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jueves, 30 de abril de 2015

"OVNIs" - Cap. 9 - (By Fiore M. Taylor)

OVNIs - CAPÍTULO 9





La mañana se reunieron los cinco en el comedor para desayunar y programar las actividades.
-Pedro, vos estás al mando. -dijo Marcial- Qué hacemos?
-Hoy vamos a hacer el reconocimiento de campo de día, así cuando vayamos a la noche no nos llevamos sorpresas.
-Che – dijo Marcos- Vamos a tirarle la lengua a los empleados del hotel, a ver qué saben?

Cuando le preguntaron, el conserje miró para todos lados cerciorandose que nadie más lo oyera.
-Es cierto, ahí pasan cosas... Muchas cosas, pero tienen que tener extremo cuidado porque puede ser peligroso.
-Peligroso? Por qué peligroso? - a Guillermo todo esto le gustaba cada vez menos.
-Hay seres buenos, pero también hay seres malos. Y mejor no caer en sus manos. – dijo con un halo de misterio – Sobre todo tienen que cuidarse de Erminia.
-Quién es Erminia? - preguntó Alex.
-La rotisera investigadora. Ella es muy desgraciada y está en contacto permanente con los malignos.
-Rotisera investigadora? Qué es eso? - Pedro abría grande los ojos ante el asombro que le producía lo que escuchaba.
-Ella vende pollo rostizado en el complejo termal y tendrán que pasar por ahí para llegar a La Aurora. Dedicó su vida a la investigación de los fenómenos pero fue convocada por el Gran Hampa para enrolarse en las filas de los ETs malos.
-Quién es el Gran Hampa? - preguntaron a coro.
-Ustedes no miraban Hijitus? El aliado del Profesor Neurus.
-Eso es un dibujo animado. No existe. - dijo Guillermo en forma tajante.
-Error! Grave error! Todos los seres, todos los personajes supuestamente creados por la mente humana existen. Ellos están en la dimensión paralela por la cual aquí se tiene acceso.
La mayoría de los terrícolas no se dan cuenta, pero nosotros estamos en el medio de una guerra intergaláctica. Malos contra buenos, buenos contra malos. Los buenos nos protegen y evitan que los malos nos destrocen. Hay que estar preparado para la batalla final.
Pero como les decía, cuidense de Erminia, evitenla, porque ella puede hacerlos caer en una trampa, o envenenarles el pollo. Además, tiene la capacidad de transformarse en un pequeño lemur para actuar de espía y pasar desapercibida. Presiento que ustedes están elegidos por los ETs buenos para una misión muy importante y ella no la debe arruinar.

Los cinco se miraron sin saber qué hacer. Hasta que finalmente, Alex, con un hilo de voz preguntó:
-Cómo llegamos a La Aurora?
-Tomen el camino hacia la ciudad, atraviesenla y sigan hacia el este. Encontrarán el complejo termal y más allá un puente que cruza el Río Dayman. Luego de pasar el puente deben tomar el segundo camino de tierra hacia la izquierda y seguir hasta el fondo.

Salieron al jardín del hotel para hablar de todo lo que habían apenas escuchado.
-Pedro, creo que quiero volver a casa. Yo te dije que esto no me gustaba.
-Ay Guillermo! No seas cagón! - le dijo Marcos- Demostrá que las tenes bien puestas.
Lo único que faltaba era ese comentario.
-Pará Marcos! - le gritó Pedro, y bajando el tono – Amor, de verdad queres que volvamos a casa? Hacemos lo que vos quieras.
-Ay, pero no van a creer todo lo que dijo ese, se nota que está re chapita – continuó Marcos- No sé cómo tienen trabajando gente así en un hotel tan importante.

Los cuatro miraban a Guillermo con ojitos llenos de expectativas y él se sintió tremendamente intimidado y responsable del fracaso de la expedición. Cerró los ojos un instante, inhaló profundo y dijo
-Está biennnnnnnnn, está biennnnnnnnn, sigamos adelante.

La primera parada la hicieron en el complejo termal. Desde allí, más allá de un conjunto de cabañas para los turistas, se divisaba el puente sobre el Río Dayman.
Recorrieron el parque donde estaban ubicadas las distintas piscinas y localizaron el puesto de rotisería. La gente hacía cola para comprar pollos, ensaladas y helados Conaprole.
-Esa que está despachando presurosa debe ser Erminia- dijo Pedro.
A Marcos se le fueron los ojos tras ella.
-Qué muñeca! - y silbó en señal de aprobación- Parece una Barbie, cómo le daría pa' que tenga, de acá a Plutón.
-Marcos, con lo flaquita que es, si te le tirás encima, le partís la cinturita. No ves que es como una avispa?- se rió Guillermo.
-A ella la quiero partir... al medio.
-Pero no se dan cuenta? - se enojó Pedro – Las brujas y los seres más malvados se esconden tras fachadas bellas para hacer caer en la trampa y luego se revelan tal cual son... La historia está llena de ejemplos: Blancanieves, la bella durmiente, Dracula y el maligno que conquistó a Narcisa. Hasta Dorian Gray escondía su podredumbre bajo ese semblante. Y en realidad debe ser la bruja Cachavacha. Yo creo que el del hotel tiene razón. Mejor alejémonos.

Salieron del complejo y se dirigieron hacia el puente que cruzaba el río. Cuando estaban a pocos metros, una fuerte detonación que retumbó por todo el horizonte, los paralizó.
-Y eso? - preguntó Alex.
Luego, el absoluto silencio. Cuando estaban retomando la marcha, una nueva detonación.
-Yo creo que “algo” nos está diciendo que no vayamos hacia allí, que no crucemos el puente. - dijo Guillermo mientras como un niño le tiraba del puño de la camisa a Pedro para que no diera un paso más.
Una señora se asomó de una de las cabañas:
-Qué fue eso? Qué raro! Por aquí nunca se escuchan semejantes explosiones. – dijo la mujer.
-Bueno, ya que estamos tomemos una foto. - dijo Marcial.
Se sacaron la foto con el puente de fondo y en ese momento la cámara fotográfica empezó a marcar error. Todos se miraron. Unos minutos después pudieron ver la fotografía tomada.
-Miren qué extraño! Esas luces y sombras que se ven detrás nuestro.
-Deben ser ellos, están aquí. Con nosotros. Aunque a simple ojo no los podamos ver. - dijo Pedro – Tenemos que seguir. Yo sé que tenemos que seguir.
Y como en un trance hipnótico Pedro avanzó sobre el puente y todos lo siguieron. Nadie osó decir más nada y ya no se sintieron más explosiones.
Cuando llegaron a La Aurora, Pedro, Alex y Marcial se sentaron bajo un árbol y se quedaron quietos, con los ojos cerrados, inhalando y exhalando en profundidad.
Marcos empezó a quejarse apenas pusieron un pie en el lugar.
-Qué cansancio tengo! No puedo parar de bostezar.
De hecho parecía un hipopótamo abriendo su gran boca cada cinco segundos. Y continuó
-Me siento mal. Me duele la panza. Tengo retortijones.
-Debe ser la energía del lugar. Deja que fluya chico!- le dijo Alex
-Claro! - acotó Pedro- Tiene que salirte para afuera toda la intoxicación de una vida de vicios. No te quejes!
Estuvieron largo rato en la zona inspeccionandolo todo pero no vieron nada raro. Ya llegaría el momento de acampar, con las estrellas brillando en el firmamento y esperar a que algo pasara.

Después de cenar, Guillermo y Pedro se quedaron contemplando ese cielo lleno de misterios en el borde del bosquecito de eucaliptos que rodeaba el hotel. Se sentaron en unos escalones, Guille se apoyó sobre la pared y lo abrazó a Pedro contra su pecho. Sentía la necesidad imperiosa de no soltarlo, de aferrarlo con todas sus fuerzas. A pesar de todo su empeño en seguir adelante en esa misión imposible y dejar pasar de largo los malos pensamientos, algo le hacía ruido en su interior, algo que lo preocupaba y mucho. Pero ni siquiera podía definir qué era. Sería Erminia? No, qué va, cómo iba a creer esa historia. O sí? Sería que realmente pasaban cosas allí y que presenciarían algo terrible? Y las explosiones? La cámara fotográfica? La descompostura de Marcos? Demasiados interrogantes y la sola certeza que lo único que le importaba en la vida era estar con Pedro, que no se le escurriera entre sus manos y sus sueños.
-En qué pensas amor que estás tan callado? - dijo Pedro.
-En la grandiosidad que nos rodea chiquitín. En el universo inconmensurable, en cómo se habrá originado todo esto, en el big bang. Qué somos?
-Mmmm, no sé. No sé qué somos. Importa eso? Pero sabés qué? Lo que sí sé es que el más grande espectáculo después del big bang somos nosotros... vos y yo.
Guillermo no pudo evitar una carcajada
-Vos decis?
-Por supuesto! En este planeta, otra que el Italpark, otra que el cine, otra que internet, otra que la ópera, otra que el Vaticano, otra que Superman, otra que charlatanerías... Vos y yo, que nos abrazamos fuerte, que nos desafiamos fuerte, que vamos contra el viento, que estamos en movimiento. Vos y yo, que hicimos realidad un sueño que queríamos juntos, que hicimos todo y todo tenemos por hacer, que estamos todavía de pie en medio de este camino... Vos y yo! Otra que la música, otra que el Coliseo, otra que América, otra que las pastillas de éxtasis, otra que la nieve, otra que los Rolling Stones, otra que el fútbol, otra que Lady Gaga, otra que los océanos, otra que plata y oro, otra que el sábado, otra que las astronaves, otra que la TV, otra que charlatanerías... Vos y yo, que nos tomamos de los puños, hasta amarnos, que vamos a la deriva en la corriente. Vos y yo, que atravesamos el fuego con un cubo de hielo en la mano, que somos dos puntitos pero vistos desde lejos, que nos esperamos lo mejor como cada primavera... Quería decirtelo porque lo tengo en el corazón, estoy segurísimo, amor! *

