CAPITULO 7 – PARTE 1
Imposible evitarte.
Nunca te diré, amor mío, por qué corre lento el río. Pero pondré en mi voz estancada el cielo ceniza de tu mirada. Idilio
Federico García Lorca
Nada bueno imaginó Guillermo que lo esperaba ese día cuando se presentó en la feria de libros que su editora organizaba todos los años.
Su historia tardaría un año en publicarse, sin embargo, aun no lo convencía si había hecho bien en haberle hecho caso a los consejos del doctor Robles.
“Tal vez no tendría que haber escrito nada. Juan tenía razón. Necesitaba un tiempo para pensar y no ponerme a escribir como me aconsejó él médico. Aislarme del mundo y evadirme de mi propia realidad para poder dejar el pasado atrás.
¿En que estaba pensando cuando le pedí a José que se casara conmigo?
Me arrepiento. Voy a terminar por lastimarlo y no lo merece.
¿Acaso hay algo peor que esto?” - pensó al verse rodeado de libros.
Podían ser una buena compañía, pero el solo imaginar que podía dejar de ser un ser anónimo bastaba para sentir el deseo de salir corriendo de allí.
Sus pensamientos se entremezclaban en su mente y lo volvían más confuso. Había caído en la cuenta que su vida se iba transformando en un caos. Llevaba un año así, como si un tren lo arrastrara y no sabía hacia donde terminaría de conducirlo.
_Me pregunto si ya puedo pedirle un autógrafo ahora o tengo que esperar a que publique su libro.
Se dio vuelta dando apenas un brinco sobre sus pies, cuando la figura de Arismendi lo sorprendió. _ ¿Vos estás loco? _ expresó con los ojos desorbitados y la mano en su corazón. Se sintió sofocado por la forma en que lo había abordado.
_ ¿Era para tanto? _ replicó Juan, quitándose los lentes oscuros que llevaba puesto. _ No me digas, ¿esperabas a alguien?
_ No_ le respondió tajante. _Necesitaba que vinieras, porque estos lugares me resultan muy incómodos.
_ Vos no cambiás mas _ le afirmó, haciendo ademán con sus lentes. _Decime si te va incomodar venir a una librería.
_ La terminás?!
Se hizo una pausa entre los dos. Juan lo observaba y lo encontraba más inquieto y nervioso que de costumbre. No resultaba extraño por tratarse de un lugar en el cual Guillermo tenía que entrar en contacto con las personas. Sin embargo, lo miraba aun más y notaba un brillo en sus ojos que hacía tiempo no había visto.
_ Yo te conozco a vos _ le apuntó con el dedo_ ¿Vos te estás viendo con alguien?
_ ¿Qué decís? ¿A vos te parece que yo te pedí que me acompañaras para que me estés haciendo estos interrogantes sobre mi vida privada?
_ Soy una tumba. Yo no le cuento nada a Miller pero creo que tendrías que ser sincero con él. Mirá que sos guacho! Te lo tenías bien guardado tu amorío. No me contás nada y hace veinte años que nos conocemos. Decime. ¿Lo conozco?
_ ¿De qué estás hablando? _ inquirió Guille frunciendo el ceño. _No me estoy viendo con nadie y la terminás!
_ Vamos!_ insistió_ ¿Dónde lo conociste? Si fue en tribunales te digo que ahí nos conocemos todos. Se te va a hacer difícil ocultar por mucho tiempo tu romance. Estás demasiado nervioso _continuó _ y no te veo así desde que te enamoraste de Pedro. Además, el otro día llamé a tu casa y tu hijo me dijo que no estabas y que no fuiste a dormir.
_ ¿Y no sería más fácil para vos pensar que estuve con José?
_ Miller va y viene. Por lo que me contaron unos colegas va seguido a San Luis y ese día precisamente no estaba acá en Buenos Aires.
_ Eso no es así. Yo fui a su casa temprano y le pedí que me llevara para hablar con el fiscal.
_ Te habrá mentido o se tomó un vuelo de urgencia, por eso lo habrás encontrado en su casa.
_ Digo yo, veinte años…
_ Guillermo… _ la voz de una mujer que venía del otro extremo los interrumpió._ Acá estás _ le dijo su editora. _ ¿Y el señor? _ preguntó intrigada al ver la figura de su amigo que la miraba con una amable sonrisa.
_ Un amigo, Juan Arizmendi _ le respondió. _ Ella es mi editora _ acotó mirando a su amigo.
