
Arrastró el cuerpo hasta la habitación. Le había costado una gran dificultad sacarlo del auto y entrarlo a la estancia de su padre.
Pedro estaba dormido y ella lo contemplaba con devoción. Camila lo observaba sentada a su lado y su mente divagaba, como si por un momento hubiera perdido la noción del tiempo. Solo le importaba estar allí y tenerlo a su lado. Acercó su boca a sus labios y podía oír su respiración mientras sus manos viajaban con ternura por sus mejillas. Besó apenas sus labios. No podía sentir culpa. Cuando miraba atrás y pensaba que podía haber actuado de otra manera, solo veía un abismo que la consumía poco a poco. Era imposible imaginar su vida sin él y por nada del mundo estaba dispuesta a que alguien le impidiera su felicidad
Fabián, mientras tanto, buscaba entre las cosas de Moravia algún indicio que le ayudara a Guillermo a saber donde podría estar Pedro.
_ No entiendo porque se te ocurrió que nos metiéramos en la casa de Moravia. ¿Qué pasa si viene y nos encuentra revisando sus cosas?
_ No me importa. La enferma de su hija se llevó a Pedro. ¿Qué se supone que tenía que hacer, esperar a que me lluevan noticias?
Fabián suspiró con fastidio. _ Es mejor si buscamos a Nancy, además me preocupa. Fui a su casa y no contesta.
_ No, no! Ella es amiga de Camila, no te va a decir dónde está.
_ Pero si yo la convenzo me va a soltar algo. Y tomá en cuenta que te dijo lo que Camila estaba planeando. Se iban a citar en el bar.
_ No. Seguí buscando en otro lado de la casa _ le dijo, volviéndose al escritorio _ que yo sigo buscando acá. Algo tiene que haber.
Toda la habitación se llenaba de silencio, como si nada pudiera romper la armonía que lo rodeaba, pero nada de eso podía devolverle la calma que estaba necesitando. Llevaba días así. Sin dormir y sin probar ningún bocado. Solo pensaba en la situación en que podía estar su amor y cuanto más lo imaginaba, más lo atenazaba la culpa.
Se sentía responsable de que él mismo lo hubiera arrojado a las manos de Camila. En el estado mental que ella podía encontrarse, era capaz de hacer cualquier cosa.
En ese momento, dejó que toda la angustia que había cargado durante días se hiciera presente y se permitió llorar en silencio.
Trató de contener el llanto pero se hacía imposible. Fabián entró y lo encontró cabizbajo. Nunca lo había visto así, ahogado por las lágrimas. Era un sentimiento que no le daba respiro y lo hundía cada vez más.
_ Papá… _ se acercó. Se colocó de rodillas en ese momento y apenas abrazó su mano a la suya para calmarlo.
_ No, dejame. Ya aguanté demasiado. No puedo más.
_ Tranquilizate. _ Se incorporó _ Mirá encontré esto, quizás nos pueda servir. _ Fabián le alcanzó un álbum de fotos.
_ ¿Para qué mierda quiero un álbum de fotos?
_ Pará, no te alteres. Las estuve viendo y al parecer son de una casa en el campo que el padre de Camila tenía o tiene. Hay varias fotos de Camila de ahora con su viejo.
_ No creo que sirva al menos que diga algo _ le dijo arrojando el álbum sobre el escritorio.
_ Hay una foto donde muestra el nombre de la estancia. Si buscamos en internet podemos localizarla.
Llamó a Marcos. Él solía buscar inmobiliarias para comprar casas con el fin de que entrara más capital al estudio.
_ ¿Crees que Marcos pueda encontrar un dato? _ le inquirió, un segundo después que habían regresado a la casa.
_ Él está siempre metido en esas cosas _Fabián hizo una pausa y luego inquirió _ ¿Hace falta Beto, no?
_ Hum si, pero él está preso y ese es otro problema con él que ahora prefiero no lidiar. No hasta que lo encuentre a Pedro.
_ Papá va a estar bien. No creo que Camila le quiera hacer daño. Puede estar loca con lo que hizo, pero de alguna manera lo debe querer.
