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domingo, 26 de junio de 2016

"VÍCTIMAS 2" - Cap. 15 - (By Sil Barby)

"VÍCTIMAS 2" - CAPÍTULO 15







Matías caminaba las calles aturdido. No podía convencerse aún del engaño. ¿Cómo se había dejado manipular y usar de esa manera? Se sentía un imbécil y tenía razón, se había comportado como uno. Su gran obsesión por Pedro lo llevaba siempre al extremo de su idiotez, se castigaba ¿¡Cómo un hombre podía caer tan bajo?! ¿Qué estaba pensando? ¿Acaso no sabía que no podía reemplazar a alguien por otro...sólo por su parecido físico?
Se atravesó por su mente la figura de Pedro. Además de las cualidades que saltaban a la vista, Pedro era dueño de una firmeza y una convicción en sus valores que no era común encontrar, y él intentó hallar en una semejanza, pura y exclusivamente física, aquello que sólo formaba parte de la esencia de su persona. Pedro era Pedro. ¡Qué estupidez había cometido! Lo peor de todo es que aún no lograba convencerse... ¡Cómo lo había enredado! 
Repasaba en su mente cada momento y llegó a la terrible conclusión que fue él mismo que se metió solito en la boca del lobo. El Pibe no había puesto casi NADA de su parte, a excepción de un poco de tiempo y de esa sonrisa que derretía hasta los glaciares. Eso era lo más triste de todo, que el mérito era pura y exclusivamente suyo. 
Luego de caer en cuenta del engaño, Matías había intentado hacer algo para compensar su gravísimo error. Pidió la unificación de las causas, y realizó un par de llamadas apresurando el resultado de las pericias pendientes. Y después le llevó el resto de la tarde terminar de aceptar lo que para ese momento era una obviedad. Agustín lo había engañado... descaradamente.
Regresó a su casa después de caminar calles y calles, casi no pudo cenar y a punto estaba de acostarse cuando sonó el teléfono de su domicilio.

