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jueves, 28 de mayo de 2015

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 4 - (By Daniela Maurice)

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - CAPÍTULO 4







                    El sobrino de Santiago

                                    Parte 1

                                       Así,
                            con vértigo y vacío,
            con mi cuerpo que es mío no me faltará nada
             porque yo me iré como el humo al aire
             que no podrá volver,
              me haré un tornado dulce, un perfume, una piel...
                                             Gabo Ferro

Lisandro no sabía de qué manera enfrentar a su padre ante la huida de su amigo. Huida, más bien, a criterio del joven, era embarcarse en una gran aventura y que lamentaba, no ser partícipe de ello.
En ese momento, escabullido en montones de ingredientes que rodeaban la mesada de la cocina, no dejaba de pensar en cómo salir de la tremenda tormenta que se avecinaba contra él. Estaba atado de pies y manos pero no podía arrepentirse y no sabía, por más que atenazaba sus ideas, como encontrar una buena excusa que lo hiciera salir ileso de todo eso.
_ Si no lo ayudaba, iba a terminar volviéndose al borde de la locura, de la desesperación. Tal vez así se hubiera sentido Edmond si no habría dado marcha a su plan de venganza contra todos sus enemigos.  Pero por otro lado, Edmond terminó perdiendo con toda esa venganza. ¿Habré hecho bien en ayudarlo a salir de aquí?
Mirna lo observaba, mientras preparaba el almuerzo para los niños sin entender de lo que hablaba. No podía comprender todas esa ideas que volaban por su cabecita de niño eterno, que expresaba en voz alta.
_ ¿Por qué dices esas cosas? -preguntó ella, con su acento bien madrileño. -Anda, ven ayudarme y deja de andar con tonterías.
_ Tonterías , eso es lo que me pregunto yo.
La voz potente de su padre se hizo sentir por las cuatro paredes de la cocina. Sebastián había irrumpido de una manera que parecía retumbar el lugar, como si de un terrible terremoto se tratara. En efecto, Lisandro sentía como si toda la tierra fuera abrirse debajo de sus pies y no deseaba nada más, en ese momento,  que la tierra lo tragara.
_ ¿Y bien? -preguntó su padre, al acercársele, con el rostro ofuscado y los brazos cruzados contra su pecho.- Estoy esperando una explicación Lisandro.
_ ¿Qué explicación quiere que le dé más que la de un amigo que necesitaba ayuda y yo se la di sin pedir nada a cambio. Más bien un hermano, porque ahora somos hermanos.
_ No entiendo nada de lo que me estás diciendo.
Exijo que me digas a donde se fue Pedro y con quien. Porque él no estaba en condiciones de irse sin ninguna autorización médica que le permitiese salir y no creo que haya llegado muy lejos sin la compañía de alguna persona que estuviera capacitada para cuidarlo.
_ ¿Por qué tendría que decirle? Usted mismo no hubiera consentido en darle el alta.
_ Pedro no estaba en ninguna condición mental- emocional y física para irse como si nada. ¡¡ Francamente Lisandro!! ¿En qué estabas pensando cuando lo ayudaste a salir de acá?
_ El solo quería recuperar su vida. Además él no se fue solo, el doctor Barros nos ayudó y lo acompañó.
_ No puedo creerlo- respondió en una sonrisa irónica. _Ya no puedo confiar en nadie. Te hago responsable a ti y a mi colega de lo que vaya a sucederle en el camino - le gritó señalándolo con el dedo - Pedro aún presenta anomalías cardíacas y ni siquiera te molestaste en leer su historia clínica y así quieres ser un médico, dispuesto a salvar a sus pacientes. Y Barros, sabiendo en el estado en el que está, consiente semejante capricho - Agregó, dando las espaldas a su hijo.
_Ahora que me falta saber, que Eugenia también es cómplice de todo esto - le dijo, al darse vuelta.
Mirna sentía que sus manos sudaban y temía que en una traición del inconsciente de Lisandro, se le escapara que ella había ayudado.
_ Eugenia no tiene nada que ver en esto. Solo el doctor Barros y yo, nadie mas- entonó las últimas palabras, mirando a Mirna en una complicidad mutua. Ella respiró aliviada, disimulando. _Y por supuesto que me molesté en leer su historia clínica y con más razón decidí ayudarlo, para que pudiera vengarse de esa malvada mujer que como usted dijo, intentó matarlo.
_ ¡¡Esto no es una novela de Dumas!! , es la vida real ¡¡ despierta!!
Un silencio que duró varios minutos, cubrió toda la atmósfera de aquel lugar. Luego, Sebastián, dirigiendo su mirada hacia Mirna le dijo, en tono grave.
_ Mirna, dile a las muchachas que preparen mi maleta. Yo no estoy en condiciones de hacerlo.
_ ¿Acaso pretende irse detrás del muchacho?
_ Si, es lo que voy hacer. Pedro está bajo mi responsabilidad y no puedo permitir que se destruya a sí mismo. No creo que haya huido lejos. Si es como pienso, debe haberse ido a Buenos Aires.
_ Como ya le dije, él quiere vengarse de esa mujer que poco nombró estos meses y de otro hombre, pero no sé quién es. - Aportó Lisandro.
_ Yo si sé y no voy a permitirlo, de ninguna manera. Voy a encargarme de ayudarlo, si, pero para hacer justicia no para vengarse. La venganza solo lo va destruir y no conduce a nada.
_ Igual que el conde de montecristo - Sentenció su hijo.
_ ¿ De qué estás hablando?.
_ Para usted solo son novelas. A mí me dejó una gran lección.
Edmond se destruyó con su venganza y perdió a la mujer que amaba y tuvo que irse lejos a la más absoluta soledad con una mujer que ni siquiera iba poder reemplazar el amor, que había sentido por Mercedes.
_ Pues, si te dejó una gran lección, es hora que aprendas que los hombres son solo eso, hombres y no héroes que tienen el poder para cambiar las cosas. Y las mujeres no son heroínas, son solo mujeres; Seres humanos capaz de equivocarse, capaz de amar y también de odiar.
_ Usted se contradice, porque usted hizo un cambio, ayudando a todos los niños y aún considera a mi madre un ángel que hubo en la tierra.
Sebastián optó no contestar, tal vez porque su hijo, quizás, tenía poder. Poder para hacerle encontrar con esa verdad que él no deseaba enfrentarse.
Dio las últimas indicaciones a Mirna y salió de allí. Cuando llegó al umbral de la puerta, Lisandro le dijo: _ Usted hubiera hecho lo mismo.
_ ¿A qué te referís? -preguntó él, al darse vuelta.
_ Que usted también se hubiera jugado por la persona que amaba. Usted hubiera hecho lo mismo por mi madre. Esa fue la razón que más pesó en él para querer irse. Sólo quería recuperar al hombre que ama.
_ Tu madre está muerta y esto no es una novela romántica.
_ ¿Y usted nunca va cambiar?  Y a propósito, si no vuelve hablarme en todo el día, antes de que se vaya detrás de mi amigo, quiero decirle que me cuestionó si, en verdad, deseo ser médico y mi vocación este yendo hacia otro lado.
_ Solo deseo tu felicidad Lisandro y me preocupa tu problema de construir una realidad paralela a lo ficticio.

