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domingo, 17 de mayo de 2015

"CONFRONTACIÓN" - Cap. 12 - (By Mary Buhler)

CONFRONTACIÓN - CAPÍTULO 12




Pasea la vista por las mesas del comedor buscando a su compañero de celda. En apenas unos pocos días, han logrado una cierta fraternidad y se siente más cómodo si lo tiene cerca.  Esa mañana temprano un guardia vino a buscarlo y le ordenó que recogiera sus pertenencias.  No volvió a verlo.
-¡Acá, Guillermo! -lo ve unas mesas más adelante y se acerca con la bandeja hasta él.
-Pensé que te habías ido -le dice mientras se sienta a su lado.
-Dios te oiga.  No, me cambiaron de celda los muy cabrones.  Ahora que nos estábamos conociendo... Se hubieran llevado a ese espantapájaros en vez de a mí.
-Shh, a ver si te escucha, mirá que yo tengo que seguir viéndole la cara.
-No, no lo veo por ningún lado -dice mientras pasea la vista por los alrededores.
-¿Sabés por qué está acá, te contó?
-No, no mencionó nada de su vida. Pero lo sé por otro lado.  Cuando llegó algunos hablaban de él porque lo conocían. 
-Un inquilino reincidente, por lo visto.
-No… es la primera vez.  Te vas a morir, ni te imaginás quién es.
Guillermo observa con desconfianza el trozo de carne que tiene en el plato.
-Mientras no sea un asesino serial.
-No, asesino de su mujer.  Pero lo peor no es éso, lo triste es que es un juez.
Repentinamente el plato de comida pierde todo su interés.
-¿Cómo dijiste…? ¿Cuándo llegó acá?
-Un par de días antes que vos. Parece que lo trasladaron de otro penal. De Ezeiza, creo. Pidió Campana porque acá hay mejores condiciones, aparentemente, y como tiene contactos… no sé, te cuento lo que oí, nada oficial.
Se queda de piedra.  Un juez que mató a la esposa, que llega de esa cárcel justo antes que él.  No puede ser, no cree en semejante coincidencia.  Pero tampoco puede ser algo armado.
-¿Sabés su nombre completo?
-Mario… Castañeda, creo.  O algo así.
El poco apetito que tenía acaba de desaparecer. Ése es el hombre, el que ayudó a Miguel a salir de la cárcel, el que seguramente le facilitó el contacto con los sicarios.  Puta suerte, ¿qué loco está moviendo los hilos allá arriba? Tiene que comunicarse urgente con Pedro. Esa tarde pide hacer una llamada pero se la niegan porque hubo una revuelta y cancelaron todos los privilegios.
Cuando regresa a su celda, lo ve durmiendo de cara a la pared como siempre, en la cama enfrentada a la suya. Trata de no hacer ruido para que no se despierte, se recuesta y lo observa en la penumbra. Rememora cada uno de los días que lleva con él. No hubo una sola vez en que le haya dirigido la palabra. Siempre la mirada ausente, la amabilidad esquiva. ¿Sabrá con quién comparte la celda? Se siente un ingenuo al preguntarse éso. Si hay alguien aquí pecando de ignorancia ha sido justamente él, de no ser por un comentario casual de su ex compañero aún seguiría navegando en las aguas de la inocencia. Una inocencia que podría costarle muy cara. Le viene a la mente un pequeño incidente que tuvo un par de días atrás y al que en ese momento no le dio importancia. Estaba lavándose las manos en el baño cuando la puerta de uno de los compartimientos sanitarios se abrió, por el espejo lo vió salir y quedarse parado, observándolo. Le hizo un gesto interrogativo con la cabeza pero el tipo no se inmutó, siguió allí detenido en silencio con la vista clavada en él. Unos segundos después, entró otro recluso al baño. Éso lo sacó del letargo. No se preguntó el por qué de su actitud, simplemente lo tomó como una rareza más de las que observaba a diario en su compañero de celda.  Ahora todo cobra un nuevo significado. ¿En qué momento su desconfianza innata se relajó tanto y bajó las defensas? ¿Cómo pudo dormir todas esas noches sin saber siquiera el nombre de la persona que tenía a su lado? “Un boludo, éso es lo que es”.   
