
Viernes 14 de noviembre.
El niño corre por la angosta senda bordeada de pastizales en su vieja y destartalada bicicleta. Unos metros antes del claro se detiene y la apoya contra un árbol. Observa la casa. No ve movimientos, como de costumbre. Se acerca sigiloso con el paquete en la mano, una gomera cuelga del bolsillo trasero de su pantalón. Deja el bulto sobre el escalón superior y se queda parado, escuchando. La tarde anterior, después de dejarlo, se acercó y apoyó la oreja contra la puerta. Por la delgada madera se oía el murmullo de una conversación. No pudo entender lo que decían aquellas personas, pero por el tono supuso que eran un hombre y una mujer. El hombre llamado Guillermo, y la mujer que encontró la noche anterior durmiendo afuera, recostada sobre una mochila. Más tarde descubrió que la mujer había dejado amarrado su bote unos metros antes de la casa, oculto entre los pastizales. Le pareció extraño. Todo en ella resulta raro. Intuye que ella no es “de las buenas”. No sabe por qué, pero lo huele. El hombre es diferente. Apenas lo vio de cerca, lo descubrió en su mirada. Es muy niño para saber ciertas cosas, pero no se equivoca con la gente. Una vida precozmente sacrificada le ha marcado un ritmo acelerado a su crecimiento. Eso, y la muerte trágica de su padre. Tiene sólo nueve años pero sobre sus espaldas ya carga con mucho dolor. Por eso ha decidido hacerse amigo de ese hombre desde que habló con él, porque intuyó que la mirada con que lo observaba tenía una mezcla de bondad y de pena. Es un hombre que sufre, pensó. Cada día ha dejado una ofrenda de amistad silenciosa, un pequeño regalo que a él no le cuesta conseguir en ese río generoso, intentando establecer un puente entre el desconocido y él. Ahora el silencio es total, no hay murmullos ni deslizar de muebles, sólo el crujido de sus propios pies sobre la madera de los escalones. Está yéndose cuando abruptamente la puerta se abre, corre a esconderse tras la esquina de la casa y asoma apenas la cabeza para espiar. Ve a la mujer salir, se echa para atrás porque le parece que ella está mirando alrededor. Debe estar buscando al que dejó el paquete en la entrada. Espera unos segundos y se asoma despacio. La mujer regresa hacia la casa. A los pocos segundos sale llevando un fuentón y un manojo de ropas. Da vuelta a la casa por el otro lado. El niño retrocede y se asoma a espiarla por atrás. Ahora está sacando el balde del aljibe, llena el fuentón y comienza a refregar la ropa con un pan de jabón. Aprovecha viéndola concentrada en ese trabajo para ir hacia la puerta, sube apoyando apenas las puntas de los pies para no hacer ruido. Se topa con la puerta cerrada, la cadena y el candado puestos. ¿Por qué se tomaría la molestia de cerrar para ir sólo a lavar unos trapos? La lancha sigue amarrada como el primer día y más allá el bote también. El hombre debería estar adentro, o quizá salió y ella no quiere correr el riesgo de que alguien se meta a la casa cuando está distraida en la parte de atrás. Va a irse cuando un débil sonido le llega desde dentro de la casa. Se acerca y se apoya a escuchar. Alguien está ahí adentro. Acaba de oir el ruido de algo al caer, luego unos quejidos. De repente oye a la mujer que viene cantando por el costado de la casa, no tiene tiempo de escapar, corre hasta el rincón más alejado de la galería y se esconde detrás de unos cachivaches tapándose con un pedazo de lona que encuentra tirada. Ella sube, deja el fuentón vacío en el piso y abre el candado. La cadena se le desliza y cae al suelo. La recoge, toma el fuentón y entra a la casa. Escucha que lanza una exclamación.
- Qué mierda hacés ahí tirado! Te dije que no te movieras!
Cierra la puerta y pone la tranca. El niño se levanta y se va de allí como alma que lleva el diablo. Corre por el pasto hasta la bicicleta, se sube y en menos de un segundo desaparece de la vista.
- Sos muy caprichoso Graziani. Te dije que conmigo los caprichitos no van…
- Solamente te pedí que busques mi celular, y te fijes…
- Basta! No voy a buscar nada! Me importa una mierda lo que me estás pidiendo! Lo que me contás es una película de espionaje… no te creo nada. Si no supieras dónde está Pedro no estarías acá. Terminala.
- Si a Pedro le llega a pasar algo, va a ser tu culpa! El investigador…
- Creo que voy a tener que adelantar tu dosis de tranquilizante, o duplicarla.
- No aguanto más, Camila. Si vas a matarme hacelo ya. Matame porque no quiero pasar otra vez por todo lo mismo. Pedro ya murió una vez. No lo soportaría otra más.
Camila se queda mirándolo un largo rato. Luego se levanta y busca en el bolso. Encuentra el celular y lo prende.
- Entrá a ver los mensajes. Tiene que haber algo nuevo.
- No, no hay nada.
- ¿Hay señal?
- Si, pero estaba apagado.
- Se habrá apagado porque tiene poca batería. Fijate en el bolsillo del costado, ahí vas a encontrar un par de baterías nuevas.
En ese momento, el celular se pone a sonar. Un mensaje nuevo. Lo abre y lo lee en voz alta. “Papá, sos vos?”. Otra vez suena. Dos mensajes nuevos. El primero dice “sin novedades”, tiene fecha del día anterior. El segundo acaba de ser enviado y dice “JM vuelo a Montevideo salida hoy 22.15. Sin fecha de regreso”. – ¿Qué mierda es ésto?
- ¿El que lo envía figura como “Copperfield”?
- Si.
- Es el tipo que contraté para que controle las actividades de José. Quiere decir que se va a tomar un avión a Uruguay.
- ¿Miller? El es JM… A Montevideo… -Camila de repente se altera mucho- Qué hijo de puta! Claro! Se enteró que yo me fui, seguramente me tenía vigilada por alguien… Debe haber ido a buscarme… Pelotudo.
- Ojalá sea eso y no tenga que ver con la vuelta de Pedro… Y si Pedro está en Uruguay? Ay Camila por favor soltame ya, tengo que ir, tengo que seguirlo, no ves que a lo mejor no fue detrás tuyo sino de Pedro!
Ella se queda mirándolo, trata de sopesar los pro y los contra de lo que le va a decir. – ¿Hay forma de que se pueda rastrear la ubicación de este teléfono?
- No, de este creo que no.
- Entonces lo voy a llamar yo. Voy a tratar de averiguar lo que trama. ¿Tenés su número acá en la agenda?
- No, no lo pasé pero lo sé de memoria. Anotalo.
- Está bien. Voy a salir a hablar afuera, pero más te vale que te encuentre donde te dejé.
- Hacelo ya, Camila, hablá con él. Averiguá si te está buscando a vos.
- Bueno, cuando vuelva preparo el pescado. El de hoy se ve más bonito… Y tal vez, si te portás bien, te convido también un vinito que encontré ahí debajo de la mesada.
Camila sale y traba la puerta desde afuera. Guillermo cierra los ojos y aunque no sabe ni acostumbra rezar, le pide a Dios que lo ayude esta vez. Que a Pedro no le pase nada, que esté seguro. Y si es necesario, que no venga.
