Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 4 de diciembre de 2016

"MEDIANOCHE" - Cap. 9 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 9

Gaby me siguió demasiado aturdida como para hacer alguna pregunta. Por un momento se me cruzó la idea de regresar por el otro lado del río, atravesar un pequeño puente de madera y solo volver de este lado cuando ya estuviéramos a salvo. Si quería, Franco podría cruzar ese mismo puente, pero su aversión natural al agua en movimiento sumado al temor reverencial que le infundía la señora Bethany, debería ser suficiente para mantenernos a salvo. Tal vez se hubiese marchado de verdad. 
_ Gaby, ¿cómo te sentís? _ Le pregunté, dudando en cambiar de camino. Conocía esta orilla del río, pero de la otra no tenía la menor idea. No sabía con que me iba encontrar. De su respuesta dependía mi decisión. 
_ Estoy bien, Pedro. Estoy bien.
Me volví para verla, estaba temblando. _ Mejor vamos por el otro lado, para despistarlo por si decide regresar
_ No va a volver Pedro, le tiene demasiado miedo a la señora Bethany como para arriesgarse, volvamos a Riverton de este lado. Al menos conocemos el camino.
Yo también tenía mil preguntas en la boca, pero no era el momento. Algún día Gaby iba a estar preparada para hablar de esto, pero por esa noche, solo necesitaba alejarse de la ribera cuanto antes. _ De acuerdo, volvamos por el mismo camino. Nos están esperando para volver a la escuela. Quien iba a decirme que  algún día me alegraría volver a Medianoche. 
Su risa sonó entrecortada _ ¿Se lo vamos a decir a la señora Bethany o vamos a respetar el pacto?
Dudé en responder, lo pensé por unos minutos mientras la guiaba de regreso tomada de mi mano. _ Creo que lo mejor va a ser guardar silencio por el momento, no me gusta la idea de tener a Franco de enemigo. Es peligroso. Pero tenemos una carta bajo la manga, si él falta a su palabra, hablaremos con la señora Bethany.
_ No va a dejarme en paz. Lo sé, lo vi en sus ojos cuando se sintió obligado a irse. Pedro, ¿qué crees que quiere de mi?
“Matarte”, pensé. “Desangrarte para asegurarse una vida eterna.” Pero era muy obvio que no se lo podía decir. _ No tengo la menor idea, tal vez solo asustarte, tal vez algo más… no lo sé. _ De pronto detuve mis pasos y giré hasta quedar de cara a ella. _ Gaby, sea lo que sea, pase lo que pase, nunca lo subestimes. Al menor indicio tenés que confiar en mí y contármelo.
_No voy a dejar que te enfrentes con él, Pedro. No voy a permitir que te haga daño.
_Gaby… Gaby, si estamos juntos vamos a poder derrotarlo. Pero necesito que unamos fuerzas, si algo extraño pasa, si volvés a sentir pasos por tu tejado, tenés que contármelo. No estoy solo en esto, mis padres, Guillermo y el resto de los profesores nos van a ayudar. ¿Me lo prometés?
Me observó enterrada en sus dudas. _ Está bien, te prometo que no va a haber secretos, pero vos prométeme que no te vas a exponer a él. Es un demonio con apariencia humana.
En ese momento di gracias al cielo de que Gaby, asistida por su temor, no hubiese visto nada. Estaba más que claro que Franco era un demonio con apariencia humana.
Debía avisarle a mi padre que la había encontrado y que íbamos camino a unirnos con los demás, pero lanzar un aullido en ese momento iba a poner a Gaby mucho más nerviosa de lo que estaba. Mis sentidos seguían agudizados y podía escuchar cómo le castañeteaban los dientes. Le pasé un brazo por los hombros, decidí esperar y en todo caso, dejarle a mi madre esa tarea cuando llegáramos a Riverton.
_Pedro, _ me preguntó mientras seguíamos caminando _ ¿qué vamos a decir cuando nos encontremos con los profesores? ¿Les vamos a contar la verdad?
No había pensado en eso. Era obvio que querrían detalles acerca de dónde y cómo la había encontrado. Estaba en una encrucijada. Si decíamos la verdad corríamos serio riesgo que alguno se lo contara a la señora Bethany y eso desataría la guerra con Franco, pero si guardábamos el secreto, Gaby estaría prácticamente desamparada ante la obsesión que Franco tenía con ella. Podía confiar en mis padres, ellos sabrían mantener la boca cerrada, pero no estaba seguro cómo reaccionaría el resto de los profesores. En él único que podía confiar era en Guillermo, pero no estaba ahí.
_ Tal vez lo mejor sería decir que Franco te estaba siguiendo y que asustada corriste hacia el río, que te perdiste y yo te encontré. Después puedo hablar a solas con mis padres.
_ ¿Y si se lo cuentan a la señora Bethany?
_ Los conozco, no le van a contar, además necesitamos más gente en quien confiar dentro de la Academia por si Franco vuelve a intentar acercarse a vos.
_ Confío en tu intuición Pedro, hagamos como vos decís. 

