
LUNES… CAMINO AL TRABAJO
En medio de un diluvio, un auto azul al costado del camino liberaba sueños como fuegos artificiales, con dos enamorados enredados en besos y caricias, despojándose de los celos “solo por un rato”.
Nada más real que eso, siempre iba a ser “solo por un rato”
_ Basta Cielito, paremos ahora o esto va a ser insostenible. Tenemos que ir a trabajar.
Le dejó el último beso suavecito sobre los labios y se separó de él a regañadientes. _ Está bien, pero dame tu palabra de honor que no va a haber más escenitas de celos como la de hoy.
_ Pedro… ¿Por qué me pedís que te prometa algo que no voy a poder sostener? Siempre te voy a celar, siempre. “Como una loba mal herida, tratando de ubicarse en la región. A veces traicionada por su olfato, a la deriva, así me siento yo…*” _ Canturreó Guillermo
_ ¡Ah bueno! ¡Cómo amanecimos…! Nunca te había escuchado cantar, cantás lindo. Además ese tema… ¡Uf! Valeria Lynch… ¡Que mujer tan sensual!
Si bien la expresión de su rostro no pasó del Cielo al Infierno, se quedó en el purgatorio.
_ ¿Perrrrdón? _ Pedro ya había puesto el auto en marcha y miraba por el retrovisor para salir a la ruta nuevamente. Guillermo mantenía la vista fija en él como esperando una aclaración.
_ Ponete el cinto, Guille._ Le dijo haciendo caso omiso al tonito borrascoso de su reacción mientras abrochaba el suyo.
Guillermo permanecía inerte, con los ojos clavados en Pedro quien apenas vio la ruta despejada salió de la banquina y retomó el camino por la cinta asfáltica.
Primera, segunda… El ruido del motor pidió el nuevo cambio de marcha. Pedro metió la tercera y condujo serenamente unos minutos a velocidad crucero. Durante todo ese tiempo, Guillermo no le sacó los ojos de encima. Pedro sentía que lo estaba traspasando, pero no pensaba engancharse en una nueva discusión.
_ ¿Te molesta si pongo la radio amor? _Le preguntó intentando dar por terminado el asunto.
_ No, por supuesto que no. _ Guillermo respiró hondo, se tragó su aprensión y volvió a sentarse en posición normal, con la vista al frente, pero mudo.
Pedro jugaba con el comando de la radio cambiando de emisoras, hasta que su voz potente resonó dentro del Sonic.
“Así me siento yo sin tener tus caricias. Así me siento yo, en celo todo el día, recorriendo las calles que recorrí contigo, buscando en otros hombres descubrir tu sonrisa*”
_ ¡Naaaa! _ Gritó Pedro enloquecido. _ ¡Qué simbiosis con el universo Graziani! ¡Es el tema que vos estabas cantando! El de Valeria Ly…
_ ¡No soy sordo, Pedro! Lo estoy escuchando igual que vos.
Esta vez no pudo ni quiso soslayar la situación. _ ¿Se puede saber por qué me hablás así?
Con su gesto habitual, apoyó el codo sobre el pequeño reborde de la ventanilla cerrada y se sostuvo el mentón con una mano mirando exactamente para el lado inverso al conductor.
_ Por nada, Pedro. Por nada. Seguí escuchando… a esa mujer tan sensual. Terminó la frase entre dientes, casi en un susurro, pero perfectamente audible.
Pedro pensó. Tenía dos opciones, trenzarse en una nueva discusión o agarrarlo para la joda. Optó por la segunda, si fallaba y se venía otra tormenta, la enfrentaría. Pero esta vez quiso cambiar el juego, subió un poquito el volumen, lo miró con esa sonrisa encantadora, y comenzó a cantar.
_ “Como una loba, aúllo por las noches encendida, para que sepas que sigo estando sola en mi guarida. Y si mañana volvemos a encontrarnos por la vida, finjamos que acabamos recién de conocernos…*” _ Soltó una mano del volante y comenzó a rozar la pierna de Guillermo.
_ Dedicate a manejar y con las dos manitos sobre el volante por favor. _ Le dijo huraño mientras le sacaba la mano de su pierna y la ponía sobre el volante. _ Vamos en ruta, el asfalto está mojado y ya demasiado distraído estás con la música. A ver si nos ponemos un tortazo y dejamos a Kendy huérfano por segunda vez.
