
Durante los quinientos metros que separan una casa de la otra, no se enteró que corría. El niño lo llevaba de la mano, guiándolo por el sendero estrecho, marcando con su apuro el ritmo de sus pasos. Ahora no escucha lo que le dicen esas personas, están revolucionadas y no saben si dejarlo entrar o no a la casa, no confían en él, le hacen preguntas y él no puede responder nada, está aturdido, apenas entiende palabras aisladas, el niño está a su lado sosteniendo su mano, lo mira preocupado, intuye lo que está sufriendo. –Por favor… llévenme con él…
Alguien habla de un helicóptero ambulancia que está en camino. Discuten entre ellos, una mujer trata de calmar los ánimos. Lo empuja adentro de la casa, le dice que no se preocupe, que el hombre continúa con vida. Lo reta al niño y le dice que se quede afuera. Pedro camina los últimos pasos que lo separan del dormitorio en penumbras, se detiene antes de llegar al umbral. Respira hondo, cierra los ojos y piensa, “dame fuerzas, Dios…”
El resplandor de un velador junto a la cama ilumina el perfil del hombre dormido. Tiene una frazada subida hasta el cuello, la palidez de su rostro contrasta con las pequeñas sombras rojizas que salpican los párpados y el contorno de la boca. No es él, piensa, no puede ser él… Se acerca despacio, va hasta el borde de la cama y lo mira. Siente que las piernas no van a poder sostenerlo mucho más. Se deja caer de rodillas junto a la cama. Busca la mano oculta bajo la frazada, la encuentra y la aprieta, está fría, inerte, la saca y la besa, trata de devolverle el calor que perdió, la vida que se le escapa. La inunda de lágrimas. Amor mio, amor mio no te mueras no te mueras por favor no me hagas esto no puedo vivir sin vos… Aprieta la mano contra su pecho, lo mira y espera que despierte, que abra sus ojos y espante el terror de la muerte, que le hable y le diga que todo va estar bien. Pero Guillermo no despierta, está hundido en un sitio muy profundo donde no le llegan las súplicas, ni el llanto, ni las caricias desesperadas. Alguien lo separa de él, lo lleva afuera de la habitación, le pide que deje trabajar a los médicos. Desde el umbral, observa a los profesionales ascultarlo, tomarle la presión, revisarle las pupilas. Espera el momento en que se den vuelta para decirle que ya no pueden hacer nada por él, para poder salir corriendo de allí y acabar con su propia vida, porque así lo ha decidido, no tiene otra opción, no se va a permitir sufrir un minuto más. El río es profundo más allá de la isla, sólo tiene que dejarse arrastrar hacia el fondo, dejarse llevar hacia el alivio definitivo.
El niño busca su mano, la aprieta fuerte, le hace sentir el calor de su comprensión. Él pasó por algo parecido, conoce el dolor y el vacío de perder lo más amado, de verlo arrebatado por el absurdo de la muerte. Alguien le desliza una medallita en la otra mano, le pide que rece.
- Vamos a trasladarlo ya, está en shock hipovolémico, necesita una transfusión urgente. ¿Alguien viene con nosotros?
Durante el viaje, le piden los datos, nombre, edad, grupo sanguíneo. Les dice lo que sabe pero miente con el nombre. Apenas le preguntaron contestó casi sin pensarlo. Joaquín Delgado. Ya habrá tiempo para inventar excusas, para alegar confusión mental. Ahora, dentro del minúsculo rayo de esperanza que lucha por conservar, sólo una cosa tiene en claro. Nadie más va a acercarse a Guillermo sin pasar antes por él. No se separará, no permitirá que vuelvan a dañarlo.
En la guardia, una doctora se le acerca y le dice que está al tanto de lo que pasó. La enfermera que le hizo las primeras curaciones trabaja en el hospital, la llamó y le pidió ayuda. – Esa gente es ignorante, no debieron haberlo movido ni tenerlo tantas horas sin llamar la ambulancia. Lo que hicieron es imperdonable. Espero que su amigo se recupere, si no es así vamos a tener que llamar a la policía, de hecho en el informe pusimos herida desconocida pero después que salga del quirófano no vamos a poder seguir haciéndonos los tontos.
- ¿Puedo pedirle algo, doctora?
– Por supuesto.
- Oculten todo lo que puedan.
– No me pida eso.
- Es por su seguridad, si la policia interviene ahora, puede pasar algo muy malo. Es una larga historia…
- No me venga usted también con lo mismo… no podemos arriesgar nuestro trabajo.
- Le pido unas horas, hasta que despierte y él mismo pueda decir quién fue que le hizo ésto… Por favor…
- Está bien… sólo unas horas. Después vamos a tener que dejar intervenir a la policía. ¿Usted se va a quedar acá?
- Hasta que despierte me voy a quedar, si. Y después también.
- Sería bueno que vaya mientras lo están interviniendo y coma algo. No lo veo bien, no vaya a ser que tengamos que atenderlo también a usted.
– Si, está bien, gracias.
Pedro se sienta en el banco y pone el bolso de Guillermo entre sus piernas. En un momento comienza a tener frío, abre la cremallera y saca un abrigo. El perfume sube desde la ropa y lo inunda de emociones, es el mismo de siempre, aquél que tantas veces olió en su propia piel, que se llevaba consigo y no quería dejar perder. De repente toma conciencia de lo que está sucediendo allí, en ese pasillo de hospital donde espera que su vida continúe o se detenga, más allá de la circunstancia terrible, de la hora amarga. Tiene entre sus manos su bolso, su ropa, sus cosas más intimas, impregnadas de su perfume, sus huellas dactilares, el sello de sus costumbres. Guillermo está ahí con él, lo acompaña con sus objetos, le pide que no caiga. Acaricia la suave lana que lo abriga, se deja proteger por su calor. Falta poco mi amor, acá te espero, como siempre.