Los minutos pasan y el sueño no llega.  Por el ventiluz al ras del techo se filtra un débil rayo de luna.  Lo mira de reojo pero no lo ve hacer ningún movimiento, sólo el de la respiración pesada de fumador.  Ronca y éso lo tranquiliza.  Está bien dormido, entonces él también puede relajarse y dormir. Cuando al fin lo hace, tiene sueños inquietos, incoherentes y desodernados como acostumbran serlo.  Está hablando con alguien en su despacho, tal vez sea Beto, discuten.  Se levanta enojado y sale del estudio. Ahora está en su cama. Pedro duerme a su lado, por sobre su cabeza los números rojos del despertador le anuncian las tres de la mañana. Piensa en que tiene que madrugar para ir al estudio, cierra los ojos dentro de su sueño y cuando ya parece que comienza a ser arrastrado a la fase profunda, la tranquilidad es interrumpida por la presión de una mano que le aprieta el brazo.  Quiere gritar, decirle “fuera, fuera”, pero en el sueño las palabras no le salen, la mano lo hunde contra la cama y siente que esa presencia no puede ser más que algo maligno.  La desesperación de sentirse acorralado lo despierta.  Abre los ojos y en la penumbra alcanza a divisar el brillo plateado de un puñal. Impotente en las nieblas del sueño que aún lo envuelven, sigue con la vista el curso de su movimiento, de arriba hacia abajo.   Una punzada ardiente le confirma que ya no está soñando. Ahora el brillo nuevamente, esta vez manchado por vetas oscuras.  Olor a sangre y un gemido que comienza a brotar de su garganta, un quejido que nace de su interior en respuesta a la angustia de sentirse acorralado entre la cama y el atacante, incapaz de escapar, imposibilitado de ensayar un movimiento de defensa.  Levanta la mano para protegerse y se topa con el dolor lacerante del acero. El atacante se recuesta encima suyo, aprisionándolo con sus piernas, usando todo el peso de su cuerpo para inmovilizarlo y terminar su tarea.  Quiere gritar, pero no puede porque el hombre ha apoyado violentamente una mano sobre su boca mientras la otra busca frenética el centro de su pecho. Forcejea como puede, trata de no prestar atención al terrible dolor de su mano, sabe que no le queda mucho tiempo y que lleva las de perder. Un golpe sordo nubla su vista y todo desaparece en una nada oscura y compasiva.
El teléfono suena en mitad de la noche, es un eco que rebota en las paredes del living y se pierde antes de llegar al dormitorio.  Pedro se gira en la cama, hace apenas un rato que se durmió.  Abrazado a la almohada que espera a su dueño, su corazón reposa ajeno a toda la locura que esa noche trajo con ella.  La puerta del dormitorio se abre de golpe, la luz se enciende. 
-¡Pedro, Pedro! ¡Levantate, llamaron del penal!
En apenas un par de segundos, pasa del relax al desconcierto y el terror. Fabián corre al placard, lo abre y saca una camisa. Se la tira sobre la cama. Su cara es una máscara de dolor.  Apenas si puede hablar.
-Vestite urgente, tenemos que ir.  ¡Lo hirieron, Pedro, lo quisieron matar!
El trayecto hacia la cárcel es un calvario, Fabián maneja como un loco, ignora los semáforos, Pedro tiene una mano apoyada sobre el pecho intentando controlar las palpitaciones que casi no lo dejan respirar.  Tienen que esperar más de media hora hasta que un guardiacárcel se acerca y les habla.
-Puede pasar sólo uno, y cinco minutos nada más.
Fabián le hace un gesto con la mano indicándole que vaya. Cuando pasa a la enfermería, lo encuentra sentado sobre una camilla.  Apenas lo ve entrar, levanta la mano que no tiene vendada tranquilizándolo.  Pedro se avalanza hacia él, le toma la mano, comienza a temblar.  Ve su brazo derecho enfundado en una venda desde el biceps hasta la punta de los dedos.  En la cara, marcas rojizas de presión alrededor de la boca.
-Dios mío, Dios mío… -no atina a decir nada más.
-Sentate, te vas a desmayar.  Sentate, Pedro, no pasó nada.
Se acomoda en el borde de la camilla. -¡A vos te parece que ésto es nada! ¡Quién mierda te hizo todo esto, mi amor?
