Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 25 de diciembre de 2016

"MEDIANOCHE" - Cap. 11 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 11

Nunca antes había sentido nada comparable a esa ira ciega que me provocaba Franco y recé para no volver a sentirla jamás. Hoy puedo confesar que si Guillermo no hubiese aparecido a tiempo, no me hubiese detenido. Estaba dispuesto a terminar con él esa misma noche y para siempre. Una mezcla de voracidad e instinto asesino lograban que a cada grito de dolor que salía de su boca, mis colmillos se clavaran con más fuerza en su carne. En ese momento ignoraba muchas cosas, entre ellas, que la mordida de un vampiro a otro duele con violencia e intensidad. Eso fue lo que lo había hecho caer de rodillas, prácticamente derrotado.
El tiempo no ha opacado ese recuerdo, fue la primera vez en - para ese entonces - mi corta vida, que tuve sed de asesinar.  A pesar de lo lúgubre y tenebrosa que me pudiera resultar Medianoche, me había enfrentado a la verdadera maldad. Gaby me había preguntado en una ocasión si creía en el Mal, y yo le había dicho que si, pero no fue hasta esa noche en la que pude ver qué aspecto tenía y hasta donde era capaz de llegar.

Todavía estaba temblando entre sus brazos cuando mi padre, Beto y mi madre llegaron junto a nosotros.
_ ¡Qué pasó! _ Mi padre ya estaba de rodillas a mi lado, auscultándome de pies a cabeza para cerciorarse que estaba entero y con vida.
_ Franco… _ susurró Guillermo.
_ ¿Franco estuvo acá? _ Nunca había visto a mi padre en ese estado, estaba muerto de miedo, creo que después de las cuatro guardias anteriores a la mía, había comenzado a pensar que Franco nunca atacaría. _ Hijo… ¿Qué pasó?
_Adrián _ le dijo mi madre lo más bajo posible _ no levantes la voz, si nos descubren acá arriba vamos a tener que dar muchas explicaciones. Pedro, hijo, ¿estás bien?
Asentí lentamente mirándola a los ojos. Lo que vi en ella no era precisamente el miedo que había visto en mi padre, estaba desfigurada de rabia. _ ¿Y dónde está ahora? Lo voy a buscar… Lo voy a buscar para dejarle en claro que con mi hijo no. ¡Con mi hijo no, maldito cerdo malnacido!
Podía comprender perfectamente lo que sentían mis padres, pero no podía dejar de pensar en Gaby, estaba seguro que había escuchado todo y que debía estar aterrada. Alguien debía ir a verla, y la única que podía hacerlo sin riesgos, era mi madre.
Guillermo leyó a la perfección mi mente y se lo transmitió tal cual yo lo había pensado _ Celia, entiendo lo que sentís, pero Franco ya se fue y no creo que vaya a volver, no al menos esta noche. Pedro desea que vayas a ver a Gaby. Está seguro que escuchó lo que acaba de pasar y debe estar aterrada.
Lo pensó unos segundos antes de responder. En ese instante solo deseaba ir tras los pasos de Franco y terminar con él, hasta que logró calmarse. _ De acuerdo, voy a ver a Gaby y después me encuentro con ustedes. ¿Dónde Adrián?
_En casa _ le dijo por lo bajo pero lo suficientemente claro para que ella pudiera escuchar. _ Andá a ver cómo está Gaby, nosotros vamos a sacar a Pedro de acá ya mismo. Hijo, ¿podés caminar?
_ Si papá. Estoy bien, no te preocupes.
Me puse de pie e hice un par de largas inspiraciones intentando recuperar la calma. Si bien tendría que evaluar conmigo mismo lo que había sucedido esa noche, lo único que quería era irme de ahí lo antes posible. Por momentos tropezaba con las tejas y me costaba mantener el equilibrio, pero con mi padre de un lado y Guillermo del otro mientras Beto cuidaba nuestras espaldas por si Franco decidía regresar, pude desandar el camino hasta que estuvimos a salvo. No estaba herido, era el estupor de lo que había vivido lo que entorpecía mis pasos. Caminaba casi a ciegas.
_ ¡Pedro, por el amor de Dios! ¿Qué te pasa hijo que no podés ni caminar solo? ¿Estás herido? ¿Me estás ocultando algo debajo de tu ropa? ¿Te lastimó?
A pesar del esfuerzo que Guillermo había hecho por quitar toda esa sangre inmunda de mi rostro, era seguro que aun había restos de ella en mis labios, algo que la oscuridad impedía que mi padre pudiera ver. Ni remotamente sospechaba que lo había mordido.
_ No estoy herido papá. Ya vamos a hablar de lo que pasó cuando lleguemos a casa.
Fue un acto inconsciente, sentía la boca seca y áspera, la secuela que había dejado la mordida. Me había asegurado de no beber ni una sola gota de la sangre de Franco por puro instinto, de solo sentirla en mi boca me provocaba la misma repugnancia que su olor, pero involuntariamente me pasé la lengua por los labios y no pude evitar lo que pasó apenas tragué mi aliento con toda la información que ella me había dado.
Sentí el inconfundible ardor en las encías y los empujé en el último instante de lucidez, por temor a hacerles daño. Mis colmillos volvieron a resurgir y bramé estrepitosamente. Giré sobre mí contemplando la academia desde mediana altura e intentado descifrar donde se había escondido, el impulso de ir por él y terminar con su vida fue tan pujante que apenas si pudieron sostenerme entre los tres.
_ ¡Qué pasa hijo! ¡Guillermo que pasó! ¿Por qué está así?
Para que seguir negando lo que ya estaba a la vista. _Lo mordió Adrián. _ Le mostró el pañuelo cubierto de sangre _ No bebió su sangre, solo lo mordió. _ Como era de prever, Guillermo sabía todo lo que pasaba por mi mente, de la misma manera que la suya tampoco tenía secretos para mí. _ Acaba de pasarse la lengua por los labios y debe haber tragado algo de esa inmundicia.
Mi padre lo miraba atónito, no era esto lo que había pensado que significaría nuestra estadía en Medianoche, pero era lo que había pasado, y sabía que tenía que seguir adelante con lo que le tocaba vivir.
 _ Si es solo eso, se le va a pasar rápido… _ dudó un poco antes de pedírselo, miró a Beto que pudorosamente desvió la vista de la escena, pero sin dejar de ayudar a sostenerme. A pesar de mi estado de enajenación sentía sus manos sobre mí y el profundo cariño con el que me sujetaba.  _ Ayudalo Guillermo, está sufriendo y no puedo verlo así, ayudalo por favor. Solo vos podés calmarlo en este momento.
Mientras mi padre y Beto luchaban con todas sus fuerzas para retenerme, manteniéndome de rodillas sobre el último tejado, él se arrodilló ante mí, sostuvo mi rostro con sus manos y me obligó a mirarlo a los ojos.
No me alcanzarán los muchos días que tendré de vida para olvidar ese momento, no articuló una sola palabra, solo pronunció mi nombre mientras sus ojos se impregnaban en los míos llenándome de amor y paz. _Pedro… _ Con solo sentir el contacto de su piel sobre la mía y descifrar lo que su alma intentaba decirme sin palabras fue suficiente para que ese sentimiento enloquecedor retrocediera y volviera a ser yo.
Los incisivos se retrajeron, mis ojos volvieron a la normalidad, mi pulso se serenó y pude hablar _ Ya estoy bien. Ya pasó. Gracias a los tres por ayudarme.

