya su divorcio había salido y lo mejor era buscar un lugar mas pequeño y dejar esa casa donde Fabián había crecido tan feliz para que hoy fuera su hogar y el de su hijito.
 Después de una ardua búsqueda encontró el lugar ideal, un dúplex que daba a la calle, precioso, muy luminoso con tres habitaciones grandes y un jardín al frente lleno de jazmines que aromatizaban todos los ambientes. Y lo mas importante, frente a un parque lleno de juegos donde se había visualizado llevando a jugar a su nieta. Mientras se instalaba y desarmaba lo poco que habia traído consigo escuchó insistente el sonido de su celular.

- ¡Fabi hijito! ¿Qué pasó?
- ¡Pa! ¡Valeria está en la clínica! ¡Parece que ya viene! Te necesito papá, tengo mucho miedo…

- Tranquilo hijo salgo para allá…

Entró casi corriendo por el pasillo de la clínica donde nacería su nieto y encontró a Fabián mirando a la nada, perdido en sus pensamientos. Se le estrujó el corazón al ver en los ojos de su hijo reflejado al niño que hasta ayer se cobijaba en sus brazos en las noches de tormenta.

- ¡Fabi! ¿Hijito que pasó?
- ¡No se pá! Tengo miedo… Aún no cumple los nueve meses…
- ¡¡Tranquilo!! Todo va a estar bien. Ya estoy acá hijito.

Valeria se portó como una leona en la sala de partos y en menos de una hora Sofia abria sus grandes y celestes ojos al mundo.
Guillermo y Fabián se abrazaron y permanecieron así en ese estado por incontables minutos, emocionados hasta las lágrimas, pero sonriendo de felicidad.
Cuando las luces de los pasillos de la clínica se habian apagado y después de asegurarse que Valeria descansaba luego de tan agotadora tarea Guillermo se acerco a la nursery. A través del vidrio obserbava esa nueva vida moverse inquieta. Las lágrimas cayeron imparables y solo podía pensar en que a partir de ese momento nunca más se sentiría solo otra vez.


Continuará......

lunes, 29 de diciembre de 2014

“P & G” LA MERCERÍA - Cap. 13 - (By Guillermina Pedris)

“P & G” LA MERCERÍA - Parte 13 -  ROBERTINO, GUILLERMO Y UN SECRETO.



