Libro de anclaje: "La Reina del Sur" de Arturo Pérez- Reverte

Estados Unidos - Miami - Florida. Una semana más tarde.
Todo el estado de Culiacán - que incluía a Sinaloa - se puso de pie para festejar que Orestes Moravia estuviera en prisión.
Para sorpresa de muchos, el pueblo salió a las calles con marchas y carteles pidiendo el regreso de El Rey. Su pueblo lo reclamaba.
Con la ayuda de Marcos y parte de su equipo había logrado mantener a salvo a la gente que vivía en su mansión. La estrategia había sido planeada concienzudamente por la Drug Enforcemente Administration, una comisión al mando de Marcos se había instalado en ella saturando los jardines de camionetas militares y uniformes de combate, alejando cualquier posibilidad de un atentado. Si bien todo parecía indicar que Orestes Moravia había perdido no solo la libertad, sino también todo su poder en México, eso no podía saberse con seguridad y el gobierno de los Estados Unidos consideraba necesario tener precaución por un tiempo.
Marcos viajaba de Miami a México y de México a Miami cada vez que hacía falta y cada día más asombrado de lo que estaba ocurriendo en Sinaloa. Lejos de la respuesta pesimista que esperaban recibir de México al declarar contra Moravia, el hecho los había convertido en héroes. Tal como el Rey lo supuso en su momento, a muchos le vino de perlas que lo sacaran del medio.
Era un chaka sin códigos, capaz de traicionar hasta a su misma sangre y ni su gente lo respetaba. Pero el pueblo no podía olvidar al Rey y seguía reclamando por su regreso a su patria y a su carrera política en la cual confiaban. A pesar de su pasado un tanto turbio y lleno de interrogantes, era un hombre que indudablemente se había ganado el respeto de ese pueblo.
En el pequeño departamento que ocupaban dentro del edificio que pertenecía a las fuerzas de seguridad, Marcos, Guillermo y Pedro miraban las noticias por televisión.
_No solo hay que celebrar que Orestes Moravia ya esté en prisión, sino además la revuelta en México. Es maravillosa e impredecible. Guillermo, no me digas que te esperabas esto. _ Dijo Marcos. _ ¿Vos sos consciente de lo que esa gente te está manifestando?
_Si… No se. Más o menos Marcos. México es mi pueblo…_ comentó con nostalgia. _ ¿Vos que decís? ¿Qué opinás? ¿Es bueno volver ya?
_No, ya no. _ Fue categórico en su respuesta. _ Todavía hay mucho cabo suelto. Yo creo que lo mejor es que se instalen en Buenos Aires por un tiempo con identidad falsa y nos den tiempo a nosotros de limpiar el terreno. Yo te voy a decir cuando llegue el momento de volver.
Solo pensar en volver a México le reconfortaba el alma. Esa era su tierra y la imagen de un exilio en algún lugar del mundo - como se había hablado en un principio - lo había descorazonado. No podía hacerse a la idea de irse para siempre, pero el universo había conspirado a su favor. Lejos de considerarlo un traidor, su pueblo le agradecía haberle sacado de encima una lacra.
_Beto se va a decepcionar.
_No, Beto no se va a decepcionar un carajo. Él estaba preocupado porque estabas demasiado solo en México, pero… ya no estás tan solo. _Miró con complicidad a Pedro que se sonrió con pudor.
_Marcos…
_Guillermo… Crecimos juntos, te quiero, te admiro, te respeto y no necesito una sola explicación.
Marcos hizo una pausa involuntaria, los recuerdos no piden permiso para hacerse presente y algo de lo que estaba pasando por su memoria le humedeció la vista y le enturbió la voz.
_Cuando estoy con vos dejo de ser el personal jerarquizado de la DEA y vuelvo a ser el mismo gordo pelotudo que vos metías a fuerza de trompadas dentro del equipo de fútbol aunque no sirviera para nada. ¿Vos crees que alguna vez dejé de recordar lo que luchaste para que me integraran? Nunca podrías dimensionar lo que eso significa a esa edad porque vos naciste como los gatos, siempre caíste parado. Siempre tuviste ese no se que, ese algo especial que te convertía en líder donde estuvieras y sin proponértelo. Pero yo no. Yo era un ser insignificante, nadie buscaba mi amistad ni mi compañía, solo cuando vos decidiste meterme bajo tu poncho me empezaron a considerar un poco… Por transferencia. Y vos lo sabés, no te hagas el boludo. Me salvaste la niñez y eso no tiene precio. _El gesto de Marcos fue contundente. _ Yo por vos me juego la vida Guillermo.
Su mirada emocionada se volvía contagiosa. Se puso de pie y lo abrazó. _¡Pero mirá las cosas que traes a la memoria Marcos! Vos sabés como es esa edad… la amistad significa todo. No existe otra cosa más importante. Y no te puse bajo mi poncho como vos decís, solo te elegí como amigo, como se elige a esa edad. Por afinidad. Sin importar lo que el otro tenga o lo que le falte. Solo afinidad. La única diferencia entre vos y yo, era que a vos se te notaba que la vida no estaba siendo justa con vos, y yo ya había aprendido a disimularlo. Éramos dos exiliados de esa sociedad tradicional, por eso nos unimos tanto. Vos eras un poco más chico, algo inseguro y yo el hijo de un narco. Y eso otro que decís ya lo sabía, siempre lo supuse, pero me lo demostraste cuando apareciste esa noche en medio de semejante tiroteo llevando tus hombres para que nos salvaran la vida y también para tratar de salvarle la vida a mi guardaespaldas.
_¿Cómo está?
_Recuperándose lentamente, pero va a vivir. Ah… Marcos, no hay problema en establecerse en Buenos Aires hasta que, como vos decís, el camino quede completamente limpio. Pero hasta que el Pote pueda viajar con nosotros, ¿podemos esperar acá en Miami?
_No hay problema con eso. Se pueden quedar el tiempo que necesiten. ¿Están cómodos en este departamento?
_Estamos perfectos.
Los días que pasaron en Miami no fueron una luna de miel, pero al menos fueron los primeros días de paz para los dos. Mientras el Pote se recuperaba lentamente, ellos se permitieron ese tiempo para fortalecer un vínculo que habían comenzado de manera compulsiva y prematura.
Iban a verlo cada mañana y cada tarde mientras estuvo en la sala de cuidados intensivos y se iban con una sonrisa porque ya no lo tenían sedado y podían intercambiar breves palabras con él.
En los tiempos libres - que no eran tantos - algunas veces hicieron el intento de recorrer la ciudad, siempre rodeados de una custodia militar que no se les despagaba apenas cruzaban la puerta del departamento y cuando esta se cerraba, se plantaban frente a ella hasta que se volviera a abrir.
No la pasaban ni bien ni mal en esas salidas esporádicas, pero siempre preferían volver a la intimidad del pequeño departamento donde se sentían más seguros que en cualquier otro lugar. Compartían almuerzos y cenas preparadas por ellos mismos, y por las noches escuchaban corridos y bebían tequila, charlando y fumando con una paz desconocida dentro de esa relación que había comenzado en una desquiciada carrera por sobrevivir.
Fue ahí donde por primera vez, hicieron el amor desvestidos del miedo de que esa pudiera ser la última vez, y una de esas noche de tabaco, besos y alcohol, tomaron una decisión que no le contarían a nadie.
Una mañana más, una de las tantas, llegaron al hospital y el Pote los recibió de pie. Le habían quitado el suero y todas las partes de su cuerpo acababan de ser desvinculadas a los tantos aparatos que monitoreaban su vida.
Dos días, dijo el médico, cuarenta y ocho horas en observación en una sala común y si seguía estable le daría el alta para viajar.
Tal como lo soñaron aquella mañana en el hospital, viajaron a Buenos Aires en primera clase de un vuelo tradicional, con documentos falsos, una nueva identidad y rodeados de la custodia vestida de gente común que vigilaba cada movimiento a distancia prudencial para no levantar sospechas, pero con la mano siempre alerta a usar las armas que llevaban entre la ropa.
