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domingo, 1 de abril de 2018

"AMOR OSCURO" - Cap. 8 - (By Verónica Lorena)








CAPITULO 8

Pasaron tres días y Guillermo no reaccionaba. Lo habían operado de un balazo en el brazo que le provocó la pérdida de mucha sangre. En esos tres días Pedro no se apartó de su lado. No quería comer, estaba desesperado por la recuperación de su hombre, quien hasta ese momento no despertaba de ese sueño en donde estaba sumido.
Fabián le había traído una muda de ropa, porque se negaba a dejarlo solo. Su aspecto era desgarrador, demacrado, cansado.
- Pedro, necesitás descansar… Hace tres días que no te movés de esa silla… Andá a casa. Dormí un poco – respondió Fabián tomándolo de los hombros
- No quiero dejarlo… Lo amo demasiado para perderlo ahora… No puedo Fabián, no puedo – respondió Pedro aferrado a la mano de Guillermo
- Él también te quiere Pedro… lo sabés. No puede vivir sin vos. Andá a descansar, ¿o querés que te vea así…? Todo demacrado – respondió el joven
- Tenés  razón… es que estoy desbordado. Mañana temprano estoy acá  _ contestó Pedro cansado
- Quedate tranquilo… yo me quedo con él… Andá, y gracias por ayudarme  –respondió el joven
- Vos y Guillermo son las personas que más quiero, no podía no hacer nada – respondió Pedro sincero
- Sos un tipazo Pedro… mi papá con vos va a ser muy feliz… Sabés que te quiero también – respondió Fabián abrazándolo
- Lo sé… haría cualquier cosa por ustedes… tu papá es mi vida, lo necesito conmigo – contestó Pedro
-  Tiene mucha suerte de tenerte, ahora andá a descansar – contestó el joven despidiéndolo.
-  Está bien chiquito… Nos vemos mañana – contestó Pedro tocándole la cara
-  “Chiquito”… te estás pareciendo a mi viejo… me gusta  –  respondió Fabián con una sonrisa
- Un poquito me siento como tu papá… aunque sé que no lo soy. En todo caso tu padrastro – respondió Pedro sonriente
-  Eso me gusta… Descansá Pedro… andá – contestó el joven Graziani
-  Está bien… nos vemos – respondió Pedro retirándose.

