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viernes, 26 de junio de 2015

"VÍCTIMAS" - Cap. 6 - (By Sil Barby)

"VÍCTIMAS" - CAPÍTULO 6







Guillermo abandonó la soledad en la que se había encerrado en la mañana para acompañarlo, juntos armaron un croquis de los diferentes casos, de su memoria fueron sacando toda la información posible y lo que no lograba recordar lo investigaron. Para la noche, sólo quedaban ellos en la brigada.
-Bueno, yo creo que por hoy es suficiente.
-Nunca es suficiente...tenemos que adelantarnos a él, ¿me vas  a contar cómo terminó la grabación?
-¿Para qué Pedro? Si ya te lo imaginás ¿o no?
-Lo violó?
-Si, lo siento... pero fué tal cual el caso en el que trabajaron juntos.
Tomó aire con dificultad, y bajó la vista.
-Escuchame, pedí la orden de un juez para que nos permitan hablar con tu padrastro mañana mismo. Así que ahora vamos a descansar que nos espera un día bastante movilizador... Ah! y también pedí custodia para vos. Esta misma noche vas a tener a alguien en tu domicilio.
-No, no, no, olvidate, no pienso vivir cuidado como si fuera un chico. Además tengo permiso para portar armas y cuento con una, no te preocupes, sé protegerme solo.
-No voy a discutir de eso con vos, ésto no es un juego Beggio. ¿Entendés que estás corriendo un peligro real?  Es más, creo que me voy a autodesignar tu custodio, a mi no vas a poder evitarme y de paso podemos trabajar juntos más tiempo, qué te parece?
Pedro sonrió, tratando de disimular el entusiasmo que la idea le causó, definitivamente si debía ser cuidado por alguien, Guille era su mejor opción.



-Hola Marcos...
-Guille, pasó algo?  ¿Por qué me llamás a esta hora?
-Nada...bah, si en realidad te quería decir que suspendas la custodia para el doctor, voy a hacerme cargo yo.
-Queee? y porqué vos?
-¡¡¡Porque necesito estar cerca suyo!!!... O sea... Por si se le ocurre al asesino acercarse... Quiero ser el que esté ahí.... Mirá Marcos, con la última grabación es más que evidente que el tipo lo está vigilando y además que es su objetivo final, y no me voy a perder la oportunidad de encontrármelo cara a cara a este hijo de puta.
No muy convencido Marcos le dió su consentimiento. -Está bien Guille, pero te necesito concentrado en la investigación no sé...
-Te prometo que eso no se va a modificar, al contrario creo que Beggio es la clave de todo esto, mañana temprano te mando las posibles futuras víctimas necesitamos contactarlas y mantenerlas vigiladas.
-Okey, okey...Guille...
-Si!  Qué!?
-Estás bien? Te lo estás tomando demasiado personal... me da temor, no quiero que vuelvas a derrumbarte.
-Quedáte tranquilo Marcos, estoy bien.
-Contás conmigo,  lo sabés no?
-Lo se, pero te repito, estoy bien.



Tomó un bolsito pequeño donde guardó unas pocas pertenencias, lo básico, se sentía con una euforia fuera de lugar, un estado de pura ansiedad que no le permitía pensar con claridad. ¿Qué mierda estoy por hacer?... ¿Cómo que qué, estás por hacer Guillermo? Tu trabajo, nada más, que más vas a hacer, es una posible víctima a la cuál tenés que proteger.
Se dió un baño y mientras lo hacía la imagen de Pedro se coló en su mente, cerró sus ojos apoyando su frente en las paredes del cubículo del baño y fué notando cómo la tensión se acrecentaba en su cuerpo, y se dirigía imparable a su entrepierna, giró el grifo de agua caliente y dejó que el frío de la ducha haga el recorrido y aplaque el fuego que sentía en su interior.  Se quedó estático por incontables minutos hasta que los escalofríos se hicieron incontrolables, salió con rapidez y luego de vestirse se dirigió a su departamento.

Pedro deambulaba nervioso por toda la sala, la idea de tener un custodio no le agradaba en lo absoluto, pero siendo Guillermo quien iba a compartir su espacio la cosa cambiaba. “Me gusta...si, cómo me gusta, tengo cero posibilidades, pero me enloquece!...” Sacudió su cabeza tratando de aplacar sus pensamientos... “Pará un poco Pedro... no estás en posición de pensar en eso ahora...” Se dispuso a preparar el sofá-cama que jamás había usado, y luego, se sirvió un refresco. Se encontraba preparando la cena cuando sonó el timbre. Algo aprisionó su estómago... “Qué pelotudo! Parezco un adolescente en su cita soñada...” Hizo sonar la chicharra y lo esperó con la puerta abierta.
El ascensor se abrió y al divisarlo se quedó casi sin aire. Se acercaba por el pasillo con ese caminar pausado y levemente inclinado. Calzaba un jean negro desteñido y  bastante ajustado y una camisa blanca cuyos botones superiores estaban desprendidos dejando visualizar parte de su pecho, se había afeitado y sus ojos, que por momentos parecían tan oscuros, hoy se tornaban color miel, sonreían acompañando una leve mueca de sus labios finos. Pensó que esa situación sería por demás movilizadora, tenerlo ahí, deseando tocarlo, sin poder acercarse más de lo socialmente aceptable sería una ardua tarea. Le regaló una sonrisa sugestiva y lo invitó a pasar.
Guillermo quedó prendado de unos irresistibles hoyuelos que se marcaron en sus mejillas, bajó la vista, algo avergonzado e ingresó al lugar.

-Te sirvo algo para tomar?- Guillermo lo miraba fijo, en silencio y pensaba  que necesitaba algo bien fuerte.
-Algo fresco si... Sin alcohol, eso si,  estoy en servicio.-No había prestado demasiada atención al departamento hasta ese momento- Permiso, necesito recorrer todo el espacio.
-Si, claro, adelante.
Guille intentó medir en un pantallazo la dificultad para cubrir el lugar él solo. El hecho de ser un departamento, a pesar de la amplitud, le daba cierta seguridad, al menos no tenía que pensar en pedir más gente que rodeara la propiedad. Había vigilancia en el edificio y eso aportaba mayor tranquilidad, sin embargo al observar con detalle visualizó que era fácilmente "vigilable" desde los edificios vecinos, no había ventanas, toda la pared lateral era un vidrio, aquella sala parecía una pecera y no contaba con cortinado ni nada que impidiera aquella vista, “ésto hay que solucionarlo”. La habitación principal tenía una amplia puerta ventana que daba a un enorme balcón. Ocho pisos también brindaban algo de garantía. La habitación contigua, adaptada como estudio solo contaba con una ventana estandar. Observó una amplia biblioteca llena de libros, un retrato con una foto  de una mujer con un niño en brazos, dio por sentado era su madre, y en otra, un Pedro más joven, con una pareja mayor. Sobre el escritorio,  una computadora portátil, y algunas pocas anotaciones, todo organizado, la pulcritud y el orden sobresalían en el lugar. Sonrió pensando en lo diferente que se veía todo en ese lugar comparado con su casa, donde lo único realmente ordenado que tenía era la cocina.

-¿Comemos?-regalándole una sonrisa ineludible.
-No... Hacelo vos, yo termino acá y después veo si pico algo.
-Dale Guille, no seas amargo, vení a compartir la mesa conmigo, el trabajo no te impide saciar tus necesidades básicas... Es muy difícil para vos hacerlo conmigo?
Lo miró sobresaltado. -¿Hacer qué? no te entiendo...
Contuvo una carcajada. -Comer Guillermo, comer! que va a ser.
-Ah!!! Si, si está bien, vamos.

