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domingo, 29 de noviembre de 2015

"NARCOS" - Cap. 1 - (By Guillermina Pedris)

"NARCOS" - CAPÍTULO 1





“NARCOS”  - Libro de anclaje: “La Reina del Sur” de Aturo Pérez Reverte

CAPÍTULO 1

México - Sinaloa. Martes 16 de septiembre, 2014. - 10:45  

De fondo sonaban lentos en inglés. A pesar de los años que habían transcurrido desde su llegada a ese país de América del Sur, nunca se había acostumbrado a su música. Detestaba los corridos en todas sus formas y no solo ese estilo de música, sino muchas de las costumbres del lugar. La magnificencia en la que vivía había conquistado su conformidad en algunos aspectos, pero no en todos.
Pasó la mano por su cabello y se balanceó al ritmo de la música sensual mientras bebía su café; negro, aromático, hecho de granos recién molidos… Esa era una de las cosas que en contrapunto a algunas tradiciones de ese país extranjero lo habían conquistado. El café. La opulencia.  El tequila, el mezcal, el tapache. Las mujeres con ese acento diferente… Las quesadillas, los camotes dulces con manteca y miel, las fajitas rellenas y los burritos de carne.
La casa estaba construida sobre el piso fuerte de Culiacán, al noroeste de México. Culiacán no solo era la capital, sino la ciudad más poblada y extensa del estado de Sinaloa. Tenía seis habitaciones, jacuzzi interior, estaba impregnada de lujo y repleta de botellas del mejor champagne francés.
Extasiado, se preparaba para lo único que sabía hacer -además de disfrutar de la exuberancia en la que vivía- cuando escuchó la aeronave sobrevolar la casa, y el aire se frenó en sus pulmones.
Sustentada y propulsada por los rotores horizontales, las hélices cortando el aire, ese sonido ensordecedor. No necesitó ver el aterrizaje del helicóptero para saber que lo iban a matar. Lo supo con tanta certeza que por inercia y en contrapunto con el plan, tantas veces y tan meticulosamente hablado,  corrió hacia el amplio ventanal que daba al frente de la casa. Esa imponderable meseta de césped que podía permitirles el placer de llegar por el frente, amedrentando como siempre, sintiéndose victoriosos antes de tiempo.
Recordando las palabras que Franco tantas veces le había repetido, se volvió sobre sus pasos, tomó rápidamente su celular, el arma, los documentos, todo el dinero que estaba en la casa, las llaves de las que dependía su vida y corrió hacia la salida trasera.
El pánico se hizo presente tomándolo de improviso, un terror frío le recorrió el cuerpo. Si estaban ahí, eso significaba que Franco estaba muerto.
Respiraba agitado mirando hacia todos los ángulos. Con el arma en las manos se ocultó silenciosamente en un rincón cercano. “Lo más cercano posible a la puerta que da a la parte trasera de la casa. “ Tal como él le había repetido cientos de veces. “Si eso pasa, vas a estar solo, no voy a poder protegerte. Esa vez, vas a tener que hacerlo solito. “
Pensó en Franco y los ojos se le llenaron de lágrimas que le dificultaron la visión. Recordando la palabra de honor que había dado, las arrasó con el puño y centralizó la perspectiva. Ese no era el momento de pensar sino el de actuar. Solo tenía que ejecutar ese plan que habían armado juntos, mucho tiempo atrás. 
Si alguna vez, algún día, esto que estaba pasando pasaba, tratar de sobrevivir se convertiría en una realidad insoslayable.  Así lo habían hablado. Bueno, en realidad, así se lo había advertido Franco. “Tratar de huir en auto, es lo mismo que ponerte las esposas y esperarlos atado al barral de la cama. Antes de intentar escapar sobre ruedas, es mejor suicidarse. Si hay una chance de escapar, es a pie.
Nadie conocía la geografía de ese lugar alejado y frondoso que desembocaba en un bosquecito improvisado repleto de árboles, lo suficientemente amplio como para poder ocultarse. Pero no iba a ser fácil.
“Los Narcos no perdonan, Pedro. Vas a tener que correr muy rápido y sin detenerte a pensar. Pensá después, cuando ya estés a salvo.” Por eso corrió. Corrió lo más rápido que pudo. Tenía que llegar a la otra casa, la segura, antes que los coyotes lo encontraran. La que todos suponían que existía, pero nadie, absolutamente nadie sabía dónde estaba. Ahí estaba su seguro de vida, si era que existía… El dinero, todo el dinero. Documentos falsos, armas, municiones y “la agenda”. La agenda y en ella, teléfonos, direcciones, notas, datos de pistas clandestinas en distintos lugares de México y Baja California.  Amigos y enemigos.
“Esa, por tu bien, ni la mires. Prometeme que no la vas a mirar.”  Escondiéndose entre la frondosidad del lugar, se detuvo un instante para tomar aire. Bien oculto se permitió unos minutos para oxigenar y para ordenarse.  Con lágrimas en los ojos rememoró la casa y la vida que acababa de abandonar…
Antes de salir, había observado por última vez las paredes perfectamente pintadas, los cuadros elegidos con precisión y buen gusto, el lujo que lo había rodeado. Franco…  Solo recordar su nombre lo quebró en un llanto que le podía costar la vida.  Había pasado los mejores años de su vida junto a él, pero no tenía tiempo para saber cómo se sobrepondría a la idea de haberlo perdido para siempre. 
Todo había llegado a su final… Todo había llegado a su final a menos que…  Se rió de sí mismo.  Eso sí que iba a ser difícil… Todo había llegado a su final, a menos que lograra la protección de “El Rey”. 
“Esa, la agenda, puede ser tu seguro de vida, pero no la mires. Lo llamás a “El Rey” y se la ofrecés a cambio de tu pellejo. ¿Está claro Pedro? No la tenés que mirar… Prometémelo por Dios y por la Virgen, como nos enseñó mamá”
Su hermano estaba muerto y si no quería seguir su camino no era tiempo de lamentos sino de actuar, fría y serenamente. 
Siempre había pensado que Franco exageraba, que esas cosas solo pasaban en las películas, pero nunca en la vida real. Cuando él insistía en hablar de esos temas lo escuchaba por el temor que veía en sus ojos y que hasta el día de la fecha, creyó un temor sin sentido.
“¡Bajá de las nubes, Pedro!” Le había dicho más de una vez. Pero él era escritor. Nadaba en la ficción y en el lujo que le permitían las actividades ilegales de su hermano, que en Sinaloa eran tan comunes, que uno solía cometer el error de olvidarse que no eran legales.
Nunca pensó que esto, de verdad podía pasar. Siempre creyó que todo lo que su hermano le advertía era parte de ese problemita que tenía con su personalidad y que seguramente lo había llevado a donde estaba. Le gustaba demasiado hablar de más, entre otras cosas.
Pedro siempre había pensado que todo eso no era más que una novela  que Franco tejía en su cabeza, pero ahora que todo se había vuelto tan real, tan concreto, supo que durante años había vivido en una nube, una nube que se había desintegrado en cuestión de segundos y que no solo lo había estampado contra el suelo, sino que lo había despedazado.
Su hermano estaba muerto y él le seguiría los pasos en cuestión de horas si no hacía las cosas tan exactamente bien como estaban planeadas.  Estaba tan asustado que le costaba distinguir si ese sonido ensordecedor provenía del aire, de ese maldito helicóptero que no paraba de sobrevolar el lugar o de su pecho. Sabía que era necesario serenarse, pero el corazón pateaba desde adentro con fuerza y sentía su respiración, a cada minuto, mas descontrolada.
“Así que esto es lo que se siente cuando se está al filo de la muerte. Una maldita mierda que ya no sabés si no querés que pase, o que pase de una chingada vez.”
Escondido en la densidad del follaje la imagen de Franco volvió a él, recordó que estaba muerto y tomó consciencia que nunca más lo iba a volver a ver. Un sollozo subió hasta los labios, pero inmediatamente supo que ese no era el maldito momento de llorarlo. Era inútil desesperarse por otra cosa que no fuera el momento concreto de deshacerse de ellos y llegar a la otra casa. Por otra cosa que no fuera inspirar y exhalar, y los setenta latidos por minuto que mantendrían a su corazón con vida.  Se persignó tres veces y se encomendó al cielo, una plegaria hecha más por protocolo que por convicción. Ya no creía en nada. El mundo que su hermano mayor le había construido se había derrumbado en segundos.
De pronto, de la nada, sintió el estruendo. La nave sobrevolando sobre él y ese “ratatata” de las ametralladoras disparando desde el aire. Volvió a correr como un animal salvaje que por instinto trata de salvar su vida. Estaba confundido, aturdido por los ruidos, un poco desorientado, pero finalmente lo encontró. Ese refugio casi subterráneo que habían cavado juntos. Una cueva cubierta por planchas reforzadas de blindaje duro capaces de soportar los calibres de fuego más pesados. Se deslizó por el hueco y sintiéndose un poco a salvo, cruzó los brazos, apoyó su cara sobre ellos y dejó salir el llanto que ya casi no lo dejaba respirar.
Se quedó más tiempo del que era necesario. Hacía horas que no se escuchaba un solo sonido que no fuera el del roce del viento contra el ramaje de los árboles y el vuelo de algunas aves, pero no se atrevía a salir.  
Cuando el sol comenzaba a ocultarse, tomó coraje y salió de su escondite abrazado a ese costal que contenía lo imprescindible para sobrevivir.
Al llegar a la calle, se detuvo indeciso. Como la presa que sabiéndose en riesgo, olfatea al cazador. Pero estaba empezando a oscurecer y eso jugaba a su favor. Le esperaba un largo camino. 
Olvidate de los amigos”, le había dicho Franco. “Ese día vas a estar más solo que al nacer”. Apretó la bolsa contra su pecho y empezó a caminar. Aun sentía ese repiquetear en sus oídos. El helicóptero, las ametralladoras… Latidos ensordecedores y monótonos que se sumaban al ruido del tránsito. Caminó lento y como Franco le había enseñado, de manera inversa al sentido vehicular. “Para que no te agarren por la espalda, manito. Y ojo con los “amigos” que se puedan acercar en ese día, cuando esas cosas pasan, podés esperar más de los enemigos que de los amigos. Si eso llega a pasar, no confíes en nadie más que en “El Rey”. Ese sí que tiene bellotas y códigos de honor, eso sin nombrar que acá se lo respeta a rajatabla… Por algo es “El Rey”.  De los demás nunca se sabe. Tal vez se te acerque alguien que conozcas, alguien en quien confíes, pero en algún momento vas a notar algo extraño en su mirada, algo que no está donde debería estar y después vas a estar muerto. Aunque eso siempre es mejor a que te lleven con vida.”