Desde el momento en que lo sacaron del quirófano y se acercaron a informarle que la cirugía exploratoria había salido bien, que ningún órgano vital ni vaso sanguíneo importante había sido dañado, las horas se han estirado hasta el límite de lo soportable. Recorrió ese pasillo angustiante un centenar de veces, intentó comer unas galletas que encontró en el bolso pero a los pocos bocados ya no sentía hambre, se dedicó a enumerar en su mente todas las cosas que piensa decirle, que quiere preguntarle, como si se tratara de un guión del que no quiere olvidar ninguna línea. La ansiedad y el cansancio han dibujado profundas ojeras bajo sus ojos, hubiera dado lo que fuera por un cigarrillo pero no puede salir afuera, no quiere perder un solo minuto alejado de esa puerta amarilla de la UTI.
Cuando por fin el médico sale y comienza a llamar a los parientes por apellido, está tan nervioso que en un primer momento no reacciona cuando el doctor nombra a Joaquín Delgado. El breve y frío informe le habla de una leve mejoría del estado general, del recuento hematológico y de los análisis bioquímicos que salieron normales, sin embargo el último párrafo que le lee lo deja preocupado. Aún hay riesgo de infección. Cuando entra a la terapia, lo hacen ponerse un guardapolvo y lavarse las manos. Camina hasta el final de la hilera y lo encuentra alli, dormido y perdido en una multitud de cables, sondas y aparatos que emiten sonidos inquietantes. La sábana lo cubre hasta la cintura, justo por debajo del vendaje, tiene los brazos apoyados a los costados del cuerpo, una de sus muñecas también está vendada. No halla donde sentarse, se agacha en cuclillas y apoya las manos en el borde de la cama para no perder el equilibrio.
- Guille… Soy yo, mi amor. Soy Pedro. Estoy con vos.
Se queda observándolo y espera alguna reacción, los minutos pasan y todo continúa igual. Estira una de sus manos y acaricia su brazo, baja hasta su mano y entrelaza sus dedos con los de él, apoya su cara contra su hombro, comienza a besarlo con suavidad, casi con miedo de hacerle daño. Lo ve tan frágil, tan vulnerable… Un pequeño hilo de lágrimas comienza a descender de sus ojos, le moja el brazo inerte.
- Volví, mi amor, mi vida. Volvé ahora vos, te necesito conmigo…
Una pequeña turbulencia agita los ojos de Guillermo, quebrando la inmovilidad absoluta de su rostro. Con dificultad, como si le pesaran demasiado como para poder abrirlos completamente, levanta apenas una delgada línea de sus párpados y mira a la persona que tiene la cabeza apoyada sobre su hombro, pero no logra hacer foco, la luz brilla con una intensidad excesiva. Parpadea y se esfuerza por reconocer esa cabeza, por asignarle una identidad, pero no puede, tampoco puede recordar por qué está allí, no conoce ese lugar. El sonido de los aparatos le remite a hospital. Supone que algo le pasó, pero tiene la mente metida en una nebulosa y le cuesta pensar. Un dolor le punza la cintura, fuera de eso no siente más nada, tiene el cuerpo adormecido, insensible.
- Volvé conmigo… No puedo más…
Esa voz le provoca una extraña cosquilla en el estómago, la presiente muy familiar, muy cercana. Intenta abrir la boca para hablar pero su voz es un débil susurro que apenas traspasa el borde de sus labios. Aprieta la mano que siente acompañada, le transmite lo que su boca no puede.
Pedro alza la cabeza de golpe al sentir el movimiento en su mano, se gira y se encuentra con esa mirada clavándose en la suya, fatigada pero curiosa, una mirada que le dice que no lo reconoce aún. Guillermo entorna los ojos, hace fuerza por identificar esa cara que comienza a salir de a poco de la bruma y adquiere definición, hasta convertirse en el rostro de aquel que creyó perdido para siempre, siente de pronto resurgir el corazón en su pecho con latidos fuertes, acelerados, cierra los ojos porque no soporta la crueldad de pensar que es sólo su imaginación, que va a desaparecer en algún parpadeo.
- Guille… mi amor, Guille, mirame por favor… Necesito que me mires… estoy acá… mi vida, ¿me ves?
Pedro aprieta su mano, tiene la cara a centímetros de la suya, le suplica en los límites de su propia cordura que abra los ojos y lo mire. Guillermo los entreabre nuevamente, su rostro sigue allí, no se ha ido, si es una visión es tan persistente que la luz de la realidad no logra espantarla.
- Pedro… No puedo… dejar… de pensar… -su voz es un hilo delgado que amenaza quebrarse.
- No te esfuerces, mi amor, ya va a haber tiempo que me digas todo, yo no me voy, me quedo acá, te cuido como nunca debí dejar de hacerlo.
- No puedo dejar… de pensar… en vos…
- Estoy acá… no pienses, no hables, no hace falta, te amo y no te voy a dejar nunca más… -Pedro besa su mano, la aprieta contra su pecho.
- Ni un solo… día…
- Yo tampoco, mi amor… Estuviste siempre, cada minuto, en cada lugar. Conté las horas que estuve sin vos, fueron las horas más inútiles de toda mi vida. Nunca más, Guille. Se acabó. No hay poder de este mundo que pueda alejarme de vos.
- Ella… ella, no te… acerques…
- ¿Quién, Guille…?
- Ca…mila
- No mi vida! Nunca me hizo nada, fue una estupidez aquello, no debí escucharlo, tenía miedo por vos… Ya va a haber tiempo para explicar…
- Escu chame… me cuesta… fue ella…
Pedro se queda mirándolo, no entiende. – ¿Qué, Guille?
- …matarme….
Le acaricia el rostro con ternura, intenta calmarlo, está muy confundido, no sabe lo que dice.
- Quiso… matarme… Camila. Tengo… sed.
Le pide a la enfermera un poco de agua y entre los dos le humedecen los labios y vierten un poco del líquido dentro de su boca.
- Ya se termina el tiempo de visita… sólo cinco minutos más, de acuerdo?
