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domingo, 28 de agosto de 2016

"SE CASÓ... SE CASÓ" - Cap. 1 - (By Maby)

"SE CASÓ... SE CASÓ" - CAPÍTULO ESTRENO





-Pedro Beggio ¿acepta por esposa a Camila Moravia?
-Sí, acepto.
Guillermo salió corriendo seguido por Beto…
-¡¡Se casó…se casó!! -Mientras va cayendo, agarrándose  el pecho-
-¡¡Guille, Guille!!

*************************

Pedro regresa de su mini luna de miel y encuentra a Marcos, solo, en el estudio…
-¡Buen día Marcos! ¿Qué pasó? ¿Están todos en tribunales o también están de luna de miel? Pensé que el que me casaba era yo…-intenta una broma pero al ver que Marcos no hace el menor intento por seguir el chiste, su cara cambia la expresión-
-No precisamente. Todos están en la clínica.
- ¿Por? ¿Hubo examen médico general y no me avisaron?
-Ojalá fuera sólo eso…Guillermo sufrió un infarto.
-¿¡Qué!? ¿¡Cómo?! – Su cara empalidece al escuchar – ¿Por qué no me avisaron?
-Porque no podías hacer nada. Fue un rato después de tú boda. Menos mal que Beto estaba con él, porque sino, no sé lo que hubiera pasado.
-¿Dónde está? Decíme donde está – le grita tomándolo de la solapa del traje.
-Tranquilízate Pedro. Está en la clínica. Allá están Beto, Gaby, Cuca y Fabián.
-Voy para allá.
-No vas a poder hacer nada Pedro.
-Quiero verlo.
-No vas a poder.
- ¿Por qué?
-Guillermo está en coma desde que ingresó. Solo han logrado estabilizarlo pero no despierta y al parecer su corazón está muy dañado.
-No puede ser. –Y el aire comienza a negarse a entrar en sus pulmones. Y las punzadas en el pecho son cada vez más fuertes.  Su cuerpo resbala contra la pared, intentando tranquilizarse.
-Calmáte Pedro, por favor…Guillermo sólo está estable. Hay que esperar. Y únicamente pueden verlo los familiares cercanos y vos no estás en ésa lista.
-Necesito verlo. Necesito estar con él.
-No se puede. A ver si entendés. O te ponés a hacer algo acá o te vas con tú mujer. A Guillermo no lo podés ver, porque el único que entra, desde que ingresó a la clínica, es Fabián.
Pero Pedro ya no escucha nada de lo que dice Marcos. Sólo puede oír su corazón desbocado, la angustia que se hace presente y esa sensación de abandono, de vacío que lo había acompañado antes de conocer a Guillermo y que luego de entrar al estudio Graziani había desaparecido.  Lentamente se va incorporando, tratando de bajar los latidos de su corazón.
-Decíme en que clínica está Marcos, por favor.
-Está en las mejores manos en las que puede estar.
-¡Decíme donde mierda está Marcos!
-Está en Favaloro.
Toma su teléfono y corre hacia su auto. Entra, arranca y sólo pueden agolpársele en la mente las imágenes de Guillermo antes de su boda. El pequeño roce de sus manos para tranquilizarlo de su ataque de claustrofobia, su presencia desde el departamento hasta el civil. –No. Vos no Guille. A vos no te puede pasar nada. –
Llega a la clínica casi sin darse cuenta. Ni bien entra, divisa a Gaby que corre hacia él, a abrazarlo, llorando. –Pedro, Guille- alcanza a decirle entre sollozos.
-Gaby, decíme cómo está Guille, por favor.
-Grave, muy delicado. El infarto que le dio, ha causado un daño muy severo a su corazón. Los médicos son optimistas pero fueron claros: si su corazón resiste, va a quedar muy debilitado, propenso a cualquier mínimo desajuste… ¿por qué a él? ¿Por qué le tuvo que pasar algo así a Guille?
Pero Pedro no tiene respuesta… sólo un abrazo para contener y contenerse, para salvarse un poquito  a sí mismo de tanto dolor, de tanto sufrimiento. Avanza por el pasillo lento del brazo con Gaby, saluda a una Cuca envuelta en lágrimas. Después a Beto, pero entre su angustia, puede divisar algo en sus ojos, como un reproche, una acusación muda, que lo alarma y después a Fabián, quien apenas lo saluda sin prestarle atención. En ese momento se abre la entrada de terapia intensiva y la voz de una amable enfermera
–Familiares del Sr. Guillermo Graziani por favor.- Inmediatamente Fabián corre a su encuentro y el grupo detrás de él – Sí señorita, yo soy el hijo – Venga un momento por favor, el doctor necesita hablar con usted, sígame por favor. – y todos mirando el vaivén de las puertas hasta perder de vista a Fabián. Pedro sólo atina a sentarse porque siente que sus piernas ya no responden.
Esperan a las puertas de Terapia y ninguno atina a moverse… solo esperan que la juvenil figura vuelva a traspasarlas… cuando de repente ven salir a Fabián arrasado en lágrimas que va y se abraza a Cuca y le dice –Tía, papá se está muriendo -y todo el resto de los presentes se quedan inmóviles.-
Beto trata de tranquilizarlo  – ¿Qué pasó Fabián? ¿Qué te dijo el médico?
–No está respondiendo a los medicamentos. El tratamiento no está funcionando. Su corazón Beto, se va apagando lentamente. En cuatro horas aproximadamente está llegando un especialista que está viajando hacia acá, a ver qué puede hacerse… es lo mejor que hay.
 – ¡Calmáte pibe! Tu viejo te necesita fuerte y entero.
 –Lo sé. Pero no puedo verlo así. Él siempre tan fuerte, protegiendo a todo el mundo y ahora ahí, tendido en ésa cama inmunda, peleando por su vida.
–Él va a salir de ésta Fabián- le dice Beto.- Tú viejo es un tipo fuerte y estoy seguro que el  tordo que viene, va a sacarlo- le dice tomándole un hombro –
-Cómo se llama el Dr. Fabi? – pregunta una Gabriela sollozante.
-Matías Olazábal.
Pedro que hasta ése momento sólo se limita a prestar atención a las palabras de Fabián, siente un ligero malestar al escuchar ése nombre.
Las horas transcurren inexorables… pero cada minuto para los que esperan un cambio en el estado de salud de Guillermo, transcurren eternos… se puede recorrer cada escondrijo de una vida de mil años en ése lapso interminable… 60 minutos… 7200 segundos… la octava parte de un día… 4 horas… sin novedades… Fabián y Cuca desesperados persiguen a cada “guardapolvo blanco” que recorre los pasillos de la clínica, a ver si alguno tiene información de la llegada del especialista.
Y Pedro…Pedro está en la misma posición en la que Fabián pronunció aquellas letales palabras “papá se está muriendo”…cada letra de esa frase no ha dejado de aguijonearle el pensamiento en ésta espera interminable. Su alma y su mente parecen cobrarle con demasiados “intereses” la decisión de haberse casado con Camila. Y los recuerdos explotan a cada minuto, “no te cases Pedro, no te cases” en su despedida de soltero y “si yo no quiero despedirme de vos” y los gestos son moneda corriente en su pensamiento, lo avasallan sin piedad...y él allí, con la mirada perdida, sin capacidad alguna de hacerles frente.
Seis horas han transcurrido ya desde aquel doloroso parte médico…cuando de repente el vaivén de la puerta hace que la miradas se dirijan hacia allí, un doctor de unos treinta y pico de años, llama a los familiares de Guillermo Graziani, todos aceleran sus pasos a la entrada y Fabián responde – yo soy el hijo –
-¡Buenas tardes! Yo soy el doctor Matías Olazábal, cardiólogo cirujano - cuando de repente detiene su diálogo, dirigiéndose al resto de los presentes – Disculpen pero agradecería que me dejarán un momento a solas con… ¿cómo es tu nombre?
– Fabián.
– Con Fabián por favor, él después les comunicará lo que él considere pertinente…mejor hagamos algo, vamos a la cafetería y ahí te cuento, tranquilízate que algo de viento a favor tenemos… por acá…- señalando el camino hacia la cafetería –
Pedro se ha quedado mas pensativo que antes, la sensación de malestar, de vacío, de que éste hombre viene a desestabilizar su vida…una sensación demasiado amarga sumada a la angustia de saber a Guille en coma, una combinación letal para su cuerpo.
 Y de nuevo la espera impiadosa se hace presente, pero ahora con algo más de esperanza…Gaby se acerca a Pedro y le susurra –Hey andá a tú casa, Camila te debe estar esperando.
