
(Inspirada en la telenovela “ADDA”- Amar Después de Amar)
“UN DESTINO, UN AMOR”
CAPÍTULO 1
La una de la madrugada. La carretera desierta y la proximidad de una fuerte tormenta. Una pareja discutía en el auto rumbo a un lugar donde poder vivir juntos el resto de su vida.
- ¡Me dijiste que se lo dirías todo! – dijo la mujer molesta
- Lo sé, pero no pude… no quise lastimarlo – respondió el hombre que manejaba nervioso
- Lo que pase es tu culpa… No quiero que Pedro se entere de lo nuestro. Es demasiado bueno para hacerlo sufrir – respondió la mujer con fastidio
- Pedro… siempre Pedro… ¿Por qué no te quedaste con él…? ¿Por qué? – quiso saber el hombre molesto
- Porque te quiero… y estos cuatro años juntos creo que son prueba suficiente de este amor… ¿Vos porque estás conmigo? – quiso saber la mujer enojada
- ¿No lo sabes todavía…? Sos hermosa, joven, valiosa… sos lo mejor para mi vida – respondió el hombre con una irónica sonrisa
- ¿Valiosa?... solo te importa mi dinero, ¿por eso estás conmigo?... ¿no me querés? – quiso saber la mujer
- A mi manera, sí…. Es solo que no cómo merecés… Guillermo es todo un caballero, pero tampoco lo quiero como se merece – respondió el hombre
- Dejame bajar… sos un enfermo – respondió la mujer enojada
- Ahora, ¿acá? ¿En el medio de la nada?... estás loca mujer – respondió el hombre
- Prefiero estar en la ruta sola antes de tener una compañía tan desagradable como la tuya – respondió la mujer seriamente.
- Lo que pase es tu culpa… solo tuya! – respondió el hombre enojado
- ¿Que va a pasar…? Estamos solos en esta ruta camino a nuestra nueva casa…_ respondió la mujer
- Esperá… nos están siguiendo – contestó el hombre mirando por el espejo retrovisor
- Van muy rápido… ¿Qué les pasa? _ quiso saber la mujer
- ¡Carla…! ¡Carla…! _ gritó el hombre luego de recibir un fuerte impacto en el coche
El auto de la pareja recibió un fuerte choque, lo que provocó que su conductor impactara contra la banquina de la carretera. Al incorporarse observó que su mujer estaba siendo atacada por dos hombres corpulentos, por lo que atinó solo a gritar su nombre desesperado.
Sin saber lo que hacía, sacó el arma que siempre portaba en el auto apuntando nervioso a uno de los atacantes de su mujer, momento en que recibió un fuerte golpe en la nuca que lo dejó inconsciente. Al despertar, no pudo creer lo que veían sus ojos. Su mujer estaba tirada en el suelo de la ruta, golpeada y con la ropa desgarrada. Se acercó a la misma a fin de tomarle el pulso… pero fue inútil… su mujer había sido asesinada.
Sin poder soportar el dolor de aquella pérdida inesperada, tomó su cuerpo y lo colocó en el interior del vehículo junto a él. Arrancó el auto a fin de poner fin a su asquerosa vida… no supo respetar al hombre que lo amó por cinco años… no supo amar a la mujer que durante cuatro años compartió una vida clandestina llena de pasión, deseo y sobre todo… fortuna.
Repasando sus recuerdos, se estrelló contra un árbol… a partir de allí, solo silencio y oscuridad.
Pedro concurrió desesperado al Hospital Central ante el llamado de la policía. Su novia estaba muerta debido a un accidente de tránsito del cual no tenía ningún dato.
- ¿Usted es Pedro Beggio? – quiso saber el médico del hospital
- Sí… me llamaron por Carla, mi novia… ¿dónde está? – quiso saber Pedro
- Está en la morgue esperando a que le hagan la autopsia – respondió el médico
- ¿Usted es Pedro Beggio? – quiso saber el policía
- Sí. ¿Y usted es…?
