
CAPITULO 4
“Es que desde que te conocí supe que podría volver a creer en el amor, en sentir esa sensación de cosquillas en la panza, de latir con fuerza el corazón y todas esas cosas de película… No sé que siento de verdad Pedro, pero te contestaría que ahora, en este estado, podría llevar una alianza de compromiso sin importarme nada de nada de lo que piensen de mí.” Había respondido Guillermo
- Bueno… que fuerte… Pero no creo que solo yo haya dado vuelta tu vida en esa forma. Debiste haber conocido a alguien antes que a mí – quiso saber Pedro
- Juan y José fueron unos compañeros fabulosos. Ambos mis parejas y actualmente mis amigos. No culpo a José que todavía esté enojado conmigo… él es como vos, dulce, romántico, lindo… pero en esa etapa de mi vida yo era otro, no creía en nada… no sabía cómo amar ni dejar que me quisieran – contestó Guillermo mirándolo a los ojos
- ¿Por qué me contás todo esto…? No nos conocemos… no sabemos cómo somos… no somos amigos – respondió Pedro mirándolo serio
- Porque confío en vos, creo en vos… Creo en esto que tenemos, en esta especie de amistad rara pero hermosa… Sé que suena raro, sé que sabés que me gustás, pero no querés admitirlo – respondió Guillermo tomando un sorbo de vino
- Se que te gusto, no soy tonto… pero no quiero pensar en eso. No quiero ilusionarme con una utopía y luego ver que todo era una mentira. Vos, ahora, ¿qué me contestarías si te propusiera casamiento, aceptarías? – quiso saber Pedro
- Si… por vos lo haría. Pero sé que no va a pasar… _ contestó Guillermo dejándolo sin palabras
- Ganaste… Esta comida está riquísima… y la música hermosa. ¿De verdad era buena tu abuela? – preguntó Pedro
- Lo era… ¿Querés postre? – quiso saber Guillermo
- Dejalo para más tarde. Ahora quiero que le pongas música a mi poema… ya te dije, me gusta lo romántico – contestó Pedro acercándose al piano
- Bueno… ¿que te parece este estilo? – quiso saber Guillermo tocando unas notas rápidas
- No… nada que ver… las palabras son hermosas, inspiran puro amor. Me lo imagino con algo dulce, suave, unas notas de música clásica con mezcla de balada… Es un disparate, estoy loco – respondió Pedro saliendo de su trance
- ¿Así…? Esto es lo que siento, lo que mi inspiran – contestó Guillermo tocando unas suaves notas al piano que calzaban perfectamente con las frases que Pedro leía en voz alta.
- Es perfecta… gracias – contestó Pedro dándole un cálido beso en la mejilla
- De nada… _ respondió Guillermo acariciándole el rostro con una sonrisa.
Luego de comer el postre y compartir una copa de coñac como sobremesa, Pedro no quería que la noche se terminara. Era perfecta.
Guillermo se sentía perdidamente enamorado de aquel joven. En cualquier ocasión ya se habría lanzado como un animal rabioso sobre aquel cuerpo que tanto le gustaba… Pero con Pedro era distinto… No quería forzar nada. La noche, así como estaba, era perfecta.
Sentados en el sillón mirando unas fotos viejas de su hijo, a las que Pedro contemplaba como si fuera propio, apareció de improviso Fabián, quien al verlos riendo juntos se quedó helado.