-No Gaby, me voy a quedar. Necesito saber cómo está Guille.
-Pero eso ya lo sabemos Pedro, él está en coma. Andá tranquilo, apenas Fabián tenga una novedad te aviso, te lo prometo.
-No Gabriela, no me voy a ir. Ya estuve demasiado tiempo lejos de él, estos días que no me avisaron nada.
-Lo hicimos por tú bien, acá no había nada qué hacer. Está en las mejores manos.
-Eso lo tendría que haber decidido yo. Además porque no lo llamaron antes al médico éste.
-Según Fabi es porque no estaba en el país.
-Es un paciente de alto riesgo, tendría que haber venido corriendo.
-Ehhh, pará! El doctor no estaba y ha venido lo más rápido posible.
-Gaby, hace cuatro días que Guille está en coma. Eso es una eternidad en pacientes con ése riesgo. Y el tiempo es oro en estos casos, puede separar la delgada línea entre la vida y la muerte.
-Tranquilizate Pedro. Estás muy nervioso. Lo importante es que ya llegó. Y más importante aún es ver si puede salvarlo.
-Tiene que salvarlo.
En ese momento Beto pasa por delante de ellos, en dirección a la cafetería. Inmediatamente Gabriela se levanta y le pregunta -¿A dónde vas Albert?
-A la cafetería. Ya no soporto ésta espera.
Entonces Pedro se incorpora de su asiento y lo detiene con una mano en su pecho. –No Beto, dejá que terminen de hablar, ya Fabián nos va a contar.
Beto se detiene en seco, mira la mano de Pedro  se la saca de encima con un gesto de fastidio y disgusto – No me toques pendejo- le dice desafiante –
Pedro lo mira sorprendido. – ¿Qué te pasa Beto?
-Por tu culpa Guille está así. – y sin más palabras se dirige hacia la cafetería.
Pedro y Gaby se miran incrédulos.
Beto va llegando a la cafetería y Fabián y el doctor, vienen saliendo. Fabi con el semblante un poco más relajado que al irse, viene charlando animadamente, cuando lo ve, le hace un gesto que se acerque.
-Doctor le quiero presentar a un fiel y leal amigo de mi padre, Alberto Marini.
-¡Mucho gusto Alberto! – Extendiéndole la mano-
-Alberto él es el doctor que ha traído una esperanza de vida para papá.
-¡Hola tordo! Dígame Beto. ¿Y qué le va a hacer a Guille?
-Está bien, Beto. Vamos a practicarle una operación, bastante complicada y riesgosa, pero lo único que puede hacer que Guillermo despierte del coma y pueda volver  a casa, Dios mediante. Ya te explicará en detalle Fabián. Ahora tengo que prepararme para la cirugía. Fabián, por favor, andá por administración así firmas los papeles correspondientes. Si todo sale como espero, dentro de unas horas hablamos de nuevo ¿si? Acordáte, tené fe. –dándole una palmada en el hombro. –
-¡Devuélvamelo doctor, por favor! –Le suplica Fabián-
-Por favor, sálvelo -le implora Beto - Él es cómo un padre para mí.
-Tranquilos, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para traerlo de vuelta.
Lo ven marcharse y se abrazan. Fabián llorando y Beto firme e inmutable
– Dale pibe, que en un rato lo tenemos de vuelta a Guille, retándonos a todos – acompañando la frase con un guiño de ojos. Y el primogénito sólo asiente. –Dale te acompaño a la Administración, así firmás los papeles y vamos a la sala de espera que todos están que caminan por las paredes por no saber qué está pasando.
Terminan el papeleo y suben nuevamente a sala. Una vez allí Fabián les explica en resumidas palabras  lo que le dijo el doctor. Pedro escucha en silencio, desbordado por los recuerdos y abatido por las palabras de Beto, que lo atormentan a cada instante con mayor intensidad. En medio del diálogo, las puertas de Terapia se abren para dar paso a un Dr. Olazábal que llama a Fabián y que luego de  unas palabras lo hace ingresar. Otro tiempo in eternum, hasta que después de diez minutos sale nuevamente y tranquiliza a todos diciendo que lo llamó para que le deseara fuerza a su padre.
 La espera va a ser larga. Mínimo cuatro horas de cirugía, si es que no se presenta ningún contratiempo, es lo que le había advertido Matías. Porque a ésta altura ya era Matías, Fabián no paraba de hablar lo bien que le había explicado el médico la situación y sobre todo lo buen ser humano que se había portado con él, la contención y el apoyo que le había brindado en momentos tan complicados.
Transcurrido el tiempo previsto, Matías sale a la sala de espera, y Fabián recibe la buena noticia…–Guillermo ha soportado muy bien la operación, sin imprevistos. Su corazón ha respondido de manera eficaz al procedimiento quirúrgico…pero hay que esperar. Va a seguir en Terapia Intensiva, por las próximas cuarenta y ocho horas, que van a ser cruciales.
-Gracias doc.
-Todavía no me agradezcas nada. No sabemos cómo es el desenlace de esto. En dos horas voy a venir a revisarlo nuevamente y a informarte la evolución. Pero necesitás descansar, ustedes también –dirigiéndose al resto del grupo- andá a casa y volvé mañana-
-No Matías, yo me quedo acá.
-Estás muy cansado…llevas varios días acá. Que alguno de ellos se quede y andá a dormir un rato. Lo importante es que te mantengas al pie del cañón las próximas cuarenta y ocho horas. ¿Ninguno de ellos se puede quedar?
Y Pedro se levanta inmediatamente – Yo me quedo Fabián. Andá a casa que yo cualquier cosa te aviso.
-Viste. Ahí lo tenés.
-No Pedro. Nunca podría pedirte eso. Recién te casas y lo que menos quiero es interrumpir este periodo de tu felicidad. –y desviando su mirada – ¿Beto te podrás quedar?
-Pero Fabián, no te preocupes por mí. De verdad, me quedo yo.
-No Pedro, gracias, de corazón. Ya estuviste todo el día y es hora de que vuelvas a casa, sino tú esposa va a terminar odiando a mí papá.
-No. ¿Qué decís Fabián?
-Quedáte tranquilo Fabián, yo me quedo.-interrumpe Beto-
-Dale Fabián. Mañana te veo para ver la evolución. Descansá. ¡Buenas noches!
- ¡Dale Matías! Gracias. Bueno, tía vamos y volvemos mañana. Gaby te llevo. ¿Pedro querés que te lleve?
-No Fabián. Vine en mi auto. Gracias.
-No te enojes Pedro, pero papá se enojaría muchísimo si te hago quedar toda una noche en la sala de espera de una clínica, en tu primera semana de casado.
-Está bien. No te preocupes.
-Vamos tía, Gaby. Beto cualquier cosa me avisas. Mi celular va a estar prendido toda la noche.
-No te hagas problema. Dormí tranquilo. Descansá.
-Hasta mañana.
Y se quedaron en la sala de espera Beto y Pedro. El primero sin mirarlo ni dirigirle la palabra. El segundo haciendo su mejor intento para iniciar una charla que le diera respuesta a la pregunta que se hizo toda la tarde. ¿Por qué Beto había dicho eso?
Y Beto no pudiendo más con su genio, le dijo -ya te podés ir, porque el que se queda a cuidar a Guille, soy yo. Órdenes del hijo, vistes.
-¿Que mierda te pasa conmigo Beto, que me tratás así? ¿Por qué dijiste que la culpa de que Guillermo estuviera así, era mía?
-Cosas mías.
-No, cosas tuyas un carajo. ¿Por qué lo dijiste?
-Yo sé porqué lo dije y vos también sabés porqué. No te hagas el boludo.
-No sé de qué hablás Beto.  No te entiendo. Hablá claro, por favor.
-No voy a hablar, primero porque Guille se está debatiendo entre la vida y la muerte, segundo porque no me corresponde a mí decir lo obvio, más claro echále agua. Pero si te advierto algo, vos a Guille, no lo volvés a joder nunca más. Yo como su amigo, no lo voy a permitir. Te quiero lejos cuando Guille salga de acá. Porque ése infarto que le dio, fue por tú culpa. Y no voy a permitir que por un pendejo como vos, se termine muriendo, alguien que para mí es como mi viejo. ¿Entendés? Corta la bocha.
-Beto ya lanzaste esa acusación, ¿por qué? Es tarde para echarse para atrás.
Pero Beto se ha incorporado de su asiento, dando por terminada la charla.
Pero Pedro no se da por vencido. –Beto contestarme.
-Dejáme de joder.- le responde un Beto ofuscado –
-Hoy te dejo en paz, pero en algún momento vamos a tener que hablar, entendés.
El silencio de la sala es su única respuesta y la espalda de Beto ignorándolo totalmente.