- Está bien. Guille, me voy a quedar acá en el hospital, a la mañana voy a venir a verte de nuevo. Pero no me voy, no tengas miedo. Me quedo ahí, en el pasillo.
- No podés… con ella… asesina. Me clavó… un cuchillo…
- Guille no puede ser, estás confundido, ella no, ya te vas a acordar, quedate tranquilo mi vida…
- Una venganza… No estoy… confundido. Está loca…
- ¿Lo que estás diciéndome es que Camila te clavó el cuchillo, que fue ella la que te quiso matar…?
Guillermo suspira. – Por fin…
Pedro se sienta en el borde de la cama. La idea no puede terminar de entrarle en la cabeza. ¿Camila?
- ¿Ella te hizo todo ésto…?
Guillermo, cansado, asiente con la cabeza.
- Decime dónde está, Guille. Dónde está esa loca de mierda.
- No sé… no recuerdo… la casita.
Pedro trata de calmar la furia que empieza a hacer hervir su sangre, a apretar su corazón, pero un solo pensamiento le taladra el cerebro. La voy a matar, la voy a matar.
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Mordisquea un sandwich en la cafetería del hospital, la rabia le ha quitado el poco apetito que sentía, pero tiene que comer, no puede darse el lujo de decaer, menos ahora que avista por delante un panorama aún más complicado de lo que imaginaba. Camila hizo ésto, piensa, y no puede terminar de creerlo. Algo dentro del bolso que está sobre una silla, a su lado, suena en forma insistente. El celular de Guillermo. Lo saca y lee el mensaje. En realidad, la larga lista, todos de la misma persona, parecidos entre sí. “LM no regresa al hotel. Continúo esperando. Reitero solicitud de instrucciones”. ¿LM, hotel? LM, Luciano Martínez. Alguien lo está siguiendo, alguien contratado por Guillermo. Entonces él sabe lo que pasó, que estaba vivo. No puede hilar una explicación para lo que está pasando, todo es demasiado confuso, pero ya habrá tiempo para explicaciones, de uno y otro lado. Pone responder, escribe. “Digame dónde está, voy a encontrarme con usted”. A los dos minutos, recibe otro mensaje. “Hotel Intercontinental, Tigre, a 30 metros del hotel. Corsa negro”.
El hombre se revuelve impaciente en el asiento del auto. Está acostumbrado a esperas interminables, pero estos últimos días pasó algo fuera de lo común, el cliente desapareció, no contesta sus mensajes, y no ha querido abandonar por demasiadas horas su puesto de vigilancia. No confía completamente en la pericia de sus ayudantes, y este caso es bastante complicado, y por sobre todo, delicado. Lo sobresalta el golpe de unos nudillos en el cristal de su ventana, se queda paralizado al ver que la persona que estuvo siguiendo hasta que la perdió en el puerto de frutos, esté allí parada, haciéndole señas de que baje el vidrio. Pedro advierte que el hombre vacila, saca el celular de su bolsillo y le muestra a través de la ventana cerrada el mensaje que escribió recién hace apenas unos minutos. El investigador le indica que suba al asiento del acompañante.
- Tenga cuidado con lo que hace. Estoy armado.
- Descuide, no soy un hombre peligroso. ¿Por qué me está siguiendo?
- Usted debería explicar cómo consiguió ese celular, que yo sepa no es suyo.
- Qué le parece si usted me cuenta primero y yo después le digo por qué lo tengo, y por qué usted no recibe respuesta a sus mensajes desde hace casi cuatro días.
- No puedo decirle nada, no estoy autorizado. Alguien me pidió que lo siguiera, y si esa persona no aparece voy a tener que dar parte a la policía.
- La persona que lo contrató, está en el hospital. Yo tengo sus cosas conmigo. Alguien… intentó asesinarlo. Por suerte no lo consiguió. Yo necesito que usted me cuente todo lo que sabe de mi historia, y después le voy a decir lo que pretendo de usted. Antes que vuelva a negarse, le advierto que si avisa a la policia, puede poner en peligro mi vida, y la de Guillermo, sabe que él se llama asi, verdad?
– Si, lo conozco.
– Entonces confíe en mí, hable.
- Tiene razón, confío en usted porque Graziani me explicó lo que había pasado, quién es usted. Pero de todas formas, no sé si debo…
- Mi ex mujer intentó asesinar a Guillermo, por venganza, él me lo dijo, nosotros somos pareja, eso no sé si lo sabía.
El detective hace un gesto de asentimiento. Pedro continúa. - Ignoramos dónde está ella ahora, yo no puedo explicarme cómo fue capaz, ni si volvería a hacerlo, pero no puedo permitir que vuelva a intentar algo contra él. Llamé a su teléfono, no me contesta, y el número que teníamos donde viviamos, y figura como que no corresponde a un abonado en servicio. Es posible que… ya no viva allí, no sé nada porque hace un año que desaparecí y no volví hasta ayer. Bueno, usted éso ya lo sabe.
- ¿Qué es lo que pretende que haga?
- Necesito que la busque, y que la traiga conmigo.
- Lo haré, si primero hablo con Graziani y me autoriza.
- No, él no debe saber, no querría que yo me acerque a ella, me lo previnió, tiene miedo.
- Lo siento, no puedo.
- Entonces continúe con lo que está haciendo, pero búsqueme otra persona que lo haga, por favor.
- Puedo enviar uno de mis hombres. Esto quedaría entre usted y yo, por supuesto, sería un contrato aparte. No puedo mezclar los tantos. Y no puedo abandonar su seguimiento, hasta que no hable con él.
- Hágalo, mañana si está mejor lo pasan a una habitación de terapia intermedia, hable con él. Pero no vaya a mencionar nada de nuestro arreglo.
- De acuerdo. Le va a costar veinte mil pesos sólo para empezar, veremos el tiempo que se alargue y las complicaciones…
- No hay problema, tengo el dinero.