CONTINUARÁ

martes, 28 de abril de 2015

"ES UN ACTO DE FE EL AMOR" - Cap. 13 - (By Sil Barby & Marian Ce)

ES UN ACTO DE FE EL AMOR - CAPÍTULO 13





 Volver de aquellos momentos vividos en el Delta no fué tarea fácil, ambos quedaron en un estado de ensueño difícil de manejar y a la vez la realidad de la separación por más corta que fuera, los golpeó sin remedio.
-Guille por favor, quedate conmigo esta noche.
-Chiquitín lindo!.. No! no lo voy a hacer, Renzo debe estar llegando, por favor! Ayudame un poco! Vamos a ir manejando las cosas sin precipitarnos, por ahora vos a tu casa y yo a la mía. De a poco vamos a ir compartiendo cosas con tu hijo y así cuando sea el momento de dar explicaciones todo se va a simplificar.
-Si, lo difícil es ahora.- y tomando con las manos su rostro se aferró a esa boca que adoraba y se entregó a los besos con una pasión casi desbordante.- Te amo Guille!
-Y yo mi amor. Pero por favor, hacémelo un poco mas fácil. Dale!-Suspirando entrecortadamente.
Con gran dificultad Guillermo bajó del auto y antes de entrar a su casa volvió sobre sus pasos acercándose a la ventanilla- Cielito...fue el fin de semana más feliz y esperanzador que viví en toda mi vida- y guiñándole un ojo ingresó a su hogar.
Pedro quedó perdido mirándolo, hasta que la puerta se cerró y con la sonrisa en los labios emprendió el regreso para encontrarse con su hijo.
La semana arrancó sin contemplaciones y ambos regresaron a sus tareas, uno retomando el juicio que había sido pospuesto y el otro nuevamente en el estudio. Entre cliente y cliente Guillermo se servía un mate cocido y miraba la pantalla de su celular, ningún mensaje, se moría por llamarlo pero debía ser coherente. Al llegar el medio día de ese lunes, Guille no aguantó más y salió del estudio sin dar explicaciones.
Finalizando la jornada de juicio, Pedro organizaba su maletín cuando lo presintió. Levantó la vista y lo vió recostado en la puerta observándolo. Ya casi no quedaba gente en el recinto
-Buenos días Doctor, será que tiene algún tiempo para dedicarme en el almuerzo?
Pedro, con el rostro iluminado se acercó rápidamente y se lanzó a sus brazos apretándolo con fuerzas.
Almorzaron frente a Tribunales hablando animadamente de todo, se regalaron sonrisas y miradas cargadas de afecto y complicidad, algún roce de manos imperceptible para el resto pero cargadas de ansias que solo ellos percibían. Se dedicaban palabras amorosas, proyectaban y soñaban con, tal vez, un futuro cercano, juntos...


En el transcurso de las semanas se repartían entre el trabajo, salidas con los niños y alguna que otra noche en que lograban hacerse un espacio para estar solos, siempre con la complicidad de Marta, que aún no podía creer ver a su jefe en ese estado de plenitud después de tantos momentos de tristeza y soledad en que había perdido la esperanza de verlo sonreír de nuevo.
Cada tanto, Pedro atacaba con artillería pesada, tratando de convencer a Guille que de una vez por todas aceptara su propuesta de iniciar la convivencia. Había acudido a las más variadas estrategias, desde hacerse el ofendido, hasta las más poderosas armas de seducción, las que para Guille resultaban casi imposibles de resistir, sin embargo reaccionaba con evasivas que provocaban su enojo, hasta que se dejaba vencer por sus caricias y el disgusto daba paso a la pasión y perdido en sus brazos se olvidaba de todo.
Seguían sin noticias de Moravia, y bajaron definitivamente la guardia, el juez estaba siendo investigado por una presunta relación con el narcotráfico así que suponían se encontraba demasiado complicado para ocuparse de ellos.

Esa noche, como tantas otras, Pedro lo invitó a cenar en su casa, Marta estaba de franco así que cenarían los tres solos.
Pedro organiza la comida, no tiene idea por dónde empezar, trata de recordar las instrucciones que recibió, pero definitivamente la cocina no es lo suyo, Renzo juega en su habitación con los rompecabezas cuando suena el timbre.

-Renzo! mirá quién viene!!! - mientras abre la puerta y lo saluda en un abrazo apretado.
El niño se levanta de un salto y corre gritando
-Guilleeeeeeee!
-Hola precioso! como estás hoy?- agachándose lo carga en brazos y disfruta las caricias que le obsequia, los besos ruidosos en las mejillas y la sonrisa de hoyuelos de la que no puede escapar, ese pequeño lo tiene tan enamorado como el padre.
-Bien, venís a jugar conmigo? - bajando y tomándolo de la mano para llevarlo a la habitación.
-Claro que si amorcito, pero primero veamos cómo le está yendo a papá en la cocina, si? Que te parece si lo ayudamos un poco y después jugamos un rato antes de la cena. ¿Querés?
-Siiiiii-grita emocionado y sale corriendo en busca de los juguetes.
Pedro no emite palabra, absolutamente anonadado observa ese vínculo entre ellos que se fortalece con cada momento compartido, se emociona al notar que ambos se quieren, más que eso, se adoran, una lágrima puja por salir y, tratando de disimular, retoma su trabajo en la cocina y Guille que lo nota, se acerca.
-¿Abro un vino?-haciendo un gesto cómplice le guiña un ojo-
-Si, por favor- aclarándose la garganta.
Mientras Renzo junta las piezas del rompecabezas, para compartir el juego, Guille se acerca y le brinda un leve roce en el rostro, quitando la lágrima que asoma traviesa.- ¿Estás bien?
-Perfecto, estoy perfecto. Son lágrimas de felicidad y vos sos el culpable!
Sonriendo posó la mano en su frente y la deslizó en una caricia que derrochaba ternura.

Durante la cena, Guillermo enseña al niño a usar los cubiertos con infinita paciencia, y éste lo observa atento, y en espejo, copia uno a uno sus movimientos y sus gestos. Pedro trata de reprimir su sonrisa cuando lo visualiza imitándolo torpemente. Definitivamente, su hijo cayó rendido a Guillermo tanto como él.
Es viernes así que Renzo puede jugar un rato mas, comparten una película, pochoclos incluidos, hechos por las expertas manos de Pedro. Sentados en el sillón el niño se acomoda entre ellos y se recuesta por el brazo de Guille acomodando las piernitas sobre las de su papá.

-Guille!-en una voz suave, llena de dulzura.
-Si precioso, qué pasa?
-Porqué nunca te quedás a dormir con nosotros?

Levantó inmediatamente la cabeza mirando a Pedro con un gesto sorprendido y chocó con la ansiedad en los ojos pardos.
Respira hondo-Y bueeeeno, porque yo tengo mi casa, mis cosas, no puedo dejarlas solitas.
-Y traelas! yo quiero que te quedes con nosotros! asi a la mañana nos despertamos juntos y tomamos la leche, y podríamos jugar tooooodas los dias, y después podemos ir a buscar a Sofi también para que venga a jugar con nosotros. Podrías dormir en la cama de Marta hoy que no está, o con mi papá, él tiene una cama graaaaande.
Pedro, aprovechando la situación, agregó.
-Claro Guille! traé tus cosas y quedate acá, nosotros te extrañamos cuando no estás, cierto hijo? mirandolo burlón.
-Siiii! mucho!
Sin poder creer a lo que llegó Pedro con tal de convencerlo, hace un gesto sonriendo y moviendo la cabeza se dirige al niño.
-Vamos a hacer una cosa, hoy, como se hizo algo tarde me quedo y después vamos viendo si?
Renzo saltó del sillón feliz y lo abrazó con todas sus fuerzas.
-Gracias Guille!!!

El pequeño se rindió al sueño en sus brazos y él con delicadeza, lo llevó a su habitación mientras Pedro ponía orden en la cocina. Le regaló un pequeño beso y lo observó acomodarse en su cama. Después de arroparlo encendió la pequeña luz de noche, controló que estuviera bien tapado y acarició su bella carita que descansaba apasible. Era tan hermoso!, aún dormido se podia vislumbrar el parecido con su padre.

Salió del cuarto y Pedro lo esperaba con un café caliente.
-Cielito, a vos te parece hacerme esto a mi?
Pedro lo miró y tratando de contener la risa asintió feliz.
-Yo soy un hombre grande! no podés manipularme así, y usando a tu hijo!
-¡Manipularte!? yo?, nooo Graziani, el niño te preguntó, fué su idea,  yo solo ayudé a convencerte, era mi obligación, como padre, estar atento a las necesidades de mi hijo-regalandole una sonrisa picara.
-Sos muy atorrante Pedro. MUY!!! Pero te amo!

