
Guillermo
abandonó la soledad en la que se había encerrado en la mañana para acompañarlo,
juntos armaron un croquis de los diferentes casos, de su memoria fueron sacando
toda la información posible y lo que no lograba recordar lo investigaron. Para
la noche, sólo quedaban ellos en la brigada.
-Bueno, yo creo
que por hoy es suficiente.
-Nunca es
suficiente...tenemos que adelantarnos a él, ¿me vas a contar cómo terminó la grabación?
-¿Para qué
Pedro? Si ya te lo imaginás ¿o no?
-Lo violó?
-Si, lo
siento... pero fué tal cual el caso en el que trabajaron juntos.
Tomó aire con
dificultad, y bajó la vista.
-Escuchame, pedí
la orden de un juez para que nos permitan hablar con tu padrastro mañana mismo.
Así que ahora vamos a descansar que nos espera un día bastante movilizador... Ah!
y también pedí custodia para vos. Esta misma noche vas a tener a alguien en tu
domicilio.
-No, no, no,
olvidate, no pienso vivir cuidado como si fuera un chico. Además tengo permiso
para portar armas y cuento con una, no te preocupes, sé protegerme solo.
-No voy a
discutir de eso con vos, ésto no es un juego Beggio. ¿Entendés que estás
corriendo un peligro real? Es más, creo
que me voy a autodesignar tu custodio, a mi no vas a poder evitarme y de paso
podemos trabajar juntos más tiempo, qué te parece?
Pedro sonrió,
tratando de disimular el entusiasmo que la idea le causó, definitivamente si
debía ser cuidado por alguien, Guille era su mejor opción.
-Hola Marcos...
-Guille, pasó
algo? ¿Por qué me llamás a esta hora?
-Nada...bah, si
en realidad te quería decir que suspendas la custodia para el doctor, voy a
hacerme cargo yo.
-Queee? y porqué
vos?
-¡¡¡Porque
necesito estar cerca suyo!!!... O sea... Por si se le ocurre al asesino
acercarse... Quiero ser el que esté ahí.... Mirá Marcos, con la última
grabación es más que evidente que el tipo lo está vigilando y además que es su
objetivo final, y no me voy a perder la oportunidad de encontrármelo cara a
cara a este hijo de puta.
No muy
convencido Marcos le dió su consentimiento. -Está bien Guille, pero te necesito
concentrado en la investigación no sé...
-Te prometo que
eso no se va a modificar, al contrario creo que Beggio es la clave de todo
esto, mañana temprano te mando las posibles futuras víctimas necesitamos
contactarlas y mantenerlas vigiladas.
-Okey,
okey...Guille...
-Si! Qué!?
-Estás bien? Te
lo estás tomando demasiado personal... me da temor, no quiero que vuelvas a
derrumbarte.
-Quedáte
tranquilo Marcos, estoy bien.
-Contás
conmigo, lo sabés no?
-Lo se, pero te
repito, estoy bien.
Tomó un bolsito
pequeño donde guardó unas pocas pertenencias, lo básico, se sentía con una
euforia fuera de lugar, un estado de pura ansiedad que no le permitía pensar
con claridad. ¿Qué mierda estoy por hacer?... ¿Cómo que qué, estás por hacer
Guillermo? Tu trabajo, nada más, que más vas a hacer, es una posible víctima a
la cuál tenés que proteger.
Se dió un baño y
mientras lo hacía la imagen de Pedro se coló en su mente, cerró sus ojos
apoyando su frente en las paredes del cubículo del baño y fué notando cómo la
tensión se acrecentaba en su cuerpo, y se dirigía imparable a su entrepierna,
giró el grifo de agua caliente y dejó que el frío de la ducha haga el recorrido
y aplaque el fuego que sentía en su interior.
Se quedó estático por incontables minutos hasta que los escalofríos se
hicieron incontrolables, salió con rapidez y luego de vestirse se dirigió a su
departamento.
Pedro deambulaba
nervioso por toda la sala, la idea de tener un custodio no le agradaba en lo
absoluto, pero siendo Guillermo quien iba a compartir su espacio la cosa
cambiaba. “Me gusta...si, cómo me gusta, tengo cero posibilidades, pero me
enloquece!...” Sacudió su cabeza tratando de aplacar sus pensamientos...
“Pará un poco Pedro... no estás en posición de pensar en eso ahora...” Se
dispuso a preparar el sofá-cama que jamás había usado, y luego, se sirvió un
refresco. Se encontraba preparando la cena cuando sonó el timbre. Algo
aprisionó su estómago... “Qué pelotudo! Parezco un adolescente en su cita
soñada...” Hizo sonar la chicharra y lo esperó con la puerta abierta.