La DEA y el Poder Judicial de los Estados Unidos habían logrado que los guardaespaldas abordaran el avión con armas ocultas entre sus ropas de calle sin dificultad. Eran parte de una custodia legal que viajaba en cubierto respondiendo a ese pacto firmado que ofrecía inmunidad absoluta y protección para los testigos de la causa que habían iniciado y llevado a cabo exitosamente contra el jefe del narcotráfico en México.
Volver a Argentina fue muy fuerte. Desde el aire y a muchos metros de altura los recibían las lucecitas de Buenos Aires y ese no se que tan particular de esa ciudad que lo había visto nacer.
La mirada anclada en la panorámica que le ofrecía esa noche de finales de Octubre a través de la ventanilla del avión, la primavera embelleciendo la noche de su ciudad natal y la letra de un tango mezclándose en su mente junto a las de tantos corridos aprendidos en México, y todas hablando entre acordes, de restos de su vida escondidos en su memoria, de la historia completa de su supervivencia.
“Adivino el parpadeo de las luces que a lo lejos van marcando mi retorno”
A Pedro no se le escapó su mirada lastimada por la nostalgia. _ ¿En que pensás amor?
Dejó salir un gesto que dijo mucho más que mil palabras, volvía a enfrentarse a su niñez, a los pocos años en que conoció la paz, a la imagen de su madre en el barrio pobre en que vivían, la casa modesta, la vida precaria, humilde y llena de carencias, pero sin duda alguna, los tiempos más felices de su vida.
“Aunque no quise el regreso, siempre se vuelve al primer amor… Bajo el burlón mirar de las estrellas, que con indiferencia, hoy me ven volver”
Miraba por la ventanilla del avión como anestesiado. _ ¿Qué pasa Guillermo?
Angustiado por la incapacidad para poder responder, su pregunta lo sacudió de emoción y le enturbió la mirada convirtiendo las luces de Buenos Aires en pájaros incandescentes de contornos difusos.
_Guillermo…
La mano del Pote se posó sobre su brazo y cuando obtuvo su atención le susurró bajito. _Déjelo patroncito. No es que no quiera responderle, no puede. Está volviendo a una parte de su pasado que había sepultado en su memoria. La infancia, los amigos, su madre y la familia que tuvo en Buenos Aires. Un lugar a donde nunca pensó que iba a volver. Los fantasmas del pasado le deben estar acribillando la cabeza con más fuerza que los plomazos que nos comimos aquella noche en la casa de Miami… No le pregunte nada, no puede responderle, solo acompáñelo con el silencio. Eso le va a sentar mucho mejor. Esta noche solo está llegando el cuerpo, dele tiempo hasta que también logre llegar el alma. Ya hablará. Por algo es El Rey. Cuando el alma se vuelva a unir a su cuerpo volverá a ser el mismo, y cuando una noche de tequila se la temple, le contará todo lo que usted está deseando saber. Ahora déjelo, no puede hablar.
La voz de la azafata indicaba el uso de los cintos de seguridad, el aterrizaje era inminente.
Sus ojos no podían despegarse de esa imagen de Buenos Aires y la letra de ese tango desfilaba por su mente como una sentencia a la que no había logrado escapar.
“Volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien.”
Un descenso de altitud, la reducción de la velocidad, los trenes de aterrizaje bajos. Seguir un patrón de aproximación, de inclinación y de planeo después de haber identificado el lugar exacto para el aterrizaje.
La aeronave finalmente hizo contacto con la tierra, un contacto que había perdido en el momento del despegue para lograr un vuelo que dejaba toda una historia de vida atrás.
Ya se habían detenido.
“Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenen mi soñar… Y aunque el olvido que todo destruye haya matado mi vieja ilusión, guardo escondida una esperanza humilde, que es toda la fortuna de mi corazón.”
Bajó por la escalerilla en absoluto silencio, acababa de volver a Buenos Aires y tenía el alma en carne viva.
No fue difícil distinguir su perfil tan particular entre el resto de la gente que iba y venía por el aeropuerto. Caminaba impaciente, la mano derecha tirando hacia atrás su cabello largo y rubio, dejando al descubierto un par de ojos azulados de mirada penetrante. Se sonrió al verlo. Había olvidado ese gesto tan característico de Beto. Detuvo sus pasos por un instante y el grupo completo se detuvo con él. Quiso detenerse a observarlo sin ser visto. Lo miró en la distancia por algunos segundos. Llevaba tanto tiempo sin verlo que fue imposible no emocionarse.
Su amistad con Marcos estaba sellada por esa magia de empezar a recorrer el camino juntos, en cambio a Beto lo había conocido siendo ya el Rey de Sinaloa y en medio de circunstancias tan especiales que forjaron un lazo indestructible de lealtad.
Miraba hacia todas partes sin lograr distinguirlos. “Sigue siendo la misma bestia atropellada que conocí. Me tiene frente a sus ojos y no me ve.” Se sonrió, esa era una buena señal, Beto seguía siendo el mismo Beto que él había conocido unos años atrás.
Avanzó unos pasos y el grupo se movió con él.
El muchacho alto y de abundante cabello rubio giró una vez más sobre sus pies, y entonces lo vio.
El Rey siguió caminando con ese porte impactante sin quitarle los ojos de encima y sin dejar de sonreírle.
Beto se adelantó hacia ellos con los ojos vidriosos.
A solo un par de metros, El Rey se detuvo dejando caer al piso el equipaje de mano y abrió los brazos.
Se tiró sobre él y lo apretó en un abrazo que tenía la misma intensidad con la que lo había extrañado. _Guillermo… Guillermo… ¡Por fin viejo! _No lo soltaba. Lo abrazaba con los ojos cerrados palmeando su espalda.
Pedro observaba todo en silencio. ¿Cuántas historias más habría en la vida de Guillermo Graziani de las que él no tenía la menor idea? Por un instante se preguntó de quien se había enamorado. ¿Sería lo que él creía que era o sería lo que él quiso creer que era?
Guillermo palmeó la espalda de Beto una vez más antes de separarlo de su cuerpo para mirarlo a los ojos. _ Finalmente y como tanto lo deseabas, otra vez en Buenos Aires, Beto. _ Le dio un golpecito en la mejilla.
_En buena hora hermano, ya era tiempo.
Pedro había decidido mantener una distancia prudencial y desde donde estaba no le sacaba los ojos de encima al hombre que le había cedido gentilmente su apellido para su nueva identidad. Por el tiempo que fuera necesario sería el primo de Alberto Marini, un muchacho joven y muy apuesto de quien lo único que sabía era que había sido y seguía siendo muy importante para Guillermo.
El Pote, con esa traza de oso torpe que lo caracterizaba, se acercó hasta donde él estaba, disimuladamente y con los ojos entornados.
Para detectar problemas, el Pote no necesitaba radar…
_Que penita, de veras, que ya no lleve colgando ese morral tan oportuno y no le haya quedado una granada más, patroncito._ Le dijo de espaldas al grupo _ Porque de tenerla, debería hacerla rodar con esa puntería perfecta que tiene contra esos fantasmas que le veo en los ojos.
_No se de que hablás Pote.
_Si lo sabe, patroncito. Usted Pedro, le anda midiendo el agua a los tamales. El otro, ese Marcos, es un amigo. Este es casi un hermano, y usted es su hombre. ¡Mande esos fantasmas a la chingada madre! No tienen nada que hacer acá.
_¿Y cómo podés estar tan seguro Pote?
_Porque el Pote sabe todo. ¿O ya se olvidó?
Claro que no se había olvidado. Respiró profundo y lo miró con agradecimiento.
La custodia se removía intranquila, no era una buena idea permanecer tanto tiempo en el aeropuerto.
El Pote se acercó a Guillermo. _ Disculpe patrón. _Luego dirigió la mirada a Beto e inclinó la cabeza a modo de disculpa y de saludo _ Los muchachos están briosos, no es buena idea seguir acá por mucho tiempo. Deberíamos largarnos de este lugar.