Recorrió siete cuadras sin mirar atrás, dobló a la izquierda y se detuvo a observar si lo seguían,  palpando el arma que llevaba metida en la cintura. No vio nada que sugiriera peligro. Siguió caminando. Compró cigarrillos y un encendedor,  se quedó fumando y pensando en plena calle. Tenía que llegar a la otra casa, donde estaba su seguro de vida.
Por momentos avanzaba, por momentos se detenía… Si Franco estaba muerto, ¿por qué no esperar que lo encontraran y seguir sus pasos? Huir de esa manera era denigrante, pero recordó algunas de esas anécdotas que su hermano le contaba acerca de las venganzas de narcos y estuvo seguro que era mejor intentar escapar, morir con un disparo por la espalda, a dejarse hallar con vida. Tenía que llegar a la otra casa, a la segura y no tenía mucho tiempo. Pero algo se revolvió en su estómago y tuvo que detenerse a vomitar.
Recorría las calles con la boca seca y el miedo en los ojos. Lo mejor que le podía pasar era morir a ser encontrado con vida, esa sí que la tenía clarita como el agua.  Caminaba volviéndose de tanto en tanto para mirar atrás…  
En una esquina, dejó el paseo central y se internó calle abajo. La otra casa, la segura, estaba a pocos metros, en el segundo piso de un edificio de departamentos.  Subió la escalera tratando de no hacer ruido, metió la llave en la cerradura y abrió con temor. Recordó las palabras de su hermano. “Nunca entres descuidado. Alguien podría haberla descubierto. Y si “eso” pasara, eso de lo que hablamos… Manito, si me agarran con vida nunca sabré cuanto podré callar. Voy a tratar de aguantar el tiempo necesario para que desaparezcas, pero no te prometo nada.”
Sacó el arma y entró sigiloso, caminando como un gato sobre la cornisa. La recorrió palmo a palmo con el corazón en la boca y el arma entre las manos. Estaba solo. Abrió la caja de seguridad y con urgencia tomó casi todo lo que había en ella. El dinero, documentos falsos, un arma de guerra y las municiones. Desechó la bolsita de suspiros blancos, no consumía cocaína. Tomó la agenda y sin saber porque, al hacer contacto con ese cuero marrón, un destello electrizante le recorrió el cuerpo, como cuando algo está escrito y no hay nada que uno pueda hacer para evitar ese destino.  
“Ojo manito, cuando te buscan te encuentran. No pierdas tiempo sentándote a llorar.”  Le temblaban las manos mientras metía todo en la bolsa que traía con él. Todo menos el arma, a esa se la calzó en el pantalón. La que traía con él era buena, pero esta era mejor y además tenía municiones. Con la otra se podía defender, con esta era imposible fallar. Guardó el arma con la que había entrado en la bolsa para tenerla a mano, pero la otra se la pegó a la piel.
Abrió la agenda solo para buscar el número de “El Rey”, pero una foto de él y de Franco cuando eran aun niños saltó desde adentro como dejándole un mensaje. Inclinó su rostro y sintió las lágrimas calientes resbalar por su barbilla, terminando el recorrido sobre sus manos. Con los ojos empañados miró por la ventana, la oscuridad era absoluta. Lo único claro era que tenía que irse ya y buscar a “El Rey”.
Se cargó el morral al hombro y cuando estaba por salir, sintió el ruido de la puerta abrirse.
_Mirá a quien tenemos acá… Al hermanito_ Su sonrisa de metal, las manos en los bolsillos, los ojos vidriosos.
_Yo no sé nada._ Pedro se aferraba a su bolso y a su vida como podía.
_”Yo no sé nada.”_ Se le rió en la cara. _ ¡Claro, lo imagino! _ La sonrisa se le agrandaba en ese rostro espantoso. _Ya perdí la cuenta de los que aseguraron “no saber nada” ­_No era solo un sicario, un tipo cualquiera asignado a terminar con su vida. Era el Gato.
Lo reconoció porque una vez Franco le había mostrado una foto suya. “De ese sí que hay que cuidarse, manito. No sirve para nada, hasta para traficar es un inútil, pero como asesino es el mejor, tiene hielo en la venas. Le da lo mismo si son hombres, mujeres o niños. A este sí que lo desprecio con toda mi alma, Pedro. Este se gana el dinero sin exponer el pellejo, este hijo de mil putas come del pellejo ajeno y no conoce la piedad. Tiene un alma tan fea que en comparación, su cara te resultaría hermosa.”
El Gato seguía apoyado en la puerta, ancho y moreno. _Te vas a morir de la misma manera que tu hermanito. _Había sacado las manos de sus bolsillos. _ Te vas a morir igual que esa rata nauseabunda…
No pudo seguir hablando. Pedro ya no era el mismo Pedro que había huido de aquella casa lujosa esa mañana de septiembre casi una hora antes del mediodía.  
Extrajo el arma que había encajado en su pantalón y le disparó directo a la cara. Con esa no se podía fallar. El ambiente se impregnó de olor a pólvora y el estruendo seguía retumbando en las paredes.  Lo vio caer tomándose la cara con las manos, entre los dedos saltaban chorros de sangre que alcanzaban sus ojos desorbitados. Lo observaba impasible con el arma preparada para un segundo disparo si con el primero tan certero no hubiese alcanzado, pero no hizo falta. En cuestión de segundos vio la luz apagarse en sus ojos, su cuerpo inerte tirado en el piso y la sangre que había dejado de derramarse. Estaba muerto.  
Por primera vez en su vida acababa de matar a alguien,  pero lejos de sentirse culpable, esquivó como pudo el charco de sangre que había provocado, abrió la puerta de calle y dejando su pasado y su inocencia atrás, corrió una vez mas,  se alejó de todo eso que ya no le pertenecía y llamó al “El Rey”.