Había corrido por la vieja escalera de piedra a toda velocidad, sentía el corazón golpeando su pecho, como si quisiera salir de ella y hacer justicia de una vez. A pesar de lo bien que lo llevaba, no dejaba de ser una vampiro y eso sumado a su instinto de madre habían provocado en ella algo que hacía muchos años no sentía. Ganas de matar. Quería buscar a Franco y retorcerle el cuello hasta escuchar su última expiración, o bien desangrarlo. Sí, porque no. Desangrarlo hasta ver salir de él la póstuma gota de sangre que lo quitaría de nuestros caminos para siempre.
Los años le habían dado un temple verdaderamente envidiable, pero nunca se había enfrentado con la indescriptible y desgarrante sensación de haber visto la vida de su hijo en peligro, “y en manos de semejante gusano. Se vuelve a meter con mi hijo, y no sale de esta escuela con vida. Juro que lo mato. Tiene muchos años sobre la Tierra, pero no tantos como yo. Una vez más, solo una vez más que se meta con Pedro y juro que lo mato. ¡Maldito asesino!”
Respiró profundamente varias veces antes de golpear su puerta con mucha prudencia, Gaby no estaba sola, estaba Sonia y no tenía que sospechar absolutamente nada de lo que pasaba. Consideró que tres golpecitos tenues serían suficientes. _ Gaby _ la llamó apenas en un susurro. Había logrado recuperar la calma. _ Soy yo, Celia.
Gaby abrió la puerta lentamente y con desconfianza, pero cuando se aseguró que era ella, la desplegó de par en par y se arrojó en sus brazos.
_ ¡Celia! ¡Celia! ¡Gracias por venir!
Mi madre acarició sus cabellos tratando de calmarla, temblaba como las hojas machitas a punto de desprenderse de las ramas de los árboles de Medianoche. Después se llevó un dedo a los labios indicándole que bajara la voz. _ ¿Y Sonia?
Gaby dio un paso al costado para que lo comprobara por ella misma. _ Duerme como un tronco. No escuchó nada. ¿Pero cómo está Pedro? Yo si escuché todo lo que pasó ahí afuera y… ¡tengo tanto miedo!
_ Para eso vine y por pedido de Pedro, para decirte que Franco ya se marchó y que él está bien.  En este momento Adrián, Beto y Guillermo lo están llevando a nuestro departamento.
_ ¡Yo me voy con vos! ¡Ni loca me quedo acá!
_ Gaby… no sé si es buena idea.
_ ¡Celia por favor! No me dejes sola con este sapo que lo único que hace es dormir. Franco podría devorarme en plena madrugada y ella nunca se enteraría.
Recién en ese momento se dio cuenta que Gaby no llevaba puesta la ropa de cama, estaba vestida como para salir corriendo si algo salía mal. Las profundas ojeras debajo de sus ojos hacían evidente que llevaba noches sin dormir. _ Está bien. Vamos. Pero si te preguntan algo vas a decir que estás sufriendo ataques de pánico, tal vez te den alguna medicación, pero no la tomes.
Volvió a lanzarse sobre ella y la abrazó con gratitud. _ ¡Gracias Celia! Pero estoy segura que no estaría mintiendo si digo que tengo ataques de pánico, y si me dan alguna medicación, tal vez pruebe con tomarla. Ya no puedo más con esta situación de sentirme el pedazo de carne fresca que se ha convertido en el objetivo principal de un asesino como Franco.

