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lunes, 31 de agosto de 2015

""P & G" LA MERCERÍA" - Cap. 30 - (By Guillermina Pedris)


""P & G" LA MERCERÍA" -  CAPÍTULO 30




Después del madrugón, de esas horas de tanta tensión para los dos, de la terrible pelea que habían tenido a causa de dos bromas de pésimo gusto, de la amenaza seria de separación, de la pizza, la picada completa y la botella de vino a las dos de la tarde, no quedaba más opción que una siesta o un infarto.
La reconciliación venía a paso de tortuga, lenta pero marchaba. Por eso cuando Guillermo comenzó a desabrochar su camisa negra Denim, le pareció ver una mueca similar a una sonrisa reprimida en la boca de Pedro. Sin decir una palabra, porque el horno apenas si comenzaba a bajar temperatura para que los bollos no se quemaran, la dejó sobre una silla y se dedicó a hacer lo mismo con sus pantalones.  Se quitó los “chinos slim” y los revoleó sobre la misma silla antes de meterse en la cama, previo haberse deshecho de las botitas Gucci que cada día le gustaban más. Esta vez no fue una suposición, desde la cama vio como a Pedro se le marcaban los hoyuelos aunque se esforzara en mantener la sonrisa escondida. Los labios apretados. Las comisuras de su boca que se desplazaban hacia ambos lados evidenciando una sonrisa que no estaba dispuesto a dejar salir. Se iba quitando lentamente, y a modo de perfecta tortura y venganza, su preciosísimo atuendo. Ya descalzo y despeinándose de un solo movimiento que simuló ser casual, pero no lo era, comenzó a desabrochar lentamente su camisa a cuadros como si cada botoncito le llevara una hora. Sabía que Guillermo lo estaba mirando y se deleitaba haciendo lo que mejor le salía, ponerle los motores a todo vapor. Poco a poco y canturreando bajito, lo torturó… sin hacer contacto visual con él  y tomándose todo el tiempo del mundo, fue abriendo su camisa hasta que, finalmente, se la quitó exponiendo su torso desnudo.
Guillermo sintió un cosquilleo entre las piernas, contuvo una apnea en su respiración y desde la cama, sin dejar de mirarlo, dobló las rodillas para que el izamiento de la bandera no se hiciera evidente. Pedro no necesitaba mirarlo para saber lo que le estaba pasando. Desabrochó el botón de su jean blanco de tiro muy corto, y bajó la cremallera dejando expuesta la parte superior de su tatuaje… Pero no se lo quitó. Jugando con las hormonas de Guillermo, se dedicó a ordenar la ropa que había quedado desparramada, acomodó el calzado donde debía estar, y así estuvo por algunos minutos caminando semi desnudo y despeinado de acá para allá sin dejar de canturrear bajito un tema en inglés que sonaba tan sensual como él.  Bajó las persianas para que la luz del día no se filtrara, fue al baño, se cepilló los dientes y volvió a la habitación. En la penumbra Guillermo pudo ver como se quitaba  finalmente los pantalones y cuando se metió en la cama, su perfume lo transportó. Pensó que tal vez… Pero se equivocó. Pedro de puso de costado, clavó el culo en el medio de la cama y se abrazó a su almohada.
“Me lo gané. Esto si que me lo gané. Compré todos los números para este sorteo. Y bueno Guillermo, te jodés. Él te hizo una broma pesada, tal vez más pesada que la tuya, pero el que empezó fuiste vos, así que cacheteá la bandera porque hoy no hay fiesta patria.” Y se pudo de costado para que Pedro no sintiera su erección. Quedaron culo con culo, pero sentir ese roce y saber que no podía siquiera intentar acercarse lo ponían cada vez peor...  Por eso se corrió un poco más hacia su lado de la cama.
No había pasado un minuto cuando además de escuchar esos gemiditos de relax que salían de la garganta de Pedro, sintió sus nalgas otra vez pegaditas a las suyas. “¡Que hijo de puta! Me está buscando para darse el gusto de decirme que no…” No solo las sentía pegaditas, sino que como Pedro no paraba de retozar de placer porque estaba muy cansado y había comido como un buey, con esos movimientos lentos y sensuales que hacía relajándose, no hacía más que masajeárselas.  Guillermo apretaba los ojos con fuerza e intentó despegarse de él una vez más. Ya estaba en el borde de la cama y a punto de tener que apoyar la mano sobre el piso para no caerse cuando lo sintió llegar otra vez apretujándolo con sus montañitas y ya no pudo aguantar. Giró para quedar de frente a esa espalda tallada por un artista y de un solo empujón lo llevó hasta el centro de la cama. Escuchó su risita malvada y eso lo motivó aun más.
_Pedro, si lo que estás buscando es calentarme para poder decirme que no, ya lo lograste, estoy como una pavita de lata. Dejá de torturarme porque tengo entre las piernas un volcán a punto de hacer erupción y me empiezan a doler los huevos como si me los hubiese pisado un camión. Ya te pedí perdón. Así que dejá de hacerme sufrir, la cortás con provocarme, cogemos, o me voy al baño a clavarme una paja.
La carcajada de Pedro sonó como una campanada que le trajo un poco de paz. Algo le decía que la tormenta estaba pasando, pero no iba a cantar victoria antes de tiempo.  Pedro se dio vuelta y sus ojos ya acostumbrados a la penumbra vieron los suyos sobre los de él. _ ¿Te acordás de “ el tonto al medio’?
Estaba tan caliente que no podía pensar demasiado. _ ¡No! Acertijos en este momento no, por favor…
Pedro vuelve a reír… _ ¿No te acordás? Mejor para mí…
_Pedro…
_Pedro nada, ahora “por tonto, al medio” De las tres opciones que me diste, elijo la del medio, pero hoy mando yo. Y después vamos a tener una larga charla los dos…
Que le podía importar quien tomara el mando o la disertación que le tocara escuchar después, lo único que le importaba en ese momento era que esa caja de petardos que sentía en su pelvis no le explotara entre las manos. Se dejó llevar, se convirtió en su sumiso, lo dejó hacer lo que se le viniera en ganas y de paso, él se vino tantas veces que perdió la cuenta de los orgasmos que tuvo. Cada vez que pudo ver su rostro vio una sonrisa perfecta o la concentración con la que se dedicaba a llevarlo al límite del placer. Esos ojos brillantes en medio de la penumbra, su cabello despeinado, sus movimientos sísmicos que provocaban en su interior el retumbar de tambores tribales, el ritmo de su pasión, las caricias de su sensualidad. Esa vez se entregó como nunca lo había hecho. Delegó su eterno rol de ser casi por costumbre la voz mandante en el sexo y se entregó al placer que ese hombre le daba.
Se despertaron al atardecer, amontonados, desnudos y enredados en el medio de la cama. Se ducharon juntos, y bajaron justo para la hora de empezar a preparar la cena.
_¿Me crees si te digo que otra vez estoy muerto de hambre?
_Con toda la gimnasia que hiciste, te creo. ­_Lo veía diferente. Algo en Pedro había cambiado, esa sonrisa antes tímida, ahora era avasallante y ganadora. Pero no iba a preguntar nada. _ ¿Cocinamos?
_No, no vamos a cocinar… Yo voy a cocinar.  Vos ocupate del vino y sobre todo de hacerme compañía mientras preparo la cena, me dejás de mimar por un ratito y te pego otra sobredosis de sexo hasta que pierdas la conciencia. Vos vas a tener que aprender a comportarte y creo que ya encontré tu vacuna. Mirá Guillermo, yo te amo, pero me cansé de algunas cosas. _ Vio su mirada ensombrecerse y se apresuró a explicar. _ No me mires así, no me cansé de vos, me cansé de tu estado de insatisfacción crónico. Así que de ahora en adelante, vamos a cambiar los roles, en la vida mandás vos y en la cama mando yo. De ahora en adelante, en esta casa, yo manejo el auto, la cocina y la cama. El resto… Lo manejás vos.
Vio como Guillermo lo miraba sin comprender. _ No me mires como si no entendieras, todo lo que planeo sale mal, todo intento de hacerte sentir bien, provoca exactamente lo contrario. Lo mejor que me sale con vos es el sexo… Y el auto. Así que para que seguir gastando energías en lo otro.  Y de cocina no se mucho, pero ya voy a aprender. Google va a ser mi mejor aliado, te vas a sombrar de las cosas que vas a comer… y en todos los sentidos. _ Y dejó salir una sonrisa un tanto desfachatada. 
