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domingo, 31 de mayo de 2015

"CONFRONTACIÓN" - Cap. 14 - EL FINAL - (By Mary Buhler)

"CONFRONTACIÓN" - CAPÍTULO FINAL







“TE AMARÉ” (Miguel Bosé)
Con la paz de las montañas te amaré
Con locura y equilibrio te amaré
Con la rabia de mis años
Como me enseñaste a ser
Con un grito en carne viva te amaré.
En silencio y en secreto te amaré
Arriesgando en lo prohibido te amaré
En lo falso y en lo cierto
Con el corazón abierto
Por ser algo no perfecto te amaré.
Te amaré te amaré
Como no está permitido
Te amaré te amaré
Como nunca nadie ha sabido
Porque así lo he decidido te amaré.
Por ponerte algún ejemplo te diré
Que aunque tengas manos frías te amaré
Con tu mala ortografía
Y tu no saber perder
Con defectos y manías te amaré.
Te amaré te amaré
Porque fuiste algo importante
Te amaré te amaré
Cuando ya no estés presente
A pesar de todo siempre
Te amaré.
Al caer de cada noche esperaré
A que seas luna llena y te amaré
Y a pesar de pocos restos
En señal de lo que fue
Seguirás cerca y muy dentro
Te amaré.
Te amaré te amaré
A golpe de recuerdo
Te amaré te amaré
Hasta el último momento
Seguirás cerca y muy dentro
Te amaré te amaré.
A pesar de todo siempre
Te amaré.
***
Colonia del Sacramento, Uruguay.
Bajan por el sendero adoquinado que desemboca en la costanera frente al río.  Las luces se van encendiendo y comienzan a envolver el ambiente en una cálida atmósfera colonial. La brisa es apenas fresca a pesar de haber comenzado ya el invierno y una luna inmensa asoma por encima de los techos de tejas como en las mejores noches de verano.  Llegan al paseo y miran hacia ambos lados.  Guillermo es el que la distingue primero, apoyada en la baranda. 
-Andá.  Yo te espero acá -se sienta en un banco y estira los brazos sobre el borde del asiento.
Pedro camina hacia ella, se detiene a dos pasos.  No lo oye llegar, está ensimismada contemplando las aguas oscuras.  La brisa juega con su pelo, le ondea el pañuelo que lleva sobre los hombros. 
-Camila…
Se gira bruscamente y lo mira con recelo.  De a poco una sonrisa se forma en su cara.
-Mentiría si dijera que no me agrada verte, Pedro.  Estás… distinto -repara en la mano derecha de Pedro apoyada en un bastón-. ¿Qué pasó, te accidentaste?
-Sí…pero ya estoy bien.  ¿Hace mucho que esperabas?
-Un rato, pero es muy agradable este lugar.  ¿Querés que vayamos a hablar a otra parte? Ví unos bares muy lindos de pasada.
-No, yo… no estoy solo -le hace un gesto indicándole hacia atrás.
Camila dirige la mirada hacia allá.  Sus ojos se agrandan por la sorpresa. 
-No sabía… perdón. 
-¿No te sorprende verlo tan… vivo?
-Ya me había enterado, Pedro.  Las noticias vuelan.  Por eso cuando me llamaste, me imaginé por qué te habías tomado la molestia -se da vuelta y enfoca la vista en el río-. Querés el divorcio para casarte con él -agrega con la voz cortada.
-¿Y éso aún te molesta?
Camila le clava los ojos. -Sólo me da un poco de tristeza.  Antes me dio bronca.  Que me hubieras mentido, que me amenazaras con mandarme presa por matarlo… me cagué en las patas, Pedro.  Me obligaste a huir.
-Te lo merecías, pudiste haberlo matado.
-Tenés razón, pero mi castigo fue de otra naturaleza -suspira hondo-. En fin, ya no importa.  Todo pasó.  ¿Trajiste los papeles?
Pedro abre el morral que cruza su pecho.  Le da una lapicera y unas hojas para firmar.
-¿Es rápido este trámite? -pregunta mientras firma donde él le va indicando.
-Alrededor de tres meses.
-Y qué va a pasar con el departamento y el auto que vendí… y el dinero de la cuenta.  ¿Te los tengo que devolver?
-No Camila.  No te preocupes por éso.  No los necesito.  ¿Vos estás bien?
-Trabajo y… no me quejo.
Le devuelve la documentación y la lapicera. -¿Listo? -le pregunta mientras mira hacia adelante.
-Si.  Gracias. Entonces… me voy.
-Esperá.  ¿No me vas a dar un beso?
Pedro se acerca y la abraza.  -Cuidate, Cami. 
Ella tiene la mirada fija en Guillermo.  Él está parado ahora y los observa preocupado.
Se separa de Pedro.  -Decile que me arrepentí de cada cosa mala que les hice.  Y que no me odie por lo que pasó aquella vez. 
Pedro asiente y le da un beso en la mejilla.  Se da media vuelta y se aleja. Los ve reunirse, con seguridad aliviados.  De sacársela de encima, de poder dejar atrás de una buena vez todo ese pasado hostil que ella debe recordarles.
Se acomoda el pañuelo alrededor del cuello, comienza a hacer un poco de frío.  Mientras recorre el camino hacia el auto, se promete a sí misma que en verdad intentará una nueva vida, que tratará de olvidar los sueños que tuvo y el amor que perdió.  Sólo tiene que alejar de su cabeza la imagen de esos dos… espantar incluso aquello que no se atrevería a confesarle a nadie.  La inmoral obsesión de desear a dos hombres… de imaginarlos juntos. El tiempo la ayudará a superarlo.
