""P & G" LA MERCERÍA" - CAPÍTULO 30

Después del madrugón, de esas horas de tanta tensión para los dos, de la terrible pelea que habían tenido a causa de dos bromas de pésimo gusto, de la amenaza seria de separación, de la pizza, la picada completa y la botella de vino a las dos de la tarde, no quedaba más opción que una siesta o un infarto.
La reconciliación venía a paso de tortuga, lenta pero marchaba. Por eso cuando Guillermo comenzó a desabrochar su camisa negra Denim, le pareció ver una mueca similar a una sonrisa reprimida en la boca de Pedro. Sin decir una palabra, porque el horno apenas si comenzaba a bajar temperatura para que los bollos no se quemaran, la dejó sobre una silla y se dedicó a hacer lo mismo con sus pantalones. Se quitó los “chinos slim” y los revoleó sobre la misma silla antes de meterse en la cama, previo haberse deshecho de las botitas Gucci que cada día le gustaban más. Esta vez no fue una suposición, desde la cama vio como a Pedro se le marcaban los hoyuelos aunque se esforzara en mantener la sonrisa escondida. Los labios apretados. Las comisuras de su boca que se desplazaban hacia ambos lados evidenciando una sonrisa que no estaba dispuesto a dejar salir. Se iba quitando lentamente, y a modo de perfecta tortura y venganza, su preciosísimo atuendo. Ya descalzo y despeinándose de un solo movimiento que simuló ser casual, pero no lo era, comenzó a desabrochar lentamente su camisa a cuadros como si cada botoncito le llevara una hora. Sabía que Guillermo lo estaba mirando y se deleitaba haciendo lo que mejor le salía, ponerle los motores a todo vapor. Poco a poco y canturreando bajito, lo torturó… sin hacer contacto visual con él y tomándose todo el tiempo del mundo, fue abriendo su camisa hasta que, finalmente, se la quitó exponiendo su torso desnudo.
Guillermo sintió un cosquilleo entre las piernas, contuvo una apnea en su respiración y desde la cama, sin dejar de mirarlo, dobló las rodillas para que el izamiento de la bandera no se hiciera evidente. Pedro no necesitaba mirarlo para saber lo que le estaba pasando. Desabrochó el botón de su jean blanco de tiro muy corto, y bajó la cremallera dejando expuesta la parte superior de su tatuaje… Pero no se lo quitó. Jugando con las hormonas de Guillermo, se dedicó a ordenar la ropa que había quedado desparramada, acomodó el calzado donde debía estar, y así estuvo por algunos minutos caminando semi desnudo y despeinado de acá para allá sin dejar de canturrear bajito un tema en inglés que sonaba tan sensual como él. Bajó las persianas para que la luz del día no se filtrara, fue al baño, se cepilló los dientes y volvió a la habitación. En la penumbra Guillermo pudo ver como se quitaba finalmente los pantalones y cuando se metió en la cama, su perfume lo transportó. Pensó que tal vez… Pero se equivocó. Pedro de puso de costado, clavó el culo en el medio de la cama y se abrazó a su almohada.
“Me lo gané. Esto si que me lo gané. Compré todos los números para este sorteo. Y bueno Guillermo, te jodés. Él te hizo una broma pesada, tal vez más pesada que la tuya, pero el que empezó fuiste vos, así que cacheteá la bandera porque hoy no hay fiesta patria.” Y se pudo de costado para que Pedro no sintiera su erección. Quedaron culo con culo, pero sentir ese roce y saber que no podía siquiera intentar acercarse lo ponían cada vez peor... Por eso se corrió un poco más hacia su lado de la cama.
No había pasado un minuto cuando además de escuchar esos gemiditos de relax que salían de la garganta de Pedro, sintió sus nalgas otra vez pegaditas a las suyas. “¡Que hijo de puta! Me está buscando para darse el gusto de decirme que no…” No solo las sentía pegaditas, sino que como Pedro no paraba de retozar de placer porque estaba muy cansado y había comido como un buey, con esos movimientos lentos y sensuales que hacía relajándose, no hacía más que masajeárselas. Guillermo apretaba los ojos con fuerza e intentó despegarse de él una vez más. Ya estaba en el borde de la cama y a punto de tener que apoyar la mano sobre el piso para no caerse cuando lo sintió llegar otra vez apretujándolo con sus montañitas y ya no pudo aguantar. Giró para quedar de frente a esa espalda tallada por un artista y de un solo empujón lo llevó hasta el centro de la cama. Escuchó su risita malvada y eso lo motivó aun más.