CONTINUARÁ

sábado, 28 de noviembre de 2015

"SUEÑOS" - Cap. 7 - (By Mirta Ardemagni)

"SUEÑOS" - CAPÍTULO 7





                                                                                                          
Guille en su inconsciencia sueña.  “Pedro… Pedro tu cuerpo tiene poder sobre mí, al tocarte siento placer, poderío, algo tan bello que irrumpe dentro de mí y me violenta. Me exalta, me penetra, me abre, me inflama, y me entrego como poseído. Vos me tomás y yo te tomo, y me invade la fantasía, el fuego, y estamos llenos de pequeñas gotas que brotan de nuestra piel. Te acaricio, te recorro… Mi cuerpo convulsiona y el tuyo también, el ritmo se acelera cada vez más, más, hasta que ambos nos liberamos, subiendo y subiendo, y luego bajando y bajando hasta el mismo abismo. Los jadeos son gemidos, los gemidos son gritos y llegamos al éxtasis final, uno sobre otro tratando de seguir con vida”. 
                     
Llegan a Buenos Aires y trasladan a Guillermo al Fernández por pedido de Fabián. Él quiere que esté cerca de Pedro.  Lo ven los mejores especialistas y todos opinan que solo resta esperar. Poco a poco recupera la temperatura corporal. Sus manos y pies mejoran, pero el peligro para esa parte de su cuerpo todavía está latente.  Pedro mientras tanto, sabe que lo trajeron pero que su estado es delicado. No habla. Quiere verlo. Todavía no es tiempo le dicen. Él ya está en una habitación, Guille en terapia. Debe esperar. Recibe la visita de Beto                                            
B._ ¡Hola pibe! ¿Sabías que trajeron a Guille? _ Pedro asiente._ ¿Y vos por qué no hablás?, si me dijeron que no tenés nada. ¿Y cuando lo veas? ¿A él le vas a hablar?_ Le dice Beto sonriendo… Pedro se sonroja y asiente.                 
Pedro intenta y solo le sale: _ Guiie, Guiie…_ Como un ruego.     
B._ Está bien, resérvate para él… ¿Lo amás?
P._ Sssii… Yyy coomoo estaa?
B._ No te voy a mentir, está complicado pero mejor que ayer… ¿No te dejan ir? ¿Querés que le pida a médico que te deje ir? _  Los ojitos marrones de Pedro se iluminaron y chispearon mientras asentía, estaba feliz. _ Dejalo por mi cuenta, jaja…!

Le dan la noticia de que mañana lo van a dejar verlo un ratito después de la familia. Es feliz, muy feliz. Se duerme feliz. Sueña.
“Guille, mírame… Esos ojos tuyos, negros, brillantes. Tus pupilas dilatadas por la pasión… Eso me enloquece. Me sepulta en tu boca, enrosco mi lengua y recorro tus dientes, tu garganta, tus labios… Los muerdo tenuemente. Enloquezco, quiero llevarte hasta el límite, que tus pezones sean cerros y el calor que despides me queme. Mis manos te recorren todo. Pies, piernas, pelvis, sexo. Lo toco, lo acaricio, lo agrando, y sigo mi camino hacia arriba. Abdomen, brazos, cara, boca, cuello… Todo Guille, todo. Tu miembro erecto toca mis piernas, suelto un gemido, te volteo y te penetro, y latimos juntos hasta ya no sentir nada, hasta el fin, hasta el derrame final, hasta quedar sin aire, casi sin vida”.

Al día siguiente, se prepara para ver a su sueño tan esperado. Le prestan un ambo y luego que sale Faby, - que le sonríe cómplice - entra. Piensa: “Mi amor, mirá como estás!” Se sienta a su lado y toma su mano derecha entre las suyas, la comienza a besar y le habla… Si, le habla….  
P._ Guille, te tenés que poner bien. Por tu hijo y por mí, bueno, si querés… A mí me gustaría sabés? Yo te amo Guille, nunca lo pensé, pero me pasó y quiero vivir este amor junto a vos. Tengo la impresión de que vos también me amás. Sabés, yo sueño con vos y muy seguido, y en esos sueños nos amamos, nos besamos, nos hacemos caricias, y sabes Guille? Yo te beso mucho, mucho…. _ Muy suavemente acerca sus labios y besa los de su hombre. Se da cuenta de lo que hizo, levanta la vista y ve a los médicos y enfermeros de terapia que lo miran, sonríen y levantan el pulgar. Algunos aplauden sin hacer ruido.
Sigue besando su mano sin cesar. Los médicos observan los aparatos y ven que todo está más que normal, está mejor y eso es bueno.
Tiene permiso de venir mañana otro rato. Y así todos los días se queda un rato más, hasta que lo hace todo el día. La mano que él besa está perfecta y Pedro se da cuenta.  Comienza a sentarse del lado izquierdo y hace lo mismo, lo besa y conversa como si Guille le contestara. Sus manos ya están casi perfectas, solo falta que despierte y mejoren sus pies. Los médicos están contentos y cargan a Pedro. _ Vas a tener que besarle los pies. ¡Este Graziani es muy mimoso!  …                                       
P._ Si lo haré, desde que lo beso ha mejorado mucho._ Está feliz. 
             
Esa noche Guille sueña, se siente en el cielo y feliz en esa inconsciencia.
“Cielito ser tuyo es una tortura hermosa, siento lo que jamás sentí por nadie; beso tus labios hinchados de tanto amarlos, acaricio tu espalda, clavo mis uñas en tu piel adorada, paso mi lengua por tus orejas, tu cuello y sigo en tu pecho, que se hincha de placer. Siento tus piernas largas bajo mi cuerpo, siento que me entierro en tu ser, que comienzo un ir hacia arriba y un ir hacia abajo acompasado de a dos, y tus manos hacia atrás aprietan mis nalgas para enterrarme más. Todo yo está a punto de estallar, te miro y tus ojos me miran como diciendo si…si…. ya es hora, y con rudeza me incrusto, hasta el fondo y deliramos, gritamos, lloramos, gemimos, tomamos aire y seguimos hasta el final”
Como siempre Pedro le habla con la mirada perdida en la lejanía, como si estuviera soñando… No se ha dado cuenta que Guille ha abierto sus ojos y lo mira con dulzura. Sonríe.
Los médicos que siempre miran los aparatos lo ven y se hacen señas entre ellos que lo dejen. Todo está más que normal. Observan. Escuchan. Y Pedro como si soñara le dice. _Estoy a tu lado y me estremezco. Mi alma cae sobre tus pupilas y yo siento que vivo, que me he redimido y vos te has redimido, y tu alma cae sobre mí. Penetrá mis pupilas y mirá en ellas el amor que siento por vos,  yo veo en las tuyas el amor que sentís por mí. Aquí estamos los dos y sabés? Merecemos ser felices, Guille… ¿Cuándo vas a despertar?” _ Y siente que la mano de Guille se mueve y toca la suya. Grita. _ ¡Se despertó! ¡Se despertó….! _ Y entonces ve a todos los médicos aplaudiendo, felices y ve a su Guille que lo mira con lágrimas en los ojos.                     
G._ Pedro, ¿es cierto que me amás tanto como has dicho tantas veces?_ con vos muy apagada, casi en un susurro.   
P._ Guille, me escuchabas!_  Y levanta la vista como dudando si decirlo o no, le da un poco de vergüenza, y ve que todos, todos sin excepción le dicen: “vamos Pedro que Guille espera”. _Si Guille, te amo y mucho.                                          
G._ ¿Y es cierto que soñabas conmigo? Porque yo sueño todo el tiempo con vos…                                                                    
P._ ¿En serio? ¿Y qué soñabas?
G._ ¡Nooo! No te lo voy a decir delante de los doctores._  Se escucha una risa generalizada y todos salen de la terapia, todos los enfermos están conectados, cualquier novedad se siente desde la puerta….                       
P._ Ya me lo podés contar, salieron todos. ¿Soñabas lo mismo que yo te conté?                                                                          
G._ Con algunas variantes pero es lo mismo. Tengo sueño. ¿Te quedas al lado mío? ¿Cómo estás vos?
P._ Siempre haciendo varias preguntas a la vez_ y se ríe. _Dormí tranquilo, yo me quedo, de acá ni con una excavadora me sacan.
G._ ¿Mi hijo está bien?
P._ Tranquilo. Él viene más tarde con Beto. Le pedí que no perdiera más clases. ¿Hice mal?
G._ Te va a decir papi en cualquier momento. A mí me dice Pa._ Y despacito se queda dormido plácidamente, como si estuviera en el paraíso, feliz.                                                                   
Sus pies están casi normales, y eso es considerado un milagro llamado Pedro, solo falta que se levante y camine. Lo ponen en la misma habitación de Pedro. Faby está feliz, radiante y lo gasta a su padre. Beto ve feliz y recuperado a su amigo y está como loco, en el estudio todos están felices. Pronto Guille recuperará su matrícula.
G._ Perdón Faby, rompí mi promesa.
F._ Nunca vuelvas a repetir eso viejo. Vos jamás rompiste una sola promesa hecha en veinte años. Ponete bien para Pedro y para mí._ Se quedan solos. Se aman y ya todo está donde debe estar. Llegó la hora de ser felices.