- Necesito todos los datos filiatorios que me pueda aportar, fotos, lugares donde se le ocurra que pudiera estar, personas con las que tal vez entre en contacto.
- ¿Quiere venir al Hotel y mientras cenamos arreglamos todo?
- Me va a venir muy bien estirar las piernas.
- Y a mí comer algo decente.
RECONSTRUCCIÓN - CAPÍTULO 10
Ese día lo ve algo mejor, está pálido pero animado, ha pasado la noche un poco agitado, a Pedro le dijeron que tenía una infección y que hay que esperar a que hagan efecto los antibióticos. Apenas lo ve acercarse a su cama hace un esfuerzo por sonreír, pero nota algo triste en su mirada, más allá de la fiebre que apenas comienza a bajar. Guillermo le agarró la mano y no se la suelta, la tiene aprisionada entre las suyas, apoyadas sobre el pecho. No deja de mirarlo, como tratando de grabar su imagen en las retinas, de saborear su regreso, de creérselo.
- Guille… Si te morías, yo me moría con vos…
- No se puede morir dos veces, Pedro… mi amor… Los dos morimos antes, ¿te acordás? A vos te asesinó Camila, y a mí, el dolor.
- No puedo perdonarme lo estúpido que fui. Estaba asustado, me dijeron que iban a matarnos cuando nos estuviéramos yendo, y sólo pensé en que ya no podía, no quería arriesgarte más.
- Y preferiste destrozarme con una mentira… ¿acaso no sabías lo que sentía por vos? ¿Por qué no me hiciste saber que estabas vivo, de alguna manera, por qué me dejaste continuar en ese infierno?
- Al principio… Miller me dijo que iba a hablar con vos cuando yo estuviera lejos, que te iba a explicar… Me pidió que desapareciera por completo, que no dejara un solo rastro. Con el tiempo, de a poco, me resigné a esperar. Hasta llegué a pensar que, tal vez, preferías dejar las cosas así. Que estarías cansado de toda esa locura, o que quizá, no sé… que tu amor… no había resistido, después de todo. Y también, muchas veces, lleno de ilusión pensé que en cualquier momento iba a leer ese mensaje que me diría que volviera, y entonces todo estaría solucionado, todo sería como debió ser desde un principio.
- No recibiste ese mensaje porque estuviera solucionado, Pedro… Camila me llamó y me contó todo, yo no sabía…
- Hablaste con Miller, entonces…
- Si. Es todo tan complicado, me parece que hay mucho para explicar… y hay cosas que me va a doler demasiado contarte… ahora no puedo, no sé cómo…
- No importa, mi amor… lo único importante es que estamos juntos. Que el milagro ocurrió, por segunda vez.
- ¿Segunda, cielito?
- Si. La primera fue al conocernos. Y la segunda, ésto.
- ¿Ésto…? Esto, lo nuestro… -dice Guillermo en broma, y Pedro sonríe, le cosquillea el estómago al recordarlo… Le sigue el juego. – ¿Qué vamos a hacer con ésto, Guille? –y hace el gesto cómplice que ambos conocen bien, de señalarse y señalarlo, con la mano que tiene libre.
- Me vas a matar, mi corazón aún está débil… no puede tolerar tanta felicidad… ¿A vos te parece que a mí se me puede hacer algo así?
- Yo imagino muchas cosas que puedo hacerte, mi amor. Pero no es lugar para que te las diga. No quiero que el monitor explote.
Guillermo cierra los ojos. – Decime algo, dame un adelanto… hablá bajito, decímelo al oído…
- Qué atorrante, Graziani! Y eso que estás mal, no quiero imaginar lo que será cuando te recuperes…
Se acerca y después de darle un beso en la mejilla, le susurra al oído con la voz más seductora que puede conseguir.
- Cuando tengas las fuerzas suficientes, no vas a necesitar correr para alcanzar a este animalito… yo pienso dejarme agarrar… y vas a ser vos el que va a pedir clemencia. Tengo mucho fuego acumulado en la sangre… te voy a incendiar, te voy a resarcir de todo, Guille. Te lo prometo.
Guillermo gira la cabeza y mira el monitor. Ambos ven las pulsaciones, y se ríen. – Vení, precioso, dame un adelanto que el biombo éste nos tapa.
Pedro lo besa dulce y despacio, le deja un rastro de saliva sobre los labios. – ¿Así está bien mi vida?
- Como adelanto, si.
- Te vas a recuperar muy rápido de esta manera.
- Por supuesto, tengo al mejor enfermero.
- Y yo al mejor profesor… para que me enseñe todo lo que sabe…
- Mejor hablamos de otra cosa, ¿te parece? Empiezo a preocuparme por el efecto que pueda tener sobre mi anatomía…
- Está bien, tenés razón… ya falta poco para pasar de las palabras a la acción… podemos esperar un poquito más.
- Contame lo que hiciste en todo este tiempo… ¿Estuviste con alguien… por ejemplo…?
- Hey… ¿desde cuándo sos celoso, vos…?
- Desde que tengo a mi lado al muchachito más precioso que haya podido conocer…
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- Necesito que me mandes más plata. Si querés que me vaya y que no abra la boca. Te aseguro que lo único que quiero es irme lo más lejos que pueda. Y no volver más.
- Quisiera creerte. Ya te di bastante y no pasó tanto tiempo. Igual voy a tratar de conseguir un poco más. Dame un par de días.
- Nunca te pregunté de dónde sacás tantos recursos vos… entre lo de Pedro y lo mío, ya invertiste una fortuna…
- Éso a vos no te interesa.
- Después decían que mi papá era un corrupto… ¿y por casa cómo andamos?
- Yo no le robé a nadie, todo lo que tengo fue legítimamente conseguido.
- ¿Herencia? Bueno, lo vas a terminar perdiendo todo si seguís apostando tus fichas siempre al mismo número… sos un perdedor, un tipo que no acepta que nunca va a conseguir el amor que pretende. Y mucho menos ahora…
- Mirá quién habla… Cuando caigas del árbol y te des cuenta que Pedro no te va a dar más bola, avisame y por ahí fundamos un club.
