Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

sábado, 6 de mayo de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap 17 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 17

Con la llegada del invierno fuimos descubriendo más cosas acerca de los cambios que habían provocado mis mordidas en Guillermo y que cada día se hacían más evidentes. Salíamos a correr por el campo y no tenía que esperarlo, corría más rápido que cualquier humano y aunque terminara agotado, podía hacerlo sin problemas.
Algunas noches nos escabullíamos a nuestro refugio, otras nos perdíamos en la profundidad de los jardines o en la altura de los tejados. Esas noches ponía a prueba el alcance de su oído y con sorpresa descubrí que podía distinguir sonidos prácticamente imperceptibles a mucha distancia. Si bien no tenía un oído tan fino como el mío, estaba por encima del de un humano normal.
Trepar hasta nuestro refugio se volvía cada vez más peligroso, por eso tuvimos que ser muy cuidadosos. Tal como estaban las cosas, ya teníamos suficiente con los cambios que en él se hacían cada día más notables, era necesario ser precavidos hasta el extremo, pero nunca nos privamos de eso.

Con el paso de los días y sus noches, habíamos aprendido a usar las ventajas de nuestra condición. Un vampiro y un mortal que por el momento estaba en una face intermedia. Guillermo no era un vampiro, pero tampoco un humano normal, tenía talentos especiales. Trepábamos la escalera de piedra casi sin rozar el suelo gastado por el transitar de estudiantes que durante años pasaron por Medianoche y nos entregábamos al placer con el alma más desnuda que los cuerpos.
Hoy podría asegurar que ambos sabíamos que ese encanto y la complicidad de la noche en ese lugar tan nuestro algún día llegaría a su final, para bien o para mal, porque nada dura para siempre.
Sin decirlo, sin detallarlo con palabras que solo lograrían sumergirnos en una profunda tristeza, soltábamos los miedos amándonos salvajemente, acallando cada grito en un beso penetrante, con los dedos aferrándose a la piel, temerosos pero convencidos que todo riesgo valía la pena. El amor y la pasión nos tenían prisioneros de sus antojos y ninguno de los dos quería evaluar el peligro que corríamos. No había nada mejor que observar la madrugada, desnudos y agotados, a través de la única ventana que tenía nuestro refugio de amor.

_ ¿Cómo se llama aquella estrella? _ Me preguntó una noche mientras descansaba sobre mi pecho descubierto, señalando un cielo despejado.
_ No tiene un nombre en especial. Es solo un lucero, por eso brilla más que las demás.
_ Vamos a darle un nombre…
_ ¿Un nombre? Bueno, como quieras… ¿pero puedo preguntar para qué?
_ Pedro, si alguna vez, pero esas cosas de la vida el camino nos separa, quiero que al mirar esa estrella pienses en mí y sepas que siempre voy a estar pensando en vos.
Si esas palabras no hacían obvio que ambos éramos conscientes del peligro que nos acechaba, ya nada llegaría a ser más claro. _ No me gustan tus palabras Guillermo. Me estás poniendo triste.
Giró sobre su cuerpo y se volvió hacia mí de manera casi irracional. _ Yo te juro Pedro, que si alguna vez el camino nos separa, no va a ser por mucho tiempo. Por eso te estoy pidiendo que tomemos esa estrella como referente, para que pase lo que pase, siempre podamos volver a encontrarnos. No te pongas triste, nosotros vamos a estar siempre juntos, vivos o muertos, pero siempre juntos.
_ Guillermo, me estás asustando…
Acercó su rostro hasta quedar muy cerca del mío _ No es la idea que te asustes Pedro, sino todo lo contrario… Vas a tener que ser muy fuerte. El camino no va a ser fácil y si queremos seguir juntos, vas a tener que ser mucho más fuerte que cuando te enfrentaste con Franco. Si me das tu palabra que sos consciente de lo que estoy tratando de decirte, que podés dimensionar que lo que venga no va a ser fácil, no va a ser necesario volver a tocar este tema nunca más… pero alguna vez teníamos que hablarlo.
Esa fue la primera y única vez que lloré en ese recinto sagrado que estaba tan cerca del cielo, asentí en silencio y me abracé a él con desesperación. La idea de perderlo me desgarraba en todos los sentidos. _ De acuerdo, ya te entendí. Pero no quiero volver a tocar este tema nunca más.
Nunca podré olvidar lo que sentí cuando sus manos fuertes secaron con cariño y torpeza las lágrimas que rodaban por mis mejillas, el perfume de su boca acercándose a la mía y la manera en la que me envolvió entre sus brazos.

