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domingo, 25 de junio de 2017

"LA MERCERÍA" - Segunda Temporada. - Cap. 1 - (By Guillermina Pedris)







Dos años después…

Habían pasado dos años, pero nada había cambiado demasiado en la vida Graziani - Beggio, salvo el negocio que iba cada día mejor y lo mucho que había crecido Kendy. Se había adaptado perfectamente al mundo occidental, hablaba el idioma a la perfección y había adoptado como propias las costumbres de cualquier chico de tres años.
Pedro preparaba la cena mientras escuchaba a Guillermo despotricar. Una imagen, para su gusto, demasiado reiterativa. ¿Pero qué otra cosa podía hacer más que dejarlo desahogarse? Guillermo era así y nunca iba a cambiar. Aunque tomando en cuenta las compensaciones que sabía otorgar en la intimidad, todo esfuerzo valía la pena. Era temperamental, apasionado e impulsivo… Pero esa miscelánea de su naturaleza fue lo que lo había enamorado de él. Por eso y solo por eso, podía soportar esta disertación sin inmutarse.
_ ¡Pero qué clase de locura es esta! ¿A quién se le puede cruzar por la cabeza que una criatura debe empezar la educación primaria a los tres años?
_ Al ministro de educación, Guille. _ Respondió pacíficamente y con la misma paciencia que venía ejercitando desde hacía años. _ La ley nacional que establece la obligatoriedad de la sala de tres años avanza a toda velocidad con el fin de garantizar que los chicos ingresen a primer grado en mayor igualdad de oportunidades y reducir la probabilidad de abandono del sistema educativo. Y te sugiero que te vayas haciendo a la idea, porque el proyecto está muy cerca de ser aprobado en la Comisión Educativa de la Cámara de Diputados. Ya es casi un hecho.

Guillermo caminaba como león enjaulado de un lado al otro de la cocina mientras Pedro ponía en ejecución el método perfecto que había descubierto para sostener su matrimonio. Instaló el automático fingiendo atención al escucharlo, pero siguió preparando la cena poniéndole más atención a Kendy - quién con apenas tres años recién cumplidos, ya había demostrado en varias oportunidades ser un verdadero demonio - que al discurso de Guillermo. Pero por el momento, y gracias a Dios, estaba entretenido jugando con sus masas. Sentado en su sillita, creaba en un extremo de la mesa diferentes figuras usando pequeños moldes de plástico.
_ ¿Pero ese tipo está loco? Un chico de tres años es casi un bebé. ¿Cómo se le ocurre exigirnos a nosotros, sus padres, que lo abandonemos en una escuela entre otros chicos y maestras que no conoce? ¡Esto se llama abuso de autoridad! Me voy a encargar yo mismo de promover una apelación. ¡Mi hijo no va a ir a ninguna escuela hasta que tenga la edad que corresponda!
Pedro vigilaba las milanesas que estaban en el horno y volvía a revolver el puré.
_ En eso estás en lo cierto… Me pasé horas buscándole banco, pero no hay vacantes en ningún lado. Por ahora no va a asistir a ninguna escuela. ¡Pobrecito, mi vida…! Tan chiquito y ya es un paria educacional.
Se volvió a mirarlo hecho una fiera, pero eso ya no amedrentaba a su marido, estaba vacunado contra su genio. _Pedro, ¿vos me estás agarrando para la joda? Dije que mi hijo no va ir a ninguna escuela.
Mientras revolvía el puré enérgicamente le respondió. _ ¿Y que acabo de decir? No hay vacantes. O sea, no va a ir a ninguna escuela. Pero podemos buscarle un jardín privado, está contemplado por la ley.
_ ¿Sabés por dónde me paso la ley cuando se trata de mi hijo? Este chico se va a quedar en casa.
Las milanesas estaban en su punto. Apagó el horno, se secó las manos con el repasador y se incorporó para responderle. _ Guillermo… Sos abogado. Somos abogados. Los dos sabemos que si la ley lo ordena va a tener que ir a la salita de tres. Además me parece bien. Necesita estar con otros chicos, aprender a compartir, a jugar. Últimamente nos está volviendo locos, cada día se porta peor. Creo que es hora de que empiece a sociabilizar.
Lo miró mal, estaba enojado. La idea de dejar a su hijo en un lugar extraño y con personas desconocidas lo aterraba. _ ¡Lo que vos querés, es delegar querido! Mandarlo a la escuela para no tener que andar detrás de él todo el tiempo.
_ Puede ser… si. ¿Y qué tiene de malo eso?_ Tiró el repasador contra la mesada y lo enfrentó. _ Guillermo, desde que Kendy llegó parecemos dos canguros, lo llevamos con nosotros a todos los lugares donde pueda ir. Cuando no se puede, Cuca y Solange se ocupan de cuidarlo, pero sabés muy bien que delegamos solo lo imprescindible. Cada vez que vamos a la mercería lo llevamos, pero eso implica que uno de los dos no va a poder trabajar porque hay que andar detrás de él todo el tiempo para que no se mate solo. ¡Es un demonio! Toca, abre, tira, rompe… Guillermo, es hora que este chico empiece con su verdadera educación. ¡Ya lo quiero ver en una escuela portándose como se porta en casa!
Guillermo era muy fácil de llevar por las buenas, pero con los botines de punta, el tema se estaba poniendo tenso.
_ Mirá que fácil que la hacés… Así que la escuela tiene que resolver tus consentimientos. ¡Si es un demonio, es por tu culpa! Nunca aprendiste a imponer tu autoridad sobre él, te da vuelta como un guante. Cuando está con vos hace lo que quiere. ¡Miralo ahora lo quietito que está! Sentado como corresponde y jugando con sus masas hasta que llegue el momento de cenar, pero… ¿Por qué, Pedro? _ Le preguntó acercándose lentamente a él. _ A ver… contestame. ¿Por qué se está portando bien?
Pedro bajó la mirada a modo de consentimiento. _ Porque estás vos.
_ Gracias por al menos admitirlo… _ Se detuvo por segundos para aspirar esa fragancia perfecta que siempre emanaba de él, pero enseguida continuó hablando. Tenía la mente en dos temas que lo tenían a mal traer. No iba a mandar a su hijo a ninguna escuela y debía conseguir que Pedro dejara de ser tan condescendiente con Kendy. No le estaba haciendo ningún bien.  _ Y ya que tocamos el tema, vamos a explayarnos un poco más. Primero, no estoy de acuerdo con que vaya a la escuela, ni siquiera a un jardín, todavía es muy chiquito. Y segundo, no pienso ser el malo de la película ni un día más. Tenés que enseñarle que sos su padre y comportarte como tal. Así que esta noche estás al mando del operativo llamado Kendy. Exijo una noche en armonía sin tener que ser yo el ogro que logra lo que vos nunca lográs. Esta noche ocupate de él, hacé que te obedezca. Los platos los lavo yo, ¡pero hacelo bien Pedro!
Se persignó tres veces pensando en cómo se las iba a arreglar para que Kendy lo obedeciera delante de Guillermo, pero sabía que él tenía razón en exigirle que tomara las riendas con su hijo. “¡Que Dios me ayude!”

