"NARCOS" - CAPÍTULO 14
Libro de anclaje "La Reina del Sur" de Arturo Pérez - Reverte

Estados Unidos - Miami - Florida. Miércoles 1 de Octubre, 2014. - 19:45 hs
Salió atropellado de la sala de cuidados intensivos y se aferró a él intentando transmitirle la misma esperanza que nacía dentro suyo ante lo que acababa de vivir.
_ ¡Te lo dije, Guillermo! ¡Te lo dije! _ Hizo una pausa para tomar aire mientras sus dedos desesperados retorcían la tela de su camisa. _El Pote es fuerte… Empezó a reaccionar.
Le tomó la cara con las manos. _ Pedro… ¿Eso que me decís es verdad o seguís en estado de shock?
_ ¡Es verdad Guillermo! Me escuchó y me habló. Me dijo patroncito.
Lo apartó en un solo movimiento._ Quiero verlo.
Pedro alcanzó a retenerlo tomándolo del brazo cuando pasaba junto a él.
_ No va a poder ser, no por ahora. Lo acaban de sedar para que descanse. Pero está evolucionando bien. Va a salir de esta.
Tironeó para desprenderse de su mano que le impedía llegar a la sala de cuidados intensivos. _ ¡No me importa si está dormido, sedado o lo que sea! ¡Necesito verlo!
_ Vení acá. _ Luchaba con la única mano sana de Guillermo que trataba de desprenderse de él y se hartó de la batalla en el mismo momento en el que había comenzado. _ ¡Basta Guillermo! _ Buscó sus ojos intentando hacerlo entrar en razón. _No podés entrar ahora… Respetá su descanso._ Finalmente logró reducirlo con esa mirada que nunca sería indiferente al Rey de Sinaloa. _Calmate… lo importante es que está reaccionando favorablemente. Mañana lo vas a poder ver.
El Rey bajó sus armas y aflojó su ansiedad. _Pedro… _Se tomó la cara con las manos, una fuerte y tostada por el sol de México, la otra aun envuelta en vendas. En la soledad de los pasillos de un hospital público del estado de Miami, tan lejos de su tierra y de todo su poderío, se permitió ser un hombre más y desahogó su temor. Las lágrimas le atravesaban los ojos, la emoción y la pena ante la esperanza de un milagro en el que nunca había creído y ahora se desesperaba por ver. _ Necesito verlo.
Después de haber recorrido tan largo trayecto juntos y en tan poco tiempo, no era una dificultad manifestar lo que sentía por él, ni siquiera en los pasillos blancos y asépticos de un hospital público en el distrito de Miami. Lo abrazó tratando de contener esa desesperación.
_Ya amor… Tranquilo. _ Calmado y tierno fue despegando lentamente sus manos de su cara, impulsó su rostro surcado por las lágrimas hacia el hueco de su cuello e invitó a sus brazos a enredarse a su cuerpo que lo sostenía íntegro, firme, seguro. _Nos esperan muchos días por delante hasta que el Pote pueda viaja con nosotros, tratá de mantener la calma. Él la necesita, vos también y por supuesto yo. Que si hay algo que me destroza es verte así. _ Suavemente, indujo su rostro a despegarse de su cuello para mirarlo a los ojos y sonreírle con dulzura. El Rey arrasó sus lágrimas con el dorso de su mano y aceptó esa mirada enmarcada en tan perfecta sonrisa.
Solo su mirada podía infundirle la paz que su mente no encontraba. Solo él sería capaz de transformar sus instantes más oscuros en cúmulos de luz que iluminaban sus pensamientos, por más tenebrosos que fueran.
En voz muy baja y apoyando su frente contra la suya dejó salir esas palabras que él nunca podría olvidar. _Cuanto te quiero Pedro…
Un enfermero se acercó a ellos interrumpiendo la conversación. _ Señores, el juez está en el hospital y desea hablar con ustedes.
El Rey giró sobre su cuerpo quitando de mala gana sus ojos de los ojos de Pedro. Ya había vuelto a ser él. _ ¿A esta hora? _ Ya era casi de noche _ ¿Que hace acá a esta hora? ¿Qué quiere?
_ Verlos a ustedes, señor
_¿Dónde está?
_Abajo. En la oficina del director
Atravesaron la puerta y la gente que los estaba esperando se puso de pie. No solo estaba el mismo juez de turno de la noche anterior, sino también algunos de los hombres que habían visto en el consulado, un par de militares de alto rango y el director del hospital.
_Bueno, parece que vamos a tener una reunión interesante._ Dejó salir El Rey con esa sorna habitual.
Entre los hombres estaba el embajador de México en Miami y otros funcionarios. El embajador tomó la palabra.
_Señor Graziani, no vamos a andar con muchas vueltas. Es necesario que decidan un destino y dejen el país.
_ Yo no se qué le pasa a la gente en este lugar. O no me entienden, o no me escuchan. Porque ya dije que no nos vamos a ir de acá sin nuestro hombre.