_Si, tenés razón Pote, salgamos de acá. Pero primero dejame que los presente aunque sea fugazmente. Beto, como ya escuchaste, este hombre es el Pote y… _ Lo buscó con la mirada y lo encontró a unos metros con algunas sombras indescifrables en los ojos. _Pedro, ¿que hacés ahí? Vení, dejame presentarte a tu primo, Alberto Marini o simplemente Beto.
Se acercó educado, correcto, pero serio, a darle la mano.
Las presentaciones con Pedro y el Pote fueron breves. Ya tendrían tiempo para intimar un poco más, a Beto tampoco le parecía una buena idea estar demasiado tiempo en el aeropuerto. _ Por las dudas, Guiye. _ Le había dicho. Hacía tanto tiempo que no lo escuchaba pronunciar su nombre de esa manera tan particular que se sonrió emocionado.
_Vamos entonces.
Al poner la llave en la puerta sintió su corazón desbocarse y una descarga de recuerdos venírsele encima. La casa de su infancia que Beto cuidaba a su pedido. No podía desprenderse de ella. Ni venderla, ni alquilarla. Abrió la puerta con cierto resquemor, pero al ver todo de la misma manera que lo había visto la última vez, un éxtasis de ternura le recorrió el cuerpo. Todo estaba exactamente igual.
_Buen trabajo Beto. _ Le dijo con la voz traspasada. _ ¡Gracias!
_La hice limpiar, viste? Está impecable y lista para alojarlos.
_Está perfecta. Gracias Betito. _ Caminaba por el ambiente con los ojos llenos de presencias y acariciando alguna que otra cosa al azar. Todo su pasado en Buenos Aires estaba ahí. Sacudió la cabeza tratando de no dejarse entristecer por las memorias de tiempos muy lejanos y felices, y buscó a Pedro con la vista. Seguía algo distante y demasiado serio para su gusto.
_Vení Pedro, acercate. Dejame que te muestre la casa más hermosa que tuve en toda mi vida, la menos lujosa, la más desvestida de ornamentos, pero indudablemente un hogar donde fui feliz. _Pedro se acercaba con una lentitud que ya le despertaba sospechas de que algo no estaba bien. _ ¡Vení hombre! Seguime que quiero mostrarte la que fue mi habitación.
Al Pote poco le importaba donde había dormido El Rey cuando era un niño y Beto se conocía la casa de memoria. Los dejaron hacer el recorrido a solas, se sentaron en ese saloncito modesto pegado a la cocina y comenzaron a charlar.
_Póngase cómodo, Pote. _ Beto estaba encantado de conocer en persona al famoso y leal guardaespaldas de su hermano del alma. _ ¿Está bien o lo agotó el vuelo?
El Pote que aun se movía con dificultad. Tomó asiento y dejó el arma sobre la mesa. Apenas si empezaba a ser el mismo, pero ya andaba calzado “por lo que pudiera pasar” como había dicho. Para él no había mejor caricia que sentir el arma pegadita a la piel._ El Pote ya está como nuevo y listo para la que se venga.
Beto lo miraba fascinado, pleno Octubre y usaba botas de piel, acababa de volver de la muerte y ya esperaba ansioso el próximo combate. Era un personaje y se ganó su corazón apenas lo vio.
_Bueno, por el bien de todos, ojalá le den mucho tiempo para recuperarse.
El Pote se sonrió, ese güey también le cabía de perlas.
Encendió la luz y cruzó la puerta. _ Mirá, Pedro. Esta era mi habitación. Obvio que los muebles hubo que cambiarlos, pero la disposición es la misma._ Señaló un mueble que olía a madera a estrenar. _ En ese mismo lugar había un roperito destartalado en el que guardaba mis pocas pertenecías. Mi ropa, siempre escasa y objetos preciados. Marcos siempre me regalaba fotos de jugadores de futbol y yo las pegaba en las puertas. Estaba lleno de esas fotos, quien sabe donde habrá ido a parar. _ Su extremo silencio lo trajo de regreso a la realidad y se volvió para mirarlo. _Pedro… ¿Qué te pasa? Desde que llegamos a Buenos Aires no pronunciaste una sola palabra. ¿Qué está pasando amor?
_Nada.
_No, nada no… Por algo estás así. Decime que pasa.
_Ya te dije que no pasa nada.
_Pero no te creo. Vos no sos así, algo te está pasando. Hablá.
_Guillermo, seguí mostrándome la casa.
Entornó los ojos y trató de hurgar en su mirada, pero Pedro esquivaba el contacto visual.
_Lo único que me falta mostrarte es el baño y la habitación donde vamos a dormir vos y yo. No hay mucho más por recorrer. La casa es una miniatura comparada con la mansión._ Se cruzó de brazos y se paró seguro sobre sus pies. _Te estoy mostrando el lugar más hermoso del mundo para mí y vos andás como si todavía siguieras entre las nubes que atravesamos en el vuelo. ¿Podés hablar de una buena vez? _ Ya le estaba cambiando el tono de la voz.
Pedro seguía en silencio y con la miraba baja como estudiando el suelo que pisaba. _Pedro, estoy perdiendo la paciencia. ¿Estás arrepentido de haber venido? ¿Estás incómodo acá conmigo? ¿Querés irte a otro lado? ¡Hablá! Porque si es eso, ya mismo le digo a Beto que te lleve a donde quieras…
Puso los ojos en blanco al escuchar ese nombre y las fichas fueron cayendo en la cabeza de El Rey como en un tragamonedas. _Pedro… _Relajó la postura, el gesto y dejó salir una sonrisa encantadora. _ ¡Uy, que lindo! Estás celoso…
Lo miró irritado. _ ¿De qué mierda te reís? Y no, no estoy celoso.
Bajó la voz y dejó salir la frase de sus labios en un susurro. _ ¡Pero qué regalo más lindo…! Mi amor, estás reventando de celos._ No le dio chance a contestar, su mano mostraba una cicatriz que la cruzaba de cabo a rabo, pero no había perdido la fuerza con la que siempre lo había sujetado contra su cuerpo cuando se perdía en el infinito placer de tenerlo. Le tomó la cara con las manos y mientras una de ellas se perdió rodeando su cintura, la otra le sostuvo el rostro con una firmeza que resultaba excitante.
Olvidándose de Beto y del Pote estaban a pasos de ellos y aun escuchando sus voces que venía del hall de entrada, le dio el beso más intenso y dulce de las últimas horas. En un principio percibió algo de resistencia, pero si había un maestro para vencer las barreras de Pedro, ese era Guillermo Graziani, solo Guillermo Graziani, absolutamente desvestido de la leyenda de El Rey del Sur.
Resistirse a un beso de ese hombre era imposible, la humedad de sus labios empapando los suyos, el calor de su lengua ardiente recorriendo el abismo de su boca mientras sus manos excavaban entre su ropa eyectó todos los fantasmas que venían picándole el cerebro y se entregó a él.
Las voces de Beto y el Pote charlando animadamente les decían que debían detenerse, pero ¿cómo apagar el fuego encendido? ¿Cómo detener la inercia del deseo desatado por los besos? ¿Cómo rechazar el impulso de arrancarse la ropa y dar rienda libre a los deseos más profundos de la carne?
_¡Basta Guillermo!_ Lo sentía recorriendo su cuello y rozando con el borde de los dientes su hombro desnudo debajo de su camisa. _ Basta, por favor… No estamos solos.
Si, tenía razón. Se detuvo con la respiración agitada y le habló bien bajito pegadito a los labios. _Beto es mi hermano de la vida. ¿Te quedó claro? _ Pedro asintió en silencio. _Una sola escenita más de celos y vas a conocer el baño de un solo empujón. ¿Me entendiste?
Claro que había entendido y bien clarito, un golpe de electricidad le había recorrido el cuerpo con esa amenaza tan sensual. _Guillermo, no me tientes.
Le sonrió y bajando decibeles, le dio el beso suave de la paz sobre los labios y lo tomó de la mano para seguir recorriendo lo poco que faltaba de la casa.
Unos minutos más tarde y con el ritmo cardíaco controlado se unieron a Beto y al Pote.
