
Guillermo entra al despacho con cara de pocos amigos. Pedro cierra el Código Penal que estaba consultando en la biblioteca y se debate entre preguntarle o no, sabe perfectamente a qué puede deberse semejante expresión. Entre los asuntos de la agenda del día figuraba el veredicto de un caso que venían siguiendo hace tiempo. Se sienta en su sillón y toma aire enfrentando lo ineludible.
–¿El fallo de Rodríguez Campos?
-Si, Pedro… -farfulla dejándose caer él también en su silloncito.
-Bueno… era una posibilidad… Podemos apelar.
Guille se queda mirándolo inexpresivo. Trata de encontrar una razón, una sola, para no llamar a lo que está pasando de la forma en que Pedro tanto detesta. Hace el esfuerzo creándose una imagen mental de una pradera cubierta de florecillas de colores donde él pasea cual Heidi recogiendo las más bellas para formar un ramo perfumado que entregarle a su Peter, pero poco a poco las flores se marchitan en sus manos imaginarias y se rompe el hechizo. Se remueve inquieto en el asiento mientras Pedro empieza a contar de diez hacia abajo y apuesta a que antes de llegar a cero…
-¡La puta madre que me parió! –larga Guille y Pedro se queda detenido en el seis.
-No te hagas el bocho, es pura casualidad…
-¡Casualidad las pelotas! ¡Somos yeta! En lo que va del mes, cinco casos perdidos, cinco al hilo, Pedro! ¡Somos yeta y la puta que nos parió!!!
-Pará mi amor, no llames a la mala suerte… vas a ver que la semana que viene se rompe la racha de mierda ésta y ganamos uno… a ver –dice hojeando entre unos expedientes que tiene sobre el escritorio- mirá, el de los pasajeros que demandaron a la aerolínea por los pilotos que le dieron el mando del avión a la vedette… ese lo ganamos seguro! Y son quince los demandantes… nos llenamos de guita la semana que viene, Guille… relajate.
-Ay nooo –dice Guillermo agarrándose la cabeza-, decime que no es justo la semana que viene… lo perdemos seguro Pedro, estamos fritos… mejor cerremos todo y pongamos un puestito de panchos en la peatonal.
-Mi amor… positividad… es lo mejor para alejar las malas vibras. Si pensamos con optimismo, atraemos cosas buenas. Si pensamos con pesimismo, nos llega la energía negativa.
-Y una mierda, tu teoría. Acá no nos salva ni el Dalai Lama cantando una de Palito Ortega, estamos en la ruina.
Pedro se queda pensativo. –Ahora que lo mencionás… me hiciste acordar de algo.
Busca en el celular una noticia que leyó a la mañana mientras desayunaban. –Acá está… mirá, leé ésto –le dice mientras le acerca el teléfono. Guille se calza las gafas.
“Madame Olga Blasinlova, la célebre medium rusa llega a nuestro país luego de su viaje por la India donde se entrevistó en la ciudad de Dharamsala con el lider espiritual Dalái Lama. El Consulado de Rusia anunció que Madame Blasinlova asistirá en Buenos Aires al cuarto Congreso Internacional de Mediums y Clarividentes de América Latina en calidad de invitada especial….” –se detiene de golpe harto de tanto palabrerío incomprensible.
-¿Y esto que significa, Pedro? ¿Planeás representar a algún damnificado por los embustes de esta señora?
-No Guille… ninguna impostora Madame Olga… es una personalidad ilustre, fue la que acompañó con sus videncias a todos los presidentes rusos desde la época de Gorbachov, es muy importante… estuve leyendo sobre ella y quedé muy impresionado.
-¿Y? –pregunta mientras comienza a sacarle punta a unos lápices, actividad que no sabe bien por qué pero suele relajarlo.
-Que podríamos aprovechar… y pedirle el favor, ya que anda por acá cerca… que se pegue un vistazo en sus cartas y nos diga si estamos como vos decís… “enyetados”.
-No me hagas reír… si es tan ilustre como asegurás, no se va a condescender a venir a este estudio a tirarnos las cartas… a lo sumo podemos llamar a doña Porota, la vecina de al lado que cura el mal de ojo. Capaz lo que tenemos es mal de ojo... –concluye mientras observa que todos los lápices hayan quedado con la punta pareja.