FIN.      

P/D: Hay epílogo


jueves, 26 de noviembre de 2015

"VÍCTIMAS 2" - Cap. 2 - (By Sil Barby)


"VÍCTIMAS 2" - CAPÍTULO 2






Luego de ordenar la cocina y ducharse, se acercó a la puerta de la habitación. Espió a través de la tenue luz que llegaba de la calle y lo vió dormir, tratando de absorber esa paz que emanaba su rostro. Se agachó con cuidado, le regaló un sutil beso en la frente y regresó al living.
Dispuso las fotografías en la pizarra aquella donde unos meses atrás había escrito el nombre de la persona que había cambiado su vida para siempre. Un estremecimiento lo recorrió por entero. Recordar aquellos días le regalaban un escenario que lejos de darle paz, lo ponía de la cabeza. Sacudió su mente y volvió a las fotografías actuales.
La víctima... Otra vez gente relacionada de alguna manera con su trabajo. Tomó los informes que había impreso y los leyó con detenimiento. Entre otros, llamó su atención uno de los últimos casos en el que estaba trabajando. Un joven y próspero candidato a presidente para el partido oficial, Agustín Larralde, acusado de asesinato. Comenzó a entender porque Marcos le había pedido que se hiciera cargo de aquello.
Se dejó recorrer por la euforia, sin saber porqué el sueño no se hacía presente esa noche. El verano parecía no querer llegar y no entendía si era esa fresca brisa que se colaba por la ventana o un mal presagio sobre la investigación que le producía escalofríos en el cuerpo.
Compenetrado en las fotografías no escuchó el sonido de unos pasos que lo sorprendieron por su espalda.
-Mi amor! ¿Qué hacés acá a esta hora?-Con voz sigilosa y algo ronca por el sueño.-Me asusté, todavía no viniste a la cama.
-No Cielito, me desvelé.- Se dió vuelta y al verlo lo inundó la ternura y soltó una sonrisa, envuelto en una colcha, en medias, despeinado y con los ojos a medio abrir. Era una alucinación. -Chiquitín volvé a la cama, yo ya voy.
-De ninguna manera vuelvo si no venís conmigo.-Guardó todos los informes en el sobre y se levantó, lo tomó por los hombros y dirigiéndose a la habitación le dijo -Vamos tontín, me vas a decir que tenés miedo al hombre de la bolsa?
-No miedo no, pero no me voy a poder dormir si no te siento al lado, pegadito a mi.
Sacó la manta que lo envolvía, lo ayudó a acostarse, luego lo abrazó y en pocos minutos ambos dormían plácidamente.


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La mañana llegó y las primeras luces trajeron consigo el incesante despliegue de personajes que a diario recorren las veredas de la ciudad. Los sonidos de las bocinas anuncian la llegada del nuevo amanecer y Pedro es el primero en registrarlo.
-Mi amor!... Nos dormimos! Despertate!- silencio absoluto -Mi amooooooooor!!!
-Mmmm... No puedo... Estoy agotado!
-Y quién te manda a andar trasnochando...? Si no te traía de las orejas, amanecías mirando esas lindas fotos!
-Me hubieses buscado antes entonces!
-Ah bueeeno!! Yo tengo la culpa ahora, vos sos un fanático de tu trabajo y la culpa la tengo yo? Dale amor levantate, prepará el café mientras entro al baño por favor! Que yo no puedo dejar plantados a mis pacientes... Vos porque ahora sos el jefe!
Lo miraba desde la cama moverse de un lado a otro, desconcentrado, pretendía apurarse y lo único que lograba era girar sobre su eje sin lograr nada productivo. Sonrió y le dijo -Cielito, andá al baño, yo te preparo todo. Pero antes dame un beso de buenos días- Pedro se detuvo de repente, le regaló una sonrisa de hoyuelos y se acercó sensual -Buenos días mi amor!-Se besaron con ternura. Guille lo tomó de la nuca acercándolo más y abrió su boca abarcando sus gruesos labios. -Sabés cuánto te amo?-Casi en trance Pedro sonrió-Lo sé, porque yo siento lo mismo. Pero ahora ¡vamos!


Ya en la jefatura, siguió estudiando ese archivo.
-Beto! vení por favor.
-Si Guiye, que necesitás!
-Hay un nuevo caso y quiero que armemos un equipo para que trabaje con nosotros en eso.
-Dale Guiye cómo vos digas.
-Llamá a Juan, a Rosini y Velazquez... Para empezar vamos a estar bien.

Armó la reunión en la sala y distribuyó las tareas a cada uno para comenzar a trabajar.
-Este caso es complicado gente! Así que los quiero más conectados que nunca. Juan, necesito que toques contactos y me averigües TODO lo que puedas del Fiscal. No te voy a entregar los informes que hicieron los colegas, porque son una porquería! Necesito que empecemos de cero, después cotejamos con lo que tenemos. Velázquez y Rosini, ustedes hagan lo mismo.
-Y yo Guiye?
-A vos te quiero acá conmigo.
-Ahí va...
Se pasaron la mañana estudiando los informes, sacando conjeturas y armando posibles hipótesis.
-Me llamó la atención uno de los últimos casos en los que estuvo involucrado este fiscal. El caso del político ese escuchaste? Fué un caso muy resonante, estuvo en boca del país entero. Un casi candidato a Presidente que en una situación, no del todo clara, mata de un tiro en plena municipalidad, donde desempeñaba la función de intendente, a un ex Juez de la Nación. Vamos a ir por ahí, Beto averiguame todos los pormenores del caso, gente involucrada, testigos, todo!
-Ok Guille yo me encargo.

-Comisario, lo buscan.
-A mi?  Quién?
Asomado a la puerta de su oficina un hombre de unos cuarenta años, se presentó ante él.-Buenos días Inspector Graziani.-Estirando su mano para saludarlo.-Soy Rafael Valmora.-Guillermo permaneció en silencio y mirándolo atónito -Me puedo sentar?
-Si por supuesto, adelante. Beto! podrías alcanzarnos dos cafés?
Mientras acomodaba su escritorio, Guillermo trataba de recordar de dónde conocía a ese hombre.
-Bueno señor Valmora lo escucho.
-Si Guillermo, te puedo tutear? -Guille aflojó su semblante y sonrió.
-Claro que si.
-Bien, me comentaron que la investigación de la muerte del fiscal Carballo pasó a tus manos.
-Asi es... Hoy comenzamos.
-Bueno quería ponerme a tu disposición. El Doctor era un amigo personal. Bah, en realidad de mi padre, y además llevaba la investigación de un caso de mi absoluto interés.-Guillermo comenzó a moverse en la silla incómodo. Enseguida logró sacar de donde conocía a su interlocutor y no le gustaba sentirse presionado respecto a una investigación.
-Disculpame, Rafael, pero no te entiendo... Si tu intención es meterme presión, ya te voy diciendo que viniste al lugar equivocado... A mi no me incomoda "ni" la venida del presidente de la Nación.
-¡Nooo…! Por favor Guillermo, al contrario, solo quiero ponerte al tanto del caso y contarte todo lo que no vas a encontrar en ningún papel. Ni en ningún registro. Y honestamente me alegra mucho que me lo digas. Esto se puede poner pesado y necesitamos gente que no se deje intimidar fácilmente.
-Bueno a ver... Te escucho.

