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martes, 31 de mayo de 2016

"NUESTROS LUGARES" - Cap. 1 "La cocina" - (By Mónica Hernandez)

"NUESTROS LUGARES" - CAPÍTULO 1 "LA COCINA" -





Guillermo se acercó a la cocina a prepararse un té. Llenaba la tetera pacientemente, pensando en tantos momentos, algunos vividos y otros soñados, con Pedro, justo ahí. Sonrió abstraído varias veces.
Mientras tomaba el té, solo, sentado en la banqueta, pensaba en cómo eran las cosas de las personas humanas, como decía él…
Solo ellos dos, su amor mejor dicho, habían creado un paraíso especial en la cocina como en otros lugares. Lugares que para muchas personas era de lo más particular y normal, ellos, por razones conocidas y desconocidas, le habían dado un toque especial… Y esperando a que su amor llegara, recordó su conversación antes de salir del estudio con su tía Cuca.
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-Fíjate vos?- Le contaba a Cuca, en unas de sus muchas conversaciones a solas - lo que significa la cocina para Pedro y para mí.
-Ya, sobrino! Pedro revolucionó todo en tu vida, la volteó completamente. Yo lo veo, lo vivo todos los días- le acaricia la cara -porque la verdad, quien te escuche decir que una cocina tiene magia! Te lleva directamente al loquero. La cocina para muchas personas y sobre todo, para algunas mujeres, es una mierda. Por mucho que intenten, no sirven para estar en ella.
-Jajaja…cierto, tía. Quien me iba decir que una cocina, en donde supuestamente no pasa nada, iba a suceder de todo. La cocina tiene tanto!-suspira-Para las personas normales es un lugar para cocinar, tiene que ser amplio para que quepan todos a la hora de comer…
-Claro- escuchaba atentamente -si no es amplio, es una catástrofe!
-Para Pedro y para mí pasaron tantas cosas! Que mírame ahora! Nos reímos de aquella noche tan especial cuando Fabián sin querer llegó en un momento muy inoportuno…
-Ay! Pedrito hace chiste de eso con Beto y Marcos casi siempre…
-Qué? Con Beto pasa pero… con Marcos?-extrañado-solo le gustan las minas y bueno, ya ni eso desde que arregló todo con Isabel. ¿Y casi siempre? ¿Cuándo Cuquita?
-Voy a seguir haciendo mis cosas… Solange tuvo que irse antes y dejó todo esto en las mesas…
-Cuca, hablá porque hoy te dejo sin el lujo de ir en taxi…
-Pero prométeme que no lo vas a pelear a Pedrito.
-Lo prometo. Además, por una broma no voy a pelearme con mi lindo.
-Son esos momento en los que ustedes creen que ninguno los ve y se acarician o se besan en el estudio…-Guille se sonroja y hasta le sale una leve sonrisa. -O cuando están por ingresar en el estudio y antes de entrar se dan un beso o simplemente se acomodan las chaquetas mutuamente… O el otro día, cuando Pedro venía de la cocina y acababa de acomodarte dulcemente la corbata porque tenías una reunión sin él y te decía no sé qué cosa sobre los hombres del despacho y vos lo retabas,  le decías celosin mientras él te lanzaba esa mirada demoledora con sonrisa y mordidita de labios…
-Ya, Cuca, ya… ¿que pasa en esos momentos? Resume…
-Pues que Pedrito se acomoda en su mesa con una sonrisita de oreja a oreja y los demás se lanzan a decirle cosas sobre vos y él…-pone carita pícara -El nene se lo curra, se hincha el pecho y saca las pelotas por vos y por vuestro amor….
-Qué? Pero no decías que bromeaban? Ahora resulta que Pedro cuenta secretos de alcoba o…
-Bueno…-suspira -yo lo único que he escuchado es que si Fabián esa noche no llega a interrumpirlos, el pibe se hubiese lanzado a la piscina en plancha con todo… vamos, que Pedrito estaba en ese momento calentito y en su punto. Y claro, vos sabés que cuando Pedro comienza a hablar, no para y los otros le tiran de la lengua… Que si te tiene reventado, que si necesitan descansar del cansancio, que deberían tomar vitaminas, irse de vacaciones, que si los fines de semana se convierten en tres días más, que vais a acabar con el caladero y así. Bueno, puedo seguir con lo mío?
-Sí, si…Tía, te dejo acá el dinero, cierra bien-la abraza-de esto nada a Pedro. Me encanta tener estas conversaciones con vos.
-Y a mí, mi amor. Sabés que siempre me vas a tener.
La tarde pasó rápida y Pedro no había llegado aún. Era muy raro, casi las 8 de la noche y su amor sin llegar. Encima llamaba al móvil y apagado. Decidió empezar a cocinar solo para tranquilizarse…cortando la verdura recordó…
-Te ayudo en algo?
-Sabés de cocina? Cortá esto…
-Así, te parece?
-Sí, está bien…
Estaba salteando y preparando unas pastas cuando sintió la puerta. Miró el reloj, solo había pasado una hora pero para Guille una eternidad…y su voz fuera de lo común, cantando rancheras, lo alertó a salir al living…
-Buenas noches, Graziani… subo, me baño, me pongo lindo y cenamos… te parece?
-Pedro, que te pasa… vos estás bien? Y a estas horas, dónde estabas? Hace rato que tu trabajo había acabado, no?
-Graziani- tambaleándose y a media lengua -son muchas preguntas. No me mires así porque sé que no estoy y seguro, que si te respondo no te va a gustar la respuesta… subo a bañarme.
Pedro da dos pasos y cae sentado en los primeros peldaños de las escaleras. Guille lo ataja antes de que se dé un golpe y siente el olor a alcohol…En un segundo, sus miradas se cruzan, parados uno en los ojos del otro no pueden remediar recordar…
-Pedrito, estás borracho…
-No, estoy contento…-le sonríe-muy contento.
-Contento, vos…? Si no fuera porque hoy estoy feliz porque me han dado una noticia, te mataría a palos… a bañarse y quitarse este olor.
-Será a besos, Graziani… y es whisky.
-Pero si vos no aguantás una… subamos que se nos enfría la comida.
-Eso estaba pensando yo…-se acerca y lengüetea el cuello de su amor-en la comida. Pide delivery, por favor y…
-Quietito que vos por ahora tienes en neutro el pensamiento y ya sabemos lo que pasa…
-Lo admito, estoy en pedo pero feliz…y no soy un nene, Graziani. Sé lo que digo. Ahhhhh!!!! No pensé encontrarme con esta tormenta, me está doliendo la cabeza.
-Ahora, no puedo hablar porque te duele la cabeza? No estoy gritando… intento ser dulce.
Y Guille no puede evitarlo, mientras lo ayuda a ducharse indaga aunque sepa que Pedro vive, nace y crece cada día por él y para él…
-Cuéntame porque estás en este estado. No es normal en vos y menos…
-Ahhh!!Haz la pregunta que deseas y no me mientas…-suspira a la vez que se siente recorrido por la esponja, sabe que sus movimientos lo vuelven loco.
-Que pregunta?-nervioso- solo estoy tranquilamente diciéndole a mi esposo…
-No, no…Graziani. Vos quieres saber-se da la vuelta- Uno, que pasó en tribunales, dos con quien estuve y tres que fui a celebrar para llegar tan tarde y en este lamentable estado, como dices vos…y deja-quitándole la esponja de las manos-que ya me encuentro mejor. Yo termino esto solito-cerró la mampara de la ducha.
-Pedro, amorcito, abre por favor. Me tenías preocupado. No me atendías al móvil. Es muy raro, si no estamos enojados el uno con el otro, que vos lo apagues.
Pedro reía para adentro. Escuchar a Guillermo así lo enamoraba más y su calentamiento iba en aumento.
Guille al no recibir respuesta siguió hablando…
-Además, no me llamaste para almorzar juntos, ni en todo el día. Te espero abajo, Pedro. No tardes,  la cena estaba casi lista cuando entraste, es mejor que un delivery.
Pero Guille no puede esperarlo abajo. Se esconde tras la entrada a la habitación y lo observa cómo se seca el pelo, la espalda, su torso…para continuar poniéndose esa camisita blanca pegada, ese pantalón de pijama negro, descalzo, con el pelo casi seco…
Guille baja antes de ser pillado. Se sienta en la banqueta haciendo que espera… Pedro se acerca a él, puede sentir su embriagador olor, ese perfume fresco que le regaló en aquel viaje a Europa, y acercándose, a centímetros de su boca le susurra…
-No sé vos pero por ahora, tengo más ganas de vos que de comida…
Guille se da la vuelta para verlo en plenitud desplegar todos sus encantos. Se apoya en la encimera, mira a Guille de arriba abajo y le repite insinuadamente…