Un rato más tarde, cuando la espera sin tener noticias comenzaba a hacérsele insoportable, regresó feliz y sonriente. – Hablé con Miller. Estaba justo saliendo para Aeroparque. El muy sorete me dijo de todo, que por mi culpa había tenido que dejar algo muy importante que estaba investigando, que lo habían llamado de Uruguay para decirle que yo faltaba hace días de mi casa. Me preguntó dónde estaba como si se lo fuera a decir… ¿Sabés qué le contesté? Que yo estaba con Pedro…
- Y que te respondió…
- Que eso era imposible porque nadie sabía dónde estaba Pedro, o dónde estaba yo. Yo le pregunté si él todavía no sabía nada, y me dijo que no, y que vos habías desaparecido, que tal vez estaban juntos.
- ¿Te pareció sincero? ¿Pensás que él puede de verdad creer éso? Porque si es así significa que Pedro todavía no se comunicó con nadie… Dios mío, hasta cuándo todo ésto…
- Mirá Guillermo, yo no me quiero pasar toda la vida acá con vos esperándolo a Pedro… Esto es una tortura. Voy a tener que tomar una decisión. Esta noche pensaré en lo que voy a hacer.
- Eso deberías haberlo hecho hace rato.
Se miran fijo y Camila siente que de alguna manera, él la está retando a que lo deje ir ya o que lo mate.
- Antes tenemos que cenar –le dice- Preparo la comida y después se verá.
Mientras cocina el pescado y las verduras en una sartén, abre la botella de vino con un pequeño sacacorchos que encontró en un cajón de cubiertos. Sirve dos vasos, baja el fuego de la hornalla y le echa un poco más de caldo.
Lleva los vasos hasta el dormitorio y se sienta en la punta de la cama. Guillermo la mira serio, sin decirle nada.
- Dios mio, Guillermo, qué mirada profunda tenés… me hacés poner nerviosa… ¿Asi lo mirabas a Pedro?
Él no le contesta, no quiere seguirle el juego, no sabe a dónde conduce. Camila se acerca un poco más y le ofrece el vino. – ¿Te ayudo?
- Bueno. Pero despacio, porque me arde la boca todavía.
Le acerca el vaso y con delicadeza lo inclina para que él lo tome. Él lleva la cabeza levemente hacia atrás y deja que un sorbo pequeño entre en su boca.
- Agg me arde… Mejor no me des más. Tiene mucho alcohol.
Ella se toma un vaso y después el otro. – A mi no me parece tan fuerte. Me viene bien un poco de alcohol en las venas. Me ayuda a… liberarme.
- Vos no necesitás liberarte, Camila. Necesitás un par de esposas en las muñecas y unos barrotes bien gruesos.
Ella se estira y deja los vasos sobre la mesita de luz. Al hacerlo, roza con su brazo el pecho de Guillermo. A la luz de las velas que encendió al oscurecer, descubre que el reflejo de las llamas hace brillar sus ojos de una manera extraña, casi salvaje. Él la mira con profunda curiosidad, perplejo. Camila se acerca más, se desliza por el borde del colchón y acerca su rostro al de Guillermo. – Decime la verdad… acá en esta cama… ¿hiciste el amor con Pedro…?
No soporta ese asedio, no lo entiende… Cierra los ojos y trata de evadirse de ella. No piensa contestarle.
- Lo hicieron, ¿verdad? Por eso elegiste este lugar para esperarlo… Querías revivir lo que pasó…
Guillermo la mira y niega con la cabeza. – No me molestes más, no voy a decirte nada. No entiendo por qué, si lo amás como decís, me estás preguntando éso. ¿Que querés, que buscás? ¿Sufrir más?
- Si te lo dijera no me lo creerías… La mente de una mujer puede ser muy intrincada… Yo siento celos de vos, te odio por habérmelo robado. Y sin embargo…
- Creo que esta conversación no me interesa. Fijate que se te va a quemar el pescado.
- No, el pescado está bien… hay cosas que podemos hacer mientras tanto… -se acerca y lo besa sin que él pueda ofrecer más resistencia que desviar la cara, pero Camila lo toma con fuerza con las manos y comienza a besarlo, le muerde los labios, lo saborea sin piedad.
- Te deseo, Guillermo… quiero que me hagas el amor, acá, en la misma cama donde lo hiciste con Pedro… quiero que seas mio…
- Basta, basta, no vas a conseguir nada de mi, alejate, estás loca. No vuelvas a tomar…
- No, no voy a hacerte caso. Estás a mi merced… -Se rie y le acaricia el pecho con una mano mientras que baja la otra a su entrepierna, Guillermo quiere resistirse pero su cuerpo empieza a reaccionar a pesar suyo, el corazón se le acelera y allí abajo lo que estaba dormido comienza a despertar. Maldita, maldita, piensa. Se da cuenta que si no hace algo, en apenas un momento va a estar deseando que siga y no pare más. Comienza a pensar en Pedro, a tratar de huir de este momento, pero el efecto es peor, contraproducente. La imagen de Pedro y lo que está experimentando en su cuerpo forman una combustión peligrosa. No puede creer lo que le está pasando, cuando esto termine va a sentir un asco profundo hacia si mismo. De golpe ella se detiene y se separa de él. Lo mira divertida, satisfecha de comprobar el efecto que ha producido. – ¿Estás caliente, Guille? Yo también… Comprobé lo que quería saber… nos deseamos… aunque nos despreciemos.
- Yo no te deseo, perra. Sabés muy bien que los hombres reaccionamos a ciertas cosas… Jamás te hubiera dejado tocarme si no estuviese atado.
- Si, supongo. Pero ahora sé que puedo tenerte. Cuando yo quiera, y como quiera. Ahora te voy a dejar que sufras un poquito, ojalá que te duelan mucho los huevos así te lamentás lo que te perdiste.
- Si querés que me duelan, mejor cortámelos asi no tengo que soportarte una vez más.
- No sé… te juro que te veo, te escucho y cada vez me gustás más… casi puedo entenderlo a Pedro… podríamos hacer un trío maravilloso nosotros.
- Si, y si traés a Drácula un cuarteto inigualable.
- Yo ya no sé si voy a poder matarte… Me va a doler en el alma, te juro… Pero si lo tengo que hacer…
- Hacelo. Matame y evitame el asco que estoy sintiendo.
Camila sonrie. Piensa que realmente Graziani es un hombre terriblemente seductor. Va a ser una gran pena tener que eliminarlo… Si pudiera evitarlo… Esta noche tomará la decisión. Esta noche.
