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sábado, 22 de febrero de 2014

EL VIAJE ( By Guillermina Pedris)



EL VIAJE  (para quienes deseen comprender mas, les recomiendo “La llegada de Laura”)
La noche anterior habían estado celebrando en el estudio el final de la pesadilla más grande de sus vidas, tanto para Guillermo como para Pedro.  El caso Moravia y Pedro acusado de su muerte. La noche anterior, preso de la felicidad de ver a Pedro libre de culpa y cargo de regreso al estudio y a su vida, había hecho caer a Guillermo en la más dulce de las trampas. Le había pedido a Pedro un viaje juntos, solo unos días para estar junto a él.
A pesar de poder verlo todas las noches en ese bendito refugio que fue la casa de Laura, Guillermo necesitaba abrazarlo a solas, tenerlo solo para él, aunque fuera por pocos días. Necesitaba esa pausa, hablar con él de otras cosas que no fueran juicios, Ana, Camila, el estudio, los casos… Necesitaba navegar en Pedro, sumergirse en la profundidad de su alma y encontrarlo.
La noche anterior Guillermo Graziani pensaba que ya no le quedaban fuerzas, que las había gastado a todas en ese calvario  de un Pedro prófugo, la locura de tenerlo y el miedo de perderlo. Y cuando, como era previsto, todos pidieron por las palabras del jefe, el jefe interiormente le pidió a Dios fuerzas para abrazar a Pedro una vez más. Estaba exhausto de dolor y ausencia. Le quemaba el estudio sin Pedro. “¿Qué te pasa Guillermo? ¿Vos nunca fuiste así?” Se preguntaba a sí mismo, y siempre, como  un búmeran, volvía la misma respuesta…  “Te enamoraste Graziani”.  “Si, es verdad, me enamoré.  A esta edad... quien lo diría, pero sí, me enamoré”.
Esa noche, la noche anterior, al regresar del asadito en el estudio se ducharon juntos. Pedro entra a la ducha canturreando algo en inglés. Guillermo mira atónito como el agua corre por su cuerpo. “Nunca lo sabré” se confiesa interiormente, “si es consciente o inconsciente de lo que su desnudez provoca”.  Pero consciente o no, esa desnudez provoca en el Gran Graziani un cambio de estación, puede llevarlo del invierno a primavera en solo segundos. Pedro habla en la ducha con trivialidad, de cosas intrascendentes, le pasa un gel de ducha por la espalda, toca el tema del viaje…  Pero todo trivial. Sale de la ducha, se seca y se envuelve con la toalla la cintura. Guillermo lo mira extasiado pero también dubitativo. “¿Qué le pasa? ¿Así actúa conmigo después de todo lo que pasamos?” Pedro lee sus pensamientos, últimamente sucede a menudo, detiene su acting, lo mira directo a los ojos regalándole una de esas sonrisitas que a Guille le hacen perder la cabeza y le dice sonriente. _ ¿Demasiado cansado doctor?_.  Guillermo se contiene, toma otra toalla, se seca apenas, la envuelve en su cintura y se acerca a Pedro sonriendo… “No me vas a ganas la pulseada tan fácil pendejo” dice para sí muy divertido por este juego y con las fuerzas renovadas. Le toma la cara con las manos y le dice: _ ¿Y vos eras un animalito difícil de atrapar? ¡Peluche! ¡Sos un peluche, tonto! _ Pedro reacciona ante la provocación y se arma una guerra que llega hasta la cama donde se desata otra. Guerra de almohadas. Se trenzan a las carcajadas en una de almohadazos sin filtro, Pedro le tira a Guille una almohada con la fuerza de un misil y con el mismo proyectil Guillermo le planta a Pedro otro almohadazo que lo agarra mal parado y lo tira sobre la cama. Pedro ríe feliz como un niño grande y Guille, decide dar por finalizada esa batalla para empezar otra. Se tira encima de Pedro y comienza a besarlo, Pedro deja de reír, su boca ya no quiere reír sino seguir la danza de esa boca. La espiración cambia. Los ritmos cambian. Los movimientos cambian. Se besan. Se separan para buscarse en la mirada, se encuentran y vuelven a besarse. Se abrazan, se aprietan, se examinan. Se indagan, se escudriñan, se escrutan. Se tienen, se procuran, se entregan. Se conceden, se adjudican, se prodigan. Se otorgan, se confieren. Las manos buscan, la piel busca, los cuerpos buscan, los ojos buscan, todo busca, todo encuentra y se parte la noche en un grito  callado de placer y pertenecía. El gemido que devora el beso, cuando el placer tiene dueño, y se disparan salvajes miles de potros a lo lejos… Se abrazan en la dulce calma, respiran, se sienten, se envuelven, se aman. Se ciñen, se abarcan, se comprenden.