En la soledad de su hogar, Pedro cansado, se dirigió al cuarto que desde hacía dos años compartía con Guillermo. Se recostó en la cama quedándose quieto, pensando en todos los momentos hermosos compartidos con su hombre, en todas las caricias y suaves besos que le regaló sobre esas sábanas, esas recias manos recorrerle el cuerpo, amándolo como solo ellos sabían hacerlo.
Esa cama conocía todos sus secretos, era la testigo de todas esas noches de amor salvaje, sensual y pasional que se regalaban sus cuerpos entrelazados. Sobre ella, desde hacía dos años se estaban jurando amor eterno…. Abrazado
a la almohada de su hombre, se quedó profundamente dormido.
A las tres de mañana Guillermo despertó en silencio, notando a su hijo recostado en el sillón de su habitación. Este sintió el ruido de la cama de su padre acercándose a su lado.
-  Hola papá… ¿estás bien? – quiso saber Fabián acariciándole la cabeza
- Hola hijito… Estoy bien, un poco dolorido… ¿Cómo estás vos?  –  quiso saber Guillermo
-  Estamos bien, todos… no te muevas viejo, descansá – respondió su hijo
- ¿Pedro…? ¿Dónde está…? Quiero verlo hijito – le preguntó Guillermo queriéndose levantar de la cama
-  No viejo… quedate  quieto… A Pedro lo mandé a casa, desde hace tres días no se despega de esta silla… estaba agotado –respondió su hijo
-  Hiciste bien… ¿Qué me pasó? – quiso saber Guillermo
- Te disparó Miguel… el tío está muerto… estaba involucrado en el secuestro de esa mujer de tu caso… Pedro la encontró, estaba conmigo, secuestrada –respondió su hijo
- Es increíble… no siento nada por la muerte de mi hermano… pero tenía pánico por tu vida y la de Pedro… sin ustedes me muero hijo – respondió Guillermo mirándolo
- Ya pasó todo  viejo… estamos bien… ahora descansá, por favor  – respondió su hijo
- Está bien… dormí un poco hijito… _ contestó Guillermo quedándose dormido.
A la mañana siguiente, después de haber dormido casi un día entero, Pedro se despertó como nuevo. Miró el costado de su cama y sintiendo la falta de su hombre acarició suavemente el costado de su cama… Lo necesitaba a su lado.
Después de darse una ducha, se vistió con la ropa preferida de Guillermo, se guardó en el bolsillo la cajita con los anillos y bajó a desayunar. Se sirvió un café negro y cargado, se agarró una tostada, las llaves de su auto y comiéndosela por el camino salió hacia el sanatorio.
Al llegar vio a Fabián sentado al lado de la cama de su padre, quien estaba profundamente dormido.
-  Hola Fabián… ¿cómo está? –quiso saber Pedro
- Está muy bien… ayer a la madrugada se despertó y preguntó por vos… quedate tranquilo – respondió el joven agarrando sus cosas
-  Gracias por todo… yo me quedo – contestó Pedro 
-  No es nada… es mi viejo… Si te quedas me voy a casa, que quiero ver cómo está Valeria… se preocupó mucho con todo esto – respondió el joven
-  No te preocupes… nos vemos más tarde – saludó Pedro
-  Nos vemos Pedro – saludó Fabián retirándose.
Pedro lo contempló dormir plácidamente. Le dio un beso en la frente y despacio, sin hacer ruido, se dirigió hacia la ventana. Hacía un día precioso, ideal para compartirlo con su hombre.
Guillermo se despertó en silencio y al girar la cabeza notó que Pedro estaba mirando por la ventana, de espaldas a él. Recorrió con una mirada tierna  cada rincón de ese cuerpo que tanto amaba: esos hombros pequeños pero firmes, esa espalda extremadamente sensual, esas nalgas que lo tenían completamente perdido y esas piernas torneadas producto de mucho gimnasio.
-  Buen día cielito – saludó Guillermo con una sonrisa
-  Buen día amor…  ¿cómo estás?  –  quiso saber Pedro acercándose a su lado
- Ahora que te veo mejor… un poco dolorido pero estoy bien… _  respondió Guillermo mirándolo
- Creí que me moría Guille… cuando te vi herido se me paralizó el corazón –respondió Pedro tomándolo de la mano
- Todavía tengo leña para rato cielito…ahora, dame un beso – contestó Guillermo tomándolo de la nuca suavemente
-  Claro – respondió Pedro besándolo apasionadamente
-  El día del secuestro quería agasajare Pedro… quería prepararte una  cena especial, pero lo arruiné todo, perdóname – respondió Guillermo angustiado
-  Shhh… cállate amor… _ Pedro lo calló con sus dulces manos sacando del bolsillo la caja roja. - Con este anillo y amor te pido…  ¿querés ser mi futuro esposo?  –  le preguntó Pedro colocándole la delicada alianza en su dedo
-  Que… ¿los encontraste?… _ preguntó Guillermo notando la alianza en su dedo
- El día que te dispararon los saqué de tu saco antes de que te trajeran al hospital… Ahora, que me respondés… ¿Querés ser mi futuro esposo?  – quiso saber Pedro ansioso
- Claro que quiero… ¿Y vos cielito…? Con este anillo y todo mi amor…  ¿Querés ser mi futuro esposo?  –  le preguntó Guillermo colocando la alianza en el dedo delicado de Pedro
-  Si quiero… para siempre – respondió Pedro fundiéndose en un apasionado beso en los labios