_ Eso no es amor. En todo caso es obsesión y una persona así es capaz de hacer cualquier cosa. No la voy a subestimar. En este momento es lo peor que puedo hacer.
Camila estaba convencida que cuando Pedro despertara todo sería como antes, pero todo lo que iba haciendo podía no ser la prueba cabal de lo que estaba pensando que pasaría.
Preparó la mesa como una cena romántica, adornándola de velas a ambos lados. Colocó en el medio unas calas que perfumaba todo el ambiente de una aroma dulce y perfecto. Cortó en fetas la carne y se detuvo, observando la cena embelesada como si hubiera tratado de una obra de arte, hecha por sus propias manos.
En ese momento, Pedro despertó bajo un peso sobre su cuerpo. Se incorporó despacio en la cama, sintiendo que un dolor le calaba todos los huesos y miró hacia todos lados sin poder comprender a donde estaba. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana. No podía entender como había llegado hasta allí, a una zona de campo, cuando hasta hacia unas horas se había encontrado en otro lugar. Aunque no recordaba nada, su mente se volvía una laguna. Solo venía la conversación que había tenido con Guillermo.
Tal vez era solo eso y el miedo que de pronto lo asaltaba no tenía ningún fundamento. Seguramente él lo había llevado hasta allí ante el peligro que suponía que Miguel recuperara su libertad y cumpliera con su amenaza.
Se volvió hacia el armario, pensando que su ropa se encontraría allí. No había nada y de nuevo ese golpe se adentraba en su corazón y su respiración se aceleraba. Era una situación más que extraña. Daba vueltas por toda la habitación, buscando en su pensamiento algún recuerdo que le hiciera entender como había llegado hasta allí.
Guillermo en ningún momento le había hablado de esa casa. Se adentró en cada rincón de esa estancia, pero seguía sin comprender de qué manera había llegado hasta allí. Cuando llegó al comedor y se encontró con la mesa adornada con velas encendidas a su alrededor no hizo más que desconcertarlo. Por un instante fugaz pensó que Guille quería darle una sorpresa, pero enseguida la descartó por completo.
Él no tenía esos detalles tan perfectos. Detalles que a simple vista iba reconociendo.
En otro lado de la casa, en la habitación donde siempre dormía cuando viajaban con su padre a la estancia, Camila se fue cambiando de ropa.
Se miraba en el espejo, estaba impecable con el vestido estampado y los labios cubiertos de rouge. El pelo lacio que se rizaba en las puntas finales de su cabello.
Su mente estaba muy lejos de la realidad, en su interior lo sabía, pero también sabía cómo mover las piezas para que las situaciones caminaran de la manera que ella necesitaba. Había aprendido esa estrategia hacía mucho tiempo, como ocultar una evidencia, nadie debía saber que había sido ella la causante.
_ ¿Qué es todo esto?
Camila se apareció detrás de él sin hacer ningún movimiento que percatara su presencia. Pedro se dio vuelta, pero no se asombró de verla. Imaginaba ese encuentro aunque no sabía por qué. Su actitud tan apacible le había llamado la atención cuando hablaron en el bar.
_ Todo está en orden ahora, mi amor.
Pedro la miró. Ella lo observaba con la mirada serena y una sonrisa tan dulce como siniestra. No comprendía a que se refería.
_ Camila, ¿qué estás haciendo? ¿Qué significa todo esto? _ le inquirió, señalando a la mesa.
_ ¿Eso me preguntás? Pedro estábamos bien hasta hace unos segundos y ahora me hablás así.
_ ¿De qué hablas? Me desperté en un lugar que desconozco y me encuentro con esta cena que preparaste _ levantó la voz. _ ¡Ni siquiera recuerdo que me pasó! Lo único que me viene a la mente es nuestra conversación en el bar_ bajó el tono.
_ Si, estábamos hablando de nuestro futuro. De nosotros, Pedro.
_ No, estás equivocada. Yo vine hasta Tigre para esconderme de Miguel y nos encontramos y hablamos, nada más. Y ahora no sé ni donde mierda estoy.
De nuevo le tocaba la realidad. Por más esfuerzos que ella hacía para retener el hilo de su propio guión, las palabras de Pedro se hacían más fuertes.
