
Un mes atrás. NOVIEMBRE 2014
Miércoles 5 de noviembre.
Se desabrocha la camisa y maldice el clima agobiante del estudio, convertido en un horno por culpa de un acondicionador de aire roto que Beto quiso arreglar y estropeó más. Se abanica con una carpeta mientras intenta concentrarse en un expediente que le dejó Gabriela sobre el escritorio. Suena el teléfono del despacho, atiende sin desviar la vista del escrito y contesta mecánicamente con un hola a secas, fastidiado por la hora, el sopor y la carga de un día que parece no tener fin.
- Guillermo, ¿sos vos? –la voz femenina en el teléfono suena distante y por un momento no logra identificarla.
- ¿Quién es?
- ¿Ya no me conocés? ¿Tres meses bastaron para que me borres de tu mente, Guillermo?
De repente se olvida del calor, del cansancio, no puede evitar sentir un escalofrío que le recorre el cuerpo y le deja un sabor amargo en la boca.
- No tengo nada que hablar con vos. Creí que te habías dado cuenta de eso, Camila.
- Vos no querrás hablar pero cuando escuches lo que tengo para decirte…
- No, mirá, no me interesa, vos y yo ya no tenemos nada en común, arruinaste mi vida, ¿de qué querés hablar? ¿De que estás arrepentida? ¿Que te sentís sola? Tenés merecido lo que estés sufriendo y ya no hay nada más que decir entre nosotros. Si te aburrís, mirá al cielo, hablá con Pedro y pedile perdón por lo que le hiciste.
- Si pudiera hablar con Pedro lo haría pero no sé dónde está, Guillermo…
- Estoy muy ocupado, Camila, no me llames más, olvidate que existo, si lo necesitás buscate un sacerdote y te confesás con él, yo…
- Esperá, estás equivocado, no es de eso de lo que te quiero hablar… Es sobre Pedro…
- Pero vos no entendés pedazo de hija de puta que se acabó! Morite, Camila!
Guillermo cuelga con furia el auricular y se agarra la cabeza con las manos. Está temblando de pies a cabeza, quiere gritar, quiere llorar, no soporta estar en ese lugar un segundo más. Sale casi corriendo del despacho, pasa junto a Gabriela y Marcos y ni siquiera los ve, en la calle se aleja a paso vivo del estudio. En vano ha tratado durante ese largo año de remontar la cuesta y sanar las heridas, tratando incluso de comprender la postura de Camila, ensayando estrategias para no caer en un pozo de depresión irremontable, un solo llamado y todo el peso de la cruel realidad le cae encima como si no hubiera pasado un día desde que Pedro murió. Por Dios, ¿qué busca esa mujer con él? No ha dejado de clamar su presencia, desde el juicio ha intentado borrar su rostro y su voz de sus recuerdos, pero ella siempre vuelve, una y otra vez, reclamándolo, agobiándolo, impidiéndole olvidar. Esta vez ha ido demasiado lejos, no va a permitirle que se acerque nunca más, tendrá que tomar medidas, no atender el teléfono, no dejar que su voz vuelva a perturbarlo de esta manera. En momentos así no puede comprender qué vio Pedro en ella, cómo pudo estar enamorado de una obsesiva caprichosa que siempre se comportó como la niña malcriada de papá, preocupada más por el que dirán que por resolver los problemas de forma adulta, que lo manejó a su antojo, que finalmente cuando no pudo conseguir retenerlo más acabó con su vida. Pobrecito amor mío, piensa, y entonces ya no hay dique que contenga el inmenso caudal de las lágrimas, se detiene en medio de la vereda y comienza a llorar, se cubre la cara y deja que toda la angustia aflore y vacíe su corazón. Una pareja de jóvenes se detiene y lo mira, la chica se acerca y le apoya la mano en el hombro, profundamente conmovida de ese hombre adulto que llora como un niño desamparado una pena que debe ser inmensa. Guillermo levanta la vista y la mira a través de la cortina húmeda de las lágrimas, inspira hondo e intenta decirle que está bien, se siente como un tonto que ha perdido la dignidad, que permite que el dolor lo domine y lo exponga ante cualquiera. No puede hablar, la angustia le oprime la garganta, le hace un gesto con la mano tranquilizándola y se aleja. Se dice a sí mismo que ésto no da para más, que así no puede seguir, no quiere pensar más, ya no va a permitir ese dolor.