Con tanta joda anterior al casamiento, entre la previa y la previa de la previa, se habían desvinculado demasiado de sus obligaciones así que de mutuo acuerdo deciden esperar un tiempo para el viaje de bodas. Hacía mucho que no trabajaban o que trabajaban a medias. Apenas si habían aparecido por  el estudio y por la mercería, por lo tanto iban a esperar.
 Acababan de casarse y con eso por ahora les bastaba. Terminado todo el tema de la ceremonia, la fiesta, los trajes y unidos en santo matrimonio, habían regresado a la rutina. Habían vuelto a la vida normal, a pasar jornadas enteras trabajando en el estudio y la clásica pasada por el negocio antes de ir a casa. Pero dentro de esa rutina estaba incluído Robertino, obviamente y para fobia de Guillermo, eso ya no se podía evitar. 
Estaban llegando a la mercería cuando divisan estacionado el auto inconfundible del modisto. Guillermo que lo reconoce al toque deja salir un resoplido de búfalo en celo y Pedro lo mira.
_ No te entiendo. ¿Por qué soplas? Viene a comprar, ya te dije que es uno de los mejores clientes que tenemos. No te puede molestar que venga a comprar.
_ A ver Pedro, Robertino no me molesta como cliente. Robertino me molesta. Como cliente, como persona, como amigo tuyo. Me molesta.
_La verdad, nunca voy a entender que te hizo para que lo detestes tanto. _ Guillermo piensa recordando ese encuentro en el baño. “Si supieras lo que pasó en la fiesta de nuestra boda, no sé si seguirías defendiéndolo.” No le va a contar, pero Pedro le lee algo en la mirada. _ ¿O pasó algo que yo no sé? 
_¡Pero no, Pedro! ¡Dejate de joder que no pasó nada! ¡Dale, dale…!  Bajate del auto. _ El tema le pasó rasante pero lo esquivó como si practicara aikido.
Cuando entran al negocio, Pedro se acerca a Robertino y le pega un abrazo, le palmea la espalda. Está tan agradecido por lo que ha hecho por ellos,  para que la boda fuera el éxito que fue, que ya no sabe como exteriorizarlo. Guillermo, de lejos nomás, desde atrás de Pedro y a cierta distancia le tira apenas un cabezazo. Una señal de “te vi”. Un “te registro” de mala gana.
Robertino que sabe perfectamente que en la fiesta se chupó un poco y lo piropeó, que definitivamente lo “galgueó”, desde ese mismo día se comporta ante Guillermo como avergonzado. Baja la cabeza y no le contesta nada.  No le dice media palabra. No atina a responder uno solo de sus comentarios insidiosos, está irreconocible. Se ha guardado cada ironía que se le cruzó porque se siente en falta.  Si se llega a enterar el Osi, lo mata. Y si se llega a enterar Pedro, se muere, pero como está seguro que Guillermo no lo va a entregar, le devuelve la cortesía bajando la cabeza.
Esa actitud extraña y sumisa a Pedro le viene llamando la atención y está dispuesto a averiguar a qué se debe. Por un lado pareciera como que los ánimos se hubiesen tranquilizado, desde la fiesta no pelean, pero tampoco se hablan. Hay un clima raro que a Pedro no le viene cerrando. No se va a comer la cabeza porque está seguro que Guillermo nunca se fijaría en Robertino, pero igual quiere saber. Ellos se comportan como dos personas que comparten un secreto y está decidido a saber de que se trata.
_Robertino, esperame dos minutos. Me mandaron un muestrario con unas cosas nuevas que tal vez te puedan interesar. Ya te lo traigo_ Pedro se va para la oficina y mientras busca ese muestrario con las nuevas tendencias, espía el salón de ventas.
Esa noche Pedro está particularmente lindo, no tenía ninguna audiencia y había desechado el traje. Pero como tampoco tenía un día fem, había elegido un estilo sport elegante y varonil, muy masculino y muy seductor. Más que lindo estaba precioso y a Robertino, se le fueron los ojos detrás de Pedro sin que pudiera evitarlo.  Pero se le van porque Robertino es un travieso, nada más. No tiene mala madera.
Guillermo lo caza al vuelo y lo mira fijo. _ Te vi.
_¿Que me viste qué? _ Le pregunta sin mirarlo, con esa vocecita nasal y ese aire de yo no fui, con el que arma los despelotes más grandes de la historia.
_Se te fueron los ojitos detrás de Pedro.
Robertino bufa y hace un gesto de molestia. _ ¡Ay pero que tipo hincha pelotas! ¡Queriiiido! ¿Ahora tampoco me dejás mirar? ¿Qué querés que haga? ¿Qué no mueva los ojitos?
_ Si se te van a ir detrás de Pedro, tratá de que no te pase porque te voy a poner un clavito en cada ojo y vas a ver como no se te mueven más. Así que tratá de sujetarlos por voluntad propia porque si se te mueven mucho yo te los ajusto. No tengo problema, ya sabes. Dejá de mirarlo
Robertino vuelve soplar y otra vez ese gesto. Quiebra la cintura, cruza los brazos sobre el pecho y le da la espalda. Mira hacia arriba obsesivamente como si en el cielo raso estuviera el secreto de su vida. Pedro ve esa escena desde la oficina y decide salir. Algo ocultan.
Regresa a donde están ellos y los mira, primero a uno y después al otro. Robertino en esa pose que de por sí sola da por hecho que algo está mal entre él y Guillermo, y Guillermo con las manos en los bolsillos del pantalón del traje, con esa sonrisa burlona balanceándose sobre sus pies.  Lo conoce lo suficiente como para saber que ese gesto es de ganador. Algo pasa.
_ ¿A ver? ¿Qué pasa entre ustedes dos?
_ ¿Perrrdón? _Salta Guillermo. _ ¿Qué preguntaste?
_Desde el día de la boda están raros, no pelean pero casi ni se dirigen la palabra. Están como si escondieran un secreto, como que ocultan algo que saben solo ustedes dos.
_ Mirá Pedro, si tu mente esta vinculándome a “esto” en algo, empezá a consumir hierro, te estás desnutriendo. Tu cabeza no está funcionando bien.
Y por lo bajo escucha la voz de Robertino que susurra _ Creo que quedó en claro que si hay algo que me caracteriza es el buen gusto.
Guillermo lo mira con un gesto que se mezcla entre la sorna y la sorpresa. _ Si, si…  Buen gusto y mala memoria tenés vos. 
Robertino siente que se le marcan unas líneas de rubor y Pedro se queda pensando. Esa frase  sumada al silencio de Robertino que inexplicablemente no responde, lo dejan masticando algo que se parece a bronca. Ya no puede disimular la molestia. Es más que obvio que pasó algo que el desconoce.  ¿Por qué dijo Guillermo “mala memoria”?
Robertino mira el reloj y sale de la situación incómoda hablando como si nada hubiese pasado.      _ Peter, mejor vuelvo mañana porque ya están en hora de cierre.  Me voy.
Pedro lo acompaña hasta la puerta y le pregunta _ ¿A qué hora vas a venir?
_A media mañana, supongo. Después de las diez. ¿Por…?
_Porque quiero estar, te quiero atender personalmente así de paso charlamos un rato a solas.
_Bueno, dale. Nos vemos mañana_ Pero por dentro, Robertino se hace cruces.
Cuando regresa a donde está Guillermo, este lo toma de un brazo y lo lleva hasta la oficina. _ Vení que tengo que hablar unas  palabritas con vos. _ Lo mete adentro y le pregunta. _¿Que le dijiste?
_¿A quién? ¿Cuándo?_ se hace el misterioso con toda la intención y lo cancherea.
_A Robertino, Pedro. No te hagas el boludo. Recién, cuando lo acompañaste a la puerta ¿Qué le dijiste?
_ Mirá, no tengo nada que ocultarte pero, ¿sabes una cosa? No te lo voy a decir. Hasta que vos no me digas eso que ustedes dos saben y que yo no sé, no te lo voy a decir. Ni esto, ni nada. Te voy a pagar con la misma moneda. Vos me ocultas cosas, yo te oculto cosas.
_ ¿Así que esas tenemos? _ Se le aproxima intimidándolo con su cuerpo. Hace eso cada vez que puede porque sabe lo que provoca en Pedro.
_Si. _ Siente su respiración tan cerca que se le humedecen los labios. _ Esas tenemos, vos me contás y yo te cuento. Vos no me contás, yo no te cuento._ Pedro le sonríe a centímetros de la boca y lo sigue provocando. 
_Te dije no te estoy ocultando nada. _ Sabe que le miente, pero no se lo puede decir. No es de hombres contar algo así.  
Pedro se acerca a su oído  casi ronroneando. _Mmm…  No te creo. 
_Bueno, está bien Pedro. No me digas. _ Se aleja de su boca y Pedro siente que las hormonas se le disparan en trescientos sesenta grados.
_ Vení acá. _ Lo abraza y lo empuja con leves movimientos de cadera. _ Contame. _El también sabe lo que puede detonar en Guillermo y va a usar la artillería completa para saber que secreto le esconden.
_Pedro, me estás matando, pero no me puedo dejar extorsionar porque no tengo nada que contarte. _ Pedro lo suelta. Esta vez no está jugando, se está enojando en serio y Guillermo se da cuenta que su mirada ha cambiado.
_Se te terminaron las posibilidades Guillermo. Hablá o esta noche dormís solo.
Lo mira, suspira, piensa y finalmente cede. _ ¡Está bien Pedro! ¡Siempre te salís con la tuya! Si, algo pasó, pero fue una boludez...  Algo relacionado a él que, por desgracia, yo presencié sin querer hacerlo y eso te lo juro. _ De solo hacer memoria y recordar le da cosita. _ Pero es algo de él, algo que yo no te puedo contar. Aunque me tortures, aunque te enojes, no te lo puedo decir. Si quiere que te lo cuente él que dice ser tu amigo. ¡Y que se joda por boludo!  El pavote se deschavó solo, todo el tiempo levantado sospechas con esa actitud de mierda. Se ruboriza, baja la vista, no contesta. Si él hubiese seguido como siempre, nadie se daba cuenta de nada.
Pedro lo sigue mirando como con dudas. _ ¡Fue una pavada Pedro! Pero es de él, le pertenece a él, supongo que entendés que no quiera contarlo. En lugar de enojarte deberías darle valor a eso.
Se la disimuló.  Se la recontra maquilló para no mandarlo al frente al otro.  Pedro comienza a ceder en su mirada y se acerca de nuevo a él. Con esto le alcanza. Se queda con la satisfacción de haber encontrado la punta del ovillo, ya mañana cuando esté a solas con Robertino va a desenredar el resto. _ Listo. Le pregunté a qué hora venía  mañana para estar acá.
_¿Y por qué tenés que estar acá cuando él venga?
_No tengo que estar, quiero estar. Robertino es un gran cliente y además es mi amigo. _ Guillermo no va a apagar el fuego con nafta pero piensa. “Lindo amigo elegiste…
_Vos estás teniendo demasiadas deferencias con Robertino.
Ya pasó la bronca y como cada vez que pelean por algo,  cuando la guerra termina se enciende el deseo. _ Nunca tantas como las que tengo con vos. ¿Vamos a casa, “amigo con  derechos”?
_ ¿Así qué “amigo con derechos”?...  Vamos, Pedro. Vamos a casa que te tengo que explicar un error de información…


