
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 4
Llegué a mi cuarto justo a tiempo para meterme en mi cama, aun vestido, un minuto antes que Marcial entrara acompañado por la señora Bethany. Al ver la figura de la directora recortada contra la débil luz del pasillo, me tapé hasta la frente.
_Conocés las normas, Marcial_. Dijo en voz baja, aunque indudablemente seria. Decir que intimidaba sería quedarse corto, y eso que no era a mí a quien estaba reprendiendo. _Tenés que comprender que las normas están para obedecerlas, no pueden andar corriendo por el campo en plena noche. ¿Qué diría la gente? Además, sabés muy bien que algunos alumnos menos expertos en el autocontrol podrían desmadrarse y provocar una tragedia_. Marcial solo debió asentir, escuché su consentimiento escondido en mi cama. _Nunca más. ¿Está claro?
_Si, por supuesto.
_Me alegro que lo entiendas_. Le dijo en un tono que me pareció amenazante. La puerta se cerró de un golpe y advirtiendo que la señora Bethany ya se había marchado, me enderecé.
_¿Todo mal? _ Le pregunté en un susurro.
_No, solo un poco. _ gruñó Marcial mientras empezaba a desnudarse. Llevábamos una semana cambiándonos en la misma habitación, pero a mí seguía dándome vergüenza. A él no. De hecho, ni siquiera dejó de mirarme mientras se quitaba la ropa. _¡Pedro, estás vestido! _ Y se tentó de risa.
_Ah… si. Es que llegué solo unos minutos antes que ustedes
Se sentó en la cama y no paraba de sonreír. _ ¡Genio! ¿Y dónde estabas? Pensé que te habías ido de la fiesta
_Lo hice, pero no pude entrar hasta que salieron de patrulla. Por eso llegué solo unos minutos antes que ustedes.
Marcial me aplaudió silenciosamente. _ Muy astuto. Te fue mejor que a nosotros. Nos prendieron con tabaco y cerveza. Por esta noche zafamos, pero ya nos van a llamar para sermonearnos_. Se encogió de hombros y comenzó a ponerse el pijama. Yo hice lo mismo pero de espaldas. Creí que la conversación había terminado, pero Marcial ya en su cama arremetió.
_¿Y dónde estuviste desde que te fuiste de la fiesta hasta que pudiste volver al dormitorio?
_Escondido entre las sombras, esperando la oportunidad para regresar sin ser visto.
_Ya lo dije… Sos un genio Pedro. ¡Como zafaste!
Acababa de mentirle a mi compañero de habitación por primera vez.
Me sentí tentado de explicarle donde había estado. La mayoría de los chicos y chicas de Medianoche se morirían por contarle a todo el mundo que acababan de ligar con un tipo guapísimo como Guillermo, pero prefería que todo siguiera en secreto, me gustaba. El hecho de conservarlo solo para mí, lo hacía más especial. “Yo le gusto y él me gusta. Tal vez pronto estemos juntos”.
Mientras volvía a meterme debajo de las sábanas, recapacité y supuse que estaba soñando demasiado alto. Los pensamientos se atropellaron en mi cabeza y no me dejaban dormir. Terminé sonriéndole a mi almohada. “Es mío.” Y me quedé profundamente dormido soñando con sus brazos.
_ Oí que anoche hubo una fiesta, _ dijo mi padre, dejando delante de mí una hamburguesa y papas fritas _ y una redada.
_Ajá!_ contesté con la boca llena. Acabé de tragar y continué _ es decir, eso me han dicho_. Mis padres intercambiaron una mirada y tuve la impresión que hasta les causaba gracia. ¡Qué alivio! Era la primera de las cenas dominicales que tenía permitidas y no deseaba arruinarla con los acontecimientos de la noche anterior. Todo el tiempo que pudiera pasar con mi familia en los alojamientos del profesorado, era un tiempo bienvenido.
Aunque intentaran actuar de la manera más informal posible, era fácil adivinar que mis padres me habían echado de menos tanto como yo a ellos.