- Hola hijo, ¿qué hacés en casa? – quiso saber Guillermo
- Hola viejo, es que los chicos fueron a una fiesta y la verdad no tenía ganas de ir… pero si molesto me voy – respondió Fabián mirando a Pedro
- Para nada… Pedro, él es mi hijo Fabián… Hijito, él es Pedro Beggio, abogado y socio del estudio… _ los presentó Guillermo
- Encantado de conocerte… estamos mirando fotos tuyas… con todo lo que tu padre me habló de vos siento que te conozco de antes – respondió Pedro
- Mi papá siempre habla maravillas de mi… soy su hijo. ¿Vos sos el que ayudó a papá en el juicio con mamá? – quiso saber Fabián sentándose a su lado
- Sí… Bueno, no lo ayudé, me pidió un consejo y se lo di… No quiero meterme en la vida de nadie, menos en la de tu mamá y en la tuya – respondió Pedro asustado
- No es un reproche Pedro… te lo agradezco. Mamá es impulsiva pero el tío Miguel de verdad es una lacra viviente… Mi viejo me habló de vos… bien por cierto – respondió el joven con una sonrisa
- Que bueno… _ contestó Pedro
- ¿Esa es tu abuela papá? ¿Pusiste un disco de la nana? – quiso saber su hijo
- Sí… me gusta recordarla a veces… ¿La saco? – quiso saber Guillermo
- ¡Para nada…! Hacía mucho que no lo escuchaba… ¡Me encanta como tocaba! Me recuerda a cuando vos lo hacías… ¿Eso quiere decir que volviste a tocar el piano? – quiso saber el joven
- Sí… Pedro volvió a inspirarme en la música. De verdad hacía mucho que no tocaba – contestó Guillermo mirando a Pedro enamorado
- Gracias Pedro… nadie pudo hacerlo volver a sus raíces. No sé como lo hiciste pero gracias… Ahora quiero escucharte yo… _ respondió su hijo impaciente
- No se… estoy algo oxidado… _ respondió Guillermo
- Dale Guille… tocá algo para tu hijo… yo preparo café para los tres. ¿Les parece? – quiso saber Pedro
- Dale viejo… vamos al piano – contestó su hijo
- Bueno hijito… vamos – respondió Guillermo colocándose junto a su hijo en el hermoso instrumento.
Mientras que Pedro en la cocina preparaba café, podía escuchar la música que emanaba de ese hermoso piano. Música que salía de esas manos recias y fuertes que tanto le gustaban y que cada vez que lo tocaban le producían una ola de pasión nunca experimentada.
Guillermo junto a su hijo estaba tocando algo de música clásica, baladas, alguna que otra canción que le pedía Fabián y que este cantaba a la par de las notas…. Estaban disfrutando el momento. Padre e hijo en esa noche reafirmaron su relación… Era para los tres, una noche perfecta.
Luego de música y charla, se hicieron las cuatro de la mañana y todos estaban cansados. Fabián saludó a su padre y a Pedro, invitándolo a quedarse a dormir ya que era demasiado tarde para conducir.
- Buenas noches viejo… Pedro, quedate. Es tarde – Dijo el joven
- Te agradezco la invitación pero no quiero incomodarlos… de verdad pasé una noche perfecta. Gracias a los dos – respondió Pedro abrazando al joven
- No agradezcas… nosotros pasamos una noche perfecta. Sin vos mi papá no hubiera vuelto a tocar el piano…. Es una de las cosas que extrañaba en esta casa. Gracias – contestó el joven
- Bueno… a dormir hijo. Pedro… quedate. Hay lugar de sobra – respondió Guillermo
- No muerde Pedro… _ respondió Fabián con una sonrisa pícara
- No seas insolente hijito… mejor andate a dormir vos – contestó Guillermo enfadado
- No te enojes con él… Está bien, me quedo – respondió Pedro
- Buenas noches – saludó el joven.
- Buenas noches – respondieron ambos abogados.
Guillermo estaba nervioso. Nunca antes había pasado por una situación así. Que su hijo conociera una de sus parejas y que lo aceptara así de fácil era toda una sorpresa… Y eso lo asustaba demasiado.
Pedro no sabía qué hacer ni que decir. Sabía que se había metido en la boca del lobo pero no quería irse. Se sentía demasiado bien como para terminar esa noche solo en su casa.