Dejamos el bosque atrás y caminamos apresurados hacia donde debía estar el colectivo que nos llevaría de regreso a la escuela. No tardamos mucho en divisarlo, todos los profesores se hallaban arremolinados cerca de él. Gracias a Dios, mis padres incluidos. 
Corrieron hacia nosotros al vernos y nos rodearon en un instante. La mirada de mi padre tenía una carga de desconfianza, me conocía muy bien y sospechaba seriamente que no hubiera respetado mi promesa. 
_ ¡Gabriela! ¡Pedro! ¿Están bien? _ por poco nos atropellan al llegar tan alborotados.
_ Estamos bien, no pasó nada. Gaby se había perdido, pero por suerte la encontré.
_ Señorita Soria, ¿podría explicarnos por qué se puso en semejante riesgo, irrumpiendo en el bosque, sola y entrada la noche?_ preguntó muy molesto el profesor de química.
_ Perdón a todos… Lo siento mucho, pero cuando me separé de Sonia para ir a buscar a Beto, Franco empezó a seguirme. Le dije que no quería hablar con él, pero insistió. Empezó a acosarme… no sé, tuve miedo. Salí corriendo sin dirección y para cuando quise acordarme estaba en la orilla del río… y no supe como volver.
En ese momento el murmullo generalizado dio a entender que la mayoría de ellos acababa de confirmar lo que, hasta entonces, solo había sido un rumor.
_ Así que Franco Nazarre estuvo en Riverton esta noche, y vino solo. _ Comentó otro profesor, mientras se lanzaban miradas furtivas entre ellos.  _ _ Siempre supe que ese muchacho traería problemas. _ Se escuchó más allá. Era evidente que el hecho no les parecía una nimiedad. El profesor de química cambió inmediatamente su actitud hacia Gaby. _ ¿Le hizo algo señorita Soria? ¿Se encuentra usted bien?
_ Si, gracias profesor… estoy bien. De no haber sido por Pedro todavía estaría perdida, pero ya podemos volver a la escuela.
Mi padre no cesaba de lanzarme miradas inquisidoras, mientras subíamos al colectivo alcancé a hacerle un gesto que, por suerte, captó a la perfección. Teníamos que hablar, pero a solas. 
Me desplomé sobre al siento con Gaby a mi lado, no dijimos una sola palabra en todo el camino. Nos mantuvimos tomados de la mano, mientras ella apoyada sobre mi hombro intentaba recuperar la calma. Todavía temblaba. Volví a abrazarla. La besé en la frente y por un momento traté de imaginar el miedo que debió haber sentido al verse a solas con Franco, perdida en medio de la nada.
Giré la cabeza hacia la ventanilla, las imágenes pasaban a mucha velocidad, solo el cielo y sus constelaciones se mantenían en el mismo lugar.  Respiré hondo y pensé en Guillermo, no sabía cómo me las iba a arreglar, pero tenía que verlo. Necesitaba estar con él desesperadamente. Había estado a un paso de morir, de no poder cumplir mi promesa de volver a su lado. Cerré los ojos con fuerza, no podía concebir la idea de que algo nos separara. 
Una imagen cruzó mi mente con la misma claridad que un resplandor. Lo vi de pié frente a la ventana de su habitación, con la vista clavada en la entrada de Medianoche. Pude sentir su nerviosismo, su temor, su incertidumbre y también el amor que había despertado en él.  Mis sentidos seguían exaltados, estaban latentes… hábiles e intuitivos. Me concentré en la visión que había tenido, no perdía nada con intentarlo… “Estoy bien mi amor”

_ ¡Basta de mirar por la ventana Guillermo! _ le decía Beto. _Me ponés más nervioso de lo que ya estoy. Vos y yo acá, encerrados como dos boludos y ellos allá, quien sabe dónde y tratando de protegerse de Franco. ¡No tendríamos que habernos ido! Tendríamos que estar tratando de cazarlo y matarlo como a una rata.
_ Tenés suficiente información como para saber que nuestra presencia no iba a ser tan efectiva como la de ellos Beto, no somos vampiros sino simples mortales. Tomaron la decisión correcta, pero ya no soporto no saber qué está pasando, a esta hora deberían haber vuelto. Esta demora trasluce un peligro que empieza a asustarme. _ Apoyó su frente contra el cristal y una incandescencia atravesó su mente. Solo pudo ver su perfil contra la ventanilla del autobús, pero su pensamiento le llegó como si estuviera hablándole al oído.“Estoy bien mi amor”. La sorpresa lo hizo dar un salto hacia atrás, eso no había sido producto de su imaginación, lo había visto en la distancia y lo había escuchado. _ ¡Están volviendo Beto! _ Tomó su abrigo y salió corriendo de la habitación.
_ ¡Pará loco! ¿A dónde vas?
_ ¡Abajo! _ le gritó desde la escalera.
Aunque no entendía nada, Beto hizo lo mismo. Tomó su campera y siguió sus pasos. _ ¡Esperame Guillermo!
Bajó la antigua escalera de piedra a toda prisa, atravesó el vestíbulo, empujó la puerta de entrada y corrió, justo a tiempo para ver el autobús ingresar a la academia. Se mantuvo de pie, sin dar un paso más. Beto llegó a su lado unos segundos más tarde y miró la escena sorprendido.
_ ¿Cómo lo supiste?
Su sonrisa lo decía todo. _ Él me avisó.