_Señor Graziani, la justicia ha citado a declarar a Orestes Moravia en carácter de imputado y es urgente que se pongan a resguardo en algún lugar que el resto del mundo desconozca y con una nueva identidad. El peligro se ha intensificado. Es muy posible que se determine un careo y Moravia sabe perfectamente que esa instancia legal lo va a llevar derecho a la cárcel. Señor Graziani, usted es inteligente. Usted comprende a lo que me refiero…
El Rey de Sinaloa suspiró en silencio. Comprendía muy bien la advertencia entre líneas que le estaba sugiriendo el embajador. La única forma de evitar un careo con ellos dos era borrarlos del mapa. Hacerlos desaparecer. Moravia iba a jugarse la última carta a matar o morir.
_Lo comprendo perfectamente. _ La adrenalina se podía oler con intensidad dentro de ese recinto de escasos metros cuadrados. Todos estaban tensos. _ Pero no vamos a dejar al hombre que nos salvó la vida solo en este lugar y tampoco vamos a correr a escondernos por miedo a que esta vez su poder haya comprado a la gente apropiada y nos maten hasta en los mismos pasillos de este hospital. No… Si esperan eso de nosotros, olvídense. Que sea lo que Dios quiera, acá nos quedamos.
_Señor Graziani, el juez a cargo de la causa puede pedir que los extraditemos a México si determina un careo. Y usted sabe lo que eso significaría. Volver a México es casi una sentencia de muerte.
_Entonces, en caso que eso pasara, tráiganlo a carearse con nosotros a Miami. Ustedes abrieron la causa, ustedes pueden lograrlo.
_Eso no va a ser tan fácil, existe la inmunidad diplomática y Moravia es un hombre con alcance
_Alcance… Es un hijo de su chingada madre, un asesino y el jefe del narcotráfico en el estado de Sinaloa. O lo traen, o se va toda la causa al carajo. Nosotros allá no vamos, no por ahora. ¿A que estamos jugando? Si mal no recuerdo firmamos un acuerdo de inmunidad absoluta. ¡No me chinguen mas los huevos! ¿Acaso va a ser él el que imponga las condiciones?
Que declare en México, pero si el juez pide un careo, que sea acá, en Miami.
Se miraron entre ellos, ese hombre si que estaba informado y lo que reclamaba era absolutamente legal.
_Está bien. Vamos a ver como seguimos con la causa, pero señor Graziani, el Ministerio no ha decidido aun donde alojarlos hasta que abandonen el distrito de Miami.
_Podemos quedarnos una y cien noche más con sus respectivos días en este hospital, hasta que nos asignen un lugar donde vivir mientras esperamos el milagro de que nuestro guardaespaldas pueda viajar con nosotros al lugar del mundo donde decidamos vivir ocultos por un tiempo.
_Señor… _ El juez intentó hablar pero se vio interrumpido por esa personalidad tan imponente.
_Si, ya lo se. Le estoy leyendo el pensamiento. Pueden deportarnos cuando quieran, pero entonces si que van a conocer al verdadero Rey de Sinaloa. Me desdigo de todo lo dicho, Pedro también y a ver cómo se las arreglan para meter en el tarro a Moravia. No señor. No. Este poder está bien repartido. Nos ayudan, los ayudamos. Nos encierran y les devolvemos las atenciones. ¿Fui claro?
Se generó un silencio incómodo que El Rey interrumpió con su partida y un portazo.
Asqueado de indignación caminó por un pasillo del hospital con una mano en el bolsillo de su pantalón y la otra lanzando punzadas de dolor, un dolor que le recordaba la noche vivida en esa casa que había sido incautada por la justicia de Miami a un narco que estaba en prisión. Volvió a escuchar el estruendo de las armas, las granadas detonando contra el enemigo, los casquillos cayendo al azar en medio de un tiroteo. Pedro sin municiones, El Pote herido, la decisión de salir por esa ventana que le había abierto la palma de la mano. Un sinfín de imágenes, hasta que se detuvo en seco.
Se había marchado de la oficina del director sin llegar a un acuerdo apropiado y además, había dejado a Pedro dentro del despacho con esos hombres. Iba a tener que volver y resolver con serenidad como seguirían adelante con la causa. El enemigo era Moravia, no la gente que - a su manera - trataba de ayudarlos.
Adentro de la oficina se había creado un clima denso y preocupante.
_ Discúlpenlo, hemos pasado por un infierno durante demasiados días. Está cansado y nervioso.
_No se preocupe señor Beggio, eso lo sabemos, pero lamentablemente sus palabras no podrían haber sido más acertadas. El poder está bien repartido. _ Dijo el Juez de turno. _¿Se les ocurre donde podríamos alojarlos mientras estén en Miami? _ Le preguntó al embajador y al grupo de funcionarios que los rodeaban.
_Existe un edificio de departamentos que pertenece al ejército y solo ocupan las fuerzas de seguridad. Como última instancia podríamos sugerir que los alojaran ahí. _ Dijo un hombre de contextura extremadamente delgada que vestía traje negro, camisa blanca y corbata gris topo.
_Buena idea. ¿Quién se ocupa de eso?
Dos golpes cortos en la puerta interrumpieron la conversación. Sin esperar que alguien respondiera Guillermo Graziani abrió la puerta e ingresó a la oficina que había dejado solo unos minutos atrás con un acceso de ira.
_Permiso…
_Adelante Graziani. Qué bueno que haya regresado.