Su mirada era completamente distinta a la de tan solo un año atrás. Mirarse al espejo era encontrarse con una expresión de dureza en sus ojos que él solamente podía comprender. Parecía un hombre fuerte pero por dentro se sentía aniquilado como si un sin fin de misiles hubieran atravesado toda su alma.
Barros levantó la vista, mirando hacia el fondo de la habitación en la que se encontraba su paciente. Era habitué, desde las dos semanas que lo había resguardado en su casa, allí en Buenos Aires, encontrarlo taciturno, calculando cada paso que necesitaba dar. Pero aún se cuestionaba la forma en que lo haría y era evidente que no podría hacerlo bajo su verdadera identidad. Aunque poco le gustara la idea, no le quedaba otra alternativa. Si ya era otro, se decía para sí mismo, porque sentir miedo. Solo necesitaba un nombre para darle vida a ese otro en que se había convertido.
_ Necesito que me ayude a localizar a alguien, aunque no sé si es seguro - le dijo a su médico, una vez que entro allí en la habitación.
_ No me digas que se trata de un asesino a sueldo o algo por el estilo porque si es así no cuente conmigo, muchacho.
_ Puede ser algo parecido, pero no es lo que usted piensa.
_ Tu actitud misteriosa me hace sospechar de ello y además que me dijeras que no es seguro me huele a que se trate de alguien turbio.
_ No, es un amigo, un gran amigo. El único en el que podría confiar y en el que se que no me traicionaría.
_ ¿Y quién se supone que es?
_ Alberto Marini. Trabajaba conmigo en el estudio donde yo estaba antes de caer prófugo. Supongo que seguirá allí, pero mi pálpito me dice otra cosa.
_ ¿Y porque no habría de estar?
_ En un año pueden pasar muchas cosas y yo no estoy dispuesto a ceder a ningún cambio. No me importa si se fue, si está preso. Él es el único capaz de hacer cualquier cosa si se lo piden, siempre y cuando se trate de alguien que él aprecie mucho. Es fiel, muy fiel.
_ Voy a hacer lo que pueda pero no te prometo nada. Buenos Aires es muy grande. Vos sos abogado y estudios jurídicos hay por doquier.
_ Yo le doy la dirección, no. Mejor le doy el número, usted llama y pregunta por Marini.
 