No fue fácil desprenderse de la tristeza que nos dejó aquella noche, pero el ritmo de la academia nos ayudó bastante. La naturaleza de Guillermo había cambiado lo suficiente como para distinguirse de la especie humana a los ojos de un buen observador, pero él continuaba insistiendo en que lo transformara en uno de los nuestros y ninguno de los dos tenía la menor idea de que podría pasar ante una tercera mordida. Estábamos rodeados de mitos y leyendas, pero muy lejos de tener idea de la verdad. Si bien seguíamos viéndonos a escondidas poníamos sumo cuidado cuando empezábamos a besarnos y a dejarnos ir lo más lejos posible, era imposible imaginar las consecuencias que provocaría una mordida más.
Si bien su metamorfosis ya no era tan vertiginosa como en los primeros días, cada vez que poníamos a prueba sus sentidos me daba cuenta que estaba un paso más allá de la vez anterior, por eso una noche decidí intentar una prueba que podía ser definitiva. Habíamos quedado en encontrarnos en la misma escalera de siempre, pero esa vez llevé un termo. Me miró sorprendido pero no dijo una palabra hasta que estuvimos a solas en nuestro refugio.
_ ¿Qué es eso?
_ Sangre
_ Ah… ¿Y para qué?
_ Para vos
Me miró horrorizado. ­_ Ni se te ocurra
_Guillermo, enfrentémoslo de una vez. Después de la segunda mordida algo cambió en vos, vamos a averiguar qué tan cerca o lejos estás de ser un vampiro como yo. Tenemos que saber como reaccionás ante la sangre, no nos queda otra opción. Tratá de beber un trago y acabemos con esta incertidumbre.
Respiró hondo y aceptó mientras yo servía un pequeño trago de sangre en la tapa del termo. Un pequeño trago sería suficiente para averiguar lo que queríamos saber.
Se llevó el recipiente a la boca con un gesto de repulsión. Me asombró su valentía, pensé que iba a resistirse a colaborar, pero ahí estaba, a un paso de descubrir cuanto había cambiado en realidad. _ ¡Vamos, hacelo de una vez! Tenemos que saber qué te pasa cuando la pruebes
Inclinó el vaso con recelo, bebió… e inmediatamente escupió en el suelo.
_ ¡Ajjj! ¡Por amor de Dios, qué asco!
_ Listo amor, ya tenemos la respuesta. _ Para cerciorarme de no haber cometido ningún error la volví a probar y sabía deliciosa. Estaba tibia y aromática, pero si a Guillermo no le había gustado era porque no había recibido el llamado de la sangre. O sea, no era un vampiro. _ Evidentemente, vampiro no sos… ¿Pero que sos? ¿Y como se supone que vamos a averiguarlo?
Me daba un poco de pena verlo juntar saliva y seguir escupiendo sobre el piso hasta liberarse del último resto de sangre, pero había algo que no terminaba de comprender. La primera noche que habíamos estado juntos en ese lugar y después de haber hecho el amor por primera vez, él casi me había rogado que volviera a morderlo. Lo había hecho aprisionándolo entre el viejo edredón y mi cuerpo, y solo Dios sabe cómo pude soltarlo a tiempo, pero cuando quise limpiar la sangre que cubría mis labios él me lo impidió. Había acercado su rostro al mío y comenzó a beberla, primero con recelo y después con voracidad hasta no dejar un solo vestigio de ella en mí. Pero esta sangre le provocaba repulsión. Estaba desconcertado.
_ ¿Qué pasa Pedro? ¿En qué pensás?
_ En que no sos como yo, pero… tampoco sos un humano normal. ¿En qué te convertí? ¿En qué te estoy convirtiendo? ¿Cómo pude hacerte esto? _Me sentía angustiado.
_ Pedro, todo lo que pasó fue con mi consentimiento. No te culpes de nada.
_ ¡Pero yo te amo y estoy tan confundido! La segunda vez que te mordí porque me rogaste que lo hiciera, bebiste la sangre de mis labios con voracidad, pero ésta te resulta algo repugnante.
Miró el termo levantando una ceja _ ¿De dónde sacaste esa sangre?
_ Del matadero… como siempre. Es la misma sangre que mis padres, Marcial, yo y todos los que se unieron al pacto bebemos cada mañana.
_ Entonces no es sangre humana…
_ ¡Por supuesto que no! Bebemos sangre de animales que ya han sido sacrificados
_ Tal vez esa sea la clave… yo bebí de tus labios mi propia sangre y estableciendo en ese mismo momento un pacto especial con vos. Era la consecuencia directa de nuestra alianza, de algo que nos uniría para siempre. La sangre que tenés en el termo no tiene nuestras caricias, nuestros besos, nuestro deseo de estar juntos toda la vida… es tan solo la sangre inerte de un animal que ya fue sacrificado. Esa sangre no me gusta, la que bebí de tus labios me pareció deliciosa.
_ Si, puede ser… pero tenemos que averiguar qué es lo que está pasando con vos
_ ¿Y como se supone que vamos a hacerlo?
_ Tengo una idea… Una propuesta. No te va a gustar, solo te pido que lo pienses
_ A  ver, te escucho…
_ Tenemos que hablar con mis padres.
Lo vi pasarse la mano por el cabello con desesperación. _ ¿Pedro te volviste loco? ¿Sabés lo que implica hablar con tus padres de lo que estuvimos haciendo? ¡Nos van a matar!
_ No creo que nos maten, pero que se van a enojar y mucho, no me cabe duda. _  Sabía que iba a negarse, que necesitaría tiempo, pero eso no implicaba que iba a dejar de presionarlo para que aceptara. _ Se van a enojar, pero finalmente y si pueden, nos van a ayudar.
Él sacudió la cabeza negativamente _ No quiero que tengas problemas Pedro, cuando sepan que volviste a morderme se van a enfurecer.
_ Si vos necesitás ayuda, todo lo demás no me importa. Pensalo Guillermo, es la única manera de obtener las respuestas que tanto vos como yo estamos necesitando. Esto se nos fue de las manos, tengo miedo de los cambios que puedan traer los siguientes días. Lo hecho, hecho está… y es tarde para arrepentirse. Busquemos ayuda. ¡Por favor! Necesitamos saber si estás convirtiéndote en vampiro o si vas a quedar en este estado donde no sos ni una cosa ni la otra.
_ ¿Te asusta eso?
_ ¡Claro que me asusta! Pero por vos… ¡Por favor mi amor! No veo otra salida… Si confiamos en ellos no volveremos a sentirnos perdidos y con este temor que ya no sé como sobrellevar.
_  No me pidas eso _ me dijo en un hilo de voz_ No me des solo esta opción
Respiré profundamente y bajé la vista. Me dolía presionarlo, pero el miedo que sentía por ese camino a ciegas al que yo mismo lo había conducido me impulsaba a seguir insistiendo. _ No te estoy dando una opción Guillermo, no hay opciones… es esto o nada. Por lo visto en Medianoche no siempre uno más uno termina siendo dos. Necesitamos ayuda urgente.
_ No te entiendo…
_ Camila me dio a entender que Franco era malvado porque lo habían convertido y me puso como ejemplo la diferencia entre Balthazar, Marcial y él. Balthazar es un caballero y Marcial un tipo bastante piola. No sé nada acerca de Marcial, si nació vampiro o fue convertido, pero una vez Balthazar me confió como una noche él su hermana Charity fueron convertidos y sus padres asesinados.
_ Está bien, lo siento mucho… ¿pero a dónde querés llegar Pedro?
_ ¡A que nada acá es cierto o seguro! O bien la teoría de Camila está errada o bien Balthazar…
Esta  vez sí que me captó al vuelo. _ O bien Balthazar en mucho más perverso que Franco y esconde debajo de su señorío una maldad que aun no hemos podido ver.
_ ¡Exacto! ¿Ahora me entendés amor? _ Me enredé a su cuello _ No podemos correr ese riesgo. ¿Qué pasa si una tercera mordida te convierte no solo en un vampiro sino en un ser abominable? Sé que querés detener tu reloj para quedarte conmigo por cientos de años, pero si eso pasara no solo te perdería para siempre sino que tal vez, podrían despertarse en vos sentimientos lo suficientemente oscuros como para querer terminar con la vida de Beto, la de Gaby… O hasta con la mía.
Al principio no emitió un solo sonido, tan solo me miró a los ojos y pude ver como el terror acababa de apoderarse de él. Los segundos pasaron en un silencio incómodo, hasta que lentamente, asintió. _ Está bien, vayamos a hablar con ellos. _ No estaba muy convencido, pero la sola idea de poder hacerme daño había cerrado el círculo en que deambulaba su vacilación.