_ ¿Qué vas a hacer ahora? _ le inquirió con los brazos cruzados, fulminándolo con la mirada. Su mirada era tan intensa que parecía escupir fuego. _ ¿Vas a salir corriendo detrás de Guillermo?
_ No se trata de eso. Ya lo hablamos a eso y pensé que lo entendías. Yo no voy a salir corriendo detrás suyo, porque yo estoy con él.
Sintió que no tenían nada más que decirse. Giró sobre sus pies para volverse a la habitación donde antes había despertado. Ella lo siguió.
El corazón se le aceleraba y no podía pensar.
_ ¿A dónde vas?
_ Me vuelvo a Buenos Aires _ le dijo de espalda. Se dio vuelta _ Si sabía que ibas a hacer semejante locura no lo hubiera escuchado a Guillermo. Me doy cuenta que corro más peligro teniéndote cerca que pensando que Miguel en cualquier momento puede hacernos algo.
_ Miguel, Miguel, ¿que me importa el hermano de Guillermo?
Lo miraba intensamente mientras su respiración se aceleraba. Hubo una pausa entre los dos. Pedro se detuvo un momento en sus pensamientos. Luego le dijo:
_ Vos no te fuiste de la clínica porque te dieron el alta _ dijo señalándola _ Vos te escapaste.
_ Lo hice por vos _ respondió, incomoda.
_ No, estás loca.
_ ¡Escuchame! _ le suplicó. Las lágrimas comenzaban a caer en cascada por su rostro, mientras lo seguía en círculos por toda la habitación.
_ ¿Dónde están mis cosas?
_ No están. Te traje acá dormido, sin nada. Te tuve que pegar en la cabeza para traerte hasta acá.
_ Y lo decís así… tan campante, tan natural. Como si fuera lo más normal del mundo.
_ ¿Qué querías que hiciera? ¿Te ibas a ir conmigo? Estabas en esa casa esperándolo a Guillermo, lo que menos querías era que yo estuviera con vos.
_ Te dije que me estaba escondiendo de Miguel. No entendés nada. No sabés lo que pasó en el estudio hace unos meses. Y no tengo por qué darte explicaciones de esto.
_ ¿Te vas a ir? Decime. Yo te vi hablando con él en su casa y estabas con unas maletas.
_ ¿Para qué? ¿Para que sigas insistiendo con una historia que ya se terminó?_ Hizo una pausa _ Si, voy a irme con él y esto ya no es asunto tuyo
_ ¿Es así?
_ Ya lo hablamos y es así.
_ Bueno _ asintió con la cabeza. _Lo entiendo, entiendo todo perfectamente.
_ No sé porque no te creo.
_ No, creeme y lo entiendo perfectamente _ le dijo llevándose las manos a su pecho. _ Esta historia de los tres _ hizo ademán con sus manos
Sus palabras de nuevo lo desconcertaban. ¿Qué había querido decir con los tres? Ella se volvió hacia la puerta y su mente parecía divagar de nuevo, como si viajara hacia otro mundo.
_ Esperame, no quiero que te vayas todavía. Necesito hacer algo y luego te podés ir y hacer lo que vos quieras.
Él cedió sin imaginar lo que su mente estaba gestando.
El viaje hasta San Isidro fue un tramo interminable y tortuoso para Guillermo. Sentía que cada hora se hacía eterna. El solo imaginar que Pedro estuviera en las manos de Camila lo llenaba de pánico. Pensaba en su mente, en el grado de desquicio en que podía encontrarse.
El auto se detuvo sobre un camino de tierra que conducía a la estancia. A lo lejos se podía ver la casa. Condujo el vehículo hasta allí. En ese momento podría haberse sentido aliviado, que todo el temor se hubiera ido disipando, pero no. Observaba la casa y un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Nunca había sentido ese frio que se colaba en su cuerpo, como si todas sus fuerzas se congelaran.
Sus pies no respondían pero tampoco se atrevía a entrar. ¿Y si entrar significaba encontrarse con lo peor? A sus pensamientos venía una sola imagen, el sueño que había tenido Pedro. Ese río de sangre que cubría todo a su alrededor.
