
Capítulo 3
Agridulces Confesiones
Parte 2
Tengo el desesperante silencio de la angustia
y el trino verde herido...
¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro?
¿Por qué todas las músicas no se rompen
a un tiempo a recibir mi nombre?
y el trino verde herido...
¿Por qué persiste el aire en no darme el sepulcro?
¿Por qué todas las músicas no se rompen
a un tiempo a recibir mi nombre?
Silencio de angustia
Julia de Burgos
José volvió después de mucho tiempo a la casa que era de sus padres. No sabía muy bien porque lo estaba haciendo. Entró sigilosamente abriendo la pesada puerta.
Era una mansión antigua que databa del siglo XIX. La sala era extensa, como un camino interminable que parecía no terminar nunca. Acaso él se sentía de la misma manera. No dejaba de preguntarse cuando terminaría todo esto. La situación a la que Katherine lo había arrastrado durante años. Cuantas veces se miró en el espejo y lo único que había podido ver no era más que un monstruo, una bestia que ella misma había moldeado con sus propias manos. Veía el rostro de esos jóvenes todo el tiempo en su cabeza. Recorrían su mente y la culpa le arrancaba el sueño. Caminando día y noche como si arrastrara sus cuerpos con una cadena pesada. Como un espíritu errante que no encontraba la paz nunca.
Subió las escaleras levitándose en sus pies. Su mente estaba blanco y solo se dejaba llevar por su propio instinto de sobrevivir. Caminó hasta un pasillo y se sentía desfallecer arrastrando su mano en la pared, como si el alma se fuera a escapar de su cuerpo. Lo deseaba al entrar al ático, morir, si eso podía redimir en algo todo lo que había hecho.
Cerró la puerta y caminó entre las cajas desparramadas en el piso. Se sentó, tomó una de tantas y la fue abriendo con cuidado. El polvo se iba levantando en el aire. Había fotos de sus padres y de él de niño. Mirarlas era como detener el tiempo. Debía hacerlo para encontrarse con él mismo, para saber quién había sido y cuál había sido el momento en que ese hombre había muerto en él. Nada de lo que había permitido para que esos chicos murieran, lo había querido. Se guardó en el silencio hasta que él apareció en su vida y perdió la razón. ¿Acaso el amor puede cegarnos, y se capaces de hacer una locura?
_ ¿Ahora por qué estás con esa cara José Luis? _ inquirió Buitrón. Él apenas la miraba. Había ido a verla para entregarle los expedientes de Diego y Almorena.
Estaba sentada en la punta de la mesa del comedor y lo observaba en detalle, con esa frivolidad que emanaba siempre de sus ojos, con una copa de vino en sus manos. Actualmente bebía más de lo habitual. No podía negarse que la policía estaba rastreando detrás de ella y eso la martirizaba a cada segundo.
_ Es la última vez que voy a cumplir con una orden tuya _ le dijo, arrastrando hasta su manos los expedientes. _ Me abro de todo esto _ agregó, inclinándose sobre la silla que estaba a un costado de ella. Buitrón fingía no oírlo. Prácticamente lo ignoraba.
_ ¿Cómo los conseguiste? ¿Tu amiguita te los dio o tuviste que atarla para robárselos? _ le respondió en tono de sarcasmo mientras hojeaba los documentos.
_ No se dio cuenta cuando me los llevé. Ella confía en mí ciegamente._ Se detuvo un momento a pensar. Dio un hondo y angustiante respiro. _ Eso es lo que me mata. Gabriela me dio su amistad sincera y yo la estoy traicionando.
_ ¡Ay no me digas, pobrecito! _ arrugó el ceño y los labios. _Termínala con esa novela barata de estar lamentándote de todo _ cambió el gesto de su rostro en suma seriedad _ Ya te dije lo que te puede pasar si te abrís.
_ Ya no me dan miedo tus amenazas. Si querés denunciame.
