Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 15 de octubre de 2017

"AMOR ACCIDENTADO" - Cap. 5 - (By Verónica Lorena)








CAPÍTULO 5 – EL FINAL

- Señor… míreme… ¿Sabe quién soy? – quiso saber el rescatista
- ¿Quién es usted…? Yo estaba con Pedro... ¿Dónde está?... ¿Qué pasó? – quiso saber Guillermo aturdido
- Lo arrastró una ola, tragó mucha agua y soy su salvavidas… ¿El joven que estaba aquí era Pedro? – quiso saber el hombre
- Es un joven atractivo, con una malla negra para el pecado… ¿pero dónde está? – quiso saber Guillermo
- Se fue… estuvo hasta ahora pero creo que se fue enojado – contestó el hombre
- ¿Por qué?... ¿qué pasó? – quiso saber Guillermo
- ¿No se acuerda que pasó?... ¿Que recuerda? – quiso saber el hombre
- Que estaba por besar a Pedro y que pasó no sé, me desmayé. Cuando desperté sentí que me estaba besando y lo besé… eso – respondió Guillermo
- No lo besó a él señor… me besó a mi dos veces… Yo le estaba haciendo respiración boca a boca, los primeros auxilios… pero creo que usted no se lo tomó así… por la calidad de sus besos digo – respondió el hombre
- ¿Qué dice?... ¿Que lo besé a usted delante de Pedro?... Pero pensé que era él… lo juro – contestó Guillermo aturdido
- Y le creo… pero confundirme con ese joven… ¿Le parece que somos parecidos? _ quiso saber el hombre
- Por supuesto que no… perdone por haberlo besado, de verdad no quise hacerlo… tengo que irme. Gracias – respondió Guillermo
- ¿Pero está bien…? ¿Puede ir caminando? – quiso saber el rescatista
- Claro que puedo… discúlpeme – respondió Guillermo yendo hacia el hotel.

Fue a su cuarto y tocó la puerta de la suit, ya que no tenía la llave. Como nadie le abrió, fue a la habitación de su hijo, quien al verlo en ese estado lamentable dejó que se duchara para entrar en calor. 
Una vez recompuesto y cambiado de ropa, Guillermo le contó lo sucedido a su hijo, quien no podía creer lo que le estaba contando. Entre risas, Fabián le prometió que todo se iba a solucionar, que solo debería explicarle a Pedro que estaba confundido, nada más. 
- Viejo, te desconozco… Te pusiste una malla ajustada que creo que es la primera en tu vida, te metiste al agua y te arrastró una ola, y para colmo besaste dos veces a otro tipo delante de Pedro… no puedo creerlo – contestó su hijo riendo
- No te rías hijo… me muero si pierdo a Pedro… Te juro que lo confundí, pensé que era él. Ni me acuerdo cuando me rescataron del agua – respondió Guillermo
- Pedro te quiere papá… no pueden estar separados. Andá y hablá con él… te va a entender _ respondió su hijo
- Gracias… te amo – contestó Guillermo abrazándolo. 
- Yo también viejo… andá – contestó su hijo devolviéndole el abrazo