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Esa "primera" noche en que Guille aceptó quedarse a dormir en casa de Pedro, se repitió con una frecuencia inesperada para él. Ya no hallaba excusas válidas ya que Renzo se adaptó a eso de una manera casi inexplicable. El niño rebosaba amor por todos lados y en todas sus actitudes se mostraba feliz con su nueva vida. Así que a medida que el tiempo transcurrió, lentamente algunas de esas "cosas" de las que hablaron esa noche se fueron quedando allí sin siquiera percibirlo. Alguna muda de ropa, cepillo de dientes, libros, discos, ya tenían su lugar y de a poco Guille comenzó a sentir esa casa como propia, dejando sus huellas en cada rincón que ocupaba. Marta se deshacía por atender a Guillermo de igual manera que lo hacía con Renzo, deseaba hacerlo sentir parte de ellos, estaba feliz por el ambiente de hogar que reinaba, y nunca había visto a Pedro tan dichoso y relajado.
Guillermo había abandonado el estudio los días viernes ya que ese día estaba dedicado, por las mañanas a Pedro y las tardes se llenaban con juegos, dibujos, parque y ese amor tan tierno de los pequeños Renzo y Sofía que tan bien completaban esa vida que, tiempo atrás, sentía vacía y solitaria.
Pedro vivía intensamente cada minuto que pasaba cerca suyo y respiraba ese aire de serenidad que la presencia de Guille cerca suyo le regalaba. Cada momento gozaba de una plenitud nunca antes alcanzada, y apenas podía creer cómo en tan poco tiempo y sin poner tantas presiones compartía cada vez más su espacio con ellos.

-Amor, no sería hora ya que termines de traer tus cosas?
-mmm...si ... podría ser no? aunque tal vez conserve ese lugar para cuando no me aguantes más, tener a donde volver.
-Que tonto sos! jamás podria cansarme de tenerte cerca, me hacés el hombre más feliz del planeta.
-¿Del planeta? mmmm...mirá vos!-su expresión se nubló de repente y Pedro lo notó.
-Qué... qué pasa? Aún tenés dudas de "esto"?, no sos tan feliz como nosotros con esta nueva vida?
Esbozó una sonrisa -por supuesto que soy muy feliz, y no me quedan dudas de que lo mejor para mi es estar acá.
-Y entonces?
-Miedo, será, no sé. -Su voz salió entrecortada por la emoción, y bajó la vista evitando sus ojos- yo no podría vivir ya sin ustedes, Pedro, no me puedo imaginar un día sin "esto", sin embargo el miedo me invade y me paraliza. El paso del tiempo, la diferencia de edad, sos tan jóven Pedro! -brindándole un leve roce sobre sus mejillas- Te pusiste a pensar que cuando vos tengas mi edad yo voy a ser un anciano? me cuesta imaginar un futuro cuando siento que me queda tan poco tiempo para darte, y no soportaría que me mires de manera diferente, que tus sentimientos por mi se modifiquen.
-Guillermo-rodeando con ambas manos el rostro- jamás, escuchame bien, nunca! voy a mirarte de manera diferente, yo, te amo, te elijo como mi compañero en este camino, y lo voy a seguir haciendo por lo que nos resta de vida, por el tiempo que ella decida regalarnos, vos sos mi pareja, mi amigo, mi amante, la persona a quién no solo necesito a mi lado sino a quién, además de querer en mi cama, deseo confiar la crianza de mi hijo, a vos te parece que puedo cansarme ? te entrego no solo mi vida, mi futuro, sino también el de Renzo. Ya no hay espacios para que sigas dudando... Vení, dame un beso! dale!

Le regaló un beso cargado de pasión, y luego de perderse una vez más en esos labios que sucumbían rendidos a sus embates, lo tomó del mentón y le habló cerquita, en secreto. -Te amo Pedro, ¿vos sabés cuánto te amo?

Ese mismo fin de semana, luego de armar el inventario, diagramar el espacio para dar lugar a todo lo que quería conservar, y encontrar que hacer con el resto, llamaron un camión de mudanzas para trasladar los muebles y demás pertenencias de Guillermo.
Fabián se había ofrecido generosamente a llevarse por ese fin de semana a Renzo para darles la tranquilidad de hacer la mudanza y Marta los ayudó en lo poco que Guille le permitió hacerlo. Terminaron el sábado agotados, cenaron algo rápido, y , entre algunas cajas que aún no habían logrado desarmar cayeron rendidos al sueño uno en brazos del otro.

-Buen día, mi amor!!!
-Mmmm, buen día!!! Ahhh me duele todo el cuerpo.
-Y si mi vida! con todo lo que hicimos ayer! es lógico!, mirá lo que te preparé a manera de bienvenida.-apoyando la bandeja sobre la mesita de luz, se sentó a su lado.
-De bienvenida? Pedro! llevamos meses casi conviviendo! te parece una bienvenida ahora?
-No, eso es otra cosa, esto es más concreto! ya está, ahora no queda otra que estar acá, convivir definitivamente conmigo, antes, si necesitabas estar solo, te dabas una vuelta por tu antigua casa y te quedabas ahí, o cuando nos peleábamos te refugiabas en ese espacio, ahora ya no, ahora empieza la vida real. La verdadera lucha, así que si!! te doy la bienvenida, y acá, en nuestra cama dónde tantas veces nos regalamos caricias y palabras de amor, te prometo que, nunca me voy a ir de tu lado, que los momentos felices van a ser atesorados en mi corazón, para que cuando todo se haga cuesta arriba, solo necesite mirar hacia mi interior para reencontrar los motivos por los cuales hoy te elijo, y eso sea suficiente para volver a hacerlo, cada día, todos los días por el resto de nuestra vida juntos.
Desarmado por sus palabras, lo tomó de la nuca y lo besó efusivamente, dejándose llevar por lo que sentía, se abalanzó sobre él y vencido ante las caricias cargadas deseo, le hizo el amor con tanto sentimiento que el corazón de Pedro parecía a punto de explotar de tanto amor recibido y entregado en ese éxtasis que los arrasó y los dejó flotando en un mar de emociones.

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Hacía semanas que se encontraba deambulando sin rumbo fijo, escondiéndose tras las sombras de los peores antros, encubierto en un disfraz, desamparado, solo. Después de una vida de fiestas, lujos, respeto, poder, hoy no era más que un vagabundo sin rostro, despreciado por sus colegas y abandonado por aquellos a los que decidió "prestar sus servicios" creyendo que su nombre y su posición lo resguardaría de las consecuencias de sus actos. Algunos contactos aún le quedaban, esos incondicionales, los que le debían algunos favores, y a ellos recurrió, necesitaba huir de este país de mierda y dirigirse hacia aquel paraíso fiscal donde resguardó el dinero proveniente de sus sucios negocios, esos que creyó poder abandonar antes que todo explotara por los aires. Pero no se iba a ir así no más, no sin antes concluir su venganza.

Luego de un domingo lluvioso, ese lunes comenzaba a vislumbrarse el sol entre nubes obstinadas, prometiendo una cálida mañana primaveral. Guillermo se despertó temprano, se había comprometido con Renzo en acompañarlo al acto del jardín al que Pedro no podría asistir por sus compromisos laborales. Así que luego de desayunar con él, se dirigieron juntos a retirar el disfraz para el acontecimiento. Disfrutó de la tierna actuación del pequeño y se dió el gusto de tomar fotografías de todos los momentos del evento para que su papá pudiera deleitarse, aunque fuera a través de las imágenes.

Luego de saludar al pequeño y a su maestra, se encaminó hacia el estudio donde le esperaba una jornada por demás ajetreada.

-Precioso! cómo estás?
-Hola Guille, muy bien, ¿a vos, cómo te fué?
-Bien! Excelente!! Bo sabés lo hermoso que estuvo el acto!, Renzo tiene aptitudes eh!? Estoy pensando en que lo anotemos en algún taller de teatro.- Orgulloso.
Soltando una carcajada -Guille!! todos los niños a esa edad parecen tenerla.
-No no, los demás no. Sólo él.
-Bueno, después lo hablamos, escuchame, te paso a buscar cuando termino si? tengo algunas reuniones pero voy a tratar de terminar temprano.
-Dale, acá te espero... ¡Pedro!
-Si...
-Te amo.
-Yo también!

El día trascurrió entre casos sencillos, reuniones, nuevos clientes, y algunos planteos por parte de Matías, que se sentía abandonado frente a la actitud distante que había tomado Guillermo con él,  luego de algunas impertinencias que había cometido frente a Pedro y que le trajeron más de una discusión.
-Matías, acá el problema es que vos no te sabés ubicar. Tenés que comprender, Pedro es mi pareja, lo tenés que respetar.
-Está bien Guillermo, pero no podés dejar que sus celos interfieran en nuestro trabajo.
-No! estas totalmente equivocado, no son sus celos los que interfieren en el trabajo sino tus indiscreciones, así que Matías, o la cortás, o esta sociedad se termina acá.
Furioso, asintió sin emitir palabra y salió cerrando la puerta en un estallido.

