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jueves, 29 de septiembre de 2016

"P & G - LA MERCERÍA" - Cap. 52 - (By Guillermina Pedris)

"P & G - LA MERCERÍA" - CAPÍTULO 52






LUNES… CAMINO AL TRABAJO

En medio de un diluvio, un auto azul al costado del camino liberaba sueños como fuegos artificiales, con dos enamorados enredados en besos y caricias,  despojándose de los celos “solo por un rato”.
Nada más real que eso, siempre iba a ser “solo por un rato
_ Basta Cielito, paremos ahora o esto va a ser insostenible. Tenemos que ir a trabajar.
Le dejó el último beso suavecito sobre los labios y se separó de él a regañadientes. _ Está bien, pero dame tu palabra de honor que no va a haber más escenitas de celos como la de hoy.
_ Pedro… ¿Por qué me pedís que te prometa algo que no voy a poder sostener? Siempre te voy a celar, siempre. “Como una loba mal herida, tratando de ubicarse en la región. A veces traicionada por su olfato, a la deriva, así me siento yo…*” _ Canturreó Guillermo
_ ¡Ah bueno! ¡Cómo amanecimos…! Nunca te había escuchado cantar, cantás lindo. Además ese tema… ¡Uf! Valeria Lynch… ¡Que mujer tan sensual!
Si bien la expresión de su rostro no pasó del Cielo al Infierno, se quedó en el purgatorio.
_ ¿Perrrrdón? _ Pedro ya había puesto el auto en marcha y miraba por el retrovisor para salir a la ruta nuevamente. Guillermo mantenía la vista fija en él como esperando una aclaración.
_ Ponete el cinto, Guille._ Le dijo haciendo caso omiso al tonito borrascoso de su reacción mientras abrochaba el suyo.
Guillermo permanecía inerte, con los ojos clavados en Pedro quien apenas vio la ruta despejada salió de la banquina y retomó el camino por la cinta asfáltica.
Primera, segunda… El ruido del motor pidió el nuevo cambio de marcha. Pedro metió la tercera y condujo serenamente unos minutos a velocidad crucero. Durante todo ese tiempo, Guillermo no le sacó los ojos de encima. Pedro sentía que lo estaba traspasando, pero no pensaba engancharse en una nueva discusión.
_ ¿Te molesta si pongo la radio amor? _Le preguntó intentando dar por terminado el asunto.
_ No, por supuesto que no. _ Guillermo respiró hondo, se tragó su aprensión y volvió a sentarse en posición normal, con la vista al frente, pero mudo.
Pedro jugaba con el comando de la radio cambiando de emisoras, hasta que su voz potente resonó dentro del Sonic.
“Así me siento yo sin tener tus caricias. Así me siento yo, en celo todo el día, recorriendo las calles que recorrí contigo, buscando en otros hombres descubrir tu sonrisa*”
_ ¡Naaaa! _ Gritó Pedro enloquecido. _ ¡Qué simbiosis con el universo Graziani! ¡Es el tema que vos estabas cantando! El de Valeria Ly…
_ ¡No soy sordo, Pedro! Lo estoy escuchando igual que vos.
Esta vez no pudo ni quiso soslayar la situación. _ ¿Se puede saber por qué me hablás así?
Con su gesto habitual, apoyó el codo sobre el pequeño reborde de la ventanilla cerrada y se sostuvo el mentón con una mano mirando exactamente para el lado inverso al conductor.
_ Por nada, Pedro. Por nada. Seguí escuchando…  a esa mujer tan sensual. Terminó la frase entre dientes, casi en un susurro, pero perfectamente audible.
Pedro pensó. Tenía dos opciones, trenzarse en una nueva discusión o agarrarlo para la joda. Optó por la segunda, si fallaba y se venía otra tormenta, la enfrentaría. Pero esta vez quiso cambiar el juego, subió un poquito el volumen, lo miró con esa sonrisa encantadora, y comenzó a cantar.
“Como una loba, aúllo por las noches encendida, para que sepas que sigo estando sola en mi guarida. Y si mañana volvemos a encontrarnos por la vida, finjamos que acabamos recién de conocernos…*” _  Soltó una mano del volante y comenzó a rozar la pierna de Guillermo.
_ Dedicate a manejar y con las dos manitos sobre el volante por favor. _ Le dijo huraño mientras le sacaba la mano de su pierna y la ponía sobre el volante. _ Vamos en ruta, el asfalto está mojado y ya demasiado distraído estás con la música. A ver si nos ponemos un tortazo y dejamos a Kendy huérfano por segunda vez. 
Pedro se rayó y apagó la radio. _ El tortazo te lo vas a comer un día de estos y sin necesidad de mal tiempo, ni de ruta, ni de música, ni de un carajo. ¡En seco te va a caer! ¡Cómo podés ser tan mala onda! ¡Te estaba cantando a vos!
_ Estabas cantando con ella.
_ ¡Pero a vos! Y te escuché bien clarito, te molestó que dijera que es una mujer sensual.
Silencio. Guillermo seguía mirando por su ventanilla.
_ PQTQ… PQTQ… Móvil uno usando la clave y llamando a móvil dos. ¿Me escuchás Guille o te estás haciendo el pelotudo?
_ Te escucho perfectamente Pedro, ya te dije que no soy sordo. ¿Y qué mierda es PQTQ?
_ Una pelotudez para hacerte reaccionar sin tener que enojarme. ¿Qué te pasa? ¿Ya vas a empezar de nuevo? ¡No te entiendo! Juro que no te entiendo… ¿Odiás la paz?
_ ¡No! _ Esta vez sí lo miró a los ojos. _ Odio cualquier cosa que se mueva, respire y llame tu atención.
Pedro se tomó unos segundos antes de comenzar a hablar.
_Guillermo, a ver… seamos sinceros. ¿Vos padecés de alguna enfermedad que no te hayas animado a confesarme? ¿Algún golpe grave de chico que te haya dejado secuelas? Por favor, decime que me estuviste escondiendo algún diagnóstico, porque de no ser así… me perdí. De ser así, vos no sos normal!
_Normal… ¿Y qué es normal? Que el perro ladre, que el gato maúlle…  eso es “normal”.
_No, también es normal lo que actúa como regla, como un modelo. Lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación. Guillermo, por favor pensá! No es normal que te pongas así porque comenté que una mujer, que además es una señora y que tiene un poco más de sesenta años, es sensual cuando canta. ¡Guillermo razoná!
Semejante interlocución lo había dejado sin argumentos, así que optó por retroceder.
_Está bien, tenés razón Pedro. Disculpame.
El camino al estudio siguió algo tenso, sin música, sin diálogos. Los roles se habían invertido. Guillermo quería cambiar de clima, pero Pedro manejaba con el ceño fruncido.
Sabía que se iba a encontrar con un iceberg, pero el no lo tenía seguro, así que fue por el sí. _ Pedro, ¿me das un beso antes de llegar al estudio?
_ No. _Fue seco y contundente.
_ Está bien, me lo gané. _ Dejó pasar diez segundos antes de volver a arremeter. _ ¿Ni siquiera uno chiquitito?
_ No. _ Ni lo miraba.
Diez segundos más. _ ¿Y cuando lleguemos al estudio? ¿En el despacho?
Fue tan rápido en responder que lo dejó sin habla. _Tampoco. Ni durante la mañana, ni durante la tarde, ni esta noche. Te acabás de ganar una sanción disciplinaria. Para vos no hay un solo beso más hasta que no des señales claras y precisas de sanación interior respecto de esos celos enfermizos, así que te sugiero que en lugar de insistir llames a tu terapeuta y hables con él al respecto.
_ ¡Pero Pedro! ¡Sabés que tengo turno los martes…! ¿Vos me vas a negar un beso hasta mañana después de la entrevista con mi analista?
_ ¡Hasta mañana si tenés suerte! No te voy a volver a besar hasta que no tomes con vos un compromiso interno, real y serio de no cagar nuestro matrimonio con tus escenas de celos.
Entró en desesperación. _¡No me podés hacer eso!
Pedro respondió impertérrito. _ Ya te lo hice. Ahora deshacelo vos comportándote como un hombre y no como un troglodita. _ Habían llegado al estudio, Pedro estacionó el Sonic. _ Y ojo como te comportás ahí adentro, ni se te ocurra acercarte. Esta vez te estoy hablando en serio. _Y se bajó del auto.