-¡Pero no, Guille! Sí podemos traer a Madame Olga, te acordás ese amigo de Marcos que es agregado en el Consulado ruso? ¡Le debe mil favores a Marquitos! Por intermedio de él podemos seguro, no se va a negar…
-¿Te parece…? Y bueno, dale, hacé el intento… pero no creo que le dé bola.
…
-¿Y, Marcos? ¿Te contestó tu amigo? –le pregunta Pedro con la misma cuota de miedo y ansiedad con que lo viene haciendo en los últimos cinco días.
-Negativo…
-Qué cagada… si no logramos traer a la vidente rusa, a Guille le va a dar un ataque. ¡Ayer volvimos a perder otro caso! Y en dos días sale lo de la aerolínea...
-La veo difícil… mi amigo dice que esta mina es más inaccesible que el Everest en patineta. Mejor busquemos por otro lado. Mirá, Sonia me dijo una vez que sabía leer la borra del café… capaz que le sale algo.
-Qué decís, no… tiene que ser alguien que pueda captar los influjos del más allá… ver las energías que nos rodean. Tiene que ser vidente, alguien con poderes psíquicos reales…
-¿Y el flaco García? Dice que estudió astrología, a mí me tiró que con la petisa nos íbamos a arreglar y la pegó… si querés lo llamo.
-Marcos, para decir esa boludez no hace falta ser un entendido… eso lo sabía todo el mundo! Tiene que ser alguien posta, alguien con poderes de nacimiento!
-¿Poderes, dijeron? –les pregunta Beto que escuchó el final de la conversación-. Yo conozco alguien así.
-¿Ah, sí… quién? –se interesa Pedro.
-Una mina que conocí en una pensión donde viví… la polaca Rosita… ¿O era ucraniana? Bueno, no importa, de alguno de esos países era seguro. Tiraba las cartas y no se equivocaba nunca, si te decía que no salieras porque iban a caer soretes de punta, por más que hubiera tremendo sol mejor que te quedaras o te consiguieras un buen paraguas a prueba de balas.
-¿Pero era vidente o metereóloga la mina? –pregunta Marcos.
-Es una forma de decir, boludo. Pero la verdad, no sé... no creo que Guillermo acepte –vacila Pedro-. Me tiene la cabeza inflada con la rusa. Leyó un artículo que hablaba de las predicciones que había hecho en los últimos años, y quedó encantado al saber que había anticipado hasta el Papa argento. La considera Nostradamus ahora.
-Pedro, si querés lo llamo y le insisto, pero no te prometo nada –agrega Marcos levantando el teléfono.
-Bueno... Por las dudas, vos Beto, tenés posibilidad de traerla a la señora ésa que me dijiste? Cómo última opción.
-No te preocupes Pedro, yo me encargo de buscarla.
…
Guillermo se pasea nervioso por el estudio. Mirá por enésima vez la hora en el celular, se acomoda el cuello de la camisa, se sirve otro whisky y Pedro suspira y reza que lleguen de una buena vez. Ya empieza a ponerse inquieto él también. Los últimos dos días Guillermo no ha hecho más que perder el tiempo buscando información de la vidente rusa por internet y se ha convertido en la Wikipedia parlante de Madame Blasinlova. No se cansa de repetir que el futuro del estudio puede estar en las manos de la vidente y que ningún detalle debe quedar descuidado, todo esfuerzo por hacerla sentir cómoda es poco.
-Mi amor, sentate y distraete con algo… apenas pasaron quince minutos. En cualquier momento Madame Olga toca el timbre.
-¿Colocaron el aire acondicionado nuevo? Mirá que ella está acostumbrada al frío de Moscú. No vaya a ser que le baje la presión y se nos descomponga en medio de la sesión…
-¿Qué sesión? No viene a hacer espiritismo… sólo viene a tirarnos las cartas.
-Sesión de cartas, querido. Escuchame... ¿Consiguieron el Putinka Classic que acostumbra a beber Madame Olga?