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Rafael apuró el viaje lo más que pudo. No veía la hora de llegar de una vez y fundirse a ella en un abrazo apretado. Después de aquella confesión, la adrenalina lo sobrepasaba... lo estaba logrando... aún no podía dimensionar la emoción que lo embargaba, es que nunca pensó que lograría conquistar su corazón tan rápido, y simplemente siendo él mismo, sin esfuerzos, siendo pura y exclusivamente Rafael.
Aumentó la velocidad al entrar en la autopista, activó el manos libres e hizo la llamada sin respuesta. Se sonrió pensando que debía de estar entretenida en la cocina y aceleró aún más el vehículo.
Ya estaban dando las diez de la noche cuando llegó. Aparcó en la puerta de la casa de Ángeles y bajó corriendo, hizo sonar el timbre, sólo para anunciar su llegada y luego utilizó la llave que guardaba en su bolsillo. La casa de Ángeles estaba a oscuras y su corazón se detuvo por unos segundos.
-Ángeles?- dijo en voz alta -Hola!! Preciosa! Dónde estás??- Encendió las luces y se dirigió a la cocina. No había indicios que estuviera cocinando, incluso el ambiente estaba frío y todas las ventanas permanecían cerradas cómo si ella no hubiese llegado a casa en todo el día. Comenzó a subir la preocupación en su interior, una pequeña molestia que intentó acallar. Atravesó el pasillo  y abrió la puerta de su dormitorio. Todo se encontraba en las condiciones que lo dejaron en la mañana. Tomó su celular y marcó su número, sin respuesta. El miedo lo inundó. Llamó a su negocio dónde le informaron que desde el medio día no habían tenido novedades de ella. Volvió a hacer la llamada a su teléfono personal y al no recibir respuesta llamó a la casa de Diego.
-Lucía, mi amor cómo estás?
-Rafa! Hola, que sorpresa escucharte...
-Si… disculpame la hora pero estoy un poco preocupado, estoy buscando a Ángeles, quedamos en vernos esta noche y no está en su casa, ni contesta el celular, vos... sabés algo?
-Estuvo toda la tarde acá, conmigo, pero tipo ocho y media me dijo que volvía a su casa porque había quedado con vos en cenar y quería pasar por el supermercado... A esta hora debería estar ahí...
-Si, lo mismo pienso yo... Decime Lucía, Diego está en casa?- No terminó de decir eso que Diego estaba al teléfono.
-Rafael, cómo estás? ¿Pasó algo?
-Estoy preocupado por tu mamá Diego, ojalá esto sea una falsa alarma pero honestamente no creo...
Luego de contarle a Diego la situación volvió a marcar su número... nada. Cortó el teléfono y con las manos temblando y un nudo en la garganta llamó a Guillermo.
-¡Valmora! ¡Qué sorpresa! Estaba por llamarte! Tenemos novedades...
-Lamentablemente yo también...
Veinte minutos más tarde Guillermo y Pedro llegaron a la casa de Ángeles para acompañar a Rafael. Diego y su mujer ya se encontraban ahí y ni bien Guille entró Rafael se levantó.
-Guille, pudiste averiguar algo?
-Llamé al fiscal, está en camino, quedate tranquilo.
-Ojalá pudiera Guille.
Pedro se acercó y abrazó a su amigo. -Vení Rafa, vamos a preparar café, esto va para largo.
Entretanto, Graziani hablaba con Lucia que fue la última persona que la vio ese día.
-Lucía no?- Ella asintió con los ojos enormes llenos de miedo y preocupación-recordás si te dijo para dónde iba? Si venía directo, si tenía planeado pasar por otro lado?
Lucía negó con la cabeza -Ella me dijo que se venía para su casa pero que antes pasaba por el supermercado- las lágrimas rodaron por su rostro -Me dijo que quería preparar un cena especial para ella y Rafael- Diego clavó su mirada en ella y se levantó dirigiéndose a la cocina.
-Pedro, si la pierdo... yo, no sé que voy a hacer, hablé con ella hace poco más de una hora, me contó que estaba en camino, que iba a preparar una cena para nosotros- se le entrecortó la voz de la emoción -Me dijo que estaba enamorada de mi- con lágrimas en los ojos se tiró sobre el hombro de Pedro, que lo abrazó y lo contuvo mientras Diego se quedó en la puerta escuchando con asombro.
-Rafa, qué está pasando, me parece a mi o yo me perdí de algo?
Rafael lo miró, se corrió las lágrimas con el dorso de la mano y procedió a contarle todo, con lujo de detalles, desde la sutil persecución que ella experimentaba hacía tiempo hasta el comienzo de su relación. Recién en ese momento Diego terminaba de entender la desesperación de Rafael y se acercó más a él.
-Siento mucho que te enteres de esta manera, Diego...
-Pero no entiendo... ¿La seguían y no me dijo nada?
-Ella no quería preocuparte- Diego tomó aire entrecortado y él trató de contenerlo, luego tomándolo de los hombros y mirándolo a los ojos le dijo-Creemos que la tiene Agustín.
-Agustín?- los ojos de Diego se llenaron de furia- Ese hijo de puta no se cansa de arruinarle la vida?
-Tranquilo Diego... tranquilo- dijo Pedro y en ese instante el sonido del timbre los sobresaltó.
Pedro se dirigió a abrir la puerta seguido por ellos y se encontró con la triste figura de Matías del otro lado.
-Buenas noches Pedro- pasándole la mano.
Sin emitir sonido Pedro lo dejó entrar y Matías recorrió uno a uno los rostros desesperados de todos.
-¿Hace cuánto que desapareció?
-El último en hablar con ella fui yo... hace alrededor de dos horas- dijo Rafael poniéndose al frente.
-Guillermo?!- Dijo el fiscal en tono de advertencia -¿Podemos hablar en privado?
En silencio Guille se dirigió a la cocina, atrás lo siguió Matías, y Pedro. El fiscal hizo un gesto de descontento por la presencia de Pedro a lo que él respondió -Ni se te ocurra que me voy a mover de acá Matías, no confío en vos.
Matías bajó la mirada y asintió -Está bien, me lo merezco. Pero Graziani... me llamás desesperado por la desaparición de una persona que hace dos horas no la encuentran... ¿Vos me estás tomando el pelo?- era evidente que el fiscal no dimensionaba la peligrosidad de Larralde.
Guille tomó aire profundo -Matías... no podemos esperar veinticuatro horas, esa mujer está en peligro! Yo sé que vos no terminás de entenderlo, pero es que ese hombre es capaz de cualquier cosa y además está obsesionado con ella- Matías lo miró fijo en silencio -Lo que no entiendo es cómo mierda se enteró que estábamos a punto de agarrarlo, no puede ser casualidad... que yo reciba ese video, vos mandes a unificar las causas y hoy desaparezca Ángeles. Acá hay gato encerrado... De alguna manera se enteró, o hay un buchón o el tipo es vidente- Matías miraba el piso en silencio con un gesto extraño y Guillermo lo miró con asombro -Matías... vos sabés algo que no me estás diciendo...?
-Yo? no...Yo...-tomó aire entrecortado, lo retuvo por unos segundos y luego lo soltó en un suspiro prolongado.
-No me pongas nervioso, querido, hablá de una vez!
Matías lo miró y comenzó el relato. Les contó todo lo que había ocurrido, desde el primer acercamiento de Agustín, hasta ese sábado por la mañana. Incluyendo la hipótesis de porqué Larralde se había ido de su casa de esa manera.
Mientras contaba lo sucedido Guillermo lo miraba azorado, incrédulo, sin entender bien lo que estaba tratando de decir y la vista de Pedro iba de uno a otro deliberadamente, cómo a la espera de su reacción ante lo que Matías venía dando a entender.
Cuando hubo terminado de contar todo, Guillermo, que mantenía su mirada fija en el fiscal sin emitir sonido, tomó aire con un poco de dificultad y su rostro se fue desfigurando. Pedro levantó la mano de repente, cómo queriendo poner un freno a la furia que vio en sus ojos y dijo -Mi amor tranquilo, por favor, no pierdas los estribos- Todo pasó a gran velocidad, Guillermo se puso de pié y tomó a Matías de la solapa de su impecable traje gris, lo levantó en el aire y lo golpeó contra la pared hablándole a toda voz y a centímetros de su cara.
-¡Sos un pelotudo Matías! ¡¡¡Que pelotudo que sos!!! ¡No sé si matarte o tenerte lástima! ¡¿Te das cuenta que me cagaste la investigación y todo por una calentura!? ¡Te voy a cagar a palos, Matías!- mientras las lágrimas rodaban por el rostro del fiscal que, en silencio, solo atinaba a bajar la vista.
Pedro intentaba tranquilizar a Guillermo -Mi amor, por favor, soltalo, no te olvides que es un fiscal de la Nación.
-Era! un fiscal, Pedro... era! ¿Vos te das cuenta lo que "te" hiciste Matías...? Te voy a hundir... Te lo juro, te voy a hundir tan profundo que no te van a dar un caso más en tu vida!- Olazábal lloraba casi desconsoladamente, todo por lo que había luchado en su vida se desmoronaba. No dudaba que se lo merecía,  sabía que lo que había hecho no tenía nombre y eso era lo que más lamentaba.
-Guillermo basta! Soltalo! No es momento para echar culpas, hay que hacer algo para encontrar a Ángeles y tal vez Matías nos puede ayudar- En ese momento largó el saco y lo miró con desprecio. Pedro se interpuso entre ellos separándolos con las manos y miró a Matías con seriedad -¿Estás dispuesto a ayudarnos?- Él asintió mientras Guillermo giró su cuerpo intentando no tirarse encima y llenarle la cara de dedos. Se tomó la cabeza con ambas manos e intentó concentrarse para tratar de armar en su mente una estrategia para encontrar a Larralde. Caminó de un lado a otro con las manos en la cara, cómo buscando una salida que no veía que existiera. Pedro intentaba pensar de la misma manera cuando Matías tomó la palabra.
-¿Por qué no allanamos la vivienda de Larralde?, pensaba pedir eso mañana pero dadas las circunstancias lo voy a firmar ahora, y vos Guille, llamá a Beto, hoy está de guardia, pedile que investigue todas las propiedades que están a su nombre, no creo que la tenga en su casa- Guille lo miró y mordiéndose el labio inferior, soltó una risa burlona mientras Matías bajaba la cabeza avergonzado.
-Es lo mínimo que podés hacer Matías! Tocá todos tus contactos, llamá al servicio de inteligencia o al mismísimo ministro de seguridad, pero solucioname esto... por ahí tenemos suerte y lo agarramos en su casa.
-El Pibe está desaparecido, eso te lo confirmo yo. Intento comunicarme con él desde el sábado y sospecho que me robó el celular- La mirada de Graziani, cortaba el aire, y negando con la cabeza dijo- Si a esa chica le pasa algo te juro que no te va a alcanzar la vida para arrepentirte, así que empezá a rezar.
-Basta Guillermo!-dijo Pedro -Dale Matías, movete! en estas circunstancias unos minutos pueden costar caro.