Era hora de poner la mesa.
_ Gui… ¿Te parece que ponga la mesa para los tres de este lado y lo deje seguir jugando con sus masas hasta que la comida esté servida?
_ No. Tiene que entender los tiempos. El tiempo de jugar ya terminó y la mesa tiene que estar limpia y ordenada para cenar. Que guarde las masas y se lave bien las manos, dale intentalo. No te voy a dejar solo, mientras vos te ocupas de que él lo entienda yo limpio este enchastre y pongo la mesa.
_ Ok. Ahí voy. _ Tomó aire _ Kendy, hijito… es hora de guardar las masas y lavarte las manos para cenar.
_ No. No quiero. _ Para tener tres años hablaba tan claro que a veces impresionaba. _ Quiero jugar.
_ Ya jugaste _ Le dijo Pedro mientras lo levantaba de la sillita. _ Ahora vamos a lavarnos las manos para comer la comidita que hizo papi, ¿sí? Vamos, se buenito. _ Pero apenas lo separó de sus masas Kendy empezó a llorar.
_ ¡No hijo! No llores… ¡Me destrozás el alma!
Guillermo lo observaba a prudencial distancia, pero ante esa imagen meneó la cabeza de lado a lado. _ Pedro, estás mordiendo la banquina. Así te gana.
Una vez más supo que tenía toda la razón en lo que estaba diciendo, así que se tragó la angustia que le provocaba escucharlo llorar y siguió intentándolo. _ Hijo, no hay motivos para llorar. ¡Vamos! A lavarse bien las manos y la cara que vamos a cenar con papá. _ Abrió el grifo de la cocina y sosteniéndolo de espaldas le ayudó a lavarse las manos y le lavó la carita bañada en lágrimas.
_ Contame, _ Le dijo intentando distraerlo _ ¿te gusta cenar con papá y con papi?
_ Sí, mucho. _ Había dejado de llorar.
_ Entonces, eso vamos a hacer. Cenar los tres juntitos.  ¿Viste hijo que no hay motivos para llorar? Mañana seguís jugando con tus masas. ¡Ahora a comer!
Guillermo lo miraba de reojo mientras limpiaba los restos de masa, extendía el mantel y acomodaba los utensilios. No lo estaba haciendo tan mal.
_ ¡Uy, que lindo y limpito está mi príncipe! _ Le decía Pedro mientras se comía a besos sus cachetes. _ Ahora a sentarse como un buen chico entre papá y papi. Vamos a cenar.
La cena empezó más o menos bien. Kendy comió dos bocados y enseguida llegó su primer reclamo. _ Jugo… Papi dame juguito.
Esa había sido toda una discusión tiempo atrás, Guillermo no estaba de acuerdo en que Kendy tomara jugo. Lo consideraba una bebida artificial que podía perjudicar la salud de su hijo.
_ No hay _ Le dijo Pedro tan cortante que hasta Guillermo se sorprendió.
_ ¡Quiero juguito!
_ Ya te dije que no hay, si tenés sed, tomá agua. Es mucho más saludable.  Mañana compramos jugo.
_ Entonces no como.
Pedro sintió que las entrañas se le enredaban hasta el cuello, en otro momento hubiese salido corriendo a buscar jugo donde fuera, pero estaba siendo supervisado. Además sabía que Guillermo tenía razón, el jugo dejaba en el vaso de su hijo restos de sarro que no le parecían saludables en absoluto, por eso se mantuvo en su postura.
_ Es tu decisión hijo… Pero si no comés, no hay postre.
Kendy apoyó la carita sobre sus brazos y rompió en un llanto tan estremecedor que logró quebrar hasta las defensas de Guillermo.
Escucharlo llorar así era una tortura para los dos.
Pedro se atragantó con la comida, pero no iba a dar un paso atrás, estaba cansado de que Guillermo le recriminara la falta de conducta de su hijo.
Guillermo se revolvía en su silla sin poder pasar un solo bocado, después de todo solo estaba pidiendo jugo. ¿Qué chico no pide jugo? No soportaba escucharlo llorar ni un segundo más…
_ ¡Jugo! ¡Pero claro que hay jugo! ¡Ay este papá no sabe donde tiene la cabeza! Me había olvidado que te había comprado juguito.  Ahora te lo traigo, pero empezá a comer. ¡Dale! ¡Comé la comidita que hizo papi!
Pedro lo siguió con la mirada mientras Guillermo corría por el juguito para Kendy y tratando de descifrar si iba a ser en el horno o en el microondas donde desintegraría su hermoso cuerpo. _ ¡Traidor!
Llegó a toda carrera con el juguito prometido y en ese mismo momento Kendy empezó a comer sin molestar. Levantó la vista algo avergonzado.
_ Pedro…
_ ¡Pedro las pelotas! _ Le dijo solo articulando las palabras por respeto a la presencia de su hijo. _ Yo le digo que no y vos corrés a traérselo. Bajás un lineamiento y sos el primero en romperlo. Así nunca vamos a poder encaminarlo, va a terminar haciendo siempre lo que quiera.

