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domingo, 31 de julio de 2016

"EL CUMPLEAÑOS" - Unitario - (By Mary Buhler)

"EL CUMPLEAÑOS" - UNITARIO







Dedicatoria especial para Mirta Ardemagni
***

Sobre el escritorio, el celular de Pedro comenzó a vibrar. Guillermo estiró la mano y espió la pantalla. Número desconocido. Levantó la vista buscándolo y como no lo vió por los alrededores, atendió.
-Sí, hola…
-¡Hola Pedrooo adiviná quien soy, mamarracho! –le arrojó una voz masculina con total desparpajo. Le subió la bilis a la garganta con tanta familiaridad.
-Y, la voz de boludo me suena conocida pero no estoy seguro… -susurró bajito por las dudas que Pedro estuviera cerca y lo escuchara, y para despistar al que llamaba.
-¡Pero qué culiado cómo no me vas a sacar, infeliz! Ya sé que hace varios años que no nos vemos, pero esta voz de macho es inconfundible locooo!
-No tengo tiempo para adivinanzas, decime o corto.
-¡Serán estos teléfonos de mierda que deforman la voz, la tuya tampoco se parece! ¡Soy Diego…!
-¡Ah… Diego! Pero… qué Diego?
-Boludo, me estás cargando?
Acto seguido sonó un pitido en el celular y la pantalla se apagó. Estaba tratando de encenderlo nuevamente justo cuando entró Pedro al despacho.
-Ah, no qué tarado, me olvidé de ponerlo a cargar… dame –le quitó el celular de la mano y lo enchufó al cargador.
-Te llamó alguien recién… -le informó haciéndose el desinteresado mientras leía un escrito.
-¿Sí?
-Sí, un tal… Diego, puede ser? –preguntó casual mientras lo espiaba de reojo.
-Diego… no sé… no conozco ningún Diego que tenga mi número.
-Pedro, todos conocemos un Diego.
-Ah, sí? Pero yo no…
-A lo mejor le diste el número hace mucho y no te acordás… -deslizó esforzándose en seguir pareciendo indiferente. Pedro se acomodó en el silloncito y dejó perder la vista en el techo tratando de hacer memoria.
-No, será equivocado entonces –concluyó al cabo de un minuto sin poder dilucidar de quién se trataba-.  Bueno, entonces esta noche vamos a comer afuera?
-Por supuesto, amorcito… hoy es mi cumpleaños y no se cocina. ¿Reservás la mesa vos? Yo me tengo que ir a buscar un par de trajes a la tintorería.
-Genial, hace mucho que no salimos… Si, andá, yo llamo.
Cuando Guillermo se fue, corrió a hablar con los demás.
-¡Chicos! ¿Tienen todo preparado?
Gaby abrió el cajón de su escritorio y sacó una bolsa, le mostró el contenido toda entusiasmada. Adentro había cotillón como para celebrar el cumpleaños de todo el estudio.
-Yo me voy a buscar los sanguchitos que encargamos  –le informó Beto-.  La torta la trae Isabel, me dijo que le iba a hacer una decoración especial. Me preguntó si le ponía una vela grande o varias chiquitas... yo le dije que varias chiquitas quedaba más linda, viste... ¿Hice bien?
-No, salame, a los adultos se les pone una sola vela... querés provocar un incendio? –le contestó Pedro sintiéndose mal de antemano al imaginar la cara de Guillermo cuando la viera.
-El incendio es que alguien se ponga a contarlas y deduzca cuántos cumple... –dijo Marcos con su acostumbrada sinceridad.
-No importa chicos, Guille ni se va a fijar si es una o son cien, le molesta lo mismo... Vení Marcos, ayudame a poner las guirnaldas… quién se encarga de la música? –preguntó Gaby.
-Yo! -levantó la mano Matías desde su escritorio.
-Bueno, entonces todo marcha viento en popa –dijo Pedro satisfecho-. Apúrense porque no creo que tarde.
“Uy la puta madre, es tardísimo…” Estaba saliendo de la tintorería cuando se cruzó con un cliente que le debía plata y no tuvo más remedio que aguantarse la perorata del tipo que se puso a llorar sus desgracias para justificar la demora en el pago. Cuando se quiso acordar, estaba anocheciendo y  dedujo que Pedro ya estaría a punto de irse del estudio. Llegó casi sin aliento, al entrar, estiró la mano para encender la luz pero el interruptor no funcionaba. Le extrañó que se hubieran ido todos sin esperarlo, sobre todo Pedro, y puteó al pensar que se había cortado la luz. Se dirigía  tanteando hacia la cocina para buscar una vela, cuando de pronto las luces se encendieron y el estudio se convirtió en un arbolito de navidad.
“-Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Guillermooo que los cumplas feliz!!!” –aullaban todos entusiasmados mientras agitaban maracas y soplaban matasuegras.
-¡¿Qué mierda es ésto?! –dijo mientras se tapaba los oídos y procuraba no demostrar lo emocionado que se sentía, después de todo cuando uno se hace fama de duro hay que conservar la apariencia hasta el final.
-¡Feliz cumpleeee Guille! –todos se acercaron a abrazarlo y besarlo y en un minuto estaba rodeado de regalos.
-Pero chicos… ya saben que no me gustan los regalos… qué boludos… -Iba a empezar a abrirlos para no quedar muy ortiva cuando advirtió que Pedro no se encontraba entre los que lo rodeaban.
-¿...Y Pedro?
Antes que nadie pudiera responderle, se abrió la puerta y entró al estudio el susodicho acompañado de un tipo alto y flaco que Guillermo no conocía. Pedro se acercó y sin abrazarlo ni besarlo ni nada por el estilo le presentó al que lo acompañaba.
-Guillermo, él es mi primo Diego… el que me llamó hoy por teléfono.
Estiró la mano con cierta reticencia y lo scaneó sin disimulo. No se lo podía catalogar de galán en el estricto sentido de la palabra, pero tenía un aire bohemio y relajado y un par de ojos verdes que invitaban a quedarse mirándolos por un buen rato. Instintivamente su mente lo rotuló como especimen peligroso. Primo o no primo, tenía la suficiente cuota de testosterona para hacerle sentir la necesidad de montarlo en un microscopio y desmenuzarlo como a un bicho de cuidado.
-Encantado... Diego... –se volvió hacia Pedro-. No era que no conocías a ningún Diego, vos?
Pedro se ruborizó sin poder evitarlo. –Es que en la familia nunca lo llamamos así.  Para nosotros siempre fue “Tito”.  Me cuesta llamarlo por su nombre verdadero.
-¿Vos sos el jefe de Pedro? –preguntó el flaco mientras se servía un sanguchito que Beto acababa de dejar en una bandeja sobre la mesa-. Está lindo tu estudio… le haría falta una lavada de cara, pero bueno, zafa… Che, y qué se festeja?
-Nada, el cumpleaños de Guillermo… llegaste justo, boludo… -le contestó Pedro con una sonrisita y lo miró de reojo a Guille que le clavó en respuesta una mirada intrigada.
-Pedro, vení un momentito –dijo agarrándolo de un brazo mientras lo arrastraba al despacho. Una vez adentro lo soltó y lo fulminó con la mirada-. Te conozco y no me gusta nada esa cara de culpable…
-Ehhhhh…. –farfullaba Pedro evitando cruzarse con sus ojos láser.
-¡No te puedo creer… no le dijiste!
-Mi amor… es complicado de explicar… hace como quince años que no lo veo. Mi primo no tiene ni idea de… bueno, no sabe ni que soy homosexual. Apenas hacía cinco minutos que me lo había encontrado, me llamó y le dí la dirección y bueno... no tuve tiempo de contarle.
-Es simple, vamos, lo llamás aparte y le decís “flaco, me olvidé de comentarte que Guillermo es mi pareja”, como diría Beto, corta la bocha. Y a otra cosa, no me gusta esto de andar disimulando porque tu primito no se enteró.
-No es tan sencillo, amor… hay un pequeño problemita…
-¿Cuál?
-Eh… Diego es un poco… como decirlo sin que suene mal… es un poco… homofóbico.
-¿Me estás jodiendo? ¿Y a mí qué carajo me importa que tu primo sea homofóbico?… Si le tiene miedo a los putos que se haga exorcizar, Pedro. Me chupa un huevo.
-Ya sé, mi amor… en algún momento encontraré la manera de decírselo, pero ahora… la verdad me da cierta vergüenza.
Guillermo sintió que le subía la mostaza pero hizo un esfuerzo por templarse. Después de todo, a él también le costaba admitirlo antes… le sonrió a Pedro intentando tranquilizarlo.
 -Está bien, precioso… vamos y disfrutemos de esta fiestita que me prepararon. Ya encontrarás la ocasión.
Y para reafirmar la profundidad de sus buenas intenciones, le estampó un beso apasionado sobre los labios.   Pedro se le prendió como Testigo de Jehová al timbre,  de repente la idea de volver a la fiesta no le parecía tan interesante.
-Eh chiquitín, cuidado… no estamos solitos…
-Aprovecho ahora mi amor porque ahí afuera no voy a poder demostrarte nada… dejame sacarme un poquito las ganas así llego más tranquilo a la noche.
-No cielito… si te agarro como corresponde, de la sonrisa Colonia que te va a quedar tu primo no te va a reconocer… mejor comportémonos como dos seres civilizados, más tarde te doy tu merecido.
-¿Sonrisa colonia? Me perdí de algo?
