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jueves, 31 de agosto de 2017

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" Parte II - Cap. 4 (Tercera Parte) - By Daniela Maurice








Capítulo 4
                                              El viaje - Parte 3

Déjame sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!

Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!

Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
                  Déjame suelta las manos...
                                               Pablo Neruda

Después de haber leído Los Versos del capitán y haber oído las historias de las personas que vivían allí sobre Neruda y su esposa Matilde, a Fabián le había parecido buena la idea de visitar la casa del poeta. Aunque sólo terminó por ser una excusa, cuando se detuvo en una librería que se ubicaba a unos pasos y que ya había visto. Se detuvo en la vidriera observando a la vista la selección de libros que había en diversos géneros. Apoyó sus manos a ambos lados del vidrio; solo dos autores lograron captar su atención. Neruda era su mayor deseo desde que había llegado a Isla Negra y una autora que le era desconocida. Aunque su nombre se le aparecía en su mente como si la hubiera oído antes. Recordó que su padre la había nombrado en una oportunidad sin mayor interés y por conocimiento este de su editora Giovanna… que mantenía el contacto para saber cómo seguía el libro que estaba escribiendo.
Pero lo que más atrapó su atención fue la imagen que se materializaba ante sus ojos: Una mujer desnuda recostada en una sábana de seda apenas cubierta por una larga cabellera oscura que dejaba al descubierto sus senos. La imagen le provocó un torbellino de sensaciones. Como si su alma y todo su ser se envolviera en llamas. Nunca una emoción tan fuerte lo había dominado de esa manera. Cerró los ojos y se aparecía ella. Tan hermosa y de rasgos tan perfectamente lineados. Era a ella a quien imaginaba desnuda y él en sus brazos poseyéndola en absoluta entrega.
Andrea Ferdinang era la autora de Pasiones prohibidas. En ese momento el poeta se había borrado completamente de sus pensamientos. Entró en la librería deseando con ansias tener esa novela.
_ ¿Está buscando algún libro en especial? _ La mujer que estaba detrás del mostrador le inquirió atenta por cómo veía su inquietud. Tenía los cabellos de rubio oscuro y moteado.
_ Si, ¿tiene algún libro de Pablo Neruda?
_ Viniste a su tierra _ se apresuró a contestar.
Fabián pensó primero en él pues no se animaba a pedir el libro de Ferdinang.
_ Los de Neruda están acá _ le dijo acercándose. _ Mirá, acá están _ le indicó detrás de una fila que se ocultaba detrás de las novelas de Isabel Allende._ ¿Vas a elegir uno en especial?
_ Si, veo.
Miró rápido y eligió al azar entre todos Los versos del Capitán
_ Me llevo este _ le dijo acercándose a la mesada. _ Disculpe. Vi un libro en la vidriera de una mujer… _ se le dificultaba decir _ desnuda.
_ Puede ser. Es de una escritora Argentina. _ La mujer se apartó del mostrador y dio la vuelta para dirigirse al estante que estaba contra la vidriera. _  ¿Te gustan las novelas románticas o quieres regalarle a tu novia?
_ ¿Es romántica? No sabía. No tengo novia. ¿Cuánto está?
_ $210. Él de Neruda te sale $ 170.
_ Me lo llevo a los dos.


Nelly atendió la puerta cuando recibió al cadete de siempre. Esta vez venía con un remitente del exterior del país. Le parecía una rutina el ajetreo de ir y venir y buscar si Gaby o Sonia estarían en la casa; firmar ella misma le producía fobia como si estuviera dejando su firmando en alguna información ilegal. Tal vez su miedo se debía a la falta de costumbre de trabajar tranquila con un sueldo todos los meses desde que había comenzado a trabajar en la casa de Gabriela. Había sido una acertada decisión solucionar dos problemas a la vez. Sonia se fue a vivir con ella y como Nelly tenía en su haber un título de enfermera, era la persona ideal para cuidar a su madre. Esta vez sería un alivio. Su jefa estaba en el cuarto de su amiga estudiando unos apuntes y podría salvarla de ese tramo.
Fue hacia al cuarto y se asomó detrás de la puerta.
_ Niña _ dijo asomándose en la puerta. Era él término formal que utilizaba siempre para dirigirse a Sonia.
_ ¿Qué pasa Nelly? _ inquirió levantando la vista del apunte, recostada de costado en la cama.
_ Ahí está el cadete. Trajo un paquete que no sé de donde debe venir. Sabe lo desconfiada que soy yo.
Sonia soltó él apunte y le dijo al levantarse.
_ ¡Ay Nelly! Tenés que perder ese miedo. No podés estar esperando siempre lo peor _  agregó acercándose a la puerta. La empleada la siguió.
_ Usted si que está cambiada. Ahora me habla toda como una señorita.
_ Es verdad _ se dio vuelta sobre su hombro sonriendo. _ Debe ser la profesión.
_ Voy a ver cómo está la señora Aida.
Nelly se retiró cuando ella atendió al cadete. Efectuó la firma. Luego que el muchacho se había ido, miró el remitente. El mensaje la desconcertó y al mismo tiempo el corazón le dio un vuelco al imaginar de quién podía tratarse.

