
CAPÍTULO 5
Luego de ir a su casa, ducharse y cambiarse de ropa, llegó al estudio más contento que nunca. Había pasado una noche casi perfecta y un amanecer inolvidable. Despertarse con los besos de Guillermo era lo que había anhelado para su vida.
Encontrándose todos reunidos en el estudio, Pedro los saludó cálidamente, viendo como José y Gabriela se iban juntos para hablar con la madre de la impostora. Acercándose a su hombre, le regaló un dulce beso en los labios ante la mirada de todos los presentes.
- Buen día Marcos – saludó Pedro
- Buen día Pedro… _ saludó Marcos
- Buenos días Guille… ¿Cómo estás? – quiso saber Pedro besándolo en los labios
- Ahora que te veo mejor… _ respondió Guillermo acariciándole la cara
- Bueno tortolitos… vamos a trabajar – contestó Marcos a modo de gracia
- Marcos… no te desubiques – contestó Guillermo molesto
- Bueno, perdón jefe… mis disculpas – respondió Marcos apenado
- No te disculpes, lo que pasa es que Guillermo está un poco susceptible esta mañana – respondió Pedro mirándolo sonriente
- Vos tampoco te pases chiquito… soy un hombre mayor… _ respondió Guillermo colorado por el comentario de Marcos
- Bueno… mejor vamos Pedro que tenemos que revisar un montón de papeles del caso, antes que la liguemos de nuevo – respondió Marcos retirándose
- Vamos – contestó Pedro guiñándole un ojo a su hermoso caballero.
Pedro tenía razón. Estaba susceptible desde que lo había conocido. Ese joven abogado… Desde que lo besara en penumbras lo había trastornado al punto de desearlo sin siquiera saber quién era.
Desde que lo conoció y formaron una relación laboral y personal, Guillermo entendió que Pedro era la pieza que le faltaba a su vida para ser feliz. Aquel joven moreno había hecho que rompiera todas las reglas que se había impuesto: no enamorarse, no creer en el amor.
Por Pedro era capaz de volver a casarse, pensar en tener hijos juntos, en armar un hogar. Nunca en su vida creyó que podría lograrlo con un hombre, siempre escondido, relaciones a oscuras…. Pero con aquel joven todo había cambiado… Lo había besado delante de Marcos, entendiendo que a Pedro no le importó reconocer que estaban juntos, que pasaba algo entre ellos. Eso le gustaba, lo hacía sentir vivo, joven, con ganas de volver a amar.
Por otra parte, Gabriela y José llegaron a la casa de la madre de Mara Eugenia García Suarez, esposa del cliente millonario, tocaron a la puerta siendo atendidos por una agradable señora.
- Buenos días señora Suarez, somos el fiscal José Miller y la Dra. Gabriela Soria, estamos interviniendo en el divorcio de su yerno el Sr. Ordoñez –saludó José
- Encantada, ¿pero qué puedo hacer yo por ustedes? – quiso saber la señora
- Queremos hablar sobre sus hijas, Mara Eugenia y Paola, es un caso delicado – respondió el flamante fiscal
- Están equivocados, Mara Eugenia falleció al nacer… no lo entiendo –respondió la señora angustiada
- ¿Podemos pasar y conversar tranquilos señora?... No queremos importunarla pero es importante – respondió Gabriela
- Si, pasen… pónganse cómodos por favor – respondió la señora
- ¿Qué nos puede decir de su yerno, de la relación con su hija? – quiso saber José
- Sergio es un hombre muy bueno. Conoció a mi hija Paola, era un hombre emprendedor, se casaron y él creó un imperio con su trabajo y una herencia familiar. Luego de eso, todo cambió… no vi mas a mi hija y Sergio no volvió a llamarme, hasta hace unos meses para informarme de su divorcio – contestó la señora
- ¿Y de su otra hija? ¿Qué nos puede decir? – quiso saber Gabriela
- Que nos dijeron que nació muerta, por lo que mi esposo y yo la enterramos a cajón cerrado. No pudimos ver su cuerpito – respondió la señora
- Se que esto es duro, pero creemos que su hija no está muerta y que secuestró o mató a su hermana Paola para tomar su lugar. Encontramos en la comisaría un prontuario relacionado con el narco con el nombre de Mara Eugenia García Suarez _ respondió el fiscal
- No puede ser… ¿De verdad es todo esto…? ¿Me está diciendo que alguien me la arrebató al nacer, que se juntó con los narcotraficantes y que mató a su hermana por celos y poder? – quiso saber la señora
- En base a lo que tenemos o conocemos, sí… eso mismo – respondió José
- Quiero verla – respondió la señora
- Es un poco complicado. Si comprobamos todo esto va a estar detenida y va a ser acusada por falsificación de identidad, secuestro o asesinato. Todavía no conocemos el paradero de su hija Paola… estamos investigando –respondió el fiscal
- No importa, donde sea que esté quiero verla… necesito verla… si hizo todo lo que dicen, tiene que pagar de alguna manera – respondió al mujer
- Muy bien… la mantendré al tanto. Gracias por todo – saludó José despidiéndose
- Gracias a ustedes por ocuparse de mi hija. Espero que encuentren a Paola. Es una buena chica – respondió la señora
- Estamos en eso. Gracias – la saludó Gabriela despidiéndose.