Guillermo se sentía encerrado en sus propias palabras y en falta. No quería levantar la vista demasiado porque los ojos de Pedro lo estaban acribillando.
_ Kendy, hijito… Papá tiene que decirte algo. Es algo muy lindo, ¿sabés? Te va a encantar… Este año vas a empezar la escuela. _ La mandíbula de Pedro estaba a punto de tocar la mesa. ¡Ya iban a hablar y muy claro cuando Kendy se durmiera. _ ¿Sabés qué es la escuela?
Kendy meneó la cabeza de lado a lado mientras se llevaba puñados de comida a la boca con las manos.
_ Hijo… usá la cucharita. No se come con las manos.
_ No te preocupes Pedro, dentro de poco va a aprender todo lo que le hace falta, eso que vos y yo no podemos enseñarle porque él siempre nos gana con sus lágrimas. _ Hizo una breve pausa y volvió a dirigirse a su hijo. _ La escuela es un lugar donde vas a conocer a otros nenes, vas a jugar mucho con ellos y también vas a aprender canciones muy lindas. ¿Te gustaría ir a la escuela?
_ ¡Siiii! _ Afirmó Kendy con la boca llena.
_ Perfecto, mañana mismo vamos a buscar una escuela, jardín, anfiteatro o lo que quiera que sea donde te cuiden un par de horas.
Pedro lo miraba salido de sus cabales.
Guillermo lo miró suplicante y arrepentido. _ Ahora no, Pedro. Por favor… Esperá a que se duerma y después hablamos. Pero si necesitás un anticipo, admito que tal vez estaba equivocado… Este chico necesita una escuela ya mismo, y nosotros… dejar de ser dos canguros para volver a ser los amantes que fuimos. ¿Te cabe?
Si le cabía no era una opción, era una obviedad.
_ Me parece perfecto… Ahora hacelo dormir, no lo hacés tan bien como yo, por eso te toca practicar. Yo lavo los platos.
_ ¿Le doy el postre? _ Le preguntó por lo bajo.
_ No, si no lo pide no se lo des. Comió mucho y después tiene pesadillas.
_ Está bien. En eso debo reconocer que lo conocés mejor que yo. ¿Leche?
_ Tampoco, va a vomitar. Aprovechá ahora que tiene la pancita llena y hacelo dormir. Eso sí… no tardes mucho. _ Se paró delante de él meneando su cuerpo de manera insinuante. _ ¿Qué te parece si te espero con un whisky y un café, como en los viejos tiempos…? _ Le dijo guiñándole un ojo. A Guillermo se le iluminó la cara. ¡Qué bien le quedaban esos jeans!  _ Dale… rajá a papá de acá lo antes posible y devolveme  a mi marido, hace muchos días que no hacemos el amor.
Guillermo tomó en sus brazos a Kendy y miró a Pedro de arriba a abajo. ¿Cuándo fue que dejó de ver a conciencia lo bonito que era, lo bien que le quedaba la ropa que decidiera usar, la turgencia de sus glúteos y ese rostro angelical? El reclamo en cubierto estaba bien justificado, por dedicarse abnegadamente a su hijo se estaban olvidando de ellos dos.
Subió la escalera tarareando una dulce canción de cuna mientras acunaba a Kendy contra su pecho. Esperaría hasta que se durmiera y después, tal como Pedro se lo había sugerido, dejaría a papá por unas horas en la habitación de su hijo.

Unos minutos más tarde bajó esa misma escalera convertido en el amante que había sido tiempo atrás, cuando en la casa no había mamaderas, chupetes y pañales. Estaba decidido a recuperar todo lo que la paternidad había desplazado.
Desabrochó un botón más de su camisa y se dirigió hacia la cocina.
“Preparate Pedro… Esta noche es toda tuya, y yo también.”

