
Guillermo maldice por lo bajo que ese edificio no tenga ascensor, sube despacio los dos pisos hasta el departamento con un pesado paquete de bastidores y óleos, está luchando para encontrar la llave sin que se le caigan cuando la puerta se abre y dos hombres salen del departamento.
-Com sua permissão, bom dia... –le dice uno de ellos. El otro lo mira con inocultable interés al pasar y apenas hace un gesto con la cabeza.
-Bom día. –responde, y entra al departamento acarreando el paquete que ya tiene ganas de lanzar por la ventana.
Pedro se apura a sostenérselo y se sonríe al ver su atuendo.
-Eh, qué pasó Graziani… te estás poniendo cada vez más bahiano. Ropa blanca, sombrerito, me matás… ¿Y qué es todo ésto?
-Mirá Pedro, si te vas a reír no te digo nada.
–No, si no me río. Sólo quiero saber cuál es la última ocurrencia del señor que vive conmigo…
Lo ve desenvolver el paquete y desplegar el contenido sobre la mesa del comedor.
-Voy a pintar.
-¿Qué? …
-Lo que oíste. Me anoté en clases de pintura, acá cerca, un pintor, me dijeron que es muy bueno. Dorival… bueno, el apellido no me lo acuerdo.
-¿Y desde cuándo te interesa la pintura?
-Desde ahora. Ojo, no te rias, en la escuela era muy bueno dibujando, pero mi papá no tenía para pagarme clases y yo estaba más entretenido en otras cosas. Como el tiempo me sobra, y por suerte la plata por ahora no me falta, voy a intentarlo. ¿Qué te parece?
-Y, si a vos te parece, a mí también. Con respecto al tema plata, quería contarte algo. Viste los muchachos que se fueron recién… bueno, el de anteojos se llama Mario y el padre tiene una agencia de turismo y a su vez tiene contacto con un directivo del Sheraton da Bahia, haciéndola corta, me dijo que me va recomendar para un puesto que está vacante en el hotel, en el área de relaciones públicas… -se detiene al darse cuenta que Guillermo lo mira demasiado serio-. ¿Qué, qué pasa, Guille?
Suspira y lo mira sin saber qué responder. -¿Estás seguro que querés probar algo así? Digo, porque… de abogado a empleado hotelero hay un trecho largo, me parece. No estamos tan mal como para agarrar lo que sea. Al menos por ahora…
-Mirá, Guille, si tengo alguna oportunidad, la voy a aprovechar. No te olvides que de los dos, soy el único que entiende el idioma, y además… hay tanto trecho de abogado a empleado hotelero como de abogado a pintor, ¿no te parece?
-No, si ya sé, pero lo de pintor es un hobbie. Una ocupación para pasar el tiempo, para experimentar algo que nunca pude… no sé, me parece que si te metés de lleno en un trabajo como ése nuestro tiempo juntos se va a ver dramáticamente acotado y no sé si estoy preparado…
Pedro intuye que es mejor no seguir con ese tema, ya encontrará la manera de retomarlo cuando sea más propicio. Lo conoce bien, sabe que Guillermo tiene un tiempo para aceptar las cosas, que al principio patalea y después termina aflojando. Se le acerca y lo toma de la mano. –Vení, -le dice mientras lo arrastra al dormitorio.
-Eh… ¿tan temprano y ya cachondito…?
-No, mi vida, pedazo de mal pensado, quiero mostrarte otra cosa.
Lo hace sentar en la cama y saca del placard un paquete que le entrega sin más preámbulo.
-¿Y ésto qué es?
-Me dijiste que el dominó no te gustaba, y que no podías encontrar un juego como la gente en el Mercado… Bueno, hoy de casualidad lo vi en una tienda. Abrilo.
Guillermo rasga el envoltorio y descubre un juego de ajedrez artesanal con delicadas piezas de madera incrustadas de piedras. –Es hermoso, Pedro… tanto, que me va a dar pena usarlo.
-No te preocupes, lo vamos a cuidar. Después de la cena, lo estrenamos. Y el que pierde…
-El que pierde, ¿qué, lava los platos?
-No, mi amor, el perdedor… -Se lo dice con los labios, sin pronunciarlo.
-¿Toda la noche?
Pedro se ríe con descaro. –Y un poco más, también.
---
-Jaque. Y Mate. -Pedro larga una carcajada. Están sentados a la mesa de la cocina, un airecito cálido entra por la ventana y mueve las hojas de las plantas alineadas sobre el alféizar.
-¿Qué pasa, amor…? Hoy estás muy distraído, me extraña. ¿O será que tenías ganas de perder? –Pedro desliza la mano por su pecho y desabrocha con lentitud dos botones de su camisa ligera. Camisa negra, para empeorar las cosas. Guillermo no puede despegar los ojos de esa mano que se atreve a desafiarlo anclándolo a ese pecho descubierto.
-¿Tenés calor, Pedro? -le pregunta con una sonrisa cómplice.
El descarado se levanta y sin contestarle va hasta la mesada y se sirve un vaso de agua. Mientras la bebe, pasa una mano por el dorso de su cuello. Guillermo desliza la mirada sobre esos dedos que recogen el sudor de la piel, despeinan el borde de su pelo, bajan y se posan sobre la cintura, levantan la camisa, la quitan de su cuerpo acalorado. Se da vuelta sin apuro y le clava una mirada incendiaria.
-Hicimos un trato. El perdedor sos vos.
Ahora su mano desabrocha el botón del pantalón, apenas lo abre para posar sus dedos sobre el vientre, bordean su tatuaje apenas insinuante. Guillermo se levanta y va hacia él, perdido entre temblores, cegado por la vista de esa imagen de tortura.