Cuando regresa al estudio todos lo miran sorprendidos, más aún al darse cuenta que tiene los ojos hinchados por el llanto.
–¿Pasa algo, Guillermo? –le pregunta Gabriela mientras Marcos y Beto dejan lo que están haciendo para observarlo. Sin levantar la vista le contesta que no, que solamente quiere estar solo, que el día terminó y necesita que se vayan. Todos se miran preocupados. Hace tiempo que no lo veían así, Beto le ofrece alcanzarlo hasta la casa, pero Guillermo le contesta que no, que va a quedarse un rato más en el estudio. Se encierra en el despacho mientras los tres se miran sin saber qué hacer.
- Beto, ¿a vos te parece que nos vayamos? –le pregunta Marcos.
- Yo creo que no me voy un carajo –le contesta Beto.
Gabriela se acerca a la puerta del despacho y se agacha para espiar por el ojo de la cerradura. Lo ve sentarse en el sillón con un vaso de whisky en la mano, recostado y pensativo con la vista en el techo.
- Chicos, tal vez sea mejor que lo dejemos solo como nos pidió… Está tomando un trago, seguramente en un rato se sentirá mejor…
Se quedan un momento inmóviles, sopesando la situación, Beto niega con la cabeza.
- Vayan ustedes, yo me quedo.
Antes de irse, le piden que intente averiguar qué pasó.
Beto se acerca a la puerta del despacho, se agacha y espía como Gabriela. Guillermo sigue sentado, con el vaso de whisky en la mano y la mirada ensimismada. Decide quedarse un rato, vigilándolo cada tanto, hasta estar completamente seguro que la tormenta pasó. Se sirve un café y se sienta a tomarlo en la mesa de la cocina.
El whisky le hace bien. Su áspera textura le roza la garganta, aliviando el peso de la angustia, corriendo por su interior como un bálsamo reparador, adormeciendo sus impulsos destructivos. Una medida, luego otra, y otra. De a poco, la pena silenciada por el alcohol comienza a devenir en un pensamiento frío, desprovisto de emociones, lúcidamente claro. No puedo más, Pedro. Ésto no es vida. Intenté todo, creí que podría superarlo, me equivoqué. Arranca una hoja de papel de la agenda, la hoja correspondiente al próximo día, y escribe despacio, meditando cada palabra. “No puedo continuar. Perdónenme. Los quiero. Hijo, te amo. Ya no voy a sufrir, no sientas pena por mí”.
Firma su sentencia de muerte y se agacha para abrir el último cajón del escritorio. Toma el revólver, comprueba que esté cargado, lo apoya contra la sien. No siente nada. Imaginó muchas veces este momento, en noches eternas que no podía dormir, en las mañanas que le resultaba un suplicio levantarse y seguir con su vida. Creyó que tendría miedo, que tal vez no podría. Ahora no tiene temor, ni duda, simplemente se permite un último minuto para agradecer a ese ser superior que tal vez exista, para decirle que tuvo una vida que muchas veces fue feliz, pero que lamenta no poder seguir sosteniendo. Ojalá no haya nada después, sólo quiere desaparecer por completo, dejar de existir, de rendir exámenes y cuentas y purgar karmas, no soporta un sentimiento más, ni en esta vida ni en ninguna otra. Antes de apretar el gatillo un pensamiento cruza por su mente, el miedo de errar, de que en el último segundo la trayectoria se desvíe y lo deje vivo, no puede permitírselo. Baja el revólver y lo mete en su boca. Así está mejor, ahora sólo tiene que contar hasta diez, de atrás hacia adelante, “diez, nueve, ocho…, siete, seis… cinco…”
Beto mira por la ventana hacia el patio que va oscureciéndose, piensa en lo que estuvo hablando esa tarde con Gabriela, de sus interminables dudas acerca de la relación fluctuante que llevan. El sonido del teléfono lo saca de su abstracción. Se escucha lejano, amortiguado, es el aparato del estudio. Se queda esperando que Guillermo atienda, pero el timbre continúa sonando, hasta agotarse.