 Mientras hablaba se dedicaba a buscar ingredientes en la heladera,  y empezó a cocinar. _Yo siempre fui el que en la vida cotidiana lograba de vos lo que se me antojara… ¿O no? Mis días fem. El desfile, Robertino, El Delta, El Durazno y tantas cosas más a las que vos accedías. Pero nada de eso dio resultado, o sea, mis reglas de juego no sirven, Guillermo. Hoy estuvimos al borde de divorcio, y me quedé pensando en algo… Que mal la habías pasado en El Durazno para hacerme esa jodita tan pesada… Así  que de ahora en más, de nuestra vida doméstica, de nuestra vida social, de todo lo que no sea la cocina, el auto o la cama, te ocupás vos. Yo voy a ocuparme de hacer la comida, de llevarte y traerte cuando sea y donde sea… Y de nuestro sexo. El resto, desde hoy queda en tus manos…  Y ya que estamos, destapá  un vino, porque creo que me quedó un tiro en la recámara… Pero va a ser para más tarde. Ahora yo voy a preparar la cena, vamos a comer, a beber, a fumar juntos y seguro vamos a volver a hacer el amor. Porque todavía no terminé de aplacar mi sed de vos.  
Guillermo lo escuchaba con la boca semi abierta. Pedro empezaba a desarticular un pollo que pensaba meter en el horno y Guillermo sintió algo de estupor ante esa metamorfosis. Verlo quebrar las articulaciones del bicho muerto lo trasportó a las imágenes de la película “Corazón valiente”
_Pedro… No se si me gusta esto que estás planteado
_Te va a encantar.
_¿Y como sabés?
_ Porque te gusta ser la voz mandante. Desde que vivimos juntos yo tomé un rol que evidentemente estoy llevando a cabo mal. Nada de lo que propongo te hace feliz, vivís despotricando y siempre terminás enojado. Así que a partir de esta noche, ¡cambio de roles, Graziani!  Vos vas a hacer lo que yo hacía y yo… Yo me voy a dedicar a lo que mejor me sale. Manejar, coger y cocinar… En eso tengo que incursionar, pero como te dije, siempre está internet para darme una mano. En lo de cocinar… En lo otro me defiendo bastante bien… ¿O no? _ Lo miró insinuante.
_Si, manejás muy bien…_ Respondió Guillermo capcioso.
Pedro hizo resonar una carcajada… _ ¡Cínico! _Y le puso el último machetazo al pollo dejándolo aplastado como un matambre. A Guillermo algo no le estaba gustando demasiado. _ ¿Qué te quedás quietito ahí mirándome como si no me conocieras? Dale, destapá un vino y mimame de la misma manera que yo lo hacía cuando vos cocinabas.
No pensaba discutir después de la carga emocional que había tenido el día, pero obedeció. Destapó el vino y después de servir un poco en una copa, se acercó a él. Le dio de beber, no lo iba a dejar tocar la copa con esas manos manchadas con la sangre del bicho muerto por nada del mundo. Pero ese cambio de roles lo desestabilizaba, no lo convencía. Por eso se sentó en una banqueta cerca de donde Pedro, como si fuera un experto, preparaba la cena y retomó la conversación.
_Pedro, a donde querés llegar con esto…?
_ ¿A dónde quiero llegar? A formar la familia que soñamos en paz. No quiero volver a discutir con vos porque mis planes no te gustan, ni mucho menos seguir haciendo el ridículo de organizar viajes “de placer” que el único placer que te dejan, es que terminen. ¡Basta Guillermo! Me cansé… Nunca más voy a planear algo.
Guillermo suaviza la voz y su mirada. _Pedro… No es tan así como lo estás planteando.
Nota como Pedro quiere disimular su desazón, su profunda decepción, pero la ve en sus ojos. _ Si, es así Guillermo.  Claro que es así. Fracasé en todo. Y no es solo eso, sino algo peor…  Me quebraste la voluntad. _ En medio de esa actitud tan dispuesta a generar un buen clima y la dedicación que le estaba poniendo a la comida que estaba preparando, Guillermo pudo ver un dejo de angustia en su mirada. _No tengo más voluntad para imaginar días diferentes para los dos, así que te presento formalmente mi renuncia. Pero antes que sigamos esta charla, dejame hacer algo que más que una necesidad, es una exigencia de mi consciencia… _ Se lavó las manos y las secó con un repasador que tiró a un lado mientras se acercaba a él. Tomó la copa de vino, bebió un trago excesivamente largo, le pasó la copa a él que no dejaba de mirarlo como si no lograra encontrar a Pedro en ese hombre y mirándolo a los ojos desde muy cerquita le susurró. _ Te pido perdón por la broma de pésimo gusto que te hice. Estaba tan enojado que no pude pensar. Tendría que haber vuelto a casa, cagarte a trompadas y después volver al riachuelo. O bien esperar, hacer la pericia y después con más tiempo, boxearte como te lo merecías. Pero fue lo único que mi cabeza pudo improvisar. 
Mientras lo escuchaba, él también sorbió unos cuantos tragos de vino. Pero cuando Pedro terminó de hablar, dejó la copa sobre la mesada y lo abrazó como queriendo hacer de ese cuerpo un tatuaje sobre el suyo. _ Vos me tenés que perdonar, chiquito. Vos… Tu broma fue pésima, lo admito, pero el que empezó con esta pelotudez que le podría haber costado la vida a alguno de los dos fui yo.
_Ya está Guille, ya pasó…
_¡No mi amor! No pasó nada… Lo veo en tus ojos, te decepcioné, y siento que se me parte el alma. Te hice ir a un lugar de mierda, solo y en plena madrugada. No se en que estaba pensando, tendría que haber escuchado a Marcos. Él no estaba de acuerdo con eso...
_¡Ahhh! ¿Marcos estaba al tanto?
_Si, pero no te la agarres con Marcos. El que recibió el oficio fue él, pero la idea de falsificar datos en la fotocopia fue mía, Marcos no quería que lo hiciera. Prometeme que no te vas a enojar con él. Yo soy el jefe, yo di la orden… El único culpable soy yo.
Mientras el pollo se cocinaba en el horno, prepararon una de esa picaditas que tanto les gustaban y fumaron un par de cigarrillos sin parar ambos de pedirse perdón mutuamente por la pendejada más grande que se habían mandado los dos desde que estaban juntos y en el mismo día. Se prometieron nunca más caer en algo así y se dedicaron a besarse, a seguir reconciliándose y a planificar la vida cuando Kendy estuviera en la casa. Ya habían vuelto a ser los mismos. Las miradas relajadas y trasparentes, sin sombras extrañas. Las voces serenas, las bocas ardientes y las manos inquietas… Todo parecía haber vuelto al punto de partida, y Guillermo sentado en la butaca, con Pedro acoplado entre sus piernas y abrazado a sus hombros se animó a preguntar…
_Cielito… Eso de los cambios de roles era una broma, no?
La picardía que esperaba ver en los ojos de Pedro nunca apareció. Lo  miró más serio que nunca._  No mi amor… No era una broma. De acá en adelante, vos te vas a ocupás de todo lo que yo me ocupaba…
Guillermo sopla mirando el cielo raso. _ ¡Pedro! ¡Aflojá por favor…!
Pedro lo mira como si el rencor y la bronca pudieran volver a florecer. _ ¿Te parece que no aflojé?
Guillermo vuelve a soplar, restriega  sus ojos, se tapa la cara con las manos para luego volver a buscarlo con la mirada. _ Si, claro que aflojaste… ¿Pero no hay alguna chance que sigamos como veníamos?
El rostro de Pedro era inquebrantable. _ Por ahora no… Y no es un capricho ni una revancha, es que hasta que vos no ocupes ese lugar, nunca vas a poder comprender. Es tu tiempo de aprendizaje. ¡Guillermo! Vos sos lo mejor que me pasó en la vida, pero en algunos aspectos necesitas crecer… Porque a veces la hacés muy difícil.
Había quedado preso de su propio temperamento y casi entregado preguntó bufando como un rinoceronte. _ ¡Bueno, está bien! ¿Y que se supone que debo hacer?
Pedro revisó la comida y vió que el pollo estaba a punto. Apagó el horno y mirándolo como si le hablara de cosas insustanciales le dijo.
_En primer lugar, del viaje a África te ocupás vos. Hacete cargo de los carnets de vacunación, de averiguar cuando y donde se aplican las vacunas. Sacá los pasajes, fijate que tengamos la documentación en regla. Hacé las reservas en un hotel que, tratándose de África, tenga el mínimo de condiciones en las que a vos te gusta vivir. Los viernes se le paga a Anita por venir a limpiarnos la casa y día a día se le deja la lista de las cosas que debe comprar. Los primeros días del mes hay que pagar algunos impuestos y servicios, patentes y seguros, lo demás despreocúpate que se paga por débito automático… Cada quince días viene un pibe a cortar el césped y a ocuparse del jardín.  Tenés que arreglar que venga cuando esté Anita y dejarle a ella el dinero para pagarle. No se…En cuanto me vaya acordando de otras cosas te aviso. Pero lo más urgente, es que te vas a tener que empezar a llevar bien con Robertino.  El que está bien documentado respecto de la adopción de Kendy es él y además maneja el traductor como nadie. Así que llamalo, porque vas a tener que pasar horas con él delante de la computadora. Eso si, yo pienso cumplir con lo mío, cuando necesiten ir a algún lugar a causa de esos innumerables trámites que van a tener que hacer, vos llamame que yo los llevo. Me está gustando mucho está idea de solo cocinar, coger y manejar… ¿Cenamos mi amor? El pollo está listo.
Lo dejó en estado catatónico.
Continuará. 