A la mañana siguiente Pedro se muere por preguntarle a Robertino que pasó, pero sabe que ese no es el método. Tiene que lograr que hable solo.  Mientras estaban sumergidos en el mundo de la alta costura, entre montantes de color negro con forma de pirámides, cadenas de metal liso y botones para forrar, Pedro toma carrera y le entra al tema como con garlochas. _ Tino, te quiero pedir disculpas por lo de anoche, cuando yo pregunté qué pasaba entre ustedes, no quise insinuar nada…  Solo que me di cuenta que compartían un secreto y me puse un poco nervioso, pero  después Guillermo me explicó.
Robertino se puso blanco, la sangre se le resbaló  de las venas y el arco de orquídeas en relieve que tenía entre las manos comenzó a temblar. _ ¡No, Tino, quedate tranquilo! No me dio detalles de nada, Guillermo es un caballero, solo me dijo que era algo tuyo, algo que tenía que ver con vos, y que justo el destino quiso que el presenciara. También me dijo que es muy probable que vos te sientas algo cohibido por esa situación y por eso casi no le hables.
Robertino se lleva las manos al pecho, ahora simplemente muere por Guillermo, se acaba de dar cuenta que no solo es lindo sino que es un caballero, “es un amor” piensa en silencio. Pedro lo mira y le dice. _Robertino,  pusiste ojitos de enamorado y estamos hablando de Guillermo.
Robertino reacciona rápido. _ ¡Naaa! Esos ojitos de deben a otro pensamiento que se cruzó por mi mente. Y no me preguntes más que me da vergüenza.
Mientras revuelven purpurina, gibré y lentejuelas Pedro se queda pensando, en la fiesta estaban él, el Osi, los chicos Robertinos y los miembros del estudio, nadie más. Si, también estaba Fabián, pero estaba seguro que no está involucrado en eso que vió Guillermo porque la reacción hubiese sido otra. Entonces lo observa atentamente. _ ¿Robertino, yo soy tu amigo?
_Obvio Peter, que preguntás.
_¿Y no me vas a contar lo que pasó?_ Robertino se siente encerrado
_ Peter… ¡Por favor!_ le suplica. _No quiero hablar de eso.
_¡Ay Tino, pusiste ojitos de enamorado!  ¿Vos lo estás gorreando al Osi?
_¡Pero no, Peter! ¿Qué decís? Y no fueron ojitos de enamorado, en todo caso, enternecidos…
_Bueno, dale, enternecidos. ¿Y en quien pensabas? _ Robertino piensa. “Si te lo cuento Peter, adiós ojitos”_ ¿Vos estas pegando onda con algunos de tus chicos?
_No, Peter. No estoy teniendo onda con nadie.
_Bueno está bien, olvidate. No te lo pregunto por metido sino porque me importa lo que te pasa, Pero si vos no me querés contar algo que hasta Guillermo sabe…  Mejor me callo.
_Está bien, Peter. ¡Basta! No me tortures mas…  ¿Querés saber lo que pasó? Pasó que en la fiesta, me enloquecí con el clima de una fiesta de casamiento gay, me chupé un poco…  y lo recontra piropeé a Guillermo.
Pedro queda hecho una estalagmita clavada al piso. No puede creer lo que acaba de escuchar.       _ ¿Qué?
_ Si Peter, eso fue lo que pasó._  Antes que Pedro consiga reaccionar Robertino lo primerea con una explicación breve y rápida. _ Lo encontré en la puerta del baño y le dije que recién ese día me había dado cuenta de lo lindo que es y que ahora si entendía que estuvieras tan enamorado y que quisieras casarte con él. Pobre Guillermo, es un caballero, te la disfrazó un poco para no mandarme al frente a mí. Por favor, no te enojes Peter. Perdoname pantera, se que estuve mal…  pero fue solo eso, un piropo.
Pedro todavía no consigue reaccionar _ ¿Y Guillermo que hizo?
_Me mandó a comer algo. Me dijo: “Andá a comer algo que chupaste demasiado Robertino”.
Pedro no lo exterioriza de la bronca que tiene, pero por dentro siente como crece el amor por ese hombre, con que clase lo esquivó. Aunque, algo le sigue dando vueltas. _ ¿A ver? Contame Robertino, si fue solo un piropo como vos decís, ¿por qué estabas tan avergonzado?
_ ¡Ay muñeco! Lo traté de bestia, de viejo y de ogro, y después me pongo en pedo lo piropeo.
Pedro sigue pensando… _ ¿En que pensás Peter?
_En que los chicos, los borrachos y los locos dicen la verdad.
_Pero no Peter…
_Peter las pelotas. Si vos lo único que necesitabas era alcohol para piropear a mi marido en nuestra fiesta de bodas, me parece que yo no soy tu amigo
_Pedro… ¿Me lo decís en serio? _ ¿Vos nunca te chupaste un poco y se te fue la lengua? ¡Vamos Peter aflojá! Si hubiese tenido otro tenor no te lo hubiese contado.  _ Le lleva un par de minutos bastante largos, pero se relaja. Ya sabe como es Robertino, vive piropeando a todo el mundo. Además Robertino en la teoría es un calzón flojo, pero en la práctica es un cagón. El está con el Osi, le histeriquea a todo el mundo pero después nunca consuma con nadie, por lo tanto Pedro decide dar por terminado el tema con Robertino. Con Robertino, porque con Guillermo tenía mucho que arreglar.