15 de Noviembre. Valparaíso, Chile.

Por eso eres, la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
                                                            Pablo Neruda

Abrió el paquete con cuidado. Dentro descubrió un libro titulado Los versos del capitán con la autoría del mismo poeta. Le resultaba desconocido. Por demás ella nunca había leído ningún libro. La literatura le era ajena. Se sentó despacio en el sofá y abrió la tapa. Sobre la guarda había un mensaje con una carta escondida tímidamente entre las hojas.

Pensándote siempre guardé este libro especialmente para vos
                                          Espero verte pronto
                                                          Fabián.  

El corazón se le ahogó en el pecho y la invadió una extraña emoción. El recuerdo del beso de ese último día en que se vieron se coló en su mente. ¿Por qué se sentía así, con el corazón acelerándose a gran velocidad, si solo había sido eso, un beso? Se subió la mano al pecho para comprobar que no era así, que su respiración se encontraba en el mismo estado. Tan calma como hacía unos segundos.
Gaby entró en ese momento a paso a rápido y acelerada. La oyó apenas mascullar un dejo de preocupación pero no podía captar su presencia.
_ ¡Ay Soni, estabas acá! ¡Me quiero matar, no sabés lo que me pasó! _ agregó, sacándose el morral. Lo dejó apoyado sobre la mesita ceñida a la pared y se acercó a ella.
_ ¿Qué pasó ahora en el estudio?
_ Perdí los expedientes. Los dos expedientes, el de Almorena y el de Diego. Te pido que no le digas nada a Marcos porque me va a querer sacar de la causa. Para mí es muy importante poder encargarme de este caso.
_ Seguramente lo dejaste por ahí. Tenés el caso de Mónica también. Deben estar mezclados.
_ No, yo estaba segura que lo había dejado en mi escritorio.
_ ¿ Y Octavio no se lo habrá llevado? Lo estás manejando con él al caso.
_ No, Octavio no. ¡Me quiero matar! _ se subió a la mano a la frente, lamentándose. _ ¿Vos crees que tengo que llamar a Guille? No quiero preocuparlo.
_ Hacé lo que quieras Gaby.
_ No, mejor no. Tengo que demostrarle a todos que yo puedo manejar todo el caso sola. ¿A vos te pasa algo? _ Se detuvo a observarla. Sonia tenía la vista ida en algún punto muerto. Se sentó junto a ella y abrazó su mano sobre la de ella. _ Estás temblando.
_ No, estoy bien Gabriela. No me pasa nada. Es el examen.
_ Bien. ¿Mirá cómo estás?
Tomó aire y alzó la vista hacia arriba. Las lágrimas fueron cubriendo sus pupilas.
_ Sonia ¿Qué pasa?
_ ¿Vos crees que yo merezco que alguien me ame enserio? De verdad. Se sincera
_ ¿Por qué me hacés esa pregunta?
_ No, dejá _ hizo ademan con sus manos. _ Creo que el idiota de Antonio tiene razón.
Gaby hizo una pausa. Las palabras de su amiga la llenaron de curiosidad.
_ ¿ En qué tiene razón Antonio?
_ Que soy una trola, que para lo único que sirvo es llevarme tipos a la cama. Mirá lo que pasó con Marcos. Con Santiago nada, porque quedó todo ahí en un simple beso que fue como besar una pared.
_ Bueno, vos también. Yo te dije como era Marcos. Es incapaz de comprometerse y está casado con Isabel que siempre fue consciente de las amantes que tenía. Ellos son así. Él la engaña pero siempre vuelve a ella. Y Santiago, no sé qué decirte. Es bastante raro, no sé. Me da a un hombre muy serio, muy frío.
_ No lo es tanto. Es un poco ¿cómo se diría? estructurado. Tan frío no es. Los ayudó con lo de Pedro.
_ ¿A qué va la afirmación de Antonio? Vos sabés como es él. Anto siempre está diciendo pavadas. Él es así.
_ Él tiene razón. Por engancharme con él te traicioné a vos. Me acosté con  él que era tu novio y se suponía que éramos amigos.
_ Yo ya te perdoné por eso. Si vamos a ser sinceras yo tampoco estaba bien con él. _ Hizo una pausa y luego le dijo _  ¿Vos estás así por quien yo creo?
_ ¿He? _ fingió no entender. _ No sé de quién me hablás.
_ Yo te conozco, varios nos dimos cuenta. No te quise tocar el tema porque sé que tenés la mente en otro lado y yo estoy con las causas. ¿Es por Fabián?
Extendió su mano hacia los dos libros al mismo tiempo que el sobre y se lo entregó en manos a su amiga.
_ Mirá lo que me envió.
Gaby observó ambos libros de reojo y los abrió, dando vueltas las páginas. Se detenía por momentos y no podía  evitar leer los versos. Del otro había captado una emoción muy fuerte y al mismo tiempo se sintió movilizada por la incomodidad que le producía el relato.
_ Neruda, me encanta.
_ Nunca nadie hizo eso por mí. Mirá que conocí tipos de todas las personalidades juntas. Pero la culpa la tengo yo, siempre hago lo mismo.
_ No creo que sea así. Es un divino. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Ser más grande que él?
_ Eso es una pavada Gabriela. Tampoco estoy vieja. ¿Y no estaba de novio con la amiga de Camila? ¿Camila cuánto tiene?
_  La edad de Pedro. Treinta y seis, no sé. ¿Entonces?
_ Es todo. Es karma. Él se está haciendo ilusiones conmigo como yo con Marcos. Ahora me toca a mí pasar por la hija de puta.
_ ¿Estás estudiando psicología y me venís con el karma?
_ La psicología no es tan básica hoy en día, Gabriela.
_ Dejá de torturarte con lo de Marcos, ya fue.
En ese momento se le hacía imposible pensar. Por más que Gaby intentara aliviar la situación sentía que su propio mundo daba vueltas. Se abrazó sobre su cuerpo y dejó que las lágrimas fueran deshaciéndose una a una. Sentía que no merecía su amor. Ni de él ni de ningún otro hombre. Su corazón se había endurecido y su cuerpo era el que respondía a un instinto que solo terminó por dejarla vacía.
Gaby la acompañó en silencio y  abrazó muy fuerte su mano. Sonia se volvió hacia su amiga, la miró con los ojos cubiertos de lágrimas y se arrojó a sus brazos.
_ Me voy a despertar de esto.
_ Sí, todo va a estar bien. Te lo prometo.