_No se desmadraron demasiado ¿verdad? _ preguntó mi madre quien por lo visto había decidido pasar por alto el hecho que yo hubiera negado mi asistencia a dicha fiesta. _Solo hubo cerveza y algunos cigarrillos, por lo que me han dicho.
_Da igual_ dijo mi padre sacudiendo la cabeza. _Las normas están para cumplirlas Celia. Una cosa es el terreno de la escuela, ¿pero qué si la semana que viene se les da por ir más allá? Pedro no me preocupa, pero algunos de los otros…
_ Estoy a favor de las normas Adrián, pero es normal y lógico que los alumnos se rebelen contra ellas de vez en cuando. ¿Todo bien con las asignaturas?
_Si, casi con todas, salvo la de la señora Bethany. No la soporto.
Mi padre dejó los lentes sobre la mesa con severidad. _ Tratá de esforzarte para que ella no se dé cuenta, Pedro. Es necesario que tomes muy en cuenta lo que acabo de decirte.
Comprendí la intensidad en el tono de su voz. _ Lo voy a intentar papá.
El lunes entré a la clase de la señora Bethany decidido a hacer el esfuerzo. Recién empezábamos a hablar de mitología y el folclore en la literatura, dos temas que siempre me habían gustado. Si había un área en la que podía demostrar mis aptitudes era esa.
_Supongo que la mayoría de ustedes ha leído nuestro primer libro de estudio. Drácula, de Bram Stoker.
_¿Vampiros?_ oí preguntar a Gaby.
_¿Tiene algún problema con el libro señorita Soria? _ La señora Bethany ya había clavado sobre ella su mirada de ave rapaz y el aire se cargó de incomodidad.
_No señora.
_Pues pareciera lo contrario. _Ya se había cruzado de brazos y eso era una muy mala señal.
Lo más sensato hubiese sido callar, pero no pude resistirme. Algo desconocido en mi se estaba abriendo paso desde que había entrado a Medianoche. Levanté la mano.
_¿Si, señor Beggio?
_Con todo respeto, hay muchos libros mejores. Drácula tiene un lenguaje florido, pero está algo… ¿desfasado, tal vez?
El repiquetear de los tacones de la señora Bethany sobre el suelo resonó con una fuerza extraordinaria al dirigirse hacia mí, olvidando a Gaby. “¿Quien me mandó a levantar la mano?” _Tal vez le gustaría hacerse cargo de la cátedra y preguntarle a sus compañeros de clase si están de acuerdo con leerlo. _Las risitas ahogadas que recorrieron el aula me hicieron encogerme de vergüenza.
_Estamos estudiando folclore _intervino Camila _ y los vampiros son un elemento común dentro del folclore._ Era obvio que estaba presumiendo para que Balthazar se fijara en ella. Pero ni sus palabras, ni su falda cada día más corta, ni sus provocaciones incesantes lograban su cometido.
La señora Bethany se limitó a asentir en dirección a Camila. _ En la cultura moderna occidental, no hay ningún vampiro más famoso que Drácula, ¿acaso hay un libro más apropiado por dónde empezar, señor Beggio?
_Si me permite, y sin ánimo de provocar un debate, los fantasmas son incluso más universales dentro del folclore que los vampiros, “Otra vuelta de tuerca” es un excelente libro y Henry James es mejor escritor que Bram Stoker.
Balthazar me miraba con los ojos encendidos y era evidente que se estaba mordiendo un labio para no echarse e reír.
La voz afilada de la señora Bethany podría haber cortado los cristales cuando me dijo en un tono que me resultó preocupante: _Señor Beggio, cuando usted sea quien programe las clases, podrá empezar con los fantasmas _Tuve que reprimir un estremecimiento al verla inclinarse sobre mí, mas temerosa que una de esas gárgolas que tanto detestaba. _ Esta clase, mi clase, comenzará con vampiros_. Después de eso decidí quedarme bien calladito.