-Nada, nada, tonterías mías...
Salieron riéndose y el primo de Pedro se les acercó con un vaso de cerveza en la mano. Como la música sonaba fuerte tuvo que gritar un poco.
-Che primo, se nota que es copado el trompa, eh! Tenía cara de garca pero se ve que se llevan bien.
-Si, jaja no sabés… -le contestó evitando mirar hacia donde está Guillermo para no toparse con su mirada derretidora de casquetes polares.
-¿Quién es la chichí esa, la colorada?   -preguntó señalándola a Gaby-.  Está re potra la guacha… Si la agarro le van a tener que dar cinco asignaciones por hijo de una sola vez…
Guillermo lo miró frunciendo el ceño. –¿Qué dijiste, flaco? Me parece que te estás desubicando un poquito!
-Ah pero mirá que sos estirado vos, eh… no  me digás que no le tenés ganas también… Seguro que si te diera bola le  das hasta que Belgrano salga campeón!
-Shh Diegoooo pará que Gaby es una compañera abogada, no le faltes el respeto que Guille se pone loco…! -le dijo mientras lo agarraba del brazo y lo alejaba de Guillermo.
-¿Y yo qué dije de malo? Sí está rebuena la mamasa, eso no es faltar el respeto… A que vos le echaste el ojo, eh? Si habremos cazado viejas vos y yo allá en el pueblo…
-Pasó mucha agua bajo el puente, primo… y con  respecto a Gaby, ojo que está con el rubio aquel y si se llega a dar cuenta que la miraste sos hombre muerto.
-Naaa me estás charlando… ¿el cara de pinchila ése…? Es mucha mina para él.
-Dale, andá y preguntale –le dijo retándolo a que fuera y se convirtiera en puré de pescado. Tal vez así se lo sacaba de encima y sin quedar incriminado.
-No, tan chupado no estoy… che, y el dogor, el cachalote aquel… no me digás que es boga también… tiene una cara de chanta!
-Callate loco, me van a  prohibir que vuelva a traer un pariente… no me hagas quedar mal –le rogaba Pedro al borde de la desesperación.
-Bueno no te calentés, voy a prepararme un  fernet a la cocina… porque me imagino que tienen fernet, no?
-Si, andá que hay de todo allá –le contestó empujándolo con una gran  sonrisa y un más grande alivio. Apenas se fue, Guillermo se le acercó nuevamente.
-Amorcito… ¿Tu tía tuvo viruela cuando estaba embarazada… o en tu familia son todos así?
-Perdón mi vida… te prometo que ningún  otro miembro de mi familia pisa más este lugar.
-Y otra cosa…  de dónde carajo es? Tiene una tonada conocida.
-Decime que no te diste cuenta que es cordobés y voy a pensar que vivís en un frasco de mermelada, Guille…
-Sea lo que sea, perdoname pero es flor de pelmazo. ¡No veo que la hora que se termine esta fiesta y se vayan todos!
Iba a contestarle que no fuera tan mala onda cuando los interrumpió  Beto. Supusieron que era él por los ojos claros que asomaban chispeantes en los pequeños orificios de su traje de Hombre Araña. A su lado Gabriela sonreía a toda vela enfundada en un disfraz de Gatúbela ajustado y provocativo. Miraron a su alrededor y descubrieron el ambiente surrealista que de pronto los había invadido como por arte de magia. Marcos de Thor, Isabel de Vilma Picapiedra y Matías de Superman completaban un panorama devastador.  Sólo faltaban los zombies de Walking Dead para armar la joda completa. Pedro creyó por un momento que alguien le había puesto droga en la bebida y Guille se sintió tentado a salir corriendo antes que se le contagiara la locura.
-¡Sorpresa! –les gritaron todos  y entonces Beto les alcanzó sus trajes.
Guillermo y Pedro los miraron y se quedaron  atónitos. Un disfraz de Batman… y el otro de Mujer Maravilla.
-¿Qué mierda es esto! –exclamó Guillermo indignado sosteniendo el traje negro con la punta de los dedos y mirándolos con furia.
Pedro observaba los trajes sin poder terminar de creer lo que veía. Preguntó con  voz temblorosa.  –¿Y por qué yo de Mujer Maravilla?
Marcos tomó la palabra. –Perdón Pedro, es que no quedaba ningún traje masculino de tu tamaño… estamos entre amigos… no te preocupes, es bastante grande la bombacha, no se te va a ver nada!  Si Flor de la V puede, vos también!
Todos largaron la carcajada y Guillermo sintió la imperiosa necesidad de agarrar a alguien por el cogote y hacer justicia por mano propia.
-¡Chau Pedro, esta fiesta poronga se termina acá, mi paciencia tiene un límite!
Pedro lo tuvo que seguir casi corriendo hasta la puerta y lo alcanzó justo antes que manoteara el pomo y saliera disparado hacia afuera.
-Esperá mi amor… dales otra oportunidad… no sabés todo lo que trabajaron. Son unos boludos pero lo hicieron con cariño…
Guillermo miró hacia adentro y alcanzó a ver las caras compungidas. Empezaba a sentirse desagradecido, después de todo eran sus amigos y a los amigos se les perdona cualquier cosa. O casi.
-Dale, Guille… vení y brindemos –dijo Matías mientras se apropiaba de una botella de champagne-. No tienen obligación de ponérselos, es optativo ésto.
Finalmente aflojó y se acercó a brindar con el aquelarre de disfrazados. En ese momento apareció el primo de Pedro con un vaso de fernet en la mano y comenzó a desternillarse de risa apenas los vió.
-¡Qué culiados jajaja primooo…! -la risa se le congeló al ver el traje de Mujer Maravilla que aún Pedro conservaba en la mano.
-¿Y éso…? ¿Ese es tu disfraz? –el tono de su voz había cambiado y se notaba incredulidad y hasta un marcado desagrado.
Pedro lo miró a Guillermo y Guillermo se encogió de hombros. Parecía decirle con la mirada “Y bueno, aprovechá y contale…”. Pero Pedro no tenía la menor intención de contarle nada.
-No… es que… esperábamos a una amiga que no pudo venir… el mío es el de Batman…
-Ah… ¿Y tu jefe, de qué se disfraza?
Me disfrazo de heterosexual” se vió tentado a decirle pero se silenció a tiempo.
–No, Diego, yo no me disfrazo porque soy el homenajeado… estoy eximido de esa pelotudez.
-Guille, es hora que abras tus regalitos… -exclamó Gaby entusiasmada- vení, acercate y abrilos… ¡Tenés que adivinar de quién es cada uno!
Guillermo suspiró resignado y abrió el primero que le alcanzó la colorada. Un kit de asador.
–Humm… este seguro es de Beto. Ya es el tercero que me regala.
-¡Hundido! –se rió Beto.
-Una corbata preciosa… Gaby.
-Siiii –aplaudió Gabriela contenta.
Un secador de pelo. –Y, este por lo inútil debe ser de Marcos…
-Perdón, Guille… me quedan todavía del cliente que me encajó los electrodomésticos… algún uso podés darle, a lo mejor te sirve para calentarte los pies en invierno –le dijo y todos largaron la carcajada.
-Muy gracioso… -rezongó mientras abría el siguiente regalo-. A ver…  un perfume… -lo miró a Pedro quien bajó la vista sonrojado-. De mi “empleado” favorito.
Nadie entendió muy bien por qué lo llamaba así, pero todos aplaudieron el acierto con que había adivinado todo.
-Falta el mío… -deslizó sugerente Matías mientras le alargaba un paquetito-. ¡El mejor de todos!
Rasgó el papel y dejó el contenido a la vista. Un set de dos diminutos slips, uno de leopardo y otro de tigre.
-¡Vos elegí el tuyo y el otro lo uso yo! –le dijo a la vez que le guiñaba un ojo a Pedro, provocador.
Todos se rieron porque entendieron la broma pero Guille y Pedro se miraron serios y luego lo miraron a Diego. Éste frunció las cejas más no dijo nada. Mientras se dispersaban y atacaban la mesa de dulces, Guille le susurró a Pedro en el oído. –Andá y deciles a todos con carpa que no jodan más porque tu primo ya se está avivando…
Pedro asintió y se fue a pasarles el dato con disimulo mientras Guillermo guardaba los regalos. Cuando lo buscó a  Marcos para decirle no lo encontró. Le preguntó a Isabel y ella le contestó que a lo mejor había ido a  buscar a los strippers.
-¡Qué strippers…!?
-Los que contrató para animar la fiestita… ay no sabés, son  un amooor. Mario y Luigi se hacen llamar…
No bien terminó de decirlo, se abrió la puerta del estudio y entraron dos patovicas vestidos como los hermanos Bross, uno con mameluco y gorra verdes y el otro en colorado, como correspondía a sus personajes. Antes que Guille o Pedro pudieran impedirlo, comenzaron  a bailar en  el medio del patio mientras iban despojándose de las prendas al ritmo de una canción de Locomía.  Todos aplaudían y los animaban silbando con fervor exagerado, producto tal vez de la segunda ronda de champagne que ya circulaba con abundancia. Diego se acercó a Pedro y le preguntó de una.
–Decime, primito… por qué le trajeron strippers hombres a tu jefe? ¿Y qué fue eso de los slips de maraca?
Pedro tragó saliva y le hizo una sonrisita tranquilizadora.
–Nada, unas bromitas… mi jefe es re machazo… para hacerlo engranar.