No sabía qué camino tomar, cuando sintió que Fabián llamaba a su celular. Ahora se encontraba en una encrucijada. Por la forma que se sucedían las llamadas, la insistencia de su hijo era importante. ¿Qué debía hacer? No sabía a quién elegir. Aunque seguramente, pensaba que Fabián estuviera detrás de otra pista falsa en su intento de querer ayudarlo. Solo eso podía ser. Apagó el celular y tomó valor para entrar a esa casa.
Todo era silencio y el miedo estaba ahí, acompañándolo, sin dejarlo. Entró caminando lentamente. Adelante había dos salas. Siguió avanzando cuando llegó al comedor. Ver la mesa preparada con velas encendidas le dio a su corazón un vuelco. No comprendía nada.
En ese momento oyó unos gritos que venían del fondo de la estancia. Siguió las voces que cada vez se acrecentaban más.
_ Camila ¿qué estás haciendo?
La veía ir de un lado a otro, del armario hacia la cama, agrupando la ropa en una maleta. Ya no estaba con ese vestido puesto.
_ Te dije que te quedaras allá y me esperaras.
_ No me contestaste ¿qué estás haciendo? Si querés que yo te lleve lo hago...
Ella se detuvo en lo que estaba haciendo y lo miraba por momentos, moviendo sus manos con nerviosismo.
_ Vos me dijiste que te ibas a ir.
_ Si, es lo que piensa Guillermo. Que es lo mejor para los dos, por lo de Miguel. Pero no entiendo que tiene que ver…
_ Yo me voy con ustedes.
_ No, no, escuchame. No podés hacer eso. Vos tenés que seguir con tu vida y yo con la mía.
_ ¡No! Si vos querés estar con él, yo lo acepto. Yo puedo convivir con eso.
_ No sabés lo que estás diciendo. No podés estar en medio de una relación. Viviendo entre los dos, como si fueras un hijo nuestro.
_ ¿Por qué no? Ana estuvo veinte años viviendo de esa manera.
_ No vas a ir a ningún lado, ni conmigo ni con Guillermo, porque es absurdo.
_ ¡Si voy a ir! No me lo podés impedir. ¡Vos te vas a ir conmigo quieras o no!
_ ¡Estás loca! ¡Volvé en razón!
_ ¡No quiero volver en razón, porque estoy bien cuerda con lo que estoy diciendo!
_ No te voy a dejar. Voy a hablar con tu padre.
_ No lo podés hacer. No me conocés de lo que soy capaz. Vos te vas con él y te voy a seguir a donde vayas, así lo tenga que matar a Guillermo.
_ Vos no serías capaz de eso.
_ ¿Ah… no? ¡No me conocés todavía! _ le espetó, batiendo los brazos hacia abajo. Salió del cuarto acelerando con furia sus pasos.
Pedro se sentó en la cama aturdido por la situación. Aun así no la creía capaz de hacer alguna locura. Su rostro se iba tornando pálido como nieve y su corazón se agitaba dentro.
Camila había dejado la puerta entreabierta, cuando lo vio entrar a Guillermo sus latidos se detuvieron y corrió hacia él para abrazarlo. Guille lo apartó
_ Mi amor, estás bien _ le dijo, tomando su rostro entre sus manos. Pedro volvió a refugiarse en sus brazos. Esta vez se cernía a él con fuerza. Sin soltarse de él le dijo: _ Camila esta acá, está muy alterada.
_ ¿Esta casa es de ella? _ le inquirió él, soltándose.
_ Si, ella me trajo hasta acá pero esta descontrolada. Tenemos que irnos. Seguramente sola pueda pensar y calmarse.
_ No hace falta que me digas nada. Tranquilo _ le dijo, apoyando su mano en su mejilla. Se miraron unos segundos y en ese momento no pudieron evitar besarse. Fue como si el lugar y la presencia de Camila dejaran de existir. Abrazaron sus labios mientras iban saboreando sus bocas. Guille lo fue llevando hacia la cama. Sus manos se recorrían, buscando urgente desprender la remera de su cuerpo. Pedro arqueó su cuello para dejar que sus besos se derramaran en su piel.
