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domingo, 22 de abril de 2018

"AMOR OSCURO" - Cap. 9 - El final. (By Verónica Lorena)








CAPÍTULO 9

Pasaron seis meses. Los niños Brisa y Daniel ya estaban viviendo con ellos. No podían estar más contentos los cuatro… Eran compañeros, padres ejemplares, hijos educados. Brisa era la líder entre sus amigas. Le encantaba compartir tardes con su padre Guillermo, quien le enseñaba piano y discos antiguos de compositores clásicos… su preferido era Mozart. La llevaban a danza y clases de música.
Daniel era un niño inteligente pero callado. Estaba atento a todo y cuando nadie se lo esperaba, saltaba como una fiera. Tenía el carácter de su padre, Pedro, aparte de compartir la pasión por los deportes, el aire libre y la pintura.
En la escuela las maestras estaban fascinadas con Pedro y Guillermo. Los niños sabían que sus padres eran famosos, buenos abogados, conocidos en su profesión, por lo que les encantaba cuando las maestras se derretían por ellos… Pero sabían que eso era una fascinación platónica, ya que sus padres eran los mejores, y se amaban muchísimo.
En ese tiempo prepararon la boda. Llegó el día y Guillermo estaba nerviosísimo. No podía creer que se iba a casar por primera vez en su vida con alguien a quien amaba… Ese alguien que siendo un amor oscuro, lo había conocido en las penumbras, lo había besado en la oscuridad y perdido su rastro y que ahora, luego de elegirse y enamorarse sin conocerse, estaban a punto se sellar sus vidas con un pacto de amor eterno. 
Pedro estaba entusiasmado. Lucía un traje a medida de Armani que le quedaba pintado. Daniel tenía un trae igual al de su padre. Era el diseñador preferido del joven abogado.
Brisa lucía un vestido hermoso, color blanco con bordados en dorado, fino y delicado, diseñado por Valeria, la esposa de Fabián que era diseñadora de moda y había abierto su local de ropa.
Guillermo vestía un traje diseñado especialmente por Valeria, de color negro
con bordes de terciopelo gris con camisa blanca y corbata en tonos negros y gris esfumado… Le quedaba perfecto. Todo un don Juan…
Y su nieto Dieguito. Ese pequeñito lucía un traje de Armani diseñado por su madre a elección de su abuelo postizo Pedro, quien tenía adoración por el nieto de su hombre adorado.
Encontrándose todos reunidos en la ceremonia, Pedro y Guillermo estaban parados frente al Juez de Paz.  Luego de oficiar las formalidades, llegó el momento decisivo que cambiaría sus vidas.
- Señor Guillermo Graziani… ¿Acepta a Pedro Beggio como su legítimo esposo? – preguntó el juez
-  Acepto – respondió Guillermo emocionado
-  Señor Pedro Beggio,  ¿acepta al señor Guillermo Graziani como su legítimo esposo? – volvió a preguntar el Juez
-  Acepto – respondió Pedro enamorado
-  Dicho esto… las alianzas por favor – dijo el juez a los contrayentes
-  Aquí están señor  –  respondió Brisa trayendo una bandeja de plata con las alianzas sobre un cojín rojo. Emocionada, abrazó a sus padres y les dio un dulce beso a cada uno
-  Los quiero… a ambos – contestó la niña
- Nosotros también preciosa… Daniel, vení… danos un beso _ dijo Guillermo emocionado
-  Si… los quiero papi – contestó Daniel dándoles un cálido beso
-  Los amo… ahora andá con tu hermano Fabián… _ le dijo Pedro casi al borde del llanto, emocionadísimo.
- Formaron una hermosa familia… los felicito… ahora,  ¿quieren decir algo antes de terminar la ceremonia? – quiso saber el juez
- “Con este anillo te desposo y te entrego mi vida Guillermo… te amo”  –contestó Pedro colocándole el anillo en el dedo de su hombre
- “Con este anillo te desposo y te entrego todo lo que soy Pedro… te amo” _ respondió Guillermo colocándole al anillo en el dedo de su joven moreno
- Con estos anillos y por el poder que me confiere la Ley… los declaro esposos, unidos en matrimonio… Puede besar al novio, Pedro.  _ respondió el
juez
-  Será un placer…  _ contestó Pedro besando a Guillermo con todo el amor de su alma
Todos los presentes comenzaron a aplaudir. Fabián y los niños estaban emocionados. Pedro, abrazado a Guillermo, no podía dejar de besarlo, sintiendo como este lo sujetaba tiernamente de la cintura disfrutando del momento. 
Luego del  beso que los unió en matrimonio, ambos hombres saludaron a los presentes. Se abrazaron a sus hijos llenándoles la cara de besos. El joven Graziani y su mujer se acercaron a felicitarlos. Valeria cargaba en brazos al nieto de Guillermo.
-  Felicidades viejo… te quiero  _ saludó Fabián abrazando a su padre
- Estoy tan feliz hijito… no pensé vivir para este momento – respondió Guillermo emocionado abrazado a su hijo
- Se lo merecen Pedro… felicidades a ambos – lo saludó Valeria con un cálido beso
-  Gracias…. Qué cosa más hermosa… me lo como todo  –  respondió  Pedro sosteniendo en brazos a Dieguito, el nieto de Guillermo.
-  Te queda bien Pedro… mirá como te besa – respondió Fabián contento
-  Ahora que estoy casado con tu padre, oficialmente soy tu padrastro  y esta dulzura es mi nieto postizo… gracias por esta familia Guille… gracias –respondió Pedro besándolo en los labios
-  Me gusta esto… sos un tipazo Pedro… _ respondió Fabián abrazándolo
- Tío… felicidades… _ saludó Ezequiel que se acercaba con sus padres, abrazando a tu tío Guillermo
-  Gracias precioso… y a ustedes dos, gracias por todo… especialmente por ser mis amigos – respondió Guillermo saludándolos cálidamente
-  Estamos para eso… Pedro y vos son ya de nuestra familia más que amigos… pasamos por mucho pero acá estamos…. Por fin yo casado con un fiscal hermoso y vos con un abogado joven y  atractivo… creo que ganamos en esta,  ¿no te parece Guillermo?  –  quiso saber Juan abrazándolo
-  Claro que si… y no puedo ser más feliz…  _ contestó Guillermo tomando de la mano a su esposo.
En la fiesta, que se hizo desde el mediodía y al aire libre, todos los periodistas querían cubrir el evento del año. Antes de comenzar, ambos contrayentes se acercaron a ellos dándoles una entrevista e invitándolos cordialmente al evento.  Se les asignó un lugar para los reporteros, quienes se sintieron gustosos de cubrir la boda del año.
Luego de bailar el vals y de saludar a todos los invitados, la tarde fue maravillosa. Pedro no podía estar más feliz con todo esto… sabía que Guillermo había organizado esa ceremonia solo por él y para él… y esos pequeños detalles eran los que más lo enamoraban de su hombre.