Amanece…
G_ ¿A quién le correspondería hacer el desayuno después de una noche así?
P_ Al que tuvo más orgasmos.  Así que anda Graziani
G_ ¿Perdón? ¿Perdón? Me parece doctor que usted no sabe contar
Pedro se tira cuan largo es sobre Guillermo y va delineando la geografía de su rostro con su nariz. _Bueno, declaremos un empate y preparemos el desayuno juntos_ susurra con voz ronca. Los ojos cerrados. El rostro escondido en su cuello_  Además, no quiero estar sin vos. ¿Vamos?
Un Graziani ya sin defensas responde_ En un ratito vamos, cielito. En un ratito_. Entremezcla los dedos en el cabello de Pedro sujetándolo con suavidad para que se vuelva a mirarlo. _Quien te dice por ahí, desempatamos.
Después de debatir entre playa, montaña, campo…
G_ ¡No, campo no, Pedro!_ suplica Guillermo, pasándole una tostada recién untada.
P_ Dijiste donde yo quisiera Graziani, fuiste claro. “Solo unos días a solas con vos” Jajaja…  Ahora te llevo al campo y te pongo un pollito en los brazos.
G_ No podés ser tan malo…
P _¿Malo? Yo no soy malo, menos con vos…_ responde Pedro mirándolo con suspicacia.
G_ Ah, encima rencoroso. ¡Ya vas a ver vos! _
P _¿Te acordás cuando me rajaste del estudio? No te quiero en Bs As, me dijiste, ni en Argentina, en el planeta Tierra tampoco, de ser posible más allá de Marte. ¡Cómo me hiciste sufrir Graziani! ¡Creí que me moría!
G_ Estaba desesperado Pedro, vos ibas y venías, me besabas y te arrepentías,…  No sabía qué hacer_ y baja la mirada
Pedro se da cuenta que la broma ha afectado un poco a Guillermo, entonces se abraza a él y besa sus ojos con infinita ternura _ ¿Qué pasa amor? Estaba jugando, vamos Guille, es parte de nuestra historia como tantas otras cosas que nos lastimaron, y como tantas otras que nos enamoraron. ¡Si? ¡Dale! Si cambiás esa cara te cambio el campo por el mar.
G_ Ves… por estas cosas quería un viaje. Hay tanto que charlas a solas y sin interrupciones, vamos donde quieras pero ya mismo llamá y hace las reservas para esta noche. Mañana quiero amanecer donde sea, pero con vos y allá.
P_ Subí y  prepará el equipaje que en unas horas salimos.
G_ Llamala a Laura y preguntale si nos puede hacer la gauchada de aguantarnos unos días en el estudio. Me voy a sentir menos culpable si dejamos a alguien trabajando con Gaby y Marcos.  Si te dice que no avísame que la llamo yo. Y después subí y prepará el tuyo. ¡Y nada de provocaciones chiquito que me quiero ir de acá lo antes posible!
P_ Tranquilo Graziani, yo me ocupo. ¿Por qué tanto apuro?
G_ ¡Porque las ideas se achanchan querido! Además tengo mucho miedo que suene el teléfono y ya tengamos un nuevo quilombo en puerta. ¡Apurate Pedro!