Camila había visto todo. Se detuvo en la puerta y el corazón se le ahogó en el pecho al verlos entregándose él uno al otro. Su mente ya no pensaba, estaba en blanco y la furia se apoderaba de ella, como si una tormenta incontrolable se desatara dentro de su ser. Debía detenerlo, evitar que se amaran.
Pedro abrió sus ojos cuando la vio detenida a unos pasos de la puerta.
Lo apartó a Guillermo. Él se dio vuelta, tomando conciencia ambos de la realidad.
_ Camila… _ le dijo Pedro sofocado al mismo tiempo que nervioso.
_ ¡Son una mierda los dos! ¿Esto es lo querías que viera? ¿Qué te viera revolcándote con este?
_ ¡Pará un poco! La que empezó todo esto fuiste vos. Te lo llevaste a Pedro en contra de su voluntad. No sé si te entra en tu cabeza que lo que hiciste fue un secuestro.
_ ¡Vos callate hipócrita! ¡Cínico! Te ibas a acostar con mi marido acá en mi casa.
_ Pedro no es tu marido. Ahora salí de la puerta.
_ No, no me voy a apartar. No me van a dejar acá sola _ agregó desesperada, sintiendo que su corazón latía con fuerza. _ No puedo dejar que te vayas, llevándotelo a Pedro.
_ Dejame que yo la calme _ le musitó Pedro.
Se acercó a ella, despacio.
_ Cami, no lo hagas más difícil. Dejanos ir. Todo va a estar bien, te lo prometo.
_ No. ¿Qué va a estar bien?
_ Cami, yo te quiero y quiero lo mejor para vos. Haciendo las cosas más difíciles te vas a hacer más daño. Por favor, escuchame _ agregó, tomando sus manos.
_ Si me quisieras no te irías con él _ se soltó.
_ ¡Terminala! _ le dijo Guillermo, apartándolo de ella. _ No tenés porque seguir dándole explicaciones. Nos vamos a ir te guste o no. Apartate de la puerta o te saco yo.
_ ¿Por qué no lo dejas en paz a Pedro? Todo el tiempo lo perseguiste hasta que lograste convencerlo para que no se casara conmigo.
_ Camila él no me convenció, yo lo amo.
_ No, no lo amás. Vos tenés la culpa de todo esto _ agregó, volviendo su mirada hacia Guillermo. _ Pero esto se va a terminar.
No estaba segura de lo que estaba haciendo cuando descubrió el arma que tenía detrás de ella. Pedro quedó atónito y su corazón se detuvo. Camila no despegaba la mirada de ambos, clavándose en sus ojos como una lluvia de dagas que estaban a punto de clavarse en sus cuerpos
_ No digas nada, no le contestes. Esta muy alterada. _ Pedro no se inmutó y aferró sus manos a las de él. Guillermo dio un paso hacia adelante de él, despacio.
_ Bajá el arma.
_ ¡Callate! No des un paso o no me va a temblar la mano para dispararte.
_ Camila por favor no lo hagas. Dejalo ir a él y yo me voy con vos.
_ No tenés porque darle el gusto. Soltá el arma Camila. Te vas arrepentir. Si vos disparás, te vas a despertar mañana y no vas a poder volver de eso.
_ Vos me llevaste a esto. Pedro está en esta situación por tu culpa.
En un acto de ira apretó el gatillo, la bala solo había alcanzado a herirle el brazo. Guillermo presionó la herida volviéndose hacia atrás y sentándose en la cama. Pedro miraba hacia ella y hacia él sin poder dilucidar nada. Camila tenía el arma suspendida en el aire y hacia abajo.
_ Camila, ¡qué hiciste!
_ No le hables, está loca. ¿Qué es lo que pretendías hacer? ¿Mandarte al otro mundo y mandarme un pasaje para que hagamos un paseo por las nubes los dos juntos?
_ ¡Callate! _ gritó volviendo a alzar el arma. _ Eso es lo que te gustaría, que me matara para largarte con Pedro.
Camila se volvió hacia atrás, mientras mantenía el arma apuntando
_ Yo no quise hacerlo, no quise disparar. Es que vos me confundís _ añadió mirando hacia Pedro. _ Decís que me querés, que te importo, pero lo único que te importa en verdad, es largarte con él de acá. Que él esté desangrándose el brazo. Te querés ir con él, pero antes, me vas a tener que hablar con la verdad. ¿A quién amas?