_ ¡Maldita y larga noche! _ Refunfuñaba una mujer de edad media que dictaba las clases de música, descendiendo del colectivo.  _ Menos mal que mañana es domingo. ¡Se suponía que era una noche de esparcimiento, no una película de terror! _ Detrás de ella, el resto de los profesores también abandonaba el vehículo, algunos molestos, otros preocupados. Los últimos en bajar fuimos Gaby y yo, detrás nuestro, mis padres.
Gaby corrió hacia Beto y se trepó a sus hombros. Nosotros nos miramos a los ojos y comenzamos a caminar muy lentamente el uno hacia el otro sin quitarnos la vista de encima. No hacían falta explicaciones para saber que algo extraño y peligroso había pasado, creo que mis ojos lo decían todo. Abrió sus brazos para recibirme y me estrujó contra su pecho.
_ Pedro…
Con el rostro buscando el hueco de su cuello me abracé a él. _Guille, te vi. En el colectivo, te vi, sentí tus emociones.
_ Yo también te vi precioso, te pude escuchar.
Me separé de él solo para volver a ver esos ojos que tanto había extrañado.
_ ¿Me escuchaste? ¿De verdad me escuchaste Guillermo?
_ Tan claro como si me hubieses hablado al oído. Me dijiste “estoy bien amor”
Lo abracé con tanta fuerza que por un momento tuve miedo de hacerle daño, mis sentidos seguían convulsionados. Varios metros detrás de nosotros, supe aún de espaldas, que mis padres nos estaban observando.
 _ Que rápido crecen…
_ Ya lo estoy viendo _ le respondió mi madre, mientras le ajustaba un codazo en las costillas.
_ ¡Auch! ¡Eso dolió Celia!
_ Dejá de mirarlos así… Los vas a hacer sentir avergonzados.

Mi padre dejó pasar unos minutos, sabía que nos debíamos ese reencuentro, pero tan pronto como lo creyó oportuno se acercó a nosotros. _ Perdón, _ carraspeó. Por detrás pude escuchar la risa sofocada de mi madre _ pero tenemos que hablar. 
_ Si, por supuesto Adrián _ respondió Guillermo al mismo tiempo en que me soltaba. Podría jurar que aun en las sombras lo vi ruborizarse. Me enterneció tanto que me lo hubiese comido a besos, pero estaban mis padres. 
La mirada de mi padre iba de mí a Guillermo y de Guillermo a mí. Nos sondeaba sospechando lo  inevitable. Bajé la vista pudorosamente y mi padre explotó. Eso había confirmado sus sospechas. _ ¿Le contaste todo verdad? _ me preguntó furioso. 
_Adrián… _ interrumpió Guillermo con esa voz que derretía glaciares _ yo ya lo sabía, Pedro no hizo más que confirmar mis sospechas. No lo culpes de esto, no lo culpes de no poder mentirme. Yo me sentiría incapaz de hacerlo con él. 
Sus palabras tan acertadas no lograron disminuir el enojo de mi padre.
_ ¿Desde cuándo te convertiste en un mentiroso? _ me increpó con furia
_ Desde que me enamoré. _ La mano de Guillermo en mi espalda me llenó de coraje. _ ¿Vos le podés mentir a mamá?
No, claro que no podía, si moría de amor por ella. _ ¡No es lo mismo Pedro!
_ ¿Y como podés estar tan seguro que no es lo mismo? _ Iba a defender mi causa al precio que fuera.
_ Adrián… _ Guillermo volvió a hablar, esta vez mucho más bajo _ no culpes a Pedro de esto, yo ya lo sabía. Todo el tiempo supe que, salvo las nuevas admisiones, estaba rodeado de vampiros. Por eso vine. 
Los ojos de mi padre casi le saltan de la cara _ ¿Cómo es eso que por eso viniste?
_ Es una larga historia, pero no es el momento. Ya lo hablaremos cuando estemos todos más tranquilos. Solo puedo decirte que sé diferenciar a un simple vampiro que de lo único que puede ser acusado es de vivir unos años más, de una bestia asesina como Franco. Yo confío en ustedes, se que son buena gente, no hay nada de qué preocuparse. Confiá vos en mi de la misma manera. Podemos hacer un buen equipo, juntos.
Esas palabras parecieron tranquilizarlo, pero de pronto volvió a fruncir el ceño. _ ¿Cuánto sabe Beto de todo “esto”? _ preguntó mi padre.
_ Todo. Absolutamente todo. _ respondió Guillermo
_  ¡Ah! ¡Bueno! ¿Y Gabriela?
_  Nada. Creo que nada _ dijo Guillermo. _ ¿Pedro vos le dijiste algo?
_ Gaby está absolutamente al margen de este tema. Tiene sus sospechas, algo intuye, pero no sabe nada de nada.
_ Bien… _ dejó salir mi padre con un gesto abatido _ entonces esta noche la vamos a poner al tanto de todo. Es un mal necesario. Franco está detrás de ella y si no la advertimos él va a terminar ganando. _ De pronto me miró de una manera en la que logró que volviera a sentirme muy pequeño. _ Te enfrentaste con él Pedro, lo vi en tus ojos apenas aparecieron. Faltaste a tu promesa, pero primero voy a dejar que me expliques porque lo hiciste._ Elevó la voz de tal manera que Gaby se desprendió de Beto como su hubiese recibido una descarga eléctrica. _ ¡Todo el mundo arriba, a nuestro departamento! La noche va a ser mucho más larga de lo pensado, tenemos que hablar… los seis.  

