
Ya han pasado varias semanas desde que volvió del
faro. La rutina del día a día lo fue devorando. Para no pensar en él ha tomado
guardias de más en el hospital. Varios conocidos le han preguntado por su
cambio y no era por chusmas, sino por preocupación, ya no es ese médico
sonriente con ese brillo en la mirada, ahora parece más serio más sufrido.
Y ni hablar de su vida social que
ahora se podía calificar menos uno, siempre argumenta un compromiso inexistente
para zafar de reuniones. Lo único que le interesa en este momento es su profesión,
Toto, su perro… Ah…Y algo mas, estar lo más cerca posible del mar...
-¿Te vas Pedro? Era hora ya. ¿Cuántas
horas hace que estás acá dentro?
-Salgo un rato pero vuelvo, y hace
doce horas o más que estoy de guardia
- Pedro, sentate. Tomemos un café
- Cuando vuelva te busco y hablamos,
te lo prometo.
Lo dejó solo, necesitaba respirar
urgentemente el aire del mar. Corrió por los pasillos, tomó su auto y se alejó
en la fría noche hacia la costanera.
Aunque no fuera el ancho mar que él
conocía bien, algo de consuelo le traía escuchar el agua mecerse hacia la costa,
podía sentir como sus pulmones se llenaban de ese aire.
En un momento creyó sentir sus brazos
alrededor de su cuerpo, su boca besar su cuello y el susurro de sus labios en
su oído pronunciando un te amo.
El ruido de las bocinas de un auto al
pasar lo trajeron de nuevo a la realidad y al lugar en que verdaderamente
estaba. Varias lágrimas surcaron su rostro.
-¿Por qué no me buscaste, Guillermo?
¿Por qué no te puedo sacar de mi cabeza? Mi amor, mi único y verdadero amor.
Con rabia prendió un cigarrillo y se
alejó del lugar...
Varias horas después, en la fría
madrugada del hospital, al pasar por sala de descanso lo volvió a encontrar
sentado perdido en sus pensamientos y fumando de nuevo. Si quería ayudar a su
amigo, este era el momento.
- Bueno Pedro, ahora no te vas a
escapar, la guardia está tranquila. Hablá, contame todo. Te escucho.
- No se si lo vas a entender y te
juro, la verdad, en este momento es lo que menos me importa. Me enamoré....
- ¡Pero eso es buenísimo! ¿Dónde la
conociste? ¿Cómo...?
- Es la persona que me rescató, se
llama Guillermo.
Le contó todo, no se guardó nada,
sacó de su alma el inmenso peso que llevaba encima desde hacía varios días...
Lo escuchó sin interrumpir en ningún
momento...
- No has dicho nada desde que empecé
a hablar. ¿Te doy asco? ¿Me vas a juzgar?
-¡No Pedro! ¡Por Dios! ¿Quién soy yo
para opinar de los demás? Al contrario, tenés mi apoyo incondicional, pero responderme
algo. Si estas tan mal, ¿por qué no lo buscás y lo tratan de arreglar?
-¿Qué hago? Me presento en prefectura
y digo: Mire señor, estoy buscando a la persona que me salvó la vida hace unas
semanas atrás.
- ¡Y si Pedro! Así de sencillo, decí
que querés saber si hay posibilidad de comunicarte con él y de qué forma.
- ¿Te parece?
- Jugatela Pedro. Si lo querés,
jugatela.
- ¡Gracias! No sabés que bien me
hacen tus palabras... amigo.
Una llamada de emergencia los volvió
a la rutina y a sus responsabilidades.... Cuando llegada media mañana preguntó
por él, una enfermera al pasar le avisó que el doctor Pedro Beggio había dejado
la guardia y no dijo cuándo volvería...
En sus pensamientos le deseó mucha
suerte para lo que iba a enfrentar.
El edificio de prefectura tomaba casi
toda la manzana, varios oficiales pasaron por al lado suyo con sus uniformes,
ninguno prestó atención al civil que empezó a subir la larga escalera hacia el
edificio central. Al llegar a la imponente doble puerta, respiró hondamente y
entró.
Adentro se encontró con un mundo
desconocido para él. El lugar era toda pulcritud y rectitud, cada cosa estaba
en su lugar y cada persona en su debido puesto. Un oficial se acercó hacia él.