Ese mediodía regresa al estudio hecho un manojo de bronca, le pegó de celos mal y ya sabe quién la va a ligar. Obviamente, Guillermo. No puede culparlo de nada pero está chinchudo, le jode que Guillermo sea un tipo que seduzca sin querer seducir.  Esta situación lo pone en alerta de las veces que eso debe pasar sin que él llegue a enterarse. De las insinuaciones, piropos y galgueadas que deben pasar a sus espaldas. Desde la charla con Robertino le han salido dientes en el estómago. Sabe que no se lo contó porque es un caballero, pero está con bronca y se la va a sacar peleando.
Entra al estudio como un ciclón, saluda de mala gana y se mete en el despacho. No cierra la puerta, un poquito más de fuerza y la hacía giratoria. El estruendo del portazo hace saltar a Guillermo que tenía la vista fija en un expediente. _ ¿Pedro te volviste loco? ¿Qué te pasa? _ Se pone de pie sobresaltado. Tenía puesto un conjunto marino, camisa blanca y corbata, estaba impecable.
Pedro lo mira de arriba abajo_ ¿Por qué te vestiste así?
_Porque tenía una audiencia Pedro, ¿o te olvidaste?
_ ¿Audiencia con quien?_ Se acerca y lo huele._ ¿Y ese perfume? Vos no tenías ese perfume esta mañana.
_¡Pedro que te pasa! Es el  mismo perfume que tengo en el vestidor desde que vivimos juntos. _
Claro que lo sabe, el perfume de Guillermo nunca sale del vestidor, pero está tan enojado que no se escucha ni a sí mismo. Lo mira con el seño fruncido.
Guillermo lo estudia y de pronto cae en la cuenta. Esa mañana iba a encontrarse con Robertino en la mercería y está que se lo lleva el viento. “El pelotudo le contó”.
Intenta acercase a él pero Pedro retrocede. _ Pedro, ¿podemos hablar civilizadamente?
_¿Hablar? ¿Dijiste hablar?
_Bueno Pedro basta… Me voy a terminar enojando. Si tenés algo que decir, decilo de una vez.
_¡El señor se está enojando! ¿Y qué me importa que te enojes? _ Está rojo de furia.
Guillermo deja que una pausa marque la diferencia. Espera unos minutos mientras lo mira con tanto amor que Pedro siente que la causa se le va a caer, entonces desvía la vista,  lo priva de sus ojos porque no quiere perdonarlo. Aunque sepa que no hay nada que perdonar, quiere pelear.
Guillermo está exactamente del otro lado de la vereda, no quiere pelear.  Se acerca nuevamente intentando apaciguar los ánimos. _ Pedro…  _ Lo busca con esa mirada que derrite lo que se cruza a su paso. _ Pedro, hablemos. _ Lo roza y Pedro se despega de su contacto.  Guillermo se sonríe.  Sabe cómo va a terminar ese momento y   comienza a disfrutarlo.  _Pedro, ¿Qué hablaste con Robertino?
_Decime vos que hablé con Robertino
Lo busca enternecido por ese ataque de celos. Lo roza apenas… Le habla como se le habla a un niño en una noche de tormenta, intenta apaciguarlo  transmitiéndole en su voz la paz. _Pedro,  ¿qué te contó Robertino?
_Ya te dije. Decimelo vos.
Guillermo suspira y haciéndose cruces le explica._ Robertino se chupó un poco y cuando nos cruzamos en la puerta del baño me dijo que era más lindo de lo que pudo ver y que comprendía que quisieras casarte conmigo.
Pedro lo mira. No es demasiado, pero al menos lo mira. _ ¿Y que más te dijo?
_No me dijo nada más mi amor. _ Y ruega internamente que Robertino haya sabido cerrar la boca a tiempo.
Pedro empieza a ceder. Lo que dice Guillermo es lo mismo que le dijo Robertino.
_Pedro… ¿Vas a tener celos de Robertino?
_No, de Tino no, pero no dejo de preguntarme cuantas veces ha pasado algo así sin que yo me haya enterado.
_Pedro, de que hablás…
_¿Cuantos piropos te dicen a mis espaldas? ¿Cuántos piropos más recibe Guillermo Graziani, mi esposo, sin que yo me entere?  En tribunales, en el estudio, de otros abogados con los que trabajas a veces, de Matías por ejemplo..
_¡Ay ya estas desviando el tema pero bien para  la mierda! ¿Qué tiene que ver Matías en esto?
_¿Que tiene  que ver? ¡Que se muere por vos! Que te daría hasta que amanezca si pudiera.
_Pedro basta, no me interesa Matías. Nunca me interesó.
_Contame Graziani ¿Cuántos lances se te tiran por ahí sin que yo sepa? Contame cuantos hombres andan hambrientos detrás de mi marido.
Guillermo usa una de esas inflexiones de su mirada que nunca falla mientras le impone su cuerpo  como único argumento.  _ ¿Te escuchaste? ¿Te escuchaste, Pedro? Tu marido…  Dijiste “tu marido.” Pedro, cortala. Me casé con vos porque sos lo que más quiero en esta vida. Pedro sabes, no me hagas hablar…
_¡Si, hablá! Hoy necesito que hables.
_Pedro, terminala.  No voy a hace una escena de Shakespiare para que se te pase el berrinche. No voy a trepar por el balcón si es eso lo que estás esperando. Si tu amiguito se chupó y me dijo que le parezco lindo… _ Se hamaca sobre sus pies..  Lo provoca con ese gesto ganador. _ No soy culpable de nada.
No hizo más que aumentar la furia.  Pedro se aleja de él y lo mira con rencor. _ ¿Sabes qué? ¡Andate a la reputa madre que te re mil parió! _ Se va. Guillermo intenta anticiparse pero  es tan grande el enojo que siente que lo supera en velocidad y abre la puerta del despacho antes que pueda impedírselo. Se va dando un portazo que hace saltar de las sillas a todos los que estaban trabajando en el estudio.
Guillermo siente que la mandíbula le tiembla. Esa última canchereada que se mandó le va a costar carísima si no se disculpa rápido. Va a tener que ser ahora o dentro de mucho tiempo. Sale del  despacho y ve la cara de Gaby que se muere por preguntar pero se va a comer las uñas antes de hacerlo. Sale a la calle y lo alcanza justo antes que suba al auto. _Pedro, pará no te vayas.
Se deja alcanzar, sabe que está haciendo quilombo por algo que no es responsabilidad de Guillermo, sabe que no puede culparlo por haber provocado esa debilidad en Robertino ni por haberlo callado, se ha comportado como un hombre, pero está muerto de celos y no puede pensar con mucha claridad. Necesitaba que lo contuviera no que lo camorreara.
_Perdoname. _ Cuando siente su mano deteniéndolo algo en él pierde fuerza y se derrumba. Da gracias al cielo que haya ido a buscarlo. Irse así, hubiese sido un infierno. Ruega internamente que Guillermo siga ese juego, lo necesita. Aunque no tenga razón quiere que lo convenza, que lo acaricie, que lo bese y que lo haga olvidar..  Pero por algo la vida los unió desde que se conocieron. Guillermo adivina esas necesidades y decide entregarse a ellas. Verlo muerto de celos en un regalo, una maravilla que no piensa desperdiciar un minuto más. _¿Te vas a ir sin mi? _ Lo mira de esa manera tan Graziani _ ¿Y quién te va a abrazar? ¿Quién te va a besar hasta hacerte pasar este enojo, hasta que te olvides de esto? _ Si, era eso lo que quería escuchar. Pero quiere que siga y le responde con una levantadita de hombro. _ ¿Sabés que creo Pedro? Que estás haciendo todo esto para poder reconciliarte conmigo.
_Si pensás eso estás loco.
Cierra los ojos, se olvida de donde están y lo besa. Lo besa despacio,  va cauterizando ese enojo con sus besos en plena calle y a la luz del  día. _ Que estoy loco, es un hecho. Estoy loco por vos mi amor.
Ya está, al menos por ahora ha sido suficiente.  Pedro siente que se desarma entre esos brazos que lo encierran. Recuerda las ganas que tuvo de matarlo cuando sintió que otro hombre podía poner los ojos sobre él.  Se deja seducir en plena calle y lo abraza, abdica en esos brazos y planta una bandera de tregua. Está enamorado.
Guillermo lo besa suave, despacio. Lo acaricia lento invitándolo a volar. _¿Ya pasó mi amor?_
 Se divierte, algo de todo ese enojo se ha ido, pero ni va cederlo todo en ese instante ni se va resistir a lo que Guillermo le provoca..  Espera, piensa y finalmente responde. _No, todavía no pasó, pero si seguís besándome así a lo mejor para mañana me pueda olvidar.
_Entonces vamos a casa. Te prometo tanto amor que para mañana no te vas a acordar ni de tu nombre. Lo único que te va a salir, va a ser el mío.
Se olvidan de todo, del mundo que los rodea, de Robertino, del estudio, de los socios y asociados, y mientras se besan en el medio de la calle, no pueden oír las salvas de aplausos que brotan en el estudio mientras Cuca, Solange, Laura, Gaby y Beto los observan detrás de los cristales.