CONTINUARÁ  

jueves, 22 de junio de 2017

"LA FÓRMULA DE P Y G" - Cap. 4 - (By Luz)









Basada en un libro de Stormy Glenn

Las palabras salidas de la boca de Pedro dejaron un poco perplejo y enojado a Guillermo, más con él mismo que con el propio Pedro ya que él no tenía la culpa, porque aunque Guillermo no lo quisiera reconocer, Pedro seguía siendo un gato  aunque tuviera forma humana. 
Guillermo  dividía en dos  sus pensamientos mientras veía a Pedro comer.
No podía aceptar que el gato se pusiera enamorado con la luna, era una tremenda estupidez científicamente hablando, aunque el hombre en si lo vio como un toque más romántico. 
“¿Cómo sería hacer el amor con el hechizo de la luna....? ¡No! Ya me volví loco. ¡No puedo pensar así! Él es un gato y yo soy humano, con un coeficiente más alto…  Soyyy... ¡Un pelotudo soy...!”
- Guillermo, ¿en qué pensás? ¿Te enojó lo que te dije?
- No Pedro, nada que ver. Solo que me asombré un poco, no sabía que los gatos necesitaban de la luna para... bueno, eso…  Vos me entendés. 
- Sí, claro que te entiendo. Ustedes, los humanos, lo razonan todo por etapas. Usan nuestra edad, peso, actitudes en nuestros comportamientos y hasta los meses del año, como referente para creer que es nuestra etapa reproductiva y eso no es tan así.
- Bueno Pedro, creo que mis colegas, los veterinarios, se basan en estudios desarrollados  en ustedes, no deben estar tan errados. 
- Ese es el problema, ya te dije que los entendemos y les damos la información que nosotros queremos, nunca le diríamos toda la verdad por nuestra seguridad.
- Pedro, explícamelo mejor.  
- Mi humano, yo no niego que seas un ser inteligente, pero yo tampoco soy tan tonto...      
 - Pedro no te creo ningún tonto, al contrario, he aprendido mucho de vos y me agrada que sientas aprecio por mí, por el trato dado, pero… ¿puedo preguntarte algo? 
- ¡Claro! Preguntame lo que quieras.
- ¿Vos estás atraído por alguna gata de la cuadra...? ¿Estás enamorado...? ¿Has tenido varios encuentros amorosos?
-  Yooo... no puedo responder esa pregunta. Es muy complicada de explicar... ¿Puedo ir a acostarme? Hay un gran sol que entra por tu ventana a esta hora.
- Bueno, andá. Pero que no se te haga costumbre mi cama, no te creas que no me di cuenta que en tu forma gatuna has invadido mi cuarto. 

Pedro salió disparado a su lugar favorito de la casa sin responder al comentario de Guillermo, ya había hablado más de lo debido. Guillermo nunca tendría que saber su secreto mejor guardado, de solo pensar que él lo echara de la casa su corazoncito se estrujaba de dolor.  La única vez que habló de eso con su mejor amigo, el gato vecino, este se enojó mucho y le dio a entender en el lío que se metería con sus pares y con su propio humano, y por nada del mundo quería perder su lugar en la casa y en la vida de Guillermo.

Volvió al laboratorio con muchas preguntas sin respuestas, lo mejor que podía hacer era trabajar en la dichosa fórmula que tanto dolores de cabeza le había traído, porque si dejaba a sus pensamientos volar, iría edificio por edificio a pedirle a los dueños de las gatas que la castren antes de la luna llena...
“Bueno Guillermo, ya perdiste la cordura. Llamá al Borda y que te vengan a buscar, no podés estar celoso de tu gato. No es ético, es antinatural. ¡Razoná hombre! Te atrae su forma humana y vos hace mucho que estás solo, lo querés a Pedro porque es tu mascota, tu gato, nada más…”

Se había quedado dormido, ni cuenta se dio de lo tarde que era, pero de algo si… ¡Olía como los mil demonios y eso no podía seguir así! Ni lamiéndose todo el día podría limpiar semejante cuerpo, no quedaba otra… Tendría que tocar el agua, pero para eso necesitaba a Guillermo. 
Preparaba este en la cocina una taza de café cuando lo vio venir con su andar tan felino...  Tann...“¡Guillermo autocontrol!”
- ¿Ya despertaste? Que bueno. ¿Querés algo de beber...?
- No… Yo te iba pedir algo... No sé como lo vas a tomar 
- ¿Qué necesitás...? Pedíme lo que quieras 
- ¿Me podrías bañar...?
Si algo entendió Guillermo en ese momento, era que Pedro en su ingenuidad no se la hacía nada fácil. 
- Bueno… Bañarte, como bañarte, no sería bueno… 
- ¿Por qué...? Siempre me corriste por toda la casa para eso
- Bueno Pedro, eras un gato. Ahora es diferente, pero no te preocupes, te explico cómo hacerlo 
- Claro, si no queda otra… 


Pedro escuchó las indicaciones dadas por Guillermo y cuando lo dejó solo en el baño se sacó la ropa y sin tanto pensarlo se metió bajo el agua...
Creyó haberle explicado cómo usar el jabón y el champú, que zonas lavarse más, pero mientras se dirigía a la cocina escuchó los gritos que venían del baño. Volvió corriendo y al abrir la puerta, ahí se encontró a  Pedro bajo el agua refregándose los ojos, completamente desnudo. 
- Pedro, ¿no te dije que tuvieras cuidado con tus ojos...?
- ¡No me retes! Esto siempre lo hacés vos… 
- No te reto… pero querido, ahora sos humano no un gato. Dejá, lavate el cuerpo que yo te enjuago la cabeza...
Lo que para Pedro era algo tan normal, para Guillermo era un paso más al purgatorio... ¡Cuánto extrañaba no sentir sus manos sobre su cuerpo! Hacía mucho que Guillermo no estaba tan cerca de él y eso se sentía tan bien… 
- Podrás secarte solo supongo… 
- Si claro, gracias. 