Cenaron en un silencio molesto, Guille perdido en sus pensamientos y Pedro que cada tanto, lo observaba tratando de interpretar en sus gestos que era lo que pasaba por su mente, examinaba sus movimientos, bruscos, nerviosos, y visualizó la molestia en su rostro.
-Qué pasa Graziani! Si tan fastidioso te resultaba ésto, no hubieses venido!
-No seas ridículo Pedro, no te vas a quedar solo, si es lo que estas buscando.
-Yo buscando quedarme solo?... Noooo, sos vos el que tenés esa cara, te repito si tanto te cuesta estar acá andate! Ya te dije que sé cuidarme solo.
-Cortala pendejo, dejá de hacerte el valiente que después andas llorando por los rincones.
Una furia ciega se reflejó en su semblante, ¿porqué lo trataba así?, él no lo conocía, no tenía derecho a hablarle así, tiró de golpe la servilleta en la mesa y levantando su plato se dirigió a la cocina y luego de ordenar se encerró en el estudio sin siquiera saludarlo.
Guille hizo lo propio y después de preparar una taza de café se acercó al vidrio, preguntándose si tal vez el asesino estaba ahí, mirándolo, estudiándolo. Ese hijo de puta no lo iba a joder, con él ahí la seguridad de Pedro estaba garantizada. Le dolía haberlo tratado así, pero no lo quería tan cerca, no hasta tener en claro qué era lo que le estaba pasando con él. Apagó las luces y se sentó en el sofá, con todos los sentidos en alerta.


Con la cabeza recostada y los ojos cerrados trataba de dar descanso a su mente. Sintió una mano recorrer la longitud de su pierna por encima del pantalón, y notó su cuerpo responder indómito al estímulo. Abrió los ojos y lo vió, a centímetros de su cara, su mirada posada en su boca. La mano proseguía con el juego que encendía todos sus sentidos y lo llevaba al límite de lo conocido, su respiración se descontroló, los gemidos se escaparon sin pedir permiso, sus labios húmedos se posaron en su boca y la lengua, insolente, emprendió el desafío en una lucha que, en ese mismo momento dió por perdida.  Abandonó su boca y se dedicó a su cuello, sus labios gruesos apenas rozaban su piel, cerró los ojos, los temblores se hicieron incontrolables y sintió, toda la sangre agolpada en su miembro, expresarse en un agudo dolor.

El sonido del celular irrumpe en el ambiente y Guillermo no quiere atender, se niega a salir de ese estado de placer absoluto y novedoso del que se siente preso. Pero el ruido es insistente, abre sus ojos y nota su cuerpo empapado, el corazón desbocado latiendo en su pecho, mira a su alrededor, está solo. “Puta Madre...que mierda...!?” El ringtone vuelve a interrumpir el silencio de la noche. Atiende.
-Hola-totalmente agitado
-Guillermo! querido al fin atendés! tenés que venir.
-Qué pasó Marcos...
-Encontramos el cuerpo.
-Mandá alguien a reemplazarme. ¡Ahora!


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La mañana irrumpió por la ventana, no recordaba en que horario logró conciliar el sueño, el sol aún no salía y la aurora apenas despuntaba. Un fuerte aroma a café recién preparado invadió sus sentidos y no pudo resistirse a la tentación de llegar a la cocina y servirse una taza llena.
Luego de cambiarse mirándose  al espejo pensó en él, en esa ridícula pelea de la noche y decidió que lo mejor era dejar de colmar expectativas con ese hombre, resignarse a mirar para otro lado y dedicarse a terminar con la locura en la que estaba inmerso, así después de eso ya no tendría que verlo más y podría seguir con su tranquila y solitaria vida.
Al salir de la habitación se topó de frente con un extraño, que lo tomó por sorpresa.
-Buenos días Señor Beggio, soy el oficial Ledesma y estoy cubriendo a Graziani.
Hizo un leve movimiento de cabeza a modo de saludo y se volvió a la habitación.
Una sensación de enojo y desasosiego se apoderaron de él, se tiró en la cama que acababa de ordenar con los brazos tras su nuca, no solo no podía salir tranquilo, ir a trabajar, y hacer una vida normal sino que estaba siendo cuidado como si fuera un crio, esto se estaba transformando en una tortura china, y encima, Guille se había ido. Tomó su celular y realizó la llamada.

-Hola Pedro!
-Escuchame Graziani, ¿Que hace este tipo en mi casa y dónde mierda estás vos?
-Epa...epaaaa, tranquilo! Mejor bajá un par de cambios porque así no vamos a poder hablar! ¿Qué te pasa?
-Quiero que me expliques que te hice ahora para que abandones mi custodia?
-Pedro...en un rato salgo para allá y hablamos.-y le cortó la comunicación. Quedó mirando el aparato y luego lo tiró en la mesa de noche.

Al llegar al departamento despidió al oficial y golpeó la puerta del cuarto. No oyó respuesta, así que sin hacer ruido abrió apenas y lo vió durmiendo, ingresó al dormitorio y se sentó a su lado. Lo observó por unos segundos y sin poder contenerse, con el dorso de su dedo índice, ensayó una caricia por el costado de su rostro. Pedro abrió abruptamente los ojos, se sentó de golpe y lo apuntó con el arma que tenía bajo la almohada, en el cuello.
-¡Tranquilo!... soy yo.- Con la voz ronca-Bajá eso Pedro.
Bajó el arma y respiró aliviado.-¿Viniste a buscar tus cosas?-dijo irónicamente. Mientras Guille sentía nacer dentro suyo una ternura inexplicable.
Ante su silencio prosiguió ya en un tono menos agresivo-¿Me vas a decir qué te pasa? desde la otra noche estás raro, ¿pasó algo que yo no sé? No te entiendo, por momentos te comportás como un verdadero amigo, siento que me cuidás, me contenés, me escuchás y al minuto siguiente sos una roca, frío, te vas, te distanciás, cómo si me tuvieras miedo, yo pensé que confiabas en mi.
-Yo... confío en vos.-Viéndolo directo a sus ojos.
-¿Y entonces? ¿Por qué te alejás de repente? Te hice algo? O es a causa de mis elecciones personales... ¿Te provoco asco? ... Que creés... ¿Que soy un degenerado? ¿Un enfermo? 
-No Pedro, por favor! jamás pensaría eso de vos.
-Está todo bien si lo pensás, no me ofende, no sería la primera vez y tengo muy claro quién soy, solo quiero saber qué es lo que te pasa.
-No, no es eso.
-Tenés miedo que me confunda?
-Yo no le tengo miedo a nada, chiquito, sabés todas las cosas que viví yo?
-¡Entonces decime! ¿Qué te pasa? ¡Quiero saberlo! Me lo merezco!-Pedro había comenzado a levantar la voz.
-Lo que pasa es que...- tomó aire intentando frenar las palabras, que incontenibles trataban de escaparse- Es que... pienso todo el día en vos, Pedro, no puedo dejar de pensar en vos, y... es la primera vez que me pasa con...-bajó su cabeza con timidez.
-Con un hombre?
Sintió como todo el cuerpo aflojaba la tensión que estaba viviendo-....Si, es la primera vez que me pasa con un hombre.
Pedro casi no pudo contener una sonrisa emocionada, pensó en abrazarlo fuerte, pero no quería invadirlo, él quería parecer valiente, pero estaba aterrado, se notaba en el temblor de su voz. Acercó su mano y le hizo una leve caricia en el cabello, que recibió cerrando sus ojos. Guillermo tomó su mano y besó uno a uno sus nudillos. Pedro lo miraba extasiado, este hombre era más peligroso para él que el mismísimo asesino. Sacó suavemente su mano de entre las suyas y se levantó. -Vamos a comer algo si?
-Eso es todo lo que me vas a decir?-Algo desilusionado.
-Qué querés que te diga Guille? ¿Qué me pasa lo mismo? Creo que eso ya lo sabés y si no... .averigualo- y le guiñó un ojo sonriente.