-Quise avisarte pero no pude… el tipo que estaba en la celda conmigo.  Es el juez amigo de Miguel.
No dice más nada. Se quedan callados, mirándose.  Pedro no comprende, no puede entender a quién se refiere.  No encaja el lugar, y no entiende la relación.
-El juez que lo ayudó, el que contactó supuestamente a los sicarios. Aún no sé por qué me hizo ésto, por qué me quiso matar.  Se lo llevaron a otro lugar, no entiendo nada. 
-Pero mi vida, es un absurdo, o el tipo está más loco que Miguel.  ¡Si ni siquiera te conoce!
-Éso es algo que habrá que averiguar.  Por lo pronto, es un milagro que esté vivo.  El celador escuchó algo y se acercó a ver.  Entró y le pegó un porrazo en la cabeza justo cuando me estaba acuchillando. Se lo llevaron inconsciente.  Y yo me desperté también acá.  Pero ya pasó todo, no te preocupes.
-Dios… el hombre del cuchillo. ¿Por qué no le hice caso? ¡Qué boludo!
-¿De qué hablás?
-Nada, no importa ahora. ¿Son muy profundas las heridas…? -le pregunta mientras le acaricia la cara con infinita delicadeza.
-No, la del brazo es superficial, en la oscuridad me cortó de refilón.  La de la mano sí, y me duele pero me cosieron y me dieron unos calmantes. Ya empieza a ceder. Le pregunté al médico que me atendió si es común que pasen estas cosas y me dijo que sí, pero que hace tiempo no registraban un hecho así.  Hace un par de años hubo un revuelo terrible, los guardiacárceles denunciaban la presencia de armas blancas en la cárcel, se inició una requisa y dieron con más de sesenta facas… Desde entonces los controles son rigurosos, es muy raro que este tipo haya conseguido esa arma. Sin duda, si estaba acá conmigo, y con un arma es porque tiene influencias.
-Podrías estar muerto… Y yo, yo… no quiero ni imaginarlo.
-¿Pero no viste que yerba mala nunca muere? Tengo siete vidas como los gatos.
- No te hagas el canchero, Guille.  Te pueden arrancar las vidas restantes de una vez.
-Sí… de todas formas, aquí dentro no importa demasiado.  Aunque te confieso que tuve miedo.  No es lindo morir así, no se lo deseo a nadie.
-No quiero escucharte decir esas cosas… tenés que vivir, por vos, por mí, por nuestro amor. Ahora más que nunca voy a sacarte de este infierno.  Si tengo que vender mi alma al diablo lo voy a hacer, pero vos no pasás otra semana en este lugar.
-No veo cómo.
-Si es necesario prendo fuego todo, te rapto, vengo con un helicóptero, no sé.  Ya se me va a ocurrir algo.
Guillermo se queda mirándolo y por primera vez, le nace una sonrisa.
-¿Estás loquito, bebé? Te veo decir esos disparates con tanta seriedad y me asusto.
-Loco me pone verte así, todo lastimado, desprotegido en esta mierda. 
-Hay que confiar en la Justicia, somos abogados.
-¿Me estás cargando? ¿De qué justicia hablás, de la que me perseguía endilgándome la muerte de Moravia, o de la que metió presa a Camila cuando era inocente?  ¿De qué clase de justicia hablamos?
-De la que me va a juzgar por asesinar a mi hermano. Mirá Pedro… yo lo hice, no soy inocente. No voy a salir libre, no lo merezco.
-¡Fue en defensa propia, nos iban a matar!
-Pedro, mi amor… vos sabés como abogado que sos que yo fui a ese lugar, armado, cuando debería haber llamado a la policía.  Y no solo maté, sino que oculté lo que había hecho como un simple asesino. ¿Tenés idea lo que les va a costar demostrar que fue en defensa propia? Sabés lo que quiero y lo que no… ni vos ni el detective tienen que figurar en ésto. ¿Pensás que van a creerse el cuento que me defendí… yo solo, contra tres malvivientes, y que pude solo con los tres? Con dos armas, además.  Una en cada mano, ni que fuera Rambo. Aceptalo, la estrategia de Malvarez hace agua por los cuatro costados… si no piensan en otra cosa estoy en el horno. No se olviden que el Juez Torres tiene un alto historial de fallos condenatorios.
-¡Por éso mismo no podés cargar con todo el peso vos solo!