Sabía que mis padres se iban a enojar cuando lo supieran, pero lo que nunca había imaginado era hasta que punto. Primero mi madre, que me taladró la cabeza por haberme saltado todas las normas y haberme comportado, según sus propias palabras, como un “absoluto y verdadero inconsciente”.
Después mi padre. _ ¡De verdad Pedro! ¡De verdad que quisiera saber en que estabas pensando! ¿Acaso no meditaste sobre tu falta de información y las consecuencias que eso podría ocasionar sobre Guillermo? Estoy decepcionado hijo…
_ ¡Tengo dieciocho años!_ grité de pronto saturado de tanto escándalo. _ No hacen más que pedirme que tome decisiones maduras y cuando tomo una no hacen más que gritarme!
_ ¿Decisiones maduras? ¿Escuché bien? ¿Dijiste “decisiones maduras”? Pusiste en riesgo la vida de Guillermo y encima pretendés hablar de decisiones maduras? Estás pisando terrenos peligrosos Pedro… _ Mi padre estaba tan fuera de sí que temí ver sus colmillos asomarse en cualquier momento.
_ Adrián, yo también soy culpable_ dijo Guillermo intentando defenderme, pero mi padre se volvió hacia él con la ira fluyendo por sus poros.
_ Guillermo… ya tengo suficiente con estas ganas de ahorcar a mi hijo con mis propias manos, por favor no me provoques. No voy a darte un sermón porque no sos mi hijo, porque sos varios años más grande que Pedro y porque además somos colegas… ¿Pero si no pudimos engañarte con la historia que inventamos la noche del baile? ¿Si siempre supiste que Pedro te había mordido? ¿Por qué permitiste que este inconsciente te mordiera por segunda vez?
_ Es que no se lo permití Adrián, casi tuve que rogárselo y no fue nada fácil convencerlo. _ Ahora sí que los había dejado sin palabras. Mis padres quedaron en silencio esperando alguna explicación que sirviera para comprender lo que habíamos hecho. _ Lo siento, sé que soy tan responsable como él de no haber pensado en las consecuencias, pero hay momentos en los que no sirve pensar. Uno actúa inducido por lo que siente, y lo que yo sentí fue que no podía concebir la vida sin Pedro. Todos sabemos lo que pasó la noche del baile, después de haberme mordido Pedro detuvo su envejecimiento. Cada día que pase nuestra diferencia de edad se va a volver más grande y no soporto la idea de perderlo. Por eso le pedí que me convirtiera.
_ ¡Guillermo! ¡Guillermo! ¡No puedo creer lo que estoy escuchando! Sos un tipo tan inteligente, tan sabio… He llegado a admirarte tanto… ¿Qué hizo este imberbe con vos? Estás ciego…
_ Estoy enamorado Adrián.
Sentí que el corazón se me iba a escapar del pecho al escuchar esa frase saliendo de su boca, con esa voz profunda y sensual, y el modo en que lo había dicho. Su amor me dio fuerzas para sostener la mirada de mis padres por primera vez desde que la charla había comenzado, no estaba solo. Él estaba conmigo.
Más allá de todo, noté que las palabras de Guillermo habían afectado a mi madre. _ Bueno, basta de retos y reproches Adrián. Lo hecho, hecho está. Ahora tenemos que pensar en cómo ayudarlos, al fin de cuentas fue para eso que vinieron y confiaron en nosotros.
_ ¡Pero Celia…!
_ Están enamorados Adrián y contra eso no hay teoría que sirva. Pensemos de ahora en adelante, por favor. Es nuestro hijo. 
_ ¿Y que se supone que vamos a hacer? _ preguntó mi padre aun alterado
Mi madre me miró como pidiéndome disculpas _ Tenemos que decírselo a la señora Bethany.
_ ¿Qué? _ grité desesperado. No podía creer lo que acababa de escuchar. Guillermo abrió los ojos de par en par. _ ¡No, mamá… Por favor!
_ Hijo, nosotros no sabemos cómo ayudarlos…
_ Tu madre tiene razón _ dijo mi padre mientras se dirigía hacia la puerta del departamento. _ Nosotros no podemos ayudarlos, ahora vamos a tener que recurrir a la señora Bethany. Si no te gusta la idea, deberías haberlo pensado antes.
“¡Ah, sí claro!” pensé. Quisiera haberles gritado que no es posible pensar cuando uno está desnudo entre los brazos de su hombre, pero supe que no sería una expresión adecuada para el momento.
_ Tranquilo chicos, la señora Bethany puede parecer un relicario poseído de un espíritu perverso, pero les aseguro que es sabia y bastante justa. No creo que haya nada que temer.
_ ¿Y qué va a pasar si no se muestra sabia, justa y comprensiva mamá?
_ Pedro, hagas lo que hagas, nunca vas a dejar de ser mi hijo. Si la señora Bethany se niega a mostrarse justa y comprensiva, nos vamos todos hoy mismo de Medianoche cueste lo que cueste. Y cuando digo todos, me refiero a todos. _ Posó su mano en la rodilla de Guillermo _ Gracias por amar tanto a mi hijo Guillermo. Los dejo a solas un rato, voy a preparar café.