Mientras bajaban por la escalera de piedra el semblante de Gaby había cambiado. Se la veía más repuesta. _ ¡Cómo disfruté cuando Pedro lo mordió!
Mi madre detuvo su descenso en seco y se volvió hacia ella. _ Como que lo mordió…
_ Si, lo mordió. Bueno, no pude verlo, pero estoy segura. Franco gritaba como loco y le rogaba que se detuviera. Es más, en un momento le dijo que si lo soltaba se iba.
_ ¿Y qué pasó después? ¿Qué escuchaste?
_ Después llegó Guillermo y no paraba de decirle “basta Pedro, soltalo.” Por eso estoy segura que lo mordió. ¿Qué pasa Celia? ¿Por qué tenés esa cara? ¿Eso es algo malo?
_Todavía no lo sé. Vamos, debemos llegar a casa antes que alguien nos vea.

Ya habíamos terminado de desplazarnos por los tejados, pero no podíamos entrar por la ventana de mi habitación. Marcial estaba en ella. Tuvimos que descender como pudimos hasta la planta baja e ingresar por el vestíbulo. Después del incidente en Riverton, la vieja y pesada puerta de entrada se mantenía cerrada una vez dado el toque de queda y solo los profesores contaban con la llave que la abría.  Era una suerte que mi padre estuviera ahí.
Trepamos la escalera casi corriendo y recién nos relajamos cuando estuvimos dentro del departamento de mis padres, que ya se había convertido en la base de operaciones de la Nueva Orden.
Lo primero que hice fue correr a lavarme la cara y me cepillé los dientes hasta sentir que las encías se me adormecían, quería borrar todo rastro de la sangre de Franco de mi boca. Pocos minutos después llegó mi madre junto con Gaby que se lanzó sobre mi cuello y me abrazó con restos de temor y mucho agradecimiento. 
Pude ver la mirada de desaprobación de mi padre y el gesto que le devolvió mi madre, interpelándolo. “¿Y que querías que hiciera? Está muerta de miedo.”  Ellos no habían desarrollado habilidades telepáticas, pero después de tantos años juntos era evidente que lograban entenderse sin palabras.
En ese instante, y con Gaby todavía enrollada sobre mi cuello, lo inevitable se presentó ante mí. Guillermo me llevaba algunos años y yo había detenido mi envejecimiento. Eso significaba… ¡No! ¿Cómo podía ser que no lo hubiese pensado antes? Sí, claro que si… Tal vez podríamos pasar juntos muchos años, pero llegaría el día en el cual… Busqué sus ojos con Gaby aun abrazada a mí y estuve seguro que viéndome acariciar su espalda pudo comprender en ese gesto, que lo que realmente estaba acariciando era nuestro amor y que al abrazarla a ella, en realidad me abrazaba a él.
Me sonrió con tanta ternura que de no haber sido porque estábamos completamente rodeados me hubiese lanzado sobre su pecho ahora algo descubierto,  lo habría comido a besos y le habría propuesto pasar la noche juntos. Esa idea venía pasando por mi mente cada vez con más frecuencia, y estaba seguro que él ya lo sabía.  Yo aun no había logrado leerla con nitidez en sus pensamientos, era más cuidadoso que yo cuando estábamos juntos, pero su manera de acariciarme cuando me besaba había cambiado. Me deseaba y yo a él.
Para mi suerte, Beto hizo su aparición en el momento justo. _ Bueno Gaby, soltalo o lo que no hizo Franco lo vas a terminar haciendo vos. Ya está casi azul de tanto abrazo, además me empieza a pegar de celos tu agradecimiento_. Nadie    que conociera a Beto podía suponer que estaba hablando en serio, solo se había percatado de nuestro cruces de miradas y sabía que la única persona que yo quería abrazar esa noche y las noche que me quedaran de vida, era a Guillermo. Gaby, sonriendo, se soltó de mí y fue a consolar los falsos celos de su novio. 
Mis padres estaban en la cocina, seguramente y siguiendo el ritual, preparando café para todos. Gaby y Beto se desplazaron a un costado de la habitación besándose recatadamente pero con muchas ganas, y entonces estuvimos casi a solas por unos minutos. Casi, porque si bien había mucha gente dentro de la casa, en ese momento nadie nos prestaba atención.
Estaba tan guapo con esa cremallera abierta, los botones de su camisa se habían soltado y dejaban ver el vello de su pecho. Sin decir una sola palabra, fui donde él estaba, tomé su rostro entre mis manos y lo besé desesperadamente sin temor de que alguien pudiera vernos. Me abrazó con esa fuerza que duele pero no lastima, había escuchado perfectamente mis temores y estaba tratando de darme fuerza para lo que vendría, era un hecho que él moriría antes que yo, a menos que…  Se soltó de nuestro beso y me miró muy directo a los ojos. No fue difícil discernir lo que estaba pensando. Íbamos a necesitar una larga charla al respecto.
_ ¡Café para todos! _ gritó mi madre sabiamente desde la cocina, dándonos tiempo a los cuatro de soltarnos y evitándonos el bochorno de ser vistos a los besos por los rincones de la casa.