No le tomó mucho tiempo a Sebastián para encontrarlo, por ende, siendo Barros su mejor amigo de tantos años tenía la certeza suficiente que Pedro se encontraría allí.
Sin que él supiera rastreó cada paso que daba. Lo seguía a todos lados sin que Pedro pudiera percatarse de su presencia. Mientras ponía en marcha su plan de venganza, Sebastián se reunió con su abogado y el fin sería entregar una de sus propiedades que él tenía en la localidad (...), al que ahora consideraba un hijo más. Por Lisandro no habría problemas, el mismo había sido tajante en su decisión de no querer ser dueño de ninguno de los títulos que su padre poseía en Argentina. Soñaba mas dedicarse a la profesión que estaba estudiando ( aunque ahora se cuestionara la misma). De todos modos, su padre le había asegurado ya su futuro, dejando aparte un escrito que estaba bajo custodia personal en su casa, de allá en Chile.

_ ¿Acaso piensa morirse pronto? -preguntó su abogado frente a un Sebastian pensativo , sentado  delante de su escritorio. - No me asuste, dígame que no tiene alguna enfermedad grave.
_ No, gracias a Dios estoy en buenas condiciones de salud. Pero deseo proteger a un paciente mío, más bien a un hijo, porque en eso se ha convertido ese muchacho hoy por hoy para mí. Y deseo hacerlo en vida. Como usted verá, el dinero  trae satisfacciones pero también puede traer muchas amarguras; pero es necesario en casos que uno necesita protegerse en medio de víboras y para ello creo que lamentablemente se necesita poder y solo tal vez me equivoque, pero solo puede ser teniendo una buena protección económica.
_ No le entiendo.
_ Yo si me entiendo. Mire, mi paciente en cuestión, no puede estar libre en esta sociedad, no bajo su identidad y necesito ayudarlo.
Creo que empiezo a darle la razón a mi hijo. Él necesita esconderse bajo otra personalidad y lo mejor sería que sea bajo una buena condición económica, tomando en cuenta  que tampoco puede ejercer su profesión. Cuanto más disimulado sea la identidad que tenga, menos levantara sospechas.
El letrado lo escuchaba, bajo unas palabras que parecían resguardarse en código morse , pero comprendía o al menos deducía lo que su cliente se estaba refiriendo.
_ ¿Usted me está queriendo decir que su paciente es ... un prófugo, es un delincuente? Mire - Prosiguió luego de una breve pausa -  si es así, perdoneme, no cuente conmigo.
_ Escuche- su interlocutor lo interrumpió. - No es así y creo en él, en lo que me contó estos últimos meses que lo tuve bajo mi cuidado.
_ No me convence
_ Se lo pido, es por el bien de él.
_ Lo escucho - contesto en un dejo de resignación y de duda.
_ Él fue acusado de un crimen que no cometió, lamentablemente, por haber estado allí en el momento y en el lugar equivocado. Contaminó la escena y lógicamente quedó como el único sospechoso de haber matado a un juez, si no me equivoco.
_ Espere, ¿un juez me está diciendo?
_ Si así es, como él me dijo. Era el padre de la que había sido su esposa.