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Ángeles abrió los ojos sobresaltada, con la idea de que una espantosa pesadilla estaba acechándola. Alrededor la oscuridad. Giró la cabeza tratando caer a la realidad. No, eso no era una pesadilla y ella estaba en un lugar extraño, a oscuras. Tenía los brazos atados atrás y estaba sobre un pequeño sofá, una tela gruesa cubría su boca.
Su respiración comenzó a alterarse, el lugar además de oscuro era frío, cerrado y húmedo, casi hermético. Intentó focalizarse en un punto y acompasar sus latidos. El llanto inundó su garganta.
Una vez que sus ojos se acostumbraron a la oscuridad del lugar, con cuidado intentó moverse para poder ver la pequeña habitación. Agudizó sus sentidos, trató de percibir los olores y los sonidos. A lo lejos se oía un apenas perceptible, pero constante murmullo. Alguien estaba hablando en alguna habitación contigua. Era la voz de Agustín. Tomó aire y volvió a hacer silencio.
Entretanto Agustín tenía una pelea con sus fantasmas.
-La tenés que matar Pibe, nos va a hacer mierda a todos- le decía Lucio.
-Calláte! Ni lo insinúes! No le vamos a tocar un pelo, ella no nos va a hacer daño... Ella me ama...
-Sos tan boludo Pibe...! Ella no te ama, nunca lo hizo... Se fue con Rafael. Como siempre, te ganó la partida y vos sos apenas una sombra de él!-hablaba Julito Castro.
-Basta! Bastaaaa!-Agustín estaba tirado en el piso con las manos tomándose la cabeza aturdido.
Un estrepitoso sonido proveniente de la habitación lindera lo sacó de la ensoñación. Se puso de pié y abrió la puerta que mantenía con llave.
-Nooo mi amor! Te vas a lastimar- se acercó a ella que estaba tendida en el suelo -Vení que te ayudo, tenés que portarte bien, no quiero inmovilizarte más- La tomó en los brazos y volvió a tenderla sobre el sillón. Acto seguido le besó la mejilla y volvió a salir.
Ángeles se sentía llena de terror. Debía pensar. ¿Cómo escapar de ahí? Se detuvo por un momento a observar a su alrededor. El lugar era una gran sala, oscura, gélida, las paredes pintadas en un negro descascarado, del techo caían pedazos de cielorraso y se podía observar por partes una armazón de metal, parecía una estructura firme, pero no común. ¿Dónde estaba?
En una banqueta más alejada divisó su sobretodo, se puso de pié con dificultad y a los saltos llegó hasta él, de espalda, intentó tantear por si su celular se encontraba aún en el bolsillo. ¡Qué ilusa! Se olvidó que Larralde no era ningún boludo! Y ella lo sabía bien. Se tiró nuevamente en el sofá.
En su mente se presentó la imagen de Diego, su pequeño gran hombre! tantos años desaprovechados, tan pocos momentos compartidos, desde que le dijo la verdad no se habían separado más, y ella, intentando borrar la ausencia de veinte años se había convertido en su apoyo incondicional. Diego se había transformado en un gran adulto, responsable, decidido, íntegro, y estaba con la mujer que amaba, estudiando la carrera que lo apasionaba, viviendo la vida que había elegido... No se había podido despedir de él, la angustia creció de repente... Los ojos se llenaron de lágrimas.
Su pequeña Luna, al menos había podido verla, le había regalado toda una tarde de risas y atención. Qué triste perderse su crecimiento también. Y Rafael... ya se habría percatado de su ausencia... Recordó esa necesidad de confesarle a la distancia sus sentimientos... ¿Será cierto que uno sin querer se despide de las personas que ama? Mi amor...
Evocando los rostros de sus seres más amados, y cobijada bajo su sobretodo, se rindió al sueño.

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El martes amanecía en la jefatura y nadie había descansado. Durante la madrugada allanaron la casa de Agustín, obviamente no lo hallaron y por la manera en que encontraron todo, la ausencia sería larga. Los placares desordenados, casi sin ropa, cosas tiradas por el piso, la caja fuerte abierta con algunos papeles desparramados que tomaron para estudiar. Pero nada que dijera dónde se hallaba el habitante de ese departamento, por lo que regresaron con el ánimo por el suelo.
Beto había averiguado las propiedades que tenía a su nombre y para su sorpresa solo tenía dos. El departamento en Capital, y su casa de Ingeniero Márquez, así que hacia allí apuntaron la investigación. Guillermo no se encontraba para nada entusiasmado pero no tenían muchos lugares para empezar y conservaba la esperanza que, aunque sea, hallaran algo que los llevara a atraparlo.
-Pedro!
-Hola mi amor! ¿Cómo va todo? ¿Alguna novedad?
-Seguimos trabajando... Decile a Rafael...
-Espera… Que te pongo en alta voz
-Escuchame Rafa... necesito que me contactes con gente de Ingeniero Márquez, en lo posible gente de tu confianza, estamos organizando un operativo para viajar, y toda ayuda va a ser poca, creemos que puede tenerla por esos lugares.
-Dale Guillermo contá con eso, ahora me comunico y después voy, nos vemos allá.
El mega operativo se organizó y en menos de una hora Guillermo, Matías y los mejores agentes emprendían viaje.
Entretanto Pedro y Rafael, ingresaban al viejo e histórico edificio de la municipalidad de Ingeniero Márquez. Toda la muni se vio revolucionada por la presencia del ex intendente Valmora. La primera que casi cae desmayada al verlo fue Pelusa.
-Ayyy mi amor!! ¿Cómo estás? Tanto tiempo, me tenés abandonada-le dijo colgándose de su cuello.
Luego de abrazarla con tanto amor que no le cabía en el cuerpo, Rafael pidió hablar con la nueva intendente del municipio.
Laura Galeno, ex concejal por la oposición, y ex pareja de Agustín Larralde, ahora ocupaba el sillón que meses atrás había dejado vacío Rafael. De un primer momento le ofreció no solo apoyo de la policía local sino también, la sala de reuniones para trabajar con el grupo especial que estaba en camino y toda la ayuda que ella, siendo vieja conocida del Pibe podía ofrecer.