Volvió a la habitación y tocó al puerta. Brisa le abrió enojada impidiéndole el paso. 
- No podés entrar… hiciste enojar a papá – contestó Brisa 
- Fue sin querer… dejame que hable con Pedro – contestó Guillermo
- Dejalo entrar Brisa… andá con tu hermano al cuarto – respondió Pedro 
- Precioso… perdóname, pensé que eras vos a quien besaba – contestó Guillermo acercándose a Pedro
- No te acerques más… no puedo creer que te confundieras de esa manera… Yo soy chiquito, blanco y tu hombre… El salvavidas era fornido, extremadamente musculoso y negro… creo que no nos parecemos en nada – respondió Pedro enojado
- No lo estaba viendo… solo recordé que te iba a besar y pensé que el que me estaba besando eras vos cielito… te lo juro – respondió Guillermo suplicante
- No sé Guillermo… dejamelo pensar… fue mala idea sacarte a la playa – contestó Pedro 
- No fue mala idea, soy yo que siempre arruino todo… Vos sos vital, estás lleno de energía y yo soy viejo… no sé nada de deportes, nunca me metí al agua y jamás en mi vida me puse una malla como esa… Vos hacés que haga esas locuras Pedro… y las hago por vos. – contestó Guillermo ante la mirada del joven
- Guillermo, sos mi vida junto con mis niños… no puedo pensar en una vida sin vos. Cuando te arrastró el agua pensé que te perdía y te juro que me moría con vos en ese mismo momento – respondió Pedro mirándolo
- Sería una pena que te mueras Pedro… sos mas valioso vivo que muerto… los niños te necesitan – respondió Guillermo
- Sí… pero yo te necesito a vos a mi lado… no puedo compartirte con nadie – respondió Pedro 
- Y no me compartís con nadie… te lo juro – respondió Guillermo
- Déjamelo pensar… _ contestó Pedro
Los niños escucharon la conversación desde el cuarto. Sabían que estaba mal lo que hicieron pero no podían ver a Pedro tan triste y a Guillermo tan desilusionado pidiéndole perdón. 
Pedro fue al cuarto de los niños a arroparlos para dormir. Una vez que les contó un cuento y se durmieron, fue a su cuarto sacando del placard una manta y una almohada. Se dirigió al comedor y se las entregó a Guillermo para que durmiera en el sofá. 
Eran las dos de la madrugada. Guillermo estaba recostado en el sillón de la sala tapado con la manta protestando por lo incomodo que estaba, teniendo en el cuarto a Pedro tan cerca sin poder tocarlo, amarlo como lo hacía cada instante de su vida. 
Los niños salieron a oscuras de su cuarto y se recostaron al lado de Guillermo quien los abrazó con fuerza, y sin decir nada ni pedir explicación alguna, se quedaron los tres profundamente dormidos.

A la mañana siguiente, Pedro se despertó y al pasar por el salón vio la conmovedora escena. Guillermo dormido abrazado a esos dos ángeles que estaban acurrucados a su lado tapados con la fina manta. 
Despacio, despertó a los niños indicándoles que fueran a su cuarto a dormir un rato más. Los pequeños obedecieron a su padre, retirándose y dándole previamente un cálido beso. 
Pedro se quedó contemplando el sueño de su hombre, quien se despertó despacio notando que el joven a su lado lo estaba mirando. 
Se corrió a un costado y le hizo señas con la mano que se recostara a su lado, haciéndole un espacio.  
Pedro se tumbó de espaldas a su lado, siendo envuelto por los brazos fuertes y varoniles de Guillermo, que tanto necesitaba. Acomodándose, sintiendo el calor de su cuerpo, se quedó en silencio por un momento. 
- Te extrañé chiquito… pensar que estabas tan cerca – contestó Guillermo abrazándolo