Los primeros adjetivos que le vienen a la mente, “atorrante, provocador”, quedan suspendidos en la nebulosa del desconcierto cuando Pedro, desnudo y exhudando el vapor de la ducha, saca de la valija una camisa y un pantalón  y en un abrir y cerrar de ojos cubre su cuerpo con ellos.  Se abrocha los botones de la prenda salvo los últimos dos, y la deja con los faldones sueltos sobre el pantalón.  Blanco, todo blanco, un manchón de pureza que refulge sobre su piel acaramelada. Comienza a caminar despacio hacia él, con la vista clavada en sus ojos que esperan, impávidos, que apenas pestañean para no perder ni un segundo la maravilla que están viendo. Se acomoda mejor, se alza un poco apoyando la espalda sobre las almohadas y sonríe anticipando lo que vendrá. No, no es un atorrante.  Atorrantísimo.  Se viste para provocar, para jugar un poco y arrastrarlo a la desesperación. Ésa que lo obliga a deslizar la punta de su lengua sobre los labios ardientes, la que le hace temblar el borde del mentón. Que lo deja librado a la más pura indefensión, con el alma desnuda y entregada. Como el primer día, como cada día. Como siempre será, lo sabe ya con una certeza demoledora.
Pedro se detiene a un paso de la cama.  Su sonrisa se abre y sus ojos se entrecierran en una mirada pura y atrevida como solo él sabe improvisar.  
-¿Estás listo para la clase, amor?
Piensa que entendió mal, que el sonido de su voz provocó una turbulencia en el aire y confundió sus oídos.
-¿Qué dijiste?
La sonrisa se hace más amplia, se contiene antes de estallar en una carcajada. Desliza una mano en su bolsillo y saca un papel, se lo acerca. Guillermo lo toma y lo tuerce para que le dé la luz de la ventana. No logra ver más que figuras borrosas, la caligrafía apretada y caótica que conoce tan bien.  Enciende el velador y se calza los anteojos. Pedro se ríe.
-¿Querés que te lo lea?
Levanta la vista un segundo a punto de retarlo, pero la curiosidad puede más y vuelve a mirar el párrafo.  Pestañea buscando despejar la vista, sin duda la luz es insuficiente o los anteojos ya no funcionan.  No comprende lo que dice. ¿Acaso está escrito en …?
-¿Qué significa ésto, Pedro? -levanta la vista y lo atraviesa con la mirada.
No se deja amilanar, hinca una rodilla en el borde de la cama y apoya las manos sobre el colchón. Su rostro queda a un palmo del suyo, su voz lo cerca despiadada.
-Repetí conmigo, no tengas miedo… no voy a tomarte examen.  Es sólo un ensayo.
Gira el cuerpo y se desliza sinuoso al otro lado de la cama.  Agarra un almohadón y lo acomoda sobre el respaldo de los pies.  Se apoya en él y lo observa desde ahí, bien lejos de su alcance. Los brazos estirados sobre el respaldo, la cabeza inclinada en ese gesto entre tímido y osado que altera los sentidos de Guillermo. Se pone nervioso, no entiende bien que clase de jueguito Pedro quiere practicar con él.
-¿Y…, qué tengo que repetir? Ésto es esperanto, Pedro. Ni loco me vas a escuchar decir estas palabras.
-No exageres, mi vida. Yo las pronuncio primero si querés. Pero ponele onda o no va a surtir efecto.
-¿Surtir efecto? ¿Qué son, un mantra, una invocación? ¿Una oración para curar el mal de ojo?
-No… algo mucho mejor. Vos decilas y ya vas a ver -le dice bajito y le guiña el ojo.
-Ah… ya veo. Son instrucciones para que te quites esa ropa inoportuna.
-Mmmm,  no andás tan lejos. Veo que vas captando el sentido.
Guillermo vuelve a mirar el papel. La primera frase ya le supone un tropiezo insalvable, pero si le ponde onda como dijo Pedro, tal vez lo espere una buena recompensa.
-Vem, meu amor e extingue o fogo da minha pele -ensaya con vacilación.  Alza la vista y mira a Pedro que sigue inmóvil mirándolo. Expectante. Su sonrisa se ha hecho más basta, no da señales de inquietud.  Parece que no surtió efecto el mantra.
-¿Te estás riendo de mí? ¿No te parece que estoy un poquito mayor para estas boludeces?
-No me río, amor… por ser el comienzo no está mal. Pero tendrías que aflojarte más. Abrir más la boca, dejar que las palabras fluyan con más libertad.
Piensa un momento en revolear el papel y abalanzarse sobre ese cuerpo esquivo. Pero un dejo de orgullo le impide claudicar. Todavía no. Carraspea y abre y cierra la boca. Se prepara como un tenor que va cantar su mejor ópera.
-Bueno, ahí vamos… Vem, meu amor e extingue o fogo da minha pele. Deslize a língua sobre os meus lábios, Morda-me a boca como um fruto maduro … -levanta una ceja y se frena ante lo que sigue. Se quita los anteojos y lo mira airado.
-¿Quién te escribió este adefesio pornográfico, Pedro? ¡Cómo pensás que voy a decir ésto!
-Qué… -le dice Pedro mientras se incorpora un poco-. Qué decís, amor… es poesía, nada de pornografía.  No seas malo, continuá… vas mejorando.
Vuelve a calzarse los lentes y suspira.  No es tan largo el escrito, un esfuercito más y termina esa tortura.
-Encerra com suas mãos minha virilidad ardente, beba minha seiva, enloquece meus sentidos… contágiame seu desejo -se detiene y lo mira sobre el borde de los lentes. Pedro no se ha movido ni un ápice.  La sonrisa sigue estampada en su rostro.
-¿Y…? No terminaste, seguí. Decilo todo y después empezás de nuevo.
-¿Queeeeé, vos estás loco? ¡Agradecé que lo dije UNA vez Pedro! Me hacés sentir ridículo.
No le contesta con palabras, se limita a abrir un botón más de la camisa. Lento, insoportablemente lento.  Guillermo traga saliva. Baja la vista y se persigna interiormente. “Maldito pendejo, siempre me puede”.
-Faça-me gritar, faça-me voar … quero ser seu homem, seu lado selvagem, Eu quero ser aquele que te faz delirar. Você é meu dono, eu sou seu escravo -se detiene-. ¿Qué quiere decir ésto?
-Nada…, seguí, no te detengas por favor!
-Eu quero ser seu para sempre, meu amor.
-Meuuu amooor, así, lento y estirado.  Hacelo más sensual, mi vida. No es el código civil esto.  Ponele erotismo.