_Pedro, si lo que estás buscando es calentarme para poder decirme que no, ya lo lograste, estoy como una pavita de lata. Dejá de torturarme porque tengo entre las piernas un volcán a punto de hacer erupción y me empiezan a doler los huevos como si me los hubiese pisado un camión. Ya te pedí perdón. Así que dejá de hacerme sufrir, la cortás con provocarme, cogemos, o me voy al baño a clavarme una paja.
La carcajada de Pedro sonó como una campanada que le trajo un poco de paz. Algo le decía que la tormenta estaba pasando, pero no iba a cantar victoria antes de tiempo. Pedro se dio vuelta y sus ojos ya acostumbrados a la penumbra vieron los suyos sobre los de él. _ ¿Te acordás de “ el tonto al medio’?
Estaba tan caliente que no podía pensar demasiado. _ ¡No! Acertijos en este momento no, por favor…
Pedro vuelve a reír… _ ¿No te acordás? Mejor para mí…
_Pedro…
_Pedro nada, ahora “por tonto, al medio” De las tres opciones que me diste, elijo la del medio, pero hoy mando yo. Y después vamos a tener una larga charla los dos…
Que le podía importar quien tomara el mando o la disertación que le tocara escuchar después, lo único que le importaba en ese momento era que esa caja de petardos que sentía en su pelvis no le explotara entre las manos. Se dejó llevar, se convirtió en su sumiso, lo dejó hacer lo que se le viniera en ganas y de paso, él se vino tantas veces que perdió la cuenta de los orgasmos que tuvo. Cada vez que pudo ver su rostro vio una sonrisa perfecta o la concentración con la que se dedicaba a llevarlo al límite del placer. Esos ojos brillantes en medio de la penumbra, su cabello despeinado, sus movimientos sísmicos que provocaban en su interior el retumbar de tambores tribales, el ritmo de su pasión, las caricias de su sensualidad. Esa vez se entregó como nunca lo había hecho. Delegó su eterno rol de ser casi por costumbre la voz mandante en el sexo y se entregó al placer que ese hombre le daba.
Se despertaron al atardecer, amontonados, desnudos y enredados en el medio de la cama. Se ducharon juntos, y bajaron justo para la hora de empezar a preparar la cena.
_¿Me crees si te digo que otra vez estoy muerto de hambre?
_Con toda la gimnasia que hiciste, te creo. _Lo veía diferente. Algo en Pedro había cambiado, esa sonrisa antes tímida, ahora era avasallante y ganadora. Pero no iba a preguntar nada. _ ¿Cocinamos?
_No, no vamos a cocinar… Yo voy a cocinar. Vos ocupate del vino y sobre todo de hacerme compañía mientras preparo la cena, me dejás de mimar por un ratito y te pego otra sobredosis de sexo hasta que pierdas la conciencia. Vos vas a tener que aprender a comportarte y creo que ya encontré tu vacuna. Mirá Guillermo, yo te amo, pero me cansé de algunas cosas. _ Vio su mirada ensombrecerse y se apresuró a explicar. _ No me mires así, no me cansé de vos, me cansé de tu estado de insatisfacción crónico. Así que de ahora en adelante, vamos a cambiar los roles, en la vida mandás vos y en la cama mando yo. De ahora en adelante, en esta casa, yo manejo el auto, la cocina y la cama. El resto… Lo manejás vos.
Vio como Guillermo lo miraba sin comprender. _ No me mires como si no entendieras, todo lo que planeo sale mal, todo intento de hacerte sentir bien, provoca exactamente lo contrario. Lo mejor que me sale con vos es el sexo… Y el auto. Así que para que seguir gastando energías en lo otro. Y de cocina no se mucho, pero ya voy a aprender. Google va a ser mi mejor aliado, te vas a sombrar de las cosas que vas a comer… y en todos los sentidos. _ Y dejó salir una sonrisa un tanto desfachatada.
Mientras hablaba se dedicaba a buscar ingredientes en la heladera, y empezó a cocinar. _Yo siempre fui el que en la vida cotidiana lograba de vos lo que se me antojara… ¿O no? Mis días fem. El desfile, Robertino, El Delta, El Durazno y tantas cosas más a las que vos accedías. Pero nada de eso dio resultado, o sea, mis reglas de juego no sirven, Guillermo. Hoy estuvimos al borde de divorcio, y me quedé pensando en algo… Que mal la habías pasado en El Durazno para hacerme esa jodita tan pesada… Así que de ahora en más, de nuestra vida doméstica, de nuestra vida social, de todo lo que no sea la cocina, el auto o la cama, te ocupás vos. Yo voy a ocuparme de hacer la comida, de llevarte y traerte cuando sea y donde sea… Y de nuestro sexo. El resto, desde hoy queda en tus manos… Y ya que estamos, destapá un vino, porque creo que me quedó un tiro en la recámara… Pero va a ser para más tarde. Ahora yo voy a preparar la cena, vamos a comer, a beber, a fumar juntos y seguro vamos a volver a hacer el amor. Porque todavía no terminé de aplacar mi sed de vos.