Aún no se había atrevido hablar con ninguno de ellos lo que estaba sintiendo por Sonia, ni tampoco sabía si podrían entenderlo. Los observaba a ambos mientras las letras lo atrapaban a escribir un poema pero se le hacía imposible concentrarse. Una angustia le aprisionaba el pecho como si las palabras por decir, lo que sentía, se le ahogaban dentro. Levantó la vista meditando. Entre los dos el único que podía llegar a entenderlo sería Pedro. Aprovechó el momento al ver que Guillermo se iba hacia el despacho. Se acercó a su padre pero el estado de nerviosismo no lo había abandonado. Por más que su cariño hacia él fuera profundo, no lo conocía lo suficiente para saber que reacción tendría.
_ Pa ¿Podemos hablar?
_ Si Pedro.  _ Dejó lo que estaba haciendo en la cocina y se acercó hasta el sofá que estaba a unos metros
Fabián se sentó y él lo siguió
_ ¿ De qué querías hablarme?
_ No se me hace fácil.
_ Pero que ¿es grave?
_ No.  Me pasa algo con alguien. El problema es que estoy de saliendo con una compañera de facultad. Valeria se llama.
Pedro lo escuchaba atento pero imaginaba dónde venía el conflicto de su hijo
_ Hay algo que no entiendo. Me doy cuenta que pasaron muchas cosas mientras no estuve. ¿Qué pasó entre Nancy y vos?
_ Nada. Habíamos vuelto pero las cosas se complicaron cuando, bueno…
_ Decilo, ya está. Pasó.
_ Cuando Camila hizo todo eso, ella se fue por su hijo y no volvimos hablar hasta hace unos meses.
_ ¿ Y Valeria te importa?
_ Ahí está el tema, porque  comencé andar con ella pero aun pensaba en Nancy. Es que todo pasó rápido. Estábamos bien y todo se arruinó. Aunque entiendo que tenía que proteger a su hijo. Como ella me dijo antes de irse, no podía apoyar a Camila teniendo a su hijo de por medio. Era una locura. Quería alejarlo de toda esa mierda.
_ Fue difícil para todos. ¿Y la chica quién es?
_ ¿No le vas a decir nada a mi viejo?
_ Primero decime. ¿Es Sonia, la amiga de Gaby?
Pedro alzó el ceño y se quedó unos segundos en silencio.
_ ¿Te sorprendió?
_ Algo. ¿Ella no tenía una relación con Marcos?
_ No eso ya fue. Sé que no es la mujer indicada y si mi viejo se entera…
_ Bueno, pero Nancy tampoco entraba en el tipo de mujer, no sé cómo decirte… Ella también tenía problemas. Lo importante es que lo que vos sentís sea sincero y que ella sienta lo mismo. Lo único que sé es que Sonia estaba estudiando.
_ Si y lo sigue haciendo. Es que mi viejo quiere que sea responsable.
_ En eso estoy de acuerdo con él.
_ ¿Le vas a decir?
_ No puedo mentirle. No estaría bien ocultarnos cosas. Sos su hijo. Lo que puedo hacer es actuar como intermediario entre él y vos. Pero vos tenés que hacer tu parte. Hablar con Valeria.
_ Entonces me entendés. No te parece una locura.
_ Bueno ya nuestra familia no entra dentro de lo convencional.
Fabi se rió por lo bajo.
_ Si te entiendo
Fabián se volvió hacia él rápidamente y lo abrazó con fuerza.
_ Gracias por escucharme.
_ Sabés que siempre podés contar conmigo.
_ Lo sé, te quiero mucho papá.