Nos encontrábamos alrededor de la mesa, mi madre había preparado suficiente café como para pasar la noche hablando, pero sinceramente, esperaba que no fuera así.  No solo estaba muy cansado sino que quería estar a solas con Guillermo, quien sentado a mi lado, cada tanto apretaba mi mano haciéndome saber lo cerca que estábamos y en todos los sentidos.
Mi padre había hablado con sinceridad y con tanta paz, que su verdad lo hacía ver mucho más cerca de un ángel que de un vampiro al que se le pudieran extender los incisivos si la situación lo volvía imprescindible.
Yo también hablé. Mi madre escuchaba en silencio mi confesión y no pareció sorprenderse al oír que Guillermo sabía que éramos vampiros porque yo le había contado la verdad. Que no fue un animal salvaje quien lo atacó por la espalda, sino que yo lo había mordido aquella noche del baile de otoño. Como una deferencia, Guillermo volvió a repetir para ella, las mismas palabras que le había dicho a mi padre. _ No te preocupes Celia, siempre lo supe. Pedro no hizo más que confirmar lo que pensaba y no tengo prejuicios respecto al tema, de otra manera nunca me hubiese acercado a él.
_ Gracias por tus palabras Guillermo. Estaba segura que Pedro te iba a contar la verdad, lo vi en sus ojos esa noche, lo tenía decidido desde el primer momento. Jamás pasó por su cabeza la idea de mentirte. _ sentí su mano apretando la mía con más fuerza que nunca.
_ Puedo comprender tus motivos hijo, _ explicó mi padre _ pero deberías reconocer que fue muy arriesgado. Está todo bien porque como él mismo lo dijo, no tiene prejuicios al respecto, ¿pero que hubiese pasado si reaccionaba de otra manera?
_ No lo sé… Eso sí que no lo sé. Yo solo pensé que no iba a querer volver a verme, no analicé los riesgos más allá de eso.
_ ¿Ves hijo? A eso me refería… Vos sos muy joven todavía, esta vez salió todo bien, pero tenés que ser muy cuidadoso con este tema. Es delicado. Ahora quiero que me expliques que pasó en la ribera cuando encontraste a Gaby. 
Describí imagen por imagen el enfrentamiento con Franco. Gaby se había tapado la cara con las manos exhibiendo la piel erizada de sus antebrazos al recordar lo que había sentido.  Guillermo apoyó su mano sobre mi pierna dándome  ánimo, mientras mis padres me escuchaban en absoluto silencio, con los ojos fijos en mí, y con una seriedad que no recordaba haber visto. Los conocía muy bien, estaba seguro que entendían por qué había faltado a mi promesa y no había pedido ayuda, pero también sabían que no estaba muerto de milagro.
_ Nunca más vuelvas a hacer algo así, Pedro. Te lo prohíbo rotundamente _ Me reprendió mi madre con los labios temblorosos por el miedo. _ No están muertos los dos solo porque la suerte estuvo de su lado anoche.
_ La tenía acorralada, _ murmuré intentando defenderme _¡no había tiempo!
_ ¡No me digas que no había tiempo! ¡No subestimes mi inteligencia! Apenas la oliste tendrías que haber aullado con todas tus fuerzas en lugar de dirigirte solo hacia donde estaban ellos. ¿Pero vos te volviste loco? _ Juro que nunca había visto a mi madre tan enojada. _ ¿No pensaste en nosotros? ¿En Guillermo y hasta en la misma Gaby? ¡Su vida dependía de vos que eras el único que sabía dónde estaba y en lugar de asegurarte la situación, pidiendo ayuda como correspondía hacerlo, como se lo prometiste a tu padre,  decidiste jugar al super héroe!
Me estaba haciendo sentir muy incómodo, sobre todo por la presencia de Guillermo. Gracias a Dios, mi padre salió en mi ayuda _ Calmate Celia, Pedro hizo lo que pudo en ese momento. Es la primera vez que se enfrenta a un vampiro, creo que podrías recordar lo que sentiste la primera vez si te lo propusieras y sabés muy bien que en ese momento no se piensa, se actúa. _ Luego se dirigió a mi _ Me siento muy orgulloso de vos hijo, demostraste tener mucho valor anoche. 
Se lo agradecí profundamente y mi madre lo miró fulminante.