Al terminar la clase iba abriéndome paso entre los pasillos. Gaby había desaparecido cuando más necesitaba su presencia. Todo el mundo parecía tener un amigo con quién pasar un rato, menos yo.
_Otro lector de Henry James _ oí que alguien me decía. Me volví y vi a Balthazar apurando el paso para alcanzarme. No estaba seguro si realmente quería estar conmigo o se estaba escapando de Camila, pero fuera por lo que fuera, me alegré de ver una cara amiga. Se iba abriendo paso entre la gente sin apartar la vista de mí. El único que hasta el momento me había mirado con tanta intensidad, había sido Guillermo.
Le sonreí cuando estuvo a mi lado. _ Bueno, no he leído más que un par de libros suyos.
_Si no leíste “Retrato de una dama”, te lo recomiendo. Trata de la historia de una mujer que lucha por definirse a sí misma en vez de permitir que otra gente lo haga por ella.
_Lo voy a leer, gracias por la recomendación. _ Balthazar sonrió de oreja a oreja, luciendo ese hoyuelo en la barbilla, hasta que ambos oímos la risa de Camila bastante cerca. Él puso una cara de pánico fingido que me hizo reír. _Hora de salir corriendo. ¡Rápido! _ y se escabulló por un pasillo.
Aunque el apoyo de Balthazar me había levantado un poco el ánimo, seguía sintiéndome fatal después del enfrentamiento con la señora Bethany, así que decidí dar una vuelta por los jardines.
Por desgracia no había sido el único al que se le había ocurrido la misma idea, había varios grupos de alumnos paseándose y charlando entre ellos, y solo un alumno a quien me daba un inmenso placer ver. _ ¡Beto! _ Lo llamé.
Beto me sonrió _ ¡Eh! ¡Pedro! _ Se acercó a mí al trote y cualquiera hubiese dicho que éramos viejos amigos por la familiaridad en el trato.
_Hola… ¿Lo viste a Guillermo?
_ Solo me dijo que lo cubriera con cualquier excusa cuando se las piró de la sala de estudio. Ese tío es un caso.
_¿Sabés dónde puede estar?
_Pedro… me pidió que lo cubriera.
_¡Pero no voy a decírselo a nadie!_ imploré. _ Necesito verlo.
_Está bien, vos sos un tipo de ley._ ¿Cómo sabía Beto que yo era un tipo de ley si casi no habíamos hablado? Entonces me pregunté si Guillermo le habría hablado de mí y la idea me hizo sonreír. _ Ni una palabra a nadie, pero yo miraría por la cochera.
La cochera estaba al norte, cerca del lago, el lugar donde antaño se guardaban los caballos y los carruajes. Con el tiempo, una parte de ese lugar se había transformado en la residencia de la señora Bethany y el resto, no tenía la menor idea que función cumplía dentro de la escuela. ¿Qué estaría haciendo Guillermo ahí?
_Creo que voy a dar un paseo por allá _dije. _Solo voy a caminar un rato, nada en particular.
Beto asintió con la cabeza. _Perfecto, Pedro.
Nadie se fijó en mí cuando me alejé de los demás, eso era lo bueno de ser invisible, podías conducirte dentro de Medianoche como si realmente lo fueras.
En aquella parte no había bosque en el cual poder cobijarme, solo el extenso césped de los prados, lleno de tréboles y algunos árboles a intervalos regulares. Vi entre la maleza el cuerpo de una ardilla muerta, apenas una evidencia marchita de lo que había sido. El viento movía su cola tristemente. Arrugué la nariz e intenté ignorarla para concentrarme en lo que andaba buscando. Aminoré el paso y preste atención a lo que me rodeaba con la esperanza de oír a Guillermo. La cochera era un edificio alargado y blanco, de una sola planta. Supuse que un segundo piso no hubiese tenido sentido si los inquilinos iban a ser caballos. Estaba rodeado de árboles muy altos que envolvían todo en sombras tan densas que casi parecía de noche. Me acerqué despacio, y vi a Guillermo saliendo por una de las puertas. En ese momento se volvió y me vio. Nos quedamos mirándonos fijamente y tuve la sensación de haber sido sorprendido haciendo algo que no debía hacer.