CONTINUARÁ

domingo, 27 de agosto de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 24 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 24

Me metí en la cama y él nos cubrió a ambos. Descansé la cabeza sobre la almohada apenas a unos centímetros de la suya y aunque la cama fuera lo suficientemente grande como para perderse en ella, tocarnos se volvía inevitable.  Mis piernas acariciaron las suyas, sentí la suavidad de las sábanas contra mis muslos y mi pecho descubierto percibiendo el calor que se desprendía de su torso desnudo.
Él no apartaba su mirada de mí.
_ ¿En qué pensás?_ Me preguntó revolviendo suavemente un mechón de mis cabellos.
_ En lo mismo de siempre… ¿Todavía seguís pensando que es una buena idea convertirte en un vampiro?
_ Por supuesto que sí, cada día más convencido que el día anterior. Ya te dije que no voy a presionarte, pero no veo la hora que suceda.
_ Necesito estar seguro que estoy haciendo lo correcto.
_ Es lo correcto, no voy a separarme de vos. Te quiero demasiado.
_ Yo también te quiero.
En ese momento golpearon a la puerta. La cena había llegado en el mejor momento. Estábamos famélicos

Atenta a los preparativos de la expedición que iría por nosotros cuando diéramos la señal, la señora Bethany analizaba cada postulado con minuciosidad.  A pesar de su insistencia, Beto no fue aceptado.
_ Lo siento señor Marini, solo vampiros. No sabemos con qué nos vamos a encontrar y tenemos que ser precavidos. Llevar alumnos humanos sería un verdadero problema.
_ ¡Pero Guillermo es mi amigo!
_ Lo sé… Lo sé. Por eso voy a preservarlo. Estoy absolutamente convencida que el señor Graziani estaría de acuerdo conmigo, así que se quedará en la academia cuidando de la señorita Soria, pero tendrá las mismas atribuciones que el grupo de profesores que dirigirán la academia el tiempo que yo esté fuera de ella. ¿Eso lo deja más conforme?
Beto sonrió satisfecho. _ ¡Por supuesto que sí! ¡Gracias señora Bethany! Cuidaré de la academia como un perro guardián hasta que usted regrese.
_ Sabía que podía contar con usted, es una gran persona señor Marini, de otra forma nunca se hubiese ganado la confianza del profesor Graziani_. Estratégica e inteligente, había sabido como quitarlo del peligro sin herir sus sentimientos. Beto abandonó feliz su despacho pero al atravesar la puerta de salida, se detuvo en seco ante el alumno que esperaba su turno para hablar con la directora.
_ Balthazar…
_ Beto… sé que me comporté mal anoche. Y creeme que lo siento. Me dejé llevar por los celos… Si querés podemos hablar.
_ No tengo nada que hablar con vos. ¡Traidor! Ahora correte y dejame pasar.
Balthazar se hizo a un lado y mientras Beto salía echando chispas por los ojos, su cuerpo esbelto había quedado paralizado en el marco de la puerta del despacho.
_ Pase de una vez señor Moore, no tengo todo el día. Pase y cierre bien la puerta.
Hizo lo que ella le había ordenado y dirigió sus pasos lentamente al centro de la habitación. _ Señora Bethany…
_ Lo escucho señor Moore, ¿qué tiene que decir?
Bajó la cabeza y clavó la vista en el piso de la habitación. _ Señora Bethany, yo… Yo estoy muy arrepentido de lo que hice anoche. _ No era fácil confesar los verdaderos motivos, pero tenía que hacerlo. _ Los celos… Me dejé llevar por los celos. _ Respiró profundo tratando de calmar sus pulsaciones hasta que tomó la decisión que dejar salir todo junto de una vez y aceptar las consecuencias. _ Señora Bethany, estoy completamente enamorado de Pedro Beggio y me retuerzo de celos cuando los veo juntos,  por eso manipulé a la señorita Moravia para que se pusiera de mi lado. No fue difícil hacerlo, se que ella está enamorada de mí. _ Se cubrió la cara con las manos. _ ¡Por Dios! ¡Cuánta vergüenza siento!
La señora Bethany lo observaba de pie y con los brazos cruzados. _ Buena señal, la verdad es que es para sentir mucha vergüenza lo que hizo. Poner dos vidas en peligro por despecho. Señor Moore, dígame… usted es muy inteligente. ¿Qué haría con usted si fuera yo?
Para sorpresa de la señora Bethany, su respuesta no demoró en llegar. _ Solo cabrían dos opciones. O me castigaría expulsándome de la academia, o me daría la oportunidad de enmendar mi error permitiéndome ayudar en la búsqueda.
_ Buena respuesta señor Moore, muy acorde a su mente brillante. ¿Y cuál de las dos se supone que debo tomar?
_ La que usted diga profesora. La que usted diga.