_ ¿Y Pedro? ¿Qué te pareció la casa? _Le preguntó Beto tratando de iniciar una charla con él. Lo había notado demasiado hosco desde su llegada y eso no coincidía con la descripción que Guillermo le había hecho sobre él.
_Es preciosa. Me encantó.
_Así que sos mi primo… Pedro Marini. Bueno, dejame darte un abrazo y ¡bienvenido a la familia!_ Pedro se acercó a él y pudo abrazarlo con sinceridad. El Pote se removió en su asiento y levantó una ceja. “Nadie como el Patrón para poner las cosas donde deben estar”. _Y vos también Pote, bienvenido a esta familia. Aunque no compartamos el apellido, Alberto Marini nunca va a olvidar que gracias a usted Guillermo y Pedro están en Buenos Aires y con vida.
_Se le agradece, pero no hice más que lo que tenía que hacer. Mi vida es defender la vida de mi Rey y la de mi patroncito. Y pos, si puede, no más “usted”. Ya demasiado raro me siento como pa’ esos tratos…
Alberto Marini estalló en carcajadas y le dio una palmada en el hombro.
_ ¡Dale! De ahora en más vos sos solo el Pote y yo para vos tan solo Beto. Vamos a compartir unos cuantos días y la formalidad me pone incómodo.
Guillermo lo miró sin comprender. _ ¿A qué te referís con compartir Beto, si se puede saber?
_Me extraña tu pregunta, Guiye. Ustedes dos no pueden estar solos. No es bueno. La custodia se vuelve a Miami esta misma noche, así que yo me traje un bolso para quedarme acá, con ustedes, hasta que estemos seguros que están a salvo.
Giró para mirar a Pedro que ya volvía a tener la mirada alegre y revoltosa. Acababa de irse a la mierda la luna de miel y el gesto de desolación en la cara de Guillermo le causaba gracia.
_No Beto, de ninguna manera. Pedro y yo sabemos cuidarnos solos.
_Guillermo, es una locura.
Dejó pasar unos minutos para desenfocar el tema y cuando ya habían retomado la charla volvió a lo que había empezado.
_Betito… ¿vos te diste cuenta que hay una filtración de agua en el baño?
_No puede ser Guille. Yo mismo supervisé todo.
_Pero hombre, acabo de verla. Vení, seguime.
Cuando lo tuvo a solas y lejos de testigos le preguntó. _ Beto, ¿vos querés seguir siendo mi amigo?
_ ¿Qué decís Guiye? No te entiendo
_ Ya me vas a entender… Hacete humo y llevate con vos al Pote con la excusa que quieras. En esta casa se come, se fuma, se toma tequila hasta que amanezca y se comparte absolutamente todo, pero el único que duerme en esta casa con Pedro soy yo. ¿Me entendiste?
Beto tragó saliva, le estaba hablando en serio. _ Si, claro. Como digas Guiye…
_Ahora andá y hacé tu parte. _Y volvió a golpear suavemente su mejilla.
Volvió con la propuesta en los labios. _ Che, Pote. ¿Por qué no te instalás en mi casa? No está muy lejos, a pocas cuadras. Me vendría bien hospedar un amigo por el tiempo que estén en Buenos Aires, a veces cansa estar tan solo.
El Pote miró a su Rey interrogándolo, su misión era estar cerca, “por lo que pudiera pasar”, pero estar en la misma casa con ellos sintiéndose “el mal tercio” no le causaba ninguna gracia. Lo ponía incómodo.
_¡Andá tranquilo, hombre! No nos va a pasar nada. Además, espero _ haciendo énfasis en la última palabra _ que pasemos todo el tiempo que podamos los cuatro juntos, o los cinco cuando llegue Marcos. La casa no es grande pero siempre habrá lugar para que todos se queden a dormir cuando se nos vaya la mano con el tequila.
Guillermo acababa de decir la palabra mágica para Pedro. _ Me muero de hambre y de sed, es hora de pistear la noche….
_Pedro, ¿vos solo pensás en el tequila?
_No. Pienso en muchas cosas, pero creo que es hora de comer algo, de llenar los vasos, de escuchar unos corridos y de fumar. De disfrutar de esta vida de anonimato y supuestamente, a salvo de todo el peligro que nos tuvo viviendo con el corazón en la boca.
_Tequila conseguimos en cualquier lugar, pero de los burritos calientes y las quesadillas por ahora olvidate, cuanto mucho podemos pedir pizza por delivery. Bienvenido a Buenos Aires. _Le dijo Guillermo haciéndolo reír.
Volvía a ser Pedro, su Pedro. _Entonces vayamos por algunas botellas de tequila y pidamos pizza, pero no posterguemos un solo minuto para celebrar este milagro de estar todos con vida. Es hora de festejar.
Así pasaron la primera de las tantas noches maravillosas que pasarían en Argentina, escondidos del mundo en un barrio más de esa misteriosa Buenos Aires, bebiendo todo el tequila que la sangre pudiera aguantar, fumando y charlando. Haciendo nuevos amigos.
Marcos viajaba cada tanto y cada regreso hacía más cercana la posibilidad de volver a México. Amaba Buenos Aires, pero su vida estaba en México, su tierra por herencia materna.
_Ya no queda mucho más para investigar Guillermo, creo que todos los hilos se cortaron con la caída de Moravia. Además, convengamos que no es la clase de chaka por el que alguien se jugaría la vida. Lo que mejor hizo en el tiempo que tuvo el poder fue hacerse odiar, eso le salió de maravillas al muy pelotudo.
Los días transcurrieron en paz y resguardados en un anonimato que les empezaba a gustar. Compartieron muchos días y parte de sus respectivas noches los cuatro - a veces los cinco - en Buenos Aires y llegaron a formar una verdadera alianza de lealtad.
Guillermo se dedicó a mostrarle a Pedro cada rinconcito de esa ciudad que contenía restos de su historia, destruyendo sin saberlo, las dudas con las que él había arribado y Pedro le dedicó cada momento libre de ese tiempo que estuvieron en Buenos Aires a escribir la verdadera biografía del Rey del Sur y su leyenda.
Ahora si podía decir que realmente lo conocía, ya no quedaban pasajes en blanco sobre su vida, le había contado todo lo que necesitaba saber. Quienes lo habían amado y quienes lo habían odiado, porque así era Guillermo Graziani, El Rey de Sinaloa, un hombre para amar o para odiar. En él no existían los grises, era pura sangre y pasión.
Pedro ya había empezado a sentir por Beto el mismo cariño que despertaba en Guillermo, era incondicional y confiable de pies a cabeza. _Beto, necesito pedirte un favor._ Esa mirada azulada y cristalina le inspiraba toda la seguridad que necesitaba.
_Lo que sea, Pedro. Lo que sea.
Dudó un poco, se sonrojó y le sonrió en tono de confidencia. _ ¿Vos… no te llevarías al Pote a recorrer las calles de Buenos Aires esta noche? Tengo un regalo para Guillermo, pero quiero dárselo a solas.
La respuesta de Beto fue un abrazo que casi le cuesta una costilla. Estaba feliz de que Pedro lo hubiese elegido como cómplice. _ Ni lo dudes, esta noche lo llevo a conocer los cien barrios porteños. ¿Cuántos días necesitas, Pedro?
Largó una carcajada. _No seas exagerado, con una cena a solas me alcanza.
_Dalo por hecho primo. _ Le guiñó un ojo y le palmeó el hombro.
Estaban solos. Ya habían terminado de cenar y mientras charlaban distendidos, escuchando corridos y bebiendo tequila, Pedro decidió que era el momento.
_ Tengo algo para vos.
Estaba a punto de encender un cigarrillo cuando sus palabras lo detuvieron, lo observó a través de la lumbre que intensificaba su mirada penetrante.
_ ¿Algo para mí?
Asintió lentamente y en silencio. _ Esperame acá.
Se levantó de la silla sin decir una palabra y a los pocos minutos volvió con un fardo de papeles prolijamente encuadernados. Dejó el manuscrito sobre la mesa frente a él.