En realidad no lo sabía, podía darse cuenta perfectamente cuando una  mujer se sentía atraída, interesada en él. Pero con un hombre era una absoluta novedad. Quedó mirándolo en silencio.
 
-Quedate tranquilo, y no pienses tanto, estas cosas no se piensan, se sienten acá. -Señalando su corazón- Date tiempo.
Guillermo lo escuchaba, atentamente,  mientras pensaba en lo claro que tenía todo Pedro en este y varios aspectos, en lo maduro que era para su edad y en cómo hacer para no comerle la boca de un beso. Se sacudió mentalmente y saliendo de la habitación. -Bueno chiquito, hoy el almuerzo me toca a mí.


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Mientras hacía todo un despliegue de sus dotes culinarios, Pedro puso música y se tiró en el sofá a leer un libro, cada tanto levantaba la vista y se quedaba mirándolo fijamente, hasta que Guille lo notaba y dirigía sus ojos a él, entonces le hacía un guiño y seguía con la lectura. Guillermo presentía sus provocaciones pero lejos de molestarle podía sentir el golpeteo de la sangre recorrer sus venas y pensaba en cómo vencer sus prejuicios y tirársele encima. Ese arranque de sinceridad, al contrario de incomodarlo le había regalado algo de paz, y le había ayudado a distenderse. No debía sentir miedo, ¿qué podría salir mal? Él era una persona adulta, no tenía que dar explicaciones a nadie, jamás lo había hecho, así que no sería ésta, la primera vez. Decidió en ese mismo instante que fuera lo que fuese que le estaba pasando lo iba a vivir. Después de todo merecía algo de alegría, desde que lo conoció se sintió libre, entusiasmado, vivo, por primera vez en años. Alguien le dijo alguna vez que las relaciones que comenzaban en circunstancias límites no llegaban a buen puerto, y él lo había comprobado con Laura, pero esto era diferente, tampoco es que pretendiera tener una "relación" con él. ¿O si? Las dudas formaban torbellinos en su mente.

Repasó en su memoria lo que sabía de su historia y se dejó inundar por una profunda admiración mezclada con pena, pena por su sufrimiento, por la falta de amor a la que fué sometido, por el dolor que se leía en sus ojos, y se juró, mientras lo observaba leer ese libro, que nadie lo iba a volver a lastimar, él lo iba a proteger aunque se le fuera su propia vida en ello.

-Comemos?

Pedro se levantó, se dirigió a la cocina, tomó los utensilios para disponerlos en la mesa y mientras lo hacía caminó muy cerca de la espalda de Guille rozándolo con toda la superficie de su cuerpo.
Guillermo cerró sus ojos, tomó aire con dificultad y sintió cómo,  una descarga de adrenalina lo recorría desde la punta de los pies hasta el último de sus cabellos, “este pendejo me está buscando”.

Mientras almorzaban pensó en cómo decirle que el cuerpo de Diego había aparecido.
-Pedro...tengo que decirte algo.
-Qué! que pasó ahora? Querés continuar con la charla que empezamos?
-No no... Eso no es importante, lo que tengo que decirte sí lo es.
-Bueno lo que es importante para mi es algo que decido yo Graziani...
-Se trata de Diego.
La cara de Pedro se transformó en ese instante. Había olvidado por un momento la situación y las circunstancias en las que se encontraban.
-Apareció el cuerpo, esta madrugada, por eso me fuí y mande a Ledesma para que se quede en mi lugar.
Pedro tiró la servilleta.-Y porqué no me avisaste? Yo hubiera podido ir con vos!
-Y para qué? Que hubieras solucionado? No tenía ningún sentido mi amor, yo... -inmediatamente se quedó callado, sorprendiéndose de él mismo.  “Estaba diciéndole... ¿mi amor”
-Lo que tiene y no tiene sentido es algo que me incumbe solo a mi ¡nunca más me ocultes nada respecto a esta investigación!
-Pero por favor! no era la intención ocultarte nada, solo que cuando vine, no se dió el momento de hablarlo.
El silencio se hizo lugar nuevamente entre ellos. Soltó los cubiertos, lo tomó de la cara para ver sus ojos y le dijo.-Te juro, por la memoria de mi viejo, que vamos a encontrarlo y yo mismo lo voy a meter adentro, te lo juro.
Pedro lo abrazó de repente y Guillermo sintió en ese abrazo que sus viejos miedos terminaban de disiparse, que ya no tenía manera de escapar,   si era amor o no, no lo sabía pero sí, notó cómo un nuevo temor surgía dentro suyo, el de perderlo. Rodeó su cara con las manos y comenzó a darle pequeños y tiernos besos en su frente,  sus ojos,  sus mejillas, su nariz, su mentón. Se frenó de repente y mirándolo a los ojos imprimió un tímido roce en sus labios. El joven se olvidó del mundo, y lo tomó de la nuca con fuerza, profundizando en ese beso, desbordado por todo lo que le producía ese hombre, y él respondió, tímidamente pero con ansias.
Pedro, superado por sus propias sensaciones, siguió avanzando, había abandonado la silla levantándolo bruscamente  de la suya sin dejar de tomar sus labios con deseo. En un momento de lucidez abrió los ojos y se topó con su mirada contrariada. Frenó inmediatamente el impulso, se retiró, suavemente, apoyando la frente en su hombro y tomando aire entrecortadamente. -Perdón Guille yo...  No pude evitarlo- Guillermo  trató de recuperar el aliento que se había perdido en aquella demostración.-Bueno, por lo visto yo tampoco.- Respiró hondo y sonrió, con toda su cara. -Te pido un poco de paciencia por favor, esto es algo nuevo para mí.
-A partir de este momento  prometo respetar tus tiempos, pero  si te acercás tanto... me pierdo, lo siento, tal vez sea mejor que mantengamos cierta distancia física.
-¿Me estás poniendo una orden de restricción?- Largando una carcajada.
-No, restricción no, pero entendeme, es muy difícil para mi.
-Está bien voy intentar no acercarme demasiado.
Lo interrumpe el sonido de su celular y atiende alejándose de él.
-Marcos, que pasó.
-Ya podés ir a ver al padrastro, hablamos con el médico y no necesitas ninguna orden,  te mando reemplazo?
-No él se viene conmigo.
-Okey!! chau!

-Ya podemos ir a verlo.
El rostro de Pedro se baño de un gesto de terror y Guillermo lo notó, simuló un golpe en su cara que terminó en caricia. -Vamos dale!