- Cuanto te vi besarlo tan apasionado pensé que elegías a alguien como ese rescatista… pensé que ya no te atraía como hombre – respondió Pedro enojado
- No días tonterías Pedro… ¿Cómo podés pensar que dejaría de elegirte si sos mi vida entera…? Vos y estos niños son ahora mi familia y no los cambiaría por nada… además, vos cada día me gustás más _ contestó Guillermo besándolo en el cuello seductoramente
- No hagas eso Guille… que sabés que me vuelve loco que me beses el cuello _ respondió Pedro apretándose más a su cuerpo
- Por eso lo hago… se todo lo que te gusta y lo que no… te conozco como a mí mismo cielito – respondió Guillermo trazando dulces besos en todo su cuello
- Basta… no pienses que con estos besitos estás perdonado – contestó Pedro  - Bueno… pero por algo hay que empezar, no es así? – respondió Guillermo besándolo en los labios apasionadamente. 
- Que bueno que se amigaron… ¿perdonaste a Guillermo? – quiso saber Brisa acercándose junto a su hermano
- Todavía no lo sé… pero estamos mejor que ayer – contestó Pedro abrazando a la niña
- Dejame un lugar Brisa… quiero entrar yo también – contestó Daniel acomodándose en medio de sus padres
- Bueno… este sofá es demasiado chico para los cuatro… que les parece si desayunamos y vamos a conocer algún lugar de Brasil _ quiso saber Guillermo
- Ayer vi con Valeria un vestido hermoso… me lo comprás Pedro? – quiso saber Brisa
- Y yo una pelota buenísima… me sirve para el club – respondió Daniel
- No puedo hoy… quedé con Valeria que iba a acompañarla a comprar unas cosas para Dieguito… pero quieren venir conmigo? – quiso saber Pedro
- Mejor vos vas con Valeria y nosotros tres nos vamos de shopping, ¿qué les parece? – quiso saber Guillermo
- Si… dale Daniel, vamos a cambiarnos rápido… ¿Llamamos a Fabián? – quiso saber Brisa
- Yo lo llamo… _ contestó Guillermo
Los niños se fueron corriendo a sus cuartos para cambiarse, así podrían salir con Guillermo de compras. Este llamó a su hijo, quien rechazó la oferta ya que tenía que hacer unos trámites para la vuelta a Buenos Aires en dos días. 
Pedro se dirigió al cuarto para ducharse y alistarse para salir. Cuando estaba dentro de la bañera, sentado disfrutando un cálido baño de sales, Guillermo entró seductor al cuarto de baño ingresando al agua junto al joven. 
- Tenés que salir con los niños… no tenés tiempo para esto – respondió Pedro mirándolo seductor
- Siempre tengo tiempo para vos precioso… ¿te paso la esponja? – quiso saber Guillermo sonriente
- Si querés, dale – contestó Pedro con una sonrisa
Guillermo comenzó a pasarle la esponja enjabonada por todo el cuerpo. Primero comenzó por los hombros y el torso blanco como la nieve que tanto le gustaba, recorriendo con dulces besos el contorno de los hombros, los brazos, la boca rojo pasión de su joven perdición. 
Pedro se dejó llevar por esa sensación tan exquisita que su maduro hombre le estaba regalando. Esas suaves caricias por su cuerpo y esos besos carnosos y dulces lo estaban excitando. Sin perder el control, lo agarró a Guillermo de los hombros y le depositó un apasionado beso en los labios. 
- Se te hace tarde… dejemos esto para la noche – contestó Pedro sonriente
- ¿Entonces estoy perdonado? – quiso saber Guillermo
- Puede ser… pero vas a tener que esforzarte mucho más que esto para que me olvide de ese beso a ese morochazo – respondió Pedro colocando sus manos en las piernas de su hombre
- Sabés que puedo más que esto chiquito… por vos cualquier cosa _ contestó Guillermo saliendo de la bañera
- Entonces… veamos que pasa – respondió Pedro con una sonrisa.