-Te quiero a vos, ahora o no me quieres escuchar, Graziani?
Guille se acerca a abrir el grifo del agua, necesita un vaso, para bajar la calentura…
-Me acercas un vaso?…
Provocativo y hasta sugerente, Pedro coge el vaso y se lo llena a Guille. Aprovecha para pegarse a él, a su cuerpo…Guille casi se atraganta y al acabar intenta zafarse…
-No te voy a soltar-y lo aprisiona más a él…
-Hablemos, Pedro…-bajando la mirada aunque su cuerpo pedía otra cosa -Comamos tranquilos y hablemos…
-Quieres hablar?-apretando más su miembro al de Guille, desafiando a la madre naturaleza -Seguro?
- Pedro, cariñito…tenme piedad! No hagamos papelones, por si entra Fabián o…
-O qué? Esperas a alguien? Y no pongas como excusas a tu hijito, hace tiempo que no vive acá… Él antes de venir, avisa.
-Pedro….
Pedro no le quita los ojos de encima, siente que está donde él lo lleva siempre y lo provoca sin pensarlo para que le haga lo que más le gusta. A Guille el contacto de la mano de Pedro en su cuerpo lo hace perder la noción de todo y lo invita a que haga con él lo mismo.
Ambos se sienten a gusto, acariciándose y haciéndose notar el uno en la piel del otro llevándose por el camino del éxtasis, haciendo crecer sus sexos entre movimientos, gemido y gemido. Los dos están calientes, deseosos de más, cuando siente que Guille lo suelta de golpe…
- ¿Qué pasó? ¿No te estaba gustando?
-Te dije que hice comida- ante la mirada incrédula de Pedro-Tengo hambre. Toma este vinito, esta frío, para bajar el calor. Te parece? - Le ofrece burlón y se dirige a poner los platos en la encimera.
- ¡Que mierda te pasa! – le grita enojado, sorbiendo un poco de vino para calmarse – Me pongo el perfume que te gusta, me visto lindo para vos, me comporto como un galán de telenovela y me tratas así? No te entiendo, Guille.
-El que no entiende nada soy yo…Todo el día sin noticias de vos, soportando el silencio, orgulloso escuchando maravillas de vos y de lo que dices de nosotros. Confiado de lo nuestro. Y  llegás a las tantas, borracho sin saber las razones. Que quieres, que te haga la ola?…
Y Pedro con la cara desencajada, una mezcla entre orgullo, alegría, enojo y tristeza, le suelta sin dejarlo terminar…
-Graziani, cuando a vos se te antoja, todo tiene que ser como, cuando y donde vos digas. Y no es así…Tienes que aprender de una puta vez que yo también tengo espacios, necesito expandirme y no me jodas, hace tiempo que no salía y… no me hagas decir lo que no quiero…
-Hablad, Pedro!... Necesito saber… Yo confió en vos y…
-Sí confiaras en mí, esperarías a que te contara en el momento oportuno, el que yo creyera…Pero bueno, ahora el señor exige lo que él no hace, tócate las pelotas! …
Guille se levanta al ver que Pedro, muy enojado, se está colocando el pantalón e intenta irse de su lado…
-Cielito, venid!- Su mirada indaga sin obtener respuesta en Pedro e intuye que lo que quiere hacer no es nada bueno.
-No. Me voy con dos amigos de la facultad que encontré en tribunales… y con Marcos y Beto. Ellos a lo mejor, por ahí…me saben cuidar, me entretienen…
-Que dices, amorcito. No sabes lo que estás hablando. Creo que aun estás alcoholizado… Beto tiene a Gaby, Marcos a Isabel y esos dos… seguro que tienen pareja. Y además, que celebraron?
-Sí… como sabes que Diego y Álvaro tienen pareja?
-Diego…-asombrado- tú Diego?…
-Escuchaste bien y no es mi Diego. Es mi amigo de siempre…y celebramos, con Beto y Marcos, que ganamos el caso del pelotudo de Mazeratti. La fábrica tuvo que readmitir a las empleadas. Y allí nos encontramos a estos dos y bueno…
Guillermo hace rato que lo único que hace es perderse en esos ojos y ese cuerpo que ama. Pedro se muerde el labio ante la cercanía de Guille y espera alguna reacción. A  Guillermo, ahora lo que menos le importa es la razón de la borrachera, quiere evitar que su amor y los celos lo arrebaten de su lado… Lo levanta atrayéndolo hacia su cuerpo, lo aferra bien a él para luego  hundir su boca,  en la de su amado, controlando la unión y  movimientos de sus lenguas. La pasión y el deseo surten efecto
Pedro se entrega porque lo necesitaba, anhelaba que Guille se entregara en ese día tan especial, lo siente tanto que se abraza para dejarse reconocer y al mover sus manos  para empezar a despojar a Guille de su ropa, este lo empuja contra el fregadero.
Pedro suspira y gime pensando en muchas cosas… Guille pasea su lengua por el cuello y la oreja, excitando y excitándose al ver a su lindo en ese estado de embriaguez amorosa…
-Porque me vuelves loco, cielito?  Vas a ver…-Mientras sus manos acarician para preparar la entrada…
-Sí…-gimiendo -Te amo, Guille. Ahhhhh!!!! Que me doy con el grifo!...
-Paro o sigo?...
Su mirada le invita a seguir. Guille lo coloca mejor y continua con sus caricias. Pedro se deleita con las manos grandes que lo invaden y colocando sus piernas en los hombros, lo penetra sin vacilar haciéndole estremecer y estremecerse al sentirlo suyo, le besa, eleva la mirada para que Pedro asienta el comienzo de la entrega.
Desesperados se mueven con deseo…Mientras Guille entra y sale en un vaivén de sensaciones, Pedro no sabe dónde colocar las manos para no caer dentro del fregadero…
-Cuidado!..Agggg!...
Y logra colocar una mano en su miembro y la otra en la ventana, está que no da más, en cualquier momento explota… Guillermo, al verlo y sentirlo así, aumenta los embistes para llegar al orgasmo juntos, entre jadeos, susurros  y gritos desfallecientes. Allí, Guillermo en el pecho de Pedro, sin moverse, agotados, sudorosos, intentan recuperar la respiración.
- Estoy hecho mierda. Me duele todo, Guille. No vale…
- Que no vale?-asombrado -No te gustó?
-Me agarraste contra el fregadero y he tenido que hacer malabares… y este grifo casi me lo entierro en la espalda…
-Eso pasa por provocarme, amorcito. Pero te gusto o quieres volver a coger un pedo con tus amigos?
-Guille, en mi vida solo estás vos… Además, sabes que celebre?-le pone carita.
-Que, cielito?-Guille se va poniendo el pantalón…
-Espera que te traigo una cosa…-se puso los pantalones y le trajo una carpeta y las gafas a Guille. -Lee.
-No…-mientras leía sin separar la vista de los papeles. -No, no, no…- levantó la mirada para encontrarse con los ojos dulces de Pedro.
-Estas bien, amor?- A Guille no le salían las palabras -Viste? No fue la cosa tan grave. Sé que debí de venir a celebrarlo con vos pero una cosa llevó a la otra y bueno….Graziani, te tildaste?
- No, estoy perfecto, chiquito.
-Y? Que piensas hacer?
-Venid acá… Uno, matarte a besos, dos a la ducha, tres a cenar y cuatro como decirle a Fabián que en breve va a tener un hermanito… siempre que Ángela esté de acuerdo.
-Lo está, amor…no hay dudas. En dos meses, Daniel estará en casa.
Entre ducha y ducha, se volvieron a amar y desplegaron esos besos enloquecedores…. para acabar poniéndose lindos y bajar a cenar a media noche…
-Viste que tarde?-lo mira- por qué será?
-Solo media noche…
-Pues date prisa en ayudarme, no vaya a ser que me convierta en calabaza…
Pedro se gira para coger una cuchara, y ve esos ojos que lo miran excitados y se tira a los brazos de Guille. Siente el deseo de volver a besarlo y lo hace…
-Mejor… después de cenar, sí… recuerda la calabaza-le reclama Guille…
-Una mierda… Me da igual que seas calabaza, caballito, tigre o dragón… Rico o pobre… Te amo Graziani… Hoy, mañana y siempre… Quiero que te aproveches de mí, ahora… No querías celebrar juntos? Celebremos…
-Uy!!!! La paternidad, esto va a ser las hormonas…
-No te evadas, amor… Cuando esté Daniel vamos a tener muy poco tiempo. Anda, cumple!
-Cielito, que venimos haciendo desde que entraste por la puerta?
-Bueno… podemos hacer a la vez las dos cosas…
-Qué? Cenar y… ¡Pedro!
-Déjate llevar, experimentemos…
Y mientras Pedro se ponía poco de pasta en la boca y la dejaba caer en la de Guille… este pensaba que al final sus socios tenían razón… Habría que ir pensando en comprar vitaminas, en adaptar horarios, vacaciones y en tantas cosas… antes de que llegara a casa ese nene fruto de su amor eterno.

