Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 6 de agosto de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap 23 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 23

Me había dormido sobre su pecho sin siquiera sospechar que había permanecido despierto durante todo el viaje a Boston. En contrapuesto con esa paz con la que yo dormía, él estaba preocupado. No había podido cerrar un ojo desde que salimos de Riverton.
Comenzaba a amanecer y las primeras luces del día se filtraban por la ventanilla del viejo autobús iluminando mi rostro, dormido y sereno, descansando confiado sobre su cuerpo.
Seguramente fue esa imagen, la de casi un niño con pretensiones de hombre desfallecido entre sus brazos la que pudo arrancarle la primera sonrisa desde que habíamos huido de Medianoche.
Aun en el mundo de mis sueños pude sentir su caricia sobre mí, ese gesto perfecto con el que despejaba mi frente apartando mi cabello.  Abrí los ojos con desgano, estar entre sus brazos era como volver al vientre materno, a la memoria intrauterina, a ese lugar tan especial donde antes de salir al mundo nos sentimos a salvo de todo. 
Refunfuñé con desgano restregándome los ojos, realmente no quería despertar. Esa vez me incrusté en sus costillas intentando apartarme de lo que me tocaba vivir. Tenía apenas dieciocho años y todo era un estreno para mí, acababa de escapar de la escuela, pensaba en mis padres y no dejaba de preguntarme cuando los volvería a ver. Estaba enamorado de Guillermo, pero lamentablemente eso no alcanzaba para que pudiera estar a gusto con esta partida imprevista, con haber abandonado a mis padres y para colmo la desazón de no saber que nos esperaba. Mi único consuelo era el amuleto que llevaba prendido al cuello. Era mi única esperanza. Con él podría comunicarme con mis padres, decirles donde estábamos y tal vez, si ese ángel que nos estaba ayudando decidía volver a hacerlo, podría verlos a la brevedad.
Volví a abrir los ojos y me interné en los suyos, sentía tanta incertidumbre como yo y eso me llenó de culpa. Yo había dado comienzo a este juego prohibido, fui yo quien tiró los dados por primera vez y ahora estábamos en una verdadera encrucijada. Si algo llegaba a pasarle, no me alcanzaría la vida para arrepentirme.
_ Buenos días _ Me dijo acariciando mi rostro. _ ¿Dormiste bien?
Lo primero que hice fue abrazarlo con fuerza. _ Buenos días mi amor. _ Pero inmediatamente me fui dejando caer sobre mi  asiento cubriendo mi rostro con mis manos.
No pasaron dos segundos cuando sentí su rostro y su cuerpo contra el mío.
_ ¿Qué pasa Pedro? _ ¿Y qué iba a pasar? Nada que uno de los dos no supiera. La culpa me estaba atormentando por dentro amenazando con destruirme. Tal vez Franco hubiese dicho una gran verdad, tal vez mi amor por él era egoísta.  Pudo leer mis pensamientos a la perfección. _ ¡No Pedro, no! A ver chiquito… _ Me arrancó de mi asiento y volvió a tomarme entre sus brazos. _ Ya hablamos esto Pedro, ya lo hablamos… yo lo deseaba tanto como vos. ¿Hasta cuando esa culpa? 
Ojalá hubiese tenido respuesta para esa pregunta, desconocía en absoluto hasta donde llegaría esa sensación de culpa y  también de traición. _ ¿Cómo saberlo?
Sentí el temor en sus entrañas y llegó a quemarme como lo estaba haciendo con él. La expresión en su rostro era lapidaria.  _ ¿Vas a venir conmigo?
Le sonreí con toda la ternura que esa pregunta me había provocado. ¿Cómo se le ocurría pensar que podría abandonarlo solo en ese lugar? _ Por supuesto que si, como Ruth. ¿Acaso lo olvidaste?
Claro que no lo había olvidado, solo quería estar seguro que emprenderíamos este camino juntos.
_ Pedro, no nos engañemos. Puedo ver en tus ojos una profunda tristeza, no dejás de pensar en tus padres y es entendible. Tenemos suficiente dinero para que yo me mantenga a salvo hasta que mi madre arribe a Boston y para que vos puedas tomar un micro que te lleve de regreso a Medianoche. Es más, no precisamente acá, sino nunca habríamos tenido que empeñar tu prendedor, pero tengo dinero para que podamos volar a cualquier lugar del mundo y empezar una vida nueva, pero eso no te haría feliz. Tal vez deberías regresar…
Lo miré a los ojos fijamente. _ De ninguna manera. Ni una cosa ni la otra. No vamos a desaparecer como si fuéramos culpables de algo que no somos ni voy a volver solo a Medianoche. Vamos a esperar que tu madre llegue y después veremos como sigue esto.
_ Está bien Pedro, como digas. Pero si en algún momento cambiás de opinión quiero que confíes en mí y me lo digas. Podés volver cuando sea.
Suspiré agotado. _ ¿Podemos dejar este tema? Vamos a salir de esto juntos. La señora Bethany ya había llegado antes que yo me marchara y estaba poniendo en su lugar a Bathazar y a Camila, seguramente en Medianoche ya debe estar todo bajo control así que no hay nada más que hablar.
_ Está bien. Está bien… vamos a salir de esto juntos. Pero…
_ ¿Pero qué?
_ Si las cosas se resolverían con tanta simplicidad como vos lo planteás, ¿por qué tu madre te dijo que no volviéramos? Te dijo que nos pusiéramos a salvo y que le avisáramos donde estábamos. ¿Por qué te habrá dicho eso?
_ No tengo la menor idea, tal vez solo como prevención. Guillermo, Medianoche está repleta de estudiantes y profesores, y hasta dónde puedo dimensionar, solo nuestra Nueva Orden, Marcial y la señora Bethany están de nuestro lado. Tal vez sintió temor de que hubiera una revuelta cuando el resto de la academia se enterara que sos parte de la Cruz Negra.
_ No es una mala teoría. Tiene sentido… Si, tal vez sea solo por prevención. Ya sabremos la verdad cuando vengan por nosotros. _ En ese mismo el micro se detuvo. _ Llegamos.

