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domingo, 6 de mayo de 2018

"DESEOS" - Cap. 1 - (By Luz)










“DESEOS” (Basada en un libro anónimo)


CAPÍTULO 1

Guillermo se hallaba en un congreso de abogados en Irlanda y paseando por uno de esos hermosos parques del lugar, ve brillar en el piso una moneda de oro, intrigado la toma y se la lleva con él.
Pedro es un duende y está ansioso de encontrar la última moneda que llenará su caldero, y la moneda lo llama…
Si, Pedro era llamado por la moneda, la última que completaría su caldero y ese fue el motivo por el cual sus pasos lo llevaron hasta el apuesto abogado, pero un problema surgió al llegar a ella. Por algún extraño motivo no la podía tomar, la moneda no se dejaba atrapar por su dueño. Para poder recuperarla Pedro debería ofrecer algo a cambio al apuesto abogado. El problema para nuestro elfo era como se iba a presentarse ante Guillermo sin causarle un susto o que lo tratara de loco.
Guillermo estaba cautivado por su moneda de oro, pero lo que más le llamaba la atención, era el grabado escrito en ella y que él no podía entender.
Pedro sabía que solo había una forma de llegar a él y era a través de sus sueños.

El padre tiempo no es buen amigo de Pedro, ha escuchado por ahí hablar a los humanos del final del congreso, solo cuenta con esa noche para poder acercarse a Guillermo y eso lo enfurece ya que no contaba con ese percance...

Guillermo ha quedado impresionado con cada debate al que ha asistido en este congreso, con los lugares qué ha conocido y con la atención recibida de sus anfitriones, pero lo más importante en este momento para él, es el hallazgo que guarda celosamente en el bolsillo de su saco.
Observaba atentamente su preciado tesoro, sentía muy adentro suyo que esa moneda desconocida siempre lo había estado esperando, sin imaginarse que otra persona se había acercado a él sin que se diera cuenta
_ Doctor, ¿podrá dedicarme unos minutos de su tiempo? _ Guillermo al verlo quiso esconder su mano pero ya era tarde _ Perdón que pregunte ¿qué brilla tanto en su mano?
_ Ah… ¿esto? Es una rara moneda que me encontré en el parque, no puedo saber bien de donde es…
_ Yo si fuera usted, la volvería a dejar dónde la encontró. Los duendes pueden ser realmente malvados cuando sus tesoros faltan...
_ Creo mi amigo, que usted me está jugando una broma... ¡Duendes…! ¿No le parece demasiado? Si quiere tómela y véala, se dará cuenta que es una moneda común y corriente.
_ No, mejor que no, pero contésteme una pregunta… si lo desea. ¿La moneda despide calor?
Una pregunta tan sorpresiva como inquietante para Guillermo ya que ni él se había dado cuenta del suave calor que emanaba de ella.
_ No me conteste, su cara lo dice todo. Devuélvala, hágame caso.
_ ¿Y si no lo hago… que va a pasar?
El hombre lo miro muy serio a los ojos...
_ La moneda ya está llamando a su verdadero dueño al emanar ese calor y no sería bueno estar en sus zapatos cuando él llegue…
De todas las cosas inimaginables que ha escuchado Guillermo en cada caso  tomado por el estudio, nunca en su vida se imaginó escuchar algo tan descabellado como la existencia de duendes. Pensó para sí que el irlandés le quería jugar una broma pesada. Aunque su suspicacia para descubrir cuando le mentían, más la evidencia del calor que salía de la moneda, le daban a entender que no era una broma. Que hablaba muy en serio
_  Sería bueno que la dejará dónde la encontró ya que todavía mantiene un color natural, cuando cambie el color y su calor sea más inestable ya no podrá dejarla aunque quiera hacerlo
_ ¿De qué habla hombre? ¿Me cree no capaz de dejarla dónde la encontré?
_ No doctor, no me entendió. A más calor y cambio de color, más se acerca el dueño a ella y usted caerá en su hechizo y no la querrá dejar.
_ ¿Usted cree que con la edad que tengo y todo lo que he vivido estoy para cuentos de niños? ¡Ahora no me venga a decir que es verde, enano, gordo, con cara de pocos amigos y con el signo pesos en la frente porque tengo un socio que cubre esas cualidades!

