
La rama del sauce golpea una y otra vez sobre el vidrio. En la profundidad del sueño, el niño permanece ajeno a vientos o tempestades, naufraga irremediablemente solo como cada noche en sus terrores sin nombre. La imagen del hombre corriendo entre los árboles transcurre en cámara lenta. Puede ver cada detalle de su cuerpo tenso, la camisa que ondea tras él, los movimientos de su pelo y hasta el olor de su miedo. Su respiración jadeante, sus esfuerzos por inhalar un aire que se le escapa. Lo sigue de cerca, apenas unos pasos los separan. Pero sabe que no huye de él. La amenaza corre detrás de los dos, es una presencia intangible que oscurece el ambiente, un sonido bajo y difuso que suena como la corriente del río cuando llueve.
Quiere gritar, pedirle que pare, que se una a él para enfrentar lo que no tardará en alcanzarles. Pero su boca es una mueca de espanto incapaz de articular una palabra. Tiene una piedra en el pecho que apenas deja pasar el aire. La sombra aumenta, sus dedos fríos ya rozan el borde de su cuello. La angustia sube por el centro de su pecho como un geiser que explota desde las entrañas de la tierra.
Grita, el sueño se desvanece, la luz del velador que su madre dejó encendido disipa los últimos terrores de pesadilla. En la espalda bañada por el sudor, una caricia fría se desliza y se va.
…
El hombre camina con una cadencia lenta, pesada, como cargando con un peso invisible que le empujara los hombros hacia el piso. Recorre el pasillo hasta la celda que lo espera abierta. Entra. Un celador cierra la puerta y se aleja. En la cama que está sobre la suya, otro hombre se gira y se pone de cara a la pared. Los ronquidos se detienen por un momento. Se recuesta en su colchón y enciende la radio que tiene apoyada a un costado de la almohada. Bajito, para no despertar al vecino de arriba.
Cierra los ojos y no piensa en nada. En casi nada. Ejercitó su mente para salir de allí. Atravesando las gruesas paredes del penal, yéndose lejos. A un sitio donde no tiene que luchar por un poco más de esa inmunda comida o por el privilegio de sentarse en el baño sin que nadie se meta a molestarlo. Donde no necesite defender con uñas y dientes el espacio íntimo de su cuerpo, tantas veces maltrecho en alguna perdida batalla en la oscuridad. A veces conseguía mantener la ilusión y lograba dormirse enseguida. Pero ya no. El antídoto en algún momento dejó de funcionar. Tuvo que buscar una nueva forma de salir de su jaula. Ensayó recitar artículos del código penal, pero sólo conseguía recordar que algunos de esas mismas leyes lo habían enviado allí.
Ahora ha conseguido relajarse con algo mucho más eficaz. Un nombre y un apellido. El de una persona que fue su condena, que desapareció del mundo pero no de sus pensamientos. Lo repite una y otra vez. Lo desmenuza letra por letra. Lo aprieta entre sus labios, lo muerde y lo escupe. Saboreándolo como un manjar, intoxicándose con él como un veneno. Guillermo Graziani. Su mantra, su invocación. Su pasado, su presente, su destino.
….
Matías entra con timidez al despacho de Guillermo. -Ya está lista la notebook.
La deja sobre el escritorio y se sienta. Guillermo tiene la cabeza apoyada en el respaldo y la vista fija en el techo. No hace ningún gesto que demuestre que lo escuchó.
-Mirá Guillermo… quería hablar con vos por lo que pasó ayer. Creo que lo mejor es que yo me vaya de este estudio.
Logra captar su atención. Se endereza y lo mira con fastidio.
-Vos no tenés nada que ver. Y no quiero oírte hablar de renunciar.
-No te preocupes por los clientes nuevos. Más de la mitad ya te prefieren a vos. No vas a sentir mucho mi partida.
-Te equivocás, no pienso en los clientes. Te quiero acá en el estudio. Sos un muy buen abogado, estoy más que conforme con tu manera de trabajar y de ser.
-Yo tampoco quisiera irme, pero si es necesario… Me siento en parte responsable de lo que pasó. No me comporté correctamente con Pedro. Le dije cosas urticantes. Después vino este tipo, y bueno… se le llenó el vaso.
-Si, puede ser… a veces sos demasiado atrevido. Pero todo se puede mejorar.
Matías se queda pensativo. No quiere renunciar al trabajo y mucho menos renunciar a lo que está sintiendo. Irse es, en definitiva, tirar la toalla para siempre. Guillermo le clava la mirada y de alguna manera con ello, lo retiene. No puede decirle adiós. Aún no.
-Te prometo que a partir de ahora me comporto como un caballero. Delante de Pedro.
Guillermo se sonríe. -Vos no cambiás más… pero al menos lográs sacarme una sonrisa. Aunque me sienta para la mierda, como ahora.
Matías alarga la mano sobre el escritorio y Guillermo se la toma por un momento.
-Siempre voy a estar para lo que necesites. Si querés que hable con él no tengo problema.
Guillermo prende la computadora.
-No, dejá. Si no me escucha a mí, menos lo va a hacer con vos. Empecemos de una vez que no estamos en un bar, hay que trabajar.
…
El resto de la semana espera un llamado, un mensaje, algo. Los días se suceden sin noticias de él. Todos los intentos a su teléfono se toparon con el frío mensaje del contestador. Trató de imprimirle a su voz la desesperación genuina que sentía su alma, le suplicó que dejara de lado esa actitud inmadura y accediera a conversar con él, pero no consiguió ablandar su corazón. El silencio fue la única respuesta. Se pregunta hasta cuándo tendrá que purgar esa condena que le impuso, hasta dónde llegará Pedro con un castigo que él siente como la injusticia más grande que ha cometido hasta ahora en la relación. Incluso más grande que pensar que lo hubiera abandonado a su suerte aquella vez en Brasil. Porque entonces sí tenía motivos para desconfiar, pero ahora no. Trata de espantar de su cabeza los pensamientos negativos. Pedro podrá tener sus problemas, pero no cree que esta vez llegue al punto de cometer otro acto penoso e irreflexivo. Simplemente desea hacerlo sufrir un poco. Confrontarlo con el vacío de no tenerlo para empujarlo a que tome alguna decisión. Pero… ¿cuál? Repasa cada día desde que llegaron. Lo llevó a vivir con él, a su casa, con su familia. A dormir en su cama. En el estudio cree haber dejado bien en claro también su lugar, incluso con Matías, aunque él no acuse recibo. Lo escuchó, lo entendió, accedió a buscar una casa para irse juntos. No sabe ya que más hacer. Empieza a creer que la estrategia de Pedro es en realidad, alejarse de él. Si es así… entonces no opondría resistencia. Por mucho dolor que le trajera, se haría a un lado y le permitiría seguir su camino. Tal vez uno mucho más despejado, más libre. Con probabilidades de ser feliz a largo plazo.