-A veces también me gusta perder… –le murmura en el oído. Apoya sus manos en la cadera de Pedro y suavemente comienza a liberarlo del pantalón. Va bajando entre besos, saboreando palmo a palmo el recorrido de ese cuerpo que de a poco se va poniendo tenso, expectante. Cuando llega a su destino, de rodillas y entregado a cumplir lo prometido, sabe que la noche se quedará corta una vez más.
Amanece y apenas se duermen, abrazados sobre la cama deshecha, sosegados todos los delirios, cumplidas todas las promesas.
…
Se levanta temprano y pone agua a calentar. Busca el paquete de yerba pero diez minutos después aún no logra encontrarlo. Va hasta el dormitorio donde Pedro duerme desparramado sobre tres cuartas partes de la cama.
-Amorcito, la yerba… -lo toca en el brazo pero reacciona tapándose con la almohada-. Pedro… ¿Dónde está la yerba?
-Nnnn se acabó….
-No, si la compré hace tres días, no puede ser, ¿dónde la pusiste?
-Nnn sé….
-Mierda, mierda! ¡No puedo empezar el día así! Este café me está causando gastritis, Pedro… Pedro… la yerba!
-Ufa, Guille! –Pedro se incorpora ya súbitamente despierto-. Se terminó ayer, la usamos con los muchachos…
-¿Usaste mi yerba con tus amigos? ¿No sabés que me tuve que recorrer media ciudad para conseguirla? ¡Podrías haberme avisado, por lo menos! La semana pasada fue el dulce de leche, ahora la yerba, ¿no te dije que eran cosas que sólo yo podía administrar? Levantate y andá a conseguir más que a vos no te cuesta tanto.
Pedro respira hondo y se deja caer sobre la almohada. Quince minutos después sale trotando en busca del preciado tesoro.
---
Camisa celeste, corbata rayada en tonos de gris, no, camisa blanca corbata lisa gris oscuro, o corbata azul, no, camisa azul corbata morada… ¡Guilleeee! Vení, por favor, ayudame.
Guillermo larga el recetario que tiene en la mano y corre a la habitación. La cama es un muestrario de camisas, sacos y corbatas.
-Eh… pará un poco, qué desastre hiciste con la ropa… Estaba todo ordenadito.
-Mi amor por favor estoy bloqueado, lo único que tengo elegido es el pantalón.
-Quedate tranquilo, a ver… -Elige una camisa celeste y una corbata rayada en tonos de azul-. ¿Saco, te parece? Hacen como 30º.
-Estoy tan nervioso… Quiero causar una buena impresión. Dame ese saco. Si, así estoy bien. –Se mira en el espejo de la cómoda y se acomoda el pelo-. ¿Te parece que me recorte más la barba?
-No, estás precioso de cualquier forma. Vení. –le dice, y cuando Pedro se le acerca le afloja el nudo de la corbata-. No tan apretado o no te van a salir las palabras.
-Te juro que no me acuerdo ni cómo se dice buen día. Voy a hacer un papelón.
-Bueno, vos hacé una cosa. Incliná la cabeza y sonreí como lo hiciste conmigo el día que te entrevisté. Automáticamente, te van a contratar. Pero sólo por hoy. A partir de mañana, sonrisa profesional. No, mejor sonrisa no. Serio, pero amable.
-Mi vida… ¿ya te estás poniendo celoso antes de que empiece? Si sabés que sólo tengo ojos para mirarte a vos…
Desayunan en silencio, Pedro enfrascado en sus preocupaciones y Guillermo con la nariz metida en un libro como si no le importara. Y claro que le importa, se muerde la lengua para no decirle que está tan nervioso como él, pero no por miedo a que no lo tomen, sino más bien lo contrario. Se acostumbró a tenerlo todo para él en el estudio, su socio, su compañero, su sombra misma. Ahora, en esos meses que pasaron juntos y solos en su mundo privado, se ha aferrado tanto o más que en aquella lejana época, ya no concibe pasar toda una mañana y una tarde completas sin él, no soporta la idea de extrañarlo tanto. Pedro mira la hora y se levanta apurado a recoger las tazas.
- Dejá, yo me encargo. Andá que se te hace tarde.
Se mira por última vez en el espejo del living y vuelve con Guillermo. Lo abraza fuerte.
–Deseame suerte… Y extrañame como yo a vos.
-Sos muy malo Pedro. Me decís eso y me dejás solo, quién sabe hasta cuando, contando los minutos hasta que vuelvas…
-En cuanto tenga un minuto, te llamo para decirte cómo me fue, meu amor, minha vida.
-Dejá de practicar conmigo palabras cariñosas que allá no las vas a usar. Espero.
-¡Tonto! –Pedro le da un beso de ésos que Guille llama chupadores de alma, y se va, nervioso, apurado, concentrado en las frases que ha estado intentando retener.
Se asoma a la ventana de la cocina y lo ve correr por la calle, abriéndose paso entre la gente que lo demora, impaciente, ávido, vital. Siente una punzada de nostalgia anticipada por los días que presiente quedan atrás para siempre, por esa exclusividad que se le va. Se queda pensativo, asombrado de esa extraña posesividad que nació en su vida junto a Pedro, que nunca había sentido antes con nadie. Se pregunta si está angustiado por las horas que pasará sin él, o si es el miedo al vacío que se agrandará con su ausencia, la rutina que se hará difícil de sobrellevar. Esa tremenda necesidad de retomar la vida que ya no tiene. Veintisiete años de abogado, toda una vida dedicada a la profesión que amó desde antes incluso de conocer su existencia, porque como sabía decir su amigo Jorge, él era abogado desde chiquito ya.
