Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 27 de noviembre de 2016

"MEDIANOCHE" - Cap. 8 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 8

Había muchas preguntas dando vueltas en mi cabeza, pero acallé la voz de mi conciencia por no perderme un solo instante de ese beso que era mi redención. Mi absolución. Un perdón que no esperaba. 
Nos besamos largo rato, y de no haber sido por ese vendaje que cubría parte de su cuello, de no haber estado en el sarcófago de la señora Bethany, estoy seguro que podríamos haber ido un poco más allá. La desesperación con la que lo deseaba, se había vuelto más intensa después de haberlo mordido.
Luchando contra mis instintos, me separé de él. _ ¿Cómo es eso que siempre lo supiste? ¿Por qué nunca me lo habías dicho?
_El que tenía que decirlo eras vos. Solo me mantuve en silencio esperando que llegaras a confiar en mí lo suficiente como para compartir tu secreto.
Lo miré extrañado. _ Sí claro, porque es tan fácil decirle a un chico con el que apenas tuviste tu primera salida “¿Sabías que soy un vampiro?” ¡Cómo iba a decirte algo así en el poco tiempo que hemos compartido! Además, te lo juro, pensé que era diferente. Estaba convencido que siempre iba a poder controlar mi naturaleza y que jamás iba a llegar a… _ me detuve avergonzado y bajé la vista.
_¿Morder? ¿Morderme? ¿Así iba a terminar tu frase? _ De repente tiró de mí y me acomodó a su lado. _ Dejá de torturarte, _ me dijo con ternura mientras acariciaba mi cabello. Sostuvo mi rostro y me obligó a mirarlo. _ fue maravilloso. _ Yo seguía mirándolo sin comprender _ Nunca había sentido tantas emociones juntas, la sensación de tus dientes atravesándome fue emocionante. Algo mágico, sobrenatural… nunca, nadie, me había hecho sentir tantas cosas al mismo tiempo. 
_Pero te desvaneciste…
_No fue algo que pudiera controlar, nunca había apreciado mis emociones tan intensamente, en ese momento el mundo desapareció y solo quedaron vos y tus diente clavados en mi cuello, lo demás estaba en blanco. Plenitud, perfección y  un punto culminante que me dejó inconsciente.
Esta vez sí que me dejó con la boca abierta y sin saber que decir.  No me atrevía siquiera a pensarlo. Vaya que lo envidiaba… _ ¿Me estás diciendo que… te desmayaste de placer?
Asintió lentamente y su sonrisa lo dijo todo. _ Si, te estoy diciendo exactamente eso. Que me desmayé por la intensidad del orgasmo _ Volví a envidiarlo… _ ¿Ahora podés relajarte y contarme como sigue esto? 
_De acuerdo_. Me incorporé en la cama, teníamos que hablar de cosas muy importantes. _Vos vas a fingir que te creíste la historia de que un animal salvaje te mordió mientras estábamos besándonos, y yo voy a decir que sostuve esa mentira. No levantemos sospechas porque van a tratar de separarnos.
_Eso nunca va a pasar.
_Quisiera estar tan seguro como vos, pero no puedo. Siento mucho miedo de perderte después de lo que pasó, Guillermo, por eso vamos a fingir que acá no ha pasado nada. Nada más que… _ rocé levemente su vendaje con mis dedos _ el ataque de un animal salvaje. Prometo no volver a morderte. Así vamos a poder seguir juntos.
_Estoy de acuerdo. Finjamos lo que sea, pero sigamos juntos. ¿Seguimos estando juntos?
_Más que antes _ si el hecho de ingresar a Medianoche había logrado cambiar mi esencia en muchos aspectos, el haber despertado tanto deseo y erotismo en él, me transformaron definitivamente. _Pero vamos a tener que aprender a guardar secretos
_Se guardar secretos
_Ya lo sé… y me debés una explicación. ¿Cómo es eso que sabía que eras vampiro y nunca me dijiste nada? ¿Acaso no tuviste miedo?
_¿Miedo de vos? Nunca… Pedro, la mayor parte de la gente que habita en Medianoche son vampiros, siempre lo supe. Y por eso vine…
_¿Te atraen los vampiros?
_No precisamente, salvo uno…
Ese comentario arrasó con mi palidez. Me hacía sentir especial y único, saber que le gustaba. Justo un bichito como yo que nunca se había sentido atractivo. Deseaba desesperadamente que me dijera mas palabras de esas que me hacían soñar. _¿Y entonces porque viniste?
_Ya te lo dije la primera vez que nos vimos, vine a salvar el honor de mi familia.
_Ah, sí. Lo recuerdo. Ese antepasado tuyo que fue expulsado de la escuela…
¿Pero quién sos? ¿De dónde venís que se ha hecho algo tan importante salvar la memoria de la familia por lo que hizo un antepasado tuyo ciento cincuenta años atrás?
_No sos el único que tiene secretos Pedro. Yo…
El sonido de las voces que provenían de afuera de la habitación nos obligó a empezar la farsa. Guillermo volvió a su estado lacónico sobre la cama, y yo me senté con las piernas cruzadas por debajo de mi cuerpo, sobre el cobertor. 
La señora Bethany atravesó la puerta haciendo un ruido excesivo. _ Buenos días profesor Graziani. Me alegro que haya sobrevivido a la mala experiencia de anoche. ¿Se encuentra bien?
_Perfectamente, señora Bethany
Me miró de soslayo y con un mal gesto penas disimulado _ ¿Y de que hablaban?
_Pedro me estaba contando que no pudo ver las características del animal debido a la oscuridad, que trató de apartarlo de mí, pero que para cuando pudo separarlo de mi cuerpo yo ya me había desmayado. 
La señora Bethany me miró fulminante, creo que empezaba a detestarme más que antes.  _Esto no debe volver a pasar. Vamos a dar por terminados los paseos nocturnos por el bosque y ahora también por los prados más alejados. Casi lo matan anoche señor Graziani.
_Casi… pero no pasó. Gracias a Dios estaba Pedro conmigo y se las arregló bastante bien para que ese animal que me atacó por la espalda me soltara a tiempo.
La maldita vieja me miró más rancia que nunca. _ Si yo fuera usted, no lo tomaría tan a la ligera señor Graziani, ese animal descarnado pudo haberlo matado. Una pena que el joven Beggio, tan versado que a veces hasta se cree con aptitudes para discutir mi programa de clases, no se haya dado cuenta antes que usted estaba sufriendo un ataque.
Quería exponerme, se salía de si por contarle a Guillermo que ese animal era yo… por suerte le había ganado de mano. Y otra vez, ese no se qué, que había nacido en Medianoche, me hizo responder como nunca lo habría imaginado. 
_Es que al principio creí que se trataba de mí. Me refiero al  desvanecimiento… A veces tengo ese efecto.
Guillermo se echó a reír pero ella me miró lapidaria. _Joven Beggio, su sentido del humor puede ser tan desubicado como sus comentarios.
Salió de la habitación hecha una furia. Guillermo y yo volvimos a mirarnos. Lo rodeé con mis brazos y lo abracé con fuerza. Él me devolvió el abrazo y por largos minutos nos quedamos así, entrelazados.

Me permití soñar con que las cosas no estaban del todo mal, pero en el fondo sabía que no era cierto.  Pegado a su cuerpo inspiré su fragancia, saber que era mío me hacía sentir bien, porque ahora él era mío y yo le pertenecía. 
Mientras nos acariciábamos, el recuerdo de la noche anterior cobró fuerza. La suave piel salada entre mis dientes. La sangre, espesa y caliente, inundando mi boca. Era definitivamente mío. Ahora podía comprender lo que había tratado de explicarme mi madre, morder a un humano no era lo mismo que beber un vaso de sangre. Al beber la sangre de Guillermo, él había pasado a ser parte de mi… y yo parte de él. Estábamos unidos de un forma que ninguno de los dos podría controlar. 
Cerré los ojos con fuerza, iba a empezar a traicionar a mi propio mundo por estar con él, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse.
_ No voy a volver a defraudarte _ murmuré sobre su pecho
_Vos nunca me defraudaste, Pedro
La culpa me corroía. _ Prometo mantenerte a salvo de cualquier peligro mi amor, incluso de mi.