En el auto, José llamó a Juan para comentarle la charla con la señora Suarez, debiendo informar los acontecimientos al estudio de Guillermo, quienes esperaban noticias.
- Hola amor… recién salimos de la casa de la Sra. Suarez. Paola está desaparecida. Nunca supo de la existencia de Mara Eugenia, le dijeron que había nacido muerta – respondió José
- Hay que solicitar una orden de captura enseguida para la impostora y una orden de búsqueda para la Sra. Suarez… O está secuestrada o muerta, pero hay que encontrarla – respondió Juan
- Lo sé… vamos con Gabriela al estudio de Guillermo. Me encargo de contarle los detalles – respondió el fiscal
- Bueno… entonces manteneme al tanto de todo. ¿A la noche nos vemos hermoso? – quiso saber Juan
- Claro amor… nos vemos a la noche. Besos – saludó José cortando la llamada
- ¿Amor?... eso sí que es nuevo. ¿Cuando se amigaron ustedes? _ quiso saber Gabriela
- Tuvimos una charla y bueno, me invitó a cenar, al teatro y sin rodeos me dijo que le gustaba. ¿Qué te parece Gaby? – quiso saber José
- Que es muy dulce… de verdad los felicito. El estudio de Guillermo es un lugar para enamorarse – respondió Gabriela
- ¿Por qué lo decís? Que… ¿Guillermo y Pedro…? ¿Pasa algo? – quiso saber
José
- Claro que pasa… que se aman. Guillermo es otro. Desde que conoció a Pedro cambió para bien… espero que se animen ambos – respondió Gabriela
- Espero que sí… era hora de que Guillermo sentara cabeza. – respondió José contento por su amigo
Luego de dedicarse cada uno a sus labores, llegó el cliente millonario para la entrevista con los miembros del estudio.
- Sr. Ordoñez, hemos estado investigando su caso y a su mujer y encontramos algunas cosas que quisiéramos que nos aclare – respondió Guillermo
- No sé qué decirle… Paola, cuando nos casamos, era una mujer increíble… pero con el tiempo cambió y se convirtió en una materialista. No sé qué le pasó – respondió el hombre
- Creemos que su mujer tenía una gemela. ¿Sabe algo usted? _ Quiso saber Guillermo
- ¿Una hermana gemela?... No, no creo, nunca me lo dijo – respondió el hombre
- Su madre nos acaba de confirmar que tuvo una gemela a la que dieron por muerta al nacer. Creemos que su hermana Mara Eugenia García Suarez tomó su identidad para hacerse pasar por su esposa y quedarse con su fortuna. Tiene un prontuario relacionado con el narcotráfico tremendo. ¿Sabe algo de esto? – quiso saber Guillermo
- Para nada… pero, entonces… ¿Paola dónde está…? ¿Dónde está mi esposa? Quiero verla. – quiso saber el cliente
- No lo sabemos con certeza… Abrimos una causa para iniciar su búsqueda. ¿Usted sospecha dónde pudo haberla secuestrado o enterrado…? Sé que es duro y cruel lo que digo pero no puedo ser menos directo – respondió Guillermo
- No lo sé… ella se iba mucho de viaje. No sé donde – respondió el hombre
- Entonces podemos solicitar los detalles de los vuelos o embarcaciones… Destinos. Voy a hablar con el fiscal Miller – respondió Pedro atento a la charla
- Muy bien Pedro… encargate de eso… _ respondió Guillermo mirándolo enamorado
- ¿Y yo que puedo hacer para ayudar? Tengo dinero. El que necesite para comenzar la investigación – se ofreció el Sr. Ordoñez
- Lo tendremos en cuenta… por el momento esto es todo. Gracias – respondió Guillermo despidiéndolo cordialmente.
El caso se había complicado demasiado. Divorcio millonario, secuestro, posibles asesinatos, red de narcóticos. Eran demasiadas cosas para imputarle a una sola mujer… pero esta no era una mujer cualquiera… era una impostora, la cara del mal… La posible hermana gemela de Pablo Escobar.