CONTINUARÁ


domingo, 28 de diciembre de 2014

"RESURRECCIÓN" - Cap. 8 - (By Mary Buhler)

RESURRECCIÓN - CAPÍTULO 8



“La incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar.”  M.Vargas Llosa



Lo despierta el timbre del teléfono.  Manotea en la oscuridad y lee el escueto mensaje. “Llegué. Te llamo antes de volver. Te amo”.  Mira el reloj, aún queda un cuarto de hora para que suene el despertador.  Por la ventana entreabierta, el aire se desliza con pesadez, cargado con aroma a jazmines y a verano recién nacido.  Tendido en la cama, relee el mensaje con la convicción de que las horas se estirarán con una cadencia de eternidad, ya no tolera un día sin él, mucho menos saberlo tan lejos. Apenas unos pocos días atrás, su mundo había sido tragado por un agujero negro, ahora brilla renovado en el firmamento de un presente venturoso.  Quiere reflejar el optimismo que siente modernizando un estudio que invoca demasiados malos recuerdos.  Borrar las huellas que quedaron de las oscuras horas de dolor que vivió cuando Pedro estaba muerto para el mundo.  Recuerda la dedicatoria que le regalaron junto con la agenda.  “Cada año que comienza, la vida da otra oportunidad”. Un impulso venido quien sabe de dónde lo anima a imaginar modificaciones que está seguro que serán bien recibidas por todos. Trata de recordar cuándo fue la última vez que renovaron algo en el estudio, y termina llegando a la conclusión que no fue en este siglo.  Sonríe pensando en todas las reformas que Gabriela le propuso y él desechó como proyectos inservibles. Las limitaciones económicas ya no constituyen un problema.  Pueden permitírselo porque la incorporación de Matías les ha traído un aluvión de clientes, una suerte de cartera propia que el joven abogado se trajo del estudio de Baunes.  Los días de estrechez y dificultades parecen haber terminado para siempre, todos los engranajes se ubicaron donde correspondían.  Las sombras del pasado se han diluído, las amenazas son un mal recuerdo.  Camila se ha ido llevándose su pesado equipaje de incomprensión y egoísmo, Miguel cumple su larga (posiblemente de por vida) condena en la cárcel.  En el mes que lleva trabajando en el estudio, siente que el ambiente ha virado por una onda más relajada, como si su regreso hubiera traído una armonía que antes no existía.  O es el sufrimiento por el que todos han pasado, que les ha regalado una nueva forma de ver la vida dándole la importancia a las cosas que éstas realmente merecen.  Sí, decididamente el próximo año será un nuevo comienzo, una vida mejor, en todos los aspectos.  Recuerda la conversación que tuvo con Pedro dos días atrás.  ¿Qué sería capaz de hacer por él? No encuentra nada de lo que no lo sea. La larga época de crisálida ha llegado a su fin.  Empieza a vislumbrar un futuro esplendoroso, liviano, donde desplegará sus nuevas alas, sin miedo a caer, a estrellarse contra la dura pared de la realidad, ni a pensar en el tiempo, poco o mucho que tenga para disfrutarlo. Está cansado de temer, de calcular los pro y los contra, de frenarse para vivir.  Un día con Pedro vale mucho más que un año sin él.  ¿Quién puede estar seguro de un solo día de su existencia?  Que el destino mande, ya no va a interferir. 
 Esa tarde los reúne a todos y les comenta sus proyectos.  La noticia es recibida con entusiasmo, aunque a los pocos minutos comienzan a debatir quién va a ser el futuro ocupante del despacho actual de Guillermo. 
–Yo sabía que se iban a matar por esa oficina.  Estuve pensando también en éso.  Va a dejar de funcionar como despacho.  Trasladamos el archivo que está arriba ahí, y esta sala de reunión deja de serlo, la dividimos en dos despachos, uno para Marcos y otro para Matías. El de Gaby lo armamos adelante.  La nueva sala de reuniones se muda arriba, junto al despacho mío y el de Pedro. Ah, y Beto, hoy mismo te vas a comprar un par de aires nuevos porque ésto no da para más.
-Me parece genial.  –se alegra Gaby-. Y como sobra lugar podemos armar un recibidor más cómodo, con silloncitos.  ¿Te parece, Guille?
-Si, vamos a necesitar invertir bastante plata pero por suerte en este momento eso no es un problema.  Además, se va a revalorizar mucho el estudio. 
-Yo tengo un amigo arquitecto –apunta Matías-.  Nos podría ayudar.  Se me ocurren unas cuantas cosas que podríamos modificar.  Qué buena idea que tuviste, Guillermo.
-Si, año nueva, vida nueva chicos.  Y se vienen otros cambios… más personales.
-¿Algún anuncio importante? –se interesa Marcos.
Todos lo miran expectantes, menos Matias que baja la vista.
-Tal vez, no sean ansiosos. Por lo pronto les anuncio que la semana que viene, Pedro va a volver al estudio.  Después de dos años, por fin vamos a poder tenerlo de nuevo con nosotros aquí.
-Dios mío, Guille… -Gaby se levanta y corre a abrazarlo-.  Qué gran noticia!
Todos tienen un sentimiento en común, de paz, de merecido descanso.  El único que no acusa recibo de esa buena nueva es Matías que lo mira serio, callado. 
-Bueno, a trabajar todos.  Matías, traé tu notebook y empecemos.
Cuando entran al despacho, Guillermo se acomoda en el sillón y enciende su computadora.  –¿Me parece a mí o vos estás raro?
-No… bueno, sí, Guillermo.  En tus planes me veo un poco desplazado.  Me estaba acostumbrando a ésto, a trabajar codo a codo con vos. 
-No entiendo… ¿Qué tiene que ver lo que dije? Que Pedro venga no significa que ya no vamos a trabajar  juntos vos y yo.
-Te equivocás.  Apenas ponga un pie en el estudio, arma una valla de dos metros de alto entre tu escritorio y el mío.
-Eh… Matías… ¿Qué idea tenés de Pedro? Es una persona razonable, que en el pasado haya estado un poquito celoso de vos no quiere decir que ahora se vaya a comportar de una forma tan estúpida. Además, antes éramos solamente socios, y ahora las cosas cambiaron.  Nadie va a desplazar a nadie. Todo se puede conversar amigablemente.
-No, si yo no estoy tratándolo de estúpido, por favor… Pero a veces los celos nos llevan hacia actitudes un poco injustas.  No quiero que se establezca una guerra entre él y yo.  Vine a este estudio porque en lo de Baunes me sentía incómodo, no quiero tener que armar las valijas de nuevo.  Éso me preocupa.
-Quedate muy tranquilo Matías.  Lo voy a hablar con Pedro antes de que venga, y va a quedar todo aclarado.  Incluso podemos trabajar alternándonos, un poco vos con él, otro poco conmigo,  no hay que ser tan rígidos. Vas a ver que todo va a marchar sobre ruedas.  Y yo no quiero que te vayas, te aprecio mucho, como abogado y como persona.