_Este es mi regalo. Su historia completa señor.
Lo tomó entre sus manos y un terremoto de emociones le sacudió el cuerpo. Más de quinientas páginas que describían la vida entera del Rey del sur y toda su leyenda.
Su mirada iba de Pedro al manuscrito y de este a Pedro mientras el corazón le daba saltos en el pecho. No podía ser verdad, pero sin duda que lo era, la mirada satisfecha de Pedro se lo aseguraba. Lo tomó entre sus manos y acarició la portada. Hizo correr las primeras páginas con un nudo en la garganta y reconoció en algunos párrafos iniciales parte de las charlas que habían sostenido en la mansión en aquellas primeras noches, sus primeros encuentros de tabaco, armas y alcohol. Los días en los que sin darse cuenta y sin poder evitarlo se había enamorado de él. De ese muchachito ahora convertido en todo un hombre que lo tenía atrapado en una telaraña de besos, amor y pasión. Algo de lo que siempre había pensado, estaba a salvo.
Levantó la vista del manuscrito y buscó esos ojos que lo miraban con amor y entusiasmo. _Pedro… _ La sorpresa lo había dejado sin palabras, solo podía devolverle la mirada absolutamente rendido a él.
_No hace falta que digas una sola palabra.
Era imposible reaccionar, salir del asombro. _ Gracias Pedro…
_No me lo agradezcas. Te lo debía amor.
Existen días donde la magia atraviesa un instante de la vida cotidiana tocándolo con su vara mágica y enmarcándolo en un recuerdo que se volverá indestructible al paso de los años. Este era uno de esos días y también, uno de esos momentos.
Se miraron a los ojos y las sonrisas se volvieron aves que iban de uno al otro como pájaros que volaban entre dos árboles acogedores y frondosos, eufóricos y entusiasmados, saturando el aire con su canto y creando nidos donde pernoctar, anidar, procrear y amanecer.
Dejó el manuscrito sobre la mesa y se arrodilló en cuclillas ante a él. Estaba más lindo y despeinado que nunca. El cabello apenas más largo y el aire de Buenos Aires le sentaban maravillosamente bien. Había perdido ese gesto de preocupación y la palidez que provoca la incertidumbre.
Le tomó las manos. _Pedro, si en esta historia alguien le debe algo a alguien, soy yo quien te lo debe todo.
_Me salvaste la vida…
Llevó un dedo hasta sus labios. _¡Shhh! Callate y escuchame… Yo no te salvé la vida. Yo lo único que hice fue esconderte de la sed insaciable de venganza de un cerdo como Orestes Moravia y eso no tiene tanto mérito como vos lo planteás, sobre todo y si vamos a ser sinceros, aunque sea por primera y última vez, estuve aesto de dejarte solo en la capilla de Malverde.
_Pero no lo hiciste
_Pero lo pensé, y no hay un solo día en el que esa imagen no se cruce por mi mente. Todavía no consigo perdonarme.
_Guillermo, no es lo que uno piensa lo que determina quienes somos, es lo que uno hace. Y más allá de lo que pensaste en un primer momento, no me abandonaste. Nunca… Nunca me dejaste solo.
Guillermo lo miraba a los ojos envuelto en un aura para él desconocida, jamás se había sentido tan unido a alguien. _ No sé como hacés para convertirme cada día en un hombre más feliz que el día anterior, pero siempre lo lográs. Desde aquella primera noche hasta la noche de ayer, cada día me sentí más feliz. Enamorándome de vos, protegiéndonos el uno al otro, luchando lado a lado en esa masacre que fue la noche de ese martes en Miami, sintiéndote a mi lado, siempre dispuesto a arriesgar tu vida por la mía en todo momento, como cuando me levantaste del barro y me ayudaste a llegar a la verja que separaba el cielo del infierno. Nadie me cuidó como vos me cuidaste esas noches que pasamos en el hospital. Cuando declaramos juntos y ese puñetazo para la historia que le metiste a Moravia en los pasillos del juzgado… Este tiempo juntos y en paz en Buenos Aires. Todo el tiempo, cada día más feliz. Y cuando creí que tanta felicidad no se podía superar con nada, volvés con esa magia que te define, con este regalo que nunca voy a terminar de agradecerte, para convertirme definitivamente en el hombre más feliz de la Tierra. Más feliz que ayer, una vez más… Pedro, dejame decirte dos cosas. Dos cosas que no puedo dejar pasar un día más sin hablar con vos. En primer lugar, quiero pedirte perdón por aquella noche en la capilla, por haber dudado, por haber pensado en dejarte solo…
_Guillermo, ya te dije…
Lo cayó con un beso tan tierno que le recordó la espuma blanca y serena con la que las olas terminan su vida sobre la arena.
_Dejame terminar, porque dudo que alguna vez vuelva a sentir el valor para hablar de este tema. _Pedro asintió con un pequeño gesto y se dispuso escucharlo hasta el final.
El Rey de Sinaloa había desaparecido. En su lugar, Guillermo Graziani buscó la silla sobre la que había estado sentado y la arrimó hasta donde estaban, lo mas pegado a Pedro que el espacio le permitió. Apretó sus rodillas entre sus piernas fuertes y le sostuvo las manos entre las suyas.
_ Pedro, si en esta historia de nuestras vidas, alguien le salvó la vida a alguien ese fuiste vos, no yo. Porque yo estaba muerto. Por lo único que vivía era para sostener mi poderío económico, mi carrera política y mi condición social, pero mi alma estaba muerta y vos la resucitaste. Yo no sabía querer, nunca pude amar a nadie. Mi corazón estaba seco y vos le diste vida con esa mezcla perfecta de dulzura y coraje que te hace único. Vos supiste como entrar en mí, como rasgar mi coraza, porque el Rey de Sinaloa le tenía mucho más miedo al amor que a las balas y eso me convertía en un hombre a veces peligroso, no hay hombre más peligroso que el que no tiene nada que perder y eso ahora ha cambiado. Ahora, mi amor, El Rey le tiene mucho miedo a las balas, porque ahora si tiene mucho que perder y si eso pasara, este hombre que te ama como jamás pensó que un día podría llegar a amar… si por la chingada y puta suerte algo te pasara, ya no tendría valor para volver a enfrentarme con aquellos amaneceres grises y fríos que desterraste con tus caricias y la tibieza de su cuerpo.
Pedro lo escuchaba en silencio, con los labios entreabiertos y la respiración agitada. Él le acarició la cara lentamente con una de sus manos y le preguntó.
_Pedro… ¿Te sirvo un poco mas de tequila antes de seguir? Te va a hacer falta…
_Guillermo, no me asustes…
_No te asustes, no hay motivo. _ Puso entre sus manos el vaso de tequila, sirvió un poco para él y le ofreció un cigarrillo.
Pedro aceptó todo y se bebió la mitad del vaso de un solo trago. El Rey dejó salir la risa nerviosa y divertida. _ ¿Algún día vas a tomar tequila como una persona normal?
Pedro también dejó salir la risa. _Tal vez, algún día._ Era un alivio poder reír, intuía lo que Guillermo quería decirle, pero podía estar equivocado y esa espera lo ponía nervioso.
Sus piernas no habían aflojado su presión manteniéndolo prisionero y sujeto a su presencia siempre tan cautivante y seductora.
_Dale Guillermo, hablá porque me voy a morir antes de terminar de escucharte.
_Está bien, pero… primero, ni una sola palabra a nadie. Segundo…_ Bebió un largo sorbo de tequila y le echó aire a los pulmones.
_Guillermo, hablá de una vez.
_Pedro, no es fácil.
_Está bien… Tengo toda la noche y toda la vida para vos, hablá cuando puedas. Ya sabés, yo con vos siempre, elijas lo que elijas, pase lo que pase.
Lo miró embelesado, era tal como le había dicho aquella noche en la que Pedro había irrumpido en la ducha, atravesando desnudo el vapor de la ducha y la mampara de una mansión de Miami incautada a un Narco que cumplía su condena en prisión. La noche anterior a la emboscada. Era para tenerlo como a un rey o de lo contrario, no tenerlo.