FIN.

domingo, 29 de mayo de 2016

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 7 (Parte 2) - (By Daniela Maurice)

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS - CAPÍTULO 7 - PARTE II






CAPITULO 7 - Parte 2
                    
                      Imposible evitarte
                   
 Amor mío, mi amor, amor hallado
de pronto en la ostra de la muerte.
Quiero comer contigo, estar, amar contigo,
quiero tocarte, verte. 


...Lo dicen en mi cuerpo
los hilos de mi sangre acostumbrada...


Te quiero, amor, amor absurdamente,
tontamente, perdido, iluminado,
soñando rosas e inventando estrellas
y diciéndote adiós yendo a tu lado. 

...desde la alfombra de ese cuarto a solas,
en las sábanas tibias de tu cuerpo... 

                                                amor mío, mi amor (fragmentos)

                                                Jaime Sabines


Se le hacía imposible dejar de observar la foto. Cada vez que lo pensaba no podía contener el deseo que recorría su cuerpo y que había sentido desde el primer momento que lo había visto en su galería de arte. Para qué negarlo. Ese hombre era todo un encanto. Capaz de lograr que las defensas de una mujer desfallecieran con solo verlo.
Leía cada línea de su rostro sin perder detalle: Sus ojos eran pequeños y expresivos, sombreados de matices oscuros de dilatadas pupilas. Sus dedos lo recorren delineando la forma de su nariz que caía en punta hacia abajo. Sus manos se detienen, surcando cada línea de sus finos y delicados labios.
_ ¿Que observás tanto esa foto? _ inquirió Marcos en un dejo seductor para captar su atención.
No había prestado atención a sus palabras cuando se levantó, dirigiendo sus pasos hacia una pequeña mesa que se encontraba a unos pasos de la cama.

