
Dedicatoria especial para Mirta Ardemagni
***
Sobre el escritorio, el celular de Pedro comenzó a vibrar. Guillermo estiró la mano y espió la pantalla. Número desconocido. Levantó la vista buscándolo y como no lo vió por los alrededores, atendió.
-Sí, hola…
-¡Hola Pedrooo adiviná quien soy, mamarracho! –le arrojó una voz masculina con total desparpajo. Le subió la bilis a la garganta con tanta familiaridad.
-Y, la voz de boludo me suena conocida pero no estoy seguro… -susurró bajito por las dudas que Pedro estuviera cerca y lo escuchara, y para despistar al que llamaba.
-¡Pero qué culiado cómo no me vas a sacar, infeliz! Ya sé que hace varios años que no nos vemos, pero esta voz de macho es inconfundible locooo!
-No tengo tiempo para adivinanzas, decime o corto.
-¡Serán estos teléfonos de mierda que deforman la voz, la tuya tampoco se parece! ¡Soy Diego…!
-¡Ah… Diego! Pero… qué Diego?
-Boludo, me estás cargando?
Acto seguido sonó un pitido en el celular y la pantalla se apagó. Estaba tratando de encenderlo nuevamente justo cuando entró Pedro al despacho.
-Ah, no qué tarado, me olvidé de ponerlo a cargar… dame –le quitó el celular de la mano y lo enchufó al cargador.
-Te llamó alguien recién… -le informó haciéndose el desinteresado mientras leía un escrito.
-¿Sí?
-Sí, un tal… Diego, puede ser? –preguntó casual mientras lo espiaba de reojo.
-Diego… no sé… no conozco ningún Diego que tenga mi número.
-Pedro, todos conocemos un Diego.
-Ah, sí? Pero yo no…
-A lo mejor le diste el número hace mucho y no te acordás… -deslizó esforzándose en seguir pareciendo indiferente. Pedro se acomodó en el silloncito y dejó perder la vista en el techo tratando de hacer memoria.
-No, será equivocado entonces –concluyó al cabo de un minuto sin poder dilucidar de quién se trataba-. Bueno, entonces esta noche vamos a comer afuera?
-Por supuesto, amorcito… hoy es mi cumpleaños y no se cocina. ¿Reservás la mesa vos? Yo me tengo que ir a buscar un par de trajes a la tintorería.
-Genial, hace mucho que no salimos… Si, andá, yo llamo.
Cuando Guillermo se fue, corrió a hablar con los demás.
-¡Chicos! ¿Tienen todo preparado?
Gaby abrió el cajón de su escritorio y sacó una bolsa, le mostró el contenido toda entusiasmada. Adentro había cotillón como para celebrar el cumpleaños de todo el estudio.
-Yo me voy a buscar los sanguchitos que encargamos –le informó Beto-. La torta la trae Isabel, me dijo que le iba a hacer una decoración especial. Me preguntó si le ponía una vela grande o varias chiquitas... yo le dije que varias chiquitas quedaba más linda, viste... ¿Hice bien?
-No, salame, a los adultos se les pone una sola vela... querés provocar un incendio? –le contestó Pedro sintiéndose mal de antemano al imaginar la cara de Guillermo cuando la viera.
-El incendio es que alguien se ponga a contarlas y deduzca cuántos cumple... –dijo Marcos con su acostumbrada sinceridad.
-No importa chicos, Guille ni se va a fijar si es una o son cien, le molesta lo mismo... Vení Marcos, ayudame a poner las guirnaldas… quién se encarga de la música? –preguntó Gaby.
-Yo! -levantó la mano Matías desde su escritorio.
-Bueno, entonces todo marcha viento en popa –dijo Pedro satisfecho-. Apúrense porque no creo que tarde.