La mañana fue un parto de nalgas para Guillermo. Tenerlo tan cerca, con esa ropa que le quedaba como los dioses y no poder acercarse era una tortura.
“¡Pelotudo, cabrón, inseguro de mierda!” se decía a sí mismo cada vez que le llegaba su perfume y recordaba que no podía tocarlo.
Le preparó café, le hablaba cariñosamente, no dejaba de buscarlo con los ojos derretidos de amor, pero Pedro, inmutable y templado, hacía su trabajo con más sagacidad que nunca y apenitas registrándolo.
Cuando llegó el mediodía, buscó la oportunidad. _Pedro, sigue lloviendo. ¿Querés que vayamos a almorzar a casa con Kendy y Solange?
_No, gracias. La ruta está espantosa con este día, tengo mucho trabajo y además, si vamos a almorzar a casa no podemos irnos hasta que Kendy se duerma porque se pone a llorar cuando nos vamos y hay mucho trabajo en la mercería.
Carraspeó para aclarar la voz. _¿Entonces querés que vayamos a comer algo por ahí?
_No. Ya pedí algo. Almorzamos acá y después vamos a trabajar a la mercería.
_Pedro… Es un día gris y frío. Que mejor que ir a almorzar solos por ahí antes de ir a la merce.
_No. Ya te dije que tengo mucho trabajo y que no tengo ganas de tener una sola escena romántica con vos.
“¡Puta madre que te parió, Graziani! Esto es lo que conseguís con tus celos de mierda!”
_ Está bien Pedro, como vos quieras.
Lo vio girar para irse y se le estranguló el estómago. Lo amaba de todas las maneras posibles, viables, potenciales y factibles, pero no le iba a permitir seguir alimentando esos celos enfermizos. Las vísceras lo impulsaron.
_Gui…
Giró como un trompo y a toda velocidad
_Si… Te escucho.
_Me adelanté, pedí algo para almorzar acá, pero si querés antes de ir a la mercería podemos tomar un cafecito por ahí, los dos solos… Digo.
El aire se llenó de espejismos y ensoñaciones
_Me encanta la idea amor, me encanta. ¡Gracias! _Y le tiró un beso que Pedro atrapó en el aire y acunó contra su pecho mirándolo a los ojos.
_Esto no cambia nada Graziani, seguís en capilla.
_Lo sé. Pero te amo tanto Pedro, que si cambié mucho de mí por ser digno de tu amor, puedo cambiar lo que reste para que vuelvas a ser feliz a mi lado.
_Nunca dije que había dejado de ser feliz. Soy feliz con vos, lo único que quiero es que dejemos de pelear
Se acercó insinuante, cauto y prudente. _No sé si algún día vamos a dejar de pelear, solo aspiro y me conformo, con que esas peleas no vuelvan a amenazar nuestra felicidad. Pelear… ¿Qué pareja no discute? Lo que me voy a proponer es evitar que nuestras peleas pongan en riesgo nuestra familia, nuestro matrimonio y tanta felicidad.
Pedro se mordió el labio inferior, moría por besarlo, pero si daba marcha atrás nunca lo iba a corregir.

Pasado el mediodía llegó el delivery.
_¿Qué pediste amor?
_Grasa y calorías, como a vos te gusta… Dale, vení. Almorcemos juntos.
Guillermo no pudo esconder su asombro. _Juro que creí que hoy almorzábamos milanesas de soja con ensalada de hojas verdes y rodajas de calabaza.
_Lo pensé. Pero como estás castigado con los besos, me pareció que era injusto hacerte comer esas cosas que no te gustan. Por eso pedí bife de chorizo con papas fritas, sabía que te iba a gustar. Destapá el vino, es tu preferido.
Quedó estupefacto. Lo que menos pensó durante la mañana era que iba a recibir todos esos mimos a mediodía. _Pedro…
_¿Qué?
_Gracias… Sé que no me merezco todo esto…
_Si te lo merecés, por eso lo hice. También te merecés un coscorrón bien puesto en el medio del marote, pero para eso hay tiempo, para esto no. Disfrutalo amor. Después vamos a tomar un cafecito a solas por ahí antes de ir a la merce y vamos a hablar mucho vos y yo. Pero todo eso va a ser después, ahora almorcemos en paz.
Comieron como cosacos, se olvidaron por unos minutos de la discusión que habían tenido y apenas subieron al Sonic estuvieron a un paso de besarse, pero algo los detuvo y retrocedieron.
_Tomemos un café lo más rápido posible y donde sea, que si me engancha un control de alcoholemia en este momento nos sacan el auto.
Guillermo se permitió soltar la risa. _ Si eso pasa vas a tener el mejor abogado, aunque los honorarios podrían resultar altísimos. Pero por ser vos estaría dispuesto a hacerte un plan de pagos. Por vos doy vuelta el mundo, pero si lo podemos evitar, mejor… Que nos saquen el auto, lo otro sería un placer. Dale lindo, donde quieras.