Diego se quedó pensativo y con cara de pocos amigos. –Me voy a la bosta, Pedro… estos gays me dan naúseas… avísame cuando termine el showcito. Me quedo en la cocina tomando algo, mientras.
No bien desapareció Pedro le hizo un gesto a Marcos de que le iba a cortar la cabeza.  Guillermo lo llamó a su lado  y le pidió que se llevara a los mariposones en menos de lo que cantaba un gallo o en caso contrario iba a correr sangre.
-Qué pasa, che…-protestó Marcos-.  Me salieron caros los pibes éstos…
-No, llevátelos Marquitos, el primo de Pedro es un  neanderthal, no puede ni ver a los putos. No queremos escándalos. Dale o me voy a la mierda yo.
La fiesta decayó un poco cuando se retiraron los strippers así que Isabel aprovechó para ir a la cocina y buscar la torta. Lo hizo salir al primo de Pedro al patio y esperar con los demás para darles la sorpresa. Beto apagó las luces y comenzaron a cantar el cumpleaños feliz apenas Isabel irrumpió en el patio con la torta entre sus manos. Todos palmeaban mientras se acercaban a apreciar la decoración que tan amorosamente había preparado. El “feliz cumpleaños” fue cayendo nota por nota a medida que iban viendo el adorno: una hermosa foto en calidad HD de Pedro y Guille comiéndose la boca, rodeada de flores y velitas. Infinidad de velitas que ojalá prendieran fuego a la torta ya mismo, pensó Guillermo mientras se abanicaba con una servilleta de papel.
Todos lo miraron a Diego que se había quedado literalmente con la boca abierta. Pedro estiró el brazo y le tocó el hombro. –Primo, disculpá… quisiera que no te hubieras enterado de una forma tan brusca…
Diego se giró a mirarlo pálido y balbuceante. –Pe pe pe pe…
-No sé como explicarte Tito... Digo Diego... –Pedro se sentía al borde del desmayo también. Lo único que le faltaba era perder el aprecio de un primo que acababa de recuperar después de tantos años de no verlo.
Diego tenía la vista perdida, la piel del rostro pálida y sólo balbuceaba monosílabos incomprensibles.
-¡Llamen una ambulancia, chicos, me parece que le dio un ataque! –exclamó Guillermo.
-Pe pe pe… –seguía repitiendo el flaco sin poder arrancar.
-Aire, dénle aire!  –gritó Matías mientras Isabel acomodaba la torta sobre la mesa y soplaba las velitas sin esperar al homenajeado. Estaba claro que se había acabado la celebración.
 Gaby corrió a buscar un vaso con agua. Pedro ayudó al atribulado primo a sentarse y comenzó a hacerle viento con un expediente que alguien le alcanzó. –Decime algo primo, decime que estás bien…! –le suplicaba consternado.
-Pe pe pe pe –continuaba repitiendo como un loro atascado.
Recién como a los diez minutos logró articular por fin una frase y los dejó paralizados.
-Pe pe pero por qué no me lo dijiste, Pedro… entre putos, nos entendemos…
-¿Qué querés decir, Diego?   -le preguntó Pedro asombrado y con un hilo de voz.
-¡Que yo también soy PUTO, pedazo de gorriado, que tomo mate en bombilla de cuero, que me gusta comer chori de rodillas!  ¡Ay, qué alivio… toda una vida fingiendo delante tuyo, por fin puedo ser YO!
Acto seguido se levantó y le prodigó a Pedro un cariñoso beso en cada mejilla, luego lo abrazó a Guillermo y le estampó un beso en el centro exacto de la boca dejándolo más tieso que una estatua de granito. –¡Felicidades chicos! ¡Y que empiece la joda! ¡Fernet para todos!!!
-Bueno,... -le susurró por lo bajo Guille a Pedro haciendo una mueca mientras se limpiaba los labios con insistencia-. Nunca es tarde para salir del ropero, no?
...
Un par de horas después...
Guillermo miraba los disfraces que Pedro se había traído a casa para devolver al día siguiente, y no podía terminar de creer que esa parva de anormales hubiera pensado que Pedro o él serían capaces de ponérselos. Ni en salita de cinco había aceptado disfrazarse, mucho menos lo haría a sus años y mucho, pero mucho menos a la vista de esa multitud de desesperados por verlo caer en el ridículo con tal de divertirse a su costa. Mientras Pedro terminaba de acicalarse en el baño como un gatito minucioso, sacaba una a una las extrañas vestimentas y se sonreía muy a su pesar, recordando el espectáculo de sus socios embutidos en esos zafarranchos. No sabía quién lo había dejado más boquiabierto, todos competían codo a codo por alzarse con el premio al esperpento del año, pero lo que realmente lo había asombrado hasta desencajarle la quijada era el traje de Mujer Maravilla que le habían querido adosar a Pedro. ¿Podían ser más tarados? No, sin duda en eso sus socios y amigos llevaban la punta y no tenían quién los iguale. Terminó de mirar los trapos y los guardó nuevamente en el bolso que los contenía. Ahí recién notó que no había visto el de la mujer Maravilla y rebuscó para constatar si estaba en el fondo, pero no lo encontró. En ese mismo momento, se abrió la puerta que daba al baño y salió una bocanada de vapor. Inmediatamente, una mano se deslizó por el borde de la puerta y apagó la luz del cuarto.  –Ey, qué hacés... no me metí a la cama todavía –le hizo saber a Pedro.
-Mejor... así no tengo que sacarte –le contestó una sugerente y lasciva voz.
Una suave música de trompetas comenzó a sonar en el celular de Pedro. Guillermo sofocó una risa.
-Si me ponés a Fausto Papetti no me excito, me tiento.
-No mi vida, estás equivocado, no es Fausto Papetti. Es Fiesta, Papito... la fiesta que recién comienza.
Guillermo largó la carcajada pensando que sólo estaba jodiendo, pero dos segundos después, dos fuertes brazos se apoderaron de los suyos y lo obligaron a recorrer el contorno de un cuerpo atlético, perfumado y caliente por el agua de la ducha. Sus manos se dejaron llevar gustosas apreciando el cuello firme con la nuez de Adán que subía y bajaba anhelante por el deseo, luego bajaron por la suave piel del pecho y tan solo un segundo después su propia excitación pegó una frenada brusca al palpar lo inimaginable.
-Pedro, qué mierda tenés puesta? –preguntó casi ahogado por la incredulidad.
-Shhhh no rompas la magia Graziani... dejate llevar... –susurró Pedro mientras le aferraba con más fuerza las manos y lo obligaba a seguir con su recorrido.
-Mi amorcito... si pensás que yo me voy a excitar con vos vestido de mujer, estás muy equivocado. Sacate esas porquerías y ahí sí volvemos a prender los motores –le contestó mientras de un tirón se libraba de sus manos y se metía de un salto a la cama.
-Pero no es cualquier mujer, mi vida... prendé el velador y vas a ver lo bien que me queda. Hecho a medida, parece. Tenía razón Marcos. Ni se me notan las boleadoras...
-A ver, vení... –le dijo Graziani desde la cama mientras prendía la luz-. Yo te digo enseguida si no te notan.
No llegó ni a poner una rodilla sobre el colchón que ya lo había agarrado de un brazo y con un diestro movimiento lo dio vuelta y lo puso boca abajo sobre la cama, inmovilizándolo con fuerza. No se le había ocurrido semejante juego, pero si Pedro tenía ganas de sentirse mujer por un ratito no perdía nada con darle el gusto.
 –¿Sabés una cosa, cielito? No sé si te queda a medida, pero tengo algo que sí está hecho justo para vos... Ah, pero antes, decime... hay que pagar mucho si no devolvemos los trajes, o si los devolvemos un poquito estropeados?
Le contestó con un hilo de voz.  –Si, son caros, tené cuidado Guille...
-Ah, bueno... no importa, los gustos hay que dárselos en vida. Relajate y disfrutá que aún es mi cumpleaños... y en ese bolso hay mucho cotillón para seguir festejando toda la noche.
De más está decir que finalmente no hubo traje que no se probaran, y de todos el que Pedro más adoró ver en Guille no fue el de Batman, como creía, sino el del hombre Araña, que con ese color rojo infierno le hacía hervir aún más el caldero, y a Guillermo el que más le gustó, pese a sus pronósticos previos, fue justamente el de la mujer Maravilla porque no solo le calzaba a la perfección a su amorcito sino que además contaba con un lazo que le había sido muy útil a la hora de dejarse llevar por sus fantasías sexuales... fantasías en la que ninguno salió lesionado porque a la pasión arrolladora le sumaron el cuidado, como corresponde a dos machos en celo pero bien civilizados.
 Esa noche Guille recibió mucho más de lo que nunca antes había obtenido como cumpleañero, tanto que al día siguiente cuando fueron a devolver los disfraces preguntaron si no estaban a la venta y ante la respuesta negativa se sintieron un poco desanimados, pero antes de irse se aseguraron de pispear qué otros había en la tienda para tener en consideración en futuras ocasiones.