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Después de lavar los platos, sale afuera a fumar un cigarrillo. Sentada en el escalón de la galería, deposita sus ojos en la angosta franja de agua que discurre serena enfrente suyo. Dos días ya, desde que bajó de ese bote y se acercó a esta casa siguiendo los pasos de él, del hombre que detesta, que le robó lo único que poseía de valor en este mundo. Movida por el odio, envenenada en sueños de venganza, esperanzada en una sola cosa cierta: encontrar a Pedro. Ahora, menos de cuarenta y ocho horas después, su determinación y su frío impulso de revancha han tropezado con un obstáculo impensable… ¿En qué momento el desprecio decantó en piedad? Cómo es posible que ayer quisiera aplastar la vida del hombre que apenas hoy la hace temblar de una manera que su mente racional no quiere ni siquiera reconocer… Siente que ese odio le tendió una trampa. Intenta traer a Pedro aquí en su corazón, imprimirle con sus recuerdos la fuerza de la emoción que sintió cuando lo conoció. Lo evoca así como él era antes de Guillermo, su ternura y su paciencia, los proyectos que compartía con ella, las noches en que se dormía abrazándola y diciéndole que era la mujer de su vida. Su mirada serena, su sonrisa entre pícara e inocente. Pedro Beggio, el hombre que parecía un sueño hecho realidad, el principe azul de sus ilusiones de niña. ¿Cómo aceptar que de repente, de un día para el otro casi, ese castillo se venga abajo, que la carroza se transforme en calabaza, que el príncipe se convierta en Cenicienta? Y la mirada del mundo, la cruel e implacable mirada que la desnuda y la expone como un fracaso, como un deshecho que sólo puede mover a burla y a desprecio. Un año entero no pudo hacerla olvidar, resetear todo y empezar una vida con visos de normalidad, como cualquier otra persona que ha sido abandonada. Su vida es una espiral que gira siempre sobre lo mismo. Ahora, allí, se enfrenta a un desafío aún mayor. Reconocer que está sintiendo algo diferente, que de pronto cambió su posición en el tablero y ya no juega con las mismas fichas. ¿Será posible que ese hombre despreciado la haya conmovido tanto? El odio era su armadura y su espada… ¿Cómo sigue adelante si pierde lo que la hacía fuerte, si queda desarmada frente a su propio enemigo? No tiene mucho tiempo, no puede pensar. Quisiera salir corriendo y abandonarlo todo, desea escapar, especialmente de sí misma. Una brisa fría se levanta de golpe, relámpagos distantes anuncian otra tormenta. Tira la última colilla de cigarrillo y entra a la casa.
Guillermo se pregunta cuánto tiempo más podrá seguir soportando, los días pasan y Camila no entiende razones, no quiere admitir que tenerlo como rehén de su odio aumenta la probabilidad de que Pedro corra algún peligro, la ha querido empujar a actuar con mil razonamientos diferentes, ha alternado comportamientos comprensivos y colaboradores, con otros hostiles y combativos, y el resultado ha terminado siendo siempre el mismo. Al principio estaba seguro que lo iba a matar, pero paulatinamente su actitud lo ha ido desconcertando más y más. Alguna vez pensó si no estaría loca, ahora tiene la absoluta convicción de que sufre un extraño desorden mental. Le quedan pocas esperanzas de salir bien de todo esto, ella tiene todas las de ganar. No hay estrategia que pueda compensar su falta de movilidad, la cercanía de alguna clase de arma. Si está contemplando la posibilidad de acabar con su vida, no le queda mucho por hacer más que resignarse. Al fin de cuentas, todo es una ironía. Hace apenas poco más de una semana su llamada accidental lo salvó del suicidio. Hoy, que quiere, que necesita vivir, Camila se convertirá en su verdugo.
Entra y va directo hasta su cama. Se queda allí parada observándolo sin decir nada. El le devuelve una mirada serena, un poco de miedo siente, pero está preparado para lo que sea.
- ¿Necesitás algo? Está haciendo un poco de frío.
Lo ha dicho en un tono monocorde, distante, que contradice la aparente amabilidad de su pregunta.
- Si. Necesito que me desates. Me duelen los brazos y además creo que tengo la mano infectada.
Camila se acerca y lo empuja un poco hacia un lado para ver sus muñecas. La venda que se puso el dia anterior está manchada con pus y la piel alrededor se ve inflamada y oscura.
- Voy a ver si encuentro algo para desinfectarte.
Busca en la cocina y en el baño, en la alacena y hasta en su propia mochila, donde a veces lleva un frasco de alcohol en gel. Nada. Saca una caja con botellas que está debajo de la mesada, donde encontró el vino. Están todas vacías, salvo una que tiene un poco de líquido en el fondo.
- Este poquito de ginebra creo que nos va a servir.
Corre la cuerda unos centimetros arriba en el antebrazo y despega la cinta de embalar que envuelve la toalla. Toma una de las puntas y empieza a desenvolver, cuando la muñeca queda al descubierto ve la hinchazón, pero no puede descubrir la herida porque la tela está pegada a la piel.
- Te va a doler, ¿querés que te duerma? De todas formas lo tengo que hacer…
- Me sorprendés, Camila, ¿desde cuándo te preocupa que me duela? Hacé como quieras, me da lo mismo.
Cuando lo inyecta, él cierra los ojos y por un segundo desea profundamente que esta vez se pase con la dosis, no volver a despertar. Prefiere esa muerte antes que ninguna otra.
Espera que esté dormido y entonces continúa con su trabajo. El corte no es profundo pero está infectado, lava la herida con agua hervida y jabón y luego le echa encima la ginebra. Desgarra otro pedazo de toalla y la envuelve cerrándola suavemente con cinta. Mira la soga y se debate entre cortarla o dejarla como está. Finalmente la corta y lleva los brazos hacia adelante, ata sus muñecas tratando de que no toque la herida y no esté apretada. Lo empuja hasta el borde del colchón poniéndolo de costado de cara a la pared y se recuesta a su lado. Busca la frazada y la estira sobre sus cuerpos. Gotas de lluvia golpean esporádicas sobre el techo de chapa. Si no estuviera con él, el lugar la aterraría. La cama es estrecha, siente el borde del colchón en el filo de su cadera. Se da vuelta y se pone de lado, la espalda de él frente a ella suavemente mecida por el vaivén de su respiración. Camila mete su mano izquierda por debajo de la almohada y la derecha la desliza sobre el costado del cuerpo de Guillermo, repta por debajo de su brazo y se detiene en su pecho. La reconforta la suavidad del pelo, la tibieza de la piel. Quisiera recorrer ese espacio, ir más allá y acariciarlo entero, enterrar su cara en esa carne que palpita dormida a su lado. Lo que sucedió antes de la cena no fue un impulso pasajero, movido por la audacia del vino. Asume la realidad que está viviendo, la absurda e inútil emoción que no es un capricho o un juego. Nada quiere más que ser acariciada por esas manos toscas, varoniles, que ser besada por él con auténtico deseo. Observa el contorno de sus labios, la sombra de sus pestañas que la llama de la vela alarga sobre la piel dormida. Podría quedarse toda la noche así, mirándolo, respirándolo, sintiendo el latir de su corazón, quisiera que esa noche fuera eterna. ¿Se puede amar a dos personas a la vez? ¿O ya no es amor lo que siente por Pedro? Pedro y Guillermo, pasado y presente complotándose para un futuro de soledad. Hace tanto que no era tan feliz, y al mismo tiempo, tan desgraciada.
RECONSTRUCCIÓN - CAPÍTULO 7
Sábado 15 de noviembre.
La suave lluvia se transforma en un aguacero en un algún momento entre la noche y la madrugada. Violentas ráfagas de agua arrancan ramas y hasta derriban algunos árboles, forman arroyos de lodo que entrecruzan la plataforma angosta de tierra, anegan las partes bajas y ocultan sectores de la ribera transformándolos en peligrosos remolinos de agua revuelta. La pequeña construcción de chapa se sacude, vibra y parece a punto de sucumbir, pero resiste los embates de la tormenta, como lo hiciera tantas otras veces, en apenas una hora el nivel del río ha subido hasta acariciar los escalones de la vivienda. Cerca del mediodía, cuando la lluvia declina hasta terminar desapareciendo, el suave oleaje marrón comienza a retroceder lentamente, repliega sus brazos y abandona la plataforma de tierra que queda cubierta de lodo y sembrada de aquellos árboles caídos que la corriente no tuvo fuerza para arrastrar y llevarse con ella.