-No, Guille… lo estuvimos tratando de comprar por Mercado libre pero se dejó de fabricar hace cuatro años… es pieza de colección. En su lugar conseguimos un Smirnoff edición limitada que está buenísimo… no te hagas problema. Y antes que me preguntes, ya está listo el buffet froid que encargaste para después de la sesión.
-Bueno… -se sienta y se afloja el cuello de la camisa que ajustó un rato antes-. Pará que me estoy acordando de algo… Madame Olga odia el color rojo… Dice que atrae espíritus negativos. ¿Sacaron las flores esas de plástico que Cuca había puesto en el baño? Porque si llega a ir y las ve…
-Si, Guille… las sacamos! ¡Y pusimos papel higiénico perfumado y velas de vainilla, está bien!? –exclama con las pelotas al límite de su expansión.
-Bueno, chiquitín… calmate… es que quiero que todo salga perfecto! Encima que Madame Blasilova accedió a venir y nos cobra algo accesible… hay que ser buenos anfitriones.
Gabriela se asoma a la puerta del despacho y les hace un gesto nervioso indicándoles que la celebridad ya llegó. Guillermo salta de la silla y corre a recibirla, Pedro se levanta y lo sigue. En el camino, se une Marcos que lo mira de reojo y se acaricia nervioso el bigote. Gaby, que aguarda detrás de ellos se persigna con disimulo. Se abre la puerta principal y entra Beto precedido por una mujer bajita y regordeta de cabello rubio platinado batido y recogido en un rodete sobre la cabeza, el peinado favorito que Madame Olga luce en toda fotografía que la muestre. Lleva puesto un atuendo llamativo que a Guillermo le provoca una extrañeza inmediata. Un vestido de satén rojo infierno que no sólo podría convocar algunos espíritus negativos sino al mismísimo Lucifer en persona. Guillermo lo mira fugazmente a Pedro con cara intrigada y estira la mano para saludarla.
-Ddobro pozhalovat' Madame Olga… -dice ceremonioso mientras se inclina y le besa las manos caballerosamente. Pedro se pregunta cuántos cientos de veces practicó ese saludo para que le salga tan bien. La mujer le sonríe y le contesta en un español rudimentario y con sobreabundancia de erres.
-Oh grracias seniorrr Grazianei… es un placierr conocerrlo.
Guillermo desvía la vista y repara en un perrito minúsculo que lleva Beto en brazos. Tiene aspecto inofensivo, un chihuahua tembloroso que mira a su alrededor con ojos saltones y temerosos. En el cuello lleva puesto un collar con piedras brillantes, sin duda es el consentido de la madame y no sale a ningún lugar sin su compañía. Beto le hace un gesto de resignación y Gaby se acerca y comienza a acariciarlo enternecida. Guillermo la toma suavemente de la mano y la lleva con delicadeza hasta la mesa de la sala de reuniones. Quita la silla de la cabecera y le hace ademán de invitarla a sentarse allí en el sitio de honor. Madame Olga inclina la cabeza pudorosamente y se sienta con toda gracia.
-Ehhh… Marcos, no vino el traductor que ibas a contratar? Porque nosotros de ruso ni un joraca… y Madame Olga no creo que sepa castellano.
-No sé Guille qué pasó, lo iba a hacer Pedro al final éso –le contesta mientras mira de reojo a Pedro. Pedro le hace un gesto de negación furtivo con la cabeza.
-Bueh, no importa… ya nos arreglaremos –se da vuelta y le sonríe a la rusa-. Madame, do you prefer that I speak to you in English?
La mujer se queda tildada y lo mira a Beto. Beto que se había distraído con el perrito interviene en su auxilio. –No hace falta, Guille… la señora entiende y habla el español, dale nomás.
-Bueno. Madame, es un honor y un placer que haya tenido la amabilidad de acceder a una entrevista con nosotros… le estamos profundamente agradecidos… no sé si le habrán adelantado el motivo de nuestro requerimiento?
-Ah… seniorr Grazianei, si, estoy inforrrmada…
-Entonces… -dice Guillermo ansioso por escucharla-. ¿Necesita algo para dar inicio a su trabajo? ¿Tal vez que nos tomemos de las manos o algo así?