…
“Uy la puta madre, es tardísimo…” Estaba saliendo de la tintorería cuando se cruzó con un cliente que le debía plata y no tuvo más remedio que aguantarse la perorata del tipo que se puso a llorar sus desgracias para justificar la demora en el pago. Cuando se quiso acordar, estaba anocheciendo y dedujo que Pedro ya estaría a punto de irse del estudio. Llegó casi sin aliento, al entrar, estiró la mano para encender la luz pero el interruptor no funcionaba. Le extrañó que se hubieran ido todos sin esperarlo, sobre todo Pedro, y puteó al pensar que se había cortado la luz. Se dirigía tanteando hacia la cocina para buscar una vela, cuando de pronto las luces se encendieron y el estudio se convirtió en un arbolito de navidad.
“-Que los cumplas feliz, que los cumplas feliz, que los cumplas Guillermooo que los cumplas feliz!!!” –aullaban todos entusiasmados mientras agitaban maracas y soplaban matasuegras.
-¡¿Qué mierda es ésto?! –dijo mientras se tapaba los oídos y procuraba no demostrar lo emocionado que se sentía, después de todo cuando uno se hace fama de duro hay que conservar la apariencia hasta el final.
-¡Feliz cumpleeee Guille! –todos se acercaron a abrazarlo y besarlo y en un minuto estaba rodeado de regalos.
-Pero chicos… ya saben que no me gustan los regalos… qué boludos… -Iba a empezar a abrirlos para no quedar muy ortiva cuando advirtió que Pedro no se encontraba entre los que lo rodeaban.
-¿...Y Pedro?
Antes que nadie pudiera responderle, se abrió la puerta y entró al estudio el susodicho acompañado de un tipo alto y flaco que Guillermo no conocía. Pedro se acercó y sin abrazarlo ni besarlo ni nada por el estilo le presentó al que lo acompañaba.
-Guillermo, él es mi primo Diego… el que me llamó hoy por teléfono.
Estiró la mano con cierta reticencia y lo scaneó sin disimulo. No se lo podía catalogar de galán en el estricto sentido de la palabra, pero tenía un aire bohemio y relajado y un par de ojos verdes que invitaban a quedarse mirándolos por un buen rato. Instintivamente su mente lo rotuló como especimen peligroso. Primo o no primo, tenía la suficiente cuota de testosterona para hacerle sentir la necesidad de montarlo en un microscopio y desmenuzarlo como a un bicho de cuidado.
-Encantado... Diego... –se volvió hacia Pedro-. No era que no conocías a ningún Diego, vos?
Pedro se ruborizó sin poder evitarlo. –Es que en la familia nunca lo llamamos así. Para nosotros siempre fue “Tito”. Me cuesta llamarlo por su nombre verdadero.
-¿Vos sos el jefe de Pedro? –preguntó el flaco mientras se servía un sanguchito que Beto acababa de dejar en una bandeja sobre la mesa-. Está lindo tu estudio… le haría falta una lavada de cara, pero bueno, zafa… Che, y qué se festeja?
-Nada, el cumpleaños de Guillermo… llegaste justo, boludo… -le contestó Pedro con una sonrisita y lo miró de reojo a Guille que le clavó en respuesta una mirada intrigada.
-Pedro, vení un momentito –dijo agarrándolo de un brazo mientras lo arrastraba al despacho. Una vez adentro lo soltó y lo fulminó con la mirada-. Te conozco y no me gusta nada esa cara de culpable…
-Ehhhhh…. –farfullaba Pedro evitando cruzarse con sus ojos láser.
-¡No te puedo creer… no le dijiste!
-Mi amor… es complicado de explicar… hace como quince años que no lo veo. Mi primo no tiene ni idea de… bueno, no sabe ni que soy homosexual. Apenas hacía cinco minutos que me lo había encontrado, me llamó y le dí la dirección y bueno... no tuve tiempo de contarle.
-Es simple, vamos, lo llamás aparte y le decís “flaco, me olvidé de comentarte que Guillermo es mi pareja”, como diría Beto, corta la bocha. Y a otra cosa, no me gusta esto de andar disimulando porque tu primito no se enteró.
-No es tan sencillo, amor… hay un pequeño problemita…
-¿Cuál?
-Eh… Diego es un poco… como decirlo sin que suene mal… es un poco… homofóbico.