CONTINUARÁ

jueves, 25 de agosto de 2016

"DONDE LOS SUEÑOS NUNCA TERMINAN" - 2da. Parte - Cap. 2 (By Daniela Maurice)

"DONDE LOS SUEÑOS NUNCA TERMINAN" - PARTE II - CAPÍTULO 2





                                            Fines de Julio de 2013

La habitación era fría, capaz de helar cada centímetro de sus huesos  cada vez que Mary entraba allí con un frasco de  pastillapara la paciente.
Caminó a pasos lentos, tratando de contener la calma. Se sentía desfallecer  y sus piernas temblaban por el temor a no saber con que se encontraría ese día. La paciente era difícil  y se le hacía imposible  tratarla. Mucho más cuando las crisis se apoderaban de ella y la transformaban en una bestia capaz de arrasar con quien se atreviera a acercarse.
Esta vez traía el desayuno, como siempre, junto al medicamento.
Esta vez no sería un problema de temer. Camila estaba acuclillada sobre la cama y aferrada a su almohada como si ese fuera el único bálsamo que ella encontraba para refugiarse de la tristeza  que le provocaba el encierro.
A ese tiempo había enfermado. El reclusorio impuesto por Orestes y la falta de comunicación que exigió a la clínica, fue alterando de a poco su mente y su capacidad emocional. Estaba muy lejos de caer en la demencia,  pero la situación la desbordaba. Su padre la visitaba a intervalos y había prohibido terminantemente que Nancy la visitara; Moravia consideraba que no era buena influencia para su hija y había llegado la hora de que se apartara de Camila.
Pedro había intentado varias veces poder verla para hablar con ella. Necesitaba explicarle que su intención no había sido lastimarla y aunque la decisión que había tomado,  imaginaba que la habría devastado, había sido lo mejor para los dos, antes que tomar una decisión que después hubieran terminado por arrepentirse.
Pero había sido inútil, por más influencias que había tratado de tocar, Moravia fue tajante y, con poder suficiente, había logrado que la clínica acatara su determinación al pie de la letra.
Nancy, por su parte, prefirió resignarse pero no dejaba de dolerle y preocuparle la situación de su mejor amiga. No se atrevía a acercarse, ni pensarlo. La aterraba la presencia de Orestes y no quería arriesgar a su hijo ante el temor que hablara con un juez de menores y se lo quitara, argumentando cualquier mentira. Nadie sería capaz de dudar de un prestigioso juez de la Nación  al lado de una madre de dudoso prontuario moral, era lo que ella daba por hecho.
_ Señorita_ la llamó para captar su atención. _Tiene que tomar algo. Lleva dos días así.
_ No, no quiero tomar nada _ le respondió incorporándose en la cama.
Tenía el rostro pálido y bien dejaba ver las ojeras marcadas debajo de la línea de sus ojos.
_¿Sabe si mi papá vino estos días y preguntó por mi? _ le inquirió más dispuesta de ánimo, o al menos era lo que trataba de hacer.
_ No, el señor Moravia solamente viene para hablar con el médico y acordar lo que usted debe tomar por su salud.
_ No me importa eso _ manifestó irritada. _Llámelo. Dígale que quiero hablar con él.
_  Su padre pidió explícitamente que no quiere que usted reciba visitas. No hasta que se recupere.
_ Pedí por él _ le espetó, subiendo el tono de su voz.
_ Está bien _ respondió la enfermera, cediendo. _Voy a ver qué puedo hacer señorita pero no le prometo nada. Su padre aclaró que con sus ocupaciones se le iba a hacer imposible venir a verla.
_ Él siempre está ocupado _le contestó dejando ver un gesto melancólico en sus ojos. _ Si no es un caso, es cualquier pavada para que lo llaman_ siguió, mientras hacía jugar sus dedos con la sábana.
_ Lo siento.
_ No lo sienta, necesito hablar con él. Dígale que es importante. Por favor _ insistió.