Tomaban café sentados frente a frente.
_No te estoy pidiendo nada que no sea posible. Tenés que bajar ocho cambios con tus celos. Si no es la ropa, es Robertino. Si no es Robertino, es Valeria Lynch…  ¡Valeria Lynch! Guillermo, ¿te das cuenta que eso tiene mucho menos sentido que todo lo otro, aunque “todo lo otro” también me rompa los huevos? Un día de estos vas a escuchar una explosión y van a ser mis huevos, querido! ¡Porque los tengo inflamados como si estuviera incubando un pollito en cada uno! 
_Ya te pedí perdón mil veces Pedro…
_¡Es que no quiero que me pidas perdón! ¡Quiero que cambies de actitud!
El café le sabía más amargo que de costumbre, se dio cuenta que lo había llevado al límite.
_Está bien… Mañana voy a hablar con mi analista de esto y te prometo trabajarlo. Sé que puedo cambiar y voy a cambiar.
Pedro respiraba profundo tratando de relajarse.
_Te tomo la palabra. ¿Es un compromiso con “lo nuestro”?
_Si Pedro…
_Dale, pagá y vamos a trabajar a la mercería.
_Pedro… antes de irnos, ¿puedo hacerte una pregunta?
_Si…
_ ¿Qué es PQTQ?
Pedro no pudo evitar la risa. Una risa fresca y sincera que le brotó de las entrañas. _ “Por Qué Te Quiero”… tanto, me faltó agregar. ¿Conforme?
Lo devoró con la mirada. _Si, mucho más que conforme.
_Bueno, ahora pagá y nos vamos. Sedicioso!
Lo dejó salir primero solo para ver su andar sugerente y tentador. ¡Cuánto le costaba no poder tocarlo!

Si bien Pedro era el que llevaba la voz cantante respecto del negocio, la ayuda de Guillermo era imprescindible. Sentados frente a frente en el escritorio, Pedro revisaba el stock y Guillermo las cuentas. El silencio era cordial y hasta habían preparado el mate para combatir la modorra del almuerzo suculento.
_Esto está todo en orden Pedro. Las cuentas están perfectas
_Que bueno, yo ya termino de chequear el stock y podemos irnos a casa.
_No veo la hora de llegar a casa, extraño a Kendy
Pedro seguía con la vista fija en la pantalla de la computadora. _Ni me lo digas, me estoy muriendo por verlo.
_¿Te falta mucho?
_ Unos diez minutos y nos vamos.
Guillermo cerró los libros, cruzó los brazos detrás de la nuca, se reclinó sobre el sillón y cerró los ojos para resetear el cuerpo… cuando se escuchó su voz nasal e inconfundible en el salón de ventas.
“Estoy saliendo con un chabón… Ya más de un año, van casi dos… _Encima, había entrado cantando.
Pedro levantó la vista temiendo su reacción. La voz de Robertino seguía repercutiendo contra las paredes de la mercería
_ “Estoy enamorado y saben que, me gustaría darle un varón
Esta vez contuvo el aire en los pulmones por demasiado tiempo, temía una catástrofe. Estaba seguro que la risa hilarante de las empleadas agravaba la situación. Guillermo se incorporó de su asiento abandonando esa posición tan cómoda y se puso de pie.
_Guillermo que vas a hacer
Lo miró sorprendido. _ ¿Cómo qué voy a hacer? Voy a saludar a un amigo. _ Y se dirigió al saló de ventas. Pedro dejó lo que estaba haciendo y salió como un rayo detrás de él.
_¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno…! ¡Qué grillo te levantaste hoy Robertino! Es lindo escucharte así, sonás feliz.
_Hola Tino. _ Pedro se acercó rápidamente a saludarlo temiendo lo peor. Era una estatua de sal, no podía discernir si estaba siendo sincero o sarcástico. Lo que siguió, más que de sal, lo dejó de piedra. Guillermo fue al encuentro de Robertino y lo saludó con un abrazo.
_Hola compadre… Qué bueno verte. ¿Venís a hablar con Pedro? Ya está terminando su trabajo, así que si necesitás hablar con él, está a tu entera disposición.
A Robertino todavía le costaba asimilar el nuevo trato de Guillermo para con él y se mostraba algo tímido.
_No… La verdad es que pasaba por acá, vi el auto, y bajé para saludarlos. ¡Me gusta tanto estar con ustedes! Espero no haber sido inoportuno
_Bajo ningún punto de vista Tino, es un placer verte. _  En ese momento, tanto Robertino como Pedro estuvieron a un paso de caer redondos contra el piso. “¿Le dijo Tino?” pensó Pedro. “¿Un placer verte? Ahora si le creo que de verdad quiere cambiar.” Y no pudo evitar emocionarse. _Y si mal no recuerdo, nos estamos debiendo una cena los cuatro. ¿Por qué no hablás con Carlos y acordamos comer juntos mañana, pasado, o el fin de semana? Cuando sea.
Robertino miró a Pedro desconcertado.
_ Me parece perfecto. Tino hablá con Carlos, me llamás y acordamos para comer los cuatro juntos… Bueno, los cinco. Con Kendy.
Robertino tenía los cachetes al rojo vivo, no estaba acostumbrado a que Guillermo lo tratara bien.
_ Sí, claro… Hablo con mi Osi y te llamo Peter. _ Hizo una pausa, tomó aire, juntó coraje y lo dejó salir. _ Fiera… _ Refiriéndose a Guillermo.
_ ¿Qué pasa Tino?
_Nada… Solo gracias. Gracias…
Guillermo entendió cuanto bien se podía lograr despojándose de ese carácter de mierda y Pedro elevó una plegaria al Cielo. Así se podía volver a empezar.

Llegaron a la casa más temprano de lo pensado, tuvieron tiempo para todo. Ducharse, jugar con Kendy, revolcarse en el suelo junto a él, ayudarlo a soltarse a caminar. Preparar la cena, compartir la mesa. Mamaderas, pañales y las tareas propias de dos padres entreverándose con una reconciliación que por pequeños momentos se pronosticaba apocalíptica y por otros, recordaba la sanción impuesta.
Cada vez que estaban demasiado cerca Pedro se corría.
Ya no tenía puesta esa ropa que lo había incendiado de celos, solo un jean suelto, gastado, de esos que usaba para estar cómodo en casa y una remerita blanca que le macaba los pectorales a la perfección. Se pusiera lo que se pusiera, nunca dejaba de superar al dios más perfecto que hubiese inventado la mitología.
Él también se había despojado de esa ropa que Pedro le había cuestionado por la mañana. Había recurrido a su pijama negro, liso y con ese escote en v que dejaba ver los vellos entrecanos.
Se miraban rozándose, pero no se tocaban.
Cuando Kendy cayó rendido en los brazos de Morfeo, Guillermo lo subió en brazos, lo acostó en su cama, lo arropó y después de dejarle cientos de besitos en la frente bajó las escaleras para el cafecito clásico de la hora de solteros. Una hora para ellos dos después que Kendy se dormía, para un café, una charla y con suerte un whisky antes de irse a dormir, pero esta vez sin la esperanza de un beso que le diera sentido a su vida. Muy pocas veces Pedro lo castigaba, pero en ese sentido era extremo. Cuando se encabronaba no aflojaba fácil, iba a ser una noche larga y solitaria. Bajó resignado.