_ ¿Y querés que tu amor se entere que me pediste que lo mandara a... ¿cómo se llamaba? _ se detuvo en sus pensamientos. _Con tantos no me acuerdo. ¡Ah sí! _ levantó el dedo, sonriendo y unió sus manos mirándolo fijamente. _ ¿Querés que se entere que me suplicaste, desesperado, que lo mandara al otro lado a su amorcito? ¿Qué le ocultaste que su gran amor estaba vivo?
_ Eso fue idea tuya y de su mujer. Y odio cuando me hablás con sarcasmo.
_ La muy tonta fue muy fácil de dominar _ expresó, volviendo a leer uno de los expedientes. _ Era amiga del padre _ levantó la vista _ ¿Por qué no iba a confiar en mí para que la ayudara? Y no me pidió que lo hiciera pasar por muerto. Solo me pidió que lo asistiera, se estaba desangrando. Y tuve que darle pastillas para que se olvidara de lo que pasó. No nos convenía que recordara y era mejor que creyera que ella misma realmente lo había matado. Vos sos más santo que ella. Vos me pediste que lo eliminara como hago con todos. A ella le vendí un cuento de hadas
_ No sé que me pasó. Tantos años con vos termine creyéndome el papel_ se sostenía de la silla. _ Y lo que más odio es verte hablando así, con esa frialdad. Estamos hablando de seres humanos. No sé como perdí la razón en ese momento _ hizo ademán con sus manos. _ ¡Que la tierra me trague!
_ No hay mucha diferencia entre vos y yo, aunque no tengamos la misma sangre. Todos tenemos un demonio adentro y en algún momento se desata.
_ No _ movió la cabeza. _ Yo no soy igual a vos, estoy muy arrepentido de lo que te pedí y me alegro que no hayas logrado hacerlo.
_ Ni siquiera sabés lo que iba hacer. Quizá lo quería vivo. Mal para vos ¿Están juntos ahora, no? Por eso estas así, con esa cara de muerto vivo.
_ No quiero hablar. Vos no entendés… ¿Alguna vez amaste a alguien? ¿Alguna vez sufriste por amor? ¿Qué sabés lo que se siente?
_ Te volvés a justificar. Hace un momento te estabas lamentando porque no reconocés que lo hiciste por simple instinto. Te gusta el trabajo que hacemos.
_ ¿El trabajo que hacemos? Que vos hacés _ la apuntó. _ Vos me metiste en esto. Yo era muy joven, no sabía dónde estaba parado. No me estoy justificando.
_ Si querés saber, si amé… pero el muy imbécil me dejó por esa periodista, por eso la maté.
_ Me da asco escucharte. No puedo creer que haya querido por un segundo actuar igual que vos _ añadió, avecinándose un poco hacia ella. _ Y que le hayas dado pastillas a Camila, no tenés limite. En cualquier momento va a recordar lo que pasó y ahí te quiero ver. Por mi no te preocupes. Ya estoy hundido hasta el cuello.
Las conversaciones con Buitrón eran siempre las mismas y era un martirio oírla. No dejaba de preguntarse cuándo había perdido la razón, cuando el amor lo había cegado tanto para pedirle que hiciera lo que ella hacía sin ningún temblor en sus manos.
El día finalizó tranquilamente, sin ningún sobresalto. A la mañana siguiente, Guille despertó y le sorprendió ver el otro lado de la cama vacío. Aun así no pensó en nada malo. Seguramente Pedro estuviera abajo con el bebé. Se incorporó en la cama y giró la vista hacia la mesita de luz.
Junto a la lámpara descansaba una nota que decía:
Mi amor
Sé que te vas a enojar por lo que voy hacer pero no podía quedarme tranquilo, sabiendo que podías encontrarte con él y que pudiera pasarte algo.
Fui para hablar con Miller. No te preocupes, se que nada me malo me va a pasar. Me fui muy asegurado.
Te amo
_ ¿Qué no me preocupe? _ reaccionó, levantándose de la cama y arrojando con rabia la nota contra el piso. Fabián entró en ese momento con su hermano en brazos.
_ ¿Qué hacés con tu hermano?
_ Papá me dijo que lo cuidara. Y no me digas nada que ya sé que se fue a encontrar con José.
_ Para vos es lo más natural del mundo porque no sabés lo que está pasando.
