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lunes, 31 de octubre de 2016

"MEDIANOCHE" - Cap. 4 - (By Guillermina Pedris)









MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 4
Llegué a mi cuarto justo a tiempo para meterme en mi cama, aun vestido, un minuto antes que Marcial entrara acompañado por la señora Bethany. Al ver la figura de la directora recortada contra la débil luz del pasillo, me tapé hasta la frente. 
_Conocés las normas, Marcial_. Dijo en voz baja, aunque indudablemente seria. Decir que intimidaba sería quedarse corto, y eso que no era a mí a quien estaba reprendiendo. _Tenés que comprender que las normas están para obedecerlas, no pueden andar corriendo por el campo en plena noche. ¿Qué diría la gente? Además, sabés muy bien que algunos alumnos menos expertos en el autocontrol podrían desmadrarse y provocar una tragedia_. Marcial solo debió asentir, escuché su consentimiento escondido en mi cama. _Nunca más. ¿Está claro?
_Si, por supuesto.
_Me alegro que lo entiendas­_. Le dijo en un tono que me pareció amenazante. La puerta se cerró de un golpe y advirtiendo que la señora Bethany ya se había marchado, me enderecé.
_¿Todo mal? _ Le pregunté en un susurro.
_No, solo un poco. _ gruñó Marcial mientras empezaba a desnudarse. Llevábamos una semana cambiándonos en la misma habitación, pero a mí seguía dándome vergüenza. A él no. De hecho, ni siquiera dejó de mirarme mientras se quitaba la ropa. _¡Pedro, estás vestido! _ Y se tentó de risa.
_Ah… si. Es que llegué solo unos minutos antes que ustedes
Se sentó en la cama y no paraba de sonreír. _ ¡Genio! ¿Y dónde estabas? Pensé que te habías ido de la fiesta
_Lo hice, pero no pude entrar hasta que salieron de patrulla. Por eso llegué solo unos minutos antes que ustedes.
Marcial me aplaudió silenciosamente. _ Muy astuto. Te fue mejor que a nosotros. Nos prendieron con tabaco y cerveza. Por esta noche zafamos, pero ya nos van a llamar para sermonearnos­­_. Se encogió de hombros y comenzó a ponerse el pijama. Yo hice lo mismo pero de espaldas. Creí que la conversación había terminado, pero Marcial ya en su cama arremetió.
_¿Y dónde estuviste desde que te fuiste de la fiesta hasta que pudiste volver al dormitorio?
_Escondido entre las sombras, esperando la oportunidad para regresar sin ser visto.
_Ya lo dije… Sos un genio Pedro. ¡Como zafaste!
Acababa de mentirle a mi compañero de habitación por primera vez.

Me sentí tentado de explicarle donde había estado. La mayoría de los chicos y chicas de Medianoche se morirían por contarle a todo el mundo que acababan de ligar con un tipo guapísimo como Guillermo, pero prefería que todo siguiera en secreto, me gustaba. El hecho de conservarlo solo para mí, lo hacía más especial. “Yo le gusto y él me gusta. Tal vez pronto estemos juntos”.
Mientras volvía a meterme debajo de las sábanas, recapacité y supuse que estaba soñando demasiado alto. Los pensamientos se atropellaron en mi cabeza y no me dejaban dormir.  Terminé sonriéndole a mi almohada. “Es mío.” Y me quedé profundamente dormido soñando con sus brazos.

_ Oí que anoche hubo una fiesta, _ dijo mi padre, dejando delante de mí una hamburguesa y papas fritas _ y una redada.
_Ajá!_ contesté con la boca llena. Acabé de tragar y continué _ es decir, eso me han dicho_. Mis padres intercambiaron una mirada y tuve la impresión que hasta les causaba gracia. ¡Qué alivio! Era la primera de las cenas dominicales que tenía permitidas y no deseaba arruinarla con los acontecimientos de la noche anterior.   Todo el tiempo que pudiera pasar con mi familia en los alojamientos del profesorado, era un tiempo bienvenido.
Aunque intentaran actuar de la manera más informal posible, era fácil adivinar que mis padres me habían echado de menos tanto como yo a ellos.
_No se desmadraron demasiado ¿verdad? _ preguntó mi madre quien por lo visto había decidido pasar por alto el hecho que yo hubiera negado mi asistencia a dicha fiesta. _Solo hubo cerveza y algunos cigarrillos, por lo que me han dicho. 
_Da igual_ dijo mi padre sacudiendo la cabeza. _Las normas están para cumplirlas Celia.  Una cosa es el terreno de la escuela, ¿pero qué si la semana que viene se les da por ir más allá? Pedro no me preocupa, pero algunos de los otros… 
_ Estoy a favor de las normas Adrián, pero es normal y lógico que los alumnos se rebelen contra ellas de vez en cuando. ¿Todo bien con las asignaturas?
_Si, casi con todas, salvo la de la señora Bethany. No la soporto.
Mi padre dejó los lentes sobre la mesa con severidad. _ Tratá de esforzarte para que ella no se dé cuenta, Pedro. Es necesario que tomes muy en cuenta lo que acabo de decirte.
Comprendí la intensidad en el tono de su voz. _ Lo voy a intentar papá.

El lunes entré a la clase de la señora Bethany decidido a hacer el esfuerzo. Recién empezábamos a hablar de mitología y el folclore en la literatura, dos temas que siempre me habían gustado. Si había un área en la que podía demostrar mis aptitudes era esa.
_Supongo que la mayoría de ustedes ha leído nuestro primer libro de estudio. Drácula, de Bram Stoker.
_¿Vampiros?_ oí preguntar a Gaby.
_¿Tiene algún problema con el libro señorita Soria? _ La señora Bethany ya había clavado sobre ella su mirada de ave rapaz y el aire se cargó de incomodidad.
_No señora.
_Pues pareciera lo contrario. _Ya se había cruzado de brazos y eso era una muy mala señal.
Lo más sensato hubiese sido callar, pero no pude resistirme. Algo desconocido en mi se estaba abriendo paso desde que había entrado a Medianoche. Levanté la mano.
_¿Si, señor Beggio?
_Con todo respeto, hay muchos libros mejores. Drácula tiene un lenguaje florido, pero está algo… ¿desfasado, tal vez?
El repiquetear de los tacones de la señora Bethany  sobre el suelo resonó con una fuerza extraordinaria al dirigirse hacia mí, olvidando a Gaby. “¿Quien me mandó a levantar la mano?” _Tal vez le gustaría hacerse cargo de la cátedra y preguntarle a sus compañeros de clase si están de acuerdo con leerlo. _Las risitas ahogadas que recorrieron el aula me hicieron encogerme de vergüenza.
_Estamos estudiando folclore _intervino Camila _ y los vampiros son un elemento común dentro del folclore._ Era obvio que estaba presumiendo para que Balthazar se fijara en ella. Pero ni sus palabras, ni su falda cada día más corta, ni sus provocaciones incesantes lograban su cometido.
La señora Bethany se limitó a asentir en dirección a Camila. _ En la cultura moderna occidental, no hay ningún vampiro más famoso que Drácula, ¿acaso hay un libro más apropiado por dónde empezar, señor Beggio?
_Si me permite, y sin ánimo de provocar un debate, los fantasmas son incluso más universales dentro del folclore que los vampiros, “Otra vuelta de tuerca” es un excelente libro y Henry James es mejor escritor que Bram Stoker. 
Balthazar me miraba con los ojos encendidos y era evidente que se estaba mordiendo un labio para no echarse e reír.
La voz  afilada de la señora Bethany podría haber cortado los cristales cuando me dijo en un tono que me resultó preocupante: _Señor Beggio, cuando usted sea quien programe las clases, podrá empezar con los fantasmas _Tuve que reprimir un estremecimiento al verla inclinarse sobre mí, mas temerosa que una de esas gárgolas que tanto detestaba. _ Esta clase, mi clase,  comenzará con vampiros_. Después de eso decidí quedarme bien calladito.

