
CAPÍTULO 3
Luego de conducir casi cuarenta minutos, estacionaron en la puerta del Hotel Hilton, un hotel carísimo. Bajaron del auto y entregaron las llaves al valet, a fin de que se lo guardaran en la cochera del lugar.
Pedro no podía creer lo elegante de ese lugar. Si bien lo conocía de haber asistido a un evento o congreso, nunca se hubiera imaginado estar ahí de huésped y menos con el hombre al que amaba con desesperación.
Guillermo solicitó una habitación suite de lujo, asignándole una en el sexto piso del magnífico lugar.
Esperando el ascensor, Pedro no podía dejar de admirar el lugar. Sus ojos se perdían en la inmensidad del lobby mientras que los de Guillermo se pedían en aquel cuerpo joven y sensual parado a su lado.
- Este lugar es hermoso… vine alguna vez por un congreso, pero hospedarme?... Nunca lo pensé – respondió Pedro
- ¿Te gusta?... Es lo menos que te merecés Pedro – contestó Guillermo abriendo la puerta del ascensor.
- No creas que por traerme a este lugar lujoso estás perdonado Grazziani… me dolió tu desprecio – contestó Pedro seductor
- Si mi perdón no te alcanza, quizás esto ayude un poco _ contestó Guillermo besándolo apasionadamente
- Bueno… un poquito sí… pero necesito más… a ver qué tenés? – quiso saber Pedro besándolo a modo de desafío
A medida que subían, los besos eran cada vez más calientes. Ambos abogados se quemaban por dentro. Cada caricia y abrazo de ambos llenaban los besos de pura pasión y deseo. Al llegar a destino, se abrió la puerta del ascensor.
Ambos hombres bajaron colocando la llave en la suite acordada, pudiendo admirar la belleza de su interior.
Era una habitación enorme, con una vista increíble de la cuidad desde esa altura. Sobre la mesa dorada, los estaba esperando una botella de champagne bien helada.
- Es un sueño… de verdad hermoso lugar. Te debe haber costado una fortuna Guille – quiso saber Pedro
- Nada se compara con el placer de tu compañía Pedro… valés mucho más que cualquier precio que pude haber pagado por este momento – respondió Guillermo tomándolo de la cintura.
- Nunca pensé escuchar de tu boca tantos halagos… Que soy el dios de la belleza, que soy hermoso, que valgo más que cualquier cosa… Estar acá con vos me alcanza Guille… para mí sos único – contestó Pedro abrazándolo de los hombros
- Si te digo que me hubiera gustado dedicarte ese baile hace un año… que me dirías? – quiso saber Guillermo
- Que ya me lo dedicaste ese día en la casa de tu hijo… ¿Y si te dijera que el de hoy solo fue dedicado para vos?... ¿Qué me dirías? – quiso saber Pedro
- Que tenés mi alma en tus manos cielito… y mi corazón te pertenece – contestó Guillermo besándolo con pasión.
El maduro abogado lo tomó de la cintura acariciándole dulcemente la espalda. Cada beso de sus labios provocaba en Pedro una ola de sensaciones nunca experimentadas.
El joven abogado se aferró a la nuca de aquel hombre sensual y exquisitamente excitante, acariciándole la nuca con cada bocanada de deseo que le regalaba a sus labios.
Entre besos ardientes y caricias desenfrenadas, Guillermo comenzó a desvestirlo con sus manos ávidas de deseo llevándolo hacia la habitación, recostándolo en la cama completamente desnudo.
Sin darse cuenta, Pedro estaba recostado contemplando a su hombre que despojándose de sus ropas, se recostó sobre su cuerpo sintiendo el calor que emanaba de su ser.
Sin poder controlar lo que sentía, se aferró a la espalda de Guillermo enroscando sus piernas sobre la cintura de su hombre, casi dejándolo sin poder respirar.
Guillermo pegado a ese cuerpo torneado, blanco y transpirado por la adrenalina que emanaba de su piel, no podía dejar de besarlo por todos lados.
Su boca recorría cada centímetro de ese mapa sensual. Esa boca rojo pasión que lo tenía perdido, ese torso desnudo, el abdomen torneado… hasta llegar a su parte más íntima.