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-Buenos días mi amor! Mirá el desayuno que te preparé- dijo Agustín entrando a la sala donde tenía cautiva a la mujer.
Ángeles estaba despierta pero prefirió fingir que no lo estaba, solo bastó que él se acercara e intentara una caricia en su rostro para que ella sobresaltada por el roce, abra sus sorprendidos y asustados ojos. Lo observó en silencio con los ojos temblando mientras Agustín quitaba el paño que cubría su boca
-Mi amor... No me mires así, vení sentate, tenés que alimentarte, ponerte fuerte para que podamos huir juntos- Usaba un tono dulce y complaciente y ella pensaba que unos meses atrás hubiese caído rendida ante la ternura de ese hombre. ¡Cómo la había engañado!
Sin emitir palabra se sentó y clavó sus pupilas en él. -¿Qué querés Agustín? ¿Para qué hacés todo esto?
-Cómo para qué, linda. Porque te amo, y quiero que pasemos el resto de nuestra vida juntos. Yo sé que no te es fácil perdonarme, pero por eso estamos acá, dónde todo empezó. Tenemos que hacer las paces con el pasado para poder vivir el presente y mirar hacia el futuro- Ella lo observaba incrédula. - Acá,- mirando a su alrededor -es dónde te conocí, dónde te vi por primera vez y me enamoré perdidamente de vos. Aún hoy me acuerdo de aquel día.
Ella vio todo su entorno, Agustín estaba jodidamente loco. Ella no recordaba haber estado nunca en ese lugar.
-Esa noche, cuando nos conocimos, no me registraste.- Hizo una sonrisa irónica -Estabas demasiado "embelesada" por Patita y sus ricos y codiciosos amigos- Las lágrimas comenzaron a deslizarse por las mejillas de la mujer. ¿Hablaba de aquella noche? Él acercó su dedo e intentó correrlas mientras la miraba con ternura -Shhhhh preciosa, no llores... Shhhhh, es por Diego no? No te preocupes, una vez que estemos organizados e instalados lo llamamos y los llevamos con nosotros, por fin vamos a poder armar la familia que tanto deseamos, juntos mi amor.
Ella seguía mirándolo sin entender. -¿Vos crees que después de saber lo que me hiciste yo me voy a ir con vos? ¿Qué tenés en la cabeza? Me parece que tanto alcohol y tantas drogas te quemaron las neuronas Agustín, nunca...¡NUNCA! voy a estar con vos por decisión propia, podés tenerme atada, encerrada, incomunicada el tiempo que quieras, yo no te voy a perdonar. Es más…- le dijo poniéndose de pié y provocándolo con el cuerpo - acá me tenés, podés volver a violarme las veces que quieras, eso va a ser lo único que vas a obtener de mi.
El rostro de Larralde trocó de repente y los rasgos se volvieron duros. Levantó una mano y la golpeó en una de sus mejillas dando vuelta su cara y tumbándola al suelo por la fuerza. La observó por unos instantes mientras ella se reponía del golpe, un hilo de sangre se deslizaba por la comisura de sus labios. Luego aflojó su semblante, nuevamente sacó un pañuelo y secándole la sangre le dijo -Eso lo decís ahora mi amor, pero estoy seguro que podemos lograrlo.- Cómo metido en una burbuja Agustín le sonreía - Ahora basta de charla! Dale! Desayuná, te traje café bien caliente, está muy frío acá.

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En la sala de reuniones de la municipalidad, todos intentaban encontrar un lugar en el que pudiera Agustín tener a Ángeles. Tenían sobre la mesa un mapa de la pequeña localidad y revisaban incansablemente sobre él. Ya habían allanado su casa, interrogaron a cuanta persona pudiera conocerlo, revisaron la capilla y hasta la casa aquella que Lessin compartía con Ángeles, pero no habían tenido resultados positivos.
Rafael se encontraba sentado, con la mirada perdida, invadido por una sensación de desazón que casi no lo dejaba respirar. La desesperanza comenzaba a aumentar y la angustia era tan grande que no podía pensar.
Pedro lo contenía incansable, mientras Guillermo daba vueltas y vueltas buscando en su mente ideas para hallar a Ángeles, pero la realidad era que estaban trabajando sin ninguna base donde apoyarse, a excepción de su propia intuición.
Graziani se perdió por unos momentos en el rostro de Rafael, no hubo necesidad de preguntarle, sabía perfectamente lo que estaba sintiendo, conocía los estados por los que pasaba en carne propia, y se le cerró el pecho al rememorar aquellos momentos en que su amor estaba en manos de aquel despiadado asesino. De repente se puso de pié y se dirigió hacia la puerta de la oficina mirando a Pedro y haciéndole un gesto... Como si estuvieran en sintonía, Pedro se puso de pié y se marchó tras él.
Salieron de la municipalidad y caminaron por el parque que se desplegaba frente al edificio. Guillermo apoyaba una mano en su hombro y Pedro caminaba con sus manos en los bolsillos.
-Mi amor, Rafa no da más. Tengo miedo por él y la verdad que por ella también.
-Lo sé Pedro, lo sé... Te juro que estamos haciendo todo lo humanamente posible. Acompañalo, contenelo, sé... perfectamente las cosas que pasan por su cabeza en este momento, tratá de no dejarlo solo- Por un momento se hizo un silencio entre ellos.
-Guille... nunca hablamos de cómo te sentiste mientras estaba secuestrado...
-Mmmm... No... No es algo que quisiera recordar.
-¿Vos sabés que las cosas que no se hablan, que no se dicen, tarde o temprano explotan por algún lado no?
-Mi amor... yo estoy bien, si te deja más tranquilo solo voy a decirte que estuve a punto de cometer una locura.
Pedro abrió grandes sus ojos marrones -Tranquilo? No...Tranquilo no me deja ¿Cómo es eso? y ¿cómo es que nunca me lo confesaste?
-Fue sólo un momento, me sentí como en caída libre y en lugar de aferrarme a cualquier cosa que pudiera encontrar me dejé caer... Por suerte para mi, un amigo de esos que casi no existen me tomó de la mano y me sostuvo en mi caída, me levantó y me hizo dar cuenta que valía la pena el intento...-giró su rostro para mirarlo con dulzura -Y menos mal que lo hizo... mirá si no, de lo que me estaría perdiendo- se detuvo y le hizo una leve caricia en la frente. Pedro cerró sus ojos disfrutando el roce y al abrirlos se fundió en ese choque de miradas. Luego lo atrajo hacia a él y lo abrazó, y mientras acariciaba su espalda le dijo -Por eso te digo, mi amor, acompañá a Rafael porque en estos momentos el debe sentirse morir.
Pedro se soltó del abrazo y lo miró a los ojos -Por supuesto que lo voy a acompañar, eso no me lo tenés ni que decir, pero toda esta situación, el hecho de estar viviendo todo esto, desde el otro lado, reavivó en mi cierta sensación de tristeza, como un vacío muy grande, una angustia, no se...-le dio un pequeño beso en la comisura de sus labios -Imaginarte a vos en esa situación y además con toda la responsabilidad en tus manos...-negó con la cabeza -Lamento que hayas tenido que pasar por eso solo... Te amo y te admiro, no se si yo hubiera podido...
Se abrazaron con fuerza y luego Guille se soltó y volvió a tomarlo del hombro para seguir con el paseo.
-Pedro, necesito tu ayuda, vos tenés experiencia con estas cuestiones... mierda! Tenés en máster en sicología forense... pensá... ¿dónde la puede tener?
-Es que me faltan datos, no me termino de hacer un perfil sicológico de Larralde- hizo silencio por un momento -Igual mi amor, vos sabés que los lugares en los que están buscando son demasiado obvios no?
-Y si, pero por algún lado había que empezar...
-Se me ocurre que tal vez si hablo con algunos de sus conocidos y repaso mis sesiones con Ángeles puede surgir algo.
-¿Vos podrías intentarlo?
-Obvio que si mi amor... Dale, volvamos!