Después de aquella noche y del primer reencuentro, tuve la sensación de estar viviendo en dos mundos paralelos. En uno de ellos Guillermo y yo estábamos juntos y estaba seguro que ese era el lugar donde había deseado estar toda mi vida, pero en el otro era un mentiroso. Por seguir a su lado le mentía hasta a mis padres y eso me atormentaba tanto que llegaba a sentir que no merecía estar ni con Guillermo ni con nadie, pero no había nada mejor que estar con él. 
A veces me ayudaba a estudiar en la biblioteca, otras en el departamento de mis padres. Generalmente nos acompañaban Gaby y Beto, pero algunos días nos escondíamos para estar juntos y a solas en cualquier lugar donde nadie pudiera entrometerse. En clase soñaba con él, y despertaba de mi feliz ensueño única y exclusivamente cuando no quedaba más remedio. Si compartíamos la cátedra, entrábamos y salíamos juntos del aula, sin despegarnos. Los demás días iba a buscarme apenas terminaba la clase. 
La escuela entera murmuraba sobre nosotros, pero ya no nos importaba nada. Estábamos prisioneros de un hechizo de amor.

_Es obvio que entiendo bastante de arte, soy profesor y eso me ha impuesto la cultura del arte, pero la pintura no es lo mío. Nunca pude comprender esa faceta _.  Me dijo una tarde de domingo. Mis padres queriendo hacernos saber que aprobaban nuestro vínculo, lo habían invitado a cenar. Se habían comportado como lo que eran, dos vampiros que habían detenido su envejecimiento siendo muy jóvenes, y a pesar de su edad, podían acoplar su estilo a gente mucho más joven que ellos.  
Guillermo había llegado temprano, en el horario que le habían señalado. Durante un par de horas se dedicaron a darle la bienvenida y debo admitir que lo hicieron muy bien. Abordaron temas de interés común, charlaron con él de manera distendida, hicieron lo insospechado para que se sintiera cómodo… pero en un momento nos indujeron a estar a solas en mi habitación con suma diplomacia
_Pedro, ¿no vas a mostrarle a Guillermo la lámina de Klimt que te regalamos?

Nos habíamos tumbado en el suelo, sin tocarnos, pero juntos, contemplando el cuadro de Gustav Klimt. “El beso”
_No hay nada que entender, solo tenés que mirarlo y sentir que te transmite.
Estuvo pensando largo rato en silencio, muy concentrado. Miraba la lámina fijamente. _ Me gusta. Me recuerda a nuestro beso, la forma en que la sujeta. Como si ella fuera lo único que podría hacerlo feliz. Él tiene el control en ese momento y ella, con su gesto desfalleciente, parece disfrutar que así sea.
Guillermo se volvió hacia mí y yo incliné la cabeza hasta quedar muy cerca. El modo en que me miró, la intensidad y el deseo me cortaron la respiración. Comenzamos a besarnos suavemente, estaba claro que había recuperado su fuerza habitual por la forma en que sus labios devoraban los míos, empujándolos y abriéndolos, hasta introducirse dentro de mi boca. Esta vez fui yo quien se sintió desfallecer.
Mi padre escogió ese preciso momento para llamarnos a cenar. La percepción paterna puede llegar a ser asombrosa.

Estar tan unido a Guillermo no fue un impedimento para compartir muchos momentos con Gaby y Beto, después de varias vueltas habíamos logrado emparejarlos, en cambio con Balthazar fue diferente. No habíamos vuelto a estudiar juntos y se mantenía a una distancia prudencial. Seguía mostrándose tan amable como siempre y me saludaba con la mano por los pasillos de la escuela. A Guillermo siempre le dirigía un gesto de cabeza, gentil pero dolido. Tenía una mirada triste y sabía que estaba resentido por haberle negado una oportunidad.
Gabriela y Beto pasaban muchos momentos con nosotros y la pasábamos muy bien, ya era algo habitual compartir la comida, sobre todo cuando decidíamos hacerlo en los prados. Llevábamos nuestras viandas y nos sentábamos en el suelo bajo el tibio sol de otoño para pasar un momento agradable.
Muchas veces terminábamos la tertulia juntos, otras, cada pareja buscaba su lugar para esconderse del mundo y poder regalarse un momento de besos y caricias antes de recomenzar las clases. No más que eso, era imposible ir más allá, en Medianoche estábamos continuamente vigilados, pero la pasábamos requeté bien. Adoraba ver llegar a Gaby despeinada y con las mejillas revueltas, había dejado de ser esa chica escueta y pálida que había conocido el día que comenzaron las clases. Por lo visto Beto besaba bastante bien. Tal vez, tan bien como Guillermo.  Mi mejor amiga en Medianoche tenía un romance con el mejor amigo del hombre del que me había enamorado y eso no era poco, me ayudaba a soportar la culpa de estar mintiéndole a mis padres. 
Por otro lado y a pesar de haber cerrado bien la boca, Camila seguía relamiéndose de placer de que lo hubiera mordido. _ ¿Y qué se siente después de haberse puesto al día con “el programa”? _ me preguntó capciosamente en una clase de Tecnología Moderna, la única clase de la que habían sido excluidos los alumnos humanos.
_Nada demasiado diferente a lo anterior. Mis sentidos a veces se agudizan, pero el vaso de sangre los aplaca bastante. Hasta me ha permitido volver a desayunar con esos copos de avena que tanto me gustan, pero para ser sincero, no siento mucha diferencia.
_ ¡Vamos Pedro! ¡No podés decirme que nada ha cambiado! ¿Acaso no te sentís raro y poderoso? Sos un vampiro, naciste siendo un vampiro. Era imposible que siguieras comportándote como una paria por el resto de tu vida. ¿Vas a sostener que nada cambió? 
Sí, claro que todo había cambiado. Si no bebía ese vaso de sangre animal cada mañana no tenía fuerza ni para bajar la vieja y carcomida escalera,  la sangre aplacaba esa exageración de los sentidos y me permitía comportarme como un humano más. 
_Camila… ¿podríamos hablar de otro tema?
Me miró inexpresiva. _ Como quieras, pero no entiendo porque lo tomás como si fuera algo tan raro.
No iba a perder tiempo en contestarle, no lo tomaba como algo raro, sino como algo realmente peligroso. Era consciente de lo cerca que había estado de hacerle daño a Guillermo, pero a pesar de eso, Guillermo y yo estábamos besándonos a toda hora sin parar.  Por las mañanas escondiéndonos en los baños entre clase y clase, por las tardes en los prados y por las noches cuando nos despedíamos para ir a nuestros respectivos dormitorios.  En definitiva, en cualquier momento que pudiéramos. Ya había aprendido a detenerme a tiempo, a no dejarme llevar. A veces quería más, y sabía que él también por la forma en la que me miraba y como sus manos se aferraban a mi cuerpo. Pero siempre lográbamos separarnos a tiempo. La Academia no tenía objeciones respecto a los romances, pero era muy estricta con los límites. Nadie tendría sexo dentro de sus instalaciones, al menos no sin arriesgarse a ser descubierto y a sus consecuencias.
A solas en mi cama, mis fantasías se volvían desenfrenadas y pasionales. Ahora conocía el sabor de sus labios sobre los míos y no paraba de imaginar el contacto de sus manos sobre mi piel desnuda. Eso me hacía perder la serenidad y me costaba noches en vela.  
No obstante, durante los últimos días, esas fantasías terminaban con la misma imagen. Mis dientes hundiéndose en su cuello. Hubo veces en las que me sentí capaz de todo por volver a probar la sangre de Guillermo, a pesar de haberle y haberme prometido nunca más hacerle daño. Esos momentos me asustaban.