- Está bien, Miller. Mañana te vuelvo a llamar, y te digo dónde nos encontramos.
- Y que esta vez sea la última.
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- Hola, tiene novedades, entonces.
- Si. Conseguí ubicar al ratón. Se comunicó con el gato Giuseppe y sé donde tiene la madriguera.
- Páseme la dirección.
- ¿Va solo?
- Si, pero me gustaría que nos encontremos antes, tengo que hablar con usted.
- Ahí le envío un mensaje con la dirección y la hora.
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Anteojos oscuros, sombrero Stetson, jeans negros, remera blanca. No llamaría la atención mezclado entre la gente dominguera de la plaza Dorrego, un patchwork de músicos callejeros, artesanos, turistas y gente urbana, si no fuera porque, al caminar, un halo de sutil sensualidad que ni siquiera sospecha poseer, lo envuelve y se derrama en la mirada de la gente que lo cruza, que a menudo se da vuelta a mirarlo. Camina de un modo casi felino, la cabeza entornada, absorbiendo ávidamente el amplio espectro de figuras que transitan las calles de San Telmo. Busca su presa, una feroz y salvaje leona que en su mente, no llega ni a la categoría de hiena.
Una mujer se pasea por un puesto de antigüedades, curiosea y pregunta el precio de un espejo con marco de plata, sigue de largo sin comprar y se detiene más adelante, admira frascos de perfume, cajitas musicales y chucherías de aspecto impecablemente conservado y de un valor que imagina excesivo. Camina sin apuro, tiene todo el tiempo del mundo para disfrutar de esa tarde cálida de noviembre. Una pareja de bailarines de tango ejecuta su baile en un rincón adoquinado de la plaza, numerosas personas se detienen a verlos y sacar fotos. Es placentero dejarse llevar por esa mezcla de modernidad y de pasado, observar las estatuas vivientes, los músicos, volverse anónima entre la gente. Una melodía le llama la atención, se va abriendo paso entre las personas que presencian el meláncolico rasgueo de un guitarrista sentado en una esquina de la plaza. Cierra los ojos, y deja que las emociones la atraviesen, que la música la acune y le quite las espinas de culpa y de dolor que tiene clavadas en el pecho.
No puede sentir el perfume de su aliento rozándole la nuca, la contenida rabia que desquita apretando las manos, mordiéndose la boca. Cuando finalmente decide marcharse de allí, no oye el eco de sus pasos acompasado con los suyos, siguiéndola, midiendo la distancia exacta que resulta perfecta para pasar desapercibido y a la vez no perderla.
Llega al hotel, sube la escalera hasta el primer piso, la sombra la sigue cada vez más cerca, tanto que podría estirar uno de sus brazos y enredarse en un mechón de su cabello. Introduce la llave en la cerradura, abre y al empujar la puerta, siente unas manos que le aprietan un brazo y le tapan la boca. Alguien la arrastra hacia adentro, con un pie empuja la puerta y la cierra con violencia.
- Shhhh….
Lo tiene apretado detrás suyo. Siente el salvaje aire de su aliento susurrándole al oído. – Hola, mi amor… ¿me extrañaste…? O ya te olvidaste de mi… después de un año todo puede cambiar. Los sentimientos, las circunstancias, las personas… todo cambia. Los buenos pueden volverse malos, los blandos endurecerse… ¿Recordabas mi voz? ¿Estás feliz de que haya vuelto?
La suelta bruscamente. Ella se da vuelta y lo mira, paralizada por la revelación, por el asombro.
- Pedro…
Se quita los anteojos, tira el sombrero sobre la cama.
- Aquí estoy. Volví, Camila. ¿Te gusta lo que ves? ¿He cambiado mucho?
- Pedro… -ella se tira en sus brazos- Te necesité tanto… me hiciste tanta falta…
La mujer acaricia su nuca, se sumerge en sus ojos. No hay respuesta en él, la observa con una estática frialdad. Hay sin embargo en su mirada un oscuro brillo, que la estremece, de miedo y a la vez, de intenso placer. Parece otro hombre. Ya no es el dulce y tierno Pedro con el que se casó. Ni tampoco el indiferente que se zafó de sus brazos y se fue con la valija a la casa de Guillermo. Fiereza, interés, mezclados en esa mirada que la descoloca, que la hace temblar y no sabe bien por qué.
- Estoy tan feliz de que hayas vuelto… ya no te esperaba… Pero… no entiendo. ¿Cómo me encontraste?
Pedro se sienta en la punta de la cama y palmea el colchón. - Vení, sentate aquí a mi lado. Charlemos.
Ella obedece. Pasea su vista por su cuerpo, aprecia el intenso soleado de su piel, la rigidez de sus manos apretando la tela de sus jeans. El brillo plateado de un anillo en su mano izquierda. Un anillo… de plata. Yo conozco ese anillo…
- ¿Sabés cuántas veces me desvelé pensando cómo estarías? Me sentí culpable. De haberte abandonado a tu suerte, de no haberte amado como vos te merecías… Pero siempre me tranquilizaba pensando que, de alguna manera, Guillermo… no te desampararia… Por mí. El iba a cuidar de vos. Estuve con él poco tiempo, pero llegué a conocerlo bien. No iba a permitir que sufrieras necesidad. Con respecto a tus sentimientos… bueno, eso se iba a arreglar, con el tiempo. Porque… es verdad, en esta vida, todo pasa.
- Si, Pedro. Todo pasa, aunque a veces… algunas cosas no se van del todo.
- No. –ahora Pedro juguetea con el anillo, lo sube y lo baja por su dedo. Le queda holgado.
- Ese anillo… vos no lo usabas antes, ¿no? No lo recuerdo. Tenías nuestra alianza de matrimonio. Ésa que ya no tenés.
- En efecto, sos observadora. Es una virtud notable.