-------------------------Continuará--------------------------

jueves, 25 de junio de 2015

"ESTOCOLMO" - Cap. 2 - (By Juliana Millán)

"ESTOCOLMO"  - CAPÍTULO 2





El golpe en la cabeza lo noqueó, se siente perdido en la bruma flotando sin tener control de su propio cuerpo, todo se ve oscuro pero a lo lejos un destello algo titila y se acerca rápidamente, siente temor y confusión al mismo tiempo, agudiza la vista tratando de reconocer que es aquello y una sensación de ahogo lo trae de vuelta a la realidad, el aire no pasa a sus pulmones porque una importante cantidad de agua obstruyó el paso, tose excesivamente y siente una risa burlona
- Ya era tiempo que despertara Sr. Gerente, no tengo tiempo que perder - una voz firme, varonil, autoritaria lo increpa y luego siente que lo toman por el brazo levantándolo bruscamente del piso a lo cual Pedro responde con un quejido lastimero
- Puedo incorporarme solo - le dice en un tono de voz cargado de desprecio
- No te hagas el valiente chiquito, ahora vamos a la bóveda, y te sugiero que te comportes si no queres una masacre en tu banco, así que tranquilo y nadie va a salir lastimado -
Pedro toca su sien y nota una herida, el dolor de cabeza se está tornando insoportable - ¿Nadie va a salir lastimado? - le retruca irónicamente mostrándole la mano manchada de sangre
- Un souvenir, a veces la gente tiene la estúpida idea de creer que se trata de una joda pero cuando se golpea al gerente ya no caben dudas.... al ascensor - mientras lo empuja     
Pedro mira de reojo al enmascarado, el tipo está solo pero muy bien armado, es corpulento pero quizá pueda derribarlo o no, está herido y débil aún le retumban los oídos por el golpe en la sien. Llegan al hall central y el panorama no es nada alentador, dos personas armadas mantienen a todos los presentes en vilo, los agentes de seguridad han sido noqueados y al dirigir sus ojos a la puerta de entrada ve a dos más, están cercados no hay nada que hacer. El tipo lo empuja escaleras abajo para ir a la bóveda, una de las personas armadas lo sigue, los tres usan máscaras para no ser detectados pero los de afuera se hacen pasar por oficiales. Terminan los escalones y se encuentran con la primer reja, Pedro se debate entre la rabia y la indignación, su cabeza repasa a milésimas de segundos posibilidades, su cuerpo se tensa y pone en evidencia su cometido, en ese momento justo detrás de su cuello siente la respiración del hombre armado
- Ni se te ocurra, yo no hablo al pedo, vos te haces el vivo y te pego un tiro -
- No tengo miedo de morir, yo ya estoy muerto - escupe las palabras sin una pizca de emoción
- ¡Pero mira vos que interesante! - dice casi en una carcajada y utiliza su cuerpo para presionar el cuerpo de Pedro contra la reja - yo no pienso matarte, primero te pego un tiro en la mano derecha y nunca más vas a poder hacerte la paja y después... después te voy a coger bien cogido y ahí vamos a ver qué tan muerto estas -
Pedro siente un sudor frío recorrerle la espalda, trata de zafarse pero la presión entre la reja y el cuerpo del tipo apenas le permiten respirar, puede sentir como está gozándolo y luego lo libera
- No me hagas perder más tiempo pendejo porque me provocas una vez más y te bajo un cliente -
Abre apresuradamente la reja mientras las manos le tiemblan, el corazón le late desbocado por primera vez en tanto tiempo, realmente pensó que estaba muerto en vida pero ésta situación en particular le demuestra que aún todos sus sentidos funcionan correctamente, traspasa y se dirige a la segunda reja busca nerviosamente la llave ante la atenta mirada de su captor, otro obstáculo superado luego se dirige al teclado de la puerta de la bóveda y digita el código, el mecanismo que permite la apertura se pone en funcionamiento, el tipo toma del saco a Pedro y lo coloca contra la pared mientras le lanza una advertencia
- Te moves y te meto la ametralladora en el culo -
Una radio utilizada por la policía emite un llamado - Jefe, se acerca un patrullero - la voz de un hombre alerta a su cómplice
- Quedate quieto, no pueden ingresar cuando se lleva a cabo el protocolo de recaudación, seguí el plan y en menos de diez minutos salimos -
- Copiado -
Pedro observa todo el despliegue realizado por ese comando, ya no lo quedan dudas, es un comando muy bien organizado. Los ve sacar de unas mochilas unos bolsos negros y van metiendo todo el efectivo, abren las cajas y sacan joyas, los completan a una velocidad impresionante y le indica al tipo que lo acompaña que suba primero un bolso y después el otro, el radio llama de nuevo pero una voz distinta a la anterior habla nerviosamente
- Jefe, ehhhh tenemos un pequeño problemita, se descompensó una vieja, ¿qué hacemos?  -
- ¿Cómo que se descompensó? - responde el "jefe"
- Me parece que le acaba de dar un paro cardíaco -
Pedro no lo piensa dos veces - yo puedo ayudar, tome un curso de primeros auxilios - su captor lo mira y se le acerca intimidante
- Ya estás advertido, si queres jugar al héroe con la vieja no tengo objeciones pero ya sabes la que te espera si se te sube a la cabeza -
Ambos suben los escalones rápidamente, al llegar al lado de la mujer nota que no respira, se quita el saco y lo coloca debajo de la nuca liberando la vía respiratoria, luego ubica sus manos sobre el pecho de la mujer y comienza con las compresiones, se le acerca a la boca y le da respiración, continúa con las compresiones intercalando con las respiraciones. El equipo comienza a llevar los bolsos a la puerta de entrada para entregárselos a sus socios, la victoria se siente es casi palpable, la tensión se incrementa al ver la lucha de Pedro por hacer reaccionar a la mujer, el "jefe" no es ajeno a ese ímpetu que demuestra el joven gerente en su afán de salvar a esa persona. Y finalmente la mujer reacciona, a pesar de las circunstancias todos respiran aliviados
- Pero señora, que cagaso innecesario nos hizo pasar a todos, ¿a usted le parece morirse en un banco? - le dice el tercer tipo armado
La mujer rompe en llanto - Necesito llamar una ambulancia ahora - le suplica Pedro al "jefe"
- ¿Para qué? Ya la salvaste, quedate piola hasta que nos vayamos y ahí llama a quien quieras -
En un descuido de todo el grupo comando, la secretaria de Pedro logra escabullirse hasta la alarma silenciosa ubicada en uno de los escritorios, el cómplice de la puerta escucha a través de la radio policial el alerta y mira inmediatamente a su jefe quien sin perder un segundo interpreta ese mirada, se conocen demasiado, han trabajado juntos muchos años para entenderse sin emitir palabra. En un arranque de furia observa a todos los rostros cerca de los escritorios y la ve, sabe muy bien que fue ella quien accionó la bendita alarma y sin perder tiempo se dirige hasta donde está con el arma apuntándole directamente a la cabeza
- ¡¡Que mierda acabas de hacer imbécil!! - le grita
El jefe está decidido a dispararle y Pedro lo sabe, corre hasta su lado ante la mirada incrédula de todos los presentes cautivos y se coloca delante de su secretaria con las manos en alto, el miedo se hace notable en esos ojos cristalinos. Y el tiempo se detiene.....
- ¡Por favor no! - una súplica cargada de toda la emoción contenida en su ser trata de hacer cambiar de parecer al hombre bajo la máscara
- A vos realmente no te importa morir ¿no? - espera una respuesta a una pregunta que ni él mismo entiende por qué formuló pero la determinación en ese rostro es suficiente para convencerlo de la decisión que debe tomar. Toma la radio y alerta a sus cómplices - vamos a salir, te quiero ya al volante porque tenemos que volar de acá -