Todo estaba sobre la mesa, todo había sido hablado. Desde nuestra naturaleza, nuestra estirpe de vampiros que habían aprendido a respetar la vida, hasta lo que había pasado a orillas del río.  Ahora teníamos la vista fija en Gaby. Esperábamos inseguros y temerosos su reacción, pero en lugar de sorprenderla nosotros a ella, fue ella quien lo hizo.
_ Me lo imaginaba… _ dijo finalmente cuando fue su turno de hablar. _ Bueno, no sabía exactamente qué, pero siempre supe que algo extraño ocurría en Medianoche. Pedro, te lo dije la noche que nos encontramos en el baño, en la torre de los chicos. _ Asentí lentamente.
Guillermo giró hacia mí. _ ¿No era que estaba caminando dormida?
_ Lo siento… _ me pasé la mano por el cabello despeinándolo _ temí que te enojaras conmigo.
_ Ya vamos a hablar de esto _ me susurró entre dientes. Pero no soltó mi mano, era una buena señal. Por un lado, tratando de apaciguar su enojo, y por otro aprovechando la situación, por debajo de la mesa arrimé mi pierna a la suya y lo acaricié.  Me miró de reojo y lo que vi, lejos de amedrentarme, hizo corre un escalofrío por mi cuerpo.
_ ¿Estás asustada? _ le preguntó mi padre a Gaby tomando cálidamente su mano entre las suyas, tan fuertes y seguras.
_ ¡No! _ le respondió inmediatamente con una sonrisa que hablaba por sí misma. _ ¿Cómo voy a sentir miedo de ustedes? Son casi mi familia adoptiva en la academia y esta noche me salvaron la vida. _ Pero de pronto su mirada cambió. _Lo que no me deja muy tranquila es saber que soy la presa que Franco ha escogido… _ tragó saliva _ no es nada halagador.
_Gaby, mi querida… _ mi madre sí que sabía decir las palabras apropiadas y en el momento justo. _ Vos acabás de decirlo, somos tu familia en Medianoche, y sabemos cómo protegerte. Franco es ambicioso, un ser perverso y siniestro, pero eso nos da una ventaja. A él lo maneja su voracidad, su avidez de sangre lo termina volviendo débil, porque como hemos visto esta noche, su instinto lo expuso. Por más que nosotros juremos no decir una palabra de lo que pasó realmente esta noche en la ribera, alguien le va a decir a la señora Bethany que estuvo en Riverton y ahí quiero ver cómo le va. Me parece que, ahora que todo está hablado y ya no hay secretos entre nosotros, deberíamos formar algo parecido a una nueva orden, tres simples humanos y tres vampiros de una nueva generación unidos por una buena causa, salvar vidas. Vidas humanas.
La reacción general se hizo esperar por unos segundos, pero finalmente todos apoyamos la idea de mi madre. La incomodidad que sentí en el cuerpo de Guillermo, tendría que haberme advertido que había algo que aun desconocía, pero estaba tan enamorado que pude verlo.
Mi padre se veía satisfecho _ Celia… ¿podríamos dejar el café y destapar algunas cervezas? Estos muchachos, al igual que nosotros, han tenido una noche muy estresante.
_ No es mala idea… Gaby, mi querida, ¿me ayudás?
_ ¡Encantada Celia! _  y se fue, sonriente y radiante, detrás de ella.

Mi padre propuso un brindis _ Ahora que todos sabemos la verdad acerca de todos, deberíamos distendernos y celebrar el comienzo de esta “Nueva Orden”, charlar un rato sobre la historia personal de cada uno… Conocernos nos va a ayudar a unirnos más en esta causa. Estamos viviendo un momento histórico, es la primera orden integrada por humanos y vampiros. De todas maneras, esta noche nadie se mueve de acá. No sabemos qué se está tramando allá afuera. Juntos podemos protegernos, mañana veremos cómo comienza el día y como sigue esta historia. Cuando sientan ganas de dormir, se acomodan donde puedan. Eso si… _ dijo mirándonos _ esto va para ustedes cuatro, las reglas en esta casa son las mismas que en Medianoche.  
Nos reímos mucho ante esa aclaración, era evidente que mi padre podía abrir su mente a muchas cosas, pero de sexo ni hablar. No al menos bajo su techo. Y me pareció tan correcto que me llené de admiración por él, no podía tener mejores padres, eran simplemente lo que hubiese elegido si me hubieran dejado hacerlo.
Si bien la noche se extendió, no se me hizo larga en absoluto.  Gaby contó algo de su vida, Beto de la suya, mis padres hablaron de los orígenes de nuestra familia, y Guillermo volvió a contar algunas de las cosas que ya me había contado a mí. Cosas acerca de su madre y de los distintos lugares en el mundo donde habían vivido.
Nunca había sido tan feliz, estaba junto a las personas que mas amaba, y ya no tenía que mentir. Éramos un nuevo equipo. Un equipo que me fortalecía.

Si alguien me preguntara hoy como pasamos la noche, no sabría cómo responder. Había perdido la dimensión del tiempo y la distancia. No tenía la menor idea de donde estaban mis padres ni donde dormían Gaby y Beto, lo único que era capaz de sentir era la tibieza de su cuerpo junto al mío, sus caricias constantes y el impulso de mi cuerpo al responderle. Nunca, jamás, nadie me había acariciado de esa manera. Sentía mis músculos tensionados, hambrientos de una descarga que me permitiera volver a respirar con serenidad. 
Lentamente lo envolví con mis piernas. Mientras lo hacía, pensé que iba a resistirse, sintiéndose obligado a respetar la consigna de mi padre, pero en seguida noté que estaba encantado con mi gesto. No tuve que esforzarme para escuchar lo que estaba pensando, estábamos tan cerca y tan unidos que todo era posible en ese momento. Me deseaba tanto como yo a él.
Yo le había regalado un momento tan intenso cuando lo había mordido, que el placer lo había hecho desmayar,  ahora sus manos me aseguraban que estaba buscando  la revancha.
Si iba a tener mi primer orgasmo con tanta gente en la misma casa, era necesario relajarme para no llamar la atención. No sentí que estuviera traicionando las condiciones que había puesto mi padre con tanta firmeza, serían solo algunas caricias en plena madrugada que de verdad estaba necesitando.
Me dejé caer de espaldas y me ofrecí entero a él. Supo cómo hacerlo, atrapó mi boca con la suya y me enloqueció con sus caricias que no paraban de recorrerme. Lo sentí llegar donde mi cuerpo mas lo llamaba y fue lo mismo que cabalgar desnudo sobre un caballo salvaje, sin monturas ni riendas. Me alejé de todo. Solo podía verme sobre ese animal que trotaba en libertad y sentir como su mano se anclaba en mí guiando el viaje, mientras yo me aferraba a sus cabellos.  
Cerré los ojos con fuerza cuando el animal echó a correr. Llevábamos el mismo ritmo, la misma respiración. Un hormigueo diferente, algo hasta ahora desconocido comenzó a recorrerme, el animal se irguió sobre sus patas traseras y lanzó un relincho estremecedor, mientras mi cuerpo convulsionaba y encontraba por primera vez entre sus brazos, la paz que tanto necesitaba.