-¿Me estás jodiendo? ¿Y a mí qué carajo me importa que tu primo sea homofóbico?… Si le tiene miedo a los putos que se haga exorcizar, Pedro. Me chupa un huevo.
-Ya sé, mi amor… en algún momento encontraré la manera de decírselo, pero ahora… la verdad me da cierta vergüenza.
Guillermo sintió que le subía la mostaza pero hizo un esfuerzo por templarse. Después de todo, a él también le costaba admitirlo antes… le sonrió a Pedro intentando tranquilizarlo.
-Está bien, precioso… vamos y disfrutemos de esta fiestita que me prepararon. Ya encontrarás la ocasión.
Y para reafirmar la profundidad de sus buenas intenciones, le estampó un beso apasionado sobre los labios. Pedro se le prendió como Testigo de Jehová al timbre, de repente la idea de volver a la fiesta no le parecía tan interesante.
-Eh chiquitín, cuidado… no estamos solitos…
-Aprovecho ahora mi amor porque ahí afuera no voy a poder demostrarte nada… dejame sacarme un poquito las ganas así llego más tranquilo a la noche.
-No cielito… si te agarro como corresponde, de la sonrisa Colonia que te va a quedar tu primo no te va a reconocer… mejor comportémonos como dos seres civilizados, más tarde te doy tu merecido.
-¿Sonrisa colonia? Me perdí de algo?
-Nada, nada, tonterías mías...
Salieron riéndose y el primo de Pedro se les acercó con un vaso de cerveza en la mano. Como la música sonaba fuerte tuvo que gritar un poco.
-Che primo, se nota que es copado el trompa, eh! Tenía cara de garca pero se ve que se llevan bien.
-Si, jaja no sabés… -le contestó evitando mirar hacia donde está Guillermo para no toparse con su mirada derretidora de casquetes polares.
-¿Quién es la chichí esa, la colorada? -preguntó señalándola a Gaby-. Está re potra la guacha… Si la agarro le van a tener que dar cinco asignaciones por hijo de una sola vez…
Guillermo lo miró frunciendo el ceño. –¿Qué dijiste, flaco? Me parece que te estás desubicando un poquito!
-Ah pero mirá que sos estirado vos, eh… no me digás que no le tenés ganas también… Seguro que si te diera bola le das hasta que Belgrano salga campeón!
-Shh Diegoooo pará que Gaby es una compañera abogada, no le faltes el respeto que Guille se pone loco…! -le dijo mientras lo agarraba del brazo y lo alejaba de Guillermo.
-¿Y yo qué dije de malo? Sí está rebuena la mamasa, eso no es faltar el respeto… A que vos le echaste el ojo, eh? Si habremos cazado viejas vos y yo allá en el pueblo…
-Pasó mucha agua bajo el puente, primo… y con respecto a Gaby, ojo que está con el rubio aquel y si se llega a dar cuenta que la miraste sos hombre muerto.
-Naaa me estás charlando… ¿el cara de pinchila ése…? Es mucha mina para él.
-Dale, andá y preguntale –le dijo retándolo a que fuera y se convirtiera en puré de pescado. Tal vez así se lo sacaba de encima y sin quedar incriminado.
-No, tan chupado no estoy… che, y el dogor, el cachalote aquel… no me digás que es boga también… tiene una cara de chanta!
-Callate loco, me van a prohibir que vuelva a traer un pariente… no me hagas quedar mal –le rogaba Pedro al borde de la desesperación.
-Bueno no te calentés, voy a prepararme un fernet a la cocina… porque me imagino que tienen fernet, no?
-Si, andá que hay de todo allá –le contestó empujándolo con una gran sonrisa y un más grande alivio. Apenas se fue, Guillermo se le acercó nuevamente.
-Amorcito… ¿Tu tía tuvo viruela cuando estaba embarazada… o en tu familia son todos así?
-Perdón mi vida… te prometo que ningún otro miembro de mi familia pisa más este lugar.
-Y otra cosa… de dónde carajo es? Tiene una tonada conocida.
-Decime que no te diste cuenta que es cordobés y voy a pensar que vivís en un frasco de mermelada, Guille…
-Sea lo que sea, perdoname pero es flor de pelmazo. ¡No veo que la hora que se termine esta fiesta y se vayan todos!