Nadie había dormido en Medianoche, la pelea en el departamento de mis padres, las corridas por las escaleras y los gritos de la señora Bethany habían logrado despertar a algunos alumnos que fueron despertando al resto. Como consecuencia, la mañana del domingo convirtió el vestíbulo en una feria. Todos los alumnos se había auto convocado intercambiando opiniones y buscando respuestas. En la mayoría de los casos la información había llegado errada y mal intencionada.
_ ¿Entonces el profesor Graziani es un cazador de vampiros?
_ Eso parece. _ Los “legítimos” se sentían a sus anchas. Por fin se lo habían sacado de encima y a mí junto con él. _ Y su novio debe ser su cómplice, por eso huyó detrás de él.
_ Debe ser un error _ Intervino uno de los alumnos que había compartido con nosotros aquella noche en la biblioteca. _ Ellos estuvieron con nosotros en la biblioteca bebiendo cerveza y charlando con todos amigablemente. Si el profesor fuera un cazador de vampiros, en los años que lleva en la academia ya habría atentado contra alguno de nosotros y jamás lo hizo.
_ Además, _ dijo una muchachita de aspecto inocente _ si fuera un cazador vampiros… ¿por qué se pondría de novio con un vampiro? Esto no tiene sentido.
_ ¡Qué ingenua sos Berlín! _ Le había respondido otro de los legítimos _ Lo está usando para ganarse su confianza y así poder terminar con muchos de nosotros de un solo golpe.
_ Enloqueciste… Eso es imposible. El profesor Graziani es un señor.
_ Ya lo veremos…
Si nadie había dormido en Medianoche, mucho menos mis padres. Estaban desesperados y alertas esperando que hiciera contacto con ellos, pero la demora los tenía aterrorizados.  El alboroto era tal que no dudaron en correr en busca de la señora Bethany, solo ella podría apaciguar al alumnado y evitar las contiendas que empezaban a surgir entre quienes estaban a favor nuestro y los que intentaban despedazarnos.
_ ¡Silencio! _ Vociferó al ingresar al vestíbulo _ ¡Quiero absoluto silencio! _ Su voz tenía un efecto especial y ni que decir de su volumen. El griterío se detuvo de inmediato ante semejante bramido. _ Voy a hablar una sola vez de este tema, por lo tanto espero que lo comprendan sin que tenga que tomar medidas adicionales. _ Esa amenaza en cubierto acalló hasta los susurros más bajos. Carraspeó aclarándose la garganta y comenzó a hablar. _ Lo que sucedió anoche fue un desagradable error provocado por dos alumnos que conocen muy bien. El señor Moore y la señorita Moravia atentaron contra en profesor Graziani en el departamento de los profesores Beggio, acusándolo de ser un cazador de vampiros.
Un murmullo recorrió el lugar, pero fue acallado inmediatamente por ese megáfono que tenía en la garganta. _ ¡Creo haber ordenado silencio! _ El mutismo general volvió a reinar en el vestíbulo. Tomó aire y continuó hablando. _ Si vuelven a interrumpirme no solo suspenderé mi relato sino que todos quedarán confinados en sus habitaciones hasta que yo lo decida. ¿Nos estamos entendiendo? _ Ese silencio de sepulcro le aseguró que no iba a volver a ser interrumpida. _ Como les decía, anoche se cometió un grave error, una imprudencia que, Dios no lo permita, puede haberle costado la vida al profesor Graziani y tal vez también al joven Beggio. _ Un vagido de lamentos ahogados por la advertencia hecha minutos atrás invadió el vestíbulo. _ Si, sé que muchos de ustedes de verdad lo lamentan. Aunque lamentablemente no todos, pero por su bien, espero jamás enterarme que alguien se atreva a alegrarse de esta desgracia. El profesor Graziani es miembro de la Cruz Negra, cazadores de vampiros que no se unieron al pacto hecho entre humanos y vampiros cientos de años atrás, pero es una buena persona. Fue convocado a trabajar en la academia para cuidarlos, no para asesinarlos, y anoche fue atacado injustamente. De no haber sido por los profesores Beggio, por el señor Sarmiento y por el señor Marini, sin duda estaría muerto. _ Hizo una pausa para asegurarse que todos salieran del estado de estupor que habían provocado sus palabras y volvió a hablar. _ El joven Beggio fue por él, la tormenta era tan fuerte que pensamos que no lograría sobrevivir por sus propios medios. Todavía no sabemos cómo están ni donde se encuentran. Estamos esperando que hagan contacto con nosotros. Si, _ confesó ante las miradas sorprendidas que se dirigían hacia ella _ tenemos una fuente de comunicación que, como comprenderán, no voy a detallar ante ustedes. _ Cuando quería podía ser sumamente hosca y a veces intratable, pero ese estilo rudo y desapacible le había permitido mantener el orden en Medianoche por más de doscientos años. _ Cuando ellos hagan contacto con nosotros iremos a buscarlos para traerlos de regreso a Medianoche, _ percibió mas sonrisas que gestos de repulsión y eso la tranquilizó. Todo marchaba tal cual lo había esperado _ y yo misma organizaré la legión que irá en su búsqueda. Quienes quieran formar parte de esa expedición, alístense con los profesores Beggio. Nadie está obligado a participar, pero los que quieran ir serán contemplados. _ Notó que gran parte del alumnado comenzaba a acercarse a Celia y a Adrián sin dejar de prestar atención a sus palabras y eso la puso de buen humor. _ Bien hecho, así se hace muchachos. Ya estoy viendo a muchos predispuestos a salir en ayuda de un profesor al que le debemos una gran misión en la academia y de un compañero. Gracias a todos. Pero para terminar, quiero dejar en claro algo. Si una vez más alguien atenta contra el profesor Graziani, contra el joven Beggio o contra cualquier integrante de la academia, no tendré piedad. Si estamos acá, es porque pertenecemos al mismo mundo. No voy a permitir beligerancias entre nosotros, no voy a volver a ser condescendiente como lo fui anoche con el señor Moore y la señorita Moravia. Quien tenga algo que decir debe hablarlo conmigo y cualquiera que se atreva a formar una cruzada dentro de Medianoche, les aseguro que conocerá hasta dónde puede llegar mi rigor. _ La firmeza de sus palabras los había dejado a todos prácticamente inmóviles. _ Ahora dispérsense. No quiero verlos amontonados como moscas en el vestíbulo. Saquen provecho de las horas, los que deseen alistarse háganlo, los que no váyanse ya mismo. Hagan lo que les plazca, es domingo, un día para el esparcimiento, pero ni se les ocurra estorbar. La vida de dos personas muy queridas está en juego y ya les dije, no volveré a ser clemente ante ningún acto malintencionado. Nos veremos mañana si Dios así lo quiere_.
Terminada su disertación abandonó el vestíbulo, tenía mucho que resolver y creía haber dejado las cosas lo suficientemente claras.