Se revolvió molesto entre las sábanas. Ella lo atrajo hacia su cuerpo y trató de tranquilizarlo. _ Adrián _ lo reprendió con dulzura_ no  deberías dejar que tus sentido se agudicen tanto cuando tu hijo duerme con su novio en casa. Era evidente que al menos, algo, iba a suceder. _ Mi madre, sin duda alguna, era no solo hermosa sino también muy sabia. Un ser especial.

Las primeras luces de la mañana nos fueron despertando, de a dos fuimos apareciendo en la cocina.
_Bueno, van a tener que acostumbrarse a esto si vamos a ser un equipo _ dijo mi madre dirigiéndose a Beto, Gaby y Guillermo, y puso los vasos de sangre recién sacados del microondas delante de mi padre y de mí. 
Gabriela y Beto desviaron la vista disimuladamente, en cambio Guillermo se quedó observándome. La luz me molestaba visiblemente, volvía a escuchar voces que provenían quien sabe de dónde, pasos, gotas de agua y hasta el desprendimiento de las hojas. Mantenía los ojos entrecerrados mientras intentaba protegerme de la luz interponiendo una mano sobre mi rostro.
_ Bebelo, Pedro. Eso te va a hacer sentir mejor. _ Sentía mucho pudor de hacerlo frente a él, pero ya no podía soportar esa exaltación de mis sentidos, _ ¡Vamos Pedro!  ¿Qué estás esperando? ¡Hacelo ya!
Lo bebí con tantas ansias que cuando llegué al final, olvidando que él estaba observándome, me relamí los labios para no perderme ni la última gota. De pronto me sentí algo avergonzado, pero su sonrisa me devolvió la confianza. 
_ ¡Cuánta sed! _me dijo sin dejar de sonreírme
_ Seguramente porque tuvo una noche algo alocada _ murmuró mi padre con ironía, pero la punta del pie de mi madre contra sus gemelos lo hizo cambiar de opinión de inmediato _ Me refería a lo de Riverton, a Franco… eso. _Y la miró con recelo. 

Lo que temíamos fue lo que sucedió, la señora Bethany me mandó a llamar. Eso ponía en evidencia que algún profesor había abierto la boca sobre la noche anterior. Era domingo, por lo tanto fui a verla mientras la “Nueva Orden” esperaba atrincherada en el departamento de mis padres.
Teniendo en cuenta la forma desdeñosa en que siempre me trataba, no sabía para que me llamaba. Estaba seguro que no iba a creerme una sola palabra.
_ Joven Beggio, algunos profesores han venido muy temprano a ponerme al tanto de los acontecimientos de anoche. Según me han contado, Franco Nazarre fue anoche a Riverton, solo, evadiendo la custodia de los profesores y hasta se atrevió a acosar a la señorita Soria, a quien según me han dicho, usted logró rescatar en las márgenes del río. ¿Es eso cierto?
_ Hasta lo que yo sé, creo que sí. Que eso fue lo que pasó. Cuando la encontré mi dijo que Franco la estaba acosando y que ella había corrido sin dirección tratando de alejarse de él, y ahí fue cuando se perdió.
_ ¿Y usted lo vio? _ Me preguntó mientras me miraba de manera fulminante
_  No señora, yo no lo vi.
_ Así que no lo vio…
_ No.
Me miró de arriba abajo. _ Bueno, suponiendo que me dice la verdad, el señor Nazarre va a recibir su castigo.
_ ¿Puedo preguntar por qué?
_ ¡Cómo por qué! Por haberse marchado solo, sin custodia. Me voy a ocupar personalmente de que eso no vuelva a suceder. Puede retirarse.
Vacilé unos segundos, había imaginado que me iba a volver loco a preguntas, pero parecía creerme. Giré para irme cuando su voz me detuvo en seco.
_ Por su propio bien, espero que no esté mintiéndome señor Beggio.
Tragué saliva y giré sobre mis pies para saludarla silenciosamente con una  reverencia antes de marcharme. Ella me miró con los ojos entornados, me detestaba mucho más de lo que podía reconocer. 