_ Si no me dejaran fuera de todo lo sabría.
_ Es una locura lo que hizo. _ Se acercó a hasta Fabián y le dijo: _ Dame el bebé _ le hizo ademán con ambas manos.
_ No, mejor lo tengo yo _ le dijo en un tono nervioso. Guillermo lo miró frunciendo el ceño como si hubiera percibido que algo le ocultaba.
_ ¿Vos me estás ocultando algo o te volviste niñera de tu hermano ahora?
_ No _ respondió tajante. _ Ya te ponés pesado y no se puede hablar con vos. _ Gianluca se volvía inquieto con las voces. Guillermo se acercó una vez más a su hijo y tomó el bebé entre sus brazos.
_ No entiendo que tanto problema, no es tu responsabilidad cuidar a tu hermano.
_ Es que hay alguien esperándote en la sala y no creo que sea bueno que hables en pijama y con el bebé en brazos. Dame a mi hermano. _ Lo tomó de nuevo entre sus brazos.
_ Francamente, lo que menos me importa en este momento es recibir visitas.
_ Cuando veas quien es te vas a poner más loco. Por eso no quería decirte. A mí me sorprendió, ya te lo digo, que esté libre.
_ Ya sé de quien se trata. ¡La puta madre! - masculló.
_ Respecto a papá...
_ ¡Cuando venga tu padre lo mato! Ahora ándate que me tengo que cambiar. No dejá, _ lo detuvo _ voy a salir así. No tengo por qué estar produciéndome por la señora.
_ No cambia más este hombre.
Bajó hasta la sala. Ella estaba de espalda. Miraba hacia todos lados, nerviosa. No sabía si había hecho bien en presentarse. Ir primero hasta el estudió fue todo un martirio. Todos se habían sorprendido de verla, pero ella solo necesitaba hablar con Guillermo. Por obvias razones nadie se atrevió un segundo a pensar en decirle dónde estaba, mucho menos que estaba con Pedro. Solo por una distracción de Cuca encontró la dirección en una agenda. Desde que había salido de la cárcel nada de lo que estaba haciendo le había traído la calma que estaba necesitando. No sabía en qué momento se dejó convencer por Katerine y terminó por aceptar casarse con Miguel.
Mendoza no había hecho más que darle la excusa que deseaba protegerla por ser hija de su amigo. Sin embargo, estaba muy lejos de saber que la estaban usando. Tenerla cerca, era la seguridad suficiente para controlar que no recordara ese día en que le había disparado a Pedro, así se desatara toda la verdad del negocio que llevaban adelante.
_ Acá me tenés. _ Camila se dio vuelta y lo miró temerosa. No sabía que excusa encontrar para justificar su presencia.
_ Disculpá que te reciba así. Me iba a poner el esmoquin pero estaba apurado. ¿A qué viniste? _ le inquirió muy serio.
_ ¿Podemos hablar? - le hizo seña para que sentara.
_ ¿Cómo sabías donde yo estaba?
_ Tomé la dirección en una agenda que dejaron por descuido en tu estudio
_ No perdiste las mañas. Bastante astuta sos cuando te propones algo.
_ Guillermo, no quiero que comencemos a discutir. Que vos me agredís y yo te respondo.
_ Yo no te agredo, te dijo las cosas como son. Lo que a vos te pasa, es que no te bancás que te griten la verdad en la cara. Porque sos una negadora.
_ Supongo que no te olvidaste lo que te confesé en la carta. Dejando aparte nuestra discusión en la cárcel
_ La que se olvida las cosas sos vos. Me explotaste una bomba en la cara. ¿Crees que se puede uno borrar eso de la cabeza? Para tu información, él fue mucho más inteligente y meticuloso que vos. No hizo falta que lo buscara.
_ Sé que Santiago tiene un sobrino. Los estaba ayudando a ustedes con la causa de Pedro. Quería cambiar la carátula de mi sentencia. ¿Por qué iba a querer hacerlo si no me conoce? Y escuché rumores que vos estabas saliendo con él.
_ ¿Te da miedo pensar que esté vivo o que haya vuelto siendo otra persona?