Ya casi a la madrugada, los niños Brisa y Daniel pasaron la noche en la casa de su hermano Fabián. Estaban contestos por sus padres. Los querían muchísimo.
Los flamantes esposos regresaron felices a su hogar. Pedro quedó impactado con la decoración romántica de su casa. El comedor estaba iluminado por pequeñas velas aromáticas que Guillermo había comprado. El piso decorado con delicados pétalos de rosas que indicaban un camino por las escaleras hasta llegar al dormitorio nupcial. 
Sobre la mesada de la cocina había una hielera con una botella de champagne con dos copas y a su lado un sobre blanco con las palabras “Graziani-Beggio”.
- Guille… esto es tan hermoso… ¿Cuándo lo hiciste?_ preguntó Pedro maravillado
-  Esta tarde… es solo para vos. Quería agasajarte en esta noche tan especial para ambos… nuestra primera noche casados… lo digo y no lo puedo creer todavía – contestó Guillermo tomándolo por la cintura
-  Es bellísimo… ¿Que es este sobre? – quiso saber Pedro intrigado
- Es para nosotros… nuestro regalo de bodas… espero te guste cielito –contestó Guillermo entregándole el sobre
- Pero… es la casa de campo de los Ordoñez… es bellísima pero carísima Guille… _ respondió Pedro sacando una escritura y una llave del sobre
-  Sabía que te gustaba… aquella vez que fuimos quedaste fascinado… lo vi en tus ojos. Por eso se la compré… para nuestra familia… ¿Te gusta? – quiso saber Guillermo
-  Me encanta… te amo  _ contestó Pedro besándolo en los labios
- Entonces, brindemos por nosotros… por estar casados y por nuestros hijos… y porque te amo – contestó Guillermo sirviendo las copas
-  Por nosotros… _ brindaron los esposos.
Luego  de tomar de sus copas con las manos cruzadas en señal de promesa, ambos hombres se besaron apasionadamente.
Pedro lo tomó por la espalda recorriendo con sus manos cada centímetro de ella, mientras que Guillermo, acercándolo a su cuerpo, con su lengua exploraba extasiado la dulce y cálida boca de su esposo.
Pedro lo tomó de la mano y lo llevó escaleras arriba hacia el dormitorio. Al entrar vio sobre la cama un corazón hecho de pétalos de rosas con las iniciales “P y G” en su interior. Las sábanas eran de seda y de un celeste hermoso.
- Estoy sin palabras amor… cada  día  me sorprendes más… no puedo creer que estés en estos detalles… sé que no te gusta el romance, que lo hacés por mí y de verdad lo valoro muchísimo… es una belleza – respondió Pedro abrazándolo
-  No me gustaba el romance… no creía en el amor… Pero cuando te conocí cambiaste mi vida… creo en vos y eso me lleva a creer nuevamente en el amor, en enamorarme locamente como lo estoy por vos… en creer que el romance es hermoso…  _ contestó Guillermo acariciándole la cara
-  Nunca me dejes Guille… nunca – le ordenó Pedro besándolo apasionado
- No pienso hacerlo… siempre voy a estar a tu lado cielito… _ contestó Guillermo respondiendo al beso.
Guillermo comenzó a quitarle la ropa a medida que lo besaba despacio, lentamente. Con cada caricia de sus manos le quitó el saco y comenzó a desprender los botones de la camisa que adherida a ese cuerpo torneado y perfecto lo excitaba.
El joven abogado, dejándose llevar por el deseo que lo consumía por dentro y por las caricias y besos de su hombre, dejó que lo despojara de sus ropas.  Con sus manos, comenzó a recorrer el cuerpo de Guillermo siendo él quien lo despojara de sus ropas dejándolo solo en bóxer.
Solo iluminados por la luz  de la luna que ingresaba de la ventana del cuarto, Pedro colocó a Guillermo sobre la cama recostándose sobre su cuerpo. Comenzó a besar su cuello, su pecho velludo que tanto le gustaba, recorriendo con sus manos cada parte de él hasta llegar a su zona baja, sensual y cautivante.
Sintiendo como su hombre respiraba agitado, extasiado por el deseo que sentía, con sus delicadas manos retiró la única prenda que cubría aquel cuerpo sexy y varonil, explorándola por completo. Su boca y sus finos dedos se sumieron en el éxtasis del deseo provocando en Guillermo una ola de calor extrema, hasta llegar al clímax.
Sumido por la pasión animal latente en su ser, se recostó sobre su espalda tomándolo desesperado. Viendo como su hombre sujetaba la almohada sumido por el deseo que estaba sintiendo, Pedro lentamente moviendo sus caderas lo hizo su esposo… su amante, su fiel compañero.
Casi sin aliento, Guillermo lo rodeó con sus brazos tumbándose sobre su cuerpo. El joven abogado lo rodeó con sus piernas invitándolo a formar parte de él. Sintió como su hombre lo recorría completo con su boca, sus manos, su
lengua.
Sin darse cuenta y en un viaje al paraíso mismo, Guillermo lo reclamó suyo, lo tomó como su posesión más preciada… lo hizo su esposo una y otra vez. Sintiéndolo dentro de su cuerpo, Pedro entrelazó sus manos a las de su hombre, llegando juntos al amor más pleno… al éxtasis del deseo mismo. Juntos y abrazados, durmieron plácidamente a la luz de la  luna, cubiertos por las finas sedas de las sabanas que fue testigo de ese amor oscuro transformado en pleno amor real.
Al día siguiente Guillermo se despertó temprano y le llevó el desayuno a la cama. Pedro despeinado y recién levantado, lo recibió con un apasionado beso.
- Desde los casi tres años que estamos juntos  anoche  fue la más salvaje de todas… estuviste increíble amor  –  respondió Pedro tomando un sorbo del café negro como le gustaba
- Espero seguirte el training chiquito…. anoche estabas tan fogoso que me dejaste de cama… pero fue perfecto  –  contestó Guillermo al alago del joven
- La primera noche de casados… un sueño hecho realidad… te amo  –contestó Pedro besándolo
-  Te amo hermoso… ¿Dónde  querés  que vayamos de luna de miel…?  Fabián
se puede quedar con los niños… organicemos un viaje – respondió Guillermo
-  Estar con  vos ya es un viaje de placer…  porque no vamos con los niños a pasar unos días al campo… a nuestra nueva casa… me encantaría eso –contestó Pedro seductor
-  Lo que quieras hermoso… mañana vamos… le aviso a mi hijo que se quede hoy con los niños y nos tomamos un día de esposos… ¿qué te parece? – quiso saber Guillermo
- Me encanta la idea… empecemos ahora – respondió Pedro recostándose sobre Guillermo besándolo seductoramente.