Al terminar la clase iba abriéndome paso entre los pasillos. Gaby había desaparecido cuando más necesitaba su presencia. Todo el mundo parecía tener un amigo con quién pasar un rato, menos yo. 
_Otro lector de Henry James _ oí que alguien me decía. Me volví y vi a Balthazar apurando el paso para alcanzarme. No estaba seguro si realmente quería estar conmigo o se estaba escapando de Camila, pero fuera por lo que fuera, me alegré de ver una cara amiga. Se iba abriendo paso entre la gente sin apartar la vista de mí. El único que hasta el momento me había mirado con tanta intensidad, había sido Guillermo.
Le sonreí cuando estuvo a mi lado. _ Bueno, no he leído más que un par de libros suyos.
_Si no leíste “Retrato de una dama”, te lo recomiendo. Trata de la historia de una mujer que lucha por definirse a sí misma en vez de permitir que otra gente lo haga por ella.
_Lo voy a leer, gracias por la recomendación. _ Balthazar sonrió de oreja a oreja, luciendo ese hoyuelo en la barbilla, hasta que ambos oímos la risa de Camila bastante cerca. Él puso una cara de pánico fingido que me hizo reír. _Hora de salir corriendo. ¡Rápido! _ y se escabulló por un pasillo.
Aunque el apoyo de Balthazar me había levantado un poco el ánimo, seguía sintiéndome fatal después del enfrentamiento con la señora Bethany, así que decidí dar una vuelta por los jardines. 
Por desgracia no había sido el único al que se le había ocurrido la misma idea, había varios grupos de alumnos paseándose y charlando entre ellos, y solo un alumno a quien me daba un inmenso placer ver. _ ¡Beto! _ Lo llamé. 
Beto me sonrió _ ¡Eh! ¡Pedro! _ Se acercó a mí al trote y cualquiera hubiese dicho que éramos viejos amigos por la familiaridad en el trato.
_Hola… ¿Lo viste a Guillermo?
_ Solo me dijo que lo cubriera con cualquier excusa cuando se las piró de la sala de estudio. Ese tío es un caso.
_¿Sabés dónde puede estar?
_Pedro… me pidió que lo cubriera.
_¡Pero no voy a decírselo a nadie!_ imploré. _ Necesito verlo.
_Está bien, vos sos un tipo de ley._ ¿Cómo sabía Beto que yo era un tipo de ley si casi no habíamos hablado? Entonces me pregunté si Guillermo le habría hablado de mí y la idea me hizo sonreír. _ Ni una palabra a nadie, pero yo miraría por la cochera. 
La cochera estaba al norte, cerca del lago, el lugar donde antaño se guardaban los caballos y los carruajes. Con el tiempo, una parte de ese lugar se había transformado en la residencia de la señora Bethany y el resto, no tenía la menor idea que función cumplía dentro de la escuela. ¿Qué estaría haciendo Guillermo ahí?
_Creo que voy a dar un paseo por allá _dije. _Solo voy a caminar un rato, nada en particular.
Beto asintió con la cabeza. _Perfecto, Pedro.
Nadie se fijó en mí cuando me alejé de los demás, eso era lo bueno de ser invisible, podías conducirte dentro de Medianoche como si realmente lo fueras.
En aquella parte no había bosque en el cual poder cobijarme, solo el extenso césped de los prados, lleno de tréboles y algunos árboles a intervalos regulares. Vi entre la maleza el cuerpo de una ardilla muerta, apenas una evidencia marchita de lo que había sido. El viento movía su cola tristemente. Arrugué la nariz e intenté ignorarla para concentrarme en lo que andaba buscando. Aminoré el paso y preste atención a lo que me rodeaba con la esperanza de oír a Guillermo. La cochera era un edificio alargado y blanco, de una sola planta. Supuse que un segundo piso no hubiese tenido sentido si los inquilinos iban a ser caballos. Estaba rodeado de árboles muy altos que envolvían todo en sombras tan densas que casi parecía de noche. Me acerqué despacio, y vi a Guillermo saliendo por una de las puertas. En ese momento se volvió y me vio. Nos quedamos mirándonos fijamente y tuve la sensación de haber sido sorprendido haciendo algo que no debía hacer.
Guillermo sonrió. _¡Pedro! ¿Qué estás haciendo acá? ¿Por qué no estás comiendo? _Su caminar despreocupado me dejó en claro que para él no había sucedido nada fuera de lo normal.
_No tengo hambre.
_No es propio de vos pasar eso por alto…
_¿La comida?
_No hombre… Me refería a que todavía no me preguntaste que estaba haciendo acá, en la oficina de la señora Bethany.
Solté un suspiro de alivio y ambos comenzamos a reír. _Si estás tan abierto a contarlo, no puede ser tan malo.
_Estaba revisando las autorizaciones enviadas por los padres para saber quiénes pueden ir a Riverton el sábado, _hizo una pausa _ y a pedido de la señora  Bethany.
_Si claro, no se a que viene esa aclaración.
_A que empiezo a cansarme de ser el malo de la película. Vayamos a caminar._ Me tomó de un brazo y me llevó casi en el aire junto a él.
Paseábamos entre las sombras y fuimos avanzando con cuidado por uno de los lados de Medianoche, hasta que acabamos mezclándonos con los demás estudiantes sin ser observados. _ Se me ha ocurrido que Riverton podría ser un buen lugar donde pasar un tiempo juntos. Lejos de Medianoche. ¿Qué te parece?
La sorpresa me dejó desconcertado. Fue una sensación un poco aterradora y a la vez, maravillosa. _ Sí, claro que me gusta la idea.
_A mi también. _Después de eso, los dos seguimos callados. Busqué entre mis recuerdo algo divertido que se pudiera hacerse en Riverton, una ciudad bastante grande pero algo aburrida. Al menos había un cine donde a veces proyectaban películas clásicas. 
_¿Te gustan las películas antiguas?
A Guillermo se le iluminó la mirada. _Me encantan todas las películas. Las de antes, las de ahora, todas. _Le sonreí aliviado. Tal vez era cierto que todo iba a salir bien.
_¿Entonces tenemos una especie de cita?
_Tenemos una cita, Pedro.