Me senté derrotado junto a Guillermo en el sofá, al menos estaríamos juntos cuando cayera la bomba.  Estábamos solos…
Cuando me pasó un brazo por lo hombros me sentí mas culpable que nunca, yo lo había convencido de pedirle ayuda a mis padres y lo había metido en un lio de los buenos. Pero una vez más él supo como contenerme, como hacerme sentir que pasara lo que pasara siempre estaríamos juntos. Me dejé enredar entre sus brazos y cerré los ojos para descansar sobre su pecho. Si él estaba conmigo, no me importaba lo que tuviera que enfrentar.

Unos minutos más tarde sentimos sus pasos resonar por la escalera. Ese repiqueteo me hizo estremecer, la señora Bethany avanzaba hacia nosotros y mi padre venía detrás de ella.
Irrumpió en la habitación y esa fragancia a lavanda que la caracterizaba se adueñó del lugar. Lo primero que hizo fue clavar sus ojos oscuros en los de Guillermo que aguantó su mirada como pudo y sin articular una palabra. Parecía bastante enojada.
_ Algo me dice que va a tener que repasar el concepto de “autocontrol” señor Beggio _ Me dijo sin dignarse a posar la vista sobre mí. Nunca le había caído bien y esa noche podía darse el lujo de manifestarlo sin remordimientos. _ Estaba segura que tarde o temprano ocurriría, y por lo visto no ha perdido el tiempo. _ Evidentemente mi padre la había puesto al tanto de todas las circunstancias.
_ Pedro no tiene nada que ver _ dijo Guillermo _ la culpa es mía, yo lo induje a que lo hiciera.
_ Muy cortés de su parte señor Graziani, pero creo que es bastante obvio que al joven Beggio no le fue difícil dejarse convencer por su poder de persuasión._  Sin decir una palabra más se acercó a él y de un solo tirón a su jersey dejó su cuello al descubierto. Hizo un gesto extraño, una mezcla de sorpresa, desagrado y preocupación. Guillermo se puso tenso.
_ Efectivamente, ha recibido dos mordeduras. ¿Sabe lo que significa esto señor Graziani?
_ ¡Cómo va a saberlo! _ Acoté sin que ella me diera participación _ Es por eso que estamos acá.
La señora Bethany suspiró con evidente desagrado. _ Recuérdeme que reveamos en las clases de literatura el concepto de “segunda persona” señor Beggio. Por lo visto no lo tiene lo suficientemente claro. Estaba dirigiéndome al profesor Graziani, no a usted. _ Después de eso se dedicó a ignorarme más de lo que venía haciéndolo y se dirigió exclusivamente a Guillermo. _ Señor Graziani, no sé si esto es lo que esperaba escuchar, pero ahora usted está marcado.
_ ¿Marcado? _ Repitió Guillermo _ ¿Qué quiere decir con eso? ¿Que ahora soy igual que Pedro?
_ Algo así… Usted está en un punto intermedio, igual que el joven Beggio. Él no ha dado su tercera mordida ni usted la ha recibido, eso los coloca por el momento en un punto indescifrable.
_ ¿Qué significa eso señora Bethany? _ Preguntó mi madre estremecida
_ Por ahora el cambio es apenas perceptible Celia _ dijo mientras caminaba alrededor nuestro y observaba a Guillermo con detenimiento _ Yo misma apenas si puedo notarlo y solo porque me han hecho fijarme en él. Sin embargo con el tiempo puede agudizarse y los vampiros de su entorno lo van a notar. ¡Se ha rendido a un vampiro y en más de una ocasión señor Graziani! ¿En que estaba pensando? Está a un paso de convertirse en uno de los nuestros…
_ ¿Eso significa que finalmente acabaré convirtiéndome en un vampiro?
Me removí inquieto, incapaz de de ocultar la esperanza que empezaba a albergar, pero mi madre me lanzó una mirada que me frenó de golpe.
La señora Bethany negó con la cabeza. _ No necesariamente. Puede que sí, puede que no. Dos mordidas no deberían ser suficientes para el cambio. Tal vez muera algún día de causas naturales o viva cientos de años señor Graziani, lo único que puedo afirmarle con certeza es que se sentirá irremediablemente atraído hacia el joven Beggio, cada día con más intensidad. También le resultará tentador a otros vampiros, aunque la prohibición de cazar la presa de otro debería protegerlo… Al menos en teoría. Pero en definitiva, señor Graziani, pronto descubrirá que nada puede seducirlo como él. Lo deseará con más fuerza de la que pueda imaginar, sentirá el aire escapar de sus pulmones si no escucha su respiración y morirá si no lo tiene a su lado. _ Mi padre se tomó la cabeza con ambas manos. _ Y a usted, joven Beggio, le pasará exactamente lo mismo _ Por primera vez en lo que iba de la noche se permitió hacer contacto visual conmigo, pero para mi sorpresa, su mirada, lejos de estar cargada de reproches e irritación, contenía una ternura que nunca pensé que existía en ella.  _ Es un deseo que ningún humano podrá comprender jamás. Los llevará al Cielo y al Infierno, no van a poder respirar si el otro les falta. La vida no tendrá ningún sentido si no están juntos, así que pongan mucha atención en lo que van a hacer de ahora en adelante. Ya no son dos, son solo uno. ¿Saben lo que eso significa?
_ Creo que si… _ No sé cómo me animé a hablar. _ Eso significa que no solo Guillermo está marcado por las mordidas, los dos lo estamos. Si uno vive, el otro vive. Y si uno muere, el otro morirá también. Ninguno podrá sobrevivir sin el otro.
_ ¡Muy bien joven Beggio! No puedo creer que acabe de darme una alegría. Recuérdeme que lo apruebe en “Comprensión de textos”, al menos para eso es rápido en aprender. _ Quería seguir con su actuación de ser el abogado del diablo, pero ya no lograba disimular lo conmovida que estaba por nuestra historia. _ ¡Que han hecho par de imprudentes!
_ Lo siento mucho señora Bethany_ dijo Guillermo que se moría por tomar mi mano sin animarse a hacerlo.