Un escritor dijo que los hábitos no se pueden tirar por la ventana, que hay que ir sacándolos por la escalera, peldaño a peldaño. El también lo cree así. Cuando juntó sus cosas en un bolso y se fue de su casa aquella tarde de noviembre, no imaginó que ya no volvería, que terminaría volando apenas dos semanas después junto a Pedro con un destino improvisado, y que ese sitio se convertiría con el paso del tiempo en un lugar definitivo. Muchas veces, en aquellos momentos en que se queda solo, cuando Pedro se va a correr o se junta en alguna rueda de amigos en el bar de enfrente (esos amigos que él no comparte), piensa en las cosas que generalmente evita pensar. ¿Qué pasará dentro de un mes, de un año, de dos o tres? Se imagina siempre junto a Pedro, lo contrario sería inconcebible, pero el lugar permanece como un fondo borroso, un signo de interrogación, una ubicación que no puede precisar en el mapa. ¿Qué será de él, de sus proyectos de trabajar hasta que el cuerpo diga basta, ahora truncados? ¿Podrá tolerar la inactividad, la escasez de dinero cuando lo que trajeron comience a agotarse, cuando incluso el dinero que les envía Fabián por las ganancias del estudio le comiencen a parecer un aprovechamiento, un recurso del que ya no les cabe el derecho? Le da miedo ese futuro cercano, y lejos de sentir un mínimo alivio ante la propuesta de trabajo de Pedro, lo que está experimentando es aún más ansiedad, más culpa, se ve a sí mismo como un hombre desarmado, que ha dejado sus herramientas en el campo de batalla, que no tiene nada más de valor consigo que el amor que siente y la inquietud que no se resigna a perder.
Cerca del mediodía suena el timbre del celular y corre a atender anticipando la alegría de escuchar su voz de nuevo.
-Eu sinto falta de você, meu amor…
-Ay, Pedro… estoy empezando a amar el portugués. ¿Cómo te fue, mi vida?
-Aprobé, ya soy parte de la empresa. ¿Vas a aguantar sin mí hasta la noche?
-No sé, chiquitín… Lo voy a intentar, desesperadamente.
-¿Me vas a preparar algo bien rico? La ansiedad me está haciendo crujir el estómago, pero quiero guardar todo mi hambre para cuando esté con vos.
-Esta noche no se come acá. Te voy a llevar a comer afuera, al mejor restaurant de Bahía. Y después…
-Después, qué? Decímelo que nadie nos escucha.
-Humm… va a ser una sorpresa.
-Vos entero sos una caja de sorpresas. –Se sonríe Pedro.
-No tanto como un abogado indecente que conozco.
-¿Indecente? Todavía no conocés el verdadero significado de esa palabra, doctor Graziani… todavía.
---
Octubre.
Atardece en la bahía de Todos los Santos. El sol desciende y se esconde sobre las mansas aguas que miran al oeste. La gente se apiña en las playas de Porto da Barra y en el terraplén que rodea al faro para observar esa maravilla cotidiana que no se puede apreciar en ningún otro lugar. Vienen caminando despacio, tomados de la mano, allí es común ese gesto tan simple y a la vez tan controvertido para la mirada del mundo, casi nadie se da vuelta para escudriñar la rareza de ver dos hombres unidos así, porque allí es nada más y nada menos que lo que es, en realidad. Un gesto de amor.
A Pedro le costó acostumbrarlo, al principio se resistía tenazmente, pero él con su insistencia lo fue domando, doblegando, igual que se adiestra a una mascota suele decirle entre risas. De a poco y con firmeza le fue ganando terreno a la inseguridad de Guillermo en cada aspecto de la relación, y a la vez se fue reafirmando él en ese hasta entonces desconocido arte de amar a otro hombre.
Llegan hasta el pie mismo del faro, se sientan sobre la hierba. Una leve brisa llega desde la bahía.
-Me encanta este lugar. Es mágico… –le dice Pedro mientras Guillermo busca algo en su morral. Saca un sueter y se lo pone a Pedro sobre los hombros.
-Pero Guille, hacen como veinte grados por lo menos…
-No importa, no quiero que te haga mal la humedad del mar. Cuando te enfermás, hacés cosas muy locas. -Pedro lo mira con asombro y entonces comprende, ambos largan la risa.
-Si, es cierto, hay algo de magia en esas aguas Pedro… El otro día leí que allí, en lo profundo, se ocultan barcos, víctimas de los combates que se libraron en esta bahía con los conquistadores portugueses. ¿Te imaginás? Barcos sumergidos, y tesoros tal vez, como en los cuentos que leíamos de chicos.
-Es hermoso pensar éso… pero también me da un poco de impresión, no sé… siempre me atrajeron y me asustaron las historias de piratas y de bucaneros.
-¿Te da miedo, precioso? Si querés, yo puedo ser el Capitán de tu barco… conmigo vas a llegar seguro a cualquier puerto. -Se ríe con esa risa que a Pedro siempre le dan ganas de comérselo de un beso, así, al paso y de un solo bocado.
-Vení mi capitán, -le susurra bajito-, quiero ser tu buque insignia.
Apoya la cabeza sobre el hombro de Guillermo, él le acaricia su mano y le murmura al oído. “No, vos sos mi único barco”.
Una suave brisa se levanta y la gente comienza a irse, una niña apenas adolescente se acerca y les pregunta si quieren que les saque una foto. –No! Contesta Guillermo, -Si! Le dice Pedro. La niña sonríe y saca un celular. Guillermo esconde su cara tras el morral, Pedro se lo quita riendo y ella aprieta la pantalla. Perfecta. Una foto maravillosa, teñida por el naranja del ocaso, absolutamente natural. Pedro saca su celular y se pasa la foto por bluetooth. Va a darle un dinero a la niña pero ella le dice que no con la cabeza y se va, feliz con la foto que sacó.
–El mundo está muy loco, Pedro. O esa chica es extraterrestre.
-¿Por qué? Mirá la foto, estamos hermosos… La primera foto juntos que tenemos, y gracias a una niña desconocida.