Rafael hizo una breve reseña de lo que ocurrió aquella noche entre Agustín y el ex-juez. Y Guillermo se sentía extraño.

-Vos me estás diciendo que eso fué todo armado?
-Fue armado, la intención no era que saliera nadie muerto, sino lo que queríamos era exponer a Agustín a lo que hizo hace veinte años atrás.
-Y con qué objeto... Si eso ya había prescrito.
-Para destruir su carrera política. Yo lo puse en ese lugar y me sentí en la obligación de sacarlo, no era la persona que yo creía. De esta manera también se hacía un poco de justicia para Ángeles.
-Ángeles?
-Si, la chica que sobrevivió a la violación se llama Ángeles y me pareció justo, ya que mi padre ayudó a mis amigos a zafar de la cárcel en aquel momento, hoy darle la oportunidad de sacarle a Agustín lo que tanto ansiaba y no merecía. Lamentablemente a los tres meses de iniciado el juicio, se manipularon las pruebas, la grabación de la nada apareció borrada y como la luz estaba cortada, no había testigos que pudieran contradecir lo que el Pibe declaró, que estaba todo oscuro, que el Juez lo había amenazado y que el disparo fué en defensa propia.

Guillermo lo observaba en silencio.-Y quedó en libertad.
-Quedó en libertad, y si bien espera el juicio, sigue militando en el partido como si nada hubiese pasado, es más, fué designado al grupo de militantes más jóvenes, coordina las actividades. El Doctor Carballo, estaba juntando pruebas, buscando la manera de revertir el que, estamos seguros será el resultado de ese juicio, cuando le pasó... bueno, lo que ya sabemos.
-Y este chico, se acercó a vos? ¿A la piba?
-Nada, nunca más lo ví. Aparentemente está radicado en Capital.
-Bueno, yo necesito interrogar a la chica y me gustaría que participaras y aportaras todo lo que sabés para la investigación.
-Por supuesto, para eso vine. Ella no está bien, desde que se enteró que está en libertad, vive muerta de miedo. Yo no creo que él le haga nada malo. En el fondo tengo que reconocer que estaba enamorado de ella.
Guille lo observó levantarse y se puso de pié detrás de él, pasándole la mano. -Bueno Rafael, un gusto conocerte y espero que podamos descubrir exactamente lo que pasó y encontremos al culpable de esto.
-Gracias, eso espero. La verdad que Agustín fue mi amigo, aún no puedo creer lo que hizo, y no sé si realmente está metido en esto, pero sí, es cierto que mató al Ex juez, yo ví la cinta y fué para tapar su pasado. No me extrañaría que el fiscal haya caído también en la volteada.-Estirando su mano le entregó una tarjeta de contacto -Cualquier cosa que necesites te pido que me llames.
-Así será, quedate tranquilo.-Se estrecharon la mano y Guille lo siguió con la vista dirigirse hacia la salida principal.

“Qué cosa rara todo esto”-Betooooo!


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Pedro terminaba su día laboral, cuando salió a la sala de espera y vió sentado en el sillón a un hombre, se acercó sigiloso
-Rafael!! Sos vos… No lo puedo creer!-Su amigo se puso de pié y con su sonrisa de siempre abrió sus brazos para recibirlo. Palmeando su espalda -Pedro! Tantos años!!!! Peeero! mirá que crecido estás!- largando una carcajada.
-Mi amigo político! Ni tiempo para los viejos amigos tenés! ¡Qué hacés! ¿Qué es de tu vida? Vamos a tomar algo y charlamos. Cuca!, cerras vos?
-Si querido anda tranquilo.

-¡Mirá lo que sos! ¡Mi pequeño Pedro! ¿Cuánto tiempo pasó desde la última vez que nos vimos?
-Y la última fue aquella en Los Ángeles, te acordás? Cuando yo estaba haciendo mi máster
-Es cierto. Pero apenas si nos vimos un ratito, vos estabas en un curso o algo así.
-Si! después vos regresaste al país, pasó lo de tu viejo, entraste en la política y ya perdimos contacto.
-Así fue, pero contame! ¿Qué es de tu vida?
-Uf!! ¿Tenés tiempo?

Guillermo mandó el mensaje.
"mi amor, voy camino a casa, nos vemos enseguida?"
No recibió contestación. “Qué raro”. Realizó la llamada sin respuesta.

-Cuquita buenas tardes.
-Hola querido! Que alegría que llames, te quería preguntar cuando van a venir a comer a casa, porque le pregunto a Pedrito y siempre me contesta que cuando vos puedas, que lo va a consultar con vos, que después lo habla con vos, y al final nunca vienen!-La mujer hablaba casi sin respirar y Guille revoleaba los ojos sonriendo.
-El fin de semana Cuca, ahora escuchame, Pedro está?
-No mi amorcito, vino un amigo de la infancia, salieron a tomar algo y me dijo que ya no vuelve, que cierre yo.
Una rara sensación de intranquilidad lo invadió-¿Un amigo? ¿Sabés quién es?
Cuca se sonrió para sus adentros-No mi vida, un hombre de unos cuarenta años, fachero, parece un galán de novela, con unos ojos azules preciosos, se ve que son grandes amigos porque se saludaron muy afectuosamente, de la emoción ni siquiera me lo presentó.
A Guille le costaba respirar, la espina de los celos incrustada en su pecho no le permitía moverse. Cortó casi sin saludarla y la secretaria sonrió satisfecha ante la travesura.

Mientras tanto en un bar cualquiera...
-Así que estás en pareja, pero mirá vos el pequeñín. ¿Y cómo estás?
-Feliz Rafa!! Mejor que nunca en mi vida. Guillermo es lo mejor que me pasó, desde que nos conocimos no nos separamos más. Pero hagamos algo, porqué no me acompañás a cenar a casa y así los presento.
-Muy buena idea! Dejame hacer una llamada y enseguida estoy con vos.
-Dale, yo salgo a fumar y de paso le aviso.

Salió a la vereda, encendiendo un cigarrillo, cuando notó que había olvidado desactivar el silencio de su celular. Al hacerlo vió los mensajes y las llamadas perdidas de su amor, sonrió y se disponía a llamarlo cuando el sonido de la llamada entrante lo interrumpió
-Hola mi amor!
-Pedro, me estás cargando? ¿Dónde estás? ¡Porqué no me contestás el teléfono!
-Ehhhhhh… tranquilo mi vida! ¿Por qué me tratás así?
-¿Por qué te trato así? Yo me pregunto por qué vos me hacés esto, sabés cómo me preocupo cuando no me llamas o no me atendés. Pedro, no seas injusto, tenés idea las cosas que se me pasaron por la cabeza?
-Guille dejá de gritarme, no soy un oficial a tu cargo para que me levantes así la voz.
-Decime ya! A dónde estás Pedro!

Pedro cortó la comunicación sin dar respuesta. No soportaba que él le hablara en esos términos. No tenía que pedir permiso o informarle que hacía durante todo el día. Regresó a la mesa y Rafael lo esperaba.
-Disculpame Pedro pero vamos a tener que suspender la cena, hablé con Ángeles, no se siente bien y quiero acompañarla. -Pedro suspiró aliviado, no era un buen momento para que conozca a Guille.
-Mmmm Ángeles? ¿Hay algo ahí?
Rafael sonrió, tímidamente -¿Sabés que no? Es una historia muy larga, pero solo somos amigos, yo me acabo de divorciar y ella me necesita, ya algo te habrá contado.
-Algo, muy poco pero andá, andá tranquilo, otro día será.
Se saludaron con un abrazo apretado y se prometieron repetir la salida y organizar pronto esa cena postergada.