Una vez que los niños estuvieron listos, salieron junto a Guillermo a recorrer los negocios. Lo hicieron ver un montón de vidrieras hasta que por fin Brisa eligió un hermoso vestido color rosa con unas delicadas flores doradas y Daniel una pelota de futbol profesional autografiada por su jugador preferido… sin saber que era una imitación, por supuesto. 
Al seguir su camino, se detuvo en una vidriera de una joyería, donde se quedó mirando unas alianzas hermosas de oro. Brisa lo miró sorprendida al verlo tan concentrado en esa joya, por lo que le dio un codazo a su hermano para que mirara la cara de enamorado que tenía su futuro padre. 
- ¿Qué mirás Guillermo? – quiso saber la niña
- ¿Qué…? Nada, solo miraba – respondió Guillermo saliendo de su trance
- A papá le va a gustar ese anillo… ¿no te parece Daniel? – contestó Brisa
- Sí… papi se va a poner contento – contestó su hermano
- Pero… ¿que están diciendo ustedes dos, a ver? – quiso saber Guillermo
- Que querés regalarle a Pedro una alianza… ¿le vas a pedir casamiento? – quiso saber la niña
- Que astuta que sos… demasiado para tu edad. Pero no se… no sé si Pedro querrá… es demasiado pronto para eso – respondió Guillermo
- ¿Por qué no entramos y vemos que anillos tienen…? Papá te quiere Guillermo, mucho – respondió la niña
- Lo sé, y yo lo quiero a él… y también a ustedes dos… _ contestó Guillermo dándoles un beso en la cabeza a cada uno
- Entremos, vamos – contestó Daniel de la mano de Guillermo