-No… necesirrto silencio… un grrran silencio.
La vidente se toma su tiempo. Con los ojos cerrados y la cabeza inclinada hacia el escritorio, los brazos cuelgan a los costados de su cuerpo y las manos descansan sobre su falda. Nadie se atreve a nada más que respirar, incluso el perrito en la falda de Beto parece relajarse y se hace un ovillito. Los minutos pasan y Guille le dedica una fugaz mirada a Pedro, intrigado. Pedro carraspea y lo mira a Beto, interrogante. Beto tose fuerte y entonces Madame Olga levanta la cabeza de improviso, sobresaltada. Cualquiera pensaría que estaba dormida, cualquiera salvo Guillermo que ve en cada gesto de la medium actitudes propios de su oficio. La mujer abre los ojos, estira los brazos sobre la mesa y dictamina: -Este sitio está carrrgado de malas enerrgías… muy malas.
Guille asiente con la cabeza y le dice bajito a Pedro. –Viste, yo tenía razón.
Pedro sonríe acompañándolo en tan acertada conclusión y se anima a preguntarle a la vidente.
-Madame Olga, lo suponíamos, puede hacer algo al respecto…?
La mujer lo mira con el ceño fruncido, obviamente tocada en su orgullo.
-Porr supuesto joven… no hay ningún entuerrrto que Madame Blasinlova no pueda arrreglarr.
Le hace un gesto con la mano a Beto y éste se levanta y le pasa el perro a Marcos, sentado a su lado. Toma un maletín de piel atigrada que descansa en el silloncito de entrada y se lo alcanza a Madame Olga. Ella rebusca en su interior y saca una cajita de porcelana, la deposita sobre la mesa delante suyo, chasquea las manos y a continuación pide: -Encendedorrr…
Beto le trae uno de la cocina, Madame destapa la cajita y acerca el encendedor a su interior. A los pocos segundos, se levanta una humareda acre que los hace lagrimear a todos. El olor que despide es fuerte y levemente familiar, les trae reminiscencias de iglesia. Empiezan a sentirse un poco mareados. Marcos se acerca a decirle bajito a Beto: -Che, no le habrá puesto alguna frula, no?
Beto le hace un gesto de “calláte” y se da vuelta a preguntarle a la doña. -Madame, necesita algo más para su trabajo?
-No querrido, grracias –acto seguido se inclina sobre la cajita humeante y escupe en ella sin ningún atisbo de delicadeza.
Todos se miran asombrados entre sí. Gaby hace un gesto de asco y Beto se apresura a decirle a la señora. –Madame Olga… no se olvide que el avión sale en tres horas… no tarde…
La mujer lo ignora ostentosamente y se levanta con la cajita en las manos. Da unas vueltas a la mesa, moviendo el aparato con lo cual el humo se dispersa más aún entre ellos, mientras dice unas palabras bajito que nadie acierta a entender porque seguramente las debe decir en ruso. Finalmente se sienta, deposita la cajita a un costado y pega unos cuantos bostezos ostentosos y un eructo. Pedro se ríe y la disculpa: -Eso debe ser porque está absorbiendo las malas vibras…
Guillermo levanta las cejas y lo detiene en su indulgencia. Ya empieza a sentirse molesto con los procedimientos poco civilizados de la señora. Justo en ese momento, Marcos larga una puteada y le pasa el perro a Beto de vuelta de un sopetón. –¡Se re cagó este animal!
Beto se tapa la nariz y le ventila el trasero con un expediente. Gaby y Pedro se miran y sofocan una risita y Guille termina de irritarse. –A ver, mi estimada señora, disculpe que la moleste en medio de su labor, pero usted está segura que puede contra toda esa… energía negativa? ¿No hará falta llamar a un exorcista?
Pedro no puede evitar la carcajada esta vez y Madame Olga levanta la vista ofendida y los increpa a los dos. –Si no van a dejarrme hacer mi trrabajo serrá mejorr que me retirre…
-Ya se “re tiró el perro” dice Marcos –y ahí todos se carcajean sin poder evitarlo.