Una noche en la que paseábamos por Riverton estuvimos entrando y saliendo de todas las tiendas que estaban abiertas. Ni pensar en volver al cine, mis padres seguían de guardia ahí. 
_¿Qué te parece?_ Le pregunté bromeando mientras me probaba un viejo sombrero de terciopelo. Pensé que se iba a echar a reír, pero la forma en la que me miró me hizo entrar en calor
_ Te queda guapísimo.
Ruborizado me quité el sombrero mientras él se probaba un abrigo gris que le sentaba muy bien. _ Te ves un poco Sherlock Holmes, pero te queda perfecto.
Se echó a reír, pasó un brazo por mis hombros, me abrazó impidiéndome moverme y me dio un beso en la frente. _ Sos insufrible, pero vale la pena aguantarte. Te amo precioso.
Al sujetarme de esa manera mi cara quedó pegada a la curva de su cuello, esas débiles líneas rosadas, las marcas que había dejado mi mordida, me llenaron de culpa. Ese fue un error que no debía volver a repetirse. 
Él me acarició la mejilla con un dedo, como si hubiese leído mis pensamientos. Sus dedos suaves y delicados como la punta de un pincel parecían querer borrar de mí los recuerdos de esa noche. Por un momento tuve la sensación de estar junto a él dentro de la lámina de Klimt que habíamos estado viendo por horas en mi antigua habitación, tumbados en el suelo.
Escondidos detrás de esos viejos estantes y perdidos en un laberinto de antigüedades, Guillermo y yo podríamos habernos besado largo rato sin que nos descubrieran. Apreté mis labios contra su cuello, acaricié con besos la marca que había dejado mi mordida. Guillermo se puso tenso y me di cuenta que estaba yendo muy lejos. Las campañillas de la puerta de entrada nos sacaron del trance en el que habíamos caído.
Los dos nos asomamos para ver quien había entrado. Era Beto.
_¡Beto! _ pregunté sorprendido. _Pensé que no te ibas a separar de Gaby esta noche. ¿Qué pasó?
_Nada… Anda de muy buen humor, y su compañera de cuarto que no se nos despega. Están recorriendo todas las tiendas buscando excentricidades y como me estaba aburriendo, salí a caminar. _De pronto posó sus ojos en Guillermo. _ Ese abrigo te queda perfecto, deberías llevarlo.
_No voy a comprármelo. Es más, ya nos íbamos. _ Seguramente quería que tuviéramos unos minutos más de intimidad, ya era casi la hora de volver al colectivo. Me sentí complacido con su comentario, por mucho que nos agradara Beto, no era el momento para que se nos pegara. _ Ah, por si te interesa, hay unas corbatas con chicas hawaianas en el fondo. _ Le dijo Guillermo con toda la intención.
_¿De verdad? Entonces los veo más tarde en el colectivo. _ Beto se marchó abriéndose paso entre el revoltijo de extravagancias que contenía la tienda.
Le sonreí. _Bien hecho_.
Guillermo se desprendió del abrigo y me tomó de la mano. _ Vamos.
Casi habíamos llegado a la puerta de salida cuando lo vi. Un objeto oscuro y brillante llamó mi atención. Era un broche tallado en una piedra negra como la noche y de un brillo intenso. En medio de él, una rosa de pétalos exóticos y afilados como la de mis sueños. Era tan pequeño que seguramente cabía en mi mano, pero lo que me había llamado la atención, era la similitud de la flor con esa rosa que siempre pensé, que solo existía en mis sueños. Me detuve a mirarlo con fascinación. _ Es… precioso. 
_Tiene buen ojo, es una joya de luto de la época victoriana. _El tendero nos inspeccionó con la mirada por encima de sus gafas, evaluando por nuestra apariencia que estaba perdiendo el tiempo dándonos esa explicación. _ Y muy caro. 
_¿Cuánto de caro? _ preguntó Guillermo con toda la naturalidad del mundo.
_Doscientos dólares. _ Los ojos casi se me salen las órbitas… ¡Si que era caro! Sonreí con simpatía para no hacer evidente cuanto me dolía no poder tenerlo. Era especial, pero iba a tener que olvidarme de él. 
Guillermo se limitó a sacar su billetera y le extendió al tendero una tarjeta de crédito. _Lo llevamos.
_¡Guillermo, no! _ Lo tomé por un brazo mientras el hombre se marchaba con la tarjeta. _ ¡No lo hagas! ¡Son doscientos dólares! ¡No quiero que te endeudes por un capricho mío!
_ No me endeudo… Puedo pagarlo. Te enamoraste de él apenas lo viste, tiene que ser tuyo.
Volví la vista al broche que aún seguía en el expositor, era imposible imaginar que algo tan hermoso iba a ser mío. _Es hermoso… pero Guillermo…
Él me miró con ternura y pasó su mano por mi mejilla. _Tranquilo. No me meto en ningún apuro. Puedo regalártelo y es lo que quiero hacer.
Tal vez tenía razón. No sé por qué, pero nunca se me había ocurrido que Guillermo pudiera ser alguien de un pasar económico tan amplio. En ese momento recordé que me había hablado de su madre, de lo controladora que podía llegar a ser, que habían viajado por el mundo y que habían vivido en Europa. Tendría que haberme dado cuenta que no le faltaba el dinero.
El tendero regresó con la tarjeta de Guillermo y nos preguntó, ahora muy amablemente, como queríamos que lo envolviera. Había cambiado por completo el trato hacia nosotros. _Lo llevamos puesto _ respondió Guillermo con esa voz y esa seguridad que me hacían temblar las piernas. Tan solo lo tomó y me lo prendió en el abrigo.
Me abracé a su cuello y lo besé en los labios mientras el tendero fingía buscar algo debajo del exhibidor, doscientos dólares podían hacer milagros.
Estuve largo rato acariciando los pétalos afilados mientras caminábamos de la mano por las calles de Riverton. _Gracias. Es el mejor regalo que me han hecho en la vida
_ Entonces es el mejor dinero que he gastado hasta hoy.
Era el momento apropiado para ponerse un poco más sentimentales, y eso hubiese sucedido si a la distancia no hubiésemos visto el revuelo que se había provocado alrededor del colectivo. Algo raro estaba pasando. Apuramos el paso y llegamos en minutos
_¿Qué sucede? _Preguntó Guillermo, obviamente contrariado.
_Gaby… Ha desaparecido, profesor. No la encontramos por ninguna parte _ respondió pálidamente un chico que solo conocía de vista.
Vi su mandíbula tensarse. _ A ver, vamos a organizarnos, vengan todos. ¿Quién la vio por última vez?
_Yo profesor… _ dijo su compañera de cuarto evidenciando su temor
_ Sonia, tratá de calmarte y contame todos los detalles. Es importante que se te serenes para que puedas recordar mejor. ¿Qué pasó?
_Primero anduvimos de tienda en tienda comprando cosas, después decidimos buscar un bar donde comer algo. En ese momento ella me entregó todas sus bolsas y me dijo que iba a ver si encontraba a Beto para que se uniera a nosotras… pero nunca más volvió. 
Los gritos de Guillermo quebraron la solemnidad de Riverton. _ ¡Beto! ¡Beto donde estás!
Apareció de entre la multitud, despeinado y con el gesto de preocupación.
_ Acá estoy Guille, estaba preguntando quienes la habían visto por última vez.
_Guillermo, _ interrumpí _ Gaby nunca se iría sola a ningún lado. Se asusta con facilidad.
_Pedro tiene razón Guillermo, Gaby nunca se iría sola a ningún lado. Algo le pasó.
Los ojos de Guillermo se habían apartado de nosotros y monitoreaban los alrededores como radares. _ Suban todos al colectivo y esperen ahí. Beto, ocupate que todos obedezcan mis instrucciones. 
Todos obedecieron. Todos menos uno. Un muchachito flacucho y tembloroso se acercó a nosotros apenas los demás habían comenzado a desplazarse hacia el colectivo. Estaba muero de miedo. 
_ ¿Qué pasa? _ Le preguntó Guillermo sin poder esconder su irritación por la circunstancia.
_Profesor, _ miraba por encima del hombro de Guillermo, trataba de asegurarse que nadie escuchara lo que iba a decir _ nadie debe saber que le he dicho esto, pero yo la vi. Estaba cerca de una cafetería y Franco intentaba hablar con ella, aunque sin demasiado éxito. Gaby intentaba avanzar, pero él le impedía el paso. Fui en busca de ayuda, pero no encontré a nadie. Y cuando volví al lugar, ya no estaban ahí. Creo que fue él, estoy seguro que fue él… siempre la mira de un modo extraño. 
_¿Franco? _ pregunté asombrado. _ ¿Y qué hacía acá? ¿Cómo llegó? _ No había ido al pueblo en el colectivo de la escuela. Ninguno de los típicos alumnos de Medianoche se acercaba a Riberton. Lo encontraban aburrido y solo esperaban impacientes a que los demás se fueran para estar a solas y poder comportarse como lo que realmente eran sin tener que ocultar su verdadera naturaleza.