_ ¿Hace cuánto que Santiago y tu se conocen? _ inquirió esta vez ella, levantando una copa de vino blanco que había dejado en la mesa segundos antes.
Se volvió hacia el lecho, cubriéndose con una bata de seda rosa el Babydoll que cubría su sensual  y esbelta figura. Esperaba aún su respuesta cuando él le dijo:
_ Te conozco _ le respondió en señal de advertencia. _Se perfectamente que cuando andás con esas preguntitas es porque estás tramando algo.
_ Oigo un tonito bastante celoso de tu boca _ le contestó, subiendo seductoramente su rodilla.
_ Si pretendés seducirme, ya te digo que no va a salir nada de mi boca _ Se aventuró incorporándose furioso.
_ ¿Por qué pensás que quiero seducirte? _ le inquirió levantándose de la cama nuevamente. _Por favor Marcos _ repuso. ­_No seas ridículo. Si hubiera querido hacerlo,  lo hubiera hecho cuando nos conocimos y no hizo falta.
¿A vos te parece que preguntar de tu amistad con Santiago es motivo para ponerse celoso? Y no me lo niegues _ le advirtió levantando su dedo índice.
_ No me vengas a querer ver la cara de estúpido _ le replicó, colocándose la camisa. _No soy uno de esos amantes tuyos que ya tuviste. Hace un momento te vi viendo la foto de un tipo como una adolescente.
_ Ya lo decía, estás celoso. Te recuerdo que nuestra relación es solo sexo. Yo no te di terreno para que me hagas reclamos. Vos y yo _ lo señaló _ solo somos amantes. Nada más. No puedo creer que te hayas puesto tan celoso por una foto.
_ Decíselo a un tipo que tenga mejor atractivo que yo
_ ¿Es eso no? _ inquirió ella unos segundos después. _No te creía un hombre con tantos complejos. Vos y yo nos movemos en los mismos círculos, conocemos nuestras amistades. Sabés perfectamente que la mayor parte de mis amigas estuvieron con vos sin importarle tu físico.
_ O por la guita. _ Acotó Labrapoulos.
_ Ven _ le dijo, haciendo ademán. _Necesito decirte algo.
_ Si se trata de ese imbécil ya te digo que no quiero escuchar. Después de que ese hijo de puta se acostó con mi mujer.
_ ¡No seas hipócrita!, vos hiciste lo mismo con su esposa. En todo caso él te devolvió la cuchara de tu propia medicina.
_ Anda al punto _ le respondió cediendo mientras se sentaba en el sofá
_ Su sobrino está al tanto de tu deuda _ le comentó, jugando con la tira de su bata. _Quería que lo contactara con vos para ver cómo podía ayudarte para que no pierdas el estudio.
_ ¿Y de dónde va a sacar plata el sobrino, si su tío no tiene donde caerse muerto?
_ En eso te equivocas _ repuso, incorporándose. Se acercó a unos pasos de él. _Julián tiene un buen pasar económico por lo que me dijo él mismo.
_ ¿Y por qué tanto interés en mi estudio? Te advierto que no va obtener un peso. Yo no pago favor con favor.
_ Lo estás juzgando sin conocerlo. Lo vi muy preocupado por tu situación.
_ Preocupado, si ni siquiera me conoce. _ Le respondió, levantándose enérgico._Antes tendría que hablar con Guillermo y él todavía no sabe que hipotequé el estudio
_ Graziani te va a matar _ le contestó riendo.
_ Esto no es gracioso. Dame la dirección del tipo o el teléfono.
_ No lo tengo. Hablamos en un bar. Tendrías que preguntarle a Santiago. Ustedes trabajan juntos _ acotó. _ Julián es muy celoso de su vida privada. Es un misterio.Tuve que hablar con Santiago pero no pude sacarle nada de información a Santi. Cosa que me pareció importante, porque no quería que te arriesgues con alguien sin conocerlo.
_ ¿No era yo el que lo estaba juzgando sin conocerlo?
_ Vamos de nuevo con tus celos. Mira _  le dijo volviéndose hacia la cama._Acá tenés la foto de la discordia _ le contestó con sarcasmo alcanzándole la foto.
_ ¿Para qué mierda quiero una foto del tipo? _  contesto retóricamente.
_ Para que puedas reconocerlo cuando hables con él. Ya te dije,  es reservado. Yo creo que si te citas con él para tratar lo de la deuda, va querer que sea en un lugar público.  No va aceptar que sea en tu estudio ni que se reúnan en su casa. Desconfía demasiado de las personas. Es como si temiera que lo lastimaran _ reflexionó Marina, bajo un semblante de duda.
¡Qué mierda! _ expresó Labrapoulos, arrojando la foto sobre el piso. Su rostro se tornó de un color pálido como un manto blanco. Por un momento sintió que le hubieran arrancado el alma  del pánico que se apoderó de su cuerpo en un segundo.
_ ¿Qué te pasó? ¿Por qué te pusiste así por una foto? _ le reprochó, inclinándose para tomarla.
_ ¿Dónde sacaste esa foto? ¿De dónde conocés a ese pibe realmente?
_ Para. Una cosa a la vez. La tomé de su billetera. Había ido hacia el baño, sentí curiosidad y tomé su billetera. Apenas hablamos ayer. ¿Por qué ponerte así? No lo entiendo.
_ No puede ser... _ se dijo bajo. _No puede ser… _ se repetía dando vuelta en círculos
_ ¿Acaso lo conocías?
_ No, es muy parecido... Es increíble el parecido.
_ ¿A quién?
_ A nadie, es imposible. Está muerto _ le respondió fluidamente, fastidiado.
_ ¿Quién? _ Le inquirió levantando la voz, viéndolo irse.
Cruzó el pasillo y bajó por las escaleras. Había llegado hasta el último peldaño cuando el corazón comenzó a palpitarle dentro por la impresión que le había causado ver esa foto.

Trató de evadir la idea que había cruzado por su mente. No podía tratarse de la misma persona. “Tenía el pelo más largo, cayendo debajo de la nuca pero abundante y esponjado como solía crecerle a Pedro hacia arriba de la frente. El mentón y las mejillas limpias, libres del cualquier vestigio que cubriera las líneas finales de su rostro. ¿Entonces? Yo estuve en ese entierro. El primero y más puntual que había llegado fui yo” ¿Acaso Gabriela o Alberto, los únicos que estuvieron con él ese día se habían percatado de algún detalle que él no alcanzó a captar? ¿Marini había mentido? Claro que no podía negar que el cadáver había sido velado con el ataúd cerrado. 
“¿Y por qué cerrado?”  Preguntó para sus adentros, Marcos

De repente toda la dureza que había llevado puesta siempre se rompió, haciéndose trizas en su alma y una lágrima resbaló por debajo de la línea que enmarcaba sus ojos.
Marina lo observó desconcertada cuando bajó. Jamás lo había visto así, tan desarmado.
_ Marcos.
_ ¿Que querés? Yo ya me iba _ le aclaró rápidamente. _Isabel piensa que estoy en el estudio...
_ No me des explicaciones. ¿Puedo saber que te pasó arriba?
_ Nada.
_ ¿Nada? _ le replicó _ Vos no te pondrías así por nada.  ¿No que Labrapoulos no se conmovía por nada?
_ En eso nos parecemos con Guillermo. Por eso pudimos poner la firma. Para los negocios hay que ser frío.
_ Yo quiero saber porque estás así.
_ El pibe de la foto.
_ ¿Lo conocías?
_ El parecido. Es muy parecido a un colega.
_ ¿Un colega o un amigo? _ Le inquirió, ahogando sus palabras.
Hubo una pausa.
_ ¿Es ese chico? Lo encontraste parecido a ese joven que murió.
_ ¿Vos que sabés?
_ Por Santiago lo sé. Él la defendió a su esposa. Tengo entendido que ella… Le quitó la vida.
Volvieron hacer una pausa.
_La causa… ¿por qué esos ojitos están tan tristes? _ reflexionó por lo bajo.
_ Yo no estoy triste y no tenés porque ser tan explícita con algo que ya se.
_ No, no.  No me refería a vos. Por Graziani te lo digo. Lo noté cuando fue a mi evento ¿Te acordás? Si hubiera sabido que Julián era tan parecido a ese muchachito no te habría dado la foto. Comprendo, que hasta la mínima simpleza trae recuerdos por más que uno trate de borrarlos.
_ Eso déjaselo para Guillermo.
_ No tenés que hacerte el duro conmigo. Acabás de quebrarte.
_ A mí no me duele  _ insistió_ Y lo de la deuda puedo solucionarlo solo.
_ Pensalo Marcos. La intención de Julián es buena. De verdad quiere ayudarte y está en juego la vida de tu familia. Esos tipos son peligrosos.
_ Lo voy a pensar. Las decisiones las tomo yo. Esto lo puedo solucionar solo.