-Así va a ser. Y en eso soy inflexible. Llegás a hablar y desmiento todo, y te tiro el castillo de naipes en un soplido, Pedro. Ni siquiera lo pienses.
Pedro baja la cabeza consternado. La terquedad de Guillermo no reconoce adversarios, y sabe que cuando se propone algo para salvar el pellejo ajeno nada lo hará cambiar de opinión. Menos si se trata de su pareja. Levanta la vista y trata de ablandarlo con esa mirada cargada de tristeza que es lo único que puede sostener, pero Guillermo no parece conmoverse. Le hace un pequeño gesto, algo a medio camino entre la sonrisa y el llanto, y deja escapar un pensamiento que tal vez no debería. -Sólo me queda rogar que no me metan una perpetua porque a mi edad… éso es para siempre.
-No quiero seguir hablando de ésto -le contesta Pedro al borde del fastidio-.  Lo que tengo que hacer, es allá afuera.  No voy a consultarte nada, mi amor.  Pero acá no te quedás y no se discute.
El guardia se asoma y le pide que se vaya.  Pedro se levanta, lo abraza y le susurra al oído.
-Vas a tener noticias mías… descansá tranquilo, mi vida. Vamos a solucionarlo. Te amo.
Guillermo lo ve irse con la cabeza baja, haciendo fuerzas para no llorar. Es evidente que las últimas palabras que le susurró al oído fueron un torpe intento de infundirle ánimos, porque él se muestra totalmente desalentado. Lo comprueba en el andar lento y los hombros vencidos. El ruido de su bastón reverbera en las paredes del pasillo como un lamento cadencioso y triste. Pedro no cree en lo que le prometió. Quisiera salir corriendo y abrazarlo, asegurarle él que las cosas van a mejorar, que no se preocupe. Quiere abrigarlo, protegerlo y no puede. Sólo puede quedarse allí viendo cómo se aleja despacio y aturdido. Infinitamente solo. El mundo es una amenaza, dentro y fuera de esa cárcel. Ninguno puede proteger al otro, están rendidos a la buena o la mala de su propio destino. Y ése es el peor castigo.
Un enfermero se acerca a decirle que en un rato lo van a llevar a su celda.  Cierra los ojos y se lleva la mano a la cara.  No le cuesta nada percibir el perfume que quedó grabado en ella.  Madera y especias, el perfume de Pedro.  El resto de la noche ese olor lo reconforta mucho más que mil pensamientos positivos. 
Suena el interno de Matías, levanta el auricular sin dejar de pasar la vista por el escrito en el que estuvo enfrascado toda la mañana. 
-Pedro, quieren hablar con vos.  Es de la cárcel.
Se endereza atravesado por una alarma súbita.  -Pasámelo.
El hombre le pregunta si es el doctor Beggio.  La voz suena como amortiguada, sospecha que ha puesto una tela en el tubo para deformar la voz.
-Si, habla Pedro Beggio, ¿quién es usted?
-No importa quién soy, lo que tengo para decirle es lo que importa.  Pero esta información tiene un precio. Gratis es respirar.  Si le interesa, véame esta noche en la garita que está a dos cuadras de la ruta sobre la calle Devoto, unos trescientos metros antes del penal. Venga solo o no hay trato.
-¿Usted piensa que voy a ir solo a ese lugar de noche, sin saber quién es usted y qué me puede aportar? Está loco. O piensa que el loco soy yo.
-Son mis condiciones, tómelo o déjelo.  Pero le aseguro que le interesa, y le conviene enterarse.
Pedro evalúa durante un momento qué contestarle.  Arriesga la vida si acepta ir así, y por otra parte corre el riesgo de perder una información importante que seguramente tiene que ver con Guillermo.  Es mucho lo que está en juego, no lo piensa más.
-A qué hora y cuánto quiere.
-Veintidós horas.  Cinco mil dólares.
-Es mucho lo que pide, debería ser algo muy valioso lo que tiene para ofrecer.
-Extremadamente valioso.
-Va a tener que darme una pista, entonces. Es mi condición.
-Usted necesita saber por qué intentaron asesinar a Graziani.  Ésa es la pista.
-Allí estaré -antes de colgar añade-.  Esmérese con su informe, estoy acostumbrado a estafadores.