_ Hace bien en sentirlo señor Graziani, aunque ya no sirva de nada. Ahora lo único que le espera es atenerse a las consecuencias… ¡Pero como no se les ocurrió pensar o preguntar antes! Señor Beggio, ¿nada le hizo pensar que podía perjudicar al profesor Graziani? _ Tal vez porque su pregunta no fue intimidante sino sincera e impregnada de temor por nuestro futuro que esta vez no pude contenerme al responder lo que antes había callado.
_ Señora Bethany, no sé si usted ha estado enamorada alguna vez, y le aclaro que no es una pregunta sino mi respuesta a su pregunta, pero no se puede pensar cuando uno está en los brazos de la persona que ama. Tan solo prevalece el deseo de no tener que separarse nunca, la razón deja de escuchar razones y solo el corazón manda. Lo siento… De verdad lo siento. Nunca quise exponer a Guillermo a esta situación, pero no tuve fuerzas para pensar. Lo único que quería era tenerlo conmigo el resto de mi vida.
Tal vez lo imaginé, tal vez fue lo que quise ver, pero sus ojos oscuros y rigurosos se humedecieron por segundos. Rápidamente llevó una mano hacia su rostro como quien escudriña en su mente una solución que hasta ahora no ha llegado, pero a mi entender, quiso evitar a toda costa que viéramos su emoción. Respiró con dificultad por unos minutos hasta que dio vuelta la página de la conversación con majestuosa precisión.
_  En cuanto a una tercera mordida, no tengo forma de saber con exactitud que podría pasar. Todo puede pasar. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Señor Graziani, no hay forma de saber cómo va a reaccionar su cuerpo. Primero morirá, o algo parecido… pero luego despertará. Lo que no podemos saber es que emergerá de usted cuando lo haga. Tal vez despierte como un vampiro sereno y bondadoso como los que se han unido al pacto de no beber sangre humana, o tal vez despierte como un depredador. En cuanto a usted joven Beggio… _ se detuvo un instante antes de seguir hablando. _ Tal como acaba de escuchar, para que el señor Graziani se convierta en vampiro, primero tiene que morir y eso también trae una consecuencia impredecible sobre usted. Una consecuencia que tiene que ver con el pacto de no beber sangre humana. ¡Ay jovencito en que lío se ha metido! No tengo forma de saber que va a pasar con usted cuando, de alguna manera, se haya convertido en un asesino…
_ ¡Señora Bethany! _ Gritó mi madre desesperada
_ Lo siento Celia, pero es la verdad. La más cruel y duras de las verdades, pero no hay nada que podamos hacer para modificar eso. A menos que exista otra verdad escondida en los innumerables secretos de nuestra estirpe y que yo aun desconozca. _ Estaba realmente conmovida y esta vez no se esforzaba en disimularlo. _ ¡Cuánto quisiera estar equivocada, Celia! ¡Cuánto! _ Respiró profundo y contuvo el aire por segundos tratando de adueñarse de sus sentimientos, pero estos terminaron ganándole. Finalmente, terminó dejando salir un sollozo que nos sorprendió a todos. _ ¡No quería esto para ustedes dos, par de imberbes! _ Pronunció con una inflexión de sincera condolencia. _ Señor Graziani, siento por usted mucho afecto y el mayor de mis respetos. Y en cuanto a usted jovencito… a pesar que me saca de las casillas, no he dejado de admirarlo. No solo tiene una mente brillante sino que me ha cautivado su modo irreverente y su forma de desafiarme. _ Casi me caí del sillón donde estaba sentado al escuchar semejante confesión. Yo creía que me odiaba. _ Voy a ayudarlos en todo lo que pueda. Es probable que como producto de esa atracción que no dejará de crecer, algún día, y sin premeditaciones, una tercera mordida marque sus destinos para siempre. No era esto lo que esperaba cuando abrí las puertas de Medianoche para humanos, pero debería haberlo previsto. También es mi responsabilidad. Les voy a enviar toda la información que pueda serles útil. Cartas antiguas, estudios y cosas similares acerca de aquellos que han compartido su situación. En cuanto a usted señor Graziani, no olvide nunca que nuestro secreto es ahora también el suyo. Si llega a traicionar la verdad de Medianoche, se traicionará a usted mismo, a Pedro y a su familia.
_ Usted sabe muy bien que no hace falta que se lo aclare. Jamás traicionaré los secretos de Medianoche señora Bethany.
_ Claro que lo sé. Lo dije por una cuestión de protocolo señor Graziani. Ahora traten de descansar, mañana mismo les voy a hacer llegar toda la información que tenga a mi alcance. Que tengan una buena noche. _ Esas fueron sus últimas palabras, inmediatamente giró sobre si misma dispuesta a marcharse.
Cada uno respondió a su saludo formalmente y apenas la puerta se cerró nos volvimos a encontrar los cuatro a solas.
_ Celia, mi amor. ¿Podrías preparar más café? _ La actitud de mi padre era extraña hasta para mi madre.
_ ¿Café? Bueno… si quieren café no hay problema. Respecto a mí, necesito algo más fuerte.
_ Prepará lo que quieras mi amor. _ Esa forma pausada de hablar solo podía decir una cosa. Estábamos en problemas. _ Pedro, andá a ayudar a tu madre._ De un solo tirón me había levantado del sillón y en tres pasos había llegado a la cocina.
_ ¡Mamá que le pasa! ¡Nunca me había tratado así!
_ Pasa que alguien está acostándose con su hijo…
_  ¡Y qué pasa con eso! Ya soy mayor de edad
_ Para la ley, para tu padre nunca dejarás de ser su hijo. Dejalo que se desahogue
_ ¡Pero no es justo mamá! ¿Qué le va a decir? ¿Qué no me embarace?
_ ¡Pedro cerrá la boca!
_ ¡No! ¡No voy a dejar que lo acose con esto! Demasiado tiene con haberse enamorado de un vampiro.
_ Pedro vos te quedás acá. Dejalos que hablen a solas, tu padre es una buena persona… sé que no se va a equivocar.  ¡Dale, movete! Buscá unas cervezas que yo llevo los vasos.
_ ¿No ibas a preparar café?
_ ¿Café en un momento como este? No lograríamos cerrar los ojos en toda la noche, llevemos unas cervezas. Tal vez así alguno logre dormir.