El vacío al que supone que Pedro lo empuja le habla en un idioma que no comprende. Solo entiende el alcance de sus sentimientos, y cree que esos sentimientos están a la vista, que todo el mundo los puede ver como si se le transparentara la piel y se hicieran visibles. Para él siempre fue un problema la exposición. “Hay gente a la que le gusta hablar de sus cosas, y hay gente que no”. Así de simple. Pedro quiere cambiarlo, necesita algo que él no puede ofrecerle. ¿Pero qué? Ya no tiene tanta imaginación. No puede vislumbrar que su pareja apenas busca que exteriorice un poco más ese amor que le tiene. Que hable sin pudores, que llame a las cosas por su nombre. Guillermo bucea entre la evasión y el jugarse entero, y a duras penas sale a flote. Uno reticente, el otro demandante. En este punto del camino, sus posiciones no coinciden con exactitud, pero tampoco están distantes. Son leves variaciones de pensamiento, sutiles discrepancias.
Ese viernes transcurre sin altibajos. Es un día común y corriente, con casos rutinarios, con el cansancio de toda una semana y sin la alegría del viernes anterior cuando hicieron el asado de bienvenida. Poco a poco se van yendo del estudio, desisten de preguntarle nada. Saben que lo mejor es dejarlo solo. Escucha cerrarse la puerta por última vez y se levanta a servirse un trago. Elige un ron que le regaló un cliente, vierte una medida generosa. Apenas comió al mediodía, pero no le importa. Necesita aturdirse, dejar de pensar. Lo toma casi sin pausas. Va a tomarse la botella entera si es necesario. Se sienta en su sillón. Descubre que las paredes comienzan a moverse levemente. ¿Ahogar las penas? No, él lo que necesita es dejar de existir. No por un rato, no por una noche. Para siempre. ¿Pero acaso no tuvo antes ese pensamiento? ¿No fue allí en ese mismo lugar que empuñó aquella arma…? Se siente repentinamente molesto. Con la vida, con él mismo. Decide que ese despacho comienza a asfixiarlo. Se levanta y recoge el saco y la corbata.
Abre la puerta de calle y casi se choca con él. Está allí parado, como indeciso si debería entrar o irse por donde vino. Se quedan parados sin atreverse a romper ese silencio. Pedro lleva un solo bastón calzado en su mano derecha, tiene las ojeras marcadas y el aspecto ajado de quien no ha dormido bien. -¿Puedo hablar con vos? -le pregunta.
-Si. Ya me iba pero… -no sabe qué más agregar. ¿Invitarlo a pasar? ¿O a irse con él?
Pedro hace un gesto vago hacia adentro. Se hace a un lado y lo deja pasar. En el despacho le ofrece un trago de lo que estaba tomando.
-Bueno pero un poquito nada más…
Bebe despacio y lo mira sentarse en su sillón, al otro lado del escritorio. Lo nota raro. Casi ni le dirige palabra y definitivamente no lo mira. Está ausente y algo incómodo. -¿Estás enojado porque no te hablé estos días? -va derecho al grano, no necesitan más vueltas.
Guillermo le responde sin mirarlo. -No, enojado no. Lo que estoy es… cansado.
-¿De mí?
-De vos, de mí, de toda esta mierda. No me sobra el tiempo para peleas de adolescentes.
Pedro siente crecer la culpabilidad que viene arrastrando desde hace días.
-Por eso vine, Guille. Estuve pensando y…
-Ah! Estuviste pensando… qué gran noticia! ¡Por fin! –le arroja clavándole una mirada de fingida alegría.
-No te burles… yo también sufro. Es muy difícil bancarme ciertas cosas. No sé si voy a poder superarlo algún dia -deja el vaso sobre el escritorio-. Me hace mal dudar de vos. No quiero hacerlo. Vos también tenés que ayudarme. Entendeme.
-¿Ayudarte? Soy yo el que necesita que le digan qué carajo hacer.
-No puedo estar lejos tuyo…
-Pedro, eso lo escuché varias veces. Y la palabra perdón, también. Más de las que quisiera. Y siempre por lo mismo. Por no querer, o poder aceptar que el pasado se terminó, que no lo podemos borrar, pero que ya no está. No está, ¿lo entendés? Y si pretendés que me aisle, que eche a todo el mundo para que puedas sentirte seguro… esto no habla bien de lo que sentimos… el amor es confianza, Pedro. Es mirarse a los ojos y saber que el otro no es capaz de dañarnos. Ya te lo dije una vez. ¿Te acordás? Es un acto de fe, y de total libertad. Si sos capaz de avanzar sin retroceder casilleros constantemente, seguimos. Si no, se acabó acá. Yo no tengo energía para esto…
-En Brasil retrocediste vos, no yo. Y también sentiste celos. No te hagas el perfecto.
-Pero mis celos son más entendibles, Pedro…
-Los tuyos eran infundados. No había nada ahí. Pero los míos… están apoyados en cosas reales, que sí pasaron.
-A veces no sé si no me escuchás o si querés castigarme, simplemente. Con Matías no pasó nada, y si vas a seguir en esa postura de justificar lo que hacés… no podemos ponernos de acuerdo.
-Bueno, olvidá lo que te dije hasta ahora. Vine para estar con vos. No pienso renunciar a éso. Ni aunque tenga que soportar a cien José o Matías juntos. No voy a darme por vencido.
Guillermo se levanta y rodea el escritorio. Se sienta en el borde y lo mira.
-¿Lo decís convencido? ¿Sos capaz de proponerte de verdad pasar por encima de todo…?
Pedro se levanta y se encara con él.
-Soy capaz de lo que sea. Porque lo sé Guille… aunque no parezca, lo sé. Que vos me amás, que yo soy el hombre de tu vida. Y vos de la mía…
Guillermo no lo duda ni un segundo. Tal vez sea consecuencia del alcohol que tomó y que le arde en la sangre. Lo toma del cuello con las dos manos, le planta un beso que los deja sin aire. Un beso que derriba cada centímetro de esa muralla que construyeron esos cuatro días con minuciosa crueldad. Los labios se encuentran y se prometen no dejarse ir nunca más. Se besan con pasión, con amor, con dolor. Era, tal vez, necesario ese alejamiento. Porque a veces a la distancia se aprecia mejor lo que la cercanía no dejaba ver. Lo que era tan obvio que uno lo pasaba por alto. Pedro desliza las manos por su espalda, sube desde la cintura y abarca la anchura de su cuerpo, ese cuerpo que lo enloquece, que lo pierde, que a veces extraña hasta cuando duerme. Guillermo acaricia su nuca, sube y baja con desesperación, aprieta la curva de su cuello, lo despeina, entierra sus dedos en la cabellera sedosa.
-Te extrañé tanto mi amor -le dice entrecortado.
-Yo también, yo también… nunca más, te lo juro. Cueste lo que cueste…
Pedro siente que no puede resistir más el deseo de tenerlo, ya se castigó también él demasiado en esos días interminables. Lo necesita ya, no puede esperar. Le pide que se vayan de ahí. -No, acá, acá… -murmura Guillermo que advierte que Pedro se deshace entre sus manos. Empuja los papeles al suelo, quita del medio la computadora. Pedro se estira sobre el escritorio con un movimiento felino, se abre la camisa y lo mira retador. Empieza él también a sentir los vapores calientes del alcohol trabajarle en las venas. Guillermo se apoya encima de él. Desliza su mano por su cara, la delinea brevemente y apoya los dedos sobre su boca. Pedro abre los labios y deja que esos dedos ingresen en ella, que jueguen con su lengua, que anclen en ella con absoluta posesividad. Los muerde, los saborea, los humedece con su saliva. Se miran y se ríen de ese jueguito que inexplicablemente, los excita más que cualquier otro. Manos y boca haciendo el amor, declarándose el amor. Cuando los deseos se tornan apremiantes, Guillermo le pide que se dé vuelta, Pedro obedece. Con una violencia inesperada le baja la ropa. Sofoca una queja y en el borde del dolor, se permite disfrutar esa sensación de dominación y de lujuria que su pareja pocas veces se permite con él. Cierra los ojos y lo acompaña en esa cabalgata, se acopla a su mandato, se somete a su entera voluntad. Su cuerpo se electriza como si la potencia de un rayo lo rozara, el corazón le estalla de felicidad. No entiende cómo pudo alejarse de él, lo que está sintiendo es demasiado fuerte, no se paga con nada. Cuando la pasión desbocada se sacía, las caricias intentan suavizar los excesos.