_ ¿Guillermo?
Al principio escuché su voz como a través de la bruma hasta que comprendí que no estaba soñando, sobresaltado, me senté en la cama. Los sucesos del día anterior acudieron a mi memoria como un torrente a la vez que la luz del día inundaba la habitación. No estaba en mi dormitorio, estaba en una cama con Guillermo que se desperezaba y pasaba sus manos por su cabello alborotado mientras una mujer de cuarenta y tantos años permanecía plantada contra el marco de la puerta mirándonos fijamente.
Guillermo le sonrió. _ Hola Mamá.
Ella tragó saliva y respondió con amabilidad. _ Hola hijo, ¿se encuentran bien?
_ Perfectamente bien, mamá. Él es Pedro.
Seguramente pertenecía a la nobleza por lo bien que disimulaba el impacto. Se adentró unos pasos en la habitación mientras yo me inclinaba hacia  adelante extendiendo mi mano sin dejar la cama por cuestiones obvias. Estaba desnudo. _ Encantado de conocerla señora…
_ Ross. Kate Ross. También encanada de conocerte Pedro. _ Miró de reojo la habitación y volviéndose hacia la puerta nos dijo a ambos. _ Vístanse, recojan sus cosas y bajen a desayunar. Partiremos en una hora.

_ Mamá… _ Guillermo corrió una silla y se sentó junto a ella. Le había sugerido que bajara primero, estaba seguro que ella querría intercambiar unas palabras a solas con él. _ Bien, acá estoy… te escucho.
_ Guillermo ya sé que estamos en el siglo XXI y tampoco esperaba que esperaras a casarte, pero sabías que vendría. ¿Tenías que restregármelo en la cara?
_ Es tu culpa y ese es el motivo por el que siempre discutimos. No tendrías que haber ingresado a la habitación sino hacerte anunciar.
_ ¡Es que estaba preocupada por ustedes!
_ ¡Mentira mamá! No me tomes por tonto, estoy seguro que apenas llegaste te aseguraste de saber como estábamos, pero tenías que ir a fisgonear y ese fue el resultado. Viste lo que no querías ver.
_ No me molesta en absoluto, Pedro es precioso y si sos feliz con él, yo también lo soy, solo me dio un poco de vergüenza. Soy una madre moderna pero eso no incluye sentirse cómoda al ver a mi hijo en la intimidad. Estoy segura de haberme ruborizado._ De pronto pareció sobresaltarse_  ¿Guillermo estás seguro que es mayor de edad?
_ Claro que lo es, está pronto a cumplir los diecinueve.
_ ¿Tiene dieciocho años?
_ Si, ¿qué problema tenés con eso?
_ Ninguno… Ninguno _ dijo mientras hacía un esfuerzo para disimular el asombro. _ Es muy jovencito.
_ Si lo decís porque le llevo diez años, no deberías asombrarte. Lo llevo en la sangre, ¿acaso te olvidaste que papá era varios años mayor que vos y que tenías su edad cuando me diste a luz?
No pudo responder, en ese momento yo estaba ingresando al restaurante del hotel y se vieron obligados a suspender la charla. Me acerqué a ellos con la vista baja, la presencia de la señora Ross me intimidaba pero en cuanto tomé asiento ella me saludó con un gesto de cabeza.
_ Señora Ross
_ Llamame Kate.
Ahora que estaba lo suficientemente despierto pude ver que no había demasiado parecido físico entre ellos, por lo cual supuse que Guillermo debía parecerse a su padre. No era muy alta, llevaba una melena corta de un tono dorado y tenía los ojos de color verde. Llevaba unos tejanos azules desteñidos y una camisa ceñida a su talle bastante delgado. Creo que nunca había conocido a nadie con menos pinta de madre que ella. Es decir, ¿qué clase de madre encontraba a su hijo en la cama con un adolescente y se limitaba a sonreír?
Luego de desayunar Kate nos escoltó hacia su camioneta sin dejar de vigilar a nuestro alrededor hasta que estuvimos dentro del vehículo. Arrancó la camioneta y echamos a andar.
_ ¿A dónde vamos? _ Pregunté inquieto.
Kate me miró por el espejo retrovisor. _ Me he comunicado con la señora Bethany y a pesar que ella me asegura que todo en Medianoche está bajo control, le dije que no me iba a arriesgar a llevar a mi propio hijo de regreso a la academia, por lo tanto acordamos que los llevaría a la Cruz Negra y una vez ahí vos harías contacto con ellos para indicarles tu paradero. Ella, tus padres y un pequeño grupo irán a buscarte para que regreses a Medianoche sano y salvo.
Sentí que la sangre se me congelaba en las venas, eso significaba que intentarían separarnos. Vi el perfil de Guillermo con el maxilar apretado observar fijamente a su madre. _ No voy a separarme de Pedro.