- Soy el inspector Montalván, encargado del caso de su mujer – se presentó el inspector
- ¿Qué pasó? – quiso saber Pedro
- Su mujer iba en un auto con un señor y tuvieron un atentado, aparentemente – respondió el policía
- ¿Aparentemente? Y con un hombre… No puede ser… ¿qué le pasó? – quiso saber el joven abogado
- Su mujer fue asesinada, tiene indicios de haber sido violada y posee un disparo en el pecho… creemos que es la causa del deceso… lo lamento – respondió el policía
- ¿Y con el hombre que pasó? ¿Puedo hablar con él? – quiso saber Pedro angustiado
- Lo lamento… está en coma – contestó el policía
- ¿Como se llama? – quiso saber Pedro
- Agustín Mora, es la pareja de… _ fue interrumpido el policía
- De Guillermo Grazziani, lo sé… es un abogado penalista _ respondió Pedro
- Si, el señor Mora es un empresario prestigioso _ contestó el policía
- No lo puedo creer… estar acá, enterarme que mi novia me engañaba con un hombre que es nada más y nada menos que la pareja de mi peor enemigo_ respondió Pedro angustiado
- Dr. Beggio, ¿qué hace acá?... – quiso saber el apuesto abogado
- Dr. Grazziani… El inspector Montalván se lo va a contar… no puedo creer todo esto… no puedo – respondió Pedro mirando al piso
- ¿Qué pasa inspector…? ¿Qué pasó con Agustín? – quiso saber Guillermo
- El Sr. Mora está en coma, tuvo un accidente de auto y no estaba solo… estaba con la mujer del Sr. Beggio… fue asesinada – respondió el inspector
- ¿Qué…? ¿Con la mujer de Beggio? ¿Qué es esto, una broma? – quiso saber Guillermo enojado
- Lo lamento Dr. Grazziani, pero no… Mi mujer salía con su pareja… o eso cree la policía – respondió Pedro
- Quiero verlo… quiero que me explique qué pasó… - respondió Guillermo mirando aquellos ojos marrones cansados
- No puede… debemos esperar el parte médico – respondió el oficial - En cuanto a Ud. Sr. Beggio… necesito que se quede para esperar el parte de la autopsia de su mujer _ respondió el oficial
- No puedo… no quiero…
- Inspector… Pedro necesita descansar y yo también… asimilar todo esto. Acá ahora no podemos hacer nada – respondió Guillermo
- Esta bien Grazziani… vayan, mañana por la mañana los quiero en la comisaría - respondió el inspector
- Esta bien… vamos Pedro – lo tomó del brazo el maduro abogado
- Si…vamos
Sentados en un bar, Pedro miraba al vacío. Su mente estaba perdida en el recuerdo de una mujer a la que consideraba su novia, comprometido desde hacía casi seis años, la cual lo había engañado con la pareja de aquel apuesto abogado que varias veces lo enfrentó en tribunales… aquel abogado al que admiraba y respetaba… aquel hombre que ahora tenía enfrente, sin saber que decir.
Guillermo contemplaba al joven abogado, aquel moreno de ojos avellana que lo tenía perdido… Lo había enfrentado en alguna audiencia más de una vez… era bueno en su trabajo. Y Agustín… aquel hombre que por más de cinco años había sido su compañero, su amigo, su amante… ahora, era un vegetal al que no reconocía… un ser que lo había engañado con la mujer de su pesadilla judicial… La mujer de aquel joven abogado.