Dejó su respuesta en suspenso. Le temblaban las manos y comenzaba a respirar con dificultad. Haberle preguntado por Julián había sido innecesario. Sabía que podía tratarse de Pedro y que estaba con él. Estaba segura que después de leer esa carta, Guillermo no iba dejar que nada permitiera que lo perdiera de nuevo. Pero eso no le importaba ya. Lo único que pensaba y que más le aterraba, era que en cualquier momento, Pedro apareciera en escena… no sabría cómo reaccionar ante él. Imaginaba su odio y desprecio. En su cabeza solo podía verlo como alguien totalmente diferente al hombre que ella había conocido.
Sabía que toda esa dulzura y fragilidad habían muerto. Recordaba aquella película de Christian Bale, Psicópata Americano, y no podía dejar de pensar que él, era ahora ese psicótico personaje y ella su única víctima.
_ Estuvimos dando vueltas y no me dijiste hasta ahora porque viniste. Pero antes que me respondas, quiero saber cómo hiciste para estar acá, tan campante.
_ Por una amiga de mi papá. Ella tiene mucha influencia en tribunales y gestionó para que yo pudiera salir. De todos modos se que Pedro pidió para que me absolvieran, y... estoy cumpliendo con el tratamiento psicológico que ordenó el fiscal. Me está tratando una psicóloga que se que lo conoce a Pedro, Eugenia Lamas. Estaba segura que él podría estar acá, con vos.
_ Él pidió eso desde que se enteró que estabas libre. ¿Y por eso viniste? ¿Para que él te dé la extremaunción o que te purgue de tus pecados? Sigo sin entender que haces acá.
_ No esperaba mejor respuesta tuya. _ Bajó la mirada e hizo silencio. _ Son muchas cosas las que me motivaron a venir.
_ Decilo de una vez y terminamos con esto.
_ Vos, hace un momento, me dijiste que yo niego las cosas _ levantó la vista, mirándolo fijamente a los ojos. _ Puede que tengas razón y en muchas otras cosas que me dijiste. Te voy a ser sincera por primera vez _ hizo ademan con su cuerpo. _Yo sabía desde hacía tiempo que entre vos y Pedro pasaban cosas, pero no quería darme cuenta. ¿Te acordás cuando te pedí que me ayudaras con lo que a Pedro le pasaba con lo de su familia?
_ Sí, que después fui y hablé con él.
_ Fue ahí… cuando los vi abrazados… y lo que él te dijo, sus palabras. Él jamás se habría conmigo y que lo hiciera con vos, que te contara toda su infancia, me confirmó todas mis dudas. También te iba hablar del embarazo.
_ No tenés que darme explicación de eso. Vos estabas casada con él y…
_ Yo necesito hablar de todo. Yo pensé que lo estaba, tenía todos los síntomas y cuando la médica me dijo que era un error, quede devastada.
_ Lo sabías, entendías lo que pasaba a tu alrededor pero te quedaste callada.
_ Tuve miedo, mucho miedo, no fue por maldad. ¿Vos crees que yo disfrutaba callándome? De nada me sirvió. Pedro se fue alejando cada vez más. Después pasó lo de mi papá. Yo supe en ese momento que lo nuestro había terminado, que él no iba a volver. Pero era como que una parte de mi no podía aceptarlo y sin darme cuenta me fui escribiendo una historia paralela y quedé atrapada hasta creerme lo que yo misma trataba todo el tiempo de convencerme.
_ La historia que yo lo perseguía pero que él te amaba y que iba a volver a vos.
Quedaron en silencio cuando ambos sintieron la voz de Fabián que venía del otro lado de la sala. Guille se dio vuelta cuando lo vio acercarse a ellos.
Camila se sintió intrigada al ver al bebé de nuevo. Cuando Fabián la recibió lo había visto en sus brazos y le llamó mucho la atención. Pensó de pronto que podría tratarse de su hijo. En un año podían pasar tantas cosas.
_ No te quería molestar pero estaba llorando mucho. _ Fabián miraba a ambos y se sentía incómodo con la situación.