_Les pido que me disculpen
_No se preocupe hombre. Entre, que tenemos que llegar a un acuerdo. Justo estábamos hablando de un lugar seguro para que se hospeden mientras estén en Miami. _ Lo pusieron al tanto. _ ¿Le parece bien?
Miró a Pedro y sintió el temor cortándole la respiración, como nunca antes lo había sentido. ¿Cómo iba a poder seguir viviendo si algo salía mal? Su emperramiento de permanecer en Miami hasta que el Pote pudiera viajar con ellos los exponía a los dos a un riesgo que hubiese preferido correr solo, pero era imposible separar a Pedro de su historia personal y en todos los sentidos. Ya eran casi uno, o uno sin el casi, para ser más exactos.
No le hicieron falta palabras, pudo ver el temor en sus ojos… Él siempre podía ver dentro de ese Rey que le había salvado la vida de todas las maneras posibles. Ese don le había permitido saber que tarde o temprano lo conquistaría, que en algún momento lograría vencer sus prejuicios y conseguir que ese entregara a él con el mismo deseo que se había generado en su interior durante los días que había estado recluido en su casa, en la mansión que aun seguía existiendo en algún lugar de México y que seguramente extrañaba la presencia de sus almas y sus cuerpos recorriéndola. Esas noches de charlas, tabaco y alcohol. Las armas sobre la mesa junto al cenicero, un encendedor barato pegadito a los atados de cigarrillos y la botella de tequila que nunca faltó.
Se miraron a los ojos. _ ¿Qué pensás Pedro?
Respiró profundamente sin despegar sus ojos de los de él. _ Lo mismo que te dije tantas veces… A tu lado siempre. Decidas lo que decidas. Pase lo que pase.
¡Chale que había valido la pena romper con tantas barreras! Nunca en toda su extraña vida se había sentido tan acompañado.
_Estamos corriendo riesgos… _Dijo El Rey con aire abatido.
Se sonrió haciendo salir esas marcas tan sensuales y perturbadoras de sus mejillas. _La vida es un riesgo Graziani. Cruzar la calle es un riesgo... Si vos querés, acá nos quedamos hasta que el Pote pueda viajar y que se venga la que se venga. No tengo miedo. Ya nunca volveré a sentir miedo. Solo uno… pero ese me lo guardo para mí… _ guiñándole un ojo_ Un derecho que me asiste… _ El tono de su voz fue tan sugestivo que los hombres vestidos de esa manera formal y que los encuadraba a la perfección dentro de la elite a la que pertenecían se miraron entre si ante semejante disertación.
_ Aceptemos Guillermo. ¿Qué otra nos queda? No hay mucho más para elegir.
La noticia tomó carácter internacional.
Orestes Moravia fue citado a declarar en su país como imputado en la causa que la DEA había abierto en su contra acusándolo de ser el jefe del narcotráfico en el estado de Culiacán, que incluía a Sinaloa. Como era de imaginar recusó cada unos de los cargos y tal como habían supuesto, para el juez el careo se volvió imprescindible.
El día siguiente a ese enfrentamiento de poderes en la oficina del director del hospital, un oficial de justicia se había hecho presente en el establecimiento para guiarlos a un discreto departamento en un edificio que pertenecía a las fuerzas de seguridad.
_Van a tener guardaespaldas todo el tiempo que estén en el país. Si salen, ellos irán con ustedes y apenas cierren la puerta de este departamento, un grupo asignado custodiará la entrada. No va a ser una situación cómoda, pero es nuestro deber mantenerlos con vida, así que debo pedirles que colaboren con la custodia en lo que respecta a su protección.
_Quédese tranquilo oficial _El Rey miraba la perspectiva que le ofrecía una ventana con la vista pegada al horizonte. Nunca, jamás en su existencia, hubiera sospechado que el camino de su vida estaría escrito de esa manera.
_ Se las vamos a hacer fácil. A nosotros también nos interesa seguir con vida, no la vamos a rifar.
Cuando el oficial cerró la puerta se miraron a los ojos. Las imágenes de esa última noche en el hospital se materializaron ante ellos.
“Después de ayudarlo a ducharse protegiendo su mano suturada, se habían acostado juntos en la única cama que tenía la habitación.
Con la mano sana el Rey recorría sus cabellos húmedos y respiraba con serenidad mientras se complacía de sentir el peso de su cuerpo sobre su pecho.
_Pedro… no quiero que me sigas sin pensar si este riesgo que yo decido tomar también es el tuyo.
Había despegado su semblante de su torso desnudo para mirarlo a los ojos. _¿De qué me hablás?
No sabía muy bien como continuar la conversación y se dejó llevar por ese instinto que rara vez fallaba.
_A que la vida del Pote, es mi responsabilidad. Mi causa. No la tuya… Que tal vez vos podrías aceptar la oferta de ponerte a salvo en algún lugar del mundo y esperarnos…
Lo miró con una seriedad que preocupó a El Rey. _¿Qué me estás insinuando? No te entiendo…
_Pedro, El Pote es mi guardaespaldas…
_Nuestro. Perdón por interrumpir lo que advierto va a ser un largo, agotador e inútil discurso, pero el Pote ya es “nuestro” guardaespaldas. Si mal no recuerdo se jugó la vida por los dos. _Había reptado por su cuerpo hasta estar muy cerca de su boca. _ ¿Qué me estás insinuando, Guillermo? ¿Qué me vaya solo? _Algo no estaba bien en su forma de mirar.