Luego de una jornada laboral agotadora, Guillermo se duchó, se cambió de ropa y fue rumbo a la casa de su joven amado, quien lo esperaba para compartir una velada inolvidable.
Pedro estaba entusiasmado con la cena. Había comprado todo, se había duchado y puesto un pantalón negro a medida con una camisa celeste que le quedaba estupenda. Con una copa de vino sobre la mesada de la cocina, había comenzado a cortar la carne y pelar las papas cuando sonó el timbre.
- Hola cielito… estás hermoso – saludó Guillermo dándole un cálido beso en los labios
- Vos estás hermoso mi amor… pasá – lo saludó Pedro devolviéndole el beso
- Ya empezaste sin mí… dejá que cocine yo… quiero agasajarte esta noche – respondió Guillermo dirigiéndose a la cocina
- Recién había empezado… dejame por lo menos que te ayude… ¿Querés una copa de vino? – quiso saber Pedro
- Me encantaría – respondió Guillermo
- Pongo un poco de música… ahora vengo – respondió Pedro
- Aquí te espero precioso… _ respondió Guillermo comenzando los preparativos de la cena.
Luego de que en el ambiente comenzara a sonar una melodía dulce, clásica, balada para los enamorados, ambos hombres se dispusieron a ultimar los preparativos de la cena.
Viendo como su hombre maduro y sensual cocinaba para él, Pedro se encargó de adornar la mesa, colocar la vajilla y un candelabro antiguo para alumbrar el ambiente a la luz de las velas.
Una vez servidos los platos, el joven abogado apagó las luces alumbrando solo el comedor con la suave luz emitida por las velas del candelabro colocado entre ellos.
- Nunca tuve una cena tan romántica y especial… reconozco que la compañía lo amerita _ respondió Guillermo mirándolo casi en penumbras
- Se que es un poco cursi, pero quería que fuera una noche especial… la música, las velas… todo para nosotros – respondió Pedro probando la cena
- Con solo tu presencia ya es especial para mí… sos único cielito – contestó Guillermo
- Y vos para mi… Esta cena está riquísima… _ respondió Pedro sonriente
- Gracias…
Luego de compartir una grata charla y a punto de culminar la cena, Guillermo tomó la mano de Pedro mirándolo seductoramente.
- Vamos a bailar – dijo Guillermo tomándolo de la mano
- Pero falta el postre – contestó el joven confundido
- Dejémoslo para después… ¿Ahora me concedés este baile? – quiso saber Guillermo
- Por supuesto… Encantado señor – respondió Pedro levantándose de su silla.
Ambos hombres se abrazaron tiernamente. Pedro colocó sus brazos alrededor del cuello de su apuesto caballero, mientras que este lo tomaba suavemente de la cintura. En las sombras de la noche, alumbrados solo por la luz irradiada por las velas y al compás de la dulce melodía “Soy lo prohibido”, los dos no podían estar más felices.
Moviéndose acompasados, Pedro lo tomó suavemente de la nunca colocando un dulce beso en los labios carnosos y tibios de Guillermo, quien respondiendo al beso, lo aprisionó hacia su cuerpo para sentirlo más cerca, más suyo.
Al terminar la canción y ardiendo del deseo que lo consumía por ser su hombre, Pedro tomó a Guillermo de la mano, apagó las velas y lo condujo a ciegas hasta su habitación. Allí prendió la tenue luz de una lámpara para poder contemplar la calidez de su hombre. Tomándolo de la cintura lo besó apasionadamente, deslizando sus dulces manos por el pecho velludo de su maduro caballero, quitándole la camisa.
Contemplando su torso y en medio de suaves besos, lo colocó sobre la cama sentándose sobre sus piernas. Guillermo lo tomó de las caderas al tiempo que Pedro se quitaba la camisa dejando al descubierto su torso blanco, perfecto, con suaves abdominales marcados.
Guillermo estaba viviendo un sueño. Al ver el pecho desnudo de su joven amado no pudo contenerse. Comenzó a deslizar sus manos sobre ese cuerpo sensual atrayéndolo hacia él, robándole apasionados besos.
Pedro comenzó a recorrer con su boca el pecho ancho y velludo de su hombre, posando su lengua en la pancita seductora y sensual que tanto lo atraía. Siguió el recorrido con suaves besos hacia la zona prohibida de Guillermo, a quien había dejado completamente desnudo entre caricias y besos llenos de seducción.