-¿Erotismo? ¿A vos te resulta erótica esta sarta de palabras procaces? Agarrá un libro, Pedrito, para variar. Al menos me hubieras dado un texto de Pessoa. ¿De dónde lo sacaste, de la revista Playboy?
-Qué prejuicioso mi amor… lo que pasa es que no entendés lo que dice. 
-Ni falta que hace.
-¿Le vas a poner onda, o me levanto y me voy a jugar un solitario?
Titubea un poco, se siente medio pelotudo. Esas pequeñas cosas le muestran la diferencia que hay entre ellos. Pero no es tanto la edad como la manera en que ven las cosas. Aún le cuesta soltar las amarras y dejar que el viento lo despeine, aunque tenga poco para despeinar. Tendrá que hacer su mejor esfuerzo, el premio es demasiado jugoso.
Se da cuenta que no va a poder imprimirle la sensualidad requerida si no cambia la posición y la actitud.  Se levanta, da unos pasos y piensa cómo aflojar la tensión. Pedro parece adivinarle el pensamiento.
-Poné la lista de reproducción que tengo en mi celular. La que dice “Brasil”. 
Cualquier cosa con tal de apurar el trámite, busca el celular de Pedro en el bolso y lo enciende. Sonríe al entrar al reproductor de música. La única lista es la que dice Brasil. Pedazo de caradura. La pone en funcionamiento. La voz de Chico Buarque se alza sensual y cálida desde las notas de Oh qué será. A su pesar, tiene que admitir (aunque no lo diga en voz alta), que el tema calienta. Y sumado a ese hombre que lo espera allí en la cama, bien vale el esfuerzo. Es un combo irresistible.
Se sienta en el borde de la cama, contrario al de Pedro. Lo suficientemente lejos para no poder tocarlo y lo oportunamente cerca para llegar hasta él en pocos pasos. Se abre la camisa y con la mano que tiene libre, la que no empuña el papel, acaricia el vello de su pecho.  A él lo tranquiliza y a Pedro ese gesto lo vuelve loco.  Humedece sus labios y ensaya una respiración profunda. Uno dos, uno dos. Ya está, va a tirarse a la pileta.
-Vem, meu amor e extingue o fogo da minha pele. Deslize a língua sobre os meus lábios, morda-me a boca como um fruto maduro… -Pedro se pone de costado, apoya un codo sobre el colchón y lo mira atento-. Encerra com suas mãos minha virilidad ardente, bebe minha seiva, enloquece meus sentidos… contágiame seu desejo.
Guille lo mira fugazmente de reojo y Pedro le guiña un ojo alentándolo a seguir.
-Faça-me gritar, faça-me voar … quero ser seu homem, seu lado selvagem, Eu quero ser aquele que te faz delirar. Você é meu dono, eu sou seu escravo... Eu quero ser seu para sempre, meu amor.
Se gira y lo mira esperando el veredicto.
-¿Y, te pasa algo?
-Si largás el papel y me lo recitás al oído… a lo mejor me subís un par de grados más.
Le sonríe con los hoyuelos asesinos. Se tiraría de un precipicio por esos hoyuelos. Arroja el papel, se quita los anteojos y repta hasta su lado.
-Vem meu amor… -comienza en un susurro grave y lento. Pedro se abalanza sobre su pecho y comienza a deslizar su boca sobre la piel que tanto lo pierde-. Extingue o fogo… da minha pele -su voz baja de volumen y se torna más grave-. Deslize a língua sobre os meus lábios…
Ya no lo deja continuar.  Pedro le tapa la boca, obedece sumiso a ese pedido.  Mordisquea sus labios, entrelaza su lengua, suspira en su oído. Manos que buscan frenéticas, ropa que vuela por los aires, gemidos que apagan el sonido de la música en el celular. “Oh qué será, que será…”
Por la Calle de los Suspiros, caminan muy juntos, sin apuro, se dejan llamar por el rastro sutil de los aromas que se desprenden de las puertas entreabiertas de los restaurantes. Eligen una mesa en la vereda, mantel blanco, velas y los acordes de una guitarra melancólica de fondo. Hay poca gente, y la noche tiene la dosis justa de frescura.  Cuando el mozo se acerca a tomar el pedido Pedro le pregunta por la especialidad de la casa. Les recomienda una cazuela a base de mariscos y algunas comidas más que esa noche no le interesan. Necesita recobrar el sabor que tanto añora, el dulce y picante gusto a mar que ya se le ha hecho imprescindible. Lo mira a Guillermo un segundo antes de ordenar, corrobora que está tierno y relajado como un pancito en la leche. La sesión de portugués lo ha dejado totalmente a su merced.
-Pedí, pedí vos. Como lo que elijas.
Encarga entonces las cazuelas y un Savignon.  Cuando el mozo se va, saca un papel del bolsillo del pantalón. Guillermo lo mira desdoblarlo parsimonioso y se pregunta qué nueva locura es ésa. Espera, ruega, que no sea otro “libreto”.  Pedro lo mira por un segundo y se sonríe. 
-No tengas miedo, esta vez me toca a mí.
-Mirá que si me hablás en portugués no te voy a entender un carajo.
-No, mi romántico amorcito, ésta va en castellano.
-A ver  -se acomoda mejor en la silla. Pedro comienza a recitar, primero tímidamente, con el correr de las palabras se afianza y su voz se hace más firme.
-“ Hay dolencias peores que las dolencias,
hay dolores que no duelen, ni en el alma,
pero que son dolorosos más que los otros.
Hay angustias soñadas más reales
que las que la vida nos trae, hay sensaciones
sentidas sólo con imaginarlas
que son más nuestras que la misma vida.
Hay tantas cosas que, sin existir,
existen, existen demoradamente,
y demoradamente son nuestras y nosotros...
Por sobre el verde turbio del ancho río
los circunflejos blancos de las gaviotas...
Por sobre el alma el aleteo inútil
de lo que no fue, ni puede ser, y es todo.
Dame más vino, porque la vida es nada”.