-Me parece que se me fue la mano…
-Te perdono -le dice, y sofoca una risa. Verlo culposo después de semejante actuación le provoca más placer. Porque sabe que Guillermo es un tierno y que esos desbordes lo hacen sentir muy culpable. Pedro le señala con un gesto de la mano el desastre que han hecho con sus ropas.
-No podemos irnos así… -se lamenta Guillermo.
-Es cierto. Y lamento decirte que me rompiste el cierre del pantalón -le dice Pedro al intentar subirlo y ver que no funciona.
-Perdón mi amor, soy una bestia. Démonos un baño, en el placard tengo algo de ropa. Pantalones no, pero con un ganchito te lo soluciono.
Deciden bañarse separados o no van a salir más de allí. Mientras Pedro se baña, Guille engancha el clip en el cierre y maldice haber sido tan bruto.
-¿Pudiste? -se ríe Pedro al verlo laborioso con el cierre como una costurera.
-Vas a tener que taparte con una carpeta… no se te va a caer, pero te va a entrar el vientito.
Los dos largan la carcajada. El sonido de sus risas les confirma una vez más lo que hace mucho tiempo ya saben. Que además de amarse, son amigos. Que no hay ni habrá nadie que pueda ocupar semejante lugar.
Cuando por fin escapan a la calle, parte del alcohol se les ha evaporado y se sienten agradablemente relajados pero muy cansados. Esperan el remis que pidieron.
-¿Vamos a casa o al hotel? –le pregunta Guillermo.
-Pasemos a buscar mi bolso y después vamos a tu casa -Pedro se sostiene con el bastón y con la otra mano se aferra con fuerza del brazo de Guillermo.
Lo mira preocupado. -Estás bien, no? ¿Te duele algo?
Con la sonrisa más convincente del universo despeja todas sus dudas.
-Lo único que me duele fueron estos días sin vos…
…
Matías se le acerca cuando está buscando un expediente en el archivo. Odia los lunes como todo el mundo, mucho más si llega de su clase de rehabilitación y encuentra que Guillermo no está, y que el pesado de Matías aprovecha para lanzar sus indirectas.
-Llamaron de una inmobiliaria. Dejaron dicho que mañana a las diez tienen que ir a firmar el boleto…
Pedro se da vuelta y lo mira. -Gracias. ¿Algo más?
-No. ¿Te pasa algo? Creí que habíamos quedado en que iba a reinar la paz.
-Yo estoy tranquilo. Pero no veo por qué tenemos que caretear nada. No somos amigos. Compartimos el lugar de trabajo, nada más.
-Bueno, pero no tenés que ser tan seco. Me hacés sentir incómodo.
-Matías… no seas cínico. Si no querés sentirte incómodo no me jodas.
-Entonces no te hablo más. Así no malinterpretás lo que digo.
Pedro saca el expediente y luego de dirigirle una mirada irritada se va al despacho.
Marcos levanta la vista de su computadora y se queda observándolo. Le chista para que se le acerque.
-Flaco, tené cuidado con este pibe porque tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe…
-No sé a qué te referis.
-No seas boludo. No te busques problemas. Acá no se va a romper una fuente, es tu jeta la que se va a partir por una piña como le pasó al otro, al muñequito de torta ése.
-¿Muñequito de torta? -Matías se ríe con ganas- qué bien lo describiste… Aunque me parece una antigüedad. Ya no se usan.
-No, y pronto no se van a usar ni siquiera las tortas de casamiento. La gente cada vez lo piensa mejor.
Guillermo entra y deja una carpeta sobre el escritorio de Marcos.
-Buen día, me lo crucé a Ordóñez en el juzgado y me dio ésto para vos. ¿De qué casamiento hablaban?
-No, Marcos me decía que la gente se casa menos. Puede ser. Pero no me parece tan piola.
-Ah, no? ¿Y por qué? -le pregunta Guillermo-. Te ahorrás varios problemas.
Pedro regresa a devolver el expediente en el archivo y se queda escuchando la conversación.
-Por varios motivos -continúa Matías-. Por el respaldo legal que te da. La posibilidad de ejercer derechos que de otra manera no tenés.
-Si, hace poco tuvimos un caso -recuerda Marcos-. La mujer quería donarle un riñón porque era compatible y no podía porque no eran familiares. Y ni hablar si el tipo se muere y no tienen los cinco años de concubinato. Se queda sin cobrar ni una puta pensión.
-Pero claro, todo tiene sus pro y sus contras -reflexiona Matías-. Hay gente que se engrampa sistemáticamente en matrimonios que se terminan pronto y sólo le dejan de saldo una cuenta bancaria cada vez más flaca. Como tu amigo Materazzi, por ejemplo.
Guillermo se sonríe. -Ese tiene merecido que le metan la mano en el bolsillo. Bueno, muchachos, me voy a seguir con lo mío.
Pasa junto a Pedro y le da un beso en la mejilla. -¿Todo bien, Pedro?
-Si Guille. Estoy atascado con el caso que me dejaste para ver.
Se encierran en el despacho. Guillermo se queda pensativo mientras Pedro hojea unos papeles. La conversación le dejó titilando pequeñas lucecitas dentro de la cabeza. Inquietudes que viene arrastrando desde hace tiempo y que a veces no lo dejan dormir. Pedro levanta la vista. -¿Pasa algo, amor?
-No… estaba pensando en... ¿Qué te parece si esta noche salimos a cenar afuera?
-Me encantaría, por supuesto. ¿Y qué te gustaría comer?
-Tengo ganas de comer buena pasta.
-Yo también… ¿vamos a lo de Enzo?
-Hum… está un poquito lejos. Yo estaba pensando en algo más cerca… No, dejá. Si quiero comer bueno, vamos allá. O cocinamos nosotros, pero esta noche no quiero. Esta noche va a ser especial.
-Me olvidé de decirte, llamaron de la inmobiliaria. Es mañana a las diez lo del boleto. ¿Hablaste con el banco?
-Sí, ya arreglé con el gerente, me dijo que no hay problema, que le avise un día antes. Lo hacemos ahí.
-Pero… vos no sabías, entonces qué es lo que vamos a festejar?
-Ah. Tenés razón, dos cosas vamos a celebrar, entonces. Pero es una sorpresa.
-¿Hay que vestirse de gala?
