
“LA FORMULA DE P Y G”
UNITARIO - PRIMERA PARTE
(BASADA EN EL LIBRO DE STORMY GLENN)
La vida de Guillermo Graziani no es nada fácil, sus investigaciones científicas le han quitado mucho tiempo a su vida personal y no solo eso, su mismo departamento se ha vuelto un laboratorio. Tan obsesionado está en encontrar la maldita fórmula que ya ni come ni duerme, solo se preocupa por dar con la fórmula exacta y que su apreciado gato tenga para comer.
Aunque todo estaba por cambiar desde esa misma noche...
Llegó a su casa cargado de apuntes y mas distraído de lo habitual, su correspondencia de semanas seguía amontonada al costado de la puerta de entrada. Gracias a su secretaria, en su refugio no faltaba comida ni para él ni para su gato, aunque la mujer solo una vez consiguió que alguien fuera a limpiar el departamento y después no volvió nunca más asegurando que Graziani era un quisquilloso
No era que a él no le gustara el orden y la limpieza, lo que pasaba era que en ese momento otras reflexiones rondaban su cabeza. Unos maullidos ya bien conocidos lo sacaron de sus pensamientos
- Hola pequeño, ya sé que es tarde y tenés hambre, ya en segundos vas a comer
El gato parecía entender perfectamente lo que decía Guillermo y ronroneando acurrucó su cabeza en la pierna del hombre, este lo tomó en sus brazos, se dirigió a la cocina y lo acomodó en su canasto. El gato, mientras lo miraba fijamente, vio al hombre sacar de la heladera un jarro que él sabía muy bien que contenía su preciado néctar, o como lo llamaba el hombre: leche. Ya su lengua saboreaba por anticipado el ansioso líquido aunque su estómago gruñó más fuerte al ver al hombre con su tazón en la mano y ese olor delicioso a pescado de lata...
Lo miraba comer ansioso como si hoy a la mañana no le hubiese dado nada antes de irse, estaba claro que era un gato goloso, glotón y que su estómago no tenía fondo. Eso preocupaba mucho a Guillermo siempre, mejor dicho desde que lo conoció...
Aquella noche de lluvia, al llegar a su casa, bajó del taxi apurado como siempre llevando las bolsas de las compras y miles de carpetas en sus manos. Ni vio con el bulto que tropezó, solo un maullido doloroso que lo hizo asustar y tirar las cosas que llevaba en sus manos. Cuando lo vio arrinconado contra la pared se dio cuenta enseguida que había pisado al gato en unas de sus patas, se dio cuenta por la forma que el gato mojado se lamía la herida. ¿Pero qué mierda hacía un gato ahí y con ese temporal? Se sentía tan culpable que se acercó a él para ver que tan grave era la situación. Aunque al principio el gato trató de rasguñarlo se imaginó que el pobre hombre con tantas cosas encima ni lo había visto, por eso se dejó tocar aunque maulló con dolor al ver la mano alrededor de su pata lastimada.
No lo podía dejar tirado y a su suerte, por eso decidió llevarlo a su departamento y en la mañana buscar un veterinario. Al llegar con él lo deposito tiernamente en el sofá, tan mal no debía estar ya que cuando Guillermo le alcanzó un plato con leche tibia lo devoró de un santiamén y al rato lo vio profundamente dormido…
La mañana llegaría para Guillermo con unos maullidos en sus oídos… El gato reclamaba su atención. Seguía cómodo, acostado donde lo dejó, y de vez en cuando lamía su pata herida.
- Bueno, antes de darte de comer y de visitar al veterinario va ser bueno que te de un baño, estás con un olor a gato callejero tremendo.
No lo podía creer, parecía que el gato entendía de lo que hablaba y en menos de unos segundos y con la pata herida, saltó del sofá y quiso escabullirse, pero el dolor en su pata no lo dejó correr.
Guillermo lo atrapó enseguida y con él se dirigió al baño. Esa sí que fue una batalla campal, cuando terminó de bañarlo no se sabía bien quien había a bañado a quien, los dos choreaban agua por todos lados.
El veterinario, después de revisar al gato, le aseguró a Guillermo que a la pata del felino después de algunos días se le bajaría la inflamación y quedaría como nuevo. Al principio pensó tenerlo hasta que se mejorara, aunque con el tiempo se acostumbró a su presencia y por supuesto el gato ya se había acostumbrado a las locuras de su dueño, porque Guillermo había impuesto reglas para que se quedara.
- Te quedás a vivir acá, pero querido… hay reglas. Hay que bañarse, nada de pelos por todos lados ni de rasguños a los muebles, nada de parásitos… y ojo donde hacés tus necesidades físicas! ¿Me entendés?
El gato respondió miau y se alejó a su confortable canasto nuevo, ya bastante tuvo con aguantar que lo revisaran y lo pincharan en ese nefasto lugar para también tener que soportar las locuras de su nuevo dueño...
El tiempo pasó, su pata se curó y una vez a la semana corría por toda la casa para que Guillermo no lo alcanzara para su baño. ¡Como ese hombre no se daba cuenta que era muy limpio! Que todas las mañanas con su lengua limpiaba todas sus zonas íntimas y lavaba su cara! Y bueno… lo que siempre supo que al pobre le fallaba. Estaba loco de tanto andar entre frascos y escritos en su pizarrón, por eso hablaba solo y nunca llevaba otras personas a su casa… Eso era bueno para él, le gustaba su amo por varias razones: le daba de comer, lo trataba bien y disponía de la casa a su antojo. ¿Qué más podía pedir...? Ah sí, en lo único que no congeniaban era en el nombre que le puso…
- Bueno PEDRO, ya comiste. Jugá con tu pelota de tenis que yo tengo mucho que hacer.