Fin

sábado, 30 de julio de 2016

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 8 - Parte II - (By Daniela Maurice)

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - CAPÍTULO 8 - PARTE II







 Enredos...
                                  
Para hallarte esta noche las pupilas distantes,
he dominado cielos, altamares, y prados.
He deshecho el sollozo de los ecos perdidos...
tengo el hondo infinito jugando entre mis manos...
                                                                       Para hallarte esta noche

                                                                             Julia de Burgos


Pedro observó cada detalle del juicio efectuado a Camila, tan solo un año atrás. Cada palabra insinuante y estratégica que Malvares iba tejiendo.
Fue a media mañana que se presentó allí, en tribunales, ante una reunión de imprevisto, por fin Matías había logrado persuadir a sus colegas para que dieran por hecho la apelación contra la susodicha. Sin embargo, en aquella reunión convenida por el fiscal Cepeda, Julián Malvares se vería obligado a persuadirlos de revocar la sentencia, pues el fiscal no estaba dispuesto a dejarle ganar la batalla tan fácilmente.
Ver toda la escena del juicio no suponía para Pedro una tortura, la idea de por si le atraía un sabor dulce de venganza. Verla allí, sentada frente a un juez que no era su padre, insalvable ante el hecho por el que había sido juzgada como cualquier criminal y sin ningún beneficio que sus influencias podrían haberle dado, era suficiente castigo, pero no el necesario para hacer justicia.
Le parecía verse allí presente, aunque solo se tratara de una imagen frente a la pantalla televisiva y tomaba cada gesto de ella con una entereza admirable.
Esperaba el momento en que el juez emitiera alguna palabra o una señal que dejara su alma estacada por el suelo, pero una vez más Camila parecía tomar poder en sus manos: en su argumento falso, sus evasivas y  su aire de regocijo al mirarlo a Guillermo. Los argumentos que José había hecho para mitigar la tempestad del juicio y lograr que el juez escuchara a los testigos por encima de las estrategias de Malvares, no sirvió de nada.
_ ¿Está conforme ahora? - le  inquirió de mala gana Cepeda, frente a todos los presentes. Pedro no sabía cómo articular palabra, sentía que todo el muro que había impuesto sobre su alma, se iba resquebrajando. Tomó aire y un segundo después le dijo:
_ Discúlpenme todos, necesito retirarme un momento.
Al tomar camino hacia la puerta, Matías intentó seguir tras él, pero Octavio le hizo un gesto que él lo haría. Lo conocía muy bien, para saber que por más escudos que tratara buscar para resguardarse, el video del juicio lo había afectado.
_ Pedro - le dijo, al verlo sentado sobre la banqueta que estaba a unos pasos de la puerta. Respiraba con dificultad, mirando hacia un punto muerto.
_ Estoy bien - le respondió al volver su mirada hacia su amigo-. - no te preocupes por mi.
_ No podés dejar que las actitudes de Camila te afecten. No vale la pena, ya pasó.
_ ¿No viste como se comportó?- le respondió Pedro con los ojos enjugados por las lagrimas.  - Es una cínica- espetó con rabia. Entendía perfectamente que se estaba diciendo en el juicio.
_ Santiago es muy inescrupuloso para estas cosas, él la habrá convencido que se hiciera la desentendida y se comportara con gestos de una persona desequilibrada. El saber que no consiguió quedar libre como deseaba, debería conformarnos hasta que logremos la apelación -siguió
_ Ella es astuta por si sola - le dijo al mirarlo y bajo la vista al continuar. - En él momento que tomó el arma lo planeó todo. Fui un imbécil, porque le contesté, me hubiera quedado callado. No sé lo que hubiera pasado después,
si se hubiera matado, pero me maté la cabeza día tras día, cuando estaba allá bajo el cuidado de Sebastián. Tuvimos una discusión similar cuando la dejé, ella gritó y me suplicó que no la dejara.
_ Pensaste que no te iba hacer nada, que iba a ser como aquella vez. La subestimaste demasiado. Quizás tenés razón, es astuta y jugó todas las piezas y cuando no funcionó, tomó el arma. No podés volver atrás y modificar las cosas.
_ Ella lo sabía, ella sabía la respuesta. Y mi primo- siguió, indignado volviendo la vista hacia Cáceres. - Marcial argumentando a favor de ella, no entiendo donde estoy parado. Es como si ya no pudiera confiar más en nadie, pero en nadie, de verdadY no estoy siendo honesto, estoy buscando una condena por asesinato cuando estoy acá, hablando con vos, y quien sabe quién debe estar en mi tumba.
_Eso no importa, cuando abras el juego será otra cosa. Ahora volvé allá dentro y hacelos pelota. Salvo por Matías, el resto son todos corruptos. A ella le da lo mismo la apelación.

Pedro asimiló las palabras de Octavio. Tenía razón, no podía dejar amedrentarse por las tonterías de Camila y dejar  impune una nueva causa.
No negaba que Malvares era muy inteligente y supo cómo manejar las piezas
del caso, pero la resolución solo había sido un golpe de suerte para Moravia. Ahora solo debía volver a la sala y hacer lo que desde hacía semanas, había estado gestando meticulosamente.