Esa semana la estación cambió de la noche a la mañana. El frío me despertó con las primeras luces del alba y lo noté en los huesos. Me arrebujé entre las mantas, pero no sirvió de nada. El otoño ya había adornado los cristales con escarcha y me estaba muriendo de frío. La luz seguía siendo tenue pero supe que hacía rato que había amanecido. Refunfuñando, me enderecé y me resigné a que tenía que levantarme. Podría haber buscado un acolchado y arañar unas horas más de sueño, pero tenía que terminar de darle un último repaso al trabajo sobre Drácula o enfrentarme nuevamente a la ira de la señora Bethany. Así que dejé la cama, me vestí en silencio y pasé junto a Marcial que dormía profundamente, como si el frío no pudiera penetrar la fina sábana que lo cubría. 
Los baños de Medianoche habían sido construidos hacía tanto tiempo que carecían de cualquier comodidad contemporánea. Los cubículos eran insuficientes y los lavabos diminutos.  Por suerte, ya había aprendido a cargar un poco de agua fría en la palma de la mano antes de abrir el grifo del agua caliente que salía como para hervir los dedos. Me lavé la cara y cuando cerré los grifos, oí algo. Un sollozo débil. Me sequé la cara con mi toalla y me acerqué al lugar del que procedía el gemido.
_Hola… ¿Hay alguien ahí? _ Los lamentos cesaron inmediatamente. Estaba empezando a pensar que me había metido donde nadie me llamaba cuando la cara de Gaby se asomó por uno de los cubículos. _ ¿Pedro?
_¿Gaby? _ susurré. _ ¿Qué estás haciendo acá? Es el baño para chicos. _Tenía puesto el pijama y la pulsera de cuero entretejido de la que no se separaba nunca.
_¡Claro que lo sé! Pero el de las chicas está usurpado por Camila y todo su séquito,  están fumando y charlando escondidas ahí.
_Gaby… ¡Esto es una locura! Tuviste que bajar todos los escalones, correr por el vestíbulo para cambiar de torre sin ser vista y luego subir hasta acá.
_Necesitaba esconderme y no tenía donde hacerlo. Supuse que acá no me iba a buscar. _ Tenía los ojos enrojecidos.
_ ¿Quién te estaba buscando?
_Tengo que decirte algo. _ La mano de Gaby se cerró sobre mi muñeca y la apretó con una fuerza que nunca hubiese imaginado. Estaba muy pálida y tenía la nariz enrojecida de tanto llorar. 
_Gaby, me estás asustando.
_Tengo pesadillas. Sueño con vampiros, capas negras, colmillos y todo eso.
_Las pesadillas son algo común, Gabriela _intentaría distraerla hablándole de la mía, tal vez me ayudaría de algo compartirla, aunque me sintiera algo tonto comentándola en voz alta. _ La noche anterior a que empezaran las clases tuve una pesadilla con una rosa que se marchitaba en una tormenta y luego se adhería a una planta nodriza, a una planta que no era la suya pero le devolvía la vida. Me impresionó tanto que no pude quitármela de la cabeza en todo el día. 
_Yo tampoco logro quitarlos de mi cabeza. Esas manos muertas, apresándome…
_Tal vez estés sugestionada por el trabajo que estamos haciendo sobre Drácula. Para la semana que viene ya habremos terminado con Bram Stoker  y seguramente dejarás de soñar con esas cosas. 
_ Si, puede ser, pero hay algo más… tal vez vas a pensar que estoy loca, pero no me siento segura. Es como si siempre hubiera alguien, una presencia que se cierne sobre mí. Algo espantoso. _ Gaby se inclinó hacia mí y me dijo en voz muy baja. _ ¿Nunca tuviste la sensación de que en esta escuela hay algo… malo?
_Camila, por ejemplo._ Contesté intentando bromear.
_No me refiero a ese tipo de maldad, sino a la de verdad_ le temblaba la voz._Pedro, ¿crees en el Mal? _ Nadie me había hecho jamás esa pregunta, pero sabía la respuesta. 
_Si. _ Gaby tragó saliva y nos quedamos mirándonos un momento sin saber que decir.
_Siempre tengo la sensación de que me observan _comentó. _ A todas horas, incluso cuando estoy sola. Sé que parece una locura, pero es verdad. A veces tengo la sensación que las pesadillas continúan aunque esté despierta. Oigo cosas ya entrada la noche, arañazos y golpes en el tejado, y cuando miro por la ventana, te juro que veo una sombra adentrándose en el bosque. Y las ardillas… ¿Viste las ardillas, no? ¡Hay ardillas muertas por todas partes!
_He visto un par, pero tal vez sea por el frío.
_Pedro, el frío no desangra.
_Pueden haber sido otros animales, Gaby, no te persigas. Es esta escuela… Las gárgolas, el edificio de piedra, el frío... Medianoche te chupa la vida.
Gaby se rió débilmente. _ ¿Lo ves? Chupar la vida, como los vampiros…
_Lo que vos necesitás es descansar_ dije con firmeza recordándome a mi padre. _Vamos, voy a acompañarte hasta tu cuarto.  
_No, si nos sorprenden vas a estar en problemas.
_Si nos sorprenden vamos a decir que estabas caminando dormida.
_¿Sonámbula?
_Sí, eso. Y que te encontré en el baño de los chicos. Ahora vamos.
_Cuando vayamos a Riverton voy a comprar pastillas para dormir.
_Tal vez no sea mala idea, pero empecemos a caminar porque ya amaneció y si nos sorprenden y no nos creen, nos vamos a perder Riverton los dos… Y si eso pasara _ dije recordando mi primera cita con Guillermo _ lo que voy a hacerte no tiene comparación con lo que puedan hacerte los vampiros en tus más horribles sueños.
Me sonrió con los ojos llorosos. _Gracias por escucharme, Pedro _ dijo empezando a caminar a mi lado. _ Voy a comprar pastillas para dormir, así podré dormir a pesar de todo.
_¿A pesar de qué Gaby?
_De los ruidos en el tejado. _Estaba muy seria. _ Cada noche hay alguien ahí arriba, lo oigo, y no forma parte de ninguna pesadilla, Pedro. Él es real. _ La forma en que lo dijo me dejó temblando, estaba seguro que no mentía ni alucinaba.