Dobla el papel, lo guarda y recién ahí levanta la vista y  lo mira.  Guillermo está tratando de contener la risa. 
-¿No te gustó? Es de Pessoa, como me pediste.
-No, me encanta, más recitado por vos.  Pero me causó gracia la ultima frase.
-A mí también me encanta -levanta su copa de vino y se la acerca haciendo un gesto hacia la botella-. Dale, servime… hacele caso al poeta.
Guillermo le sirve el vino y llena también el suyo.  Chocan las copas en silencio mientras no dejan de mirarse. Es imposible no hacerlo. Sus ojos renuncian a cualquier distracción, no hay estrellas ni río ni copas de vino.  Son ellos y un universo que los rodea pero está vacío. Lo único que existe, hoy, ahora, es esa mirada bendita, ese latido acompasado. Lo perfecto de la vida no es la ausencia de dolor sino ese milagroso instante de dicha, ésa que se mantiene suspendida como frágiles nubes de algodón sobre mares encrespados, la que nunca estarán seguros de poder mantener.  Por éso es más perfecta, por éso los hace tan felices.
La comida llega, y suma el placer sensorial de estar en el punto justo de sabor. Una mezcla sutil y exquisita. Dulce y picante como le gusta a Pedro. Salada y levemente ahumada como prefiere Guillermo.  Por momentos, el viento cobra fuerza y se empecina en apagar la vela que ilumina la mesa, y Pedro en volver a encenderla.
 -Dejá, Pedro… no hay caso.  Igual está de adorno.
-Me gusta mucho este lugar. Me hace acordar tanto al nuestro…
-¿Nuestro? Todos los lugares donde estamos lo son.
-Sabés que me refiero al Pelourinho.  ¿No lo extrañás ni un poquito?
-Mucho.  No veo la hora de volver -Guillermo toma un sorbo de vino.  Pedro se queda observándolo, piensa que bromea.
-A veces, todavía, no sé cuándo me decís la verdad.
-A mí me pasa lo mismo con vos, precioso…
-¿De verdad querés volver?  -le pregunta esperanzado.
-Sólo faltan seis meses para fin de año. Podemos ir a pasar las fiestas allá, o tal vez los carnavales... podría hacer el esfuerzo -agrega sonriendo y le guiña un ojo.
-Ah… es mucho tiempo.  Sí, podríamos -dice Pedro un poco apagado.
-De todas formas, entre hoy y fin de año nos espera un nuevo… proyecto.  ¿No te acordás?
Pedro estira la mano sobre el mantel y le toma su mano. Esta vez Guillermo no la quita, no necesita de permisos ajenos, le basta con su propia libertad. Ya no quiere ocultar. Como tampoco rendirse al temor de lo que vendrá o tratar de adivinar el tiempo que les resta juntos. Esas son cosas que le pertenecen a Dios. Que cada día traiga su afán, como dijo alguien más sabio que él.  El presente es todo cuanto poseen.
 -Sí, mi amor, cómo olvidarlo… -murmura Pedro-.  El proyecto más importante de nuestras vidas. 
Se sonríen, se dejan atravesar por la más absoluta felicidad.  El reloj se detiene, las voces se callan.  El amor es un suspiro en el tiempo, valiente y perfecto. 
Y por supuesto, resiste.
***