-Yo no lo soy, doctor Beggio.  Hasta luego.
La siguiente hora permanece sentado sin hacer nada más que pensar.  Prometió hacer hasta lo imposible por sacarlo de ese lugar funesto.  Tiene que ir, ya no le quedan muchas cartas buenas en ese juego en el que vienen perdiendo mano tras mano.  Se asoma a la cocina y le hace un gesto a Beto para que vaya al despacho.
-Si, Pedro decime.
-Tengo que encontrarme con un tipo anónimo esta noche en un lugar solitario, cerca de la cárcel, por una supuesta información sobre lo que pasó ayer con Guillermo. Me va a cobrar cinco mil dólares. ¿Qué pensás?
-Que hay dos opciones, macho.  O te da lo que promete, o te quiere ahí para hacerte mierda.
-¿Y a vos te parece que no puede ser un simple estafador? Tal vez se inventó un cuentito para sacarme plata.
-Es una posibilidad, pero… no sé.  Tendría que haberlo escuchado para poder opinar mejor.  ¿Vos que pensás, que intuís Pedro?
-No sé, Beto.  Tengo una nube de abejas zumbándome en la cabeza.  Ya no sé que pensar.
-Bueno, si decidís ir, yo te acompaño.
-No puedo, me advirtió que vaya solo o no hay trato.
-Vos dejame a mí, que algo sé de estas cosas.  ¿A qué hora te paso a buscar por tu casa?
Suena la bocina y se apura a guardar el fajo de billetes en la manga de la camisa, cierra el puño y verifica que quedó bien sujeto.  Por el camino Beto le da indicaciones de cómo manejar la situación, le aconseja hasta la manera de pararse y no olvida darle su impresión acerca de lo que para él es un timador.
-Hice bien en confiarme a vos, Beto.  La tenés muy clara.
-Y, son años de marginalidad…
Dos cuadras antes de doblar y llegar a la esquina de la garita, detiene el auto junto a la acera. Se gira y lo mira con seriedad.
-Vos confiá en mí, no tengas miedo.  Hacé todo como quedamos.
Pedro le aprieta el hombro.  -Si algo sale mal… por favor, sólo una cosa te quiero pedir.
-No va a salir mal, pero decime.
Pedro se muerde el labio, busca las palabras que mejor definan lo que desea.
-Decile a Guillermo… que no se culpe.  Que todo esto lo hice con convicción y que lo que pasó aquel día en la estancia… fue como debió ser.
-Dale, prometido.
Pedro vacila, no sabe si agregar lo que más desea expresarle.  Beto le apoya la mano en el brazo.  -Y qué más… no tengas vergüenza, decilo.
-Que lo amo como nunca amé nada en la vida.
Camina despacio, pegado a la pared, la mano derecha doblada en la espalda y con el dedo bien firme en el gatillo.  Media cuadra delante suyo, Pedro marcha sin vacilaciones, el paso lento pero decidido y la frente alta.  Al llegar  a la esquina señalada, mira hacia la garita, gira la cabeza y se toca la frente con la mano. Según lo acordado, ese gesto significa que sólo un hombre lo está esperando.
Beto apura el paso, corre sin hacer ruido.  Apenas un par de metros antes de la ochava, se detiene y aguza el oído.  Pedro está en silencio, el hombre habla. Es testigo de la corta conversación, de las palabras dichas y de los silencios que se entremezclan, oye como se despiden y ve a Pedro regresar, pasar por su lado y seguir camino hacia el auto.  Se queda esperando, vigilando por si al tipo se le ocurriera venir detrás de él.  Un minuto más tarde oye arrancar una moto y perderse en la lejanía.  Se apura a seguir a Pedro que ya lo espera en la otra esquina.  Caminan juntos en silencio hasta el auto, dándose vuelta cada tanto por seguridad.  Al subir, cierra las puertas y arranca inmediatamente.  Lo mira de reojo y espera que él comience a hablar, intuye que está preocupado porque ha girado la cabeza hacia la ventanilla y no emite palabra. Después de unos minutos, no aguanta más y le pregunta.
-¿Y ahora qué vas a hacer, Pedro? Te tiró una muy pesada.
Él no le responde.  Sigue inmerso en ese silencio angustiante, la vista perdida hacia afuera. Al llegar a la casa, le pide que baje a tomarse un café con él. Se sientan en las banquetas de la cocina, Pedro bebe el café y no deja de apretarse el entrecejo.  Le duele terriblemente la cabeza.