domingo, 30 de agosto de 2015

"VÍCTIMAS" - Cap. 16 - (By Sil Barby)

"VÍCTIMAS" - CAPÍTULO 16






Los días transcurrieron imperturbables. Guillermo seguía cuidando de Pedro con todo el amor y la atención  que era capaz de brindar, se había tomado unos días libres para poder hacerlo, sin embargo no había logrado separarse definitivamente del caso, y se mantenía en contacto con Beto y Marcos. No terminaba de estar tranquilo, quedaba un cabo suelto que no lo dejaba dormir. Camila Moravia.
Al sentirse mas recuperado, Pedro había sido citado a declarar. Con la garganta atenazada y entre sollozos había logrado contar cómo ocurrieron los hechos.
Mientras escuchaba el relato, Guillermo fué inundado por intensas sensaciones. Horror, odio, pena, dolor y culpa...culpa por no haber podido evitarle esa situación. Pero la impresión mas fuerte fué la incertidumbre. El hecho que esa mujer haya estado en el Delta y no apareciera por ningún lado, lejos de darle tranquilidad era cómo una espina clavada en el talón. ¿Estaría muerta? ¿Qué habría pasado con ella?. Luego de llevarse el cuerpo de Miguel y trasladarlos al hospital, Beto se había hecho cargo de seguir rastrillando, no solo el río, sino también los alrededores y nada, ningún signo de la presencia de esa persona, cómo si se la hubiera tragado la tierra. Tal vez se preocupaba sin motivos, quizá ella simplemente se habría peleado con Miguel, por ahí luego de usarla la había desechado, incluso tal vez la mató. Pero sea cómo sea, él necesitaba encontrarla para poder hallar la paz definitiva.



Todo era culpa de Pedro Beggio, repetía incansablemente mientras lloraba la muerte de Miguel Ángel Mendoza. Escondida en una de las tantas propiedades de su padre, ella seguía el desarrollo  de los hechos a través de las noticias. Un cúmulo de sentimientos negativos comenzó a inundarla. ¿Qué iba a hacer ahora? ¡Otra vez sola! ¿Por qué habían terminado así las cosas? Si todo estaba absolutamente planeado, no habían dejado nada librado a la suerte...sólo quedaban unas horas hasta que él se divirtiera un rato con el doctor y luego la huida. La felicidad que tanto añoraba y merecía.
Ese maricón no se iba a salir con la suya, en honor al hombre que la salvó del encierro, de la muerte en vida que le esperaba, en honor a él, ella sería la encargada de concluir con esa tarea en la que se le fué la vida. Dejaría que el doctorcito se relajara un poco, que bajara las defensas y luego actuaría. Algo había aprendido a su lado. Lo más importante que él le había enseñado era a no tener miedo. Ella lo lograría.
Mientras veía la cara de Pedro en el noticiero con el policía atrás, pegoteado a él  y una placa debajo que rezaba.

"Huir de la muerte por segunda vez"

La furia se apoderó de su mente, escupió la pantalla y empujó el televisor  estrellándolo contra el suelo. Respiró hondo para lograr un poco de calma, no serviría de nada perder el control.
A ella no se le iba a escapar. Lo atraparía, iba a seguirlo, lo iba a agarrar en un lugar de donde no pudiera huir, nada de juegos, nada de torturas, llegaría a él, se presentaría y lo mataría, así,  sin más, directo, certero. La tercera era la vencida.

¿Cuál fué su primera lección? Estudiar muy bien a la víctima... Y a eso se dedicó en las siguientes semanas. El muy turro andaba muy feliz y campante con su noviecito de acá para allá... comenzaban a distenderse... éste era el momento para actuar.