Al día siguiente la familia Graziani- Beggio fue a conocer su nueva casa de campo. Era enorme, espaciosa, con varias habitaciones, un campo lindísimo y llena de arboles y flores. Pedro y los niños estaban encantados con el lugar. Guillermo estaba feliz disfrutando de su nueva familia… Los amaba con locura.
Del establo, el peón de la estancia sacó un hermoso caballo negro azabache con una cruz blanca en la frente. Se acercó a sus nuevos dueños entregándoles un sobre.
- Buen día patrones… esta carta es para ustedes… y esta hermosura también–  saludó el peón entregando el sobre a Guillermo y las riendas del equino a Pedro
-  Es una belleza… ¿de quién es? – quiso saber Brisa
-  Es del matrimonio Ordoñez, nuestros clientes Pedro… “Estimado Guillermo y Pedro… espero que su nueva casa les sea de su agrado… este precioso ejemplar es nuestro regalo de bodas… esperamos verlos pronto… Paola Suarez Ordoñez y Luis Ordoñez.” – decía la carta
-  Es un pura raza… un animal magnífico… me encantan los caballos… quieren montarlo niños? – quiso saber Pedro
-  Es peligroso… esa bestia es gigante – le respondió Guillermo alarmado
-  Es lindo papá… es mansito, mirá – le dijo Daniel tocando la cabeza al caballo
-  ¿Cómo se va a llamar papi? – quiso saber Daniel
-  Tornado… se va a llamar Tornado – respondió Pedro fascinado
-  Muy bien… monten con cuidado a Tornado… que no se caigan Pedro, por el amor de Dios – respondió Guillermo
-  No pasa nada amor… vamos a estar bien –  contestó Pedro subiendo a sus hijos al caballo para luego montarlo él detrás de los niños.
Pedro le hizo señas al equino con las riendas para que fuera al galope despacio. Sus hijos sentados delante de él estaban encantados. Guillermo los observaba desde abajo mirándolos con ojos tiernos.
Luego de hacerles dar un par de vueltas, Pedro bajó a los niños con la ayuda de su esposo y se fue corriendo al galope con Tornado.
Ambos se entendían a la perfección. Pedro montaba como todo un vaquero. Su melena negra igual que el pelaje de Tornado iba a la par del viento. Se sentía seguro sobre su nuevo amigo, quien le respondía a cada una de sus ordenes con un cariño especial. 
Guillermo sostenía de los hombros a cada uno de sus hijos, quienes contemplaban a su padre cabalgar libre, feliz.
-  A papi le gusta Tornado… es lindo verlo contento papá – respondió Daniel
-  Está  en su mundo hijo… a su padre le encanta la naturaleza, los animales… no tiene maldad, es maravilloso  –  respondió Guillermo con ternura
-  Lo querés mucho, no papá? _ le preguntó Brisa mirándolo a los ojos
- Lo amo… como los amo a ustedes dos… denme un beso – respondió Guillermo recibiendo un fuerte beso y abrazo de cada uno de sus niños
Al mediodía comenzaron a caer los invitados. El hijo de Guillermo, su esposa y su nieto Dieguito fueron los primeros en llegar.
-  Hola Fabián… que suerte que llegan temprano –lo saludó Pedro
-  Estábamos ansiosos por conocer el lugar… de verdad es un casa de campo preciosa… te pasaste viejo  –  respondió el joven abrazando  a su padre
-  De más está decirles que pueden venir cuando quieran… no hace falta que los invitemos… ustedes son mi familia – contestó Pedro sosteniendo al pequeño Dieguito. -¡Que grande estas campeón…! Tus primos te van a mostrar a Tornado… ¿Querés verlo Valeria…? Es un caballo precioso– respondió Pedro
- Claro… vamos  –  contestó la joven partiendo con Pedro y los niños al establo
- Se te ve feliz papá… me encanta verte así… te quiero – respondió Fabián emocionado
- Me siento feliz… enamorado y también te quiero hijito – contestó Guillermo
besándolo en la mejilla.
Al rato, cayó la familia Arismendi - Miller. El elegante Juez y el joven y flamante fiscal fueron acompañados por su hijo Ezequiel, quien al ver a su  tío  y padrino Guillermo corrió a su encuentro.
-  Hola tío… que lindo lugar – lo saludó el niño abrazándolo
-  Hola precioso…  ¿te gusta?... en el establo están Brisa, Daniel, Pedro y un nuevo amigo… ¿querés verlo? – quiso saber Guillermo
-  Eze… vení….. te presento a Tornado, el caballo de papá  –le gritó Brisa a su amigo desde la puerta del establo sacando al caballo
-  Ya voy Brisa… chau tío – respondió Ezequiel corriendo al establo
- Es hermoso… también lo compraste vos Guillermo… te desconozco –respondió su amigo Juan
- Es un regalo de los Ordoñez… de nuestro cliente millonario, al que le compré la casa – respondió Guillermo
-  Se pasaron… de verdad es increíble este lugar, el animal… es un pura sangre hermoso – contestó José
- Que, ¿sabés de caballos amor?... ¿desde cuándo?  –  quiso saber su esposo Juan
-  Desde siempre… me encantan…  - contestó su esposo
-  Si  querés  montarlo andá con Pedro… está fascinado con el animal… creo que me cambió por ese caballo – respondió Guillermo sonriente
-  ¿Puedo montarlo?… me muero de ganas… los dejo, chau amor  –respondió José besando a su esposo corriendo al establo
-  Creo que nos quedamos solos amigo… tomamos un vinito y preparamos el asado, ¿querés? – quiso saber Guillermo
-  Dale, vamos… vamos Fabián… al asador – respondió Juan
-  Vamos – contestó el joven
Pasaron un día esplendido. Luego de montar a Tornado, Pedro y José no paraban de hablar de caballos, de sus razas, portes y colores esplendidos.
Juan, Guillermo, Fabián  y los niños jugaron a la pelota. Daniel era muy buen goleador pero su padre adorado era de madera… No había conocido a una persona más mala para jugar al futbol que su padre Guillermo.
Valeria estaba con Dieguito haciéndolo dormir cuando se acercó a los pies un hermoso cachorro color chocolate. Lo tomó en sus brazos y le acarició la cabeza.
- ¡Papá, dale…! ¡Pateá la pelota…! Sos de madera viejo – respondió Daniel enojado porque iban perdiendo
- ¿Como viejo…? Más respeto mocoso… soy tu padre y no me gusta jugar a la pelota…  - respondió Guillermo enojado con su hijo
- Dale viejo… no te enojes… Daniel tiene razón… ¿cuántos  goles te metieron?_ quiso saber Fabián
-  Algunos… no los conté – respondió Guillermo
-  Brisa… creo que les ganamos,  ¿no te parece? _  preguntó Juan a su ahijada
- Creo que si tío… “les ganamos” _  cantaba Brisa haciéndolo burla a su hermano
-  Fue por papá… no juego más a la pelota con él – respondió Daniel enojado
- No seas malo con el tío Guillermo, Daniel… pedile perdón – le contestó Ezequiel defendiendo a su tío
- Está bien… perdóname papá… no quise decirte que eras malo… sos el mejor papá del mundo – contestó Daniel abrazando a su padre
-  Está bien… por esta vez te perdono… pero no quiero que vuelvas a enojarte de esa manera… conmigo  ni  con tu padre  mocoso…  ¿me entendiste? – quiso saber Guillermo
-  Entendí… mirá lo que tiene tía Valeria… es un perrito  –  respondió Daniel dirigiéndose a su tía
-  Que lindo que es… ¿cómo se llama? –quiso saber Brisa
- No lo sé… vino para acá… estaba con Dieguito y lo vi…  ¿es lindo no?  – quiso saber Valeria
-  Es hermoso… es varón…  ¿nos  los  podemos quedar papi?  –  quiso saber Brisa dirigiéndose a Pedro
-  No sé… es lindo sí,  pero pregúntenle a su padre… no es muy amante de los perros – respondió Pedro mirando a su esposo
-  Ya tenemos un caballo… ahora un perro… a ver, pásamelo  –  respondió Guillermo tomando el animal en brazos
-  Mirá como te lame la cara papá… a pesar de tu carácter podrido te quiere –le contestó Daniel
-  Carácter podrido…  ¿eso de donde lo sacaste hijo?.... creo que soy bastante permisivo, ¿no les parece? – quiso saber Guillermo
-  Dale amor… llevémoslo a casa… es tan tiernito  –  respondió Pedro seductor
-  ¿Cómo se va a llamar este peludo?  –  quiso saber Guillermo acariciándole la cabeza al pequeño cachorro
-  “Guilledro”… por ustedes… Guillermo y Pedro…  ¿qué les parece?  – quiso saber Ezequiel
-  Me encanta… Guilledro es perfecto…  ¿les gusta niños? – quiso saber Pedro
-  Si… nos gusta – respondieron juntos Brisa y Daniel
-  Que inteligente que es mi ahijado… sale a su tío, claro está  –  respondió Guillermo tocándole la cabeza al niño
-  Es nuestro hijo… claro que es inteligente _ respondió José orgulloso de su niño
-  Vamos a jugar con él Daniel… vamos Eze… ¿podemos llevar a Dieguito? –quiso saber Brisa
-  Claro que si... pero cuiden bien a su primo…  ¿está  claro? – quiso saber Fabián
-  Claro Fabi… vamos – respondieron los niños
Al anochecer, todos pasaron la noche en la casa de campo. Los cuatro niños quisieron dormir juntos para armar una casa con las sábanas y jugar con Guilledro.
Fabián y Valeria se fueron al cuarto ya que estaban agotados. Juan y José antes de dormir decidieron dar un corto paseo por el campo a la luz de la luna… Era uno de sus primeros momentos juntos y solos desde que se casaron y  adoptaron a Ezequiel, así que decidieron disfrutar de un agradable paseo nocturno.
Luego de contarles un cuanto de terror a los niños dentro de la carpa armada en la habitación, los acostó a cada uno en los colchones que habían armado dentro de ella y esperó a que se quedaran dormidos.
A la madrugada, volvió a su habitación y encontró a su esposo recostado sobre la cama, en pijama, leyendo un libro casi a la penumbra del velador, con los lentes de marco negro que tanto le gustaba como le quedaban.
Se quitó la ropa, desnudo y sensual se colocó el pijama, recostándose al lado de su marido. Le sacó el libro de las manos y se recostó sobre su cuerpo. Guillermo lo besó cálidamente abrazándolo con ternura. Pedro comenzó con sus manos a quitarle la remera acariciando ese pecho varonil y sensual que tenía perdido. Guillermo se quitó los lentes,  pero su joven compañero se los volvió a colocar.
-  No te los saques… me encanta como te quedan – contestó Pedro sensual
-  No sé cómo te gusto tanto cielito… me tenés cautivo – respondió Guillermo
abrazándolo
-  Te quiero a mi lado para siempre… pero esta noche solo te quiero desnudo,  y con los lentes puestos  –  respondió Pedro besándolo en la boca de manera sensual
- Tus deseos son órdenes precioso… te amo – contestó Guillermo quitándose la ropa
-  Te amo… _ respondió Pedro desvistiéndose, con una sonrisa.
Esa noche fue maravillosa. Ese lugar era un paraíso. Juntos, abrazados, durmieron cálidamente velando el sueño de sus niños. Estaban felices de poder compartir ese momento de amor por la vida con su familia y sus amigos.
Esa relación que comenzó a oscuras… Ese beso robado en las tinieblas de ese amor oscuro sin darse cuenta fue creciendo, fue encontrando la luz que necesitaban en sus vidas, hasta que finalmente pudieron transformarlo en un amor puro, tierno… Sus hijos eran su vida  y el hogar que construyeron su verdadero refugio.