Beto decide conciliar. –No se preocupen, Madame Olga es la mejor en lo suyo. Seguramente ya debe estar por terminar, no es verdad, señora? –le pregunta con un elocuente gesto de apuramiento.
La mujer capta la indirecta y responde. –Estoy porr concluirr, señorres… confíen en mis poderres.
Saca de su escote un mazo de cartas y las baraja rápidamente. Le pide a Gaby que corte y luego comienza a darlas vuelta una por una mientras va informando el resultado de lo que va saliendo. Las cartas que aparecen no aparentan ser muy amenazantes, el carro, la rueda de la fortuna, la justicia, la estrella, el mago… mejor imposible las cartas, pero la madame carraspea contrariada ante cada una y les manda fruta para justificar el veredicto anterior. Nadie entiende nada pero Gaby que en cierta ocasión fue con Sonia a consultar con un parasicólogo, desconfía y le pregunta por lo bajo a Pedro. –Che, esta mina sabe de verdad, verdad…? Porque las cartas que están saliendo me parece que son re buena onda…
Pedro le hace un gesto displicente y tranquilizador. –No te hagas drama, seguro que todo tiene un significado relativo… a lo mejor las malas energías están manipulando las cartas, además.
Termina de decir eso y su vista se posa sobre la ventana que da al patio. Se queda mirando hacia afuera, concentrado. De repente empalidece, Marcos que está enfrente suyo se da cuenta y le pregunta sin alzar la voz: -¿Qué pasa, Pedro?
Pedro comienza a temblar sin poder evitarlo mientras señala hacia afuera. –Marcos… la puta madre… ese bicho que está ahí afuera… no es el mismo gato de la otra vez?*
Marcos y Guillermo que lo escuchó también, miran hacia el patio. Ven un gato negro flaquísimo pasearse entre las plantas por la parecita que linda con la del vecino.
-Uy, volvió tu amigo… se ve que le gustan las cosas esotéricas… -se burla Marcos-. Querés que busque la Ouija a ver si tiene otro mensaje del más allá?
Guillermo le apoya la mano en el brazo tratando de tranquilizarlo. –Calma, amor… es sólo un lindo gatito… no pasa nada.
No bien termina de decirle eso, oyen un aterrador estruendo gutural que hace tambalear los cimientos del estudio mismo. El pequeño chichuahua se irguió en sus cuatro temblorosas patas sobre el regazo de Beto y ladra como un rottweiller poseído por el demonio. De su hociquito minúsculo asoma un ejército de dientes rebosantes de baba y hambrientos de gato.
Beto intenta contenerlo inútilmente, el perro salta furioso y en un solo movimiento se abalanza sobre el escritorio, pasa por sobre la cabeza de su dueña y vuela hacia el patio profiriendo esos ladridos taladrantes. Todos se olvidan del perro endemoniado y del gato fugitivo, se quedan detenidos inmóviles, azorados, mirando la cabeza de Madame Olga. Sobre su cráneo casi calvo, se desmaya la peluca rubia platinada que un segundo antes se alzaba altiva y victoriosa. La vidente hace gala de su poder adivinatorio o simplemente nota el frío que le acaricia la pelada y desliza la mano sobre ella. Sus ojos se agrandan y lanza una exclamación. –¡Carajo mierda!
Gaby se levanta presurosa para ayudarla a acomodarse la perdida cabellera, y Beto los mira a Marcos y a Pedro pidiéndoles socorro con la mirada. Pedro ya repuesto de la impresión toma la palabra. –Mil disculpas, madame, no sabíamos que su perrito odiaba tanto a los gatos… si no hubiéramos dejado la ventana cerrada.
-Pero si yo la cerré, Pedro… -dice Guillermo, y ahí todos miran hacia el ventanal. Bajan la vista y ven con horror al perro despatarrado en el piso lloriqueando mientras se lame una pata.
-¡Ay Dios mío! Mi pobre Coquito! –se lamenta la mujer y corre a levantar al estropeado animalito del piso.
Todos la rodean y palpan al perro en busca de algún hueso roto pero el bicho no parece quejarse más que por una de las patas delanteras. –Llevémoslo al veterinario, pobrecito… -dice Gaby preocupada.