Llevó sus dedos sobre su pelo mientras besaba sus ojos para intentar despertarlo, pero le fue imposible. La preocupación de varios días atrás le había quitado el sueño y ahora que la calma había vuelto, lo único que deseaba era quedarse en los brazos de Morfeo. Al menos era lo que Guillermo creía.
_ Es inútil,  es imposible con vos Pedro. Tenemos un montón de trabajo en el estudio _ continuó espetándole, mientras se colocaba los zapatos _ y el señor se propone pasar todo el día en la cama.
No esperaba una respuesta cuando sintió que sus manos se abrazaron a su cintura. Acercó sus labios a su oído y comenzó a besarlo con su lengua.
Bajó su boca hasta su hombro, dejando que de a poco su perfume se humedeciera en sus labios. La voluntad de su amante se deshacía.  
_ Sácate esa camisa _ Le susurró en un dejo  bajo.
_ No Pedro _ lo apartó, reaccionando.
La ventana permanecía cerrada y apenas una luz tenue iluminaba la habitación. No dejó de besarlo y sintiendo que sus labios viajaban hacia a su cuello, arrastró su mano hacia la luz, a la vez que sus besos se acompasaban a la respiración sofocada de Guille.
Abandonó  las sabanas y se colocó sobre sus piernas. Lo había hecho  con un aire de seguridad y desplegando tanta sensualidad sobre su cuerpo que alcanzó a excitarlo en ese momento y casi provoca una erección en él.
Se aunaban con mucha ternura, con la misma intensidad que sus ojos se encontraban. Se besaban a ritmos pausados.
Sin dejar de besarlo, Pedro lo recostó en la cama. Quería hacerle saber que él tenía el control de la situación. Sin soltarlo, dejó que de a poco lo despojara de su ropa. Podía sentir su respiración jadeante cuando le susurró a sus labios:
_ ¿Sabés que la tuve a Camila un día así? - Le confesó en un dejo de dulzuraDeseaba provocar sus  celos y sabía cómo hacerlo.
_ Nunca más la nombres _  Le pidió, mientras jugaba con sus dedos  en su boca.
Pedro no le respondió  y tomó sus dedos, enjugándolos con sus labios. Apartó sus manos a cada lado de la cama, aun esperaba su “respuesta”, había conseguido que sus celos lo dominaran.
Lo tomó con pasional violencia entre sus manos, dejando que su  cuerpo desnudo quedara debajo del suyo.
_ ¿Era esto lo que querías? _ le inquirió en su rostro, haciendo que sin darse cuenta sintiera el peso de su miembro.
Se le hacía imposible responderle. Su acción le quitaba la respiración y sentía que toda su piel se erizaba, acompasada a los latidos que aceleraban su sexo.
_ Ya me tuviste demasiado tiempo en abstinencia, mi amor.
Guille comprendió su respuesta para dejar que el amor después hiciera de ellos, lo que quisiera.

Se habían hecho las diez de la mañana. Esta vez evitó despertarlo y se aprestó a cambiarse rápido, antes que sus deseos fueran más fuertes que él y lo hiciera quedarse en sus brazos todo el día. Prefirió quedarse en la habitación, sentado junto a la mesa que estaba a unos pasos de la cama. Cuando Pedro despertó, lo encontró leyendo, atentamente, un informe que Marcos le había entregado el día anterior.
_ Guille _ lo llamó en un dejo de molestia. _Pensé que hoy no íbamos a ir al estudio _ le contestó, incorporándose en la cama
_ Yo no te dije que no íbamos a ir. En todo caso fuiste vos el que me hizo perder toda la mañana.
Una respuesta como esa podría haberlo hecho enfadar, pero lo conocía lo suficiente para saber que sus palabras no pasaban de un berrinche en él que intentaba disfrazar lo que de verdad sentía. Si Pedro no lo hacía, él no se hubiera atrevido  a retenerlo en la cama. Hubiera ido molesto al estudio  y hubiese sido uno de esos días que no querría que nadie se acercase a él.
Pedro no contestó y se aprestó a vestirse. Tomó solo una camisa que dejaba siempre sobre una silla y se colocó el bóxer para acercarse sin que él se diera cuenta. Su intención era clara y Guillermo con su respuesta se la había servido en bandeja.
Aparto el documento que Guille tenía en sus manos y se sentó a horcajadas sobre sus piernas. Ahí estaba su estrategia. Si pensaba pasar todo el día en el estudio estaba equivocado. Tendría que esperar hasta el lunes. Los días que quedaran lo quería solo para él.
_ ¿Que se supone que estás haciendo? - Le inquirió, mientras él jugaba con su camisa.
_ Nada _ le respondió con simpleza, acercando su rostro. _Solo que te recuerdo que yo no trabajo los viernes.
Guillermo le devolvió un gesto de desconcierto.
_ Escúchame chiquito _ le aclaró, apartando su mano. _Vos me dijiste eso porque querías estar todo el santo día con tu novia y después no te podía sacar del estudio.
_ Eso ya fue y Camila hace mucho tiempo que ya dejó de ser mi novia. _Le tomó su mano y se la llevó a sus labios.  _ Ahora estoy con vos _ le siguió diciendo y dejó que sus dedos viajaran un poco más hacia abajo. Guillermo no intentó detenerlo. Al contrario, le gustaba que lo llevara hasta el límite de sus deseos y los rompiera.
_ Pedro ahora no _ le apartó su mano una vez más. Ya sentía que sus latidos se aceleraban y la situación lo estaba excitando.
_ ¿Por qué hacés esto? _ le cuestionó, llevando sus manos a su cintura.
_ Porque quiero que te quedes acá conmigo.
_ ¿De verdad querés que me quede acá? - le replicó, subiendo su mano sobre su camisa
_ Quiero _ le respondió en un dejo ahogado. Sentía que sus dedos avanzaban más hacia arriba. Se miraban en complicidad y se comprendían él uno al otro que solo querían permanecer allí juntos.
Guillermo rozó sus labios y se abrazaron con la ternura que solo él uno al otro sabían darse.
_ ¿Qué le vas a decir  a Marcos? - preguntó en un dejo de simpleza
_ Nada amorcito _ le contestó acariciando su rostro.  _Solo que los viernes se olvide que voy a estar. Van a tener que arreglarse solos, porque yo _ le terminó de decir, ciñendo su cuerpo un poco más al suyo _ me voy a ocupar de mi caso más importante, que sos vos.
_ ¿Qué caso?
_ Hacerte feliz. Hacer como si el tiempo pasara solo para amarte como vos y yo imaginamos siempre.
Lo bajó de encima suyo, aunque Pedro no estaba dispuesto a ceder.
_ Amor, ¿a vos no te molesta que haga el desayuno así vestido solo con la camisa y el bóxer?
Esta vez no entraría a su juego. Solo dibujó en sus labios un “no me provoques”. A lo que él le respondió con una traviesa sonrisa.
_ Mirá _  suspiró _ la otra vez hiciste lo mismo. Te quedaste así vestido con la intención de provocarme.
_ Pero mi amor es lo que siento.
_ Lo que siento… Anda a preparar el desayuno si querés, mi amor.
Decidió cambiarse y se fue hacia la cocina. Aun seguía sin saber cómo podía prepararse un desayuno. Imaginaba mil cosas. Lo que no imaginó en ese momento era que las imágenes de aquel sueño que había tenido el día anterior lo asaltarían en ese momento.
Sintió pánico, el solo pensar que Camila podía ser capaz de atentar contra su vida o incluso la de Guillermo.
Su temor se disipo en un segundo cuando sintió que la presencia de su amor lo tomaba por la espalda.
_ ¿Por qué te vestiste? _ le susurró al oído _ si me gustaba como estabas.
Pedro se dio vuelta y le dijo
_ ¿Vos siempre igual? _ le inquirió en una sonrisa tierna. _ Me hacés frustrar cuando en realidad te gusta lo que hago.
_ No dejes nunca de hacerlo ­_ Le quitó su camisa y sin darse cuenta dejaron que el tiempo muriera en el amor que se entregaban.