No dejar nada librado al azar... tomar precauciones, tener una manera de escapar... siempre tener un plan B, y nunca... nunca dejarse llevar por las emociones.

Tomó el teléfono e hizo la llamada.



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Retomó el consultorio cuando su cuerpo y su mente se lo permitieron, de a poco lograba insertarse nuevamente en su vida. Sostenido por ese amor tan fuerte y a la vez tan tierno de Guillermo, sentía sanar sus heridas lenta pero constantemente. Los primeros días había sufrido fuertes pesadillas que desencadenaban en ataques de pánico, con el llanto y la angustia siempre presentes, pero con la contención de su amor,  aquellos momentos fueron superados y pudo ir sepultando los recuerdos que tanto temía evocar.
Guillermo de a poco fué mostrándose más relajado también, le costó aceptar el regreso a su trabajo y el hecho de tener que soltarlo durante el día pero era lo más sano. No podían depender el uno del otro, eso no iba con el tipo de relación que anhelaba para ellos, se debía a sí mismo y a él, un vínculo saludable y era lo que más ansiaba y trabajaba por lograr.
La investigación se cerraba, se comprobó que el cuerpo que estaba enterrado en aquella fosa pertenecía a Gastón Prendez y su familia fué informada de la situación. A las pocas semanas un nuevo caso llegó y eso lo desenfocó un poco de lo ocurrido, pero en su interior seguía manifestándose, tenaz, esa inquietud de no haber podido dar con el paradero de aquella mujer.



-Buen día mi amor.
-Hola precioso...
-Qué me mirás así?
-Te miro... porque no puedo evitarlo... porque sos tan lindo!!-Pedro bajó la cabeza avergonzado.-Qué? no me creés? Mirá yo no suelo regalar halagos a nadie, es más, soy insoportablemente exigente, conmigo mismo y con los demás.
-Si lo sé, y también sos un cabrón!
-Perdón???-mostrando un gesto sorprendido.
-Y si...Te acordás cuando nos conocimos?
-Por supuesto que me acuerdo...vos no te quedás atrás con tu carácter querido...
-Ah yo? no dejaste de maltratarme desde el minuto cero.
-Vos... no entendés...
-¿Qué no entiendo? ¿Qué te caí cómo el culo?-Pedro sonreía mostrando esos dientes perfectos y los irresistibles hoyuelos.
-Vos no entendés que yo no podía discernir qué era lo que me pasaba. Y todas las sensaciones que mi cuerpo registraba me generaban una incertidumbre que yo confundía con desconfianza.
-Eso significa que desde que nos conocimos te pasó algo?
-Pero! por supuesto que me pasó algo! Sólo que cómo soy un poco tozudo, me demoré un tiempo hasta que registré qué era....-Pedro se trepó a su cuerpo y comenzó a llenárselo de besos ruidosos-Te amo Guille...-Apoyó sus manos en su pecho y sobre ellas su mentón y lo observaba pícaro.

-Cuando te conocí no podía dejar de mirarte, ese día cuando saliste a buscarme, pensaba si realmente me había ofendido tanto tu comentario o es que necesité salir para poder dejar de temblar.

-Mejor tratemos de no recordar el pasado, no quiero que nos pongamos tristes ahora.
-Recordar el momento que nos conocimos no me pone triste, Guille, al contrario, visualizar cómo fué creciendo esa atracción hasta convertirse en "esto" me hace bien. ¿Vos te das cuenta de todo lo que pasamos? y no me refiero al caso,  sino a nuestra historia. En tan poco tiempo parece que hubiese pasado  una vida si a sentimientos nos referimos.
-Es cierto, es que sos irresistible amorcito....-Pedro soltó una carcajada.
-No me gastes...
-No te gasto!-sonriendo-es verdad, me costó nada enamorarme de vos, yo no era así. Hacía años que no me abría a otra persona y después de Laura pensaba que nunca más podría hacerlo.-El gesto en la cara de Pedro transmutó de golpe y se alejó. Guille lo notó.-Che!... eu! ¿qué...?
Negando con la cabeza-¡Nada!-Recordó el santuario en aquella vitrina y no pudo contener los celos. Había evitado en todo ese tiempo aparecer por ahí, y cuando no le quedaba mas remedio, pasaba sin detener la vista  en ese estante. No podía evitarlo, no quería ser injusto ni presionarlo pero no se bancaba más la presencia de Laura entre ellos.
-Pedro... a estas alturas no da para ocultarnos cosas, decime... ¿Qué te pasa?... ¡No me hagás calentar!
Lo miró algo irritado y con los ojos llenos de lágrimas.-Nada, me preguntaba si en algún momento vas a dejar de traer a Laura a cada conversación que tengamos, solo eso- Guillermo bajó la cabeza sonriendo-No te rías Guille, te estoy hablando muy en serio, tengo su fantasma rondando esta casa. No hay una charla que no termine en ella, y ni hablar de ese altar que le hiciste en la sala y que no sé por cuánto tiempo voy a seguir soportando. Tal vez debería pensar en regresar a mi departamento.-Se levantó ofuscado y Guille fué tras él-No, no, no, no, no....vos no me dejas así. Vení para acá y arreglemos esto. ¿¡Qué te pasa!?.-tomándolo del brazo.
Pedro se dejó inundar por la angustia y las lágrimas rodaron por sus mejillas.
-¡Pedro!-con la voz impaciente- No podés ponerte así por esto, ni tampoco podés amenazarme con irte cada vez que tengamos una pelea,  no es así, sabés las veces que vamos a pelear?
-No me pongo "así" por la pelea, es por ella, siento que nunca voy a poder competir con su recuerdo, y me duele- la voz salía entrecortada por las lágrimas-porque yo nunca amé a nadie cómo a vos, y me siento en inferioridad de condiciones...
-Inferioridad de condiciones?? A ver…-Guille le regaló una sonrisa tierna y lo tomó el mentón- En primer lugar... no entiendo porqué querés competir con ella...-Pedro levantó los hombros- y en segundo lugar... hace cuánto que no entrás a la sala?
-Desde que llegué traté de evitarlo.
-Vení. - le tomó la mano y lo llevó hacia allá- Mirá.-La vitrina estaba vacía solo conservaba el retrato de su padre con él, su cara se iluminó y la angustia comenzó a disiparse. -Lo hice mientras estabas en la clínica.  Mi amor... Laura fué una persona muy importante para mi, no puedo eliminarla de mi vida cómo si nunca hubiera existido, pero es parte de mi pasado. Vos sos mi presente y mi futuro ¿no te alcanza con eso?-Pedro aflojó la tensión en su rostro, soltó el aire que llevaba reteniendo y le hizo una caricia sonriendo.
-Si mi amor! por supuesto que me alcanza, disculpame es que, no puedo controlarlo. Perdón-le tomó el rostro y le dió un beso. Y Guillermo lo abrazó sonriendo. En el fondo disfrutaba de esos ataques de celos y los tomaba como una manera más de demostrar cuánto lo amaba y lo importante que era para él.