Bajamos los escalones muertos de miedo pero cruzamos el corredor con calma y serenidad, en caso de ser sorprendidos, el hecho de no andar escabulléndose ayudaría a dar credibilidad a la historia. Subí con ella la escalera de su torre y recién cuando la vi entrar a su cuarto, bajé a toda prisa. Casi no iba a tener tiempo de repasar mi trabajo para la señora Bethany, pero eso se volvió prácticamente irrelevante cuando, al girar para comenzar a subir la torre que correspondía a mi dormitorio, me encontré cara a cara con Guillermo. Me miró amargamente sorprendido. _ ¿Qué estás haciendo acá a esta hora?
_Guillermo… no hice nada malo. Puedo explicártelo todo.
_Mas te vale, y sobre todo, que sea creíble Pedro_ dijo con esa voz ronca que siempre tenía el efecto de un imán, pero que en ese instante me daba un poco de miedo. Mientras me arrastraba escaleras arriba le conté toda la verdad.
_Habíamos pensado en decir que yo me había levantado más temprano para estudiar, algo absolutamente cierto, pero que al dirigirme a los baños, cosa que también es cierta, había encontrado a Gaby caminando sonámbula por los pasillos y la había guiado hasta la puerta de su habitación, pero a vos no voy a mentirte Guillermo, estaba asustadísima y llorando, escondida en unos de los cubículos. Jura que todas las noches hay alguien sobre su tejado y que cuando mira por la ventana, solo ve una sombra esconderse en el bosque. Estaba aterrada. Por eso decidí escucharla antes de acompañarla hasta su cuarto.
Nos detuvimos a unos metros de la puerta de mi habitación, estaba pálido y su semblante se veía claramente preocupado. _ ¿Que más te dijo Pedro? Contame hasta el último detalle, hasta lo que pueda parecerte insignificante. 
Le detallé todo, palabra por palabra y hasta intentando utilizar el mismo lenguaje que ella había utilizado. Sus gestos hacia mi habían cambiado, sabía que no le estaba mintiendo, pero algo lo había preocupado mucho más que encontrarme rompiendo las normas estrictas de Medianoche.
_ Está bien, Pedro. Hiciste lo correcto, ahora andá a desayunar y ponete a estudiar. Me voy a ocupar personalmente de este tema, pero es imprescindible que no lo comentes con nadie y que Gaby tampoco lo haga. Si queremos atraparlo, necesitamos sorprenderlo. _De pronto volvió a clavar sus ojos en mí. _ Y en lo posible, no vuelvas a meterte en problemas. Si rompés una sola de las reglas te quedás sin Riverton y no voy a perdonarte si por tu culpa me pierdo de ver una buena película. 
_Segunda promesa, voy a comportarme como la paloma de la paz.
Me sonrió hasta dejarme sin aire. _ Buen chico, nos vemos por ahí mas tarde.
Sé que me sonrojé, pero eso pareció agradarle por la forma en que me observó. _ Muy buen chico… _ Olía a amanecer. Acarició el contorno de mi barbilla con las terminales de sus dedos y cuando creí que todo su cuerpo comenzaba a cerrarse sobre el mío, dio media vuelta y se marchó.

CONTINUARÁ 

sábado, 29 de octubre de 2016

"MEDIANOCHE" - Cap. 3 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 3

 _No te hiciste hacer el uniforme a medida, ¿verdad? _ comentó Marcial, acomodándose el cuello de la camisa blanca que usaba debajo del jersey mientras nos preparábamos para el primer día de clases. 
¿Cómo no se me había ocurrido? Los alumnos “legítimos” de medianoche enviaban sus uniformes a un sastre para que les quedaran elegantes en vez de toscos y asexuales, como el mío.
_No, no se me ocurrió.
_Nunca lo olvides _ dijo Marcial. _ La ropa a medida es un mundo aparte. No descuides tu aspecto. Nunca.
Lancé un suspiro y seguí con lo mío, intentar que el uniforme no me sentara tan mal. Tarde o temprano vería a Guillermo y quería tener el mejor aspecto posible.
Marcial se dio cuenta de mi preocupación y trató de tranquilizarme. _No hay nada porque preocuparse, Pedro. Te ves muy bien. Vayamos abajo.