Fin

sábado, 30 de mayo de 2015

"OVNIs." - Cap 12 - (By Fiore M. Taylor)

"OVNIs." - CAPÍTULO 12





Guillermo se encuentra en la base de aterrizaje de transbordadores de la nave nodriza. Los lagartos van y vienen enfundados en sus uniformes rojos, con esos cascos horribles que meten miedo de sólo verlos y portando sus armas laser. Hay mucha actividad. Continuamente las pequeñas naves arriban y parten. Tiene que encontrar a Pedro antes que sea demasiado tarde... Si ya no es demasiado tarde, no quiere ni pensar en esa posibilidad.
Todavía no sabe bien por qué está ahí solo, tratando de llevar a cabo una empresa imposible y no pidió la ayuda de la Resistencia. Con el apoyo de Julie, Donovan, Tyler y la Quinta Columna (los Visitantes disidentes) tendría chances de salir victorioso.
Por dónde empezar a buscar? Lo pueden tener en cualquier lado. Y si lo congelaron y lo almacenaron como alimento? Y si lo pusieron en la cámara de conversión? Y si ahora es uno de ellos? No. Eso no puede ser. Pedro tiene una voluntad inquebrantable. Es demasiado fuerte. No se va a doblegar al proceso de conversión. Aunque todo tiene un límite. Les puede llevar mucho tiempo, pero pueden llegar a lograrlo. Tiene que revisar en todas partes.
Consigue escabullirse sin que lo vean y acceder al guardarropa. Necesita vestirse como ellos para poder movilizarse y pasar desapercibido. Se pone un uniforme, botas y toma también unos lentes oscuros y un gorrito con visera. La fortuna está de su lado y se hace también con un arma y con una llave que le da acceso a las zonas restringidas. Ya está. Ahora a buscar.
Pasa por delante de los gigantescos tanques con el agua que se están robando de nuestro planeta y llega a la Sección Especial 34, la zona de archivo, donde nos almacenan para comernos. Lo que ve le estremece el corazón y lo hace sudar frío, muy frío. Hileras infinitas de fundas que contienen hombres, mujeres y niños en estado de animación suspendida. Parece una tintorería donde cuelgan los trajes a distintas alturas, todos apiñados. De sólo pensar que su Pedro puede estar ahí, se queda sin aire y se le dificulta respirar. Pero tiene que ser fuerte. No puede darse por vencido. Tiene que luchar por encontrarlo y sacarlo de ese lugar hasta el final. Es... la batalla final.
Buscar ahí es como buscar una aguja en un pajar. Pero su instinto le dice que no está en esa sección. Pedro es demasiado valioso para ser comida. Es demasiado valioso y no sólo para él. Sin embargo, se va a tomar el trabajo de revisar cada funda. No puede dejar nada librado al azar.
Termina exhausto y no lo encontró. Al menos ya sabe que no se lo van a comer.
Se dirige a la sala de conversión. Con mucha cautela. Nadie puede verlo allí, pues no cualquier Visitante es admitido en ese espacio. Una zona altamente sensible donde sólo un puñado de los más poderosos tienen acceso.
Como lo temía. Pedro se encuentra dentro de la cámara de conversión. Esos malditos quieren lavarle el cerebro y ponerlo de su lado. Diana supervisa el proceso. Lo que tiene de bella, lo tiene de mala.
Pedro grita y se retuerce tras el vidrio. Le están friendo el cerebro. John, el Comandante Supremo, está nervioso porque no están logrando los resultados que pretende y la increpa a Diana.
-La conversión puede ser un proceso largo y difícil. No es tan fácil intervenir sus mentes como sus fuentes de agua.- contesta ella.

-Y sus signos vitales? - pregunta Diana.
-Bien, pero tiene antecedentes de coma. - le informa el asistente que lo monitorea.
-No es especialmente peligroso.
-Diana, con lo que vas a hacer cualquier fallo fisiológico puede agudizarse.

Buscan en su mente todo aquello a lo que teme. En eso se basa el proceso de conversión. Enfrentarlo a sus miedos, hacerlos reales, palpables, para erigirse ellos en los salvadores y crear un vínculo indestructible.
-Él teme y odia cualquier cosa abandonada. La sangre, los gritos y los golpes. Fue un niño golpeado. Tiene un trauma infantil. Una vez para escapar de su padre se ocultó en un edificio abandonado.
-Empieza.
-Iniciamos la conversión. Módulo 1.
Juegan con su mente y lo llevan a ese territorio que lo traumó. Es muy difícil huír de eso.
Pedro se tapa los oídos y grita.
-Era muy pequeño?
-Sí. Entre cinco y ocho años.
-Mejor. Aumenta la potencia.
-Pedro, soy Diana. Pedro, deja que te ayude a salir de aquí. Alguien intenta hacerte daño. Lo oyes?
En su mente, un monstruo lo persigue.
-NO! ES UNA MENTIRA, ES UNA MENTIRA!
-Pasa al módulo número 2.
El monstruo se abalanza sobre Pedro en su fantasía mental.
-Sus latidos son irregulares. - informa el asistente.
-Sé lo que hago. - contesta Diana.
Pedro grita desesperado.
-NO EXISTE, NO EXISTE! No estás ahí. Sos un juego de la mente. Sólo sos un estúpido juego de la mente. - Pedro impone toda su resistencia al límite de sus fuerzas.
-Su mente es fuerte. Pero será convertido como sea. Pasa al módulo 3.
-Pedro, haré que todo eso desaparezca. Estoy aquí para ayudarte. Ven a mí. Dame la mano. Quiero ayudarte Pedro. Deja que te ayude. - trata de convencerlo Diana.
-NOOOO!!! - y cae desvanecido al piso.
Guillermo entra y les dispara a los guardias con el arma laser. Pega un salto sobre los controles y rompe el vidrio que lo separa de Pedro. Pero en ese momento llegan los refuerzos y le dan en el hombro. Como puede, logra escapar por un recoveco, sin Pedro. Llega a escuchar la voz reverberante de Diana ordenando
-Llevenlo a mi laboratorio.
Claro, ella, además de ser el jefe de la nave, es la encargada de los experimentos. Una científica, lo que se diría. Y nada le gusta más que experimentar con humanos como si fueran conejillos de indias.
Guillermo abre la tapa de un conducto y baja por una escalerilla. Empieza a recorrer esos laberintos. A través de cada ventiluz hurga el panorama. Logra dar con el laboratorio. Lo tienen a Pedro encadenado a la pared sobre una especie de camilla. Su rostro delata el sufrimiento al que fue sometido. Más allá, sobre una mesada hay una bandeja de plata repleta de ratoncitos.
Trata de abrir el ventiluz, pero es imposible, está trabado. Y la herida en el hombro le disminuye las fuerzas.
La ve llegar a ella, a Diana, con ese paso característico de triunfadora, invencible, que se lleva el universo por delante. Y esa sonrisa malévola de superada. Los ojos que le destellan fuego. Es tan hermosa la hija de puta. Guillermo no puede evitar un suspiro y eso no le gusta nada, no puede suspirar por esa yegua malparida.
Diana toma la bandeja con los ratoncitos y se sienta al lado de Pedro.
-Te ofrecería uno pero no creo que te guste el menú. - le dice riéndose.
Pedro no la mira y ella agarra uno de esos pequeños animalitos, le acaricia la cabecita y acto seguido se lo traga.