_ No, está bien, dámelo. _ Guillermo tomó a Gianluca entre sus brazos, cobijándolo en su pecho. _ ¿Qué pasó mi amor? ¿Lo extrañás a papi?_ Lo abrazó con fuerza mientras daba pequeños besos a su cabecita.
_ Perdón _ le expresó Camila una vez que Fabián se había ido. Se iba sentando muy lentamente y no podía despegar la mirada del bebé. _ ¿Ese bebé? Lo vi antes a tu hijo con él y me quede sin entender de quien es.
_ Es mío y de Pedro _ le respondió sin ningún titubeo.
_ No entiendo _ le respondió, desconcertada.
_ Es nuestro hijo, biológico.
Hizo una pausa un momento para intentar digerir lo que acababa de oír pero comprendía claramente lo que Guillermo le había dicho. En ese momento las palabras la golpearon en su mente y su corazón parecía que iba a ahogarse dentro del pecho. Sentía ese sabor amargo que produce la frustración. Tomó aliento, respiró profundo y continuó
_ Es extraño. Disculpame que me asombre pero me parece tan raro que vos y Pedro tengan un hijo. Son hombres. No imagino cómo pudiste darle ese bebé.
_ Se te paso rápido todo tu discurso de magdalena sufrida. Ya estás sacando a escupir tu veneno de nuevo. No voy a entrar en tus juegos. No vas a lograr ofenderme con tus comentarios.
_ No fue esa mi intención Guillermo. Es que la única forma que Pedro pudiera ser padre era con una mujer.
_ Yo no sé si vos sos tarada o estás cursando la carrera. Es obvio que yo no le di este hijo naturalmente. Vos sos mujer y podrías haberle dado un hijo, pero este bebé es nuestro. Fue su prima, que tiene su misma sangre, la que lo tuvo por él y yo fui el donante. ¿Estás conforme ahora o necesitás que te pase más información?
_ No se puede hablar con vos. Siempre con esa sorna y esa prepotencia. Solo quería saber. ¿Cómo se llama?
_ Gianluca.
………………………………………………………………………………………...
Enfrentarme de nuevo a José no había servido de nada. Como si hubiera intuido que se trataba de mí con quien iba a encontrarse, se había rehusado a darme las pruebas. Tal vez porque en su interior solo deseaba hablar con Guillermo.
Tantas dudas todo ese tiempo. Todo un año despertando día y noche sobre que había pasado conmigo. Aun si recordar, con solo retazos en mi mente, él terminó expulsando una verdad ante mí sobre lo que había pasado ese día.
Sin embargo su confesión sólo abriría el camino hacia otras verdades mucho más terribles.
Entré sin temor, después de todo lo que me había pasado ya a nada podía temerle. Imaginaba encontrarme con un hombre seguro, orgulloso. Con esa altivez con la que me había enfrentado en el estudio. Pero no había en él que un hombre derrotado sentado a los pies de la escalera bajo los efectos del alcohol.
_ Yo pensé que iba a venir Guillermo. En cambio te mandó a vos.
_ Yo vine por mi cuenta pero veo que perdí mi tiempo. Dejé a mi hijo solo para encontrarme con un tipo que está en estado deplorable y alcoholizado.
José se mantuvo en silencio y parecía no escucharlo.
_ Sé porque no vino, porque él no puede amar a nadie.
_ Eso no te detuvo para llenarle la cabeza en contra mío. Vos no sabés nada de nosotros y de nuestra historia.
Miller miró hacia otro lado sonriendo con sarcasmo. Se dio vuelta y lo miró, pero sus ojos parecían perderse en sus propios pensamientos.
_ No deberías darle tanta importancia a lo que dije. Actualmente actúo sin pensar. Él me usó. Sabés, cuando Guillermo quería que pasáramos la noche juntos, siempre que terminábamos de hacerlo, nos quedábamos hablando y él lo único que hacía era hablar de vos. _ Hizo una pausa _ Gabriela me contó que vos y Guillermo se casaron.
_ Eso a vos no te importa. Yo solo vine para que me entregaras las pruebas pero es evidente que lo único que te importa es salvarte el pellejo.