El ascensor se
abrió y al divisarlo se quedó casi sin aire. Se acercaba por el pasillo con ese
caminar pausado y levemente inclinado. Calzaba un jean negro desteñido y bastante ajustado y una camisa blanca cuyos
botones superiores estaban desprendidos dejando visualizar parte de su pecho,
se había afeitado y sus ojos, que por momentos parecían tan oscuros, hoy se
tornaban color miel, sonreían acompañando una leve mueca de sus labios finos.
Pensó que esa situación sería por demás movilizadora, tenerlo ahí, deseando
tocarlo, sin poder acercarse más de lo socialmente aceptable sería una ardua
tarea. Le regaló una sonrisa sugestiva y lo invitó a pasar.
Guillermo quedó
prendado de unos irresistibles hoyuelos que se marcaron en sus mejillas, bajó
la vista, algo avergonzado e ingresó al lugar.
-Te sirvo algo
para tomar?- Guillermo lo miraba fijo, en silencio y pensaba que necesitaba algo bien fuerte.
-Algo fresco
si... Sin alcohol, eso si, estoy en
servicio.-No había prestado demasiada atención al departamento hasta ese
momento- Permiso, necesito recorrer todo el espacio.
-Si, claro,
adelante.
Guille intentó
medir en un pantallazo la dificultad para cubrir el lugar él solo. El hecho de
ser un departamento, a pesar de la amplitud, le daba cierta seguridad, al menos
no tenía que pensar en pedir más gente que rodeara la propiedad. Había
vigilancia en el edificio y eso aportaba mayor tranquilidad, sin embargo al
observar con detalle visualizó que era fácilmente "vigilable" desde
los edificios vecinos, no había ventanas, toda la pared lateral era un vidrio,
aquella sala parecía una pecera y no contaba con cortinado ni nada que
impidiera aquella vista, “ésto hay que solucionarlo”. La habitación
principal tenía una amplia puerta ventana que daba a un enorme balcón. Ocho
pisos también brindaban algo de garantía. La habitación contigua, adaptada como
estudio solo contaba con una ventana estandar. Observó una amplia biblioteca
llena de libros, un retrato con una foto
de una mujer con un niño en brazos, dio por sentado era su madre, y en
otra, un Pedro más joven, con una pareja mayor. Sobre el escritorio, una computadora portátil, y algunas pocas
anotaciones, todo organizado, la pulcritud y el orden sobresalían en el lugar.
Sonrió pensando en lo diferente que se veía todo en ese lugar comparado con su
casa, donde lo único realmente ordenado que tenía era la cocina.
-¿Comemos?-regalándole
una sonrisa ineludible.
-No... Hacelo
vos, yo termino acá y después veo si pico algo.
-Dale Guille, no
seas amargo, vení a compartir la mesa conmigo, el trabajo no te impide saciar
tus necesidades básicas... Es muy difícil para vos hacerlo conmigo?
Lo miró
sobresaltado. -¿Hacer qué? no te entiendo...
Contuvo una
carcajada. -Comer Guillermo, comer! que va a ser.
-Ah!!! Si, si
está bien, vamos.
Cenaron en un
silencio molesto, Guille perdido en sus pensamientos y Pedro que cada tanto, lo
observaba tratando de interpretar en sus gestos que era lo que pasaba por su
mente, examinaba sus movimientos, bruscos, nerviosos, y visualizó la molestia
en su rostro.
-Qué pasa
Graziani! Si tan fastidioso te resultaba ésto, no hubieses venido!
-No seas
ridículo Pedro, no te vas a quedar solo, si es lo que estas buscando.
-Yo buscando
quedarme solo?... Noooo, sos vos el que tenés esa cara, te repito si tanto te
cuesta estar acá andate! Ya te dije que sé cuidarme solo.
-Cortala
pendejo, dejá de hacerte el valiente que después andas llorando por los
rincones.
Una furia ciega
se reflejó en su semblante, ¿porqué lo trataba así?, él no lo conocía, no tenía
derecho a hablarle así, tiró de golpe la servilleta en la mesa y levantando su
plato se dirigió a la cocina y luego de ordenar se encerró en el estudio sin
siquiera saludarlo.
Guille hizo lo
propio y después de preparar una taza de café se acercó al vidrio,
preguntándose si tal vez el asesino estaba ahí, mirándolo, estudiándolo. Ese
hijo de puta no lo iba a joder, con él ahí la seguridad de Pedro estaba
garantizada. Le dolía haberlo tratado así, pero no lo quería tan cerca, no hasta
tener en claro qué era lo que le estaba pasando con él. Apagó las luces y se
sentó en el sofá, con todos los sentidos en alerta.
