
Cuando entró al edificio parecía que su día iba a ser como cualquier otro día.... un día más, con mucho trabajo y de muchas obligaciones. La verdad era que no estaba muy interesado en la reunión... era una entre tantas programadas, lo único que la diferenciaba de las otras era donde se realizaba... Solo eso... Se tenía fe, pan comido como le dijo su socio... “Te los sacás de encima de taquito...” Todavía se reía de solo recordar sus palabras subiendo al ascensor. Ya tenía en su cabeza todo el discurso de palabras que usaría, lo que exigiría, lo que ofrecería... pero antes los dejaría hablar. Que alimentaran sus propios egos, que se inflaran pensando en el favor que le hacían y después que se cansaran de tanto SUPER YO, de un hondazo los traería a la realidad.
No se podía negar que el lugar era imponente y de una decoración pasable... Si un arquitecto hubiese escuchado sus pensamientos ya lo estaría puteando... y tendría toda la razón, aunque claro, él sabía muy bien que ese no era su mundo. Ahí se encontraba la crema y nata de la abogacía... Los privilegiados... Los iluminados... Para él la nada misma, como el propio edificio. Sin nada cálido, humano, nada de real. Todo artificial como las mismas plantas que allí había.
Porque era así de claro no los unía nada a ellos, manejaban otra élite, otro estatus social y esto no le molestaba para nada ya que en el mundo de tribunales había espacio para todos. En pocas palabras, profesionales de alta, media y baja clase, pero de algo estaba seguro, nunca en su puta vida cambiaría su estudio, sus compañeros, ni los asados de Gaby o Beto por ese mundo de hipócritas.
Al salir del ascensor se encontró caminando hacia la recepcionista, allí fue atendido por una mujer que parecía salida de un catálogo de modelos. Poseía una exquisita belleza y su perfume no era desapercibido para su olfato, vestía un traje muy sensual que dejaba a la imaginación tanto de mujeres como de hombres lo que el envase contenía, para envidia de ellas y para placer de ellos...
- Buenos días señor, la damos la bienvenida.
- Buenos días señorita... Muchas gracias
- Señor, ¿tiene cita? ¿Me puede dar su nombre?
- Soy el abogado Guillermo Graziani y sí, tengo cita con el doctor Barrios.... Luis Barrios
- Tome asiento por favor, ya aviso que llegó
- Gracias
Tomó asiento en unos de los sillones y esperó muy tranquilo que lo llamaran. Al cabo de unos minutos, de una de las oficinas salió una mujer que se acercó a él
- Buenos días doctor Graziani. ¿Me acompaña por favor?
- Buenos días, claro que si...
Entraron en un oficina que más que oficina parecía una sala de reuniones. Allí, alrededor de la mesa, se encontraban no solo Barrios si no que lo acompañaba la plana mayor, los máximos representantes del lugar.
- Buenos días doctor, por favor pase, tome asiento. Es un gusto que haya venido
- Buenos días señores, no creí que me iba a encontrar en esta reunión a la más alta jerarquía, si Barrios me hubiese avisado me hubiese puesto mis mejores galas
- Graziani, seguro que si sabía que íbamos a estar no hubiese venido, seamos realistas... Gracias a la ayuda de Luis usted está aquí
- Si, es verdad, mi reunión era con él no con ustedes... Señores, fue un gusto...
Atinó a levantarse hasta que una voz lo hizo volverse a sentar de golpe
- Guillermo, tomá asiento. Esto es serio, es más grave de lo que parece, escuchalos por favor
De tantos años compartidos en la facultad con Luis Guillermo ya sabía diferenciar en su voz cuando Luis estaba alegre, triste, o enojado. Aunque esta vez su semblante y su voz reflejan preocupación. Se volvió a sentar, pero no sería él si no ponía un poco de cinismo al sentarse
- Bueno, les voy a conceder unos minutos de mi valioso tiempo, y les aclaro que lo hago gracias a la amistad de años que tengo con voz Luis, porque en verdad no tengo ningún interés en lo que me vayan a decir
- Agradecemos su sinceridad y no esperábamos menos de usted doctor
- Ya terminemos con tanta alabanza, el tendría que bajarse del caballito al que se subió. Esto es serio señores
- ¡Rogelio, por favor! El doctor es nuestro invitado
- Señores, calma por favor, voy a pedir café. ¿Usted que desea tomar doctor Graziani?
- Una taza de mate cocido, gracias.
Guillermo miró fijo a Rogelio. Ya se conocían bien, varias veces habían estado enfrentados en tribunales. Era considerado un tipo de ley por sus pares, pero como Luis, decidió jugar en primera. Quería un pasar mejor y tratar lo menos posible de sudar la camiseta, nada de complicaciones, nada de papeleos. Él leía el caso y según la cantidad de ceros que tuviera el cheque decidía si lo tomaba o no. Se hubiesen llevado bien con Marcos si no tuviera ese defecto como lo llama Marcos... Ser fiel a una sola mujer...