Guillermo estaba completamente entregado al deseo de aquel joven, quien con su boca, manos y lengua lo recorría completo, hasta llegar a su zona prohibida estimulándola con sus caricias.
Pedro, a medida que recorría su cuerpo con su boca sensual, lo colocó de espaldas comenzando a recorrer cada parte de ella, hasta posar sus cálidas manos en los muslos de Guillermo, quien al sentir el contacto con la cálida piel de sus dedos se erizó a su contacto.
Sabiendo que era el punto débil de su hombre, tomó las nalgas con sus manos, comenzando a recorrer con sus besos las piernas velludas del cuerpo perfecto que reposaba debajo de él.
Guillermo no pudo contener un gemido de placer al sentir que su cuerpo no le pertenecía. Pedro estaba haciendo estragos con su boca en sus nalgas y piernas, hasta que lo sintió dentro suyo deseoso de su cuerpo.
Cada embestida de aquel joven le producía espasmos de placer, un éxtasis exquisito que ambos estaban experimentando juntos. Pedro lo reclamaba una y otra vez acompañando cada embestida con un gemido lleno de pasión y deseo.
Una vez embriagado del olor al cuerpo de su hombre, dulcemente se colocó debajo de Guillermo para entrelazarlo con sus piernas. Este comenzó a besarlo en cada rincón de su blanco torso, hasta llegar a su zona prohibida, donde con suaves caricias de esas manos recias y fuertes lo estimulaba, lo excitaba.
Abrazándolo con fuerza y ante cada caricia, besos y estímulos sensuales que le estaba regalando su hombre, le susurró al oído que lo hiciera suyo, que lo amara por primera vez.
Guillermo lo colocó de espaldas y entrelazando sus manos a las de su joven moreno le cumplió su deseo una y otra vez. Cada embestida estaba llena de una pasión desbordada, de un deseo incontrolable, de una sensualidad reprimida y que, por ese joven, había encontrado dentro de su ser. Por primera vez, estaba haciendo el amor con el hombre al que amaría por el resto de su vida.
Una vez saciados de tanta pasión y amor desmedido, ambos hombres de recostaron en la cama, abrazados.
Pedro en silencio acariciaba la cabeza de Guillermo, la que reposaba tranquilamente sobre ese pecho blanco y sensual que lo había embrujado por completo, abrazándolo suavemente.
- Esta noche es perfecta… nunca en mi vida pensé amar a un hombre de esta manera – contestó Pedro acariciándole el cabello
- Es mágica… sos perfecto Pedro… nunca voy a dejar de desearte – respondió Guillermo aferrado a su cintura
- Cuando sea viejo y canoso no vas a decir lo mismo – contestó Pedro seductor
- Vos no vas a decir lo mismo de mi… en un par de años voy a estar viejo y arrugado y me vas a dejar por otro más joven – contestó Guillermo
- Eso jamás va a pasar… vos estás hecho para mí… solo para mí… no voy a dejarte nunca Graziani… _ contestó Pedro mirándolo enamorado
- Eso espero, porque yo no pienso dejarte escapar – contestó Guillermo besándolo en los labios
- Comamos el postre… dale – respondió Pedro
- Ahora, no... Quedate conmigo – contestó Guillermo aferrándose a su cuerpo
- Esperá que ahora vengo, tengo una sorpresa – contestó Pedro levantándose de la cama, cubriéndose solo su cuerpo con el bóxer negro.
Guillermo lo contemplaba a medida que se levantaba de su lado. Casi desnudo fue corriendo a la cocina trayendo una fuente con frutillas con crema.
- Mirá, frutillas… no hay una fruta más sensual y exquisita que esta _ respondió Pedro metiéndose a la cama
- No, así no… te quiero desnudo – contestó Guillermo mirándolo
- Como quieras… _ respondió Pedro quitándose el bóxer. - Tomá, comé una – dijo Pedro colocándose en la boca una frutilla con un poco de crema
- Riquísima… pero tenés crema ahí – contestó Guillermo indicándole la comisura de los labios
- Sácamela vos – respondió Pedro sensual
- Como quieras – contestó Guillermo pasándole la lengua por la comisura del labio, lamiendo la crema
- Por Dios… esto me encanta – contestó Pedro excitado como una pantera
Guillermo retiró la fuente de frutillas, colocándose sobre el cuerpo de Pedro, quien estaba deseoso de tenerlo nuevamente dentro suyo. Sin pensarlo, lo reclamó como propio una y otra vez, poseyendo ese cuerpo varonil, joven y sensual que lo quemaba por dentro.
Pedro no podía pensar. Dentro de él nacía un amor incondicional para aquel hombre que lo estaba amando, deseando, haciendo nuevamente parte de él.