-Lo mejor que tengas, precioso…
…
Pedro termina de peinarse y se queda observando la imagen que le devuelve el espejo. Ya casi no quedan señales del horror del accidente, tan sólo una pequeña cicatriz bajo el nacimiento del pelo. Y una ligera dificultad para caminar a la que se ha ido acostumbrando más de lo que pensaba. No es tan terrible cuando lo enfrenta con lo que pudo haber sucedido. Guillermo le pasa la mano por el hombro sacándole una pelusa. Se miran por intermedio del espejo y se sonríen.
-Estás… muy bien -le dice Guillermo sin atreverse a más.
-¿Solo éso? Me esmeré para impactarte…
-Tontito… porque estoy impactado es que no puedo encontrar las palabras adecuadas. Sos demasiado, para mí.
Pedro se da vuelta y lo encara. -Ahora el tonto sos vos. Mirá cómo te queda ese traje azul noche Guille… me vas a matar y ni siquiera salimos todavía. Vamos a llamar mucho la atención. Espero que no sea de hombres.
-A mí no me importa. Esta noche no voy a pensar en nada que no sea disfrutarte. Y que vos me disfrutes a mí.
-A lo mejor deberíamos quedarnos…, ¿la comida es tan necesaria? -Pedro imagina el menú que realmente quiere probar.
- Sí, por supuesto. ¿Vamos, amorcito?
El restaurante está lleno de gente porque no es habitual encontrar lugares abiertos en día lunes. El maitre los lleva hasta una mesa situada al fondo, milagrosamente alejada de la mirada de la gente. Un lugar perfecto para dos con paredes color borgoña y luces suaves. Piden un buen vino y leen la carta de comidas. Pedro siente crecer la curiosidad. Lo mira con disimulo tratando de leer en sus gestos el motivo del agasajo. Guillermo no parece especialmente nervioso o excitado. Como si fuera una cena más. Una noche cualquiera.
Conversan de cosas intrascendentes. Mencionan al pasar temas del estudio que les cuesta dejar de lado. Pedro está pendiente de la copa de Guillermo, apenas se vacía vuelve a llenársela. Quiere que hable pronto o no va a poder saborear la comida. No logra su cometido, Guillermo se muestra naturalmente ausente. Les traen los platos, las pastas lucen deliciosas.
-¿Si yo te doy un poquito de mis agnolottis vos me das de tus tagliattelli? -le pregunta Pedro.
-Un poquito, porque están muy ricos. Quisiera saber que son estas cositas oscuras, sin embargo…
-Guille, en la carta decía que eran hongos. ¿No leíste?
-Ah… pero igual están ricos.
-Sos terrible… siempre con tus prejuicios. Tomá, probá esta salsita de quesos.
Le alcanza un bocado y se lo desliza en la boca.
-Mmm, manjar del cielo, Pedro -Guillermo se sonríe y lo mira fijo-, como vos…
-No me hagas ésto, Graziani. Que todavía falta mucho para el postre. El verdadero.
Comen despacio, saboreando la comida excelente, apreciando la delicadeza y la elegancia de todo lo que los rodea.
-Hace mucho que no hacíamos ésto… -le señala Pedro-. Deberíamos salir más.
-Si, es cierto. Aunque tal vez cuando ya estemos en “nuestra” casa no lo necesitemos tanto.
-De ninguna manera. Salir hace bien. Te voy a obligar si es necesario.
Un rato después a una señal de Guillermo el mozo se acerca a traerles la carta de postres.
-Dejame elegir a mí, Guille. Vos tardás mucho -echa un vistazo y se decide por dos parfait de diferente sabor-. Te comés el que te guste más.
Junto con los postres el mozo deposita en la mesa un balde con una botella de champagne.
-¿Y ésto? -le pregunta Pedro-. No te oí pedirlo…
-Ah, tengo poderes telepáticos -Guillermo llena las copas y le alcanza la suya a Pedro.
-Por nosotros… por este amor hermoso que sentimos -dice Guillermo.
-Brindo por lo mismo. No hay nada más importante. Te amo -le susurra Pedro.
Guille le dibuja un “Te amo” con los labios y le guiña un ojo.
Pedro sonríe encantado. Cada vez un pasito más, poco a poco vuelve a soltar las amarras como cuando se dejaba llevar de la mano por las calles de Bahía. Aunque acá lo haga con más cautela, para él esos pequeños gestos significan todo. Espera algún comentario más pero Guillermo permanece en silencio. Beben el champagne y observan al pianista al fondo del salón.
-Si no me equivoco, ésto es Barber… Qué maravilla… Quisiera ir a escuchar un concierto con vos alguna vez. Un concierto en el Colón, vestidos de gala y desde un palco.
-¿Un concierto? -le pregunta Pedro extrañado.
-Si, de música clásica. Aunque te quedes dormido, no importa.
-Jamás me podría dormir si estoy a tu lado. Lo que me pasaría es que me costaría concentrarme en la música y olvidarme de vos y tu traje de gala…
-Si, me gustaría mucho, lo tenemos que hacer algún día -le contesta animado-. Voy a anotarlo en mi lista de cosas importantes.
-Y en esa lista, anotaste muchas cosas, Graziani?
-Pocas… pero muy imprescindibles.
-¿Alguna otra, por ejemplo…?
Guillermo lo mira y descubre que Pedro está esperando que el ejemplo lo incluya, obviamente. -No sé… tal vez, y siguiendo con el tema del arte, pienso que debería retomar mis clases de pintura. Te debo un retrato como la gente.
-¿Un retrato? -Pedro disimula lo que tan bien sabe, la existencia de aquel cuadro que alguna vez, lo decidió a ir en busca de su amor perdido-. No hiciste nunca retratos.
Guillermo se ruboriza y baja la vista. -Sí lo hice…
-¿Cuándo? ¿De quién? -le pregunta exagerando la intriga.
-De vos, tonto -ahora levanta la vista y lo mira con temor.
-¿Me pintaste a mí…?
Guillermo lo mira un instante fijamente y esboza una sonrisa que se hace más y más amplia.
-¡Lo viste!¡Pedazo de atorrante, lo viste!
Pedro larga la carcajada. -Perdoname, mi vida… estaba esperando que vos me lo mostraras.
-Y, qué te parece? ¿Te hace justicia un poquito…?
-No… me hiciste más lindo, no sos objetivo.
-Al contrario, vos no sos objetivo. Sólo soy un principiante. Pero te prometo que voy a practicar hasta que salga perfecto. Y cuando me sienta preparado, uno de cuerpo entero.
Pedro nota el brillo de su mirada. -Ah… entonces lo vas a intentar… yo estoy dispuesto, mi vida. En la pose que elijas. ¿Qué preferirías, de frente, de atrás?
Se queda pensando en la pregunta de Pedro y de repente decide que esas imágenes lo ponen muy nervioso.
-¿Pido un café y vamos?
Pedro se siente algo desilusionado. No quiere que termine esa noche, es demasiado perfecta. Y aún espera su sorpresa.
-¿No te estás olvidando de algo, mi amor?
-¿De qué? ¿Te quedaste con hambre? ¿Te pido otra porción de postre?
-Si, me quedé con hambre de escucharte decir qué es lo que vinimos a festejar tan especialmente.
Guillermo baja la vista. Tarda varios segundos en levantarla y mirarlo a los ojos. Lo nota preocupado.