-Bueno ahora... vamos a tomar algo y después a trabajar!
-Mmmm y si mejor en lugar de desayunar nos quedamos acá en la cama y nos hacemos unos mimos?
-Pedro... no me tientes... me dijiste que tenés un millón de pacientes hoy.
-Por eso!!! ¡Dale! los necesito para pasar el día- se acercó provocador y le mordió la oreja.
Se le nubló la mente frente a ese contacto y le besó el cuello. Pedro lo atrajo, con fuerza para besarlo con todas sus ganas, y Guillermo respondió. Ahí mismo en esa sala cómo testigo hicieron el amor extasiados, desbordados, y así, satisfechos, colmados de amor se dirigieron a sus trabajos.


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-Cuquita, buenos días!
-¡Hola mi amorcito! ¿Cómo estás hoy?
-Bien! extrañando el café con leche y medialunas que solés prepararme.
-Pero ¡cómo! ese desconsiderado de Graziani te hizo salir sin desayunar?
-Si, es que se nos hizo tarde y estaba apuradísimo, anda en un nuevo caso y ya te imaginarás cómo está. Preferí venirme y compartir el momento con vos.
-Decime mi amor, vos estás seguro que ese hombre es para vos?
-Cucaaaa... qué problema tenés con Guillermo?
-No mi amor, problema ninguno, pasa que es policía y me parece que vos necesitás una vida un poco mas tranquila después de todo lo que pasaste.
-No me imagino la vida sin él Cuca.-La mujer se acercó, sonriéndole y le hizo una tierna caricia en su mejilla.
-No pensé que iba a vivir para ver esto...-Le dijo con lágrimas en los ojos.
-¿Estás celosa?- La abrazó y la levantó del piso girando sobre sí mismo.
-¡Ay Ay soltame Pedrito!! ¡Soltame!-Ambos soltaron carcajadas felices.
-Bueno viejita linda, preparame ese desayuno tan rico y te espero en mi escritorio así revisamos mi agenda de hoy.


Atendió a todos sus pacientes de la mañana y salió a almorzar con su secretaria. Al regresar se encerró para llamarlo.
-Hola mi amor!
-Pedro!-sonriendo-cómo estás?
-Bien! Vos? Ocupado?
-Para vos no... Te extraño, no me gusta que no desayunemos juntos, después no nos vemos en todo el día.
-Bueno amor esta noche cenamos! y compartimos una peli, pero tarde, acordate que tengo ese paciente  que viene después de hora...
-Bueno si termino temprano me hago cargo de la comida...Te amo.
-Y yo... Un beso.
Cortó la comunicación con una sonrisa y se quedó mirando el teléfono emocionado.

La tarde llegaba a su fin, Cuca organizaba su escritorio para retirarse.
-Pedrito, mi amor, me estaba yendo, querés que me quede hasta que llegue la paciente nueva?
-No hermosa, andá tranquila, yo le abro y le tomo todos los datos.
-Chau mi amorcito -y le lleno la cara de besos.

Diez minutos más tarde sonaba el timbre y Pedro se apuró a atender, puntual la mujer, "puntual o ansiosa", pensó.

Abrió la puerta y saludó formalmente-Buenas tardes, soy el doctor Pedro Beggio. -La mujer, rubia con anteojos oscuros apenas lo saludó con un movimiento de cabeza e inmediatamente ingresó a la sala sin mirarlo a la cara. Pedro la observó caminar directo hacia la puerta de su consultorio cómo si conociera el lugar y se apuró a seguirla. Sintió su cuerpo estremecerse, un leve temblor lo recorrió como una alarma en su cuerpo. Pedro, pará un poco, aflojá con la persecución.

Ingresó después de ella al consultorio y la invitó a sentarse. Prestó especial atención a sus gestos, siempre era bueno estudiar el lenguaje corporal de los pacientes, ese que reflejaba su estado real. Inquieta, alterada, parecía al borde de un colapso.
-Disculpe su nombre es Sara, verdad?
-Si...
-Bueno Sara, sería bueno, que antes de empezar nos conociéramos un poco. ¿Te puedo tutear?-La mujer se sacó los lentes oscuros y le sonrió con los labios apretados, -Si, claro.- La miró a los ojos y le regaló una sonrisa para darle algo de confianza, cómo solía hacer en todas sus primeras consultas. Lentamente el tono rígido del cuerpo de la mujer comenzó a aflojar, y ella comenzó a hablar.
-¿Puedo fumar?
-Bueno normalente no, pero siendo que es el último turno del día te lo puedo permitir.
La mujer volvió a tensarse, y se mantenía en silencio. Pedro comenzó a inquietarse más aún, esos movimientos bruscos, nerviosos, le decían más de lo que ella expresaba.-Bueno a ver, porque no me contás algo de vos.
Clavó su mirada en él y un escalofrío lo recorrió. El sonido de un mensaje lo sacó del momento. –Disculpame, debo responder, porqué no te aflojás un poco, ponete cómoda, podés usar el diván si querés.
La observó de reojo encaminarse hacia el centro y sentarse.

         *Mi amor, estoy saliendo para casa, te falta mucho?*
         *Guille podés buscarme?*
         *¿Pasa algo? ¿No tenías un paciente?
         *Es "una" y hay algo raro, VENITE*

No le gustaba asustarlo, pero sin entender porqué tenía un mal pálpito. Acercó la silla y se sentó a su lado, recostada en el sillón la mujer no dejaba de mover sus manos, y todo el cuerpo. Y el relato comenzó.
-Acabo de quedar viuda… -Él asintió y se dispuso a escucharla. -Hace pocos meses también perdí a mi papá. Y me estoy sintiendo muy mal...-comenzó a sollozar.
 Pedro la escuchaba con atención e intentó indagar un poco. Tal vez esa inquietud que sentía no tenía fundamento.
-Tratemos de profundizar un poco más... mal... no es un sentimiento. Contame Sara, cuáles son tus sentimientos reales, cómo te sentís...?
-Frustrada- soltó y volvió a clavarle la mirada turbando nuevamente la tranquilidad de Pedro.
-Bien, vamos a ir tratando de visualizar todos los sentimientos que te están atravesando. Ya encontramos el primero... frustración. ¿Qué más sentís?
-Soledad.... me siento muy sola, abandonada....
Ella volvió a aflojarse, pero seguía llorando, era evidente que esa mujer estaba desequilibrada. Mientras intentaba sonsacarle algo más de información, su cuerpo no dejaba de mandarle señales. ¿Qué le estaba pasando? Le recordaba aquella vieja sensación de los días previos a la aparición de Vidar. La adrenalina recorriendo su cuerpo, el alerta constante. A medida que la mujer avanzaba en su relato su estado seguía agravándose, esa voz, ese aroma. Cerró sus ojos abstraído totalmente de sus palabras y su memoria viajó en un vuelo directo al Delta. No entendía por qué esa presencia lo llevó sin escalas a los recuerdos que tanto había luchado por silenciar. Comenzó a transpirar helado y de repente, escuchó una palabra salir de su boca... marica... resonó como un eco en su mente... ni loca... Inmediatamente la imagen de aquella mujer se presentó delante sus ojos. ¡Era ella! Por Dios! era Camila Moravia!, la recordaba con el cabello más oscuro, pero no podía estar tan equivocado, mientras ella hablaba la reminiscencia de lo vivido se presentaba cada vez con mayor énfasis. Se aflojó el nudo de la corbata y sentía las gotas frías de sudor surcar su frente y deslizarse por las sienes. ¿Qué haría ahora? ¿Cómo debía actuar? Ojalá Guille habiera recibido su respuesta y la hubiera tomado en cuenta.
De pronto ella se paró y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, lanzando una serie de incoherentes oraciones. Hacía rato que Pedro no la escuchaba, pero el brusco movimiento lo trajo de nuevo a ella. El temor comenzó a reflejarse en su semblante. Lenta y cuidadosamente se levantó de su silla y con la voz mas calma que podía tener en esa situación trató de apaciguarla.
-Sara, por favor le pido, vuelva al sillón y trate de calmarse, así no voy a poder ayudarla.
-Vos me estás escuchando?? Pedro? Te dije que me lo robaron entendés? "alguien" lo mató...y yo lo único que quiero, lo único que pasa por mi mente son las mil y una maneras de vengar su muerte!-Su voz salía en un grito y seguía caminando de un lado al otro, hasta que en ese momento se paró, lo miró con rencor y sacando un arma le dijo.-Vos sos el culpable de todo esto.- Pedro palideció frente a la pistola que le apuntaba directo al corazón e intentó detenerla. - Camila, por favor, no cometas una locura. Vos no querés ésto. Miguel, no te amaba, él no amaba a nadie.
-Callate! No digas eso, vos no lo conocías, él me salvó, me amaba! Ni siquiera te atrevas a nombrarlo.
-Bueno tranquila, tranquila, bajá eso, te vas a arrepentir, no solo te van a encerrar sino que probablemente no vuelvas a la clínica, sino que termines en una cárcel, pensalo.
Camila aflojó su mano y estaba a punto de bajar el arma pero el odio volvió con más vehemencia y volvió a apuntarle. -Te voy a matar.