Pedro no podía creer lo que estaba viviendo. Ese hombre estaba provocando en su cuerpo una sensación de placer descomunal. Aferrado a su hombre, no pudo contener un gemido sensual lleno de deseo.
- Todavía no mi amor… disfrutá – respondió Guillermo recorriendo su cuerpo con dulces besos
- No puedo más… siento como estás Guille… por favor – respondió Pedro ardiendo de deseo.
- Quiero deleitarme con vos cielito… te amo – contestó Guillermo posando su mano en la zona prohibida de su joven adorado
- Te amo… _ contestó Pedro posando su mano en la entrepierna de su hombre.
Sintiendo un placer prohibido, Guillermo ondulaba sus caderas sobre aquel joven estimulando su virilidad, percibiendo en Pedro una sensación de deseo que lo excitaba sobremanera.
Sin darle tregua y no pudiendo reprimir el deseo de tenerlo, Pedro deslizándose sensual como una serpiente en celo, se colocó encima de la espalda de su hombre haciéndolo suyo. Cada embestida provocaba en Guillermo un gemido de placer que no podía contener.
Una y otra vez aquel joven lo estaba reclamando como propio. No podía soportar el tenerlo tan cerca y no amarlo con desesperación. Fue suyo hasta que calmó su sed de aquel cuerpo maduro y sensual.
Todavía ardiente de deseo, Guillermo lo colocó debajo de su cuerpo para ser él mismo el que lo reclamara, lo tomara para él… lo amara por primera vez.
Entrelazando las manos, Guillermo sacudía su cuerpo dándole a aquel joven lo que tantas veces le había reclamado. Una y otra vez lo embestía como una pantera salvaje. Cada gemido de Pedro era el elixir de la pasión para sus oídos, lo que lo excitaba todavía más.
Luego de una noche lujuriosa, ambos hombres reposaban sus cuerpos ardidos de deseo y entrelazados. Guillermo lo abrazaba de espalda, reposando una pierna sobre el cuerpo de su joven morena debilidad.
Pedro al sentir el calor del cuerpo de Guillermo sobre su espalda se acomodó más cerca de él. Comenzó a acariciar la pierna de Guillermo que reposaba sobre la suya hasta llegar con suaves caricias hasta el muslo fuerte y varonil de su hombre, pudiendo sentir la excitación que le provocaban sus caricias.
Con una sonrisa, Pedro tomó la nalga de Guillermo aferrándola contra su cuerpo. Aquel hombre a su lado, al sentir ese hormigueo sensual que le provocaban esos dedos suaves sobre su muslo, volvió a excitarse.
Sabiendo que aquel joven también lo quería, volvió a hacerle el amor como si fuera la primera vez.
Al día siguiente, amanecieron abrazados. Pedro tenía la cabeza reposada sobre el pecho velludo de Guillermo, quien le acariciaba el cabello negro y sedoso que lo había enamorado.
- Buen día amor – saludó Pedro sonriente
- Buen día precioso… dormiste bien? – quiso saber Guillermo
- Lo poco que pude, de maravilla… te amo – respondió Pedro mirándolo
- Yo también te amo chiquito… mucho – respondió Guillermo besándolo en los labios
- Dentro de unos meses el colegio organiza la obra escolar… los padres actúan de algo – contestó Pedro
- ¿De que vas a actuar vos? _ quiso saber Guillermo
- De caballero… en la obra Cyrano de Bergerat – contestó Pedro
- Papel principal… prometido de la doncella – respondió Guillermo
- Sí… y tengo el papel estupendo para vos… están buscando al Cyrano, y creo que venís al pelo – contestó Pedro acariciándolo.