Poco a poco, todos se fueron retirando, solo quedaba Gaby que esperaba que Alberto la pasara a buscar.
-Guille, le decís a Albert cuando llegue que me fuí? La verdad no me siento bien, lo espero en casa.
-Si, linda, andá tranquila, yo tengo que esperar a Pedro así que seguro lo veo.
Su socia se acercó y se colgó de su cuello.
-Guille, están bien con Pedrito no?
-Si, Gaby muy bien!
-Se los ve felices! y eso me llena de emoción, ustedes se lo merecen.
-Por supuesto que si, todos nos lo merecemos, ahora andá! dale!
Dándole un sonoro beso se retiró del lugar.

Se colocó los anteojos y se sumergió en un expediente tratando de adelantar trabajo. Un leve escalofrío surcó su cuerpo, seguramente Cuca había olvidado alguna ventana abierta, se levantó presuroso, guardó todos los documentos de su escritorio y comenzó a apagar las luces.

Se dirigió a la cocina, y mientras tomaba un vaso de agua, tomó su celular.
-Precioso, te falta mucho?
-No Guille estoy cerca, tranquilo.
-Estás manejando y atendés el celular??
-Estoy en un semáforo!!! chauuuuuuuu

Con un leve movimiento de cabeza, sonrió enamorado. Se dispuso a cerrar todo y cuando estaba al salir del estudio percibió un movimiento a su espalda. Giró sobre sus talones y registró la sombra que sin emitir sonido apuntaba con un arma, directo al corazón. En la oscuridad del lugar no alcanzaba a vislumbrar de quién se trataba.
-Pero, quién sos? que querés?- soltó levantando las manos.
Con la cara cubierta con una capucha, la sombra seguía apuntando.
Escuchó una siniestra carcajada que reconoció al instante.
-Orestes! te volviste loco?
-Noooo, loco no, yo no tengo nada más que perder, lo único que me queda en este país es mi deseo de venganza. Y es lo que vine a cumplir.
-Por favor, bajá el arma, no empeores tu situación.
-Empeorarla?, dejate de joder Graziani....el amor te volvió pelotudo? nada puede empeorar mas mi situación. El puto de mi ex yerno me va a pagar una a una todas las que me hizo a mí y a mi hija. Ni el pendejo ese lo va a poder sacar del infierno donde lo voy a meter con tu muerte.
-Moravia, Renzo es tu nieto, pensá lo que decís, si destruís al padre lo jodés irremediablemente a él.
Sonrió sarcásticamente-ese nene me importa lo mismo que su padre, su nacimiento fué el comienzo de la decadencia de Camila. Dame tu celular-ordenó.
Guillermo cuidadosamente quitó el celular de su bolsillo y se lo entregó.
Marcó la última llamada realizada.
-Graziani! cómo estamos hoy!! ya falta poco, hay mucho tránsito!
-Hola Putito!!!
A Pedro se le heló la sangre, podía reconocer esa voz donde fuera, y una puntada se hizo presente en su pecho quitándole la respiración.
Con voz queda asintió- Orestes...
-Ah veo que no te olvidaste de tu suegro querido! vine a cumplir mi promesa, despedite de tu amorcito.
-Ni se te ocurra hacerle nada porque te juro que te voy a encontrar y no te va a salvar nadie! Orestes! me escuchás?
-Pedro. Soy Guille, no vengas solo, llamá a la policia, por favor!-ni bien terminó de decir estas palabras el ruido de un disparo ensordeció a Pedro, que lanzó un grito de dolor.
Desesperado, apretó el acelerador y casi sin mirar alrededor transitó los cuatrocientos metros que lo separaban del estudio, bajó del auto enceguecido, rápidamente ingresó y encontró a Guillermo en el suelo, con la camisa cubierta de sangre. Aspiró aire profundamente y se abalanzó sobre su cuerpo intentando determinar dónde estaba el daño y cuál era su estado. Mientras con las manos temblorosas marcaba al 911. En ese momento Beto llegaba al lugar.
-Beto! fué Orestes! Seguilo! la policía está en camino, que no se escape!
Inmediatamente y sin acotar nada Beto tomó un arma que tenían guardada en un cajón y salió raudamente del lugar.
Tratando de no perder el contacto con sus ojos apenas abiertos le hablaba en un ruego. -Mi vida, no me dejes, por favor, mirame, no te vayas, no puedo vivir sin vos, no me hagas esto! mi amor!!!- Pedro lloraba desconsoladamente y Guille no lograba enfocar la vista mientras sentía el cansancio ganarle la batalla, oía su voz alejarse y en un tono apenas audible esbozó -Pedro, mi amor, no te vayas, no me dejes.- El dolor lo venció y los párpados como arrastrados por una fuerza incontrolable se cerraron sin remedio.

----------------------------------------Continuara-------------------------------------------------------


lunes, 27 de abril de 2015

" "P & G" LA MERCERÍA" - Cap. 16 - (By Guillermina Pedris)