Volví a toda velocidad al departamento de mis padres. Abrir la puerta y ver los únicos rostros familiares que había en Medianoche, me terminó de tranquilizar.
_ ¿Cómo te fue? _ Mi padre fue el primero en levantarse de la silla.
_ Creo que bien, pero ya lo sabe.
_ ¿Qué sabe exactamente?
_ Que Franco estuvo en Riverton, que acosó a Gaby y que yo la encontré. Algunos profesores se encargaron de ponerla al tanto.
_ ¿Y qué dijo?
_ Que Franco va a ser castigado por haber dejado la Academia solo, sin custodia. _ No era una buena noticia. _ Eso lo va a enfurecer.
_ Va a creer que fuimos nosotros… _ susurró Gaby, su rostro se había vuelto pálido. _ Va a intentar volver a atacarme.
_ Gaby, voy a intentar hablar con él.
_ No te va a escuchar
_ Si me va a escuchar, y también me va a creer. El castigo que le van a imponer va a ser mínimo comparado a lo que le pasaría si hubiésemos dicho la verdad.
_ Si… tal vez tengas razón. ¡Pero me vuelve loca saber que lo tengo detrás de mí! No se puede vivir con ese miedo, con esa incertidumbre continua, de no saber cómo, donde y cuando atacará de nuevo. ¡Tengo mucho miedo!
La voz de Guillermo se impuso con claridad. _ Gaby, hasta que no sepamos qué piensa hacer, lo mejor es que no estés sola. Nunca. Mantenete en lugares lo mas atiborrados de gente posible. Si se trata de algo en especial, pedí ayuda  a cualquiera de nosotros, pero no debés estar sola.
_ Es una locura vivir así…
_ Una locura es dejar que se salga con la suya. De todos modos, no creo que esto dure mucho tiempo. Si está tan obsesionado con vos, como dijo Celia, su instinto lo va a traicionar tarde o temprano. No va a poder resistirse mucho tiempo, por lo tanto, sugiero que uno cada noche custodiemos el tejado de Gaby.
_ Estoy totalmente de acuerdo Guillermo _ dijo mi padre _ pero solo me preocupa una cosa. Si decide atacarla cuando Pedro, Celia o yo estemos de guardia, tenemos chance de evitar que haga lo que planea hacer, pero Beto y vos corren con mucha desventaja, Franco es un vampiro, ustedes no.
Se hizo un silencio que hacía evidente que el razonamiento de mi padre era correcto. Mi madre, esa mujer que hizo de mi vida diferente un paraíso con su gran sabiduría, apoyó su mano sobre el hombro de mi padre. _ Adrián, tenemos que hablar a solas. 
Él la siguió, como siempre… A pesar de saber cumplir su rol de padre y de jefe de familia, se convertía en un perrito faldero cuando ella lo miraba. Eso me gustaba, pero siempre me hacía desviar la vista. Ningún hijo está preparado para asumir la sexualidad de sus padres y hacía años que me había dado cuenta que ella era para él como una Venus tatuada en su alma. Estaba tan enamorado que cuando era más chico me enojaba, ahora solo me provocaba pudor, pero convengamos en que solo tenía dieciocho años y recién empezaba a recorrer ese vertiginoso camino del amor.

Se habían encerrado en su habitación.
_ Tenemos que dárselo. _ Le dijo terminante cuando estuvieron a solas. Él se quedó mirándola como si ella hubiese propuesto un sacrilegio. _ Si no se lo damos, no tienen posibilidad de defenderse.
_ Vos te volviste loca…
_ Sabés bien que no, y que es la única oportunidad que les podemos dar de salir con vida si tienen que enfrentarse con él.
_ Celia, mi amor… Está todo bien con estos chicos, pero recién los conocemos. No sabemos de ellos más que lo que han querido contarnos, o escondernos. _ Bajó la vista confundido. _ Es un riesgo que no estoy seguro de querer correr. Y no por mí, sino por vos y por nuestro hijo. Por nuestra familia. Es lo que muchas veces nos ha permitido sobrevivir en todos estos años, ese secreto que solo sabemos vos y yo. Ni a Pedro se lo hemos contado y vos pretendés que en solo una noche confíe en tres extraños y ponga en sus manos algo tan importante. No, prefiero montar guardia yo mismo todas las noches.
_ Está bien, de acuerdo, montemos guardia solo vos y yo. Acepto el trato, pero no les mientas. No vuelvas a hablar de una Nueva Orden con ellos, por respeto a lo que significa para nuestra estirpe ese concepto. Digámosle que solo seremos una gran familia que va a tratar de protegerse, porque fundar una Nueva Orden, y por primera vez compuesta de humanos y vampiros, implica confianza absoluta en sus miembros. Entiendo tus temores y en cierta manera los comparto, pero si queremos terminar de una vez con los que nunca se sumarán al pacto, si queremos dar por terminados los sacrificios humanos, algún día vamos a tener que hacer algo más que formar una “pequeña y gran familia”, vamos a tener que correr riesgos. Pero acepto tu negativa, volvamos con ellos. Deben estar intrigados.
En el fondo y a pesar de su negativa, él sabía que ella – como de costumbre- tenía razón. Se mantuvo silencioso y sin moverse por minutos que a mi madre se le volvieron interminables.
_ Bueno, esta charla teminó. ¿Vamos amor? _ Caminó hacia la puerta.
_ ¿Podés esperar un minuto más Celia? _ estaba preocupado y confundido. Ella apoyó su espalda contra la puerta cerrada y resopló en silencio, claro que iba a esperar. Seguía pensando que era la única salida. Finalmente, él habló. 
_ Está bien, voy a confiar en tu instinto. No en ellos todavía, solo en tu sentido común. _ Y con un gesto le indicó que lo buscara. _ ¿Sabías que a veces odio que tengas tantos años más que yo? 
Ella fue directo a donde tenía que ir, lo tomó en sus manos, volvió junto a él y lo besó en los labios _ No es mi culpa que hayas demorado tanto tiempo en nacer mi amor. Pero el hecho que hayas detenido tu crecimiento a la misma edad que yo lo hice, enmienda un poquitito ese error.
Como toda respuesta recibió una nalgada que la hizo reír, él también rió con ella. Eran realmente extraños, estaban frente al acontecimiento más importante y peligroso de sus vidas, pero seguían comportándose como lo que eran. Dos adolescentes que habían sabido retrasar el reloj en el momento oportuno.