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De regreso en la comisaría, ingresaron a la oficina que se les había habilitado para trabajar y grande fue la sorpresa cuando encontraron al personal guardando todo y casi listos para emprender la vuelta a Buenos Aires.
-¿Qué significa esto? Inquirió en tono autoritario.
-No se comisario, el fiscal dio la orden de que guardemos todo, que esto era una pérdida de tiempo.
-¡Matías!-miró a su alrededor- ¿Dónde está?
-En el despacho de la Intendente.- Se encaminó con prisa y dando dos golpes en la puerta ingresó a la oficina.
-¡Escuchame tarado! ¿No habíamos quedado que las ordenes acá las daba yo?- Lo increpó.
-Eh eh eh Graziani, calmate, estás frente a una dama, que además ocupa un cargo importante, no seas mal educado. Tomé esa decisión porque la verdad es que no tenemos ningún motivo para permanecer en este lugar. Lo más probable es que el Pibe esté muy lejos. No va a venir justo acá.
-Justamente le estaba diciendo...- tomó la palabra Galeno -que no se apuraran. No existe un lugar que el Pibe maneje mejor que éste, si lo conozco un poco, Agustín tiene a la chica acá.
En ese momento ingresó al despacho Rafael y a los gritos agarró a Matías del cuello de su camisa -¡Escuchame pelotudo! ¡Qué estás haciendo!
-¡Por favor! ¡¿Podemos tranquilizarnos un poco!?- dijo Pedro en voz alta -Rafa acompañame, tengo una idea y necesito tu ayuda- Rafael soltó al fiscal y mirándolo de manera amenazante salió detrás de su amigo.
-Vamos, Rafa... necesito que me cuentes todo lo que sabés de Agustín, por lo que se, no existe nadie que lo conozca mejor que vos.
-No se Pedro, eso era lo que yo creía, pero el Pibe Larralde que yo conocí no hubiera matado ni una mosca.
-Vení, acompañame al auto que busco mi maletín.

De regreso al edificio, Rafael pidió a Pelusa un lugar para trabajar tranquilos y ella los llevó al que había sido el despacho de Larralde y que se encontraba sin uso.
Se sentaron en el escritorio y Pedro abrió su maletín para buscar su mp4, al hacerlo lo primero que encontró fue aquella grabación de la entrevista que Diego, buscando el pasado de Agustín, hizo al médico que lo había tratado en la clínica de rehabilitación y que él nunca terminó de escuchar.
-¡Genial! ¡Lo traje! Vení Rafa, vamos a oír esto- y entonces encendió el reproductor.

-Mirá... cuando se produce un hecho de violencia, sea física o mental, podemos analizarlo desde dos ángulos, las víctimas y los victimarios... Victimarios pueden ser muchos, pero las víctimas son infinitas... Tenés la persona que sufre la agresión, su familia, sus amigos... La comunidad... O sea, víctimas podemos ser todos, incluido el victimario. Si yo pongo una bomba debajo de esta mesa el victimario soy yo... pero explotamos los dos...
-Cuál fue la tragedia detrás de Larralde?
-Fue un caso de abuso sexual, hace más de veinte años.
-Abusaron de Larralde?
-No… No, la bomba la puso él, pero también le explotó. Yo del caso no te puedo decir demasiado, sólo que eran dos chicas.
-¿Se acuerda el nombre de alguna de ellas? ¿Alguien con quien pueda hablar?
-No... No, te repito yo del caso no sé demasiado. A Agustín le costaba mucho hablar de esto conmigo. Lo único que sé es que él estaba con sus amigos...
-¿Qué amigos? ¿Valmora?
-No, no, yo no sé. Lo que sé es que sus amigos encontraron a estas dos chicas y las llevaron hasta el río, y después lo presionaron a Agustín para que se sume... para que abuse de ellas.|
-Nadie te puede obligar a hacer algo que no querés.
-Es un poco más complejo que eso... Lo que sí sé, es lo que esa bomba le hizo a Agustín, el alcoholismo, la cocaína, son puertas que no abre cualquiera.
-¿Se hizo adicto por la violación?
-Se hizo adicto por sus amigos, por el odio y el resentimiento que le generaron, por haberlo llevado a un punto del cual no podía volver, vos pensá que estamos hablando de un chico de quince años...
-Un chico de quince años que creció y hoy puede ser presidente...
-Mirá, no creo que te sirva de consuelo pero no hay mucha impunidad en la vida de un adicto.
Apagó el aparato y clavó su mirada en Rafael -¿Qué pensás?
-Pienso que cuando regresé de mi viaje, enseguida noté el cambio en Agustín, lo que dice el médico es cierto, hubo un antes y un después en su vida a partir de ese hecho, que hasta hace poco yo desconocía...
-Es decir que para Larralde esa violación fue cómo una bisagra. Seguramente ese es el momento dónde su personalidad hace un quiebre y se disocia. Sumado al abuso de drogas, esto dio origen a una doble personalidad. Por un lado aquella que todos conocían y que resultaba tan cautivante, el bueno, el carismático y la otra, la que es capaz de todo con tal de cumplir con sus objetivos.
-Mirá Pedro, todo bien. Pero esto, es decir, entender sobre la personalidad de Agustín en qué nos puede ayudar a encontrar a Ángeles...?
-Es lo que trato de pensar Rafa dame un minuto... No sé, probablemente con este secuestro él intenta recuperar parte de su pasado, tal vez, en su delirio él cree que lograr el perdón de Ángeles lo ayude a reconciliarse con él mismo... ¿Vos sabés en qué lugar ocurrió la violación?
-Por lo que me contó Ángeles fue en el río, saliendo del boliche al que solíamos ir de pendejos...-Se hizo un silencio entre ellos y de pronto, como si estuvieran conectados entre si, se miraron fijamente y ambos dijeron a la vez.
-¡¡¡El Oro del Rin!!!