CONTINUARÁ

sábado, 20 de agosto de 2016

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 9 - Parte I - (By Daniela Maurice)

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - CAPÍTULO 9 - PARTE I






 Capitulo 9
                  
             Una verdad intempestiva

                                       Parte 1

“Tu drama no es necesario...
Falsedad bien ensayada
Estudiado simulacro...

Qué bien te queda el papel
Después de todo parece
Que esa es tu forma de ser.”

Despertó y Guillermo ya no estaba. Le parecía haber venido de un largo sueño de muchos años, como si su mente hubiera viajado de nuevo a un estado de coma.
Se sentó en la cama y de pronto se vio aterrado. Un golpe de miedo lo hizo trizas adentro, el pensar que podría haber sufrido uno de esos ataques catalépticos.
Evadió rápidamente esa idea absurda, la noche anterior había estado sereno sin ninguna crisis que amenazara con estaquearlo en el piso.
Miró hacia un costado de la cama y había una nota que decía:

“No te preocupes, dormiste toda la noche, no pasó nada entre nosotros.
 Espero que podamos volver a vernos y me aclares la duda que tengo.”

Se reclinó sobre el respaldo de la cama y cerró los ojos, delineando una sonrisa en su rostro. Esperaba el efecto contrario, que hubiera pasado; pero ¿qué había querido decir con las otras palabras? ¿Qué dudas estaba teniendo hacia él? Disipó cualquier temor que pudiera quitarle la felicidad que tenía, se cambió de ropa y se vistió. Debía cumplir con la promesa hecha a Marina: entregarle el dinero a Marcos, pero antes debía cumplirse a si mismo, desenmascararía a Miguel. Octavio había dado con la información, que en sus manos sería un diamante en bruto. Todos los viernes, Mendoza se reunía en secreto con Katherine Buitrón, la misma mujer que unos meses antes Sebastián había nombrado. Era lo que estaba necesitando, sin embargo, juntar dos piezas de una misma historia era mas de lo que hubiera esperado.
El lugar de encuentro se ubicaba fuera de la capital, en un hotel llamado “Bahamas”, en apariencia, nada que pudiera levantar sospechas, fue lo que pensó Pedro, mientras esperaba en el auto junto a Beto, a que la figura de Miguel Ángel se apareciera por allí.
A Buitrón no tenía modo de identificarla pero eso era lo que menos le preocupaba. Solo podía pensar en su amigo, en que Octavio se encontraría allí en la prisión de mujeres frente a Camila para entregarle los documentos que ella debía firmar, precisamente, su sentencia de divorcio.  Su futura ex esposa estaba convencida que se trataría de una posible salida de la cárcel, desconocía la burocracia y la amiga de su padre, que en todo ese tiempo la había ayudado, desde las sombras, lo había mandado.
Pedro sabía que eso complicaría las cosas cuando le había pedido a Matías que hiciera el trámite desde el estudio de Baunes.
No entendía porque Octavio tardaba tanto y temía que Camila se diera cuenta y tanto esfuerzo se hubiera ido por la borda. Trató de apaciguar la calma, más aun cuando vio que Mendoza entraba en él hotel.
_ Vos quédate acá y cubrime las espaldas  _ le indicó a Marini. _Cuando Octavio venga, decile donde estoy y por nada del mundo podés dejar que los vean.
_ Yo lo hago, tranqui, pero a mi me parece que te estás arriesgando demasiado. Es mejor que vaya yo…
_ No _ respondió tajante. _Esto lo tengo que hacer yo, fue mi objetivo desde el principio.

Se acercó hacia la recepción y le inquirió al empleado donde se hospedaba Fernando Márquez, como le había dicho Octavio que se hacía llamar cada vez que Mendoza se reunía allí con Buitrón. Le indicó un extenso pasillo que al final conducía a una pequeña escalinata que comunicaba hacia un viejo sótano. Siguió el trayecto y se detuvo frente a una escena que no esperaba ver. Katherine sostenía una discusión con Miller, por supuesto que Pedro no tenía forma de saber que pudiera tratarse del mismo hombre pero por otro lado no olvidaba lo que Mariquena le había hecho saber de él y era un asunto pendiente que no esperaba que arrojara mas sospechas que lo que él suponía solo eran producto de sus propios celos hacia ese hombre.