Al otro día,  Pedro prefirió no pensar en la conversación que tuvo con Guillermo la noche anterior. Se contradecía todo el tiempo de una emoción a otra. No sabía si hacerlo parte de su venganza, aprovechándose de sus sentimientos y ahora que se daba cuenta que se estaba enamorando de Julián,… si era lo correcto. Tal vez Lisandro tenía razón cuando se lo dijo. Edmond terminó por destruirse y perder al único y gran amor de su vida. Pero Edmond Dantes era solo un personaje y él era solo un mortal. Se sentía un hombre deshecho, que lo único que podía era tomar la justicia entre sus manos o nadie lo haría por él.
“Si tan solo pudiera saber lo que sucedió esos últimos días. Siento que  algo extraño pasó y nadie se atreve a decirlo.”
Marcos se lo hubiera dicho. Él era muy frio para tratar ciertos temas, mucho más los sentimentales, aun si se trataba de un amigo. ¡Como le hacía falta ahora esa falta de tacto para sacarle de mentira a verdad! Y precisamente iba en camino a reunirse con Labrapoulos pero por diferentes motivos, que claramente conocen.
“Debía tomar una decisión crucial. Decidí en ese momento desechar para siempre toda mi venganza. Continuaría con la causa de Camila. No sabía que me depararía el destino. Mi corazón era la incertidumbre que mas pesaba sobre mí.
 
Llegó a la puerta. Después de dos toques, una joven de unos treinta años, quizás,  de mediana estatura y cuerpo esbelto lo recibió. Tenía el pelo negro que le cubría hasta la  última línea de su cuello. Las líneas de su rostro eran finas y delicadas, parecía representar la belleza clásica de las actrices de los años cincuenta.
Negro azabache y labios cubierto de rouge, tan perfectamente pintados” repasó en su mente. Ella solo lo miraba esperando que dijera la causa por la que estaba allí. El tiempo parecía haberse suspendido. No había caído en la cuenta hasta que la reconoció: “¡Por Dios, es Sonia! No puedo dejar que me reconozca. Me estoy arriesgando demasiado.  ¿Pero, que estoy pensando? Para todos estoy muerto"
_ ¿Y lindo? ¿No me vas a decir que necesitás?
 “Por su pregunta es claro que no me ha reconocido”
_ No me digas, ya se. Vos _ señalándolo_ sos un nuevo abogado que se integra al estudio.
Se inclinó sobre la puerta en una actitud seductora. _ No linda. Necesitaba hablar con Marcos Labrapoulos por un negocio.
_ Mira, Marcos no está. Pero si querés poder esperarlo acá. Discúlpame que no te atienda _ se excusó al entrar, mientras él seguía sus pasos _ pero voy apurada a la facultad _ continuó. _ Hoy tengo examen _ completó llegando a la puerta
_ No, no importa. Yo me quedo a esperarlo.

Respiré al encontrarme en el estudio. Como si todo ese tiempo me hubiera estado ahogando. Pero aun me sentía en el infierno, arrastrado por el dolor y el vacío en el que me encontraba. Sin nada.”

Avanzó unos pasos más y se detuvo allí. Frente al único lugar donde podía encontrase con él mismo.  Tal vez porque uno siempre vuelve a los lugares que un día pertenecimos cuando todas las historias se terminan y solo queda una.
Por vos mi amor, mi única fuerza. Por vos puedo dejar el pasado atrás y seguir adelante."
Tal vez por distracción o el apuro acompañado de los nervios de su primer examen,  Sonia no se percató de decirle que no se encontraría solo allí.
Difícil que se diera cuenta. El estudio se abrigaba de una calma imperturbable y un silencio sepulcral que por un efímero segundo le devolvía la calma que unas horas antes, esa falta de ella, lo había torturado.
Se sentó en el sofá con el rostro cabizbajo y las manos enterradas sobre su pelo.
Se había vuelto una costumbre,  una maldita costumbre para sí mismo atormentarse con los recuerdos del pasado y su presente plagado de incertidumbres.
Llevó la mano a su rostro, cuando sintió que el silencio se quebraba. El sonido de unos pasos que venían de fuera del despacho lo sobresaltó. Resultaba ilógico para él sentirse así. Después de todo se trataba de su lugar. De su espacio en el mundo y se sentía como un extraño, como si fuera un ladrón que hubiera entrado a tomar lo que no le pertenecía.
Guillermo terminó de cerciorarse del cuidado de sus plantas. En los meses de ausencia, ninguno se había preocupado de cuidarlas. La mayoría se había deshecho. Pensó que sería mejor llevarlas a su casa, pues no volvería al estudio. Hacerle sus reclamos de sus descuidos a Marcos y Gaby lo haría después.
Ahora  lo que le importaba y le preocupaba era la urgencia con la que Marcos tenía por hablar con él. Su llamado lo había dejado lleno de dudas. Se notaba nervioso y su voz le temblaba. En todos esos años, su mejor amigo siempre se había mostrado fuerte ante cualquier situación.
Entró al estudio, cuando percató que la puerta de su despacho estaba entre abierta. Seguramente Sonia la había dejado abierta al irse, pensó. Sin embargo, ese simple detalle no dejaba de causarle molestia. Era evidente para él que sin su presencia el estudio se volvió un caos y cada uno hacia lo que quería. Todo menos responsabilidad. Había llegado a la conclusión que tendría que buscar a alguien para que pusiera autoridad cuando se fuera definitivamente de allí. Marcos no era el indicado y, por ende, estaba actuando los últimos días muy extraño y el encuentro con su amante de turno en el baño, era la gota que había rebalsado el vaso.
Juan, siguió meditando mientras dirigía sus pasos hacia el despacho. No, Juan definitivamente no podía ser. Esta vez no podría contar con él. Un día que lo dejara y montaba un circo en el estudio.
La idea de buscar a alguien para que lo reemplazara le parecía perversamente divertido. Tenía que darle un escarmiento a sus socios.  Solo así sentarían cabeza y aprenderían el sentido de la responsabilidad.
Pensó un poco mas y ya no quedaban opciones: Santiago no, definitivamente no. Ni en su peor pesadilla dejaría que ese tipo que había defendido a  Camila
estuviera a cargo del estudio. Muy estratega, pero le parecía demasiado débil
de carácter. Solo le quedaba su tía. Pero no. A duras penas podía enojarse. Estaba ya grande. ¿En que estaba pensando? Ella más que un ser humano era un ángel, incapaz de levantar siquiera la mano a alguien. Siempre intervenía por la armonía en el estudio. Se había dado por vencido. Pero, no tenía que ser precisamente un colega. Pensó un poco más cuando: Isabel ¿Por qué no?
Tenía carácter, demasiado, ¿pero a quien más podía pedirle? La tortura solo sería un año. Ya una vez le había demostrado que podía tener autoridad cuando le pidió a Sonia por unas horas para que la ayudara a limpiar todo el estudio, y había presenciado varias veces  cuando había ido a la casa de Marcos, las discusiones que había entre los dos. Esa mujer era un torbellino, mejor dicho, un huracán cuando se enojaba. Un grito en el cielo que pegaba y acallaba a toda una turba de gente. En definitiva no había mucha diferencia entre él y ella, concluyó. Si, Isabel era la indicada para tomar el mando en su estudio. Claro que su tía y su ahijada estarían libres de la tormenta que estaba a punto de avecinarse allí. Les daría un año sabático a las dos.
Un año con Isabel  y vamos a ver si tendrían esos dos ganas de hacerse los vivos.
Entró al despacho sin imaginar que él podía estar allí. En ese instante cada fibra de su cuerpo se volvió inmutable y un sin fin de emociones inexplicables le recorrieron la piel. Todo su ser temblaba y por primera vez las palabras se lo ahogaban sin saber que decir. Sentía que  su corazón se desbocaba y latía con fuerza. Lo veía y sentía que Pedro estaba allí. Deseaba transformar ese momento inerte y que el mundo dejara de existir para siempre.
Pedro levantó la vista cuando lo vio acercarse, temblando y le dijo:
_ Yo ya me iba _ se apresuró, intentando levantarse.
_ No, quédate. Yo pensé que me encontraba solo acá. Esperaba hablar con Marcos pero veo que él no regresó y no creo que lo haga.
_ ¿Vos también? Yo esperaba hablar con tu socio pero de verdad creo que es mejor que me vaya.
_ No _ le respondió en un dejo de suplica. Se acercó más a Pedro y abrazó sus manos inclinándose frente a él. Cerró sus ojos y se dejó llevar como si sus caricias disiparan toda su angustia. Sintió que sus manos tibias lo recorrían hasta detenerse en cada línea de su rostro.  Aunaron sus miradas y sintió que su voz le hablaba a sus labios “No voy a dejar que te vayas. No otra vez.”
 ¿Qué? _ le inquirió,  disimulando.
_ Discúlpame _ se excusó, reaccionando. En ese momento que la realidad lo tocó no supo que decir. Quería salir de allí. Se sentía avergonzado y al mismo tiempo una herida lacerante se agolpó en su interior. La decepción había sido devastadora. Comprobar que era él y no Pedro era insoportable. Por más que comenzaba a sentir que un sentimiento fuerte, que no podía explicar y que lo atravesaba por Julián, no era él. Se sentía atrapado entre el pasado y el presente. _ Por un momento... pensé _ continuó, arrastrando sus palabras _ No tiene importancia.
_ ¿Hay alguien más? - le inquiridó, nuevamente.
Tardó unos segundo en dar su respuesta y luego le contestó, incorporándose.
_ Sí y no. Estoy con alguien. Comprometido, pero no lo amo. Estoy con él por agradecimiento. Por lo que hizo todo este tiempo por mí.