Pedro recorría el camino en cámara lenta, evitaba llegar, no soportaba pelear con él y temía encontrarse con esa frialdad que lo lastimaba. “¿Por qué es tan cabrón? No es justo, ni siquiera me permitió contarle… Esto no puede pasar, soy un hombre grande, no tengo que pedirle permiso ni darle explicaciones”.
Apagó el motor frente a la puerta de su casa. Tomó aire y descendió del vehículo. Debía enfrentar la tormenta Graziani desplegada en toda su magnitud.
Ingresó y lo encontró a oscuras sentado en el sillón con un vaso de whisky en la mano.
-Guille! ¿Que hacés en la oscuridad?
Sonrió abatido. -Nada... no sabía si venías, me cortaste el teléfono. -En tono de reproche.
Se llenó de tristeza al notarlo en ese estado, esperaba encontrarlo a los gritos, enojado... pero no así, se llenó de ternura. -Mi amor, dame eso -tomó el vaso y lo apoyó sobre la mesa.-Te corté el teléfono porque me estabas gritando y no me gustó. ¿Qué te pasa Guille?, vos nunca me tratás así...
-¿Con quién estabas?- Se acercó y observó sus ojos llenos de lágrimas.
-Con un amigo de la infancia que hace muchos años no veía y no te respondía el teléfono porque me olvidé de desactivar el silencio, mi amor, qué pasa?... ¿Estás celoso?-Guille le negaba sus ojos- Ey! mirame, soy yo. Guille, te amo!
Levantó su vista del piso y clavó su mirada vidriosa en sus pupilas, una lágrima descendió por su rostro. Pedro se sentó a su lado y lo abrazó. -¡Mi vidaaa! ¿Pero qué es esto? Vos sabés lo que siento por vos, o no?
Guille dejó exorcizar toda la angustia contenida. -No me hagas esto Pedro, nunca más.
-Ay no...! No llores mi amor!-Tomó su rostro y lo llenó de besos -Después de todo lo que pasamos, aún dudas cuanto significás para mi? Conocerte y estar con vos fue lo mejor que me pasó en la vida Guille... creelo! Es así...
-Sin vos... yo no podría seguir, Pedro... Perdón por todo esto, por cómo te hablé, pero no tolero la idea que en algún momento puedas dejarme- su voz salía cortada por las lágrimas y Pedro se llenó de ternura.
-Guille, nunca, pero oírme bien y grabátelo en esta cabecita, nunca voy a dejarte, ¿cómo te explico lo que sos para mi? te amo, mi vida...te amo tanto!!
-Te creo...Cielito. Te creo... te creo... Pasa que a veces pienso que no es posible, que esto que me está pasando es una ilusión y me desespero...
Pedro lo tomó del rostro -Vení lindo, dame un beso.

Los besos empezaron dulces y tiernos hasta convertirse en osados y sensuales, los labios invadieron la boca del otro con lujuria y se deleitaron en la tenue pulsación que recorrió sus terminales nerviosas.
Pedro intentando barrer las dudas que nublaron la mente de Guillermo, tomó posesión de su cuerpo, lo recostó en el sillón, ese que fué testigo de tantas noches de amor y se deleitó incontables veces rozándolo con sus gruesos labios en un recorrido húmedo y perturbador. De manera apenas perceptible, rozó su entrepierna y oyó a medias, un involuntario murmullo de placer deslizarse en su boca. El erotismo del momento comenzó a invadirlo. Su mente era un torbellino de imágenes sensuales. Cada átomo de su anatomía se veía trastornado por el calor de sus cuerpos acoplados. Se detuvo a mirarlo con la vista saqueada por el deseo y con firmeza lo obligó a girar sobre su cuerpo, tomó su cabello y con sus manos tiró de ellos mordiendo su cuello y deslizándose hacia su espalda dibujó con su lengua garabatos desordenados que trastornaron cada trecho de su piel sudada. Se acomodó sobre él y Guillermo se retorcía bajo sus exquisitas y tiernas caricias. Levantó sus caderas buscando el ingreso y Pedro se lo concedió de manera arrolladora y mientras se dejaban ir en un éxtasis intenso, gritaron sus nombres y las lágrimas, antes de temor, ahora caían por su rostro cargadas de emoción.

-Te queda alguna duda de lo que provocás en mi Guille?-La cabeza de Guillermo estaba recostada en su pecho mientras le acariciaba el cabello desordenándolo aún más.
-Perdón Cielito es que me puse de la cabeza pensando en ese amigo con cara de galán de telenovelas.
Pedro largó una carcajada-¿De dónde sacaste eso mi amor?
-Cuca me lo dijo, que tiene dos faroles de ojos y que es muy fachero.
Pedro se tentó más aún- ¡Ay esta Cuca...! ¡Cuando la agarre la mato! ¿No te das cuenta que te lo dijo con toda la intención? Igual te digo, no se si enojarme o agradecerle.-Guille clavó su mirada en él.
-¿A vos te parece? Esa mujer me odia Pedro, yo no sé qué le hice.
-Igual no te mintió...-Observó cómo se desfiguraba su rostro y le lanzaba dardos con su mirada. Y se tentó nuevamente.
-Mi amor, me encanta que me celes.
-Pero cómo no te voy a celar Cielito. Si mirá lo que sos... y además te amo tanto!
-Bueno igual no tenés motivo, me la pasé hablando de vos, tenés que conocerlo mi amor, ya voy a organizar algo.

Esa noche no hubo cena, se dedicaron a amarse de todas las maneras conocidas e inventaron nuevas formas. Las manos recorrieron los paisajes y dejaron huellas insondables en la geografía del otro, sus bocas irrefrenables entablaron un duelo en que ambos terminaban vencidos. Y así, desvalidos, desposeídos, se dejaron dominar por el cansancio.




----------------------Continuará-----------------------------

martes, 24 de noviembre de 2015

"P & G - LA MERCERÍA" - Cap. 41 - (By Guillermina Pedris)

"P & G - LA MERCERÍA"  -  CAPÍTULO 41





Después de abrazarse alegres y nostálgicos en el aeropuerto, cada uno abordaría el remise que los llevaría de regreso a su casa y a la vida cotidiana. Les costaba despedirse, haber pasado tantos días juntos y sobre todo, compartiendo el sueño de la adopción, los había unido de manera sorprendente, a punto tal que Guillermo palmeó la espalda de Robertino dándole las gracias por todo y lo hizo emocionar.
_Che, en serio. Ya se que están todos cansados, ¿pero por qué no nos juntamos esta noche en casa y comemos un asadito temprano? Con Fabi… Nos merecemos una buena celebración y además comer algo que se pueda llamar comida, hace una semana que estamos cagados de hambre. ¡Y ni hablar de descorchar un buen vino…! ¿Qué decís Laura?
_Me pensaba acostar temprano…
_¿A qué? ¿A leer jurisprudencia? Si no dormís… ¡Dale, decí que si! Mirá que todavía no te perdoné que hayas dejado el estudio, seguís en capilla.
_Guillermo, por favor… Ya hablamos de eso.
_Si, hablamos. Pero todavía no te perdoné. ¿Vas a ir?
Como era de esperar, terminó ganando a pulseada. _¡Obvio que voy a ir! Pero eso si, me quedo a dormir en tu casa. Prepárenme un silloncito o lo que sea, porque no me pienso privar de nada. Coincido con vos, Guille. Hace una semana que hago vida de monja laica y si va a haber asadito, quiero vino, música, diversión y por supuesto, un buen fernet con coca, o un espumante helado.
_Me parece perfecto. Contá con todo eso y por mí, quedate a vivir en casa… ¿Y ustedes que dicen?
Joaquín, Tino y el Osi ya habían empezado a relamerse con la sola idea de comer algo que no fueran fibras, tubérculos o vegetales, así que no se hicieron rogar. _Listo, entonces esta noche nos vemos en casa._
Como de costumbre, se había salido con la suya.  Joaquín, Laura, Tino y el Osi le llenaron a Kendy las mejillas de besos y cada carancho, partió a su rancho.