Al ver la escenografía, la noche se transformó de la resignación a un prodigio de sorpresa, entusiasmo y estupefacción.
Solo una luz encendida. La cocina estaba casi en penumbras. Sobre la mesa, café, whisky y cigarrillos, y entre las sombras, Pedro…  Se había quitado la remera, se acercaba hacia él con el torso desnudo enfundado en esos jeans gastados y sueltos que le sentaban más que bien.
“Róbame un beso… y llévame contigo muy de prisa.*” _ le cantaba bajito mientras se seguía acercando. _“Donde tú sabes, que yo caeré en tus brazos seducido*” _ Guillermo sintió que todos sus músculos se entumecían de deseo. _ “Ni me preguntes, y toma lo que es tuyo sin medida, que hambriento de tu cuerpo, amando moriría*”
La sanción estaba cancelada.
Se quitó la parte superior de su pijama negro y liso con escote en v para sentir su piel contra su piel, lo tomó por la cintura y lo besó.
Un beso no solo es el contacto o la presión que se hace con los labios sobre una persona o una cosa en señal de amor, de afecto, de saludo o de deseo.
Un beso es un gesto que nace de la boca en la dirección adecuada y no había dirección más precisa en esa noche.
Los labios de uno sobre los del otro, salvando las circunstancias y sellando un nuevo pacto de amor.

*Como una loba. (Valeria Lynch)

CONTINUARÁ. 

martes, 27 de septiembre de 2016

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 9 (Parte 2) - (By Daniela Maurice)







“Cuando vuelva del olvido te acordarás...
que un día se perdió en las brumas del desamor,
pensando que hasta la muerte la ibas a querer
sin presentir... tan siquiera que serías fuente de su dolor...


Por eso cuando regrese del olvido, amor mío será cierto,
recuperaremos el tiempo perdido en un frenesí enloquecedor,
y si el sentimiento esta frío, haremos que esté despierto,
en un beso de reencuentro, delicia liviana, perfume embriagador”
.


Cuando Pedro llegó, Sonia lo había atendido. El que fuera ella y no Cuca,
fue un gran alivio para él. Era muy difícil que la tía de Guillermo se creyera
la historia, del sobrino de Malvarez. Lo único que deseaba en ese momento,
era no dar explicación y salir de ese contratiempo lo antes posible. Debían salvar el estudio y él tenía el poder para hacerlo.
Se quedó sentado en el escritorio de Gaby a espera de que Marcos apareciera.
A él si había de dar explicación, pero con la urgencia que tenía de recibir la entrega del dinero,  Labrapoulos lo que menos iba hacer, era detenerse a pensar que Pedro y Julián Malvarez eran la misma persona.
Miró hacia un cuaderno cubierto de cuero, que captó su atención en el mismo instante. Qué podría haber allí escrito, le despertó curiosidad. Pensó que era de Gaby y que podría tratarse de algunos casos que seguramente estuviera llevando. Lo abrió, pero al seguir el hilo de las palabras, se dio cuenta que el estilo no era el de su amiga, sino el de Guillermo. Seguramente en un descuido, Sonia o Cuca habían olvidado de guardarlo. No era nada importante, solo momentos que había dejado asentado en su proceso de escritura, pero para Pedro, leerlo, tendría el efecto contrario.

19 /08/2013
Antes de la llamada de Pedro, me había pasado una situación particular. José pensó que era mejor que fuéramos a cenar para tratar la causa de Moravia, pero en vez de eso, fuimos juntos a un comedor para adultos. Nunca me había pasado algo tan fuera de lo común y me cambió la impresión que me había dado al principio, de cómo él realmente era.
Lo que no puedo entender, es por qué durante el transcurso que compartimos juntos, cruzó en mi mente preguntarme por su identidad, por sus sentimientos. Si eran los mismos que los míos.

23 /11/2013
Busqué a José por más difícil que fuera la decisión. Sabía que estaba haciendo lo correcto. Tenía que asumir lo que me estaba sucediendo con él. La vida nos lleva a circunstancias difíciles, pero quizás, él podría ser la oportunidad que hoy tengo. Él está, físicamente está. Yo lo estoy y no puedo seguir fingiendo que la vida sigue su transcurso.

16/04/2014
No sé por qué pensé que Gabriela podría haber tenido razón. Tantas veces había insistido con José, en un futuro juntos entre los dos. Tanto tirar la cuerda, tomé la decisión, era lo mejor. El pasado debe quedar atrás, tomé la decisión de que nos casáramos, por más ridículo que pueda ser para mí. Ella lo aceptó sin ningún problema; a Marcos le dio lo mismo y Cuca lo aceptó con resignación. Solo Solange, esa pequeña que parece saberlo todo, no dijo nada
y sin embargo, con un solo gesto en su mirada, pareció decirme todo. Como si le hubiera molestado mi decisión de casarme. Fue la primera vez que noté una actitud de molestia y de enojo en ella. Y Beto, ¿qué podría decir de él?, parecía seguir por el mismo camino que ella. No está de acuerdo y no lo acepta, y se por qué, pero no voy a dar marcha atrás.

En ese momento, todo su mundo se vino abajo. Todo lo que había creído, las personas que lo rodeaban, se habían transformado en una pesadilla, como si hubiera sido siempre una película, con un final que jamás habría esperado que sucediera, y fue irremediable, que pensara en esos días previos. Recordaba cada una de sus palabras y ya no era su voz la que escuchaba, eran espadas que se  iban clavando una a una en su alma.

Andáte, desaparecé, esfumate, como si nunca hubieras existido...
Hay a veces que la vida te une y hay veces, que la vida, te separa…Y si no me quiero ir, sino me quiero alejar de vos…
Uno no vive lo que quiere, vive lo que puede… ¿y me vas a esperar?
Hacé tu vida que yo necesito hacer la mía...