FIN
(By Verónica Lorena)

domingo, 15 de abril de 2018

"MEDIANOCHE" - Cap 29. El final (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

CAPÍTULO 29  (El final – Última parte)

Después de una semana recorriendo Francia viajamos a Suiza. Relojes, chocolates y paisajes sacados de un lienzo. Me encantó Ginebra y su reloj de flores; Zúrich con su moda, accesorios y joyas, más una destacable cantidad de clubs nocturnos sin hora de cierre y muchos de ellos al aire libre, pero la ciudad que atrapó mi corazón fue Lucerna. A orillas del Lago de los Cuatro Cantones, con su casco antiguo, sus callejuelas estrechas y plazas pintorescas. Ese estilo medieval me robó el corazón.
Se que suena raro, pero nunca tuvimos problema para conseguir sangre, la sangre que debíamos beber cada mañana. Mamá me había dado instrucciones precisas al respecto. En cada lugar que llegábamos comprábamos uno de esos artefactos que son capaces de sacar jugo de un ladrillo, y así nos abastecíamos. Comprábamos carne fresca y preparábamos el elixir que nos mantenía con fuerza para vivir, viajar, disfrutar, reír y hacer el amor como dos desenfrenados.
Pocos días después viajamos a Italia. No recuerdo haber comido tanto en mi vida. Lasaña, canelones, ravioli, ensalada caprese, salami, macarrones y bruschetta era en lo único que pensaba, pero apenas empecé a conocerla le dije a Guillermo que no quería marcharme nunca más de ese lugar. Todo era maravilloso. El Coliseo Romano, El panteón, La Basílica de San Pedro, El Domo, La Fontana di Trevi… Nunca olvidaré la mirada de satisfacción con la que él me observaba tanto cuando comía como cuando me encontraba de pie ante alguna de sus maravillas históricas. Italia fue el país donde más me divertí. Aprendí gestos obscenos que divertían a Guillermo y varias palabras en ese idioma que con el que ya me había familiarizado en Suiza y que me encendía la sangre.  Esa lengua romance proveniente del florentino arcaico me resultaba sumamente atractiva y excitante. Hacíamos el amor todas las noches de una y mil formas diferentes, encendidos de pasión con la sangre impregnada de sus de sus vinos únicos y ardientes, licorosos y espumados. 
Guillermo me dijo que los antiguos griegos llamaron a Italia “Enotria”, la tierra del vino y en mi mente pensé que los griegos eran muy sabios.
_ Pedro… _ me dijo una noche Guillermo mientras me observaba con un dejo de asombro en la mirada y una sonrisa de amplia satisfacción en los labios como me desnudaba para él _ A veces no se qué pensar, si Italia te sienta muy bien o muy mal. ¿Te das cuenta de tu transformación en este lugar? No sos ni la sombra del chico sorprendido y tierno que llegó a Paris. Estás… endemoniado!
_ ¡Santamente bendecido querrás decir! _ grité mientras arrojaba sobre él la última prenda que cubría mi cuerpo y me derrumbaba entre sus brazos fuertes y masculinos que, una vez más, supieron atraparme al vuelo.
_ Vení para acá… Endemoniado o santamente bendecido, hagamos el amor Pedro. Estoy encendido como un desierto en pleno verano y vos sos el oasis perfecto. Aunque esto no fuera verdad, aunque estuviera cruzando un desierto y vos fueras la última alucinación antes de morir, dejame morir en tus brazos bebiendo de tu fuente hasta la última gota de vida.
Aquella noche se dedicó a besar cada parte de mi cuerpo como si fuera el último instante de su existencia. Con los ojos cerrados me entregué a él y dejé que hiciera conmigo lo que le viniera en ganas. Más receptivo que nunca, deliré de placer al sentirlo entre mis piernas, el calor de su respiración resoplando entre mis muslos y la suave piel de su lengua haciendo estragos en mi sexo. Me aferré a la almohada y la mordí con fuerza para que el grito que brotó de mis entrañas no despertara a todo el hotel. Desmayado de placer, lo dejé que bebiera hasta la última gota de la savia que había brotado de mis simientes.
Recostado sobre su pecho descansaba del intenso placer que acababa de vivir dibujando despreocupadamente caminitos sin destino sobre su piel con la punta de mis dedos. _ Pedro, ya hace más de un mes que estamos en Italia. Creo que es hora de seguir recorriendo el camino planeado
Suspiré resignado. _ Si, es cierto. Me va a arrancar lágrimas dejar este lugar, pero tenés razón. Debemos seguir con lo planeado y después regresar a Medianoche. Pero prométeme que vamos a volver. _ le dije mirándolo a los ojos.
_ Todas las veces que quieras Pedro, nací para complacerte y cada deseo tuyo es una orden que no voy a demorar en cumplir. Terminemos con el itinerario del viaje, regresemos a Medianoche y después de eso, al primer lugar que volveremos será Italia. Estás enamorado de este lugar.
Me limité a mirarlo a los ojos, no hacía falta que lo dijera, él podía leer mis pensamientos,  pero necesitaba decirlo y así lo hice. _ Nunca tanto como me enamoré de vos.
Ya no hicieron falta más palabras, volvimos a hacer el amor desesperadamente. Nos fundimos el uno en el otro y volamos tan lejos que ni siquiera Evangeline podría adivinar por donde andábamos.