_ Hasta que por fin se digna a entrar - emitió con sarcasmo él fiscal Cepeda.
El joven abogado se llamó al silencio, tomó asiento a la par de su amigo y luego dijo:
_ Me imagino que al escuchar todos los argumentos del juicio, especialmente de los testigos, ya tendrán su visión del caso.
_ No se puede tener ninguna visión - replicó uno de sus colegas -Está claro, después de este juicio se dictó sentencia con los argumentos precisos. Por una parte, el testimonio de Alberto Marini es subjetivo, resultó conveniente, era empleado del estudio de Guillermo Graziani.
_ Coincido - siguió otro de los presentes- Solo el testimonio de la ex esposa de Graziani tuvo sentido común, pero eso, solo mostró el estado que se concluyó que tenía la acusada. ¿No fue así Malvares? - inquirió, mirando hacia Santiago. -Haberla atacado con una tijera- continuó antes que Santiago pudiera pronunciar alguna palabra - es la misma acción que operó ese día del crimen. Es evidente que la mujer no está bien. Yo creo -sugirió él mismo - que sería conveniente que Camila Moravia fuera internada en un psiquiátrico.
_  ¡De ninguna manera! - le gritó Pedro clavándole la mirada.
_ A mí me parece que Camila tendría que ser notificada de esto.… - terció Santiago
_ Tío - Le  dijo Pedro e hizo un gesto en sus ojos para que cediera a favor de él. En realidad, Santiago no sabía qué camino tomar. Había pasado de ser elabogado de Camila a ser el tío de Julián Malvares, un joven abogado que buscaba revocar la sentencia que, precisamente, su tío había ganado. _ Entiendo perfectamente - siguió- los testimonios y los argumentos a los que se concluyó, pero estamos acá para encontrar la mejor forma de poder apelar este caso. Con las trabas que ustedes están poniendo por delante se hace imposible. Les recuerdo que acá la victima… es Pedro Beggio, no su esposa que fue la que empuñó el alma y disparó.
_ Lo dice alguien que vino a esta reunión como si fuera a un centro comercial, a hacer compras en vez de venir de traje.
_ Tenía otros compromisos y no sea ridículo, no se vaya por la tangente para buscar cualquier excusa Cepeda para defender a la acusada.
_ Julián tiene razón - cedió Octavio - Primero y principal, los argumentos de su tío y colega nuestro, aquí presente - lo señaló a Malvares -no tienen lógica. Se han utilizado palabras para ofender la condición sexual de Pedro Beggio para sostener la defensa;  el embarazo de su esposa, que luego ella dio por sentado nunca lo estuvo. En este caso, muchas mujeres tienen embarazos psicológicos o los pierden y no por ello toman una arma y comienzan a disparar.
_ Fue la mejor manera que utilicé para comenzar la misma- se defendió Malvares. -Yo quería demostrar que mi clienta no estaba bien de salud, estaba afectada por la situación. No creo que para ninguna mujer enterarse que su marido es homosexual, pueda ser algo que pueda tomarlo de forma natural.
_ Tío, considero que debería limitarse a escuchar la opinión de cada uno y aceptar lo que se decidirá después. Cuando se concluya, podrá pensar en su clienta. Quiero que  se tome en cuenta la conclusión de Alberto Marini, a simple vista puede parecer subjetivo lo que dijo, pero si es necesario puede corroborarse con psiquiatras el perfil de ese tipo de patologías.
_ Yo apoyo la iniciativa de Julián -secundó Matías.
_ Por eso vino hacerme un escándalo a mi oficina Olazabal.
_ No me dejó terminar Cepeda, Marini tenía razón, era un ex convicto. Estuvo con toda clase de delincuentes, conoce ese mundo más que nosotros.Cualquiera podría tomar los argumentos de Santiago como lógicos. Eso déjeselo para un principiante. Todos mis colegas acá presentes, saben perfectamente que no fue más que un guión armado. Lamentablemente los únicos testigos del hecho fueron la víctima y la acusaday Camila no se va condenar así sola. No lo hizo en ese momento y aun así está presa con una condena de seis años. Menos lo va hacer ahora si supiera que pueden extender su pena.
_ Yo lo creí conveniente- Aclaró Pedro. -Cuanto más ignorante esté del pedido de apelación va a ser mejor.
_ Está negando los derechos de Moravia a defenderse - le aseguró el fiscal
_ Una persona que mató, el único derecho que tiene es a recibir un buen trato, mientras cumple su condena - expresó Cáceres.
_ Yo solo espero que mi tío acá presente, se abstenga a hacer su trabajo y no se involucre tanto con su defendida.   
_ A mí me pidieron que la defendiera en el estudio de Graziani, yo solo cumplí con mi responsabilidad.
_ Cuando se llegue a una conciliación se tomará una decisión Malvares - terminó de decir Cepeda. - Creo que fue suficiente- agrego el fiscal para dar por terminada la reunión.
Cuando Pedro salió de allí, alcanzó a ver la figura de Santiago que se retiraba
y sin que Octavio se diera cuenta, mientras hablaba con Matías, lo siguió.
Intentó acelerar sus pasos. Llegó a la entrada y se adelantó a su colega antes que tomara camino hacia la puerta de salida.
_ Santiago, esperá.
Malvares no opuso resistencia, se imaginaba que Pedro no se quedaría al margen y olvidaría su defensa hacia Camila.
_ Si vas  venir con un sermón, por lo que pasó hace un momento quiero aclarártelo.
_ Si lo voy hacer - lo interrumpió, levantando el tono de su voz -¿Qué mierda estás haciendo? - le espetó acercándose más. -Te pedí que me apoyaras con la causa y te estás poniendo en defensa de Camila.
_ Solo dije lo que pasó. A mí me pidieron que tomara el caso y se pueden levantar sospechas si actúo en contra de Camila. Si se sabe que vos estás vivo y te ayudé a sostener una identidad falsa, no solo puedo ir preso sino perder mi licencia como abogado
_ Nadie va salir perjudicado, porque todos los que están acá tienen un muerto escondido en el armario, ellos no están más limpios que yo. A mí nadie me va detener para revocar esa sentencia y te recuerdo que me debés un gran favor - le advirtió, apuntándolo con el dedo. - Las blasfemias que argumentaste en el juicio contra mí las vas tener que pagar con creces. Así que es mejor que te mantengas al margen y me ayudesCuando Camila esté al tanto de la apelación, vas a fingir que tiene todo tu apoyo y  que sos la única persona en que ella puede confiar.
_ Yo solo tomé la causa, fueron tus compañeros de trabajo o lo que sean de vos que me lo pidieron. Yo a esta altura no se quien es quien ahí. Si son pareja, si son amigos. En todo caso tendrías que hablarlo … con ellos.
_  Yo eso lo tengo bien claro, pero me terminaron hundiendo y eso resultó muy provechoso para vos. Terminaste ganando el juicio y un lugar en el estudio.
_ No estarás pensando… querer, digo… vengarte de ellos. Noto un tono como si estuvieras enojado con ellos -agregó parpadeando los ojos. -Yo no te voy ayudar, trabajo ahí.
_  Ganas no me faltaron, buscarle un abogado fue como ayudarla, pero no. Si estoy oculto, si perdí mi vida, no fue por ellos. Pero si, quizás esté jugando con ellos. Aunque la única que sabe que soy yo y que Julián no existe,  es Gaby
_ En realidad fue Marcos que me contrató. Al parecer ninguno quiso buscarle abogado tampoco.
_ Marcos siempre fue así, es frio para todas estas cosas, lo que él haga me da igual.
_ Pedro- lo llamó Cáceres- Creo que es mejor que nos vayamos -siguió acercándose a él.

Dejó que Santiago siguiera su camino, pero nada quitaba de su mente la resolución que habían hecho en el estudio. Sentía que su recuerdo había sido echado por la borda, que había sido más importante continuar como si él jamás hubiera existido. ¿Por qué Camila había recibido esa compasión y él debía ser enterrado?
Recibió la llamada de Guillermo. Miró hacia su mejor amigo y buscaba en sus ojos la respuesta que necesitaba. Octavio no comprendía, pero parecía deducir por la tristeza que cubría sus ojos que algo no estaba bien
_ Me dijiste que no me iba a llevar a nada continuar, como si fuera Edmond Dantes. Que solo iba a herirme mi locura de vengarme.
_ Deberías contestar la llamada.
_ Es Guillermo. No sé qué hacer, no si estoy haciendo bien las cosas.
_ Deberías contestarle y hacer lo que sientas. Creo que el resto deberías dejarlo en mis manos. Si alguien tiene un motivo para ser feliz ese sos vos y yo necesito tener la mente en otro lado,  que no sea en vos.
_ Octavio ,yo…
_ Pedro, está bien. A primera hora de mañana voy a llevarle los papeles a Camila como acordamos.
Octavio sintió que no había más nada que decirse, podía sentirse inseguro pero tenía mucha más cordura que Camila. Asimilar que no habría ninguna oportunidad para ganar su amor lo destrozaba. Pese a ello, debía enfrentar esa realidad.

Guillermo y el prometido de Gaby, habían elegido él mismo restaurante. Mientras Anto esperaba a Gabriela, él había elegido Le Meurice para cenar
con Julián. Debía ser perfecto y nada debía interponerse en ese encuentro para lo que tanto había esperado poder decirle.
Paz que lo iba conociendo muy bien reservó una mesa en el salón que se encontraba en la planta alta del restaurante. “Solo para parejas “ le aclaró ella, a lo que él le  hizo un gesto de incomodidad. Aun así, ella percibía que era una ocasión especial a diferencia de la última vez que los había atendido.
_ ¿No tenías un lugar más discreto que darme? -  ironizó.
_¿Discreto? No hay lugar más discreto que este - le dijo, mientras acomodaba unas copas en la mesa siguiente. - Es más, hay otra sala continua - señaló hacia una puerta- pero esa la reservamos para aniversarios, pedidas de casamientos y cosas así - le fue diciendo, haciendo ademan de sus palabras.
_ ¿Vos te imaginás una mesa para pedir la mano de alguien? y yo pensé que ya había visto todo.
_ Mi jefe es así, perfeccionista para todo y muy detallista. Yo estoy de acuerdo con vos, pero son estrategias de marketing.
_ Estrategias de marketing.

Paz continuó en su trabajo de acomodar y adornar las mesas que faltaban al mismo tiempo que él se sentó a esperarlo. Veinte minutos que había llegado
y ya comenzaba impacientarse, le parecía una eternidad.
Pensó que debía llamarlo o que tal vez había sido una mala idea ir solo hasta
allí cuando lo vio llegar. Estaba tan perdido, embriagado en su presencia que
ni siquiera se pregunto cómo había logrado encontrarlo.
No pudo evitar pensar en los últimos días y que ya no cabía lugar para las dudas y el arrepentimiento sabiendo que había hecho una promesa sin sentido meses antes.
Una realidad en él comenzaba a tomar forma pero aun así no sabía lo que significaba poner palabras a ello: Que había llegado el momento de aceptar su ausencia y aprender a vivir sin él. Sabía que un día debía hacerlo y ello no implicaba rehacer su vida con otra persona. Sin embargo, ahora era distinto.
Podía asimilar sus silencios y amar de nuevo sin ninguna presión alrededora los tiempos y las maneras que él realmente deseaba dar. Alguien que comprendía lo que era perder un gran amor y haber muerto con él toda esperanza.
Tal vez era la señal que Pedro había dejado para él en este mundo y que había grabado en su mirada. En él, en el hombre que ahora amaba
_ ¿No me vas a decir nada? - preguntó Guillermo. Acababa de ser directo con el sobrino de Malvares como nunca lo había sido, o si. Una vez lo había sido con Pedro, pero esta honestidad trataba una situación mucho más íntima que la seriedad ante el deseo que en ese momento esperaba: Despertar y encontrar a su amor a su lado.
_ A mí me importa saber si lo que hablaste es en serio. Vos aun estás - hizo un gesto con sus mano,- en esa relación...
_ Con José. No tenemos que traerlo a la conversación.
_  A mi me importa saber si es algo serio o solo pasajero
No podía decirle que estaba comprometido con Miller. Compromiso que había decidido romper pero temía, que si hablaba con la verdad, Julián termina decepcionándose de él. Nunca le había importado tanto alguien después de Pedro como ese joven. Sabía que no se estaba equivocando al dejarse llevar por sus sentimientos.
Un segundo después, Guille permaneció en silencio pero tenía claro en su mente lo que iba a decirle. Vaciló un poco en hablar y luego le dijo
_ Fue alguien que me acompañó cuando más lo necesité, solo eso. No te hubiera hablado de esto sino me sintiera listo para comenzar una relación…
_ No tenés por qué ser explícito si eso te incomoda
_  Es que los dos vivimos una situación particular. No todos los días uno pierde al ser que ama, alguien con quien esperabas vivir muchas cosas. Yo lo que quiero que entiendas - le enfatizó-, que lo pienses, como si hubiese sido un encuentro  pasajero, como si deseara ahogar mi soledad.