Con la cabeza
recostada y los ojos cerrados trataba de dar descanso a su mente. Sintió una
mano recorrer la longitud de su pierna por encima del pantalón, y notó su
cuerpo responder indómito al estímulo. Abrió los ojos y lo vió, a centímetros
de su cara, su mirada posada en su boca. La mano proseguía con el juego que
encendía todos sus sentidos y lo llevaba al límite de lo conocido, su
respiración se descontroló, los gemidos se escaparon sin pedir permiso, sus
labios húmedos se posaron en su boca y la lengua, insolente, emprendió el
desafío en una lucha que, en ese mismo momento dió por perdida. Abandonó su boca y se dedicó a su cuello, sus
labios gruesos apenas rozaban su piel, cerró los ojos, los temblores se
hicieron incontrolables y sintió, toda la sangre agolpada en su miembro,
expresarse en un agudo dolor.
El sonido del
celular irrumpe en el ambiente y Guillermo no quiere atender, se niega a salir
de ese estado de placer absoluto y novedoso del que se siente preso. Pero el
ruido es insistente, abre sus ojos y nota su cuerpo empapado, el corazón
desbocado latiendo en su pecho, mira a su alrededor, está solo. “Puta Madre...que
mierda...!?” El ringtone vuelve a interrumpir el silencio de la noche.
Atiende.
-Hola-totalmente
agitado
-Guillermo!
querido al fin atendés! tenés que venir.
-Qué pasó
Marcos...
-Encontramos el
cuerpo.
-Mandá alguien a
reemplazarme. ¡Ahora!
----------------------------------------------------------------
La mañana
irrumpió por la ventana, no recordaba en que horario logró conciliar el sueño,
el sol aún no salía y la aurora apenas despuntaba. Un fuerte aroma a café
recién preparado invadió sus sentidos y no pudo resistirse a la tentación de
llegar a la cocina y servirse una taza llena.
Luego de
cambiarse mirándose al espejo pensó en
él, en esa ridícula pelea de la noche y decidió que lo mejor era dejar de
colmar expectativas con ese hombre, resignarse a mirar para otro lado y
dedicarse a terminar con la locura en la que estaba inmerso, así después de eso
ya no tendría que verlo más y podría seguir con su tranquila y solitaria vida.
Al salir de la
habitación se topó de frente con un extraño, que lo tomó por sorpresa.
-Buenos días
Señor Beggio, soy el oficial Ledesma y estoy cubriendo a Graziani.
Hizo un leve
movimiento de cabeza a modo de saludo y se volvió a la habitación.
Una sensación de
enojo y desasosiego se apoderaron de él, se tiró en la cama que acababa de
ordenar con los brazos tras su nuca, no solo no podía salir tranquilo, ir a
trabajar, y hacer una vida normal sino que estaba siendo cuidado como si fuera
un crio, esto se estaba transformando en una tortura china, y encima, Guille se
había ido. Tomó su celular y realizó la llamada.
-Hola Pedro!
-Escuchame
Graziani, ¿Que hace este tipo en mi casa y dónde mierda estás vos?
-Epa...epaaaa,
tranquilo! Mejor bajá un par de cambios porque así no vamos a poder hablar!
¿Qué te pasa?
-Quiero que me expliques
que te hice ahora para que abandones mi custodia?
-Pedro...en un
rato salgo para allá y hablamos.-y le cortó la comunicación. Quedó mirando el
aparato y luego lo tiró en la mesa de noche.
Al llegar al
departamento despidió al oficial y golpeó la puerta del cuarto. No oyó
respuesta, así que sin hacer ruido abrió apenas y lo vió durmiendo, ingresó al
dormitorio y se sentó a su lado. Lo observó por unos segundos y sin poder
contenerse, con el dorso de su dedo índice, ensayó una caricia por el costado
de su rostro. Pedro abrió abruptamente los ojos, se sentó de golpe y lo apuntó
con el arma que tenía bajo la almohada, en el cuello.
-¡Tranquilo!... soy
yo.- Con la voz ronca-Bajá eso Pedro.
Bajó el arma y
respiró aliviado.-¿Viniste a buscar tus cosas?-dijo irónicamente. Mientras
Guille sentía nacer dentro suyo una ternura inexplicable.