-Más te vale que hables. No tenes opción. En breve tendremos listo el suero de la verdad y ya no tendrás escapatoria. Te lo vuelvo a preguntar. Cuál es la fórmula del antídoto para el polvo rojo?
El polvo rojo, aquél que estaba esparcido por algunas zonas del planeta, zonas que no podían pisar los reptiles pues les era letal. Salvo que contaran con las cápsulas de antídoto que habían descubierto los científicos de la Resistencia y que suministraban a los Visitantes amigos, los disidentes.
Como toda respuesta, Pedro la mira con ojos de hielo y le larga un escupitajo. Diana enfurece y lo abofetea con todas sus fuerzas. Un hilo de sangre comienza a deslizarse por el borde de la boca de Pedro.

Poco después ella cambia de actitud.
-Estos humanos... Algunos son muy apetitosos... Y vos... El mayor de todos.
Se le monta encima, provocadoramente.
-No ha nacido quien me rehuse. Te voy a hacer mío.
Comienza a desabrocharle la camisa lentamente y termina por arrancársela violentamente. Es en ese momento que Guillermo ve algo que lo paraliza. La piel del hueco entre el cuello y el hombro izquierdo de Pedro ya no es humana. Está verde y rugosa, y se puede ver el movimiento del bombeo de la sangre. Diana sonríe satisfecha. Le acaricia el pecho con ambas manos y le lame la zona reptiliana. Guillermo puede comprobar como las defensas de Pedro empiezan a mermar en manos de esa víbora.
Ella le suelta una mano de las cadenas y la toma entre las suyas. Se introduce cada dedo en su boca, saboreándolo, y luego baja un poco el cierre del uniforme y lleva la mano de Pedro a sus pechos.
El cuerpo de Pedro se tensa y comienza a respirar agitado. Y a Guillermo le pasa lo mismo.
Diana se ríe, se da cuenta que ya tiene a la presa en sus manos.
“Cómo es que la muy zorra sabe?” se pregunta Guillermo cuando la ve ir a los puntos exactos que siempre erotizaron a Pedro: el lóbulo de la oreja, la clavícula, el cuello, las muñecas y.. el tatuaje.
“Ese tatuaje es MIO”... “Pedro es MIO”. Guillermo siente explotar de bronca y que la sangre le hierve... de bronca... pero no sólo. Inevitablemente lo que está viendo se la aglutina toda en un solo lugar.
Diana continúa con su labor. Desabrocha el cinto, le saca el pantalón. Con su dedo índice baja suavemente por su pecho y violentamente introduce su mano dentro del boxer. Pedro gime completamente entregado. Lo besa y él responde al beso furiosamente, devorándola. Ella se suelta del beso, le entierra ambas manos en el cabello y lo libera de la otra cadena. Pedro la aferra con fuerza y le baja el cierre del uniforme. Queda en ropa interior.
“No tiene aspecto de iguana.” piensa Guillermo que siente todas sus terminaciones nerviosas en alerta y el corazón a mil.
Diana le quita el boxer dejando a la vista lo que provocó. Él le arranca la bombacha con los dientes y... y...

El sonido del ringtone del celular lo despierta. Guillermo se quedó dormido sentado en el sillón sobre la terracita. El celular en la falda. Ya amaneció. Descubre que tiene su mano en la entrepierna, topándose con una dureza. Las pulsaciones a 200 por minuto. El aire le resulta una cosa densa, espesa, difícil de inhalar. Le cuesta reaccionar y moverse.
El celular vuelve a sonar y lee en el identificador “PEDRO”. Rápidamente atiende, agitado por esa llamada que tanto esperó, pero también por el sueño que acaba de tener y que aún no le baja la excitación. Todo eso fue un sueño?
-Pedro! Mi amor! Dónde estás? Estás con ella?
-Con quién Guille?
-Con Diana.
-Quién es Diana?
Exhala aliviado, aliviadísimo.
-Nadie mi amorcito. Dónde estás? Estás bien?
-Sí, estoy bien. Necesito que me vengas a buscar. Estoy en Piriapolis. Te espero en el Hotel Argentino, sobre la rambla. Habitación 301.
-Ya salgo para allá.
-Dale. – Pedro está por cortar la comunicación cuando escucha
-Pedro!... Estás bien?
-Sí Guille. - nuevamente va a cortar
-Pedro!... De verdad estás bien, mi amor?
-Siiii, quedate tranquilo. - un nuevo intento por finalizar la llamada
-Pedro!... Te amo.
-Yo también te amo Guille, pero vení de una vez!
Guillermo corta y se queda dandole besitos al celular. Hoy más que nunca.
Necesita darse una ducha de agua fría, helada en lo posible, no, mejor revolcarse desnudo en el Glaciar Perito Moreno, para quitarse los efectos de ese sueño.
Maldita obsesión juvenil por Jane Badler. Nunca en su vida una mujer lo excitó como ella. No puede creer que después de tantos años todavía le provoca eso... Y con Pedro.
Cierra los ojos y se agarra la cabeza. Se avergüenza de semejante sueño. Y sobre todo del estado en que lo dejó. Qué deseos ocultos y reprimidos afloran a veces cuando uno sueña? Qué le está diciendo su subconsciente? Mejor dejarlo ahí. Lo último que quisiera es enfrentarse a un psicólogo para que se lo interprete.
Después de todo, es culpa de Pedro. Sí, es su culpa. Él le removió el tema de los extraterrestres y OVNIs. Treinta años pasaron desde que no se perdía un sólo episodio de V Invasión Extraterrestre.