- ¿Por qué tuvo que hacerme esto?... – quiso saber Pedro
- No lo sé… yo también me pregunto lo mismo… _ respondió Guillermo mirándolo tiernamente
- ¿Vivían juntos?_ quiso saber el joven abogado
- No… Agustín no quería convivir por el momento… estamos comprometidos y en pareja desde casi cinco años – respondió Guillermo
- Con Carla hacía seis años que éramos novios… nunca quiso casarse ni convivir conmigo… No quería hijos, nada… la escusa perfecta era que primero estaba su carrera, luego nosotros… y se lo acepté… y ahora estamos acá, hablando de nuestras parejas _ respondió Pedro
- Nosotros no tenemos la culpa de lo que pasó… ni siquiera sabemos que pasó realmente… no te angusties Pedro – contestó Guillermo consolándolo
- ¿Que no me angustie…? Están haciendo la autopsia a la que creí mi mujer y me entero así nomas que era un cornudo – respondió Pedro enojado
- No sabemos que eran ellos realmente… no sabemos nada – respondió Guillermo no muy convencido
- Sabemos que nos engañaron… que estaban juntos al momento del atentado y que no conocíamos nada de nuestras parejas – contestó Pedro
- Entonces, empecemos por intentar entender algo… vamos a descansar Pedro… mañana más tranquilos vemos como encaramos todo esto. Estamos juntos en eso ¿no? – quiso saber Guillermo
- Si… estamos juntos Guillermo – respondió Pedro mirándolo con una tierna sonrisa.
Ninguno de los dos abogados podía entender lo que pasaba por sus cabezas. Pedro recostado en su cama no podía conciliar el sueño. Tenía mucha bronca contra su mujer, a pesar de que le apenaba su muerte… Pero su cabeza no solo pensaba en ella, sino en aquel abogado seductor y maduro que con solo unas palabras lo convenció de que todo no estaba perdido… se levantó de la cama, se vistió y con su auto se dirigió a la casa de su novia… Tenía las llaves y la inquietud de que algo iba a encontrar.
Guillermo estaba sentado en su sillón preferido, en la oscuridad de su cuarto recordando los momentos grandiosos que había pasado con su pareja… con Agustín Mora, aquel empresario famoso que en una entrega de premios se le acercó para hablarle, le sonrió y por unos años le hizo creer nuevamente en el amor… hasta que todo ese sueño se desvaneció en una noche, en el momento mismo que se enteró de su accidente y de que lo había estado engañado con la mujer de su joven y seductor colega… Aunque no quería creerlo, Pedro tenía razón… eran cornudos… palabra que a Guillermo no le gustaba para nada.
Se acercó al armario para guardar una ropa que su pareja había dejado la noche anterior. Al revisar los bolsillos de su saco Armani, encontró una llave, sin llavero ni nombre alguno… Le pareció raro, pero la guardó en mesa de noche y colocó la prenda en el armario, cerrando suavemente la puerta.
Pedro llegó a la casa que alguna vez había compartido con la mujer que creía su pareja. Entró cauteloso mirando en detalle cada uno de los rincones de la misma. El escritorio, las bibliotecas, cada una de las habitaciones le hacía recordar a Carla. Sin embargo, sus pensamientos ya no se basaban en ese recuerdo, sino en el presente… en ese presente que tenía aroma de hombre, porte de caballero… perfume a Graziani. Dejó para lo último la habitación. Al entrar, lo invadió una sensación de nostalgia y a la vez de bronca por no haberse dado cuenta de la clase de mujer que tenía a su lado. Revisó el armario donde guardaba los zapatos y abrigos, encontrando en el fondo un pequeño compartimiento. Colocó su mano dentro tomando del fondo un sobre tamaño oficio. Al abrirlo, encontró una escritura de una supuesta casa en un lugar que ni siquiera sabía que existía. Estaba fechada tres años atrás. Sin importar la hora que era, marcó el número de la única persona en que podía confiar en ese momento:
- Hola, ¿estabas durmiendo?- quiso saber Pedro
- No podía… ¿pasó algo Pedro?- contestó cansado Guillermo
- No sé… estoy en la casa de la que creí mi novia y encontré una escritura de una casa que ni siquiera sé dónde queda – respondió el joven abogado
- Capaz que es de ella… herencia de su familia tal vez – respondió Guillermo
- No creo… está a nombre de Carla y Agustín… no creo que sea herencia – respondió Pedro enojado
- Agustín… que oportuno quedarse en el estado en que está… callado y tranquilo – contestó Guillermo
- No seas cínico… está en estado de coma… Carla está muerta…. Ella sí que no tiene chance de volver – respondió Pedro
- Perdón… ¿querés venir a casa?... traerla y la vemos – preguntó Guillermo con aire seductor
- Graziani… es tarde… mejor mañana… quiero ir a este lugar… con vos - respondió Pedro
- Está bien… pero primero nos vemos en la comisaría para ver a Montalván… ¿te parece? – quiso saber Guillermo cansado
- Sí… nos vemos ahí a las 11.00 hs… - contestó Pedro cortando la llamada.