Guillermo ha detenido la cuenta regresiva. Mira de reojo el teléfono, con el revólver aún en la boca, espera que termine de sonar y continúa. “cuatro, tres, dos…”
Nuevamente el aparato llama, piensa un segundo y finalmente deja el arma y descuelga el aparato, lo lleva hasta su oreja, se queda escuchando sin responder.
- Guillermo escuchame… es muy importante que lo hagas. Si no te vas a perder la revelación más importante de tu vida.
Camila se queda esperando pero él no responde. – Guillermo, ¿estás ahí? No seas pelotudo, te conviene prestarme atención, a vos y a mí nos conviene por partes iguales…
El sigue inmóvil, de a poco una torva sonrisa se dibuja en sus labios, con voz apagada le contesta: - Me interrumpís, Camila. Si supieras lo que estoy por hacer, no lo harías. Te lo aseguro.
- No sé ni me importa, Guillermo. No puedo hablar mucho, es larga distancia y no tengo mucha plata que digamos…
- ¿Larga distancia, Camila? Qué estás diciendo, si estás acá en Buenos Aires… basta de boludeces, estoy muy ocupado, decime lo que querés y que se acabe todo ésto.
Ella respira hondo y le larga sin más preámbulos: - Pedro está vivo, yo no lo maté, Miller me envió lejos. Pero estoy harta de esconderme, de no tener una vida normal. Quiero volver, quiero encontrarme con Pedro. Tenés que ayudarme.
Guillermo siente que las palabras rebotan y forman un eco que impide que comprenda cabalmente lo que la mujer le está diciendo. “Pedro vivo Pedro vivo Pedro vivo”. Esto es demasiado, atina a pensar, ésto excede toda locura.
- ¿Qué más Camila, tenés para contarme? A ver… me gusta tu relato, no tengo libro para leer esta noche, adoro la ciencia ficción… continuá.
- No seas irónico, que cuando termine no te van a quedar ganas de reirte de mí…
- Voy a cortar, Camila. Se acabó el tiempo…
- No! Estoy en Uruguay, Miller me sacó de la cárcel hace un mes, me pidió que no me contacte con nadie, que me quede tranquila, me dio dinero y un documento falso. Todo eso lo podés comprobar. ¿Qué gano con inventar esto? No estoy loca Guillermo. Todo fue una estrategia para salvarte a vos y a Pedro. Mi papá había contratado gente para matarlos a los dos. El fiscal se enteró y habló con él, lo ayudó a escapar. No hubo ningún asesinato.
- Estás diciéndome que José armó un crimen ficticio, que escondió a Pedro, que llevó adelante un juicio falso y que te hizo salir de la cárcel, todo eso sólo por ayudar a Pedro, una persona que ni siquiera conocía, él, un fiscal de la nación, ¿arriesgándolo todo por un desconocido…? Vos estás rematadamente loca, Camila, la verdad me darías pena si no te tuviera tanto asco…
- Pará Guillermo… dejá de agredirme. Comprendo que estés dolido, que no puedas creerme. Pero todo eso pasó, es verdad, al principio Miller pensó que se podía culpar a Miguel, total si él había matado a tanta gente que lo culparan por la muerte de Pedro podía ser una solución temporaria para meterlo a la cárcel, hasta que se juntaran más pruebas de su culpabilidad en la muerte de mi papá y de las otras personas que mató. Pero las cosas se torcieron. El juez que intervino lo presionó, creyó que yo había matado a mi marido. Tuvo que reelaborar todo, armar una nueva estrategia. Me convenció, me pidió que no dijera la verdad, que iba a ir presa por un corto tiempo y después me hacía salir. En eso cumplió. Yo creí que lo podría soportar, pero no. Necesito volver y encontrar a Pedro.