Ante su silencio
prosiguió ya en un tono menos agresivo-¿Me vas a decir qué te pasa? desde la
otra noche estás raro, ¿pasó algo que yo no sé? No te entiendo, por momentos te
comportás como un verdadero amigo, siento que me cuidás, me contenés, me
escuchás y al minuto siguiente sos una roca, frío, te vas, te distanciás, cómo
si me tuvieras miedo, yo pensé que confiabas en mi.
-Yo... confío en
vos.-Viéndolo directo a sus ojos.
-¿Y entonces? ¿Por
qué te alejás de repente? Te hice algo? O es a causa de mis elecciones
personales... ¿Te provoco asco? ... Que creés... ¿Que soy un degenerado? ¿Un
enfermo?
-No Pedro, por
favor! jamás pensaría eso de vos.
-Está todo bien
si lo pensás, no me ofende, no sería la primera vez y tengo muy claro quién
soy, solo quiero saber qué es lo que te pasa.
-No, no es eso.
-Tenés miedo que
me confunda?
-Yo no le tengo
miedo a nada, chiquito, sabés todas las cosas que viví yo?
-¡Entonces
decime! ¿Qué te pasa? ¡Quiero saberlo! Me lo merezco!-Pedro había comenzado a
levantar la voz.
-Lo que pasa es
que...- tomó aire intentando frenar las palabras, que incontenibles trataban de
escaparse- Es que... pienso todo el día en vos, Pedro, no puedo dejar de pensar
en vos, y... es la primera vez que me pasa con...-bajó su cabeza con timidez.
-Con un hombre?
Sintió como todo
el cuerpo aflojaba la tensión que estaba viviendo-....Si, es la primera vez que
me pasa con un hombre.
Pedro casi no
pudo contener una sonrisa emocionada, pensó en abrazarlo fuerte, pero no quería
invadirlo, él quería parecer valiente, pero estaba aterrado, se notaba en el
temblor de su voz. Acercó su mano y le hizo una leve caricia en el cabello, que
recibió cerrando sus ojos. Guillermo tomó su mano y besó uno a uno sus
nudillos. Pedro lo miraba extasiado, este hombre era más peligroso para él que
el mismísimo asesino. Sacó suavemente su mano de entre las suyas y se levantó.
-Vamos a comer algo si?
-Eso es todo lo
que me vas a decir?-Algo desilusionado.
-Qué querés que
te diga Guille? ¿Qué me pasa lo mismo? Creo que eso ya lo sabés y si no... .averigualo-
y le guiñó un ojo sonriente.
En realidad no
lo sabía, podía darse cuenta perfectamente cuando una mujer se sentía atraída, interesada en él. Pero
con un hombre era una absoluta novedad. Quedó mirándolo en silencio.
-Quedate
tranquilo, y no pienses tanto, estas cosas no se piensan, se sienten acá.
-Señalando su corazón- Date tiempo.
Guillermo lo
escuchaba, atentamente, mientras pensaba
en lo claro que tenía todo Pedro en este y varios aspectos, en lo maduro que
era para su edad y en cómo hacer para no comerle la boca de un beso. Se sacudió
mentalmente y saliendo de la habitación. -Bueno chiquito, hoy el almuerzo me
toca a mí.
----------------------------------------------------------------
Mientras hacía
todo un despliegue de sus dotes culinarios, Pedro puso música y se tiró en el
sofá a leer un libro, cada tanto levantaba la vista y se quedaba mirándolo
fijamente, hasta que Guille lo notaba y dirigía sus ojos a él, entonces le
hacía un guiño y seguía con la lectura. Guillermo presentía sus provocaciones
pero lejos de molestarle podía sentir el golpeteo de la sangre recorrer sus
venas y pensaba en cómo vencer sus prejuicios y tirársele encima. Ese arranque
de sinceridad, al contrario de incomodarlo le había regalado algo de paz, y le
había ayudado a distenderse. No debía sentir miedo, ¿qué podría salir mal? Él
era una persona adulta, no tenía que dar explicaciones a nadie, jamás lo había
hecho, así que no sería ésta, la primera vez. Decidió en ese mismo instante que
fuera lo que fuese que le estaba pasando lo iba a vivir. Después de todo
merecía algo de alegría, desde que lo conoció se sintió libre, entusiasmado,
vivo, por primera vez en años. Alguien le dijo alguna vez que las relaciones
que comenzaban en circunstancias límites no llegaban a buen puerto, y él lo
había comprobado con Laura, pero esto era diferente, tampoco es que pretendiera
tener una "relación" con él. ¿O si? Las dudas formaban torbellinos en
su mente.