_ Encantada _ se congració ella, esbozando una sonrisa al estrechar su mano.
_ Encantado yo _ replicó y acto seguido se acercó a ella para besar su mano como todo un caballero.
Giovanna se sintió admirada y casi perpleja. Hacía tiempo que un hombre no se dirigía a ella con tan delicados y perfectos modales.
_ Déjeme corregir algo que Guillermo no le dijo. Soy más que un amigo. Digamos que nos conocemos de casi toda una vida. Podría decirle que casi podríamos haber sido almas gemelas.
_ Se acabó! A mi editora no le interesa mi vida privada
_ No, es un encanto! _ expresó ella riendo. _¿Siempre tiene ese buen humor?
_ No siempre. Tengo mis altibajos.
_ Bien _ dijo un segundo después _¿Venís Guillermo? necesito mostrarte algo
_ Ya voy. Necesito hablar unas palabritas con Juan y te alcanzo.
_ ¿A donde querés llegar con todo esto Juan? ¿Te gustan las mujeres ahora?
_ ¿No me digas que estás celoso?
_ Dejá de decir estupideces. Eso te gustaría _ acotó.
_ Solo fui amable. El hecho de que me gusten los hombres no significa que tenga que dejar de ser amable con las mujeres.
_ Vos viniste acá en calidad de invitado. Te callás y ni una palabra más sobre nuestro pasado _ le advirtió al irse.
_ Entonces pensaste lo mismo que yo, que podíamos haber sido almas gemelas.
_ Almas gemelas, déjame aclárate algo, lo nuestro empezó y terminó hace veinte años.
“Fué extraño, pero no pude rechazar la invitación que él me había enviado. Digo extraño porque después de todas esas noches en vela torturado por el pasado, la angustia se agolpaba en mi interior y los recuerdos tomaban fuerza. Todo el odio que había sentido, de pronto, se derrumbó entre mis manos y no había a mi alrededor más que soledad.”
¿Qué iba a hacer con todo este amor que sentía?
“Pensé que podía haberlo odiado con todas las fuerzas que quedaban dentro mío, así como odiaba y deseaba destruir a Camila. Pero no… y eso me hacía odiarlo aun mas, por mas contradictorio que pudiera ser. Porque no podía destruirlo. A él no. Porque si lo hacía iba ser como como destruirme a mí mismo. Y no entiendo porque quería hacerlo, por más desprecio que me había dado. Era como si una voz me reclamara venganza de una situación que aun desconocía.”
_ ¿Por qué no vas? _ preguntó Octavio al ver el aire de incertidumbre que ensombrecía a Pedro. Caminaba sin rumbo alguno por toda la sala de su departamento sin saber qué hacer. Si aceptar o rechazar la invitación que Guillermo le había enviado por la presentación de su libro.
Octavio no estaba de acuerdo. Le parecía que su encuentro podía abrigar esperanzas que nunca llegarían a cumplirse. Él sabía del compromiso que Guillermo tenía con José. Pero su amor era puro y sincero y por más que quisiera intentar que Pedro se enamorara de él, no quería ser un obstáculo para Guille y él.
Era el amor de su vida y lo aceptaba, por más que fuera para él como un puñal que lo laceraba por dentro. Si había alguna oportunidad para que volvieran a estar juntos él no se interpondría. Solo esperaba que su valentía no lo llevara a tomar la decisión equivocada.
_ Pensé que te molestaba mi relación con Guillermo.
_ No _le respondió con dulzura incorporándose del sillón._ Al contrario, lo único que quiero es que seas feliz, pero me da miedo que Guillermo te vuelva a lastimar.
_ ¿Qué decís? Él ni siquiera sabe, ni se imagina que estoy vivo. Que sobreviví.
_ Pero va a llegar el momento que tengas que decírselo y no creo que le guste saber que le mentiste
_ Él de seguro me olvidó.
_ Eso no es así. Él me pidió desesperado que lo ayudara a reabrir la causa de Camila. Le importás. Pero _ cambiando el tono de su voz _ tampoco podés olvidar como te trató esos últimos días.
_ Si estás intentando convencerme de lo contrario...
_ No lo hago _ lo interrumpió. _ Vos mismo me dijiste que sentís odio por él, por todo lo que pasó.Es evidente que es un hombre cambiante y no sabe bien lo que quiere o le dio miedo enfrentar la situación. Pero vos pasaste por mucho. Lo de tu padre fue demasiado para que te hagas responsable de sus sentimientos.