- ¿Estás loco?... No actúo ni muerto… Ni siquiera en el colegio por mi hijo lo hice, menos ahora _ contestó Guillermo
- Dale… Brisa y Daniel ya te lo pidieron… yo te lo pido… presentate, te dan el papel enseguida – contestó Pedro
- ¿Cuando es la obra? – quiso saber Guillermo
- En tres meses… dale, te acompaño al colegio… somos dos hombres irresistibles para las maestras, corremos con ventaja _ contestó Pedro
- Debo estar loco o enamorado… es una locura, pero por vos lo voy a intentar – contestó Guillermo acercándolo a su cuerpo
- Muy bien… soy el caballero y vos sos mi Cyrano o mi doncella? – quiso saber Pedro seductor
- A ver… veamos… el Cyrano está enamorado en secreto de la doncella, quien le escribe cartas declarándole su amor no correspondido. El prometido de la dama, el caballero, las intercepta y las lee, lo que provoca que sea él mismo quien con sus propias manos le quite la vida al Cyrano enamorado… ¿Quien soy para vos? – quiso saber Guillermo
- No importa si sos mi caballero, mi doncella o Cyrano… lo importante es que sos mío… y no pienso dejarte jamás – respondió Pedro besándolo
- No pretendo que lo hagas amor… soy tuyo para siempre – contestó Guillermo amándolo nuevamente.
Los meses siguientes fueron maravillosos para ambos. Comenzaron una relación de pareja estable. A pesar de vivir separados, los niños estaban encantados con el nuevo amigo de su padre legal.
Los estudios de ambos se fisionaron, lo que Marcos, al saber que las ganancias se incrementaban por tener clientes relacionados con la farándula, le resultaba fascinante.
Las tardes en familia eran un lujo. Cuando la pasaban en la casa de Guillermo, este invitaba a su hijo, su mujer y su nieto Dieguito, pequeño que tenía encantados a los niños Brisa y Daniel.
Guillermo comenzó a ensayar la obra junto a Pedro y los niños. Si bien era muy bueno para escribir el libreto, era malísimo en la actuación. Lo compensaba enseñando a Brisa clases de piano y a leer música, sobre todo las notas básicas que componen la música clásica.
Pedro tenía los días ocupadísimos. Se distribuía entre su trabajo en el estudio junto a Guillermo, llevaba a los niños al colegio y luego a las clases extracurriculares. Brisa iba a danza y música en tanto que Daniel a fútbol y dibujo…. Aunque siempre tenía lugar para pasar un ratito romántico con su pareja y amor de su vida: Guillermo Grazziani.
Algunas tardes Guillermo se encargaba de retirar a los niños de la escuela y llevarlos él mismo a su talleres, para luego pasar una tarde con ellos en el parque, en alguna heladería, o simplemente los llevaba a recorrer la ciudad, a conocer el centro, la biblioteca pública, los museos.
Pedro estaba encantado con la familia que estaba formando. Guillermo lo apoyaba en todas las decisiones que tomara, lo ayudaba con los niños, lo aconsejaba como abogado, como pareja y como buen amante.
Llegó el día de la obra escolar. Pedro estaba con un ánimo excelente, en tanto que Guillermo no podía más de los nervios.
Las maestras los habían visto estos meses junto a los niños, quienes estaban contentísimos con Pedro y Guillermo juntos. Sabían que no era su padre, pero querían al joven moreno como si lo fuera. En cuanto a Guillermo, lo adoraban… y el sentimiento era mutuo.
Estaba el público sentado en sus asientos esperando el inicio de la obra escolar. Se levantó el telón y al compás de una banda de sonido suave y acorde a la época donde se desarrollaba la acción teatral, salieron los niños Brisa y Daniel junto a sus compañeros bailando como si fueran ángeles alados, a fin de dar inicio a “Cyrano de Bergerat”.
En la versión libre del colegio, “Cyrano de Bergerac es un soldado poeta, orgulloso y sentimental, pero su mayor defecto es poseer una gran nariz hasta lo ridículo. Está enamorado de una mujer hermosa, su prima Roxane, pero dada su propia fealdad, no espera nada de ese amor. Roxane, por su parte, está enamorada de Christian de Neuvilette, que es un cadete de soldado. A diferencia de Cyrano, Christian es guapo, pero no posee el ingenio del protagonista. Cyrano pacta con Christian escribirle cartas de amor a Roxane, pues de esta forma logrará al menos expresarle a su amada sus sentimientos, pero a medida que pasaron los días se dio cuenta que su prometida se estaba enamorando de él por las cartas… Una noche, al interceptar una de las cartas escritas a la doncella, el caballero Christian decide poner fin a la vida del Cyrano. Cuando la doncella se entera de la verdad, se quita la vida, quedando el caballero solo y dolido…”
Pedro salió al escenario como el caballero Christian de Neuvilette, recitando su parte de la obra como si fuera un actor de teatro profesional. Su partener, la doncella Roxane, era la madre de un alumno que lo acompañó muy bien.