La puerta de la casa se abre y Camila sale a ver la desolación del entorno arrasado, mira más allá hacia el río y descubre que la lancha se ha desplazado unos metros, soltándose de su amarre, quedando incrustada en una parte alta del terreno donde unas horas antes corría el agua. Mira hacia el otro lado buscando su bote pero no lo ve, tal vez siga oculto entre los pastizales como lo dejó hace unos días, amarrado al tronco de un sauce. Más tarde irá a ver, ahora no se atreve a meterse en esos lodazales y ensuciar el único par de zapatillas con que cuenta. Calienta un poco de agua en la pava y se prepara un té, lo deja sobre la mesa y se acerca a observar el sueño de su compañero de cama.
Aún duerme en la misma posición en que estuvo toda la noche, de cara a la pared. Lo gira y lo pone del otro lado para que en sus músculos vuelva a circular la sangre con más libertad. Acerca su nariz a la venda y no descubre olor, cuando se despierte recién intentará desinfectarla. Ahora lo prefiere así, dormido y silencioso, porque no quiere verse interrumpida en lo que está pensando, en aquello que no pudo elaborar bien en la noche porque estuvo atrapada en otros pensamientos. Se sienta y bebe su té, amargo y caliente, no ha podido encontrar algo para endulzarlo pero aún así lo saborea con gusto, dejando que el calor se desparrame por su cuerpo entumecido y frío. Tiene que irse. En todo el abanico de opciones que ha repasado, no encuentra una razón lógica para seguir allí, esperando a alguien que no va a venir, reteniendo a otro hombre que tampoco quiere saber nada con ella. Sabe perfectamente que es sólo una intrusa que se ha metido entre dos personas que están ajenas a todo su sufrimiento, para las que ella no existe más que como una piedra en el camino que hay que esquivar y dejar atrás. Y si ya no puede seguir odiando, ¿qué sentido tiene continuar?
Va tomar sus cosas, va a dejar la puerta abierta y se irá, dejando atrás toda esa locura en la que ya no quiere tener que ver. Cuando piensa en ellos juntos, cuando los imagina como amantes, la rabia y el desprecio ha cedido paso a otro sentimiento completamente distinto, inquietante. Vino a destruir y la que se irá destruida es ella. Tiene que abandonar todas sus esperanzas de ser feliz, ser por primera vez en la vida la que da y no la que pide. Pedro fue un juguete para ella, pero Guillermo es otra cosa. A él no puede manejarlo tan fácilmente, porque no la ve como una pobre mujer desvalida ni ha sentido nunca amor por ella. Se pregunta cómo seguirá su vida ahora, cómo será cuando regrese Pedro si es que regresa.
- Camila… ¿Estás ahí?
Por fin se despertó. Tiene que juntar valor y decirle que se va, afrontar la alegría que aparecerá en su rostro, el inmenso alivio de librarse de ella.
- Guillermo, yo… Qué tenés, estás muy pálido… -se acerca y le toca la frente.
- Estoy bien, pero me siento un poco cansado… Tengo que levantarme, no puedo seguir acá… -ella lo ayuda a incorporarse, a recostarse con la espalda contra la pared.
- Con respecto a eso… tomé una decisión, yo…
El timbre del celular la interrumpe. Ambos se miran, Guillermo le pide que se lo alcance, que lo lea, se pone muy ansioso. Encuentra un mensaje nuevo.
– Dice “LM en vuelo 305 desde Chile llega a A.Newbery a las 10.20. Espero instrucciones”. ¿Qué significa esto ahora, Guillermo?
Él se queda mudo, viendo hacia adelante, su cara es una máscara de preocupación. No le responde, está demasiado conmocionado por la noticia. Se había preparado mentalmente para recibir algo así, diciéndose a si mismo que tenía que conservar la calma, que otras personas con ese nombre existen y que no tiene que ilusionarse antes de tiempo. Pero es muy difícil suavizar la ansiedad que esa esperanza le provoca, dominar los latidos que se le aceleran al imaginar a Pedro regresando, bajando del avión, su imagen de pronto se ha vuelto tan nítidamente intensa que siente deseos de llorar, de alegría y también de tristeza. ¿Acaso es posible recuperar a Pedro realmente, que regrese del mundo de los muertos para estar con él, de nuevo, poder comenzar de verdad, como debió haber sido hace un año, cómo debió haber sido incluso antes, cuando se conocieron y ambos por distintos motivos no se atrevieron a dejarse llevar por ese amor?
- Guillermo… ésto se trata de Pedro, no es cierto? ¿Quién es LM? –se sienta junto a él en la cama. - Podés confiar en mí. Decímelo. ¿Es Pedro?
- Necesito que te fijes la hora del mensaje.
- Es de ahora, lo acaban de mandar.
Él alarga los brazos frente a ella.
- No soy yo el que tiene que confiar en vos. Dejame libre, Camila, no voy a hacerte nada, no me interesa. Soltame y permitime irme ya.
- Entonces es él…
- No lo sé! Pero no puedo averiguarlo si sigo aquí! Por favor, enténdelo de una buena vez, si lo amás tenés que ayudarme!
- Si lo amo… no lo sé… Ya no sé lo que siento…
- No me importa lo que sentís, lo único que importa es él, que no se encuentre con nadie! Tengo que comunicarme con el hombre que está trabajando en esto, tengo que hacer algo por Dios!
Camila se levanta y se pasea por la habitación, de repente tiene miedo, la posibilidad de que sea Pedro realmente, que esté tan cerca, la llena de una emoción difícil de manejar. Éso, y pensar en que puede faltar muy poco para que ellos dos vuelvan a estar juntos, para que tanto él como Guillermo se alejen definitivamente de su vida… Está tan confundida, todo lo que tenía pensado, elaborado, decidido, se derrumba. No quiere dejarlos ir.
- No puedo…
- ¿Qué es lo que no podés? Te dije que no me interesa de vos, por mí no existís, agarro mis cosas y me voy. Vos podés volver por donde viniste y acá no pasó nada. No te guardo rencor, Camila. Arreglate con tu conciencia.
- No puedo dejarte. Me interesás, Guillermo. Tal vez creas que estoy loca, pero no es así. No soporto la idea que te vayas con Pedro. No quiero pasar otra vez por algo parecido. Ya lo viví.
- No entiendo lo que decís, vos me estás volviendo loco a mí. Cómo es eso que te intereso, qué pelotudez estás diciendo… Si lo que decidiste es matarme, si no hay nada que pueda decir para hacerte cambiar de opinión, entonces apretá el gatillo, no voy a rogarte más, estoy muy cansado, lo que no quiero es tener que enfrentarme otra vez a la idea de que Pedro esté muerto. También yo lo viví a eso…
- Ya sé… lo mejor va a ser que yo desaparezca, como había pensado… No te preocupes, no voy a matarte. Sólo dame tiempo para guardar mis cosas y me voy. Antes de irme, te libero. Pero no quiero ver como te vas, no quiero ver como corrés a los brazos de Pedro.
- Bueno. Hacé como te parezca, pero apurate.
- Guille…
- ¿Qué?
- Perdoname. Estaba como loca, no sabía lo que hacía. ¿Me perdonás?