De Italia volamos a Austria, seguimos por Alemania, después Suecia, Finlandia y terminamos en Turquía. Todo muy bello, nuevo y a veces desconcertante, pero para mí no había nada como Italia, y ni que hablar de Medianoche, empezaba a extrañar sus escaleras de piedra, la vista maravillosa que permitían sus pequeños miradores, a Gaby, a Beto y por supuesto, más que a nada en el mundo, a mis padres.
_ Guille… _ le dije  una noche abrazado una vez más a su cuerpo desnudo _ Hace cuatro meses que estamos viajando. Juro que nunca había sido tan feliz, pero…
Como era de esperar, ni falta hizo terminar la frase. El ya había leído mi mente.
_ Mañana mismo mi amor _ Respondió acariciando mi cabello. _ Mañana mismo. _ Reafirmó apretándome contra él.
Era imposible concebir la idea de poder amar a otra persona o de poder amarlo un poco más. Lo llevaba bajo mi piel.
_ ¡Qué lindo abrazo…! No me sueltes nunca amor. _ Mi cara reposaba sobre su pecho cuando sentí el calor de su mirada. _ ¿Por qué me mirás así?
_ Porque no se en que parte de tu mente tan brillante hay lugar para que pienses que alguna vez podría soltarte.
Repte sobre él y me apoderé de su cuerpo.
_ Esta va a ser la última noche lejos de casa. De Medianoche. De la vida que nos unió. Haceme el amor como si fuera eso, la última noche, y no permitas que me olvide jamás de este momento.
_ Tus deseos son ordenes… Te prometo que nunca vas a olvidar la última noche de este largo viaje.
Dios mío… Sí que se lució. Aun hoy, después de tantos años, vuelvo a sentir mariposas en mi vientre al rememorar aquella noche en Turquía. Desplegó sus colmillos solo lo justo y necesario, ni yo lo hubiese podido manejar así, solo para arañar mi piel tan dulcemente que de un momento al otro abandoné la Tierra y me sumergí en un increíble océano de sexo, lujuria y pasión. Me tumbó sobre la cama y recorrió mi cuerpo entero desde la cabeza hasta los pies provocando estallidos en mis entrañas y temblores en todo mi ser.