Era su vida y su muerte, era su Dios y su cruz.
Sentía el temblor de las piernas de Pedro entre la presión de sus rodillas a la que no pensaba ceder, era el momento más intenso que estaba viviendo junto a él. Porque una cosa es estar sin ropas haciendo el amor y otra cosa muy distinta, desnudar el alma mirándose a los ojos.
_Pedro… Todo indica que en poco tiempo vamos a poder volver a México._ Pedro asintió en silencio. Guillermo siguió hablando.
_ Si eso sucede, yo necesito estar seguro que si algo me pasara, tu vida en México seguiría a salvo de cualquier peligro…
_No me gusta tu historia…
_Te va a gustar… Bueno, eso espero.
_A ver, seguí. Y servime mas tequila.
_Solo un poco más. Te necesito sobrio. Después de esta charla bebé todo el tequila que quieras.
_Guillermo, me estás poniendo nervioso…
_Pedro, no quiero que le pongas al plato ningún condimento que no lleve. ¿Te acordás de lo que hablamos aquella noche en Miami? Eso que prometimos no contar… _Si, era eso. Pedro estuvo seguro que necesitaría una botella entera de tequila para resistir. De no ser por las piernas de Guillermo que seguían presionando las suyas, no hubiese podido controlar el temblor. _ Yo soy un hombre grande, no esperes de mi corazones ni rosas porque no es mi estilo, no soy ni voy a ser un tipo romántico. Yo puedo enamorarme, pero de esta manera, comprometido hasta el final de mis días con vos y con tu amor, pero no me pidas escenas románticas porque me salen mal…
Pedro no emitió un solo sonido, apenas si podía respirar.
_Pedro, si te llevo conmigo de regreso a México, quiero hacerlo seguro que si algo me pasara vos estarías bien.
Vovió a beber un largo sorbo de tequila y se lo dijo de una vez.
_Pedro… me gustaría que te cases conmigo antes de volver a México.
Hablaron con Marcos respecto al libro.
_Esto se ve a vender como pan caliente, pero no es buena idea una editorial Argentina, es dar la data de su paradero. Déjenme que me ocupe de esto. Yo busco las mejores propuestas y se las traigo. Ah, Guillermo… en cuestión de días mi gente va a abandonar la mansión en México, ya no hay riesgo. El camino está prácticamente despejado, así que vayan empezando a pensar en volver.
El contrato se llevó a cabo con una editorial española, lo publicaron y rápidamente se convirtió en un éxito. La primera edición se agotó en días porque todo México clamaba por saber dónde estaba Su Rey. Nunca se supo más de él. Hubo quienes aseguraron que había cambiado de identidad y de rostro y que vivía en los Estados Unidos. Otros afirmaron que estaba en Europa. Se habló de París, de Mallorca, pero nadie sabía nada. Nunca supieron que estaba en Buenos Aires junto al hombre de su vida, escribiendo juntos y entrelazados un corrido de más de quinientas páginas.
La ceremonia, por así decirlo, se llevó a cabo con el mismo matiz que había firmado el acuerdo en el consulado. Por fuera como un trámite mas, por dentro entregado y traspasado por un sentimiento tan noble que le devolvía la seguridad y el temple que había perdido muchas noches al verlo dormir a su lado. Se reprochaba muchos actos de su vida pasada, pero él lo convertía en un hombre nuevo, solo junto a él podía redimirse, perdonarse tantos errores y volver a empezar.
Todos, Pedro incluido, se abstuvieron de hacer el más pequeño comentario o de dejar salir una sola frase fuera de lugar porque Guillermo estaba tan nervioso esa mañana que cualquier observación hubiese provocado un estallido. Tan solo se conformaban mirándose entre ellos con gestos sutiles y la risa contenida siempre a espaldas de Guillermo. Si le acercaban un fósforo explotaba. Se sentía feliz, contenido, un poco avergonzado, nervioso, expuesto y por lo tanto, irascible. Pero a Pedro no le importaba que esa mañana no se le pudiera dirigir la palabra, porque así lo había conocido, así lo había elegido y así se había enamorado de él. Hosco y áspero, pero suyo. Sabía que no lo estaba haciendo por él ni por el regreso a México, pero jamás lo expondría, porque que un hombre que hasta ese momento de su vida solo se hubiese dedicado a manejos políticos, negocios oscuros y poder, lo eligiera a punto tal de necesitar un marco legal para el amor que sentía por él, era más que suficiente.
Volvieron a la mansión en Sinaloa una noche cualquiera y sin hacerse anunciar. Ellos, el Pote y Beto que todavía no sabía si había decidido acompañarlos o había sido arrastrado por la historia. La comitiva militar se había retirado de a poco, pero sacaron sus últimos hombres el mismo día en el que ellos tenían pensado arribar.
Entraron silenciosos como si nunca se hubiesen marchado, dejando a su paso a la gente que vivía en ella con la boca abierta y el alma esperanzada.
_¡Patrón…! ¡Ha vuelto! _ La voz corrió por toda la mansión. _¡El patrón ha vuelto y con el joven Pedro!
Hubo expresiones de cariño inesperadas, lágrimas y emoción. Abrazos con su gente que nunca antes se había permitido y que lo miraban fascinados por su regreso.
_Gracias…_ Les decía mientras los abrazaba uno por uno. _Gracias por quedarse, por resistir y por cuidar de mi casa aun en medio de tanto peligro. Gracias.
Pedro observaba la escena en silencio con una frase cruzando por su mente. “Si en esta historia de nuestras vidas, alguien le salvó la vida a alguien ese fuiste vos. Porque yo estaba muerto” Que diferente era este hombre al que había cruzado junto a él la puerta de esa misma mansión la noche del catorce de Septiembre.
_Bueno, _ dijo El Rey reponiéndose de la emoción _ nosotros vamos a ponernos presentables y ustedes preparen la mejor fiesta que puedan para todos. Todos. Esta noche los necesito a todos conmigo.
El Pote se encargó de guiar a Beto dentro de la casa. Ellos cruzaron los largos pasillos y volvieron a abrir la puerta detrás de la cual, vacías de gente pero saturadas de recuerdos estaban las habitaciones en suite donde habían dormido muchas noches separados y solo una noche juntos.
Pedro entró primero, aun de espaldas escuchó la puerta cerrarse y esa respiración imponente que lo paralizaba y lo movilizaba al mismo tiempo. Se quedó parado en medio de la habitación. Lo sintió acercarse y en segundos el calor de su cuerpo le recorrió la espalda. Lo abrazó por detrás y lo mantuvo pegado a su pecho. Las manos entrecruzadas sobre su vientre plano dejaban ver dos aros dorados en los anulares izquierdos. El símbolo nupcial. El compromiso conyugal. Lo mecía contra su pecho.
_Ya pasó amor. Ya estamos en casa.
Pedro separó solo una de sus manos y sin cambiar de posición, estiró el brazo hacia atrás para acariciar sus cabellos. Guillermo hundió la cabeza en su cuello.
_Aun recuerdo la mañana que dejamos esta habitación mientras la prensa inundaba los jardines. Te juro que nunca imaginé que algún día íbamos a volver.
_Ni yo. Y mucho menos tan pronto. Que generoso ha sido el destino conmigo, que extraños y sorprendentes pueden ser los caminos de la vida. Una noche de Septiembre salí de esta casa en busca de una agenda y volví con el amor de mi vida. Una mañana dejamos esta casa pensando que nunca volveríamos y acá estamos.
_Algo habremos hecho bien para recibir semejante bendición, no crees?
_Puede ser. _Lo giró entre sus brazos hasta tenerlo de frente y lo abrazó por la cintura. _ Puede ser que hayamos hecho algo bien, pero si de algo estoy seguro, es que hay justamente algo que cada día nos sale mejor…
Pedro no pudo evitar reír y abrazarse a su cuello, era increíblemente cautivante y seductor.
El Rey de Sinaloa buscó sus labios y comenzó a besarlo mientras investigaba con avidez su piel debajo de la camisa.
_ Llevame a la cama.