Pedro se rayó y apagó la radio. _ El tortazo te lo vas a comer un día de estos y sin necesidad de mal tiempo, ni de ruta, ni de música, ni de un carajo. ¡En seco te va a caer! ¡Cómo podés ser tan mala onda! ¡Te estaba cantando a vos!
_ Estabas cantando con ella.
_ ¡Pero a vos! Y te escuché bien clarito, te molestó que dijera que es una mujer sensual.
Silencio. Guillermo seguía mirando por su ventanilla.
_ PQTQ… PQTQ… Móvil uno usando la clave y llamando a móvil dos. ¿Me escuchás Guille o te estás haciendo el pelotudo?
_ Te escucho perfectamente Pedro, ya te dije que no soy sordo. ¿Y qué mierda es PQTQ?
_ Una pelotudez para hacerte reaccionar sin tener que enojarme. ¿Qué te pasa? ¿Ya vas a empezar de nuevo? ¡No te entiendo! Juro que no te entiendo… ¿Odiás la paz?
_ ¡No! _ Esta vez sí lo miró a los ojos. _ Odio cualquier cosa que se mueva, respire y llame tu atención.
Pedro se tomó unos segundos antes de comenzar a hablar.
_Guillermo, a ver… seamos sinceros. ¿Vos padecés de alguna enfermedad que no te hayas animado a confesarme? ¿Algún golpe grave de chico que te haya dejado secuelas? Por favor, decime que me estuviste escondiendo algún diagnóstico, porque de no ser así… me perdí. De ser así, vos no sos normal!
_Normal… ¿Y qué es normal? Que el perro ladre, que el gato maúlle… eso es “normal”.
_No, también es normal lo que actúa como regla, como un modelo. Lo que se ajusta, debido a su naturaleza, a preceptos establecidos con antelación. Guillermo, por favor pensá! No es normal que te pongas así porque comenté que una mujer, que además es una señora y que tiene un poco más de sesenta años, es sensual cuando canta. ¡Guillermo razoná!
Semejante interlocución lo había dejado sin argumentos, así que optó por retroceder.
_Está bien, tenés razón Pedro. Disculpame.
El camino al estudio siguió algo tenso, sin música, sin diálogos. Los roles se habían invertido. Guillermo quería cambiar de clima, pero Pedro manejaba con el ceño fruncido.
Sabía que se iba a encontrar con un iceberg, pero el no lo tenía seguro, así que fue por el sí. _ Pedro, ¿me das un beso antes de llegar al estudio?
_ No. _Fue seco y contundente.
_ Está bien, me lo gané. _ Dejó pasar diez segundos antes de volver a arremeter. _ ¿Ni siquiera uno chiquitito?
_ No. _ Ni lo miraba.
Diez segundos más. _ ¿Y cuando lleguemos al estudio? ¿En el despacho?
Fue tan rápido en responder que lo dejó sin habla. _Tampoco. Ni durante la mañana, ni durante la tarde, ni esta noche. Te acabás de ganar una sanción disciplinaria. Para vos no hay un solo beso más hasta que no des señales claras y precisas de sanación interior respecto de esos celos enfermizos, así que te sugiero que en lugar de insistir llames a tu terapeuta y hables con él al respecto.
_ ¡Pero Pedro! ¡Sabés que tengo turno los martes…! ¿Vos me vas a negar un beso hasta mañana después de la entrevista con mi analista?
_ ¡Hasta mañana si tenés suerte! No te voy a volver a besar hasta que no tomes con vos un compromiso interno, real y serio de no cagar nuestro matrimonio con tus escenas de celos.
Entró en desesperación. _¡No me podés hacer eso!
Pedro respondió impertérrito. _ Ya te lo hice. Ahora deshacelo vos comportándote como un hombre y no como un troglodita. _ Habían llegado al estudio, Pedro estacionó el Sonic. _ Y ojo como te comportás ahí adentro, ni se te ocurra acercarte. Esta vez te estoy hablando en serio. _Y se bajó del auto.
La mañana fue un parto de nalgas para Guillermo. Tenerlo tan cerca, con esa ropa que le quedaba como los dioses y no poder acercarse era una tortura.
“¡Pelotudo, cabrón, inseguro de mierda!” se decía a sí mismo cada vez que le llegaba su perfume y recordaba que no podía tocarlo.
Le preparó café, le hablaba cariñosamente, no dejaba de buscarlo con los ojos derretidos de amor, pero Pedro, inmutable y templado, hacía su trabajo con más sagacidad que nunca y apenitas registrándolo.