- Buen día Guillermo… veo que está en buenas manos _ saludó la enfermera viendo como ambos hombres se besaban dulcemente.
- En las mejores _ respondió Guillermo tomando de la mano a Pedro
- Tengo que revisarle la herida y se tiene que bañar Guillermo… en un rato le traen la comida…  _ respondió la enfermera
-  Está bien… _ respondió Guillermo acomodándose en la cama
-  Si gusta puede esperar afuera… cuando esté listo puede pasar  –  contestó la enfermera dirigiéndose a Pedro
- Si quiere puedo ayudar a bañarlo… es que Guillermo es muy pudoroso… ¿Usted me entiende, no? – quiso saber Pedro
- Pedro… me hacés poner colorado… ¿Qué va a pensar la enfermera? –respondió Guillermo mirándolo a los ojos
-  Si quiere, por mi mejor… Guillermo, déjeme ver la herida – le ordenó la enfermera
- Está perfecta… Bueno, si quiere lo ayudo a ir hasta el baño… Levántese despacio – le ordenó la enfermera
- Está bien Rosita… puedo solo… O mejor, ayudame Pedro por favor –respondió Guillermo leyendo el nombre de la enfermera en el delantal
-  Sí… despacio Guille… vamos  – respondió Pedro ayudándolo a levantarse llevándolo al cuarto de baño
- Bueno, los dejo… en media hora le traen el almuerzo… permiso – respondió la enfermera retirándose.
Pedro lo ayudó a entrar a la ducha. Le sacó la bata dejándolo completamente desnudo, solo con el vendaje en la herida. Se sacó la camisa para ingresar a la ducha y ayudarlo a bañarse, fijando la vista solo en el vendaje.
- Estoy bien Pedro… no me duele demasiado – respondió Guillermo mirándole el rostro
- Es que me duele a mí verte así  –  le respondió Pedro tocándole la herida despacio.
- Ayudame a ducharme… no me puedo pasar el jabón por la espalda amor  –respondió Guillermo mirándolo sensual
-  Sí, claro – contestó Pedro quitándose los pantalones
-  Quitate el bóxer amor… lo podés mojar – le pidió Guillermo
- Si claro… vos lo que querés es verme desnudo – le contestó Pedro quitándose la última de sus prendas
-  Sos tan lindo chiquito… tan lindo… ayudame, dale  –  respondió Guillermo entregándole el jabón séptico.
Pedro comenzó a enjabonarle la espalda con movimientos suaves y sensuales. Recorría con sus delicadas manos los hombros varoniles de su hombre, las nalgas, las piernas.
Guillermo se dejó llevar por la delicadeza con que aquel joven estaba recorriendo su cuerpo. Al tenerlo frente a él deslizando sus manos por su pecho velludo, no pudo contenerse y tomándolo de la cintura le robó un apasionado beso en sus carnosos labios.
- Creo que estás mejor Guille… Ahí pasate vos… _ respondió Pedro entregándole el jabón
-  Como que nunca  lo tocaste chiquito,  ¿ahora te ponés pudoroso?  –  quiso
saber Guillermo enjabonándose su zona prohibida
-  No seas grosero… dale _ contestó Pedro mirándolo excitado
- Tenés razón… perdóname… es que estás tan sexy  _ respondió Guillermo tomándolo de la cintura
- Ahora no… tenemos poco tiempo – respondió Pedro aferrándose a su cintura
-  Te amo – le contestó Guillermo besándolo apasionadamente.
Ambos hombres se fundieron en un beso lleno de pasión. Guillermo lo tomó en sus brazos recorriéndolo suavemente con sus manos. Pedro sintió por su espalada las delicadas caricias de su hombre, tomándolo de las nalgas con fuerza, aferrándolo contra su cuerpo. El fuego que sentían  por dentro era incontrolable. Colocó sus manos en la entrepierna de su hombre sintiendo como este respondía a su tacto.
Guillermo lo colocó de espaldas en la ducha y entrelazando sus manos lo hizo parte de su cuerpo. Una y otra vez lo reclamaba suyo. A medida que sus caderas danzaban sobre el cuerpo jovial de Pedro, éste respondía con suaves gemidos de placer, extasiado por el deseo de tenerlo dentro.
Luego fue Pedro quien con sus delicadas manos recorrió el cuerpo perfecto de Guillermo haciéndolo suyo. Mientras que lo poseía con suaves movimientos, tratando de no lastimar la herida de su brazo, recorría su cuello con cálidos besos.
Guillermo no podía creer lo que estaba viviendo. Ese joven estaba jugando con su cuerpo a su antojo… lo  tenía prisionero de su encanto y sensualidad, y a medida que sus suaves caderas se ondulaban sobre su espalda, lo sintió dentro suyo… Era el momento perfecto, la sensación perfecta… era el momento en que ambos hombres gimieron de placer al llegar juntos a la cima del amor que se habían jurado.
Luego de una ducha salvaje, Pedro ayudó a Guillermo a vestirse. Le colocó un
pijama que le había traído su hijo, se vistió y lo ayudó a recostarse nuevamente en la cama.
Lo peinó dulcemente a medida que lo acariciaba con sus manos. Dándole un
cálido beso, se sentó a su lado estrechándole la mano.
- Bueno… ¿Todo bien?... Le traigo la comida Guillermo – respondió la enfermera acercando la mesa
-  ¡Esto no es comida Rosita…! Este pollo no tiene color y este  puré  no tiene sal ni pimienta… no puedo comer esto – respondió Guillermo