_ ¡Lo logramos!_ Susurré sobre sus labios. Me acogió en su pecho y cuando se permitió relajarse sobre mi hombro me di cuenta de lo cansado que estaba y de la presión a la que había estado sometido. Pasé mis dedos por su cabello para tranquilizarlo. Ya habría tiempo para decidir cómo iba a seguir la historia, lo único que importaba en ese momento era intentar ponerse a salvo.
No había estado en Boston desde que era muy pequeño, por lo tanto recordaba vagamente que era estar en una ciudad y no en el campo. Ruido, basura, asfalto y señales de tránsito en lugar de tierra y árboles.
_ ¿Te quedás acá o entrás conmigo? _ Me preguntó frente a una central telefónica. _ Tengo que llamar a mi madre, ya te lo había dicho.
Estaba al borde de un ataque de pánico, el ruido de la ciudad se volvía infernal. _ Voy con vos, pero prometo no escuchar lo que hables con ella.
Se sonrió abiertamente. _ No hay problemas en que escuches nuestra conversación, es más, creo que sería mejor que te vayas acostumbrando. Cuando la tengas delante tuyo me vas a dar la razón.
Por primera vez desde que bajamos del autobús pude sonreír. _ Estoy seguro que estás exagerando, pero vamos. Hablá con tu madre de una vez.
Me miró divertido. _ Como quieras, pero no acepto reproches. ¡Ya la vas a conocer! Ahora vamos. _ Me tomó de la mano y entramos juntos.