Guillermo se congeló cuando oyó el timbre de la puerta sonando. Se quedó quieto en el lugar que estaba, hasta que el timbre sonó de nuevo. 
- ¡Mierda!
- ¿Esperás compañía?  
- ¿Alguna vez espero compañía?
- Bueno, no, pero... podría suceder 
Guillermo se rió ante la posibilidad. No había ido al trabajo. - Capaz que es Juan viniendo a averiguar porque no fui a trabajar hoy
- ¿Y ese quién es...? Él no va entender esto Guillermo
- Si lo sé…  ¿Por qué no vas a esconderte en el dormitorio? 
- ¿Por qué me tengo que esconder? 
- Pedro, por favor…
- ¡Ufa! 
De mala gana se encerró en el dormitorio mientras Guillermo atendía la puerta 
- Hola Juan, pasá. ¿Qué raro vos por acá?
- Vine porque te creía enfermo - Mientras sus ojos recorrían su cuerpo de arriba abajo, el corazón de Guillermo subió a su garganta cuando la mirada tormentosa de Juan se trasladó a Pedro.  - Te ves... Ocupado 
- Bueno, me sentía un poco mal... y...
- ¿No vas a presentarnos, Guillermo? - Preguntó Juan

En realidad no, quiso replicar Guillermo. Sabía que Juan sacaría sus propias conclusiones, pero la verdad estaba seriamente fuera de cuestión ya que intuía su afecto amoroso hacia él. Se devanaba los sesos para dar una explicación a la presencia de Pedro y se encontró con un espacio por completo en blanco. 
- Soy Pedro, un gusto.
- Ah, sí... 
- Soy amigo de Guillermo 
- Qué raro, nunca te nombró... ¿Cómo se conocieron? 
Los ojos de Guillermo desorbitados entraron en pánico
- Nos conocimos a través de Pedro, su gato.
Guillermo no podía respirar
- ¡Ah…!  ¿Y dónde está el gatito?
- Él anda por ahí... En alguna parte... ¿No es así cariño? 
Pedro sería un gato, pero nunca un boludo. Enseguida se dio cuenta de la atracción de Juan hacia su humano y no lo iba permitir. Guillermo era suyo y no lo iba compartir con nadie
-S... - Guillermo se aclaró la garganta seca... - Si, el gato anda por ahí…
Un pequeño gesto ensombreció la frente de Juan mientras miraba fijo a Pedro 
- Por lo general viene corriendo cuando vengo a verlo
- No te creo... - dijo Pedro 

Estaba sintiendo un mareo precursor de un desmayo, Guillermo sentía como que tenía que sentarse y poner la cabeza entre las rodillas. La falta de oxigeno estaba afectando a su patrón de pensamiento. 
No podía pensar en otra cosa que entrar en pánico
- Así que.... - los ojos inquisitivos de Juan parpadearon ida y vuelta entre Guillermo y Pedro... - ¿Cuánto tiempo llevan saliendo?
-¡Oh, no estamos... _ La boca de Guillermo cayó y quedó cerrada cuando Pedro se acercó y le pasó un brazo alrededor de su cintura, acurrucándose tan cerca como podía de su cuello.
- No mucho... - Respondió Pedro. - Ha sido una especie de romance relámpago.

Guillermo iba a matar a Pedro tan pronto como Juan se fuera.....

- Estaba preocupado por vos Guillermo.....
- Lo siento Juan
- ¿Qué hacés para ganarte la vida Pedro? 
“¡Maldito sea!” Pensó Pedro.

- Está en las comunicaciones - dijo Guillermo, pensando en todo lo que estaba aprendiendo sobre el mundo de los gatos gracias a Pedro.
- Soy un especialista gatuno - dijo Pedro al mismo tiempo
Juan los miraba fijo a los dos 
- Pedro se especializa en enseñar a la gente a comunicarse mejor con sus gatos... Él es muy bueno en lo que hace, ya me ha enseñado varias cosas sobre mi gato
- Tal vez debería tener un gato y luego… Guillermo, podrías venir a ayudarme a comunicarme con él 

La mandíbula de Pedro cayó ante el coqueteo descarado en la voz de Juan y entonces, una lenta y ardiente ira empezó a deslizarse a través de su cuerpo, justo debajo de su piel. Apenas se contuvo de gruñir a Juan mientras deslizaba un brazo alrededor de la cintura de Guillermo con más fuerza.
- Guillermo no está disponible... Conseguite un perro.
   
 Continuará...     

domingo, 18 de junio de 2017

"DONDE LOS SUEÑOS NUNCA TERMINAN" Parte 3 - Cap. 1 - (By Daniela Maurice)