_ Yo necesito entender lo que pasó con él. No puedo quedarme con esta duda. Y tampoco puedo evitarlo. Tengo todo el tiempo esta sensación de querer saber dónde está y aparecerme sin que él se de cuenta.
_ Desearía que alguien me amara así como vos lo amas a él _ le confesó en un dejo de ahogo. _Quisiera que vos lo hicieras, que esos sentimientos que sentís por él fueran míos _ continuó, enredando sus dedos y con la mirada cabizbaja como hacia siempre que una situación le quitaba la calma.
_ Ya lo hablamos a esto Octavio. Yo te quiero pero…
_ Ya se, lo de siempre. Como amigo _ repuso dando un leve suspiro.
_ Sos más que eso _ le afirmó Pedro acercándose a él. _Sos mi hermano. No podría verte de otra forma.
Su acercamiento lo había estremecido, cosa que lo sorprendía. Estaba convencido que esa sensación, ese hormigueo que lo asaltaba de imprevisto cada vez que estaba a solas con Pedro, solo podía sentirlo alguien que sus sentimientos más profundos fueran correspondidos. Para Octavio, su amor solo podía producirle dolor y nada más que eso. Aunque no podía evitar pensar que había guiado sus pasos hacia donde él estaba, porque en el fondo, tal vez, estuviera sintiendo una emoción diferente a la de una amistad. Pero no. Evadió esa idea rápidamente de su cabeza antes que se alimentase. ¿En que estaba pensando? En todos esos años se había olvidado como era su mejor amigo . No era de andar con titubeos, por lo menos no con él. Siempre que había necesitado expresarse lo hacía así, mirando a sus ojos y abordando sus pasos con la sinceridad más perfecta que Octavio hubiera conocido.
_ Yo estoy seguro que hay alguien en este mundo para vos y que va a saber amarte como lo mereces.
_ Es fácil para vos decirlo _se apartó aun sofocado en su interior por lo cerca que lo había tenido hacia unos segundos. _ Hace años que lo espero. Me recorrí todo New York para encontrarlo _ bromeó en un dejo sarcástico, molesto. Era evidente que la soledad le pesaba como una carga de piedra que llevaba sobre su corazón.
_ Voy a ir _ se decidió pero aun dudaba. Su mente era una maraña de incertidumbre y de dudas inconstantes. _ Quisiera que me acompañaras. No se si pueda verlo de nuevo solo.
_ No .Tengo que irme a tribunales. Ya dejé el trabajo por la mitad. Además yo ya fui sincero con vos de lo que siento _ le respondió, frunciendo el ceño, bajo una tristeza que oscurecía su semblante _ No soy masoquista para soportar verte con él.
_ Es solo un evento.
_ No es eso. Como el otro día que fuimos al juzgado. Me daba cuenta como se miraban. No podés disimularlo, como si el mundo dejara de existir alrededor de ustedes. Yo respeto tu amor hacia él, pero me lastima.
_ Camila se sentía de la misma manera, pero entiendo.
_ No me compares con la desquiciada de tu esposa _ le contestó muy molesto. _Yo hubiera sido incapaz de dispararte. Tenés que enfrentar tus miedos solo. Vos elegiste iniciar esa venganza y me estás arrastrando a mí y a tus otros amigos en esa locura.
_ No pensé que te ibas molestar.
_ Solo que hubiera sido más sencillo que llegaras y le dijeras la verdad a Guillermo.
_ Entendeme. Yo no puedo y no quiero ir preso por un crimen que no cometí.
_ Tenías que decírselo solo a él, por más que no quisiera volver con vos. Odio verte tan confundido y atormentándote todo el tiempo.
_ ¿Vos sabés algo? _ inquirió, mirándolo desconcertado. Octavio no solía dar vueltas en un asunto. Podía ser mucho más sincero que él y ahora que acababa de oírlo, sus palabras se tropezaban la una a la otra como luchando para llegar a un punto que Octavio no deseaba confesarle _ Ya estoy harto de que me estén ocultando cosas _ le confesó levantando enérgicamente la voz. _Desde que llegué a Buenos Aires ustedes dan vueltas cuando pregunto mas sobre él.
_ Yo fui sincero cuando te dije lo que suponía sobre su persona. Es cambiante. Si lo supieras no estarías con tantas dudas para ir a verlo. Yo no dudo que él te ame _ le dijo llegando a la puerta _ pero hay muchas cosas que creo que él debería aclararte, más de lo que vos deseás saber.