Cuando llegó el mediodía, buscó la oportunidad. _Pedro, sigue lloviendo. ¿Querés que vayamos a almorzar a casa con Kendy y Solange?
_No, gracias. La ruta está espantosa con este día, tengo mucho trabajo y además, si vamos a almorzar a casa no podemos irnos hasta que Kendy se duerma porque se pone a llorar cuando nos vamos y hay mucho trabajo en la mercería.
Carraspeó para aclarar la voz. _¿Entonces querés que vayamos a comer algo por ahí?
_No. Ya pedí algo. Almorzamos acá y después vamos a trabajar a la mercería.
_Pedro… Es un día gris y frío. Que mejor que ir a almorzar solos por ahí antes de ir a la merce.
_No. Ya te dije que tengo mucho trabajo y que no tengo ganas de tener una sola escena romántica con vos.
“¡Puta madre que te parió, Graziani! Esto es lo que conseguís con tus celos de mierda!”
_ Está bien Pedro, como vos quieras.
Lo vio girar para irse y se le estranguló el estómago. Lo amaba de todas las maneras posibles, viables, potenciales y factibles, pero no le iba a permitir seguir alimentando esos celos enfermizos. Las vísceras lo impulsaron.
_Gui…
Giró como un trompo y a toda velocidad
_Si… Te escucho.
_Me adelanté, pedí algo para almorzar acá, pero si querés antes de ir a la mercería podemos tomar un cafecito por ahí, los dos solos… Digo.
El aire se llenó de espejismos y ensoñaciones
_Me encanta la idea amor, me encanta. ¡Gracias! _Y le tiró un beso que Pedro atrapó en el aire y acunó contra su pecho mirándolo a los ojos.
_Esto no cambia nada Graziani, seguís en capilla.
_Lo sé. Pero te amo tanto Pedro, que si cambié mucho de mí por ser digno de tu amor, puedo cambiar lo que reste para que vuelvas a ser feliz a mi lado.
_Nunca dije que había dejado de ser feliz. Soy feliz con vos, lo único que quiero es que dejemos de pelear
Se acercó insinuante, cauto y prudente. _No sé si algún día vamos a dejar de pelear, solo aspiro y me conformo, con que esas peleas no vuelvan a amenazar nuestra felicidad. Pelear… ¿Qué pareja no discute? Lo que me voy a proponer es evitar que nuestras peleas pongan en riesgo nuestra familia, nuestro matrimonio y tanta felicidad.
Pedro se mordió el labio inferior, moría por besarlo, pero si daba marcha atrás nunca lo iba a corregir.
Pasado el mediodía llegó el delivery.
_¿Qué pediste amor?
_Grasa y calorías, como a vos te gusta… Dale, vení. Almorcemos juntos.
Guillermo no pudo esconder su asombro. _Juro que creí que hoy almorzábamos milanesas de soja con ensalada de hojas verdes y rodajas de calabaza.
_Lo pensé. Pero como estás castigado con los besos, me pareció que era injusto hacerte comer esas cosas que no te gustan. Por eso pedí bife de chorizo con papas fritas, sabía que te iba a gustar. Destapá el vino, es tu preferido.
Quedó estupefacto. Lo que menos pensó durante la mañana era que iba a recibir todos esos mimos a mediodía. _Pedro…
_¿Qué?
_Gracias… Sé que no me merezco todo esto…
_Si te lo merecés, por eso lo hice. También te merecés un coscorrón bien puesto en el medio del marote, pero para eso hay tiempo, para esto no. Disfrutalo amor. Después vamos a tomar un cafecito a solas por ahí antes de ir a la merce y vamos a hablar mucho vos y yo. Pero todo eso va a ser después, ahora almorcemos en paz.
Comieron como cosacos, se olvidaron por unos minutos de la discusión que habían tenido y apenas subieron al Sonic estuvieron a un paso de besarse, pero algo los detuvo y retrocedieron.
_Tomemos un café lo más rápido posible y donde sea, que si me engancha un control de alcoholemia en este momento nos sacan el auto.
Guillermo se permitió soltar la risa. _ Si eso pasa vas a tener el mejor abogado, aunque los honorarios podrían resultar altísimos. Pero por ser vos estaría dispuesto a hacerte un plan de pagos. Por vos doy vuelta el mundo, pero si lo podemos evitar, mejor… Que nos saquen el auto, lo otro sería un placer. Dale lindo, donde quieras.