Capítulo 1

 Una semana antes

_ Contame cómo sucedió todo la última vez que la viste.
A Fabián la pregunta le parecía absurda. Nada tenía sentido cuando todo lo que sabía no tenía más que una sola explicación: Había encontrado a su novia tirada en un charco de sangre y  la respuesta era que alguien había intentado asesinarla. Sentía que lo llevaban para un lado obvio, como si buscaban desviar la causa y cambiar la carátula.
El fiscal lo miraba con aire de serenidad pero eso no lo tranquilizaba. Unía las manos, sudadas por el miedo y movía los pies sin parar. Nunca se hubiera imaginado estar en el juzgado en medio de un  interrogatorio aunque sólo estuvieran presentes el fiscal y él. Sin embargo nadie podía acusarlo a él. Antes había llamado a la policía porque el departamento de su novia permanecía cerrado y los vecinos jamás la vieron salir desde la última vez que ella había vuelto.
Guillermo no había querido dejarlo, solo pero su hijo, siendo que era novio de Nancy, debía enfrentar  esa situación solo. Cualquier intervención podría  confundirlo en el interrogatorio.
_ ¿Para qué me pregunta eso? _  Le inquirió una vez calmado. Valoraba que el fiscal le hubiera dado tiempo para que pudiera hacerlo. Su mente era una laguna y los recuerdos, cuando aparecían, en el momento se entremezclaban.
_ Es importante saberlo para entender lo que pasó. ¿Notaste algo  raro en ella? ¿Te habló de alguien?
_ Fue unos días antes que Camila lo secuestrara a Pedro. Nos vimos como normalmente lo hacíamos y hablamos de nosotros y de cualquier cosa._ Fabián se detuvo un momento y recordó la llamada que los días previos  le había hecho para hablar con su padre. _ Espere_.  Miller levantó la vista de unos papeles que estaba leyendo. Fabián esperó un segundo para hablar mientras el fiscal terminaba de beber su vaso de agua.
_ Podés continuar. _ Le dijo su interlocutor apoyando el vaso.
_ Después de eso, ella llamó unos días antes que todo eso pasara. Estaba muy nerviosa y quería hablar con mi papá.
_  ¿Con tu papá? ¿Y ella te dijo para qué era?
_ No, él no me quiso decir, ella tampoco. Después me di cuenta que era por causa  de Camila y todo lo que su amiga hizo después.

Miller había sabido cómo manejar la causa. Había preferido esperar un mes para hacer los interrogatorios y buscar las pruebas por otras vías, aunque Orestes Moravia entrara a su despacho todos los días haciendo  escándalos para que apresara a Guillermo. Obviamente a él no le importaba Nancy pero lo estaba haciendo por ceder a los chantajes de su hija.
_ ¿Mi papá va a ir preso?   
_ ¿Por qué me preguntás eso?
_ Porque sé que el padre de Camila estuvo insistiendo  en que  él era culpable. Es absurdo, mi papá no fue. Ni siquiera tenía tanto trato con Nancy. Solo la ayudó con lo del hijo. Y eso no califica como algo sospechoso.
_ Por supuesto que no. Eso da como  un antecedente positivo pero tengo que cumplir con mi deber. No lo voy a detener pero tengo que investigarlo, y por eso te estoy haciendo este interrogatorio.
_ Es obvio que fue Camila y no entiendo por qué no está presa. Lo hirió a mi papá y le disparó a Pedro.
_ Lo primero lo entiendo, pero respecto a lo segundo, tu padre tiene que dar explicaciones. Pedro Beggio está como desaparecido. No sabemos si está muerto o vivo. Y con esa situación es la palabra de él contra la de ella.
_ ¿Qué hay de lo que testificó Alberto?
_ Es que eso no nos sirve de mucho. Cualquiera puede venir y repetir lo que la otra persona dijo. Tomé en cuenta lo que según Marini vio, pero no hay pruebas concretas. Necesito más corroboración de su testimonio.
_ No puedo creerlo, es un mierda _ espetó girando la mirada hacia un costado, tragando su rabia.
_  ¿Acaso vos sabés algo de Pedro? Si sabes, decímelo.
_ No, mi viejo nunca me cuenta nada. ¿Usted cree que mi papá se hirió solo el brazo y después inventó toda esa historia?
_ Yo no estoy diciendo nada. Acá  hay una sola persona en coma que sabe lo que supuestamente su amiga planeaba hacer y otra que se mantiene ausente sin dar rastros de estar vivo. De todos modos, respecto a lo de tu novia, Camila Moravia es sospechosa, pero no la podemos detener. Porque así como ella entró ese día al departamento, otra persona podría haberlo hecho. Alguien que tu novia conocía y que un vecino no vio.  Porque la puerta no estaba forjada. Y lo de tu papá no te preocupes. La acusación que hizo ella contra él por lo de Nancy  es irrelevante. Te creo perfectamente lo que me decís.
_ La única persona que conocía y podía haberle hecho daño era el padre de su hijo. Pero Camila estaba desquiciada y la creo capaz de haber querido atentar contra su propia amiga; Nancy quería evitar que se escapara de la clínica y lo secuestrara a Pedro
_ Eso me voy a encargar yo de investigarlo.
No le hizo más preguntas. Él se levantó cuando al llegar a la puerta, esta se abrió por un policía. No esperaba a encontrarse cara a cara con Camila. Fabián se contuvo la rabia que sentía subir como una lava a punto de explotar. Ella lo miraba desafiante clavando su mirada en él.
_ ¿Te corrés? Tengo que pasar.
Camila se apartó y entró al despacho. Ella prefirió no responder como le había dicho su padre. Que debía mantenerse en silencio y hablar solo cuando le conviniera hacerlo. La puerta se cerró detrás de su figura y tomó la silla para sentarse.
_ ¿Sabés por qué estás acá? _ Le inquirió unos segundos después el fiscal. Ya antes había hablado con ella después que hubieran encontrado a Nancy gravemente herida en su departamento.
_ Lo sé. ¿Va a volver a interrogarme por lo que pasó con mi amiga?
_ ¿Entendés que alguien te vio salir del departamento de ella ese día y te observó incluso cerrando la puerta?
_  Yo tenía una copia de las llaves de su casa. Nos teníamos mucha confianza las dos. Ella estaba con miedo desde hacía unos días, no quería estar sola y me pidió que la encerrara.
_ No tiene mucha coherencia lo que decís. Por miedo no te iba a pedir que la encerraras
_ Porque usted no entiende cómo nos protegíamos la una a la otra. Es absurdo que me acusen a mí de que yo la herí de muerte y no a Guillermo que es capaz de cualquier cosa.
_ ¿Por qué decís eso?
_ Porque usted no lo conoce. Él me odia y haría lo que sea para lastimarme y ya lo demostró. Porque Pedro me amaba, él fue la causa de todo esto.
 _ Explicate mejor.
_ Él la lastimó a Nancy porque sabía que me iba a doler. Él no soporto que Pedro me siguiera amando. Yo se que él me amaba, pero tenía dudas, por eso no se casó conmigo. Guillermo es muy persuasivo cuando se lo propone y es lo que hizo con él. Estoy segura que también le hizo algo a Pedro e inventó toda esa historia. Yo salí de la clínica porque me dieron el alta y me fui por unos días a descansar a la estancia de mis padres, pero sola.
_ No entiendo. Vos me decís que Guillermo lo convenció a Pedro para que no se casara con vos y que se quedara con él, pero lo que hasta hora se, es que tenían una relación ellos dos_. Hizo una pausa y tomó aire para continuar _ Me parece absurdo lo que decís.
_ Usted no me cree.
_ Es que no es relevante lo que me estás diciendo. Parece un cuento para chicos de cinco años.  Pedro era grande ¿no te parece que podía tomar decisiones por sí solo?
_ ¿Y usted no cree que por despecho Guillermo le hubiera hecho algo? Le resulta muy conveniente acusarme a mí directamente. Yo se que Pedro me amaba y usted se va a dar  cuenta que yo no miento. Guillermo quiere hacerme quedar como la mala de la historia y que él es la víctima