- Se que esto no es fácil Pedro… y de verdad no se qué hacer – respondió Guillermo sincero
- Solo dame una manta y un pijama que duermo en el sillón… la noche fue perfecta para mí – respondió Pedro mirándolo
- Para mí también… y lo es todavía. Sos increíble… _ contestó Guillermo
- Se que hubieras querido que pasara otra cosa Guille, no soy tonto, pero dame tiempo…. Sos encantador, me gustás, pero no sé cómo seguir –respondió Pedro sincero
- No hace falta que me pidas nada… creo que yo también necesito ese tiempo… los dos… Ahí tenés el baño. Hacé lo que quieras, ahora te traigo las cosas – contestó Guillermo acariciándole la mejilla
- Gracias – respondió Pedro dirigiéndose hacia el baño.
Luego de lavarse la cara y pensar en todo lo que su corazón quería y su mente deseaba, salió del cuarto de baño encontrándose a Guillermo parado junto al sofá con una almohada, las mantas y ropa de cama de su hijo.
- Acá tenés todo… almohada, mantas, sábanas… Te ayudo a armar la cama – respondió Guillermo levantando los almohadones
- Gracias… no tenés que hacerlo – contestó Pedro ayudándolo
- No me cuesta nada… Ahí está, todo listo. Ahora, que tengas buenas noches precioso – respondió Guillermo entregándole el pijama
- Buenas noches Guille… _ contestó Pedro tomando la ropa y rozándole las manos
En ese momento de silencio y calidez, ambos hombres se quedaron mirando.
No sabían cómo seguir y ninguno de los dos quería apartarse del lado del otro.
Sin pensarlo, Pedro se acercó suavemente hacia su hombre, pegándose casi a su cuerpo sin tocarlo. Encontrándose ambos frente a frente, casi pudo sentir el palpitar del corazón de Guillermo y el aliento a menta que emanaba de esa tentadora boca.
Guillermo se quedó quieto viendo como aquel joven se le acercaba de manera sensual. Su cabeza estaba dándole vueltas y por primera vez se encontró paralizado frente a un hombre… Sintió en esa cercanía el palpitar de su corazón latir de manera agitada, ese perfume jovial de fragancia dulce pero varonil que tanto lo atraía y esa boca carnosa de la cual emanaba ese sabor a menta del dentífrico que lo invitaba a morderla.
Sin poder contenerse, ambos hombres de manera temerosa pero decidida, se tomaron de la cintura dándose un apasionado y esperado beso en los labios.
En el momento en que sus bocas se cruzaron, ambos volvieron a recordar aquella noche a oscuras donde se besaron por primera vez, donde se amaron ciegamente y donde se separaron para nunca olvidarse.
Guillermo comenzó a saborear esos labios carnosos y dulces, regalándole unos besos tiernos pero apasionados. Al recorrer la espalda de aquel joven pudo volver a sentir ese calor, esos latidos, ese cuerpo torneado debajo de la ropa que jamás podría quitarse de su mente.
Pedro, con cada beso de aquella boca suave y a la vez apasionada, sentía que era él aquel hombre misterioso. Cerró los ojos y colocó sus manos sobre la cabellera de Guillermo, comenzando a recorrerla suavemente, sintiendo las mismas entradas, la misma finura de aquellos cabellos danzando entre sus dedos… Era perfecto, era su hombre… Era suyo y lo amaba con locura.