Después de hacer una larga cola en el vestíbulo nos entregaron una hoja de papel en la que estaba impreso el listado de asignaturas a las que debíamos concurrir. Marcial no se separó de mi la primera hora, pero solo porque íbamos juntos a la primera clase, la asignatura de Historia que impartía mi madre. Me sentía incómodo caminando  junto a Marcial sin saber que decir, hasta que lo vi. La luz se colaba a través de los cristales llenando de brillo su cabello castaño. Al principio creí que nos había visto, pero siguió caminado sin perder paso.
_Marcial, nos vemos mas tarde. _ le dije alejándome de él.  _ ¡Guillermo! _ Lo llamé. Ni siquiera pareció oírme. No quería ponerme a gritar, así que apuré el paso para darle alcance. Iba a llegar tarde a la clase de mi madre, pero no me importaba. Estaba dispuesto a correr el riesgo. _ ¡Guillermo! _ insistí, esta vez más alto. Se volteó lo justo para ver quien lo llamaba y luego miró a su alrededor como si le preocupara que alguien nos oyera. 
_Ah… ¿Qué tal?
¿Dónde estaba mi protector del bosque? El hombre que tenía delante no se comportaba como si se preocupara por mí, sino como si no me conociera. Aunque en realidad… no me conocía. Solo habíamos hablado un par de veces.  Que yo creyera que era el inicio de algo no significaba que lo fuera, de hecho, dejaba ver la impresión de estar hablando con un extraño. Me saludó fugazmente con la mano y un gesto de cabeza, como cuando alguien saluda a un desconocido y siguió caminando hasta desaparecer entre la multitud.
Quedé parado sin saber porque acababa de tratarme con tanto desdén. El baño de los chicos estaba cerca, así que me colé en uno de sus compartimientos y me rehíce como pude en vez de echarme a llorar. ¿Qué había hecho mal? A pesar de lo extraños que habían sido nuestros encuentros, Guillermo y yo habíamos acabado teniendo una charla tan íntima como las que tienen los mejores amigos. Tal vez no supiera mucho de chicos, pero estaba convencido que habíamos hecho contacto. Evidentemente estaba equivocado y volví a estar solo en Medianoche. Mucho más solo que antes.
Cuando por fin me repuse, salí corriendo hacia la clase de mi madre a la cual casi llego tarde. Ella me fulminó con la mirada mientras yo me apoltronaba en uno de los últimos pupitres.
Pasó de inmediato del modo de madre al de profesora. _Veamos. ¿Quién sabría decirme algo sobre la Guerra de la Independencia?
El chico que se sentaba a mi lado levantó la mano para alivio de todos los demás.  Mi madre sonrió.  _ ¿Y usted es…?
_Moore. Balthazar Moore. _ Lo primero que debería decir sobre él, es que tenía el aspecto de alguien que podía llevar ese nombre sin que nadie se le burlara. Le quedaba a la perfección. Respondía muy tranquilo a lo que mi madre le preguntaba, pero sin las insolencias de la mayoría de los alumnos, solo parecía seguro de sí mismo. Hablaba con  facilidad, sin prisa. Era grande y fornido, tanto que apenas si cabía en el viejo pupitre de madera. Su postura convertía la incomodidad en elegancia.
Al finalizar la hora comprendí que mi madre se había ganado a toda la clase y que la sonrisa tan encantadora de Balthazar casi había conseguido hacerme olvidar de Guillermo… ¡De acuerdo! ¡Claro que no! Pero esa sonrisa atractiva le hacía ganar muchos puntos.
_Tu madre es fantástica. _Me dijo Marcial, alcanzándome por el pasillo._Medianoche es competitiva, te va a venir muy bien que el alumnado la adore. La tiene muy clara… Hay muy poca gente así.
_Espero parecerme a ella algún día_. En ese momento Camila dobló la esquina. Llevaba el cabello rubio recogido en una cola muy tirante que le hacía arquear las cejas con un aire aún más desdeñoso. Marcial se puso tenso. Por lo visto, aceptarme no implicaba tener que defenderme delante de Camila, así que me preparé para recibir su arrogante comentario de turno. Sin embargo me sonrió, aun dejando ver que pensaba que estaba siendo mucho más atenta conmigo de lo que yo me merecía.
_Este finde, fiesta “secreta” _ dijo. _ El sábado, junto al lago. Dejaremos pasar un par de horas después del toque de queda
_¡Perfecto! _ Dijo Marcial. Tal vez esa sería la mejor fiesta de medianoche hasta el Baile de Otoño, el mayor acontecimiento del año.
La sorpresa me asaltó y Camila me miraba molesta por no haberme deshecho en agradecimientos, aunque en realidad, lo único de que deseaba decirle era que era una pedante, una pesada y qué tenía mil cosas mejores que hacer antes que ir a su fiesta. Pero debía tratar de encajar en Medianoche.
_Si, genial… Va a ser genial_. Fue lo único que pude decir.
_Acabo de tener mi primera clase con tu padre, Beggio. Una verdadera sorpresa. No solo sabe como pocos sobre historia y literatura, sino que sabe cómo transmitirlo,  además es muy agradable. Nos dejó a todos maravillados. 
Marcial me encajó un codazo punzante mientras ella se alejaba muy digna, al compás de su coleta rubia. _ ¿Lo ves? Te lo dije. Poco a poco te aceptarán, sos especial Pedro. Eso sin contar que el alumnado adora a tus padres, son tan especiales como vos, han caído muy bien.
¿Qué clase de desgracia humana había que ser para ascender en el ranking de popularidad de Medianoche gracias a tus padres? Sin embargo no podía permitirme despreciar la aceptación, viniera de donde viniera. 
_ ¿De qué tipo de fiesta se trata? Es decir, ¿se va a hacer en los alrededores? ¿Va a ser de noche?
_Supongo que ya habrás ido a otras fiestas antes, ¿no?
A veces Marcial no se diferenciaba mucho de Camila. _Claro_ contesté, pensando en las fiestas de cumpleaños de cuando era pequeño, aunque Marcial no tenía porque saberlo. _ Solo me preguntaba si iba a haber bebida y esas cosas.
Él se echo a reír como si hubiese dicho algo gracioso. _Por favor Pedro, madurá. _ Echó a andar hacia la biblioteca y me dio la impresión que no quería que lo siguiera, así que volví solo a nuestro dormitorio. 