De repente el joven fue atando cabos. No podía haber dos casos tan parecidos, aunque por lo que él creía, había sucedido en el país vecino, donde Sebastián vivía. En sus años cortos de llevar a cabo su profesión jamás había oído que sucedieran crímenes de las mismas características.
_ ¿En que se quedó pensando?
_ Dígame algo. ¿Cómo se llama su paciente?
Su corazón temblaba de los nervios y las manos le sudaban.
_ ¿Por qué quiere saberlo?
_ Usted mismo me pidió que traspase las propiedades de una sus tierras a este joven. Para ello necesito saber su nombre.
_ Y yo necesito saber si cuento con su discreción.
_ Puede hacerlo y le creo. Creo que es inocente y  abogare por él si es necesario.
_ Es lo que quiero. Que él tenga justicia, pero ahora solo piensa en esa sed de querer vengarse.
_ Dígame como se llama.
Que no sea lo que pienso - se dijo para sus adentros y acto seguido tomó un vaso de agua, temblando y  al escuchar el nombre en labios de su cliente, arrojó el agua entre sus ropas.
_ Pedro, Pedro Beggio.
_ ¡Por todos los santos! - expreso incrédulo, corriendo la silla detrás de él.
_ ¿Estás bien Matías?  Estás pálido. ¿Vos conocías a Pedro?
_ Si y no.
_ ¿Como si y no?
_ Hace un año mi cliente tuvo un caso, no recuerdo ahora. Se me hace toda una maraña. Creo recordarlo. Si ahora lo recuerdo.
_ Me serviría de ayuda saber que lo conoces.
_ El trabajaba con Graziani, no se si escuchaste hablar de él.
_ Lo jurídico, sabes que no es lo mío.
_ Guillermo Graziani , si. Trabajaba en el estudio de él, eran socios.
_ En el blanco, él me habló de ese hombre.
_ Bueno el caso que yo estaba trabajando en tribunales cuando se le abrió la causa por el asesinato de Orestes Moravia, cosa que no llegó ni siquiera a iniciarse. Él estaba prófugo.
_ Quiero que me digas todo lo que sabes, así pueda ayudarlo.
_ Mire, yo no quiero estar acusando a nadie, pero Moravia estaba a punto de ser apresado unos días antes por temas de tráfico de drogas y tengo la casi certeza de que Mendoza estaba codo a codo con él este tema.    
_ ¿Mendoza?
_ Miguel Angel Mendoza, era uno de los fiscales y esta a punto de ser nombrado procurador de la justicia.
_ ¿A donde querés llegar Matías? No te entiendo. Yo lo que necesito es ayudarlo a Pedro a que se saque esa idea de querer vengarse.
_ ¿A dónde quiero llegar? es que estoy seguro que fue Mendoza que lo mato y no Pedro Beggio como creen en todos en Tribunales.
_ ¿Tenés pruebas?
_ ¿Usted cree que si yo tuviera pruebas, Mendoza asumiría semejante cargo?  Se supone que debe encargarse que los juicios lleguen a tiempo y forma. Él era muy amigo de Moravia y no me sorprende nada, cuando Orestes se encargaba de cajonear todo los expedientes que se iniciaban.
Sebastián se quedó pensativo y no dejaba de pensar que entre esas causas archivadas antes de tiempo estaba la de su esposa.
_ Supongo que entre esos expedientes figura el de Almorena.
_ Seguramente,  y va a ser muy difícil que se abra de nuevo la causa contra Buitron. Parece que se la hubiera tragado la tierra.
_ Es astuta, pero esa mujer no se va esconder de mi fácilmente. Creo que llegó el momento de que nos veamos las caras y rinda cuentas a la justicia.
_ Usted no tiene pruebas. Son solo suposiciones.
_ Lo que no me queda claro es que pensabas hacer si sabías que Mendoza era el asesino de Moravia.
_ Iba ayudarlo a Beggio con la causa. Iba a hablar con Guillermo pero sucedió todo esto. Su muerte en el departamento, la acusación contra su esposa. Que usted me diga ahora que él se encuentra con vida me vuelve el alma al cuerpo. Pase meses sintiéndome culpable de no haber hecho algo lo suficiente.
_ No tenías pruebas, no te culpes.
_ Se que hubiera hecho mucho más  de lo que hizo Miller. Ante que me pregunte, Miller era el fiscal que tomó la causa de Moravia y se encargó de llevar el juicio contra su hija, todo para que solamente la condenaran a seis años. Estoy harto de ver tantas irregularidades en la justicia.
_ Parece un nido de ratas - Afirmó Sebastián, indignado
_ Lo es y nadie es lo que parece.
_ Olvídese de lo que me dijo. Haga lo que le pedí. Voy a localizar al muchacho, se donde está y después voy a reunirme con usted y él para hacer lo conveniente al traspaso.
_ ¿Por qué quiere que me olvide de lo que le dije?
_ Se sobreentiende Olazabal. Pedro está obsesionado con querer vengarse. Si usted nombra  a delante de él una mínima palabra sobre la condena a Moravia va a ser más alimento para ese veneno que lleva adentro.
_ Yo en su lugar me sentiría igual. Pero cuente conmigo, voy a ser una tumba y si él me pregunta voy a tratar de buscar alguna excusa, aunque no creo que confíe mucho en mí o se atreva a preguntarme algo.
_ ¿Por qué lo dice?
_ No tuve buen roce con él en el estudio ¿quiere que le diga la causa?
_ No, me imagino, Guillermo
_ Y no fueron precisamente celos de profesión, pero usted no me contrató para que hable de mi vida privada.
_  No, mejor limitémonos a lo que le pedí. Para romanticismos ya lo tengo a mi hijo con su fascinación por las historias de Dumas y de Salgari.