Tomaban café sentados frente a frente.
_No te estoy pidiendo nada que no sea posible. Tenés que bajar ocho cambios con tus celos. Si no es la ropa, es Robertino. Si no es Robertino, es Valeria Lynch… ¡Valeria Lynch! Guillermo, ¿te das cuenta que eso tiene mucho menos sentido que todo lo otro, aunque “todo lo otro” también me rompa los huevos? Un día de estos vas a escuchar una explosión y van a ser mis huevos, querido! ¡Porque los tengo inflamados como si estuviera incubando un pollito en cada uno!
_Ya te pedí perdón mil veces Pedro…
_¡Es que no quiero que me pidas perdón! ¡Quiero que cambies de actitud!
El café le sabía más amargo que de costumbre, se dio cuenta que lo había llevado al límite.
_Está bien… Mañana voy a hablar con mi analista de esto y te prometo trabajarlo. Sé que puedo cambiar y voy a cambiar.
Pedro respiraba profundo tratando de relajarse.
_Te tomo la palabra. ¿Es un compromiso con “lo nuestro”?
_Si Pedro…
_Dale, pagá y vamos a trabajar a la mercería.
_Pedro… antes de irnos, ¿puedo hacerte una pregunta?
_Si…
_ ¿Qué es PQTQ?
Pedro no pudo evitar la risa. Una risa fresca y sincera que le brotó de las entrañas. _ “Por Qué Te Quiero”… tanto, me faltó agregar. ¿Conforme?
Lo devoró con la mirada. _Si, mucho más que conforme.
_Bueno, ahora pagá y nos vamos. Sedicioso!
Lo dejó salir primero solo para ver su andar sugerente y tentador. ¡Cuánto le costaba no poder tocarlo!
Si bien Pedro era el que llevaba la voz cantante respecto del negocio, la ayuda de Guillermo era imprescindible. Sentados frente a frente en el escritorio, Pedro revisaba el stock y Guillermo las cuentas. El silencio era cordial y hasta habían preparado el mate para combatir la modorra del almuerzo suculento.
_Esto está todo en orden Pedro. Las cuentas están perfectas
_Que bueno, yo ya termino de chequear el stock y podemos irnos a casa.
_No veo la hora de llegar a casa, extraño a Kendy
Pedro seguía con la vista fija en la pantalla de la computadora. _Ni me lo digas, me estoy muriendo por verlo.
_¿Te falta mucho?
_ Unos diez minutos y nos vamos.
Guillermo cerró los libros, cruzó los brazos detrás de la nuca, se reclinó sobre el sillón y cerró los ojos para resetear el cuerpo… cuando se escuchó su voz nasal e inconfundible en el salón de ventas.
_ “Estoy saliendo con un chabón… Ya más de un año, van casi dos… _Encima, había entrado cantando.
Pedro levantó la vista temiendo su reacción. La voz de Robertino seguía repercutiendo contra las paredes de la mercería
_ “Estoy enamorado y saben que, me gustaría darle un varón”
Esta vez contuvo el aire en los pulmones por demasiado tiempo, temía una catástrofe. Estaba seguro que la risa hilarante de las empleadas agravaba la situación. Guillermo se incorporó de su asiento abandonando esa posición tan cómoda y se puso de pie.
_Guillermo que vas a hacer
Lo miró sorprendido. _ ¿Cómo qué voy a hacer? Voy a saludar a un amigo. _ Y se dirigió al saló de ventas. Pedro dejó lo que estaba haciendo y salió como un rayo detrás de él.
_¡Bueno! ¡Bueno! ¡Bueno…! ¡Qué grillo te levantaste hoy Robertino! Es lindo escucharte así, sonás feliz.
_Hola Tino. _ Pedro se acercó rápidamente a saludarlo temiendo lo peor. Era una estatua de sal, no podía discernir si estaba siendo sincero o sarcástico. Lo que siguió, más que de sal, lo dejó de piedra. Guillermo fue al encuentro de Robertino y lo saludó con un abrazo.
_Hola compadre… Qué bueno verte. ¿Venís a hablar con Pedro? Ya está terminando su trabajo, así que si necesitás hablar con él, está a tu entera disposición.
A Robertino todavía le costaba asimilar el nuevo trato de Guillermo para con él y se mostraba algo tímido.