Mis padres me habían dicho que pronto me iba a acostumbrar a la rutina y que, cuando lo hiciera, Medianoche empezaría a gustarme. Después de los últimos acontecimientos, les di la razón en un cincuenta por ciento. Las clases estaban bien, al menos la mayoría. A mi madre se le escapó en la clase que yo era su hijo, pero enseguida añadió: “Ni Pedro ni yo volveremos a mencionar este hecho nunca más. Y ustedes tampoco deberían hacerlo”. Todo el mundo se echó a reír, los tenía comiendo de la palma de su mano. ¿Cómo lo hacía? Y lo más importante… ¿Por qué no me había enseñado a hacerlo a mí?
Me costó acostumbrarme a otros profesores y extrañaba la informalidad y la cercanía de mi antiguo colegio. En este lugar los maestros me intimidaban y me resultaba impensable poder cumplir con sus altas expectativas, pero toda una vida pasada en la biblioteca, ocultándome del mundo, me había preparado para trabajar duro, además le dediqué a mis estudios mucho más tiempo que nunca antes para evitar pensar en Guillermo que seguía tratándome como si no me conociera.
La única clase que en verdad me preocupaba, era la de la señora Bethany. Había algo en ella que me intimidaba, en cambio, mi vida social era otra historia. Camila y otros alumnos habían decidido que yo no merecía su desprecio, mis muy estimados padres me habían ganado el derecho a ser ignorado, pero a nada más.
En contrapunto y gracias a esa deferencia, las “nuevas admisiones” me miraban con recelo. Por lo visto, compartir el dormitorio con Marcial era razón suficiente para que ellos pensaran que nunca me pondría en su contra o en contra de sus amigos. Los grupos se habían formado de un día para él otro y yo me vi atrapado en el medio… y sin Guillermo. Me pasé noches enteras tratando de dilucidar que había hecho mal para perderlo apenas había empezado a pensar que lo tenía.
La única “marginada” con la que pude mantener contacto fue Gaby, a Beto lo veía en clase, pero no habíamos tenido oportunidad de volver a conversar. Solo alguna frase al pasar y alguna palmada en el hombro. En cambio Gabriela Soria y yo nos habíamos pasado varias horas estudiando juntos y una mañana entera protestando por la cantidad de deberes que teníamos.  Estaba seguro que a ella le costaba hacer amigos más que a mí. No nos diferenciábamos mucho, solo que parecía más desamparada y había quienes se aseguraban de que así fuera.
_El mismo jersey negro, los mismos pantalones… _comentó Camila con sorna un día pasando junto a Gaby _ y la misma pulsera negra. Apuesto lo que quieran que mañana volveremos a verlos. 
_No todo el mundo puede permitirse todas las variantes del uniforme _se defendió Gaby.
_Eso es evidente _ intervino Franco. A este lo había visto seguido y me caía peor que el resto. Esa cara delgada y angulosa, ese cabello extraño y desagradable. Solía seguir a Camila a todas partes. Todo su cortejo echó a reír y Gaby se puso roja, pero se limitó a dar media vuelta e irse con paso airado, mientras las risas se convertían en carcajadas. Nuestras miradas se encontraron cuando pasó a mi lado, intenté expresarle sin palabras que me sentía mal por ella, pero creo que eso la hizo sentir peor. Estaba seguro que odiaba que la compadecieran. Quería ayudarla, pero con lo mal que me sentía, dudaba mucho de un buen resultado. No estaría ni la mitad de hundido en mis sombras si pudiera comprender que había pasado entre Guillermo y yo.  
Compartíamos una sola cátedra, él como ayudante y yo como alumno, pero nos sentábamos uno en cada punta del aula.  Continuamente me dedicaba a lanzarle miraditas disimuladas, pero nuestros ojos nunca se encontraban, ni antes ni después de clase, él ni me registraba. Lo más extraño de todo era que Guillermo no tenía ningún problema en hablar con los demás alumnos como tampoco se le movía un músculo a la hora de ponerle los puntos, y en cualquier momento, a quien se pusiera gallito, pedante o grosero, pero a mí, seguía ignorándome.
Un día, en los prados, dos chicos empezaron a reírse de una chica que evidentemente no pertenecía al prototipo de Medianoche, a quien se le había caído la mochila y con la cual había tropezado. Guillermo se acercó a ellos con paso decidido. _ Qué irónico _ dijo.
_ ¿Qué? _ preguntó Franco, uno de los que estaba riéndose de la chica. Empecé a disfrutarlo de antemano y me acerqué para no perdérmelo. _ ¿De qué hablás?
Esa voz tan masculina, ese porte perfecto. _ Ironía, es el contraste entre lo que se dice y lo que realmente ocurre.
Franco exteriorizó en una mueca su desconcierto. _ ¿Qué?
_Que se rieron de ella por haber tropezado con su mochila justo antes de tener la cara pegada al piso. _ No pude ver como lo hizo, su movimiento fue tan ligero y felino que antes que pudiéramos darnos cuenta le había metido una zancadilla y Franco estaba despatarrado contra el suelo. Hubo quienes se echaron a reír, pero la mayoría de los amigos de Franco y Camila lo miraron fulminantes, como reprobando que hubiese salido en defensa de la chica. 
_ ¿Ves? Esto es una ironía. Dedíquense a estudiar, para eso están acá, no para molestar a otros alumnos _ dijo Guillermo y siguió su camino. Si hubiese tenido oportunidad, le hubiese dicho lo orgulloso que me sentía de él por lo que había hecho sin importar que Franco, Camila y los demás me estuvieran mirando. Sin embargo no pude hacerlo. Guillermo pasó junto a mí como si me hubiera vuelto invisible.