_ Mamá…
_ Hola, ¿no? ¿Algún día vas a aprender a ser educado?  ¿Qué forma es esa de empezar una conversación después de tanto tiempo sin hablarnos? _ Su voz era tan enérgica como la de la señora Bethany, podía escuchar perfectamente lo que decía a través del teléfono.
Guillermo puso los ojos en blanco en señal de estar harto antes de empezar. _ Hola mamá. ¿Cómo estás?
_ Así está mejor… Bien hijo, estoy bien. ¿Cómo estás vos?
_ En problemas.
_ Debí imaginarlo, solo me llamás cuando estás en problemas.
_ ¡Eso es mentira! Te llamo para el día de la madre, para tus cumpleaños y para Navidad. Y voy a verte cada vez que puedo. ¿Seguimos hablando o dejamos esto acá?
_ ¡Ni se te ocurra cortarme! _ Suavizando su tono le preguntó. _ ¿Qué está pasando hijo?
Guillermo fue muy práctico a mi entender para explicarle lo que estaba sucediendo, yo no podría haberlo hecho mejor, en cinco frases la puso al tanto de todo.
_ ¿Pero que ocasionó todo esto? Hijo… ¿Qué fue lo que pasó?
_ Ya te lo voy a contar mamá, pero ahora no tenemos tiempo. Tenemos que escondernos.
_ Ya mismo salgo para allá, pero no voy a llegar hasta mañana por la mañana. ¿Tienen dinero para pernoctar en Boston hasta que yo llegue?
_ Si, tenemos. Empeñamos una alhaja de Pedro, un prendedor antiguo.
_ ¿Cuánto?
_ Bastante.
_ Bueno… no se preocupen, cuando llegue lo recuperamos. Ahora escuchame, escóndanse en North End, es el barrio más antiguo de Boston. Voy a darte una dirección y un nombre, los van a recibir como lo que son, parte de los nuestros. Pero no se muevan de ahí hasta que yo llegue. ¿Estamos de acuerdo?
_ Si mamá.
_ Hijo… _ pude escuchar el temor en su voz. No podía entender porque les costaba tanto llevarse bien, esa mujer estaba muerta de miedo. _ Hijo, cuidate por favor. Y cuidá de Pedro.
La sonrisa más bonita que había visto en él acababa de asomarse en sus labios. _ Te lo prometo mamá. Te lo prometo… Mañana nos vemos.
_ Hijo, esperá no cortes!
_ ¿Qué pasa?
_ Nada… extrañaba tu voz.
Los ojos se le humedecieron de emoción. _ Y yo la tuya mamá. Pero mañana nos vemos, ¿dale?
_ Dale… Te amo hijo.
_ Yo más… Hasta mañana.
Colgó el auricular y esquivó mi mirada, estaba emocionado. _ Bueno, ya escuchaste, nos vamos para North End.
Echamos a andar con las manos entrelazadas, evitando la gente de aspecto sospechoso y paseando un rato antes de buscar un taxi que nos llevara al barrio más antiguo de Boston. Nunca antes habíamos estado juntos en otro lugar que no fuera Medianoche y se hizo tan placentero caminar tomados de la mano por aquellas calles saturadas de gente, coches y bocinazos, con el sol entibiándonos los cuerpos, que por un momento nos olvidamos de todo, incluso de que estamos huyendo de un potencial peligro.
Nadie ponía atención en nosotros, ni siquiera a que camináramos tomados de la mano. Era liberador disfrutar de ese anonimato, en ese lugar no éramos un profesor y un alumno, con nombre, apellido y legajo, sino solo dos jóvenes enamorados. Caímos bajo el embrujo de estar lejos de tantas miradas y no tuvimos en cuenta la rapidez con la estaban pasando las horas.
_ ¿Estás bien Pedro?
_ Sí, pero no me gusta la idea de seguir dando vueltas por este lugar. Vayamos donde nos indicó tu madre.
_ Pedro, no tengas miedo. ¿Quién crees que debería tener miedo? ¿Vos o ellos?
La respuesta llegó a mí inmediatamente _ Ellos, porque yo soy un vampiro. _  Empecé a reírme y Guillermo se contagió de mi risa. Me envolvió en sus brazos y me estrechó con fuerza.
_ El vampiro más bello que vi en mi vida. Todo el mundo le tiene miedo a los vampiros, me divierte pensar que si toda esta gente que cree tener un aspecto intimidante supiera que sos un vampiro saldrían corriendo para ponerse a salvo.
Me reí con ganas por varios minutos, pero cuando conseguí volver a respirar me separé un poco de Guillermo evaluando nuestra situación. Estábamos prácticamente desamparados. _ Guillermo, vayamos a North End.
_ De acuerdo. Comemos algo y nos vamos.
_ Guillermo…
_ ¡Un ratito más! _ Me rogó con esa mirada que transformaba un no en un si en cuestión de segundos.
_ Está bien, pero solo un ratito más. Comemos algo y nos vamos, en esta época del año oscurece muy temprano.
Y así lo hicimos, almorzamos en un barcito repleto de gente sin parar de hablar y sin dejar de sonreírnos. Una hora más tarde pagamos la cuenta y dejamos el lugar abrazados. Salimos a la calle, paramos un taxi y dejamos el torbellino de la ciudad atrás.