No esperaba que su respuesta fuera esa pero en su fuero interno lo sabía. Sabía que había alguien rondando entre las sombras. Ahora entendía las idas y vueltas que Beto le hacía cada vez que él le preguntaba. Pensó que sus palabras lo aliviarían del peso de no saber qué había pasado con Guillermo en todo ese año.Pero aun sentía que había algo más y que seguían ocultándoselo.
_ ¿Y qué hizo por vos? _ le cuestionó quedándose muy cerca de su hombre. Pero su pregunta era más bien una orden que una curiosidad de querer saber sobre él.
_ A eso me refería _ le aclaró, apartándose _ Estoy con alguien pero mis sentimientos... están con otra persona.
_ No me contestaste lo que te pregunté. ¿Qué hizo ese tipo por vos que tanto crees que le debés algo?
_ Él me ayudó con una causa. Me ayudó con la acusación de alguien… que yo amé hace mucho tiempo. Yo no quiero hablar de esto. No puedo ni siquiera mencionarlo.
_ Es esa persona que decís…
_ Si. Él... murió y no quiero hablar. No me hagas decirte que le pasó.
_ No te preocupes.  Ya sé quién es. Mi tío me tuvo al tanto. Por eso me encontraste el otro día en la oficina del fiscal, por la apelación a favor de él.
_ No quiero hablar.  Ya fui claro con vos Julián. Para mí es un capítulo cerrado.
_ ¿Cómo podés estar con una persona cuando seguís enamorado de otro?
_ José es una buena persona.
_ Ese es su nombre _ le respondió en un tono de sarcasmo. _¿Era él fiscal en que tanto confiabas?
_ ¿Vos que sabés?
_ Nada. Yo no sé nada. Yo solo soy un desconocido. ¿No es eso lo que me dijiste?
Se volvió hacia el sofá. Guillermo siguió sus pasos. Abrazó sus manos nuevamente entre las suyas. Se daba cuenta que lo había herido. Lo comprobaba en sus ojos y de nuevo sus sentimientos se confundían cuando vio el mismo rastro de tristeza en sus ojos. La misma mirada de Pedro ahogada por el dolor.
No comprendía porque le había afectado tanto su respuesta. Si ni siquiera lo conocía. Salvo por ese extraño encuentro que había sucedido entre los dos.
Le parecía que  el destino hubiera tejido ese encuentro. Desde la primera mirada al último rose de sus labios. Cuando él más trataba de evitarlo, el capricho del destino los hacía encontrarse de nuevo. Tal vez nada pasaba por nada.

Después de pasado un año pensó que su destino estaba escrito. Que no quedaba más que la resignación de aceptar una existencia vacía y sin ninguna esperanza al lado de Miller. Hasta que apareció Marina y le insistió que fuera a su exposición de arte y  se encontraron. Llegó a su vida de imprevisto cuando había llegado al convencimiento que el amor era solo un maldito sueño. Absurdo e innecesario.
Se sentía aterrado y  lo reconocía en su fuero interno. Caer en la aceptación que comenzaba a amar de nuevo. Una fuerza que lo paralizaba se agolpaba en su interior y lo detenía para expresarle todo lo que en ese momento deseaba decirle y no se atrevía. No era el miedo de reconocer que se estaba enamorando de Julián y lo que implicaba dejar un amor atrás ni la herida que le había causado la muerte de Pedro, porque en el momento que lo había conocido a él todo el dolor se había disipado. Sino el temor a perderlo. Que alguna situación lo encontrara y el destino nuevamente le arrancara a la persona amada.
El peligro aun acechaba. La obsesión de su hermanastro por él no conocía límites. No podía decir a nadie que había vuelto amar. Tal vez lo mejor era mantener en  secreto sus sentimientos. Pero, ¿por cuánto tiempo podría mantenerse en silencio? Si a cada momento que se encontraba con él no podía evitar el deseo de querer besarlo. No quería cometer el mismo error. Dejar que sus miedos lo dominaran y que el deber que la sociedad demandaba sobre qué era lo correcto, le dictaminara las decisiones de su vida. Tenía que vivir ese amor sin importarle las consecuencias.
_ Será mejor que te vayas con tu novio. No tenés porque quedarte acá conmigo. Puedo esperar a tu socio solo. Supongo que lo que necesitabas decirle vos puede esperar.
_ No me voy a ir _  Le respondió con firmeza Guillermo. No estaba dispuesto a ceder a sus celos. Si algo que le molestaba era que marcaran territorio en su vida personal.  _ Quiero que me escuches  _ continuó, cubriendo con fuerza sus manos.
_No. Si estás con otra persona seguramente ahora debe estar preguntándose a dónde estás.
_ Si querés mostrarte casual para ocultar tu tonito de celos ya te digo que sos un pésimo actor. En primer lugar,  José no está acá en Buenos Aires.
_ Eso lo decís para convencerme que entre a tu juego y no lo vas a conseguir.
_ No te miento. El día que nos encontramos en el juzgado él me había llevado y me comunicó que iba a irse a San Luis. Por lo menos por unas semanas no voy a verlo. Respecto al jueguito, creo recordarte que fuiste vos quien me confesó que te gusta utilizar a los hombres como pasatiempo.
_ Sí,  yo te confesé eso _ arrastró sus palabras en un dejo de angustia. _Pero_ siguió, _ con vos es diferente. Vos me importas más de lo que podés imaginarte.
_ Lo sé. Lo sé, mi amor.