-------------------------Continuará--------------------------

sábado, 25 de junio de 2016

"DOS Y UN MISMO DESTINO" - "La noche no tan de bodas" - Parte 4 - El final (By Madame Butterfly)

"DOS Y UN MISMO DESTINO" - "La noche no tan de bodas" - Parte 4 - El final






No había caso, Pedro no entendió razones. Su bronca y celos eran tan grandes que no quiso ver la parte buena que traería la decisión tomada por Guillermo... Solo pensaba en ese intruso que vendría a ocupar un espacio en el faro y en la discusión terrible que tuvo con su esposo... Tenía decidido pasar lo que quedaba de la madrugada en el refugio, pero algo que dijo Guillermo lo retuvo en el faro...
- Pedro… amor, no escapes al problema, resolvámoslo juntos. ¿Te parece? Quedate, tranquilízate y hablemos.
- ¿Tranquilízate me decís? Vos tomás decisiones a mis espaldas, sin mi. ¡Claro que me voy a quedar! pero te aclaro, bien lejos de vos… y si es posible, no me hables!

Buen caso que le hizo… Prefería quedarse callado antes que tenerlo lejos de él, nunca se imaginó a su precioso en ese estado, todo en él era pura furia y en verdad tenía algo de razón… tendría que haberle consultado.
Ahora está en el medio de una tormenta que el mismo provocó... Su amorcito podía ser todo un huracán en sus brazos, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? También una tempestad enojado y ahora Guillermo sabía lo que era navegar en las temibles aguas de Pedro enojado...
En señal de protesta después de bañarse se acostó en el sofá, y Toto fiel a Pedro, se acurrucó a sus pies.
Guillermo al ver la ocurrencia del perro se conmovió inmensamente y anhelaba estar al lado de sus dos grandes amores, pero sabía  que el enojo de Pedro no le daría chances de eso...
El amanecer llegó al faro con un sol que daba sus primeras señales de vida y con dos hombres que casi no habían dormido en la cálida madrugada... Lo escuchó andar de un lado a otro  y sintió su mano al rozar su pelo. Aunque se hizo el dormido sabía que él se dio cuenta que no era así, fácil hubiese sido deponer armas y entregarse a sus caricias, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? De solo pensar en ese otro que llegaría al faro, sus celos y la rabia ganaron la partida...
Guillermo preparó el desayuno para los tres, sabía muy bien que su cielito casi ni durmió, como él, y sabía también que no daría el brazo a torcer tan fácilmente, seguía enojado. Para limar asperezas se quedó callado hasta que lo vio salir del baño
- Buen día… ¿O tampoco el saludo me vas a dar? 
- Buen día Graziani
- ¿Cómo? ¿Ahora soy Graziani? Qué… ¿este va ser nuestro trato de ahora en más?
- ¿Te recuerdo quien toma decisiones acá sin consultar? 
- Tenés razón, te pido disculpas. Fui un boludo al no consultarte... No puedo cambiar lo hecho... Solo recordá lo mucho que te amo. Si…
- Desayunemos Guillermo, tengo que ir al puesto sanitario. 
No dudaba de su amor y dentro de su cabeza, los celos y la razón, entablaban su propia lucha.
Lo dejó ir. Nada mas podía hacer por ahora, Pedro seguía nublado, era mejor darle espacio, tiempo…  Y para colmo su relevo llegaba a la tarde... ¿¡Qué más podía pedir en ese momento!?

En toda la mañana no supo nada de él, seguro que estaba ansioso por la llegada del nuevo, por eso no se preocupó por  él... Tan irritado estaba que decidió salir a caminar. Sus pasos lo llevaron a la playa donde se sacó los zapatos y caminó por la arena mientras sus ojos observaban un mar inmenso y en calma. ¿Por qué se le hacía tan difícil perdonar a Guillermo? ¿Por qué se sentía como dejado de lado cuando no era así? Preguntas que no tenían respuesta en su cabeza y los temibles celos a ese intruso, sin conocerlo todavía...

Cuando preguntó por Pedro y le avisaron que no se encontraba ahí, su primer presentimiento fue que lo había dejado… pero se tranquilizó al ver a Toto acostado en su alfombra. Pedro no se iría sin él. Tanto miedo tenía a perderlo que su cuerpo empezó a temblar,  necesitaba verlo ya.  Aunque se enojara lo iba a buscar.