Guillermo se transformó, intentó aparentar tranquilidad, pero no resultó para nada convincente. _ Está bien, gracias por la información. Ahora ponete a salvo en el colectivo, no queremos más desaparecidos por esta noche. 
_Profesor… No diga que yo le dije… Me van a matar.
Me fascinó la forma en la que intentó tranquilizarlo. _ Nadie se va a enterar de tu inmensa ayuda, y nadie va a matarte. Subí al colectivo y no comentes esto con nadie más. ¡Vamos! ¡Arriba! _ Y le dio una palmadita de aliento que fue más que bien recibida por ese asustado alumno de la academia.
Al ver aparecer a mis padres con el ceño fruncido, comprendí que la situación era crítica. _ ¿El resto de los alumnos? _ le preguntó mi padre a Guillermo
_Todos en el colectivo.
_Gracias Guillermo._ Inmediatamente le impartió las instrucciones al conductor. _ Lleve a todo el mundo a la escuela, ya, y no se detenga por nada en el camino.  Celia y los demás profesores no nos vamos a mover de acá hasta encontrar a Gabriela. _ De pronto se dirigió a él como si fuera una de las únicas personas en las que podía confiar. _ Guillermo, los estudiantes no pueden viajar solos. Andá con ellos a la escuela y poné a Pedro también a salvo.
_Yo no me muevo de acá _ le dije a mi padre y después miré a Guillermo. _ Lo siento, pero es mi amiga. La conozco como nadie, solo a mí se me puede ocurrir donde puede estar.
En ese momento Beto volvía a descender del colectivo y había logrado escuchar mis palabras. _Yo también me quedo
Eso sobrepasó a mi padre que comenzó a hablar entre dientes y con voz muy queda, una clara señal que estaba superado por la situación. _No podemos quedarnos todos en Riverton buscando a Gabriela, algunos mayores, los más responsables, deben asegurarse que el resto de los estudiantes estén a salvo. Pedro puede quedarse, él la conoce, puede ayudar. Guillermo, hacete cargo de la situación de los demás alumnos y llevalos a Riverton. Beto, entiendo tu desesperación, pero solo sos un alumno, si te permito quedarte me va a costar la cabeza y no puedo perder este empleo o Pedro perdería su beca en la Academia. ¿Vos me entendés?
Beto bajó la cabeza, abatido. Se sintió acorralado. _Está bien… pero por favor encuéntrenla.
_Dalo por hecho _ respondió mi padre e intentó darle aliento con unas palmaditas en la espalda. _ Confiá en nosotros Beto, Gaby va a estar bien.
En ese momento sentí la mano de Guillermo en mi espalda, lo miré a los ojos y nos apartamos unos pasos para hablar a solas. Esa no era la despedida romántica que habíamos planeado, sin embargo, no vi en sus ojos egoísmo ni decepción. Lo único que vi, fue su preocupación por Gabriela y por mí.  
_Yo debería estar a tu lado en esta noche
_No van a dejarte, ya lo escuchaste a mi padre, incluso me sorprende que me hayan dejado quedarme a mi
_Eso es lo que más me preocupa, que te hayan dejado quedarte es una mala señal, Pedro. Es porque es muy peligroso. Solo te dejan quedarte porque sos un vampiro, y eso me asusta. Contale a tu padre lo de Franco, confiá en él. Pedro, mi amor, esto es muy peligroso. _ Insistió en voz baja.
Sentí tanta tristeza al verlo así, desesperado por protegerme, ese miedo de perderme en los ojos, que le dije lo único que creí que podría tranquilizarlo.
_La necesidad de volver a verte va a hacer que me cuide como nunca lo hice en mi vida, amor. Prometo volver a tu lado esta noche. Te lo prometo. _ Lo besé en los labios a espaldas de toda esa gente tan convulsionada ante la desaparición de Gaby, que ni cuenta se dieron de ese gesto. Acaricié mi broche con la punta de mis dedos y supe que él iba a estar conmigo en la larga noche que me esperaba. No le hacía ninguna gracia dejarme ahí solo, pero lo aceptó y me dio un beso fugaz como respuesta. 

En cuanto el colectivo se puso en marcha, sentí un vacío en mi estómago. La vida no solo había cambiado, sino que comenzaba a transcurrir a una velocidad que nunca había imaginado. Cuando lo vimos desaparecer, mi padre y yo nos dirigimos a toda velocidad a las afueras del pueblo. Mi madre y el resto de los profesores que habían viajado a Riberton ya se habían desplazado de a dos por todo el lugar.
_Y bien, ¿dónde pensás que pudo ir?
_No tengo la más remota idea
_¿Y entonces por qué te quedaste?
_En primer lugar, porque hace falta toda la gente que esté disponible. Y en segundo lugar, tal vez haya que cruzar el río.
A los vampiros no le hacía ninguna gracia el agua en movimiento, pero a mi todavía no me importaba. Mi padre me miró con admiración. _Cuanto has madurado en Medianoche, Pedro. _ Su orgullo de padre me tomó de sorpresa y para bien. _Todo esto te está cambiando mucho, y me alegro de eso. _ Había sonreído mientras me hablaba, pero para cuando llegamos a la orilla del río había vuelto a ponerse serio. Mucho más que antes. Se lo veía preocupado. Le había contado acerca de Franco, de cómo acechaba a Gaby y que la habían visto cerca de él por última vez.
_ No tenemos a nadie recorriendo la orilla del río.
_ Papá, no podemos ir juntos, perderíamos mucho tiempo. La ribera es larga. Vos andá hacia la izquierda y yo voy a la derecha.
_No, Pedro. No vas a ir solo.
_Papá, Gaby está en peligro. Se trata de Franco
_¡Justamente porque se trata de Franco no vas a ir solo!
_¡Prometo no ponerme en peligro! Voy a cuidarme, te doy mi palabra. Prestá atención, si la encuentro voy a aullar como un lobo. Vas a poder escucharme, vas a saber que soy yo y como ubicarme. Somos vampiros, papá.
_¿Te sentís seguro de ir solo?
_Absolutamente.
_Si te llegás a perder, no te apartes de la ribera.
_Es imposible que me pierda _ le respondí señalándole las estrellas. Sabía mucho de astrología y con solo mirar al cielo podía orientarme. _ Las constelaciones va a saber cómo guiarme. Quedate tranquilo y confiá en mí. 
Era obvio que le preocupaba dejarme solo. _ Pedro, tené cuidado. Si los encontrás llamame con tu aullido, pero no te enfrentes a él. Es un vampiro muy viejo, te destrozaría en segundos. 
_ Papá, voy a estar bien. Ya se cuidarme. Andá tranquilo.
Se tomó la cabeza con un gesto desesperado. _Pedro, si Franco vino a Riberton a cazar a Gaby, es porque no se ha sumado al pacto. O sea, está decidido a matar. ¡Hijo, no te enfrentes solo a un monstruo que te lleva cientos de años de experiencia!  _ Frotó su rostro con sus manos, un gesto que dejaba a la vista su consternación. _No debí permitir que te quedaras.   
_Papá, papá… voy a estar bien. ¡Pero vayamos de una vez, por favor! ¡Estamos perdiendo un tiempo que le pude costar la vida a Gaby!
_¡Está bien! _ dijo finalmente. No abrazamos y volví a sentir sus brazos intentado protegerme del mundo como cuando era apenas un niño. Supe que debía marcharme en ese momento, su preocupación empezaba a debilitarme. _ Nos vemos en un rato. _ Me solté de su abrazó, y salí corriendo sin mirarlo. Aún así, sin volver la vista atrás, supe que estuvo observándome hasta que desaparecí.