_ No las tengo en verdad. Solo quería que Guillermo supiera de mi boca lo que te hice. Deseaba de alguna manera redimirme ante él. No tenía otra forma de convencerlo que viniera a verme.
Pedro sintió en ese momento hastío de seguir escuchándolo. Le hervía la sangre de rabia. Si continuaba allí terminaría marcándole los dedos. No soportaba su victimización. Con el teatro que había montado Camila en el juicio había sido demasiado. Se dio vuelta cuando José lo detuvo aún sentado.
_ Esperá_ pronunció con dificultad las palabras. Pedro se dio vuelta._ Quiero que me dejes decirte algo antes que te vayas. Cuando te dije que Guillermo no puede amar a nadie te lo decía en serio. No deberías haberte casado con él. ¿Guillermo te habló con la verdad? ¿Te dijo que hubo otro hombre además de mí? ¿Te habló de Franco Nazarre?
Ya sentía que las heridas estaban ahí latentes, persiguiéndome como un fantasma y él no había hecho más que despertar ese espectro para seguir atormentándome. No podía quitar de mi cabeza que todos habían continuado con su vida como si yo jamás hubiera existido.
_ Yo no puedo entender. ¿Qué te pasó por la cabeza para casarte con Miguel? ¿Vos estás loca? ¿Vos sabés donde carajo te estás metiendo?
_ Es mi vida y no se para que te lo dije. Yo solo quería hablar con vos y con… Pedro, aunque me muero de miedo de volver a verlo.
_ No es un monstruo.
_ ¿Puedo cargarlo? _ Camila le inquirió con ansias la pregunta. Lo miraba como ese hijo que nunca había podido tener y el solo pensarlo le desgarraba el alma. Guillermo dudó por unos segundos en consentir su pedido. No podía confiar en ella a pesar de que su arrepentimiento, su verdad para con ella misma y que se hubiera mostrado sincera. Le acercó el bebé apenas. Camila lo tocó temerosa, pero de a poco fue perdiendo el miedo. Enredó sus dedos entre sus manitos y besó su frente.
_ Es hermoso. Se parece mucho a Pedro y también a vos. Entiendo que no puedas confiar en mí aun. Me hubiera gustado alzarlo.
_ No puedo arriesgar a mi hijo para que un acto de locura quieras salir corriendo con él. Te creo en todo lo que me dijiste, pero la confianza, una vez que se pierde, es muy difícil de recuperar.
_ Vos nunca confiaste en mí y no iba a salir corriendo con el bebé.
Pedro se detuvo unos instantes frente a la puerta al llegar. Las palabras de José se habían clavado dentro de él y no habían hecho más que hacer sangrar la herida que aún continuaba abierta. Entró y vio a Guillermo acomodando al bebé sobre el camastro que tenían en la sala.
_ Pedro _ le dijo al darse vuelta. Pedro aceleró el paso. Guillermo no pensó en discutir con él por lo de Miller pero su mirada lo golpeó de repente. Pedro lo atravesaba en sus ojos como si una daga fuera a clavarse en su alma. _¿Por qué no me dijiste que habías decidido hablar con José?
_ Necesito que vos me expliques algo.
_ Guillermo….
Pedro reconoció su voz en un instante. El corazón de Camila se detuvo al verlo, estaba de espaldas a ella. Su cuerpo comenzó a temblar más cuando sus miradas se encontraron. El brillo en los ojos de él se iba apagando y se oscurecían de rabia hasta que las lágrimas fueron abriéndose paso.
_ ¿Qué hace ella acá? _ inquirió, volviéndose a Guillermo
_ Yo necesitaba hablar con él y con vos.
_ Camila es mejor que te vayas _ le pidió Guillermo
_ No, dejala que se quede. Yo estaba esperando este momento. Quiero hablar a solas con ella.
_ No, de ninguna manera te voy a dejar solo con ella.
_ Déjanos solos _ se volvió hacia él _ Te lo pido. Quedarte cerca solamente si querés
Camila hubiera preferido que se quedara. No sabía que decir ni cómo reaccionar. Lo miraba y lo imaginaba como una fiera que estaba a punto abalanzarse sobre ella.