-No sé Beto, no me esperaba algo así… me dejó duro.  Creí ilusamente que todo era una coincidencia, que ese tipo se había vuelto loco o ya lo estaba de antes, porque para hacerse amigo de Miguel…
-¿Coincidencia? En el submundo de la cárcel no existe eso, Pedro. 
-¿Cómo se sigue, Beto? ¿Cómo se acuesta uno por la noche apostando a un mañana cuando sabés que la mafia te quiere muerto?
-Vas a tener que hablar con Guillermo por lo pronto… está en peligro, lo tiene que saber.
-Hay que sacarlo de ahí, ya.  Estos tipos no se detienen ante nada, tienen contactos, tienen plata. Y en este caso, tienen un firme deseo de venganza.
-Entonces ése sería el primer paso.  Pero después, qué vas a hacer si lográs sacarlo? Porque afuera es igual, salvo que se escondan… acá no van a estar seguros.
-No puedo pensar en éso ahora. Esta noche voy a dedicarla a ver la estrategia para sacarlo. Y espero que la noche sea larga, porque para cuando salga el sol ya quiero tener todo definido.  Nos va la vida en ello.
Por la mañana llega al estudio, trae el pedido de nulidad de las pericias que redactó en la madrugada y se sienta en el despacho a ultimar en la computadora los documentos que tendrá que presentar para intentar sacarlo.  Por pura rutina, abre el correo electrónico y al echarle un vistazo apresurado lo intriga un mensaje de un estudio jurídico desconocido, “C M F y asociados”.  El asunto informa: “Tapa del diario de hoy”. Dentro del archivo le aparece un adjunto.  Hace click en él y se despliega una foto de un diario colombiano.  No se puede ver del todo bien.  Toma nota del nombre y lo copia en el buscador de Google.  El titular es escueto, apenas un “Cae una familia de la mafia”.  Lo que sigue, el detalle de un hecho reciente, ocurrido dos días atrás. La historia habla de una familia entroncada con el gobierno y vinculada al narcotráfico, que por motivos aún no esclarecidos perdió la protección policial y cayó bajo arresto, sospechados de una lista de delitos y asesinatos más larga que el Antiguo Testamento. En una nota relacionada, le llama la atención la mención de Argentina.  Busca allí y encuentra una noticia donde hablan del crimen de dos colombianos y su eventual contacto con el narcotráfico y la mafia.  Es ahí cuando relaciona los dos hechos.  El mismo apellido, la misma familia.  Son ellos, ya no le queda duda.  Su cabeza se aclara, une los cabos sueltos. No es difícil rellenar los baches y armar la historia completa. Los sicarios eran primos y la familia que cayó era la suya.  De espíritu rebelde, se habían apartado de la tutela familiar para iniciar su propio emprendimiento.  El negocio les iba bien hasta que tomaron el caso de dos abogados en Argentina y las cosas tuvieron un mal fin.  El padre o hermano de uno de ellos juró venganza.  Contactó al juez encarcelado y lo amenazó para que hiciera justicia por él.  Seguramente el mensaje fue corto y claro.  “Es él o es usted”, y el juez en vistas de estar entre la espada y la pared, aceptó y movió los hilos que tenía a mano para que lo trasladaran a la otra cárcel y lo asignaran a la misma celda que después compartiría con Guillermo. El destino los bendijo una vez más y esa venganza no pudo ser.   Pedro sonríe aliviado, no puede casi creer la suerte que han tenido.  Sigue buscando información, se entera que la fiscalía está elaborando una acusación para imputarles tantas atrocidades que los medios periodísticos dudan que ni uno solo de ellos  pueda volver a apreciar la luz del sol en su vida.  Termina convenciéndose que con esa familia presa y despojada de su poder, a Guillermo y a él les queda mucho más que una esperanza de seguir viviendo.  Les queda la seguridad de que toda venganza terminó, que por fin Miguel está verdaderamente muerto y sus brazos envenenados ya no los tocarán nunca más.
CONTINUARÁ
***