Han pasado muchos años de aquella noche, pero aún recuerdo el modo en que hacía sonar los nudillos de mis dedos mientras mi madre preparaba todo, era imposible tratar de ayudarla. Agudizaba mi oído al máximo para saber que estaba pasando del otro lado, pero solo escuchaba un murmullo indescifrable. Debo confesar que nunca olvidaré el nerviosismo que experimenté esa primera noche en la que se hizo evidente para mis padres que mi vida sexual había comenzado. Y justamente con Guillermo, un hombre y además un profesor.

_ Te escucho Adrián…
No fue difícil sacarle a Guillermo los detalles exactos de aquella charla, es más, creo que lo alivió mucho contármelo todo. _ ¡Ay Pedro! Creí que me moría. Tu padre mantenía las manos cruzadas por debajo de su mentón y los ojos fijos en mí.

_ Hablá Adrián, te escucho.
_ Voy a tratar de ser breve y concreto. Yo se que tienen una relación, él mismo te llamó “su novio”, incluso aquella noche que dormimos todos juntos en este departamento noté que se pasaron la noche prácticamente despiertos deshaciéndose en caricias y suspiros ahogados, como si uno fuera estúpido. Y lo dejé pasar… Pero las reglas de Medianoche son muy claras al respecto. No se permiten relaciones sexuales dentro de la academia, y veo que ustedes dos han pasado por alto esa reglamentación, entre tantas otras que para que vamos a enumerar. Así que te voy a pedir que me respondas lo que voy a preguntarte. _ Según me contó Guillermo, mi padre cambió de posición y sin dejar de mirarlo a los ojos le preguntó directamente _ ¿Cuánto hace que te estás acostando con mi hijo?
_ No me estoy acostando con tu hijo, estoy enamorado de él.
_ Guillermo, no estoy precisamente de buen humor. Se suponía que éramos un equipo, que habíamos formado una nueva orden, que íbamos a trabajar juntos para que los vampiros que no se unieron al pacto no cobraran víctimas humanas… y ahora me entero de esto. No solo que tanto vos como mi único hijo están en riesgo de convertirse en esos mismos monstruos que decidimos exterminar, sino que vos, un profesor, un colega, mi hombre de confianza dentro de nuestra orden se está acostando con mi hijo. Así que voy a repetirte mi pregunta. No te pregunté lo que sentís por Pedro sino cuanto hace que te estás acostando con él.
_ Adrián, vos sabés cuanto te respeto, cuanto estimo y valoro a tu familia, pero si lo planteás en esos términos no te puedo responder. Yo no me estoy acostando con tu hijo, yo estoy enamorado de él.
Sentimos el estruendo y corrimos hacia donde ellos estaban. Mi padre sostenía a Guillermo a centímetros del suelo contra una pared. Tenía los ojos enrojecidos y la protuberancia de sus dientes distinguía la punta de sus incisivos prontos a salir.
_ ¡Adrián, soltalo ya! _ No era novedad que mi madre tenía sobre él un efecto inmediato, creo que solo por eso lo soltó apenas escuchó su voz._¡Qué significa esto! _ le dijo en tono de reproche mientras acomodaba la ropa de Guillermo y lo acompañaba hasta el sillón. _ Te pido disculpas Guillermo, Adrián todavía tiene esa cosa antigua y cultural respecto de la virginidad de sus hijos. Atavismos corazón, pero no te preocupes, ya se le va a pasar. Pedro, por favor, traé vos las cervezas y los vasos. Yo no voy a moverme de acá.
Hice lo que mi madre me pidió, dejé todo sobre la mesa baja de la sala de estar, me senté bien pegado a Guillermo y sin temer las consecuencias le tomé la mano, la besé mirando a mi padre a los ojos, y la dejé descansar en mi regazo cubriéndola con la mía.
Mi madre tomó a mi padre por un brazo y lo arrastró hacia la cocina.  Aproveché ese momento para hablar con él.
_ Lo siento mi amor, mi padre es sumamente pacífico, nunca creí que iba a reaccionar así.
_ No te preocupes Pedro, te juro que lo entiendo más de lo que podés imaginar. Un hijo es sagrado, y yo estuve haciendo las cosas mal. Te permití que me mordieras en el baile de otoño, te seduje, te expuse gravemente a las reglas de Medianoche que no permiten relaciones sexuales dentro de la academia, te supliqué que me mordieras por segunda vez y te presiono para que me conviertas en uno de los tuyos. Tiene derecho de estar enojado, en cierta forma, he traicionado su confianza.
_ ¡Pero no lo hiciste solo! ¡Yo soy tan responsable como vos de todo lo que pasó!
_ No tanto… Vos todavía sos muy joven, y además un alumno. Tu padre tiene razón, todo se me fue de las manos… Pero te amo tanto Pedro, tanto que te juro no pude evitarlo.
_ ¿Y si pudieras volver el tiempo atrás, cambiarías algo de todo lo que hicimos juntos?
Me miró con esos ojos aniquilantes y un escalofrío me recorrió el cuerpo.
_ Jamás. Yo te amo Pedro y todo lo que hice fue por amor. Yo te amo, y si me equivoqué en lo que hice, te juro que volvería a hacerlo por tenerte a mi lado.
Estaba a punto de besarlo cuando los vi entrar. De mala gana volví a mi lugar, no era momento de buscar escaramuzas, aunque mi padre ya no parecía el mismo de unos minutos atrás. El altercado que se había armado en la cocina a media voz lo había hecho entrar en razones.
_ ¿Acaso te volviste loco? ¿Cómo se te ocurre tratar así a Guillermo?
_ ¡Se está acostando con nuestro hijo!
El gesto de incredulidad de mi madre había comenzado a traerlo a la realidad. _ ¿A vos el paso de los años te está afectando la memoria? ¡Adrián! ¿Hace falta que te recuerde cuantos años reales tenía yo la primera vez que hicimos el amor a escondidas?
_ ¡Celia! _
_ ¡Celia nada! ¡No te comportes como un troglodita! Era más que obvio que algo estaba pasando entre ellos… Lo que no tengo en claro es como se las están arreglando, pero parece que lo están haciendo bastante bien. Adrián, dejalos vivir este amor en paz, somos los padres de Pedro no sus verdugos. En todo caso lo que debemos hacer es ayudarlos, ahora más que nunca. Tengo mucho miedo por los dos, si lo que la señora Bethany dijo es cierto, en cualquier momento esa temida e imprevisible mordida va a suceder. ¿Cómo podés ponerte así porque están teniendo relaciones cuando están en un problema tan grave?
_ Lo siento mi amor…
_ Si, sentilo… porque si eso pasa, tal vez los perdamos a los dos y para siempre.  
_ ¡Eso no va a suceder! ¡Eso nunca va a suceder! ¡No sé qué voy a hacer para ayudarlos, pero te juro que no los vamos a perder!
_ Eso espero mi amor… Eso espero. ¡Qué va a ser de ellos si…! _ Mi madre siempre fuerte, siempre cargada de optimismo, acababa de quebrarse ante la sola idea de lo que podía pasar.
_ ¡Basta! _ La abrazó contra su pecho. _ No llores más, ellos son buena gente, están hechos de buena madera, estoy seguro que aunque esa temida tercera mordida llegue, nada malo emergerá de ninguno de los dos.
_ ¿Me lo prometés?
_ Claro que si mi amor, te lo prometo.