- Recién salió de tres días de coma y comida por suero… no puede comer nada elaborado Guillermo… se lo dejo – respondió la enfermera
-  Gracias… _ respondió Guillermo cortésmente
-  Dale Graziani… comé… te  corto el pollito  –  respondió Pedro ayudándolo con la comida
-  ¿Vos no querés nada?... mirá que te lo doy cielito – quiso saber Guillermo
-  No, comé vos… ya desayuné en casa – respondió Pedro sonriente
-  Sí, claro… una taza de petróleo y una tostada por el  camino… _ respondió Guillermo tomándole la mano
- Como me conocés… me encanta que estés en esos detalles… eso es lo que me enamora cada día más de vos – respondió Pedro dándole un cálido beso
- Estoy en todos tus detalles Pedro… vivo por vos y para vos – respondió Guillermo acariciándole la mejilla
-  A pesar de tu carácter tosco tenés tu costado dulce… ahora comé…  yo voy
al bar y me compro algo… ¿Podés quedarte un ratito solo amor? – quiso saber Pedro
- Claro… pero no tardes… este manjar me está esperando – respondió Guillermo empezando a comer
-  Ya vengo amor – contestó Pedro saliendo hacia el bar.
Luego de que Guillermo terminó su almuerzo y Pedro un riquísimo sándwich que comió con muchas ganas, se quedó junto a Guillermo conversando de los acontecimientos vividos. Le contó cómo había sido el secuestro, como encontraron el lugar y la vinculación de su hermano en todo lo relacionado con los Escobar, en como se había desplegado el operativo a cargo de José, como habían encontrado a la mujer secuestrada.
A las cinco  de la tarde, horario de visitas, cayeron todos juntos: su hijo y esposa, sus amigos incondicionales Juan y José, sus colegas y amigos Marcos, Gabriela y Alberto.
-  Te ves increíble Guillermo… de verdad  _ dijo Marcos
- Gracias… me están atendiendo muy  bien… _ respondió Guillermo mirando a Pedro
- Mañana te dan el alta viejo… me lo dijo el médico. Así que tenés que descansar… y en serio – respondió Fabián
- No te preocupes por eso… lo voy a cuidar bien… yo me encargo de que descanse – respondió Pedro
- Guillermo… ¿esto es lo que creo…? ¡Pedro, son hermosas! – preguntó Gabriela mirando las alianzas
- Pedro y yo nos acabamos de comprometer… cuando esté repuesto organizamos nuestro casamiento  –  contestó Guillermo dejando a todos sin habla
- ¡Por fin llevás una de esas Guishe…! Los felicito – contestó Alberto palmeándole el brazo
-  Gracias Beto… y vos hijito, ¿qué decís? – quiso saber Guillermo
- Que me gusta verte tan feliz viejo… vos y Pedro se lo merecen… los felicito papá – respondió Fabián dándole un dulce abrazo
- Ya que estamos de festejo… Juan y yo queremos decirles que empezamos los trámites de adopción de Ezequiel… ya hablamos con él… y queremos que vos Guillermo, seas su padrino – respondió Juan sonriente
- Yo…  ¿el padrino de tu hijo?... me llena de orgullo, claro que acepto…pero vos José, ¿qué decís? – preguntó Guillermo
- Se que tuvimos encontronazos Guillermo, pero es pasado. Ahora somos amigos, estoy  en pareja con Juan que lo amo y estoy inmensamente feliz por tu compromiso con Pedro… nuestro hijo te aprecia y  queremos que seas su padrino _ respondió José
- Entonces no se hable más… claro que acepto – respondió Guillermo contento
-  ¿Qué pasa Pedro?... Estás serio – quiso saber Guillermo
- Nada… estoy pensando en los niños… Brisa y Daniel son tan tiernos… no encuentro ninguna familia que me guste para que los adopte… ¿Soy demasiado egoísta no? – quiso saber Pedro
- No… sos demasiado bueno vos… José, ¿podés organizar los trámites para que Pedro y yo adoptemos a los niños? – quiso saber Guillermo
-  ¿Que  decís  Guille…? Dos niños  es mucha responsabilidad… no sé si pueda
ser un buen padre… _ respondió Pedro tomándole la mano
- Si, es una responsabilidad grande… yo crié a un hijo que es todo un hombre formado, esposo y futuro padre y  ahora,  en esta etapa de mi vida quiero tener hijos con vos… claro, si vos querés – quiso saber Guillermo
-  Claro que quiero amor…  _ respondió Pedro contentísimo dándole un cálido
beso en los labios
- Entonces… mañana empiezo los papales de la adopción Brisa y Daniel Graziani- Beggio… _ respondió José alegre
- Ufff… suena hermoso…  Graziani - Beggio… No sé qué decir, gracias… a todos – respondió Pedro lleno de emoción
- Te lo merecés Pedro… Ahora voy a ser padre y también hermano de dos niños… es emocionante… Gracias viejo – respondió Fabián mirando a su padre
-  Te amo hijito… mucho – respondió Guillermo emocionado.

CONTINUARÁ



3 comentarios:

  1. Susto y medio nos diste con Guille, pero te perdonamos todo. Gracias por tanto y felicitaciones Verónica!

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  2. Gracias. Me gusta verlos felices... Este espacio es para esos hermosos sueños. Verónica

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  3. Felicitaciones espero mucho más.
    Mara rosas

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