Pedro se detuvo en sus palabras ante la sensación de sus besos que se fundían en sus dedos; a los silencios y consigo a los recuerdos. No sabía que responder en ese momento, su corazón estaba dividido por un lado en esa fuerza que lo quemaba cada vez que lo tenía cerca o cuando simplemente recorría sus pensamientos. Y por otro, hacia esa oscuridad, a ese propio abismo que se batía dentro y que le hacía arrastrar un odio incontrolable por él y por todos. Precisamente encontraba a Gaby más distante los últimos días y trabajar a su lado la causa de Diego Sambrano se tornaba incómodo. No era la razón de tener que disimular frente a Guillermo quien él realmente era, era algo más que no podía explicarlo pero que aun no tenían forma.
Miller buscaba un espacio donde aparcar el auto mientras Gaby entraba al restaurante, ansiosa  por  encontrar  a Antonio. Lo que quedaba del casamiento debía ocupar su mente. Solo así podría disipar las dudas y las palabras que Beto le había dicho meses atrás.
_ No lo entiendo ¿donde se metió? - se dijo para sí misma, mirando hacia todos lados.
_ Debe haber ido a buscar las cartas para el banquete - le respondió José al entrar
_  ¡Ay! - expresó ella sobresaltada al llevar la mano a su pecho- José, me asustaste!
_ No estás para nada bien hoy - le dijo él sonriendo.
_ Es que con toda la boda y lo del caso es mucho. No lo entiendo - siguió. Me llama para que venga al restaurante, dejo el caso en que estoy trabajando para que veamos la comida para el casamiento y el señor desaparece.
_ Hagamos algo, busco una mesa para que cenemos y lo esperamos. No creo que se haya ido. Sería absurdo ¿y no decís que él siempre se ocupa?
_ Por eso, desde hace días que actúa raro, no se qué le pasa.
_ Vos quédate acá y yo busco donde sentarnos,  ¿Te parece? - sugirió con una sonrisa.
_ Si es mejor - accedió con una expresión de drama, - no comí nada en todo el día.

Gabriela no se imaginaba que Antonio llevaba una hora allí, escabullido como si fuera un polizón en la sala contigua, en donde Paz se encontraba como siempre: controlando meticulosamente que todas las mesas estuvieran bien ordenadas. No sabía si lo que estaba haciendo tenía alguna lógica. Tal vez estaba cayendo en el delirio y se comportaba como un niño que escapaba de una posible reprimenda de sus padres, pero no podía evitarla ni quitar su imagen de sus pensamientos. Por eso, cada vez que salía del trabajo se iba hasta allí con cualquier excusa, invitaba a su jefe a una cena de negocios para hablarle de una nueva idea, para el catálogo de perfume para mujeres, pero sabía en su interior que era solo para encontrarla, aunque fuera un momento. Como antes lo había intentado hacer y no se atrevía.
Se imaginaba casado con Gaby y se volvió una tortura. Los amigos que estarían allí ese día, le parecían en su mente el público frente a una plaza a espera de la declaración del juez, que se volvería su horca, su propia condena ante un futuro que ya no deseaba al lado de Gabriela. Buscaba respuestas para sus dudas y todo se conducía a ella, a Paz sin razón alguna.
La joven Maître entró en el salón en el que él se encontraba y la observó sin perder cada detalle de lo que ella hacía. Iba y venía de una mesa a otra y todo en ella le parecía perfecto.
Se miraba frente un espejo y sentía que no lo merecía. El siempre mal hablado, metiéndose en problemas y todo eso, las estafas a medias que había hecho para ganar dinero, ¿cómo podía llegar a pensar que una joven como ella correspondería sus sentimientos? Era lo más alto que él podía alcanzar. Pero sus deseos eran más fuertes. Solo le tomó unos segundos cuando guiado por lo que estaba sintiendo se acercó a ella sin temer las consecuencias:
Paz levantó vista al sentir unos pasos que se avecinaban sobre ella -¿Usted? - preguntó desconcertada al darse vuelta, frunciendo el ceño -¿Qué hace acá? - siguió.
_ Estaba perdido - le respondió él balbuceando. - Más bien, venía a buscar el banquete... digo, necesitaba una mesa para cenar.
_ Venís seguido. Demasiado, diría…
Su respuesta lo golpeó en su interior, sentía que estaba en medio de una pelea a punto de desplomarse frente a la última estocada. Pero no podía dejar que lo encontrara vulnerable (ella bien sabía dar batalla cuando presentía que algo se ocultaba a su alrededor). Se camufló en su fuerza y le dijo:
_ ¿ Me tuteás ahora?
_ No te voy a seguirte el juego querido. Si querés cenar -siguió acomodando la bandeja en la mesa -, ya te digo que esta es la sala para las parejas - señaló-solo para ocasiones especiales - agregó con altivez, levantando el ceño.
Era evidente que no sería fácil conquistarla, ¿pero, en qué estaba pensando?
Si faltaban unos días para casarse y esperaba que Paz, una joven que apenas conocía pusiera sus ojos en él.
No podía concebir lo que le estaba pasando, si la amaba en verdad o solo era un deseo efímero, de esos que le había hablado Marcos que un hombre podía sentir ante la idea de pasar toda una vida con una misma mujer, que luego se disiparía. O como si el matrimonio se volvía un infierno era bueno que pensara en ir construyendo una doble vida. Pero el socio de Gaby, ¿qué consejo sensato podía darle sobre el amor? Había dejado a Isabel por Sonia y vuelto después con ella, para seguir en sus amoríos clandestinos. No tenía más que recurrir a lo que su corazón le dictaminara.
_ ¿ y si te invitara a cenar acá, sería especial?
_ ¿ A donde querés llegar?
_ A nada, solo cenar con vos.
_ No me conocés y estos no son los lugares en los que me gustaría que una persona me invitara a cenar. Trabajo acá, pero no me gustan los lujos. Hay otra forma de mostrar los sentimientos.
_ ¿ Entonces es un sí o un no?
_ Ahora estoy ocupada. Si querés quédate, en este momento no puedo contestarte.
Siguió tras de ella hasta las escaleras cuando vio a Gaby que estaba allí, en la entrada principal, esperando a Miller y entró en pánico. Temblaba de pies a cabeza, temiendo que ella pudiera reconocerlo y comenzará a sospechar. ¿Pero qué motivo había para que su novia pudiera llegar a tal sospecha de que la estuviera engañando? Si lo veía allí arriba, pensaría que había estado buscando alguna mesa para cenar juntos. Gaby nunca había entrado en dudas respecto a él, salvo por ese episodio en que lo increpó respecto a sus sentimientos hacia Paola. Sin embargo, era otra emoción, otros pensamientos que loturbaban dentro, como si le molestara su presencia allí.
No podía dejar que ella lo viera, no en ese momento y buscó la forma de salir de allí sin que la abogada notara para nada su presencia.
Un matrimonio de avanzada edad y  que acaba de cenar, pidió la cuenta. Martín, un colega de Paz se acercó hasta allí y le tomó el pago por la cena. Esperó a que la pareja se levantara.
Al verlo pasar por delante de ella bajó rápidamente y se escabulló entre las mesas. Tomó camino hacia un pasillo. No sabía hacia donde lo conduciría, solo siguió hasta perderse lo más que pudiera, lejos de Gabriela.
Al divisar una puerta, no lo meditó ni un segundo, entró allí sin medir las consecuencias que podía ocasionar. Tomó aire y dejó que la respiración se llevara consigo todos sus miedos. Estaba en la cocina justo en la entrada principal, pero para suerte de él no había nadie allí. Los empleados, por lo que oía, se encontraban en una sala continua yendo y viniendo de una mesada a otra.