Guillermo sonrió. _¡Pedro! ¿Qué estás haciendo acá? ¿Por qué no estás comiendo? _Su caminar despreocupado me dejó en claro que para él no había sucedido nada fuera de lo normal.
_No tengo hambre.
_No es propio de vos pasar eso por alto…
_¿La comida?
_No hombre… Me refería a que todavía no me preguntaste que estaba haciendo acá, en la oficina de la señora Bethany.
Solté un suspiro de alivio y ambos comenzamos a reír. _Si estás tan abierto a contarlo, no puede ser tan malo.
_Estaba revisando las autorizaciones enviadas por los padres para saber quiénes pueden ir a Riverton el sábado, _hizo una pausa _ y a pedido de la señora Bethany.
_Si claro, no se a que viene esa aclaración.
_A que empiezo a cansarme de ser el malo de la película. Vayamos a caminar._ Me tomó de un brazo y me llevó casi en el aire junto a él.
Paseábamos entre las sombras y fuimos avanzando con cuidado por uno de los lados de Medianoche, hasta que acabamos mezclándonos con los demás estudiantes sin ser observados. _ Se me ha ocurrido que Riverton podría ser un buen lugar donde pasar un tiempo juntos. Lejos de Medianoche. ¿Qué te parece?
La sorpresa me dejó desconcertado. Fue una sensación un poco aterradora y a la vez, maravillosa. _ Sí, claro que me gusta la idea.
_A mi también. _Después de eso, los dos seguimos callados. Busqué entre mis recuerdo algo divertido que se pudiera hacerse en Riverton, una ciudad bastante grande pero algo aburrida. Al menos había un cine donde a veces proyectaban películas clásicas.
_¿Te gustan las películas antiguas?
A Guillermo se le iluminó la mirada. _Me encantan todas las películas. Las de antes, las de ahora, todas. _Le sonreí aliviado. Tal vez era cierto que todo iba a salir bien.
_¿Entonces tenemos una especie de cita?
_Tenemos una cita, Pedro.
Esa semana la estación cambió de la noche a la mañana. El frío me despertó con las primeras luces del alba y lo noté en los huesos. Me arrebujé entre las mantas, pero no sirvió de nada. El otoño ya había adornado los cristales con escarcha y me estaba muriendo de frío. La luz seguía siendo tenue pero supe que hacía rato que había amanecido. Refunfuñando, me enderecé y me resigné a que tenía que levantarme. Podría haber buscado un acolchado y arañar unas horas más de sueño, pero tenía que terminar de darle un último repaso al trabajo sobre Drácula o enfrentarme nuevamente a la ira de la señora Bethany. Así que dejé la cama, me vestí en silencio y pasé junto a Marcial que dormía profundamente, como si el frío no pudiera penetrar la fina sábana que lo cubría.
Los baños de Medianoche habían sido construidos hacía tanto tiempo que carecían de cualquier comodidad contemporánea. Los cubículos eran insuficientes y los lavabos diminutos. Por suerte, ya había aprendido a cargar un poco de agua fría en la palma de la mano antes de abrir el grifo del agua caliente que salía como para hervir los dedos. Me lavé la cara y cuando cerré los grifos, oí algo. Un sollozo débil. Me sequé la cara con mi toalla y me acerqué al lugar del que procedía el gemido.
_Hola… ¿Hay alguien ahí? _ Los lamentos cesaron inmediatamente. Estaba empezando a pensar que me había metido donde nadie me llamaba cuando la cara de Gaby se asomó por uno de los cubículos. _ ¿Pedro?