En los días que Sebastián fue tramitando sus asuntos, el doctor Barros se encargó de localizarlo a Beto donde fuera. Primero llamó al estudio sin resultados, que por ende eran obvios. Pensó que encontrarlo sería difícil, sin embargo, Cuca aún guardaba el número de su celular, tanto el de él, como el de Paola. Este último, se había asegurado Guille que lo dejara como señal, podría decirse, para que esta vez Marini no se volviera escurridizo ni se metía en problemas.
_ Tome, este es de él - le alcanzó - y este es de esa chica. ¡Ay no me sale el nombre! - se dijo ,llevándose la mano a la frente ,preocupada- pero debe estar ahí anotado. ¿Usted para que lo buscaba? -preguntó la mujer con una sonrisa.
_ Nada importante, mas bien, un amigo de él lo está buscando y me pidió que le hiciera el favor.
_ Mmm ¿y por qué no viene él personalmente?
_ No no, disculpe, pero es imposible. Es una persona que trabaja mucho ¿Usted me comprende a lo que me estoy remitiendo?
_ Si si, bueno. Cuando uno está atareado de trabajo.

El hombre se fue y Cuca enseguida dedujo que el supuesto amigo podía ser un compañero de celda. Por su cabeza solo viajaban frases sueltas como ajustes de cuentas, problemas y más problemas. Imaginaba a Beto en medio de un robo, de una pelea fuerte, él saliendo herido o mucho peor, acusado de una muerte y cayendo preso, y concluía que esta vez nadie podría salvarlo.
Aunque el sujeto lucia buen porte y se mostraba educado y manejaba palabras propias, por momentos, la situación no le cerraba. Por esa razón llamó a su sobrino, aunque Guille había sido explícito en que no quería que nadie lo llamara ni se atreviera a buscarlo, excepto Juan, que por ende era el que sabía dónde estaba y el único contacto que tenía con la realidad.
_ Hola ¿Guille?
_ ¿Quién habla?
_ Soy yo nene, tu tía. Estoy preocupada, es por Betito.
En todos esos meses Guillermo había alcanzado encontrar un poco de paz y ahora las palabras preocupación y Beto, bastaron para desequilibrarlo nuevamente por completo.
_ ¿Te pasa algo nene? , no me contestás
_ No, no pasa nada Cuca ¿Me podés decir en que se metió ahora? -preguntó a su interlocutora, levantando la voz.
_ ¿Ves como te pones nene? Te va hacer mal si te lo digo.
_ Ya me hicieron mal Cuca y no fue precisamente Beto. Decime lo que tengas que decir. Más de lo que escuché hace unos meses, no puede ser peor de lo que me digas ahora.
_ Vino un hombre hoy que lo buscaba a Betito. Yo le dije que él ya no trabajaba acá. Parece que un amigo lo buscaba. Vos ya te imaginarás que amigo debe ser. Seguramente es uno de esos tipos que él conoce de la cárcel. A mí me da miedo que le hagan algo, nene, y Betito es tan bueno. Tenes que venirte para acá.  ¿Cuando vas a volver?
_ No Cuca, no voy a volver. Terminé algo que estaba escribiendo y lo acabo de mandar a Buenos Aires pero no voy a volver, no puedo. Estoy bien acá.
_ ¿Cómo que no vas a volver y de que vas a vivir? ¿Y qué va a pasar con Betito?
_ Una cosa a la vez. Yo no puedo volver y vos lo sabes. Y respecto a Beto no me hago responsable de lo que haga, fue suficiente. Encargate que localice a Octavio Caceres. Llamalo, que necesito hablar con él.
_ ¿Vas a seguir con eso?  Si ya la condenaron.
_ A mí no me importa. Necesito que Cáceres se encargue de revocar esa sentencia. ¿No dijo que era amigo de él? Entonces que haga algo en nombre de su amigo.
_ ¿Te vas a encerrar de por vida?
_ Si me voy a recluir, es un derecho mío.
_ Está bien nene como vos quieras. Yo lo voy a estar vigilando a Betito por vos y mañana que voy a misa voy a hacer un rezo para Pedrito.
_ Adiós Cuca.