- Buenos días señor. ¿En qué lo
podemos ayudar?
- Buenos días, necesitaría hablar con
el superior a cargo
- ¿Tiene alguna citación señor?
- No.
- Espere acá señor, voy averiguar quién
lo puede atender.
Pasaron varios minutos que para Pedro
fueron eternos, el oficial no volvía y sus nervios no ayudaban para que se
calmara, sentía las manos pegajosas, la garganta que no dejaba pasar la saliva.
Si no fuera medico y conociera los síntomas, podría asegurar que estaría por
sufrir un paro cardíaco, pero no era así. Tan metido en sus pensamientos no
escuchó los pasos y esa voz.
- Señor… ¿Me podría acompañar por
aquí señor?
- Si claro, lo sigo...
La oficina a la que fue llevado
contaba con una mesa oval, varios sillones, cuadros en las paredes, el escudo
de Prefectura, varias computadoras y una ventana que él creyó que daba a la
calle. Se sentó en un sillón hasta que escuchó unos pasos al abrir una puerta y
se levantó.
- Buen día señor. ¿En qué podemos
ayudarlo? Soy el oficial a cargo, Alfredo Linares
- Buen día, soy el doctor Pedro
Daniel Beggio. Hace semanas atrás fui, gracias a Dios, rescatado por unos de
sus oficiales. Guillermo Graziani es su nombre, yo estuve con él refugiado en el
faro por la tormenta que azotó las costas, quisiera saber si hay alguna manera
de comunicarme con él y agradecerle lo hecho por mí, o en todo caso si usted me
da las coordenadas para llegar allá, yo se lo agradecería mucho.
El hombre pensó varias veces las
palabras que iba a usar...
-Señor Beggio, nuestro personal, como
yo, nos sentimos agradecidos por sus palabras y trataremos que ellas le sean
llegadas al alférez Graziani y con respecto a lo de las coordenadas del faro,
me es imposible dársela a los civiles señor. Discúlpeme, la base del faro
pertenece a prefectura, usted me entenderá.
- Le pido que reconsidere esa
situación señor.
- Señor, nuestro deber es salvar
vidas antes que nada y ya con eso nos sentimos agradecidos. Sin nada más que hablar, lo acompaño para que
se retire. Buenos días doctor.
Pedro se levantó de la silla con
mucha bronca. Su mente, en un segundo, recordó a otro hombre en una misma
palabra: el deber...
- Muchas gracias por su tiempo señor,
pero le prometo que nos vamos a volver a ver.
Salió de la oficina muy desanimado y
no se dio cuenta que tomó otro camino, cuando ya era tarde se encontró a lo
largo de un pasillo lleno de diferentes vitrinas. Una de ellas le llamó la
atención, ahí frente a sus ojos, había una foto de Guillermo y atrás de él, el
imponente faro. Abajo, un diploma que reconocía el valor del alférez al obtener
su rescate número cien en alta mar. Él había sido ese rescate, las fechas eran
las mismas y una frase del homenajeado.
" NO TE OLVIDES QUE TAL VEZ ERES EL FARO EN LA TEMPESTAD DE
ALGUIEN" .
Lo sabía. Ese hombre lo sabía todo. De
bronca, con el puño rompió el cristal y con su mano ensangrentada tomó la foto
de su amor. En el momento fue rodeado por varios oficiales y llevado ante el
oficial de turno.
- ¡Pero muchacho! ¡Qué hizo! A ver Cabo,
primero traiga el botiquín que el doctor se va curar y ustedes retírese.
- Usted lo sabía. Sabe lo nuestro.
- Si lo sé. Hace una semana atrás
estuve en el faro...
Pedro ante el dolor de su mano le
preguntó
- ¿Como está?
- Como está un naufrago en su propio
mar, le ofrecí volver pero no aceptó
- Siempre su orgullo primero. Ese
tipo, el que fue su gran amor y claro, su maldito faro
- Pedro, usted todavía no lo entendió,
escúcheme. Cuando se dio a conocer en voz baja la condición de Guillermo mas la
muerte de su compañero, fue una época de ignorancia para muchos. No podíamos
aceptar ni imaginar el amor de dos hombres y menos entre oficiales, es difícil
Pedro ser señalado por sus propios compañeros y Guillermo la pasó muy mal
- Pero hoy en día eso es diferente,
hasta hay matrimonio igualitario
- Pedro, en su mundo, no en el
nuestro. Nosotros tenemos reglas, obtusas pero reglas, y en ellas ustedes no
tienen cabida a menos que…
Una luz de esperanza.