- Te dije que ya no importa… Lo único que quiero es que no te acerques más a Pedro, no estás bien Camila, tenés que buscar ayuda. En serio, necesitás alguien que te ayude a superar lo de Pedro…
Ella se acerca un poco más y lo acaricia, desliza su mano por el borde de su cara, lo mira con tristeza.
- No es sólo por Pedro… te quiero. Te quiero como tal vez, nunca lo quise a él. A veces, el amor surge así, de repente, en el momento más inesperado.
- Basta, Camila, no sigas. Me das pena, no sabés lo que decís. Hablás de amor, y mirá cómo me tenés. ¿Qué buscás con esta nueva locura? ¿Te divierte?
- …sh… escuchame, aunque sea la última vez que lo hagas. Hasta ayer estaba segura de algo. Hoy, no sé, no puedo saber lo que sucederá mañana. Pero en este momento, yo daría lo que sea porque pudieras sentir lo mismo que estoy sintiendo, o que al menos lo comprendieras. Jamás hablé con Pedro ni con nadie de esta manera. Con vos, tuve que enfrentarme por primera vez en la vida a no obtener lo que quería. Vos no tuviste piedad conmigo. Vos no caíste en mis encantos. Jamás sentí tal ambigüedad… te odiaba y te admiraba… Y ahora… ahora todo es distinto.
- Sólo estás confundida… es imposible que puedas sentir eso por mí. Y sería inútil aunque fuese cierto, lo sabés, ¿no?
- Si, creo que sí.
- Entonces hagamos de cuenta que esta conversación no existió, que nada de estos últimos tres días pasó, por el bien de los dos. Terminemos ya con todo ésto.
Camila comprende que seguir inmolándose en nombre de lo que siente es inútil. Ese hombre que cree amar sólo siente desprecio hacia ella. Busca el cuchillo de caza y comienza a cortar la soga, despacio para no lastimarlo, desliza la hoja de acero de abajo hacia arriba, cuenta esos últimos segundos mentalmente, los últimos que estará tan cerca de él, tan peligrosamente cerca.
Afuera, dos hombres caminan por el costado de la casa, se acercan sin hacer ruido, uno detrás del otro. Ambos están armados. La noche anterior, escucharon la historia de boca del pequeño, que les hablaba desesperado de una mujer malvada y un hombre secuestrado. Como no acostumbra a mentir, le creyeron inmediatamente. Pero ya han tenido bastante aventura y desgracia con la muerte de Maidana como para apurarse a correr riesgos. Dejaron pasar la noche y después los detuvo la tormenta matutina, ya tenían decidido que no iban a llamar a la policía, porque ellos tuvieron la culpa por no cuidar bien de Maidana. No van a confiar nunca más, se arreglarán solos, como puedan. Uno es un amigo, otro su cuñado. Lo obligan a Pedrito a prometer que no regresará más a la casa, ni ahora ni nunca.
Están casi frente a la galería, no saben si en verdad las cosas son como las interpretó el niño, pero por las dudas van a tener mucho cuidado. Se ponen a ambos costados de la puerta y golpean.
El llamado detiene la liberación. Se ve a si misma, una mujer prófuga y armada con un hombre atado y maltratado. Diga lo que diga Guillermo, no quiere correr riesgos, no puede ir presa nuevamente.
- Shhh, no vayas a hablar… -le aprieta la boca con una mano y con la otra le oprime el cuchillo en el cuello. Guillermo no quiere ponerla nerviosa, asiente con la cabeza.
Vuelven a golpear, un hombre pregunta si hay alguien en la casa. Como no recibe respuesta, intenta abrir la puerta, pero está trabada con la tranca. Se dan cuenta que está cerrada desde adentro. Se miran y en silencio, deciden ahí mismo que tienen que entrar. Tal vez lo que encuentren sea algo muy feo, se preparan para lo peor. Pero no saben si la mujer, si es que está adentro, puede ofrecer resistencia. Convienen en voz baja en que echarán abajo la puerta rápido y se harán a un lado para ver qué pasa. No quieren terminar como un colador.
Guillermo intenta decirle algo, ella le aprieta la boca más fuerte y le pide que se quede quieto. El se impacienta, quiere avisarle que lo deje y vaya a abrir porque teme que si entran y los ven así alguien pueda disparar. Ella lo toma como una rebelión, está muy asustada y no sabe cómo reaccionar, la idea de ir presa es un redoble de tambor que le aturde el cerebro, la enloquece. No esperaba esto. Nadie va a creerle si la encuentra así, va a ir presa, y Guillermo no va a hacer nada por ella porque no se lo merece, la va a dejar pudrir en la cárcel para que no los moleste más.
- Callate o te mato, callate!
El la ve muy sacada, piensa que tal vez le estuvo mintiendo, que sólo jugó con él cuando le hablaba de amor. Revisa rápidamente sus opciones, piensa que tal vez sea la última oportunidad de escapar de ella, tiene que hacerse oir, tiene que intentar que la persona que está afuera se entere que hay alguien alli en problemas.
Mira de reojo la mesa de luz, ve la lámpara de kerosen y se le ocurre que puede tratar de tirarla y hacer ruido, llamar la atención, pero Camila se interpone y él tiene los brazos atados adelante. Sin embargo tiene los pies libres, en un segundo y sin pensarlo más, levanta los brazos y la golpea en la cara. Ella instintivamente lo suelta pero cuando ve que él intenta incorporarse le clava el cuchillo de costado, la gruesa hoja de acero se introduce en su cintura. Él mira hacia abajo y lo ve allí clavado, unos cinco centimetros dentro de su cuerpo, Camila retrocede horrorizada por lo que ha hecho, se apoya contra la pared y lo mira con absoluta incredulidad.
- Dios… qué hiciste… estás loca.
Guillermo intenta gritar para pedir ayuda, pero una nube negra comienza a envolver su cabeza. La debilidad acumulada y la vista de la sangre lo empujan a un vértigo imprevisto. Se desploma sobre la cama, la hoja del cuchillo incrustada en su costado, un reguero de sangre mancha su camisa, la cama, baja hasta el piso. Ella se tapa la boca, siente deseos de gritar. Alguien golpea la puerta. Está definitivamente perdida.
En un esfuerzo sobrehumano, se acerca y grita preguntando quién es. Los golpes se detienen, alguien le contesta que quién es ella y que abra. No va a permitir que nadie entre y vea ésto. Le responde que no le abrirá la puerta a un desconocido.
- Mire señora… yo soy un vecino, el cuidador de esta casa. Necesito hablar con usted. No tenga miedo, sólo quiero saber quién es.
- Esta porquería no necesita cuidadores, váyase.
- Si no me abre voy a tener que ir a avisar a la policia.
- No, no hace falta. Espere un momento –reflexiona y busca el arma que ocultó en la mochila. La esconde en el bolsillo trasero de su pantalón. Se pone los anteojos. Cuando abre la puerta ve dos hombres. Ellos la miran con desconfianza, no se acercan demasiado. La mujer que les abrió la puerta tiene anteojos de sol y la piel muy pálida, parece enferma. O asustada.
- Disculpenme… es que vinimos con mi marido a ver la propiedad para evaluar comprarla, decidimos quedarnos un par de días. Ya nos íbamos, pero la tormenta nos demoró.
- ¿Podemos hablar con él?
- No, es que… está durmiendo, está un poco enfermo, creo que se pescó una gripe con tantas lluvias, no está acostumbrado. ¿Qué más necesitan? Porque yo estoy preparando las cosas para irnos, estoy ocupada.