Los demás se preparan y se colocan dejando paso a su jefe, quien sin dudarlo toma del cuello a Pedro y le susurra - Vos venís conmigo si queres que tu secretaria siga respirando - en treinta segundos abandonan el banco, los cuatro suben a la parte de atrás del camión de caudales y salen a toda marcha surcando calles y avenidas para perderse por la autopista. Llegan a un descampado, atan de manos a Pedro por la espalda y le colocan una venda en los ojos y boca para finalmente encapucharlo. Todos se quitan las máscaras y festejan al atraco cometido. Dos autos los esperan para llevarlos a destino, meten a Pedro en el baúl de uno de ellos y emprenden la marcha. El jefe va de acompañante y observa el paisaje mientras quien conduce no puede evitar la conversación pendiente
- Yo sé que estas cansado Guille..... pero ¿era necesario traer al pibe? -
- Beto no me jodas con preguntas pelotudas, vos no estabas ahí, así que deja de hostigarme -
- Pero Guille, una cosa es afanar un banco y otra secuestrar a una persona, nosotros no hacemos eso -
- ¡Albert cortala! Guille debe tener sus razones para actuar así, por ahí el pendejo se puso denso y un escarmiento no le va a venir nada mal ¿no? - mirando a su jefe por el encima del hombro
- Sí, chiquita, no se preocupen... yo me encargo del pendejo -
Guillermo Graziani siempre tuvo temple de acero para llevar a cabo los mejores atracos de su vida, unos cuantos años en prisión jamás afectaron su desempeño en lo que siempre hizo bien, afanar. Este trabajo lo venía planeando hace rato, consiguió gracias a un compañero de celda que fue liberado un año antes que él y que además le debía varios favores, todos los planos del banco. Se dispuso con rigurosidad y paciencia a detallar el paso a paso, reunió un gran equipo que nunca lo defraudó, monitoreó las entradas y salidas del camión de caudales por meses, luego encargó que irrumpieran en una tintorería utilizada por la policía para el lavado y planchado de los uniformes y robaron unos cuantos de ellos. Las armas las consiguió gracias a su gran amigo Marcos quien siempre se ocupó de la logística y de recabar todos los instrumentos necesarios para los golpes organizados. Veinte años de amistad y de lealtad es el sello distintivo entre ellos, Marcos siempre fue muy bueno para las estafas y su mujer Isabel se unió cuando lo descubrió falsificando un cheque para una de sus tantas "sobrinas", hecho por el cual casi lo deja eunuco. Luego de una extensa charla con Guillermo, éste decidió hacerla parte de la familia delictiva ya que no existe nada peor en este mundo que una mujer despechada, cualquier plan por mas estudiado que se encuentre y del cual no se descubran fisuras, siempre puede caer a tierra por una mujer. Otro de sus secuaces y leal amigo es Beto, se conocieron en la cárcel, por aquel entonces era un pibe con muchos problemas y que siempre estuvo desamparado, se cruzó con pesos pesados que se la juraron varias veces pero el nombre Guillermo Graziani siempre tuvo mayor incidencia y nunca tocaron al muchacho por miedo a represalias. Beto se convirtió en los ojos y oídos de Guillermo, su perro faldero, su incondicional. Y con los años apareció Gaby, una jovencita que nunca encontró rumbo, golpeada por su pareja, muchas veces ingresó a la guardia de un hospital pero nunca lo denunció hasta que el tipo se encontró con Beto, nunca más se supo de su paradero. Gaby quedó prendada de Beto, nunca le importó su historial, sólo quiere estar a su lado y al conocer a Guillermo lo adoptó como padre, ese padre que nunca tuvo o que al menos no quisiera abusar de ella. El grupo estaba completo, juntos lograban lo mejores atracos sin necesidad de matar a nadie, Guillermo nunca contempló esa posibilidad. Siempre lo llamaron el solitario, sabía que no podía entablar una relación afectiva porque en cuanto sintiera a la policía a la vuelta de la esquina debía huir. Tampoco le importó demasiado consolidar una relación, en su juventud encontró amparo en Silvina quien al año lo convirtió en padre de Fabián, pero ella lo abandonó cuando descubrió a que se dedicaba. Luego intentó varias veces entenderse con Ana pero la mujer se volvió alcohólica y terminó dejándola. No le interesaba demasiado ser el único sin afectos, su trabajo era lo más importante, no podía desviar la atención hacia temas superficiales. Pero algo sucedió en ese banco, algo lo movilizó y lo descolocó, ese pibe era muy parecido a él en su juventud, el mismo ímpetu, la misma soledad en esa mirada, la misma rabia... pero no, no era eso o era algo más que eso. Jamás había tomado a un rehén, al menos nunca había cometido el error de llevárselo, un ruido interno crecía y no podía detenerlo. Beto lo mira de reojo, no logró convencerlo con sus palabras, mucho menos lo que dijo Gaby, va a tener que andar con cuidado ya que el pibe comenzará a ser buscado por la policía y podría transformarse en su perdición si no sabe cómo manejar la situación que ahora se les presentaba.
Llegan al lugar que ha servido de escondite y planificación durante todo ese tiempo, Marcos, Isabel y Gaby ingresan a la casa dejando a Guillermo y a Beto solos para que se ocupen del prisionero. Antes de abrir el baúl se alejan un poco para hablar de los pasos a seguir y qué harán luego con él
- Beto, yo me voy a ocupar de este pibe pero quiero que me averigües todo de él, no vaya a ser cosa que haya secuestrado al hijo de algún tipo poderoso y nos caigan encima -
- Guille, dejámelo a mí, me lo llevo por ahí y lo dejo en algún descampado -
- ¡Te dije que me ocupo yo Beto! ¿No escuchas cuando te hablo? -
- Pero Guille, ¿para qué queres al pibe? Yo te conozco, vos no haces estas cosas es corta la bocha -
Guillermo endurece el rostro - ¿Que mierda estas insinuando eh? No te metas conmigo Beto, no te metas en mi vida.... del pibe me ocupo yo y listo, y ahora andá y averigua todo lo que te pedí pero hacelo con cautela ¿estamos? -
Beto se retira pero no sin antes entregarle la máscara, nunca tuvieron un entredicho con Guillermo pero esto no le gusta. Hay algo en ese pibe que llamó la atención de su jefe y él sabe bien de que se trata pero nunca se lo va a reconocer porque lo último que necesita es que Guillermo lo cague a trompadas por sugerir semejante cosa. Guillermo se acerca al auto y abre al capot, escucha la respiración agitada de Pedro y se asusta
- Tranquilo pibe, no te voy a hacer nada si colaboras, ahora te voy a ayudar a salir del baúl -
Lo toma por las piernas para sacarlas fuera y luego lo incorpora, lo toma luego por la cintura y con cuidado lo retira de allí. Pedro al sentir el cuerpo de su captor tan cerca del suyo tiembla involuntariamente, no sabe bien que esperar, es una situación extraordinaria que nunca pensó vivir. La mezcla de sensaciones lo sacude, siente una gran contrariedad, de la vida vacía que llevaba hasta este cambio tan radical hay una inmensa diferencia, por un lado no puede dejar de pensar en qué le sucederá, cuál será su destino y por otro un exceso de osadía lo abruma. Esas manos que lo sostienen lo inquietan, no puede quitarse de la cabeza las palabras que le dijo en el banco "... después te voy a coger bien cogido y ahí vamos a ver qué tan muerto estas" sólo espera que hayan sido palabras para intimidarlo y hacerle cambiar de opinión pero la realidad es que está a su merced.