Al mediodía ambos abogados entraron en la seccional policial, donde el inspector Montalván les comentó el resultado de la autopsia de Carla:
- Dr. Beggio, su mujer recibió un disparo en el pecho que le quitó la vida. La causa del deceso es homicidio. También posee signos de violencia sin llegar a consumarse violación… solo violencia física – respondió el inspector
- ¿Se sabe el calibre de la bala, si hay rastros de ADN o cualquier otro indicio del asesino? – quiso saber Pedro
- Por el momento que es un calibre 9 mm. Las muestras recolectadas fueron mandadas al laboratorio. También estuvo embarazada – contestó el inspector
- Imposible… ella no tiene hijos. ¿Cómo saber eso? – quiso saber Pedro sosteniendo la mano del maduro abogado que se encontraba a su lado
- Por las caderas ensanchadas y los restos de placenta encontrados en el interior del útero. Por lo que dice el informe, dio a luz hace casi siete años - respondió el inspector
- ¿Siete años?.... no sé qué decir – contestó Pedro confundido
- Nada… gracias inspector… manténganos informado de cualquier cosa que surja… ¿Agustín está igual? – quiso saber Guillermo
- El mismo estado… lo siento – contestó el inspector
- No lo lamente… - respondió Guillermo retirándose del recinto junto al joven abogado. Pedro no podía creer lo que había escuchado. Su mujer había tenido un hijo del cual no conocía detalle alguno. Sentado al volante, lo único que lo tranquilizaba en ese momento era saber que contaba con Guillermo, quien sentado a su lado no dejaba de sostenerle la mano.
- Tenés que ser fuerte chiquito… estamos juntos en esto – respondió Guillermo
- No puedo… estoy confundido, enojado… estoy dispuesto a llegar al fondo de esto, pero no por ella, sino por nosotros – respondió Pedro acariciándole la mano
- ¿Que sabés de ese supuesto hijo…? ¿Nunca te habló de él? – quiso saber Guillermo
- Nunca… siempre me dijo que no quería hijos, ni conmigo ni con nadie - contestó Pedro
- No nos adelantemos a los hechos, vamos al pueblito ese a ver la casa. A ver que encontramos – contestó Guillermo
- Está bien… vamos _ respondió Pedro arrancando el auto
Al cabo de dos horas, llegaron al pueblo Las Marías, un lugar alejado de la ciudad con casitas sencillas pero pintorescas. Conforme al mapa que les entregaron en la entrada, llegaron a una casa alejada de la carretera con la dirección indicada en los datos de la escritura. Bajaron del coche y se acercaron a la puerta. Era blanca, de ladrillos a la vista, llena de canteros floreados y cantidades de arboles tupidos que la cubrían de la vista de la ruta. - No tengo la llave… ¿como la abrimos? – quiso saber Pedro
- Probá con esta – respondió Guillermo entregándole una llave
- Abre… pero… ¿de dónde la sacaste?
- Del saco de Agustín… la encontré ayer a la noche… esto es enfermizo – respondió Guillermo entrando a la morada
- Es linda… por lo menos tenían buen gusto – contestó Pedro contemplando cada detalle de su interior
- Gusto por los cuadros… mirá – le indicó Guillermo
- Que basuras… ¡Estaban casados! – contestó Pedro enojado
- Mirá como se los ve… ella de blanco con el ramo y el de traje siempre Armani… Tenés razón… son una basura - respondió Guillermo escandalizado
- Y nosotros los amantes… - contestó Pedro.