Abrió la puerta de calle con Kendy en los brazos y a los gritos. _¡Fabián! Hijo, ya llegamos… _ Silencio. Atrás venía Pedro cargando una parte del equipaje, el resto esperaba en el remise. _Pedro, ¿vos le avisaste a Fabián que llegábamos más temprano?
Tiró las valijas sobre el piso. Estaba cansado, con muchas ganas de ducharse para sacarse el trajín del viaje y sobre todo sentía un hambre descomunal. _No, me olvidé. _ Pero no dijo nada más, salió por la puerta de calle para acarrear el resto de los bultos y valijas.
Guillermo salió tras él. _¿Cómo que te olvidaste?
Pedro le pagó al conductor del remise y comenzó a llevar el resto de equipaje al interior de la casa. Tiraba de las valijas con los cachetes enrojecidos por el calor y el esfuerzo. _Si, me olvidé.
_Bueno, empezamos mal. Si te olvidás de algo tan básico como una llamada de teléfono, no quiero pensar el día que tengas que hacerte cargo de cosas más importantes, como un carnet de vacunación o de un antibiótico si Kendy se enfermara.
Después de entrar la última valija, Pedro cerró la puerta de calle de un patadón. _ ¿Sabés qué pasa? _Se cruzó de brazos y lo miró a punto de iniciar una batalla. _ Qué mientras vos andas por la vida dejando regueros de baba con tu nueva paternidad, a mi me toca hacer todo el resto. ¡A los santos pedos tuve que armar todo el equipaje mientras vos no dejabas de jugar con Kendy arriba de la cama! ¡Ni las cosas del baño sacaste! Ni un calzoncillo metiste en las valijas, ni los limpios ni los sucios. Todo tuve que hacerlo yo, hasta bajar a buscar en el restaurante el agua para la mamadera de Kendy y ocuparme de lo que iba a necesitar en el viaje. Reservar los coches que nos llevaran al aeropuerto, hacer el check out…  Todo, absolutamente todo, lo hice yo.  Por eso me olvidé de llamar a Fabián. Pero dejá, seguí en tu mundo de fruta encendida que ya lo llamo._ Iba a sacar su celular del bolsillo cuando la puerta de calle se abrió.
_¡Ey! ¡Qué sorpresa! ¿Qué hacen acá tan temprano?
_¡Fabi, hijo! Justo Pedro te estaba por llamar.
Fabián abrazó a Pedro con euforia y alegría. _ ¡Felicitaciones “papá”! _Le palmeó la espalda y se dirigió a su padre que cargaba en los brazos a su nuevo hermanito. _ ¡Mirá lo que es esta cosita…! ¡Es re lindo viejo! _ Abrazó a su padre con cuidado para no asustar a Kendy que lo miraba con desconfianza, lo estudiaba con esos ojos que tal como Guillermo había dicho, podrían hacer caer de envidia al mismo cielo.
_Kendy, este es tu hermano mayor. Papá te habló de él, te contó que se llama Fabián y que estaba esperándote. _Kendy seguía atrincherado contra el pecho de Guillermo.
_Dale tiempo viejo, ya se va a acostumbrar. _ Igual se dio el gusto de acercarse despacito y darle un beso en uno de esos cachetes tentadores como una manzana bañada en caramelo. _Bienvenido Kendy, bienvenido a casa. Si no fueras tan chiquito, podríamos haber salido juntos de caravana alguna vez, pero dadas las circunstancias,  es más probable es que lo hagas con mi hijo que conmigo, aunque eso no nos va a impedir ser hermanos. ¿No campeón?
Guillermo se puso pálido de golpe. _Pedro, agarrá al nene.
Pedro tomó a Kendy en los brazos mientras Fabián acompañaba a Guillermo a sentarse en un sillón. _¿Qué te pasa viejo? ¿Qué sentís? Sentate que ya mismo llamo a la emergencia.
_¡No llamás a nadie! Vení para acá Fabián…
_Pero viejo, estás pálido. Algo te pasa, quiero que te vea un médico, tal vez el estrés del viaje…
_Ni el estrés del viaje ni nada de eso… _ Le costaba hablar.
_Guille, amor. Fabi tiene razón, es mejor que te vea un médico…
_¡Ya les dije que no!
_¡No grites que vas a asustar al nene!
Guillermo bajó la voz. _ Estoy bien… No llamen a nadie. _ Respiró hondo y se acomodó en el sillón. _ Fabián… ¿Cómo es eso que Kendy va a salir con tu hijo?_ Se tomó el pecho con ambas manos. _¿Vos vas a tener un hijo?
Fabián estalló en carcajadas. _ ¡No viejo! Fue tan solo una forma de decir por la diferencia de edad.
_¡Ay! ¡Pero sos pelotudo…! Me hiciste asustar, pensé que…
_¡Pero no viejo! _Le hizo un guiño cómplice._ Esa si que me la enseñaste bien… ¿Te acordás la canción que me cantabas mientras me enseñabas a usar un forro? “No te sabes poner un condón…”
Pedro largó una carcajada. _¡Naaa! ¿Y cómo es? La quiero escuchar…
_Fabián, por favor, que está tu hermanito presente.
_¡Y que se vaya acostumbrando! Con esa carita que tiene, este si que la va a pasar bien! Lo mejor va a ser que se la vayamos cantando como canción de cuna.
Pedro estaba nuevamente rojo, pero esta vez por la risa. _¡Pero mirá vos que didáctico el repertorio musical de Graziani padre! Esa si que no me la esperaba… _Guillermo se sentía incómodo. _Fabi, por favor te lo pido… ¡Cantámela un poquito!
_¡No Fabián!_ Guillermo intentó en vano detenerlo, él ya había empezado a cantar…
_“Lo más triste y más patético que a uno le pueda pasar, es que no sepas como ponerte un condón. Sácale la punta, enróllalo hasta abajo, con mucho cuidado. No le dejes globos, no uses las uñas. Si no sabes ponerte un condón, tu novia que va a hacer. No la puedes complacer si no sabes ponerte un condón.”
Pedro se retorcía de la risa. El histrionismo y los gestos de Fabián cantando esa canción con la que su padre le había enseñado como cuidarse de una vida sexual activa, sumado a la risa de Pedro, hizo que Kendy se relajara. Él también se reía y ya miraba a Fabián con menos desconfianza.
Aprovechando el momento, Fabi le tiró los brazos. _ Vení un ratito conmigo, Grazianito desconfiado, sacá tu parte Beggio y asomate a los placeres de la vida.
_Fabián… Estás sumando puntos para la piña que nunca te puse…
Con algo de timidez, Kendy terminó aceptando la invitación y por fin estuvo en los brazos de su hermano. Quizá por su juventud, tal vez por esa belleza tan particular de Fabián o tan solo porque debido a la forma en la que sintió su amor, supo que iba a ser para toda la vida, superó la timidez inicial y de pronto se abrazó a él. _ Tío.
_Conoce muy pocas palabras en nuestro idioma Fabi, pero tío para él, es una palabra que implica un vínculo. _Le explicó Pedro.
_No me importa cómo me llame, ya va a aprender. Lo único que me importa es esto Pedro, este abrazo, que empiece a confiar en mí. _ Pero por su expresión era evidente que Kendy ya moría de amor por su hermano. _ Che, ¿viste que tenemos rulitos parecidos? _ Fiel a su estilo y al ir tomando confianza, Kendy comenzó a investigar con sus deditos a Fabián. _ Ah… Ya vamos familiarizando. Así me gusta.
No sabían si se debió a la forma en la que le hablaba,  a sus gestos  o por lo que fuera, pero el amor de Kendy por Fabián fue amor a primera vista. Era evidente que le gustaba estar con él. _ Se los ve cansados. ¿No quieren ir a darse una ducha y descansar un rato? Yo me quedo con mi hermanito.
_Yo necesito unos mates primero…
_Y yo comer algo, estoy muerto de hambre. Debe ser porque estoy con recarga laboral desde que el otro gremio sigue con la huelga de brazos caídos… _Guillermo que ya estaba preparando el mate, giró para mirarlo. Tuvo muchas ganas de tirarle con el paquete de yerba, pero como eso asustaría al bebé, decidió pasarlo por alto. Ya tendría tiempo para poner al día sus cuentas con Pedro.
Fabián que seguía jugando con su nuevo hermanito, solo escuchó la primera frase. _Hay pizza fría en la heladera._ Pedro se tiró de cabeza a la heladera.
_No perdés ese hábito de comer chatarra hijo…
_¡Amo la comida chatarra!
_En eso no saliste a mí. ¡Y ni se te ocurra influenciar a Kendy para que coma esas porquerías! ¿Cuándo pasó esto Fabián? Yo no te daba de comer esas cosas... ¡Pedro, no comas pizza fría! ¡Te va a caer mal. _ Pero faltaba poco para que Pedro se comiera hasta la caja de cartón.
_Ahí pasó, vos no me dejabas comer chatarra y cuando la descubrí me enamoré, como me parece le está pasando a esta cosita que tengo en los brazos, hasta hace unos minutos me miraba como si fuera un bicho y ahora lo tengo prendido como una estampilla. ¡Pero qué lindo sos! _ Y lo llenaba de besos que él respondía como había aprendido.
Tomaron unos mates que a Guillermo le supieron a gloria, el color volvió a sus mejillas y terminó, muy a su pesar, picoteando algo de pizza recalentada. Él también estaba muerto de hambre. Fabián los observaba a los dos mientras le daba la mamadera a Kendy.  _ ¿Por qué no van a descansar un rato? Yo me quedo con él.
Después de mostrarle a Fabián como cambiarle los pañales, Guillermo fue muy preciso en la advertencia. _ Si te quedás con él, lo llevás a tu habitación o a cualquier lugar de la casa. Pero todavía no le muestres la suya. Esa es una sorpresa que no me quiero perder y estoy seguro que Pedro tampoco. Robertino y él trabajaron mucho en ese cuarto, queremos estar ahí cuando lo vea por primera vez.
 _ No hay problema. Si se duerme lo llevo a mi pieza. Tengo un regalito escondido ahí, algo en lo que ustedes no pensaron y a él le va  a encantar…
_¿Que regalito?
_ Ya lo vas a ver…  No pienso adelantarte nada. _ Recapituló. _ ¿Qué onda esta noche? ¿Cenan acá?
_¡Ay Fabi! Me olvidé de decirte. Esta noche vienen Laura, Joaquín, el Osi y Robertino a cenar. Les prometimos un asadito…
_Buenísimo, pero ya que estamos podríamos llamar a la gente del estudio. Están que se mueren por conoce a Kendy.
_Por mi llamalos a todos, pero el asado lo hacés vos. Nosotros vamos a descansar un rato, cualquier problema con el bebé nos llamás.
_Olvidate. _ Lo hacía bailar sobre sus piernas. _ No vamos a tener ningún problema.
_¡No lo sacudas! Acaba de tomar la mamadera, te va a vomitar.
_Me vomita y lo tiro al patio. _ No fue lo que dijo, sino como lo hizo. Kendy largó una carcajada.
_Dejalos Guille, ellos ya se entendieron.