Las palabras resultaban fáciles para escapar de cualquier contacto que le llevará a él.
Sin darse cuenta, en un arrebato de desesperación había hecho un pedido a José, que al caer en la realidad se vio atrapado en una telaraña que él mismo era la presa a punto de ser devorada por sus propios errores.
Ahora se preguntaba cómo iba a salir de ello. Acababa de abrigar las ilusiones más preciadas por Miller, que al irse a España llevó consigo un dolor de desilusión, como una carga terrible sobre su espalda.
No era precisamente una promesa de vivir juntos, se trataba de algo que él ya había hecho, pero lógicamente lo acercaba a lo primero. No entraba en sus modos de vida si hubiera actuado siguiendo sus ideas, sino que fue un camino utilizado para escapar de su propia identidad.

Paola acababa de recibir el llamado de doctor Barros hacía unas horas, pero con el trabajo había olvidado mencionarlo. Por una suerte del destino Beto reparó, mientras buscaba en la alacena un condimento, un papel con el teléfono del médico, apoyado en el mueble de la cocina.

_ Pao - le dijo llevando un pedazo de pan a su boca -  ¿Este papel de quién es? ¿Vos estás bien?  ¿Te pasa algo?

_ ¡Ay no! - contesto al darse vuelta -   era de un tipo, un tal Barros, quería hablar con vos, de un amigo que te está buscando. ¿Che, que amigo debe ser?

_ No lo se. Lo voy averiguar

Beto pensó que podría tratarse de Gómez y una nueva treta para involucrarlo en sus más turbias y sucias intenciones, pero no, se dijo, y acto seguido quitó esa idea de la cabeza. Eso ya era pasado y ahora enfrentaba una nueva vida,  de cambios  y de buenos porvenires.
¿Acaso su intuición estaba fallando? Si bien era lógico que no podía saber a ciencia cierta,  quién se escondía detrás del supuesto amigo, su pálpito tenía que decirle que debía hablar con él. Y en efecto lo hizo.
 El viejo Marini estaba de vuelta, percibiendo que algo se ocultaba detrás de esa llamada. Habló con Barros y fue el que lo ubicó a que fuera hacía un bar que Pedro conocía muy bien. El mismo en el que había sido su guarida en tiempos tan difíciles para él.
Se dirigió hasta allí, emergiendo su presencia en el umbral de la entrada. El lugar en cuestión, parecía desolado, ni un alma que se escuchara a lo lejos, pero sería  valiente y no temería enfrentarse a lo que quizás lo esperaba.
_ ¿Qué carajo estoy haciendo acá?
El doctor Barros hizo  acto de presencia, por detrás de él.
_ Hasta que vino.
_ La puta madre!-exclamó dándose vuelta - ¡Me asustó!
_ Pensé que era más valiente, pero veo que la persona que me describió con lujo de detalles cómo es usted se equivocó totalmente.
_ ¿ Qué sabe usted de mi? Diga ya para qué vine acá.  ¿Quién mierda me está buscando? Yo no tengo ajustes de cuenta con nadie.
El que quiere hablar conmigo que dé la cara. Demasiado me está asustando todo esto.
_ Y más se va asustar cuando lo vea.
_ ¿De quién me está hablando?
_ No me haga caso, yo solamente actué como intermediario. Ahora le toca a su amigo hablar con usted.

El hombre se fue dejándolo mas confundido que nunca y su intuición se hacía más fuerte y lo que pensaba no lo quería pensar. No podía ser cierto. Beto recordaba exactamente lo que había visto en esa habitación. Una imagen que intentaba borrar de su mente pero que con fuerza se atenazaba dentro de sí mismo. Días y noches sin dormir en su celda, viendo como retazos macabros que lo torturaban.  El piso derramado de sangre, muerte sólo muerte, para después entrar en el dolor y en el vacío y el frío que provoca, de una pérdida que creían irreparable.
_ No… ¿Que estoy pensando?  Ya  me estoy jodiendo el bocho solo.
Yo sé lo que vi, lo vi clarito. Los muertos no vuelven de sus tumbas.
_ No cambias más,  seguís hablando de la misma manera y ahora te dedicás a hablar solo, amigo…