José hizo un gesto a Gaby al volver a la entrada y se acercó hasta la mesa donde Paz lo había conducido.
_ ¿Vienen por una cena de trabajo? -inquirir la Maître
_ No - respondieron ambos, sonriendo.
_ En realidad a veces trabajamos juntos - siguió Gaby.
_ Bueno, porque sino tenemos un lugar apartado para las cenas de trabajo.
_  ¡Pero son toda una innovación!
_ Ideas de mi jefe, no mía -le contestó Paz y les entregó la carta.
_ Parece más seria hoy -le dijo Gaby una vez que la joven se había ido.
_ ¿La conocés?
_ Poco, vine con Guille el otro día.
Su respuesta había sido breve y tenía una razón de peso para haberlo hecho.
Su cuerpo temblaba y la situación de verse sentada frente a Miller como si nada hubiera pasado le resultaba incómoda. Aun su mente no concebía la forma en que él le había contestado. Parecía otra persona, muy diferente al de tan solo unos meses. Hizo un silencio entre los dos y llevó la vista hacia la carta, José hizo lo mismo, pero su actitud reacia lo desconcertó. Esperó a que ella se decidiera por su almuerzo, llamó a uno de los mozos y cuando el joven se hubo retirado, le dijo:
_ ¿Estás enojada conmigo?
Gaby no dudó un segundo en responder, pero no podía negar el temor que la frenaba para decirle lo que hacía un tiempo, por más que tratara de engañarse,empezaba a notar en él.
_ Me sorprendió como me hablaste en el auto.
_ No, discúlpame - le respondió. Se sintió culpable pero la amenaza que Miguel pesaba sobre él lo desbordaba. - yo no quise hablarte así - siguió,- es que no estoy bien desde hace días y me la agarré con vos que no tenés nada qué ver.
_ Si lo entiendo, pero hace unos meses también te comportaste extraño. Me dijiste que ibas ayudarme con lo de Mónica y me viniste con esto de que el juez rechazó el petitorio de prisión domiciliaria cuando siempre ibas hasta al cansancio para ayudarnos. Te llamé el otro día a San Luis, para ver si me podías ayudar con el caso de Diego y te pusiste nervioso.
_ Son muchas cosas, tengo la presión de un montón de cosas encima y muchos que dejé en San Luis y me sentía comprometido. No puedo estar en todo Gabriela. Y creo que tengo algo más que me preocupa y lo acabaste de decir al principio.
_ No entiendo.
_ Qué es increíble, Guillermo te acompaña para tus preparativos, pero desde que llevo meses hablando del tema no se detiene un segundo y lo evade por completo, como te dije en el auto. ¿No te parece que esa es razón suficiente para sentirme así? - agregó, tratando de excusarse
_ Bueno, pero vos estuviste en San Luis durante un mes y vos sabés cómo es él. No te va rogar para que lo llames ni lo va hacer, ni te va ir buscar, menos sobre temas así. Y yo le pedí, le tuve que rogar que me acompañara. Antonio no podía y ya te dije, tiene la cabeza en cualquier parte.
_ Pero son precisamente esas actitudes que me molestan. No espero que me busque a ningún lado, pero sí que me llame. No entiendo, se contradice. Me pide que me case con él, pero se escapa todo el tiempo del tema
_ Bueno, yo también soy así a veces. Antonio siempre me lo hace saber y me lo recrimina, por eso ahora estoy tratando de enfocarme en nuestra boda
_ Lo tuyo es distinto, vos estás segura de lo que vas hacer. Yo vivo luchado con un recuerdo.
Gaby ocultó su mirada, sabía que Pedro ya no era más que un recuerdo y cada vez que José mencionaba la cuestión de su muerte, ella se sentía entre la espada y la pared, sin saber cómo enfrentar un secreto que cada día se enredaba más. Su cariño por Pedro era incondicional, pero también había logrado afianzar una amistad sincera con José y por nada deseaba que él sufriera.
_ ¿ No me vas a decir nada? - le inquirió Miller.
_ No creo que yo sea la persona indicada para contestarte.
_ Pensé que me apoyabas.
_ No, por supuesto pero no es fácil. Digo, es un tema delicado y deberías hablarlo con Guille. Yo siempre te aconsejé respecto a eso. Si él te quiere de verdad, no hay ningún problema que pueda impedir que sigan adelante con sus planes.
_  Con un recuerdo en el medio - le respondió, sarcásticamente. -Tenés razón - continuó- no puedo parecerme más a la protagonista de ese libro.
_ Yo te traje a colación esa novela, porque me parecía que te estabas haciendo demasiada mala sangre. Tenés que estar en su lugar y pasar por una situación así, tan de golpe. Además, Rebecca no tiene nada que ver. A mí me atrapó el libro por su contexto policial. En realidad, el marido mató a su primera esposa. La protagonista se siente insegura con ella, pensando que el marido la sigue amando, pero no es así y lo que siempre me pareció, respecto a él, que lo que  tenía era culpa, remordimiento por haberle quitado la vida. Por eso el detalle de el cuadro de su primera esposa en la sala.
_ ¿Ahora, te parece correcto que una persona siga pensando en alguien que está muerto? ¿Qué haga cosas para traerlo al presente todo el tiempo?
_ No, vos sabés que yo no soy así y ese hombre es solo un personaje y no podés compararlo con Guille.
_ Prefiero que evitemos hablar de la muerte de Pedro - respondió un poco incómodo, especialmente de las circunstancias
_ ¿Por qué? Nadie tiene la culpa de lo que pasó, solo Camila y Miguel también, porque al fin y al cabo, Pedro iba a irse por estar acusado de un crimen que ese tipo cometió y lo llevó a ese momento, lamentablemente.
_ No es nada - respondió, sumamente nervioso. -Es que… pienso que la forma en que murió es lo que hace que siga pensando en él. Es más, no sigamos hablando de Guillermo.
_ No me cambies de tema
_ No te cambio de tema. Lo que me llama la atención es que vos, no estés tan preocupada por que Antonio no volvió.
_ No me evadas vos, lo que estábamos hablando, ese es tu problema también. Mirá - le respondió irguiéndose en la silla - si vos removés en el todo el dolor que le produjo lo que vivió con Pedro, entonces si vas a lograr que él se aparte. Te lo digo por experiencia propia.  Viví un montón de cosas con Alberto y uno quisiera volver atrás y que esos momentos siguieran, pero la única realidad, es que solo podemos vivir el presente. Lo que sabemos que tenemos ahora y nos va a hacer feliz.
Hizo una pausa y su mirada parecía irse hacia un camino contrario a sus propias razones mientras le hablaba. - A pesar de que a cada hora,  sientas que ese amor sigue dentro tuyo, ahí, intacto. Yo creo de verdad - continuó al volver a mirarlo,  que lo único real y estable que él tiene ahora, sos vos. Vamos hacer esto, yo lo llamo y le digo que venga.
_ No, intenté llamarlo estos dos días y su celular me responde apagado.
_ Con más razón, se sientan y hablan tranquilos. Él viene y yo me voy. No creo que Antonio aparezca, ya debe estar en la casa.

_ Es mi socia - le dijo Guillermo en un gesto de decepción al recibir la llamada de Gaby
Dejó  el celular sobre la mesa, estaba decidido a no responderle.
Imaginaba que sería un nuevo problema en el estudio y esa situación ya había agotado su paciencia. Solo quería permanecer a su lado, junto al hombre que ahora amaba y su respuesta era lo que solo necesitaba en ese momento. Aun así la insistencia de Gaby se hacía notar y Pedro, que ante la sensación de huir de allí y escapar de sus sentimientos, veía en aquella llamada la única salida para que él disipara de su mente su respuesta.
_ Está bien si contestás - cedió fluidamente al hablar. Temblaba de cuerpo entero de solo pensar en una negativa de Guillermo.
Lo pensó unos segundos y se decidió a contestar, buscando que excusa interponer en la causa por la que Gaby lo llamaría para salir de aquel molesto tramo.
Tardó un segundo en responderle
_ Gaby, si decime. - respondió en un dejo de molestia
_ Por fin Guille! ¿Dónde estás?
_  Decime para que llamabas, estoy apurado.
_ Estoy con José acá en el restaurante Le Meurice
Las palabras de Gaby lo detuvieron en seco y de repente sintió que su respiración se aceleraba. José en el mismo lugar que él estaba con Julián era demasiado. Sabía que había regresado desde hacía días, pero hasta entonces, Miller no cabía en sus prioridades. Aún era pronto para hablar con él, tenía otros planes y debía organizarlos antes que pudiera armarse del valor que necesitaba para hablar con la verdad.
Pedro lo miró asombrado y no entendía su incomodidad. No percibió que todo el mundo a su alrededor daba vueltas en su mente, cuando sintió que la tibiezade su mano se abrazaba a la suya y se llevaba consigo el miedo. Era la misma emoción, provocaba el mismo efecto, como si Pedro estuviera allí a su lado.
Solo él era capaz de fortalecerlo cuando sentía que todos los problemas caían sobre su alma y todo su mundo se desmoronaba. Él estaba ahí, sin decir nada.
Con solo mirarlo y sentir su presencia le bastaba para sentirse resguardado.
_ ¿Estás bien? ¿Pasó algo? - le inquirió Pedro.
_ Sí, estoy bien no es nada. Gaby - continuó - ¿en qué parte estás?
_  ¿Cómo dónde estoy? Estamos acá en la entrada.
Tardó un segundo en responderle y luego para evitar el contratiempo que se avecinaba sobre él, le dio la respuesta que ella esperaba oír: Que estaría allí dentro de media hora. Obviamente no lo haría y debía encontrar la forma de salir de allí como si nada hubiera pasado.
_Bueno, por fin! -respondió Gaby aliviada por su determinación. Gaby cortó la llamada, aunque el tono de Guillermo al hablarle, le extraño.
_ ¿Ves? no había que hacer tanto drama - dijo, mirando hacia Miller al colocar el celular junto a los cubiertos.
_ Sí, aunque por lo que escuché no le gustó mucho saber que estaba yo acá. Creo que hubiera preferido que estuvieras sola.
_ No digas eso, en todo caso se habrá puesto celoso.
_ ¿Guillermo celoso? -le inquirió asombrado - ¿Y por mi? - siguió, señalando-Le hubiera gustado saber que seguía en San Luis- remarcó con resignación
_ No, basta, se acabó! -hizo ademán ella con las manos.. - Ahora él viene y hablan, y después se reconcilian - agregó con una sonrisa.
_ Ojalá sea así- suspiro él.