-No es que me haya olvidado… sólo que tengo dudas.
-¿Dudas? No entiendo.
-Desde que te conocí, nada fue lo mismo para mí. Alguna vez, charlando con Juan, le dije que cuando apareciste en mi vida, fue como ver llegar un barco. El mío. El que siempre estuve esperando, oteando el horizonte. Y es así, Pedro. Con vos esa nave encontró su puerto, y este desahuciado conoció la felicidad… una que ni estoy seguro de merecer, ni mucho menos de poder mantener.
-No sé… a qué te referís con mantener? Ya lo hablamos, ya está todo aclarado… Nada nos va a separar nunca más.
Guillermo deja perder la vista a un costado. Aunque quiera evitarlo, se le llenan los ojos de lágrimas. -No hay nada para mí más importante… que tu felicidad. Quisiera poder asegurarla, protegerla… hacer que dure, que tu vida sea la mejor. Que algún día, cuando mires hacia atrás, no te sientas arrepentido de ningún día a mi lado.
-Eso jamás pasaría, mi amor -le dice mientras toma su mano.
Guillermo traga saliva y se fuerza a continuar. Esa noche es perfecta, él tampoco quiere que termine. Y no soporta la idea de lastimar a Pedro, de empañar su dicha. No puede continuar, de hacerlo rompería la magia, invitaría al dolor. No puede. Todo el discurso que había preparado se desmorona. Aquellas preguntas que iba a formularle. “Seguirías conmigo si supieras que me queda poco tiempo”… “¿Soy egoista si sigo a tu lado estando enfermo?” Preguntas demasiado dolorosas para ambos. Tal vez pueda posponerlas, elegir un momento menos maravilloso para que no suenen terribles. Aunque eso sea tan solo una utopía. Nunca sonarán menos terribles. Pedro nota que la mano que sostiene está temblando.
-Por Dios, Guille… decímelo ya. No soporto los misterios. ¿Qué pasa?
Guillermo mira hacia el salón, se escurre una lágrima con la mano que tiene libre, la mete luego en el bolsillo y saca algo. Estira la mano y busca la de Pedro. Le introduce algo frío en ella y sin soltarlo se queda mirándolo a los ojos.
Pedro intenta zafar y ver qué hay allí. Guillermo se la aprieta más fuerte.
-Pedro… yo… no sé si debo. No sé si está bien. Pero no puedo seguir remando contra la corriente de mis sentimientos…. Mi mente me grita que no. Pero no quiero escucharla.
Ahora retira su mano con suavidad. Pedro abre la suya y se queda paralizado, sin poder creer lo que está viendo. O es una alucinación, o verdaderamente hay un anillo ahí sobre la palma de su mano. Levanta la vista y lo interroga con la mirada.
-Cuando por fin estés libre… de tu compromiso anterior, de tu matrimonio… Pedro, ¿te casarías conmigo? -Apenas cree haber podido terminar la frase. Siente un miedo inconcebible, le tiembla la voz y el corazón le late enloquecido. Gotas de sudor resbalan por el costado de su rostro. Pedro no sabe qué es más increíble, si lo que está viendo en su mano o lo que acaba de escuchar. -¿Me…me estás proponiendo matrimonio, Guille…?
-No, mi amorcito. Te estoy pidiendo que me alcances el salero en cantonés. ¿Qué podría querer decir “te casarías conmigo”?
Pedro encierra el anillo en su mano. Lo lleva hasta su boca y lo besa.
-¿Ésto contesta tu pregunta?
Guillermo sonríe con ternura. -No demasiado…
-Entonces te lo digo con todas las letras. Si, Guille, mi amor, mi vida… me quiero casar con vos… ya mismo lo haría si pudiera. No hay nada que desee más.
Guillermo saca una cajita de su bolsillo y se la alcanza. -Tomá, acá dentro está el mío. Guardalos. Hasta que podamos usarlos.
Pedro se siente conmocionado. No esperaba tanto. Jamás imaginó que él fuera capaz de proponerle algo tan arriesgado. Le viene a la mente aquella conversación en el estudio donde se asumió incapaz de usar un anillo que simbolizara pertenecerle a alguien. Se ve espectador del nacimiento de un nuevo Guillermo, uno que no deja de sorprenderlo y enamorarlo cada día más. Guillermo siente alivio. Temió no atreverse a último momento en el medio de ese caos que sentía y después que Pedro no aceptara, o peor aún, que se riera de su ocurrencia.
-Vamos a casa, Pedro, antes que me termine de bajar la presión del todo y me caiga encima de la mesa. Estoy terriblemente nervioso.
-¡Mi amor… parecés un adolescente! Me hacés morir de ternura. Yo también me siento un poco así. Vamos -guarda la cajita con los anillos en el bolsillo del saco. Guillermo lo mira deslumbrado.
…
Llegan a su dormitorio y se recuestan sobre el cubrecama, completamente vestidos. Pedro saca los anillos y se prueba el suyo, le queda perfecto. No puede dejar de mirarlos, los junta y los observa incapaz de creerlo del todo. Siente que en ese pequeño par de aros de metal brillante existe algo que ni siquiera podría definir. Un misterio, una clave universal de algo que su mente no logra entender, que sólo su corazón alcanza a percibir. Los anillos que compró con Camila no significaron nada, eran simples caprichos de su mujer, una costumbre que ella y la sociedad le impusieron. Estos son de otra especie. Son un símbolo sagrado, un pasaporte a un estado superior… un lugar que no había imaginado pisar junto a Guillermo. Le viene a la mente un libro que leyó en su infancia, El sobrino del mago, donde un par de niños se calzaban unos anillos mágicos y se transportaban a otra dimensión, a un lugar fantástico mucho más espectacular que la Tierra donde vivían. Guillermo y él también ingresarán a un mundo mejor y esos anillos serán su pasaporte. Lo siente, lo intuye. Así debía ser. Estaba escrito.
Se toman de la mano y permanecen en silencio. Es un momento mágico, desean que no termine nunca. Pedro lo observa y siente que ha llegado a la cumbre de su enamoramiento. Podría plantar una bandera sabiendo que ya no es posible subir más alto. Guillermo lo mira a su vez de costado y se sonríe un poco avergonzado. Le cuesta haberse despojado de todos sus prejuicios, de todos sus miedos y haber puesto su alma misma en una bandeja. Nadie más en este mundo habría logrado hacerle decir esas palabras.
-¿Cuándo ocurrió este milagro? -le pregunta maravillado.
-No sé… tal vez Joaquín tuvo que ver.
-¿Qué…? -le dice Pedro frunciendo el entrecejo.
-Viste que él era más osado, un día pasó por una joyería, y bueno… los compró.
-No puedo imaginarlo. ¿Por qué no lo dijiste antes, mi amor?
-Es que fue justo un par de días antes de venirme de Bahía a Buenos Aires, cuando me llamó Fabián. No me animaba, no podía decidirme. Tenía miedo. Después pasó lo que pasó…
-En todo este tiempo seguiste dudando. ¿Por qué?
Guillermo se siente acorralado ante la pregunta que aún no puede contestar.
-No hablemos más de éso. Lo importante es que lo pude hacer. ¿No estás contento?