          Unos días después

Camila había vuelto al departamento pero en una sensación de vacío le ahogó en el pecho al entrar. La imagen de Pedro se colaba en su mente todos los días  y sentía que todas las fuerzas la abandonaban. La rabia se encendía en ella. Había montado inconsciente una escena de sufrimiento.
Ni siquiera entendía porque había tomado el arma. Solo intentaba evitar que Pedro se fuera  de su lado pero como siempre, Guillermo había dado vuelta todo. En ese momento arrojó un jarrón que estaba sobre una mesita junto al sofá al pensar en eso último. ¿Cómo había podido hacerlo?
Lo único que podía recordar era el golpe en su cabeza y después despertar en un hospital y ver el rostro que no deseaba jamás volver a ver: el de su padre. Se sentó en el sofá con las piernas juntas sobre su pecho y se abrazaba a sí misma. La mirada de su padre la golpeaba en sus pensamientos. Siempre inyectándose como un veneno letal que la sentenciaba a muerte, pero una vez más ella había logrado volver las piezas a su favor. Debía hacerlo, si ese era el único camino para salvarse.

Daba vueltas por toda la sala cuando sintió que llamaban a la puerta.
_  ¿Vos? _ Preguntó asombrada al abrir la puerta.
_ Sí,  yo. ¿A quién esperabas? _ Le respondió el padre entrando
_ Necesito que me ayudes _  Le dijo ella cerrando la puerta detrás de sí.
Moravia llevaba un paquete en sus manos cuando le dijo:
_ Te traje la mesena para el mes _ Aclaró apoyándolo en la mesa
_ No necesito eso papá.
_ ¿Qué no necesitás? Mirá la mugre que hay en esta casa.
En verdad el estado era deplorable. Camila había dejado durante días platos y fuentes apiladas con restos de comida alrededor de la mesada. Ella misma parecía un zombi. Llevaba el cabello mal recogido y  manchas oscurecidas se enmarcaban debajo de sus ojos. Vestida en pijamas y envuelta en una bata gris de algodón.
Orestes se sentó en el sofá y ella lo siguió temblando en el cuerpo.
_ Yo te lo advertí a esto. Te dije que ese afeminado te iba arruinar a la vida.
_ Córtala papá. Además él tiene la culpa. Se fue y me dejó acá sola con todas las cuentas impagas. Guillermo debe estar ahora en su casa lo más campante disfrutando todo esto. Él sabe perfectamente dónde está.
_ ¿En qué lío te metiste ahora? _ Le inquirió Orestes luego de una pausa.
_ Me llamaron a declarar por lo de Nancy.
Moravia miró hacia otro lado tratando de contener el aire. Ya imaginaba que de algo malo se trataba. Sin embargo, aunque ella no había aclarado nada aún, poco le importaba. Se trataba de su amiga. Un mal ejemplo que él consideraba para su hija. Si algo le había sucedido, bien merecido lo tenía por los ambientes que seguro frecuentaba.
_ Prometeme que no te vas a enojar. Lo hice sin pensar, estaba mal y alterada.
_ Hablá de una vez.
_ Cuando me escapé de la clínica fui a ver a Nancy. Hablamos y terminamos discutiendo un poco. En un momento ella se fue a su cuarto y yo me di cuenta que ella me estaba mintiendo.  Ella le iba a decir a Guillermo lo que yo planeaba hacer. No sé cómo, pero le clavé un cuchillo dos veces y la dejé inconsciente. Está ahora en el hospital en coma.
 _ ¡Vos sos una inconsciente! _  Le espetó avanzando su cuerpo hacia delante. ¿Qué mierda tenés en la cabeza Camila? Me fui  al  juzgado para tratar de ayudarte con el quilombo que armaste en la   estancia. ¡Ahora te vas a arruinar la vida por esos dos putos  y esa mugrienta! _ Levantó la mano pero se contuvo de continuar con sus insultos.
_ ¿La podés terminar? Lo que menos necesito ahora es que me estés reprochando lo que hice.
_ Lo hubieras pensado antes. Graziani testificó en tu contra _ Agregó.
_ No tiene testigos. El único que podría decir algo es Pedro y no está.
_  Ya habló uno de los que trabaja en su estudio. El tipo ese que sacó de la cárcel.
_ Si no estaba ahí. ¿Qué va a decir? Pará _ se detuvo en sus pensamientos _ ¡Hijo de puta! _ expresó por lo bajo mirando hacia un costado. _ Fue ese el que me pegó en la cabeza. Y seguro que me vio con el arma.
_ No puede hacer nada. Busqué la forma para que el fiscal no te incrimine en la causa. Si se complica, podemos decir que por ser empleado de él lo está ayudando. Vos no digas nada que recibiste un golpe en la cabeza, invéntate cualquier cosa para justificar la lesión que tenés.
_ Hablá con la clínica, vos tenés confianza con el director, para que no digan nada que yo me escapé.
_ Lo pensé pero hay un problema con ese golpe. Los médicos del hospital clínico saben que se produjo por un golpe que te dieron.
_  ¿No me dijiste que inventara algo? Que me asaltaron, no sé. Convencé a los de ese hospital también para que se guarden la información. Yo no voy a ir presa. Que pague Guillermo.
_ No pensás, por eso te mandas  estupideces después. ¿Quién se va a creer que Graziani  le hizo algo a tu amiga?
_ No sé. Vos vas a tener que inventar algo. ¿No sos experto en mentir y mostrarte como un juez intachable? Necesito sacármelo a Guillermo de encima.
_ Para ir a buscar al otro.
_ Vos no me ayudás y le  cuento al fiscal todo lo que hacías con el hermano de Guillermo. Y seguramente seguís haciendo. Y puedo ir por más. Grito en todo tribunales que mamá está viva y encerrada porque está loca y se te va ir la imagen por el piso.
_ Vos te vas a volver loca como ella si seguís atrás de ese afeminado. Te voy ayudar, pero esta es la última. Te olvidás de ese sinvergüenza y vas a hacer un viaje, a ver si se te acomodan un poco  esas neuronas. Y no te quiero ver más cerca de esa otra cuando despierte, si es que lo hace. No te conviene que lo haga.  Todo eso, si querés que te siga manteniendo.