_No! Solo pregunto… Necesito saber que estás seguro de correr este riesgo, que no te sientas presionado, que sepas que si deseás irte de Miami yo lo voy a entender y que nunca vas a escuchar un solo reproche de mis labios…
_Guillermo, una palabra más y vamos a tener una discusión sería. _Se había incorporado en la cama privándolo del calor de su cuerpo contra el suyo.
Esa distancia minúscula que Pedro había impuesto dentro de la misma cama, ese distanciamiento casi imperceptible comparado con la magnitud de imaginarlo escondido y fuera de su alcance en algún lugar del mundo le había estremecido la piel.
_Pedro… no te enojes. Vení amor… _ Quiso guiarlo de regreso hasta su pecho, pero la brecha estaba abierta.
Lo lastimaba la manera en que lo miraba, en absoluto silencio, mientras mantenía la distancia física entre los dos. La tristeza en sus ojos y esas profundas ojeras que veía por primera vez.
_ ¿Por qué me estoy sintiendo solo? ¿Por qué después de todo lo que vivimos juntos siento que nunca llegaste a saber quién soy? Me doy cuenta que no me conocés, _ dijo Pedro finalmente, con un tono de tristeza que rozaba la amargura, la desolación _ y a esta altura comienzo a dudar que puedas hacerlo algún día. Te agradezco que me hagas esta oferta insultante de ponerme a resguardo solo, mientras vos y el Pote siguen expuestos en Miami. Te agradezco que después de todo lo que pasamos, sigas pensando que soy el mismo pinche huevón que corrió a esconderse entre tus pantalones, como aquella puta noche en la capilla de Malverde donde, si claro que lo hice… supliqué con la poca o mucha dignidad que me quedaba por tu ayuda. Pero no puedo dejar de ver, que el resto, todo el resto, nunca lo viste.
Con el dolor traspasándole los ojos, había dejado la cama y tomando una manta, se había acomodado en el diván para el acompañante.
El Rey había quedado suspendido en el tiempo. Paralizado. Nunca hubiese esperado esa reacción. Por más que se esforzara no lograba comprenderlo. Su única intención seguía siendo protegerlo, como esa miserable noche que él había traído al presente.
Permanecía de espaldas a él mientras él no podía dejar de recorrerlo con sus ojos oscuros impregnados de desconcierto. _Pedro, creo que estás exagerando._ Le había susurrado en la penumbra de la habitación. _Solo estaba dejando salir una propuesta que me parecía justa. Lo que sentí apropiado. Es de imaginar que yo podría, al menos, suponer que no estabas cómodo con mi decisión, pero que la aceptarías por una cuestión de consciencia. Pedro estás exagerando… ¿Podés volver a la cama?
Había seguido de espaldas y en silencio. Con la mano vendada El Rey había corrido las sábanas y abandonando la cama se había acercado al diván.
Se había sentado a su lado y lo había empujado sin remordimiento. _Haceme un lugar.
_No, volvé a tu cama. Dejame solo.
_Pedro, tengo una sola mano sana, pero te prometo que me alcanza, correte, no seas pendejo.
Fingiendo hacerlo de mala gana pero íntimamente feliz, se había corrido para hacerle un lugar y el alma le había vuelto al cuerpo al sentirlo recostarse junto a él. _ A ver… cabroncito. _ Lo recorría con su mano sana provocando temblores en el cuerpo de Pedro que se obligaba a seguir de espaldas. _Una cosa es lo que pasó entre nosotros, y que nada… nada, va a hacer que deje de pasar, y otra cosa es que vos asumas los riesgos que yo asumo ante un grupo de gente y sin consultarte previamente. De eso se trataba mi planteo, yo tomé decisiones en caliente y sin consultarte, necesitaba tu opinión, solo eso.
Había girado sobre su cuerpo hasta quedar con sus labios tan cerca de esa boca que para El Rey fue una provocación. _Nunca más vuelvas a dudar de mí.
Se sonrió tan sugestivamente que para Pedro ya era un impedimento resistirse a su presencia. _Lo mismo digo, cabroncito… Cuando coteje alguna idea con vos, no es porque estoy dudando, sino porque estoy pidiendo tu consentimiento… _ Había metido la única mano sana por debajo de la manta.
Había pasado demasiado tiempo - más en hechos escalofriantes que en días transcurridos - desde aquella madrugada previa a ese martes de disparos, pólvora y muerte que nunca olvidarían. Habían pasado demasiadas horas sin hacer el amor.
Entreabrió los labios deseando con desesperación que lo besara, si algo ya era inevitable, era entenderse sin palabras. El Rey supo de inmediato lo que su boca esperaba y se introdujo en sus labios.
Sin dejar de besarlo apoyó su espalda contra el sillón y con los ojos cerrados sintió el calor de su cuerpo extenderse encima del suyo.