Ahora el secreto había dejado de serlo. Era muy probable que Franco contara que lo había mordido y aunque no era seguro que le creyeran, me atormentaba el riesgo, por remoto que fuera, a que todos nosotros nos viéramos expuestos.
_ ¿Por qué no usaste el amuleto antes Pedro? ¿Desde cuándo te volviste así de insubordinado? En Riverton, no me llamaste. Ahora esto.
_ No papá, te juro que esta vez sí quise hacerlo, pero por temor a perderlo lo llevaba debajo de toda mi ropa. Franco cayó sobre el tejado de manera sorpresiva, no me dio tiempo a nada, y en cuanto comencé a intentar hacer contacto con el amuleto, sospechó y me preguntó que estaba buscado. Por eso desistí, para que no lo descubriera y para que no cayera en sus manos si me vencía.
Mi madre puso su mano sobre la mía. _ Lo hiciste muy bien hijo. Tranquilo, lo hiciste muy bien. ¿Cómo te sentís?
_ Bien mamá. Estoy bien.
_ Adrián, yo creo que mañana deberían tomarse el día. Han tenido una noche demasiado especial.
_ De ninguna manera, mañana tienen los últimos exámenes. _ Mi madre refunfuñó y puso los ojos en blanco.
Era muy extraño tener que pensar en cosas tan mundanas como un examen en medio de todo esto, pero también formaba parte de nuestra realidad. Beto, Gaby y yo nos sonreímos. _ Tranquila Celia, hemos estudiado duro, no vamos a tener dificultades con los exámenes. Además mañana viernes se terminan y se acerca el próximo fin de semana. ¿Qué vamos a hacer este fin de semana en Riverton para relajarnos después de una semana tan agitada?_ preguntó Gaby inocentemente.
_ Ellos no tengo la menor idea _ dijo Beto y esta vez sin esas sonrisas tan pícaras que lo caracterizaban _ pero vos no te vas a separar de mi ni un solo minuto. ¿Me escuchaste colorada?  ¡Ni un minuto! Hasta al baño vas a ir conmigo… Y Sonia que se quede o que se busque otra compañía. Este sábado sos mía y solo mía_. El gesto de Gaby al tomar su mano, más que agradecido fue todo un consentimiento.
Guillermo y yo nos miramos a los ojos, los dos teníamos muy claro lo que queríamos hacer el sábado en Riverton,  iba a necesitar una charla a solas con mi madre.
El tiempo que pasó antes del paseo en Riverton me tuvo por momentos exaltado y por otros, preocupado. A veces me preguntaba si no lo aterraría estar conmigo a solas en una habitación, ni yo sabía cómo iba a reaccionar. Ya me había dado cuenta que mi instinto a veces aparecía sin que pudiera evitarlo. Por un lado quería correr ese riesgo, por otro me atemorizaba la idea de hacerle daño, pero ya no lo soportaba más. La espera me estaba torturando, me estaba volviendo loco de deseo. A veces me preguntaba si  estaría él tan dispuesto como yo de correr ese riesgo. ¿Y si volvía a morderlo? Si bien lo habíamos hablado a solas en los prados entre un examen y el otro, y aunque él acabara diciéndome que no le importaba lo que pudiera pasar, la incertidumbre me tenía mal. Él era mi destino, y no quería perderlo.
Esa noche ninguno pernoctó en el departamento de mis padres. Mi madre acompañó a Gaby hasta su habitación, Beto y Guillermo se marcharon juntos a la suya y mi padre insistió en escoltarme hasta asegurarse que estuviera a salvo dentro de la mía. Después iría a montar guardia en el tejado de Gaby. Estábamos convencidos que Franco no se atrevería a volver, pero él sostuvo que era una locura darle la más mínima oportunidad. _ Debe estar lleno de odio y resentimiento, y eso lo vuelve más peligroso que antes.
No hicieron falta palabras, nuestras miradas se encontraron justo antes que él y Beto se marcharan y le cita se dio por sentada. Al otro día, apenas terminaran los exámenes, íbamos a hablar a solas. Le sonreí con sutileza para que mis padres no advirtieran nuestros planes, conocía Medianoche de cabo a rabo y ya sabía donde podíamos ocultarnos sin ser descubiertos.