- ¿A menos que? ¡Hable...!
- Que usted, como médico, se una a
prefectura. Yo siempre creí que el faro necesitaba un médico y un puesto
sanitario. Aunque usted no lo sepa, al faro lo rodean varias islas con habitantes
y siempre se necesita un médico, lo lamentable es que nosotros colaboramos
llevando gente de la Cruz Roja pero no es lo mismo. Van cada tres meses y ahí
haría falta todos los días un médico. ¿Y? ¿Qué me dice?
- Y si acepto, ¿qué pasaría con lo mío
con Graziani?
- Mire Pedro, yo no juzgo. Aprendí
hace tiempo atrás que en el amor como en la vida nadie tiene la última palabra,
y lo que es del faro queda en el faro, y él lo ama de verdad Pedro
- Señor… ¿Cuando me voy...?
No le costó mucho a la inmobiliaria
alquilar su departamento y embalar sus muebles que se quedarían guardados en el
sótano de la portería hasta nuevo aviso, pero si le costó dejar el hospital,
saludar a todos sus compañeros y enfermos. Su amigo lo esperaba a la salida del
lugar.
- Te vas y te deseo lo mejor. Nunca
imaginé verte vestido así.
- Si, la verdad que el trajecito es un
horror, pero es un paso que me acerca más hacia el amor.
- Chau Pedro, tratá de escribirme.
- Claro que si y gracias por todo.
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En el horizonte se podía ver la caída
del sol de otro día más... Otro día hundido sin él. ¿Habrá cumplido su amenaza
de buscar otros brazos? Tanta rabia le dio que de solo recordar, su corazón se
consumía ante el dolor... La radio lo
sacó de sus pensamientos
- Base faro. Cambio. Base faro
- Aquí base faro. Cambio.
- Señor le va a hablar su superior. Cambio.
- Si, escucho. Cambio.
- Alférez Graziani. Por orden de la
plana mayor paso a comunicarle el arribo al faro de su nuevo personal. Cambio
- Por favor, repita órdenes. Cambio
- Señor, el arribo de nuevo personal.
Cambio
“¡Lo que me faltaba! ¡Gente nueva y
desconocida en el faro! ¡La puta madre que los parió!”
Ya hacía varias horas que la
embarcación navegaba por las aguas hacia su destino, ya podía sentir ese aire a
mar tan especial, cada tramo surcado más lo acercaba a él...
Desde lo alto del faro pudo
distinguir la embarcación que se acercaba, como no le quedaba otra se había
vestido acorde al reglamento y sin muchas ganas bajo hacia al muelle. Al llegar
allí, la embarcación estaba siendo amarrada. Un oficial se acerco a él y lo
saludó con el rigor que debía a su embestidura
- Buenos días señor. Acá le entrego
las cartas de presentación y pedimos permiso para bajar las cajas
- Buenos días. Permiso concedido. ¿Usted
y cuántos son los que se van a quedar en la base?
- No señor, solo uno, y no soy yo.
A todo esto, desde la embarcación salió
corriendo un perro y detrás de él un hombre, que al verlo, se acerco a él....
- Buenos días señor. Soy su nuevo
compañero en el faro, el doctor Pedro Beggio. Ah… y él es mi perro, Toto.
No lo podía creer, estaba ahí, ante
sus ojos, vestido con su uniforme. Camisa, pantalón corto, zapatillas, corbata
y la gorra en su cabeza. Un ladrido lo sacó de su sueño
- Buenos días doctor.
Tomó los papeles y leyó
cuidadosamente. Ahí se le informaba que el faro tenía médico y muchas cosas más
que no prestó atención al leer.
- Bienvenido doctor, creo que va
tener que enseñarle a su perro donde termina el suelo no me imagino rescatando
perros.
- No se preocupe, ya lo adiestraré
señor...
Varias horas después que guardaron las
cajas en el refugio y cuando la embarcación volvió a surcar las aguas del mar,
los dos sentados frente a frente se miraban sin hablar.