14 comentarios:

  1. ayyyyyyy Mary B....que decirte frente a esto...me partió al medio imaginarme a Guille en esa camilla viendo a su amor irse, sabiendo que volvía a ese horrible lugar, esa resignación de tener que cumplir una condena por asesinato y sin vislumbrar una puerta que lo saque del infierno...leerlo abatido por la situación..me mató...Pedro desesperado arriesgando hasta su propia vida para averiguar algo madre mía!!! necesito la continuación yaaaa por favor! que nervios, cuanta desesperanza y ese final!! que se trae Pedro para sacarlo...no me digas que se mete el adentro porque muero!!! por favor...siento la misma desolación y desesperanza que Guille...no vislumbro final feliz por ahora....pero confío...como siempre en tu mágica pluma que los ha salvado de la mismísima muerte!!!! Gracias Mary! abrazo enooorme!!! Silvana

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    1. Gracias Sil, es verdad si se salvaron de algo tan terrible cómo no van a zafar de ésto, igual no va a hacer falta tomar medidas drásticas, estamos muy cerca del final, a veces hay que sacar conejitos de la galera jaja, gracias por tu apoyo y por haberme bancado siempre todos estos meses... beso grande

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  2. Por una parte me asombra que Guillermo despues de haber aguantado toda la maldad de su hermanol y aun sabiendo que tenia que matarlo si o si se sienta tan responsable de su muerte...era su vida y la de Pedro o la de Miguel...no habia opcion...siento que no puede seguir mucho tiempo preso...no se lo merece....siento que tampoco van a poder quedarse y van a tener que huir de nuevo...no se ...siento tantas cosas ..y ninguna es alentadora..pero estan juntos y se aman y esta vez nada va a poder separarlos...y por eso aca estoy esperando el domingo a la noche y cuando veo que ya esta me tomo mi tiempo antes de empezar a leerlo....suspiro fuerte y ...ahi voy...entregada a tu pluma y confiando que en algun momento lo van a lograr....porque no puede no pasar....un capitulo increible ...admiro tu forma de escribir...un abrazo y siempre con vos Pilar

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    1. La verdad Pilar no es que se sienta tan responsable que digamos, lo que sucede es que él piensa que la estrategia de presentarlo como un acto de defensa propia no se sostiene si no involucra a Pedro y al detective en la escena, y éso es algo que él rechaza hacer... no es que piense que merece la cárcel, sino que la Justicia lo va a dictaminar así... porque no van a creer que fue de esa manera. Igual tranquila, ya todo lo malo terminó... estamos a un paso del final y todo lo que resta es lindo. La magia de volverse Dios por un ratito y hacer que cualquier locura pueda suceder, cualquier "milagro"... un beso grande y unas infinitas gracias por acompañarme a pesar de haberte sentido desalentada, te prometo dos capítulos más de relajación y de lindos momentos.

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  3. Sos tan especial Mary, estoy confundida, no se que pensar, hoy no voy a declarar porque no me siento en condiciones, Dame veinticuatro horas para meditar este capítulo que he leido tantas veces,, Mañana te digo lo que siento, lo que me deja.. ¡Ay mujer que talento para escribir! Sos admirable Mary! Sos genial!

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  4. "Aunque te confieso que tuve miedo. No es lindo morir así, no se lo deseo a nadie." Claroooo porque Guille quería
    A) Morir junto a Pedro después de haberlo rescatado del mar y haberle hecho respiración boca a boca, tumbado sobre su pecho.
    B) En la cama del hotel de Bahía mientras tenía encima a Pedro dandole besitos en el pecho.
    Después de eso, obvio! Cómo no le iba a parecer horrenda esta muerte?
    Por otro lado, me parece a mí o Fabián se está comportando mejorcito? Porque
    A) Permitió que fuera Pedro el que pasara a verlo a Guille en la enfermería.
    B) En el capi pasado (parece) que tampoco puso mucha resistencia a que fuera Pedro el que lo visitara en la cárcel y no él.
    C) Ahora se tiene que bancar que Pedro ocupe el dormitorio de Guille solito y seguir conviviendo aunque no esté su padre.
    Por lo demás el "bebé" se volvió loquito como dijo Guillermo... Mirá que querer raptarlo de la cárcel y llevárselo en helicóptero... Mmmmm... Le faltó decir que iba a convocar a los ETs para que lo abdujeran de la prisión (capaz... era el camino más sencillo, jajaja).
    Bueno, con la caída de la familia narco parece que se enciende una luz en el camino... Esperemos!
    Besooooo!
    PS: Bien Beto cuidando de Pedro en la cita a ciegas!

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    1. Guille!!! Por supuesto, a la hora de elegir una forma de morir, uno puede elegir lo que quiera! No que un loco te mate así... o te parece linda esa forma de morir jajajaja qué horror! Que al menos sea en la cama con Pedro... Si, es verdad, Fabián aflojó... y bueno, con todo lo que pasó, era hora que comprenda que el hecho que su padre tenga un novio/marido no es lo peor que le pueda pasar... peor es todo lo que le viene pasando hace rato. El amor termina comprendiendo y aceptando... hay una escena con ellos en el próximo capítulo que lo grafica. Y por último, sí... el bebé enloqueció y soltó cualquiera ajjaja pobrecito... fue un lapsus, no es que lo vaya a hacer, a todos se nos salta la cadena ante algo así. Pero lo de los ets ya me parece un poco anticiparse en el tiempo, por estas épocas aún no habian experimentado esas cosas... ni que Pedro tuviera la bola de cristal! Además, la solución vendrá por el lado más impensable... y milagroso jajaja Para qué complicarse con vericuetos legales y más quilombos... si acá todo puede suceder! Tal vez tengan una ayudita inesperada... Un beso enormeeeee

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  5. Pedí veinticuatro horas.. Lo volví leer. Tu mente es brillante mujer! Una luz de esperanza ha nacido en mi corazón como en el de Pedro, si ahora entiendo la estrategia de Pedro.. Solo espero que consiga sacarlo de la cárcel y que se vayan muy lejos juntos, donde nunca más nadie, pueda hacerles daño. ¡Mary, dejá de hacer la cena y dedicate a escribir! Podrías vivir perfectamente de esto, cada día escribis mejor. Un abrazo y te espero super ansiosa el próximo domingo. Besossss!