Pedro pisó el plano Tierra en medio de truenos y una  lluvia incesante, su moneda lo llamaba, la última de su tesoro y que había perdido por el campo verde más de 70 años atrás.
Aunque no lo crean, el duende no aparentaba la edad que tenía, la edad de los humanos no se asemejaba en nada a los duendes ya que ellos vivían por siempre y los humanos no.
Su sangre palpitaba con la necesidad de recuperarla pero debía calmarse, pensar fríamente como llegar a ese hombre que la poseía. Porque estaba seguro que era hombre, su conexión tan íntima con su moneda le aseguraba que era tocada por unas manos grandes, fuertes y suaves.

El reino de FAE se encuentra muy bien escondido, solo pueden llegar ahí los seres mágicos, los que brillan con luz propia, nunca un humano osaría poner sus pies en ese lugar sin pagar un alto precio... con su vida misma.
Nunca un ser mágico le quitaría la vida a un humano, eso ni pensarlo, lo harían el tiempo y el espacio, ya que a los dos mundos los divide una barrera invisible... La barrera de la vida y la muerte.
Lo que para los humanos son décadas y años, para los seres mágicos son solo segundos... pero esos segundos se habían convertido en horas y hasta en  días y eso era muy grave e inaceptable.
_ ¡No puedo creer que mi amado hijo no haya vuelto de esa travesía! ¿Cuánto tiempo más podremos guardar este secreto?
_ Mi señora tranquilícese, todavía nuestra pequeña mentira no ha sido descubierta
_ Tranquila… ¿Cómo voy a estar tranquila? ¿Cuánto tardará en encontrar esa dichosa moneda? Dime, ¿qué te ha dicho el Padre Espacio?
_ Que está en la Tierra y muy cerca de su bien preciado
_ ¡Ahhhh… La Tierra! Ese lugar tan horrible… Solo hay maldad, nada bueno se puede encontrar ahí
_ Señora, no diga eso, usted es un alma noble y pura
_ Si, tienes razón, pero de solo escuchar sobre ese lugar mi corazón palpita de dolor. Lo único que nivela la balanza del bien y el mal en ese lugar y lo salva de la destrucción total, es la esperanza de un mañana mejor
_ Si mi señora, los humanos han corrompido todo lo que tocan y ni el más fuerte de nuestros hechizos ha logrado revertir tanto mal, pero igualmente, nuestro deber es infundir en cada ser que nazca en ese lugar la poción de la esperanza
_ ¡Lástima que a lo largo de sus cortas vidas la pierden un poco todos los días! Los humanos son seres muy frágiles, con cada desilusión o pérdida dejan que nuestros peores enemigos entren en sus vidas. El odio y la tristeza hacen  nido en sus débiles corazones y con eso la esperanza empieza a morir cada día un poco más
_ Señora… tranquila. Su hijo volverá y la profecía se cumplirá... “Cuando caiga en el caldero mágico la última moneda, el príncipe de los Elfos a su amor encontrará”
Si…  Y mi hijo tan amado, este reino reinará.

Guillermo caminaba por la calle principal de Dublin de vuelta a su hotel sumergido en sus pensamientos después de la charla que tuvo con ese desconocido, hasta que un pequeño local llamó su atención completamente. De él colgaba un cartel en forma de caldero con monedas y solo una palabra “DRAGOS”.
Ansioso entró al lugar en busca de respuestas... Entre su mal inglés y el poco español del dueño del local, lo único que consiguió con la visita a ese sitio fue un libro sobre duendes que, para su suponer, salió más caro de lo que valía, y lo dejó más confundido de lo que estaba al ver la cara del hombre cuando vio la moneda que ni quiso tocar. Aunque lo peor de todo ese borboteo de palabras que ni él entendía, fue la entrega de esa bolsita con dulces y esa cajita que ni sabía que tenía adentro y que el dueño del local guardó con el libro y los dulces en una bolsa y se la entregó indicándole la puerta en señal de despedida...