Repasó en su
memoria lo que sabía de su historia y se dejó inundar por una profunda
admiración mezclada con pena, pena por su sufrimiento, por la falta de amor a
la que fué sometido, por el dolor que se leía en sus ojos, y se juró, mientras
lo observaba leer ese libro, que nadie lo iba a volver a lastimar, él lo iba a
proteger aunque se le fuera su propia vida en ello.
-Comemos?
Pedro se
levantó, se dirigió a la cocina, tomó los utensilios para disponerlos en la
mesa y mientras lo hacía caminó muy cerca de la espalda de Guille rozándolo con
toda la superficie de su cuerpo.
Guillermo cerró
sus ojos, tomó aire con dificultad y sintió cómo, una descarga de adrenalina lo recorría desde
la punta de los pies hasta el último de sus cabellos, “este pendejo me está
buscando”.
Mientras
almorzaban pensó en cómo decirle que el cuerpo de Diego había aparecido.
-Pedro...tengo
que decirte algo.
-Qué! que pasó
ahora? Querés continuar con la charla que empezamos?
-No no... Eso no
es importante, lo que tengo que decirte sí lo es.
-Bueno lo que es
importante para mi es algo que decido yo Graziani...
-Se trata de
Diego.
La cara de Pedro
se transformó en ese instante. Había olvidado por un momento la situación y las
circunstancias en las que se encontraban.
-Apareció el
cuerpo, esta madrugada, por eso me fuí y mande a Ledesma para que se quede en
mi lugar.
Pedro tiró la
servilleta.-Y porqué no me avisaste? Yo hubiera podido ir con vos!
-Y para qué? Que
hubieras solucionado? No tenía ningún sentido mi amor, yo... -inmediatamente se
quedó callado, sorprendiéndose de él mismo. “Estaba diciéndole... ¿mi amor”
-Lo que tiene y
no tiene sentido es algo que me incumbe solo a mi ¡nunca más me ocultes nada
respecto a esta investigación!
-Pero por favor!
no era la intención ocultarte nada, solo que cuando vine, no se dió el momento
de hablarlo.
El silencio se
hizo lugar nuevamente entre ellos. Soltó los cubiertos, lo tomó de la cara para
ver sus ojos y le dijo.-Te juro, por la memoria de mi viejo, que vamos a encontrarlo
y yo mismo lo voy a meter adentro, te lo juro.
Pedro lo abrazó
de repente y Guillermo sintió en ese abrazo que sus viejos miedos terminaban de
disiparse, que ya no tenía manera de escapar,
si era amor o no, no lo sabía pero sí, notó cómo un nuevo temor surgía
dentro suyo, el de perderlo. Rodeó su cara con las manos y comenzó a darle
pequeños y tiernos besos en su frente,
sus ojos, sus mejillas, su nariz,
su mentón. Se frenó de repente y mirándolo a los ojos imprimió un tímido roce
en sus labios. El joven se olvidó del mundo, y lo tomó de la nuca con fuerza,
profundizando en ese beso, desbordado por todo lo que le producía ese hombre, y
él respondió, tímidamente pero con ansias.
Pedro, superado
por sus propias sensaciones, siguió avanzando, había abandonado la silla levantándolo
bruscamente de la suya sin dejar de
tomar sus labios con deseo. En un momento de lucidez abrió los ojos y se topó
con su mirada contrariada. Frenó inmediatamente el impulso, se retiró,
suavemente, apoyando la frente en su hombro y tomando aire entrecortadamente. -Perdón
Guille yo... No pude evitarlo-
Guillermo trató de recuperar el aliento
que se había perdido en aquella demostración.-Bueno, por lo visto yo tampoco.-
Respiró hondo y sonrió, con toda su cara. -Te pido un poco de paciencia por
favor, esto es algo nuevo para mí.
-A partir de
este momento prometo respetar tus
tiempos, pero si te acercás tanto... me
pierdo, lo siento, tal vez sea mejor que mantengamos cierta distancia física.
-¿Me estás poniendo
una orden de restricción?- Largando una carcajada.
-No, restricción
no, pero entendeme, es muy difícil para mi.
-Está bien voy
intentar no acercarme demasiado.
Lo interrumpe el
sonido de su celular y atiende alejándose de él.
-Marcos, que
pasó.
-Ya podés ir a
ver al padrastro, hablamos con el médico y no necesitas ninguna orden, te mando reemplazo?
-No él se viene
conmigo.
-Okey!! chau!
-Ya podemos ir a
verlo.
El rostro de Pedro
se baño de un gesto de terror y Guillermo lo notó, simuló un golpe en su cara
que terminó en caricia. -Vamos dale!
-------------------------Continuará--------------------------