Aunque todavía no había caído la primera nevada, el otoño se había adueñado del lugar. La escarcha crujía debajo de mis pies, la hierba estaba marchita y los matorrales desnudos. Opté por no alejarme del río, algo la conocía y si Gaby se había asustado era muy probable que hubiese corrido en esa dirección. Caminé empezando a concebir el peor de los panoramas, mi mente me bombardeaba con escenas horripilantes.
Di un salto al sentir un movimiento repentino sobre mi cabeza, pero solo se trataba de un cuervo que revoloteaba de rama en rama. Suspiré aliviado y respiré profundo para calmar mis pulsaciones, cuando en el último tinte del aroma de esa mezcla de agua y bosque, el aire me trajo su perfume. Mis sentidos se agudizaron. Gaby estaba cerca. Seguí caminado en esa dirección con una velocidad superior a lo normal. Esta vez no eran las ramas secas las que se enredaban en mi ropa, mi cuerpo las quebraba en seco al pasar. 
Volví a inspirar, esta vez pude oler su miedo y una presencia más. Su olor era tan repugnante que me revolvió el estómago. Olí el peligro, el hambre, la sed, el temor y la adrenalina. Apuré el paso y mucho más tarde logré recordar que en ese preciso momento, fue como si mis pies se hubiesen despegado de suelo. Ya no pisaba la escarcha ni la hierba reseca, me desplazaba por el aire y a la misma velocidad que el viento.
No lograba pensar, solo visualizaba la situación que mis sentidos extremadamente agudizados me advertían. No tenía tiempo ni de llamar a mi padre, ni de esperar por su ayuda. Él ya la tenía acorralada. Sentí un hormigueo en las encías, pasé mi lengua por el borde de mis dientes y noté la protuberancia de mis colmillos que empezaban a crecer.
Algo llamó mi atención a pocos metros, estuve a punto de pronunciar su nombre pero inmediatamente decidí llegar de sorpresa. Era mejor no llamar la atención. A medida que me acercaba escuché la voz de Gaby y su respiración entrecortada. 
_ ¡Dejame en paz!
_¿Pero qué problema hay? _ reconocí al instante su voz desdeñosa _ Te dije que tan solo quiero charlar un rato
_Y yo te dije que no quiero hablar con vos _ sonaba aterrorizada. El acoso de Franco la tenía paralizada.
_ Gabriela… te comportás como si fuera un extraño. _ Sonrió y sus dientes relucieron en la oscuridad. A esa altura Gaby ya sabía que había cometido un error,  tratando de escapar de él había corrido hacia el río, y ahora él la tenía a solas. _ ¿Sabés que Soria? Tengo hambre. _ Le dijo con toda naturalidad, creyendo que ella ya no tenía escapatoria.
Gaby empalideció. Era imposible que ella supiera a que estaba refiriéndose, pero sintió lo mismo que yo sentí mientras avanzaba hacia ellos, que eso no era solo un simple comentario, sino algo mucho más peligroso. _Mejor me voy
_ Ya veremos si te vas _ Y en ese momento la tomó por un brazo.
_¡Franco! _ grité con todas mis fuerzas. Había aterrizado, por así decirlo, justo detrás de Gaby.  Ambos se volvieron a mirarme y una expresión de alivio pareció en el rostro de Gabriela que corrió a esconderse detrás de mí.
_Pedro… esto no es asunto tuyo. Andate.
Sentí como la furia me corría por las venas y me mantuve de espaldas a Gaby para que no viera lo que no tenía que ver. Mis colmillos estaban al acecho, listos para entrar en acción. Mis músculos se tensaron. Mi olfato y mi visión volvieron a agudizarse. Tragué saliva y mi lengua rozó mis incisivos que sobresalían de manera excesiva. “Empezarás a reaccionar como un vampiro” me había dicho mi madre, y esto formaba parte de lo que había querido advertirme. _ No soy yo el que va a irse, sino vos. _ Gaby se aproximó a mí y se pegó a mi espalda. Franco frunció el ceño irritado, como un niño al que acaban de quitarle una golosina. Era mucho más experto, tal vez más fuerte y rápido que yo. Si me vencía no solo terminaría con mi vida, sino también con la de Gaby. Seguramente que lucharía con todas mis fuerzas, tenía un instinto luchador, pero no estaba seguro de llevar las de ganar. _ Alguien te vio en el pueblo acosando a Gaby cerca de una cafetería. Guillermo lo sabe. Mi padre lo sabe. Todos lo saben. Si algo nos pasa, la señora Bethany va a ser la que se ocupe de hacer justicia. Si te vas no vamos a decir una sola palabra, si persistís en que luchemos, estoy dispuesto a hacerlo. Pero atenete a las consecuencias, andá diciéndole adiós a tus días en Medianoche, entre otras cosas. Te vas a quedar solo en el mundo imbécil, eso si la señora Bethany te deja vivir.
Eso lo enfureció más que sentir que tenía perdida la batalla. Se puso en posición de combate y abrió su boca dejando salir un gruñido mientras me mostraba los colmillos. Esas encías enrojecidas formaban un contrapunto estremecedor con sus dientes tan blancos en plena noche.
Despegué a Gaby de mi espalda con un manotazo brusco para ponerla a salvo, doblé mis rodillas presto a saltar sobre él y exhibí mis incisivos. Rugíamos como dos fieras embravecidas girando lentamente en círculos. Supongo que por instinto y solo por instinto, Gaby giraba detrás de mí.  Por un instante estuve convencido que iba a atacarme, pero luego la seguridad fue desdibujándose poco a poco de su rostro. Hasta que acabó calmándose. Sabía muy bien lo poco sensato que era tener a la señora Bethany en contra, sobre todo después de los discursos grandilocuentes acerca de mantener a los alumnos humanos a salvo para proteger a la escuela. No, a la señora Bethany no iba a gustarle nada de nada su conducta. 
Depuso su actitud, y ofreció señales de paz. _ Me voy, pero ese es el acuerdo Beggio. Ni una palabra a la señora Bethany. 
_Fuera de acá. Andate. _ Franco fulminó a Gaby con la mirada y se adentró en el bosque. Antes de desaparecer me miró sentenciante. _Ganaste solo una batalla, Beggio. La guerra sigue en pie. 
_¡Fuera de acá! _ Me ardían las encías, mis colmillos resurgían ante cada una de sus provocaciones.
Finalmente se marchó.
_¡Pedro! _ Gaby se abalanzó sobre mis hombros, gracias a Dios no se detuvo a observar mi rostro. Mientras la abrazaba me pasé la lengua por los dientes intentando calmarme para volver a tener aspecto humano. _ ¡Gracias! ¡Tuve tanto miedo que mantuve los ojos cerrados todo el tiempo! Todavía no se que quería, pero no era hablar… de eso estoy segura.
Era un alivio que no hubiese visto nuestro enfrentamiento, no tenía ganas de dar todas esas explicaciones. Entrecerré los ojos para escrutar en la oscuridad y asegurarme que Franco se había alejado. El aire no me trajo ningún rastro de su aroma tan desagradable. Se había ido, pero no me fiaba de él.
_Vamos_ la tomé de la mano y emprendí el regreso con ella detrás de mí. Todavía me parecía un milagro que estuviéramos con vida. _Mis padres y los demás profesores están esperándonos para volver a Medianoche. 
Caminamos lentamente hasta el pueblo.  Me mantuve en silencio todo el camino, pensaba en Guillermo. Si estuviera en su lugar no podría conciliar la paz. Mis sentidos seguían en alerta y sentí su nerviosismo, su temor y todas esas cosas que yo le despertaba, pero pronto íbamos a estar juntos. Había cumplido mi promesa: “Te prometo volver a tu lado. Te lo prometo.” Acaricié el prendedor con la punta de mis dedos y solo deseé volver a estar junto a él. 
Estaba profundamente enamorado

CONTINUARÁ

jueves, 24 de noviembre de 2016

"BABYLON" - Cap. 15 - (By Madame Butterfly)

"BABYLON" - CAPÍTULO 15






LO MÍO FUE UN ACTO DE JUSTICIA:
TE ROBÉ UN BESO PORQUE TÚ LLEVABAS MESES ROBÁNDOME EL SUEÑO...

Duerme profundamente y yo lo miro. Hace un rato que me desperté, y aunque nos dormimos muy de madrugada por amarnos como locos, no tengo sueño ni estoy cansado. Prefiero robarle al sueño estos momentos y grabar en mi mente cada rasgo de su rostro, el oír de su respirar pausado, y aunque perjure que soy yo y lo niegue,  esos pequeños ronquidos que salen de su boca son suyos. Recorro con mis ojos su cuerpo y con qué ganas mis manos los acompañarían, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero?  
Sé muy bien que mi tentación me llevaría a tomarlo de nuevo y aunque  se que no se negaría y se complacería, seguro que me las cobraría con creces.
Este hombre que tiene el don de volverme ángel y a la vez un demonio, que saca mis miserias a la luz, -celos, broncas, berrinches, tristezas, llantos- y también mis riquezas: travesuras, alegrías, risas, pasión desmedida. Que tiene el poder de que por él cometa las más locas travesuras, es el hombre que elijo para pasar el resto de mi vida, y aunque su pasado me molesta me tengo que proponer borrarlo de su mente y de la mía y que solo haya un presente y un futuro en su vida... YO...
Bueno, tampoco lo quiero sumiso a mis pies las 24 horas del día, me conformo con poco. Que me acompañe a caminar esta vida y las siguientes en las que reencarnemos. Sé que lo amo, se  quien soy, y claro que dentro de pocas horas - cuando amanezca y salga a la calle - ya no seré el mismo para los demás, me juzgarán, me señalarán… claro que sí y es lo que menos me importa...  siendo yo PEDRO DANIEL BEGGIO, GÉNERO MASCULINO, BIEN MACHITO Y ENAMORADO DE OTRO HOMBRE...
- ¿Se puede saber en qué pensás... Espero que en mi
- Claro que en vos… estaba pensando si te volvía a hacer el amor y despertaba a tu inconsciente
- Pedro!!! No hagas trampa, ahora me toca a mí
 - ¡No no no Graziani! Vos ya pasaste mucho tiempo arriba mío, ahora me toca a mí. ¡Jajajaja!
- Ah… mirá vos… ¿Con que esa tenemos atorrante? Por lo menos, me vas a calentar…? 
- ¡Jajá! ¡Qué ordinario sos Guillermo!
 - ¿Yo soy el ordinario? Te recuerdo que hace un rato me desperté gracias a tu cabalgata encima mío y ni un beso me diste
- ¡Jajaja! Te recompensé, no lo niegues. ¿No te la chupé con estos labios y acabaste en esta boca?
 - ¡Guaaaa! ¡Cómo olvidarlo! Creo que acabé no una vez, si no varias veces
- Dos veces mi amor y en tu locura casi pierdo la cabeza
 - Eso te pasó por empezar a jugar sin mi
- Bueno Guille, estabas apetecible… y con la colita parada!  ¡Jajajaja!
-¡Ah bueno! ¡Lo que me faltaba escuchar! ¿Me das un beso?
Pedro no lo pensó, se tiro arriba de él y lo besó con desesperación… y el juego volvió a comenzar...