-A ver… no está tan mal, se me ve más joven.
–Sos joven, no se te ve.
-O será que al lado tuyo rejuvenezco.
-El amor, Guille, es el amor el que nos hace jóvenes, el que nos impide envejecer.
-¿En serio? Entonces yo voy a ser Dorian Grey a partir de ahora…
Pedro suspira y deja reposar sus ojos en el vaivén de las suaves olas de la bahía. Si pudiera detener el tiempo lo haría en este preciso momento, con esa postal maravillosa que los rodea y que siente que es el marco perfecto para esa instantánea que resume el capítulo de la vida que están protagonizando juntos. “No es justo que ésto se termine. No voy a permitirlo”.
-¿Qué pasa Pedro… en qué te quedaste colgado?
-En eso que dijiste. Si pudiéramos frenar el tiempo, ponerle un límite a su embestida fatal… la muerte es un cachetazo, una ironía. No se puede morir después de algo como ésto. –Se gira y lo mira a los ojos-. Yo no quiero morir ahora que te tengo.
-Y yo no voy a permitir que te mueras, tontito. ¿Qué es éso de hablar de cosas tristes en un momento como éste? –le pega juguetón en la barbilla. Pedro sonríe y trata de espantar sus miedos. Es verdad, todo es perfecto ahora. Nada puede oscurecer lo que brilla con tanto ímpetu.
Se quedan un rato allí en silencio mientras la gente poco a poco se va yendo. Una claridad moribunda va ocupando el lugar que el sol deja vacante. Se enciende la luz del faro y tiñe de un brillo irreal el borde de las olas. Guillermo lo abraza y le pregunta si quiere regresar al departamento.
-Bueno, por desgracia mañana tengo que levantarme temprano… -Pedro se incorpora y le ofrece la mano. Él lo mira intrigado.
–Me acabás de decir hace un rato que soy joven y ahora me das la mano como a una viejita que va a cruzar la calle.
-Vas a cobrar si volvés a insinuar éso.
-Me vienen imágenes muy movilizadoras con eso que decís… No veo la hora de llegar y empezar a cobrar.
-Cuidado, que tus deseos son órdenes para mí.
-Es imposible hablar con vos…
-¡Qué caradura, Guillermo! –Se alejan en dirección a la avenida, el frío de la bahía comienza a erizarles la piel. Pedro lo abraza de la cintura y Guillermo pasa un brazo por sus hombros. En apenas un par de segundos, una ola de tibieza los resguarda, todo frío desaparece, todo temor esgrime su rendición.
---
De camino, pasan por el mercado y compran carne y fruta, poco antes de llegar Guillermo recuerda que necesita un par de pinceles nuevos. -Vos andá yendo que yo compro lo que me hace falta-. Está terminando de pagar cuando le suena el celular. Fabián.
-Hijito… ¿todo bien?
-Hola pa, más o menos…
-¿Qué pasó? ¿Lauti está bien?
-Si, bueno, en realidad soy yo el que anda medio medio…
-No me asustes, ¿qué te pasa?
-Choqué con el auto, papá, pero no te preocupes… ya salí del hospital.
-¿Qué? ¿Cómo estás? ¿Qué te pasó?
-Uy no te alteres, ya estoy bien, tengo una fractura en la muñeca pero ya me operaron y solamente tengo que hacer un poco de reposo.
-Pero Fabián, ¿Cómo querés que me quede tranquilo?
-Mirá, no te iba a llamar, porque ya te conozco… No te hagas el bocho, que ya pasó lo peor.
-Me decís que no me preocupe, es imposible, hijo… Además, ya casi se cumple un año que no nos vemos. Se me hace insoportable ésto.
-Yo pensé que… a lo mejor, vos en algún momento ibas a venir… No digo que a volver, eso no sé, pero al menos a visitarnos. Si pudiera iríamos, pero entre la facu y el trabajo que empecé este año se me hace imposible.
Guillermo se queda callado. Ya lo había pensado, pero sólo como una hipótesis remota, nunca en concreto. Ahora siente que tiene que ir, tiene que hacerlo, no postergarlo más.
-Voy a ir, Fabi. Lo hablo con Pedro, y en poquito tiempo me tenés ahí.
-¿Me lo prometés, papá…?
-No hace falta que te lo prometa. Es lo que más quiero hacer en este momento. Verte a vos, abrazar a Lauti. ¡Está tan lindo! Igualito a vos cuando tenías su edad.
-Si… Vení, entonces. Mejor dicho, vengan. Valeria quiere conocer a Pedro.
-Bueno, voy a ver.
–Un beso, papá…
-Otro, hijo, cuidate por favor.
Corta y se queda pensativo. Ignora cómo se lo va a tomar su pareja.
---
-No puedo Guille, no hace ni tres meses que empecé a trabajar. Andá vos, unos días sin vernos no nos van a matar, por el contrario, imaginate lo que va a ser volver a vernos…
Guillermo no quiere decir en voz alta que le parece una mala idea, que en realidad tiene miedo, más que miedo aprehensión, un sentimiento ambiguo, difícil de explicar. No quiere dejarlo, pero no tiene más remedio.
-Entonces mañana saco mi pasaje, pero sólo la ida porque no sé cuántos días voy a soportar sin vos…
Pedro deja de cortar una papaya y se le acerca. Le pasa los dedos impregnados de fruta por los labios. Guillermo sonríe y cierra los ojos.
-Te voy a llenar de mi aroma para que no me sientas lejos… -se acerca aún más y lo besa en el cuello-. Y te voy a robar el tuyo para llevarlo conmigo todo el tiempo.
-Sabés que con esto me lo hacés todavía más difícil, ¿no?
Pedro detiene sus besos y lo mira. –Las cosas fáciles no tienen tanto gusto, amor.