Se volvió hacia su escritorio y tomó una silla para acercarla hacia donde estaban los dos. Se incorporó de nuevo frente a él y  tomó sus manos aferrándose con fuerza a las suyas. Sabía lo que le diría no sería fácil. En un año había tratado de evitar tocar el tema y no nombrar a Pedro, como la única forma que encontraba para continuar su camino sin arrastrar el dolor que lo acompañaba desde hacía un año.
_ Necesito hablarte de una situación que yo te mencioné hace unos minutos.
_Se  trata de Pedro _ le respondió él rápidamente sabiendo a donde Guillermo se avecinaba. _ No tenés que hablarme de él sino querés. Ya continuaste con tu vida. Para que mencionarlo.

_ Yo necesito hablarlo. He tratado todo este tiempo hacer de cuenta que Pedro no está presente, pero si lo está.
_ No entiendo que me estás diciendo _ le contestó,  fingiendo disentimiento. Tragó saliva y sintió que una corriente de nerviosismo comenzaba a sudarle en el cuerpo. Temía que él se diera cuenta quien era realmente.
_ Lo que quiero decirte,  es que se que la vida continua su curso. Pero no puedo seguir sino hablo de lo que me pasó con toda esa situación. Solo voy a ir directo al punto. Él significo mucho, fue una persona muy importante para mí. Yo pensé que nunca iba a volver a sentir un amor tan profundo como el que sentí por Pedro…
_ ¿Amaste antes?
_ Sí, pero no cabía la importancia que él tenía para mí. Sé que él siempre va a estar en algún lugar. Sé que él está bien. Lo soñé, lo sueño y lo siento así. No es que tenga miedo a enamorarme de nuevo, solo que es muy devastador despertarte un día y que todo lo que esperaste concretar se destruya en un segundo. Mi miedo no es amar de nuevo. Mi miedo es  amarte y perderte como lo perdí a él.
_  Que me ames implica que lo borres a él de tu vida.
_ No,  al contrario. Yo siento que su recuerdo,  que su amor me dio fuerzas para que pudiera seguir, por eso estoy acá diciéndote esto. Pensé que para continuar tenía que aceptar estar en una relación sin desearlo, porque creía que era la única esperanza que tenía. Terminé  pensando que debía seguir los consejos de mi hijo y  de Gabriela que es mi socia. Yo no esperaba que fuera a sentir esto que hoy siento por vos.
_ ¿Por qué esto ahora? ¿Por qué decirme esto a mí y no a él si tanto decís que lo amabas?
_ ¿Por qué te preocupan tanto los sentimientos que tuve por él?
_ Solo contéstame lo que pregunté. Quiero saber porque no fuiste sincero con él y porque conmigo lo estás siendo.
_ Su muerte me cambió en muchas formas y las cosas nunca fueron fáciles.  Él estaba casado e inseguro con sus sentimientos. Lo que menos quería era confundirlo y lastimar a nadie. Estaba Camila y mi hijo de por medio. Yo nunca pensé que iba a poder hablar abiertamente de mis sentimientos con alguien y fue el dolor el que me llevó a ser sincero con lo que me estaba pasando. Lo que me llama la atención, es que pienses en Pedro.
_ ¿Te molesta?
_ No, solo que esperaba que sintieras celos por su memoria. José siempre se sintió inseguro y creo que fue eso lo que se me hizo imposible construir un vínculo con él.
_ ¿A qué te réferis con inseguro? Si Pedro ya no está porque tendría que sentirse inseguro.
_ Nada. Solo que él está convencido que mi relación con Pedro  me hizo daño por todo lo que sucedió y principalmente,  por la presencia de Camila  en su vida. Que Pedro... tenía que lidiar con una persona enferma... y él no. Comparó su vida con la de Pedro.

Pedro siguió sin perder ninguna palabra que él le decía. No concebía lo que acababa de oír. ¿Cómo se atrevía? Espetó para sus adentros con rabia. Si nunca lo había conocido, ¿que podía ese tipo saber de su relación con Guillermo y su matrimonio con Camila? Solo él sabía lo que había sufrido por tomar una decisión que no la lastimara. Deseaba reprocharle en ese momento porque le había dado terreno para darse un derecho que no tenía. Hablar de él de esa manera sin ningún conocimiento de su persona. Sus pensamientos le daban vueltas en su mente. No entendía como una persona se tomaba tales atrevimientos.
Debía contenerse o quedaría al descubierto ante Guillermo. No se sentía listo para decirle que estaba vivo. Pero tampoco podía quedarse de brazos cruzados.
Nadie le quitaría la idea que acababa de tener su mente. Necesitaba con desesperación conocer a ese fiscal. No solamente tenerlo frente a frente. Necesitaba saber quien realmente era Miller. No sabía si estaba llevándose por sus celos o era percepción. Pero esa sombra  que lo había acompañado durante días y que ahora cobraba  nombre propio, sentía que ocultaba  a alguien más que su amor desconocía.
_ Voy a irme _ le contestó incorporándose.
_ Te molestó lo que te dije.
_En parte. Solo déjame decirte que si vas estar conmigo yo no quiero intervenir en tu pasado. Yo respeto lo que Pedro significó para vos.

_ Lo que dijo José no debería molestarle a nadie. Él esta inseguro. No sabe qué hacer con la situación. La culpa es mía. Yo le di ilusiones que jamás iba a poder realizar. Yo no estaba listo para comenzar una relación de nuevo hasta que te conocí.
_ Él no tenía derecho hablarte así de él.
_ ¿Por qué te molesta tanto?