-Mucho más que éso, estoy feliz -le acaricia la mano-, no puedo dejar de imaginar cómo será ese día…
-No pienses, amorcito. Ya no quiero planificar, dejemos que las cosas fluyan. Además… no esperes la gran cosa. No voy a hacerlo público.
-¿A qué te referís? -Pedro lo mira con súbita desconfianza-. Me propusiste matrimonio. ¿Querés que sea algo… secreto?
-No, lo que digo es que no voy a repartir invitaciones ni hacer una fiesta. No le pidas peras al olmo.
-Ya sé, pero al menos vamos a tener que confiar en dos personas para que sean los testigos. No vas a zafar de eso, mi amor. Lo exige la ley.
-Está bien, pero sólo será un trámite. Lo otro, los anillos, el brindis… será un acto privado, solamente nuestro.
-Para mí con éso me alcanza para tocar el cielo…
Guillermo apoya la cara en el pelo de Pedro, se queda pensativo. Recuerda cada momento vivido con él. Si alguien podría hacerlo atravesar el mismo infierno para encontrarlo, ése es Pedro. Se enfrentaría a lo que fuera, a una horda de demonios si fuera necesario. Lo de los anillos fue algo demasiado fácil.
La pasión tarda en llegar porque esa noche es mucho más importante algo tan simple como respirar el mismo aire. Mirarse a los ojos y entender que ésa es la única felicidad con la que siempre soñaron. El amanecer los ilumina abrazados, cubiertos por las sábanas, dormidos en profunda paz.
CONTINUARÁ
***
Hay yyyyy hoy si que tengo el corazón con agujerito bello capítulo hoy te salio tu parte buena que te dure mara rosas
ResponderEliminarHola Mara, mi parte buena está siempre, soy un solcito yo! Solo que a veces me tapan las nubes jajaja besos!!!
Eliminaraaayyyy Mary. Por favor!!!! Es tan tan pero TAN hermoso este capitulo!!!! Esa reconciliación...esa cena...esa propuesta de matrimonio!!!. MORÍ de AMOR!!!! Una vez me dijiste que no eras muy romántica. Como aquella vez, te digo, que estas muyyyy equivocada. Escribís tan atrapante los misterios, tan dolorosas las angustias, tan desesperantes los miedos, tan exquisito el romance y el amor (y la lujuria y el deseo....bue....ni hablar! sublime! ;) En fin: escribís TAN BIEN! Te adoro Mary! Mas mas mas que ansiosa espero el siguiente capítulo. A ver que pasa con Pedrito, también con "ese malo" detrás de las rejas y, obvio con ese casamiento! Me suena a que Pedro todavía no llegó a la cumbre de su enamoramiento, no? Que se va a seguir sorprendiendo ;) Besos enormes Romina
ResponderEliminarMary sabe escribir: sádico y angustiante, suspenso e intriga, romántico, muyyyyy romántico, hot, muy pero muy hot dando el punto justo, poético y cómico... Es una joya invaluable esta chica!!!!
EliminarRomi querida!!! Mi fiel lectora, mi alma afín... cuántos elogios de tu parte! Siempre me decís algo que me hace pensar si no me hackearás la compu, cómo te diste cuenta que aún le faltan cosas por hacerlo enamorarse más y más? Es verdad! Guille es una caja de sorpresas... y como dice al final, es capaz de enfrentar lo que sea y a quien sea por Pedro... y además, su ternura es quizá la mayor cualidad que tiene. Eso es algo también que enamora de él... su coraje y su ternura quedarán más que claras en esta "confrontación". Ya en el prox. cap. se devela quién es el malo y qué pretende... se oscurece el cielo, pero era inevitable, no? Igual con vos no tengo miedo, siempre estás! Te espero amiga como siempre, y gracias por estar ahí alentando, preguntando, pidiendome el capítulo, para mí es un honor inmenso, un placer muy grande... un beso gigante y todo mi cariño para vos Romi!!!
EliminarTodavía no puedo cerrar la boca y es literal.. Al finalizar el capítulo me di cuenta que apenas si mientras lo leía pude respirar... Sos impecable Mary, me hacés ir y venir por un sube y baja de emociones, a veces siento que ya toda tormenta ha pasado entre ellos y basta una coma para que piense que la paz se va a terminar.. Solo vos tenés ese poder. Nunca se que esperar de tu pluma y eso me mantiene en el aire mientras leo.. La capacidad que tenés para romperme la brújula es maravillosa, con vos nunca se a donde vamos a terminar en cada capítulo.. Te admiro profundamente.
ResponderEliminarEste capítulo en especial me dejó esa paz que queda después de la tempestad, tiene una ternura destacada, muy particular y muy bien ensamblada a todo lo que vino pasando entre ellos. Hasta el último momento pensé que Guillermo no se iba a animar a hacer esa propuesta, pensé que en el momento crucial se acobardaría, por eso cuando lo dijo aplaudí.. Si, aplaudí y por mi mente pasaron como una película todas las instancias de esta fic, "Resurrección", "Restauración".. Cuando todo comenzó y Guillermo creía que Pedro estaba muerto, la llamada de Camila, la confesión de José y el tiempo hermoso vivido en Bahía.. El temor de Guillermo, su abandono, el dolor de Pedro.. El reencuentro en Buenos Aires.. Todo, todo,todo,, Hasta ese retrato que Pedro encontró escondido después de que Guillermo se marchó.
Mujer.. tenés un don. Si decidieras dedicarte a esto estoy segura que serías más exitosa y popular que lo que sos dentro de este blog, que no es poco, pero dás para mucho más..
Tengo miedo de pensar que esta fic algún día se terminará, me has generado adicción y pienso.. ¿Cómo serán los domigos sin Mary Buhler?
Ruego a Dios que las musas te persigan incansables y que te dicten sobre ellos cuando estes dormida.. me queda una profunda sed de leerte
Felicitaciones por esta maravilla y gracias por permitirme soñar despierta.
Un abrazo inmenso y por siempre Guilledrista.. Nunca dejes de escribir. ¡¡¡Besos amiga!!!
Qué lindo todo lo que me decís! Y viniendo de vos, puff... demasiado! Hoy leí una frase por ahí, de Borges, que dice "Y después de un tiempo, uno aprende que si es demasiado, hasta el calorcito del sol quema.
EliminarAsí que uno planta su propio jardín y decora su propia alma, en lugar de esperar que alguien le traiga flores." Es verdad, pero igual es lindo, hay que aprender a no depender de las caricias o la mirada de los otros, pero un poco es necesario y hace bien. A veces pienso, tanto trabajo para tan poco! Horas de escribir, de pensar, de imaginar, de corregir! Y uno se queda como esperando lo que no llega, un reconocimiento que siempre sabe a chiquito, no te pasa? Tal vez por eso me dijiste lo del blog, y que es exactamente lo que pienso yo de vos, que das para muuucho más, que este no es el lugar que te merecés. Pero también pienso que debo recordar cómo escribí esta historia, y qué pretensiones tenía. La escribí para mí... con la idea de hacerla pública, pero fundamentalmente la escribí para mí. Y mientras lo hacía pensaba, "está buena, sin duda tengo que compartirla con la gente que sé que le va a gustar". Hoy tal vez uno se queda esperando más comentarios, más gente diciendo que le gusta, más gente saliendo de la sombra desde donde leen y no comentan, porque no lo consideran necesario. Ya alguna vez, hace mucho, creo que compartí algo de eso de los comentarios comparándolos con la gorra que pasan en el under, ese "gracias", ese aplauso ante algo que a uno le gustó. Pero también pienso en eso que te decía antes, y entonces me digo, y bueno, las cosas son así en los blogs, qué pretendés... Ya veré la manera en que seguiré escribiendo, en qué decidiré publicar... si lo hago, porque la inspiración no es una vaca atada. Por ahora sigo con esto que es un compromiso que asumí, y cuando termine confrontación veré que rumbo seguir. Mientras tanto, comentarios como los de ustedes querida Sandra son flores que no puedo dejar de cosechar, oler y disfrutar. Un beso gigantísimo y gracias, millón de gracias.