_No… La verdad es que pasaba por acá, vi el auto, y bajé para saludarlos. ¡Me gusta tanto estar con ustedes! Espero no haber sido inoportuno
_Bajo ningún punto de vista Tino, es un placer verte. _ En ese momento, tanto Robertino como Pedro estuvieron a un paso de caer redondos contra el piso. “¿Le dijo Tino?” pensó Pedro. “¿Un placer verte? Ahora si le creo que de verdad quiere cambiar.” Y no pudo evitar emocionarse. _Y si mal no recuerdo, nos estamos debiendo una cena los cuatro. ¿Por qué no hablás con Carlos y acordamos comer juntos mañana, pasado, o el fin de semana? Cuando sea.
Robertino miró a Pedro desconcertado.
_ Me parece perfecto. Tino hablá con Carlos, me llamás y acordamos para comer los cuatro juntos… Bueno, los cinco. Con Kendy.
Robertino tenía los cachetes al rojo vivo, no estaba acostumbrado a que Guillermo lo tratara bien.
_ Sí, claro… Hablo con mi Osi y te llamo Peter. _ Hizo una pausa, tomó aire, juntó coraje y lo dejó salir. _ Fiera… _ Refiriéndose a Guillermo.
_ ¿Qué pasa Tino?
_Nada… Solo gracias. Gracias…
Guillermo entendió cuanto bien se podía lograr despojándose de ese carácter de mierda y Pedro elevó una plegaria al Cielo. Así se podía volver a empezar.
Llegaron a la casa más temprano de lo pensado, tuvieron tiempo para todo. Ducharse, jugar con Kendy, revolcarse en el suelo junto a él, ayudarlo a soltarse a caminar. Preparar la cena, compartir la mesa. Mamaderas, pañales y las tareas propias de dos padres entreverándose con una reconciliación que por pequeños momentos se pronosticaba apocalíptica y por otros, recordaba la sanción impuesta.
Cada vez que estaban demasiado cerca Pedro se corría.
Ya no tenía puesta esa ropa que lo había incendiado de celos, solo un jean suelto, gastado, de esos que usaba para estar cómodo en casa y una remerita blanca que le macaba los pectorales a la perfección. Se pusiera lo que se pusiera, nunca dejaba de superar al dios más perfecto que hubiese inventado la mitología.
Él también se había despojado de esa ropa que Pedro le había cuestionado por la mañana. Había recurrido a su pijama negro, liso y con ese escote en v que dejaba ver los vellos entrecanos.
Se miraban rozándose, pero no se tocaban.
Cuando Kendy cayó rendido en los brazos de Morfeo, Guillermo lo subió en brazos, lo acostó en su cama, lo arropó y después de dejarle cientos de besitos en la frente bajó las escaleras para el cafecito clásico de la hora de solteros. Una hora para ellos dos después que Kendy se dormía, para un café, una charla y con suerte un whisky antes de irse a dormir, pero esta vez sin la esperanza de un beso que le diera sentido a su vida. Muy pocas veces Pedro lo castigaba, pero en ese sentido era extremo. Cuando se encabronaba no aflojaba fácil, iba a ser una noche larga y solitaria. Bajó resignado.
Al ver la escenografía, la noche se transformó de la resignación a un prodigio de sorpresa, entusiasmo y estupefacción.
Solo una luz encendida. La cocina estaba casi en penumbras. Sobre la mesa, café, whisky y cigarrillos, y entre las sombras, Pedro… Se había quitado la remera, se acercaba hacia él con el torso desnudo enfundado en esos jeans gastados y sueltos que le sentaban más que bien.
_ “Róbame un beso… y llévame contigo muy de prisa.*” _ le cantaba bajito mientras se seguía acercando. _“Donde tú sabes, que yo caeré en tus brazos seducido*” _ Guillermo sintió que todos sus músculos se entumecían de deseo. _ “Ni me preguntes, y toma lo que es tuyo sin medida, que hambriento de tu cuerpo, amando moriría*”
La sanción estaba cancelada.
Se quitó la parte superior de su pijama negro y liso con escote en v para sentir su piel contra su piel, lo tomó por la cintura y lo besó.
Un beso no solo es el contacto o la presión que se hace con los labios sobre una persona o una cosa en señal de amor, de afecto, de saludo o de deseo.
Un beso es un gesto que nace de la boca en la dirección adecuada y no había dirección más precisa en esa noche.
Los labios de uno sobre los del otro, salvando las circunstancias y sellando un nuevo pacto de amor.
*Como una loba. (Valeria Lynch)
CONTINUARÁ.