Esperar que llegara la noche no era algo que apetecía mucho a Pedro, pero no había otra.  Era la única manera en que podría acercarse a lo que era suyo por derecho.
Su enojo con ese humano se hacía cada vez más inmenso. “¿No le habrán  enseñado desde niño que hay cosas que no debían tomarse del piso”?
Él conocía muy bien los mitos qué se contaban sobre los suyos y todos le causaban gracia hoy en día, aunque antes no era tan así.
Los humanos los imaginaban enanos, verdes, codiciosos, enojados, y lo peor de todo: “¡Que nos robamos a sus hijos para comerlos! ¡Puras mentiras! Nuestro único propósito siempre fue que fueran felices...”
Extrañaba su reino, a sus amigos y a su madre, pero después de esa noche ya podría volver a casa con su última moneda en su caldero...

Entró a su habitación algo mojado.  Decidió bañarse y acostarse temprano, su vuelo a Buenos Aires salía a primera hora de la mañana y no le apetecía para nada comer. Además quería abrir la bolsa y saber que contenía la dichosa cajita... Grande fue su sorpresa al descubrir adentro de ella un trébol de cuatro hojas envuelto en un papel delicado.
_ Esto es demasiado… ¡voy a enloquecer! Mejor me baño, preparo la maleta y me acuesto.
Al sacar la moneda de adentro de su saco, su corazón empezó a latir más de lo normal...
De la moneda emanaba un calor infernal y su color era de un amarillo intenso...
_ Esto no puede estar pasando, estoy cansado, mal dormido, mejor me tranquilizó y me baño _. Todo esto lo decía con una copa de whisky en su mano y sin pensarlo dos veces se dirigió presuroso al baño.
Una pastilla para dormir lo ayudaría a relajarse, ya había llamado a la recepción avisando que lo despertaran en hora para su vuelo. Solo con su bóxer puesto se arrastró entre las sabanas y después de tanto dar vueltas cayó en un sueño inquieto.