_¿Gaby? _ susurré. _ ¿Qué estás haciendo acá? Es el baño para chicos. _Tenía puesto el pijama y la pulsera de cuero entretejido de la que no se separaba nunca.
_¡Claro que lo sé! Pero el de las chicas está usurpado por Camila y todo su séquito, están fumando y charlando escondidas ahí.
_Gaby… ¡Esto es una locura! Tuviste que bajar todos los escalones, correr por el vestíbulo para cambiar de torre sin ser vista y luego subir hasta acá.
_Necesitaba esconderme y no tenía donde hacerlo. Supuse que acá no me iba a buscar. _ Tenía los ojos enrojecidos.
_ ¿Quién te estaba buscando?
_Tengo que decirte algo. _ La mano de Gaby se cerró sobre mi muñeca y la apretó con una fuerza que nunca hubiese imaginado. Estaba muy pálida y tenía la nariz enrojecida de tanto llorar.
_Gaby, me estás asustando.
_Tengo pesadillas. Sueño con vampiros, capas negras, colmillos y todo eso.
_Las pesadillas son algo común, Gabriela _intentaría distraerla hablándole de la mía, tal vez me ayudaría de algo compartirla, aunque me sintiera algo tonto comentándola en voz alta. _ La noche anterior a que empezaran las clases tuve una pesadilla con una rosa que se marchitaba en una tormenta y luego se adhería a una planta nodriza, a una planta que no era la suya pero le devolvía la vida. Me impresionó tanto que no pude quitármela de la cabeza en todo el día.
_Yo tampoco logro quitarlos de mi cabeza. Esas manos muertas, apresándome…
_Tal vez estés sugestionada por el trabajo que estamos haciendo sobre Drácula. Para la semana que viene ya habremos terminado con Bram Stoker y seguramente dejarás de soñar con esas cosas.
_ Si, puede ser, pero hay algo más… tal vez vas a pensar que estoy loca, pero no me siento segura. Es como si siempre hubiera alguien, una presencia que se cierne sobre mí. Algo espantoso. _ Gaby se inclinó hacia mí y me dijo en voz muy baja. _ ¿Nunca tuviste la sensación de que en esta escuela hay algo… malo?
_Camila, por ejemplo._ Contesté intentando bromear.
_No me refiero a ese tipo de maldad, sino a la de verdad_ le temblaba la voz._Pedro, ¿crees en el Mal? _ Nadie me había hecho jamás esa pregunta, pero sabía la respuesta.
_Si. _ Gaby tragó saliva y nos quedamos mirándonos un momento sin saber que decir.
_Siempre tengo la sensación de que me observan _comentó. _ A todas horas, incluso cuando estoy sola. Sé que parece una locura, pero es verdad. A veces tengo la sensación que las pesadillas continúan aunque esté despierta. Oigo cosas ya entrada la noche, arañazos y golpes en el tejado, y cuando miro por la ventana, te juro que veo una sombra adentrándose en el bosque. Y las ardillas… ¿Viste las ardillas, no? ¡Hay ardillas muertas por todas partes!
_He visto un par, pero tal vez sea por el frío.
_Pedro, el frío no desangra.
_Pueden haber sido otros animales, Gaby, no te persigas. Es esta escuela… Las gárgolas, el edificio de piedra, el frío... Medianoche te chupa la vida.
Gaby se rió débilmente. _ ¿Lo ves? Chupar la vida, como los vampiros…
_Lo que vos necesitás es descansar_ dije con firmeza recordándome a mi padre. _Vamos, voy a acompañarte hasta tu cuarto.
_No, si nos sorprenden vas a estar en problemas.
_Si nos sorprenden vamos a decir que estabas caminando dormida.
_¿Sonámbula?
_Sí, eso. Y que te encontré en el baño de los chicos. Ahora vamos.
_Cuando vayamos a Riverton voy a comprar pastillas para dormir.