Guillermo lo escuchaba con la boca semi abierta. Pedro empezaba a desarticular un pollo que pensaba meter en el horno y Guillermo sintió algo de estupor ante esa metamorfosis. Verlo quebrar las articulaciones del bicho muerto lo trasportó a las imágenes de la película “Corazón valiente”
_Pedro… No se si me gusta esto que estás planteado
_Te va a encantar.
_¿Y como sabés?
_ Porque te gusta ser la voz mandante. Desde que vivimos juntos yo tomé un rol que evidentemente estoy llevando a cabo mal. Nada de lo que propongo te hace feliz, vivís despotricando y siempre terminás enojado. Así que a partir de esta noche, ¡cambio de roles, Graziani! Vos vas a hacer lo que yo hacía y yo… Yo me voy a dedicar a lo que mejor me sale. Manejar, coger y cocinar… En eso tengo que incursionar, pero como te dije, siempre está internet para darme una mano. En lo de cocinar… En lo otro me defiendo bastante bien… ¿O no? _ Lo miró insinuante.
_Si, manejás muy bien…_ Respondió Guillermo capcioso.
Pedro hizo resonar una carcajada… _ ¡Cínico! _Y le puso el último machetazo al pollo dejándolo aplastado como un matambre. A Guillermo algo no le estaba gustando demasiado. _ ¿Qué te quedás quietito ahí mirándome como si no me conocieras? Dale, destapá un vino y mimame de la misma manera que yo lo hacía cuando vos cocinabas.
No pensaba discutir después de la carga emocional que había tenido el día, pero obedeció. Destapó el vino y después de servir un poco en una copa, se acercó a él. Le dio de beber, no lo iba a dejar tocar la copa con esas manos manchadas con la sangre del bicho muerto por nada del mundo. Pero ese cambio de roles lo desestabilizaba, no lo convencía. Por eso se sentó en una banqueta cerca de donde Pedro, como si fuera un experto, preparaba la cena y retomó la conversación.
_Pedro, a donde querés llegar con esto…?
_ ¿A dónde quiero llegar? A formar la familia que soñamos en paz. No quiero volver a discutir con vos porque mis planes no te gustan, ni mucho menos seguir haciendo el ridículo de organizar viajes “de placer” que el único placer que te dejan, es que terminen. ¡Basta Guillermo! Me cansé… Nunca más voy a planear algo.
Guillermo suaviza la voz y su mirada. _Pedro… No es tan así como lo estás planteando.
Nota como Pedro quiere disimular su desazón, su profunda decepción, pero la ve en sus ojos. _ Si, es así Guillermo. Claro que es así. Fracasé en todo. Y no es solo eso, sino algo peor… Me quebraste la voluntad. _ En medio de esa actitud tan dispuesta a generar un buen clima y la dedicación que le estaba poniendo a la comida que estaba preparando, Guillermo pudo ver un dejo de angustia en su mirada. _No tengo más voluntad para imaginar días diferentes para los dos, así que te presento formalmente mi renuncia. Pero antes que sigamos esta charla, dejame hacer algo que más que una necesidad, es una exigencia de mi consciencia… _ Se lavó las manos y las secó con un repasador que tiró a un lado mientras se acercaba a él. Tomó la copa de vino, bebió un trago excesivamente largo, le pasó la copa a él que no dejaba de mirarlo como si no lograra encontrar a Pedro en ese hombre y mirándolo a los ojos desde muy cerquita le susurró. _ Te pido perdón por la broma de pésimo gusto que te hice. Estaba tan enojado que no pude pensar. Tendría que haber vuelto a casa, cagarte a trompadas y después volver al riachuelo. O bien esperar, hacer la pericia y después con más tiempo, boxearte como te lo merecías. Pero fue lo único que mi cabeza pudo improvisar.
Mientras lo escuchaba, él también sorbió unos cuantos tragos de vino. Pero cuando Pedro terminó de hablar, dejó la copa sobre la mesada y lo abrazó como queriendo hacer de ese cuerpo un tatuaje sobre el suyo. _ Vos me tenés que perdonar, chiquito. Vos… Tu broma fue pésima, lo admito, pero el que empezó con esta pelotudez que le podría haber costado la vida a alguno de los dos fui yo.