Literalmente estoy temblando!!!! Tanto amor ...tanta ternura....la cena. los anillos...el pantalon y el ganchito....el miedo de Guillermo por su enfermedad (por favor no lo mates) todo esto hace que sea un capitulo impresionante.. no se porque siempre me quedo con una sensacion de no se como explicarlo...no es miedo ...pero si inquietud...porque no adornas nada ...es la vida real y en la vida real no siempre las cosas son como las queremos ...no te parece ??? Capitulazo...abrazo grande Pilar
ResponderEliminarPilar, mi querida Pilar! Siempre fiel y amorosa! Gracias...! Es verdad, no adorno demasiado, cuento. Y siempre digo eso, "la vida es así"... puede que no pasen tantas cosas juntas como les pasa a ellos, pero para mí es un compromiso total ser fiel a los personajes originales y a lo que yo creo que harían o dirían. (Es mi gusto, no digo que deba ser así!). Es el tamaño de mi vuelo, ni más ni menos... y si Guille está enfermo es un mal necesario, porque no se sale de un infarto con el corazón ileso, yo creo, pero no temas... me dolería demasiado que muriese y no me dejaría en paz. Habrá que pilotear la cosa con viento en contra, esperemos que el viaje sea lo menos doloroso posible... Realmente estás entre las personas que espero leer su opinión con mucho interés... gracias por seguir, gracias por comentar, y espero poder darte más horas de entretenimiento. Es un gusto enorme que estés ahí, realmente... un beso grande! (tal vez la inquietud sea buena, pensandolo bien... es señal de interés, y eso me hace sentir en el buen camino. Espero no defraudarte).
EliminarQué capítulo!!!! OMG!!! Pero qué c-a-p-í-t-u-l-o!!!!! Un verdadero placer (sí, ya sé, no va a durar).
ResponderEliminarPrimero, tenemos doble intriga que me carcome el alma: Qué es lo que le pasa a Pedrito Maidana? Y quién es ese sujeto que mastica el nombre de Guillermo Graziani en la cárcel?
Después, la escena de sexo salvaje en el escritorio del despacho me mató!!!! Se imaginarán los clientes lo que pasa en ese mismo espacio donde son atendidos? Jajajaja, me mueroooooooooooooo! Guille copeteado es lo más!!!! "No, acá, acá… -murmura Guillermo" Y como costurera... Insuperable!!! Me viene la sonrisa estilo Colonia...
"Manjar del cielo"... es esto lo que nos une en sincrodestino Mary? Y... lo que pasa que es lo que es nuestro Cielito...
No puedo poner en palabras lo que fue toda esa comida y el pedido de matrimonio, lo de los "anillos mágicos" que los va a llevar a otra domensión... Los nervios "adolescentes" de Guille... Es tan tierno!
Y muy particularmente, me reservo esta frase:
"Si alguien podría hacerlo atravesar el mismo infierno para encontrarlo, ése es Pedro. Se enfrentaría a lo que fuera, a una horda de demonios si fuera necesario. Lo de los anillos fue algo demasiado fácil."
No solo "demonios" va a enfrentar Guille, ya sabés... ;-)
Beso gigante mi amada Mary!!!
Guille!!! gracias por los cinco comentarios, jajaja genia! Vos me salvás! La intriga por el tipo enrejado se termina en el prox.cap., lo de Pedrito mucho más adelante. Qué suerte que te gustó la escenita del despacho... yo también pensé si no se me había ido la mano... aunque procuré no caer en detalles, por las dudas... lo mío no es lo explícito. Viste que tierno Guillermo? Es lo más tierno y dulce que hay, junto con Pedrito... por eso los amamos tanto. Y por eso no podía faltar ese pedido de matrimonio... era cuestión de tiempo que sucediera. Con respecto a la frase que resaltaste, viene a cuento, mucho, de lo que va a pasar (pronto, en este fic, jaja no en el otro!). Va a tener que enfrentar al peor demonio... y confrontarse consigo mismo... con sus valores, con sus sentimientos. No sigo más...
EliminarEl retrato, veremos... por ahora no va a tener tiempo de pintar... lástima total! Pero lo hará, estoy segura. Lo del Colón, lamentable jajaja... estamos viviendo el fin de los tiempos querida... no hay dudas. Por supuesto que irán a presenciar un concierto, tal vez alguna orquesta filarmonica dirigida por Barenboim o Mehta, no sé... veremos, tiene que ser algo grande. Otra cosa para la que falta. Tienen asuntos que atender primero menos agradables... Gracias Guillermina por estar pendiente, aún en un día especial como fue ayer... un día "glorioso" diría yo... Un beso enormísimo mi amiguita linda!!!!!
Ah! Me olvidaba! Quiero que Guille haga un retrato de cuerpo entero DESNUDO del chiquitín lindo... Así que lo tenés que mandar a perfeccionar su técnica ya, jajaja!
ResponderEliminarY yo los acompaño al Teatro Colón. Qué van a ir a ver? Opera, ballet o un concierto? No me digas que van a ir el día que cantó la princesita Karina porque es un SACRILEGIOOOOOO.
ResponderEliminarNecesito decirlo: Mary, me tenes levitando desde anoche! No puedo sacarmelos de la cabeza un minuto, más precisamente desde que Cielito se sube como un felino al escritorio hasta el final... Menos mal que anoche no tuve los sueños que ya sabes, sino se hubiera roto el hechizo!
ResponderEliminarCreo que yo también hice "cumbre" en el enamoramiento de estos dos!
Y otra cosa que me olvidé: lo de Marcos, ay! Es impagable ese personaje!
"Acá no se va a romper una fuente, es tu jeta la que se va a partir por una piña como le pasó al otro, al muñequito de torta ése." Amo esas salidas que tiene!
Es un excelente capítulo....perdón Mary pero soy yo la que no coordino y no se que me pasa.......me siento tan mal,tan en pedacitos que no puedo opinar ,.......te prometo que cuando mi mente se libere escribo lo que realmente mereces....te amo con el alma Maty.....Mirta....
ResponderEliminarGracias Mirta, no es habitual verte por aquí últimamente así que más puedo decirte, gracias... un placer que te haya gustado, muchos besos
EliminarBellisimo capitulo!! Sublime narración!! Gracias
ResponderEliminarAdriana, gracias, placer enorme que te guste... un beso grande!