Matías se queda mirándolo, pensativo.  Su mirada se ha tornado triste.  –Yo esperaba que pudieras sentir algo más que un simple aprecio… pero ya veo que voy a tener que perder esas esperanzas.  No, Guillermo no pongas esa cara, no voy a seguir molestándote con lo mismo.  Soy un tipo ubicado, ya entendí todo. No vas a tener queja de mí con respecto a éso. 
-Está bien.  Confío en vos.  –le extiende la mano y Matías se la estrecha-.  Yo te aseguro que no te vas a arrepentir de haber renunciado a Baunes.  ¿Empezamos?
El día discurre sereno, la cercanía de la Navidad a tan sólo dos días parece calmar la urgencia que sienten todos por apurar los asuntos antes de la Feria Judicial y las vacaciones.   A última hora, Guillermo termina de acomodar los papeles en el escritorio y está por irse cuando le viene a la mente un asunto pendiente que se había apuntado y que en las últimas horas pasó por alto. 
-Hola, necesito comunicarme con el Dr. José Miller.  De parte de Guillermo Graziani. 
Casi no tiene que esperar, José toma el aparato inmediatamente cuando le comunican la llamada. 
-¡Qué sorpresa Guillermo!  Jamás imaginé que algún día volverías a dirigirme la palabra…
-Bueno, José no soy rencoroso, ése es mi problema. Ya pasó bastante agua bajo el puente.  Y además, vos tuviste tu cuota de sufrimiento.  Me enteré que renunciaste al Juzgado.
-Si, Guille.  Era éso o someterme a un enjuiciamiento.  Por suerte me dieron la opción, estoy agradecido.  Ahora me va bien, no me quejo.  Aquello tampoco era un lecho de rosas.
-Sí, me imagino, yo no podría hacer ese trabajo.  Los ambientes corrompidos me provocan un malestar grave.  Mirá… no te voy a mentir.  No te llamo porque quiera retomar nuestra amistad.  Eso sería una tremenda falsedad, lo que se rompió, roto está. 
-No esperaba tanto.  Pero te agradezco la sinceridad, igual. Es lo que siempre más admiré de vos.   Aunque una vez también vos me fallaste.
-¿Cuándo?  Hablamos mucho sobre nuestra relación.  Sabías lo que sentía por Pedro.
-No, no me refiero a éso.  Lo otro, cuando nos hiciste creer que estabas muerto.  Sufrí mucho.  Ya sé, me lo merecía, pero… nunca entendí por qué armaste todo ese lío.  Hace apenas un mes que me enteré, como todo el mundo, de que estabas vivo.  ¿Podés decirme por qué?  ¿Qué fue lo que te indujo a semejante locura, Guille?
-No, no puedo ni quiero José.  Es parte del pasado y de lo que no me interesa ya debatir con vos.  Perdoname.   Tuve, o creí tener mis razones.  No importa.  Tal vez me equivoqué.  Pero algo relacionado con éso es lo que me lleva a buscarte ahora. Necesito preguntarte una cosa.
-Decime.
-Quiero saber qué fue de Camila.  Vos tenés que estar al tanto.  Es un tema que me inquieta un poco.
-Al principio hubo sospechas, pero no pudieron probar nada y quedó libre de cargos por tu desaparición.  La absolvieron de lo Pedro gracias a mi declaración y la de Alberto.  Quedó en completa libertad de hacer su vida.  La última vez que hablé con ella fue porque me llamó para decirme que se iba a ir definitivamente a Uruguay, que unos amigos del padre le habían conseguido un trabajo allá.  Si es verdad, no lo sé.  Pero de esto hace casi un año y no tuve más noticias.
Guillermo suspira y siente que un peso, moderado pero cierto, se le quita de encima.
-¿Éso era en Montevideo?
-No me lo dijo, pero supongo.  Allí había estado antes, cuando la hice sacar de la cárcel.  Si querés te puedo averiguar.  Tengo amigos allá. No sería difícil ubicarla. Me parece que me mencionó una empresa de cosmética.  ¿Querés que me ocupe?
-Mmm bueno, está bien… pero no levantes la perdiz.  Ignoro si se enteró que estoy de nuevo en circulación.  Preferiría que por ahora no lo supiera.
-¿La decisión de pasar por desaparecido tuvo que ver con ella? ¿O me equivoco?
-No.  Tuvo mucho que ver.  Pero ahora no importa.  Camila también sufrió bastante, supongo.  Y puede haber recapacitado en algunas cosas.    Solamente quiero enterarme dónde está, porque tal vez necesite contactarme con ella más adelante.
-Guillermo… Pedro nunca apareció.  ¿Vos te encontraste con él?
José espera la respuesta unos cuantos segundos, cuando empieza a pensar que no va a contestarle Guillermo le responde. –No debería decírtelo pero después de todo, tarde o temprano lo vas a saber. Lo encontré. Y estamos juntos.  ¿Me vas a avisar entonces cuando sepas de ella?
-Si, Guille.  ¿Hay posibilidades de que algún día podamos vernos? Digo, encontrarnos y tomar un café.  Como conocidos, al menos…
-No, José.  Con el teléfono es suficiente.  Tal vez la vida nos vuelva a cruzar en algún momento, posiblemente como abogados, nunca se sabe, ¿no?  Pero lo personal, ya pasó.  Los conocidos no se juntan a tomar un café, por lo general.  Sólo los amigos.  Te agradezco tu tiempo, y espero tu llamado.
José le responde que lo va a hacer lo antes posible y cuelga.  Le queda un sabor muy amargo de esa conversación. Es un punto final tan contundente como el hecho de haberlo creído muerto.  Ya nunca tendrá otra oportunidad, ni aquí ni en otra vida.  Guillermo no es rencoroso, pero está dolido y tiene razón.  Sólo le resta cumplir con lo que le ofreció, ubicar a esa mujer y cerrar por fin el capítulo Graziani de ese libro que el destino escribió con renglones torcidos.  Cree que con el tiempo podrá lograrlo, cuando las heridas comiencen a cicatrizar y ya no le duela tanto escuchar su voz o pensar en él.  Trata de animarse pensando que todos los seres humanos de este mundo tenemos que sufrir por alguien. El amor es una moneda que se lanza al viento y cuando cae descubre su cara.  A él le tocó padecer, no ser correspondido.  Al menos tuvo su oportunidad, piensa.  Por un tiempo fue feliz, muchos no tienen siquiera ese consuelo.
---
Un malestar continuo le impide dormir bien, trata de poner la mente en blanco y relajarse, y aunque lo consigue de a ratos sueños inquietos lo despiertan una y otra vez.   A las cinco de la mañana, busca el celular y revisa los mensajes.  Nada.  Mira el último mensaje de Pedro, constata que le había escrito que iba a llamar antes de volver.  A esta hora ya debería estar en el aeropuerto, a punto de subir al avión.  Marca su número y en vez de oir su voz lo atiende la grabación de la compañía telefónica.  “¿Ya habrá abordado?” Las dos horas restantes las pasa dando vueltas en la cama, esperando recibir algo, intentando comunicarse, pero ni una cosa ni la otra.  Decide no perder más tiempo y marcharse al estudio.  Cuando está a punto de salir,  lo detiene Fabián para preguntarle por la cena del día siguiente.
-No sé hijo, arreglen ustedes.  ¿No íbamos a pasarlo acá? Me tengo que ir.