"P & G" LA  MERCERÍA - CAPÍTULO 16 - LA GUERRA DE LOS ROSES





Atardecía en el Delta. La calma que reinaba anunciaba la tormenta. Ninguna de las dos casas vecinas notificaba movimientos, pero así como por debajo del césped las hormigas hacían su tarea, silenciosas y sabiéndose en falta, el grupo de mujeres que habitaba esa casa rentada se preparaba para abastecer su necesidad de ellos…  Ellos, los que les habían robado días y noches. Ellos, los que habían amado hasta las lágrimas. Ellos que había representado una ficción que las había conjurado en los mismos espacios, espacios que fueron sus trincheras ante el dolor. Espacios donde poco a poco fueron intercambiando palabras, se fueron consolando unas a otras y llegaron a lo que esa noche de enero en el Delta, se dejaba más que claro. Ya no eran solo las simples y acongojadas mujeres que solitariamente sufrían por un amor que no pudo ser en la pantalla, ahora eran un huracán que iba a saciar, fuera como fuera, la sed de verlos juntos y que esa maldita ficción les había negado.
Cuando la información se filtró, cuando supieron a ciencia cierta y por buenas fuentes que Pedro y Guillermo estaban juntos, nada las pudo detener.  Gracias al prodigio de las redes sociales, se fueron agrupando, se congregaron como se congregan instintivamente las golondrinas antes de emigrar…  Se tomaron su tiempo, hicieron vuelos de reconocimiento y cuando la bandada se sintió segura, tomaron vuelo y atravesaron los cielos tratando de encontrarlos.
No tenían muchos datos sobre ellos, sabían que habían abierto una Mercería, que seguían trabajando en el estudio, y algo habían escuchado sobre un diseñador que había invitado a Pedro a participar de un desfile…  Pero el destino es mágico, a veces misterioso y otras veces un aliado. Habían viajado juntas al Delta en busca de esa casita - por así llamarla- magra y desmedidamente austera,  donde ellos habían consumado su primera noche de amor.  Ese lugar que - coincidían- no se merecían. No sabían para que querían encontrarla, era una de las tantas preguntas sin respuesta que les había dejado lo que les pasó con esa ficción,  pero si de algo estaban seguras era que querían encontrarla.
Habían viajado de diversos y lejanos lugares del país.  Bariloche, Córdoba, Santa Fe, Rosario, Reconquista, Villa Constitución, y otras desde los mismos y lejanos barrios de Buenos Aires.  Sin importar de donde venían, la consigna era estar ahí, y ahí estaban. Pero ese destino desprejuiciado y travieso, había hecho que ellas no solo hubiesen viajado en la misma lancha que ellos -sin reconocerlos - sino que la casa que habían rentado para pasar el fin de semana, fuera justamente la quinta lindera a la que ellos habían escogido para pasar un fin de semana en recogimiento y soledad. 
El destino se rió en sus caras - pobres inocentes - ¿Recogimiento y soledad? Por esas cosas de la vida y también gracias a Camila y su agudeza, ahora ellas sabían que lo único que las separaba de ellos, sus grandes amores, sus Pedro y Guillermo por los que habían llorado, era tan solo una diminuta, baja y endeble cerca de madera. Ellos estaban del otro lado de esa cerca y fuera como fuera, ellas lo iban a lograr.
En la casa estaban Stella, Carina, Majo, Silvana, Romina, Marian, Camila, Maitena y Guillermina. Faltaban minutos para que llegara la noche. Las chicas se estaban organizando cuando escucharon no solo el motor de la  lancha sino también trotecitos apresurados y risas.  Corrieron a la entrada de la casa y vieron un grupo de guilledras correr hacia ellas y una lancha que partía.
Muertas de risa se acercaban entre otras, Juliana, Mary, Valeria, Mara, Esmeralda, Fiore… Y seguían llegando otras más, todas envueltas en una sonrisa.
_ ¿Qué hacen acá a esta hora? ¿Cómo llegaron?
_Nos enteramos por el Bunker - un grupo que habían creado en Whats aap - y nos trajo Maidana.
_Ese Maidana… ¡Que capo!
Se abrazaban, daban saltitos, estaban enloquecidas… _¿De verdad están acá?
_Si, están en la casa de al lado. Ya mismo les explicamos cual es el plan. ¿Tienen ropa oscura?
Se vistieron de negro para disimular lo mejor posible sus cuerpos con el follaje de la noche, y prepararon una tecnología que hubiese sido la envidia de la SIDE. Sacaron a relucir cámaras nocturnas, zoom de alta tecnología, filmadoras del tamaño de un encendedor y lo mejor que un detective pudiera tener. Pero quedaba un detalle sin resolver. Camila… Llevarla no era la idea y dejarla sola tampoco.  
Camila dormía - o al menos eso parecía - cuando Majo se acercó a ella.
_Cami… ¡Cami! ¿Me escuchás?
Restregó sus ojitos y bostezando preguntó. _ ¿Qué pasa mamá?
_Vamos ir a sacar una fotos en el parque, ¿querés venir?
_ No… _ Se abrazó a la almohada­.
_Cami, me da miedo que te quedes sola en la casa.
Camila ya volvía a respirar profundamente. Estaba dormida. Majo lo volvió a intentar. _¡Camila!
_ ¡Qué!
_Vamos al jardín hijita, a sacarnos fotos con las chicas y la tía Maitena.
_¡Y bueno, vayan!  Dejame dormir…
Majo se consoló pensando que de todas maneras iban a estar cerca.  Al salir se aseguraron de cerrar todas la puertas con llave y la dejaron en paz, durmiendo.  Al menos, eso creyeron.
Lo que nunca imaginaron es que por un pase libre al Parque de la Costa un niño - o una niña - pude hacer cualquier cosa. Apenas escuchó la puerta cerrarse, se deslizó de la cama…  Espió por toda la casa y cuando se supo sola, saltó por la misma ventana que había saltado horas antes. Corrió por la parte trasera de la casa tal como lo había hecho a la hora de la siesta poniendo cuidado en no encontrarse con las saqueadoras, porque eso era asegurarse el retorno a la casa, la custodia permanente de su madre o su tía, y la pérdida del pase libre al Parque de la Costa.
Para asegurarse que esta vez la escucharan lo antes posible, por el camino recogió una piedra del tamaño de un escuerzo. Llegó agitada y con algunos cabellos pegados a su frente. Golpeó la puerta con su deditos algo inconsistentes y sin esperar la respuesta, le puso a la puerta un piedrazo para la historia.
Al escuchar ese ruido, Pedro y Guillermo que ya andaban entrelazados y con seguras intenciones de guerra, supieron que se venía otro tipo de batalla.
_Dejame que voy yo, ya sé quien es – dijo Pedro.
_ ¿Cómo que sabés quien es?
_Es Camila, Guillermo, y si vino hasta acá a esta hora, solo hay una explicación.
_¡Ay no! ¡Decime que no Pedro! – Y se tomó la cabeza entre las manos.
_Lamento decirte que supongo que sí,  esperá que voy a ver qué pasa y vuelvo. Pero por las dudas vestite. _ Le dijo mientras se abrochaba el pantalón.
Abrió la puerta y quedó paralizado al verla, estaba más hermosa que en la tarde,  con ese camisón lleno de flores chiquititas como ella, las trencitas despeinadas, y unos anteojitos que antes no traía.
_ ¡Camila! _ se arrodilló hasta su altura. _ ¿Qué estás haciendo acá a esta hora? Es de noche, es peligroso…  _Le abrió sus brazos y ella voló hacia ellos. Lo abrazó sin pensarlo demasiado, Pedro le parecía el chico más dulce que había conocido en su vida. _ ¿Qué pasa Camila?
_Le vine a avisar a Guillermo que ya los descubrieron, ¡pero yo no dije nada!
 _ No te preocupes Cami, yo se que vos no dijiste nada. ¿Pero por qué estás sola acá? ¿Tu mamá y tus tías donde están?
_¡Ya sabés! ¡Están rodeando la casa! ¡Los quieren ver!
_¡Ay la puta madre! _ No tuvo tiempo de pensarlo, la metió adentro de la casa y fue con ella de la mano hasta donde estaba Guillermo.
Cuando lo vio junto a la nena saltó de la cama como un resorte. _ ¡Pedro! ¿Qué hacés con esa nena acá?
_Vino a avisarnos de…  Eso que hablamos hoy los cuatro. Vos, Tino, el Osi y yo…  ¡Guille! “Lo que temí me aconteció”_ Usó la clave.
Cuando escuchó esa frase se persignó. _Pedro, si eso que me decís es cierto, llevá esa nena con su mamá. ¡Nos van a acusar de proxenetas, Pedro!
_¡Claro que la voy a llevar a su casa, Guillermo! No te pongas así, son fans, no depredadoras. Pero si en la casa no hay nadie, me la traigo conmigo, sola no la dejo. Vos mientras tanto, llamá a Tino y a Carlos y deciles que estén atentos.
Pedro salió con Camila de la mano como paseando por la parte trasera de la quinta para acompañarla hasta la casa lindera. Mientras tanto, Guillermo,  ya más que nervioso, histérico, llamó a Tino para ponerlos al tanto.
Esa voz nasal y encima entredormida que se  sumaba a la situación,  le dieron ganas de subir, tirarlo por el balcón con un cartelito que dijera “Soy Pedro” y sacarse todas la pirañas de encima.
 _Nene, ¿Te acordás de la frase de hoy? “Lo que temí me aconteció.” Bueno, ya es un hecho. Vistanse y bajen, hay que protegerse.
_¡Uy! ¿Por qué? Si a nosotros no nos buscan, los buscan a ustedes.
_A ver si me entendés, tarado! Levantate, vestite y bajen, porque estas locas te van a sacar una foto en deshabillé y la van a publicar en todas las redes sociales, como publicaron ese orto de modelito quebrando la cintura que tenés.  ¿Entendiste?
_ ¡Qué ordinario!  Ya bajamos…
_ ¿Qué pasa Tino? _ Carlos se había despertado.
_Lo siento mi amor…  Es “lo que temí me aconteció.”
_¡¡¡Están acá!!! _ Gritó el Osi,  y ya se estaba poniendo los pantalones.

Pedro llegó con Camila a la casa.  La ayudó a entrar por la ventana, y cuando ella volvió para asegurarle que no había nadie, la hizo salir, y en sus brazos la llevó de nuevo a la casa donde estaba con Guillermo.
_ ¿Qué haces con esa nena acá?
_No la voy a dejar sola en una casa como esa. Me voy a dedicar a buscar a su madre y se la voy a entregar en los brazos. _Camila se abrazaba a Pedro como una  garrapata, feliz de estar entre ellos.
_Pedro, estás loco.
_Puede ser, pero sola no la dejo.
_¡Ay Peter! Estás maternizado… _ Se le escapó, pero la mirada de Guillermo no. Lo miró feo y fulminante.
_Bueno, ¿cuál es el plan?
_El de hoy. No queda otra.  La planta baja cerrada herméticamente y nosotros a la planta alta, la perspectiva es mejor desde arriba. Uno al frente, uno en el lateral que queda descubierto y otro atrás. Mientras tanto, tal como quedamos,  Carlos se va a ocupar que a nadie le falten municiones. El arma letal la vamos a dejar como último recurso. Usen la cantidad de municiones que tengan que usar, no escatimen. ¿La consigna cual es?
_ ¡Que no entren!_ Respondieron todos.
_ ¿Qué les van a hacer?_ Preguntó Camila con el ceño fruncido más de la cuenta.
_Nada malo, Cami _ la tranquilizó Pedro. _ Vamos a jugar un rato con ellas… Pero vos jugás para nuestro equipo, querés?
Ya no lo abrazaba, por poco lo ahorcaba._ ¡Siiiii!  ¡Yo juego para ustedes…!  ¿Qué me toca hacer?
_Ahora te cuento…