-Entonces ya estarías cansado de mí, porque con vos soy muy fácil.
-Eso me encanta… que seas tan duro con el mundo, tan hermético, pero conmigo sos como esa fruta, te deshacés, te desarmás en mis manos…
Guillermo suspira, incapaz de sostener una vez más la fortaleza frente a ese desalmado que le conoce todas sus debilidades.
–Está bien, Pedro, lo admito, derretime como vos sabés…
Se desabrocha la camisa y lo mira retador, espera que haga el resto. Y Pedro no se hace rogar.
---
Esa mañana Pedro salió casi corriendo de la ducha, no hubo despertador que le quitara la pesadez del sueño, desayunó un café y dos tostadas, de pie, mirando el reloj todo el tiempo. Guillermo se quedó un rato más en la cama, vencido también por el cansancio de una noche donde se durmieron demasiado tarde. Al rato, lo despertó la vibración del celular. Estiró la mano a la mesita de luz y entonces recordó que su teléfono no vibraba, se incorporó y vio que el celular de Pedro había quedado sobre la cómoda. Tenía un mensaje. Lo abrió para ver si era importante. “Encontre-me hoje à noite no bar.” El que lo enviaba figuraba como Osvaldo. Una cosquilla le recorrió el estómago. Malditos celos. Deberían inventar un medicamento contra ese mal. Confía en su hombre, pero de todas formas cada vez que lo ve o lo imagina con alguien más, no puede evitar ese estremecimiento, ese coletazo de pez, frío y sinuoso, que le golpea en el pecho. Deja el celular sobre la cómoda y se promete a sí mismo no volver a mirarlo más, no importa cuántas veces suene. Tiene otras cosas urgentes de qué ocuparse, reales, tangibles, no hay tiempo para perder en fantasmas. Busca su documento (más bien el de Joaquín, su alter ego), y después de ducharse y afeitarse, sale sin desayunar, camina hasta la esquina y se sube a un taxi.
---
Termina muy cansado de trabajar, la rutina en un hotel como ése no es algo sencillo de sostener como creía, además aún batalla con las particularidades de ese idioma que parece también más fácil de lo que en realidad es. No se pregunta qué va a ser de él, ni de ellos, sufrió demasiado como para detenerse en la contemplación de horizontes que no puede avistar. No quiere debatirse en planteos o dudas porque lo que tiene ahora es algo que en toda su vida no había soñado poseer, y que estuvo a punto de perder para siempre. Su única preocupación es hacerlo feliz, llenar todos los vacíos que puedan haber dentro del corazón de ese hombre que ama, resarcirlo de todas sus ausencias y sus renuncias.
Compra un ramo de rosas blancas en un puestito callejero, apura los últimos metros que le quedan por llegar a su casa, ansioso por quitarse ese traje que lo sofoca, por meterse a la ducha y zambullirse en sus brazos, el día se le hizo eterno, privado de verlo, de oirlo, de confirmar a cada rato que lo necesita tanto como él. Sube corriendo los escalones de dos en dos, por el camino se afloja la corbata, se quita el saco, saluda al vecino de al lado, mete la llave y entra aspirando el aire en busca del aroma que siempre sale a recibirlo. Nada. El departamento está silencioso, aséptico, vacío. -¿Guille…?
Entra al dormitorio y entonces percibe su presencia en la penumbra, sentado sobre la cama, apoyado en los almohadones de la cabecera.
-Pensé que no estabas… Me olvidé el celular, por eso no pude llamarte.
-¿Y esas flores? –el tono de su voz está tan apagado como la luz del ambiente.
-Las compré de camino. –Se acerca y le da un corto beso en los labios-. Voy a darme una ducha, no aguanto más. ¿Querés que cocinemos juntos después?
-Ya cociné, Pedro. Lo puse en la heladera, porque no venías.
Desde el baño le contesta mientras abre la ducha.
–Si, no pude avisarte, se me hizo un poquitín tarde… fue un día complicado, había una convención médica en el hotel, no sabés todo lo que tuvimos que hacer.
-Si, me imagino… -se levanta y agarra el ramito de rosas. Las mira con recelo-. Voy a poner a calentar la comida.
---
Están en silencio, frente a frente, Guillermo desmenuza con el tenedor su trozo de salmón, revuelve la ensalada, apenas ha probado unos bocados. Pedro se levanta y se sirve un poco más. –Está muy rico esto, mi amor… ¿no tenés hambre?
-No. ¿Viste tu celular? Tenías unos mensajes, creo. –Apenas levanta un segundo la vista y lo mira, luego sigue removiendo la comida.
-Ah… no, no lo ví. ¿De quién era?
-No sé. Tal vez de alguien con quien ya hablaste.
-No, es que no hablé con nadie fuera del trabajo.
-Un tal Osvaldo. ¿Con ése tampoco hablaste?
Pedro se sorprende. –Pero entonces sí lo leíste, ¿qué decía?
-Que te citaba esta noche en el bar. –Ahora sí levanta la vista y se queda mirándolo fijo.
-No, es que… no me enteré.
-¿Quién es ese tipo?
-Ay Guille, no empieces con esa actitud… vos lo conocés, es uno de los chicos del grupo que conocí en la playa, el que trabaja en el bar. Y además, es hetero. No te pongas celoso con cualquiera.
-Supuestamente vos también lo eras, hasta que me conociste. O yo, hasta que lo conocí a Juan. Las personas cambian, Pedro.
-No es éste caso. Está casado, tiene un bebé, tiene problemas con la mujer, supongo que por eso quería hablarme, necesitaría algún consejo, no sé.
-¿Un consejo de qué? Ni estás casado ni tenés hijos. Me parece una excusa tonta.
Pedro se levanta, de pronto se da cuenta que está muy fastidiado, no logra entender tanta desconfianza. Va hasta la ventana y mira hacia la calle. Trata de no explotar, pero no puede contener lo ofendido que se siente.