_ Entonces que se quede con nosotros, vos no vas a volver a Medianoche.
_ Mamá, tengo edad suficiente como para decidir mi destino.
_ Como hijo, si. Pero como miembro de la Cruz Negra me debés obediencia y vas a cumplirla. No quiero que vuelvas a Medianoche, ya no es un lugar seguro para vos.
_ Señora Ross…
_ Kate. Y no me trates de usted. ¿Qué  ibas a decirme Pedro?
_ Los alumnos que intentaron atacar a Guillermo fueron reprendidos esa misma noche, estoy seguro que ya no hay peligro para Guillermo en Medianoche.
Fue bastante ruda al retrucarme, evidentemente estaba más que preocupada por su hijo. _ ¿Y cómo podés estar tan seguro, Pedro? ¿Qué te hace pensar que no haya toda una conspiración detrás de ese ataque y que haya más alumnos, o incluso profesores, esperando que Guillermo regrese para volver a atacarlo?
Guillermo volvió la vista al frente y el silencio se hizo insoportable. Sentí un nudo en la garganta y fijé la vista en el paisaje para que Kate no pudiera ver mis ojos humedecidos por las lágrimas con las que luchaba para que no rodaran por mis mejillas, pero Kate tenía demasiada experiencia como para que ese detalle le pasara inadvertido. Quitó los ojos de mi rostro y buscó el de su hijo, por lo visto lo que vio no fue un panorama encantador porque en seguida intentó aflojar el clima de la conversación.
_ ¡Vamos muchachos cambien esas caras! Nadie está insinuando que deban separarse, el mundo está lleno de lugares donde puedan vivir sin correr riesgos innecesarios. Medianoche ya no es un lugar seguro para ninguno de los dos, hasta vos Pedro estás en peligro en la academia si la conspiración que sospecho es cierta, no van a perdonarte que estés con Guillermo. Ya hablaremos con tus padres cuando lleguen.
_ Mamá… Hay algo que nunca te dije. Pedro, sus padres, Beto, Gabriela y yo formamos una Nueva Orden.
Kate clavó los frenos en el pavimento. _ ¿Qué hicieron qué?
_ Seguí conduciendo, voy a explicarte los motivos por el camino y sé que vas a coincidir en que hicimos lo correcto.
Recelosa, Kate retomó la marcha y enfiló a toda velocidad por la carretera que conducía fuera de la ciudad. Su actitud despreocupada había desaparecido. _ Quiero saberlo todo y ahora Guillermo.
Tuvo tiempo de sobra para explicarle con detalles los ataques de Franco, su obsesión con Gaby y el peligro que él representaba en la academia.
_ ¡Mamá no nos dejó otro camino más que unirnos para salvar la vida de Gaby! Ya te dije que se enfrentó con Pedro tres veces y lo hubiese asesinado si hubiese podido.
_ ¿Y qué pasó con él? ¿Cómo se lo sacaron de encima?
Guillermo giró su rostro hacia atrás y me miró a los ojos. _ Lo matamos. _ Esta vez creí que iba a sufrir un infarto. Volvió a frenar bruscamente y se sentó de lado para mirarnos a ambos a la vez. _ ¿Cómo que lo mataron?
_ Nos acorraló una noche en Riverton y no tuvimos salida. Fue una pelea justa. _ Era obvio que Guillermo no iba a confesarle que habían sido mis padres los que terminaron con la vida de Franco, sino que adjudicaba el desagradable episodio a la orden completa. Se lo agradecí en mi interior y él se limitó a asentir disimuladamente.
Kate no podía reaccionar. Había quedado inerte. _ ¿Y qué pasó después?
_ Nada. No era un alumno de los que forman el cuadro de honor, así que todos pensaron que se había fugado de la escuela. _ Volvió a mirarme _ Además, Pedro y yo pensamos que era miembro de La Tribu.
Tiró su cabello hacia atrás con ambas manos y nos miró con detenimiento.
_ ¿Cómo se enteraron de la existencia de La Tribu?
_ Por unos libros que nos prestó la señora Bethany para que pudiéramos resolver un tema que nos tenía preocupados… _ Guillermo titubeó un poco, había llegado el momento de la verdad más difícil de contar.
Kate se cruzó de brazos. _ Un tema que los tenía preocupados… ¿Se puede saber de una vez cuantos secretos más tienen ustedes dos? _ Preguntó levantando el tono de su voz.
_ Solo uno más mamá, pero primero prométeme que no vas a gritar.
_ Lo prometo. No voy a gritar, ahora hablen.
Se abrió el cuello de la camisa con sumo cuidado. Todavía podían apreciarse las marcas rosadas sobre su cuello.
_ ¡Dios mío! _ Kate extendió una mano para rozar con suavidad el cuello de su hijo, temblaba como una hoja dejando al descubierto cuanto la podía la madre que llevaba adentro, aunque no siempre supiera como demostrarlo.