Esa risa entre dientes, cautivante y persuasiva. _Ni lo sueñes.
Sin soltarse de su cuello Pedro lo miró sin entender pero sin dejar de sonreír. _ ¿No querés hacer el amor conmigo?
Perdido entre sus hoyuelos y su piel, comenzó a quitarle la ropa con tanta lentitud que Pedro sintió que las plantas de los pies se le despegaban de la Tierra.
_ ¿Cómo no voy a querer hacer el amor con vos? Sos tan hermoso como un ángel, Pedro. Te amo y te deseo tanto, pero no voy a llevarte a la cama, no todavía. Tengo una asignatura pendiente con vos. _ Lo levantó por la cintura, lo llevó hasta el hall que separaba las dos habitaciones y lo tiró sobre la alfombra. _Ahora vamos a terminar acá lo que acá empezó. ¿Te acordás como me provocaste sobre esta alfombra?
Verlo debajo de su cuerpo, despeinado y entregado sobre la alfombra sin dejar de sonreír lo enloqueció de deseo. Arrancó lo poco que quedaba de ropa y se perdió en su cuerpo.
_Fue un milagro que aparecieras. Fuiste mi rescate a tiempo, mi salvación, una razón para vivir. La seguridad que nunca tuve. No se decir cuánto te amo, porque medir esto que siento es imposible. A veces me parece que no tengo lugar en el cuerpo para tanto amor. Te amo Pedro.
Volver a hacer el amor en el mismo lugar donde lo habían hecho por primera vez fue reparador. En casa y a salvo. Toda la adrenalina del peligro que los había unido había terminado.
Esa noche sí que sonaron corridos y corrió tequila, fue una pequeña fiesta entre ellos y la gente que vivía y trabajaba en la mansión que no cabía en sí de la alegría de tener en casa a su Rey. Pero esa noche, El Rey que era todo un caballero, le pidió a la gente que estaba a su servicio que compartieran con ellos la mesa. Al principio se mostraron reticentes, pero él volvía de la muerte y los necesitaba a todos. Todos sus afectos juntos en medio de ese espacio ornamentado con exactitud. Este Rey rescatado por el amor de un hombre, la lealtad de su gente y la fidelidad de su pueblo, en poco se parecía al Rey del Sur y la carga de su leyenda antes de Pedro. Esta gente trabajaba para él, pero también formaban parte de su pueblo, el mismo pueblo que lo había salvado del olvido y del exilio, por eso insistió hasta que accedieron.
Todo estaba terminando, o todo acababa de empezar, según como cada uno lo quisiera mirar.
De fondo sonaban esos corridos que Pedro antes detestaba y ahora lo hacían delirar, Los Falcons, Abigail, Javier Rosas… Todos cantando leyendas con sus aspectos rudos, bigotes enormes y camisas a cuadros, pero este era el mejor corrido que se había escrito en todo Culiacán y toda Sinaloa, una historia de amor entre dos hombres y la libertad como un privilegio de ser, elegir y pertenecer.
FIN
P/D – Es imperante darles las gracias a todos los que confiaron en esta historia con un trasfondo poco convencional y con escaso espacio para la prosa romántica y poética, pero que aun así, me acompañaron cada noche en esta dulce locura.
Gracias a todos y a cada uno en especial, compañeros de viaje. Los llevo en mi corazón.
Gracias Dios por este regalo, este legado… la magia de crear ficción. Porque la ficción siempre sana.
Gracias a las musas que me abastecieron de imágenes, gestos y diálogos.
Gracias Arturo Pérez – Reverte por esa narración apasionante sobre la verdadera historia de Teresa Mendoza, La Reina del Sur y especialmente, quiero dar las gracias a mi hermano, por haber puesto ese libro entre mis manos en el momento justo y con ese gesto tan simple, haberle abierto las puertas a este vuelo que nunca olvidaré.
Besos a todos, bendiciones y la mejor de las vidas.
Guillermina Pedris.
Ay Sandra Cómo poder hablar o escribirte ago después de una historia así Y de un final así. Si pudiera decir algo más que "Es simplemente perfecto" Te juro que lo escribiría Si toda la historia me tuvo flotando entre algodones, este final, me dejó extasiada. Impecable tu forma de contar cada sentimiento, cada detalle, cada escenario, cada personalidad. Hermosa. Cómo te lo dije hoy, escribis tal cual tu corazón. Por eso no estoy triste. Es una hermosa historia que voy a leer y releer mil veces. Y sé que pronto saldrá otra obra maestra de ese corazoncito y de esa cabecita. Gracias gracias gracias y 1000 gracias por esta historia Sandra. Por nunca dejarnos Y, como vos decís siempre, sanarnos el alma. Besos Romina
ResponderEliminarEsa situación en el avión, esa escena de celos de Pedro, esa "aclarada" de Guille a Beto "...pero el único que duerme en esta casa con Pedro soy yo. ¿Me entendiste?", ese casamiento tan Guille, ese reencuentro con la masion y la alfombra, simplemente PERFECTOS! :) Besos Romina
EliminarRomi... mi corazón, no sos la única que se queda sin palabras. Desde que escribí la palabra FIN tengo el corazón en Stand By. Tengo esa sensación como de haberlo dicho todo y por ahora todavía me pregunto ¿podré volver a escribir con tanta intensidad? Confiemos que si. Tal vez con el paso de los días el alma se vuelva a llenar de sueños y y llegue el momento de volcarlos sobre una página en blanco. Igual estoy inmensamente feliz, fue todo un desafío abordar este tema y hoy me siento bien de haber corrido ese riesgo. Gracias por tu paciencia, por tu ansiedad y por todo el cariño que no parás de dar. ¡Abrazo Guilledrista y un beso inmenso!
EliminarSin palabras...asi quede...cuando pueda volver a enlazar letras que expresen lo que siento te comento nuevamente...simplemente gracias Guillermina Pedris
ResponderEliminarGracias a vos Sil, por tu compromiso con la historia transmitiendo las primeras imágenes de cada capítulo con cada foto, gracias por tu tiempo, por tu buena onda y tu eterna disposición. ¡Graciasssss! Infinitamente gracias amiga. ¡Besosss!
EliminarBueno....hay que comentar....definitivamente tengo un enorme problema con los finales de algunas fics....no me pasa siempre pero con Narcos me pasó...para mi el cierre de cada capítulo es el comentario que dejo y evidentemente no podía cerrar este ultimo capitulo de Narcos...en primer lugar esta de mas tu agradecimiento, sabés que AMO hacer las fotos ...todas, pero las de narcos tenían un plus, no se si será la temática tan especial, el lenguaje tan mexicano, o si será tu exquisita escritura, fue emocionante hacer todas y cada una de esas fotos Gracias por ese honor! que te puedo decir e este capitulo?, sería redundante...me encantó, todo...el encuentro con Beto...los celos de Pedro (tan él) el Pote! mi amor!! ese rencuentro con Buenos Aires y con su infancia! este Guillermo me fascinó...los dos! pero Guillermo....(que es mi debilidad) me conquistó tranquila pero irremediablemente...Pedro...bueno Pedro es Pedro que se yo...siempre conquista...Gracias por regalarnos esta historia tan diferente y tan WOW! Gracias por tu tremenda escritura y gracias por tu hermosa ammistad!!! Te quiero y te abrazo con el alma!!
EliminarNuevamente Gracias Sil! Infinitamente gracias... Te quiero amiga! ¡Besossss!
EliminarYO YA LE HABÍA DICHO A USTED QUE SI NO LLEGABA HACER BUENO EL FINAL LA IBA A PUTEAR , BUENO ESTOY SIN PALABRAS HERMOSA HISTORIA Y BUENÍSIMO ESE FINAL APLAUSOS DE PIE MARA ROSAS
ResponderEliminar¡GRACIAS MARA! MAS QUE ALEGRARME POR HABERME SALVADO DE SU SARTA DE PUTEADAS, ME ALEGRO POR NO HABERLA DECEPCIONADO CON ESTE FINAL. ¡UN ABRAZO INMENSO Y NOS NOS VEREMOS EN LA PRÓXIMA AVENTURA!