Pedro fue el primero.
- ¡Uy…! Perdóneme señor, pero no
aguanto la corbata, y menos, la gorra puesta.-
Y empezó a desvestirse sin tapujos
- Pedro, ¿estás seguro de lo que
hiciste? Vos sos muy joven para enterrarte en este lugar.
Se acercó a él muy despacio - Claro
que estoy seguro. Lo hice por amor y eso de estar aislado lo vamos a ver señor…
- ¿Qué tramaron vos y Alfredo, se
puede saber?
- Ya te vas a enterar, mi amor… ¡Uy…!
Perdón, señor…
- De reglas y jerarquías vos nada de
nada, no?
- Solo hay una regla que quiero ahora
señor, y es a usted encima mío señor...
Se besaron con la necesidad y las
ganas de haber estado separados por mucho tiempo... Se encontró besando cada milímetro de su
cuerpo, sacando cada unas de sus ropas y entregándose en cuerpo y alma a esta
pasión. No le alcanzaba con besar y ser besado, lo quería todo. Ansioso de
mucho mas, mil veces más se perdieron en sus cuerpos, sus lenguas jugaron
ansiosas el juego de la seducción y hambrientos de mas se mordieron mutuamente
para marcar el territorio en el cuerpo del otro. Al borde de perderse en una
locura, lo arrastró al sillón que tanto sabía de sus amores y volvió a
embestirlo. Ansioso de estar adentro suyo lo cabalgó sin límites, cada gemido
de placer, cada “te quiero” salido de sus bocas, no podían compararse a nada de
lo ya vivido.... Varias veces más a lo largo de la noche y la madrugada reclamó
su cuerpo....
- Graziani, ¿te dije que sos
insaciable?
- Le recuerdo que yo tengo el rango
superior acá.
No había nada que perdonar ni que
hablar, ya todo estaba dicho... O no...
Epílogo....
Han pasado ya seis meses y el faro no
es el mismo, ha cambiado para su bien y el de sus integrantes. Hay nuevas
instalaciones, en él se construyó un puesto sanitario que cuenta con todo lo
necesario en un caso de emergencia. Las distintas islas saben de la presencia
de un médico y Pedro junto a Guillermo han recorrido cada una de ellas
organizando todo. Los primeros tres meses fueron agotadores, pero ahora
ya todo estaba encaminado. Todo menos Graziani que estaba con un humor…
- ¿Se puede saber qué te pasa ahora?
- ¿Y que me puede pasar Pedro? Dos
minutos te dejo solo y te mandas a mudar.
- Guillermo, me llamaron de unas de
las islas, era una urgencia, por eso tomé la lancha
- Ese es el problema, ¿no te dije que
sin mí no salís?
- ¡Jajaja! Te recuerdo que a vos te llamaron
a un rescate. ¿Qué esperabas que hiciera?
- ¿Y si te pasaba algo mientras yo no
estaba?
- Señor, recuerde que se nadar muy
bien.
- ¿Gracias a quien?
- A usted y sus clases - se
acercó para besarlo...
- ¡Parame ahí Pedro! ¿Y cómo es eso
que le van a pintar la cara al faro? Vos y Alfredo cada vez se ponen más de
acuerdo a mis espaldas...
Lo abrazó y empezó a besarlo
despacito, como a él le gusta...
El faro no es el mismo, se respira
amor en el aire y porque no también muchos berrinches...
Observa desde lo alto del faro lo concurrido
que está el lugar, es la semana más movida ya que hay calendario de vacunación
y se ha montado un operativo oficial, y en esas vueltas anda su amor que no se ha
dejado ver por ahí en todo el día. Miró a Toto que se encontraba jugando con su
pelotita.
- Bien tirados nos dejó tu dueño, a
vos con una pelotita y a mí ni te cuento.
Se acercó a la cocina y al cortar una
porción de torta casi se corta un dedo... - ¡Uy! Necesito un médico urgente. ¿A
vos que te parece?
Una de las enfermeras se acercó para
avisarle de una emergencia, al entrar al consultorio su sorpresa fue grande al
ver a Guillermo con la mano ensangrentada.
- ¡Amor! ¿Qué te pasó?
- Me corté con el cuchillo.