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Guillermo tomó las llaves de la primer patrulla que encontró y salió hecho una tromba de la jefatura. -Beto, podés venir conmigo?- Conocía tan bien a Pedro que estaba seguro que ese mensaje no reflejaba el peligro real que estaba transitando, sino que era muchísimo peor. Si había pedido su presencia, es porque un nuevo peligro había aparecido....o uno "viejo", pensó. Camila Moravia. Ese nombre no dejaba de aparecerse en su mente, una y otra vez, por Dios! ¡Cuando tendrían algo de paz...!
Beto lo miraba desde el asiento de conductor. -Guiye, calmate un poco, qué pasa? ¿Por qué tanto nervio?
-Es ella, Betito, lo siento... acá-señalando su pecho. Tomó el teléfono e intentó comunicarse con él, una y otra vez sin respuesta.
-Tranquilo... ya llegamos, falta poco.
Llegaron y Guille casi se tiró del automóvil, e ingresó al edificio, mientras Beto buscaba un lugar donde dejar el auto. Llamó al ascensor impaciente... no pudo esperarlo, así que subió las escaleras a toda velocidad. Al llegar al piso, sacó su arma y se acercó con precaución. Tomó el picaporte, estaba cerrado. Con las manos temblorosas, tomó el llavero y buscó esa llave que Pedro le había entregado para casos de emergencias y abrió cuidadosamente. Todo estaba en orden en la sala de espera. Caminó con cuidado, si Pedro estaba realmente con una paciente no quería irrumpir armado, debía ser discreto, aunque discreción no era justamente su nombre cuando de la seguridad de Pedro se trataba. Se acercó lenta y sigilosamente, acercó el oído a la puerta y lo escuchó... Te voy a matar.
Abrió la puerta con cuidado y la vió de espaldas a él apuntando a Pedro.
-¡Camila!- la llamó. Ella giró rápidamente, él no se volvería a arriesgar, ni bien vió que el arma ya no estaba dirigida a Pedro disparó, un tiro, en el pecho, y otro... por las dudas. Camila  inmediatamente cayó hacia atrás soltando el arma. Su cuerpo casi sin vida, chocó contra la parte de atrás del diván y quedó sentada en el piso, dejando un rastro de sangre en el blanco tapizado y sus ojos, abiertos, perdieron la luz.
Se aseguró que estuviera muerta y corrió hasta Pedro que se encontraba paralizado del otro lado de la habitación.
-Mi amor,  estás bien?-Pedro miraba con horror el cuerpo inerte de Camila contra el  sillón e inevitablemente los recuerdos regresaron a torturarlo. Guille lo abrazó con fuerza y él cerró los ojos con dolor y repondió refugiándose en sus brazos.
-Terminó Pedro, ahora si, mi amor... Todo terminó.



----------------------Continuará-----------------------------

viernes, 28 de agosto de 2015

"DOS Y UN MISMO DESTINO" - Cap. 6 - (By Madame Butterfly)

"DOS Y UN MISMO DESTINO" - CAPÍTULO 6





La segunda taza de café llegaba a su fin, pero la historia que le narraba todavía no. Escuchó tranquilo y pocas veces se atrevió a preguntar algo o a interrumpirlo, su rostro daba señales de cansancio pero no podía asegurar si era algo que nacía de su cuerpo o de su alma atormentada.
- ¿Después de ese beso? Mi relación con mi compañero cambió, ya no fue la misma. Yo trataba por todos los medios de mantenerme alejado de él, de sus pedidos de que habláramos, mientras que mi cabeza era un torbellino.  Yo lo único que tenía claro era que las mujeres me atraían, pero ese beso me atraía mas… Lo prohibido, lo oculto, la sensación de ser seducido por otro hombre... 
El tiempo pasó y mi compañero no volvió a insinuar el tema, hablábamos de nuestros estudios y hasta compartíamos actividades juntos, era como si todo hubiese vuelto a la normalidad. Te confieso que una parte mía se sentía desilusionada de que él no hubiera avanzado más, recuerdo que muchas veces lo vi irse acompañado de los lugares que frecuentábamos y muchos preguntaban en que andaba que se desaparecía hasta altas horas de la noche, yo por supuesto en su defensa les decía a todos que seguro estaba de novio y todos se reían 
-¿Estabas celoso, dolido?
Le sonrió - No me sentía celoso ni dolido, me daba curiosidad lo desconocido, pero también temor. No iba a ser bueno para él que nuestros superiores y compañeros se enteraran de su condición en esa época y más en esta profesión, tenías que ser todo un hombre y con todas las letras. 
Un hecho muy triste de mi vida nos uniría más a los dos, la muerte de mis padres. Cuando me avisaron quedé como en un shock  y él se ofreció acompañarme, por supuesto que nos dieron permiso. Fue una semana muy rara, entre la tristeza y el dolor por mi pérdida, su apoyo brindado sin malas intenciones nos acercó mas, sin ningún interés cocinó, limpió, me ayudó con los tramites… hasta lo lleve a conocer el lago donde aprendí a nadar. Una noche antes de volver tuvimos una charla sincera, me contó de su infancia, de sus comienzos sexuales, de su decisión a seguir su propio camino y de su amor hacia mi, le reproché que muy enamorado no estaba ya que dos por tres desaparecía con cualquiera, me contestó que el amor era una cosa y la necesidad de coger era otra...
- ¡ Ah viste, estabas celoso, no lo niegues !
- ¡ No ! No eran celos, contestá vos… ¿Qué te parece si yo te digo que te amo, pero me desaparezco dos por tres con diferentes tipos ? 
-¡ No se ! No estoy en esa situación ¿Querés mas café...?
- No gracias, no quiero más café. ¿Cómo es eso? ¿La situación?
- ¡ Pero qué te pasa ! Ahora no te enojes, capaz que no te gustó la palabra, ¡ perdóname !, la verdad no me imagino viviendo algo así, aunque mucho no puedo opinar, acordate que no recuerdo ni quien soy ¡dale! seguí hablando.....
- ¡Disculpa vos! Todavía que me escuchás, yo me vuelvo un grosero insufrible. Es que siento que siempre, cuando hablo de mis sentimientos tengo que estar a la defensiva de los insultos, del desprecio de los demás, no todos aceptan al otro como es, no les importa si sos bueno o malo, ya te juzgan por tu condición, te encajonan, es PUTO, ES RARO o el más vulgar  SE LA COME....
-No te aflijas, seguí contando, supongo que no la pasaste bien cuando te diste a conocer.....
- No, pero esa es otra historia...Mejor dicho, las dos se complementan 