Había un hilo entre la verdad que Pedro desconocía y el silencio que se tejía a su alrededor y cada día más, la presión haría que ese hilo terminara por romperse. Octavio se daba cuenta de ello y lo que menos quería era que el hombre que amaba se desbastara cuando tarde o temprano lo supiese. Si había ido más allá era porque no iba a ser cómplice de que sus amigos callaran por no querer lastimarlo. Octavio prefería la verdad antes que nada.
Todos los años Giovanna organizaba una presentación previa de los libros que publicarían. Llegando a la mitad de las ediciones daba a conocer una parte de los escritos como una estrategia de marketing. La mujer consideraba que era importante atraer la atención de los lectores antes que los libros llegaran a sus manos y eso haría que las ventas crecieran. Hacia un tiempo que los precios subían por las nubes y que la mayoría de las historias que se publicaban eran rechazadas por los lectores ni bien terminaban de leer la primera página, lo que sin dudas llevaba a ocasionar grandes pérdidas económicas.
_ No entiendo porque me hiciste venir hoy acá
_ A eso iba cuando te vi con tu amigo. Tratamos todos los años que los lectores interactúen con los escritores para así logren interesarse por lo que ellos escriben.
_ Pensé que los escritores eran seres anónimos para ellos.
_ Ese es un gran problema. En realidad, hace unos años que el valor de contar una buena historia ha sido dejado de lado por priorizar las ganancias. Lo que buscamos ahora es equilibrar las dos cosas. Obtener ganancias pero saber lo que el público quiere encontrar en un libro.
Guillermo se detuvo en sus palabras reflexionando por un segundo lo que su editora acababa de decirle.
_ Sabés _ le dijo colocándose frente a ella _ a mí lo que siempre me llamó la atención de un libro era saber que había pasado por la cabeza de esa persona para crear un mundo tan diferente al nuestro. Eso fue lo que siempre me atrajo de una historia, que siempre un personaje lograba llegar a donde quería.
_ No me digas, el final feliz.
_ No _ negó con la cabeza _ Yo nunca leí historias de amor.
_ No te lo creo. No hay autor que no haya plasmado en su libro una historia de amor _ continuó enfatizándole, mientras caminaban nuevamente. _El amor le da vida a las historias, por más que el escritor quiera enfocarse en un tema concreto.
_ A lo que yo me refería es que el protagonista siempre tenía un deseo. Como una ilusión que uno siempre esperó y nunca llega.
_ ¿Un sueño que nunca se cumple?
_ Si, en verdad es algo mucho más profundo. Debe ser por eso que a uno le atrae la ficción _ repuso con nostalgia.
_ No te creas _ le replicó tomando un libro. _Hemos perdido lectores porque los últimos autores que se integraron a nuestra camada han escrito historias muy trágicas y con un final que él lector no esperaba. Precisamente porque la mayoría desea la fama y la fortuna y se olvida de ese don tan maravilloso que es crear historias. _ Quizás sea mejor así _ le confesó con resignación._ ¿Para qué ilusionar a un lector con algo que en la vida nunca va alcanzar? Es mejor enfrentar la realidad.
_ Yo no vi eso en tu historia y me imagino que escribiste un final feliz _ le dijo sonriendo con ternura
_ Lo hice por consejo de mi médico. Si hubiera sido por mi me enterraba en lugar más lejos posible y me olvidaba de todo. Y no lo terminé _ le aclaró segundos después _ Lo dejé como un final abierto.
_ Nada de final abierto. Voy ayudarte a que lo termines.
Le tomé la palabra a Octavio y fui desechando toda mi obsesión de venganza, dominado por los deseos que se debatían en mi interior y que ya no podría soportar más.
No entendía porque me había citado en un lugar plagado de historias. Imaginaba de niño que esos eventos editoriales se atesaban siempre de periodistas curiosos, escritores de renombre y editores que se regozaban de soberbia por presentar su nuevo descubrimiento frente a luces y cámaras.
Él detestaba todo eso; la exposición y hacer alarde de sus pensamientos y sus emociones. Y fue él, el que me había cambiado, cuando lo único que yo deseaba era formar parte de la elite a la que Camila pertenecía.
Me marcó lo importante y me había llevado a un mundo donde por primera vez sentía que pertenecía y fue su amor, desde ese día, la única riqueza que deseaba tener.