Llegamos a Medianoche pasado el mediodía. Atravesamos juntos el portal de la entrada. Los alumnos esparcidos por los campos disfrutando del sol me hicieron recordar mis primeros días en la academia, cuando recién conocí a Guillermo y desde ese primer instante no pude dejar de pensar en él.
Avanzamos lentamente dejándonos acariciar por la tibieza del sol, el crudo invierno había pasado y también gran parte de la primavera. El verano se abría paso en Medianoche y ahí estábamos nosotros, juntos. Después de tantas pruebas, después de haber vencido a la muerte y los interminables obstáculos, volvíamos como dos gladiadores que sobrevivieron en la arena del Circo Romano.
Si bien habíamos llamado a Kate y a mis padres con frecuencia, no le dijimos a nadie que habíamos decidido regresar. Queríamos que fuera una sorpresa.
Estábamos a buena distancia de los prados, pero fue inevitable distinguir la figura de Marcial entre ellos. Mí tan querido amigo y compañero de cuarto paseaba junto a Collins, el rubio del hacha, por los extensos prados de Medianoche. A pocos metros de ellos Dana hablaba despreocupadamente con un grupo de quienes habían sido los “legítimos”, parecía otra chica sin la sudadera gris, el uniforme de la academia le sentaba de maravillas. Recorrí el predio con la mirada intentando ver a Gaby y a Beto, pero ellos no estaban ahí.
Fue Collins el primero en divisarnos y por la forma en que movió sus labios, era evidente que estaba dando la voz de aviso mientras echaba a correr hacia nosotros. Dana apartó la vista del grupo con el que estaba hablando y enfocó la vista tratando de divisarnos, apenar lo logró, echó a correr detrás de Marcial que había sido el segundo del grupo en correr a nuestro encuentro.
_ ¡Guillermo! ¡Pedro! _ Marcial y Collins pronunciaban nuestros nombres mientras corrían, al llegar se abalanzaron sobre nuestros cuerpos apretándonos en un fuerte abrazo, pero lo mejor de ese regreso hasta ese momento fue el arribo de Dana que saltó sobre los cuatro haciéndonos perder el equilibrio y provocando un verdadero derrumbe sobre el césped de Medianoche. Tirados sobre el suelo no parábamos de reír. Era maravilloso volver a encontrarse.
_ ¿Dónde está Beto? ­­_ preguntó Guillermo al tiempo que se sentaba sobre el césped.
_ Si no está por acá, seguro que está en su cuarto, el tuyo, el que compartieron siempre. Ha estado muy callado desde que no estás, ya no es el mismo. Ha dejado las camisas estridentes por el uniforme de Medianoche y solo se lo ve de tanto en tanto, cuando Gaby consigue rescatarlo de ese estado lacónico en el que se ha sumergido los últimos meses.
_ Voy por él _ Me dijo por lo bajo.
_ Claro que si amor. Andá por él y vayan por Gaby, yo voy en busca de mis padres. Nos vemos en el departamento de ellos, los espero ahí.
Nos despedimos de nuestros amigos prometiéndoles un encuentro al anochecer de ese mismo día, pero no llegamos a cruzar el vestíbulo cuando una voz conocida nos detuvo en el acto.
_ Por lo visto han decidido regresar sin anunciarse. ¿Qué otra cosa podía esperarse de ustedes dos, par de insurrectos? _ La voz de la señora Bethany era claramente inconfundible.
_ Madame… _ Susurró Guillermo fiel a su estilo correcto y tradicional
_ Señora Bethany _ murmuré entre dientes.
_ ¡Ya los dos! ¡Dejen de tratarme como la superiora de esta institución! _ Relajó el rictus de su rostro y abrió los brazos sonriéndonos. _ ¡Vengan para acá, pequeños desdichados!
Tiempo atrás habría jurado que no tenía sentimientos, me había formado una imagen de ella que no se correspondía con esta bienvenida tan cordial y afectiva. _ ¡Vamos! ¿Qué están esperando? Vengan a darle un abrazo a esta vieja vampira que no ha dejado de rezar un solo día para verlos regresar sanos y salvos.
Jamás habría imaginado que de cerca oliera tan bonito. Avanzamos los dos al mismo tiempo y nos abrazamos a ella que no dudó un instante en apretarnos cariñosamente contra ese cuerpo voluptuoso. _ ¡Qué bueno es tenerlos de regreso! ¡Qué bueno muchachos y que bien lo han hecho!_ Tardó unos instantes en soltarnos, pero cuando lo hizo pude ver sus ojos bañados en lágrimas. _ Señor Graziani, lo creía un ser sumamente inteligente y capacitado para vencer las tentaciones del mundo, que suerte que de alguna manera su concepto se haya modificado. Verlo tan enamorado de este jovencito insurrecto y atrevido me hace ver que no solo es inteligente sino también muy afortunado.  Ha dado un paso que jamás creí que iba a dar, ha renunciado a la mortalidad por amor, y eso lo convierte en un ser admirable. ¡No baje la vista, hombre! Siéntase orgulloso de lo que ha hecho. En los años que llevo al frente de esta academia, nunca vi algo así. Un mortal y un vampiro enamorados… ¡Y yo creí que ya lo había visto todo!_ Inmediatamente se volvió hacia mí. _ En cuanto a usted, joven Beggio, admito que jamás me había topado con un alumno tan particular. Usted sí que sabe sobresalir y salirse con la suya. Lo felicito. Se lleva lo mejor de esta academia. Hágalo feliz, cuídelo, y de gracias a Dios todos los días de tener este hombre a su lado. Se ha sacado la lotería. Ahora vayan ya los dos en busca de quienes han estado esperándolos todo este tiempo.
_ Gracias señora Bethany _ dijimos los dos al mismo tiempo y salimos corriendo. Guillermo hacia la torre donde estaba la habitación que compartía con Beto y yo hacia el departamento de mis padres.

Dos golpes en la puerta. _ Beto, ¿estás ahí?
Segundos después la puerta maciza y gótica se abría de par en par.
_ ¡Guiye!_ El mundo volvió a brillar con la sonrisa de su hermano del alma, su compañero en las buenas y en las malas, la mirada humedecida y el timbre de su voz
_ Volví Beto. Volví para quedarme.
El rubio de cabello largo y revuelto se abrazó a él y sacudido por el llanto dejó salir el temor que lo había inmovilizado en el tiempo.
_ ¡Hermano! ¡Qué bueno que estés acá! Pensé que no iba a verte nunca más.
_ Nunca te dejaría Beto. Nunca. Vos sos mi hermano.
_ ¿Dónde estuvieron todo este tiempo?
_ Ya les vamos a contar. Pedro nos espera en el departamento de sus padres. ¿Dónde está Gaby?
_ La dejé en la biblioteca. ¿Vamos a buscarla?
_ ¡Vamos!
Caminaron abrazados y dándose golpecitos cada tanto. La vida estaba volviendo a la normalidad y no era necesario disimular la alegría.  

Mientras Guillermo y Beto se reencontraban e iban por Gaby, subí la vieja escalera de piedra a hurtadillas para que mis padres no advirtieran mi presencia. Quería sorprenderlos.
Respiré profundamente antes de golpear la puerta.
_ ¿Quién es?
Escuchar la voz de mi padre me sacudió por dentro y la emoción se aglomeró en mi garganta. Decidido a jugar con la expectativa, no respondí y volví a golpear la puerta mientras un par de lágrimas resbalaban por mis mejillas.
_ ¡Que quien es maldito coño!
_ ¡Adrián, las formas!
“¡Mamá!” gritó mi mente, pero mi voz siguió en silencio. Los había extrañado tanto que no tenía idea de cómo presentarme ante ellos.
Sequé mis lágrimas con la manga de mi remera y sonriendo como un chico que hacía una travesura, volví a golpear.  
_ ¡Pero quien cuerno se ha dignado a golpear a nuestra puerta incansablemente sin anunciarse! ¿Acaso estás sordo tío? _ dejó salir mi padre con enojo mientras abría la puerta de muy mala forma. _ ¡Pedro…! _ al verme, el mundo cayó a sus pies. _ ¡Pedro, Pedro, Pedro…! _ Balbuceó mientras sus brazos me buscaban, me encontraban y me rodeaban de todo ese afecto que tanto había extrañado. _ Pedro… _ Pronunciaba mi nombre por lo bajo mientras me mecía contra su cuerpo y acariciaba mi cabello como cuando era apenas un crío.
_ ¡Adrián! ¿Quién es?
_ Celia… _ me soltó apenas, solo para poder responderle _ Es Pedro.
Seguido de un chillido ensordecedor, se escuchó un golpe seco contra el piso. Fuera lo que fuera que estaba haciendo, algo acababa de caer de sus manos.
_ Por lo visto, vamos a necesitar una plancha nueva. _ Dijo mi padre con ese sentido del humor que yo adoraba.
La vi aparecer pálida y como dudando de lo que mi padre le había dicho, pero al verme, todo su rostro se contrajo en un gesto compungido y lloroso.
_ ¡Pedro! ¡Hijo! _ Se lanzó contra mí y me estrujó hasta dejarme casi sin aire. Me soltaba apenas para mirarme a los ojos y me volvía a abrazar en una catarata de lágrimas. _ ¿Estás bien? ¿Y Guillermo?
_ Tranquila mamá, estoy bien. Estamos bien. Ya pasó todo, hemos regresado a Medianoche.
Me bañaba en besos, y aunque me sentía grande para eso, la dejé hacerlo. Era reconfortante volver a estar en casa.