Ya empezaba a oscurecer cuando llegamos. Una posada de estilo medieval se erguía ante nosotros. Al descender del taxi la luz de los faros absorbieron el brillo de su cabello, tal vez el cansancio tuviera la culpa de su palidez y de su aspecto demacrado, por lo que no quería siquiera pensar en que aspecto tendría yo.
_ ¿Es usted señor…? _ Preguntó el conserje desde lo alto de la escalera
_ Graziani. Guillermo Graziani.
_ ¡Bendito sea Dios! _ Comenzó a descender los escalones a toda prisa _ Su madre no dejaría una piedra en pie si algo llegara a sucederle. ¿Por qué se demoraron tanto?
_ Nada en especial, solo recorrimos el centro de Boston por unos minutos. Pero ya estamos aquí.
_ ¿Servicio al cuarto o bajan a cenar?
_ Servicio al cuarto _ Respondió sin consultarme. _ Estamos muy cansados.
_ Entonces tomen posesión de su cuarto y descansen. Hay toallas secas esperándolos y la cena llagará en treinta minutos.
Era bastante tarde y estábamos rendidos cuando llegamos al cuarto que nos habían asignado. Esa zona alejada de la ciudad me tranquilizaba, todavía estaba un poco aturdido pero ya no tenía miedo.
_ Me parece mentira que vamos a pasar la noche juntos, Pedro. Juro que cuando salí corriendo de Medianoche tuve mucho miedo de no volver a verte.
Me acerqué a él y lo abracé, estaba tan cansado que unas ojeras oscuras se delineaban debajo de sus ojos. _ A mí también me parece mentira, pero es evidente que alguien nos está ayudando desde el cielo. Evangeline… ella me dijo donde encontrarte.
Sostuvo mi cintura entre sus brazos y me interrogó pegadito a mis labios.
_ ¿Qué se te ocurre que podemos hacer esta noche? _ Se lo veía de excelente humor. _ Nadie vendrá por nosotros hasta mañana por la mañana. _ La expresión en mi rostro debió haber sido increíble porque estalló en carcajadas. _ ¿Por qué me mirás así, Pedro?
_ ¿Así cómo?
_ Como si nunca hubiéramos hecho el amor y te estuviera haciendo una propuesta indecente.
_ Es que cuando llegamos a Boston  te veían tan preocupado que no pudiste siquiera cerrar los ojos en todo el viaje y ahora actuás como si estuviéramos de vacaciones
_ Es verdad, durante el viaje tuve mucho temor que alguien viniera detrás nuestro y pudiera alcanzarnos antes de estar en un lugar seguro. Y sabés porque, porque por mucho que luchara, si se trata de vampiros nunca podría defenderte. Pero ahora estamos a salvo, ya escuchaste al conserje. Si algo nos pasara mi madre no dejaría una piedra en pie. La conozco, si ella nos envió a este lugar y ellos le tienen tanto miedo, eso significa que estamos en una fortaleza. Relajate amor… después de todo podríamos estar muertos o separados y estamos vivos y juntos.
Tenía razón en todo lo que me estaba diciendo. Me quité el sueter y empecé a desabrochar los botones de mi camisa sin quitarle los ojos de encima. Si él tenía una consecuencia inmediata sobre mis sentidos, cabe admitir que yo para los suyos, podía ser letal.
_ Pedro… no me provoques. _ Me dijo con esa voz ronca e insinuante. Sus ojos fijos en los míos como a punto de saltar sobre mí.
_ ¿Por qué no debería hacerlo? Estamos vivos y juntos, como vos dijiste. Dale, sacate la ropa y hagamos algo que nunca hicimos.