Se sintió desfallecer y su cuerpo lo abandonaba en sus fuerzas. Intentó amortiguar la caída, sosteniéndose sobre la silla. En ese momento, Gaby apareció proveniente de la sala de reuniones. Su presencia la sobresaltó.
Temía que alguien lo viera.
_ Pedro - se asombró Gaby al verlo- ¿Qué haces acá tan temprano?
_ Venía para hablar con Marcos- fue toda la respuesta que dio, apenas podía articular palabra y sentía como si él corazón se ahogaba por dentro.
_ ¿Marcos?  Pero él no sabe que estás vivo- bajo su voz al decirlo - yo tengo miedo que si te ve, te reconozca. El otro día estuvo haciendo preguntas sobre ese día de tu supuesto entierro. Es mejor que no sepa, no podemos seguir metiendo a más personas.
_ Lo sé - respondió tajante en un dejo de molestia. Gaby lo percibe, sin embargo, prefirió no emitir ninguna palabra.- Marina- continuó - me dijo que vio una foto mía. Obviamente le dijo que era Julián.
_ Ahora entiendo tanta pregunta- comentó Gaby.
Hubo un silencio entre los dos que no dejaba de ser tenso. Gaby asimilaba con más precisión su enojo, no comprendía por qué los últimos días todo el mundo se mostraba de esa manera. ¿Acaso solo ella se daba cuenta? Nada impidió que se preguntara la razón de por qué se sentía así. Él alzó su mirada y las  lágrimas comenzaban a discurrir por sus ojos. Aun así, ella podía advertir la tormenta que se estaba acrecentando dentro de él y sintió un golpe en su corazón.  
_ ¿Vos me preguntas qué pasa? Vos, mi amiga - agregó en un tono de sarcasmo. Tomó el cuaderno entre sus manos y le dijo: - ¿Sabés qué es esto? ¿Hasta cuándo pensaban vos y Beto seguir con todo este teatro?
_No entiendo - le hizo ademán -  Primero, no sé como ese cuaderno llegó acá. Guille lo estaba usando, cuando estaba escribiendo ese libro.
_ ¿Y vos pensás, que yo tengo que creer, que todo lo que está escrito acá,
 es ficción? Estoy cansando de que me mientan - agregó, levantando la voz-
_ Yo no te estoy mintiendo y no entiendo porque estás así. Es más, lo noté desde que volviste, esa actitud tan fría para con nosotros.
_Me parece que pasaron muchas cosas, para que ahora te sorprendas.
Como lo de Camila por ejemplo - siguió, volviéndose sobre sus pasos.-
No es la razón por la que Santiago está acá trabajando. Que convenientes
que fueron para buscarle un abogado.
_ Yo nunca estuve de acuerdo con eso. Fue porque Miguel pretendía acusarla del crimen de su padre y porque vos decías siempre que la querías, nunca... - hizo una pausa y tomó aire  y un segundo después le dijo: - nunca hubieras querido que le pasara nada malo. Guille quiso respetar tus sentimientos…
_ Ya, ya. No quiero seguir escuchando, no importa lo que yo quería para ella. Las cosas cambiaron después de ese día.
_ ¿Qué leíste en ese cuaderno? - inquirió Gaby al cambiar de tema. Su voz temblaba y su mente ya imaginaba lo que habría leído.
_ No quiero hablar de eso. Mil veces les pregunté a los dos y se rehusaron a decírmelo. Les di un montón de oportunidades para que me dijeran la verdad y se quedaron callados.
_  Sigo sin entender  a lo que te estás refiriendo
_ Ahora me queda claro todo, mientras yo estaba prófugo, viviendo toda esa mierda, estaba con él.
_ ¿A quién te réferis? ¿A José? porque si es así, te estás precipitando. Él jamás te hubiera hecho una cosa así, si es lo que estás pensando.
_ ¿ Y que se supone que debo hacer? ¿Abrir el juego y confesarle que estoy vivo, para que me explique qué significa el fiscal en su vida?
Se llevó una mano detrás de su cabeza en un manojo de nervios. Hizo una pausa y luego le dijo:
_ No sé que es peor, que él me mintiera durante todo ese tiempo o que vos hicieras… que vos hicieras como si yo nunca hubiera existido en tu vida.
_ Estás siendo muy injusto, yo jamás dejé de pensar en vos, ni un segundo.
José lo único que hizo es desvivirse por tu causa, nos ayudó en un montón de cosas. No sabés lo difícil que fue empezar de nuevo, con todo el dolor que teníamos encima.
En un intento de lograr su comprensión, le hizo saber cómo Guillermo se había sentido después de su muerte y lo que ella sintió, que José podía lograr para que se repusiera de su pérdida. No era suficiente para él y ¿como ella podía entender lo que estaba sintiendo en ese momento? Podría darle mil vueltas al asunto, disfrazarlos con las mejores palabras, suavizar la situación, incluso buscarle una lógica al amor, no bastaría para Pedro.
_ No creo que yo estuviera actuando mal - concluyó Gaby
_ Me lo dice una persona, que se va a casar con un hombre que ni siquiera
   ama.
_ No sabés lo que estás diciendo.
_ Sí lo sé o quizás no. Tal vez a vos y a Guillermo les gusta jugar con los sentimientos de los demás. Cuando no les sirve, lo desechan. ¡Eras mi amiga y ni un segundo te pusiste a pensar lo que yo hubiera sentido, con toda esa basura que escribió!- señaló hacia él escritorio. - Se encontró confeso- bajó el tono de su voz- eso no es ficción, es verdad.
_ Estás siendo injusto. Todos pensamos que estabas muerto, como iba hacer para pensar…
_ No voy a seguir discutiendo con vos, no vale la pena hacerlo y es la última vez que vamos a hablar Gabriela.