Sin embargo, cuando Katherine mencionó su nombre, un escalofrío le recorrió la espalda como una espada de doble filo. ¿Qué hacía José ahí y que lazo lo unía hacia esa mujer?
Tenía un habano en su mano y no dejaba de observarlo. Esperaba que su respuesta fuera positiva. Hizo giros hacia su figura y luego de un segundo, le dijo:
 _ No vinimos acá a perder el tiempo José, o estás de un lado o estás del otro. Estás conmigo o contra mí y sabés lo que te conviene
_ Lo pensé bien y mi respuesta es no - le respondió sin ningún titubeo.
Katherine había quedado desconcertada, jamás hubiera pensado que su sobrino se plantaría frente a ella con tanta firmeza. Si todos esos años se había mantenido impune, era gracias a él. A la protección que José  había asegurado para ella en su cargo como fiscal. Decidió ser más meticulosa y contuvo la rabia que en ese momento, como lava, comenzaba a explotar dentro de su ser.
_ A ver sobrinito...
_ Odio cuando me llamás así, entre vos y yo no hay ningún parentesco. Vos - señalándola. Tomó aire y continuó  _ fuiste  la esposa de mi tío y no creo, a esta altura de las circunstancias, que él haya muerto por causas naturales.
_ A mí no me hablás así - le dijo, apartando su mano con fiereza. - No estás en condiciones de amenazar.
Se volvió hacia la mesa que estaba unos pasos de los dos, sacó un habano de su bolsillo y lo encendió. Lo miró por arriba de sus ojos como si no le hubiera importado su afrenta. Lo consideraba inferior a ella, incapaz de gobernarse a sí mismo. Pensaba que era un enojo pasajero y luego se disiparía. Dependencia, la necesitaba, estaba convencida de ello.
_ ¿Ah no? ¿ y que se supone que vas hacer?  Te recuerdo  que tengo toda la información de lo que vos y Mendoza están metidos desde hace años.
_  Si yo caigo querido- replicó golpeando el habano sobre la mesa - vos vas a estar en problemas.
_ No empieces a amenazarme con eso _ le advirtió. ­_Hago todo lo que me pedís, me encargué de limpiar tus negocios en España y fui hasta San Luis para hacer lo mismo. Cuando llego acá a  Buenos Aires, trato de  poner la cabeza en el trabajo para no pensar y cuando llego a mi casa lo único que trato de hacer es borrar ese maldito día.
_ No me digas que ahora estás con remordimientos.  Se necesitaba tener la cabeza fría para haber hecho lo que pediste y no fue ningún problema, porque lo he hecho desde hace años y me trajo mayores ventajas que el negocio de la Efedrina. _ Cambió el gesto fruncido de su rostro y alzó la vista en un afán de ironizar _pero que viniera de vos fue toda una sorpresa, no quiero remordimientos José Luis ahora_ levantó la voz. ­_Estaba convencida que estabas aprendiendo el oficio pero es evidente que seguís siendo un inútil - concluyó, efectuando un golpe sobre la mesa.
Pedro estaba perplejo, sin ningún movimiento que indicara alguna reacción. Sentía como si el corazón se hubiera subido hacia su garganta y solo al oír que los pasos de Miguel venían del pasillo, atinó, rápidamente, a esconderse detrás de una puerta-armario
_ ¿Pero ahora que pasa? - rompió el silencio de tensión Miguel, que se había dado cuenta de lo gestado entre los dos. _¿Riñendo de nuevo con tu sobrinito?_ inquirió con sarcasmo al tomar asiento. Katherine se había ubicado a la cabecera de la mesa.
_ Yo ya me iba_ respondió Miller de mala gana_ lo que menos quiero es precisamente verte la cara a vos _ agregó mirando hacia Miguel.
_ A mí me bajás el tono ¿o te tengo que recordar de nuevo, que puedo decirle a Graziani lo que hiciste?
_ Ya te dije que Guillermo lo último que haría, es creer una palabra que saliera de tu boca.
_ ¡Ya basta! _ espetó Buitrón. _¡Escuchando estas discusiones ridículas! ¿Podemos dejar de hablar del abogado y encargarnos del asunto por el que estamos acá? Y vos te quedas acá José Luis, te guste o no _ Agregó viendo hacia Miller
_ Es sobre el negocio que tenía con Moravia - empezó Buitrón.
_Hasta ahora funcionó… - se adelantó Mendoza. Sabía que Katherine no andaba con vueltas, era una mujer decidida. Es más, era la única persona que Miguel no se atrevía a enfrentar y obedecía sin reparos. Y era precisamente lo que temía siempre, que el poder que sentía que ella ejercía sobre él, terminara por arruinar sus planes. No había eliminado a Moravia por nada, siempre le había resultado una competencia y su falsa amistad, no había sido más que parasaber el manejo que llevaba  el padre de Camila desde hacía años con el narcotráfico.
Hacía tiempo que Katherine se mostraba descontenta, el negocio no obtenía las ganancias que ella esperaba y la justicia le llevaba pisando los talones. No podía  volver a ser el blanco de las autoridades (después de que había sido la única sospechosa del crimen de Almorena) y José no respondía, era evidente,  a sus órdenes  como antes.
_ No está funcionando - prosiguió al cruzarse de brazos - con la muerte de Orestes se complicó todo, la justicia está al tanto de los negocios que Moravia tenía en sus manos y no puedo quedar en evidencia de nuevo. Con la esposa de mi ex pareja fue suficiente.
_ Moravia era un inútil, yo puedo encargarme de todo - intentó persuadirla Miguel al decirle.  - Además Arias…
_ Arias es otro inútil - espetó ella - Orestes sabía lo que hacía, solo falló a lo ultimo y si vos no lo hubieras matado ahora nos estaríamos como estamos. ¿Te parece inteligente, también, que Arias haya contratado a ese chico para trasladar la droga?
_ Es el novio de la socia de Graziani, no sabía lo que iba a trasladar. Fue fácil engañarlo.
_ No me interesa quien es  y si lo sabía o no. Arruinó todo. ¡Estoy rodeada de inútiles!
_ Ibas a ir presa, si Moravia caía vos también…
_ No necesito escuchar tus justificaciones Miguel, el negocio de la droga está muerto, se acabó. Ahora lo que necesito es que sigamos con la otra empresa.
_ Yo no puedo continuar con esto, ya te lo había dicho - insistió Miller - y estoy harto de tener que escucharlos, me dan asco. Hablan como si fuera lo más natural del mundo.
_ Y nosotros te dijimos lo que puede pasar si te abrís, ya estás pegado con lo que me pediste hace un año. ¿Con que moral me hablás?
_ Bastante astuto resultaste Miller…
_ No quiero hablar de eso y mucho menos con vos - se adelantó. ­_Ya con tus amenazas tuve suficiente.
_ Yo lo que quiero saber es que pasó con el caso de Sambrano - le dijo a su sobrino. _Si no tenés el dato, vas y averiguás con la amiguita que tenés en el estudio. Seguramente no va a tener ningún problema en confiarle información a su amigo, tan ejemplar y honesto.
_ No me ironices, si estoy manchado es por culpa tuya. Vos me metiste en esto.
_ Estoy harto de estas mariconeadas, yo me voy, cuando tengas un nuevo envío de nuestro otro negocio, avísame.
Miguel se iba de allí,  pero aunque veía sus pasos acercarse, Pedro seguía sin poder moverse, no concebía todo lo que había oído. En ese momento Octavio salió a su encuentro y lo salvó de un posible peligro. Encontrarse con Mendoza era lo mismo que condenarse al mismo infierno.
_ ¿Estás loco? - le reprochó Cáceres- Miguel Ángel casi te ve.
_ No me importaba si lo hacía- le respondió con la voz sofocada._ No entiendo nada y con lo que escuché me daban ganas de irme encima de ese tipo.
_ Tenés que contenerte y es mejor que nos vayamos de acá, esto es demasiado peligroso.
_ Ese tipo sabe todo, no entiendo cómo pudo manejar mi causa…
_ ¿ De quién hablás?
_ Del fiscal, el que llevó mi caso y el de Camila. Estaba con Miguel y esa mujer.  Aun está con ella. Necesito saber que esconde, que tiene que ver con ella.
_ No, es muy peligroso. Busquemos por otros medios de averiguarlo
_ Sabe todo, la muerte de Orestes, los negocios que manejaba y lo que creemos con Gaby que puede haber detrás de la muerte de Diego y de la esposa de Sebastián.
_ Tu médico se había precipitado. Que hubiera disidencias y un enfrentamiento de Almorena con esa mujer, no significa que  tuviera algo que ver con su muerte.
_ Él me lo dijo, que había algo raro en ese hospital en que Diego murió, el mismo donde me encontró.
_ Después lo averiguamos, ahora es mejor que salgamos de acá. Si esa mujer algo que tiene que ver es muy astuta.

                           …………………………………….

José daba vueltas en círculos con un solo pensamiento en su mente. Había entrado en dudas hacía tiempo sobre lo que había hecho y nada parecía, a simple vista, que hubiera resultado como lo había planeado.
_ Ahora que Mendoza se fue, necesito que me contestes algo y quiero que seas sincera
_ Y yo necesito que acciones ya con lo de Sambrano - le replicó aun sentada sobre la cabecera de la mesa. _No podemos dejar que esa causa avance
_ Gabriela tiene la causa, la está manejando con el sobrino de Malvarez. Ya no puedo seguir continuando con esto, estoy haciendo que mi vida sea todo lo que vos me ordenás.
_ Dejá de quejarte, si yo no te hubiera ayudado ahora no estarías tan bien
_ Eso no me importa y no estoy tan bien como vos te imaginás
_ Me dijiste Malvarez, el mismo que defendió a la hija de Orestes.
_ Te dije el sobrino, que ahora quieren que sea el nuevo procurador.
_ El sobrino nos puede traer problemas _ apuntó subiendo el habano sobre sus labios, _ mucho más si gana en la votación. Ese cargo es muy riesgoso para nuestra empresa si no gana Miguel. Es muy extraño que de repente aparezca de la nada y comience ayudar en ese estudio.  
_ Yo me voy a encargar de saber qué es lo que busca, pero necesito que me respondas. ¿Qué hiciste con el cuerpo de ...?
_ Hice lo que tenía que hacer _ lo interrumpió. _No empieces de nuevo con eso.
_ No sé porque no te creo.
_ Pues hacés mal querido _ le respondió en un tono de sarcasmo moviendo la cabeza hacia un lado. _Vos confiaste en mí y yo cumplí con vos. Conseguime ese expediente de Sambrano y el de la periodista o el que va pasar años tras las rejas vas a ser vos.
_  No me respondiste que hiciste con el cuerpo
_ Lo que hago con todos sobrinito: extraigo la materia prima y luego los desecho.