EliminarAmo mucho tu escritura, tu firma de contar esta preciosa historia, morí de ternura con Guille proponiendo matrimonio, tan lindo él!!! Y esas alianzas que prometen una vida juntos, esta escrito, que sea así por favor! Me quedo algo inquieta con ese hombre encarcelado, que no dañe a Guillermo!! Ya han sufrido tanto un poco de paz!! Gracias bella escritora!!! Marian
ResponderEliminarViste que lindo Guille? Y tanto que le costó, fue un parto! Y como todo parto, una vez que pasó, ya no le pareció que hubiera sido difícil... Han sufrido mucho, es verdad pero acaso la vida no es un interminable sendero espinoso? O será que yo soy muy pesimista? Realmente no concibo una vida sin problemas y angustias... será que no creo mucho en la felicidad sostenida en el tiempo... trataré de llegar a un acuerdo conmigo misma y darles un buen respiro! Por supuesto que se lo merecen. Un beso enorme Marian!!! Gracias por acompañarme!
ResponderEliminarAyyyy Mary!!! ya te lo dije por privado pero no puedo dejar de hacer publico lo que me apso con este capitulo....primero vos no podes decir que no sos romantica y que no sabés escribir hot! Dioooos esa reconciliacion es de pelicula, esa escena en el escritorio del despacho fue mortal para mi, una de las mejores escenas de sexo que lei de ellos, una de las mejores narradas, palabras justas, nada de mas, y a la vez no le falta nada...no se como lo hacen la verdad!!! y párrafo aparte esa propuesta, este Guille, me enternece, me enloquece si es que se puede enloquecer mas por un personaje!! (sabes que es mi debilidad) con tanto temor, no sintiendose merecedor, ni con derecho, por su salud ( tenemos que solucionar ese temita, no podemos dejar a cielito solo) pero asi y todo lanzandose a la pileta! que obviamente Pedro mantiene llenita siempre! me encanto y necesito pedirte rogarte!, yo se que a veces las cosas se complican, pero pliiiiiis no nos dejes otro domingo sin confrontacion!! para mi es adictivo! te lo juro!!! GRACIAS Mary! te quiero mucho! Silvana
ResponderEliminarGracias Sil no se por qué pero siempre con lo que más me sorprendo es con los comentarios sobre ese tipo de escenas, la verdad no las considero nada especial será que tengo grandes reservas para expresarlas, no me hago la remilgada porque leerlas me gusta pero me siento un poco dura para hablar de ellas. Si, Guille se tiró a la pileta por suerte y el muy tontito pensaba que podía no tener agua! Mi vida! Siempre tirandose para abajo... y bueno, es que Pedrito parece un sueño imposible para él... algún día caerá en la cuenta que él también lo es para Pedro, no? Un beso grande y gracias por esa "adicción", trataré de no fallarte.
EliminarAmiga antes que nada perdon por la tardanza pero vengo en modorecomposicion de partes...me exploto todo alrededor y ahora rearmando todo pero bien o porlo menos mejor...
ResponderEliminarLa verdad sea dicha con este capitulo me cerraste la boca, empezo realmente dificil y doloroso y termino con rayos y centellas ...como se hace para escribir asi??
para mi que ustedes se bañan an algun lago magico o toman algo o esto definitivamente es genetico...porque no tienen paz con tanta maravilla que escriben....queres que te diga cual es mi parte favorita??........El sonido de sus risas les confirma una vez más lo que hace mucho tiempo ya saben. Que además de amarse, son amigos. Que no hay ni habrá nadie que pueda ocupar semejante lugar.....me parecio de ua ternura desbordante y me lleno el alma y me reconcilio con Guille de una manera tranquila que no pense que pudiera sentir ,asique gracias por eso ...la reconciliacion en el despacho no solo me levanto la temperatura sino que me encanto como bordearon ese ataque de pasion miralo a Guille no lo tenia tan loco y tan aguerrido la verdad otro punto para El....Lo de su silencio me parece un acto de amor inmenso de esos que se ven poco en esta vida y con eso sus puntos llegaron aun diez felicitado con signos de admiracion, auqnue estoy segura que cuando Pedro lo sepa va a ser su soten y lo va Aayudar a mejorarse ...dicen que EL AMOR CUALQUIERA DE SUS FORMAS SEEA OBRA MILAGROS , quien te dice bruji no???.Perdon si no estoy por ahi tan exultante como siempre pero ya voy a vovler a ser yo y mis ideas locas.I
INMENSO CAPITULO INCREIBLEMENTE BIEN ESCRITO ME LLENASTE EL ALMA ME LA COLMASTE Y NO SABES LO MUCHO QUE NECESITO ESTOS MIMOS ASIQUE GIGANTES GRACIAS...TE QUIERO Y TE ADMIRO FOR EVER!!!.............................majo
"Grita, el sueño se desvanece, la luz del velador que su madre dejó encendido disipa los últimos terrores de pesadilla. En la espalda bañada por el sudor, una caricia fría se desliza y se va." DESORIENTADA
ResponderEliminar"Lo repite una y otra vez. Lo desmenuza letra por letra. Lo aprieta entre sus labios, lo muerde y lo escupe. Saboreándolo como un manjar, intoxicándose con él como un veneno. Guillermo Graziani. Su mantra, su invocación. Su pasado, su presente, su destino. "MIEDITOOOO
" Cuando por fin estés libre… de tu compromiso anterior, de tu matrimonio… Pedro, ¿te casarías conmigo? " TERNURA DESPIADADA.
TODOS LOS APLAUSOS TODOS, CONMOVIDA DESPUÉS DE LEER ESTE GLORIOSO CAPITULO, DISFRUTARLO.
GUILLE,TODA NOBLEZA, EL AMOR SE DERRAMA DE ESE CORAZÓN QUE SABE AMAR PROFUNDAMENTE.
QUE PODER DE QUITARME LA RESPIRACIÓN. AL PRINCIPIO TODO PARECÍA NAUFRAGAR,PERO LA MAGIA DE LA ESCRITORA SE APIADO DE SUS LECTORES Y NOS HIZO DERRETIR DE TERNURA Y DULZURA.
PERO CON MARY, NUNCA SE SABE, LAS CERTEZAS SE PUEDEN DILUIR EN CUALQUIER MOMENTO, Y ALGO ME DICE QUE UNA RÁFAGA TIBIA, ESO ESPERO, ENVOLVERÁ A MIS AMORES.
UFFFF!!! SUBE Y BAJA DE EMOCIONES.
PLACER LEERTE MARY,SI BIEN TODA LA HISTORIA ME HA PARECIDO MARAVILLOSA ESTE CAPITULO ES DEFINITIVAMENTE ENCANTADOR CARGADO DE UNA PASIÓN QUE REGOCIGA EL ALMA, NARRADA EXQUISITAMENTE DONDE SE NOTA LA DEDICACIÓN Y EL AMOR QUE PONES EN ESCRIBIR.
ME EMOCIONA LA SENCILLEZ DE LOS DIÁLOGOS QUE PERMITE A LOS LECTORES, EMOCIONARSE.
SIN DUDAS, UN CLÁSICO, DE RADIO EL DELTA.
VUELVO A AGRADECER LOS PRECIOSOS SENTIMIENTOS QUE ESTA HISTORIA DE AMOR ME GENERO, Y VOLVER A FELICITARTE POR TU EXCELENTE TRABAJO, TRABAJO DE UNA ARTISTA. MONICA DE LANUS