Guillermo permaneció en silencio durante la cena esa noche. Fabián lo miraba de a ratos y le parecía demasiado extraño que se mantuviera callado y aun no entendía porque se había mostrado tan aturdido con la carta.
No probaba bocado y nada podía quitar de su mente las palabras de Camila.
_ ¿Pasó algo en él estudio que estás tan callado? - le inquirió su hijo, a la vez que cortaba un trozo de carne.
_ No fui hoy al estudio - respondió con gravedad. - Me viste que estaba con Juan - agregó de mala manera y se levantó de la mesa. Fabián se dio vuelta, no podía quedarse con solo una respuesta.
_ Pero algo te pasa, no podés venir así de la nada. ¿Qué pasó con la carta? ¿Quién te la escribió?
_ Yo no tengo por qué contestarte esa pregunta, fue una carta, nada más.
_ Nadie se pone así, alterado, por una simple carta.
_ ¿Acaso yo te pregunto - le cuestionó al cruzarse de brazos - de tus estados de ánimo por causa de esa chica?
_ No quiero hablar de Nancy ahora - le respondió al darle la espalda. -Tiene demasiado quilombos para pensar en si quisiera volver conmigo o no y todo
por causa de Camila, por eso se fue.
_ Entonces si vos no querés hablar de tus relaciones, yo tampoco me tengo que ver obligado a responderte.
Deseaba poder decirle que Pedro estaba vivo, que estaba dispuesto a recuperarlo, así él se opusiera, pero no podía decírselo. Sentía que esa
verdad era suya, le pertenecía a él y a nadie más.
Sabía que si continuaba allí sin hacer nada, no conciliaría el sueño. Debía
hablar con él, mirarlo a los ojos, tenerlo cerca. Comprobar que estaba ahí y
que no era un sueño que al despertar, lo arrancaría nuevamente de sus brazos.
Pedro no lo esperaba. Estaba convencido que aun permanecía ignorante de la verdad. No le importaba que lo supiera, si lo hería saber que nunca se lo había dicho. Prefería su sufrimiento, si eso bastaba para sanar sus heridas. Se sentía vacío como si sus sentimientos se hubieran revestido de la más absoluta indiferencia. Y no era para menos, las palabras escritas en ese cuaderno lo habían aniquilado por completo y sin piedad.
Cuando sintió que llamaban, no pensó que fuera él. ¿Y si se trataba de Gaby?
Fue lo que pensó, al incorporarse sobre él sofá. Perdería su tiempo, se habían dicho todo lo que tenían que decirse. Aun, ante la insistencia, atendió la puerta. Al ver que era Guillermo, no se inmutó, solo retrocedió el paso y lo
dejó entrar, sin importarle que él estuviera allí. Para él era solo un cúmulo invisible, que se disiparía con solo hacer real lo que su mente estaba tejiendo: olvidarlo.
La violencia con que cerró Guillermo la puerta lo atrajo hacia la realidad.
_ Explicame, explicame porque tenía que ser último en saber que estabas vivo.
Sus palabras lo detuvieron en seco, no comprendía cómo había llegado a la verdad. Tal vez Gaby había decidido abrir el juego y pese a que si hubiera sido así, le provocaba una suma molestia, prefirió no evadir su respuesta y le dijo:
_ ¿Quién te lo dijo? ¿Fue Gabriela? Es fiel para unas cosas, pero para otras no.
_ No fue ella y no intentes evadir el tema. Yo no vine hasta acá para dar explicaciones, cuando sos vos el que tenés que aclarar muchas cosas.
_ Yo no tengo porque aclararte nada.
_ Me lo merezco, tengo el derecho.
Guillermo no podía contenerse. Se sentía de la misma manera que cuando
había confrontado a Camila, las palabras le estallan dentro y  si no lo enfrentaba, terminaría por llevarlo a perder la razón. No se contuvo y en un ademán de exigirle, le dijo:
_ ¿Qué juego fue esto de hacerte pasar por muerto? Explicamelo.
_ No voy a decirte nada.
_ Explicamelo - insistió
_ No, no pienso hacerlo.
_ Estuviste un año haciéndote el muerto, tengo el derecho...
_ ¡Estuve en coma! - lo interrumpió- Pasé durante meses en un maldito coma. ¿Era eso lo que querías escuchar?
_ No te creo. Nadie sobrevive a dos tiros y sale inmune como si nada.
_ ¿Con qué derecho venís acá a reclamarme? Me hiciste responsable, que por la situación de mierda en que me encontraba, te arrastré conmigo y arruiné tu vida. Pero yo ahora entiendo, entiendo que mientras… yo me pudría en ese bar de mierda ¡te acostabas con ese tipo!
_ ¡Cerrá la boca!  No tenés ningún derecho a hablar así. Te equivocas, José lo único lo que hizo…
_ ¿Qué? - lo interrumpió -¿que manejó mi causa? ¿Cómo la manejó, que para
la justicia sigo siendo un asesino? ¿Qué más? ¿Qué me robó mi vida, mi mejor amiga, al hombre que amo? ¿Qué más tengo que saber?
Siempre te dije la verdad. Si querés que hablemos con la verdad, muy bien, hagámoslo. ¿Qué fui para vos, un hombre más en tu lista?
_ Yo jamás di explicaciones ni consideré que tenía la obligación de hacerlo; pero yo a vos te amé. No tenés ningún derecho a juzgarme así de esa manera, como tampoco hacerte pasar por otra persona, jugando con un tema tan serio como es la muerte.
_  No hice nada malo, porque Julián no existe, yo lo inventé. Santiago solo me ayudó dándome su nombre y si tuvo alguna existencia, fue en su hijo y murió al nacer. Ya ahora sabés la verdad y no voy a seguir estorbando en tu vida. Voy a tomar tu palabra.
_ Cuando te pedí que te fueras, fue porque lo único que quise era evitar que Miguel te hiciera daño. Quise evitar lo que vos mismo provocaste. Te dije que no fueras. Pero aun así lo hiciste ¿Todo por qué? Porque él señor necesitaba cerciorarse que su querida esposa estuviera bien. ¿Por qué no la arropaste y te metiste en la cama también para contarle un cuento, así se calmaba?
_ Si fui, era porque lo único que podía pensar en ese momento, era que una vez en la vida iba a poder ser feliz, con vos. Porque hasta ese día vos y ella, eran lo que yo más amaba en este mundo.
_ Vos mismo lo acabas de decir, feliz. Una sola oportunidad teníamos y vos mismo te encargaste de destruirla, por el amor eterno que tuviste por ella.
_ ¡No me interesa! No me importa y no quiero ni oír su nombre. Me equivoqué con vos, me equivoqué con ella. Por un hombre vinculado a vos, estoy pagando una culpa que no es mía y por ella estoy como estoy, en el infierno. Sin nombre, sin una vida. Los dos son iguales, los dos se merecen.
_ No me compares con tu mujer. Camila es una mocosa caprichosa, con un gran sentido del amor propio.
_ Bueno, te tiene a vos para que la reformes. Es más, abogá por ella, salvala del infierno de la cárcel y cásense. Al fin y al cabo lo único que quiso siempre fue un marido, por eso apretó el gatillo, como vos lo hiciste hace mucho tiempo. Vos me mataste y ella se encargó de terminar de pulir tu trabajo.
Ahora andate. Las personas lúcidas no hablan con los muertos.
_ ¿Qué vas hacer, lo vas a ir a buscar a tu amiguito?
_ No lo metas a Octavio en esto, él nada tiene que ver.
_ Tu amigo se guardó información cuando iba apelar tu causa.
_ ¿ Y vos crees que Miller es un lecho de virtudes?
_ No lo ataques a José, esto es asunto nuestro.
_ No me interesa seguir discutiendo y Octavio es una persona honesta. Él me ama, lo único que hizo es demostrarme su incondicionalidad conmigo, cosa
que vos y Gabriela están muy lejos de saber qué es. Que Camila te haga provecho y que Gabriela sea feliz, si puede, con un hombre que no ama. No tenemos nada más que hablar.
Guillermo pensaba que no tenían nada más por decirse. Solo lo observó por 
un momento. Estaba delante de la puerta y no podía evitar el deseo que lo embargaba dentro. Se volvió hacia él y abrazó sus labios con violencia.
Pedro intentaba poner resistencia, pero cuanto más sentía el sabor de sus
besos, mas imposible se le hacía refrenar el deseo. Debía hacerlo, no podía
dejar que la tentación lo dominara. No podía olvidar las palabras dichas. Lo apartó más de él y le dijo:
_ ¿Por qué hiciste eso? - le reprochó. Tenía la voz ahogada y su cuerpo temblaba.
_ Porque quise, porque fue mi deseo hacerlo. Es lo que tendría que haber hecho en mucho tiempo.