- Sos vos precioso… sos vos – respondió Guillermo mirándolo con los ojos llorosos
- No puede ser, ¿aquella noche eras vos…? En ese bar a oscuras… siempre fuiste vos Guille – respondió Pedro llorando de emoción
- No sabés las veces que te soñé… que te busqué… que recorrí cada espacio de ese lugar en mi mente para hacerme una imagen de vos… hasta que te conocí y sentí que te había encontrado… Aunque no estaba seguro _ respondió Guillermo secándole las lágrimas con las yemas de sus dedos
- Tu perfume… ese olor a madera y pino que me quedó grabado en la memoria, nunca pude olvidarlo… Cuanto te conocí lo volví a sentir… quise creer que eras vos… pero no lo sabía con seguridad – respondió Pedro aferrándose a sus brazos
- Definitivamente es una noche perfecta… nos conocimos, nos besamos en penumbras, nos volvimos a encontrar, nos volvimos a elegir… Es maravilloso esto – respondió Guillermo besándolo en la frente
- Eso fue tan dulce, tan romántico Guille… sos perfecto. – respondió Pedro besándolo en los labios
- No sé si soy perfecto… pero vos sos la parte de mí que faltaba… nos complementamos… Te quiero Pedro – contestó Guillermo besándolo suavemente.
- Te quiero Guille… y agradezco que seas mío – respondió Pedro abrazándolo con fuerza
- Lo soy… y de nadie más… Lo juro – contestó Guillermo apartándose suavemente. - Buenas noches cielito… que duermas bien – saludó Guillermo despidiéndose con un beso apasionado.
- Buenas noches amor… dormí bien – contestó Pedro respondiéndole el beso.
Esa noche ambos hombres, a pesar de estar separados, durmieron como dos angelitos. Sabiendo que se habían encontrado, ya nada iba a ser igual que antes. Estaban enamorados… y ambos lo sabían.
A la mañana siguiente Guillermo se despertó temprano. Se duchó y bajó a la cocina para preparar el desayuno. Ya bajando las escaleras, pudo ver a Pedro durmiendo plácidamente. Se acercó al sillón y se agachó a su lado, notando como respiraba pausado y la cabellera completamente alborotada.
- Buen día cielito – saludó Guillermo despertándolo con un beso en la mejilla
- Buen día amor… es el amanecer más hermoso de mi vida – contestó Pedro dándole un cálido beso en los labios
- No quiero ser aguafiestas… pero el día que amanezcamos juntos… los dos abrazados en la cama, ese sí va a ser el mejor amanecer de mi vida _ respondió Guillermo ayudándolo a levantarse
- Ese también… pero por ahora me conformo con este. Tus besos son el elixir de la vida Guille. Un secreto…? ¡Me vuelven loco! – contestó Pedro provocador
- Arrancamos con todo por lo visto… No me provoques cielito… que así como me ves, no conocés al Guillermo ardiente y apasionado – contestó Guillermo seductor
- Bueno… sé que no es momento ni el lugar, pero un adelanto podrías darme – respondió Pedro provocador
- Como quieras – respondió Guillermo agarrándolo con firmeza entre su cuerpo y dándole un apasionado beso en los labios.
Entre cada beso y caricia, Guillermo le regalaba suaves besos alrededor del cuello que provocaban en su joven perdición una ola de deseo inexplicable. Sin poder controlarlo, Pedro aferrado al cuello de su hombre emitió un suave gemido en el oído de Guillermo, lo que provocó en este una pasión desmedida.
- ¡Guau…! Eso fue bueno…. muy bueno – respondió Pedro saliendo del trance que le provocaron esos besos
- Si que fue bueno… hermoso… sos riquísimo cielito – contestó Guillermo volviéndolo a besar
- Bueno… tranquilo Casanova… guardemos algo. Vamos a preparar el desayuno – respondió Pedro apartándolo suavemente
- Hacele caso viejo…. No vaya a ser que lo muerdas y lo conviertas en vampiro – contestó su hijo saliendo de su cuarto en pijama
- Bueno días primero… y no seas… _ respondió Guillermo siendo callado por los suaves dedos de Pedro sobre su boca
- Dejalo… tiene razón… controlémonos. Perdón Fabián… no debiste ver lo que viste – se disculpó Pedro
- No me molesta Pedro… Siendo sincero… me gusta ver a mi viejo tan bien con alguien. Hacía mucho que no estaba tan contento. Eso se debe a que estás acá, con él… eso es bueno – respondió Fabián sentándose en la barra de la cocina
- No sé qué decirte… gracias. Me hace bien esto… sé que no somos una familia ni mucho menos… pero estar acá con ustedes me hace bien… Tu papá me llena de paz…. Sé que puedo contar con él y me gusta eso – contestó Pedro sentándose a su lado
- Estoy acá… no hablen de mi como si fuera un fantasma… _ contestó Guillermo besando a su hijo en la cabeza
- Dale viejo, que esto te encanta… Mirá como se pone… se le infla el pecho de tantos halagos _ contestó su hijo mirándolo sonriente
- Bueno… un poquito me gusta. Me gusta esto, estar así… con ustedes. ¿Está mal? – quiso saber Guillermo
- Para nada… al contrario. No te enojes viejo, sabés que te quiero y que quiero lo mejor para vos – respondió su hijo mirándolo.