_Ya está Guille, ya pasó…
_¡No mi amor! No pasó nada… Lo veo en tus ojos, te decepcioné, y siento que se me parte el alma. Te hice ir a un lugar de mierda, solo y en plena madrugada. No se en que estaba pensando, tendría que haber escuchado a Marcos. Él no estaba de acuerdo con eso...
_¡Ahhh! ¿Marcos estaba al tanto?
_Si, pero no te la agarres con Marcos. El que recibió el oficio fue él, pero la idea de falsificar datos en la fotocopia fue mía, Marcos no quería que lo hiciera. Prometeme que no te vas a enojar con él. Yo soy el jefe, yo di la orden… El único culpable soy yo.
Mientras el pollo se cocinaba en el horno, prepararon una de esa picaditas que tanto les gustaban y fumaron un par de cigarrillos sin parar ambos de pedirse perdón mutuamente por la pendejada más grande que se habían mandado los dos desde que estaban juntos y en el mismo día. Se prometieron nunca más caer en algo así y se dedicaron a besarse, a seguir reconciliándose y a planificar la vida cuando Kendy estuviera en la casa. Ya habían vuelto a ser los mismos. Las miradas relajadas y trasparentes, sin sombras extrañas. Las voces serenas, las bocas ardientes y las manos inquietas… Todo parecía haber vuelto al punto de partida, y Guillermo sentado en la butaca, con Pedro acoplado entre sus piernas y abrazado a sus hombros se animó a preguntar…
_Cielito… Eso de los cambios de roles era una broma, no?
La picardía que esperaba ver en los ojos de Pedro nunca apareció. Lo miró más serio que nunca._ No mi amor… No era una broma. De acá en adelante, vos te vas a ocupás de todo lo que yo me ocupaba…
Guillermo sopla mirando el cielo raso. _ ¡Pedro! ¡Aflojá por favor…!
Pedro lo mira como si el rencor y la bronca pudieran volver a florecer. _ ¿Te parece que no aflojé?
Guillermo vuelve a soplar, restriega sus ojos, se tapa la cara con las manos para luego volver a buscarlo con la mirada. _ Si, claro que aflojaste… ¿Pero no hay alguna chance que sigamos como veníamos?
El rostro de Pedro era inquebrantable. _ Por ahora no… Y no es un capricho ni una revancha, es que hasta que vos no ocupes ese lugar, nunca vas a poder comprender. Es tu tiempo de aprendizaje. ¡Guillermo! Vos sos lo mejor que me pasó en la vida, pero en algunos aspectos necesitas crecer… Porque a veces la hacés muy difícil.
Había quedado preso de su propio temperamento y casi entregado preguntó bufando como un rinoceronte. _ ¡Bueno, está bien! ¿Y que se supone que debo hacer?
Pedro revisó la comida y vió que el pollo estaba a punto. Apagó el horno y mirándolo como si le hablara de cosas insustanciales le dijo.
_En primer lugar, del viaje a África te ocupás vos. Hacete cargo de los carnets de vacunación, de averiguar cuando y donde se aplican las vacunas. Sacá los pasajes, fijate que tengamos la documentación en regla. Hacé las reservas en un hotel que, tratándose de África, tenga el mínimo de condiciones en las que a vos te gusta vivir. Los viernes se le paga a Anita por venir a limpiarnos la casa y día a día se le deja la lista de las cosas que debe comprar. Los primeros días del mes hay que pagar algunos impuestos y servicios, patentes y seguros, lo demás despreocúpate que se paga por débito automático… Cada quince días viene un pibe a cortar el césped y a ocuparse del jardín. Tenés que arreglar que venga cuando esté Anita y dejarle a ella el dinero para pagarle. No se…En cuanto me vaya acordando de otras cosas te aviso. Pero lo más urgente, es que te vas a tener que empezar a llevar bien con Robertino. El que está bien documentado respecto de la adopción de Kendy es él y además maneja el traductor como nadie. Así que llamalo, porque vas a tener que pasar horas con él delante de la computadora. Eso si, yo pienso cumplir con lo mío, cuando necesiten ir a algún lugar a causa de esos innumerables trámites que van a tener que hacer, vos llamame que yo los llevo. Me está gustando mucho está idea de solo cocinar, coger y manejar… ¿Cenamos mi amor? El pollo está listo.
Lo dejó en estado catatónico.
Continuará.