Pero el lujo fue cuando Guillermo, en cabeza del Cyrano, salió a recitar la parte correspondiente a su papel. Era un placer escucharlo recitar poemas, entonar notas en el piano dedicadas a la doncella.
Pedro lo escuchaba como si esas notas y poesías fueran dedicadas exclusivamente para él. Su apuesto amante y ahora actor de teatro lo tenía completamente hechizado… al igual que a la mayoría de la platea femenina.
En el último acto, Pedro en su papel de caballero intercepta la última carta dirigida a la doncella, su prometida Roxane, decidiendo poner fin de esta manera a la vida de su rival: el enamorado Cyrano.
- Roxane, amada mía, que tienes en tus manos? – quiso saber Pedro en el papel de Christian
- Una de tus cartas amado mío – respondió la madre en su papel de doncella - ¿Una carta mía?.... pero no te he escrito en estos días… estás segura? – quiso saber Pedro
- Por supuesto amado mío… tómala, léela para mí – respondió la doncella
- “Mi amor, mi amor, mi amor, es imposible seguir viviendo así de esta manera, te siento respirar junto a mi cuerpo y no te puedo amar cuanto quisiera. Mi amor, mi amor, mi amor, la luz me asusta pues temo descubrir que te has marchado, prefiero continuar en la penumbra, prefiero imaginar que te has quedado. Mi gran amor, no puedo más. Arráncame la vida, pero no me dejes más. Mi gran amor, no puedo más, me muero entre tus brazos y me muero si no estás. Mi amor, mi amor, mi amor, no te detengas, no dejes de besarme ni un instante, si faltas de mis brazos un segundo es un segundo menos para amarte. Mi amor, mi amor, mi amor, mi gran locura no puedo respirar cuando me besas y luego si me faltan tus caricias me ahogan el dolor y la tristeza….” – recitaba la carta
- ¿De quien es esta carta mi querida amada? – quiso saber el caballero Pedro - No se mi amor… te lo juro – respondió la doncella
- Debe ser del Cyrano… ese hombre enamorado de ti – respondió el caballero Pedro
- No le hagas daño amado mío… no podría vivir con ese dolor – respondió la doncella
En la última escena, el caballero va en busca del Cyrano, lo enfrenta y le quita la vida ante los ojos de su amada, quien al no poder soportar semejante sacrilegio, se quita la vida.
- ¿Cómo te atreves Cyrano a escribir estas notas a mi prometida? – quiso saber el caballero Pedro
- Esas notas son el reflejo de mi alma… amo a Roxane – contestó el Cyrano Guillermo (mirando esos ojos marrones que tanto amaba)
- El pacto era otro… las cartas las escribirías por mí y para mi… no de tu parte a mi prometida. Has roto tu promesa _ contestó el caballero Pedro
- No he roto nada… he cumplido a mi palabra… esas simples notas son el llanto de mi corazón hacia mi amada Roxane… _ contestó el Cyrano Guillermo
- Entonces… serán las últimas palabras que dirás en tu vida… Roxane jamás será tuya… _ contestó el caballero Pedro
- ¿A qué tienes miedo...? Si tu posees la belleza y sois el prometido de Roxane… yo solo soy unas notas reflejadas en un papel sin rostro… jamás se enamoraría de mi – contestó el Cyrano Guillermo
- Pues te equivocas… Roxane está enamorada de las cartas, no de mi… por eso has roto tu promesa… y se paga con la vida – contestó el caballero Pedro empuñando una espada
- Entonces moriré en paz sabiendo que mi amada me corresponde, aunque sea en sueños de amor _ contestó el Cyrano Guillermo
- Entonces que así sea – contestó el caballero Pedro matándolo con su espada.
- No… ¿qué has hecho? – quiso saber la doncella
- Justicia… eso hice… por nosotros – contestó el caballero Pedro
- Por ti… no por mi… esas cartas me enamoraron y con ellas se irá mi vida – contestó la doncella matándose con la misma espada
- ¡No… mi amor, no me dejes! – contestó el caballero Pedro quedándose completamente solo.