_Chicas, ¿están seguras? _ Maitena intentaba en vano frenarlas. _ Esto que van  a hacer es ilegal.
_Lo que ellos hicieron también, nos robaron el corazón.  
_¡Además no te olvides que acá no hay una cuerda! ¡Somos inimputables! ­_ Se rió como una hiena.
_Si, pero eso ya era de antes… _ Se volvieron a reír y comenzaron con el plan.
Se lanzaron contra la casa.
_Vos hacé ruido por allá que yo voy por acá.  _Una fue hacia una ventana que se veía bastante segura mientras la otra, ganzúa en mano intentaba abrir la puerta principal.
Lo primero que percibió fue un baldazo de agua helada que la dejó sin respiración. _ ¡Ay, hijos de puta! ¡Van a jugar sucio! _ Entonces pasó el santo a la que más cerca tenía para que lo hiciera correr. _  Se volvieron hostiles.  Plan B. _ En la planta alta, y con las luces apagadas para que ellas no pudieran ver de dónde venía cada ataque hidráulico, Camila y Pedro se daban la mano muertos de risa.   
 Ejecutaron el plan B.  Como pudieron fueron acercándose a Maitena que las miraba de lejos divertida y le dejaron los celulares y cada dispositivo que no se pudiera mojar.
_¡Nos jodieron! Si nos tiran con agua nos obligan a ir casi sin cámaras. Son una o dos las que se pueden mojar
 _Se pudrió todo… ¿seguimos?
 La respuesta no podía ser otra._¡Obvio!
Tanto Pedro y Camila al frente, como Guillermo en el lateral y Robertino apostado en la parte trasera, mas  Carlos que no para de abastecerlos, formaron una resistencia perfecta. Además de baldes cargados de agua tenían cientos de globitos inflados para hacerlas retroceder. Esa iba a ser la manera.  La hidrolavadora, camuflada en el parque e instalada en la red de agua, era algo que se iba a dejar como último recurso.
Por el fondo, dos se trepaban por un árbol,  pero la puntería de Tino era la misma que para elegir la  mejor tela para un modelo exclusivo. Simplemente perfecta. Les asestó tantos globazos que las hizo desistir. Saltaron desde el árbol hasta el piso y se pusieron a resguardo puteándolo en todos los idiomas.
En el frente la batalla era monumental.  Pedro y Camila se habían organizado a la perfección. Ella le alcanzaba los globos, le arrimaba los baldes que traía Carlos y le señalaba donde veía movimiento. Estaba fascinada y cada grito que se escuchaba abajo, cada globazo que hacía blanco en alguna de las chicas, ella arriba lo festejaba y aplaudía.  _ ¡Bien Pedro! Le diste!  Tomá, tomá otro… ¡Allá Pedro!
Carlos,  además de proveer a los arqueros que defendían cada ventana, cuando podía también se sumaba a la lluvia de globazos y con la fuerza propia de su apodo, hacía correr a las chicas a esconderse entre los árboles.
Las que hubiesen podido ganar la batalla, eran las que peleaban el lateral que Guillermo defendía,  y lo hubiesen logrado de no haber sido vistas por Camila que, muy astuta, vió la corrida que se generó abajo y le avisó a Pedro.
_¡Van todas por el costado y son muchas, Pedro! Guillermo solo no va a poder.
Se miraron.  _ ¡Carlos! ¡Carlos, ayudá a Guillermo! _ Camila, ni lerda ni perezosa, también fue a ayudar a Guillermo. Como mucha fuerza no tenía, buscaba baldes con poca agua pero se aseguraba que el chorrito cayera justo en el medio de la cabeza de algunas de las chicas, que no por la potencia, sinó por persistente y molesto, también jodía.
Hasta que Carlos llegó con algunos baldes y una mala noticia. _Estos son los últimos globos que quedan.  No hay más.  ¿Bajo?
_¡A mí los brazos no me dan más! ¿Pero  cuantas son Camila?
_¡Ufff! Un montón… Si esta tardecita llegaron muchas más que trajo Maidana en la lancha.
_¡Maidana y la puta madre que te parió!
_¡Guillermo, la boca! Está Camila…
_¡Bueno, decidan rápido! No hay mucho tiempo… ¿Qué hacemos?
_Bajá Carlos… Y ejecutá el plan.  Guardemos estos globos que quedan por las dudas, no los gasten. Carlos bajá y no dejes una en pie.
_¿Falta mucho para que les ganemos? _ Preguntaba Camila con el camisón empapado, despeinada como una india y con una sonrisa de muñeco maldito. _ ¡Qué lástima se terminaron los globitos! Era divertido escucharlas gritar.
_Ya voy, no está demasiado lejos.
Carlos, - el Osi - saltó por una ventana y se deslizó como un gato hasta el jardín. Encendió la hidrolavadora y aunque ellas trataron de defenderse, caían con la potencia del agua como mosquitos. En la planta alta, Guillermo, Pedro con Camila de la mano y Robertino, no podían parar de reír.
Maitena que se había corrido unos metros para ver el espectáculo, también se había tentado de risa. _¡Basta chicas! ¡Ríndanse o las van a ahogar!_ Les gritaba entre carcajadas.
Hasta que llegó el grito tan esperado por todas. _¡Abandonen el plan!
_¡Gracias! Estaba esperando ese mensaje, ¡no doy mas!  ¡Ya me caí tres veces del mismo árbol, ¡hijos de puta! ¡Nos tiran con una hidro!
Desde la terraza las pudieron ver, todas alineadas y levantando los brazos en son de paz. _Listo muchachos, trabajo realizado, esto se terminó.


CONTINUARÁ

domingo, 26 de abril de 2015

"CONFRONTACIÓN" - Cap. 9 - (By Mary Buhler)