-Bueno, ya está, ya pasó… -interrumpe Marcos-. Sigamos con la sesión que bien cara nos salió, eh?
La mujer levanta los ojos del perro que apretuja entre sus brazos y lo fulmina con la mirada.
-¡Desgraciado, gordo amarrete, qué cara ni qué cara, por cuatrocientos mangos roñosos me venís a apurar! Encima que me tuve que afanar hasta el incienso de la iglesia porque ni los materiales de trabajo me quisieron pagar! Por suerte en la casa de pelucas me conocían, porque si no no me la hubieran fiado! ¡Ni para eso me adelantaron guita, pedazo de ratas! Más les vale que me garpen hasta los remedios de Coquito, manga de pajeros!
Guillermo siente que le empieza a brotar un geiser en el estómago y que el cerebro le crece de tamaño, tanto que ya puede notar los globos oculares a punto de explotarle como si los hubiera metido a máxima potencia en el microondas. Se gira y lo mira a Pedro, que con las cejitas levantadas y cara de terror absoluto lo observa empequeñecido.
-Naaa…. Decime que no es lo que estoy pensando… decime que no sabías…
-Peeerdón mi vida… no pudimos traer a Madame Olga… salía muy cara… pero doña Rosita es tan buena como ella. Tiene un certificado de Modern School… de… parapsicóloga.
-¡¡¡Queeeé!!! Pero vos sos taradoooo!!!
-Mi amor... calmate que te sube la presión... –le contesta Pedro intentando sostener a Guillermo por los brazos pero él se zafa y lo increpa enfurecido.
-Lo que me sube es ganas de matarlos a todos... ¡Me mintieron Pedro! ¡Odiooo que me mientan! Esto se acabó acá, me voy a la mierda… no, a la rrreverrenda mierrrda…! –dice escupiéndole odio a todos sus socios y sobre todo a la pseudo Madame Olga que lo mira aterrada.
Sale del estudio dando un portazo y Pedro se deja caer en la silla totalmente abatido.
-Guille no me va a perdonar, chicos… le fallé… estoy perdido.
Todos intentan consolarlo y le repiten hasta el cansancio que Guillermo es pura espuma y que en un rato ya va a poder entrarle con uso y abuso de algunos arrumacos, que no se haga problema, pero nada parece consolarlo. Beto se lleva a la exaltada mujer y a su accidentado perro al que promete hacer ver por un veterinario amigo, y Gaby y Marcos le ofrecen a Pedro acompañarlo hasta su casa, ofrecimiento del cual él desiste porque tiene la imperiosa necesidad de estar solo. Por el camino va pensando en todas las frases de disculpa que se le ocurren para subsanar la cagada que se mandó. Pero a cada frase de perdón que imagina le viene otra a la cabeza de Guillermo mandándolo a la reverrrenda mierrrda.
Termina dando tantas vueltas para no afrontar la furia Graziani que se hace de noche y decide en un impulso ir a tomar un trago en algún barcito frente al río. Mientras se baja cerveza tras cerveza, se convence de que llegar tarde y con olor a borracho no va a sumarle puntos, así que finalmente pide la cuenta y se sube al auto rogando no cruzarse con algún puesto de control policial porque eso sería la frutillita de la torta. Que Guillermo tenga que ir a sacarlo de la cárcel y con una infracción por manejar en estado de incipiente ebriedad. Bingo.
La Providencia se pone de su parte esta vez y llega a la casa sin ningún contratiempo. Entra con los hombros vencidos y el andar vacilante de quien se sabe rumbo al patíbulo. En el vestíbulo, se encuentra con todas las luces apagadas. “Dios mío, seguro se fue a dormir de la bronca que tiene… no va a querer ni que me acerque”. Va tanteando hasta la escalera, ni ganas de prender una maldita luz tiene él tampoco.