El peligro, la inseguridad, mantenerse con vida los había fusionado a fuego lento hasta llegar a ser un enlace consolidado de dos almas. Un engarce sin posibilidad de volverse a separar, porque de hacerlo cada uno se llevaría partículas del otro entre las suyas. Porque para hacerlo habría de desgarrar y desmembrar lo que el fuego había unido. Esto estaba sellado para siempre.
Aun de espaldas en el sillón, El Rey abrió los ojos y se encontró con los suyos cerrados. Su boca arrasaba descabelladamente con la suya. Aspiraba y mordía dejando rastros húmedos sobre su piel morena. Cruzó un brazo sobre su cintura y con la mano sana recorrió su rostro mientras él no dejaba de besarlo. Usó las terminales de sus dedos para iniciar el viaje sobre su piel desnuda provocando temblores de placer en ese hombre que seguía devorándolo, mientras cubría su cuerpo con el suyo. No pudo evitar sonreír de placer y lo excitó sobremanera cuando él entreabrió los ojos y comenzó a erosionar con el borde de sus dientes su sonrisa.
La transmisión fue exacta.
Con rigurosa sensualidad Pedro se deshizo de la manta que aun seguía sobre una parte de su cuerpo arrojándola contra el piso de la habitación y volvió a su cometido, crear para los dos un vuelo de placer.
Toda duda, todo desencuentro, había quedado atrás.
Ahí estaban. Los dos haciendo el amor una vez más, con el alma fortalecida, el cuerpo quemando por dentro y la piel incendiándose. Se devoraron con hambre y con sed, dispararon sus mejores armas como en el más cruento de los enfrentamientos, se agotaron entre besos reinventados y caricias a estrenar, hasta terminar aniquilándose mutuamente en una nueva y fulminante deflagración de erotismo y placer que los dejó extenuados.
Se durmieron abrazados y desnudos, uno encima del otro, soñando hasta el amanecer”.
Salvo las mañanas y las tardes que iban a ver al Pote al hospital, pasaban el día dentro del departamento.
Guillermo seguía en contacto con Marcos a través del celular clonado y así se mantenía informado de todo lo que le interesaba saber.
_Ya declaró y como era de esperar, el juez que le tomó declaración en México pidió un careo que fue refutado desde Miami y muy bien argumentado. Volver a México pone en riesgo la vida de los testigos, o sea, ustedes. El careo va a ser en Miami, Guille. Así que tranquilos, todo va a salir bien. ¿Cómo está tu guardaespaldas?
_Se viene defendiendo bastante bien de la parca. Me animo a pensar que va a salir caminando de Miami. Te juro que nunca vi tanta resistencia a todo el plomo que le metieron en la carne. Si no se tratara del Pote pensaría que es un mesías. Un tocado por la mano de Dios. Era prácticamente imposible sobrevivir a semejante exterminio, pero como te dije, se las viene arreglando bastante bien.
_Que buena noticia. Me alegro sinceramente. Guillermo… ¿Están preparados para ese careo? No va a ser fácil. Te va a amenazar en cubierto, estate atento.
Dejó salir esa risa que lo liberaba de tanta tensión _ ¿Sabés por donde me voy a pasar sus amenazas?
Marcos estaba preocupado. _ Dejá tu ironía para otro momento. Ahora concentrate en cuidarte y en cuidar de Pedro. Guillermo, escuchame, esta vez si que están en peligro. Por el amor de Dios, te ruego que te cuides y que cuides a Pedro.
Dos días más tarde todo el estado de Miami se revolucionaba ante la noticia que quien estaba acusado por la Drug Enforcement Administration de ser el jefe del narcotráfico en México llegaba para sostener un careo con los principales testigos de la causa. Guillermo Graziani, El Rey de Sinaloa y Pedro Beggio, hermano de uno de los hombres que había trabajado a su servicio y que había muerto en un extraño incidente de aviación.
Su Cessna incinerada inclinaba la investigación a ser caratulada como “homicidio” y para ese entonces Orestes Moravia se maldecía a si mismo de semejante descuido. Tendría que haber sido más hábil, más inteligente. Tendría que haberse ganado la lealtad de Franco tal como esa basura inmunda de Guillermo Graziani lo había hecho en lugar de mandarlo a asesinar para que no se interpusiera ni alertara al Rey de Sinaloa de sus planes de asesinarlo en conjunto con los carteles colombianos que pedían su cabeza como inicio de toda negociación.
Pero siempre había sido un maldito cabrón atropellado que daba órdenes en caliente, y ahora, además de la causa penal que se había abierto en su contra en los Estados Unidos, se abría una causa más y mucho más peligrosa. Él había conseguido que sus hombres bajaran a Franco convenciéndolos que hacía negocios personales en medio de las transas oficiales, que negociaba mercancía propia, que metía sus cartas en barajas ajenas… Pero ahora todo saldría a la luz y sabía que si ese careo se llevaba a cabo, no solo tendría la justicia detrás de su libertad, había algo peor. Tendría a todos sus hombres detrás de su pellejo. Les había mentido. Los había hecho asesinar a un “compa” de puro mentiroso y mal nacido, y eso se pagaba con la vida.