Antes que pudiera reaccionar me habían metido dentro del departamento y me acribillaban a preguntas.
_ Ok… tranquilos. Les vamos a contar detalle por detalle todo lo que vivimos estos cuatro meses, pero esperemos a Guillermo que fue por Beto y por Gaby.
_ ¡Supongo que vamos a tener una fiesta esta noche no? _ preguntó mi padre
_ Eso no está en duda Adrián. Esta noche hay fiesta en nuestra casa. Con Pedro, Guillermo, Gaby, Beto, la señora Bethany, los que formaron parte de la expedición y todos los miembros de la Cruz.
_ ¡Celia, no hay lugar para tanta gente!
_ Sí que lo habrá. Mi hijo ha vuelto a casa y nada podrá opacar la bienvenida. Ya nos acomodaremos. ¿Qué estás esperando? Hay que ir por algo de comida y mucha cerveza, esta noche festejaremos a lo grande.

Cuando Guillermo atravesó la puerta de nuestro departamento junto a Gaby y Beto, mi padre lo saludó con un abrazo de esos que solo ellos dos podían entender cuanto decía. El amor de mi vida, mis mejores amigos, mis padres y yo, no podía pedir más.
Volver a ver a Gaby y a Beto fue muy fuerte. Abrazos que reemplazan todas las palabras dichas y las por decir, el silencio elocuente, la complicidad en la mirada.
Poco a poco fueron llegando los demás. Marcial -siempre pegado a Collins-, Balthazar, Camila, la señora Bethany, Dana, el señor Watanabe, y con ellos los miembros de la expedición y también los de la Cruz. Éramos tantos que apenas si cabíamos en el departamento de mis padres, pero nada opacó la felicidad de ese reencuentro. Las cervezas corrían de mano en mano y todos escuchaban intrigados las anécdotas de nuestro viaje.
_ ¡Deberían haber visto la cara de Pedro cuando llegamos a París! _ dijo Guillermo henchido de felicidad. _ Parecía el mismo chico que encontré al azar en los prados de Medianoche, tímido y algo asustadizo, pero Italia… Italia fue un antes y un después. Ha aprendido gestos obscenos y palabrotas en ese idioma que avergonzarían a cada uno de ustedes.
_ ¿Es cierto eso Pedro? _ Preguntó mi madre entre preocupada y divertida.
_ No tal como él lo describe, solo me familiaricé con el idioma _ expuse con cara de ternero, haciendo reír a todos.
_ ¡Dios mío! Al traerlo a Medianoche hemos creado un monstruo _ dijo mi madre tomándose el rostro entre las manos.
_ Nada de eso Celia _ le respondió Guillermo. _ Tu hijo es vanguardista, atrevido y audaz. Por eso me enamoré de él.
Una salva de aplausos y exclamaciones fueron la corona de oro para esa declaración de amor en público.
Nunca había visto a la señora Bethany tan feliz. _ Mañana es sábado, por lo tanto vamos a hacer la celebración oficial en el vestíbulo. Lo haré preparar como para un banquete, habrá comida y también música de la buena. Y quizás alguna sorpresita, pero veremos… Apenas si puedo creer que La Tribu haya sido exterminada. Gracias a eso los miembros de La Cruz han encontrado su lugar en Medianoche y ya no hay nada que temer. Los bebedores de sangre han caído bajo su propio peso y una nueva vida nos espera.

Después de despedirnos de todos, Guillermo y yo volamos a hurtadillas hasta aquel lugar secreto y nuestro para volver a hacer el amor escondidos en las sombras de Medianoche, tirados sobre un cojín frente a la pequeña ventana que dejaba ver un cielo despejado y la estrella más hermosa del mundo: Evangeline.

La noche del sábado se convirtió en una verdadera fiesta, el vestíbulo parecía un castillo medieval dispuesto para una boda. Las arañas que colgaban majestuosas desde el cielo raso brillaban como diamantes y una orquesta ejecutaba la mejor música desde el lugar destinado al coro. Todos vestíamos de gala y la señora Bethany se paseaba sonriente de un lado al otro del salón interactuando con los estudiantes.
Mis padres bailaban acompasados y enamorados, Gaby y Beto intentaban hacer lo mismo, pero se perdían entre besos y beso a un costado del salón. Solo Balthazar y Camila se lucían como expertos bailarines rondando por la pista sin sacarse los ojos de encima. Algo había cambiado entre ellos, él había dejado de mirarla como el premio consuelo de una larga vida y empezaba a verla como lo que siempre había sido, una compañera incondicional.
Marcial y Collins no bailaban, pero estaban sumidos en una charla que en la distancia parecía ser interesante ya que no se quitaban los ojos de encima. Por lo visto mi querido amigo había encontrado su alma gemela y eso aumentaba mi alegría.
Todo transcurría a la perfección y cuando pensé que nada podría hacerme más feliz, la señora Bethany hizo un gesto a la orquesta para que detuvieran la música y golpeó su copa de cristal antiguo con una pequeña cucharita de plata llamando la atención. El silencio reinó en el vestíbulo.
_ Pido disculpas por esta breve interrupción, pero tengo algo muy importante que anunciar. _ Me di cuenta que miraba a Guillermo de reojo con una sonrisa en los labios, pero no llegaba a descubrir que se traía entre manos. _ Como sabrán, nos hemos reunido para celebrar el regreso de un profesor y de un alumno, sin los cuales, la exterminación de La Tribu no hubiese sido posible, pero no solo a ellos les debemos ese hecho histórico que cambiará nuestras vidas, también les debemos nuestro agradecimiento a quienes formaron parte de la expedición, a todos los miembros de La Cruz, y fundamentalmente… a su líder. ¡Bienvenidos Kate y Eduardo! ¡Adelante por favor!
Escuchar sus últimas palabras y ver entrar a Kate del brazo de Eduardo por la puerta principal del vestíbulo fue todo uno. Busqué a Guillermo con la vista y contemplé con ternura la emoción que le humedecía la mirada. Podía escuchar los latidos de su corazón y su respiración entrecortada.
_ Mamá… _ murmuró avanzando hacia ellos con los brazos abiertos.
Kate lucía bellísima. No parecía la misma sin sus jeans y sus camisas ceñidas, estaba vestida para la ocasión. Llevaba un vestido largo en color lavanda y el cabello recogido. Parecía una princesa. A su lado, Eduardo vestido de etiqueta, soltó su brazo delicadamente para permitirle recibir a su hijo, pero contra todo pronóstico, Guillermo los abrazó a los dos y no tuve que hacer el menor esfuerzo para leer su pensamiento. Acababa de aceptar a Eduardo como parte de su familia.
Otra salva de aplausos coronó el momento inolvidable, y mientras me acercaba a ellos, pude escuchar la voz de la señora Bethany dirigiéndose a la orquesta. _ ¡Que vuelva la música! ¡Sigan bailando! ¡Festejen! ¡Ahora si estamos todos!
Esperé prudentemente el momento de dar el paso que definitivamente me uniría a ellos, observando con emoción ese abrazo interminable, hasta que Kate me divisó entre lágrimas. _ ¡Pedro! ¡Mi otro hijo! ¡No te quedes ahí! _ Me dijo al tiempo que me invitaba con un gesto colmado de cariño a unirme a ellos y así lo hice.
_ Qué alegría volver a verte mamá. Gracias a los dos por venir.
_ No íbamos a perdernos esta fiesta por nada del mundo. La señora Bethany nos llamó ayer, apenas regresaron, y no tuvimos que pensarlo demasiado. Recogimos un par de cosas y emprendimos el viaje.
_  ¿Hasta cuando se quedan? _ Preguntó Guillermo tímidamente
_ ¡Hasta que nos echen! _ Respondió Kate con una gran sonrisa. _ Nos han asignado un departamento para profesores, así que tal vez nos quedemos unos cuantos días.
_ ¡Qué buena noticia! _ Exclamé feliz.
_ Gracias Pedro. A propósito… Hay un sobre en el departamento de tus padres que lleva tu nombre. Si fuera vos, no me demoraría en ir a buscarlo.  Tal vez contenga algo que te interese.
Una lucecita de ilusión me recorrió el alma. _ ¿Y puedo ir ya? Digo… ¿ahora? ¿En este momento?
_ ¡Claro que sí! Andá tranquilo, te prometo pararme frente a la puerta y no dejar que Guillermo salga de este lugar si eso es lo que te preocupa. 
Me sonreí ruborizado. _ Amor… ¿te molestaría?
_ Sabés que no, andá Pedro. _ Dudé un instante _ ¿Qué estás esperando? ¡Corré y volvé lo antes posible! No se vivir sin vos…
_ Ya vuelvo. _ Lo besé en los labios y me dirigí hacia la torre que llevaba al departamento de mis padres _ ¡Kate, _ le grité mientras me alejaba_  cumplí con tu promesa! No lo dejes salir de acá sin mí.
Ella cruzó sus brazos como montando guardia y me guiñó un ojo.