_ Ya te lo dije. Por favor, bajá el arma o te vas a lastimar.
_ ¿A quién amas? Por última vez ¡A quien de los dos amas!
_ Ya lo sabés. No volvamos a lo mismo.
_ No, no lo amás a él. ¡No lo amás! _ Disparó de nuevo en un acto inconsciente, Pedro intentó esquivar el disparo, pero la bala lo había alcanzado. Trastabilló empujándose hacia atrás. Se tocó por debajo del tórax y vio la sangre en sus manos. De nuevo el sueño volvía a su mente.
Ahora se daba cuenta que todo el tiempo, una parte de su intuición lo había estado alertando. De repente todo se nublaba y cayó al piso, desvaneciéndose.
Guillermo se volvió hacia ella y el corazón parecía que iba a desbocarse adentro.
_ ¿Qué mierda hiciste? _ le quitó el arma. Ella no respondía, solo quedó sin ningún movimiento, mirando hacia donde estaba Pedro.
Reaccionó y en ese momento largó un grito. El hilo de su voz corría por su garganta hasta dejarla sin aliento... Llorando desesperadamente corrió hacia él, tomándolo entre sus brazos.
Guillermo soltó el arma y se volvió de nuevo hacia ella, la empujó hacia atrás con fiereza y lo apoyó contra su pecho.
_ ¡Está muerto! ¡Es tu culpa, vos me empujaste a hacerlo!
_ ¡Cerrá la boca! ¡La causante de todo esto fuiste vos, loca de mierda!
_ Mi amor, mirame. _ Sus ojos permanecían cerrados. Los entreabrió presionándose en la herida
_ Mi amor, te amo.
_ Tranquilo, no hables.
Camila miraba como él derramaba sus caricias sobre su frente y enlazaba sus manos. No podía soportarlo. Se dio vuelta, cuando vio el arma a unos pasos de ella. En ese momento la tomó nuevamente.
_Yo no voy a ir presa _ dijo, apuntándola hacia Guillermo. _ Si yo me hundo vos te vas a ir conmigo.
_ ¿Me vas a matar? Hacelo. ¡Dale, dispará!
_ Tendrías que morirte, solo así vas a dejar en paz a Pedro.
Iba a hacerlo, a apretar el gatillo nuevamente cuando alguien se abalanzó sobre ella, arrojando un jarrón sobre su cabeza. Camila cayó al instante. Le quitó el arma.
_ ¡Beto!
_ ¡Guille! - se acercó hasta ellos.
_ ¿Cómo saliste?
_ Después preguntale a Marcos. Fabián me dijo que estabas acá.
_ ¿Después? Pedro se me está muriendo. ¿Vos me estás cargando?
_ Guille no te preocupes, presionale bien fuerte donde tiene la herida.
Guillermo se arrancó la manga de la camisa y la ató sobre la herida para parar la sangre.
_ Guille tranquilo, Pedro está vivo, está vivo.
CONTINUARÁ
Debo aclarar que cada día me impresiona más tu imaginación y que te agradezco que nos regales estas fantástica ficciones
ResponderEliminarMara rosas
Me sumo al comentario de Mara, Daniela me encantan tus ficciones! Que buena imaginación y que lindos giros tomaron las dos. Gracias por regalarnos tu magia amiga Guilledrista! Un abrazo inmenso!
ResponderEliminar¡Esta si que nuestra revancha! Camila logra disparar pero no pudo matar a Pedro... Esa es la historia que nos debían. ¡Gracias Daniela!
ResponderEliminarAPLAUSOS Y MAS APLAUSOS.UNA CARICIA PARA EL ALMA.GRACIAS POR TANTO.
ResponderEliminar"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA"MONICA DE LANUS.
Sin duda una escritora magistral la forma en que desctives los hechos la forma en que nos tranportas a esos instantes me encanta Mi Guille hermoso y mi Pedro a merced de esa desalmada ojala reciba su castigo porque tuvo oportunidad de detenerse y no lo hizo gracias por hacer la historia como debió ser eres grande amiga mia
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