Guillermo se ha quedado sin palabras. La neblina del alcohol se disipó de golpe, siente que un fuego comienza a subirle desde el estómago, se encuentra mareado, con ganas de vomitar. La historia de Camila es imposible, pero su forma de expresarse no es la de una persona insana.
- Hace un año ya… no puede ser cierto… Pedro no se habría ido sin mí, no me habría hecho sufrir tanto, se habría contactado para tranquilizarme, le pedí que se fuera solo y no quiso… yo no lo pude convencer, ¿por qué Miller lo lograría? ¿Qué estás buscando con esto, Camila?
- Que se sepa todo, que él y yo podamos volver a nuestra vida, el único que sabe dónde está es Miller, ¿y si a él le pasa algo y ya no tenemos a quien preguntarle por Pedro? ¿Y si no es cierto que lo ayudó a escapar, si le tendió una trampa? Me enteré que vos y él tuvieron una relación. Tal vez sólo quiso sacar a Pedro del medio. Yo lo único que sé es que ese día Pedro se fue, que el fiscal trajo gente para simular todo, que incluso Beto se enteró porque Miller lo llamó delante de mí y le pidió que viniera. Beto ayudó a que creyeras que estaba muerto, él estuvo metido en la farsa también.
- Éso no puede ser, no puede ser!
- ¿Acaso viste su cuerpo? No. Te engañamos, Guillermo. A vos, al gran Guillermo Graziani, el más tramposo, el más farsante de todos! ¿Viste que loco? Yo tengo que cortar, se me acaba el dinero. Te llamo mañana, hacé tus averiguaciones y volvemos a hablar. Chau.
- No, esperá Camila! -la línea quedó muerta.
Cuelga lentamente el tubo. Mira el arma y la nota escrita sobre el escritorio. Se queda pensativo. No termina de creer, no puede aceptarlo porque además de inverosímil, creerlo supondría ilusionarse con algo que no puede ser real. ¿Y si lo fuera? Estuvo a un par de segundos de matarse, de arrojarse al vacío infinito de donde no se vuelve. Se siente mareado, le cuesta respirar. Toma el arma y la guarda en el cajón junto con la nota. Camina unos pasos y siente que las piernas se le doblan, intenta sostenerse de la silla que está frente a su escritorio pero cae y al hacerlo, la vuelca con estrépito. Beto oye el ruido y sale corriendo. Encuentra a Guillermo tirado en el piso, un hilo de sangre sale de su boca.
– Dios mio, Guille, que pasó! ¿Estás bien, estás bien?- se desespera, lo levanta en sus brazos, le abre los primeros botones de la camisa y apoya la oreja contra su pecho, siente los latidos, un poco débiles tal vez, trata de despertarlo. –Guille, reaccioná por favor, ¿me escuchás?- le palmea la cara suavemente, observa su reacción, de a poco con dificultad entreabre los ojos, tiene la mirada vidriosa.
- Beto… -le cuesta hablar, salir de la niebla que le envuelve el cerebro, de a poco la negrura se va disipando pero se siente terriblemente pesado.
- Tranquilo Guille… acá estoy, necesito que me digas que pasó, ¿querés que llame una ambulancia? ¿Qué sentís?
- No… estoy bien… me mareé, estoy bien. No te asustes, Betito. En un momento me voy a poder levantar.
Beto lo abraza, siente que su propio corazón galopa desbocado por el susto, se maldice por haberse descuidado allá en la cocina. Guillermo recuesta su cabeza en el regazo de Alberto, cierra los ojos y por unos minutos no piensa, se recupera lentamente y cuando siente que la fuerza retorna a su cuerpo le pide que lo ayude a levantarse. Lo acompaña hasta el sillón y Guillermo se deja caer ahí, apoyando su cabeza en el respaldo, intentando recomponer en su cabeza el caos que suscitó su charla con Camila. Alberto levanta la silla caida y se sienta, lo observa atentamente, no le pregunta nada. Sabe que Guillermo va a hablar en cuanto se sienta dispuesto a hacerlo. Pasan algunos minutos en completo silencio. Sólo se siente el tic tac del reloj de pared, de pronto Guillermo levanta la cabeza y lo mira fijo, se queda así, clavándole la mirada, sin decirle nada. Beto se descubre incómodo, no le gusta esa forma de mirarlo, intuye que se avecina algo muy malo. Es la mirada que Guille tiene cada vez que va a retarlo.