- Bueno, si necesita algo nos avisa. ¿Ustedes trajeron llave?
- Si, nos la dio el dueño. No se preocupen, dejamos todo como lo encontramos.
Cuando por fin se van, cierra la puerta y se deja caer en una silla. Se apoya en la mesa, cubriéndose la cabeza con las manos. Mira de reojo hacia la cama, él sigue tirado, inmóvil. Dios mio, está muerto. Lo maté, Guillermo está muerto. Vencida por la angustia, se larga a llorar.
Por el camino, los hombres discuten qué hacer. Saben que la mujer puede haber mentido, el chico les dijo que el hombre no tenía llave, que intentó romper la cadena con el candado y que él le dio la llave con la que entró. Y que al principio la mujer no estaba. No saben bien qué hacer, cuando abrió la puerta no sintieron ningún ruido, les parece poco probable que hubiera otra persona con ella y que si de verdad estuviese en problemas no se hubiera hecho oir. Además, la historia del secuestro les parece inverosímil, al fin de cuentas ella es una mujer, el sexo débil. Se rien y aceptan que tal vez el chico haya exagerado, se van con la conciencia tranquila y aliviados de no haber tenido que verse mezclados en un asunto policial. De todas maneras, pase lo que pase, no van a dejarse agarrar por esos hijos de puta. Puede venir el mismo FBI a buscarlos que nunca más los van a llevar a declarar nada.
Camila junta todas sus cosas, revisa cada espacio, cada rincón, va y viene por la casa limpiando huellas, barre el piso, trata de hacer desaparecer cualquier rastro que delate su presencia. Se acerca a la cama, dobla la frazada para llevársela. Pero hay algo que aún conserva sus huellas dactilares, el cuchillo. Decide que tiene que sacárselo. Lo envuelve con la mano y empieza a tirar hacia afuera, la sangre se transforma en un fino río que no cesa de fluir. Se queda mirándola como hipnotizada. Dicen que cuando se muere, las hemorragias se detienen. Apoya el oido contra el pecho de Guillermo. Un débil latido. Su respiración es imperceptible, tal vez esté en coma, a punto de morir. Tiene que irse ya, no puede quedarse a verlo exhalar su último suspiro, éso es algo en lo que no quiere ni pensar. Antes de que oscurezca del todo, ya tiene todo preparado, pero se queda a esperar que las sombras de la noche la ayuden a escapar. Poco después de las nueve, se desliza silenciosa en su bote, rema y espera, escuchando si alguien la sigue. Cuando está segura que no es así, apura el ritmo, al llegar al río principal, enciende el motor y se aleja sin mirar atrás.
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Dos figuras caminan entre los densos pastizales, una pequeña linterna les marca el terreno por donde tienen que pisar. Zigzaguean evitando los yuyos altos, esquivando las acumulaciones de barro, cuidadosos de no toparse con una serpiente nocturna que esté buscando su alimento.
La noche es oscura, sobre sus cabezas titilan millones de estrellas, el aire es intensamente puro. Llegan hasta el claro y se detienen indecisos. El de adelante, el niño, se da vuelta y se encara con la chica que lo acompaña, una adolescente que lleva una pistola en su mano derecha. Dos perros grandes husmean alrededor de la casa.
- Naty… Quedate acá, no te acerques. Dame el arma.
- No pienso darte esto, vos sos un niño todavía.
- Vos no podrías ni sacarle el seguro…
- Si vos entrás, yo también.
La conoce muy bien, es su hermana y sabe que no va a cambiar de idea. – Bueno, pero no dispares a menos que yo te diga.
Suben a la galería sin hacer ruido, el chico estira la mano y dirige el haz de luz hacia la puerta. El candado está firmemente enganchado en la cadena. – Está cerrado –susurra.
- Entonces vámonos, ya se fueron.
- No, no se pueden haber ido los dos. Fijate, la lancha está ahí. El hombre vino con la lancha, yo lo ví.
- Eso no quiere decir nada, Pedro… El tío nos dijo lo que la mujer les contó, a lo mejor la lancha está averiada y tuvieron que volver en el bote.
- Si es así, tal vez él haya dejado la llave en el aljibe, nuestra llave. Voy a ver.
Da vuelta a la casa, busca en el hueco, revisa alrededor con la linterna. Nada. Regresa con su hermana.
- No está. Vamos a tener que entrar de otra manera.
- Esto no me gusta nada, vayámonos, mañana le decimos al tio…
- No, me dijeron que no me acerque más. No quiero que me castiguen por desobedecer, además no puedo irme sin saber. Naty, dame el arma.
- Estás loco! ¿Qué vas a hacer?
- Dámela! No vinimos para que hagas berrinches!
- Si te llegás a lastimar se la van a agarrar conmigo…
El niño no espera más, le arrebata el arma y apunta a la puerta. – Ponete lo más lejos que puedas y alumbrá el candado.
La hermana hace lo que le pide. – ¿Y si hay alguien atrás de la puerta? Lo podés matar!
- Señor, ¿está ahí? –grita el niño- Si está ahí salga de la puerta, voy a dispararle.
- Viste muchas películas Pedro… nos van a matar si se enteran.
La detonación lo empuja hacia atrás, cae sobre su hermana que a duras penas atina a conservar el equilibrio. – Maldito seas, Pedro! Estoy sorda!
- Alumbrá! Quiero ver si le dí.
La chica temblorosa enfoca el haz luminoso y revela una puerta agujereada y una cadena suelta. El candado está en el piso.
- Dios mio Pedro! Qué puntería!
- No es la primera vez que uso un arma. Con papá y Juan practicamos muchas veces. Ahora, vamos a entrar.
- Tengo miedo… ¿Y si el hombre está, y está muerto…?
- Entonces volvemos y les avisamos, y fin de la cosa. Dale, entremos.
Empuja la puerta y entra primero el chico, la hermana pegada a su espalda, dirigiendo la linterna hacia la oscuridad interior.
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Domingo 16 de noviembre.
Apenas amaneció y el puerto ya se encuentra inmerso en un ajetreo de gente descargando mercaderías, le cuesta encontrar algún lanchero dispuesto a llevarlo hasta el arroyo Mocoví. Se ha calzado los anteojos oscuros, aunque haya pasado más de un año desde la otra vez siente miedo de que alguien pueda recordarlo. Una mujer se ofrece a llevarlo. Está descargando unos cajones de frutas y verduras sobre el muelle. – Yo paso cerca, si quiere lo alcanzo. Las lanchas comunitarias no llegan hasta ahí.
- Si, si ya sé. Le voy a agradecer mucho. Ah, y dígame cuanto es.
- Te diría que a una belleza como vos no le cobro nada, pero la plata escasea… dame lo que te parezca.
- Está bien… Le doy trescientos pesos si me pasa a buscar esta tarde y me trae de vuelta, ¿podría ser?
- Bueno. Total ahora casi no me desvío. ¿A la tarde a qué hora precisás?
- No sé… ¿a las siete, siete y media es muy tarde?
- No, está bien. Más no porque me levanto muy temprano. Nosotros trabajamos de lunes a lunes.