-Me revienta las pelotas que siempre dudes de mí. Parece que todo lo que hago, lo que hice, lo que haré, nunca es suficiente.
-¿Por qué te ponés así? Si me pongo celoso es porque tengo miedo, Pedro. No es fácil estar con vos…
Pedro se da vuelta y lo mira sin poder creer. –¿No es fácil estar conmigo?
-No, no lo es. Miranos, Pedro. Te llevo una pila de años, yo ya no soy un pibe, vos estás que partís las piedras a tu paso, me siento en desventaja… ¿Cómo compito con tanta humanidad que quisiera poseerte?
Pedro se acerca y se agacha junto a él. -¿Competir? Vos no necesitás competir con nadie, vos me poseés entero, te amo como sos, y por eso te amo, justamente. No sé, a lo mejor, si te hubiera conocido con diez años menos, ni me fijaba en vos. No tenés nada que temer…
-Sí, Pedro hay algo a lo que le tengo demasiado miedo. Al paso del tiempo. Antes no me importaba tanto. Pero te conocí, y nada fue lo mismo. Quisiera detener el reloj, quisiera retrasar el trago amargo de perderte.
Pedro suspira. Puede sentir el color de esa angustia, su textura áspera, su sabor amargo.
–¿Te acordás cuando aquella vez, en la puerta de mi departamento, te dije que no soportaba la idea de no volverte a ver…?
-Me acuerdo.
–Bueno, aún siento lo mismo hoy. Y sé, no me preguntes cómo lo sé, pero estoy seguro que así pasen veinte años seguiría sintiendo lo mismo. Yo no le temo al paso del tiempo, porque no me va a cambiar lo que siento por vos, sólo lo va a hacer más fuerte, más profundo, si acaso es posible más.
Guillermo le acaricia la frente, se pierde en esos ojos inmensos, tan transparentes, se siente enternecido por ese joven como el primer día que lo vió, como el primer día que tuvo miedo de perderlo.
-Dicen que el amor no tiene edad, pero el cuerpo sí la tiene, precioso. Algún día lo vas a comprender. Yo no quiero que me ames solamente, yo también quiero que me desees, que no puedas vivir sin tocarme, como ahora…. ¿lo comprendés?
-Está bien, entiendo el punto. Pero quiero que vos entiendas también que sea como sea, pase lo que pase, nunca te voy a engañar.
-¿Te olvidás que yo fui testigo de cómo engañabas a Camila?
-Era distinto… porque me estaba engañando a mí mismo más de lo que lo hacía con ella.
Guillermo suspira y se queda mirando el techo.
-¿Qué pasa? No estás convencido, todavía…
-No, no es eso. Compré el pasaje, me voy pasado mañana. Eso me angustia un poco.
-¿El viejo miedo a volar, mi amor?
-No, bueno, sí. Un poquito… pero lo que más me asusta es no saber cómo me voy a sentir cuando esté allá por fin. Me imagino tantas cosas…
-Mientras vuelvas conmigo, está todo bien.
Guillermo se ríe con ganas. –¿Y vos pensás que podría perderme ésto?
-Entonces si te vas tan pronto, tenemos que apurarnos a impregnarnos bien, para soportar la ausencia…
-¿Levantamos los platos, primero?
- Noo… -se ríe Pedro-, que se levanten solos!
Lo toma de la mano y lo arrastra al dormitorio. Cuando el amor se desata, el miedo retrocede, no caben los dos dentro del pecho. Ellos lo saben bien, lo supieron desde el comienzo.
Continuará.
***
AY!!! AY!!! QUE CAPITULO TAN BIEN PLANTEADO....LAS DUDAS ...LAS INCERTIDUMBRES....EL AMOR ....FABIAN ....SU NECESIDAD DE SEGUIR TRABAJANDO...BUENOS AIRES....QUE MIEDO ME ESTA AGARRANDO!!!!! PODRA GUILLERMO CON TODO ESTO???? MUY BUENO....
ResponderEliminarGuillermo puede con demasiadas cosas... menos consigo mismo. Tiene el mal hábito de pensar demasiado... es un hombre que siempre busca ver más allá, anticiparse, no termina de disfrutar lo que la vida le regala. Le va a costar... Gracias por tu comentario, un beso!
EliminarNo se que va a pasar Mary pero te aseguro que con estas palabras ya estoy satisfecha "Lo toma de la mano y lo arrastra al dormitorio. Cuando el amor se desata, el miedo retrocede, no caben los dos dentro del pecho. Ellos lo saben bien, lo supieron desde el comienzo".No se, creo que no me va a gustar lo que pase pero confío plenamente en vos (hay no paro de llorar)......No los hagas sufrir mucho por favor.....no lo resisto.....Los amo tanto ,tanto .....Mary no estoy entrando en facebook....no estoy muy bien...Estoy muy triste.....Me cuesta la vida.....Vos ya lo sabes....Esta Fics es muy bella y espero que ese amor tan grande que se tienen y todo lo que han sufrido sirva parta que cada vez se amen más,si eso es posible....Sos increíble...."decís" de una manera que creo encontrarme ante una gran escritora....de policiales y de amores......Vos crees esto realmente....Yo si...."-El amor, Guille, es el amor el que nos hace jóvenes, el que nos impide envejecer. El amor nos hace jóvenes pero como duele.....te amo amiga...te llevo en el alma....Beso y abrazo........
ResponderEliminarMirta! Te mandé mensajito al face. Gracias por tus piropos, y con respecto al sufrimiento que causa el amor, bueno, es el precio que hay que pagar, creo... nada se nos da gratis en esta extraña vida... Yo te entiendo mucho... me pasan cosas parecidas, sé por dónde viene lo que me decís. A veces me pregunto si no sería mejor no sentir tanto... Beso grande preciosa! Gracias por estar siempre...