Iba a contestarle que no fuera tan mala onda cuando los interrumpió Beto. Supusieron que era él por los ojos claros que asomaban chispeantes en los pequeños orificios de su traje de Hombre Araña. A su lado Gabriela sonreía a toda vela enfundada en un disfraz de Gatúbela ajustado y provocativo. Miraron a su alrededor y descubrieron el ambiente surrealista que de pronto los había invadido como por arte de magia. Marcos de Thor, Isabel de Vilma Picapiedra y Matías de Superman completaban un panorama devastador. Sólo faltaban los zombies de Walking Dead para armar la joda completa. Pedro creyó por un momento que alguien le había puesto droga en la bebida y Guille se sintió tentado a salir corriendo antes que se le contagiara la locura.
-¡Sorpresa! –les gritaron todos y entonces Beto les alcanzó sus trajes.
Guillermo y Pedro los miraron y se quedaron atónitos. Un disfraz de Batman… y el otro de Mujer Maravilla.
-¿Qué mierda es esto! –exclamó Guillermo indignado sosteniendo el traje negro con la punta de los dedos y mirándolos con furia.
Pedro observaba los trajes sin poder terminar de creer lo que veía. Preguntó con voz temblorosa. –¿Y por qué yo de Mujer Maravilla?
Marcos tomó la palabra. –Perdón Pedro, es que no quedaba ningún traje masculino de tu tamaño… estamos entre amigos… no te preocupes, es bastante grande la bombacha, no se te va a ver nada! Si Flor de la V puede, vos también!
Todos largaron la carcajada y Guillermo sintió la imperiosa necesidad de agarrar a alguien por el cogote y hacer justicia por mano propia.
-¡Chau Pedro, esta fiesta poronga se termina acá, mi paciencia tiene un límite!
Pedro lo tuvo que seguir casi corriendo hasta la puerta y lo alcanzó justo antes que manoteara el pomo y saliera disparado hacia afuera.
-Esperá mi amor… dales otra oportunidad… no sabés todo lo que trabajaron. Son unos boludos pero lo hicieron con cariño…
Guillermo miró hacia adentro y alcanzó a ver las caras compungidas. Empezaba a sentirse desagradecido, después de todo eran sus amigos y a los amigos se les perdona cualquier cosa. O casi.
-Dale, Guille… vení y brindemos –dijo Matías mientras se apropiaba de una botella de champagne-. No tienen obligación de ponérselos, es optativo ésto.
Finalmente aflojó y se acercó a brindar con el aquelarre de disfrazados. En ese momento apareció el primo de Pedro con un vaso de fernet en la mano y comenzó a desternillarse de risa apenas los vió.
-¡Qué culiados jajaja primooo…! -la risa se le congeló al ver el traje de Mujer Maravilla que aún Pedro conservaba en la mano.
-¿Y éso…? ¿Ese es tu disfraz? –el tono de su voz había cambiado y se notaba incredulidad y hasta un marcado desagrado.
Pedro lo miró a Guillermo y Guillermo se encogió de hombros. Parecía decirle con la mirada “Y bueno, aprovechá y contale…”. Pero Pedro no tenía la menor intención de contarle nada.
-No… es que… esperábamos a una amiga que no pudo venir… el mío es el de Batman…
-Ah… ¿Y tu jefe, de qué se disfraza?
“Me disfrazo de heterosexual” se vió tentado a decirle pero se silenció a tiempo.
–No, Diego, yo no me disfrazo porque soy el homenajeado… estoy eximido de esa pelotudez.
-Guille, es hora que abras tus regalitos… -exclamó Gaby entusiasmada- vení, acercate y abrilos… ¡Tenés que adivinar de quién es cada uno!
Guillermo suspiró resignado y abrió el primero que le alcanzó la colorada. Un kit de asador.
–Humm… este seguro es de Beto. Ya es el tercero que me regala.
-¡Hundido! –se rió Beto.
-Una corbata preciosa… Gaby.