Tan extasiado estaba contemplando ese inmenso mar y el vuelo de las aves que no se dio cuenta que había alguien más, hasta que sus brazos rodearon su cintura.....
- ¿Cómo me encontraste? Soltarme. 
Sus manos trataron de soltarse, aunque una parte de él ansiaba esos brazos alrededor suyo.
- Seguí tus huellas. No te trates de soltar Pedro, pese a que estés enojado déjame abrazarte, tuve un miedo terrible de perderte. Así y todo, una parte mía sabía que no te habías ido.- Se dio vuelta mientras se mantenía atrapado en sus brazos y lo miró a los ojos.
- ¿Y cómo sabía esa parte tuya que no me había ido?
- Porque tu gran amor está durmiendo en la alfombra del faro y a él no lo abandonarías.
No había dudas… Solo él con las justas palabras podía hacerlo sonreír.
- ¡Ah… mira qué bien! ¿Eso es lo que pensás de mi? Estás muy equivocado. Yo no tengo un gran amor... tengo dos grandes amores. Mejor dicho… tres. 
La ilusión de Guillermo se vino al piso al escuchar el número tres y ya lo estaba por soltar en un ataque de celos y bronca, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? Pedro no lo dejó.
- ¿Qué pasó Graziani? ¿Te picaron los celos...? ¿Viste que feo es? ¡Jajaja! 
- No juegues con fuego Pedro… ¿Quiénes son esos tres amores que decís tener?
- ¡Tonto! Primero vos, segundo Toto, y tercero el faro. Nuestro hogar Guillermo.
Guillermo emocionado se acercó para besarlo, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? Pedro le alejó la boca 
- Ni lo pienses Guillermo, sigo enojado. No tenías que tomar decisiones solo... No te voy a negar que te amo...
Solo le interesó escuchar la última parte y sin  esperar a que Pedro terminara de hablar, lo acerco a él y sin más, lo besó con inmensa pasión. Sus labios finos hurgaban en esos labios gruesos. Sus lenguas al encontrarse después de tanto tiempo reiniciaron un juego ya conocido. 
Pedro volvió a sentirse en las nubes. No trató de alejarse, al contrario, redobló la apuesta. Se abrazó a su cuello, amoldó su cuerpo a ese otro cuerpo, sus bocas ansiosas y sedientas de besos no dados se entregaron a lo que mejor sabían hacer... Devorarse.
Guillermo al sentir a su esposo tan apasionado solo pensaba en hacerlo suyo. Una de sus manos empezó a recorrer su espalda y aunque hacía mucho calor pudo percibir el temblor de su cuerpo. Sabía que ese era el momento justo para tirar abajo todas las barricadas impuestas por Pedro...
Todo su cuerpo se estremeció al sentir su mano recorrer su espalda, una oleada de placer lo cubrió por completo, mas ese beso voraz que le quitaba ya el poco aire que le quedaba en los pulmones.  Tenía muy bien claro lo que necesitaba en ese momento y a quien necesitaba, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? No se lo había a hacer nada fácil.
- Guille paremos, mirá dónde estamos y es pleno día.

Con cara de asombro lo miró a los ojos y después a su alrededor
- Pedro… ¿vos viste bien dónde estamos? ¡Ni un alma hay por acá! Y otra cosa más importante todavía, aunque nos vieran no importaría, nosotros somos una pareja. Te recuerdo que nos casamos hace poco...  
- Tenés toda la razón pero....
No lo dejó terminar de hablar. Volvió a atrapar su boca en un beso voraz, quería que su cuerpos hablaran, sentirlo, escucharlo gemir pidiéndole mas... Aunque como todo animalito retrocedió unos pasos, no pudo escapar. Guillermo no lo dejó, solo consiguió  trastabillar y caer en la arena riendo con Guillermo arriba de él.
- Pedro, te golpeaste?
-¡Jajaja! No mi amor, pero me parece que alguien va tener que hacer ejercicio y dieta. ¡Jajaja!
- ¡Que boludo sos! ¡Jajaja!
Se volvieron a besar con ansias y sus manos empezaron a recorrer sus cuerpos, pero esta vez, sacándose los obstáculos de encima. 
- Te necesito Pedro, levantame la veda.
Mientras mordía sus labios y su mano se escabullía en su entrepierna
- ¡Guillermo no hagas trampa! Yo también te necesito amor.

Lo que para Guillermo fueron palabras mágicas en ese momento, una invitación para comer del fruto prohibido, para Pedro fue la posibilidad de escapar... Tan confiado estaba Guillermo que no se imaginó lo que se venía.
Pedro, aprovechando la mansedumbre de su esposo y en un acto de pura maldad, tomó con sus manos arena mojada, la esparció por el rostro de Guillermo y lo empujó, escapando de abajo suyo.
- ¿Que pensabas amor? ¿Qué te la iba a hacer fácil? Yo soy un animalito difícil de atrapar… ¡Jajaja!
- ¡Pedro! ¡Cuando te agarre me las vas a pagar! 

Jugaron en la arena y en el agua como dos chicos mientras que el sol acariciaba sus cuerpos cubiertos solo por sus pantalones y aunque trató varias veces de atraparlo, siempre se escapaba unos pasos mirándolo travieso a sus ojos y seguía provocándolo. Sabía muy bien que lo que más le subía la adrenalina a Guillermo era verlo pasar su lengua por sus propios labios, con aire de maldad y haciéndose el desentendido, lo hizo varias veces más.
- ¿Y Graziani? ¿Te das por vencido? ¡Jajaja!
- Pedro, ¿a vos te parece que me puedo dar por vencido? Mirá como estoy, tengo arena por tu culpa hasta en el trasero. ¡Jajaja! Y sabés muy bien lo que me provoca eso… lo que hacés ahora mismo.
- ¿Yo amor? ¿Qué hago? ¿Si no hice nada?  A ver… mostrame lo sucio que estás, quiero verlo.
Lo atrapó con sus brazos, pero sabía muy bien que no era así.
- Vos te acercaste para dejarte atrapar, cielito.
- ¿A vos que te parece, mi vida?
Besó sus labios y le susurró al oído 
- Te necesito adentro mío Guille.
Al escuchar esas palabras Guillermo lo recostó en la tibia arena mientras sus labios volvían a entregarse en un beso voraz. Mutuamente recorrieron en un loco frenesí cada parte de sus cuerpos, cada roce de sus manos era un latente gemido que escapaba de sus bocas, los ojos mostraban en uno un brillo lujurioso, mientras que en el otro… una tremenda picardía 
No había duda que las palabras dichas en el momento correcto despertaban los ratones de su esposo. Tan entregados estaban a sus juegos que no les importó ni el donde ni el tiempo, solo dos cosas podían escuchar sus oídos, el ruido de las olas al tocar la arena y sus propios gemidos. 
Osado como buen amante, se brindó por entero a excitar a su amor. Ya sabía muy bien que partes de su cuerpo tocar y los resultados estaban a la vista, mientras una de sus manos abarcó  su miembro y acopló más su cuerpo al suyo... Pedro gimió de placer mientras perdía la cordura entre sus brazos. 
-¡Te amo! ¡Te amo Guille, pero…!
- Yo mas cielito… ¿pero que, Pedro?
- Amor, ¿acá...?
Guillermo miró para todos lados
- Dale, animalito pudoroso… vamos hasta aquella duna alta. ¡Y ojito con escaparte Pedro!
- ¡Jajaja! Amor, lo que menos quiero es eso. ¿No ves como estoy?