- Decime una cosa, Beto… -carraspea, se detiene sin dejar de observarlo, de clavarle esa mirada extraña, acusadora.
- ¿Vos serías capaz de mentirme a mi?
Alberto se remueve en el asiento, un escalofrío le corre por adentro. No le gusta nada esa pregunta. No quiere responderla. Uno, dos, tres,… podría contar hasta mil. No está dispuesto a contestar, ni ahora ni nunca si pudiera.
- Si no me contestás doy por sentado que la respuesta es sí.
Traga saliva y toma impulso. - Si lo que querés saber es si te mentí en algo, sí, te mentí Guille… no una sino varias veces, pero si lo que querés saber es si sería capaz de hacer algo que pudiera dañarte, la respuesta es no. Todo lo que hice desde que me trajiste a tu vida ha sido buscando protegerte.
Nuevamente quedan en silencio. Guillermo inclina la cabeza en ese gesto suyo tan característico y sonríe.
- No me tomes de pelotudo Alberto Marini. No necesito un hada madrina que despliegue una varita mágica y me traiga una carroza. Te pregunté si serías capaz de mentirme, de engañarme, para bien o para mal, de hacerme creer algo que no es. Algo MUY importante.
Ese muy, realzado, le termina de helar la sangre. No quiere pensar lo que está pensando, no se atreve a enfrentarse con eso. El llamado… el desmayo de Guillermo… De repente siente ganas de salir corriendo, de escapar de esos ojos acusadores, de una pregunta que no podrá esquivar. Muchas veces se imaginó teniendo que explicarle, que justificar semejante mentira, muchas veces temió que ese dia llegara porque sabe que puede significar el fin de su amistad.
- ¿Te lo tengo que dibujar para que lo entiendas? Yo creo que no. Sabés perfectamente de lo que te estoy hablando. Qué pasó con Pedro. Empezá a hablar.
Ya no puede sostener más la mirada. Baja la vista y vacila, quiere hallar las palabras justas, quiere encontrar la manera de decirlo sin que suene a lo que es, una reverenda cagada a la que se prestó sin medir las consecuencias.
- Yo… ¿quién te lo dijo?
- No des vueltas, hablá. Tengo todo el tiempo del mundo. No quiero que justifiques nada, que lo adornes, sólo quiero un frío y detallado informe de lo que pasó ese día.
Beto levanta la vista y se enfrenta a esa mirada ya más calmado, tiene que calzarse la armadura y salir a la batalla. Ha llegado la hora.
- Me llamó José. Me dijo que necesitaba ayuda. Que te iban a matar. A vos y a Pedro. Fui, me encontré con ellos frente al departamento. Estaban los dos esperándome en el auto de Miller. Ví que le daba unos billetes y que le decía que al día siguiente se iban a encontrar donde habian acordado para que le diera la plata restante que pudiera conseguir. Pedro se bajó y se fue, creo que se subió a un taxi porque de repente no lo vi más.
Guillermo se levanta y comienza a caminar alrededor del escritorio. La confirmación le ha hecho acelerar el corazón nuevamente, intuía que era así pero escucharlo es diferente. Pedro está vivo. Pedro vive en algún lugar, Pedro, Dios, siente que le va a costar seguir escuchando el relato y mantener la compostura. Quisiera salir corriendo ya mismo, correr a la calle y gritar. Gritar hasta quedar sin voz. Siente deseos de llorar y de reir, no sabe bien qué es lo que más anhela, tiene miedo de volverse loco de repente ante tanta alegría. Beto ha seguido hablando, aterriza nuevamente y escucha que le está preguntando algo.
- ¿Qué?