No lo creí cuando Beto me había dicho que había escrito un libro. No porque no lo creyera capaz de hacerlo. Con lo que habíamos pasado todos mis amigos y yo, estaba convencido que cada uno tenía algo para decir o nos volveríamos dementes por la locura a la que Miguel -ese psicópata- nos había arrastrado. El hombre que yo conocía lo hubiera hecho bajo una identidad secreta que jamás nadie hubiera podido descubrir.
Entonces, me preguntaba, ¿qué hacia ahí en una librería de una famosa editorial, arriesgándose a que algún periodista se atreviera a inquirir sobre su vida? Una vez más su actitudes me desconcertaban.
Pedro sintió que por un momento el miedo lo paralizaba y todas sus fuerzas lo abandonaban, y se lamentó no haberle pedido a Beto que lo acompañara, después de que habían hablado. No porque temiera que alguien descubriera que estaba vivo, sino porque estar frente al hombre que mas amaba le hacía perder el control de sus propios deseos. Se le hacía imposible evitarlo cuando lo tenía cerca.
Desde ese último encuentro, sus caricias, su entrega desesperada y vulnerable al mismo tiempo, como si hubiera sido la primera vez, se había marcado a fuego en su cuerpo y en su alma. Una fuerza que no podía explicar lo arrastraba a donde fuera que él estuviera y todo su ser le gritaba que olvidara el pasado y se entregara a sus más oscuros deseos.
Se adentró hacia el fondo de la librería. Recorría cada galería buscándolo sin poder encontrarlo. Esa situación lo desesperaba. Le era insoportable esperar.
¿Acaso Guillermo también se había propuesto jugar con sus sentimientos como él planeaba hacerlo?
De repente sintió que la angustia le punzaba el corazón. No era la sensación de culpa, sino mas bien que una razón mucho más profunda.
Que la idea de vengarse le decía que iba por el camino equivocado. Pero ese no era el momento para pensar. Su mente era un caos. En dos años había pasado por todo. Él amor lo había atravesado y echado por la borda toda una vida planeada, el dolor marcado por la tragedia y los sueños se hicieron trizas en un segundo arrastrándolo hacia los peores infiernos.
Decidió olvidar por un momento y ahondó su curiosidad en el interior de esas historias que lo rodeaban. Detuvo su atención en uno de los libros. Parecía más bien un manuscrito con una simple portada que lo cubría. Dejó que sus dedos se perdieran entre las páginas con la misma ternura serena que podía acariciar a su amor. Y fue ahí cuando las palabras lo atraparon.
"Se sentó frente a su mejor amigo. Ese hombre que veinte años atrás había significado lo único y más importante para él.
Manuel lo observaba, como si pudiera comprender el dolor que cada día lo aniquilaba más y más.
Después de casi toda una vida de haberlo amado, jamás hubiera imaginado que una simple promesa entre los dos se hubiera cumplido para él. Cuando menos lo esperaba él apareció en su vida y todo el presente que lo devastaba desapareció por completo"
“Sentí que un barco había llegado trayendo consigo todas las esperanzas que jamás pensé que iba a tener”, pensó antes que su mejor amigo emitiera una predecible pregunta.
_ ¿Seguís pensando en él? - preguntó en un dejo melancólico.
“Sabía hacia donde Manuel quería llegar y al mismo tiempo me confirmaba que él era la única persona con la que podía hablar de mis sentimientos. Siempre había odiado hacerlo. No porque no me gustara hablar sino lo por lo que podía hacer la gente con ello que podría saber de mi. Pero él no. Estaba convencido que era la única persona que en ese momento podía entenderme y no sería capaz de lastimarme.
_ A veces pienso en él.
_ ¿A veces o todo el tiempo?
“Guarde silencio y preferí no contestar. ¿Para qué? Si él ya sabía la respuesta.
Como me incomodaban sus preguntas. Tenía la capacidad para darse cuenta cuando trataba de mentirle y evadirme de todo acto de verdad.”
_ No dejo de pensar de que me sirvió todo este amor que siento. ¿Para qué amar si después, todo lo que soñaste vivir con esa persona de un día al otro desaparece, como si nunca hubiera existido?”
Sintió que no podía continuar leyendo. Aquellas palabras, tan cargadas de dolor y añoranza las sentía propias. Como si hubieran sido escritas para él y para nadie más. Solo él podía entenderlas. Era su historia.
En el momento que sus palabras se calaron en su mente, sintió que una herida lacerante se clavaba en su alma; Guille no había podido ser más sincero de lo había sido con ese personaje, que unos meses atrás había escrito.