Cuando cruzaron la puerta fue inevitable darse cuenta que mi madre había estado llorando y que mi padre no era el mismo que casi había ahorcado a Guillermo contra la pared.
_ Guillermo… quiero pedirte disculpas.
_ Ni una palabra Adrián, está todo bien. Te comprendo.
_ ¡Vení hombre! Necesito un abrazo en esta noche tan incierta… Ahora somos familia, ¿no?
Me sonreí cándidamente ente esa frase. Éramos familia. Guillermo se levantó del sillón y se acercó a mi padre que no tardó en quitarle el aire con su abrazo. _ ¡Cuidalo mucho! ¡Por favor! ¡Pedro es todo lo que tengo! _ Le dijo al oído.
_ Adrián, no puedo prometerte todo lo que quisiera, porque no se a donde me va a llevar este camino. Pero si puedo prometerte que mientras yo tenga vida, voy a hacer lo que sea por proteger la vida de Pedro. Nunca voy a permitir que algo o alguien le hagan daño.
_ Gracias Guillermo, confío en vos.

Pasamos una hora bastante agradable pese a las circunstancias que se cerraban sobre nosotros, bebimos un par de cervezas con mis padres mientras acordábamos distribuirnos el material que la señora Bethany había prometido enviarnos con el fin de descifrar cualquier enigma lo antes posible.
Antes que nos marcháramos mi padre me abrazó con fuerza e inmediatamente buscó a Guillermo mientras yo me despedía de mi madre.
_ ¿Dónde se esconden?
_ No te preocupes por eso Adrián, es un lugar “tan cerca del cielo” que nadie lo podría descubrir.
_ ¡Dios mío! Esa forma de describirlo no sé si me tranquiliza o me preocupa aún más. Váyanse de una vez y pongan cuidado en todo lo que hacen. _ Lo miró a los ojos y volvió a abrazarlo con fuerza. _ Guillermo…  Te encomiendo la vida de Pedro, se que vas a saber cómo cuidarlo. A partir de ahora no tengo un hijo sino dos. Por eso ruego a Dios para que tu frase nunca deje de ser una metáfora.

Bajamos la vieja escalera de piedra tomados de la mano, era raro caminar así. No podíamos darnos ese lujo ni en los prados ni dentro de la academia. Por más que nuestro amor no fuera un secreto para nadie, era una formalidad que no podíamos dejar pasar. Pero ya era bastante tarde y nadie podía vernos.
Al llegar al vestíbulo me acerqué para besarlo, ya era hora de trepar la escalera que llevaba a mi dormitorio.
_ Cada beso tuyo es perfecto Pedro.
_ Hace horas que muero por besarte, pero no podía hacerlo delante de mis padres.
Se sonrió, sensual y cautivante. La penumbra del vestíbulo siempre lo volvía más atractivo de lo habitual. _ Nunca dejes de hacerlo. Moriría sin tus besos, y no lo digo yo, la señora Bethany ya lo hizo por mí.
_ ¿Tenés miedo de nuestro futuro?
_ Mucho…
_ Yo también, pero no se me ocurre que podamos hacer para evitarlo. No quiero volver a morderte aunque me lo ruegues, pero tampoco estoy seguro de ser siempre tan fuerte a mis instintos.
_ Estamos iguales. No voy a volver a pedírtelo Pedro, no al menos hasta que tengamos algo más de información, pero estamos en la misma disyuntiva. No puedo pensar cuando estoy entre tus brazos.
_ ¿Y qué vamos a hacer entonces mi amor?
_ No lo sé. Que vamos a hacer cuando todo pase, si es que llega a pasar, no lo sé. Pero si sé lo que podemos hacer esta misma noche antes que amanezca. Estamos jugados. Estamos “marcados”. Vivamos lo que nos quede de la manera en que más nos gusta hacerlo. Me encantaría tener la solución exacta para lo que estamos viviendo, pero lo único que tengo para ofrecerte hoy y ahora, es mi amor. En todas sus formas.
No hizo falta que lo repitiera. Sabía lo que quería y yo quería lo mismo que él. Morir de amor, desnudos y abrazados, en nuestro lugar escondido. Un lugar que estaba muy cerca del cielo. Tan cerca del cielo que nos hacía sentir dentro de él.
Trepamos la escalera de las ventanitas pequeñas que ofrecían la mejor vista de Medianoche sin hacer ruido. Entramos en absoluto silencio y sin encender la luz, nos quitamos la ropa el uno al otro.
La luna nos regalaba su luz y las constelaciones dibujaban pentagramas en el cielo. Busqué una manta y la extendí sobre ese suelo frío y deshabitado que tantas veces había sido testigo de nuestro amor.
Sin vestigios de ropa sobre los cuerpos, nos miramos a los ojos. Estábamos de pie uno frente al otro.  
Recorrí su contorno con las terminales de mis dedos mientras sus manos se aferraban a mis caderas.
El aliento de su respiración nocturna impregnada de dudas se acercó a mi boca y lo único que pude hacer, fue lo que mi corazón ordenaba. Abrí los labios para perderme entre sus besos mientras la fuerza de sus brazos soldaba mi piel a la suya. Podía sentir los latidos de su corazón estallar de deseo contra mi pecho como una estampida de caballos salvajes que buscan a todo galope la libertad. Una tropilla enardecida que se apoderó de nosotros en segundos dejándonos a merced de sus deseos.
Cuando me arrojó sobre la manta cubriéndome de besos, supe que todo riesgo valía la pena. Nada de lo que pudiera pasar haría cambiar lo que sentía, ese hombre era mi vida. Así que daba lo mismo perderla si lo perdía a él.
Me entregué a su poderío y a pesar que no era la primera vez que lo hacíamos, esa noche fue diferente. Hicimos el amor como quien se reencuentra o como quien se despide. Con intensidad, con pasión, con lujuria y por momentos, con la emoción que arranca lágrimas escondidas. Hicimos el amor desesperadamente hasta que la luz del amanecer nos susurró que sería una imprudencia seguir en ese lugar. Medianoche estaba a punto de despertar. Teníamos que irnos.
Buscamos nuestra ropa, nos vestimos en silencio y antes de abrir la puerta, nos besamos una vez más. 
Ahí, en ese lugar escondido tan cerca del cielo donde estaban intactos todos nuestros recuerdos… acabábamos de dejar uno más.