Si miau fue un asentimiento, a veces lo asustaba. Parecía que entendía lo que él decía y aunque sabía de la inteligencia de los animales siempre el felino lo dejaba perplejo
Se preparó algo rápido de comer, estaba ansioso de volver a su fórmula. Por eso dejó la cocina rápido después de lavar la vajilla sucia y no antes de advertirle al gato que se portará bien... Sí, claro que lo pensó para sí, ya estaba loco… no había duda. Le hablaba al felino como a otro par.
El gato corría de un lado a otro jugando con la pelota multicolor. Cuando Guillermo la trajo por primera vez, él estaba más interesado en el papel que la envolvía, pero después de ver a Guillermo hacer rodar la pelota, recién ahí le llamó la atención. Pero claro, más le gustaba cuando los dos jugaban con ella… no él solo, pero no quedaba otra. Su dueño no quería jugar ahora y se tenía que conformar con jugar solo.
Guillermo seguía en sus anotaciones y ni cuenta se dio que el gato perseguía por debajo de su silla la pelota, en ese momento el hombre estaba en una etapa compleja de su fórmula.
En el tubo de ensayo se encontraban varios líquidos diluidos en diferentes proporciones. Los nutrientes y los macro nutrientes se unían en gamas de colores, él tenía la hipótesis que el ser humano podía retroceder el paso del tiempo y no envejecer. "MEJOR DICHO TENER 90 Y PARECER DE 50."
Aunque él lo llamaba tener mejor calidad de vida, tenía un problema serio… No podía usar su formula con ratones porque no los soportaba y a la vez por su gato, por eso consideraba mejor las plantas para sus pruebas. Tenía en varios tubos los grupos A, B y C. Guillermo estaba emocionado, sus nuevas anotaciones y los cambios vistos en su microscopio lo alentaron más, buscó el mechero y lo prendió en el momento… aunque algo faltaba. ¿Dónde estaban las tapas de seguridad de los tubos? Y ahí se enojó en serio al ver al gato jugando con ellas
- ¡Pedro! ¡No te dije que te quedaras en la cocina con tu pelota jugando!
El gato, al escucharlo gritar, se asustó ya que nunca lo había tratado así y saltó a la mesa de trabajo tirando todo a su paso.... Un maullido fuerte le dio a entender que el gato se había cortado con algún tubo, desesperado atrapó al gato y al revisarlo solo vio un pequeño corte en su pata trasera. Sin más espera lo metió bajo la canilla de agua fría y lo desinfectó entre los maullidos enojados de Pedro que solo se calmó cuando Guillermo le curó su pata y lo dejó acostado en su canasto después de un largo sermón
Asustado como estaba por el baño y los gritos de su dueño, trató de dormirse pero su canasto en ese momento le pareció incómodo… El lugar más confortable de la casa era la cama de Guillermo y eso lo sabía muy bien...
Acomodó todo lo mejor que pudo y trató de volver a sus anotaciones, aunque el cuerpo y la cabeza misma le pedían dormir. Tan cansado estaba que decidió irse a dormir a su cama, mañana sería otro día
El sol del amanecer lo despertó. Un sueño reparador había sido lo mejor aunque lo asombró que su gato no lo hubiera despertado por su comida. Fuerte fue su impresión cuando descubrió otro cuerpo completamente desnudo al lado suyo
- ¿Y vos de dónde saliste? ¿Quien sos?
- ¿Y mi leche y mi pescado donde están... Guillermo?
CONTINUARÁ........
¡Jajaja! Imagino la cara de Guillermo cuando se despertó!!! Que ocurrente e ingeniosa sos mujer... ¡Felicitaciones y todos los aplausos a tu fic y a tu regreso al blog! ¡Graciassss!
ResponderEliminarNaaaa no podes....me muero... sos una genia Mara Rosas....me encantó...me divertí y me pareció retierna.... felicitaciones.... TKM
ResponderEliminarMuy bueno! Me gustó mucho este comienzo, Que linda historia parece ser! Me pareció muy dulce y fresca y graciosa. Gracias Luz por escribir y compartir! Espero el proximo! Besos Romina
ResponderEliminarEsta sí que no me la esperaba!! Pedro gato!! Y encima naranja como mi Eros!!
ResponderEliminarY cómo es eso que se transformó en humano sin intermediación de beso? Y desnudo pidiendo leche y pescado!!
Debo decir que por momentos temí lo peor... No sé si lo leí estando con el ánimo un poco alterado, pero pensé que cuando se metió con los tubos de ensayo, iba a terminar muerto, tirándose todo encima... Y después cuando se fue a dormir a la cama de Guillermo pensé que iba a terminar aplastado... Me parece que lo leí con ideas negras rondandome la cabeza... En fin...
Ah, me copa Guille investigador dedicado!!
Beso Luz!!
Lo unico que me molesta de esta historia es tener que esperar por la continuación esta genial porfa no tardes
ResponderEliminarHermosa y muy tierna
ResponderEliminarrecien la leo que ingeniosa por favor, quiero yaaaaaaaaaa la continuacion me encanto!!
ResponderEliminarMe encantó!!!! Como sigue x favor
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