Estaba desesperado y no sabía a quién recurrir. Su abogado le aconsejaba que aceptara los cargos. Que era mejor el tarro que el panteón, pero no soportaba la idea de ir a la cárcel, lo único que le quedaba era recurrir a quienes querían la cabeza de Graziani en una bandeja. Los carteles colombianos que nunca le había perdonado su participación en la batalla contra el Batman para sacarlos del mercado en México.
Tocó sus contactos más directos en Colombia, pero le dieron la espalda.
_ Olvídese de eso Moravia, era usted el que tenía que ocuparse del tema para empezar las negociaciones con nosotros. A ver si me entiende… Si lo hubiésemos podido hacer nosotros, ya estaría hecho. Pero nos tienen bajo la mira. Graziani se cae en la calle y la justicia va a venir contra nosotros por los antecedentes que usted bien conoce, por eso tenía que hacerlo usted. Ese era el pacto. Lo siento, pero si se le escapó la presa, también se le escapó el negocio. No siga llamando. _ Y la comunicación se cortó.
Arrojó el teléfono contra el piso. Acababa de destrozarlo, pero igual ya de nada le servía, todos sus puentes estaba quemados. No tenía a quien llamar.
La prensa no se privó de filmar y fotografiar su rostro pálido y preocupado cuando arribó al aeropuerto internacional de Miami.
Guillermo y Pedro pudieron verlo en las noticias encerrados en el departamento que ya llevaban ocupando por más de una semana. La justicia se estaba moviendo con ligereza y eso traía la paz cada vez más cerca. Justo lo que estaban necesitando.
El Rey lo vio a través de la pantalla como un animalito acorralado y no pudo evitar sonreír…
_Te creíste el caballo de Marlboro y ahora tenés el pescuezo enterrado en el fandango Moravia… Como me voy a reír cuando te retuerzan los huevos.
La justicia había establecido que el careo se llevaría a cabo en los Tribunales de Distrito para Causas Penales.
Llegaron una vez más rodeados de guardaespaldas, el tránsito cortado, camionetas militares haciendo relucir sus luces y sirenas. Ametralladoras montadas apuntadas a todas partes y demasiada gente vestida con uniformes militares.
Para sorpresa de todos, Moravia aceptó los cargos antes de llegar a la instancia programada. Una jugada de su abogado para sacarlo de México con custodia oficial. No podían saber con certeza si su gente ya estaba al tanto del verdadero motivo por el cual había ordenado asesinar a Franco y era un riesgo que no querían correr.
El Juez había ordenado su detención sin otorgarle posibilidad de fianza ni libertad condicional hasta finalizar el proceso. Su abogado caminaba a su lado mientras los guardias lo escoltaban por los pasillos de los tribunales para trasladarlo a la cárcel. Vio un grupo de gente que se acercaba a ellos en sentido contrario. Pedro Beggio y El Rey de Sinaloa abandonaban el edificio acompañados por su custodia y sus abogados.
Se miraron a los ojos, desafiantes. _ Qué onda mi perro… ¿Te impresiona que me sonría? _Le escupió sobre la cara Guillermo Graziani y lo oyó respirar bronco. _Tendrías que haberte informado que los colombianos saben bien por donde fregarse la letra chica y que te iban a dejar solo.
_¡Andá a chingarle los huevos a tu madre Graziani, pendejo!
Lo miraba con sorna. _ ¡Cómo te la mamaste piche culero! Que disfrutes del chabolo… _Le dijo haciendo referencia a la celda en la jerga carcelaria.
Moravia levantó el puño dispuesto a soltarlo contra su cara _ ¡Ahora si hijo de la chingada!_ Pero Pedro le había ganado de mano y le acababa de asestar un puñetazo que le nubló la vista y le dejó sangrando la nariz. La guardia intervino rápidamente dando por terminada la reyerta y Pedro se quedó con el segundo puñetazo suspendido en el aire, interrumpido por un uniforme militar.
_Esa fue por Franco. ¡Traidor de tu puta madre! Ojalá te pudras en el infierno.
_¡Retírense señores!
_Si, ya nos vamos oficial. Ya nos vamos… _Pedro no podía quitarle los ojos de encima, mientras veía como se lo llevaban. _ Vamos, Pedro. Esto ya terminó.
Lo seguía con la vista apretando los dientes, el maxilar endurecido y los puños cerrados. Se había quedado con todas las ganas de seguir golpeándolo, hasta hubiese sido capaz de estrangularlo si la guardia no se lo sacaba de las manos. Guillermo amagó a empezar a caminar pero se dio cuenta que Pedro no podía despegar de la situación.
_¡Vamos hombre…! ¡Vamos! _ Pasándole un brazo por los hombros lo impulsó a caminar junto a él. _Soltalo Pedro… Soltalo.
Se dejó llevar hacia la calle con la mirada oculta tras los anteojos oscuros y la cabeza apoyada sobre el hombro de Guillermo, acababa de mirar a los ojos al asesino de su hermano y acababa de experimentar por primera vez, las ganas de matar. Nunca había sentido deseo de quitarle la vida a alguien, si en los últimos días lo había hecho siempre fue impulsado por el instinto de supervivencia y sin una verdadera posibilidad de elegir, pero esta vez había sido diferente. Sin la necesidad de defender su vida como argumento, había sentido el deseo de arrancarle el alma del cuerpo.