En ese instante no supo que decirle. Debía tomar una tabla de salvación o se daría cuenta. No era él lugar ni él tiempo para hablar con su verdad. No quería lastimarlo.No se le ocurrió mejor manera que aferrarse al único sentimiento que les provoco la muerte.
_ Porque yo sé lo que es perder a alguien.  Como si todo tu cuerpo sangrara por dentro. Que esa herida no te deje en paz día y noche.
_ ¿De qué hablás? - Le inquirió frunciendo el ceño,  cruzándose de brazos.
_ Yo también tuve un gran amor en mi vida.
_ ¿Y qué pasó?
_ También lo perdí como lo perdiste a él. Él también se fue. Por eso no entiendo como dejaste que alguien tuviera ese coraje de decirte que hacer con su recuerdo
_ José nunca quiso convencerme que me olvidara de Pedro. Ya te lo aclaré. Él solo está inseguro. No sabe qué hacer. Yo lo puse en esa posición incómoda.
Si pasaste por lo mismo que yo pasé,  te darás cuenta que no es fácil para nosotros volver a darnos la oportunidad de amar de nuevo con toda la presión encima de uno.
Se sintió desfallecer. Acababa de traicionar su confianza una vez más al mentirle. No tenía la seguridad de porque lo había hecho realmente.  Quería mostrarse fuerte ante las palabras que Miller había disparado a su razón.
Lo peor había sido para él escuchar de labios del hombre que amaba su defensa a ese hombre tan desconocido para él.
Se imaginaba su rostro. ¿Sería tan atractivo como a Guillermo le gustaban?
¿Que pensaba? ¿Acaso era mucho más inteligente que pudiera estar a la altura del hombre que amaba? Lo que único que podía darle respuestas era que ese hombre había dado vuelta toda su vida. Por más que trataran de engañarlo todo era evidente para él.  
Ahí estaban los dos como dos seres extraños, como si nunca se hubieran conocido antes. Pedro podía sentir el clímax de tensión que había en ese momento. Pero no era la misma sensación que siempre había entre ellos sino mas bien la carga que le estaba abrumando y la percepción de cargar con el peso por haberle mentido.    

_ Es mejor que me vaya. No tiene sentido  estar acá.
Se adelantó antes que él tomara el camino hacia la puerta. Alcanzó a detener sus pasos. Tomó su rostro entre sus manos y le hizo saber que no dejaría que se fuera de su lado porque aunque él intentara escaparse el amor lo había atrapado. Estaban condenados a amarse una vida entera.
_  No hagas esto _ le suplicó a Pedro con la mirada enjugada por las lágrimas.
_ Ya es tarde para vos y para mí.
_Yo no sé porque vos y yo tuvimos que perder al hombre que amamos, pero si algo se, es que no quiero perderme el milagro de poder estar vivo. No quiero perderte.
_ ¿Y qué va a pasar con José?  Vos elegiste rehacer tu vida con ese…  con ese hombre.
_ No. Él no me importa. No de la manera que vos pensás. Ya te lo había aclarado.Voy a encontrar el momento de decirle la verdad cuando vuelva pero ahora déjame amarte. Quiero empezar una nueva vida con vos.
_ No puedo.
_ Ya _ lo acalló sellando sus dedos entre sus labios y lo besó sin de dejar de hablarle. _ Ya, ya mi amor.

Los besos se aunaban tímidos  hasta volverse apasionados. Trataban de suspender el momento. Detener el frenesí que comenzaba a recorrer sus cuerpos, como si sus manos se recorrieran sin tocarse, rozándose sin ningún pudor ni limite.
No contuvieron el deseo. Guillermo lo recostó sobre el escritorio y sin dejar de besarlo desprendió su camisa. Las manos jugaban. Se deslizaban por su entrepierna de arriba hacia abajo ahogando su respiración.
Pedro lo detuvo. Apenas podían respirar por el momento vivido, tanto como lo había imaginado. Guillermo se inclinó hacia atrás, incorporándose, para que pudiera hacer lo mismo.
_ Lo siento, fui muy rápido.
_  No te culpes _ le repuso abrochando su camisa.
_  No. No es lo que quiero para vos. No es lo que quiero darte. Quiero que cuando esto pase,  sea un momento especial para vos. No en un lugar así.
_ ¿Es lo que hubieras deseado para Pedro?
_ No entiendo porque me lo preguntás, pero si. Si, deseaba lo mismo para él como hoy lo deseo para vos. Cuando yo lo amé no fue  donde hubiera querido, no en las circunstancias que pasaron.
_ Yo lo siento. Pero necesito tiempo.
_ No quiero esperar pero entiendo.
_ Solo dame un día para pensar esto que nos pasó acá. En unos días voy a poder responderte.
_  Voy a esperar.

Se despidió de Guillermo con un beso y lo vio irse, lleno de esperanza  de que su respuesta fuera la que él esperaba.

Llegó a su departamento y una llamada en la contestadora lo esperaba desde hacía una hora. Decidió no contestar. No aun.
Eran los primeros días de Octubre y  traía consigo el calor sofocante. El ambiente era asfixiante y lo agobiaba. Necesitaba relajarse y no pensar en nada. Lo que acabó por decirle a Guillermo había sido solo una excusa para no acuciar los intentos que emergían de nuevo en él.
Abrió la puerta balcón para dejar que una bocanada de aire entrara al interior de la sala. La vista era perfecta. Una luna destellante cubría toda la ciudad y desde allí arriba,  podía observar la vista de los bosques de un Palermo Viejo que despertaba a la noche en perfecta armonía.
Fue hacia su cuarto, se quitó la ropa del día y se vistió, simplemente, con un short de verano que lo cubría hasta las rodillas y unas ojotas. Por fin respiraba esa apacible brisa que le recorría el cuerpo.
Se miró en el espejo para acomodarse el pelo desaliñado, cuando observó las líneas de su cuerpo. Las cicatrices de las heridas ya casi ni se notaban. Comenzó a acariciarse con lentitud armoniosa. Dejó que sus dedos lo recorrieran. Cerró sus ojos e imaginó tratando evocar el momento vivido, tan solo minutos antes. Imaginaba que eran sus manos y no las de él, las que viajaban por toda su piel. Se dejó recorrer a sí mismo sin límite, surcando, hasta llegar a los límites prohibidos que sus dedos invitaban y él cedía, dejándose llevar a esa intimidad que le pertenecía.
La respiración ahogaba los gemidos, provocados por el placer propio. Evocaba el recuerdo de esa noche primera,  como si en ese momento pudiera sentir el peso de sus manos viajando en él. Adentrándose salvaje e intempestivamente hacia donde nunca imaginaron. Viajó un poco más atrevido y lascivamente, sus manos recorrieron su cuerpo e  imaginó que era su boca y no sus dedos los que besaban. Abrió sus ojos y su cuerpo temblaba.
Caminó hacia el patio que daba a la terraza y no dejaba de pensarlo. Quería que estuviera ahí con él. Que lo viera como estaba con la piel descubierta para que ardiera de deseo de hacerlo suyo. Dejó que el aire absorbiera su cuerpo, abrazándose a la armonía lleno de esperanza.
El sonido del contestador resonó, arrancándolo del letargo. Era Sebastián. Después de unas semanas trataba de comunicarse con él. Esta vez se resolvió a escucharlo.  El traspaso de la propiedad estaba listo y Sebastián había dejado una nueva suma de dinero en el banco a nombre de su madre como habían acordado, para disimular el envío. Por la cantidad que había dejado le alcanzaría para un año. Si tanta cantidad de dinero supuestamente invertida por Pedro un año antes de su muerte levantaba sospechas, ya verían como justificarla.

 Dormir se le hizo un calvario, seguía pensando en Guillermo aun al despertarse. Aunque el momento erótico había pasado no dejaba de desearlo y de imaginarlo en su ser. Daba vuelta en las sabanas irritado, molesto,  como si su cuerpo le reclamara. No soportaba más su ausencia. No tenerlo a su lado. No podía sostener una noche más sin él.  Deseaba amanecer en sus brazos. Aunados a la piel desnuda del otro.

CONTINUARÁ