Pensó que la calma iba a volver otra vez a ella, pero no sabía cómo volver a empezar. El fiscal la llamaría todo el tiempo a presentarse en el juzgado. Tampoco quería hacerlo sin él,  aún no se hacía a la idea de renunciar a Pedro.
Había concluido en que jugó una mala estrategia. Que todo había salido mal por las decisiones que tomó su padre para ella. De otra manera, las cosas hubieran sido diferentes. Solo necesitaba saber dónde estaba.
Guillermo permanecía en silencio y todos estaban en suspenso sin saber si Pedro estaba vivo en algún lugar o muerto y enterrado en quién sabe dónde.
Lo había subestimado, pensaba Camila. ¿Cómo había podido tejer los hilos para confundirlos? Marini debía saber algo, pero lógicamente no le diría. Aunque tenía una carta debajo de la manga. Sabía que entre él y Gabriela pasaban cosas. Si nadie sabía en el estudio la verdad sobre Pedro podría acercarse a ella y lograr ganar su confianza. Después la convencería que le sacara información  a Beto y así podría llegar a él.
La armonía que la abrigaba se esfumó en segundo cuando sintió que llamaban a la puerta. No sabía quién podía ser pero para nada bueno sería. Quizás su abogado.
_ ¿Vos de nuevo? _ Le inquirió al ver a su padre.
_ Sí, yo. Mirá, estoy que exploto con la macana que te mandaste en el juzgado _  continuó avanzando sus pasos para entrar. Camila levantó la mirada hastiada ante un nuevo sermón. Azotó la puerta al cerrarla y clavó sus ojos en su padre. _ ¿Sos idiota? Te dije que tuvieras cuidado y pensarás claramente lo que tenías que decir. En vez de eso, te pusiste a decirle al fiscal un montón de estupideces. Que Guillermo lo convenció a Pedro para que te dejara. El teatro déjalo para tus amigas. Te estás hundiendo cada vez más.
_ No fue un teatro, dije la verdad, y que él inventó todo. Que me dieron el alta y me fui sola a la estancia.
_ ¡Qué verdad! A la que dejaron plantada es a vos. No pensás.
_ Si no me hubieras encerrado en la clínica Pedro ahora estaría conmigo. No lo conocés a Guillermo, lo persuasivo que es. ¿No ves lo que hizo ahora? Lo tiene bien escondido a Pedro.
_ Pedro no es ningún bebé de pecho, es un hombre. Es lo mismo que me dijo el fiscal. No sabía si lo estabas tomando por idiota para desviar la causa o le estabas contando un cuento.
_ El fiscal es un imbécil que no me cree. Seguro que Guillermo lo convenció también al estúpido o le gustan los tipos y está caliente con él por eso me señala a mí.
_ Yo te voy a decir una cosa, si vas  presa no voy a mover un dedo para sacarte. Anda buscándote un abogado.
_ Teníamos un trato, no te podés echar para atrás o hablo.
_ Las pruebas las tengo yo. Va a ser tu palabra contra la mía.
_ ¿Y lo de mamá qué?
_ Eso no me afecta. Tu madre es una planta. Tengo cosas más importantes que preocuparme por lo que me puedan decir de esa desquiciada. ¿Y quién te va a creer? Vas a parecer una loca gritando en tribunales.

CONTINUARÁ