Subieron a la camioneta con vidrios polarizados que los conduciría de regreso al departamento que ocupaban en el edificio militar. Pedro miraba por la ventanilla en silencio y abstraído en sus pensamientos hasta que una mano morena se apoyó sobre la suya trayéndolo de regreso a la realidad. Giró la cabeza y al encontrar sus ojos oscuros le sonrió con tristeza.
_¿Qué pasa Pedro? Contame…
Se encogió de hombros como no sabiendo por dónde empezar y se quitó los anteojos oscuros. _ Pensaba…
_¿Y en qué pensabas? Contame todo, quiero saberlo…
Tomó aire, quiso empezar a hablar, pero no lograba vincular ese sentimiento a las palabras.
_Decilo como salga Pedro, no busques la forma exacta de hacerlo. Solo dejá salir lo que estás sintiendo.
Suspirando profundamente le confesó su angustia y su preocupación.
_Guillermo, ¿puede uno acostumbrarse a matar? ¿Puede dejar de ser una necesidad, una situación obligada en un momento determinado donde nuestra vida o la de un ser amado corran riesgo para convertirse en un deseo animal? ¡No quiero volverme un monstruo!
_Pedro… ¿Vos estás así porque te quedaste con las ganas de matar a Orestes Moravia con tus propias manos?
Lo miró compungido _Si… ¿Te decepciono?
El Rey lo miró con desconcierto y se sonrió con ese cinismo que lo caracterizaba.
_ ¿Decepcionar? _Lo besó en la mejilla. _Me llenás de admiración chiquito. ¡Mirá que buen tipo sos, Pedro! Yo me quedé con las mismas ganas que vos, y no siento ningún remordimiento.
Su mirada se suavizó ante esas palabras y toda su tensión se aflojó en un instante. El Rey le pasó un brazo por los hombros, lo acunó contra su pecho y le importó un chingo que el soldado que manejaba la camioneta no pudiera sacarle de encima los ojos desorbitados por el espejo retrovisor.
_No sos un monstruo Pedro… Sos el hombre más valiente que he conocido y con la conciencia de un verdadero señor. _ Clavó sus ojos a los del soldado que no dejaba de observarlos a través del espejo, seguro y bravucón, bien a su estilo, y habló lo suficientemente alto para no privarlo de esa concesión que se iba permitir.
_ Lo más perfecto y bonito que me ha pasado en esta chingada vida fue encontrarte y aprender a quererte… Día a día, noche a noche. En medio del peligro salvándonos el uno al otro, siempre y en todos los sentidos. Pedro, ha sido un privilegio que llegaras a mi vida. Ha sido un honor que te enamoraras de mí. _Le besó el cabello sin dejar de mirar desafiante al oficial a través del espejo que decidió dejar de mirar hacia atrás y ocupar su vista solo en el tránsito al escuchar la frase final. _ Te amo, Pedro. Yo también me enamoré de vos.
CONTINUARÁ
andale la chingada hostia que se puso re buena la ficción a ver mi gringa si se raja un jalisco para la próxima y no me tarda tanto mara rosas jajaja
ResponderEliminar¡Jajajá! Muy buen léxico señora! Muy apropiado... Trataremos de llegar con el próximo capítulo lo antes posible, vaya encargando una botella de tequila que nos va a hacer falta. ¡Gracias Mara!Un abrazo Guilledrista!
EliminarEs mas que obvio que ayer fui una de las primeras que lo leyo ;) porque cua do entre no estaba y 1' despues hice refresh y ahi estaba mi adorado narcos. Que decirte Sandra que ya no te he dicho. Genial. Hermoso. Un deleite. Excelente historia y excelentemente escrita ;) Amo a estos dos. Son tan amorosos, tiernos, dignos, valientes, leales etc, etc, etc :) (por ya lo sabemos, no?) La magia es que vos no los escribas tan "hermosamente". Gracias Sandra! Ya espero el proximo ansiosa ;) Besos Romina
ResponderEliminar¡Gracias Romi! Tu empuje no se deja de sentir jamás en el día a día y en medio de esta distancia obligada, pero no hay mejor combustible para mis musas que tu ansiedad. No es fácil lograr imágenes, colores y matices cuando después de tanta movida hay que manejarse solo con la paz... Pero también era una paz muy esperada. ¡El beso mas grande del mundo y un abrazo Guilledrista por los siglos de los siglos amiga mia...! Te quiero mucho Romi...
EliminarPienso que estamos llegando al final y la verdad que ha sido un placer leer Narcos....Hay para todos los gustos..son nobles, fieles, se quieren con un amor del bueno, no se esconden y van a seguir en el mismo barco pase lo que pase...magistralmente escrito...es atrapante..espero el proximo capitulo a ver donde los llevas ,por supuesto que siempre con su fiel ladero al cual no van a dejar...un beso grande Pilar
ResponderEliminarSi, Pilar.. Ya estamos llegando al final y hoy me siento feliz de haber asumido este riesgo. Estaré por siempre eternamente agradecida a las musas que lo inspiraron y a cada uno de ustedes que viajaron junto conmigo en esta dulce locura.