Cuando los vi aparecer supe que se traían algo relevante con ellos, ni en sueños hubiese podido imaginar de que se trataba, pero la sonrisa triunfante de mi madre y la mirada seria de mi padre me decían que no habían debatido sobre ninguna tontería. 
_ Bien _ dijo mi padre _ Ya estamos de regreso. Hemos tenido un verdadero debate con Celia antes de tomar la decisión de confiarles nuestro más sagrado secreto, pero es necesario que sepan que si van a aceptar esta responsabilidad, ya no seremos una nueva familia, ni siquiera una nueva orden, tenemos que ser una verdadera alianza. Confiar todos en todos, sin secretos. Capaces de dar la vida si fuera necesario por el bien común. Debo confesarles, para predicar con el ejemplo, que al principio me negué rotundamente a compartir con ustedes este sacramento que mantuvo nuestra familia a salvo durante tantos años, pero como dijo Celia sabiamente, si queremos terminar con los sacrificios humanos que desprestigian nuestra estirpe, tenemos que animarnos a ir un poco más allá. Por eso hoy, antes que se vayan, vamos a revelar ante ustedes nuestro secreto…
_ ¡Esperen! _ sentí algo extraño cuando Guillermo se puso de pie con tanto ímpetu y no los dejó continuar. _ Adrián, Celia… antes que revelen ese misterio, necesito que me escuchen. _ El silencio se volvió incómodo y confuso. ¿Qué podía ser tan importante para que Guillermo impidiera que mis padres siguieran hablando justamente cuando todo parecía ir sobre rieles? _ No puedo seguir ocultando la verdad, mi verdad. Antes que digan una palabra más, tienen que saber quien soy en verdad y que he venido a hacer a Medianoche. 
Mi mundo se hizo pedazos, sentí que iba vomitar todo lo que había ingerido desde aquella primera vez que nos vimos en el bosque. La sangre que recién había bebido, los copos de avena que tanto me gustaban, los besos, sus abrazos, las palabras que le había creído una tras otra. Sentí miedo de ver morir en ese instante todo el amor que había ido creciendo entre nosotros, pero antes de seguir hablando introdujo sus ojos en los míos que lo miraban aterrados. 
Si el temor a perdernos había logrado que pudiéramos comunicarnos telepáticamente, esta no podía ser una excepción. Dejé que su mirada me traspasara, era muy gentil de su parte contarme a mí y solo a mí lo que iba a decir antes de seguir hablando. Cerré los ojos porque ya lo estaba escuchando, y supe que no había nada que temer.
No podía saber cómo reaccionarían mis padres con semejante noticia, pero ya estaba seguro de cómo había reaccionado yo. Su sinceridad acercaba todas las distancias. Nada iba a poder separarnos. Nunca. Ni siquiera esa muerte que sentíamos más amenazante que nunca.
Ya no éramos dos, desde que lo había mordido empezamos a ser uno y solo uno. “Gracias por la deferencia mi amor” _ le dije en esa trasmisión de pensamientos _ “Ahora te amo más que antes.”
Abrí los ojos y le sonreí. 
Pude discernir que mi sonrisa había apartado de su mente todos los fantasmas.  Nada podría separarnos.
Seguíamos prisioneros de un hechizo de amor que ya nada lograría destruir.

CONTINUARÁ. 

8 comentarios:

  1. Me encanta esta historia!! En espera de la próxima!! Muchas gracias!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Inmensamente feliz de que te siga gustando medianoche Adriana. Besos y gracias a vos por acompañarme en esta aventura!

      Eliminar
  2. Como siempre Sandra: un placer. Me encanta esta historia diferente. Esa conexión que tienen, esas habilidades, esa trama, es muy atrapante. Muchas gracias Sandra. Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Romi de mi corazón! ¡Gracias a vos por estar siempre a mi lado, en cada nuevo viaje, en cada capítulo! Espero que las musas me inspiren lo suficiente como para que esta historia te siga atrapando. Un beso enorme y gracias una vez más!!!

      Eliminar
  3. Muy buena esperando mucho mas mara rosas

    ResponderEliminar
  4. Me quede super intrigada, cual será la verdad que tiene para develar Guille. Yo algo sospecho pero quiero dejarme llevar así que gracias San por tan bello capítulo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias y mil gracias a vos Vale por seguir estando siempre a mi lado. Te quiero mucho amis!

      Eliminar