Pedro seguía desconcertado al verlo temblar. Era evidente que la llamada lo había dejado alterado. Abrazó su mano una vez más a la suya y le dijo :
_ ¿Estás bien, mi amor? ¿Pasó algo grave? – siguió con un aire de gravedad.
Guille lo miró con ternura y solo se excusó en un “ ya vuelvo” sin dejar que él se preocupara.
Dio vueltas sin saber a dónde ir, bajar no podía, si lo hacía cabria el infortunio de encontrarse con Miller, pero tampoco podía mantenerse una eternidad en el pasillo contiguo a la escalera. Al ver que Paz llegaba con dos bandejas en su manos, haciendo por demás malabares, sintió que le volvía el alma al cuerpo.
Bajó y sin pensarlo buscó en ella a la única persona que podría ayudarlo.
Paz no entendía y nunca había estado en semejante situación. Atrapada en una decisión equivocada y un amor, sin embargo, sentía que podía ayudar a sacarlo de tamaño embrollo.
_ No te preocupes, tu socia está en una sala continua, no creo que puedas correr el riesgo que te vea.
_ Yo necesito ocultarme por un momento, no quiero que Julián sospeche y piense que estoy jugando con él.
_ Mirá, lo que podés hacer es esto. - Señaló hacia al pasillo que conducía hacia la cocina y sin meditarlo dos veces, Guillermo tomó camino hacia allí.
Antonio estaba de espalda, sin embargo, él no lo reconoció. Se acercó a su lado y ambos se miraron. Guille estaba sorprendido de verlo allí, aunque enseguida supuso que había estado allí por la cena del casamiento.
_ Parece que no soy el único que se está escondiendo - respondió Anto con sarcasmo.
_ Pensé que venías por… bueno, por él banquete de tu boda con Gaby.
_ No - respondió en un dejo que temblaba su voz. No conocía mucho a Guillermo pero sabía de la inmensidad de su cariño que sentía hacia Gaby. Por esa razón, no podía confesar la causa de porque estaba allí. Pese a ello, Guille no tenía un pelo de tonto, además Manero acababa de condenarse solo.
_ ¿Para qué viniste acá? - le inquirió Guille, frunciendo el ceño sin ningún aire de titubeo.
Antonio sabía que no podía interponer alguna excusa y le dijo:
_ Está bien, estoy acá porque quiero evitar que Gabriela me vea. Sé que está con él fiscal y no puedo verla ahora. Le dije que nos encontráramos acá para ver los platos, para nuestro casamiento, pero en verdad, estoy acá por otro motivo.
_ Mirá - le advirtió señalando- no sé que estés ocultando, pero si algo no te voy a permitir que es la lastimes. Quiero a Gabriela como si fuera una hija y si tengo que protegerla, lo voy hacer.
_ Yo no quiero lastimarla, te lo juro, pero se me fue de las manos todo.
_ Te enamoraste de otra chica.
_ Creo, no estoy seguro.
_¿Cómo creo? Nadie se enamora a medias de otra persona. O estás enamorado o no lo estás.
_ Yo te pido - Le suplicó, uniendo sus manos como si rezara- no le digas nada.
_ ¿Tengo cara de periodista de espectáculos yo ?
_ Yo solo te pido que me entiendas. Yo no te conozco mucho, lo único que se de tu vida es lo que te pasó con Pedro. Una vez estuviste en mi lugar, si sabés lo que es amar alguien y sentir que no podés estar con esa persona...
_ No voy a decir nada - lo interrumpió-. - No está en mi ser así, pero esto te lo voy a decir una sola vez: si no estás seguro de casarte, por más mínima que sea esa duda, cancelá todo. Porque no solamente te vas a hacer daño a vos, sino vas a obligar a Gabriela a que viva atada a un infierno de por vida.

No esperó a  que Paz pudiera llegar a avisarle, se decidió por sí mismo a salir de allí y se volvió ante el peligro que suponía encontrarse con Miller.
Había dado por sentado que Julián se habría cansado esperándolo pero fue lo contrario. Él se había adelantado en cenar y no era para menos. La dieta que el doctor Barros le había impuesto por su salud lo estaba extenuando.
_ ¿Todo bien? -preguntó cuándo Guillermo tomó asiento.
_ Todo bien. Tenía que tratar un asunto con mi socia y preferí hacerlo en privado.
Pedro dejó el plato de pastas que había estado comiendo. La respuesta que acababa de darle le despertó curiosidad, más bien una preocupación que loalertó por un momento. No quería pensar que la causa de Diego hubiera llegado a oídos de Miguel y este estuviera en un intento de entorpecer la causa nuevamente.
_ ¿Es sobre Diego Sambrano? - le inquirió casi temblando en su voz.

_ No , no era por  la causa de ese chico. Además vamos bien con ese caso y la mayor parte es gracias a vos.
Le tomó la mano y la llevó de nuevo a sus labios. Sabía que sus palabras no eran por agradecimiento, sentía que era amor, que lo seguía amando y que sus sentimientos no habían cambiado. Pedro tomó su mano por igual y la fundió en sus labios
Guillermo miró hacia él celular y una llamada perdida de Gaby lo atrajo de nuevo a la realidad. No podía llamarla y volver a lo mismo de esconderse como si fuera un fugitivo. Si para Antonio estaba bien, para él no. Le dejó solo un mensaje que no iría. Aunque salir de allí de nuevo se volviera un dilema, pero contaba con la complicidad de Paz, ella le aseguró que tendría el terreno libre antes que Gaby saliera con Miller

Al llegar al departamento en que Pedro vivía, se mantuvo en silencio. La situación de estar a solas los dos lo incomodaba. Le había mentido sobre la llamada y por más vueltas que daba al asunto, sabía que llegaría el momento en  que tendría que decirle la verdad.
_ ¿ Querés tomar algo?
Guille le hizo un gesto de negación. Se le hacía imposible poder pronunciar palabra y a la vez hilaba en su mente la forma en que le diría porque Gaby lo había llamado.
_ De verdad me gustaría que te quedaras - insistió
_ No creo que lo merezca.- Pedro lo miró desconcertado y luego él siguió. -Te mentí y no suelo hacerlo. Siempre creí correcto ser reservado con mi vida privada, pero esto es otra cosa.
_ No era Gaby, digo, tu socia.
_ Si lo era, pero estaba con José y ella esperaba...
_ No. -Lo interrumpió. -Está bien. No tenés que decirme nada. Yo entiendo, por más que me dijiste que Pedro fue importante para vos, él es tu presente. Te sentís comprometido con él, por lo que hizo.

Pedro hizo una pausa y se fue hacia la habitación. No podía hacer más reclamo, porque estaba claro que Miller era alguien más que una simple relación pasajera, pero su Julián estaba en la misma situación, ocupando un lugar en su corazón que antes había sido, precisamente, de él. Se sentía vacío, derrotado, luchando por una historia que parecía decir que el amor había escrito su final.
Pensaba si aun estaría en la sala y el solo imaginar que hubiera ido en busca de ese hombre, le bastaba para que hirviera de ira.
Se detuvo  detrás de él y Pedro sintió que sus dedos viajaban por su espalda. Se dejó llevar, como si una chispa electrizan te le hubiera recorrido el cuerpo.
Guillermo lo atrajo hacia él y lo besó. Su boca comenzaba a beber un sabor especial que antes había probado, reconocía esos besos y eso lo inquietaba.
Ahora no tenía dudas. ¿Cómo podía ser? Solo su corazón lo sabía y no daría hora de descanso para saber que de verdad, él había vuelto.

CONTINUARÁ