_ Sabíamos que esto podía suceder, lo sabíamos, pero yo quise engañarme convenciéndome que no ocurriría. _ Ahora conducía a toda velocidad por la ruta desierta.
_ Mamá, estoy bien. _ Le dijo intentando tranquilizarla, pero yo dudaba que Kate estuviera escuchándolo. A mi parecer reflexionaba con ella misma en voz alta, no apartó la vista de la carretera en ningún momento. _ Mamá…
_ No quiero hablar de esto ahora Guillermo. _ Se veía preocupada, o mejor dicho, absolutamente triste. _ Tanto tiempo desperdiciado, tantos riesgos para esto.
El silencio comenzaba a hacerse insostenible, pero gracias a Dios noté que estábamos ingresando a un barrio pequeño, viejo y abandonado. La camioneta se sacudía transitando las calles mal pavimentadas hasta que frenó en la entrada de uno de esos edificios deshabitados. Pronto comprendí que no se trataba de una casa cualquiera sino de un centro cívico, aunque era evidente que hacía décadas que nadie lo utilizaba. La mitad de las ventanas estaban rotas, la pintura blanca se estaba descascarando y tenía manchas de humedad.


La expedición estaría compuesta por varios vampiros. Mis padres, Marcial, Balthazar y algunos de los alumnos que habían compartido con nosotros aquella noche en la biblioteca. “Tiempo de sembrar, tiempo de cosechar” Cuanta razón había tenido en todo.  
_ ¿Cuándo partiremos? _ Preguntó Balthazar en una de las reuniones que se llevaban a cabo en el despacho de la señora Bethany.
_ En cuanto sepamos su ubicación señor Moore. La señora Ross fue muy clara cuando dijo que no permitiría que su hijo regresara a Medianoche y no la culpo, hasta yo misma dudo que este lugar sea seguro para el señor Graziani, pero veremos qué pasa cuando nos encontremos.
_ ¡Por Dios, ya no soporto más esta espera! ¡Quiero ver a mi hijo! _ Mi madre estaba desesperada.
_ Tranquila Celia, mientras esté con la señora Ross estará a salvo. Ya pronto se resolverá todo este asunto. Ahora pueden irse, les avisaré en cuanto tenga noticias del señor Beggio y del profesor Graziani.
Cuando todos comenzaron a abandonar el despacho la señora Bethany les hizo un gesto a mis padres para que no se marcharan.
_ ¿Qué sucede señora Bethany? _ Preguntó mi padre inquieto.
_ Quiero que vigilen de cerca al señor Moore, que el señor Marini los ayude, como estudiante puede infiltrarse por lugares que ellos suelen frecuentar sin llamar la atención.
_ ¿Pero qué sucede?
_ Ese es el problema Adrián, todavía no lo sé.  