Camila había caído en la trampa. Después que el amigo de Pedro se había ido, fue conducida a su celda. Se quedó durante horas sentada sobre su cama, atrapada en sus pensamientos con la sola idea de su libertad. Abrazaba ese momento, pero al mismo tiempo, el secreto que guardaba consigo regresaba a su mente. Llevaba consigo una verdad  y por más duro que podía significar, había llegado el momento de que Guillermo lo supiera.
No sabría que le depararía la vida, la mujer que hubo un día en ella había muerto al entrar allí. Había conocido el castigo sin culpa, el orgullo y la soberbia, pisado por la crudeza de la prisión. Ahora no quedaba más que una flor deshecha por su propio calvario, si Pedro la hubiera visto en ese momento hubiera bastado para culminar su venganza.
Tomó un cuaderno desgastado y sin tapas que había dejado junto a la cama de su compañera y una lapicera y comenzó a escribir. Esperó a la hora de recreo que tenían las reclusas para entregarle la carta a una guardia de confianza a cambio de unos pesos y ese mismo día quedó en manos de Fabián. La carta lo tomó por sorpresa, no tenía remitente y la mujer solo le había dicho que era urgente que su padre lo leyera y sin más, se había ido.
Por esa hora, Guillermo había ido a casa de Juan. Las dudas lo carcomían y no podía más que desahogarse con él.
Buscaba unas respuestas que claramente Arismendi no podría tener, pero alguien debía echar luz a la conclusión que su corazón había llegado.
_ Discúlpame que no te ofrezca café, pero estuve toda la semana ocupado_ se disculpó Arismendi al irse hacia la cocina _ no pude ocuparme de nada _ siguió al volver con una taza de té caliente para los dos.
_ No vine en calidad de visitas.
_ ¿Ahora qué te pasa?  Pensé que ibas a estar bien ¿o las cosas con el sobrino de Malvarez no funcionaron?
_ Primero, yo no mencioné con vos nada sobre mi vida privada.
  Hizo una pausa y luego le dijo:
_ Acabo de hablar con José, decidí terminar la relación que teníamos, el compromiso que hice con él.

Guillermo hizo una pausa en sus pensamientos, recordando lo que tan solo unos minutos atrás había hablado con Miller. Lo había citado en un bar como si un presagio lo hubiera empujado a que lo hiciera de esa manera. Era extraño, pero por alguna razón la muerte de Pedro venía a su mente, imaginando la escena. No justificaba el hecho que Camila hubiera disparado, sin embargo la palabra despecho no lo dejaba tranquilo desde hacía días. Por alguna razón temía la reacción que José pudiera tener, como si nunca lo hubiera conocido.
_ Y bien, ¿para que querías que habláramos?
_ No quiero dar vueltas al asunto.
_ Me imagino que se trata de nosotros. ¿O es para seguir hablándome de Pedro? Porque si es así, no creo que tengamos nada para hablar
_ No se trata de Pedro y era innecesario volver con el mismo tema. Es sobre lo que yo te pedí hace un tiempo.
_ Seguís sin poder mencionarlo. Me pediste que nos casemos, lo que implicaba armar una nueva vida conmigo. Me creía con el derecho suficiente para hacerte ver que no podías seguir pensando en Pedro.
_ Yo no te pedí que vinieras acá para escuchar estos reclamos.
_ Decime lo que tenías que decir.
_ Yo siento haberte pedido… que nos casemos.
_ Te arrepentiste.
_ No se trata de eso. Yo me precipité cuando lo hice y no sabía lo que estaba haciendo.
_ ¿A donde querés llegar?
_ A eso que creo que es mejor, que no sigamos con esta relación. Es mejor tanto para vos como para mí.
_ ¿Hay alguien más? Por eso no me contestabas las llamadas y me evadiste todo este tiempo.
_ Yo no tengo por qué contestarte eso.
_ Hasta hace un momento teníamos una relación, tengo derecho a escuchar la verdad. No creo que Pedro sea una razón de peso para que te echaras para atrás. Por más que pienses en él todo el tiempo, sabés perfectamente que no está físicamente. ¿Decidiste empezar una relación con Nazarre?
_ Franco no tiene nada que ver en esto y hace tiempo que no estoy en la facultad. Está bien, es por alguien, una persona que conocí.
_ ¿Lo conozco?
_ No, no lo conocés y prefiero que no sepas quien es.
_ Tarde o temprano me voy a enterar, es mejor que sea ahora.
_ Es el sobrino de Malvarez.
_ Escuche hablar de él, pareciera como si estuviera en todas. Gabriela toma el caso de Diego Sambrano y él la ayuda.
_ Ella se lo pidió, yo lo pensé porque su tío trabaja en mi estudio. Y esto es ridículo, continuar dando explicaciones.

           ………………………………………………...                        

_ Fue más difícil de lo que yo me imaginaba.
_ ¿No me digas que ahora tenés culpa por haberlo dejado?
_ No, fue mejor. Mejor para él, yo no podía seguir atándolo a mi vida. Tiene derecho a ser feliz y no puedo hacerlo.
_ Ves, eso por no hacerme caso a mí. Vos y yo somos  personas que no nos comprometemos con nadie, menos con alguien que sabemos que puede ser pasajero.
_ ¿Quién te entiende a vos? Veinte años que te conozco, veinte años, pero actualmente venís con unas respuestas que me desconciertan.
_ Yo te dije que no me tomaras en serio en todo lo que te digo. ¿Pero a vos te pasa otra cosa?
_ Es por Julián_ Evade su reflexión. ­_Siento que no es la persona que yo creo.
Es más, hoy cuando lo dejé, me vino a la mente, el día que Pedro murió.
_ Si, la verdad que fue bastante raro _ reflexionó Juan al llevar la taza a sus labios _ ¿A donde querés llegar?
_ Sospecho en la forma que sucedieron las cosas. Si Beto no vio realmente la escena, no sé.
_ ¿Y en eso que tiene que ver él sobrino de Malvarez?
_ Eso es lo que no entiendo.
_ Si tenés dudas hablo con mis contactos y abrimos la tumba_ bromeó, sin estar seguro de lo que decía.
_ ¿Vos te volviste loco? - le espetó. _Es una duda, nada más.
_ Debe ser el parecido que tiene Julián con él o que vos aun no estás listo para una relación.
_ No, no es eso. Vos hablaste con Octavio, ¿te mencionó algo? ¿Hace cuanto puede ser amigo de Julián?
_ Tampoco llegué a tanto, demasiado evasivo el amigo de Pedro te digo.

En ese instante, Guillermo recibió la llamada de su hijo, haciéndole saber sobre la carta. No sabría quien podía ser, pero había llegado como señal.
Juan tomó el auto y lo llevó hasta su casa. Se mostraba ansioso, como si se hubiera tratado de una noticia que hubiera esperado en mucho tiempo

_ ¿Dónde está la carta? -le inquirió a su hijo en un dejo ahogado, al entrar.
_ Te la deje en tu cuarto pero, ¿por qué tanta importancia? - replicó al verlo subir
_ No lo sé, pero actualmente se me están ocultando muchas cosas. Si en esa carta hay algo que pueda sacarme de dudas, tengo que leerla.
_ ¿y ahora qué le pasa? - inquirió mirando hacia Arismendi.
_ No lo sé, pero lo vas tener que calmar a tu viejo porque no lo veo nada bien. Ahora se le metió en la cabeza… No, dejá, que él después te diga.
_ ¿Mi viejo diciéndome algo a mí?