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Una noche después de los festejos por nuestra promoción, ¡y lo confieso! algo bebido de mas, nos entregamos al placer y me gustó. Sentí la necesidad de cariño, recuerdo que cuando me levanté a la mañana no sentí culpa conmigo mismo y menos con él, por acuerdo mutuo decidimos mantenerlo en secreto y sernos fieles, al principio todo fue perfecto, nadie se había dado cuenta nunca de nada, compartíamos horas de trabajo, salidas con los compañeros y le dedicábamos tiempo a lo nuestro, pero con el tiempo su amor se volvió sofocante y sus celos a otros compañeros o a quien sea, muchas veces nos hicieron tener grandes peleas ....
- Bueno yo creo que cuando alguien ama con pasión hay celos no...? Vos también lo celarías 
-No, yo no comulgo con los celos, ¡perdon! me expresé mal… " YO A ÉL NUNCA LO AMÉ." Le tenía cariño, respeto, pero no era amor. Con el tiempo me di cuenta que solo buscaba en él un salvavidas, estaba solo, mis seres queridos ya no vivían y él me daba afecto, tranquilidad....
-¿Y vos? ¿Qué le dabas?
-Mi compañía, algunas noches mi cuerpo. Una vez me preguntó si lo amaba como él a mí, le dije que le tenía un inmenso cariño, pero que no lo amaba, que todavía no había conocido el verdadero amor, ese del que hablan los poetas, el que pone tu mundo patas para arriba no lo conocí a su lado, me dijo que con el paso del tiempo me daría cuenta que lo amaba...  El paso del tiempo lo único que trajo fue celos, reproches y lo peor de todo  infidelidad…  ¡Te lo juro! Sus celos, reproches y enojos me agotaron, y busqué paz en otros brazos.
- ¿No era mejor que lo dejaras, antes de que viviera de tus migajas...?
- ¿Y vos crees que no se lo planteé? me canse de pedirle que me soltara, que se quisiera un poco.... Hasta le conté de mi infidelidad, pero solo me contestaba que no lo dejara, que lo solucionaríamos, que lo intentáramos de nuevo... y yo por remordimientos o que se yo porque, siempre aceptaba.
Pero pasado un tiempo de calma, sus celos y reproches volvían y siempre estaba latente en él esa pregunta. ¿Por qué no lo amaba? Hasta yo mismo muchas veces en soledad me preguntaba porque nunca sentí amor por él... Si él me lo daba todo. 
- ¿Alguna vez llegó el amor verdadero a tu vida?
- No, la verdad que hasta el día de hoy, nunca llegó [ y sonrió ] te imaginarás que viviendo en este lugar de lo único que me puedo enamorar es del faro o de una piedra....
- Ja ja ja eso si te lo puedo creer!!! No puedo entender como podés vivir en un lugar tan solitario, lejos de todo y de todos. ¿No extrañás ver gente, ir al cine, a bailar, o lo más simple, tierra firme?
- No la verdad que no, acá tengo todo lo que necesito, quiero ver una película la miro con el DVD, quiero bailar pongo música y bailo, y a tierra firme para que voy a volver, a encontrar una sociedad carente de sentimientos que ocultan sus miserias humanas y te juzgan solo por el hecho de no seguir sus normas, no gracias. "El faro es mi refugio, cuando llegué a él no solo me dio un lugar para vivir si no que me aceptó con mis miedos, mi pasado y hasta con el paso del tiempo curó mis heridas y me volvió como él, fuerte y seguro" Hoy en día te aseguro que nadie podría lastimar o rajar nuestro corazón... y no creas que estoy loco aunque a veces parezca que sí, y es mas, te digo si me ves hablando solo es normal porque hablo con él [ y se sonrió ] voy al baño, el café empezó hacer efecto...
- Bueno andá, acá te espero, tranquilo como siempre.
Lo vio bajar las escaleras y se acercó a la ventana, afuera la lluvia seguía y el faro  alumbraba con su luz el inmenso horizonte, se sintió un boludo hablando solo, pero él no sabía bien porque quería hablar a solas con el faro. 
- Te agradezco el refugio que nos brindás, el apoyo que has sido para Guillermo, pero tanto vos como yo sabemos que hay vida más allá y que alguna vez él tendrá que volver a donde pertenece, parezco un tarado, no sé ni que digo, lo que faltaba… hablo con las paredes....
¿Será cierto que el faro es un imán y tiene vida propia? ¿Qué tarde o temprano todos caemos en su hechizo... y se nos hace imposible dejarlo....?
- ¿Parece que llueve peor no? Creo que está pasando el ojo de la tormenta. ¿Querés dormir o sigo hablando? 
- Seguí, ya que empezaste quiero saber todo, pero antes esperá, voy a preparar mas café
- ¡Te parece más café! ¿No querés un tomar un licor? 
- No señor, si quiero conocer toda la historia, tomaremos café...
- Bueno, vos dicidís pero yo voy a fumar un habano te guste o no te guste.
- Lo fumamos juntos… ¿Te párese bien?
Las pequeñas bocanadas de humo salían de su boca, cuando le pasó el habano a su fiel oyente que en la primera bocanada tosió como un perro con angina
- ¡Ja ja! Vos de fumar nada de nada no?
- Parece que no… Ja ja ja! 
- Bueno, te sigo contando… Mi relación con él ya no daba para más y lo peor de todo es que ya se había empezado a murmurar que algo raro había entre nosotros, era un murmullo por lo bajo, pero estaba tomando fuerza. Me sentí acorralado y él tampoco me lo estaba haciendo nada fácil, tuvimos una fuerte pelea y ahí tome la peor decisión de mi vida, que con el tiempo me sumergió más en una profunda mentira.
Una mañana conocí una mujer que cambiaría mi vida para siempre, lo que al principio nació como una linda amistad me dio la posibilidad de tapar varios comentarios y la presenté como mi novia a mis amigos y compañeros, por supuesto la noticia llegó a sus oídos y volvimos a discutir, me aseguró que yo le pertenecía y que una mujer no iba cambiar lo que era yo, que volvería a él. Fue un momento muy difícil. 
Después de eso me sentí atrapado entre la espada y la pared, por un lado él y en el otro ella con su constante reclamo de formar una familia y caí en mi propia trampa, ella quedó embarazada y nos casamos, pero de algo estaba seguro… "no se puede tapar el sol con un dedo, con ella tampoco conocí el verdadero amor"