- Estás tan raro… no parecés vos.
- Los golpes, Camila. Endurecen, maduran. Y a veces, transforman. Vos tampoco sos la misma –la mira pensativo.
- No, supongo.
- Antes no hubieras sido capaz de ciertas cosas. Eras frágil, educada, una chica correcta. Tenías algunos detalles, pero nunca hubieras…
Se queda en silencio.
- Nunca hubiera qué, Pedro?
- Nunca habrías asesinado a alguien.
Se quedan mirándose, él midiendo su reacción, ella dimensionando lo que acaba de escuchar.
- Yo… no entiendo. ¿Estás loco? Qué decís, Pedro.
- Me dieron este anillo. El dueño no pudo seguir usándolo, porque tenía la mano hinchada, tuvieron que cortarlo para poder sacárselo. Una infección. Causada por una herida en una muñeca. ¿Te suena conocido?
Camila se levanta y lo mira, ahora su expresión es de auténtico temor. Se siente acorralada.
- ¿A qué viniste, a contarme historias, a echarme la culpa de cosas que no sé ni me interesan? Andate ya, andate y dejame en paz.
- No, no me voy todavía. Porque traje algo que quiero mostrarte.
Levanta el borde de su remera y saca un revólver.
- ¿Habías visto este revólver antes, Camila?
- No, no, eso no es mío… por favor, andate, me estás asustando.
- Sí, sí lo viste. Y lo tocaste. Porque ahora te gusta manejar armas, de todo tipo. Sobre todo armas blancas.
- No, no.
- Mataste a Guillermo. Lo mataste, y estás como si no hubiera pasado nada.
- Quién te dijo esa estupidez!
- Él, Camila. Antes de morir. Te delató.
- No… no quise, yo no quise hacerlo… Fue un impulso, no pensé, estaba nerviosa, asustada. Fue un movimiento, un accidente, no sé como explicarlo. Cuando me di cuenta, ya era tarde, estaba hecho y yo no podía volver atrás. Me fui, pensé que estaba muerto. Pensé que no me iban a creer!
- Cometiste un error imperdonable, Camila. El de acercarte a Guillermo. A la única persona que era todo para mí. No puedo perdonar eso. Lo mataste. Y entonces me mataste a mí –la apunta con el arma.
- Pedro, no sabés lo que decís, vos no sabés… Yo… daría lo que sea porque no hubiera pasado. Yo lo quiero. Tanto como te amé a vos.
Pedro larga una carcajada. – Eso es lo más ridículo que escuché en mi vida. ¿No tenés otra excusa mejor?
- Podés reirte, no creerme, pero es así. Iba a vengarme, pero en medio de todo eso… descubri que sentía algo peor que odiarlo. Porque amar sin esperanza es lo peor que uno puede sentir.
- Estás mucho, mucho más loca que lo que imaginé. Vos no podés seguir lastimando a nadie más. Vos tenés que pagar.
- Entonces, matame. Convertite también en un asesino. Dale, matame, a ver si te atrevés.
- No, no voy a hacerlo, no voy a manchar mis manos con tu sucia sangre. –Pedro limpia en su remera el arma y la echa sobre la cama.
- Tomá, agarrala. Hacelo vos misma, demostrame que tenés dignidad. Pegate un tiro, Camila. Terminá con esta vida miserable. Si tanto me amaste, a mí, a él… No, ya sé. No lo vas a hacer, porque sos cobarde y temés morir.
- No tengo miedo. Dame eso –recoge el arma.
- De verdad, ¿serías capaz de matarte, Camila?
- ¿Preferís eso o que te mate a vos, Pedro? ¿Querés que me mate yo, o que haga realidad lo que todos piensan que hice hace un año? No pueden condenarme dos veces por lo mismo. ¿Qué pasaría si ahora te mato?
- No lo sé… Averigualo, acá estoy. Total, ya no tengo por qué vivir… -abre los brazos, se coloca frente a ella.
Camila lo apunta. Pedro sonríe.
–Click, click –se burla de ella-. Está descargada, tonta.
En un segundo, antes de que ella pueda reaccionar, le quita el arma sosteniéndola por el cañón.
La introduce en una bolsa transparente que saca del bolsillo de su pantalón, la mete en el borde de sus jeans.
- Listo. Prueba recolectada. Después borraré mis huellas y sólo quedarán las tuyas. Las de la asesina de Guillermo. De ese crimen todavía no te condenaron.
- Yo no disparé nunca esa arma, yo le clavé un cuchillo, infeliz. Y ese cuchillo nunca va a aparecer.
- A veces hay que plantar pruebas, Cami. No hay cuchillo, pero hay una confesión, testigos que te vieron huir en un bote. Y una escena del crimen, llena de sangre, y un arma que de pronto es descubierta, no sé… tirada al borde del arroyo, por ejemplo, con tus huellas. Suficiente para probar tu presencia, tu intención, y dejar en claro qué hacías allí. Cualquier juez te condenaría a una larga, larga pena.
- No quiero volver a la cárcel… Prefiero morirme.
- Aprovechá y escapá Camila. Tal vez, si tenés suerte, no te agarren. Yo ahora me voy.
Pedro se levanta, recoge los anteojos y el sombrero, se los pone.
- Adiós, ya nunca volveremos a vernos. Yo estoy muerto. Y vos… quién sabe lo que será de vos.
Sale dando un portazo. Camila siente que un tren le pasó por encima. Corre a juntar sus cosas, no tiene tiempo que perder. Guarda la ropa, abre la caja de seguridad y saca el fajo de billetes que Miller le entregó esa mañana. Esta vez irá lo más lejos que esa plata la pueda llevar.
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Cruza la calle y se sube al auto negro.
- ¿Pudo hacerlo?
- Salió todo bien.
- ¿Está seguro que no la va a plantar? Es muy fácil, uno de mis hombres puede hacerlo.