Estaba sufriendo, cargando un dolor que lo acompañaba día y noche y él no lo sabía. Eso le generaba un peso de culpa molesto y una angustia incontenible y desesperante.
Quería buscarlo y arrojarse a sus brazos y gritarle que estaba vivo.
Sabía que aun no era el momento y como odiaba tener que fingir que era otra persona frente a él.
Solo podía aferrase con todas sus fuerzas a Julián y dejar que fuera él la persona que su amor necesitaba para curar las heridas de su pasado.
Pensar ello le provocaba celos, por más absurdo que pareciera. Un alter ego creado por él mismo y que le daba vida en su interior, le hacía sentir que le arrancaba al hombre que amaba. Su propio Conde de Montecristo que lo apartaba de lo que más amaba en el mundo. Era su Edmond Dantes y su Fernando Montero al mismo tiempo, debatiéndose dentro por un mismo amor.
Refrenó sus pensamientos y se refugió de nuevo en sus palabras.
“Luca no sabía porque había aceptado ir a la cena de aniversario de unos viejos amigos.
Hacía tiempo que no los veía y temía que eso significara que después de tanto tiempo sin verlos se vería obligado a batallar con miles de preguntas sobre su vida privada.
Tendría que haber inventado una excusa, mas aun cuando supo que su ex esposa iría a semejante calvario."
Siguió con la vista cada palabra, cada frase, como si el libro tomara poder sobre él. No necesitó en ese momento saber quién era el autor de aquella historia. Sabía que era su amor. No había podido ser más sincero y desnudar su alma como lo había hecho, con cada relato que él encontraba entre esas páginas.
Amaba cada línea que él había escrito. Se expresaba con tanta naturalidad y con tanta fidelidad a sí mismo. A lo que amaba y que siempre había defendido con una voluntad férrea.
No sabía a que se estaba refiriendo con esa reunión, pero la mención de su esposa le picó al extremo la curiosidad.
Adelantó el relato, cuando unas sutiles líneas de la historia, le hicieron descubrir una verdad que jamás pensó que podría haber escuchado de sus labios.
“No sabía porque se había atrevido a confesar ese fugaz encuentro con ese chico. En plena vacaciones con su esposa. Apenas lo había hecho y ninguno se había animado articular siquiera una palabra. Salvo por Franco, ese joven docente que acababa de conocer en la facultad de derecho cuando comenzó a dar clases de nuevo, después de muchos años.
Él había sido el único al que su confesión no le había causado ningún espanto. Se sorprendió pero era lógico. Hasta ese momento no sabía que Franco se sentía atraído al igual que él por las personas de su mismo sexo. Él solo se había limitado en sonreír como si disfrutara lo que estaba diciendo.
_ Bueno - expresó la mujer - un desliz puede tenerlo cualquiera. Además seguramente ustedes estaban pasando por una situación difícil en ese momento. Todos podemos llegar a cometer errores que ni siquiera imaginamos.”
Se alejó de la montaña de libros. Había divisado una mesa a unos pasos más adelante y se sentó allí para continuar leyendo.
"Odiaba esos comentarios fuera de lugar. Personas que habían compartido todo ese tiempo con los dos, no me conocían. Sentía que había llegado al límite. Que me encontraba a un extremo entre dos vidas paralelas. Una construida para el afuera y otra que solo podía vivir entre encuentro efímeros con hombres de los que ni siquiera conocía sus nombres.
Sabía que estaban a punto de preguntarnos porque nos habíamos divorciado.
Era mi momento para decir lo que tanto tiempo me había guardado dentro mío.
Necesitaba decir mi verdad sin que nadie interrumpiera o hiciera comentarios innecesarios.
Ana no sería un problema. Estaba casi como una autómata sin poder pronunciar ni una palabra. Quizás me había subestimado demasiado.
En efecto lo hicieron argumentando que ese encuentro había sido la causa a lo que yo respondí sin temor a las consecuencias que traería consigo.
_ Esa no fue la razón por la que yo me separé de Ana _ les dijo mirando apenas a su ex esposa. _Hace un tiempo me enamoré de una persona que fue muy importante para mí. No voy a mencionarlo frente a ustedes. No por respeto sino porque solo yo se lo que él significo para mi, tenerlo en mi vida.
La voz de Luca se quebrantaba y no pudo evitar en ese momento desahogar las últimas palabras.