Trepé la escalera de piedra a toda velocidad. No quería hacerme ilusiones, pero ya era tarde para eso, el corazón me daba saltos mortales en el pecho. Cerré la puerta y bajé la persiana para que ni siquiera la gárgola pudiera verme. Luego, abrí el sobre con dedos temblorosos, lo di vuelta y algo oscuro cayó en mi mano extendida: mi broche. Los pétalos negros lanzaron un destello en mi palma, tan perfectos, raros y hermosos como siempre. Al fin volvía a tenerlo conmigo. Recordé fugazmente la noche que lo había empeñado para escapar junto a Guillermo, lo besé tiernamente, lo abroché en la solapa de mi saco y bajé a toda carrera. Las lágrimas me empañaban la mirada, pero jamás había sido tan feliz.
_ ¡Gracias Kate! _ exclamé al reencontrarme con ella en el vestíbulo. _ Estoy agradecido y emocionado. Ni quiera se que decir… ¡Gracias!
_ No tenés nada que decir, era lo menos que podía hacer por vos después de todo lo que hiciste por mi hijo. No me va a alcanzar la vida para agradecerte que lo hayas salvado en todos los sentidos. Guillermo siempre fue un buen chico, aunque algo apático y poco demostrativo, pero desde que está con vos ha cambiado tanto que ahora es un placer estar con él, hasta dejamos de pelear. _ Concluyó divertida.
_ A propósito… ¿Dónde se metió? No lo veo por ningún lado
_ Por la puerta no salió, de eso doy fe.
_ Se fue por allá _ dijo Eduardo. _ Lo vi subir por aquella escalera. Lo siento, no conozco el castillo, no tengo idea a donde lleva.
Me sonreí _ No te preocupes Eduardo, ya sé lo que fue a buscar. Voy por él.
_ Andá hijo, nosotros vamos a aprovechar para bailar un rato. Creo que jamás bailamos, ¿no Eduardo?
_ ¡Jamás! _  Dijo él tomándola por la cintura.
_  ¡A ponerse al día entonces! _ Exclamé mientras me marchaba _ ¡Que lo disfruten!

Tal como había sido supuesto, lo encontré ensimismado, observando los prados de Medianoche por aquellas ventanitas pequeñas. Sin duda alguna era uno de sus lugares preferidos. Estaba concentrado observando el paisaje pero una vez más y sin necesidad de volver la vista, supo que estaba ahí.
_ Medianoche… _ susurró como al azar sin quitar la vista de los prados, pero supe que me estaba hablando a mí. _ Quien lo hubiese dicho… _ ya había vivido un momento similar, hasta me pareció tener un deja vu. _ Odié este lugar, maldije el momento en que me ordenaron venir, pero al encontrarte acá… este lugar se fue transformando en mi hogar. Ya te lo dije una vez, y hoy lo ratifico, si me dieran a elegir donde habitar, elegiría Medianoche. _ Me abracé a su cuerpo y pegué mi mejilla a su espalda como lo había hecho aquella noche, tiempo atrás, aspirando su aroma de hombre y regocijándome con su tibieza.  Otra vez sus manos sobre las mías presionándolas contra su pecho. _ Quien lo hubiese dicho Pedro… _ continuó sin dejar de acariciar mis dedos mientras seguía hablando. _ Que este lugar sería mi lugar en el mundo. Estoy enamorado Pedro. De vos, de esos prados, de Medianoche y de todo lo que te trajo a mí.  _ De pronto giró sobre sus pies y quedó de frente a mí _ ¡El prendedor! ¡Tenés puesto el prendedor!
_ Un gesto de Kate, el sobre…
_ Debí suponerlo. _ Murmuró acariciándolo _ ¿Estás feliz ahora?
_ ¿Hace falta que lo diga? Claro que estoy feliz, pero no por el prendedor. Él aumenta mi felicidad, pero aunque nunca lo hubiera recuperado, me bastaría con tenerte. No le pido más a la vida, ha sido muy generosa conmigo.
Me abrazó y giró conmigo hasta quedar los dos de pie frente a le mejor vista de Medianoche. _ ¿Qué vamos a hacer ahora Pedro? ¿Tenés algún sueño en especial para los próximos doscientos o trescientos años?
_ Uno. Solo uno. Estar con vos, siempre, como Ruth… “Nunca me pidas que te deje o que deje de seguirte, donde tu vayas yo iré y donde mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.” ¿Te alcanza amor?
_ Me alcanza amor, claro que me alcanza. _ Se volvió para besarme mientras la brisa fresca de aquella noche de verano atravesaba el pequeño mirador y agitaba levemente mis cabellos.
_ Te amo Guillermo.
_ Te amo Pedro.
Todo estaba consumado.
Un ave salvaje interrumpió su vuelo y Evangeline volvió a brillar en el cielo.
Habíamos renunciado a la mortalidad para estar juntos.
Habíamos luchado contra toda adversidad por no perdernos y ese instante era el premio a la tenacidad con la que habíamos combatido los miedos y cada enemigo que encontramos en el camino.
Así debería ser siempre el amor.

“La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan ni a amores ni a historias, se quedan ahí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.”
(“Óleo de una mujer con sombrero” – Silvio Rodriguez)

FIN