El viernes amaneció con un manto de nieve que transformó a Medianoche y sus alrededores en un terruño níveo que cegaba la vista, el frío se calaba hasta los huesos. Todos, sin excepción, tuvimos que sacar a relucir las bufandas y los guantes que formaban parte del uniforme. Habíamos dormido poco y bastante mal, pero haber estudiado tanto para los exámenes para no pensar en exceso estaba dando buenos resultados. Hasta el momento, tanto Gaby como Beto y también yo, veníamos zafando bastante bien.
Sabía que no iba a ver a Guillermo en el break de mediodía, estábamos en veredas opuestas. Él estaba trabajando como profesor y ayudando en varias cátedras con los exámenes y yo con la cabeza a punto de estallar tratando de aprobarlos.
Pasada la media mañana el sol había comenzado a brillar con intensidad, derritiendo la nieve y logrando un clima un poco más acogedor. Decidí salir a dar un recorrido al aire libre con mi vianda en mano. Necesitaba respirar.
Me crucé con él a campo abierto y por primera vez desde la noche del Baile de Otoño, Balthazar me sonrió un poco avergonzado por encima de su bufanda roja con el escudo de Medianoche estampado en ella.
_ Hola _ me dijo con timidez.
_ ¡Hey! ¡Hola! _ de verdad me agradaba encontrarme con él. _ ¿Cómo te está yendo con los exámenes?
_ Hasta ahora bien. Gracias por la ayuda que me diste con tu madre, de no haber prestado atención al balanceo de sus talones nunca hubiese logrado pasar el examen.
_ Nada que agradecer. Yo solo te indiqué como un gesto muy típico de ella delataba la importancia de un tema, pero el que decidió estudiarlo fuiste vos. El mérito es todo tuyo.
_ ¿Te meto en un problema si te invito a que caminemos juntos? _ Me preguntó evidenciando cuanto pudor sentía de volver a sentirse rechazado.
_ Por supuesto que no. Vamos. Caminemos un poco. En un par de horas hay que volver a terminar con los malditos exámenes.
Caminó a mi lado, como de costumbre, midiendo la dimensión de sus pasos para no dejarme atrás. Era mucho más alto que yo y sus piernas me llevaban muchos centímetros de ventaja. _ ¿Están bien? _ Me preguntó. Yo lo miré pretendiendo ignorar a que se refería. Dirigió su vista hacia el bosque para no incomodarme y se sonrió con sinceridad. _ ¡Vamos Pedro! Ya está más que claro que nunca vamos a ser más que buenos amigos. Podés confiar en mí. Con Guillermo… ¿Están bien?
Traté de relajarme, después de todo no era un secreto. Toda la Academia sabía que estábamos juntos. Era un secreto a voces. _ Sí, estamos bien.
Desvié mi vista hacia él justo para alcanzar a ver como apretaba los ojos con un gesto que no logré interpretar con exactitud. _ Cuanto me alegro, por él sobre todo. _ Esas palabras me hicieron sentir algo incómodo, pero Balthazar era todo un caballero. _ No te pongas así, no es tu culpa que yo no haya generado en vos lo mismo que vos generaste en mí, que me haya enamorado de vos apenas te conocí. Sos un ser muy especial Pedro… En cuanto a Guillermo, el respeto que le tengo me basta para que el dolor no se transforme en celos. Si no vas a ser mío, me tranquiliza que al menos, estés con alguien de es digno de vos.
Nunca dejaba de asombrarme su caballerosidad y esa capacidad de reflexión que lo volvían tan particular. Estaba completamente seguro que de no haber conocido a Guillermo Graziani en la Academia Medianoche, lo hubiese elegido a él. Era mucho más de lo que uno esperaba encontrar en los extraños caminos del amor, y sobre todo, a los dieciocho años. _ Balthazar…
_ No digas nada. Por favor, Pedro… no lo digas.
Seguimos caminado juntos en silencio hasta que encontramos un lugar a la luz del sol lo suficientemente apropiado para sentarnos a compartir el almuerzo fugaz antes de volver a seguir con los exámenes. El primero en romper el silencio incómodo fue él. _ ¿Y cómo te está yendo con tu… “transformación”?
Esta vez sí que se me pararon los pelos de la nuca. _ ¿Cómo sabés eso? Camila…
_ Si, Camila… Pero no te preocupes. Me lo dijo solo a mí. Puedo dar fe de eso.
_ ¿Y cómo podés estar tan seguro?
_ En primer lugar, porque la conozco desde hace cientos de años. Y en segundo lugar, porque le pedí que no lo hiciera.
Respiré un poco más tranquilo. Camila haría cualquier cosa que Balthazar le pidiera, estaba enamorada de él. _ ¿Están juntos?
Él se encogió de hombros. _ No, juntos no... Siempre es más de lo mismo y eso no va a cambiar. En cualquier lugar del mundo donde nuestros caminos se crucen compartimos algunas cosas, algunas noches solitarias, pero nunca va a ser más que eso.
_ Me da mucha pena escuchar eso, ella está enamorada de vos
_ Y yo de vos… Y vos de Guillermo. Y por más que le demos mil vueltas eso no va a cambiar. No te preocupes por Camila, ella es muy inteligente y sabe cómo defenderse de esta soledad eterna que es la inmortalidad.
Creí que el corazón se iba a detener en mi pecho. _ ¿Cómo que inmortalidad? ¿Acaso no se han sumado al pacto? ¿Acaso…?
_ No… No. No somos asesinos, no al menos ahora. Cuando se estableció el pacto nos sumamos él, pero para nosotros llegó un poco tarde.
_ No entiendo
_ Pedro, no pertenecemos a la misma estirpe de vampiros. Vos, tus padres, y muchos en Medianoche han tenido el privilegio de ser hijos de vampiros. Una mordida, como la tuya en el Baile de Otoño, detiene el envejecimiento. Lo retrasa, pero abstenerse de la sangre humana les permitirá morir al cabo de los años. Nosotros estamos deambulando por la Tierra desde hace más de seiscientos años, y hace solo ciento cincuenta años de dejamos de beber sangre humana. Eso nos da un margen de vida mucho superior al de ustedes._ Un rictus de amargura se dibujó en su rostro. _ A pesar del esfuerzo, parece como si el tiempo se hubiese congelado. Los años pasan como si solo fueran días, y por momentos se vuelve enloquecedor.