Luego de ser él quien sintiera esa sensación de lujuria dentro suyo, volvió a reclamar el cuerpo sensual de Guillermo, quien se entregó en cuerpo y alma a ese joven apasionado.
Iluminados por el reflejo de la luna llena, con sus cuerpos entrelazados y al ritmo de una cálida y suave noche, ambos hombres durmieron felices, sabiendo que desde ese día, sus vidas cambiarían por siempre.
A la mañana siguiente fueron despertados por el sonar del teléfono. Pedro atendió casi dormido, viendo como su hombre recién despierto lo miraba lleno de ternura.
- Hola, ¿quién es? – quiso saber Pedro
- Buen día Pedro… soy José… ¿Cómo estás? – quiso saber su amigo
- Todavía dormido, me acabás de despertar… Si me llamás tan temprano es porque debe ser importante – respondió Pedro mirando a Guillermo a su lado
- Es por un caso de violencia familiar que entró en la fiscalía. Ambos padres golpeadores perdieron la tenencia de sus hijos, están presos y los niños en el instituto de menores del estado… ese lugar es lamentable – respondió el joven fiscal
- Lo sé… ¿pero qué puedo hacer yo José?... – quiso saber Pedro
- Se que te dedicás a familia… sos muy bueno, diría que el mejor en tu campo. Quiero que veas el caso y vayas a verlos, para ver que todo esté bien… _ respondió José
- Muy bien… paso por tu despacho y veo el expediente. Pero tengo que consultarlo en el estudio. El caso del millonario y su esposa nos tiene hasta las manos… vos lo sabés de sobra – respondió Pedro
- Lo sé… ya pedimos la exhumación del cuerpo de Paola y la prisión para la impostora. Guillermo tendrá que interrogarla. Por ahora no tiene abogado – respondió José
- Entiendo… bueno, le comento… ¿O querés hablarlo con él?... Está conmigo – respondió Pedro sonriente
- ¿Con vos?... creo que eso no lo esperaba… pero me alegra por los dos… no quiero molestarlos – respondió el fiscal
- Te paso, quiere hablar con vos… Nos vemos José – saludó Pedro pasándole el teléfono a su hombre
- Hola José… no quiero entrar en detalles pero creo que nos debemos una charla vos y yo… como amigos – respondió Guillermo
- No hace falta Guillermo… no era para vos, pero sin rencores, me alegra que estés con Pedro… es un muy buen hombre… y Juan es todo un caballero –respondió el joven fiscal
- ¿Se animó nomás…? Qué bueno, me alegro de verdad por los dos, se merecen ser felices – respondió Guillermo a su amigo
- Gracias…. Creo que es muy apresurado, pero anoche me pidió compromiso. No lo puedo creer todavía – contestó José
- Ese es mi amigo… los felicito, de corazón – respondió Guillermo sincero
- Lo sé, lo sé… Pedro te contará los detalles de la charla. Nos vemos a la tarde – contestó el joven fiscal
- Nos vemos – saludó Guillermo
Luego de colgar, ambos hombres se sentaron abrazados contemplándose mutuamente.
- Estás precioso cielito… esa melena despeinada me vuelve loco – respondió Guillermo tocándole la cabeza
- Y vos recién levantado estás hermoso Guille…. Pero tenemos que trabajar. José quiere que investigue un caso de violencia familiar donde están involucrados dos menores. Quiero ocuparme de eso – respondió Pedro besándolo en los labios
- Está bien… en el estudio nos ocupamos del caso Ordoñez. Si querés a la tarde puedo acompañarte al instituto. Sé que vas a querer ver a los niños… Lo escuché mientras hablaban – respondió Guillermo
- Me encantaría… Entonces vamos, a levantarse amor – respondió Pedro
- Un ratito más… ya que nos levantaron temprano, podemos hacer algo útil –contestó saber Guillermo sensual
- Como que cosa por ejemplo… ¿Qué tenés en mente? – quiso saber Pedro
- Te doy una pista – respondió Guillermo besándolo suavemente por el cuello
- Que bien se siente, pero necesito otra pista – respondió Pedro dejándose llevar por los besos
- Bueno… que te parece esta… ¿te gusta? – quiso saber Guillermo posando su mano sobre la entrepierna de Pedro, estimulándola.
- Esto se pone bueno… _ respondió Pedro recostando a Guillermo debajo de su cuerpo.
Entre besos y suaves caricias, ambos abogados sellaron su amor nuevamente, siendo el amanecer el único testigo del fuego ardiente que emanaba de aquellos cuerpos entrelazados, enamorados.
CONTINUARÁ