Una vez en su habitación, se sentó al borde de la cama. La tenía en sus manos, pero aun así temblaba. Miró a Juan y tomó fuerzas para saber de una vez quien lo había hecho y porque razón había escrito esa carta para él. En apariencia era formal, tenía solo su nombre y una prosa que aceleraba el ritmo del escrito pero claramente legible.

 22 de Octubre 2014

Guillermo:
Me pregunte días enteros como estarías, si aun pensabas en él, así como yo
no pude en todo este tiempo dejar de hacerlo.
Podés romper la carta, hacer como si nunca la hubieras leído, pero antes necesito que lo sepas.
Es sobre ese día, que seguramente quieras olvidar pero yo no puedo ni por un segundo borrar de mi mente.
Sabía que iba irse con vos, lo supe en ese momento que lo vi empacando y no podía dejar que lo hiciera, no podía perderlo.
Pensaba que nada pasaba por nada, que el destino nos había dado una razón, ese día, para tenernos frente a frente. Jugué mi última carta. Disparé a conciencia hasta que lo vi caer  y tomé lucidez de lo que había hecho. Lo que sucedió después solo yo lo sé y... no puedo decírtelo, pero Pedro sobrevivió. Pedro está vivo, por más increíble que esto pueda resultar para vos.
Me mantuve en silencio todo este tiempo, pensando que así podría haberte castigado.
Tenerte en frente ese día, derrotado, con las manos vacías, porque la felicidad de los dos se había truncado, fue suficiente para mi, para que ella me convenciera. No tenía nada por perder, ya lo había perdido a él.
Por eso callé,  y por él amor tan grande que le tengo a Pedro, pagué la culpa de haberlo matado ante los demás cuando el disparo no le había provocado la muerte.
Estaba convencida que él iba despertar del coma, y sin vos, iba a volver amarme.
Ahora me doy cuenta de mi error, encerrada y sola. Ahora que Nancy no quiere verme, caigo en la cuenta hoy de sus palabras. No importa lo que haga o lo que haya hecho, se que jamás voy a poder romper con lo que ustedes tienen.
Si aún queda amor en vos por él, búscalo, te pido que lo busques y que me perdones. Espero que un día Pedro pueda hacerlo

                                                                                      Camila.

Todo acababa de suceder tan rápido. La confesión de Camila, el envio de la carta y con ella una verdad que Guillermo no esperaba ni se hubiera imaginado ni en sus más profundos sueños. ¿Cómo podía digerirlo entonces? Camila acababa de detonar una bomba en sus manos y la naturalidad con que lo había hecho lo había dejado implacable. Le provocaba impotencia la confesión de sus sentimientos hacia Pedro, con un cinismo tan bajo para él, para justificar lo que seguía siendo un crimen.
De repente, hizo eco en su mente su confesión: “Pedro estaba vivo, estaba vivo.” No dejaba de repetirlo en su mente. No caía y no podía hacerlo, parecía un autómata con la carta pendiendo en sus manos. Juan se acercó y tomó la esquela. La leyó entre líneas, pero claramente entendía lo que estaba escrito.
El relato lo había dejado helado, al igual que a Guillermo, y no se atrevía a mover ni uno solo de sus músculos de su cuerpo. Guille reaccionó, para solo decir lo único que su mente podía, en ese momento, articular.
_ Llévame, tengo que verle la cara y que ella misma me diga lo que escribió en esa carta.
_ Te estás precipitando. Camila no debe tener nada que hacer y  no se le ocurrió otra manera de fastidiarte que escribiendo semejante disparate.
_ No, no _ negó con su cabeza. _Lo sabía, sabía que algo se me estaba ocultando, te lo dije hoy. Si es tan guapa para escribir una carta, quiero que me mire a los ojos y me diga… que me diga...
_ Ni siquiera lo podés pronunciar. Mirá como estás, alterado. La pregunta es ¿como Pedro sobrevivió y por qué dice que lo busques?
_ Nada. Después hacés tus conclusiones.
_ Dejalo, yo ya me di cuenta. Yo te llevo _ agregó, sacando las llaves del auto de su bolsillo _ pero vas a tener que calmarte. No quiero llamar después a Fabián para que te traiga una manta, porque te detuvieron por disturbios en la sala de visitas.

Camila se había quedado dormida, hacia días que no lo hacía. Sentía un alivio,  como si se hubiera quitado una piedra que pesaba sobre su alma al haber escrito esa carta. Toda la opresión de angustia se había disipado y pensó que no habría más conflictos que tendría que enfrentar, ese era el último contacto que habría de tener con Guillermo. Se convencía así misma, pero estaba muy lejos de imaginar que cuando la guardia llamó a su celda, él estaba aguardando para enfrentarla una vez más.
_ Moravia, te buscan.
Se levantó con dificultad, el cuerpo le dolía y se sentía sin fuerzas.
_  ¿Quién me busca? - preguntó al salir de allí. _Hoy no es día de visitas.
_ No sé princesa, yo solo cumplo ordenes de la directora.

Pensó que era Ana, siempre fiel, la había ido a visitar como se lo había prometidoy seguramente ese día no era la excepción. Cuando alzó su rostro, comprobar que era Guillermo la dejó sin movimiento alguno. Aun así fue hacia su encuentro, sabía perfectamente porque se encontraba allí y no podía, por más que quisiera, evitarlo. Le debía una explicación. Sin embargo, él no lo meditó dos veces y se abalanzó sobre ella. En un ademán de exigencia le espetó todo lo que durante un año se había callado. Juan no podía lograr que se contuviera, estaba afuera y la guardia parecía disfrutar con la afrenta.
No le quedaban más fuerzas que todas las palabras que había descargado sobre Camila, pero aún quedaba en ella vestigios de su odio por él
_ Vos, ¿vos crees que te excede algo de culpa? ¡Te la pasaste metiéndote en mí vida!  
_  Si me metí fue porque lo amaba.
_ ¡Yo lo amaba! _ bajó el tono de su voz. _Le disparé porque lo amaba.
_ Eso no es amor. Sos incapaz de reconocer el daño que hiciste y cerrá la boca! Todavía tenés el cinismo de justificarte.
_ Ya te pedí perdón, te dije la verdad en la carta, que está vivo ¿que más querés?
_ No lo voy hacer, ni siquiera sabés que eso.

Hubiera continuado, pero verla así, con el rostro pálido, las marcas oscuras que se desdibujan por debajo de sus ojos. El pelo desaliñado y el cuerpo sin peso, era demasiado castigo para la petulancia que siempre había tenido y los aires de casi una nobleza que solía mostrar por ser hija de un juez. Sentía que no valía la pena seguir batallando con ella. Ahora solo tenía un objetivo, un pensamiento, un deseo. Encontrarlo a él, aunque en su fuero interno lo sabía, sabía detrás de quien se ocultaba y el solo pensarlo se le hacía hiel la piel.

CONTINUARÁ