EliminarA ver Mary:
ResponderEliminarPunto número uno: vos decís que no tenés don para escribir hot? La escena del juego de ajedrez me dejó en estado cataléptico, no sé si esta noche me voy a poder recuperar.
Punto número dos: amo esa ternura con que se cuidan mutuamente, como el detalle de abrigarlo a Cielito ante el frío de la brisa marina (y sigo delirando con esos paisajes, no conozco Bahía pero ya me entraron unas ganas de ir).
Punto número tres: la última parte con tantos miedos y el viaje de Guiie se está poniendo un poco dark y no sé si de acá se van a empezar a disparar tus maldades o no, pero me estoy empezando a poner intranquila.
Vamos a ver qué pasa la semana que viene!
Un beso gigante.
Guille, siempre tan suspicaz vos, jajaja por qué lo ves dark si todavía no pasó nada? Me leés el pensamiento, acaso...? Tremenda lectora tengo con vos, no se te escapa una. En algún momento te voy a resarcir de tantas maldades Guille... espero poder hacerlo. Te adoro amiga, gracias por tus comentarios, un beso grande.
EliminarMary. Hermoso como siempre! Tanto amor, tanta ternura, ellos son así. Dejalos en su mundo perfecto! Ellos pueden. La vida real no es así pero la ficción si puede serlo! Me mata la ansiedad, los quiero solo amandose!!! Please!!!
ResponderEliminarPerdón, siempre me olvido de firmar. Romina
EliminarRomi... ésto lo escribí hace meses aunque no lo creas... ya no puedo modificar el curso del destino que les fijé. Y además, si los
Eliminardejo embeberse eternamente en el caldo del amor van a terminar aburriendo... jajaja no te preocupes, amor siempre va a haber, no todo el tiempo, pero siempre la ficha termina cayendo en el mismo agujero. Beso enorme!!!!
¡Ay Chica! .. a ver, dejame recapitular mis emociones. Tal como dice mi tocaya, la otra Guillermina... vos decís que no servís para escribir hot, pero te aseguro que esos juegos hot que tirás sobre el paño son mas que sensuales.. Destacan la transparencia que dice mucho mas que la desnudez.. Divinos y muy eróticos. Por otro lado, me sentí identificada con ese pensamiento de Guillermo.. ¿qué le espera a este amor con el paso de los años? La diferencia de edad provoca esos pensamientos.. No solo seguir sintiéndose amado, sino también deseado. Es lícita esa duda, aunque hemos visto que la gente en estos tiempos tiene la oportunidad de envejecer con juventud. Me encanta tu historia tan bien llevada, tan bien escrita.. Te leo y sospecho lo que se viene porque no podes con tu genio,.. Los vas a hacer sufrir.. Jajaja! Pero ya te lo dije, confío en vos. Me relajo y espero, se que están en buenas manos. Mary, es un honor tenerte entre nosotros.. Sos una escritora impecable, cada domingo nos arrojás al Cielo y después nos atajás antes que nos estrellemos contra el piso. Adorarte es poco. ¡Abrazo inmensamente Guilledrista!
ResponderEliminarGracias editora mía, vos me conocés bien... además ya te lo anticipé, por las dudas... El tema de la diferencia de edad y cosas relacionadas con ello van a ser un eje en esta historia. Algo fundamental, algo que significa una piedra en el zapato. Y bueno, esta pareja vino construida así, yo lo veo conflictivo el tema... es una opinión subjetiva, pero es lo que siento en general con estas cuestiones. Tarde o temprano los años actúan. Aunque hay excepciones, gracias a Dios... Un beso gigante y gracias por apoyarme siempre !
EliminarMary, me tiene cautivada esta historia. Que bien me hace verlos justos y demostrándose ese amor incondicional. No los mantengas tanto tiempo lejos. Espero ansiosa el próximo capitulo. Un beso. Connie
ResponderEliminarConnie, tal vez no estén mucho tiempo separados, pero lo que va a doler es el calibre de esa separación... igual nunca es definitivo... Besitos y gracias!
EliminarMary!!! por donde empiezo!!!! AMO...me encanta como los escribis....me fascina como describis sus encuentros sexuales con un erotismo magico! la sensualidad de esos encuentros y la seduccion que Pedro ejerce en Guille me dan vuelta...tengo que serte honesta mis ratones corren y corren carreras y ninguno llega a meta nunca jajajjaja ....ahora bien.....como en la vida....hubo algunas renglones que me han dejado con una sensacion tan rara!!! un sabor amargo...si ya se ya se...los años pasan...la vida es asi....uno crece envejece.....etc etc...y Guille le lleva tantos años!!! los quiero eternos!! que tonta soy!!! pero me entristecio.....ese pensamiento de Guille,....triste...nostalgico...peor tan real...y este viaje!!! me huele que los problemas estan por llegar pronto!!! ahhhhhhhhh santa MAdre como hago para aguantar al proximo domingo.....no habra alguna posiblidad de que haya un pequeñisimo adelanto en la semana?? como en la tira viste?? que te daban algunos adelantos??? o algunas propagandas??? jajajajaja es broma...esperare ...aunque debo decirte que para nada tranquila ni entera...no logro dilucidar por donde realmente vendran los problemas....bueno nada....eso...jajaja como lo unico que me queda es esperar...he decidido seguir confiando en vos..... en tu bella escritura y en el amor que compartimos por estos dos!!! #adorarte por esta Resurrección!!! Silvana (Barby)
ResponderEliminarBarby, gracias por tanto elogio, me hace muy feliz todo lo que me decís... Como le decía a Sandra, el tema de la edad es fundamental... un problema entre tantos que les van a surgir, pero creo que es bastante relevante, que trae aparejados muchos cuestionamientos, muchas dudas. Para Guillermo va a ser un calvario éso, y va a tener que tomar decisiones... si le pasa por encima a esa cuestión y disfruta lo que tiene, o si se deja derrumbar por los miedos que lo acosan. A mí me parece que en esta pareja ése es el principal escollo, peor aún que los villanos o villanas que los quieren perjudicar, o incluso que las desgracias que también se les van a cruzar. No hay peor enemigo que los propios pensamientos, y éso va a ser un problema en el caso de ambos... debería hacerles una lobotomía, pobrecitos, que no piensen más, que se dediquen a quererse y listo, jajaja. Ahorraría mucho sufrimiento. Ah! Barbie, el adelanto que me pediste, el prox. capítulo trae ratones... (no sabés cómo acertaste con esa frase)... acordate, pero van a ser ratones que viajan por el éter! Un beso enorme, enorme!!!!