- ¡Ay Graziani! ¡Me querés matar de
un disgusto! Es un corte chiquito… ¿Por qué no usaste una curita?
- ¿Y donde hay?
- ¡Mi amor! En el baño, en una caja
cuadrada que tiene una cruz roja.
- ¡Ah! No sabía para que estaba
puesta ahí…
- Te conozco Graziani, ¿qué pasa?
- Pasa que me dejaste tirado a las
seis de la mañana solo y son las dieciocho de la tarde y sigo solo.
- ¡Uy…! Celos… Si no te acordás, que
hasta que me levanté hicimos el amor como locos.
- No, la verdad que no recuerdo… Che,
nunca te pregunté que te paso en la mano.
- Y vos nunca me dijiste que fui tu
rescate número cien.
Y se besaron… Y el faro no fue el
mismo… Y ellos tampoco...
FIN
Gracias a todas... (Madame Butterfly)
Muy hermoso final Madame... La felicito! Qué lindo imaginarlos juntos en ese lugar, me resulta muy romántico! Beso grande! Mary Buhler
ResponderEliminarHermoso!!!
ResponderEliminarGenia.....Genia.......Madame la felicito......Es para volver a leer varias veces.....Se lució Madame B.....Fue una fics distinta, llena de ternura , amor, romanticisno.....no faltó nada.....Un 10.....10 ....10.....Me encantó....Con honestidad me hizo llorar de alegría....Gracias.....
ResponderEliminarGRACIAS POR TANTO,FINAL ENCANTADOR,TODOS LOS PLAUSOS TODOS PARA ESTA HISTORIA,NO PODÍA NO PASAR,CUESTIÓN DE FE.
ResponderEliminarSEGURAMENTE EL RESTO DE SUS DÍAS PODRÁN DISFRUTAR DE LAS NOCHES MAS BELLAS.ETERNOS
ESPERO TRANQUILA, ENTERA SU PRÓXIMA HISTORIA DE AMOR MADAME BUTTERFLY.
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA" MONICA DE LANUS
Gracias Madame por regalarnos esta noche un final tan maravilloso, tan inesperado, lleno de todo. Juro que si hubo una imagen que se grabó en mis retinas fue ver a Toto saltando a tierra y corriendo por la playa y ese marinerito a estrenar descendiendo del barco. Hermosa historia, inmejorable final... Gracias, gracias y mil gracias Madame. Esperamos pronto su regreso y con el mismo éxito
ResponderEliminarQue lindo final Madame! No podía ser de otra manera, así nos gusta "verlos", felices y enamorados para la eternidad. Gracias Madame por la hermosa historia. Besos Romina
ResponderEliminarAplausos de pie para este final tan bien escrito!!!! Yo que estaba enojada con Guillermo casi me derrito por tanta pasión y amor!! Por favor como les pido a todas las escritoras no nos dejen solas!!!!Brillante!! Un beso Pilar
ResponderEliminarbueno esta ves no voy a poner nota solo voy a decir MUY BUENO mara rosas
ResponderEliminarGracias por alumbrar mis dias con el amor de ellos..Bella historia!!
ResponderEliminarGenia Madame adoro esta historia y me a canto este final a puro amor Pedro es Pedro no importa q sea abogado médico albañil gendarme me muero de amor u a y. IL veces es un ejemplo del jugarse por AMOR!!!!!! gracias totales por esta entrañable love story de estos dos personajes que llevo metidos en mi corazón para siempre..... majo
ResponderEliminarFelicitaciones Madamme! un muy tierno final para una original y dulce historia! Gracias por escribirlos y espero de corazón que sea la primera de muchas historias mas!!! un beso enorme Sil
ResponderEliminarQué feliz debe estar Toto que cambió el departamentito por semejante lugar para retozar a sus anchas!Y sus tutores ahora también pueden retozar bien a sus anchas :-P
ResponderEliminarQué hermoso final! No me imaginaba que Pedro tuviera una posibilidad de desarrollar6 su profesión allí y con fines tan nobles, así que más que feliz cómo pudieron solucionar todo.
Gracias por esta bellísima historia que fue creciendo en intensidad y ojalá sigas deleitandonos con otra.
Beso grande!
HERMOSA LA HISTORIA GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
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