Luis se acercó a Guillermo para no dejarlo tan solo del otro lado de la mesa, era fiel a la empresa para la que trabajaba, de eso nunca hubo dudas, aunque algo en su conciencia pesaba más. La lealtad a un amigo, por eso se acomodó casi al lado de Guillermo
El salón se mantenía en silencio. Cada uno a su manera había decidido calmar los ánimos a la espera del café, salvo Luis, que se acercó a Guillermo y le habló.
- ¿Qué es esto Luis? Me jugaste torcido. ¿No dijimos que esto lo manejaríamos juntos sin tu gente y sin la mía?
- Calmate Guillermo, ya sé lo que hablamos, pero esto pasó un límite. No somos súper héroes ni paladines de la justicia, somos humanos
- ¿De qué mierda me hablás?
- Guillermo, recibí amenazas. Sabés que no me calientan los escritos ni las llamadas anónimas, pero ahora me pegaron en mis seres queridos
- ¿Vos me querés decir que se metieron con tu familia...? ¡Qué hijos de puta! ¿Avisaste a la policía? ¿Hiciste la denuncia?
Una voz los sacó de su charla, Rogelio los miraba fijo a los dos.
- Claro que no lo hizo, no lo permitimos.
- Enloquecieron, ¡todos ustedes!
- Escúchenos Graziani. Rogelio, sentate por favor. Cuando Luis nos contó lo que estaba pasando creímos que no era para tanto, aunque por precaución, hicimos nuestras propias investigaciones. Y claro, ni pensábamos que al mover el avispero nos saldrían a atacar, ustedes dos metieron sus narices en gente muy pesada a la que no les gusta estar en la mira de nadie. ¿Me entiende?
- Claro que lo sé, lo que no me imaginaba era que ustedes estuvieran tan asustados. Lo puedo entender de Luis, un simple abogado... pero ustedes son una corporación con poder, se codean con las más altas esferas. Un llamado a algún amigo de la comisaria y esto sería pan comido para ustedes.
- Eso sería posible Graziani, si ustedes dos no estuvieran en la mira de gente con poder en la política... En resumen Graziani, con gentileza nos pidieron que se bajen o los bajan
Guillermo los miraba a todos pero en especial a Luis, era a la única persona que le debía lealtad de los de ahí reunidos
- Como están las cosas, me gustaría hablar a solas con Luis si es posible, para resolver lo que vamos a hacer
- ¡Ustedes no van a decidir nada acá! ¡Van a acatar las órdenes que nosotros les demos Graziani!
- La verdad que me están rompiendo las pelotas sus dichos señor. No se meta, manténgase callado.
- ¡Por favor Rogelio, callate...! Está bien, salgamos todos a tomar un poco de aire y calmarnos mientras ustedes hablan. Aunque le aclaro Graziani, esto tiene que parar, no hay vuelta atrás.
Salieron todos del lugar, solo quedaron él y Luis
- Bueno, ahora que se fueron hablemos sin reparos. ¿Qué mierda pasó desde la última vez que nos vimos en ese bar?
- ¡Qué va a pasar Guillermo! Te hice caso, por mi lado empecé a levantar alfombras y la mugre salió por todos lados, ahora me tienen en la mira. Guillermo, nunca te nombré, solo que hasta ahora creí que ellos iban a poder parar todo esto, pero te habrás dado cuenta ellos están atados de pies y manos.
- Lo que yo veo Luis es que estamos solos en esto, y que la justicia no es solo ciega, también es sorda
- Guillermo, ¿cuántos años hace que nos conocemos? Vos sabés bien que en nuestra profesión hay buena gente y de la otra. Mi gente, como vos los llamás, también manejan códigos entre ellos y los de arriba, y solo por cortesía les avisaron que me corra. Ya los conocés.
- Claro que los conozco, es ojo por ojo, pero con sutileza. ¿Qué vamos a hacer Luis? Tus jefes te quieren afuera de todo esto, y yo la verdad, que también.
- ¿Y dejarte solo con todo? ¡Vos estás loco...! Ni pensarlo, yo te metí en esto.
- Vos no me metiste en nada. Me pediste ayuda y yo te la brindé, ya soy bastante grande y tomo mis propias decisiones. ¡Che! ¿Somos amigos o no? Los amigos se ayudan en las buenas y en las malas.
- Guillermo, decime que guardaste bien lo que te di y que solo vos sabés donde
- Claro que lo hice, y muy bien. Y por supuesto que no dije nada a nadie. Luis, pensá, vos tenés una familia, y claro que yo lo tengo a Fabián, pero el que más lleva las de perder acá sos vos. Dejame manejar esto, te juro que yo voy a poder contra ellos y lo voy hacer con calma
- No, en esta estamos juntos
- Está bien, pero vamos a estar en calma hasta que todo se tranquilice. Vida normal, ¿te parece?