CONTINUARÁ          


                                                                                                                                 

miércoles, 24 de junio de 2015

"OVNIs" - Cap. 15 - (By Fiore M. Taylor)

"OVNIs." -  CAPÍTULO 15




Esa mañana a Guillermo lo despertó el canturreo de Pedro bajo la ducha. Su chiquitín estaba feliz, era el día de la boda de su gran amigo Segundo “Second” Arostegui con su petisero Tony. Por fin se había liberado del yugo paterno y podía mostrar al mundo lo que realmente era y sentía. Dos veces liberado, porque no se trataba sólo de amar a otro hombre sino también a alguien de una diversa condición social, algo difícil de perdonar en el seno de ese tipo de familia. Así que, que mejor que festejarlo con ese paso que los reafirmaba en sus sentimientos y elecciones.

Felicidad... la palabra oportuna, noche de luna y la radio en un bar, es un salto en un charco, risa de circo, la felicidad... es aquella llamada inesperada, la felicidad... felicidad... felicidad es un viaje lejano, mano con mano” cantaba Pedro mientras comenzaba a lavarse la cabeza. Estaba ensimismado en su labor, cuando de repente ve las manos que conocía tan bien rodeandole la cintura desde atrás y finalizando el viaje en su vientre. Muy pegadito a su oído escucha cantar “la felicidad... tu mirada inocente entre la gente”. Y un beso en el hueco del cuello.
Pedro se da vuelta y prosigue “la felicidad... es saber que mis sueños ya tienen dueño, la felicidad... felicidad... felicidad es la playa en la noche, ola de espuma que viene y que va”. Y se lo traga en un beso. A lo que Guillermo responde “es tu piel bronceada bajo la almohada”. Entre besos y bajo el chorro de agua continúan
P: la felicidad... apagar tantas luces y hacer las paces, la felicidad... felicidad...
G: felicidad... es un trago de vino por el camino
P: la felicidad... es vivir el cariño como los niños
G: la felicidad... es sentarme en tu coche y volar por la noche, la felicidad... felicidad...
P: felicidad... es un beso en la calle y otro en el cine, la felicidad... es un paso que pasa y siempre regresa
G: la felicidad... es nacer con la aurora hora tras hora, la felicidad... felicidad...
Para unirse en el estribillo: “esta es nuestra canción que lleva en el aire un mensaje de amor, tiene sabor de verdad a felicidad... esta es nuestra canción, es como el viento, el mar y el sol, tiene calor de verdad, la felicidad...”
-Ya podemos armar un dúo. Somos mejor que Al Bano y Romina Power – bromea Pedro.
Terminan de bañarse juntos, desayunan y ya se preparan para asistir al gran evento.
Cuando Guillermo lo observa bajar la escalera, ya cambiado y arreglado, traga saliva ante esa visión que es su amorcito.
-Listo Guille? Vamos?
-No... no sé si quiero ir...
-Quéee? - Pedro queda descolocado ante lo que acaba de escuchar... Guillermo no le puede hacer esto a último momento – Qué dijiste? Mirá que en ese campo sólo hay caballos de polo, no hay ni vacas ni pollitos...
-No es eso lo que me preocupa, Pedro... es que... tengo miedo que cuando te vea alguno de los novios, o más probablemente los dos, se arrepientan y quieran huir con vos. Mirá lo que sos... No podes ser tan lindo. Sos real?
Pedro respira aliviado. No era lo que él pensaba. No era tan grave. Se le acerca, lo toma por la cintura y muy sensualmente le susurra al oído
-Por supuesto que soy real y soy tuyo, mi amor – y agrega – Entonces, si deciden no casarse se van a quedar solitos porque este corazón ya tiene dueño.
-No me provoques así! Ahora no quiero ir, pero porque te quiero llevar al rincón y no soltarte hasta pasado mañana.
Pedro se ríe
-Dale Graziani, vamos! Te prometo que cuando volvamos nos instalamos en el rincón.

La boda se llevaría a cabo en el campo propiedad de Segundo, “La Eloisa”, lugar donde había nacido ese amor, en los establos, entre las yeguas de polo.
Llegaron y saludaron a Miranda Bettini, la ex esposa y madre de sus dos hijos, que lucía orgullosa su panza de embarazo avanzado junto a Diego, su gran amor “todo rock & roll”, quienes serían los testigos.
-Qué buena onda es esta Miranda, mirá cómo acepta todo y hasta les da su bendición – le dice por lo bajo Guillermo a Pedro mientras toman asiento entre los invitados.
-Tuvo mucha suerte porque lo que le pasaba a Segundo le permitió reencontrarse con quien realmente quería estar... Volver a ser ella, a sus raíces y salir de esa vida falsa, armada e hipócrita a la que la sometieron sus suegros. Al final, ambos salieron beneficiados recuperando sus verdaderas identidades. No es algo que se de con mucha frecuencia – contesta un pensativo Pedro.
Los novios llegaron montados en sendos caballos y caminaron del brazo entre los invitados hasta quedar frente a la jueza de paz, bajo las notas del Ave María, con cantante y todo incluido.
Guillermo se había tentado y trataba de disimular la risa para no hacer un papelón ni arruinar el momento pero todo le parecía demasiado. Definitivamente, su boda con Pedro había sido mucho más sobria. Y en su visión, mucho más emotiva con la “Ceremonia de las Velas”. Los codazos que le daba su compañero para que guardara la compostura, no hacían más que potenciar su ataque de hilaridad.

-Ante todo, un saludo a todos los presentes - comienza su speech la jueza – Es para mí una gran alegría estar acá, para celebrar una ceremonia única. Comenzamos?

(-Única? NUESTRA boda fue única.
-Shhhh, Guille! Callate!)

-Me gustaría decir unas palabras antes – solicita Segundo.
-Sí, cómo no.
Se da vuelta para hablarle a los invitados
-En estos últimos días, mucha gente me estuvo comentando, diciendo, “Segundo saliste del closet”. Y yo pensé que no, que yo no salí del closet, porque, en realidad nunca viví en un closet. Toda mi vida previa a esto, toda mi vida con Miranda, fue muy feliz y muy plena y no fue adentro de un closet. De donde sí salí, fue de mi cabeza, que no me permitía disfrutar de esto, vivir esto libremente. Pero ahora sí, estoy listo para comerme a este chongazo.

(-Pero qué desubicado! Cómo se va a referir así a su futuro marido en su propia boda? Falta que diga que le va a catar el bulto.
-Basta Guille! No te desubiques vos!)

-Decí algo Tony! Dale! – lo incita Segundo – Decí unas palabras.
-Lo amo – muy tímidamente.
Todos los presentes hicieron
-Ahhhhhhhh!

(-Ay pero qué tierno! Lo trata de usted... Será que eso lo calienta? Pedro, voy a probar tratarte de usted en la cama... Bah, con vos no hace falta, porque me calentas de todas las formas.
-Guillermo! Te parece comentario para hacer en este momento?)

-Quiero decirles que me siento una privilegiada – continúa la jueza – y como decía recién, estamos aquí para celebrar la unión matrimonial de Antonio Emanuel Gilberto Soilo y el señor Segundo Arostegui.

(-Qué nombrecito!
-Guille! Parala, che!)

-Antonio Emanuel Gilberto Soilo acepta por esposo al señor Segundo Arostegui?
-Sí, aceCto.

(-Me parece que como regalo de boda le podríamos haber obsequiado un curso de castellano intensivo.
-Guille! Por favor!)

-Señor Segundo Arostegui, acepta usted por esposo al señor Antonio Emanuel Gilberto Soilo?