La inflexión de su mirada se cargó de incertidumbre.  _ Mmmm… suena interesante. ¿Y qué vamos a hacer?
_ Vamos a bañarnos juntos. Faltan treinta minutos para que llegue la cena… no es poco. ¿Te gusta la idea?
_ Me encanta. _ Respondió comenzando a desnudarse.
_ Dije bañarnos…
Me sonrió y todo mi temor sucumbió ante su sonrisa. _ Ya vamos a ver. Empecemos por ahí _ me dijo mientras me empujaba dentro del diminuto cuarto de baño. Abrió el grifo de agua caliente y terminó de desnudarse. Rápido me di cuenta que si no hacía lo mismo terminaría bajo la ducha con parte de mi ropa puesta y no quería que eso pasara. Era toda la ropa que tenía.  Hice lo mismo que él acababa de hacer, me desnudé y me metí bajo la ducha. Hacía mucho tiempo que no me sentía tan bien, el agua caliente era reconfortante después de haber pasado tanto frío y estar entre sus brazos bajo el hechizo de sus besos se sentía como haber vuelto de la muerte.
El sabor de su boca, la succión de sus besos en mis labios y el aroma de nuestros cuerpos flotando entre el vapor me transportaron a un universo desconocido. En ese momento me di cuenta cuanto lo había extrañado cuando saltó por esa ventana.
_ Ahora que tenés algunos de nuestros poderes, ni se te ocurra utilizarlos conmigo. _ Le dije besando su sonrisa. _ No te atrevas a aprovecharte de mí.
_ Muy intuitivo Pedro, veo que adivinaste mi intención, pero estás a solas conmigo y aunque intentes gritar nadie va a escucharte.
Me reí a carcajadas, nunca antes nos habíamos bañado juntos y la experiencia me estaba resultando emocionante. Me abracé a su cuello y volví a besarlo ebrio de deseo. Sus manos recorrieron mi espalda lentamente, acariciaron mis caderas y se perdieron en mis muslos. Un resquicio de luz se colaba por debajo de la puerta, respiré hondo y me entregué a él.
El corazón me latía desbocado, ardía por dentro y sentía calor hasta entre los dedos de los pies. 
Afuera y a lo lejos, la ciudad comenzaba a acallar su rutina diaria de bocinazos, luces y ruidos. Adentro, y en ese lugar separado del mundo, dos hombres volvían a sucumbir ante el sentimiento más valiente entre humanos o vampiros. El amor…

CONTINUARÁ.

4 comentarios:

  1. Muerta de amor por estos dos espero ansiosa la continuación y a la madre.....
    Mara rosas

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias Mara! Ni se imaginan lo que es la madre de Guillermo! Pasarán muchas cosas en Medianoche... se vienen momentos decisivos y culminantes! Un abrazo desde este lado del río.

    ResponderEliminar
  3. Como siempre Sandra, una hermosísima manera de terminar la semana. Espero de una forma tan desesperada estos capítulos, que me desconozco ;) (jajaja).
    Que momentos... que pasará?!
    Quiero esa 3era mordida! Me mata la insertidumbre de como será, que harán, como reaccionarán...
    Bueno, aqui la espero, siempre fiel. Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias Romi! La tercera mordida es inminente y solo ellos saben como atravesarán ese instante. ¡Mandame ángeles y luz para que las musas sean perfectas en este pronto final! ¡Besossssssssss!

      Eliminar