EliminarEste final. sin palabras..es todo tan perfecto, tan emotivo, tan noble!! Cada personaje tan bien descrito.. realmente estoy enamorada de Narcos.. es verdad que tenía que tener un final pero este superó todas mis expectativas... Ya no se como expresarte mi admiración y agradecimiento que siento por vos ,cómo escritora y como persona..Muchas pero Muchas gracias. Con todo mi cariño. Pilar
ResponderEliminar¡Gracias Pilar! No fue nada fácil escribir este final... En general no me llevo bien con los finales, siempre me entristecen, pero al leerlas me siento feliz de no haberlas decepcionado. ¡Un abrazo inmenso, fuerte, Guilledrista y nuevamente gracias por haberme acompañado en esta aventura! ¡Besosss!
EliminarWooooow! Qué final!!! Un broche de oro para una fic que va a quedar en la cima de las historias guilledras! Infinitas gracias Guillermina Pedris por animarte a contar una historia diferente y tan fuerte... La disfruté enormemente de la primera a la última palabra... En este momento se me pianta un lagrimon de saber que llegó a su fin, pero lo maravilloso es que podemos releerla y revivir tantas emociones todas las veces que querramos... No tengo mucho más que decir porque los sentimientos sobrepasan ampliamente las palabras... Sólo gracias, gracias y más gracias! Te quiero con el alma!!!
ResponderEliminarGuille, Fiore, Tocaya... Tocaya! Wooow que se me piantan lagrimones! Nunca es fácil escribir la palabra FIN. Corazón, soy yo la eternamente agradecida por tanto aliento, tanta compañía y tanta confianza que pusieron en un tema tan escabroso. ¡Gracias, gracias infinitamente gracias! Y yo también te quiero con el alma... Un abrazo inmenso amiga!
EliminarBellísima historia, un final acorde al amor de ellos y su lugar en el mundo.
ResponderEliminar¡Gracias Vale! Jugada con los tiempos, pero siempre presente. ¡Gracias y un abrazo inmenso amiga!
EliminarQue hermosa historia! Tuvo de todo, pelea, amor, celos y lo mas importante las reconciliaciones llenas de pasion!
ResponderEliminarMe encanto de principio a fin, la forma, el lexicon todo!!
Ojala te inspires pronto porque es muy lindo leerte!! Besos de un anonimo! Y gracias!
¡Gracias, gracias infinitamente gracias! Me encantó lo del "lexicón" ¡Gracias una vez mas!
EliminarFinal perfecto! Con anillos y matrimonio, con regreso al hogar que los vio comenzar a enamorarse, por supuesto fiel al estilo de la historia, a la forma de los personajes, sin derrochar poesía (lo que te habrá costado!) pero con una perfección narrativa pocas veces vista. Me llevo de esta fic un dulce recuerdo de aquellas noches de tequila, tabaco y alcohol, gracias por animarte a recorrer caminos impensados, por poner el alma en cada palabra, por hacer de estos Pedro y Guillermo un nuevo par inolvidable y perfecto... Ojalá las musas te sigan susurrando al oído, (tan escasas que andan últimamente), un beso enorme y hasta siempre, Guillermina Pedris! ♥♥♥
ResponderEliminar¡Gracias Mary! Cuanto bien me hacen tus palabras, porque, como habrás leído fue muy difícil escribir este final. A punto tal que me dejó una sensación extraña, como de vacío, como si por dentro sintiera que no voy a volver a escribir nunca mas... Espero solo sea una sensación y que se pase pronto. Lo que mas amo en el mundo es crear ficción y si entro en otra etapa meseta me muero de tristeza. Crucemos los dedos y confiemos en que el universo conspire a favor.
EliminarMe quedo abrazada a tu dulce recuerdo, esas noches de tequila, tabaco y alcohol en las que el amor fue naciendo.
¡Gracias por haberme apoyado siempre siempre siempre en esta fic de caminos tan extraños! Un abrazo inmenso y Dios quiera algun día las musas te tiendan una trampa y no te dejen salir de ella hasta haberte dictado una nueva historia descomunal, se extraña tu pluma amiga. ¡Abrazo inmenso mujer!
PENSAR QUE NO ME GUSTABA PERO NI UN POQUITO ESTE DUEÑO DE SINALOA QUE YA COMIENZO A EXTRAÑAR.
ResponderEliminarINFINITAS GRACIAS POR TANTO PERO TANTO AMOR.
UNA HISTORIA,DIFERENTE,JUGADA,EXCELENTEMENTE NARRADA.
ESA VISITA FUGAZ POR BUENOS AIRES ME DEJO CON GANAS DE MAS...PERO SIEMPRE SE VUELVE AL PRIMER AMOR, DICEN.
P/D.ESCUCHAME REY,DUEÑITO DE SINALOA A VER SI TE DAS UNA VUELTA POR BUENOS AIRES INVITAS A TU PEDRO,AL POTE, A PASAR UN FINDE EN UNA CABAÑA,CERCA DE UN RÍO DONDE LAS NOCHES SON SOÑADAS, DONDE CON TEQUILA, O SIN TEQUILA SE TERMINA MIRANDO EL CIELO Y DESEANDO LA NOCHE MAS BELLA.
"Cuando caiga la tarde, lo verás salir
arrastrando de casa el calor del hogar.
Cortará alguna flor, besará a su mujer,
perseguirá la estela de un cometa fugaz.
Y en la calle lo verás abrir la flor de su secreto.
Y empezará a soñar.
Quizá vaya al billar a mirar hombres y posturitas.
Quizá invente una cita
con un Adonis para él.
Ningún hombre lo amó.
A nadie reveló su pasión y los juegos,
el deseo clandestino.
No hubo cartas de amor,
no hubo día del orgullo.
No le devolverán los veranos perdidos.
Y Cernuda lo ve suspirar, triste, desde el Parnaso.
San Sebastián asaetado reza por tus pecados,
llora por ti, no olvida
al que sufre en silencio
a su oveja perdida.
CORO:
Miran al cielo y piden un deseo:
contigo la noche más bella.
Amores imposibles
que escriben en canciones
el trazo de una estrella.
Cartas que nunca se envían.
Botellas que brillan
en el mar del olvido.
Nunca dejes de buscarme
la excusa más cobarde
es culpar al destino,
es culpar al destino."
MONICA DE LANUS
MÓNICA DE LANÚS, ACABÁS DE SUSURRARLE UNA IDEA MUY HERMOSA A LAS MUSAS DE GUILLERMINA PEDRIS QUE HA LLEGADO A ESTE FINAL CON UNA CRISIS DE ESCRITORA... YA ME LO AGENDO, ¿PORQUE NO VOLVER ALGUNA VEZ A ARGENTINA A MIRAR LAS ESTRELLAS CERCA DE UN RÍO? A MIRAR AL CIELO Y PEDIR UN DESEO... CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA. LA FICCIÓN TODO LO PUEDE. LA FICCIÓN SIEMPRE SANA. GRACIAS POR LA IDEA, OJALÁ PUEDA VOLVER A ESCRIBIR PRONTO, MUY PRONTO.
Eliminar¡GRACIAS MÓNICA POR TU LEAL COMPAÑÍA SEA CUAL SEA EL CAMINO QUE HAYA DECIDIDO RECORRER! UN ABRAZO INMENSO Y POR SIEMPRE GUILLEDRISTA MUJER! ¡BESOSSSS!
Ayyy mi querida Sandra, que emoción inmensa leerte, recién llegó a éste final de película, encantador, totalmente enamorada de éste Rey y su dulce Pedro, y no me cabe tanto amor en el pecho, felicitaciones, un lujo, mi deseo que las Musas te sigan acompañando, te quierooooo Marian.��
ResponderEliminar¡Marian! ¡Que hermosa sorpresa! No había visto tu comentario corazón! Gracias, gracias y mil gracias por todo! Por tu hermosa devolución y por tus super hermosos deseos! Te adoro amiga! ¡Un beso inmenso y un abrazo Guilledrista!
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