Pero antes de que pudiera responder, una voz desde el fondo gritó
-ALTO! PAREN!
Ahí estaban los padres de Segundo, dos seres profundamente homofóbicos, y en realidad dispuestos a despreciar a todo aquél que no tuviera doble apellido, que no fuera “como ellos”.
-Esta ceremonia no se puede celebrar, no señora jueza, esto es un acto inmoral. Usted no puede casar a dos hombres – comenzó a increpar Emilio Arostegui.

(Ah! Bueno! Esto era lo que faltaba! A qué aquelarre me trajiste Pedro?)

-Les pido por favor a todos los presentes que no celebren esta ceremonia impura. El santo matrimonio se ha hecho para concebir. No respetar esa regla... cada orificio tiene su función. Por donde entra no debe salir y por donde sale no debe entrar – continuó el sermón Ines Murray Tedin Puch de Arostegui.

(-No puedo creer que tenga que escuchar esto!)

-Está claro! No se pueden casar – dijo Emilio.
-Con mi marido nos hubiéramos inmolado con tal de impedir semejante blasfemia pero nos han chupado hasta el último peso y no hemos tenido para explosivos.

(-Por qué no se habrá puesto una granada en el culo la vieja esa y le hacía un favor a la humanidad!)

-Te dí un montón de plata esta mañana mamá! Los hubieras comprado y te hubieras volado por los aires! - dijo un Segundo totalmente sacado.
-Había que hacer compras, querido.
-Muchos gastos, se han roto los caños de ese departamento de merda – dijo Emilio.
-Tus caños se habrán roto! - dijo Ines maltratándose como de costumbre con su marido, pero luego cambió el tono - Esto es un matrimonio! - señalándose y señalando a Emilio.
-Un matrimonio católico, apostólico y romano. Un matrimonio de amor! – y lo que no hacen jamás en la vida real... se besan apasionadamente, ante los abucheos de los invitados.
-BASTA PAPÁ!
Pero continuaron con los insultos
-Esto está lleno de putos.
-Culos rotos! - en ese momento la furia de Ines cambió de destinatario y la descargó contra su ex nuera Miranda, testigo de la boda
-Y vos groncha... Albondiga rellena...
-Asquerosa! – se unió Emilio.
-Teletubbie inmundo.
-Cuis!
-Comunista!
-Asquerosa!TE EMBARAZASTE PARA RECIBIR LA ASIGNACIÓN POR HIJO.
Fue cuando Gabriela, madre de Miranda, no aguanto más y dijo
-Ines...
-Qué mierda queres?
-ESTO! - y le estampó una trompada que cayó redonda al piso.
-Qué le hiciste a mi amor? - dijo Emilio.
-ESTO! - vuelve a decir Gabriela y le encaja otra trompada a Emilio, que también cae al piso.
A partir de ese momento, todo fue el caos y los golpes iban y venían entre los invitados y los Arostegui.

Pedro empezó a marearse y sentirse débil
-Guille, no... no me siento bien. Me falta el aire.
De fondo se escuchaban a los niños de Segundo gritando
-Alguien más le quiere pegar a la vieja chota?
Y Segundo que se lamentaba
-Hasta cuándo me van a arruinar la vida?
Pedro se desmaya sobre Guillermo.
-Pedro, mi amor! - se desespera.
Lo llevan dentro del casco de la estancia y lo acomodan en el sillón. Entre los invitados había un médico que enseguida lo asiste.
A los pocos minutos Pedro recobra el conocimiento.
-Qué pasó?
-Te desmayaste. Cómo te sentis? - le pregunta el médico.
-Un poco mareado pero bien.
-Te bajó la presión. Por favor, un vaso con agua – le pide a alguien de las personas que los rodeaban.
Pedro bebe el agua
-Ya terminó la boda?
-No, aún no. Entre la trifulca que se armó y vos... - dice Guillermo.
En ese momento entra Segundo que con todo lo que estaba pasando afuera con sus padres, no se había percatado de lo que sucedía con su amigo.
-Pedro! Estás bien, viejo? - se agacha en cuclillas sobre el sillón.
-Sí Second. Por favor terminá de casarte de una vez.
Todos salen para continuar con la ceremonia.
-Pedro, seguro estás bien? Nos volvemos a casa, cielito? - le dice dulcemente Guillermo cuando ya todos habían ido a ubicarse en sus lugares y sólo ellos quedaban rezagados en la casa.
-No, mi amor. Me quiero quedar. Estoy bien.
-Qué te pasó? Te impresionaste con los golpes?
-Es probable. No sé. Ya sabes que a mí esas cosas...
-Sí, ya sé chiquito – le dice sentado en el sillón mientras le acaricia con mucha ternura la frente, en ese gesto que sabe que a Pedro le hace tanto bien.
-Dale, vamos que no me quiero perder el final.

-Tomen asiento por favor. No perdamos la alegría. Continuemos... - dijo la jueza – Señor Segundo Arostegui, acepta usted por esposo al señor Antonio Emanuel Gilberto Soilo?
-Sí acepto.
Y todos gritaron
-BRAVO! – y estallaron en aplausos.
-Con el poder que me confiere la ley los declaro conyuges.
Se colocaron los anillos con miradas llenas de amor y al final la jueza dijo
-Pueden besarse.

Llegó el momento del lunch y de la fiesta. Había de todo, para todos los gustos. Como era en el campo, había obviamente asado con cuero. Pero también había otras exquisiteces del catering.
A Guillermo se le fueron los ojos por dos platos en particular: la cazuela de camarones y el lomo strogonoff. Cuando el camarero les alcanzó los platillos, Pedro sintió el aroma y salió corriendo al baño, dejando a Guillermo con todo. Éste a su vez, dejó las cosas arriba de la mesa y fue detrás de Pedro. Lo encontró vomitando y de muy mal semblante.
-Pedro! Estás muy pálido. Qué te pasa?
-Tengo mucho asco.
-Nos tenemos que ir a casa. Lo voy a llamar a Beto, vos no estás en condiciones de manejar.
Guillermo agarró su celular, marcó el número y del otro lado se escuchó la voz de Beto.
-Guiye, decime.
-Beto, necesito que nos vengas a buscar al campo. Pedro no se siente bien. Tomate un remise.
-Dale Guiye. Pasame las coordenadas por mensaje y ya salgo para allá.
Mientras esperaban que llegara Beto, Pedro parecía haberse reanimado y se había incorporado a la fiesta. Y estuvo presente al momento de cortar el gran pastel. Tomó una de las cintitas que sobresalían del mismo y al tirar de ella se encontró con su pequeño souvenir: un chupete. En ese momento volvieron las náuseas y tuvo que correr nuevamente al baño. Después de vomitar, se lavó la cara y se quedó mirándose al espejo. Miraba el pequeño objeto entre sus dedos y volvía a mirarse al espejo. Así estuvo un tiempo que pareció eterno, hasta que Guillermo y Beto lo fueron a buscar.
-Beto, ayudame con este chico que no se tiene en pie – efectivamente Pedro se bamboleaba de acá para allá.
Guillermo se acomodó en el asiento trasero del Sonic, lo estiró a Pedro y le hizo reposar su cabeza en su falda. Beto manejaba.
-Esto debe ser culpa de esa inmunda feijoada que comiste para rememorar los tiempos en Brasil! Flor de intoxicación debes tener!
-No me la nombres Guille que voy a volver a vomitar.
Cuando llegaron a Nordelta, Guillermo fue terminante en llamar al médico.
Y su conclusión fue la misma: probable intoxicación.
-Siento muchos ruidos en la panza - dijo mientras lo auscultaba – Parece que aquí hay una revolución.
Le indicó reposo y una dieta liviana.