-Siiii –aplaudió Gabriela contenta.
Un secador de pelo. –Y, este por lo inútil debe ser de Marcos…
-Perdón, Guille… me quedan todavía del cliente que me encajó los electrodomésticos… algún uso podés darle, a lo mejor te sirve para calentarte los pies en invierno –le dijo y todos largaron la carcajada.
-Muy gracioso… -rezongó mientras abría el siguiente regalo-. A ver… un perfume… -lo miró a Pedro quien bajó la vista sonrojado-. De mi “empleado” favorito.
Nadie entendió muy bien por qué lo llamaba así, pero todos aplaudieron el acierto con que había adivinado todo.
-Falta el mío… -deslizó sugerente Matías mientras le alargaba un paquetito-. ¡El mejor de todos!
Rasgó el papel y dejó el contenido a la vista. Un set de dos diminutos slips, uno de leopardo y otro de tigre.
-¡Vos elegí el tuyo y el otro lo uso yo! –le dijo a la vez que le guiñaba un ojo a Pedro, provocador.
Todos se rieron porque entendieron la broma pero Guille y Pedro se miraron serios y luego lo miraron a Diego. Éste frunció las cejas más no dijo nada. Mientras se dispersaban y atacaban la mesa de dulces, Guille le susurró a Pedro en el oído. –Andá y deciles a todos con carpa que no jodan más porque tu primo ya se está avivando…
Pedro asintió y se fue a pasarles el dato con disimulo mientras Guillermo guardaba los regalos. Cuando lo buscó a Marcos para decirle no lo encontró. Le preguntó a Isabel y ella le contestó que a lo mejor había ido a buscar a los strippers.
-¡Qué strippers…!?
-Los que contrató para animar la fiestita… ay no sabés, son un amooor. Mario y Luigi se hacen llamar…
No bien terminó de decirlo, se abrió la puerta del estudio y entraron dos patovicas vestidos como los hermanos Bross, uno con mameluco y gorra verdes y el otro en colorado, como correspondía a sus personajes. Antes que Guille o Pedro pudieran impedirlo, comenzaron a bailar en el medio del patio mientras iban despojándose de las prendas al ritmo de una canción de Locomía. Todos aplaudían y los animaban silbando con fervor exagerado, producto tal vez de la segunda ronda de champagne que ya circulaba con abundancia. Diego se acercó a Pedro y le preguntó de una.
–Decime, primito… por qué le trajeron strippers hombres a tu jefe? ¿Y qué fue eso de los slips de maraca?
Pedro tragó saliva y le hizo una sonrisita tranquilizadora.
–Nada, unas bromitas… mi jefe es re machazo… para hacerlo engranar.
Diego se quedó pensativo y con cara de pocos amigos. –Me voy a la bosta, Pedro… estos gays me dan naúseas… avísame cuando termine el showcito. Me quedo en la cocina tomando algo, mientras.
No bien desapareció Pedro le hizo un gesto a Marcos de que le iba a cortar la cabeza. Guillermo lo llamó a su lado y le pidió que se llevara a los mariposones en menos de lo que cantaba un gallo o en caso contrario iba a correr sangre.
-Qué pasa, che…-protestó Marcos-. Me salieron caros los pibes éstos…
-No, llevátelos Marquitos, el primo de Pedro es un neanderthal, no puede ni ver a los putos. No queremos escándalos. Dale o me voy a la mierda yo.
La fiesta decayó un poco cuando se retiraron los strippers así que Isabel aprovechó para ir a la cocina y buscar la torta. Lo hizo salir al primo de Pedro al patio y esperar con los demás para darles la sorpresa. Beto apagó las luces y comenzaron a cantar el cumpleaños feliz apenas Isabel irrumpió en el patio con la torta entre sus manos. Todos palmeaban mientras se acercaban a apreciar la decoración que tan amorosamente había preparado. El “feliz cumpleaños” fue cayendo nota por nota a medida que iban viendo el adorno: una hermosa foto en calidad HD de Pedro y Guille comiéndose la boca, rodeada de flores y velitas. Infinidad de velitas que ojalá prendieran fuego a la torta ya mismo, pensó Guillermo mientras se abanicaba con una servilleta de papel.