Sale apurado y en el camino trata de encontrar excusas para el silencio de Pedro.  Tal vez se le estropeó el celular o se le acabó la batería y no tuvo tiempo de llamar por un teléfono público.  A veces no le damos importancia a lo que acordamos y no hacemos una llamada sin darnos cuenta que el otro está pendiente de ella. Respira hondo  y se propone serenarse.  Apenas llega al estudio, entra a informarse por internet de la llegada del vuelo. Aún faltan más de cinco horas, debería estar haciendo escala en San Pablo en este momento.  Marca nuevamente, aunque sabe que si está arriba del avión no logrará establecer comunicación.  Lo vuelve a atender el mensaje grabado. “Basta. Es un problema del aparato, nada más”.  Se sumerge en los asuntos pendientes y borra de su cabeza los pensamientos que tengan que ver con Pedro.  Esa mañana tiene que atender un cliente particularmente difícil, lo cual ayuda a que se olvide y dirija su mente por otros lugares.  Al mediodía lo reclaman de la cocina para que vaya a almorzar, pero decide quedarse en el despacho para adelantar el trabajo.  Matías le alcanza un sandwich y se ofrece a continuar la tarea por él.  –No, gracias, termino con estas instancias y ya me voy.  Hoy llega Pedro y quiero estar en casa temprano.
Matías trata de disimular el fastidio que le provoca ese comentario. -Los chicos están arreglando para hacer un asadito mañana al mediodía, ya que a la tarde no vamos a trabajar.  ¿Vos vas a venir o te quedás en tu casa?
-No sé, esta noche te aviso.  ¿Querés saber por la comida que tengan que comprar?
-En parte.  También me gustaría saber si mañana es el día D.  –le dice con una media sonrisa.
-No jodas Matías. 
-Está bien, jefe.  Todo sea por la paz y la armonía y el espíritu navideño.
-Sí. Bueno… terminé.  –se levanta y junta algunos documentos para llevarse-.  A lo mejor en pos del bienestar festivo mañana no vengo y me quedo a trabajar un poco en casa.
-Eh Guillermo,  siempre tan suceptible.  No me hagas caso, a veces digo las cosas en chiste.
-Yo también.  Hasta mañana, y si no nos vemos, que tengas una Feliz Navidad. –le da un beso y un abrazo.
-Para vos también, y saludos a tu familia.
Cuando está a punto de irse lo detiene Beto para decirle que ya están terminando de organizar las cajas de champagne y vinos que recibieron de parte de los clientes.
–No Beto, no puedo llevarme eso ahora, cualquier cosa mañana lo buscamos o me lo  mandás con un remis.  Tengo que apurarme o Pedro va a llegar a casa antes que yo.  Ah, y ojo, fijate que Marcos no se avive como acostumbra y se quede con las botellas más caras para él.
-Mañana vienen, no?  Con Gaby organizamos un asado y regalitos para todos.
-Te digo lo mismo que le dije a Matías.  Después más tarde aviso. 
En casa lo recibe Ana que acaba de llegar para cuidar a Lautaro.  Le cuenta que los chicos se fueron de compras al shopping.  Sube hasta el dormitorio y se desviste, se da una ducha rápida y se pone ropa cómoda para recibir a Pedro.  Pantalón de algodón y una remera liviana.  La ansiedad le hace temblar las manos, ya falta poco para las tres de la tarde.  Revisa los estantes que ordenó la noche anterior dejando espacio para la ropa de Pedro.  Acomoda los almohadones de la cama, pasa la mano por el lado derecho, el lugar que Pedro prefiere usar. Le parece mentira lo que está viviendo.  Una utopía que después de todo se convirtió en realidad.  En pocas horas más el amor de su vida estará allí, durmiendo junto a él, dejando atrás para siempre un camino tortuoso y un exilio de sabor agridulce. 
Los minutos pasan y el timbre no suena.  Cansado de dar vueltas por la casa como un león enjaulado, sale a la calle y se queda esperando en la vereda con la espalda apoyada en la reja.  A las cuatro la impaciencia y la ansiedad ya se han convertido en angustia.  Entra y se pone a pensar qué hacer, ésto no es algo menor, se dice, más de dos horas para llegar del aeropuerto le parecen un tiempo excesivo.  Intenta una última vez y corta cuando el mensaje echa a andar nuevamente.  Disca el número del estudio.
-Hola, Gaby, haceme un favor.  Llamá a Ezeiza y averiguá si ya llegó el vuelo procedente de Salvador de Bahía que hacía escala en San Pablo.  No recuerdo el número, pero tenía que aterrizar a las trece y cuarenta.   Llamame apenas sepas.  No, estoy bien, no te preocupes.  Avisame.
Ahora el temblor se ha transformado en un terremoto.  Ana viene de dormir al bebé y lo encuentra hecho un manojo de nervios, mirando la pantalla del celular todo el tiempo.
-¿Pasa algo, Guille?
-No Ana.  Por favor dejame solo que el horno no está para bollos.
-Uy sí, ya veo.  ¿No querés que te prepare un té?
-No quiero nada, andá y tomate una siesta, por favor.
-Bueno, qué carácter…
El celular suena, es Gabriela. 
-Guille, el vuelo llegó a horario sin problemas.
-¿Estás segura que era ese vuelo?
-Si, el único procedente de Brasil a esa hora.  Aterrizado.  ¿Algún problema con Pedro?
-El problema es… -respira hondo, siente que no termina de entrarle el aire necesario-, que ya hace más de dos horas y media Gaby, y aún no llegó a casa.  Y no puedo comunicarme con él, el celular estuvo apagado todo el día.
-A lo mejor decidió pasar por otro lugar primero.  No te desesperes antes de tiempo.  En cualquier momento te toca el timbre. Avisame por favor cuando llegue, ¿sí?  Así me quedo tranquila.
A las cinco y media de la tarde decide que no puede soportar más.  Llama a Juan y le pide que apenas termine de trabajar pase por su casa, que necesita que lo ayude.
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-No te va a hacer nada bien estar así.  Por qué mejor no te tomás un calmante, Guille…
Está sentado en el sofá con la cabeza entre las manos.  Hace más de dos horas que Juan llegó y después de contarle todo su amigo intentó tranquilizarlo, pero fue inútil. Se da cuenta que ya no pueden seguir esperando simplemente.  –Tengo un conocido que habla portugués perfecto, le voy a pedir que me haga el favor de llamar a la policía de allá y averigue.  Si querés, mientras, yo intento con el  Consulado argentino.
-¿El Consulado, la policía? Y qué les vas a dar, el nombre trucho de Pedro? Si llega a saltar algo y después resulta que Pedro está bien, va a tener problemas.  No sé qué hacer, Juan.  Porque tampoco me puedo quedar cruzado de brazos.
-¿Tenés algún número de teléfono de allá, de vecinos, amigos, algo…?