Pedro podría haber pasado fácilmente entre las paredes, pero la moneda lo llamaba de tal forma que no podía pensar en otra cosa y no quería correr el riesgo de quedarse atrapado en la pared si perdía la concentración.
Cuando se decidió por la ventana el piso crujió al entrar a la habitación y fue directamente hacia su tesoro sin siquiera ver al humano que dormía en la cama. Extendió la mano hacia ella pero el oro se deslizó entre sus dedos como el agua.
“Muy bien” pensó. Lo intentaría de otra forma si la moneda se negaba acompañarlo por las buenas. Tiró de la fina camisa blanca que llevaba puesta y trató de atraparla con ella, pero una vez más, el objeto se negó.
_ Oye... _una voz soñolienta llamó desde la cama _ Esa es mi moneda.
Pedro soltó un suspiro irritado. Así que era eso. El hombre había reclamado el tesoro y ahora tenía que convencer al humano para que se la devolviera. Un montón de reglas estúpidas si se lo preguntaban…
_ Voy a darte un trueque por ella...
Sus ojos no se podían abrir del todo por el efecto de la pastilla y su bostezo le dio a creer que estaba en un sueño.
Aunque luchaba por sentarse en la estrecha cama y las sábanas caían alrededor de sus caderas mientras la mirada de Pedro se perdía en su anatomía,  Guillermo seguía creyendo que todo era parte de un sueño.
_ ¡Guaau! ¡Qué sueño...!
El hombre llamó enseguida la atención de nuestro duende. Como lo había supuesto, sus manos eran como las había imaginado gracias a su moneda y aunque su hablar era raro, enseguida se dio cuenta que no pertenecía  a esas tierras
Dime… ¿Qué vas a pedir?
El hombre no podía entender lo que estaba pasando, extendió la mano hacia la lámpara junto a la cama pero Pedro lo detuvo con una mano firme en su muñeca.
Él podía ver en la oscuridad y no sería bueno que el hombre lo viera.
_ ¿Es un sueño?
_ Sí, claro que es un sueño
Cuanto más pudiera convencerlo de que estaba teniendo un sueño mejor sería para los dos. No eran muchos los seres humanos que tomaban a bien que un extraño los visitará en la noche.
Pedro se acercó más al humano. Su mano empezó, sin ningún recato, a rozar su espalda. Ese hombre lo atraía más que su propia moneda en ese momento.
Aunque estaba claramente afectado por los leves toques del extraño su cabeza tenía algo de claridad
_ Es mía… la moneda...
Pedro apretó los dientes. La moneda se debía dar voluntariamente, él no podía simplemente golpear al hombre y llevársela a su antojo
_ Un trueque entonces...
_ ¿Lo que yo quiera?
_ Si, cualquier cosa menos traer personas del más allá. ¿Me entiendes no...? Y luego me das el dinero
Guillermo sonrió  y se recostó cómodamente
_ Hazme el amor
El calor del pedido sorprendió a Pedro, aunque él deseaba algo así nunca se hubiese imaginado que esas palabras fueran a ser susurradas con tanta devoción.
_ Yo...  ¡Uy lo siento! Tal vez tendría que haber pedido otra cosa… _ pero Pedro lo hizo callar con un beso...
La boca del hombre se movió fácilmente bajo la suya, entonces Pedro se quitó los pantalones y los raros zapatos que llevaba puestos.
Había pasado mucho tiempo desde que Guillermo había tenido algo con alguien, y como era su sueño, lo que más ansiaba era en ese momento entregarse al placer con ese joven.
_ Guillermo... Mi nombre es Guillermo _ susurró el hombre mientras Pedro movía los labios con suaves besos en el cuello de este...
Pedro dudó un momento antes de susurrar _ Y yo soy Pedro.
No sabía porque le había dado su nombre. Nunca había hecho esto en el pasado, pero de alguna forma, con este humano parecía correcto.
Pedro recorría lentamente el cuerpo de Guillermo tocando y acariciando mientras lamía su piel
_ Tenés el cabello casi largo... ¿De qué color es?
_ Es algo rojo... Rojo, color fuego…
_ Seguro que no es verdad. ¿Me estás engañando... no?
Pedro se rió y le susurró _  Y tu acento no es de estos lugares, Guille.
_ No, soy de muy lejos. ¿Podrías dejar de hablar y seguir lo que habías comenzado?
_ Va ser un placer...
Pedro vio como Guillermo cerraba los ojos y una amplia sonrisa se dibujo en su rostro. Amó lo receptivo que era su amante humano y como este suspiraba cada vez que la lengua del duende se movía sobre su pene.
_ Tu boca se siente increíble y yo también quiero probarte _ confesó Guillermo en voz baja. Pedro miró hacia arriba, sorprendido y un tanto encantado con su audacia.
Guillermo dejó escapar un aullido de decepción, pero pronto se detuvo cuando Pedro se trasladó a su lado. Entre besos desesperados, los dos empezaron un juego de caricias y mordidas.
Su sueño era tan real que lo asustaba, ¡pero qué bien se sentía en él!
Pedro también se sentía bien en los brazos de este humano, mejor que en  toda su vida vivida hasta ahora. Los gemidos de uno y de otro eran los únicos sonidos que se escuchaban en la habitación. El duende solo había visto a los seres humanos participar en este acto algunas veces pero nunca había pensado en hacerlo él mismo.
Guillermo se retorcía debajo de él con necesidad de más mientras Pedro lamía y chupaba la longitud de su miembro, acariciando la cabeza con su lengua mientras sus dedos envolvían la base del pene del humano. No dudaría mucho más y Pedro quería llegar con él al clímax ya que no conocía mayor placer que compartir ese momento con su amante.
Loco de placer, Guillermo empujaba descontroladamente su pene en la boca de Pedro  y el clímax llegó a él entre dulces gemidos.
Pedro se quedó allí, limpiando con su lengua al humano hasta que sintió que este se soltaba de él y se acomodaba en la cama con suspiro de satisfacción.
_ El mejor sueño que tuve en mi vida… _ susurró Guillermo en la oscuridad
Pedro se echó a reír, estaba de acuerdo. _ ¿Qué pasa con mi moneda?
Casi deseaba que el hombre quisiera añadir algún otro requisito, más de una vez, otra noche, cualquier cosa mientras que pudieran estar juntos un poco más, pero oyó el estruendo del oro contra el colchón junto a él y supo que el hombre había cumplido su palabra.
Pedro se obligó a ponerse de pie y tuvo que contener la risa al escuchar salir del la boca del humano unos fuertes ronquidos. ¡Lástima que se tuviera que ir! Sin embargo, era lo mejor para los dos. Sus mundos eran diferentes y los seres humanos, a menudo no se llevaban bien con la existencia de los duendes. Aún así, Pedro no pudo resistir depositar un suave beso en los labios de Guillermo antes de vestirse.
_ Duerme bien Guillermo y gracias por mi moneda. 
Vaciló un momento ante su estupidez, no era más que un hombre, sería una locura venir a verlo de nuevo, él no tendría ninguna razón para volver a este mundo paralelo y menos ahora que había encontrado la última de sus monedas. Debía marcharse…
Con una sonrisa en su rostro pensó para sí: “La moneda no tenía porque ser encontrada y nadie lo sabrá”
Dejó la moneda sobre un montón de expedientes que estaban sobre la mesa. Ahí la encontraría Guillermo por la mañana y Pedro podría solicitar la devolución de su dinero otra noche.
Con este pequeño pensamiento alegre, emprendió su camino de regreso al lugar donde el velo entre los dos mundos era más delgado.
_ Adiós por esta noche Guillermo. Nos veremos de nuevo, pronto te lo prometo _. Susurró su promesa en el aire de la noche limpia antes de arrepentirse de su plan.