Franco odiaba a Guillermo. Marcial odiaba a Guillermo. Camila odiaba a Guillermo. Por lo que podía percibir, prácticamente todo el mundo en Medianoche odiaba a Guillermo, salvo Beto, el rubio en el que me había fijado el primer día… Tal vez Gaby, la chica que había tropezado con su mochila, y yo. Hasta ahora solo cuatro a su favor y el resto de Medianoche detestándolo.
De acuerdo, Guillermo era un poco impetuoso y exaltado, pero también era valiente y honesto, cualidades que a más de uno le faltaban en esa academia.
Sin embargo y por lo visto, tendría que admirar a Guillermo de lejos. Por el momento seguía estando solo en Medianoche
_¿Todavía no estás listo?_ me preguntó Marcial asomándose a la ventana._¡Los monitores pasarán en minutos Pedro! _ Los monitores de pasillo vigilaban la academia por las noches, razón suficiente para salir lo antes posible. Seguro también habría profesores merodeando por los corredores, agazapados para abalanzarse sobre quien pretendiera saltarse las normas.
Lo miré, Marcial estaba muy bien vestido pese a la sencillez, tenía una elegancia natural… en cambio yo, tenía que intentarlo con unos tejanos y una camiseta negra que me sentaban pasables.
_Pedro, ya… ¡Vamos! _ A Marcial se le había acabado la paciencia. _Yo me voy. ¿Venís o no?
_Voy… voy. _ De todas maneras, ¿qué más daba la apariencia que tuviera? Solo iba a ir porque no había tenido agallas para negarme.
Marcial saltó hasta la rama del árbol y se dejó caer al suelo con un aterrizaje tan controlado que me resultó sorprendente. Lo seguí como pude, raspándome las manos con la corteza del árbol. El miedo a que nos descubrieran agudizó mi oído y presté atención a todos los sonidos que nos envolvían. Risas en un dormitorio, el susurro de las primeras hojas de otoño cayendo sobre el suelo, el ulular de una lechuza saliendo de caza… El frio aire de la noche me hizo estremecer al cruzar los prados a la carrera en dirección al bosque. Marcial sabía abrirse camino entre la maleza sin hacer ruido, una habilidad que le envidié. Tal vez algún día lograra tener esa coordinación, pero me costaba imaginarlo.
Por fin vimos la hoguera. Habían encendido un fuego a la orilla del lago, lo bastante pequeño para no llamar la atención, pero lo suficientemente grande para emitir una luz fantasmagórica y poder calentarnos a su alrededor.
Los alumnos se hallaban en grupos desperdigados, inclinados y hablando entre susurros, otras veces echándose a reír. A simple vista no se diferenciaban de cualquier otro grupo de adolescentes que han salido a divertirse, pero algo vibraba en el aire. Algo que agudizaba mis sentidos, algo que añadía tensión a sus movimientos y crueldad a la mayoría de las sonrisas.
En ese momento, recordé lo que había sentido al conocer a Guillermo en el bosque durante nuestro primer y aterrador encuentro: al mirar a ciertas personas, a veces se percibe algo salvaje bajo la superficie. Eso era lo mismo que sentía ahí. 
Marcial no tardó en perderse entre sus amistades, así que me quedé parado y solo, sin saber qué hacer.
_Eh… Hola _ me saludó Balthazar. Se me había acercado por la espalda, por eso no lo había visto venir. Llevaba una chaqueta negra y una botella en la mano. La hoguera le bañaba el rostro con una luz cálida. Tenía el cabello rizado, la mandíbula cuadrada y cejas gruesas. Parecía un tipo duro, un matón, alguien más familiarizado con los puños que con las palabras y las letras, sin embargo su mirada lo volvía accesible e incluso, atractivo. En sus ojos se adivinaba su inteligencia y su sonrisa carecía de crueldad. 
_ ¿Una cerveza?
Muy pocas veces había tomado cerveza, pero era necesario todo el esfuerzo para integrarme a medianoche. _ Sí, claro. Gracias.
A pesar de lo oscuro que estaba, se dio cuenta que me había sonrojado. Él se sonrió, pero no parecía estar riéndose de mí. _ ¿Cómo van las cosas en estos primeros días?_ me preguntó.
Me encogí de hombros. _Debería haberme colgado en el cuello un cartel que dijera “rarito” para ahorrarles trabajo_. Balthazar volvió a sonreír. Empecé a relajarme.  A pesar de su corpulencia y su más que evidente fortaleza física, Balthazar tenía un don para conseguir que la gente se sintiera cómoda.
_Desde el primer día que tengo ganas de hablar con vos, Pedro.
_¿De verdad? _ dije rezando para que mi voz no dejara escapar un chillido.
_Si… Y te lo advierto, voy detrás de algo. _Debió haber visto la cara que puse porque se echó a reír. _Es acerca de tu madre, quisiera que me dieras algunos consejos respecto a ella. 
Respiré aliviado. Estaba seguro que a mi madre no le importaría que le contara algunas cosas. _ Bien, no estaría mal que prestaras atención cuando se balancea sobre sus pies, eso suele significar que está emocionada, que algo le interesa mucho.
_O sea, que eso es probable que forme parte del examen.
_Exacto_.  Balthazar volvió a reír, tenía un hoyuelo en la barbilla que le daba un aire travieso. Fijarme en lo guapo que era Balthazar me hizo sentir que traicionaba a Guillermo, pero después del modo en que me había estado ignorando toda la semana, no estaba seguro de seguir debiéndole lealtad. Además, no estaba nada mal que un chico guapísimo como Balthazar se interesara por mí. Sentí que se acercaba un poco más.
_Veo que no voy a arrepentirme de habernos conocido_. Me dijo sin dejar de sonreírme. Le devolví la sonrisa y durante tres segundos, ni uno más ni uno menos, tuve la sensación que la fiesta iba a estar bien… Hasta que Camila hizo acto de presencia. Llevaba una falda negra muy, muy corta y una camisa blanca abierta casi hasta el ombligo. No llevaba sostén, era más que obvio.
_Balthazar… estaba buscándote. Tal vez tengamos la oportunidad de ponernos al día.
_Ya estamos al día. _Balthazar se veía menos entusiasmado que yo de verla, sin embargo ella fingió ignorar su incipiente rechazo.
_ Parece que han pasado siglos desde esos tiempos en que salíamos juntos. La última vez que nos vimos fue en Londres, ¿no?
_San Petersburgo _ la corrigió incómodo.
Camila deslizó las manos con suavidad sobre la chaqueta negra de Balthazar, perfilando su poderoso físico con el movimiento de sus dedos. La envidié. Juro que la envidié. No porque estuviera tocándolo ni por sus viajes continentales, sino por su descaro. Si en el bosque hubiera sido la mitad de lanzado de lo que ella era, tal vez Guillermo no se comportaría como si fuéramos dos extraños.
La voz de Camila se abrió paso entre mis fantasías. _No estás haciendo nada, ¿no Balthazar?
_Estoy hablando con Pedro_.
Camila se volvió para mirarme. El cabello rubio y suelto se onduló al ladear la cabeza. _ ¿Tenés algo interesante que compartir, Pedro? _. Me miraba desafiante, como se mira un rival.
_No…
_Entonces no te va a importar que me lo lleve un rato, ¿verdad?_. Empezó a tirar de él sin esperar mi respuesta. Balthazar me miró fijo y comprendí que si yo decía algo, aunque fuera una sola palabra, él la detendría. Sin embargo no dije nada. Me quedé ahí sentado, con la cerveza entre mis manos, viendo como se iban. Balthazar se volteó un par de veces esperando una reacción mía que lo hiciera regresar, pero no pensaba hacerlo. Algunos ahogaron una risita socarrona. Miré a un lado y vi a Franco, a pesar de las sombras vacilantes que proyectaba la luz de la hoguera, pondría las manos en el fuego a que estaba señalándome.
Me aparté del lugar con la intención de desaparecer del mapa sin pensar a donde me dirigía. A cada paso que daba me alejaba un poco más de ellos y eso me hacía sentir mejor, antes de darme cuenta, ya me había ido de la fiesta.  Miré el bosque y sentí su llamado, pero había hecho una promesa. Entonces me dirigí hacia Medianoche ladeando el prado para no ser visto. Si no me hubiera escapado después del toque de queda, podría haber corrido hasta la puerta y subir al dormitorio, pero me detuve a tiempo. Estaba fuera de la ley. Corrí hacia el oeste de los terrenos del internado para tranquilizarme y planear la entrada cuando lo vi. Al principio me costó reconocerlo, unos binoculares cubrían parte de su cara.