Todos lo miraron a Diego que se había quedado literalmente con la boca abierta. Pedro estiró el brazo y le tocó el hombro. –Primo, disculpá… quisiera que no te hubieras enterado de una forma tan brusca…
Diego se giró a mirarlo pálido y balbuceante. –Pe pe pe pe…
-No sé como explicarte Tito... Digo Diego... –Pedro se sentía al borde del desmayo también. Lo único que le faltaba era perder el aprecio de un primo que acababa de recuperar después de tantos años de no verlo.
Diego tenía la vista perdida, la piel del rostro pálida y sólo balbuceaba monosílabos incomprensibles.
-¡Llamen una ambulancia, chicos, me parece que le dio un ataque! –exclamó Guillermo.
-Pe pe pe… –seguía repitiendo el flaco sin poder arrancar.
-Aire, dénle aire! –gritó Matías mientras Isabel acomodaba la torta sobre la mesa y soplaba las velitas sin esperar al homenajeado. Estaba claro que se había acabado la celebración.
Gaby corrió a buscar un vaso con agua. Pedro ayudó al atribulado primo a sentarse y comenzó a hacerle viento con un expediente que alguien le alcanzó. –Decime algo primo, decime que estás bien…! –le suplicaba consternado.
-Pe pe pe pe –continuaba repitiendo como un loro atascado.
Recién como a los diez minutos logró articular por fin una frase y los dejó paralizados.
-Pe pe pero por qué no me lo dijiste, Pedro… entre putos, nos entendemos…
-¿Qué querés decir, Diego? -le preguntó Pedro asombrado y con un hilo de voz.
-¡Que yo también soy PUTO, pedazo de gorriado, que tomo mate en bombilla de cuero, que me gusta comer chori de rodillas! ¡Ay, qué alivio… toda una vida fingiendo delante tuyo, por fin puedo ser YO!
Acto seguido se levantó y le prodigó a Pedro un cariñoso beso en cada mejilla, luego lo abrazó a Guillermo y le estampó un beso en el centro exacto de la boca dejándolo más tieso que una estatua de granito. –¡Felicidades chicos! ¡Y que empiece la joda! ¡Fernet para todos!!!
-Bueno,... -le susurró por lo bajo Guille a Pedro haciendo una mueca mientras se limpiaba los labios con insistencia-. Nunca es tarde para salir del ropero, no?
...
Un par de horas después...
Guillermo miraba los disfraces que Pedro se había traído a casa para devolver al día siguiente, y no podía terminar de creer que esa parva de anormales hubiera pensado que Pedro o él serían capaces de ponérselos. Ni en salita de cinco había aceptado disfrazarse, mucho menos lo haría a sus años y mucho, pero mucho menos a la vista de esa multitud de desesperados por verlo caer en el ridículo con tal de divertirse a su costa. Mientras Pedro terminaba de acicalarse en el baño como un gatito minucioso, sacaba una a una las extrañas vestimentas y se sonreía muy a su pesar, recordando el espectáculo de sus socios embutidos en esos zafarranchos. No sabía quién lo había dejado más boquiabierto, todos competían codo a codo por alzarse con el premio al esperpento del año, pero lo que realmente lo había asombrado hasta desencajarle la quijada era el traje de Mujer Maravilla que le habían querido adosar a Pedro. ¿Podían ser más tarados? No, sin duda en eso sus socios y amigos llevaban la punta y no tenían quién los iguale. Terminó de mirar los trapos y los guardó nuevamente en el bolso que los contenía. Ahí recién notó que no había visto el de la mujer Maravilla y rebuscó para constatar si estaba en el fondo, pero no lo encontró. En ese mismo momento, se abrió la puerta que daba al baño y salió una bocanada de vapor. Inmediatamente, una mano se deslizó por el borde de la puerta y apagó la luz del cuarto. –Ey, qué hacés... no me metí a la cama todavía –le hizo saber a Pedro.
-Mejor... así no tengo que sacarte –le contestó una sugerente y lasciva voz.