_Tal vez no sea mala idea, pero empecemos a caminar porque ya amaneció y si nos sorprenden y no nos creen, nos vamos a perder Riverton los dos… Y si eso pasara _ dije recordando mi primera cita con Guillermo _ lo que voy a hacerte no tiene comparación con lo que puedan hacerte los vampiros en tus más horribles sueños.
Me sonrió con los ojos llorosos. _Gracias por escucharme, Pedro _ dijo empezando a caminar a mi lado. _ Voy a comprar pastillas para dormir, así podré dormir a pesar de todo.
_¿A pesar de qué Gaby?
_De los ruidos en el tejado. _Estaba muy seria. _ Cada noche hay alguien ahí arriba, lo oigo, y no forma parte de ninguna pesadilla, Pedro. Él es real. _ La forma en que lo dijo me dejó temblando, estaba seguro que no mentía ni alucinaba.
Bajamos los escalones muertos de miedo pero cruzamos el corredor con calma y serenidad, en caso de ser sorprendidos, el hecho de no andar escabulléndose ayudaría a dar credibilidad a la historia. Subí con ella la escalera de su torre y recién cuando la vi entrar a su cuarto, bajé a toda prisa. Casi no iba a tener tiempo de repasar mi trabajo para la señora Bethany, pero eso se volvió prácticamente irrelevante cuando, al girar para comenzar a subir la torre que correspondía a mi dormitorio, me encontré cara a cara con Guillermo. Me miró amargamente sorprendido. _ ¿Qué estás haciendo acá a esta hora?
_Guillermo… no hice nada malo. Puedo explicártelo todo.
_Mas te vale, y sobre todo, que sea creíble Pedro_ dijo con esa voz ronca que siempre tenía el efecto de un imán, pero que en ese instante me daba un poco de miedo. Mientras me arrastraba escaleras arriba le conté toda la verdad.
_Habíamos pensado en decir que yo me había levantado más temprano para estudiar, algo absolutamente cierto, pero que al dirigirme a los baños, cosa que también es cierta, había encontrado a Gaby caminando sonámbula por los pasillos y la había guiado hasta la puerta de su habitación, pero a vos no voy a mentirte Guillermo, estaba asustadísima y llorando, escondida en unos de los cubículos. Jura que todas las noches hay alguien sobre su tejado y que cuando mira por la ventana, solo ve una sombra esconderse en el bosque. Estaba aterrada. Por eso decidí escucharla antes de acompañarla hasta su cuarto.
Nos detuvimos a unos metros de la puerta de mi habitación, estaba pálido y su semblante se veía claramente preocupado. _ ¿Que más te dijo Pedro? Contame hasta el último detalle, hasta lo que pueda parecerte insignificante.
Le detallé todo, palabra por palabra y hasta intentando utilizar el mismo lenguaje que ella había utilizado. Sus gestos hacia mi habían cambiado, sabía que no le estaba mintiendo, pero algo lo había preocupado mucho más que encontrarme rompiendo las normas estrictas de Medianoche.
_ Está bien, Pedro. Hiciste lo correcto, ahora andá a desayunar y ponete a estudiar. Me voy a ocupar personalmente de este tema, pero es imprescindible que no lo comentes con nadie y que Gaby tampoco lo haga. Si queremos atraparlo, necesitamos sorprenderlo. _De pronto volvió a clavar sus ojos en mí. _ Y en lo posible, no vuelvas a meterte en problemas. Si rompés una sola de las reglas te quedás sin Riverton y no voy a perdonarte si por tu culpa me pierdo de ver una buena película.
_Segunda promesa, voy a comportarme como la paloma de la paz.
Me sonrió hasta dejarme sin aire. _ Buen chico, nos vemos por ahí mas tarde.
Sé que me sonrojé, pero eso pareció agradarle por la forma en que me observó. _ Muy buen chico… _ Olía a amanecer. Acarició el contorno de mi barbilla con las terminales de sus dedos y cuando creí que todo su cuerpo comenzaba a cerrarse sobre el mío, dio media vuelta y se marchó.
CONTINUARÁ