-¿Tuviste un hijo? ¿Y? ¿Qué pasó con él y con ella?
- ¡Uy! Muchas preguntas para un amanecer y ya tengo sueño. 
La luz del faro ya se había apagado y daba paso a luz natural, desde el horizonte se podía distinguir un amanecer lluvioso y frió pero lleno de preguntas sin contestar…
Ahora tenía la necesidad de saber, por alguna razón quería conocer toda la historia y no lo iba dejar escapar, ya que quiso hablar ahora tendría que hacerlo hasta el final...
- No señor, ahora con sueño o sin él, vas a contarme todo… ¿Querés café?
- ¡No por favor! Mas café no, te voy a contar todo, pero a cambio hacé unos mates, pero yo te explico cómo me gustan.
- ¡Ah bueno! Lo que faltaba, el mate va a ser como al señor le gusta… 
- Por supuesto, ya que no voy a dormir y voy a seguir hablando, por lo menos vas a cebar mates como a mí me gusta. ¿Puedo seguir contándote...?

Una mañana fría y gris nos casamos en el registro civil, amigos de ella y míos estuvieron en la ceremonia, cuando salí del registro ahí estaba él parado en la vereda de enfrente. Se acercó, mientras yo esperaba una escena de reproches él solo me aseguro que iba a volver con él y que él me esperaría.... Después de esa charla, no lo vi por algún tiempo  y mi vida se convirtió en una rutina del trabajo a casa o si no a las guardias que me tocaran, traté por todos los medios que ella nunca descubriera mi secreto y me dediqué hacerla feliz, muy pocas veces volví a mis andadas, la llegada de ese niño valía ese sacrificio, me volví un  hombre cariñoso, comprensivo y traté de darle todo mi cariño...

En ese momento su mirada se nubló y unas pequeñas lágrimas empezaron a caer de sus ojos...  Se asustó mucho al verlo así y en un impulso se acercó, lo abrazó fuerte y le susurró en el oído.
- ¿Qué te pasa? ¿Por qué te pusiste así? 
- ¡Gracias por abrazarme! Lo necesitaba… 
Sus miradas se encontraron y ninguno de los dos se atrevió dar el primer paso para soltarse hasta que Guillermo, con todo el pesar, se soltó de sus brazos....
-Che, aunque me abraces de cebar mates no te salvas ehh…
Se sintió desvalido al dejar de ser abrazado, pero trató de no pensar en eso, estaba más preocupado por saber a qué se debían sus lágrimas. 
- Te pregunté algo, no cambies de tema… Y si voy a cebar mates.

- Los meses pasaron, pero el embarazo no venía bien y ella tampoco estaba bien, su salud había desmejorado mucho y los médicos no daban esperanzas y el final llegó... Ella se fue, se llevó a mi hijo y todas mis esperanzas...
- Lo lamento, mucho… No puedo ni imaginar el dolor que habrás sentido....
- Fueron unos meses terribles, solo mi trabajo me daba un poco de  paz, me aferré a él y seguí adelante pero ya no era el mismo, la vida me había golpeado y recién era el primer golpe.... 

- Por favor agarrá el mate y si no querés hablar más charlemos de otra cosa, o mejor ¡juguemos a las cartas! ¡Te juro que me tengo fe! Esta vez...

Entre los recuerdos y el dolor que volvían  con cada palabra dicha, saber que este hombre desconocido le brindaba su consuelo y su sonrisa le pareció la cosa más tierna y dulce...
- No, si querés después jugamos.... Ahora que empecé quiero contártelo todo, quiero sacarme este peso de encima, aunque se que este dolor y mis recuerdos  me acompañaran por el resto de mi vida, lo quiero compartir con vos...

- Bueno te escucho... Continuá
- Como te dije, me volqué a mi trabajo allí descargue mi dolor, ya no podía volver a la casa que compartía con ella y me mudé a la base de nuevo, para apagar el dolor tomé guardias rotativas, quería por todos los medios destruirme, me sentía culpable por no haberla amado como se merecía.
En una de mis guardias me volví a encontrar con él, me pregunto cómo estaba, me aseguró que él no había deseado ese final para ella y que me ofrecía su amistad sincera y que quería lo mejor para mi aunque nunca volviera con él. 
El tiempo pasó y volví con él, quiero que me entiendas, me sentía desvalido, necesitaba ser abrazado, querido, en ese momento él fue mi faro....
Fueron varios años maravillosos, no sabía bien porque, pero el paso del tiempo lo había vuelto un hombre más cauteloso. Cuando una noche le pregunté a que debía su cambio, me aseguró que era por mí, que ya no era ese joven tan celoso y posesivo como antes, que haberme perdido le había enseñado la lección...
Como te dije, la sociedad tiene normas y en ellas te tenés que regir para bien o para mal, y en esa época que dos hombres afianzaran lazos tan cercanos no era tan normal y ahí comenzaron los problemas. 
Fui llamado por mis superiores quienes me dieron a entender que no era bueno que mi excelente legajo se ensuciara con algo tan bajo como “esto”,  y yo me aseguré de dejarles en claro que eso que ellos llamaban “esto”, era que dos hombres fueran pareja.  Les aclaré que con quien me acostara no interfería con mi trabajo y en el desempeño de mis obligaciones y que estaban pasando una barrera, la de mi intimidad, o sea mi vida privada. Fue una advertencia diplomática pero algo quedó claro para ellos y para mi los trapitos sucios se limpian en casa, acordamos desde ese momento no tomar guardias juntos y cuidar las apariencias, a él mucho no le gustó, si fuera por él los hubiese mandado a la mierda y buscar otro trabajo pero yo le aseguré que esa era mi carrera, mi trabajo y por nada los dejaría.
En el trato con mis compañeros se empezó a notar, susurraban entre ellos, me miraban raro, las guardias se volvieron un caos, nadie quería tomarlas conmigo. Cansado de todo eso, un día los enfrenté a todos en el comedor, fue un momento bastante duro pero después de eso todo se calmó, o mejor dicho, la calma antes de la tormenta final....

Se levantó del sillón y se acercó al ventanal, mirando hacia afuera empezó hablar de nuevo y en el ambiente un frió helado llego a rozar su piel... Y la del oyente también...

-En una de mis guardias varias embarcaciones se daban como desaparecidas debido a la fuerte tormenta muy parecida a esta, nos preparamos a salir, el mar se encontraba embravecido, golpeaba fuertemente la embarcación, pero ninguno de nosotros sintió miedo o mejor dicho, lo disimulábamos bastante bien. Por la radio nos daban las coordenadas de las naves perdidas pero a nosotros se nos pidió en especial buscar a una tripulación de rescate desaparecida, en ese momento me quedé helado solo quería saber el nombre de la nave y quienes estaban en ella…

Por varios segundos no escuché su voz pero si un llanto desgarrador, me acerqué a él y solo atiné a abrazarlo, su cuerpo temblaba pero se aferró a mi buscando calor....   ¿Qué más podía hacer en ese momento? Me había abierto su corazón que sangraba ante el dolor...

Continuará