Una suave música de trompetas comenzó a sonar en el celular de Pedro. Guillermo sofocó una risa.
-Si me ponés a Fausto Papetti no me excito, me tiento.
-No mi vida, estás equivocado, no es Fausto Papetti. Es Fiesta, Papito... la fiesta que recién comienza.
Guillermo largó la carcajada pensando que sólo estaba jodiendo, pero dos segundos después, dos fuertes brazos se apoderaron de los suyos y lo obligaron a recorrer el contorno de un cuerpo atlético, perfumado y caliente por el agua de la ducha. Sus manos se dejaron llevar gustosas apreciando el cuello firme con la nuez de Adán que subía y bajaba anhelante por el deseo, luego bajaron por la suave piel del pecho y tan solo un segundo después su propia excitación pegó una frenada brusca al palpar lo inimaginable.
-Pedro, qué mierda tenés puesta? –preguntó casi ahogado por la incredulidad.
-Shhhh no rompas la magia Graziani... dejate llevar... –susurró Pedro mientras le aferraba con más fuerza las manos y lo obligaba a seguir con su recorrido.
-Mi amorcito... si pensás que yo me voy a excitar con vos vestido de mujer, estás muy equivocado. Sacate esas porquerías y ahí sí volvemos a prender los motores –le contestó mientras de un tirón se libraba de sus manos y se metía de un salto a la cama.
-Pero no es cualquier mujer, mi vida... prendé el velador y vas a ver lo bien que me queda. Hecho a medida, parece. Tenía razón Marcos. Ni se me notan las boleadoras...
-A ver, vení... –le dijo Graziani desde la cama mientras prendía la luz-. Yo te digo enseguida si no te notan.
No llegó ni a poner una rodilla sobre el colchón que ya lo había agarrado de un brazo y con un diestro movimiento lo dio vuelta y lo puso boca abajo sobre la cama, inmovilizándolo con fuerza. No se le había ocurrido semejante juego, pero si Pedro tenía ganas de sentirse mujer por un ratito no perdía nada con darle el gusto.
–¿Sabés una cosa, cielito? No sé si te queda a medida, pero tengo algo que sí está hecho justo para vos... Ah, pero antes, decime... hay que pagar mucho si no devolvemos los trajes, o si los devolvemos un poquito estropeados?
Le contestó con un hilo de voz. –Si, son caros, tené cuidado Guille...
-Ah, bueno... no importa, los gustos hay que dárselos en vida. Relajate y disfrutá que aún es mi cumpleaños... y en ese bolso hay mucho cotillón para seguir festejando toda la noche.
De más está decir que finalmente no hubo traje que no se probaran, y de todos el que Pedro más adoró ver en Guille no fue el de Batman, como creía, sino el del hombre Araña, que con ese color rojo infierno le hacía hervir aún más el caldero, y a Guillermo el que más le gustó, pese a sus pronósticos previos, fue justamente el de la mujer Maravilla porque no solo le calzaba a la perfección a su amorcito sino que además contaba con un lazo que le había sido muy útil a la hora de dejarse llevar por sus fantasías sexuales... fantasías en la que ninguno salió lesionado porque a la pasión arrolladora le sumaron el cuidado, como corresponde a dos machos en celo pero bien civilizados.
Esa noche Guille recibió mucho más de lo que nunca antes había obtenido como cumpleañero, tanto que al día siguiente cuando fueron a devolver los disfraces preguntaron si no estaban a la venta y ante la respuesta negativa se sintieron un poco desanimados, pero antes de irse se aseguraron de pispear qué otros había en la tienda para tener en consideración en futuras ocasiones.
Fin
Mary que bueno volver a leerte, que alegría le has traído a este blog. Siempre digo que tu humor me cautiva tanto como tu lado de
ResponderEliminarsadistic witch, pero en este unitario sentí que hubo un tremendo despliegues de frases tan geniales, que como te dije en la página de face, daría para hacer un compilado.
"La voz de boludo me suena conocida pero no estoy seguro" ¡Que Graziani!