Eliminarohh!!!!! Mary!!! NO PODES hacerme esto!!!!! mas ratones aun??? por favooooooooooooooooooooor a preparame para espantarlos o no se unime a ellos en esa carrera que corren en todo mi ser!!!! ajajjaja te quiero gracias por el adelanto!!!! Sil
EliminarMe encanta esta historia de estos dos maravillosos y hermosos hombres que se disfrutan mutuamente....En espera de la próxima entrega!! Gracias!!
ResponderEliminarGracias Adri, se disfrutan mucho cuando los dejo, jajaja, y bueno... es lo que hay en mi mente perversa... nada dura. Espero que te siga gustando y si no es así, no hay problema en que me lo digas, afronto todo! Un beso para vos!!!
EliminarBuenisimo me gusta tu forma de escribir es atrapante felicitaciones besotes
ResponderEliminarGracias, es un aliciente saber que gusta porque a veces me cuesta expresarme, son días raros en que las palabras no salen del todo bien... Un beso para vos!
EliminarAy Mary, me da miedito ese viaje pero es tan necesario para Guillermo!!! El amor de Pedro es incondicional pero entiendo a Guillermo con sus dudas y su miedo de perderlo, de no ser tan joven y que los años se le escapen pero el amor que sienten supera todo. Guille necesita de su hijito y sus afectos, ya llegará el momento en que puedan retornar no?? Es fascinante tu historia y tu forma tan particular de contarla!!! Gracias Mary, besotes
ResponderEliminarEl viaje July en sí no es lo peor... lo malo son los fantasmas internos, los que acechan tratando de oscurecer lo que es claro... Contra éso va a tener que batallar nuestro pobre Guille, él y el dulce Pedro. Una lucha complicada! Gracias por tus mimos, un beso grandote!
EliminarMi bella escritora!!llegue perdón por la demora!! Pero acá estoy disfrutando por tercera vez este cap maravilloso que tu capacidad de describir situaciones es única ya lo sabemos todas pero esta sensualidad con que decribis es sublime!!! Me transporto donde me llevas mágicamente, dolorosamente por momentos intuyo el dolor de Guille, y eso me angustia un poquito, pero ese amor tan grande seguro podrá vencer la distancia!! Feliz de leerte!!! Mariana
ResponderEliminarTe estaba echando de menos Marian... pero sé que siempre estás ahí! Gracias!!!! Tres veces? Dios mío! me pone mucha presión psicológica éso... jajajaja te juro que si las hubiera conocido mientras lo escribía, me hubiera muerto de miedo... tal vez fue mejor así, que me enclaustre para crear con libertad absoluta. Ahora me siento un poquito condicionada, las maldades me hacen sentir culpable... pero te aseguro que cuando este fic diga definitivamente fin, no se van a sentir defraudadas. Palabra de honor, un beso enorme, te quiero mucho, gracias Mariana por acompañarme como siempre...
EliminarMary que Te diga que escribiendo sos fangio nunguna novedad ....asique más allá de decirte que este capitulo esta soberbiamente llevado que a este Pedro lo amo con wl alma que me siento plenamente identificada con El que cuando uno quiere a alguien hay que jugársela entero como lo hace mi precioso Pedro.La vida es corta e incierta asiq. Perder el tiempo en sentir miedo es una pena y no te lleva a Ningun sitio seguro asique yo banxo este AMOR a pleno y aunque la vuelvan a pasar mal o tengan q superar mil escollos se que el final va a ser el mejor pq nada es más fuerte que el Amor puro eterno y apasionado que elos se tienen ....gracioas chica sos INCREIBLE!!!!!!! .........que tremendo esto del escribir jajajajajajajj.........majo
ResponderEliminarAjhhhhh y anda poniendo los fideos q en cualquier momento nos sentamos a la mesaaaaaaaa...........
ResponderEliminarUffff qué alegría!!!! Por fin, se hacen rogar estas cocineras.... Gracias por todo lo que dijiste, tenés razón, el amor todo lo supera... Si sobrevive como dijo Guille. Pero... Hasta dónde puede soportar, cuál es el límite? Gran interrogante... Un beso grandote, me quedo esperando con ansiedad esos fideos! ( para mi al dente, con poca salsa y mucho queso por favorrr).
Eliminar"Los hábitos no se pueden tirar por la ventana, que hay que ir sacándolos por la escalera, peldaño a peldaño." "-Dicen que el amor no tiene edad, pero el cuerpo sí la tiene, precioso. Algún día lo vas a comprender. Yo no quiero que me ames solamente, yo también quiero que me desees, que no puedas vivir sin tocarme, como ahora…. ¿lo comprendés?" y despues" Cuando el amor se desata, el miedo retrocede, no caben los dos dentro del pecho. Ellos lo saben bien, lo supieron desde el comienzo." Muchas gracias por este hermoso relato, lo he disfrutado mucho.Gracias. Felicitas
ResponderEliminar