- Que si te sentís bien, Guille. Estás raro, me preocupa que todo esto te dañe…
- ¿Me estás cargando vos? ¿Ahora te preocupás por mí? Permitiste que me convirtiera en un muerto en vida sin hacer nada para evitarlo, no fuiste capaz por lo menos de venir a decirme en todo este tiempo, nunca, que no llorara más por Pedro, que no estaba muerto, te callaste la boca y me dejaste sufrir este horror y ahora te preocupa que me pase algo con la emoción de saber que está vivo…?
- Pensé que era lo mejor…
- Lo mejor para quién pedazo de tarado! ¿Lo mejor para quién?! Sabés cuántas veces estuve a punto de pegarme un tiro en todo este año, sabés cuántas veces el corazón estuvo a punto de explotarme de la pena, no te diste cuenta que en un año envejecí diez, veinte, no ves en lo que me convertí?
Abre el cajón del escritorio y saca el revólver y la nota, la arroja sobre el escritorio frente a Alberto.
- Leé pedazo de pelotudo! ¿Sabés leer? Ahí tenés lo que lograste con tu mentira, si no fuera por ese llamado de Camila yo ahora estaría muerto! ¿Lo entendés? La tinta aún está fresca, por dos segundos mi cabeza no se convirtió en papilla. ¿Qué hubieras sentido entonces?
Alberto lo mira horrorizado. No puede creer que su peor pesadilla se haya convertido en realidad. La nota, Dios, la nota… mientras él esperaba en la cocina… siente deseos de tomar el arma y pegarse él un tiro ahí mismo, de sólo imaginar lo que estuvo a punto de suceder. No soporta la furia de Guillermo, no tolera sentir que lo desprecia. Y con razón. No va a perdonarlo jamás.
- ¿Querés que me vaya para siempre…? No puedo pedirte perdón, no merezco que me perdones, te fallé. No puedo volver el tiempo atrás. Soy un imbécil. -Lo mira con tristeza, siente que ésta es quizá la última vez que tengan una conversación. Hay cosas que se rompen, y no se recuperan más.
Guillermo asiente en silencio, y aún en medio de la furia que siente hacia él, no puede contestarle a esa pregunta con rencor, lo ve allí encorvado, culposo, dolido, y una parte suya siente una pena infinita. Pero perdonarlo… no cree que pueda.
- Hacé lo que a vos te parezca. Si te querés quedar hasta conseguir otro trabajo yo no tengo problema. No te voy a echar, pero quiero que sepas que no puedo ya confiar en vos.
Beto se levanta y antes de irse, le dice: - Ya sé, y no voy a justificar nada. Pero te quiero Guille. Y te voy a querer siempre. Hice algo estúpido, terrible. Pero es cierto que lo hice para protegerte. No siempre uno hace lo mejor que podría hacerse, pero es lo que yo creí que era lo mejor para vos. Pedro era tu pareja, él tomó esa decisión. Yo lo ayudé, me dejé llevar. Siento no haber hablado en todo este tiempo, lo que me frenó fue el miedo a que no me lo perdonaras. Fui un egoísta. No quería perder tu cariño. Lo siento mucho.
Se dio vuelta y salió. Guillermo oyó la puerta cerrarse. Miró el reloj, las ocho y veinte. Marcó un número en el celular, lo atendió la contestadora. Intentó con otro, no hubo caso. La persona que buscaba por lo visto no quería ser molestada. Tomó la nota, la rompió y la arrojó al tacho de basura. Después de guardar el arma en el bolsillo del pantalón, recogió el saco y la corbata, apagó las luces del estudio y salió a la noche.
Continuará...
Hay mi Dios que tristeza.....pero todo empieza a aclararse......José lo hizo de egoísta ???? quien lo sabe.....se las verá con el Gran Graziani....Mi señor que buen capitulo.....Gracias...Mirta...
ResponderEliminar¡Qué excelencia para escribir Mary! ¡Qué bien narrado y cómo has captado la esencia de los personajes es talentoso! Ese Guillermo, por ejemplo... Lo puedo escuchar. Lo puedo ver. ¡Así tal cual habla él!. Ahora, yo en su lugar a Beto lo hubiese matado.. ¿Cómo se le ocurrió esconderle que Pedro estaba vivo? Que alegría, como dice Mirta, que todo empiece a aclararse. Hermosa historia! Abrazote Guilledrista!!!