"Pedro, todos conocemos un Diego" Golpe bajo directo al corazón, ¡Sheguaaa!
"Primo o no primo, tenía la suficiente cuota de testosterona para hacerle sentir la necesidad de montarlo en un microscopio y desmenuzarlo como a un bicho de cuidado." ¡Morí! ¡Jajaja! Me encantó!
"Puré de pescado" Otra genialidad...
Bueno, no es mi intención copiarte el capítulo completo, porque si sigo así es lo que va a pasar. Entonces dejame decirte solo "gracias" por haberme arrancado esa sonrisa que tanta falta me hacía, y demoraba en llegar. Gracias por volver a escribir, gracias por seguir defendiendo esta trinchera Guilledrista, hoy te confieso que todavía no estoy preparada para que esta hermosa locura un día se termine. Así que un gracias final, un abrazo inmenso y que las musas no te dejen en paz, quiero seguir leyéndote. ¡Besos Mary!
Me encantó!!!
ResponderEliminarAy Mary!!! cómo empezar!!! si bien me habías adelantado que salía El cumpleaños hoy, fue tan tan gratificante entrar al blog y ver tu nombre publicado!!!! que emoción tan grande! comparto con Sandra...este relato está colmado de frases y situaciones inolvidables...me morí con el primo cordooobés!! jajaja que parecía re machazo/machista y terminó saliendo del closet! jajaja que paciencia la de Guille de hacerse pasar por sólo el jefe!!!y el final...imaginármelos cambiando de disfraces!!! que cositas que me pasan por la cabeza!!! Mary, gracias, eternas gracias por hacerme volar, reir, soñar!!! que puedo decirte! ojalá nunca nunca nunca dejes de escribir...por favooooor te lo suplico!!! volvé a hacerlo!!!!!!! te quieroooooooo
ResponderEliminarQUE placer verte por aquí Mary!!! Me pasa lo mismo que a Sil, entrar y ver tu nombre, envía los sentidos por los aires. Muy divertida! Me encantó. Esos dos siempre metiendose en situaciones desopilantes bajo tu pluma. Un placer leerte!!! Como siempre! Gracias Mary! Besos Romina
ResponderEliminarTe amo Mary..... Sos genial escribiendo lo que yo no leo(pero sos una genia) y sos genial escribiendo comedia.....nena me encantó, si bien ya la conocia, es desopilante....el pariente homofóbico y los disfraces me pudieron.....y a Guiie al final le gustó juajuajua.....siempre le gusta lo que a su cielito le gusta.....rezonga de CHAVEZ que es pero le gusta......jajajajajajajaj....... sin obligación podes seguir escribiendo????? Sabes Mary me diste un poco de alegría.....y eso no tiene ningún precio.....te amo chiquita........
ResponderEliminarVI casa cosa que ellos hacen.....LOS VEO......Que loco no...
EliminarComo pusieron las chicas más arriba: volverte a leer por estos lares me llena de jubilo! Y qué retorno más descomunal... Como eramos pocos, faltaba el primo culiado... Me matan este Guille que quiere asumir rápidamente ante el supuesto familiar homofobico su condición y la vergüencita de Pedro... Pero la que verdaderamente me sorprendió fue Isabel!!! Entre la decoración que le mandó a la torta y la elección de su disfraz, está desatadaaaaa, jajajajajaja... Mi duda existencial es si nuestros chicos también se habrán probado el disfraz de Vilma Picapiedra... Ahora... Yo sabía, yo sabía que le iban a tomar gustito a los disfraces, sobre todo al de sexy Wonder Woman, con lazo de verdad incluido y pulseras mágicas... Mmmmm, yo creo que si en ese negocio no se los venden,van a ir a buscarlos por otro lado o se los van a hacer confeccionar a medida... Me juego a que esto no queda acá...
ResponderEliminarEspero que prontito tengamos más lectura buhleriana por aquí... Sabes como la ansío, nunca quedo satisfecha, nunca me alcanza, tengo una sed infinita de tus escritos querida amiga!!
Beso gigante!!!
PS: Qué molestos suelen ser los Testigos de Jehová :-P