Cuando bajamos de la camioneta Kate se dirigió a mí. _ Siempre estaré en deuda con vos Pedro, siempre. Ayudaste a Guillermo a escapar de sus perseguidores poniendo en riesgo tu propia vida. También estoy en deuda con tus padres por haberte permitido ir por él solo y en medio de semejante tempestad siendo tan joven. Voy a protegerte con mi propia vida hasta que ellos lleguen, así que no hay nada por lo que tengas que temer cuando cruces esa puerta. No solo no se atreverían a tocarte un pelo sino que ellos también te están agradecidos.
Kate giró la llave de la cerradura y empujó la puerta. Me estremecí intranquilo ante la oscuridad hasta que mi visión se adaptó a la penumbra y pude ver la escena que se desarrollaba en su interior.
Había más de una docena de personas reunidas en una sala alargada, una mesa rectangular y larga, varias sillas a su alrededor y un suelo de madera viejo y arruinado.  Pegados a la pared unos bancos, también de madera, y todo tipo de armas sobre ellos: cuchillos, estacas, incluso hachas.
Todos vestían en los más variados estilos, una chica alta y extremadamente delgada me observaba con detenimiento apoyada contra la pared. Vestía una sudadera con capucha varios talles más grandes y pantalones ajustados. Junto a ella, un anciano de cabello corto y entrecano usaba una chaqueta de punto muy ancha y gafas de lectura pendiendo de un cordón. Lo único que todas esas personas parecían tener en común fue el suspiro de alivio unánime que soltaron al ver a Guillermo.
_ ¡Hola chicos! _ Sonrió saludándolos.
_ Hasta que al fin llegaste y con vida. _ Dijo la chica de la sudadera _ Bienvenido a casa.
_ ¿Acaso dudaste que así sería Dana? _ Le preguntó Guillermo con una sonrisa en los labios.
_ Jamás. Y por lo que veo, no has olvidado traerte lo más importante _ respondió con simpática ironía, guiñándole un ojo y examinándome de pies a cabeza.  _ Me llamo Dana, _ dijo tendiéndome una mano. _ y vos debés ser Pedro.
Miré a Guillermo en silencio interrogándolo. ¿Cómo sabía de mí?
_ Tranquilo, Guillermo y yo nos conocemos desde hace tiempo, somos buenos amigos y no era difícil imaginar lo que estaba pasando. Tu nombre no se le caía de la boca cada vez que hablábamos por teléfono.
Volví a mirar a Guillermo de reojo y su tímida sonrisa me complació. A pesar de estar rodeado de extraños, me hizo sentir seguro de mi mismo, de él y de nuestro amor. 
_ Ah, ¿con que este es el joven Pedro? _ Expresó el hombre mayor con una amplia sonrisa y se puso de pie para ofrecerme su mano. _ Es un placer conocerlo jovencito, conozco a Guillermo desde que era más joven que usted. Soy el señor Watanabe.
_ Si me lo permiten, yo también quiero presentarme. _ Me puso nervioso de solo escucharlo _ Soy Eduardo, el padrastro de Guillermo. _ Miré a Guillermo confundido, nunca había mencionado tener un padrastro.
_ Permitime corregirte una vez más Eduardo, y ojalá sea la última. Vos sos el esposo de mi madre, no mi padrastro. Yo tuve un padre, tengo una madre y suficiente edad para manejarme solo por la vida. No necesito ni quiero un padrastro. 
Eduardo se limitó a sonreír irónicamente pero sin la gracia con la que lo había hecho la chica de la sudadera. _ Está bien, lo siento. No quise incomodarte Guillermo.  _ Era alto, moreno y con bigote, y resultaba intimidante aun cuando sonreía. Kate le pasó un brazo por los hombros. _ Vamos muchachos, este diálogo solo incomoda a todos, sobre todo a Pedro. Terminemos con este tema ahora mismo.
Eduardo dio un paso atrás al tiempo que me observaba. Había una clara desconfianza en su mirada. _ Un vampiro en la familia… Espero que Guillermo no se haya equivocado con vos Pedro.
La amenaza fue tan clara que Guillermo dio dos grandes zancadas en dirección a él, pero pude retenerlo a tiempo mientras el resto se ponía de pie. _ ¡No digas una sola palabra más o…!
_ ¡Eduardo, por favor! _ La voz de Kate sobrepasó el murmullo que ese comentario había provocado. _ Hijo tranquilo… Ya basta los dos. ¡Vamos, vamos! No ha pasado nada, vuelvan a ocupar sus asientos.

Después del incidente nos sentamos a la mesa junto a ellos y bebimos café caliente mientras todo el grupo bombardeaba a Guillermo con preguntas sobre su huida de Medianoche. Escuchar sus respuestas me hacía revivir cada instante y eso me impedía concentrarme. Todo había pasado tan rápido que me costaba asimilarlo, estaba confundido. Mi vida de hijo único y privilegiado estaba cambiando en cuestión de horas y me alejaba de mi mundo a tal velocidad que sentí una especie de bloqueo mental
Recién comenzaba a comprender que el mundo que abandoné cuando salí de Medianoche había quedado atrás definitivamente. Que ya nada volvería a ser lo que había sido. No habría más clases intercambiando miradas clandestinas, ni corridas por los pasillos, ni la magia al encontrarlo. Ya no habría más esperas en la escalera de las ventanitas pequeñas, esas que tienen la mejor vista de Medianoche, ni madrugadas en nuestro lugar haciendo el amor hasta el amanecer y tampoco volveríamos a tener la complicidad de Evangeline. En cuestión de horas, de la noche a la mañana, mi mundo adolescente se había terminado y sabía que iba a tener que tomar una decisión. Kate había sido muy clara. O me quedaba con él, o renunciaba a él. Ya nunca más volvería a tenerlo todo, no habría más reuniones en el departamento de mis padres, no volvería a ver a Gaby, a Beto ni a Marcial, y de pronto me sentí frágil, vulnerable y solo ante un nuevo camino que acababa de iluminarse. Ahora dependía de mí y solo de mí tomar la decisión de seguir adelante o de volver atrás. Los dados estaban echados y las cosas habían cambiado. Ahora era él quien estaba en casa y yo, solo, muy solo, y lejos de mi hogar. Un zumbido enloquecedor atravesó mi mente y sentí que los ojos se me ponían en blanco.
_ ¡Pedro! _ escuché la voz de Dana pero no la pude ver _ ¡Pedro! ¡Hagan algo! ¡Se está desmayando!
Lo último que sentí fueron los brazos de Guillermo que me sostenían y su voz pronunciando mi nombre, después todo se apagó y me sumergí en un sueño profundo. Tal vez era mejor así, el mundo de los sueños puede ser reparador cuando la mente no logra procesar lo que nos toca vivir.
Cuando despertara tomaría una decisión, por el momento, solo necesitaba apagar mi mente y descansar.

CONTINUARÁ.