- Lo sé hijito… no me enojo. No podría enojarme en este momento cuando estoy con las dos personas que más quiero – contestó Guillermo sincero
- Bueno… esto es fuerte… necesito un poco de cafeína, pura por favor _ respondió Pedro evadiendo la charla
- Enseguida – contestó Guillermo sirviendo el desayuno.
Luego de desayunar los tres hombres tranquilos, entre risas y una charla casi familiar, Fabián le recordó a su padre que dentro de una semana se mudaría con su novia Valeria, donde alquilarían un departamento a fin de probar la convivencia.
Una vez dicho esto, el joven saludó a su padre y partió rumbo a la facultad, dejando a los dos abogados solos y disfrutando del desayuno.
Luego de terminar de charlar de temas relacionados con el estudio, principalmente con el caso relacionado con el divorcio millonario, Pedro se levantó dirigiéndose al sillón en busca de su ropa.
- Te podés bañar acá cielito… después vamos juntos al estudio – dijo Guillermo con ojos tiernos
- Lo sé, pero prefiero ir a casa y cambiarme de ropa… De verdad disfruté mucho anoche y este riquísimo desayuno – respondió Pedro sonriente
- Después de anoche no sé si pueda dejarte ir, de verdad me tenés preso chiquito – contestó Guillermo comenzando a besarlo lentamente por el cuello
- No hagas eso Graziani… sabés que me encanta – contestó Pedro extasiado por los besos
- Lo sé, por eso lo hago… _ respondió Guillermo tomándolo fuertemente de la cintura y siguiendo con los dulces besos
- Ya sabés mi punto débil ¿Cuál es el tuyo Guille? – quiso saber Pedro abrazándolo por la espalda
- No se… buscalo vos – contestó Guillermo besándolo apasionadamente. A medida que ambos hombres recorrían sus bocas al compás de dulces y apasionados besos, Guillermo comenzó a trazar suaves caricias en la espalda de aquel joven, pasando sus manos debajo de la remera que tapaba ese cuerpo perfecto. A medida que lo acariciaba, comenzó a recorrer el cuello de Pedro con apasionados besos, a lo que el joven abogado no pudo evitar emitir un suave gemido de placer.
A medida que recorrían sus cuerpos, Guillermo lo acostó sobre el sillón recostándose sobre Pedro, quien seguía acariciando la espalda de su maduro caballero extasiado por el deseo que sentía. Sin pensarlo, pasó sus manos por debajo del pantalón de Guillermo, acariciándole los muslos delicadamente, aprisionándolos contra su cuerpo para sentirlo más cerca de su piel.
A medida que posaba sus delicados dedos sobre las nalgas de Guillermo, este emitió un gemido de placer, provocando en Pedro una ola de excitación casi incontrolable.
Habiendo encontrado el punto débil del cuerpo de su hombre, recorrió con sus manos las piernas de Guillermo debajo de los pantalones, sintiendo como se le erizaban los vellos de las piernas.