En el local había un montón de joyas hermosas. Brisa estaba fascinada con tantas alhajas, collares, anillos, pulseras… Daniel miraba las joyas admirando su belleza, pero no podía entender como a su hermana la estaban volviendo loca. 
- ¡Qué hermoso que es todo…! Mirá que collares, pulseras… Mirá Guillermo _ respondió Brisa encantada
- Lo sé… pero no toquen nada… es todo muy delicado y se puede romper _ respondió Guillermo
- Está bien – respondieron a coro los niños
- Mirá… este anillo es bonito… creo que a papá le va a gustar – contestó la niña
- Sí… es muy linda… pero quiero algo más delicado… no tan llamativo – respondió Guillermo
- Buenos días caballero, ¿en que lo puedo ayudar? – quiso saber la vendedora - Estoy buscando alianzas de compromiso… algo que no sea muy ostentoso, algo delicado y suave – respondió Guillermo
- Creo que es lo que le va a gustar a su señora… venga por acá por favor – contesto la vendedora
- Señora… se va a comprometer con mi papá… no es una señora – respondió Daniel
- Daniel… cállate la boca – contestó su hermana 
- Niños, tranquilos… la señorita no tiene porque saber los detalles _ respondió Guillermo
- Bueno… en este caso ayuda caballero… Los anillos para las damas son mas trabajados, con mas detalles… Si es para un caballero, espero que este le guste… es de oro macizo, trabajado en un pequeño trenzado que lo hace único… de hecho es el único modelo que tenemos, son traídos de Italia – respondió la vendedora
- Es hermoso Guillermo… de verdad… le va a encantar – contestó Brisa
- Que te parece Daniel… ¿a tu papá le gustará? – quiso saber Guillermo
- Creo que si… a mí me gusta, ¿a vos? – quiso saber el niño
- Es perfecto… estas son las medidas de los anillos… y el grabado que sea este, ¿puede ser? – quiso saber Guillermo anotando los datos en un papel
- Por supuesto… pasen por aquí – contestó la vendedora. 
- Por favor niños… no quiero que le digan nada a su padre… voy a esperar el momento para esto… es difícil también para mí – respondió Guillermo
- Somos una tumba Guillermo, te lo juramos – contestó la niña haciéndole una seña a su hermano.

Esa noche, tanto la familia de Pedro como la de Guillermo decidieron cenar juntos en plan de reunión familiar, ya que en dos días se irían de ese lugar vacacional que tanto estaban disfrutando. 
Reunidos en la cena, los niños hablaban con Fabián y Valeria de los regalos que les había comprado Guillermo. También le habían comprado algo para su nieto, un bebé hermoso que los niños adoraban como si fuera su primo. 
Pedro notó que Guillermo estaba nervioso. Si bien conversaba y estaba disfrutando con la cena, sentía que algo lo atormentaba, y no era precisamente la pelea que habían tenido. 
Lo tomó delicadamente de la mano y en un gesto dulce le preguntó si estaba bien, obteniendo de su hombre una respuesta casi evasiva. 
- ¿Estás bien amor? – quiso saber Pedro
- Si… estoy bien – respondió Guillermo
- No me mientas… te pasa algo. ¿Querés que hablemos más tarde?  _ quiso saber Pedro
- ¿Te pasa algo viejo?... estás raro… ¿qué tenés? – quiso saber su hijo
- Estoy bien… no se preocupen tanto por mi… creo que tienen Guillermo para rato todavía _ respondió el maduro abogado evasivamente
- Te queremos, por eso nos preocupa que te pasa… ¿No querés contar...? Estás nervioso amor, ¿qué pasa?  – quiso saber Pedro aferrándose a su mano - Creo que es el momento adecuado… pero no sé que voy a hacer ni que va a pasar… Pedro, sabés que te amo y que mi familia, vos y los niños son mi prioridad en la vida… pero quiero que lo nuestro sea eterno… ¿me seguís? – quiso saber Guillermo
- Te sigo, claro, ¿pero a donde querés llegar? – quiso saber Pedro nervioso
- Ya estamos conviviendo y estamos bien… Estás en proceso de adopción de los niños y eso también va bien… pero quisiera que esto sea para siempre y si me aceptás, me gustaría que formalicemos nuestro compromiso – respondió Guillermo ante la mirada de todos 
- ¿Estás pensando lo que pienso que es?... ¿Vos querés…? _ quiso saber Pedro sonriente
- ¿Te casarías conmigo amor? – contestó Guillermo mostrándole la cajita azul - Que… Guillermo, son hermosos… Pero, pero… – respondió Pedro sin palabras
- Papi… decí que sí… un poco más y se muere comprando los anillos – contestó Brisa
- Papá… esto es… _ respondió Fabián anonadado
- Si, una locura… pero de amor. Que me decís Pedro, aceptás? _ quiso saber Guillermo
- Claro que acepto… Sos el amor de mi vida Guille… por vos tengo la familia perfecta. Ensamblada y perfecta… no puedo pedir más a la vida… los amo a todos – respondió Pedro besándolo en los labios
- Entonces Pedro… ponete el anillo – contestó Valeria
- Dejá, que me corresponde a mi colocárselo… Dame la mano amor – respondió Guillermo colocándole el anillo
- Ahora a mi… esto es una locura… me encanta – contestó Pedro colocando la alianza en el dedo de su hombre
- ¿Qué decís hijo…? Te quedaste mudo – quiso saber Guillermo
- Que los felicito… me gusta verte tan feliz papá… de verdad… felicidades _ contestó Fabián abrazando a su padre _ Formaste una familia maravillosa con Pedro… van a ser muy felices, de verdad – lo saludó Fabián con un fuerte abrazo
- Lo sé… gracias… ¿Y ustedes dos, como sabían de los anillos? – quiso saber Pedro
- Porque los compramos con papá… son únicos y de Italia – respondió Daniel - Papá… no soy tu papá Daniel… me encantaría – respondió Guillermo
- Ahora vas a casarte con papi, así que vas a ser mi papá también… no es así Brisa? – quiso saber el niño
- Claro… dos papás… me encanta. Los quiero mucho – contestó la niña abrazando a ambos padres.