-Si, tengo de un par de amigos y el del trabajo.  Pasale a esa persona que decís estos nombres y sus números. –le dice mientras escribe en un papel los datos que saca de la agenda de su celular-.  Yo apenas si hablo a lo indio ese idioma, y en este estado me siento más incapaz todavía.
Un rato después Juan recibe una llamada.
-Bueno, a ver… En el trabajo le dijeron que no saben nada de Luciano desde hace aproximadamente cinco días, que está con licencia por enfermedad.  El amigo del bar de enfrente dice que no lo vió los últimos días, se hizo una escapada al edificio y habló con un par de vecinos y le comentaron lo mismo.  Nadie se lo cruzó. Van a contactarse con el administrador del edificio para que vaya al departamento y constate que no esté ahí. 
Juan no quiere decir en voz alta lo que está pensando para no aumentar la preocupación de Guillermo, pero no pueden darse el lujo de pasar por alto nada.  Si Pedro ha tenido un problema grave de salud y está solo en el departamento no hay tiempo que perder.  Le extraña que Guillermo  no contemple la posibilidad, aunque se hace muy difícil saber lo que pasa por su cabeza.
-Tiene que haberse cruzado con alguien, siempre hay gente dando vueltas por ahí.  Pedro dijo que iba a despedirse de sus amigos.  Y nadie lo vio! Juan, no puedo esperar…  ¿Qué carajo hacemos?
-Llamo al Consulado y les explico a ver qué me aconsejan.  No creo que vaya a saltar nada, no mientras no se ponga en marcha algo formal. 
-Hacelo.  Necesito saber…  o me va a explotar la cabeza.
Después de realizar el llamado, se quedan en silencio, esperando.  Le prometieron que en un plazo de dos horas tendrían una contestación.
-Tal vez primero deberíamos haber averiguado si viajó o no de allá para acá.  Digo, para descartar algo.
-No lo veo probable, me dijo que me iba a llamar antes de subir al avión. Lo estoy llamando desde antes del viaje y ya entonces no contestaba.
-De cualquier manera si no se sabe nada es un dato que tenemos que confirmar.
Cerca de las diez de la noche reciben un llamado del Consulado en Bahía. Le informan a Juan que no hay registro de ningún Luciano Martínez preso ni hospitalizado en toda la ciudad.  Se quedan callados, mirándose y absolutamente perplejos.  –Bueno Guille… llamo a la compañía aérea y les pido que nos avisen si viajó o no.  Al menos éso para estar seguros que sigue allá.
Guillermo asiente en silencio.  Esa noche la pasan recostados en el sillón del living,  esperando.  No reciben respuesta de la empresa hasta la mañana siguiente. Le comunican que el pasajero no abordó el avión ni se presentó a canjear el pasaje.  El asiento que le correspondía nunca fue ocupado.  Más tarde los llama el conocido de Juan para contarles que lo llamaron de Bahía, la visita al departamento dio resultados negativos, estaba vacío.  Juan respira aliviado.  “Al menos una buena”. 
Fabián les prepara un desayuno, del estudio llaman para averiguar qué pasó.  Guillermo  desdeña comer nada, sube despacio a su cuarto y se tira en la cama.  Se queda mirando el techo por un largo rato, la angustia le corroe el pecho y le quita el aire.  “Por qué otra vez, Dios… no puedo soportarlo una vez más… No permitas que pase de nuevo”.  Quisiera poder llorar, desahogar el dolor que está sintiendo, pero no se atreve a claudicar, a dejarse arrastrar por la convicción de que ha sucedido algo terrible.  Se esfuerza en contener el llanto y eso aumenta el malestar.  Por la tarde Juan sube a despedirse, su pareja lo está esperando para pasar la nochebuena en casa de unos familiares.  Le pide que acepte tomar algún tranquilizante, pero Guillermo continúa negándose.  Tiene el rostro sereno pero alcanza a percibir el temblor que intenta mantener a raya y el miedo que quiere escapar por sus ojos.  Lo conoce lo suficiente para intuir que la contención que se ha impuesto sólo dará por resultado una explosión de llanto y le duele no estar ahí con él cuando eso ocurra.
-Andá Juancito… gracias por todo. –Lo abraza fuerte-. Voy a tratar de mantenerme lo más calmo posible.  Cualquier cosa nos hablamos.
-Mañana vengo.  Para lo que necesites me llamás, cuando sea.
-Gracias.
Al bajar se cruza con Fabián que está preparando un biberón en la cocina. 
-Chau Fabi, ya sabés que cualquier novedad me avisan.
-Si, papá no quiere que nos quedemos así que vamos a ir a lo de los padres de Valeria.  Mi mamá se queda con él…  Decime, ¿lo ves mal?
- No, mal no.  Peor.   Está devastado.  Me voy muy preocupado.  Le pedí que tome algo para tranquilizarse pero no quiere.  Fijate si se puede hacer algo con éso.  No sé, una pastillita sin que se dé cuenta.
Después de alcanzarle a Valeria el biberón para Lautaro, busca en la alacena el frasquito de pastillas que sabe que  Ana guarda ahí para casos de necesidad.  Saca una y la echa en la taza donde el té se entibia.  La revuelve pensativo, preguntándose qué mierda sucede en esa casa que siempre tiene que pasar alguna cosa rara. 
---
 -¿Está bueno el té?
-Si, hijo gracias.  –Guillermo toma de a pequeños sorbos-.  ¿Ya se van?
-En un ratito.  Recién llegó Ana.  Se va a quedar con vos, papá. 
-De ninguna manera, no la quiero acá, no tiene sentido.  Además ella la va a pasar como el culo y sin necesidad.  Que se vaya con ustedes.
-Papá… no quiero que te quedes solo.  Tal vez lo mejor sea que yo también me quede.  No me iría tranquilo.
-Si querés que me sienta peor, quédense todos.  Así aparte de estar mal por lo que me pasa también me siento culpable de arruinarles la Nochebuena.
-No me interesa festejar nada si vos estás mal.
-Hijo, creéme. Me pondría peor verlos acá, con las caras largas.  Prefiero estar solo.  Lo necesito.
-Bueno.  Pero te voy a llamar después.  ¿Terminaste el té?
-Sí, tomá, gracias. 
Cuando su hijo sale de la habitación, alarga la mano y agarra el celular.  Busca el número de Pedro.  Llama otra vez.  Espera.  Corta.  Se queda recostado con el teléfono en la mano, apretándolo fuerte.   “Llamame, llamame por favor… No me dejes morir sin vos…”
Al poco rato comienza a sentir que los párpados se le cierran, se siente relajado, con sueño.  Cuando Fabián sube a despedirse lo encuentra profundamente dormido.   Le da un beso en la frente y le quita el celular de la mano.  –Que estés bien papá.  Te quiero.
En la puerta Ana los saluda y les dice que no se preocupen, que van a estar bien.  Entra y busca en la heladera la carne que compró para empezar a cocinarla temprano.  Atiende varias veces el teléfono, la gente del estudio está preocupada y llaman para saber si hay novedades.  Piensa que después de todo, era como ella decía.  Pedro Beggio siempre le trajo dolores de cabeza a Guillermo.  Muchos más que los que le ocasionó ella.

CONTINUARÁ
***