La afirmación de aquel joven lo perturbó toda la tarde. Sin poder ver nada más del interior de la casa, Guillermo salió a fin de tomar un poco de aire. Necesitaba respirar…. Esa casa lo asfixiaba.
Pedro siguió revisando el lugar. Era cauteloso y extremadamente detallista. Encontró una caja donde había fotos de la pareja en distintos lugares, recortes de periódicos y revistas donde Agustín recibía premios y elogios de todo tipo por ser un empresario prestigioso. Entre tanto material, encontró una ficha médica de un hospital del pueblo, fechada hacía siete años. En la misma solo estaba los datos de Carla y del médico que la asistió. Necesitaba pensar… asimilar las cosas. De camino a la puerta pisó un tablón flojo del suelo. Lo levantó y encontró enrollado un certificado de acciones pertenecientes a Carla… No podía creerlo… Su mujer era rica y ni siquiera lo sabía.
Cuando salió de la vivienda pudo ver a Guillermo apoyado contra un árbol. Se acercó en silencio y rodeándolo de la cintura le dio un dulce beso en el cuello. Guillermo asustado se dio vuelva y se encontró con aquellos ojos avellana que lo tenían pedido. No sabía que sentía realmente por aquel joven… pero creía que el mismo sentimiento sentía Pedro hacia él.
- Me asustaste chiquito… estaba distraído – respondió Guillermo tomándolo de la cintura
- No fue mi intensión… solo vi tu cuello y me tenté… te necesito – respondió Pedro abrazándolo con fuerza
- Estoy acá precioso… solo para vos… que pasa. ¿Qué encontraste? - quiso saber Guillermo dándole un cálido beso en la frente
- Una ficha médica y unas acciones de Carla… era rica… y nunca me lo dijo… como nunca me dijo nada de nada – contestó Pedro
- No te angusties… ninguno de los dos sabíamos nada de nada… ¿que querés hacer ahora? – quiso saber Guillermo
- Ir al hospital y hablar con este médico – respondió Pedro mostrándole la ficha
- Este pueblo está a cuatro horas de acá… es lejos y se está haciendo tarde… vamos mañana… o mejor, hablemos por teléfono primero. Yo me encargo – se ofreció Guillermo
- Está bien… lo dejo en tus manos – respondió Pedro entregándole la ficha médica
- Vamos precioso… es tarde… ¿cenás en casa? – quiso saber Guillermo
- No quiero molestarte… además, no es correcto – contestó Pedro
- Vamos… viene mi hijo con su mujer y mi nieto… quiero que te conozca – respondió Guillermo
- ¿Sos abuelo?... qué lindo… Debés ser un buen padre vos – contestó Pedro risueño
- No lo sé… eso te lo va a responder mi hijo… hice lo que pude… _ respondió Guillermo acariciándole la cara
- ¿Sabés que esto es peligroso, no? – quiso saber Pedro
- Lo sé… pero no puedo evitarlo… sos perfecto… _ respondió Guillermo acercándose
- Nadie lo es… pero me gusta que sientas eso por mí… _ contestó Pedro acercándose cada vez más a su boca
- ¿Y para vos que soy yo? – quiso saber Guillermo
- Mi salvador… un sueño – respondió Pedro seductor
- ¿Un sueño?
- Sí… desde que te conocí nunca pude sacarte de mi cabeza, pero nunca pensé que sentiría algo tan fuerte por vos… por un hombre – respondió Pedro
- Sos demasiado joven para mí… no quiero lastimarte, no me lo perdonaría – respondió Guillermo aferrándolo contra su cuerpo
- Besame Graziani… no aguanto este jueguito… es demasiado – respondió Pedro entregado a sus brazos
- Lo que digas precioso – respondió Guillermo dándole un apasionado beso en los labios.
CONTINUARÁ