Pasó un año y se acercó el día de la unión civil. Juan y José hacia ya cinco meses que se habían casado y estaban completamente felices por ello. 
Ahora era el día de sus amigos, y no sabían si estaban más nerviosos ellos o los propios contrayentes. 
La ceremonia fue hermosa. El Juez del Registro Civil los unió en matrimonio siendo el día más feliz en la vida de estos dos hombres. 
Sus hijos estaban encantados. Brisa lucía el vestido rosa que le compró Guillermo y Daniel un traje de Armani elegido por Pedro. 
Ambos contrayentes estaban vestidos elegantísimos. Pedro un traje a medida también de Armani que Guillermo no veía la hora de quitárselo, en tanto que éste lucía un traje a medida que a Pedro le pareció que le quedaba estupendo… Justo para quitárselo suavemente en su noche de bodas. 
La fiesta estuvo cubierta por periodistas que no querían perderse la boda del momento. Ambos abogados, reconocidos en el ambiente, contrayendo matrimonio. Se comportaron cordiales, sin armar escándalo, luego de que ambos abogados le dieran en exclusiva detalles de la ceremonia y de la familia feliz que habían construido juntos. 
Juan y José se acercaron a saludarlos, luego de que bailaran el vals, y saludaran a todos los invitados. 
- No puedo creer que por fin estás casado con Pedro… era hora _ respondió Juan a su amigo
- Ni yo puedo creerlo… pero estoy inmensamente feliz – respondió Guillermo - Se te nota amigo… por eso tenemos un regalo para ustedes dos… tomá Pedro – respondió José entregándole un sobre
- ¿Qué es…? No puede ser… ¿Tan pronto salió todo? – contestó Pedro sonriente
- ¿Qué es Pedro…? _ quiso saber Guillermo
- La sentencia de adopción plena de los niños… son oficialmente Grazziani- Beggio, mirá las partidas… ¿Los adoptaste también? _ contestó Pedro sorprendido
- Te dije que era mi intensión… ahora que sos de Grazziani… los niños también tenían que serlo – respondió Guillermo besándolo 
- Te amo… te amo tanto… Gracias a los dos por esto… se que pusieron de su parte para apurar los tramites – contestó Pedro
- Lo hicimos por los dos… son nuestros amigos… Ahora oficialmente son sus hijos y nuestros sobrinos – respondió Juan
- Claro que lo son… por supuesto – contestó Guillermo abrazando a su amigo Juez Arismendi
Luego de una fiesta maravillosa, los niños se quedaron a dormir con Laura, mientras que los flamantes amantes partieron a su noche de bodas. 
Pedro eligió el mismo hotel lujoso de aquella noche junto a Guillermo y la misma habitación. 
- En este cuarto amé por primera vez a un hombre… un hombre que cambió mi vida para siempre – contestó Pedro tomándolo de la cintura
- En esta habitación hice el amor por primera vez… de ahí en más mi corazón te pertenece Pedro… te amo – contestó Guillermo besándolo dulcemente. 
- Esa noche tenía mucho miedo… no sabía que iba a pasar ni como me iba a sentir… pero en tus brazos comprendí que nunca más iba a tener miedo, que eran mi armadura contra todo y contra todos… te amo Guille… por siempre – contestó Pedro aferrándose a sus labios. 
Entre besos y caricias lo llevó hasta el cuarto. Con sus delicadas manos comenzó de desvestir a su hombre dejándolo completamente desnudo sobre la cama. 
Pedro contemplaba aquel cuerpo tendido en el lecho nupcial que lo volvía completamente loco, a medida que se quitaba despacio el traje a medida junto con el resto de sus prendas, quedando a la vista de su hombre como Dios lo trajo al mundo. 
Se recostó sobre el cuerpo de Guillermo sintiendo el calor que emanaba. Este lo envolvió con sus manos pasando sus piernas por entre las del joven, provocando una ola de pasión en el joven muchacho. 
- Sos el mismo David… la estatua desnuda más famosa del mundo – respondió Pedro entre besos y caricias
- Me debes querés demasiado para compararme con el David… vos sos el mismo Dios de la belleza Pedro… reencarnado – respondió Guillermo respondiendo a los besos de su amado
- Entonces si somos dos dioses de la mitología antigua y símbolos de la virilidad y belleza, amémonos ahora… _ respondió Pedro reclamando ese cuerpo que lo seducía. 
Pasaron una noche llena de pasión sin límites. Ambos se amaron desesperadamente como si nunca se hubieran tenido. Pedro reclamó ese cuerpo sensual y seductor todas las veces que su alma se lo pidió, en tanto que Guillermo cumplió todos los deseos de su joven moreno, que parecía reencarnado y dispuesto a todas las batallas en nombre del amor.