ResponderEliminarMe encanta, me encanta esta historia!! Muchas gracias por escribirla y compartirla con nosotros!!
ResponderEliminarMary esto se lo tendrias que mandar alos que escribieron FARSANTE asi con esto hasen FARSANTES 2es muy bueno ojala lo pudieran leer ellos sos una genia, me encanto, es una buena salida de beto de la novela, de Camila de Jose, la verdad una genialidaddddddddddddddddddd continuala pronto,,,,,ELDA
ResponderEliminarMary, Maaaryyy, ¿que me has hecho?? esto es un subibaja de emociones, una montaña rusa de sensaciones. Es difícil poder leer este capítulo sin sentir una punzada en el corazón, recuerdo esos capítulos tan nefastos y deseo con toda mi alma que este hubiese sido el camino, que la elección hubiese sido esta y no lo trágico e inexplicable. Realmente vivo esa desesperación de Guillermo, la siento y me abruma. Al menos con tu pluma y tu capacidad de cambiar la historia vamos recomponiendo poco a poco lo que nos quitaron. Me encantó esta intriga, este giro inesperado en la historia. Pobre Beto, tan fiel a Guillermo nunca ponderó el daño que le hacía pero creo que le llegará el momento de resarcirse y quiero a ese Pedro mas vivo que nunca!!! Gracias, me has dejado sin aliento. Besos
ResponderEliminarImpresionante capítulo mary, mi corazón se encogía al pensar en Guillermo con esa arma entre sus manos, hasta el llamado de Camila que trajo la mejor noticia, Pedro vive!!! Me saco el sombrero ante ésta fic es maravillosa, mis domingos serán mucho mejores por esperar tu fic!!! Mariana
ResponderEliminar"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO, CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA"
ResponderEliminar"NUNCA DEJES DE BUSCARME..."
NO PODIA NO PASAR, CUESTION E FE. MONICA DE LANUS
Mary excelencia narrativa como dice Sandra y muy interesante. Increíblemente tomamos caminos similares desde espacios distintos en el mismo tiempo, como si estuviéramos conectadas. Muy buen guión alternativo. Te confieso que tuve que volverme al primer capítulo porque se me confundieron los meses pero muy bueno, atrapante historia por ahora policial como lo fue la mía al comienzo. Gracias y besos del alma. Un placer leerte.
ResponderEliminarExcelente, Mary!!!! Me encanta esta historia. Que bien escribís. Te felicito y gracias por compartir con nosotras esta increíble historia. Quiero ya la continuación. Un beso, Connie
ResponderEliminarUn millón de gracias a todas por sus palabras... no puedo sentirme más feliz ni agradecida... Es un placer inmenso que les llegue la historia, yo particularmente disfruté como loca escribiéndola y ahora me permito descansar y dejarme mimar por sus comentarios... Un beso y las espero el próximo domingo. Mary
ResponderEliminarAh, y por si alguien tiene problemas para comentar como tenía yo, le cuento que lo solucioné cambiando el Chrome por el Opera, parece que era culpa de ese navegador (sabio consejo de mi hija). Mary
ResponderEliminarfelicitaciones espero mucho mas y no es solo promesa jajjajaja mara rosas
ResponderEliminarMe encanta esta historia Mary!! La escena de Guille con el arma en la boca pone los pelos de punta. Qué bien narrado todo. Es un verdadero placer leerte!!!
ResponderEliminarimpresionantemente contado....impecable tu manera de escribir Mary....ahora....casi me muero de un infarto de solo imaginarme a Guille a punto de cometer una locura por tanto dolor.....y pensandolo bien...es logico...se corresponde con el amor que se tienen y se corresponde con lo que Guillermo tendria que haber sentido al perder a Pedro de la manera que lo perdio....es coherente.....muchisimo mas que ese desfile de chongos que no hizo mas que arruinar semejante historia y semejante personaje......gracias por la justicia!!! Silvana
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