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    1. Como le dije a Guille Belardi, la ayuda vendrá de forma inesperada... basta de sufrimiento! Ya estamos pisando la raya de la llegada a la meta, ya me cansé de que sufran... ahora tienen que ser felices, y que nada ni nadie se interponga en su camino. Todo final para mí es un momento de relajación y de amor, mucho amor... y éste no será la excepción. Gracias Sandra, espero disfrutes lo que viene, gracias!!! Un beso gigante!

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  6. De mas esta decir que, obviamente, lo leí el domingo recién publicadito? Como siempre, me encantó!!!! Esa descripción del ataque a Guille, el encuentro de Pedro con el informante, impecable! Como dice Sandra, dedicate profesionalmente, por favor!!!! Vos sabes que lo mio no es la templanza pero, cuando esta historia termine, voy a esperar tranquila y el tiempo que sea necesario, a que vuelvas a escribir para seguir disfrutando tu pluma. Besos Romina

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    1. Romina te lo digo en dos palabras que lo resumen "me emocionás". Eso me provocan tus comentarios... aflojá que cuando termine, muy pronto, te voy a extrañar demasiado. Hay días que no quiero saber nada de continuar escribiendo... y otros en que pienso en vos y alguna otra loquita que no quiero nombrar (y que lee comentarios viejos), y me vienen las ganas de escribir automáticamente... Así que no me presiones porque lo vas a conseguir, jajaja... Besos Romi!

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  7. Como dijo un celebre personaje alla en la antiguedad yo aprendi a conocerte y a quererte y no lo puedo negar mas.....jajajaja ese mi personal manera de decirte mi linda amiga de ojos color del tiempo que de ninguna manera voy a poder sobrevivir si vos dejas de escribir por que sos parte de mi adiccion a la excelencia sos una de las personitas magicas que me adentraron en este mundo increible de la lecto escritura asique no imagino un mundo #MERY-LESS IMPOSSIBLEEE OUT OF DISCUSSION, sufri llore discuti me desgarre sonrei grite me despatarre te quise ir a buscar me enoje te odie y te ame en un circulo de locura y tinta que nunca paro y sabes que es lo mejor que encontre a una amiga para siempre a la que admiro a la que adoro a la que extraño mucho a la que le pido disculpas si alguna vez dije algo fuera de lugar por pensar con la pasion y no con la cabezota esta que tengo arriba de los hombros que no siempre es cerebral como deberia,pero amiga ud es en parte responsable ud me genera todo esto mezclado y batido y se lo agradezco ad infinitum!!!!!este capitulo fue dificil pero se que GUILLE AMA A PEDRO Y SE QUE PEDRO AMA A GUILLE Y ESA ES LA MEJOR ARMA PARA SOLUCIONAR CUALQUIER CONFLICTO,,,,ASIQUE ME QUERIDA MAGA ME PONGO EN SUS MANOS Y MIRO LA PANTALLA SE QUE SE VIENE UN GRAN FINAL..........AMIGA TE QUIERO UN TOCO Y MEDIO BESOTE ENORME...NOS DEBEMOS OTRO BATI HELADO CON LAS CHICASSSS JAJAJAAJAJA.......................majo

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  8. Ay Majo... Sos tan única e irrepetible como tus huellas digitales, desde hace tiempo sueño con ver estas frases hilarantes tuyas en algún personaje de fic, sos una máquina de hacer reir y sé que llegará esa comedia, es cuestión de que te animes ya que demostraste ser una grossa para contar una historia de amor estoy segura que escribiendo comedia te subis al podio con el premio mayor! Dicho esto, quiero agradecerte infinitamente tus palabras cariñosas, fue un placer y un honor haber podido conocerte a vos y a tu hija y sé que se repetirá y ojalá no sea tan a las corridas como siempre! Muchos besos nena!

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  9. Maldad pura genia total mara rosas

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