Hubiera podido salir de allí y morir en alguna esquina aterrado de haber escuchado su voz y sus ojos, al darse  vuelta, no concebía que él estaba allí, frente a él.  
¿Acaso lo estaba imaginando o  estaría viviendo algunos de sus sueños extraños como el que había vivido aquel personaje de Cortázar , la noche boca arriba?  Un libro que  acababa de leer hacía un tiempo aprisionado en su celda; pero a diferencia del personaje, pensaba, no despertaría al darse cuenta que era un prisionero, víctima de un ritual sangriento de las tribus antiguas. Despertaría en esa misma celda y el dolor seguiría allí, el mismo dolor que todos llevaban consigo.
Era evidente que no podía esperar una reacción normal, pero Pedro desconocía la verdad de lo que ellos creían. Que estaba muerto.
Se guió por sus pasos lentos hacia él. Marini continuaba inmutado, sin poder entender nada.
  _ ¿No me vas abrazar?
Estiró sus brazos fuerte hacia él como si todo su ser fuera desarmarse. No concebía la idea que Pedro estuviera ahí y se preguntaba una y otra vez como había sobrevivido. Como había podido salir de ese terrible espanto que él mismo había presenciado. Pero las palabras sobraban en ese momento, ya tendrían el tiempo para hablar de todo lo sucedido.
Sin embargo, Pedro necesitaba saber qué había pasado en todo esos meses que él estuvo entre la vida y la muerte. Más aún pensaba en Guille, si lo había olvidado, si pensaba en él. Una pregunta que se repetía constantemente en su mente. De Camila, ella era su obsesión,  su incertidumbre más grande dentro de sí mismo. Estaba claro para él que lo sucedido aquella mañana había tenido sus consecuencias.  

_ ¡Estás vivo! ¡La puta madre, estás vivo!- expresó enjugado por las lágrimas.
Apretó sus manos en su rostro leyendo cada una de sus líneas, estaba cambiado delineado el pelo y más largo, y una barba que se desdibujaba cayendo en punta debajo de su mentón. Leyendo cada línea de su rostro, lo abrazo aun más fuerte. Beto sintió como si toda la paz del mundo se hubiera apoderado de él. La opresión  y el frío se desvanecían dentro de él y sentía que la certeza  estaba pronta, de que todo dentro de un tiempo estaría bien. Que todo iría tomando su curso y estarían juntos y felices todos otra vez. Aunque él y Gaby ya no serían parte de esa felicidad, pero no pensaría en eso, no ahora. Asimilaría todo después.

Pedro se soltó, de una manera cortante. La actitud extraña lo tomó a por sorpresa a Marini.
Y lo era, frente a sus ojos no parecía el mismo. Aquel joven abogado que había encontrado tímido la primera vez que había llegado al estudio. Beto sabía que las circunstancias podían modificar las conductas en las personas. Él mismo había cambiado al salir de la cárcel, sin embargo, la mirada fría con la que Pedro miraba,  sus silencios, lo desconcertaban. Parecía calcular todo a su alrededor.
En un acto de acortar el silencio, que lo incomodaba, le dijo:

_ Esto parece desolado ¿Por qué me pediste verme acá y por qué vino ese tipo?
_ Ya te voy explicar. Antes necesito que me expliques algo._ Le hizo ademán a que se sentara, Beto asistió a su pedido y luego Pedro le dijo:
_ Aca estuve cuando estaba prófugo. Ahora dime, necesito saber que paso con Camila después de lo que sucedió conmigo en ese cuarto.
_ Pensé que ibas a preguntar por Guille, vos y él, ese día...
_ Eso ya lo sé Beto - lo interrumpió, pero llevo meses esperando saber que pasó, por favor, necesito saber.
_ Calmate, Camila está presa. Después de lo que pasó con vos la llevaron a juicio y después no supe nada más. Me metieron a la cárcel por defenderla a Gaby por un caso.  Hace unos meses, cuando salí, Paola me dijo que la condenaron.
_ ¿ A cuánto?_ Le preguntó en un dejo de exigencia, clavando su mirada hacia él
_ Seis años, nada más. Mirá yo no entiendo de esas cosas, vistes pero yo estaba seguro, sabía lo que estaba haciendo cuando te disparó, vistes. Y se hizo pasar por loca en el juicio. Quizás por eso safó. Vos sabes cómo son estos tipos con las condenas.
_ Maldita! _ pronunció golpeando fuerte a la mesa. _ Condena… Condena es la que estuve viviendo yo todo este tiempo.