Abrazados y descalzos se acoplaron de nuevo dejándose llevar por sus instintos entre risas mutuas, mordidas y besos. Sus manos se volvieron a recorrer, era tan fuerte lo que sentían el uno por el otro que hasta el mismo faro tembló al sentir su entrega. Guillermo lo penetró con urgencia mientras besaba su cuello y susurraba a sus oídos palabras de amor… Pedro creyó morir con cada embestida recibida, el éxtasis llegó para los dos entre gemidos y besos.
- ¡Guaaaa Graziani! ¡Qué pasión contenida amor! ¡Jajaja!
- Calentura querido… ¿Cuanto hace que me tenías a veda? 
Pedro se levantó de la arena completamente desnudo.
- ¿A dónde vas amor? 
- No voy amor, vamos querrás decir. Dale, levántate, vamos al agua. 
- ¡Ni loco! ¡Vení! ¿Qué hacés?
- Me llevo tu bóxer, si lo querés vení a buscarlo 
Guillermo lo quiso atrapar, pero Pedro ya corría desnudo por la arena hacia el agua. 
No le quedaba otra, tendría que ir ya desnudo, a rescatar su ropa interior…

Volvieron por el sendero hacia el faro abrazados, robándose mutuos besos, no lo quería dejar ir pero tendría que dejarlo.
- Dale Guille soltame, tengo que ir al puesto sanitario
- Pedro, te dejo ir con la condición que no te enojes amor
- ¿Y ahora que pasa Guillermo? Hablá.
Respiró hondo, era preferible una escena ahora y no adelante de extraños
- Mi vida, a media tarde llega el reemplazo
- Ah… era eso 
- Pedro, ¡te amo! No peleemos, ¡por favor! Es tan bonito lo que vivimos hace instantes… 
Le tapó la boca con sus dedos.
- ¡Shhh! Tranquilo amor, prometo portarme bien… ¡Pero vos ojo con mirar de mas! 
- Solo tengo ojos para vos, mi ángel guardián.
Se besaron y antes de caer en tentación, se soltaron. 
- Amor, mirá que me debés la noche de bodas
- ¡Jajaja! Guille… ¿y esto que fue? 
- ¿Esto? ¿Lo nuestro? Lo que pasó fue un aperitivo 
- ¡Jajaja! ¿Puedo ir a mi puesto señor?
- Vaya doctor, vaya… ¡Jajaja!

Todo retomaba su curso en la isla, el amor flotaba en el aire... Guillermo observaba desde lo alto del faro toda la isla mientras en silencio agradecía a Dios por darle la oportunidad de volver amar, a la tormenta que trajo a sus costas a un náufrago sin memoria y al destino por acomodar todas las piezas en su lugar.
Sentado llenando unas planillas, una fuerza superior lo hizo levantarse y acercarse a la ventana. Aunque no lo podía distinguir desde tan lejos, sabía muy bien que Guille estaba vigilando todo desde lo alto del faro. 
Solo inhaló el aire y en un suspiro místico pronunció una frase.
- Te siento…
Sus palabras llegaron volando al faro, Guillermo sintió un temblor en  su cuerpo y los ecos de su voz… y solo sonrió

La tarde llegaría y con ella una embarcación. Los dos esperaban en el muelle, uno con cara de pocos amigos y el otro con una sonrisa mal intencionada hacia su cónyuge, pero nada era de temer. Desde la embarcación bajó una pareja y para alegría de Toto, una perrita de su mismo tamaño 
- Señor, buenas tardes, soy su relevo Andrés Aguirre y mi esposa, la doctora Laura de Aguirre. Ah, señor, y esa de ahí es Luna, nuestra mascota.
Pedro ante la presentación de Aguirre tomó la palabra 
- Bienvenidos al faro, que bueno tenerlos acá. Yo soy el doctor Pedro Beggio y él es mi esposo, Guillermo Graziani, guardián del faro.
- Si, lo sabemos doctor. En confianza le cuento que Alfredo nos contó de su historia y del encanto del faro 
- Que bueno, Laura… ¿Te puedo llamar así?
- Claro Pedro!
Guillermo no prestaba atención a lo que hablaban, su mirada seguía a un futuro problema. Toto ya había entablado amistad con Luna, y eso para él, era señal de mal presagio.

- Amor te hablan, contestá
- Disculpen, me perdí en algo. ¿Qué decían?
- Les comentaba que se van a instalar en el refugio y que mañana Laura va conmigo al puesto sanitario mientras vos te ponés de acuerdo con Andrés en todo. 
- Claro, por supuesto. 

Después de la cena de bienvenida y cuando lo nuevos integrantes se despidieron, Pedro sirvió una copa para él y otra para Guillermo 
- Bueno Graziani, ahora estamos solos. ¿Qué te pasa?
- Pedro, ¿Toto está castrado?
- ¿Que decís? ¡Ni en pedo! Él es todo un machito.  
- Por estar castrado no deja de ser un macho, Pedro.
- Ya veo por donde va tu pregunta… y ya te lo vas sacando de la cabeza, porque esno. 
- ¡Pero Pedro…! ¡Dentro de poco la isla nos va quedar chica de tantos que vamos a ser!
- ¡Jajaja! Amor, Toto necesita una novia, ser feliz como vos y yo. 
- ¡Ser feliz! Te aclaro que tu hijo, es la primera noche y ya se fugó. 
- ¡Jajaja! Es sensato como el padre, sabe que sus padres necesitan una noche a solas amor. ¡jajaja!
- Vos reíte, ya me imagino la isla llenas de Totos  y Lunas corriendo de un lado a otro.
- Guillermo, ¿me podés besar y dejar de rezongar? 
- ¡Para…! Una cosa más… ¡Por Dios! ¡Qué horrible apellido que tienen…! “Aguirre” ¡Ay…! De solo pronunciarlo me da escalofrío.
- ¡Jajaja! ¡Te amo Graziani rezongón!
- Te amo cielito
*** FIN***

El faro es nuestro hogar, nuestro destino, y cuando la nostalgia por ellos nos pegue fuerte... los que tengan la posibilidad acérquense a la costanera en noches sin neblina, podrán ver a los lejos una luz alumbrando el camino. Y los que no tienen esa dicha, no se aflijan, porque siempre habrá un faro como guía en sus vidas.  
Gracias a todas 
                                                    Madame Butterfly