Unos días después.…

Pedro se mantuvo durante días en silencio, recluido en su habitación sin hablar con nadie. En efecto, Gaby intentó volver hablar con él,  sin ningún resultado. Parecía como si todo hubiera perdido sentido para él, se sentía sin rumbo y como si un montón de balas hubieran lacerado su alma. No quedaba más sed de venganza, solo deseaba caer en los propios brazos de la muerte y dejar de existir para siempre. Lo peor de todo, había sido soportar el rechazo de Octavio, buscarlo ese mismo día de la discusión no fue lo mejor. Esperó
mil noches que él llegara de improviso y le dijera que lo amaba o por lo menos una mínima gota de esperanza, que lo elegía a él y a nadie más.
_ ¿Por qué ahora? No entiendo tu actitud de venir a decirme esto - agregó, cruzándose de brazos. Lo veía en sus ojos, la misma herida de siempre, su
alma hecha trizas y él que estaba ahí. ¿Acaso para salvarlo? ¿Él debía
recoger los pedazos que había quedado del hombre que amaba?_ ¿Es por él que estás así?
_ No vine  a hablar de Guillermo, acabo de tener una discusión con él…
_ Exactamente - lo interrumpió - ¿Qué esperas que yo haga, que recoja las migajas que dejó Guillermo?
_ No es eso.
_ ¿Entonces qué es? - levantó la voz -  Estoy cansado y si decidí apartarme, es porque no quería estar en medio de los dos, como un imbécil. Si juego, juego limpio.
_ Ya se terminó, él sabe todo, que estoy vivo, pero no me cree. Piensa que me hice pasar por muerto, y no me importa ya lo que piense. Ya sé lo que planeaba hacer, los planes que tiene con ese tipo.
_ Bien, ya lo sabés.
Pedro lo miró con un gesto de asombro
_ ¿Vos lo sabías y no me dijiste nada?
_ Era él quien te lo tenía que decir, la verdad a quien le corresponde. ¿Para qué viniste acá a hablarme?
_  No lo sé, solo sé que siento que hoy, que vos, sos la única persona con la puedo empezar de nuevo.
_ No, no. ¿Por qué venís a buscarme? ¿Por la discusión que tuviste con él? -continuó , apartándose unos pasos. -Cuando se te pase todo ese odio que llevás dentro, te vas a dar cuenta que lo seguís amando. Y es una payasada lo que vaya hacer con Miller, está haciendo lo mismo que Gabriela.
_ Eso no es verdad, lo hace porque quiere.
_ No, tus negaciones a otra parte, conmigo no. Eso te gustaría, que rehiciera su vida con él fiscal porque lo ama, pero la verdad es otra.
_ Dame una oportunidad. - Pedro se acercó a él, más cerca de lo habitual, de lo que solía hacerlo, pero él se apartó.
_ No, tengo derecho a que alguien me ame, por quien soy, no que me use porque no se atreve enfrentar sus propios sentimientos.
_ Nunca fuiste tan duro ¿Qué te pasa?
_ Nada, solo estoy siendo sincero con vos. El amor solo nos pasa una vez en la vida, Pedro ¿no crees que tengo derecho a que alguien me ame, sin que haya una historia detrás?
_ Tenés razón pero...
_ No quiero lastimarte, pero las cosas son así. Estoy seguro que él te sigue amando
_ ¿Entonces porque esta con ese tipo?
_ Es lo mismo. Es lo mismo que si yo te diera la chance de que estuvieras conmigo, sabiendo que no me amás. Miller lo sabe, pero prefiere lastimarse.


La misión debía durar un año, Aarón sabía bien ello, por más que la tentación de encontrar a Eugenia se hacía a cada segundo más fuerte. Era increíble como el amor podía continuar vivo en su fuero interno, aunque la muerte los mantenía separados. Sin embargo, el verse allí, frente a una interminable fila de tumbas, le hacía afrontar otra realidad. No quería pensar que se hubiera enamorado de otra persona, pero no había poder humano que lo alejara de ese pensamiento y le hacía olvidar la razón que lo llevó hasta allí; Clara, como siempre le hacía perder la paciencia, desaparecía sin que pudiera darse cuenta e imaginaba dónde podía estar, en los sueños de que persona.
La llamó una y dos veces, hasta que su voz se hizo sentir hacia todo el cementerio. Si es que alguien hubiera podido estar allí y habría sido médium para poder oírlo, hasta que ella se dio por vencida.
_ Acá estoy- respondió resignada -
_ Si, acá estás. Ya pareces una criatura Clara, te tengo que estar buscando por todos lados. Con lo difícil que es encontrarte en la condición en la que estamos.
_ Muertos - pronunció Clara. Aarón detestaba oír esa palabra. Aún no podía aceptar que no existía, ya, físicamente.  - A ver -continuó - digo yo ¿qué le pasó a ese chico que tenía una sonrisa para todo?
_ Eso era cuando estaba vivo Clara - le replicó, volviendo sus pasos hacia donde ella estaba. - Y no vinimos acá para hablar de esto. Sabés que nos queda un año más y no podemos perder tiempo.
_ Pero yo necesito ayudar a mi hijo.
_ Y yo hacer que lo que estaba investigando se sepa. Perdí la vida en ello.
Y perdí también a Eugenia - agregó en un dejo de dolor - ero si seguís interviniendo en sus sueños, no vamos a llegar a nada.
_  Como se nota que nunca tuviste hijos. Estaba hablando con él de algo importante y venís a interrumpirme.
_ Era solo un sueño Clara. Sabés perfectamente que cuando despierta no recuerda nada.
_ No entendés que está mal, lo siento y cuando eso pasa no puedo evitar buscarlo en sus sueños. Es el único contacto que tengo con él. Es como si me llamara.
_ Ya lo sé, el tío de Eugenia lo llamaba inconsciente
_ Si ya lo vi. Le anduvo metiendo ideas en la cabeza a mi hijo. Como si él estuviera para psicoanálisis.
Su respuesta le provocó risa.
_ ¿Ahora qué es lo gracioso?
_ Que como se nota que tu hijo es igual a vos.
_ Eso siempre me lo decían, que éramos muy parecidos. Pero actualmente sus decisiones de vida me provocan, un disgusto - acentuó con furia. -¿Se puede saber de dónde saco eso de casarse y con alguien que apenas conoce?
_ Lo mismo dijiste, cuando estabas viva, de Ana.
_ ¡Ah no, a esa ni me la nombres! Va a tener que rendirme unas cuantas.
_ Vos no vas a hacer nada. Vas a ayudar a tu hijo y nada más. Ya te metiste en problemas cuando te le presentaste en ese parque.
_ Ah… me presenté de una anciana inofensiva, nada más
_ Basta,  querés ayudarlo, aclarár ese malentendido que se armó y después veremos qué haces.