Eliminar¡Gracias por estar siempre! En cada capítulo, Pilar con sus palabras que impulsan a seguir... ¡Gracias! Un abrazo inmenso y por todos los tiempos. Feliz de compartir esta dulce locura con vos! ¡Besossss!
Buenas vengo a dejar mi Marquita jajaja me olvide de comentar disculpame sandris, bueno ya como sabrás lo e dicho anteriormente que tu pluma te lleva a otra dimensión, es así me encanta como escribís... Me encantó todo pero el final la verdad cerro este capítulo estupendo con ese te amo de Guillermo, asiq bueno sandris seguiré acá esperando el próximo, no vemos allá señorita saludos y abrazos, Martín ;)
ResponderEliminarDefinitivamente esperada "tu marquita" que me deja una sonrisa de oreja a oreja... Es tan especial la sensación que deja en el alma cuando una ficción que nació un día cualquiera, en el momento menos pensado, deja tanto en el público lector que dan ganas de posponer cualquier compromiso, cualquier actividad por seguir dándole vida a estos personajes... Mil gracias Martín por estas palabras tan hermosas y te espero en el próximo capítulo de este Narcos que ha marcado mi vida. Abrazo inmenso! ¡Besos Martín! Sos un amor de persona lindo!
EliminarSandris!! ya no se cómo decirte cómo me transporta tu mágica pluma! me encantó el capítulo...El Rey es un Graziani auténtico! me encantó la reacción ante juez poli etc etc....me encantó que lo que lo hizo volver fué recordar que dejó a Pedro ahí....me gusta...muchisimo cómo Pedro lo baja...lo sociega...me encanta esa declaración en el auto en voz mas alta de lo normal....para que el policia se de por enterado...y la declaración fue mortalmente tierna.....es muy tierno este Guille....ahhh y el detalle mejor... que el pote reaccionó y esté mejorando lentamente!!! amo Narcos! lo sabés! te quiero chuik!
ResponderEliminar¡Sil...! ¡Gracias corazón por todo lo que das! Desde tus fotos "¡maravillosas!", siempre robándole tiempo a tu tiempo para lograr las mejores imágenes, hasta dejar estas devoluciones que - como todas - empujan tanto y tan fuerte!
EliminarHoy estoy especialmente emocionada con ustedes, mi selecto público lector, tal vez porque Narcos está llegando a su final y leo que devuelven comentarios con la misma intensidad de los inicios... ¡Gracias por tanto amor! Un beso inmenso y un abrazo por siempre Guilledrista, me quedo soñando y esperando que las musas sigan conspirando a nuestro favor para que este espacio tan nuestro, nunca se apague. ¡Gracias por todo Sil! ¡Besosssss!
Morí de amor con este capítulo!!!!
ResponderEliminar¡Gracias Vale! Gracias por el amor, por esta devolución y por hacerte un tiempo que se muy bien que en estos tiempos no te sobra. ¡Abrazo inmenso amiga! ¡Besosss!
EliminarSIGO CON EL TIEMPO PISANDOME LOS TALONES,PERO ES IMPOSIBLE NO HACER UN COMENTARIO.
ResponderEliminarES DIFICIL, ENCONTRAR EL ADJETIVO INDICADO,JUSTO,COMO DECIA QUIROGA, PARA DESCRIBIR LO QUE LAS FIC DE LA PEDRIS PROVOCA.
ESTE DUEÑO DE SINALOA ME PARTE EL CORAZÓN DE TERNURA, Y SE LO DEBO AGRADECER A LA MARAVILLOSA PLUMA DE USTED,SEÑORA PEDRIS.
SUS MUSAS ESTÁN A TODO VAPOR.AGRADECIMIENTO INFINITO.
TODAS LAS GRACIAS TODAS.
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA"MONICA DE LANUS.
MONICA DE LANUS, COMO VERÁS LA PEDRIS TAMBIÉN ANDA CON LOS TIEMPOS AJUSTADOS, RECIÉN VEO TU MENSAJE Y EL DE MARY...PERDÓN!
EliminarQUE DECIRTE MUJER, SOLO "GRACIAS" UNA VEZ MAS POR SOÑAR CONMIGO. SI LAS MUSAS ESTÁN A TODO VAPOR SOLO SE DEBE A USTEDES, MIS COMPAÑERAS DE VUELO... GRACIAS POR TANTO MUJER! ABRAZO GUILLEDRISTA!
De todas las imágenes que me quedaron grabadas a fuego en este capítulo, elijo la de Pedro revoleándole una piña a Moravia y la del Rey abrazándolo en la camioneta, tranquilizandolo y hablando de su amor sin importarle que lo escucharan. Hermosa la lealtad de los dos con el guardaespaldas también, esperando que se recupere para largarse con él. Dentro de lo particular y oscuro de este mundo narco brillan los sentimientos más nobles. Hermoso relato, inolvidable...un beso enorme Sandra!
ResponderEliminar¡Gracias Mary! No fue tarea fácil lograr que llegaran a enamorarse o a aceptar al dueñito de Sinaloa, como dijo Mónica en el blog... como tampoco fue fácil esto que vos decís, en un oscuro mundo narco, encontrar el espacio para tantos sentimientos nobles. ¡Gracias bruja mayor! Un beso enorme mujer!
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