- Trato hecho… ¿y a estos que le vamos a decir?
- Veremos qué propuesta nos hace tu gente
- Cuando te conviene escarbás en la herida
- ¡Jajaja! Yo te ofrecí un sitio a mi lado y vos lo rechazaste por esto, ¿recordás?
- Claro que lo recuerdo… El gran Graziani con título bajo el brazo en los escalones de la facultad gritaba a los cuatro vientos que él iba limpiar a la sociedad de toda lacra
- Bueno che, era joven, y te recuerdo que vos y Juan me iban a ayudar
- Como olvidarlo…. ¡Qué época aquella! ¿Y Juan?
- Ese tema ni lo toques, hace agua por todos lados.
La puerta se abrió de par en par y cada uno tomó sus respectivos asientos. Guillermo los miró a todos fijamente.
- Bueno, supongo que ahora podremos hablar tranquilamente
- Claro que sí, pero les aclaro… a mi no me van a dar ordenes
- Graziani, tampoco piense que es así. Lo único que le queremos dar son consejos
- ¿Y qué consejo me pueden dar ustedes?
Rogelio estaba cansado de la prepotencia de Guillermo y no iba a permitir más atropellos de su parte
- Mirá Graziani, te guste o no te guste, los únicos que te pueden salvar el culo somos nosotros. Vos y Barrios no saben ni mierda donde se metieron
- ¡Vos a mi no me vas hablar de esa manera! ¡Bajá los tantos! No estás hablando con cualquier pichi…
- Tranquilos señores… Rogelio, te pedí calma, y usted Graziani no se imagine cosas que no son. Ninguno de los presentes somos boludos, le pedimos colaboración de su parte, acepte la propuesta que le voy hacer
- ¿Y qué me proponen ustedes?
- Una asociación simbólica, pero en regla. Con papeles. Hasta que dejen de estar los dos en la mira. Entienda Guillermo, Luis por ser de la corporación ya está a salvo, tocarlo a él es como si nos tocaran a nosotros mismos y saben que se la devolveríamos, pero usted está solo.
- Primero, ni loco asociaría mi estudio a ustedes. Y segundo, yo no estoy solo, tengo mi gente
- ¿De qué gente me habla? ¿De esos cuatro gatos locos que tiene en su estudio? ¿O me va hablar de un ex presidiario que es ahora su amigo?
Rogelio tiró de la cuerda y Guillermo esta vez no se la iba dejar pasar
- Medí bien las palabras que vas a decir, porque él será un ex presidiario pero es gente con códigos, no creo que ninguno de ustedes sepa que es eso. Y con respecto a los demás, nosotros somos familia. ¿Vos me podés decir lo mismo de la gente que te rodea, infeliz?
- ¡Por favor señores! ¡Dónde quedaron los modales! No somos animales, somos profesionales, arreglemos esto con calma.
Guillermo se levantó de la silla y los miró a todos.
- Luis, llámame o búscame, sabés que contás conmigo. Y ustedes traten de no cruzarse en mi camino. Buenos días.
La bronca que sentía traspasaba todo su cuerpo. ¡Con qué gusto le hubiese roto la cara a Rogelio! Pero algo de razón tenían, en esta estaba solo. No podía poner a su gente en riesgo y tampoco exponer a su propio hijo, de ahora en mas caminaría con pies de plomo y en especial desconfiaría hasta de él mismo...
En el salón solo quedaba Rogelio, los demás se habían retirado cada uno a su oficina. Él seguía sentado en el mismo lugar, meditando en los pro y los contra de la decisión que estaba por tomar... y aunque todo pesaba en su contra, en ese momento ganar tiempo era primordial. Sacó el celular de su bolsillo y marcó un número que sonó varias veces antes de ser atendido
- Diga......
- Donde siempre
La otra voz del otro lado respiró hondo antes de contestar
- Misma hora. Lo espero...
TUS OJOS... Continuará
¡Wauuuu cuanto misterio! ¡Muy buen comienzo Madame! ¿Hace falta decir que espero ansiosa la continuación? ¡Felicitaciones! Ya me tiene atrapada...
ResponderEliminarComo dijo Sandra, cuanto misterio!. Que comienzo intrigante!. Gracias Madame B por escribir y compartir. Besos Romina
ResponderEliminarMe gustó mucho!
ResponderEliminarFELICITACIONES MADAME,TODAS LAS GRACIAS TODAS POR ESTA NUEVA HISTORIA.
ResponderEliminar¡CUANTO MISTERIO POR FAVOR! ESA LLAMADA,ME INTRIGA.
"TUS OJOS" ME ATRAPARON Y ESTOY CASI SEGURA QUE SERÁN TESTIGOS DE LA NOCHE MAS BELLA.
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA" MONICA DE LANUS.
Me encanta....Espero el proximo GRACIAS!!
ResponderEliminarYa está escrito en otro espacio Adriana, y en curso.
Eliminar