Se da la ducha helada y va a comunicarles la buena nueva al resto del grupo. Todos están en júbilo porque Pedro apareció y está sano y salvo.
Pero Juan, que lo conoce bien, nota algo extraño en Guillermo.
-Guille, estás bien? Tenes la mirada rara.
-Estoy bien, sólo que tuve una pesadilla.
-Nos queres contar? Quizás te ayude a aflojar la tensión.
-NOOOOO!!! Quiero ir a buscar a Pedro YA. Y sólo pensar en él.
-Te acompaño. - le dice Juan.
-Vamos todos. - dice Marcial.
-No, no, no! Ustedes vuelvan a Buenos Ayres.
-Pero Guillote, al menos dejá que uno de nosotros te acompañe. Quién le va a llevar el auto a Pedro?
-Bueno, está bien. Vení vos. Pero llegás y te vas.
-Sí,sí. Ya entendí que queres intimidad. - le dice Juan levantando las cejas sugestivamente.
-No te desubiques Juan. Pero vamos ya de una vez, carajo! Mirá el tiempo que estamos perdiendo.
Y finalmente Guillermo y Juan partieron rumbo a Piriapolis.

CONTINUARÁ

viernes, 29 de mayo de 2015

"SOLO PROMESAS" - Cap. 17 - (By Luz)

"SOLO PROMESAS"  - CAPÍTULO 17






A lo lejos se podía distinguir,  más o menos por la neblina,  un barco pasar. Aunque afuera hacía mucho frío, adentro del auto se estaba bien. Varias veces escucharon los sonidos de los aviones al entrar y salir del aeropuerto, era majestuoso ver las pequeñas luces que después se convertirían en inmensos aviones, pero más maravillados quedaron al verlos sobrevolar el río, los pequeños sonidos de la madrugada daban ya paso a los sonidos de una ciudad que se despierta.
_Che, al final te saliste con la tuya, mirá son las 4 de la mañana y todavía andamos por acá.
 _¡Que decís! Si me hubiese salido con la mía a esta hora tendríamos que estar en mi casa o en la tuya haciendo lo que ya sabés.
_¡Ay! ¿Ni ese choripan con chimichurri que comiste te saca el enojo a vos?
_ Mirá, no me hables de enojos que cuando te besé te pusiste re enojado y casi te ibas caminando.
_¿Cómo no me voy a enojar?... me besaste con ese gusto fuerte a chimichurri y no conforme me lo hiciste probar,  el mío por lo menos no tenía condimento.
_ Bien que el chimichurri no te gustó, pero no me vas a decir que tu lengua no recorrió toda mi boca ansiosamente…
_ Bueno, bueno, para ahí, ( y se sonrió) sabés que te amo y como no voy a recorrer  tu boca, si verte  abrir esa boca me podía.
_ ¡Pero mirá que sucio sos! Seguro que pensabas que iba a poner otra cosa en la boca jajaja... yo también te amo, no te enojes.
_ Che, vos hoy estás con las hormonas aceleradas…
_Vos me ponés así, en este estado.
 _Vamos, si ya es tarde dejame en la avenida que tomo un taxi a casa.
 _ Si vamos, pero tomás un taxi a 3 o 4 cuadras de tu casa y no hay objeción.
 _Bueno está bien malcriado, ¿mañana comemos juntos en mi casa cuando vuelvas?
_ Si claro, portate bien mientras no estoy.
 _ ¡Ah bueno! lo que me faltaba escuchar......

_ Jaja no te enojes.....
El auto no tomó la avenida si no una cuadra del costado...
_Che, ¿no ibas a agarrar la avenida? No me mires con esa cara, no hagas trampa. No te enojes tontito, che ¿qué te pasa? ¿Algo te preocupa? Contame.
Paró el auto cerca de la acera y lo miró
_ Te necesito.
 _ ¡Huy huy! Hacémela fácil ¿O vos que te crees, que yo no?  Bueno, pareces un perro apaleado che… _y no pudo decir más nada, su boca empezó a ser besada con devoción y el juego volvió a comenzar  de nuevo.
_ Acá no chiquito, nos van a ver.
_ Un ratito, te lo prometo, _ mientras besaba su cuello y sus manos empezaban un recorrido por su espalda, _ un ratito _ le repetía al oído.
 _ Un ratito… ¿vos te crees que me alcanza con eso? Te lo pido, no me provoques.
 _ ¿Yo  te provoco? tu cuerpo no dice lo mismo jajaja _ y lo volvió a besar.
 Y en eso tenía razón, su propio cuerpo lo traiciona, no le responde.  Su cerebro no acata órdenes y se dejó llevar,   ya no le importó nada.
Lo tomó con las dos manos del rostro y lo besó,  mordió suavemente sus labios, su lengua.
 _Vas a suplicar piedad por haberme provocado.
  _ Eso lo quiero ver. 
Y se inició una batalla de besos y caricias, la ropa les molestaba a los dos, querían tocar, sentir... cada beso y caricia dada los hacía redoblar la apuesta.
 _ ¿Qué estás haciendo?
  _ Te voy a sacar la ropa…
 Unas manos lo pararon rápido. _ ¡No! ¿Estás loco? Che, que hacés…
_ Busco la palanca para bajar el asiento del auto.
_ Esa no es justamente la palanca chiquito…
 _ ¡Jajaja, ya me di cuenta mi vida! Te deseo, vamos a la parte de atrás y jugamos un piedra papel o tijera para saber quién va arriba o abajo.
_ Tarado, que juego ni que juego… ¿Qué crees? ¿Que vamos a poder hacer algo acá en el auto? Portate bien.
 Y se volvieron a besar con la promesa que esto continuaría....