- Buen día amor… _ lo saludó Pedro con un beso
- Buen día Sr. Beggio de Grazziani – respondió Guillermo con un beso
- Que lindo suena… aunque Grazziani de Beggio también suena bien – respondió Pedro abrazado a su hombre
- Suena hermoso… tenés hambre? – quiso saber Guillermo
- Un apetito voraz, pero que sea rápido porque tenemos que volar a Roma… Italia – respondió Pedro 
- ¿A dónde?... ¿Cuando decidimos ir de luna de miel nosotros? – quiso saber Guillermo
- Por vos nunca… pero los niños y yo queríamos un viaje en familia, y como a vos te gusta Italia, decidimos los tres ese destino – respondió Pedro sonriente - En complicidad con nuestros hijos… bueno… no puedo decir que no, vamos – respondió Guillermo
- No sin antes demostrarme que me querés  _ lo retó seductoramente Pedro - ¿Y cómo sería eso…? ¿Qué me proponés?  _ quiso saber Guillermo
- Una ducha caliente, unos masajes descontracturantes de tus manos por mi espalda y no se… el resto imagínalo vos – respondió Pedro sexy
- No tenés paz chiquito… y eso me encanta – contestó Guillermo llevándolo hacia la ducha.

Una vez que arribaron en Italia con los niños, los cuatro estaban fascinados. Pasaron dos semanas increíbles, conociendo lugares, museos, parques, el Coliseo Romano y las arenas de los gladiadores que a Daniel lo volvieron loco. 
Ya a punto de volver a Buenos Aires, pasaron la última tarde en familia recorriendo el Palacio Vecchio y la plaza Romana, cuando solita a la sombra de un árbol encontraron a una cachorra blanca hermosa. 
- Mirá papá, una perrita – respondió Daniel levantándola en brazos
- Es hermosa… ¿la podemos llevar papá? – quiso saber la niña
- No se… necesitamos hacer los trámites para el embarque, vacunarla, ni siquiera sabemos si es de alguien – respondió Guillermo
- Es adorable… mirá como besa a los niños… llevémosla amor – respondió Pedro
- Muy bien… ustedes ganan… ¿Cómo se va a llamar la peluda? – quiso saber Guillermo
- ROMA… porque aquí es donde nació – respondió Daniel
- Me gusta el nombre… además al revés significa AMOR…  _ respondió la niña - Es inteligente y astuta… igual a su padre, por supuesto – respondió Guillermo besándola en la frente
- Claro… y a mí no se parece? – quiso saber Pedro
- A los dos… somos de los dos, ahora vamos que tenemos que hacer los trámites que dijo papá – respondió la niña agarrando de la mano a Guillermo - Despacio cielito… que tenemos tiempo – respondió Guillermo

Una vez en Buenos Aires, pasaron dos años y no podían ser más felices. Los niños eran sanos, inteligentes, estudiosos y bien educados. Sus abuelos los empezaron a conocer de a poco, pasando tardes con ellos, mostrándoles fotos de sus otros hijos y nietos, con la promesa que alguna vez conocerían a esa rama de la familia. 
Recostados en la cama, Pedro y Guillermo no podían sentirse más contentos y felices. En medio de ellos, estaba dormida ROMA, la mascota peluda de la familia. 
- No podemos ser más afortunados Guille… tenemos todo lo que deseamos en la vida… gran parte te lo debo a vos – respondió Pedro abrazándolo
- Lo único que me hacía feliz hasta que te conocí eran mi hijo y mi nieto, pero ahora no puedo concebir una vida sin ustedes tres… los amo demasiado – respondió Guillermo
- Cuatro… esta es de la familia – respondió Pedro mirando dormir a la perrita - Por supuesto… Dieguito está fascinado con Roma… creo que mi hijo va a tener que pensar en comprarle un cachorrito – respondió Guillermo
- Cuando hablás tan romántico me excitás… ¿Lo sabías…? Tus palabras son un elixir para mi amor – respondió Pedro seductor
- Entonces… saco a Roma y soy todo tuyo – contestó Guillermo levantándose  - No… vení para acá… dejala, está dormida… solo dame un beso de las buenas noches amor – respondió Pedro 
- Buenas noches lindo… que sueñes conmigo – contestó Guillermo sensual
- Eso lo hago todas las noches… te amo – respondió Pedro besándolo dulcemente
- ¿Podemos dormir con ustedes?.... Roma está cómoda ahí en medio  - quiso saber Daniel 
- Bueno… vengan… pero solo por esta noche – respondió Pedro abrazando a sus hijos
- Te quiero papá… buenas noches – saludó la niña abrazando a Guillermo
- Yo también los quiero preciosos…. Ahora a dormir – respondió Guillermo abrazado a su hija. 
En el calor de la noche, los cuatro se quedaron profundamente dormidos abrazados mutuamente. Roma se acomodó entre ellos, sintiendo el calor de los cuatro cuerpos que conformaban su familia adoptiva… en su mente sintió que estaba en casa, y que ese amor accidentado que comenzó con tan solo una pelea terminó en una hermosa familia… Ahora, su familia…

- FIN- 
(By Verónica Lorena) 

5 comentarios:

  1. Felicitaciones hermosa tu historia y por favor volve a escribir. Aquí te espero ansiosa del otro lado del río

    ResponderEliminar
  2. Sinceramente conmovida por esta tierna y dulce historia de amor. Felicitaciones Verónica por tu exitoso debut y será un inmenso placer seguir leyéndote. Un abrazo Guilledrista y gracias por seguir sosteniendo esta trinchera que también fue un "acto de fe"
    ¡Besosssss!

    ResponderEliminar
  3. Gracias. Me encanta este espacio donde podemos compartir nuestras historias.... Muy agradecida. Verónica

    ResponderEliminar
  4. Cerraste con broche de horo realmente bella apasionante y divertida me gusto mucho en verdad espero la proxima historia FELICITACIONES

    ResponderEliminar