Al cerrarse el telón, el auditorio era una llamarada de aplausos. Habían estado estupendos… Un lujo escucharlos actuar.
Guillermo se levantó del suelo, abrazando a Pedro, quien lo rodeó con sus brazos recitándole al oído un suave “te amo”.
Luego los tres saludaron al público presente, entregándole a la madre “doncella” un ramo de flores y un cálido beso afectuoso.
- Pedro, Guillermo, estuvieron increíbles… fue un lujo actuar con ustedes _ contestó la madre
- Igualmente Alicia… de verdad estuviste maravillosa – contestó Guillermo besándola en la mejilla
- Ustedes dos marcan la diferencia en este colegio… todas las maestras están encantadas con ustedes y con los niños… sus hijos son increíbles – respondió la madre
- No son mis hijos… pero gracias por el cumplido… Pedro es un excelente Padre… y sí, los queremos mucho – respondió Guillermo agarrando la mano de Pedro
- Gracias Alicia… de verdad – contestó Pedro besándola en la mejilla
Una vez en el camarín, Pedro estaba terminando de cambiarse cuando Guillermo llamó a la puerta.
- ¿Cómo estás precioso?... Estuviste formidable – contestó Guillermo besándolo apasionadamente
- Y vos amor… mi Cyrano preferido… no pensé que escribías tan bien Guille, todo un poeta – contestó Pedro
- Cuando lo escribí estaba pensando en vos… el solo saber que las ibas a leer escribí todo lo que siento por vos precioso… te amo – contestó Guillermo tomándolo de la cintura
- ¿Por qué me hacés esto Guille…? Cuando querés son tan romántico que me derrito… te amo – respondió Pedro besándolo con pasión.
- Bueno… los niños querían saludarlos… estuvieron increíbles – contestó Laura de la mano de sus sobrinos
- Papi… estuviste re bien… y Guillermo, diez puntos – contestó Daniel
- Que lindo que los dos… vení para acá – respondió Guillermo abrazando al pequeño
- Te re quiero Pedro… fuiste el mejor – contestó Brisa abrazándolo
- Y yo… como estuve? – quiso saber Guillermo tocando el rostro de la niña
- Re bien… lástima que te mataron… sino te quedabas con la doncella y sería un cuento romántico no un dramón – contestó Brisa ante la risa de todos
- Bueno… no me quedé con la doncella pero tengo al caballero… no está mejor? – quiso saber Guillermo
- Sí… está mejor… Pedro es mejor – respondió Brisa con una sonrisa
- Buenas tardes… ¿Está el Sr. Pedro Beggio? – quiso saber una señora
- Sí.. soy yo, que desea – quiso saber Pedro
- Soy asistente social… del juzgado de los niños Brisa y Daniel… ¿Podría hablar con usted? – quiso saber la mujer
- ¿Por qué?... ¿Pasa algo? – quiso saber Pedro nervioso
- Por favor Laura… ¿podés llevar a los niños afuera?... Te alcanzo después con Pedro – contestó Guillermo dirigiéndose a la hermana de Pedro
- Claro Guillermo… Vamos niños – respondió Laura marchándose
- Soy el Dr. Guillermo Grazziani, abogado de Pedro… ¿Qué desea? – quiso saber Guillermo
- Aparecieron los abuelos de los niños, quieren la custodia legal – contestó la mujer
- Eso no puede ser… hace tres años que están conmigo, no me los pueden quitar – contestó Pedro desesperado
- Créame que no quisiera hacerlo, pero es la ley… son familiares directos y tienen derecho – respondió la mujer
- Pedro está tramitando la adopción legal de los niños, no pueden quitárselos. Los abuelos tienen derechos, sí, pero como abuelos… - respondió Guillermo
- Mañana tienen a las 12.00 hs la audiencia con el Juez Arismendi… van a estar los abuelos allí – respondió la asistente
- ¿Le puedo pedir un favor?... ¿Podríamos tener una entrevista con los abuelos de los niños antes de la audiencia?... Quisiera hablar con ellos, por favor… créame, es importante – quiso saber Guillermo
- Claro, a las 10.00 hs… le avisaré – contesto la mujer
- Gracias… ahí estaremos… _ respondió Guillermo
- Créame Dr. Beggio que lo lamento… si estuviera casado sería más fácil todo – respondió la mujer
- No se preocupe… si es necesario nos casaremos, créame – contestó Guillermo enojado
- Guillermo, ¿qué decís?... ¿Estás loco? –quiso saber Pedro asombrado
- No, estoy bien… Por favor señora, mañana a las 10.00 hs – respondió Guillermo
- Por supuesto… hasta luego – saludó al señora retirándose.