Entornó sus párpados y un gesto que nunca había visto en él enmarcó sus labios, como si estuviese a un paso de romper en lágrimas.
Me sentí realmente conmovido. Hubiese querido abrazarlo, pero no tenía derecho a confundirlo.  _ Balthazar, ¿puedo hacerte una pregunta?
Parpadeó sorprendido _ Si claro.
_ ¿Cómo pasó?
No contestó de inmediato. Por el modo en que miró el horizonte supuse que estaba intentando recordar y el dolor se reflejó en su rostro. _ Fue en el mismo pueblo donde nací. Vivía con mis padres y mi hermana Charity en una casita modesta. Era apenas un adolescente, solo había salido un par de veces del pueblo. _ Su vista seguía fija en el horizonte _. Una noche, mientras dormíamos, llegaron ellos. No eran más que tres, pero fue suficiente para despedazar el mundo en el que vivía. A mis padres, simplemente los desangraron delante de nuestros ojos. Después de asesinarlos les clavaron estacas en el pecho para que no pudieran despertar siendo vampiros, en cambio a mi hermana y a mí, no nos otorgaron ese privilegio. También nos desangraron, pero nada de estacas. Fue la peor de las condenas. Despertamos sedientos de sangre y de vidas humanas, aturdidos, desconcertados y casi sin poder recordar nuestra vida anterior a esa noche marcada por el infierno. Nos llevaron con ellos y nos convirtieron en parte de su grupo. Asesinábamos personas sin saber porque lo hacíamos y bebíamos su sangre sin remordimiento. Indudablemente mi naturaleza era diferente a la de Charity, ella parecía disfrutarlo, la veía divertirse en cada ataque. Aun recuerdo su risa sarcástica, se regocijaba del horror que provocaba en sus víctimas, pero yo… Yo no lo disfrutaba, actuaba por instinto. Por mandato, por lo que fuera. Pero me entristecía. Por eso una noche decidí largarme. Huí lo mas a prisa que pude y anduve solo por mucho tiempo, alimentándome de animales salvajes, y siempre con ese remordimiento a cuestas. Hasta que una noche en la que intentaba cazar algo en medio de la oscuridad, me encontré con otros. Similares a nosotros, pero diferentes. Ellos me hablaron del pacto, un hecho que desconocía absolutamente. Había estado aislado por cientos de años.
Juro que mi alma se retorció en ese instante, me compadecí de su destino tan diferente al mío, siempre cuidado y protegido. Hubiese querido abrazarlo, pero no podía correr ese riesgo, por lo tanto me limité a posar mi mano en su hombro infundiéndole confianza y comprensión.
Él me lo agradeció con esa sonrisa gentil que le daba ese toque de distinción. _ Gracias por entenderme Pedro. Sabía que podía confiar en vos.
_ ¿Y qué pasó después?
_ Después, ellos me adoptaron como a un hijo. Me ayudaron a templar mi naturaleza, me hablaron del bien y del mal. Me convirtieron en una buena persona… _ hizo una pausa _ perdón, en un buen vampiro. Ya no soy una persona. Solo soy un vampiro.
_ ¡Si sos una persona!
Se conmovió profundamente por mi intento de hacerlo sentir que era como yo _ No Pedro, no mi amor. Yo ya no soy una persona, he segado tantas vidas que me toca pagar deambulando por la Tierra hasta que pueda purgar cada uno de mis crímenes, y quien sabe cuántos siglos va a llevar eso. Camila tiene una historia bastante parecida a la mía, es por eso que lleva los mismos años que yo en este camino errante y hasta ahora sin final. Cada vez que nos encontramos volvemos a estar juntos, pero eso no es amor. No es ni siquiera similar a lo que pasa entre Guillermo y vos, nosotros somos dos muertos en vida que nos acompañamos hasta que Dios nos perdone por lo que hemos hecho y decida concedernos la bendición de poder morir. Morir para encontrar la paz, la vida eterna de la que habla la Biblia y no este transitar sin sentido por la Tierra.
No sabía que decir. _ Debés echarlos mucho de menos. A tu familia me refiero. _ Me sentía atormentado por lo que acababa de escuchar y sentía una profunda tristeza por él. Un destino que no había elegido lo obligaba a atravesar por un verdadero infierno siendo absolutamente inocente. “¿Y qué va a ser de vos cuando lleves cientos de años sin ver a Guillermo?”  No podía soportar pensar en eso, así que volví a concentrarme en Balthazar.
_ Mis padres están muertos y mi hermana… _ se detuvo y sacudió la cabeza con tristeza. _ Mejor no hablemos de ella. No se puede volver el tiempo atrás Pedro, fue lo que pasó. Lo que nos pasó a todos y ahora hay que seguir adelante, con el recuerdo despedazado de cuando solo fuimos una familia más.
_ ¿Qué desearías si pudieras volver el tiempo atrás? ¿Qué sueños tenías para tu vida en esos tiempos?
Nunca hubiese esperado esa respuesta. _ Me resulta imposible recordar cuales eran mis sueños de adolescente cuando de verdad estaba vivo, pero si pudiera volver el tiempo atrás, moriría junto con mis padres en aquella misma noche. _ Se acercó a mí y acarició mi rostro con su mano enguantada. _Vos todavía estás vivo Pedro, yo casi no recuerdo que sentía cuando era un simple mortal. Si solo pudiera volver a sentirlo un día más, aunque no fuera más que eso, un solo día, lo pagaría hasta con la muerte. ¿Por qué crees que los vampiros de Medianoche son tan crueles con los alumnos humanos? Es por celos Pedro… Nada puede compararse a estar vivo.
_ Bueno, no sé muy bien cómo funcionan las cosas todavía, pero si de algo te sirve, yo sí te siento vivo.
Al ver la lenta y leve sonrisa que empezó a dibujarse en sus labios tuve la sensación de haber hablado de más. Esa luz de esperanza en su mirada era algo que no había vuelto a ver desde el Baile de Otoño, antes que me decidiera por Guillermo. Sin embargo, lo que más me recarcomía, era que había dicho la verdad. Estaba enamorado de Guillermo, pero Balthazar era importante para mí.