El problema de Clara no era desarmar el nudo que se había enredado, con semejante malentendido, sino a quien encontrar para que actuara a través
de ella. Tenía el cuaderno en sus manos, pero aun así no encontraba a nadie en el estudio apto para que pudiera ayudarla. Todos daban vueltas de un lado a otro con papeles en sus manos. Ella no entendía el motivo.  A Gaby le quedaba un día para casarse y eso había transformado el trabajo en una revolución. Sin embargo, nada estaba perdido. Alberto no solía ir al
estudio desde que había salido de la cárcel, pero la situación de Pedro no
había dejado de darle vueltas en su cabeza toda la noche. Pensaba en Gaby,
en la discusión que habían tenido y en lo que su amigo pudiera hacer, cegado por el dolor. Aunque había prometido no volver a verla, no pudo evitar el
pálpito que lo empujaba a seguir la corazonada.

En un año, Clara había observado a todas las personas que rodeaban a su
hijo, pero ninguno alcanzaba hasta que lo vio a Marini. No lo conocía ni tampoco podía intuir lo perceptivo que podía ser, pero debía ser él que debía salir en su auxilio.
Lograr captar su atención no era un trabajo difícil para ella. Beto se había acercado hacia el escritorio de Gaby, cuando arrojó el cuaderno con fuerza
hacia el piso. Lo intempestivo lo sobresaltó y aun le asombró cómo podría haber aparecido allí. Lo tomó entre sus manos, dando vueltas a las páginas.  
Se daba cuenta que era de Guillermo, por la forma de la letra, pero aun no
entendía como había llegado hasta él. Tal vez Gaby en una discusión con Marcos lo había arrojado sobre él. Por alguna razón había llegado a sus
manos, lo sabía. Cómo sabía también, que debía hablar con Pedro.

La puerta estaba entreabierta al llegar, tal vez por un descuido del momento,
pero no hizo falta que entrara, él le abrió. Tenía el pelo desaliñado y la camisa blanca entreabierta, se daba cuenta que había tomado y no un vaso sino una botella entera.
_ ¿Qué estuviste haciendo? - pregunto Marini
_ Vení, mi amigo - le hizo seña y llevó su brazo sobre su hombro derecho. -Los dos somos unos perdedores.
_ No, pará - se soltó. - Estuviste tomando.
_ No, no quiero sermones, no quiero.
_ Gaby estaba preocupada por vos.
_ Ya discutí con ella y con él. No tengo nada más que hablar con Gabriela. Vos deberías hacer lo mismo, gritarle todo lo que tenés adentro
Alberto no le siguió el hilo de sus palabras, sabía que hablaban las heridas y
no su amigo, pero comprendía más que nadie su situación. Aunque mostrara una fortaleza hacia fuera, por  dentro se sentía de la misma manera, destruido, con el alma arrastrada por el suelo al saber que Gaby tomaría una decisión que lo separaría de ella para siempre. De todos modos, no podía dejarlo de esa manera. Lo convenció para que se metiera en la ducha, más bien lo había arrastrado hasta ella y lo encerró en la habitación hasta que entrara de nuevo en sí. Esperó a que el ruido de la lluvia cesara y unos minutos más, cuando oyó su voz pidiéndole que lo sacara del cuarto. Había parecido un chico y él un padre tratando de hacerle ver su error.
_ ¿Para qué viniste? No estoy para nadie.
_ Gaby me habían dicho que discutieron y vos te fuiste de las manos cuando hablaste con el fiscal. Ella estaba preocupada, hace días que no sabe nada de vos.
_ No recuerdo nada, ni siquiera que haya hablado con ese tipo. Si le pegué, lo tenía bien merecido.
_ No, yo decía por cómo lo enfrentaste. Fue lo que me dijo Gaby
_ No recuerdo nada, no sé si fue él alcohol, no lo sé.
Pedro bajó la vista mientras le hablaba, cuando pudo observar el cuaderno que Beto tenía en sus manos.
_ ¿Viniste para eso, no? ¿Para reivindicarlo? Si esa es tu intención, desde ya
te digo que perdés tu tiempo.
_ No te entiendo Pedro.
_ ¿No entendés? Venís con ese cuaderno donde escribió toda esa mierda.
Toda una mentira y yo como un imbécil.
_ Yo no leí nada, sabía que era de Guille, pero no sé porque lo traje. Yo venía para hablar con vos, por Gaby y porque también me preocupaba.
_ Que, ¿tenías miedo que agarrara un arma y me matara? O peor, ¿que lo hiciera contra él? No estoy tan demente como hacer eso. Ahora quiero que te vayas, necesito estar solo y pensar.
_ Está bien. - Se acercó hacia la mesa y le dijo - Te dejo el cuaderno. No se
que leíste, pero hoy me pasó algo extraño antes de venir acá. Yo esperaba hablar con Gaby, vistes.
_ ¿Y eso qué?
_ Que no sé cómo, pero él cuaderno apareció de la nada. Pensé que alguien lo había tirado, vistes, como cuando Gaby discute con Marcos. Pero apareció y fue por algo.
_ No entiendo y no me importa ya nada lo que se refiera a él. Ya tuvimos una discusión, ya dijimos todo lo que teníamos para decir. ¿No se a donde querés llegar?
_ Que tal vez no leíste lo suficiente. Las cosas pasan por algo.

Le tomó la mitad de la noche tomar la decisión de leerlo, para él no podía haber más nada que pudiera remediar lo sucedido. Las cosas habían cambiado, todos habían tomado otro camino. No podía hacer como si José no estuviera presente en la vida del hombre que amaba, porque lo estaba y había arrasado con todo lo que un día le había pertenecido. No había nada escrito ahí que pudiera regresar una gota de esperanza. Sin embargo lo abrió, dio vueltas las hojas sin ningún ánimo que pudiera recobrarlo, pero de nuevo las palabras recobraban fuerzas

 5/02/2014
No comprendo porque José reaccionó de esa manera, como si pudiera
entender todo lo que sucedió. Como si alguien pudiera entenderlo.
Vos no me arruinaste la vida, no importa lo que él piense. Nadie podría imaginarse lo que hoy siento. No te transformaste en un recuerdo, para
mí seguís estando presente en mi mente, en todo lo que hago a cada
momento.

15/07/2014  
Se me hace imposible soportar tu ausencia y no importa lo que haga. Aunque mantenga una posición ante los demás, una emoción que no siento, estás presente siempre ahí, en mi mente, en mi corazón, en todo mi ser. Te siento dentro mío.
Siento un vacio que nada puede llenarlo. Intenté rehacer mi vida, me mantuve vivo por un tiempo, pensé que podía enamorarme de nuevo, pero es imposible.
No sé lo que estoy haciendo, si haber tomado tamaña decisión fue lo correcto, pero aunque siga adelante mi vida, con José a mi lado, jamás voy a poder olvidarte.

A Pedro se le ahogaron las palabras y la emoción del momento lo embargo, como si el peso de las heridas hubiera desaparecido por completo.
Ya no importaba quién había o quien había estado, el amor continuaba vivo
en los dos.
Ahora sabía lo que tenía que hacer, seguir su propio corazón porque habría de ser él el que escribiría esta historia. Pues nada estaba dicho aún.

CONTINUARÁ