Marcelo ya iba por su quinta o décima taza de café, ya ni sabía cuánto había tomado. Estaba seguro que todo lo vivido fue real, la reunión existió y el memorándum en sus manos se lo aseguraba. Ahí, en las palmas de sus manos se encontraba la respuesta a sus plegarias. La nota de su vida, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? A costa de usar a un amigo, de poner en riesgo una amistad de años, porque de algo estaba seguro… solo Pedro podía abrirle las puertas a esa fiesta.  O pensándolo bien, podía hablarlo directamente con Guillermo y pedirle ayuda. Sí, eso haría, y si le decía que era imposible y se negaba, podría dejar pasar esta oportunidad. Le pediría ayuda a Pedro… No, para todo hay un límite, nunca usaría la relación de su amigo con Guillermo por una nota... Muchas preguntas y muy pocas respuesta...

La cuidad de Buenos Aires se despierta a un nuevo día, ya se escuchan sus sonidos y un sol que desde el horizonte ya pide lugar a la luna en el cielo para brillar todo el día. Pedro canta en el baño mientras se baña, Guillermo le ha dado espacio y no es porque no quiera seguirlo, lo que le pasa es tan claro como el agua.  ¿Qué pasará con ellos afuera de esas paredes? ¿Podrá la pareja afrontar todo lo que venga?
“La pareja suena raro, aunque es así, somos una pareja... Si un escritor describiera con palabras nuestra pareja seguro que diría: "Es como un barco navegando en la oscuridad, en un mar de incertidumbres, aunque con la esperanza de un amanecer prometedor ”.   ¡Ah bueno! El amor me pegó mal, me volví un pendejo boludo! Lo amo y sí que lo amo, desde esa noche que entró a Babylon y no quise ver las señales de alerta, ya había caído en su hechizo. Su pudor, su entrega pasional, su boca, su cuerpo, su tatuaje… todo en él me volvió loco. Hasta sus enojos, sus celos, sus berrinches…  Todo él me enamora, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? Amo más que nada su entrega, con él o es todo o nada, con él es blanco o negro y no hay colores intermedios… Y bueno Graziani, colgá la toalla. Se te acabó la época de Don Juan, y que no te sorprenda que con este pibe hasta el registro civil no pares. Dale alas y él solo te hace la fiesta y te consigue jueza.”

- ¿Y vos de que te reís solo?
-  Me río de los ladridos que salían del baño
- Andá acostumbrándote, porque cuando vivamos juntos eso va ser habitual… y tendrías que empezar a practicar amor - Guillermo tragó saliva dificultosamente
- Pedro, tomá asiento, tomemos un café antes de irnos y hablemos
- No me gusta ese “hablemos”.  ¿Qué pasa? Hablá ya.
 - Bajá un cambio que no vamos a discutir
 - Hablá y voy a saber si da para discutir
 - Cielito...
- Hablá Guillermo, me estoy enojando…
 - Pedro, prometiste contar…
 - ¡La mierda cuento! ¡Hablá  ya!
- Bueno, te estás pasando… Déjame hablar Pedro, sabés la vida que llevé
 - Y qué más…
 - Yo me levantaba tipos, cogíamos, y nunca pasé toda una noche con ellos. En resumen Pedro, yo siempre volvía a mi casa. Fuera la hora que fuera,  hacía mis cositas, y nadie de mi entorno familiar y amigos podían señalarme con un dedo
 - ¡Qué me insinuás!
- ¡Qué te amo! Pero que necesito tiempo para blanquear mi vida… A mi hijo, a mi entorno… Confesar mi sexualidad
 - ¿Y lo nuestro como sigue? ¿O pensás guardarme en un cajón como un recuerdo?
- ¡Pedro, por favor razoná! Claro que no... Quiero que acomodemos nuestros horarios. Venís al estudio, nos vemos en Babylon, nos llamamos, proyectamos cosas juntos…  Te quiero en mi vida y voy a respetar tus espacios, necesitamos aprender a confiar el uno en el otro, tenemos que dejar crecer este amor,  aprender a extrañarnos…  
Pedro se acercó a él y lo abrazó fuertemente
- Tengo miedo Guillermo, ya me había acostumbrado a tenerte para mí y no quiero compartirte con nadie... Bueno solo un poquito con tu hijo, pero con nadie más
- ¡Jajaja! ¡Dame un beso mi ángel endemoniado! 
Se besaron con mucha pasión...

Juan se movía de un lado para otro, estaba desesperado. Guillermo volvía hoy al estudio y ya su corazón palpitaba como loco. Ese era el momento justo, si o si, hoy tenía que convencerlo que él era lo que necesitaba para su vida, que ya era hora que ellos dos se dieran una oportunidad.
- ¡Che…! Vas hacer un pozo en el piso de tanto ir y venir, quédate quieto! ¿O tenés hormigas en el culo?
 - Disculpame Marcos, es que quiero que aparezca Guillermo… ando metido en una causa de mierda
 - Yo te puedo ayudar. Me conozco el Código Penal de memoria, si querés…
- Gracias, pero no, necesito escuchar la opinión de Guillermo
- Bueno, vos te lo perdés. Esperá a San Graziani.

Pedro observaba todo como si fuera la primera vez que lo veía. Cada ruido, cada imagen era seguida por sus ojos y Guillermo lo miraba a él. Quería llevarse en su memoria ese rostro, aunque de noche lo vería en Babylon, para él las horas no pasarían nunca y ya lo empezaba a extrañar. La bocina de un auto lo sacó de su pensamiento
- Es Marcelo en mi auto. ¿Te llevamos o te tomás un taxi?
 - Mirá Pedro, ya sé lo que estás haciendo… No me provoques porque me las vas a pagar todas juntas
 - ¡Amor! Solo te pregunté algo…
- Voy con ustedes, tontín!
- Te convenía  decirme eso Graziani.  ¡Jajaja!

Pedro manejaba su auto por la avenida 9 de julio y observaba todo a su paso, Guillermo iba a su lado, y atrás, sentado como narrador omnisciente, Marcelo que los miraba a los dos sin decir nada porque no había nada que decir… Estos dos estaban enrollados y se les notaba en la cara. 
- Bueno… ¿Qué pasa ahí en el fondo? No dijiste nada todavía Marcelo
 - ¡Qué voy a decir si se les nota de acá a Lujan que están juntos!
 - ¿Tanto che?
 - ¡Jajaja! ¡Y si mi amor! ¡Claro que se nos nota! Brillamos con luz propia, con la luz del amor.

- Bueno Pedro, tampoco somos dos pendejos con mariposas en el estómago
- ¡Jajaja! ¡Te pasás Guillermo! ¡Más que mariposas ustedes tienen un volcán en plena  erupción en el cuerpo! ¡Jajajaja!
- ¡Jajajaja! ¡Y abajo también Marcelo! ¡Jajajaja!
De todos colores estaba Guillermo y ya había empezado a respirar mal
 - Pedro!!! ¡No tenés paz querido!
 - Bueno amor, estoy feliz. ¿Vos no?
 - Claro que si, Pedro
 - “Mi amor” decí Guille
- ¡Pedro! Está Marcelo, respetame un poco!
- Por mí no hay problema, hagan lo que sientan
 - Déjalo Marce, Guille se transforma de noche, de día es todo un señorito
Ni lo pensó y por poco casi chocan, lo tomó del cuello y lo besó lujuriosamente mientras Pedro frenó de golpe gracias a sus reflejos.  Las puteadas de los demás autos se hicieron escuchar, mientras Marcelo aplaudía a rabiar....