Esa noche Guillermo acompañó a Pedro y los niños a su apartamento. Les cocinó una deliciosa cena que compartieron los cuatro. Luego de risas y anécdotas de los niños, Pedro los llevó a su cuarto para que descansaran, pidiéndole a su hombre que lo acompañara esa noche.
Recostado en la cama de Pedro, Guillermo esperaba que llegara de acostar a los niños. Al verlo entrar y ponerse el pijama, no podía dejar de deleitarse con ese cuerpo joven y sensual que era suyo.
Pedro se recostó a su lado posando la cabeza sobre su pecho, sintiendo los latidos de su corazón.
- Estoy asustado.. no puedo creer que llegara este día Guille – respondió Pedro
- Mañana vamos a hablar con los abuelos, creo que van a entender la situación. Esos niños te aman – contestó Guillermo
- Y yo a ellos, como te amo a vos – respondió Pedro mirándolo con una sonrisa
- Pedro… por qué no vivimos juntos?... vengan a mi casa, es amplia y cómoda para los cuatro… _ quiso saber Guillermo
- Acá estamos bien… no es muy grande pero agradable – contestó Pedro evadiendo la propuesta
- Lo sé… pero no es una sugerencia, te estoy pidiendo que convivamos, que seamos una familia – respondió Pedro
- Me encantaría amor, pero tengo que hablar con los niños, ahora son mi prioridad – respondió Pedro
- Está bien, mañana les hablamos… ahora, vamos a dormir – respondió Guillermo besándole la cabeza
- ¿Querés dormir vos? – quiso saber Pedro colocándose encima de Guillermo
- Están los niños, me muero de la vergüenza – respondió Guillermo abrazándolo
- Están dormidos, y no hagas mucho ruido… solo amame – respondió Pedro besándolo desesperado
- Ya lo hago cielito… _ contestó Guillermo respondiendo el beso.
Pedro recostado sobre el cuerpo de su hombre, colocó sus manos debajo de la remera del pijama acariciándole el torso velludo y fuerte. Serpenteaba su cuerpo provocando en Guillermo un placer irresistible.
Guillermo posó sus manos debajo del pijama de su joven debilidad, acariciándole la espalda hasta posarlas debajo del pantalón pijama aferrándose a sus nalgas.
El joven extasiado de placer y ante los suaves gemidos de su hombre, lo hizo suyo nuevamente. Cada movimiento de sus caderas lo llevaba a entrar a un lugar hermoso, lleno de placer. Guillermo debajo de aquel cuerpo joven y sexy no podía dejar de emitir suaves gemidos llevando a ambos a la gloria más exquisita.
Luego de que Pedro calmara su sed de amor y deseo fue él quien lo hizo suyo nuevamente. No podía evitar amar a ese ser tan perfecto, joven, atractivo y definitivamente suyo, solo suyo.
Luego de una noche apasionada y perfecta, ambos hombres se quedaron dormidos.
CONTINUARÁ
¡Nooo...! Justo que todo marcha sobre rieles aparecen los abuelos de Brisa y Daniel, "si fueras casado sería más fácil" dijo la mujer y Guillermo no dio un paso atrás. "Si es necesario nos casaremos" ¡Ese es el Guillermo que siempre quisimos ver! Gracias, eternamente gracias Verónica por esta hermosa historia de amor. Abrazo Guilledrista!!!
ResponderEliminarFelicitaciones un amor como este puede con esto y mucho mas me encanta tu ficción
ResponderEliminarMara rosas
Me encantó, espero q los abuelos entiendan y q Pedro acepte ir a vivir con Guille.
ResponderEliminarApasionante tierna romantica me encanta cada momento vivido es un deleite gracias por tan bella historia
ResponderEliminarGracias a ustedes por leerme... es un placer compartir estas historias con ustedes. Saludos. Verónica
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