_ Pensé que decir todo esto que siento hubiera tenido algún sentido, pero no. No si él no está acá conmigo - y señaló a su corazón. - Era quien tendría que haberla escuchado. Él fue la única persona que me conoció realmente.
Pero él se fue a un lugar donde yo no voy a poder estar ni ahora ni nunca.”
Pedro no contuvo las lágrimas, dejó que se derramaran lentamente por sus mejillas sin frenesí y un sin fin de emociones se confundían dentro de él. Mezcla de interminable dicha de palabras que nunca se dijeron y que ahora las encontraba ahí, entre esas páginas escritas. Y al mismo tiempo una incertidumbre atenazaba sus pensamientos y le despojaba de la seguridad que por un momento había logrado abrigarlo. Todo era claro en los personajes que lo rodeaban. Manuel seguramente sabía que podía tratarse de Juan. ¿Qué otro amigo podía entenderlo y atreverse a confesarle sus sentimientos más profundos? Ana conservaba su nombre y eso, quizás, podía significar que mucho no le importaba. Él matrimonio amigo restaba importancia pero…
¿Franco? ¿A quién se estaba refiriendo precisamente? Tal vez podía tratarse de un hijo del matrimonio en el mundo físico. Sin embargo, Guillermo había hecho una descripción casi exacta de él: Un joven profesor de la facultad que en su historia lo conocía. ¿Cómo podía ser cierto si él solo vivía para su estudio?
Había mucho misterio en torno del hombre que amaba desde que había regresado de las sombras. Beto le estaba ocultando cosas y eso empezaba a molestarlo. Y otra vez esa punzada que lo ahogaba en su interior. Esa sensación que nunca podía explicar, como si una voz le hablara constantemente de que ya nada era como antes.
Se llevó a la mano a su pecho sintiendo que le faltaba él aire.
Guillermo había alcanzado a verlo mientras su editora trataba de captar su atención hacia un blog que ella había creado para los autores. Poco le importaba todo esa cosa de redes virtuales y páginas web. Más bien le preocupaba el estado en que lo estaba viendo a Julián. Se veía pálido y parecía que su cuerpo lo abandonaba.
_ Decime _ le expresó su editora _ ¿No te parece que fue una buena idea crear un espacio virtual, para que los escritores puedan interactuar con sus futuros lectores?
_ Si _le respondió con suma simpleza. No sabía de qué estaba hablando. Su voz solo se había ido haciendo eco y todo su alrededor se fue disipando. Solo existía Pedro. Toda su mente y su alma en ese instante se concentraron en él cuando su figura se fue desvaneciendo de allí.
Las palabras se quedaron a medias. Él ya se había ido.
Los momentos se volvían cíclicos. Repitiéndose una vez más. Atravesando la misma vivencia en diferentes circunstancias. Igual que como un tiempo atrás se encontró con él encerrado en un baño, la cabeza gacha abrazados en cuclillas, en medio de un invierno que calaba en toda su alma.
El sonido de sus pasos rompió la soledad que lo rodeaba. Guillermo prefirió permanecer en silencio. Sin que Pedro -o Julián- se diera cuenta lo tomó entre sus brazos.
Solo su almas podían existir ahora. Pedro se entregó al calor de su cuerpo y todo el frío que había sentido se disipó en un segundo.
Lo ciñó con más fuerza a su pecho mientras que sus labios recorrían su pelo y el aroma de una fragancia que conocía se pregonaba en él. Era su misma esencia y el mismo dulce aroma de su piel el que estaba sintiendo cuando hundió su rostro en su mirada. Eran sus mismos ojos, tan profundos. Se derramaban tan oscuros que volvían insoslayable el verde matiz que se ocultaba detrás de su mirada.
_ ¿Me querés decir que te pasó? _ le inquirió con paciencia, soltándolo.
_ No _ le respondió en sollozo. _No puedo.
Pedro se incorporó. Guillermo no intentó detenerlo. Sin embargo cuando lo veía irse, cuando apenas había llegado a unos pasos del umbral de la puerta de la librería, tuvo la sensación de que no podía dejarlo ir.
_ Esperá _ le dijo, tomando su mano. Se mantuvo en silencio y se acercó a él.
Lo besó despacio enredando sus labios con la más tierna dulzura. Sentía que sus besos lo quemaban y que una sensación que no podía explicar le paraliza el cuerpo.
_ ¿Por qué hiciste eso? _ le reprochó Pedro apartándose.
_ Fue un acto involuntario. Pero no me arrepiento.