_ Para cálmate. Vos no sos de ponerte así.
_ No me conoces.
_ Si te conozco y ya no parecés ese pibe dulce que eras antes.

_ Dos tiros te parecen poco y acusado de un crimen que no cometí.

_ En eso tu mujer ya no tiene nada que ver.

_ No me importa - le contestó echándose de espalda al cruzar sus brazos.

_ ¿Qué pensas hacer?
_ Nada
_ Pedro yo te conozco y he visto esa mirada en tipos  dentro de la cárcel. Lo único que pensaban al salir y en ajustarse las cuentas con los que les debían. Olvidate eso te va a hacer mal. Pensá en Guille.

_ Si aguanté todos estos meses, estar apartado de ustedes, fue por él. Pensar en él me dio fuerzas.

_ Entonces dejate de joder con esas cosas. Yo ya sé donde querés llegar y te vas arruinar la vida por una mina que ni vale la pena.

_ Vos estás libre, podés caminar sin que nadie te busque por ser un criminal.

_ Gaby se va casar  y esa es la razón por la que yo no volví al estudio, vistes.

_  No entiendo donde querés llegar. No va haber nadie que convenza de lo contrario.

_Que vos y Guille  tienen una oportunidad, pero yo me tengo que olvidar de ella. Así me joda las pelotas que se case. Me revienta que se case con ese tipo, pero que puedo hacer.

_ Esta todo al revés, vos sin Gaby. Todo al revés. Pero yo no voy a dar vuelta la página. Si yo estoy vivo es por él, porque lo amo. Estoy acá por él, para recuperar a mi hombre.
_ Entonces olvidate de esa venganza que querés hacer.

_  No puedo. Se hace más fuerte cada día.

_ No entiendo, decís que hiciste todo, luchaste por el amor que sentís por Guille.
_ Y lo hice, pero no puedo mirar adelante,  no puedo. Hoy estaríamos juntos si no fuera por ella.

No sabía hasta qué punto su amigo estaba dispuesto a llevar a cabo esa venganza. Pero si de algo estaba convencido que el dolor era el peor consejero. Que podía cegarlo y no ver más allá de la falta de su control. Comparaba su actitud con la de Camila. Ella había hecho lo mismo, materializar el odio resguardado dentro todo ese tiempo. Sufriendo en silencio un amor que cada día se desvanecía más y se llevaba consigo todos sus planes de formar una familia juntos o que quizás nunca existió y la vida se había burlado de ella de la manera más infame.
Temía que hiciera una locura y que cuando se diera cuenta fuera demasiado tarde. Al igual que Camila lo estaba hoy, arrepentida y sin nada más que una soledad poblada de fantasmas que la atormentaban día y noche encerrada en esa celda, oscura y vacía.
Por un momento sintió compadecerla. Él sabía perfectamente lo que era el encierro, pero como Gaby, no podía perdonar. Sólo podría hacerlo hasta que las heridas en su amigo sanaran.
Pero Marini sabía que solo había una persona en todo este mundo que tenía el poder que le hiciera borrar esa obsesión de querer vengarse. Solo el amor nos transforma y nos renace.
Se llamaría al silencio y dejaría que siguiera con su plan. Y aunque no quería hacerlo hablaría con Gaby y buscaría los caminos para que sus dos amigos se encontraran pronto.

CONTINUARÁ

5 comentarios:

  1. APURATE A ESCRIBIR LA CONTINUACION QUE YA ME ESTOY MURIENDO MARA ROSAS

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  2. AMIGA, LO LEÍ EN TU CASA Y COMENTÉ, BELLÍSIMO. Una historia atrapante que requiere imaginación, creatividad y esfuerzo y todo ello tiempo, gracias. Te quiero.

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  3. ya la estoy terminando la parte 2 mara
    un beso

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  4. yo también eve. y si lleva tiempo y usar mucha imaginacion

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  5. ¡Hola Dani! La verdad es que debo felicitarte por este capítulo tan emocionante.. Cuando leí que el abogado de Sebastián era Matías, supe que esa sería la conexión con Guillermo. Me encantó que Pedro lo haya buscado a Beto antes que a ningún otro, porque eso le hace honor a la confianza que inspiraba su personaje. Pobre Beto! casi se muere el cuando lo vio con vida! Espero el próximo muy pronto!!!

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