CONTINUARÁ

10 comentarios:

  1. LO REPITO Y LO VUELVO A DECIR YO COMPRO LA HISTORIA Y ESTE AMOR TAN PERFECTO Y ESPERARE ANSIOSA LA CONTINUACION
    MARA ROSAS............... FELICITACIONES

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por todo Mara, por darme la fuerza que necesitaba para seguir y por tu apoyo incondicional. Un abrazo de este lado del río. ¡Besossss!

      Eliminar
  2. Wooow! No pensé que el tema de la tercera mordida y la transformación pudiera ponerlos en riesgo de transformarse en monstruos malvados y asesinos... Qué #Susto!!! Ahora pareciera que todo pende de un hilo... Y esas reflexiones fatalistas de Guille tampoco me tranquilizan... Por qué deberían separarse?
    Acá me quedo a la expectativa... No muy tranquila...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tocaya... Tocaya... Nunca tengas miedo de mis ficciones, esto no es más que la intriga que se le pone al nudo de la historia para que el desenlace tenga una magia particular. Lo cierto es que ni la señora Bethany sabe que puede pasar ante una tercera mordida, pero yo tengo fe que nada malo va a pasar. En cuanto a tu pregunta... ¿por qué deberían separarse? Ya lo vas a leer, los cambios en Guillermo son cada vez mas difíciles de ocultar y eso puede traer alguna consecuencia dentro de Medianoche, pero no hay porque preocuparse. Te doy mi palabra que nada va a interferir en este amor y en un futuro juntos... Siempre juntos... Como debió haber sido. ¡Un abrazote inmenso y confiá en mi! ¡Besotes!

      Eliminar
  3. Ayyyyyy Sandra!!! Que espera tan dura!!! Pero valiò la pena. Hermoso capìtulo. Eso tipo de amor, tan perfecto, tan romàntico, tan "no existe el uno sin el otro", es mu debilidad. Y vos lo describis hermosamente. Salvo una que otra peli, nunca incursionè en historias de vampiros, pero esta historia me encanta y me tiene atrapada. Quiero la 3er mordida!!!! (yo confio demasiado en vos :) sè que todo va a salir bien ;)
    Please no te desanimes! Escribì y escribì. Es un placer leer-te ;)
    Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias Romina! Gracias por tan hermosas palabras y también por confiar en mi... Ustedes saben que jamás las lastimaría. Estoy segura que, como vos decís, todo va a salir bien. Un abrazote inmenso y nuevamente gracias por tu incansable aliento. ¡Besosssss!

      Eliminar
  4. _ ¡Pero no es justo mamá! ¿Qué le va a decir? ¿Qué no me embarace? Me mató.....jajaja..... estoy como en una nube.....levito.....Son dulces....hermosos....Los amo.....Me recordó tanto a Teatro.....tan romántico.....tan hermoso fics....te amo Sandra Fernandez y como dice mi archi enemiga Mónica Con ellos siempre la noche mas bella......Mirta....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Jajaja! Gracias Mirta por traer esas palabras de Pedro tan ocurrentes en medio de un clima definitivamente dramático. A mi parecer, exactas palabras en un adolescente de apenas dieciocho años que se muere de nervios porque su padre ha decidido hablar a solas con su novio. En cuanto al hecho que te traiga reminiscencias de Teatro, debe ser porque la prosa romántica y poética de mi alter ego es mucho más fuerte de lo que yo imaginaba. Siempre aparece... y yo la dejo que fluya. Al final de cuentas, nunca viene mal una caricia para el alma. ¡Gracias amiga por tan bonitas palabras! Te adoro Mirtuchi!

      Eliminar
  5. Que hermoso capítulo, ahora q ya saben lo que puede pasar tienen que cuidarse mutuamente. Los padres a pesar de que hizo Pedro pudieron entender que el amor que se tienen es mas fuertw q cualquier otra cosa.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Vale! Hermoso comentario... Como bien decís, están en una encrucijada que nadie puede saber a donde los va a llevar. Los padres de Pedro son muy cándidos y especiales, estoy segura que van a hacer hasta lo imposible por la felicidad de su hijo junto a Guillermo. ¡Gracias Vale! Un abrazo en la distancia...

      Eliminar