Se despertó de mala gana con la llamada de la recepcionista del hotel,  hacía tiempo que no dormía también y todo eso era gracias al sueño que había tenido. De solo pensar en eso su rostro se cubría de varios colores. Tanto hablar de duendes maléficos, monedas y calderos, lo llevaron a tener una fantasía, pero tan caliente y tan real que eso lo asustó un poco. Miró hacia la mesita de luz buscando algo que no encontró, desesperado se levantó de la cama y ya su corazón latía enloquecido, hasta que la vio entre sus papeles. La tomó entre sus manos y la observó ansioso, su brillo era intenso pero ya de ella no emanaba ese calor incesante. Era suya, su tesoro más preciado, no había dudas...
Con una lluvia persistente, Irlanda se despide de Guillermo. En el aeropuerto, esperando el embarque a su avión con destino a Buenos Aires, no sabe bien qué le molesta más, si el viaje en avión, la espera y trámites burocráticos, o la pérdida de algo importante en su vida. Más que molestia eso le causa una tristeza infinita.
Siente en ese momento que todo el universo está en su contra, un fuerte presentimiento le grita a gritos adentro suyo que no se vaya de ese lugar, pero la razón, sus compromisos laborales y en especial su hijo lo hacen abandonar esa locura.
Enojado consigo mismo y con el mundo se aleja caminando al escuchar en el alta voz la puerta por donde debe embarcar… No sabe bien por qué sostiene entre sus manos la moneda y de sus ojos cae una lágrima cuando el avión empieza a surcar el cielo lluvioso de Irlanda.

CONTINUARÁ

4 comentarios:

  1. Como dije en la publicación de face, cuando uno cree que tal vez, ya se ha escrito todo, aparece Luz y te desconcierta... ¡Que mente brillante mujer! Sin importar que tenga un libro anónimo como base, en cada línea se lee la magia de tu pluma. ¡Felicitaciones Luz! Todos los aplausos todos!

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  2. Luz, es bellisima... me encantó el comienzo tan apasionado y caliente... son dos llamas, hermoso... Pero te pido que termines la formula p y g... se que es insistente, pero es hermosa y me gustaría saber como termina. Gracias. Verónica

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    1. Me sumo al pedido de Verónica y al de much@s más. Luz... queremos la continuación de "La fórmula". ¡Por favorrrr!

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  3. Waw que gran ingenio hermosa historia tanta ternura me da este duende hermoso ya quiero la continuación

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