- No… la guardo conmigo. Si en algún momento lo necesito, la voy a usar. Creo que con el susto que le dí va a ser suficiente.
- Yo no me arriesgaría a decir eso. ¿La van a dejar ir, después de todo lo que hizo?
- Lo pensé mucho. Yo quería que pague, pero Guillermo no. Tiene dudas con respecto a su intención de matar. No quiso contarme mucho de lo que pasó en esa casita, pero sé que piensa que a lo mejor Camila realmente iba a dejarlo ir. El dice que ella ya sufrió bastantes cosas malas, pero creo que más que darle una oportunidad lo que busca es que desaparezca para siempre. Y además, no es rencoroso. Ojalá yo pudiera ser así.
- No guardar rencor a veces es simplemente la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Pero yo no confiaría en esa mujer después de lo que hizo, quién sabe cómo está de la cabeza. Puede volver a intentar algo contra ustedes.
- No tiene por qué saber que él y yo estamos juntos si no se entera que está vivo.
- Mire, ahí va –el investigador señala la vereda de enfrente.
La mujer de anteojos negros y mochila se sube al primer taxi que pasa. Cinco segundos después, un pequeño auto gris arranca y comienza a seguirla.
- Espero que no la pierdan de vista. Quiero asegurarme que se vaya lejos.
- No se preocupe, somos profesionales. ¿Quiere que lo alcance a alguna parte? Yo ya me voy para mi casa.
- ¿Retiro le queda de camino?
- Si, no hay problema.
- Entonces me bajo allí, en la estación de tren. Tengo que volver al hotel. Ah, tome su sombrero, gracias por prestármelo –se lo alarga.
- No, deje, se lo regalo, tengo otros, aunque no me quedan tan bien como a usted, pero a veces son útiles para mi trabajo.
Pedro lo observa y se sonríe. –Es que no es mi estilo.
- Entonces guárdeselo de recuerdo de esta extraña aventura.
- Tal vez lo termine usando después de todo… -se lo calza y se mira en el espejito de la luneta. Se pone los anteojos.
- Ojalá yo tuviera su pinta –el hombre prende un cigarrillo y le convida uno.
- No, gracias, dejé de fumar.
- Dejar de fumar es fácil. Yo ya lo dejé como cien veces. -Pedro larga una carcajada- No es mía, de Mark Twain.
- Es buenísima. Pero eso no me va a pasar. Hice una promesa, y las promesas hay que cumplirlas.
Suena el celular de Pedro.
- Si, mi amor, ¿pasa algo? Ah, no, no estoy en el hotel. Estoy haciendo algo. No, voy un poquito más tarde. Llego justo para darte de comer. Si… yo también te quiero. Chau…
- ¿Mejor?
- Si, mañana le dan el alta.
El hombre arranca el auto. – Avísenme si necesitan algo.
- Gracias. Lo que más necesitamos ahora es un tiempo de descanso… Antes que me olvide, con todo este vértigo no le pregunté su nombre.
- Tengo un nombre común, perfecto para mi profesión. Luis Correa.
Pedro se sonríe. Un hombre corriente que ha resultado ser un mago, después de todo.
CONTINUARÁ.
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Espectacular!!!!!!!!!! Mary al fin se produjo el tan esperado encuentro!! Amé ese momento en que Pedro le suplicaba que vuelva a la vida, muy emotivo, ese amor unico que sienten el uno por el otro los devuelve a la vida una vez más!! #feliz!! Y ese audaz plan de Pedro para alejar a Camila , brillante!! Felicitaciones te vas superando capítulo tras capítulo!!! Mariana
ResponderEliminarHay Mary casi muero infartada!!!!! Gracias por juntarlos,por "verlos unidos" porque yo lo veo sabes y me duele cuando sufren como les duele a ellos.Que genio estuvo Pedrito.Y que dulce Guille que no desea hacerle daño a Cami.Que buenos detectives encontraste....Gracias ya están juntos y seguro vivirán momentos de locura y pasión como nos gusta.La trama policial maravillosa.....falta descubrir a José que H.D.P.(en la Fics,pues en la tira yo lo quería).Sos una idola,una genia,tu pluma es excelente.Mary te amo.Beso y abrazo.Espero con ansias el próximo capítulo.Mirta.
ResponderEliminarGracias Mirta, sí ya era hora de juntarlos pobrecitos. Por un tiempo van a vivir su mundo de fruta encendida. Me alegro que seas fiel a mi relato porque a pesar de todas las dificultades que les hago pasar siempre encuentran el camino para volver a estar juntos, ese amor puede con todo. Un beso gigante Mirta!!! No te pierdas el final de esta primera parte la prox. semana.
EliminarHay Mary huelo por lo que decís que nada va a ser fácil.......y bueno vamos a tener que soportar todo....pero no los separes....porfi.(como los chicos)jajaj te amo Mary. ...Un beso y un abrazo...Final bueno pero eso de primera parte mmmmmm....Mirta.
EliminarSublime Mary, magistral capítulo doble!!!! Casi me muero con Pedro cuando vio a Guille, su amor, el hombre de su vida que siempre se mantuvo fuerte por él, pero que luchaba por su vida. Y esa hermosa charla, seduciendose uno al otro, ahí mori de amor!!!! Me gusta mucho este Pedro fortalecido por el sufrimiento y defendiendo a Guille, cuidandolo con todo el amor que siente hacia él. Ahora me pregunto que onda Miller, acaso esta aliado a Camila??? Quiero mucho amor para el próximo capítulo!!! Besos
ResponderEliminarJuly contesto tu pregunta, Miller quiere a Camila lejos para que no se descubra la truchada que se mandó él. En el primer capítulo en la parte de José que transcurre en un tiempo más adelantado, en el mes de diciembre, hablo de Camila que fue detenida por la policía cuando se estaba yendo del país, por éso se descubre lo que hizo José. Y por éso él es obligado a renunciar a su puesto de fiscal. Más adelante retomo el tema donde aclaro que fue de los dos más adelante, pero falta mucho para éso. Un beso July y gracias por tu comentario!!!