Entre los besos dulces en el cuello del joven y las caricias que este le estaba regalando sobre sus nalgas y piernas, Guillermo comenzó a moverse suavemente sobre el cuerpo joven que reposaba debajo de él, sintiendo como este se excitaba a su contacto.
- ¡Ah… Pedro…! No puedo más, de verdad sos exquisito – respondió Guillermo entre caricias y suaves gemidos
- No sé si pueda dejarte Guille… no puedo pensar… te deseo demasiado –respondió Pedro acariciándolo con ternura
- No quiero que me dejes, soy tu prisionero… tus besos me hacen más joven, me dan ganas de vivir. Tus caricias son el elixir de mi alma… de verdad te amo Pedro – respondió Guillermo besándolo suavemente
- Te amo mi vida… te amo – contestó Pedro respondiendo a sus besos
Luego de recorrerse cada parte de sus cuerpos, Guillermo se acomodó en el sillón abrazándolo con fuerza. Pedro se colocó a su costado, de espaldas a él, recibiendo ese abrazo que tanto necesitaba. Juntos y en silencio, se quedaron recostados.
- Se que no es el momento ni el lugar Pedro… pero de verdad te deseo… No sé cómo puedo contenerme, no me reconozco – le dijo besándolo en la cabeza
- Lo hacés por mi Guille, lo sé… yo también te deseo y mucho… pero ahora no puedo… cenemos a la noche, en casa… cocinamos juntos, ¿te parece? – quiso saber Pedro
- Me parece… ¿qué vamos a cocinar? – quiso saber Guillermo
- Carne al horno con papas… me encanta. Yo me encargo de todo, hasta del postre – respondió Pedro girándose para besarlo en los labios
- Tus besos son mi postre… pero trato hecho, dejo todo en tus manos –respondió Guillermo aferrándolo contra su cuerpo
- Cuando querés son romántico Graziani… A cuantos les habrás dicho lo mismo – quiso saber Pedro sonriente
- A nadie… solo a vos… quiero que nuestra primera vez sea como vos te lo merecés… Romántica, inolvidable _ contestó Guillermo mirándolo a los ojos
- ¿Tu primera vez…? Si hombres no te faltaron, ¿o me equivoco? – quiso saber Pedro
- No te equivocás… pero nunca sentí lo que siento por vos con nadie… con vos conocí el amor Pedro… _ respondió Guillermo besándolo en el cuello
- No sigas Guille, por favor… que no puedo resistirme… me encanta esto, tus besos, estar así con vos… me podría acostumbrar para siempre – respondió Pedro levantándose
- Por mí no hay problema… cielito – respondió Guillermo agarrándolo de la mano y tirándolo nuevamente sobre el sillón.
- Dale! Vamos… que hoy viene el cliente… Tenemos que revisar un montón de papeles del caso… Se nos va a hacer tarde – contestó Pedro besándolo en los labios
- Está bien cielito… Solo porque me lo pedís así… con besos _ contestó Guillermo saboreando nuevamente el néctar dulce de sus labios.
CONTINUARÁ
¡Que hermosa historia Verónica! Cada capítulo me enamora un poco más. Romántica y tierna. ¡Gracias por compartirla con nosotr@s! Abrazo guilledrista!!!
ResponderEliminarFelicitaciones por dos razones
ResponderEliminarPRIMERO POR LO ROMÁNTICO DE TUS FICCIONES Y SEGUNDO POR MANTENER ENCENDIDA LA LLAMA DEL BLOGSPOT
Y AGUANTAR LA TRINCHERA
MARA ROSAS
Me encanta que me acompañen en este camino guilledrista. Me gusta que cada capítulos las enamore junto a ellos. El amor resiste recordandolos. Gracias. Verónica
ResponderEliminarMe encanta que me acompañen en este camino guilledrista. Me gusta que cada capítulos las enamore junto a ellos. El amor resiste recordandolos. Gracias. Verónica
ResponderEliminar