CONFRONTACIÓN -  CAPÍTULO 9





Un baldazo de agua fría lo devuelve a la realidad.  El líquido lo empapa de punta a punta, haciendo que la tela del pantalón se le pegue aún más a la piel y que lo recorra un nuevo escalofrío.  Le arde allí abajo.  Eso le recuerda lo que pasó.  Baja la cabeza y trata de esconder el rostro de la mirada burlona de Miguel.  -Y, cuñado… ¿seguís empeñado en salvar el culo de mi hermano?  Mirá que no lo vas a conseguir.  Tarde o temprano va a caer.  Cuanto antes lo haga, menos sufrimiento inútil para vos. 
-¡Basta, terminá con esto! -le grita mientras alza la cabeza y sorprende a Miguel Angel con la dureza de sus ojos. Paradójicamente, nunca lo vio tan fuerte y decidido-. Jamás te voy a ayudar a llegar a él.  Torturame todo lo que quieras, pero no voy a traerlo.
-Eso es lo que tengo planeado, Beggio.  Pero cuánto menos dure la tortura, mejor para vos.  Dale, no seas cabeza dura.  Mirá que en esa valija hay mucho cotillón…
-Seguí, entonces.  Divertite que mientras tanto,  Guillermo ya debe haber conseguido quién te baje del palito. 
-Soñá querido, soñá… que no cuesta nada.  Chicos, continúen con la fiesta.
Esta vez los hombres se acercan y le tapan la boca anudándole un pañuelo.  Quisiera que le pusieran la capucha para no tener que ver nada, pero eso para Miguel también forma parte de la diversión.  El de cabeza rapada se para por detrás suyo y lo levanta en vilo sosteniéndolo de las axilas.  El otro libera sus manos de las esposas que las tenían sujetas.   Pedro siente que las piernas apenas lo sostienen, parecen pertenecerle a otra persona. El compinche se calza en la mano derecha un puño de acero y Pedro sabe que lo que le espera no será un dolor más.  El tipo se da vuelta y espera la señal de largada.  Miguel extiende los cinco dedos de una mano. El primer golpe lo deja sin aliento, siente como si un auto lo hubiera atropellado. Su cuerpo ya no ofrece resistencia, los músculos fortalecidos de su abdomen apenas logran amortiguar el impacto.  Es como si el auto ahora hiciera marcha atrás y volviera a pasar sobre su cuerpo, una y otra vez, implacable y preciso. Cualquier vestigio de pensamiento desaparece, el dolor se torna un aliado que lo libra del miedo y de la locura.  A un gesto de Miguel, los golpes se detienen, el tipo que está sosteniéndolo lo suelta y cae al piso.  Cuando por fin logra hacer entrar un poco de aire por la nariz, intenta gritar.  La mordaza se lo impide. Siente que la cabeza le va a estallar, le laten las sienes y el poco oxígeno que puede atrapar se vuelve insuficiente. Miguel se levanta y se acerca para apreciar mejor el espectáculo.  Disfruta ver los esfuerzos que hace por respirar.  Por encima de la mordaza, la piel de la cara luce enrojecida y tiene los ojos inundados de lágrimas.
-Sáquenle el pañuelo  -uno de ellos se agacha y se lo desprende-. Y ni se te ocurra gritar ahora.
Lo primero que hace es abrir la boca para capturar el tan preciado aire.  Intenta levantarse apoyándose en las manos pero una patada brutal lo tira nuevamente contra el piso. Miguel encuentra sumamente gratificante ese golpe así que ensaya algunos más. 
Mientras caminan por el campo, no dejan de observar en todas direcciones. Los pastos están crecidos y ofrecen un buen escondite de ser necesario. No parece haber actividad alguna en varias hectáreas a la redonda.  A lo lejos un tractor levanta una ligera nube de polvo y un grupo de aves surca el cielo que ya empieza a enrojecerse hacia el oeste. Todo transmite paz. El detective lo observa un momento de costado y repara en la cicatriz que asoma por la abertura de la camisa.  -¿Usted está operado del corazón y anda haciendo esto? 
-No importa, Luis.  No me queda otra opción.
-Bueno, yo de qué me asombro.  También me operaron de lo mismo y mire cómo fumo. 
-De algo hay que morir, no?
-Es lo que yo digo, no nos quedamos para semilla.
Se detienen al llegar al comienzo de la línea de árboles. -Ahora hay que andar con más cuidado, doctor.  Cuando se acabe el bosque hay un claro.  Allí no tendremos dónde escondernos.
Siguen hasta el final y distinguen el patio y el galpón.  Afuera no hay nada y el silencio es total.
-Descansemos un momento.  Cuando yo comience a andar, usted me sigue.  Vaya con la pistola en la mano y sin seguro.  No dude en usarla.  Y de ser posible, no me emboque a mí.
Guillermo le agarra el brazo.  -Luis, si algo me pasara… por favor, no desista de dar con Pedro.  Ayúdelo…
-Delo por hecho -le contesta con la voz quebrada.
Miguel abre el portón y sale afuera.  Delante suyo se abre un espacio que pareciera infinito.  La inmensidad del campo, la magnificencia de la libertad.  La idea de escapar lo asalta por primera vez.  Baja la vista y observa la pulsera de arresto que circunda su tobillo.  En pocas horas más, las rejas volverán a ceñirse sobre él.  Sabe que lo están vigilando y que una persona tiene el arma preparada para abortar su vuelo si decide escapar.  Necesita cumplir con su objetivo, aprovechar cada centavo de los dólares que gastó.  Si va a pasar el resto de su vida en la cárcel la plata no tiene mucho sentido, salvo por las comodidades que pueda comprar.  Lo de hoy ha sido algo que no imaginó que podría conseguir, la Providencia lo ayudó.  Ahora solo resta hacer venir a su hermano y cerrar el círculo incompleto, terminar aquello que empezó hace más de dos años y que se ha transformado en el cáncer de su existencia.  Saca el celular y busca el último número usado, el que marcó Pedro.  Al quinto timbre oye su voz. 
-Hola, Miguel.
Se queda petrificado.  Recorre el patio con la vista.  -Hermanito… ¿ahora sos adivino, aparte de puto? -sigue mirando hacia todos lados pero no distingue nada.
-Te recomiendo una cosa, Miguel.  No me subestimes.  No sabés con quién te estás metiendo.  Pasame ya mismo con Pedro.
-No va a ser posible, lamentablemente. Está un poco… indispuesto.  Creo que vas a tener que venir a hablar personalmente con él.  No creo que le quede mucho tiempo.
-Rogá que Pedro llegue a viejo, Miguel, porque si le pasa algo te juro que te hago mierda.  Con mis propias manos.
-No soy creyente, pero si lo fuera lo que rogaría es que caiga un rayo divino y reviente a todos los putos como vos. 
-Qué mierda querés. 
-Ya te lo dije.  Quiero que vengas.  Supongo que a esta altura ya tenés idea de por dónde andamos… ¿o necesitás que te vaya a buscar? Yo te diría que te apures… te repito que no queda mucho tiempo.  Y más te vale que vengas solo o no vas a tener oportunidad de llegar a verlo con vida. 
-¡Dónde estás!
-No te hagas el boludo, hermanito… Avisá cuando llegues a Saladillo y mando un auto a buscarte.  Y no te olvides.  Venís solo o te encontrás con un cadáver.
La línea queda muda.  Miguel vuelve a levantar la vista.  Nadie.  El muy hijo de puta sabía que era él, pero no tiene la más remota idea de cómo pudo averiguarlo. Van a tener que estar atentos.  No tiene miedo de que se descubra todo, qué más bajo puede caer, lo que lo enfurece es pensar que no pueda llegar a cumplir su cometido.
Entra al galpón y cierra la puerta.
Se queda con el teléfono en la mano, apretándolo contra su pecho.  Lentamente baja la mano y lo guarda en el bolsillo.  Se gira y ve al detective,  con la pistola en alto y escondido detrás de un eucaliptus al igual que él.   Se asoma despacio a mirar por el costado del árbol.   Ya no hay nadie, la basura regresó al interior del galpón.  Se estremece al pensar que lo separaron apenas unos  segundos de la fatalidad de salir al patio y encontrarse de frente con él. 
-Doctor… dígame si está listo -le dice Correa.
Cierra los ojos y evoca la cara de Pedro.  Eso basta para infundirle el valor que necesita.
-¡Vamos!
Arrancan al mismo tiempo.  Corren por el patio y se detienen a los costados del portón.  El detective apoya la oreja contra la chapa y se esfuerza por escuchar.  Solo oye voces difusas.
-Cuando yo abra la puerta vamos a tener un segundo y medio para entrar y disparar.  Si Pedro está ahí, corre peligro de que nosotros le demos.  ¿Es consciente de eso? -le susurra.
-De todo, Correa.  Yo no tengo salida.  Es usted el que está a tiempo.
Luis hace un gesto de desdén y continúa con las indicaciones. -Trate de disparar enseguida, apunte no demasiado alto, porque si están lejos les va a pasar por arriba.  Y muévase, no se quede quieto o es un blanco fácil.
Guillermo se siente misteriosamente calmo.  No sabe si es la pastilla que le dio el detective o la tranquilidad de llegar hasta donde está Pedro y tener la seguridad de que no se va a ir de allí sin él.   Si alguna bala llegase a tocar a Pedro… será muy sencillo tirar el arma y dejar que otra acabe con él. 
-A la cuenta de tres, doctor.  Y que Dios, si existe, nos ayude. 
Cuando entra al galpón ve que los tipos están discutiendo.  Se acerca a ellos y les pregunta qué pasa.
-Que no tenemos todo el tiempo del mundo para perder. Mañana temprano sale nuestro avión. Y su hermano no aparece. 
-Yo opino que acabemos con este y nos vayamos -agrega el otro señalando a Pedro.
-No me pueden cagar así… yo les pagué mucha plata y el trabajo no está completo si no los boletean a los dos. 
-Mire, si en una hora no aparece damos por terminado el asunto.  El capataz nos preparó dos hoyos, así que no joda amigo, o el que ocupe el segundo no será su hermano sino usted.
Miguel se endereza y los mira atentamente.  Con estos tipos no se puede hacer el gallito. 
-De acuerdo.  Esperamos una hora a que me llame mi hermano.  Ya debe estar en camino.
Mira a Pedro.  Está hecho un ovillo sobre el suelo.  Tiene puesta nuevamente la capucha y las muñecas atadas con una soga detrás de la espalda. No se mueve para nada, solo respira.   Miguel saca una pistola de su cintura y se le acerca.  La apoya en el pecho de Pedro.
-¡Bum! –dice y se echa a reir. 
El colombiano del bigote escupe a un costado y mueve la cabeza.  -Mira que he conocido tipos locos, pero como él…
-Esto está más largo que una semana sin carne. Yo creo que lo mejor sería matarlo también y largarnos. 
-No, se nos echaría la policía encima.  No podemos dejarlos en evidencia. Tiene que regresar al penal.
-Estoy harto de esta pocilga.  Voy a salir a fumarme un cigarrillo.
Cuando apoya la mano en la puerta lo primero que nota es que se abre con increíble facilidad.  Apenas la toca y ya sale disparada hacia un costado.  -¿Qué mierda? -exclama.
Lo segundo es que alguien esgrime un arma a un palmo de su nariz y sin decir nada, dispara.
Miguel levanta la vista y en una fracción de segundo sus manos toman la determinación que su cerebro no llega a elaborar. Levanta a Pedro y se lo pone de escudo.  Con una mano lo sostiene del cuello y con la otra empuña el arma y la apoya sobre la capucha.