_ Imaginaba que te ibas aparecer con ese cinismo después de lo que hiciste
_ Pará, necesito que me escuches.
De nuevo sentía que las palabras se ahogaban en ella. Quería explicar lo que había sucedido ese día, pero al igual que él solo tenía piezas desordenadas en su mente.
_ ¿Qué me vas explicar? Desde hace un año que tengo en mi cabeza el sonido de los disparos y esa escena atormentándome todo el tiempo. ¿Me vas explicar por qué me hiciste pasar por muerto?
_ Fue ella quien me obligó, ella me convenció que era lo mejor para que no fueras preso. ¿Vos crees que yo me sentí feliz después de lo que hice?
_ ¿Ella quien? Te estás justificando, esto lo armaste vos sola y no entiendo en qué momento hablaste con Miller para hacer todo eso.
_ Necesito que me creas y no sé de qué me estás hablando. Estuve todo el tiempo pensando, torturándome con este dolor y con la culpa.
_ ¿Tu dolor? _ Le inquirió indignado alzando su voz. Se abalanzó sobre ella y la tomó con fuerza de los brazos. _ ¡Tu dolor! ¡Qué dolor sentiste, que me manchaste adelante de todos en ese maldito juicio! ¿Crees que no lo vi? Te di cinco años de mi vida Camila. Cinco años que te amé y porque cuando estábamos a punto de casarnos me enamoré de otra persona, te vengaste ensuciándome.
La sacudió con violencia echándola hacia atrás. El rostro de Camila se llenaba de lágrimas pero los ojos de él solo estaban cubiertos por un manto de desprecio.
_ ¡Pero a Guillermo lo perdonaste! ¡A él le importó muy poco que tu cuerpo estuviera aún caliente que continuó su vida con otro y a mí no me podés perdonar!
_ Yo a él lo amo y la que disparó fuiste vos. Y mi historia con él es mucho más importante que lo que haya hecho con Miller. Ahora ándate _ hizo ademán con el brazo apuntando hacia a la puerta. _ No quiero verte más en mi vida. Te quiero lejos de mí y de mi familia.
_ ¡Pedro! _ se acercó a él en un aire de súplica.
_ ¡Salí de mi vista! _ Pedro la tomó de ambos brazos clavando sus dedos en ellos. La sacudió con furia. Camila trastabilló cayendo hacia el piso. Guillermo intervino entre los dos.
_ ¿Para eso querían hablar los dos? ¿Para matarse como perros en celo? ¡Está nuestro hijo acá en la sala y te ponés hacer todo este griterío! _ giró su vista hacia Pedro. _ A mi nomás se me ocurre dejarlos solo.
_ Ya voy a buscarlo, no tengo nada más que hablar con esta mujer. _ Se volvió hacia donde estaba acostado Gianluca. Lo tomó apoyándolo en su pecho, tomando camino para irse.
Camila se ahogó en un mar de lágrimas. Guillermo solo la miraba, por primera vez se sentía afectado al verla de esa manera. Sin fuerzas, como si una turba le hubiera caído encima. Se acercó hasta ella y le ofreció su mano para incorporarla. No supo porque pero en ese momento se acercó hasta él y
lo abrazó con fuerza. Las palabras que le diría después quedarían aún grabadas después de que ella se marchara.
CONTINUARÁ
Genial tu historia Daniela Maurice, muy bueno el giro que fue tomando. José que toma conciencia de la monstruosidad de sus actos, un manto que se descubre para Guillermo que confiaba en él, el hogar construido con Pedro, la llegada de un hijo y la frutillita del postre... Camila que pretende ser perdonada. ¡Felicitaciones! Un abrazo Guilledrista Dani!
ResponderEliminarImpresionante como siempre tu relato LA VERDAD TE DIGO QUE ESCRIBIR ES UN ACTO DE FE FELICITACIONES. MARA ROSAS
ResponderEliminarAmiguita leerte nuevamente que maravillosa eres en verdad me emociona me encanta gracias
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