Después de despedirme de Balthazar, me dirigí a toda prisa hacia donde estaban las aulas. En el camino me encontré con Gaby y caminamos juntos charlando tranquilamente, hasta que nos cruzamos con él. Franco nos había divisado un poco antes, llevaba la mano vendada y tenía los ojos oscuros clavados en nosotros. Al ver cómo le sostenía la mirada, me dedicó una sonrisita burlona sin dejar de caminar. Era un hecho que la última palabra aun no estaba dicha. Una multitud de estudiantes nos rodeaba, pero ninguno le quitó la vista de encima al otro, hasta que Gaby tironeó de mi manga obligándome a ignorarlo.

Cuando los exámenes terminaron, comencé a buscarlo por todos los rincones de la escuela. Como no pude encontrarlo, me quedé esperando solo en el vestíbulo. Los minutos se transformaron en horas, horas que se volvieron interminables. La noche comenzaba a caer, el frío había regresado con intensidad, y no tenía la menor idea de donde podía estar.
No podía faltar a la cita, estaba seguro que la noche anterior, poco antes de despedirnos, lo habíamos dejado en claro con solo mirarnos. Ya iba a llegar.
Traté de distraerme observando la espesura de los prados y ese espacio infinito y sin construcciones que rodeaba Medianoche.
No me hizo falta verlo para saber que estaba cerca, tenía el mismo aroma del bosque cuando despunta el sol, su fragancia me recordó aquella mañana en la que nos vimos por primera vez y giré para buscarlo con la vista.
Guillermo bajó el último peldaño de la vieja escalera y pude ver su rostro a pesar de la penumbra. Todo el tiempo que había estado esperándolo hizo brotar en mí el deseo de correr a abrazarlo. Casi volé hasta sus brazos.
_ Mi amor… Pensé que no ibas a venir
_ Lamento haberme demorado tanto. Estaba ayudando con los exámenes
Las manos se nos salían del cuerpo por tocarnos. _ Eso ya no importa, ya estás acá.
_ ¿Vamos a hablar a solas?
Se me aceleró el corazón. _ Si, tenemos mucho de qué hablar.
_ ¿A dónde me vas a llevar?
_ Llegué a Medianoche un mes antes que comenzaran las clases, la recorrí de punta a punta y hay un lugar donde nadie va a descubrirnos. ¿Querés ir conmigo ahí? _ La voz me temblaba. Sentí temor al preguntar. Desde aquella noche en la que lo había mordido, nunca más habíamos estado tan a solas y apartados del mundo, pero si él confiaba en mí, yo iba a saber comportarme.
_ Esta noche vos mandás, yo te sigo. A donde sea Pedro, a donde quiera que vayas yo te sigo.
Le tomé la mano y antes de emprender el camino lo besé en medio del vestíbulo. Acababa de atreverme a acariciar una esperanza, tal vez, él estuviera dispuesto a dar el salto a cambio de estar toda una larga vida juntos.