Escuchó una voz que hablaba pero no sabía con quien y levanto la cabeza de la almohada y lo vio.
_ ¡Ahhh eras vos! ¿Qué hacés acá? ¿Qué hora es? _con cara sorprendida.
_¡Huy disculpa! Te desperté.  Me baño y me voy rápido a tomar el avión, van a ser las 6:00, vine porque mi bolso quedo acá.
_ ¡Las 6:00 de la mañana! No hay problema… Que carita, algo bueno debe haber pasado.
 _ No tan así pero te llamo y te cuento. Dormí, nos vemos mañana
............................................
Llegó a su casa muy cansado pero pensó que un buen baño y un café le sacarían el cansancio y la tristeza, todavía podía sentir en su boca sus besos y ese sabor a chimichurri tan fuerte.
Se le iba a hacer eterno no verlo en todo el día, mejor dicho hasta mañana a la noche.  Ya se imaginó caminando por las paredes, pero tubo la ilusión que el cansancio acumulado más las compras de mañana no le daría tiempo de pensar en él, ese era un grave error.
Por supuesto que lo reconocieron y firmó autógrafos y saludó a todos en el aeropuerto mientras esperaba el embarque al avión… Siempre con una sonrisa cálida, un abrazo para la foto, así era él, simple, sencillo.  Mandó un mensaje solo con dos palabras: TE AMO que decían más que mil palabras. La respuesta no se hizo esperar... YO MÁS y el avión empezó a surcar los cielos... 
Podía todavía escuchar en su cabeza los aplausos de la función, un llamado a la puerta de su camarín le llamó la atención.  _ Pase! Hola, ¿que necesitás Luis? 
_ Hola, quería saber si venís a comer con el grupo, hace días que ni te vemos la cara, ayer nos hiciste el plantón, y mirá que estuvo buena la comida.
_ Qué bueno, comieron rico entonces…
 El celular sonó varias veces y tuvo que contestar.
_ Hola, cómo estás?  ¿Cómo te fue en la función..?
_ Hola, lo llamo en un momento…
_ Bueno, te anotas venís a comer con nosotros? No hay escusa, esta noche no te escapás.
_ Lo hablamos Luis. ( mientras cerraba la puerta del camarín) ¡Hola! ¿cómo estás precioso?
_ ¿Con quién vas a comer? ¿Dónde? ¿Quién mierda es ese?
_ ¡Huy ya vamos a empezar...!
La charla no fue tan buena, una hora discutiendo y queriendo explicar los porque de ir a comer con sus amigos, al final se enojó y le cortó.
Los celos de la distancia son los peores y más cuando las evidencias están a la vista. C,uando sumas lejanía + sentimiento de propiedad + bronca dan en total = celos desmedidos y cada palabra que se diga en ese estado pueden llegar a lastimar y herir sin querer.
Pero ninguno de los dos quería ceder.... “A mí no me va dirigir la vida, lo que me faltaba… Él se va y yo me tengo que ir a dormir como un niño bueno, andá saber que mierda vas a hacer toda la noche vos”. Tomó el teléfono _Si hola. ¿Donde se reúnen? Si voy por supuesto......
_ Se atrevió a cortarme y seguro que va a ir a comer con ellos, bueno hacé lo que se te cante... yo también voy a salir ( lo dijo mirando el celular ), pelotudo!
La mañana llegaría sin un llamado ni un mensaje de ninguno de los dos.... Nadie quería dar el primer paso para ceder, preferían sufrir y quedarse con la bronca... Mientras se preparaba para las últimas fotos sus pensamientos cruzaban la cordillera
_¿Con quién estará? ¿Que estará haciendo? Me muero de celos... ¿Lo llamó?. _La taza de café le sabía sin sabor y mientras la  reflexión lo alejaba mas de Buenos Aires.
 _Seguirá enojado porque le corté, por eso no llamó. ¿Vendrá a comer? ¿Y si lo llamo?
_ No, él tiene que llamar, me cortó, que se haga cargo. Estoy celoso, que boludo soy.
 _No te voy a llamar ... Vos estas en falta ..... Llámame...
En ese momento sin saberlo los dos al mismo tiempo tomaban el celular y marcaron.
_ Está ocupado… ¿Con quien estarás hablando a estas horas....?
_ Da ocupado, la reputa madre! ¿Qué hora de mierda es allá?
_ El contestador no, mensaje no.....
_ ¿El contestador? ¿Mensaje? para que....
Una tristeza inmensa los invadió ya el enojo y los celos daban paso a una sensación muy fea como de algo perdido y no encontrado...Tomó el celular y volvió a marcar llamaba.
 _ ¿Dónde estás?
Es él.  _¡Hola! justo te estaba llamando…
_ Yo también, por eso daba ocupado, pará dejame hablar porque me ahogo si no te digo lo que siento
 El miedo recorrió su cuerpo y pensó lo peor
_ Se que no te tendría que haber cortado, te pido perdón y confió en vos, pero sos tan lindo, tengo tanto miedo a esto......
_ ¿A esto? ¿Vos decís a lo que nos pasa? Yo te tengo que pedir perdón que te ataqué por mis celos desmedidos ,jajaja y no confías en mi porque yo tampoco confió en usted.
_ ¡Ahhh bueno! Entonces estamos en un problema serio, mirá yo creo que los dos  estamos pasando una etapa de miedos, celos, sumado a los compromisos laborales y ese temita que tenemos pendiente, nos hace decir o hacer cosas que no queremos, pero eso es normal en una relación, no todo siempre es perfecto, hay opiniones diferentes y sumado que somos conocidos, compañeros de trabajo se nos complica un poco......
_ Das mucha vuelta... que, ¿no vamos a seguir con esto?
_ ¡No! ¿Cómo te voy a dejar si yo no respiro si vos no estás? Porque vos estás, no?
_ Claro que estoy y ahora más que nunca....
_ Che decime a qué hora llegás? Terminaste con las benditas fotos?
_ Huy estamos ansiosos, señor!
_ Por supuesto, vos que te crees que no? Vos y yo tenemos una cena esta noche o te olvidaste?
_ Como me voy a olvidar..... Te aviso antes que salga el avión.... Te extraño
_ Yo mas... chau
_ Huy ya me vas a cortar… ¿Tan apurado estás...?
_ Chiquito tengo que ir al supermercado preparar todo y vos apurate en volver
_ Bueno, hasta luego.....
Y mientras el destino pensaba.... ¿Continuará ?
CONTINUARÁ