Desde ese día el carácter y humor de Pedro mutó. Se volvió intratable, todo le caía pésimo, lo sacaba de quicio cualquier cosa, estaba irascible, contestaba mal a todo el que se le acercaba y terminaba en una crisis de llanto, ahogándose en un vaso de agua, la más mínima pavada adquiría dimensiones de drama. A Guillermo le negaba sistemáticamente el “postre” poniendo todo tipo de excusas... que le dolía la cabeza, que estaba agotado, que tenía que madrugar, que le dolía la cervical, la lumbar, que tenía ciática, conjuntivitis, rinitis, otitis y una larga lista de etcéteras. Pero lo más duro fue cuando ya no puso ningún pretexto y frontalmente le dijo “no tengo ganas”. Y ahí se le derrumbó su mundo. Sería que había llegado el temido momento en las fantasías de Guillermo de que ya no lo desearía? No pensó que eso pasaría tan rápido. La angustia empezó a hacer estragos en él.
Guillermo creía o quería creer que todo eso se debía al stress que le estaba produciendo “el caso”.
El caso”, era una causa extremadamente compleja y notoria, a la cual Guillermo había decidido poner al frente a Pedro como jefe del equipo de abogados, haciéndose él a un lado. Tenía plena confianza en la capacidades del chiquitín para llevarlo adelante y resolverlo favorablemente. Sería el caso que lo iba a consagrar y con el cual su nombre adquiriría vuelo propio, más allá del Estudio Graziani. Y Guillermo se sentiría muy orgulloso de cuánto había aprendido junto a él su pollo. Después de todo, cuando allá lejos y hace tiempo le preguntó por qué presentó el curriculum a su estudio, le había dicho “porque quería aprender de él”... Bueno, las cosas se habían descarrilado un poco, ambos habían aprendido otras cosas no estrictamente laborales, pero en definitiva, el objetivo básico se había cumplido.
Sin embargo, con todas las actitudes extrañas que estaba teniendo Pedro, no estaba tan seguro de que hubiera sido una buena idea.
Una de esas mañanas, Pedro estaba enfrascado en su notebook cuando Cuca le alcanzó el café. No pasó un minuto que sus gritos se escucharon por todo el estudio.
-CUCA!!! Qué hiciste con mi café? Esto es un asco! Le falta azúcar! Cuántas cucharadas le pusiste?
-Ay nene, dos creo.
-Cómo dos? Cómo dos? Vos sabes que yo lo tomo con tres!!! - en tono desesperado.
-Bueno, pero no te pongas así, le agregamos una cucharadita y ya está.
Pero los ojitos de Pedro ya estaban llorosos.
Más tarde, Beto estaba instalando un nuevo split de aire frío/calor en la sala de reuniones. Entra Pedro y cuando lo ve, nuevamente le agarra un ataque de nervios.
-Beto! Ahí no! Ahí no! Tenía que ir 2 cm más a la derecha.
Beto se gira en la escalera sin poder creer lo que escucha
-Pibe, me estás cargando?
-Te estoy hablando muy en serio – a los gritos.
-Vos estás armando semejante quilombo por 2 cm miserables?
-Es que no va ahí, no va ahí – golpea la mesa con fuerza y se pone a llorar.
-Pedro
Beto baja preocupado de la escalera sin entender qué le pasa a su amigo. Pero cuando le va a apoyar la mano en el hombro, Pedro se libera al grito de
-DEJAME!
Y sale de la sala de reuniones sonándose estruendosamente los mocos provocados por el llanto en una carilina.
-Gabriela! Dónde está el expediente de Albertini?
-Creo que lo tiene Matías, él lo estaba trabajando.
-CÓMO?!! Y quién le dio la autorización para sacarlo de mi escritorio?
-Pero, pero Pedro, desde que vos estás con “el caso”, él se está ocupando de Albertini. Si siempre lo toma de allí.
-NO PUEDE SER! NO PUEDE SER!
En eso, Matías entra del patio al escuchar semejante griterío y su nombre en el medio.
-Pedro, estás bien? - pregunta tímidamente.
Lo mira como para fulminarlo y responde
-Cómo voy a estar bien si tengo que verte todos los días esa cara salida del regreso de los muertos vivos?
Se dirige al despacho de Guillermo y cierra la puerta de un portazo. Del otro lado del escritorio Guillermo le estaba sacando punta a unos lápices.
En plena crisis Pedro lo increpa
-Qué estás haciendo? No ves que estás desparramando todo el aserrín y las puntas se quiebran!
Agarra el manojo de lápices y los tira con furia sobre el escritorio.
-Pedro! Qué mierda te pasa? Vos no estás bien, vos estás psicótico, querido!
Pedro se desploma en el sillón, apoya los codos sobre el escritorio, se tapa la cara con las manos y se larga a llorar fuerte.
Guillermo está cada vez más preocupado con esas actitudes. Baja el tono porque se da cuenta que no está bien. Rodea el escritorio y se sienta a su lado.
-Pedro, mi amor. Podes confiar en mí y decirme qué te está pasando?
Su respuesta fue un llanto más profundo y un “no sé”.
-Pero no podes seguir así. Estás maltratando a todo el mundo por pelotudeces y te estás haciendo mal vos.
Lo mira feo, se levanta y grita
-NO QUIERO HABLAR!
El objetivo de su furia pasa luego a ser Marcos
-Marcos! Facturaste mal esta tasa de justicia que tenemos que pagar! Le cobraste al cliente 25 centavos menos! Ahora vamos a tener que poner nosotros la diferencia!
-Beggio, yo pensé que el más interesado en los asuntos monetarios de este estudio era yo, pero veo que me estás ganando... Son 25 centavos piojosos!
-Y por qué?! Por qué los vamos a tener que poner nosotros? No sabes facturar! - tirándole los recibos en la cara.
Esa tarde Guillermo debía encontrar un importante cliente fuera del estudio. A última hora sólo quedaban Pedro y Gabriela. Gabriela había terminado con su trabajo por ese día, así que mientras esperaba que Beto volviera de unas diligencias para irse juntos, sacó el frasquito de esmalte del cajón de su escritorio y empezó a pintarse la uñas. Pedro que estaba ahí cerca, al sentir el olor, no pudo contener las arcadas y salió corriendo al baño. Gabriela se asomó
-Pedro, estás bien?
-No Gaby, no estoy nada bien. No puedo más! Me están pasando cosas.
-Me queres contar? Te puedo ayudar?
-Sí, necesito hablar con alguien porque voy a explotar. Y vos que sos mujer, sos la indicada. Vamos a la sala de reuniones. Esto no lo puede escuchar nadie.
Gabriela lo escuchó y los ojos le quedaron como dos platos, no podía pestañear.
-Yo... no sé qué decirte. Es algo muy delicado. Creo que lo primero que tenes que hacer es confirmar que realmente sea así. Y si es así... tenes que hablar inmediatamente con Guille, él no lo puede ignorar.
-Tengo miedo Gaby! Tengo mucho miedo de todo esto, pero más miedo tengo de la reacción de Guillermo.
-Tranquilo Pedro! - le hizo una caricia - Va a estar todo bien – dijo nada convencida en su interior.

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Sentado en la mesa del comedor de su casa de Nordelta, Pedro aferraba el adminículo entre sus manos temblorosas en estado de shock, la vista nublada y perdida. Las lágrimas que lentamente rodaban por sus mejillas. Ni siquiera percibía que Eros, su gato, la pantera naranja, se había subido a la mesa y le estaba lamiendo las manos. Y en ese momento entraba un SMS a su celular.

CONTINUARÁ