Hacía una semana que no estaban a solas. Pedro abrió la ducha e hizo el intento de quitarse la ropa cuando unas manos grandes y fuertes lo detuvieron.
_No, no te desvistas, dejame  hacerlo a mí. Te extrañé mucho…
Lo miraba provocativo y con los ojos encendidos. _Yo no, pero no porque no te siga adorando, sino porque como me tenés de maletero, de mucamo y de mayordomo no tuve tiempo…
_Pedro, dejá de exagerar. Fue solo ayer que te dejé solo con todo. Es que no podía despegarme de él…  Kendy y vos son lo mejor que me ha pasado desde que nació Fabián. ¿Sabés lo que es estar viviendo esta alegría después de veinte años de soledad?
Pedro sabía que estaba exagerando y lo hacía con toda la intención de captar esa exclusividad que lo transportaba a otra dimensión. _No… La verdad no tengo idea. Pero si querés me podés contar…
_Me volvés loco Pedro… _ El sonido de la ducha los iba alejando lentamente del mundo. _Vení, dejame devolverte las atenciones de haberte hecho  cargo de todo. Hace una semana que no te tengo para mi y las luces de emergencia cada vez se encienden con mas fuerzas… No doy más. Ayer me quedé con todas las ganas de naufragar en cada parte de tu cuerpo… _Comenzaba a desprender los botones de su camisa para dejar al descubierto su torso y la parte superior de su tatuaje que asomaba provocativa por encima de su pantalón.
Pedro actuó en efecto espejo, lo despojó de su camisa con movimientos lentos y la tiró al piso. _Ahora estamos mano a mano.
No había nada más sensual que ver al otro enfundado en sus jeans con el torso descubierto en medio de ese vapor que se iba generando adentro del baño y que empañaba las imágenes, esas formas vagas y difusas que se volvían sugestivas e intrigantes. Guillermo lo tomó por la cintura y casi lo tapialó contra los cerámicos. La combinación del calor de su cuerpo con el frío de los azulejos lo hizo exclamar y un temblor lo recorrió entero.
_Pero mirá como estás…
_Rajá a “papá” de acá por un rato muy largo y devolveme a mi marido. _Lo tenía frente a frente y comenzó a masticarle la boca con la suya mientras bajaba la cremallera de su pantalón. Pedro tenía la mente en blanco, no podía pensar en nada que no fuera él, ese hombre de manos fuertes que lo transportaba como una alfombra mágica de un estado al otro sin pedir permiso y sin objeción. Con parte de la ropa puesta y bien agarrados el uno del otro, se besaron con la desesperación que les había provocado tantos días de abstinencia. En un rapto de inconsciencia y sin saber cómo pasó, terminaron debajo de la ducha a medio desvestir. Se miraron a los ojos, se rieron de lo que estaban haciendo y se dejaron llevar.

_Me parece que hay mucho silencio allá abajo. ¿Estará todo bien?
Por primera vez desde que habían viajado a África lo tenía de nuevo en su cama, completamente desnudo y todo para él. _ Olvidate de eso Pedro, Fabi ya es casi un hombre. Si algo no estuviera bien ya nos habríamos enterado. Relajate y volvé a nosotros. Cuanto extrañaba esto… _ Dibujaba un camino de besos en su piel. Se detenía en ese tatuaje que tanto le gustaba dejando sobre él roces humedecidos  que provocaban en Pedro una borrasca de agitaciones.  _En un par de horas esta casa se va volver a llenar de gente y lo más probable es que Kendy esta noche vuelva a dormir entre nosotros, regálame un ratito mas de vos… _ Vio que se sonreía. _ ¿Se puede saber de qué te reís? _ No dejaba de besarlo.
_Pensaba en Charly…
Se incorporó para mirarlo a los ojos. _¡Vos te estás volviendo muy Almodovar, Pedro! _Escuchó su risa, esa risa contagiosa que le encendía los motores como si fueran quince caballos de fuerza. _ En este momento, ni Charly ni nadie más que no sea yo. Siento sed de vos… Ya le voy a dar otra oportunidad de participar de algún evento, pero hoy y ahora, se va a quedar bien guardadito donde está. Ahora sos todo mío… _ Empezaba a recorrer nuevamente esa geografía que lo desbordaba de placer, sintió como su cuerpo se retorcía bajo sus caricias, cuando su celular comenzó a vibrar.
_¡No te puedo creer! ¡La re puta madre! _ Se fijó quien lo llamaba antes de atender. Era Fabián.
_Si hijo, que pasa.
_Pá, no quería molestarte, pero acá hay olorcito a momia egipcia y solo no me animo. ¿Podés bajar para recordarme como se cambian los pañales?
Revoleó los ojos y asumiendo que eso iba a pasar más de una vez le respondió. _Si, ya bajo hijo. Ya bajo.

CONTINUARÁ