_ ¿A dónde vamos? _ me preguntó mientras me seguía confiadamente tomado de mi mano.
_ A la torre. Detrás de los dormitorios de los chicos hay un lugar que usan solo para guardar cosas, ahí nadie nos molestará. Es el único lugar en toda Medianoche  donde vamos a tener un poco de intimidad. ¿Estás asustado? Si querés podemos esperar, eso no cambiaría lo que siento por vos. Es más, te entendería. _ Y bajé la vista avergonzado.
Por toda respuesta me besó en medio de la escalera y contrajo mi cuerpo hacia el suyo con tanto deseo que me hizo gemir de placer. _ Vamos ya.
El eco de nuestros pasos rebotaba contra las paredes de piedra, pero nadie podía oírnos. Estábamos lejos de las habitaciones.
Abrí la puerta con sumo cuidado. La última vez que había esto ahí había encontrado una lluvia de telarañas y polvo, pero ahora que ya estábamos en pleno año lectivo, se lo veía más limpio. Seguía atiborrada de cajas apiladas y muebles destinados a los archivos. Instrumentos de limpieza, antigüedades y extraños objetos que no tenían sentido para mí. Busqué una manta y la eché sobre el piso. Me volví hacia la ventana para observar las estrellas y las constelaciones, ellas siempre me hacían sentir acompañado, sobre todo cuando más miedo tenía. _ ¿Hace un poco de frio, no? _ pregunté para romper el hielo. Estábamos solos y muy lejos de todo ese universo que formaba Medianoche.
_ Si, hace un poco de frío. Pero nada que no podamos soportar. _ Guillermo se sentó sobre la manta y palmeándola, me invitó a hacer lo mismo. _ Vení Pedro. Sentate acá conmigo.
Temblaba de pies a cabeza, pero obedecí ciegamente. Me senté junto a él, me abracé las piernas para entrar en calor y lo miré a los ojos. _ ¿Y ahora como sigue esto? ¿Por dónde empezamos?
_ Por esto _ me dijo al tiempo que tiraba de mí para recostarme sobre sus piernas cruzadas sobre el edredón. Me sostuvo en el hueco de su brazo y volvió a besarme como aquella noche en la que dormimos juntos en el departamento de mis padres. Era muy obvio que no me tenía miedo y eso me dio paz. La paz que necesitaba para disfrutar de ese momento junto a él. Todo el miedo que albergaba en mi interior se desvaneció, rodeé a Guillermo con mis brazos y me fundí en él. Teníamos toda una noche solo para nosotros, para nuestros deseos y, tal vez, para consumar nuestro amor.
Las estrellas y constelaciones nos miraban absortas a través del cristal de la única ventana mientras vencíamos el frío y los pudores. Comenzábamos a recorrer este nuevo camino, pero ellas no me hacían sentir incómodo. Por lo contrario, no había paisaje más perfecto para encuadrar nuestra forma de amar.

CONTINUARÁ.

8 comentarios:

  1. Ayyyyyy POR DIOS!!!! Pedris!!!! Por que!!!??? No me dejes así!!! Cuando, antes de terminar, leí el "continuará", pegué un "NOOOOO". Tené piedad, por favor! Los quiero juntos YA! ;)
    Hermoso!!! Como siempre! Atrapante, romántica, moderna, sexy. Me encanta esta historia.
    Aguardaré, tranquila y entera, hasta la próxima semana (hasta la próxima, no? ;) ) Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hola Romi! Y ante todo... ¡Feliz Navidad!
      Si, imaginaba que iban a poner el grito en el cielo por el momento donde aparecía el "continuará". Pero esta no es una historia de amor común y corriente, es tan especial, que los dos necesitan saber si Pedro podrá contener sus instintos cuando estén juntos, es por eso que corté el capítulo ahí. Debemos darles tiempo a que se pongan a prueba, a que se expongan, a que puedan evacuar las dudas y los temores. ¿Podrá Pedro controlar su naturaleza en el momento de amar?
      ¡Gracias Romi! Sos el ángel de mis pluma. ¡Besosss!

      Eliminar
    2. Noooo ;) Que Pedro no controles sus instintos ;) a Todo o Nada ;) Que lo haga suyo para siempre y viceversa ;) <3 <3 <3 Besos Romina

      Eliminar
  2. Que MALVADA como te atreves a dejarnos asi no tenes perdon hay que hacerte un juicio
    Escribi ya que nos debes el capitulo del domingo anterior mara rosas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Mil perdones señora... y ¡Feliz Navidad!
      No soy malvada, como le dije a Romi, esta historia es tan especial que antes de entregarse deben estar seguros a que riesgos se van a exponer. Aguante que el próximo domingo llega rápido. ¡Gracias Mara! Abrazote Guilledrista!

      Eliminar
  3. Uffff es verdadera maldad terminar asi en momento mas esperado. jajaj pero bueno, estoy aca tranquila y enterna como siempre esperando continuacion. Feliz Navidad para todos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Aguanten que la semana pasa rápido y... creo... creo que vamos a comenzar el año con un sonrisa de feliz cumpleaños.
      ¡Que el universo conspire! ¡Besos y felices fiestas!

      Eliminar
  4. Que hermoso capítulo!! Me quede sin palabras

    ResponderEliminar