No bien pone un pie en el primer escalón, desde la oscuridad alguien le chista. Se pega flor de susto pero al instante advierte una lucecita de vela encenderse sobre la mesita del living. La pequeña candela alcanza a alumbrar la esquina del sillón donde Guillermo se ha estirado recostado en unos almohadones. A pesar de la poca luz, puede vislumbrar que debajo de la manta que lo cubre no parece llevar nada puesto. Se queda paralizado, imposibilitado de preguntar nada. Guille vuelve a chistarle. –Y…? Tengo la velita prendida especialmente para vos, Pedro… apurate que se me consume…
-Pero… no estás enojado conmigo? –le pregunta puchereando sin poder convencerse.
-Vení, pedazo de boludín… no hay nada que yo no te pueda perdonar… vení y tirame las cartas… pero tiralas bien, que a lo mejor así me olvido el teatrito que te mandaste hoy con la complicidad de esos subnormales. Ya voy a ajustar cuentas con ellos por esa sesión fraudulenta. Pero mientras tanto... vos me hacés tu propia sesión, y si te esmerás puedo llegar a olvidar las ganas de estrangularte que tenía cuando llegué a casa.
Pedro corre y con hábiles y rápidos movimientos se libera de toda la ropa. No vaya a ser que a Guillermo se le evapore el entusiasmo. Se desliza bajo la manta y se hunde en esa carne que lo espera palpitante y exenta de cualquier rencor.
–No sé a vos que carta te va a salir, -le susurra Pedro ya recompuesto de todos sus temores ante la vista de lo que hay debajo de las mantas- pero a mí me acaba de salir el ancho de bastos... así que agarrate que de acá no salís ileso mi amor…
Guillermo sonríe sobrador mientras saca la botella de Smirnoff que guardaba detrás de su espalda.
-Shhh tranquilito que primero tenemos que brindar... –desenrosca la tapa y se estira a buscar unos vasos que aguardan sobre la mesita baja-. Lo que sí, estuviste flojo, Pedro. Al menos te hubieras traído el buffet froid. Vamos a tener que tomarnos esto con el estómago vacío.
-¿De donde sacaste esa botella? –pregunta Pedro asombrado-. Si saliste hecho una furia...
-Lo cortés no quita lo valiente. Pensaba tomármelo solo para decantar mi bronca, pero cuando estaba llegando recibí un mensaje en el celular y cambié de opinión.
-Un mensaje, de quién?
-De Matías. Me contó que los de la aerolínea, a último momento, accedieron a un acuerdo económico muy conveniente para todas las partes.
-¿No era que no querían arreglar?
-Timing, Pedro, todo es cuestión de timing.
-¿Se puede saber cuánto...? –pregunta con timidez.
-Cinco palitos verdes. De los cuales a nosotros, nos corresponderían aproximadamente... trescientos cincuenta mil dólares. ¿Te va?
-¡Que si me va! –contesta enardecido-. Mi amor, esto significa que rompimos la racha!
-Exacto, Pedro. Rompimos la racha... y hablando de romper... seguimos con lo nuestro?
Mientras Guille dejaba que el vodka pasara por su garganta y llenara de calor su pecho, Pedro se zambullía debajo de la frazada para averiguar qué otras cosas escondía bajo su cobijo. No hubo ocasión de hablar mucho más ni de beber demasiado alcohol, el fuego que llevaban en las venas hablaba por sí solo y encendía todas las hogueras.
Ya casi amanecía y no fueron necesarias súplicas ni perdones aquella noche… y de todas las cartas que se tiraron, la última fue la mejor: “los enamorados”.
*Por si alguien quiere leer o releer Noche de Halloween, les dejo el link:
ResponderEliminarhttp://radioeldelta.blogspot.com.ar/2014/11/noche-de-halloween-unitario-by-mary.html
Pido disculpas, sin querer obvié esa dirección de enlace, pero ya la incluí en la publicación para que sigan leyendo y disfrutando de la trinchera
ResponderEliminarO sea, para refrescarse la memoria acerca del gato! ¡Jajaja! Perdón!!!