Se suben al bote y Pedro se acomoda en la parte delantera como aquella vez. En esta oportunidad han cambiado algunas cosas, y aunque ya no siente el terror de ser encontrado por Miguel o por la policía, una pena mucho más profunda lo hunde en el desaliento. Guillermo no va ir a buscarlo. Y sólo Dios sabe dónde y cómo está. Lágrimas frías le corren por la cara. Pequeños ríos salados que gotean sobre el borde del bote y se pierden en el río. Tal vez haya sido una pésima idea después de todo. Lo mejor sería pedirle que pegue la vuelta, pagarle y volver al hotel. Pero hay algo dentro suyo que lo frena, un sentimiento difuso que lo insta a continuar. Es algo fuerte que le aprieta el pecho y le zumba dentro de la cabeza como una señal de alarma insistente que no puede apagar. Al irse acercando, le va indicando el camino sinuoso que desemboca en el pequeño canal. De repente, una espesa hilera de sauces se termina y descubre la presencia de la casa. Las pequeñas y frágiles paredes de chapa que fueron su cárcel y su paraíso. Una mezcla de rechazo y anhelo, de temor y nostalgia lo envuelven y lo dejan paralizado. La mujer le pregunta si está seguro de que es ése el lugar.
– Si, es acá.
– Bueno, entonces quedamos en que vuelvo a las siete, no?
- Acá la espero, gracias.
- Parece abandonada… -Pedro se gira y la mira- la casita, digo, sin embargo hay un bote.
Él observa alrededor y descubre que, en efecto, unos metros más adelante hay una pequeña lancha. Lo extraño es que no está en el agua, sino sobre la tierra. Tal vez estén reparándola.
Sube los escalones lentamente, no tiene apuro en entrar. No se oye un solo sonido, solamente el rumor del agua y los gritos de los benteveos. Espera no encontrarse con nadie, no sabría cómo explicar su absurda presencia allí. Cruza la galería y al enfrentarse con la puerta se encuentra con un panorama inesperado.
CONTINUARÁ
Mary que H.D.P. Camila.....que intrincado....que fantástico el capitulo.......Mi Dios encuentra a Guille????? espero que sí.......Por el bien de los dos.....Uuuuhhh todavía estoy temblando.......no veo la hora de que esten juntos.....Gracias Mary....beso y espero el próximo.....Mirta.
ResponderEliminarGracias Mirta, tu emoción me emocionó a mí también! Espero con mucha ansiedad tus comentarios, sé que necesitás que estén juntos, hay que esperar un poquito más...Besos!!!
EliminarGUAU!!!! JAMAS ME IMAGINE ESTO...ESTOY SIN RESPIRACION....PUEDE HABER TANTA LOCURA EN UNA PERSONA???? ESTOS DOS NACIERON PARA SUFRIR!!!!! ESPEREMOS FINAL FELIZ ...TENGO MUCHA CONFIANZA EN LOS DOS HERMANITOS....VEREMOS LA CONTINUACION...UN ABRAZO...
ResponderEliminarViste que amor ese chico? Yo lo adoro, es un angelito. Lástima que no le hayan hecho caso los adultos... Te agradezco tu comentario, un beso grande y el domingo se comenzará a vislumbrar un poco lo que pasó.
EliminarGenial!! Necestio leer la proxima ys!! Gracias
ResponderEliminarno, gracias a vos Adri, te espero el domingo si Dios quiere a ver que pasó. Beso!!!
Eliminaray no, quedé atrapadísima, no puede quedar ahí!!! Me carcome el alma el no saber que pasó con Guillermo, por favor que este bien y puedan reunirse con Pedro. Fascinante este capítulo, impresionante la actitud de Camila, realmente esta desquiciada pero aún así puedo entender en su locura esa desesperación de haber perdido a Pedro, y de sentir esa atracción irresistible hacia Guillermo. Quiere aferrarse a algo pero no sabe a que y confunde sentimientos, comienza a amar a quien la rechaza y te das cuenta que es un pobre ser humano falto de cariño. Y Guillermo soportando esas bajezas, resistiendo solo por Pedro por volver a verlo, por volver a sentirlo. Mary, una vez más me has dejado sin aliento, y me devoro tus líneas, no puedo dejar de leer. Que capacidad de llevarnos por la historia que enriquece cada capítulo. Besos
ResponderEliminarTal cual intenté desarrollar la historia la veo reflejada en tu comentario July. No quise que Camila apareciera como un ser absolutamente despreciable, sino como una pobre persona que no consigue el amor que tanto necesita. En el fondo siento pena por ella aunque me parece que su forma de proceder no deja de ser repudiable. Hace lo que puede, es su naturaleza, es humana. Un beso enormeeee!
EliminarImpresionante Mary no dejas de sorprenderme la manera en que llevas la historia es realmente atrapante y te hace atravesar por todos los estados, Camila perdió la razón por completo?? Enamorada de Guille???? Nooooooo está de remate!!! Muy feliz de leerte, más que ansiosa esperando los próximos capítulos!!! Felicitaciones mis domingos ya no son tediosos gracias a tu fic, beso enorme mariana.
ResponderEliminarMariana, creo firmemente que Camila siempre estuvo atraída por Guillermo, sólo que recién ahora ella misma lo vislumbra. Lástima que no sabe cómo manejar lo que siente, se deja desbordar por los acontecimientos, no controla sus impulsos ni los buenos ni los malos, y éstos últimos son los que la terminan poniendo en el lugar de victimaria, de mala de la historia. Gracias por decirme eso de los domingos, en realidad yo siento que mis domingos han cambiado, tienen otra expectativa y es gracias a USTEDES. Te mando un beso grande y gracias también por estar siempre, me hace mucha falta saber lo que sienten al leer.
EliminarY acay seguiremos acompañándote viviendo, emocionándoos, sufriendo de a ratos tu maravillosa historia!! Mariana
EliminarMary no me podes dejar asi hasta el domingo como sigue guille a esta altura si no se murio le pega en el poste y Pedro llego mas tarde que nunca es un bajon, pero es muy buena la historia muero porque llegue el domingo y pueda leer la continuacionnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnELDA
ResponderEliminarElda sos una divina total, tenés mucha gracia para expresar tus comentarios, me hacés reir siempre! Qué bueno que te guste la historia aunque sé que no querés que sufran... Un beso grande y te espero el domingo, ansiosa por escuchar tu opinión.
EliminarBueno Mary, medio dormida y atrasada leí. Primero ese Pedro de nueve años fiel a su padre y valiente es invreíble lo que está haciendo. En cuanto a Camila lo que has construído con ella me volvió bipolar a mí tambié, por un lado premeditó todo y torturó a Guillermo como una completa psicópara, luego creo que vio en él al ser que posee y ama Pedro y se fundió con ambos en ese desear a Guillermo, es común que estas personas al final del camino pasen a la sicosis y el delirio, luego al ver `remeditar su huida nuevamente muestra rasgos sicopáticos. Genial este perfil psicológico, y ahora ver llegar a Pedro no sabiendo qué hizo Pedrito y la hermana con Guillermo moribundo. ¿ Estará allí?. Muy buena policial amiga. Te felicito. Gracias y besos del alma.
ResponderEliminarEve querida, gracias por leer, me alegro mucho que te haya gustado, viste que no odio tanto a Camiluchi? Yo siento que es una víctima, primero por culpa del destino que le asignó un padre corrupto y para nada amoroso, una madre loca y después un novio/marido que no supo manejar debidamente la ruptura y la hizo desquiciar con su comportamiento errático y confuso... cuántas veces ella le preguntó para saber la verdad y él la evadía mintiendole un amor que ya no sentía... en el fondo ella me da pena. Guillermo colaboró al desastre despreciándola y el resultado es una pobre mujer sola y sin afectos. Yo no soy muy partidaria de catalogar a las personas, todos tenemos blancos y negros. Pero bueno, a lo hecho, pecho y en algún momento ella tendrá que pagar por lo que hizo... Un beso grande Eve, gracias por tu análisis, me gustó mucho. Cuidate, nos "vemos" mañana en tu fic.