Varias veces se había acercado al departamento de Pedro buscándolo y el portero decía siempre lo mismo,  que el único que anduvo era el amigo y que no había vuelto. Ya se estaba cansando de este juego de escondidas… ¿Y si no era un juego y Pedro estaba mal y lo necesitaba? ¿O si le pasó algo? Tenía que encontrarlo y si era necesario hasta buscarlo por debajo de la tierra
- Bueno Pedro, es el mensaje 800 que te dejo. Llamé a tu celular y está apagado, estoy preocupado cariño, no terminamos bien y nos merecemos una charla. Te extraño, volvamos a empezar. Un beso 
Pedro ya no era el mismo su rostro reflejaba temor
- ¿Qué pasa amigo? ¿Qué tenés? ¿Te sentís mal?
 - No Marcelo
 - Algo te pasa, desde que dejamos a Guillermo en su casa tu cara cambió
 - Es por él Marcelo, una cosa es compartir con él las 24 horas del día y otra es esto, sentir que me falta una parte de mi
 - Bueno Pedro, te tenés que acostumbrar, las relaciones son así. No se puede estar tan pegoteados, eso cansa y quiebra la pareja
- ¡Ah bueno! ¿Y vos desde cuando escribís la columna sentimental del diario? ¡Jajaja!
- Sos un boludo… ¿A dónde vamos?
 - A casa,  tomamos algo, me cambio, y voy a trabajar
- Hecho, vamos. 
Guillermo entró a su casa y la sintió fría, sin vida, sin calor. Dejó sus cosas sobre la mesa y buscó a Fabián en su cuarto. Por la hora, claro que no lo encontró. Marcó un número en el celular
 - Hola Marcos, ¿todo bien por ahí? Dentro de media hora ando…  ¿Para qué me busca? ¿Un caso? Bueno, decile que se medique y se siente a esperarme. Chau
“¿Qué querrá Juan...?” pensó y marcó otro número.  - Hola hijo, almorzamos si? Estoy en casa, búscame en el estudio. Te quiero Fabi....
Fue a la cocina, tomó un vaso de agua. “¡La puta madre! ¡Ya como lo extraño, pendejo del orto! ¿Y si lo llamo...?”
Pedro se encontró con sorpresas al llegar a su casa, su portero le avisó de un tipo que lo buscó varias veces y en distintos horarios. Su contestador tenía miles de mensajes de la misma persona y su celular, al prenderlo, no paraba de vibrar. Llegaron mensajes, llamadas perdidas... Pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? La gota que rebalsó el vaso fue una sola palabra. CARIÑO.
Marcelo sorprendido lo interrogó con la mirada
- Pedro.... “cariño”, ¿qué pasó con ese tipo?
- Nada, que va pasar! ¿No te conté que salí como loco de su casa?
- Te creo Pedro, al que no le va caer en gracia ese cariño es a Guillermo
- Claro que no, aunque él no se va enterar Marcelo
- Pedro las parejas no se ocultan cosas... ¿conocés el significado de confianza?
- Si, tenés razón, no se lo voy a ocultar. Ya demasiado lo tiene entre ceja y ceja
 - ¿Lo vas a llamar?
 - ¡Claro que si! Ahora mismo 
Su celular empezó a sonar
- ¡Por fin, cariño! ¡Creí que te había pasado algo, Pedro! ¿Qué te pasó? ¿Dónde estuviste? ¿Seguís enojado? Tenemos que vernos…
- Hola Pablo, te llamo para avisarte que estoy bien y aclararte algo: no soy tu cariño
 - Pedro, nosotros tenemos algo…
- ¿Tenemos, Pablo? ¿No es demasiado eso?
 - Nos besamos Pedro
 - Me besaste y yo no quería, pelotudo.
- Pedro no me hables así. Hablemos personalmente, te invito a cenar
- No, mejor tomamos un café. No hoy…
 - ¿Cuándo?
- Yo te aviso
- Te extrañé… ¿paso por tu casa?
- No, yo te aviso
- Bueno, espero ansioso tu llamado
- Chau Pablo
Cortó con bronca
- ¡Qué pesado ese tipo Pedro!
- Si, es una piedra en el zapato. Hoy hablo con Guille y después lo cito a él... ¿Y vos qué contás? ¿Ya encontraste la nota de tu vida?
 - En eso andamos...

Volver al estudio no fue lo que él esperaba, miles de cosas estaban pendientes y en ese remolino, Juan ansioso de hablar con él. Para colmo de males un llamado del contador aclarándole que esa noche sin falta pasaría por Babylon a hacer cuentas con él y no aceptaba un no como respuesta, y él que pensaba dedicarle ese tiempo a Pedro. ¡Qué cagada!
- Bueno Juan,  te escucho. ¿Qué es eso tan importante que me tenés que decir?
- Guillermo, te amo. Nos debemos una oportunidad… Escúchame, yo se que lo del pibe fue una calentura, nada más. Hablemos con tu hijo, blanquearemos lo nuestro, te juro que te voy a hacer feliz
Guillermo lo miraba fijo sin entender nada, aunque algo si tenía claro, esto a Pedro no le iba a gustar nada de nada...

Las puertas se mantenían cerradas para el público, pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? La gente de Babylon acomodaba todo el lugar para la noche... Como ya les dije, Babylon no es cualquier boliche. Es el lugar top del momento, eso se debe no solo a su dueño si no al grupo de persona que trabajan allí. Sea del turno de la noche o del día,  en pocas palabras, son una gran familia...
Los teléfonos no dejaban de sonar
 - No señor, ya no quedan localidades para el evento. Se vendieron con dos meses de anticipación. No, el dueño se encuentra fuera del país, gracias por su llamado
- Está claro que la gente no aprende… ¿Cómo puede ser que todos los años pase los mismo? La verdad, el jefe tendría que salir en cadena nacional por televisión y avisar que ya no quedan entradas
- ¡No me lo imagino en esa! ¡Jajajaja! La verdad, este año habría que haberlo hecho en una cancha de futbol
- Ojo, mirá que varios directivos las ofrecieron gratis.
- No te creo
- Créelo! Todos son santos hasta que se les caen las plumas ¡Jajajaja!
- No sé, yo lo único que sé es que el jefe se nos perdió por unos días y te apuesto lo que sea que ya entregó su corazón
-  No creo… es un ave de paso
- Tu ave de paso ya tiene jaula
Los teléfonos volvieron a sonar y en los depósitos de Babylon ya se empezaban a guardar los cajones de bebidas. Bruno escuchaba las sugerencias de los asesores de eventos, esta vez todo había caído bajo su mando y cuando tuviera todo en orden dejaría que Guillermo le diera el ok final
- Bruno atendé la línea 4 por favor!
- ¿Quién es...?
- El cantante R.M.  El de la mordidita
- Ah… pásamelo
- Ya está
- Señor, un gusto. ¿A que debemos su llamado? Si, por supuesto que llegó su regalo… Si, lo sabemos bien. Las giras, los chicos, su compromiso… Por supuesto si le avisaré al jefe que lo llame. Gracias y buenos días.
Y si, las felicitaciones hacían rato que habían empezado a llegar, así como también la confirmación al evento. Varios medios llamaron por si había alguna chance de poder entrar y con buenos modales se les comunicó que era imposible...  
- Bueno dale, contame porque tenes esa carita de perro apaleado
- Tomá, leelo vos mismo Pedro. Te lo muestro para que sepas que no voy a pedirte nada que comprometa tu relación con Guillermo
Pedro leía detenidamente el papel
- Te juro Marcelo que yo no sabía nada de esto, Guillermo no me dijo nada... Amigo, vos sabés bien que te ayudaría en lo que sea, aunque no creo poder hacer nada esta vez... Guillermo solo es la mano derecha del dueño, déjame que le pregunte a ver que dice
- No Pedro, te lo comento para no esconderte nada, yo mismo voy a hablar con él a ver si me puede dar una mano. Che… ¿ustedes que hicieron estos días que ni hablaron?
- Bueno... si que hablamos mucho. De Freud, del inconsciente, del consciente. ¡Jajaja!
- Pará Pedro, no me sigas contando. No quiero ruborizarme, solo decime como estás
- Bien, llevándola por ahora. Acompañando a Guillermo hasta poder gritarle a todos que somos pareja
- Pedro, sabés que contás conmigo
- Ya lo sé hermano del alma
- Y vos Pedro… perdona que te pregunte, ¿no extrañás estar con una mujer?
- Para nada, Guillermo me complementa en todo. No solo es un sentimiento lo que nos une, sino también la misma piel… y el afuera y el qué dirán no me afectan
- ¡Guaaa! Estar enfermo o enamorado sacó lo mejor de vos!
- Él, Guillermo Graziani saca a mis ángeles y demonios a la vez

Sentado en el sillón lo miraba fijo. ¿Qué parte no entendía? ¡Y qué cansado estaba de siempre lo mismo! Y lo peor de todo, si Pedro se enteraba se venía un tsunami difícil de parar… pero!!! ¿Por qué siempre hay un pero? Era su pareja y lo tenía que saber, sino ¿dónde estaba la confianza?
- Guillermo, decí algo. No te quedes callado, ya sé que te da fobia una relación... que vamos a esperar?
- Mirá Juan, la única fobia que tengo ahora es darme cuenta que estas mal de la cabeza querido. Ya hablamos este tema mil veces
- Guillermo yo…
- Guillermo nada! Perdoná mi franqueza, ¡no te amo! No tenemos futuro juntos. Somos amigos o compañeros de trabajo… aunque amigos, ya lo dudo
- ¿Estás de cacería o volviste con él?
- ¿Qué es esto Juan? ¿Un interrogatorio? Ubicate, por favor...
 Se levantó del sillón y salió de la oficina gritando - ¡Marcos…! armá un escrito cediendo mi mejores clientes a Juan y traelo que lo firmo - Miró fijo a Juan. 
- Con esto te pago la apuesta y ahora déjame de boludeces