_ ¿Guillermo?
_Hola Pedro_. Tardó varios segundos en apartar lo binoculares de su hermoso rostro y sonreírme. _Bonita noche para una fiesta.
_¿Qué estás haciendo?
_¿Qué crees? Estoy espiando a los de la fiesta_. Al principio me trató con la misma frialdad que venía haciéndolo, pero debí parecerle muy desolado, porque modificó el tono de su voz y me preguntó con suavidad. _ ¿Estás bien?
_Si, no pasa nada… Es evidente que no soy parte de ellos, pero estoy bien.
Guillermo se echó a reír. _Si, ya vi que no demoraste en irte. ¿Te molestó alguien?
_No, la verdad es que no, pero estaba un poco… incómodo. Ya sabés lo que me pasa con los extraños.
_Me parece perfecto, no pegás con ellos.
Me quedé mirando los prismáticos. Solo alguien con una visión nocturna excelente podía utilizarlos para ver algo, aunque tal vez, la luz de la hoguera lo ayudara un poco. _ ¿Por qué estás vigilando la fiesta? ¿Cómo te enteraste?
_Nada de lo que pasa en Medianoche se escapa de mi conocimiento, y estoy controlando  que nadie se emborrache, que nadie se ahogue en el lago… o que se le dé por ir a pasear al bosque_. Dejó salir la última frase mirándome con una mezcla de deseo e ironía.
Le devolví la mirada, desconociéndome una vez más. _ ¿Acaso te volviste un monitor de pasillo que trabaja para la señora Bethany?
Guillermo bajó los prismáticos y se volvió hacia mí. Su forma de mirarme me hizo retroceder un par de pasos, instintivamente. Iba vestido para confundirse con las sombras: pantalones negros y una camiseta de manga larga del mismo color que hacía resaltar sus brazos y su pecho musculoso. Era más delgado y más fibroso que Balthazar, había algo agresivamente masculino en él. _No me provoques Pedro_. Respiró hondo, intentando calmar la ira que mi comentario le había provocado. _Solo estoy acá para asegurarme que nadie se meta en problemas o sufra las consecuencias de las ideas de esos malcriados cuando deciden destruir a alguien… Aunque parece que ya te están gustando.
Me sentí ofendido. _ ¡¿Qué?!_. Exclamé.
Él se encogió de hombros. _Siempre estás con ellos.
_¡Eso es mentira! Marcial es mi compañero de habitación y además compartimos muchas clases, por eso paso tiempo con él. Sus amigos van a verlo cada tanto, no puedo ignorarlos… Hay  un par que se salvan, pero a los demás les tengo pavor_. Se me ocurrió que podría decir algo en favor de Balthazar, pero el sentido común me dijo que no sería oportuno. También me di cuenta que Guillermo me había hecho poner a la defensiva y que no tenía derecho a hacerlo. _ Un momento… ¿por eso te estás mostrando tan frío conmigo? Guillermo, ¿por qué te comportás como si no nos conociéramos?
Su perfil entre las sombras se volvía un imán del que no podía ni quería desprenderme. _ No quería quedarme a ver como caías en las garras de esa gente, no un chico tan dulce como vos, y sobre todo sin poder hacer nada al respecto_. Debo confesar que me sorprendió el sentimiento con el que lo dijo. Todavía nos separaban unos cuantos metros, pero nunca había tenido la sensación de estar tan cerca de alguien. _ Cuando te vi salir casi corriendo, pensé que no todo estaba perdido. 
Avancé dos pasos… solo dos. _Guillermo, necesito que me creas. No formo parte de ese grupo_. Insistí. _Creo que me invitaron a la fiesta solo para reírse de mí, y fui, porque pensé que tarde o temprano tendría que conocer otra gente en Medianoche.  Vos era lo único que tenía y te había perdido.
Por su gesto pareció comprender. _Herí tus sentimientos, ¿verdad?
_Más o menos_ admití en un hilo de voz. _Ya sé que solo hablamos un par de veces…
¡Estaba tan endemoniadamente cerca! _Pero para vos fue importante…_ Nuestras miradas se encontraron apenas un instante. _Para mí también lo fue Pedro, pero no me había dado cuenta que… Bueno, creí que solo a mí me había pasado.
No podía creerlo, Guillermo no se había dado cuenta de cuánto me gustaba. _¡Pero si me acerqué a hablar con vos el primer día de clases!
_Si, pero justo antes andabas paseando y charlando con Marcial Sarmiento, que no puede ser un estereotipo más perfecto de Medianoche. El ejemplo maestro.
_Es mi compañero de cuarto…_ argumenté casi vencido. _Guillermo…
_¡Está bien! Tal vez me equivoqué en sacar conclusiones anticipadas_.
Con eso me bastaba, al menos por ahora. Mi protector no había desaparecido ni dejaba de preocuparse por mí, esa certeza me hizo sentir reconfortado, como si me hubieran echado un abrigo sobre los hombros para resguardarme del frio.
Nos quedamos mirándonos, el silencio se instaló entre nosotros, pero no fue algo incómodo. A veces te encontrás con gente con la que podés callar sin tener la sensación que hay que llenar ese silencio con charlas insustanciales. Siempre había pensado que se necesitaban años para llegar a esa complicidad, sin embargo, ya nos estaba ocurriendo.
_¿Te llevás bien con tu compañero de habitación? _. Medianoche solía permitir que los ayudantes de cátedra compartieran la habitación con alumnos tan especiales que no congeniarían con el resto del alumnado, como era el caso del rubio de la camisa hawaiana que había conocido el día de la presentación.
_¿Con Beto?_ esbozó una sonrisa_. Todo bien. Es raro, pero de ley.
_Hablamos solo un rato, pero me pareció auténtico y simpático
_Sí que lo es. Podríamos un día salir los tres juntos _ el corazón me dio un vuelco _ incluso podrías invitar a Gabriela, creo que a Beto le gusta_ me dijo en tono de confidencia.
_Me parece genial, pero… preferiría pasar más tiempo con vos _ me lancé.
Nuestras miradas se encontraron y tuve la sensación que habíamos cruzado algún tipo de línea.
_Pedro… _ ¿por qué me lastimaba su vacilación? _ me gustás, pero no sé si es buena idea que te vean conmigo. No estoy acá para hacer amigos y no soportaría que te hagan la vida imposible por estar conmigo. _ ¡Como hería su titubeo! _ Pedro… si vos y yo… Si nosotros…
“Si nosotros ¿qué?” Imaginé miles de respuestas y casi todas me gustaron. Nuestras miradas se entrelazaron con tanta fuerza que ya era imposible desprenderlas. Él estudiaba cada centímetro de mi cara cortándome la respiración. 
_No creo tener ninguna credibilidad social que puedas echar por tierra_. Dije convencido y tratando de convencerlo.
_No estés tan seguro
_No seas tan terco
Nos quedamos unos instantes en silencio. La luz de la luna se colaba entre las hojas de una enredadera. Estaba lo suficientemente cerca para oler su fragancia a cedro y pino. El brillo de su mirada me llenó el alma de esperanzas. _Tal vez mi furia y tu timidez sean señal que los dos nos sentimos solos, y quizás, no tuviéramos porque seguir estándolo más tiempo.
_Guillermo, estoy cansado de esconderme
_También yo _. Esa mirada brillante había vuelto a sus ojos. _ Está bien, pero cuando las cosas se compliquen, no digas que no te avisé.
Me quedé atontado cuando me sonrió como lo hizo y desee que el tiempo no pasara. Justo cuando sentí que íbamos a besarnos, Guillermo ladeó la cabeza y puso en marcha sus radares innatos. _ ¿Oíste eso?
_ ¿Qué?_ Y recién ahí lo pude oír, la puerta de entrada de la escuela se abría y se cerraba repetidamente,  se escuchaban pasos en el camino principal
_¡Van a hacer una redada en la fiesta! _Me tomó de la mano y me escondió detrás de él. _ No me gustaría ser Camila _ dijo Guillermo. _ Esto nos da la oportunidad de volver adentro.
Atravesamos el césped a la carrera, atentos a las voces que procedían del lugar de la fiesta e intercambiamos una amplia sonrisa al cruzar la puerta principal sin que nos vieran.
_Hasta pronto. _ Me susurró Guillermo cuando se desprendió del abrazo en el que me había cobijado y se dirigió a su pasillo.
Esa palabra siguió resonando en mis oídos camino a mi habitación y se quedó a dormir conmigo dentro de mi cama. “Pronto”.

CONTINUARÁ