El detective dispara dos veces más.  El otro tipo cae al segundo disparo sin haber podido usar el arma que sacó de su cintura.  “Gracias a Dios que son pocos”, piensa Correa. Ve al tipo de barba tirado al fondo contra la pared presionando el arma en la cabeza de Beggio.  Supone que es él, no puede comprobarlo con la capucha puesta. 
Guillermo lo empuja suavemente a un costado.  -Ahora me toca a mí, Luis.  Quédese aquí.
Lo ve caminar despacio y pararse a un par de metros de su hermano y de Pedro.
-Me querías, aquí me tenés -tiene el arma en la mano y apunta directo a Miguel.
-Sabés que no tenés opciones, Guillermo.  Si me disparás y no acertás, Pedro se muere.
-Tengo puntería, Miguel.  Sos vos el que no tiene salida.  Largá el arma y soltá a Pedro. 
Se miran.  Miden sus alternativas.  Guillermo está tranquilo y sostiene el arma con firmeza.  Se ayuda con la otra mano para que no le tiemble el pulso.  La distancia es corta, no hay muchas probabilidades de errar. Miguel está asustado, se le nota en la mirada y en el temblor de las manos.  Sólo necesita convencerlo y tal vez logre que lo suelte.
-La cárcel no es tan mala, Miguel, ya la conocés, ¿no?  En cambio la muerte… quién sabe lo que hay al otro lado…  ¿para qué arriesgarte?   Aún podés vivir muchos años más. A lo mejor sí existe el infierno para los tipos como vos, te aconsejo que lo pienses.
-¿Infierno? ¿Qué carajo sabés vos sobre eso? Infierno es la vida que me hiciste llevar… es la vida que arrastro cada día en esa cárcel mugrienta.   Vine acá a cumplir un sueño, hermanito… no me voy a ir sin eso.
-Miguel… te doy cinco segundos más y disparo. 
-No serías capaz, no tenés huevos… solamente los tenés para usarlos con putitos como este.  Decile adiós a Pedro… el primero en irse al infierno. 
Guillermo desvía la vista de los ojos de Miguel hacia su mano.  No sabe si lo ve o lo imagina,  pero el dedo que está presionando el gatillo comienza a moverse.  Levanta los ojos y lo que hace a continuación es algo que después no podrá recordar. 
La descarga le empuja la mano hacia arriba.  Escucha a sus espaldas gritar al detective, luego sus pasos corriendo en dirección a él.  Cae de rodillas y alarga sus manos temblorosas hacia Pedro.  Lo atrae contra él, le arranca la capucha.  Lo aprieta contra su pecho.
-Guille… -su voz es un susurro débil-.   Guille… ¿estás bien?
-Mi amor… mi amor… -Guillermo le besa la cara, le acaricia el pelo con desesperación.
Pedro tiene los hombros y la espalda empapados en sangre.  Lo revisa frenéticamente, busca la herida. 
-Es de él… -le señala Correa-,  la sangre es de Miguel!
Guillermo desata sus manos, lo abraza y hunde la cara en su cuello.  Por fin se permite llorar.
Entre los dos lo alzan y lo acercan a una canilla.  Pedro renguea más que nunca y se queja de dolores en el estómago.   -Creo que tengo algo dislocado, Guille…
Correa le pide que dé unos pasos solo mientras lo observa caminar. -No, está bien.  Si no el dolor sería peor.  Si puede aguantar hasta llegar a Buenos Aires, mejor.  Acá no nos van a creer tanto lo del asalto, y no podemos llamar la atención.
Mientras Guillermo lava la sangre bajo el chorro de agua evalúa las heridas y el alcance de los golpes.  -¿Dónde te duele más? -le pregunta.
-En el abdomen me dieron duro.  Las patadas ni las sentí de lo mucho que ya me dolía lo otro.
-¿Y… abajo? Donde me dijiste…
-Me arde como una quemadura.  Creo que me los cocinaron, Guille.
-A ver, vení y tratá de orinar. 
Lo lleva al costado del galpón.  El detective termina de limpiar las huellas que dejaron regadas por todas partes. 
-Me voy a buscar el auto.  No confío que estemos solos mucho más.  Si viene alguien con cara sospechosa, no dude en usar el arma. 
-Vaya y apúrese, hombre.  Ya está oscureciendo. 
Se da vuelta y observa cómo Pedro se sube el cierre del pantalón trabajosamente.
-¿De qué color salió?
-Verde… ¿es malo?
-¿Qué? -Guillermo corre a sostenerlo.  Pedro se ríe y al hacerlo comienza a toser.
-¿Todavía tenés ganas de hacer chistes? ¡La puta madre, Pedro!
Nota que está temblando.  Lo abraza y le pasa las manos por la espalda.  -¿Tenés frío? En el auto tengo la campera.
-Un poco… me quiero ir, Guille.  Quiero que se termine esta pesadilla.
-Y yo quisiera olvidarme de todo lo que pasó.
Un par de luces se acercan por el camino.  Guillermo sostiene el arma y la esconde tras la espalda.  -Es Correa -dice aliviado.
Lo acomodan en el asiento trasero y Guillermo se sienta a su lado.  Apoya la cabeza de Pedro sobre sus piernas.   
-Ahí en la luneta hay una frazada -le avisa el detective.
Lo cubre hasta el cuello con la manta y acaricia su pelo.  -Tratá de dormir, corazón… hay un buen trecho hasta Buenos Aires.
Pedro cierra los ojos y se duerme casi al instante. A los pocos kilómetros Correa detiene el auto y se baja con algo en la mano.  Regresa enseguida.  -Ya está.  Adiós pulsera carcelaria.
-¿Y usted cree que no saben dónde era la reunión?
-Todo es posible… si llegan a encontrar los cuerpos, van a pensar que se dieron entre ellos.  Y que alguno escapó con el botín.  No se preocupe, doctor.  Son cosas que pasan todo el tiempo en el mundo del hampa.
-A mí no me pasan estas cosas muy seguido. Por suerte.
-Lo bueno es que ya tenian los agujeros hechos, nos ahorraron el trabajo. Menos mal, porque ando mal de la ciática.
Guillermo suspira y se queda pensativo.  Correa lo mira por el espejito. 
-No se haga mala sangre, no vale la pena.  Eran ellos o nosotros.  Como en la guerra.
-Si,  pero una cosa es saber que no tenía opciones y otra lo que se siente… acá dentro.  Miguel era un demente, un psicópata… pero era el hermano con el que me crié.  Me cuesta aceptar lo que hice.
-¿Siente pena?
-No… es otra cosa.   Algo raro.  Voy a tener que luchar conmigo mismo, con la idea de que me convertí en criminal.
-No lo diga así, doctor.  Ser asesino es otra cosa muy diferente.  Usted mató por necesidad.  No tenía escapatoria.
-Tal vez me haga un cuadrito con esa frase y la lea todos los días hasta creérmela.
-Pero como abogado ya debe estar acostumbrado a tratar con cosas así.
-Si.  Pero siempre los que matan son los otros.
El detective enciende un cigarrillo y baja unos centímetros el vidrio de la ventanilla.
-Qué olor de mierda que hay por acá.  No veo la hora de llegar a la ciudad.
Guillermo  sonríe.  -Usted es de los míos…
-No se crea, antes me gustaba.  Cuando era chiquito.  Pero mi abuelo tenía una chacra, y todos los veranos me obligaban  a pasarlos ahí.  Si habré ordeñado vacas y juntado bosta… me vacuné, doctor.  Nunca más campo.
-Cuando lleguemos, vamos al primer hospital que encontremos.  Quiero que le hagan radiografías.  Después pasamos por el estudio y le doy sus honorarios.  En la caja fuerte tengo unos… veinte, veintidos mil dólares.  ¿Le parece bien Luis?
-Por un día de trabajo duro está más que razonable.  Me va a venir bien para hacerme ese viajecito que estaba soñando… a la Polinesia. 
-¿Le gusta ese lugar?
-No sé, no tengo idea.  Pero me gusta como suena.  “Me voy a la Polinesia”.  Imagino mujeres en bikini ondulando el ombligo.
-Yo vine hace poco de Brasil… y ya estoy empezando a extrañar algunas cosas. Qué curioso.
-Lo raro sería que no lo haga.
Pedro se remueve en el asiento y se queja dormido.  Le acaricia la cara y se siente un estúpido al pensar que pudo haber actuado mal.  El premio está allí, descansando sobre sus piernas.  “Chiquito mío, cuánto te amo.  Qué no haría por vos…” Le conmueve verlo dormido, la boca entreabierta, le recuerda más que nunca al niño maltratado que sabe que fue.  Su alma se llena de dolor al pensar en eso. Se promete una vez más dedicar el resto de su vida a reparar esa injusticia, y también esta, la de haber caído nuevamente víctima de la locura de su hermano. Pedro se merece todos los resarcimientos del mundo. Él se encargará de procurárselos.
En Buenos Aires cumplen con el itinerario previsto y con el libreto que tenían preparado: un secuestro extorsivo, no avisaron a la policía, los delincuentes lo liberaron.  Los análisis salen bien y no muestran  sangrados internos.  Le dan calmantes y le curan las heridas y les hacen prometer que descansará y volverá a ver un médico en veinticuatro horas.  En el estudio Guillermo salda su deuda.  El detective los alcanza hasta la casa y lo ayuda a subir a Pedro por las escaleras.  En la puerta se despiden con un cálido abrazo.
-Dígame, doctor… tengo una duda desde hace tiempo.
Guillermo le hace un gesto alentándolo.
-¿Por qué me apodó Copperfield?
-Porque usted es un mago para resolver misterios… ¿Se acuerda del caso aquel, el del tipo que estaba acusado de matar a esa familia? Solo usted pudo dar con el verdadero asesino. ¿Por qué, no le gusta el apodo?
-No sé… hubiera preferido que me diga Houdini. Ese es más de mi gusto, era un genio el muy hijo de su madre.
-Pero ese era un escapista más que mago.
-Las dos cosas, le informo. Y además, es lo que pienso hacer ahora mismo, doctor. Escapar.
Guillermo sonríe y le palmea el brazo.
-Gracias, Luis… nos salvó la vida.  No sé si volveré a necesitarlo para algo personal, espero que no…
-Yo también lo espero.  Si no nos vemos de nuevo, que tengan una buena vida, los dos.
-Y usted, mi amigo.  Que disfrute la Polinesia y sus ombligos ondulantes.
Guillermo sale de la ducha y se queda parado y pensativo. 
-Maldita sea.  La notebook, Pedro.  Estaba en el bolso. 
-Tenías copias de respaldo en la red... y además estaba con contraseña.
-No sabemos en manos de quién terminó.  No me gusta. 
-Vení, mi amor.  Descansemos… lo necesitamos.  No te preocupes más.
-¿Camila no te llamó?
-No todavía.  Mejor.  Necesito un respiro.
-Dormí un ratito -le da un beso en la frente-. Voy a preparar algo de comer.
-No tengo mucho hambre. Nada, en realidad.
-Tenés que comer, mirá cómo estás. Parecés un gatito aplastado… voy a cocinarte algo rico y bien calórico.
-Está bien. Guille…
-¿Qué, mi amor? -pregunta mientras le acomoda un mechón de pelo rebelde que le cae sobre la frente. Pedro suspira y se queda mirándolo. 
-¿Vos creés que… que con la muerte de Miguel realmente todo esto terminó?
-No entiendo…
Nota la tensión en el rostro de Guillermo y sus ojos cansados. No soporta imaginar la odisea que él también vivió, decide callar sus miedos.
-No, dejá, no me hagas caso. Es que estuve tan seguro que moriría allí… Me parece mentira estar vivo, que estemos aquí otra vez. Me cuesta creerlo.
-Tuve mucho miedo también… pero vamos a superar esto. Te voy a cuidar, te vas a poner bien. A partir de ahora las cosas van a mejorar. Nos espera nuestra casa, te acordás? Pensemos en cosas lindas.
-Nuestro paraíso… -le dice con una sonrisa.
-Así es, amor. Mañana mismo voy a llamar al albañil y le voy a pedir que contrate gente para apurar los arreglos.
-Qué bueno -agrega y pega un bostezo.
Le acaricia la cara y Pedro cierra los ojos. En el umbral del sueño, le pide que lo abrace. Guillermo lo cubre con sus brazos despacito para no hacerle doler. Cuando por fin se duerme, apaga la luz y baja a cocinar.

CONTINUARÁ.
***