Se encerró en el escritorio con mucha bronca, en ese momento necesitaba más que nunca a Pedro a su lado y marcó el número
- ¡Hola mi amor! Qué raro llamándome… ¿qué te pasó?
- Que me va a pasar… te extrañaba cielito, me haces falta.
- A mi también
 - Mentiroso! Si hubiese sido así me hubieses llamado…
- Como estamos Graziani… ¿mañana complicada?
- Si bastante… ¿y la tuya?
- Bastante densa también
- ¿Me tengo que preocupar Pedro?
- No amor, a la noche lo hablamos.
- La noche… ya quiero que sea de noche. Te quiero acá conmigo, te imagino  atrapado en el rincón de mi despacho
-Para Guille que se me suben los ratones y salgo volando para allá
-¡Jajá! Atorrante… te mando un beso
- Yo otro

Lastimado en su orgullo abandonó el estudio con sed de venganza, si era lo que se imaginaba Guillermo se las iba pagar. Lo prefería mil veces durmiendo con alguien diferente todas las noches que enamorado de una sola persona toda la vida, claro que solo no podría hacerlo. Solo una persona lo ayudaría y claro que lo buscaría, era la última vez que le suplicaba amor.  Ahora sabría muy bien quién era él 
 Pedro fue recibido con entusiasmo en su trabajo, hasta su jefe estaba de buen humor. Ya se imaginaba un clásico sermón que nunca llegó, se podía decir que el día venía prometedor, y esperaba que la noche también. 
Guillermo vio pasar el día entre miles de expedientes, ya se había olvidado de la pelea con Juan y el almuerzo con su hijo le dio sabor a poco, necesitaba acercarse a él, hablar serenamente, y fue imposible entre tanta gente en el restaurante, pero!!!! ¿Por qué siempre hay un pero? tarde o temprano tendría que hacerlo. Mordía la patilla de su lente cuando un mensaje llegó a su celular 
TE AMOOOOOOOO!!!!!!!!!   Tenía caritas y corazones 
Ni había que preguntar de quien era.  Solo respondió: YO MAS 
Otro mensaje. ¡CHE! ¿Y MIS CORAZONES Y CARITAS? 
¡Qué chiquilín! Ni loco hago eso, contesto: DÉJAME TRABAJAR CIELITO 
Otro mensaje: UFAAAAA!!!
Loco era poco, lo iba matar de un síncope y ya imaginaba su cara 
El bullicio de las calles de Buenos Aires empieza a sentirse con la caída del sol. Mientras para unos el día ya acaba, para otros recién comienza... el contador mira a Bruno como interrogándolo, este no sabe que decir. En las escaleras se sienten pasos de un recién llegado
- Buenas noches. ¡Qué caras! Ya llegué, te pido disculpas… ya sé que no te gusta venir acá
- Guillermo no es eso lo que no me gusta, son tus cuentas en rojo y agradecé que vengo, sino ni tus empleados cobrarían
- ¡Ah bueno…! se te agradece, ¿tomás algo? 
- Gracias, gaseosa por favor. 
- Bruno, traele gaseosa al señor 
- ¿Y a usted jefe? 
- Jugo de naranja 
- ¿Estás enfermo? ¡Ah bueno! 
- ¿Eh, qué pasa? Me estoy cuidando… Bruno por favor tráenos eso, tus carpetas, y avisa si viene Pedro. Que me avisen
- Vos no dejás una presa ni respirar
- ¡Jajá! No perdóname, acá la presa fui yo. Él es mi cura 
- ¡No lo puedo creer! ¿Guillermo enamorado? 
- Dale… empecemos de una vez
Pedro pasó por su casa y se cambió de ropa, quería lucir acorde al lugar,  o sea seductor. Solo necesitaba llamar la atención de un solo  hombre del lugar y de paso barrer el lugar de ciertos bichos molestos. Estacionó el auto y ya se podía sentir  la vibra y la música del lugar.  Enseguida fue recibido en la puerta por lindos chicos y chicas que regalaban al que quisiera preservativos. Él, sorprendido, aceptó uno y con el folleto con frase " CUÍDAME CUÍDATE " Por supuesto que sabía muy bien a qué se refería y ya se podía imaginar quien tuvo la idea 
- Hola Pedro, ¿cómo se siente? 
- Hola Bruno, mejor… ¿y Guillermo donde anda? 
- Arriba con el contador 
La cara de Pedro no fue nada grata 
- Tranquilo tiene familia
- Perdón… ¿tanto se nota?  
- Y señor… se le cambió la mirada
- Nada de señor Bruno, subo. 
- Bien, Pedro. 
- ¡Ah! ¿Está Juan? Necesito cobrarme una que me hizo, acepto sugerencias…
- Si, anda por ahí… y claro que lo ayudo. Le comento algo a ver si acepta

Guillermo ya estaba harto y ni había pasado una hora. Miraba el celular y el reloj y Pedro no aparecía, y lo peor hoy este tipo hablaba en jeroglífico, no le cerraba ni el debe ni el haber, no tenía cabeza para eso  
"¿Dónde mierda estás Pedro?” La llegada de Bruno le dio un respiro 
- ¿Y ahora que pasa...? ¿Llegó Pedro? 
- Señor… vaya para abajo 
Se levantó como alma que lleva el diablo. Mientras los acordes de SEX BOMB DE TOM JONES empezaban a sonar, un Pedro desvergonzado sin nada de pudor movía sus caderas al ritmo de la música en medio de la pista. Guillermo al verlo tragó saliva dificultosamente y bajó corriendo la escalera para llegar a él. 
Todos bailaban al son de los acordes alrededor de Pedro que al ver a Guillermo le guiñó el ojo y lo llamó con un dedo. Este, ni lerdo, se abrazó a ese cuerpo y sin ningún empacho lo besó 
¡Bomba sexual!
¡Oh bebé! bomba sexual oh!!!!  Oh bebé si!
Espíame bebé; usa el satélite infrarrojo
Para verme a través de la noche
Estoy hecho un fuego, me disparas justo a mi 
Me está gustando la forma en que tu luchas 
Ahora que has encontrado el código secreto
Que yo uso para lavar mi solitaria melancolía 
Así que no puedo negar o mentir la causa eres tu 
La única que me hace volar ¡eres tu, eres tu, eres tu!
¡Bomba sexual; bomba sexual! si !!!!
¡tú eres una bomba sexual!
tu me puedes dar cuando yo necesito seguir 
¡Bomba sexual, bomba sexual!
¡ tu eres mi bomba sexual !
¡ y bebé tu puedes encenderme !
¡ Bebé tu puedes encenderme !
¡Tu sabes yo también lo hago al estar contigo ! jajá
Yo te amo también
No; no me malinterpretes 
No te voy hacer ningún daño
Esta bomba es para amar y 
Tu puedes dispararla lejos
Yo soy tu objetivo principal ven y
Ayúdame a encenderme
Ay! amor que golpea sosteniéndote a ti apretado
¡Hazme explotar aunque tu sabes 
La ruta para ir a mi sexo lentamente
¡ Bomba sexual ,bomba sexual 
Tu eres mi bomba sexual 
¡ Tu me puedes dar cuando yo necesito seguir !
¡Y bebe tu puedes encenderme!
¡Tu puedes darme mas y mas 
Elevando el puntaje de mi marcador! ¡Si! 
¡ Tu me puedes darme vuelta boca abajo
Y de adentro hacia afuera !
¡Tu puedes hacerme sentir la realidad !
¡Y yo puedo darte a ti esto cuando quiero porque tu eres mío !
¡ Tu eres mi bomba sexual !!!! bebe!!!!!

Los dos bailaban al ritmo erótico de la música pegados cuerpo a cuerpo sin nada de temores y desde el cielo caían globos de preservativos a su alrededor....

No muy lejos de ahí dos personas observaban el  espectáculo con mucha bronca 
- Por eso no aceptó cenar conmigo 
- Pablo, ¿qué te pasa? ¿Eso te preocupa? Están juntos, están enamorados 
- Tranquilo Juan, hoy, esta noche… ya mañana será otro día y te juro que nunca más van a volver a estar juntos 
-  Sin hacerle daño a Guillermo, me imagino.
- Claro,  a Pedro tampoco. Vamos, tenemos que seguir hablando fuera de aquí

Mientras sin imaginarse lo que el mañana les repara ellos se entregan a la pasión

BABYLON continuará