Guillermo sentía que todos sus deseos estallan dentro como si una llamarada interminable imposible de controlar. Pedro sentía lo mismo.
Sin decirse nada se decían todo. El mismo deseo y las mismas ansias de la última vez que sus miradas se encontraron. Que nadie existiera en ese espacio, solo los dos y que lo arrojara sobre un escritorio, lo desnudara y entregarse a él como nunca lo había hecho antes.
_ Deberías _le respondió Pedro.
Trataba de mostrarse frío y distante ante Guillermo. Pedro sabía que ese silencio significaba un peligro para él. Los sentimientos que aun sentía por Guille estaban intactos y eran demasiado fuertes, pero no podía dejar que nada arruinara sus planes.
_ No soy un hombre que se deje llevar por las pasiones _ siguió en un dejo seco. _El amor hace débiles a los seres humanos.
_ No podes ser tan duro. ¿Por qué hablás así? _le inquirió frunciendo el ceño
_ No se qué te sorprende _ le replicó, llevando las manos a sus bolsillos. _¿No era que los sentimientos de la personas que decías amar nunca te importaron?
_ Yo no dije eso y esta discusión es innecesaria
_ No importa. No tendrías que haberme seguido ni yo tendría que haber venido acá. Porque vos y yo de alguna manera somos muy parecidos.
_ No te entiendo
_ Que yo también juego con él amor de las personas. Me gusta divertirme un poco. Me saca de esta monótona existencia que es la vida _ le confesó descaradamente, haciendo ademán de lo que decía.
_ Yo no soy así. Cuando alguien me importa, es de verdad. No juego con los sentimientos de ninguna persona. Cada uno es responsable de la parte que le toca en una relación.
“ Cínico” pensó entre dientes para sus adentros.
Se tragó la bronca que estaba sintiendo y continuó.
_ A veces los hechos dicen lo contrario.
_ Vos no _ le dijo y se acercó una vez más a él _ Vos me interesás y no como un pasatiempo.
¿Como hacía para hacer que todas sus defensas se cayeran? Su cuerpo temblaba y su piel sudaba por debajo de su ropa. Debía salir de allí antes que volviera a caer en la tentación de entregarse a él de nuevo. Y lo hizo.
Esa noche no dejó de pensar en él y en esa confesión que le había hecho, como tampoco podía quitarse sus palabras escritas en ese libro. Se estigmatizaban en su mente como una huella que lo marcaba para siempre. En el fondo quería olvidarse de él sin saber por qué razón. Más allá de lo que había pasado los últimos días, antes que toda esa tragedia se cerniera sobre ellos. Quizás porque ahora el que estaba cansado de luchar era él.
Deslizó sus dedos sobre la pantalla del celular. Aun conservaba su número y no podía evitar el deseo de llamarlo. ¿Pero qué explicación le daría después si lo hacía, si para Guillermo recién se conocían? Era demasiado tarde, había presionado el celular y él ya había recibido su llamada.
_ Graziani _ Le dijo tratando de sonar casual y al mismo tiempo enfadado, como si pensara exigirle explicaciones por haberle confesado sus sentimientos.
_ Julián _ respondió desconcertado _¿Como obtuviste mi numero?
_ Eso no importa. Necesitaba hablar con vos. Solo quería aclararte que yo no estoy buscando en este momento ninguna relación con nadie.
_ No te creo, los dos queremos lo mismo, estar juntos. Y aun me debes una conversación por lo que pasó en tu casa.
_ Olvidate de eso. No tiene importancia.
_ Si la tiene. Yo se lo que pasó entre vos y yo esa noche. Ahora lo recuerdo
_ ¿Qué? _ le inquirió con la voz trémula. Temblaba de solo pensar que podía haber recordado su reencuentro. Si se proponía persuadirlo para que se dejara llevar por sus deseos lo estaba consiguiendo. Y Pedro quería evitarlo a toda costa.
_ Que hicimos él amor.
Pedro se llamó al silencio y le cortó la llamada. Estaba hecho. Se había rendido ante él. Ya no podía escapar. Había sido convincente. Nunca lo había visto así tan decidido. Estaba claro para él que no le importaban las consecuencias. Guillermo estaba dispuesto a enfrentar a quien fuera para vivir ese amor.
“Tarde - concluyó- ¿Por qué ahora? y con Julián. Si yo lo inventé. Él no existe”.
Era tarde en verdad, pero desde ese momento se volverían inseparables.
CONTINUARÁ
|