EliminarComo siempre: Muy muy muy bueno!!!. Genialmente escrito y muy original la idea. Gracias Mary por compartir la historia y gracias Sandra por el capítulo DOBLE. Si tuviera toda la historia completa en un libro, no pararía hasta terminarla (no manejo bien la ansiedad ;) Esperando la continuación (y si es doble capi, MEJOR ;). Ro
ResponderEliminarVos sos como yo Romina, una lectora voraz! Gracias por acompañarme siempre, te mando un beso grandote, el domingo habrá cap. simple y con la presencia de Pedro por fin.
EliminarMary, totalmente atrapada con esta historia. Increíble los distintos matices por los que va pasando la psiquis de Camila. A mi entender es una enferma psicótica que necesita estar resguardada en un neuropsiquiatrico. Pobre Guille lo que tuvo que vivir y soportar. Espero que Pedro lo encuentre rápido. A la espera del próximo capitulo. Gracias por esta intrigante historia. Un beso
ResponderEliminarNooo en un loquero no pobre Camiluchi ya la mandé ahí en otro fic, jajaja! Esta vez voy a ser un poco más comprensiva con ella. Gracias por estar y comentar, un beso Constanza!
EliminarMary, jajaja estoy poco tolerante ante la locura últimamente. Cero piadosa. Siempre fui una persona más bien comprensiva y reflexiva, pero Camila mató a Pedro y evidentemente todavía no lo he elaborado. Supongo que en algún momento ESTO pasará. Gracias por esta increíble fic.
Eliminar¡Ay Mary! Mujer.. leo y releo tu fic y no puedo creer que esta maravilla esté en este blog. Sos una escritora de lujo.. Te admiro. Tu forma de escribir es impecable. Tan bién encontrado cada personajes que se me hace imposible no verlos, no escucharlos. Camila.. Que extraño personaje, hay una explicación de la ciencia para esto que le pasa.. Cuando uno pierde a un ser amado, busca tener lo que ese ser mas ama.. Es una manera de recuperarlo. Pero también hay otra explicación, Guillermo la ha tratado como se le vino en ganas, jamás fué misericordioso con ella, nunca le siguió el juego tonto de nena de papá.. Y eso ha gestado una admiración que muy posiblemente derive en el enamoramiento. Se como sea, sea lo que sea, señora es un placer inmenso leerla. No dejás de asombrarme Mary Bhuler... Nuestra Ágatha Cristie. No tenés nada que envidiarle. Deberías dedicarte a esto.. lo hacés de manera excelente! Abrazo Guilledrista!!!
ResponderEliminarGracias Sandri pero ni loca me dedico a escribir, me chupa la vida cada vez que lo hago, tal vez algún día, por ahora ejercito un poco escribiendo sobre estos hombres que realmente me despiertan pasión. Tal vez por eso logro llegar con la historia, con otro tema no sé si podría. Espero poder leer en algún momento esos libros que me dijiste que escribiste. Ojalá se dé. Un beso grande grande amiga.
EliminarMARY TE JURO QUE ME VLOY A IR CAMINANDO DESDE CORDO A HASTA ALTA GRACIA PARA AGRADECERLE A LA VIRGEN POE VOß Y TUS INCREIBLES FICCIONES ...NO DAS MAß DE GENIA CHICA!!!!!
ResponderEliminarVOß SABES Q LOGRASTE QUE CAMILA ME ENTERNEZCA ????JAJAJJAJAJ QUE LOCURA POBRE MINA DE VERDAD ME DA MUCHISIMA PENA.
Y ME P'ARECE HASTA MAß LOGICO QUE SE ENAMORE DE GUILLERMO MAß Q DE PEDRO PQ GUILLE ES LA FIGURA DE LA AUTOSUFICIENCA DEL PODER DE LA PROTECCION TODO LO Q ELLA NECESITA Y PEDRO JAMAS LE PUDO DAR
ESTOY FASCINADA ADMIRADA Y HASTA ATONTADA CON ESTE CUENTO...DE VERDAD MUJER NO PARO DE APLAUDIR ESTAS EN MI TOP 5 DEFINITIVAMENTE CHAPEAU MARY UN MILLON DE VECES.......MAJO
Me hiciste largar la carcajada Majoooo!!!! Sos tremenda! Me alegro haber podido lograr eso de Camila, tenía mucho miedo de que me dijeran "WTF????? con ese enamoramiento, yo te juro que estoy segura que la Cami de la novela no odiaba a Guille tanto como parecía... yo en su lugar a él lo hubiera cortado en pedacitos mínimamente. Y acá en el fic en realidad no quiso hacerle daño, la ganó el miedo a terminar presa. Muchas gracias por estar Majito, me hace feliz que les guste porque dudé muchisimo en publicarlo por varios motivos... como te dije antes, tenía dudas si lograría hacerles creer en esta historia. Pero se ve que ustedes están tan locas como yo! un beso grande y hasta el domingo!
EliminarMary, esto es fantástico!! Esa vuelta de tuerca, Camila "enamorada" y deseando a Guillermo, a punto de violarlo, es de una originalidad fuera de serie.
ResponderEliminarEse ángel llamado Pedro Maidana, amo ese personaje que creaste.
Y cómonos dejaste! Caminando por las paredes una semana entera, es muchiooooooo. Qué pasará con Guillermo? Pedro lo encontrará? Se fugarán para siempre? No sé cómo voy a pasar esta semana!
Beso enorme!
PS: Yo la acompaño a Majito en la peregrinación a pie de Córdoba a Alta Gracia =D
ResponderEliminarA punto de irme a dormir veo tu comentario Guille, realmente te extrañaba! No puedo responder tus preguntas sin romper el misterio... (no voy a spoilear como dicen mis hijas). Gracias, un millón de gracias por no abandonarme, qué mejor recompensa para tantas horas de estar sentada acá olvidandome de mis afectos (desgraciadamente uno se encierra mucho mientras escribe, no queda otra). Aún no terminé la historia por completo, la verdad no me resulta fácil terminar con algo que es tan fuerte para mí. Te mando un beso grande!!!! (ah! yo también amo a Pedrito M. Fue una forma de homenajear al pobre Maidana, que también cayó en la volteada en la novela.) Te espero el domingo... si no te fuiste a Alta Gracia, jajaja
Eliminarsin palabras buenisimo espero mucho massssss mara rosas
ResponderEliminarMaryyyyyyyy genia!!! esta vez si que terminaste de sorprenderme!!! Hiper Arcchi super sorprendida con esta impresionante novedad!!! Camila atraida por Guillermo!!! nooooooo pobre mina! de Guatemala a Guatepeor pobrecita!!! jajajajaja no me importa ! lo que si me interesa es la consecuencia que esta nueva atraccion signifique en esta historia.....y que de una buena vez Guille y Pedro puedan encontrarse.....me encanta tu manera de escribir y el policial y el suspenso es lo tuyo definitivamente! Gracias verdaderamente por esta historia super atrapante!!!! Sil (Barby)
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