EliminarAplausos me encanta Mary amo cono escribís, los amo guille y pedro jamás me voy a cansar de esto
ResponderEliminarBueno, ahora a lo nuestro. Mary, yo no tengo autoridad literaria para evaluar tu capacidad como escritora, yo solo tengo mi palabra como público y la libertad de expresar lo que me provoca cada vez que te leo. ¡Me llenás el día! Me arrancas sonrisas y muchas carcajadas que no se como agradecerte. Sos ocurrente, ingeniosa, creativa... desde esa pradera cubierta de florecillas de colores donde él pasea cual Heidi recogiendo las más bellas para formar un ramo perfumado que entregarle a su Peter, hasta el pedo que se tiró el perro, fue todo reír y reír. Pero la forma en la que lo contás tiene tu sello personal, y es tan gráfico, que después sigo por varios días recordando tus genialidades y riéndome sola. Y después ese final donde una imagina un quilombo en puerta pero se transforma en tus manos en una noche mágica y Guilledra, con ese erotismo apto para todo público, que me deja fibrilando.
ResponderEliminarMas de una vez te dije que si te dedicaras profesionalmente a esto llegarías muy lejos, todos los aplausos todos y nunca dejes de escribir, ese es tu don.
¡Abrazote inmenso y gracias por estos escritos que tanto sanan!
¡Besosssss!
Ayyy como me reí Mary querida!! Jajajaja acá no nos salva ni el Dalai Lama cantando una de Palito! Jajaja que genia! El saludo de graziani el perrito el gato negro y el exceso de erres otra genialidad...y ese final...imaginarlo a #miguille desnudito abajo de la colcha en el sofá!!! Mamita querida!!! Gracias...gracias eternas por esto...por seguir escribiendo...y por seguir cuidando la trinchera como dice Sandra!! Nunca me voy a cansar de leerte!!! Besos amiga y esperando tu próxima publicación!!!
ResponderEliminarAhhh y me olvidé del paseo de Guille cual heidi ayyy no no!! Jajajaja tenés un humor que me mata!!! voy a seguir leyéndolo y seguro aparecerán más y más cosas que agregar😍
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ResponderEliminarMuy lindo!!!
ResponderEliminarQué flor de atorrantes todos, hacerle el cambio de vidente a Guille! Tan ilusionado que estaba con Madame Blasinlova, que hasta se aprendió el saludo en ruso... Y le llevan una que se afano el incienso de la iglesia... No sé cuántos anchos de bastos va a tener que sacar Pedro de la galera para compensar semejante quilombo...
ResponderEliminarDe más está decir que mi parte preferida es la de Heidi... Ni hablar! Esa imagen de Guille recogiendo flores en la pradera para su Peter, lo es todoooooo....
Grandiosa como siempre Mary!!!
Ahhhh... Y estoy muy feliz que les haya tocado el caso de la vedetonga devenida piloto... Si no ganaban ese caso... Ya era el colmo!
Aplausos y... Aguante el gato negro!!!
Que tierna y divertida esta historia Mary! La foto espectacular!!!! Muy muy buena!!! No te puedo contar lo que me fascina este Guille completamente intolerante a cualquier bobada, y los otros, con todo el amor del mundo, poniendolo a prueba siempre :) El final, hermoso! Del tipo que a mí me gusta, Amoroso, Romántico, Apasionado y "sin ropa" ;) Besos Romina
ResponderEliminarQue te puedo decir?? Que todavía me estoy riendo??? Que bueno poder leer este relajado, divertido y loco relato después de tantas pálidas del día!!! Como me cambia el humor!!!! Te juro que lloré de risa y eso no se paga con nada!!!! Gracias!!!!! Gracias!!!! Besos Pilar
ResponderEliminarHay que hermoso fue me divertí mucho mucho!!! Gracias Mary buhler tu relato hizo que mi mal día se esfumara, los quiero con locura y es demasiada ahhh te mando muchos besos y abrazos Mary
ResponderEliminarAtt: Lo
(las demás historia seguirán??)
Gracias por tu saludo y paso a contestar tu pregunta, no sé si te referís a las historias del blog en general o en particular por las mías, pero de todas las maneras la respuesta es afirmativa, en mi caso y en el de las otras chicas hay continuación,por lo que sé, aunque nos demoremos seguimos bancando la trinchera con mucho amor. Un beso grande Lo!
EliminarMary
genia mery tus historias tiene ese no se que que las hace diferentes me encanto y me hiciste reir cosa que me hace mucha falta en estos dias gracias un beso enorme...majo
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