EliminarMUY BUEN CAPITULO!!! MUY BIEN ESCRITO!!!!! FELICITACIONES POR LA TRAMA!!!!!
ResponderEliminarPor finnnnnnnn los juntaste, mi querida Agatha!!!! Qué dulzura ese "llego para darte de comer", me derritoooooo.
ResponderEliminarY la carcajada la largué con "el gato Giuseppe", muajaja.
Bueno, espero que cuando termines esta historia, lo hagas crecer al pequeño Pedro Maidana, como me prometiste la semana pasada, y ya que estamos, sería un excelente colaborador en investigación en los casos penales que tengan que afrontar Guiie y Pedro... Ya me armé la película, jajaja!
Te mando un beso grande!
Y además, cuando ya Guiie esté bien y todo haya quedado atrás, no les vendría mal unas merecidas vacaciones-luna de miel viajando en el Orient Express, esta vez sin asesinato :-P
ResponderEliminarGuille querida!!!!! los mando a otro lugar más cercano, pero te juro por mi vida que en algún momento soñé con ellos en un tren europeo tipo el Orient Express, me resulta el colmo de lo romántico, lo que me detiene es no tener ningún conocimiento sobre esos adorables medios de transporte, por supuesto que en Argentina no puede ser! Agatha tenía una enorme ventaja (aparte de su talento insuperable), vivía en Europa!!! Un beso enorme y qué bueno que también te guste lo romántico porque en lo sucesivo hay de éso, (lo policial lo dejo de lado por un tiempo).
EliminarApoyo moción.....apoyo a las niñas en todo...y en especial las vacaciones jajajajaja.....Vieja verde:::::.Mirta.
EliminarMary: muy, muy, muy pero muy bueno. Excelente historia! Desde el principio. Imagino un final para alquilar balcones. Realmente tenes una manera de escribir genial, sumamente descriptiva, atrapante y, obvio, como esta pareja lo merece, con mucho amor. Gracias por compartirla!!! No dejes de escribir historias "guilledro" (ya había leído otra tuya, muy buena también) Sandra: muchas muchas muchas gracias por el capítulo doble! Romi (siempre olvido firmar)
ResponderEliminarRomi, no sé cómo será el final porque todavía no lo escribí, pero en el próximo capi algo de balcón hay... jajajjaja acordate! Sos vidente. La semana prox. termina Reconstrucción, pero luego continúa... Besos!!!
EliminarBuenísimo lo del balcón ;) Gracias! Romi
EliminarMe encantó eso que contestaste de "... qué bueno que también te guste lo romántico porque en lo sucesivo hay de éso....". Con tu escritura..... seguramente será un placer leer..... Romance a FULL ;) Romi
EliminarMary cada vez mas escasa de palabras para definir lo que me provoca este policial. No se como describir lo que sentí cuando sus ojos se vuelven a encontrar, en un primer momento sentí que Guillermo creía que el rostro de Pedro era una alucinación y por eso le decía " no puedo dejar de pensar en vos". Sentí, que él creía que se moría y que por eso veía la carita de Pedro, pero no se daba cuenta que era una realidad, que Pedro estaba ahí a su lado. Hasta que pudo comprender.. ¿Cómo será recobrar al amor de tu vida después de creerlo muerto por tanto tiempo? ¿Tendrá la mente un lugar capaz de soportar esa situación tan extrema? Lo pienso y creo que debe ser enloquecedor.. como un contrapunto entre el Cielo y el Infierno, porque el duelo estuvo. Mirá a donde me llevás Mary, jajaja sos una genia!
ResponderEliminarMe encanta cada vez mas y mas!! Espero su continuación!! Gacias
ResponderEliminarMARYuna genialidad estas recontrucion, por fin se encontraron espero que los dejen vivir en paz, sos muy buena escribiendo le das una vicion polocial muy buena, y te lo digo yo que soy una fanatica de las novelas de suspenso y policiales,,,,,,,,,,muy buena espero la continuaciionnnnnnnnnnnn ELDA
ResponderEliminarMary, sin palabras, que buena fic, por favor! Totalmente enganchada. Feliz x el reencuentro. Me imagino el próximo capitulo... Explotan los planetas...Jajajaja...ya volé. Gracias por tu exquisita pluma. Un beso. Connie
ResponderEliminarMary.....me quede atónita con estos dos capitulos! #ame a Pedro dispuesto a todo por defender a Guille.....ese momento del reencuentro...las palabras de Guille....y ese pequeño momento de provocacion #espectacular........lo volvi a leer recien....impecable.....adorable...para soñar el desp de la recuperacion...con tanto tiempo de desearlo extrañarlo y esperarlo cielito me lo manda de nuevo a la clinica.....por favor piedad con #miguille muchas gracias Mary!! sos realmente genial!!! un beso enoooorme!!!! y nunca dejes de escribir Please!!! Silvana (Barby)
ResponderEliminarFascinate historia! estos cap tan inquietantes y con tantos detalles la hace diferente.- Muy bueno como mantenès la esencia de cada uno de los personajes pero este Guille tan amoroso pensando sòlo en P me desarmò... Interesante tb còmo le das un giro a Pedro,en la tira se lo veia siempre demasiado dudoso, miedoso y confundido,casi como una victima de todo...acà realmente asume ese gran amor y actùa en consecuencia.-
ResponderEliminarMUy buen guión alternativo Mary. Muy bien contado. Felicitaciones. Saludos.
ResponderEliminarMary grossa Que historia fascinante y Como dice aguille Belardi SOS una autentica Agatha. Jajaja....alucinada con Como se va desarrollando La trama y feliz pof el reencuentro.....antes de Que Me retes esoooo va desspacio pero va asi q Me debes un final feliz y a todo trapo Amiga de ojos bellos jejeejej beso y No dejes q La bic se quede sin tinta JAMAS tkm hija de La ficcion!!!!!!...........majo
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