En un par de horas cargan el equipaje en el Sonic, se ajustan los cinturones de seguridad y parten en busca del mar y un remanso de paz donde olvidar la angustia de los días anteriores. Ni siquiera pasan por el estudio a despedirse, Laura aceptó la oferta así que será ella la encargada de avisarle al resto que ellos estarán ausentes unos días.
En el estudio Gaby está feliz porque se siente menos sola con Laura ahí y Marcos está enloquecido.
M_ ¡Doctora Sarmiento! ¡Qué placer va a ser verla por aquí diariamente!
Laura lo mira, lo observa, lo estudia, lo escanea. _Mientras te quedes de ese lado de la raya, el placer va a ser mutuo_. Gaby y Beto estallan en carcajadas.
 Pedro pone una música suave y sugestiva. Guillermo lo observa. ¡Cómo le gusta verlo manejar!
G_ Viste cielito… ¿Te acordás cuando te dije que “no podía no pasar”? Estabas muerto de miedo de que no fuera así y me hiciste prometértelo.
Pedro mete un cambio más, el Sonic alcanza velocidad crucero y entonces palmea con la mano la pierna de Guillermo.
P_ Si, muchas veces me sentí desamparado por el destino. Tenía muy pocas esperanzas de que “esto” _ y le hace el gesto con el dedo_ “lo nuestro”, se pudiera dar.  ´
G_ Hubo muchos momentos donde yo también perdí las esperanzas. Hubo momentos donde creí que te había perdido para siempre. Como cuando te casaste.
Pedro cierra su mano sobre la de Guille _¿Puedo preguntar qué sentiste?
G_ No Pedro_ Guillermo fija la vista en el camino, solo  recordar ese día basta para que una sombra se instale en sus ojos, pero no quiere que Pedro la vea. _ No podés
Pedro lleva la mano de Guille hasta su boca y  la besa. _ Ya pasó amor, ya pasó. Además, Guille con una mano en el corazón vos me empujaste a que me casara.
G_ Pedro yo te empujé porque creí que era lo mejor para vos. Yo quería que fueras feliz. Pero fue un error, lo reconozco.
P_ No te eches toda la culpa, soy un hombre grande y sabía lo que estaba haciendo. Es que no podía definirme, sabía lo que quería pero no podía definirme.
Así trascurrió el viaje, repasando uno a uno cada instante desde que se conocieron. Aclarando situaciones, que mas allá de haberlas superado y de haberse elegido, a pesar de ellas, estaba bien hablarlas. Así y ahora, porque de aquí en adelante comenzaba una nueva etapa en sus vidas, esa linda y riesgosa etapa de la convivencia, donde un día sube la marea y te da vuelta el barco.
Llegaron a destino cuando atardecía. Podían ver el mar y su horizonte liberador mientras bordeaban la cuidad camino al hotel.
P_ Estoy muerto de hambre. ¿Te parece si nos alojamos y vamos a cenar? Ahora, temprano. Así no nos acostamos tan tarde y mañana podemos levantarnos a primera hora para caminar por la playa.
G_  Me parece…  Sí, claro que me parece. ¿Pedro como hiciste la reserva?
P_ Matrimonial.
G_ ¡Ay Pedro te voy a matar! ¿Con que cara entro yo ahí?
P_ Con la que tenés. ¡Que es hermosa! Jaja! Vamos Graziani, no pensarás que íbamos a dormir en dos camitas separadas. ¡Vamos Guille, bajá!
Ya sentados en el restaurante, beben una botella de  Cabernet mientras esperan la cena.
P_ Al final hubo algo que nunca me explicaste. ¿Qué pasó ese día que me mandaste a la obra con Beto? Cuando me llamaste y me dijiste “ No pasa nada mi amorcito”
Guillermo se tienta de risa. _ ¡Jajaja! Fue un error. Creí que lo estaba llamando a Fabián pero había marcado tu número. Cuando escuche tu voz, casi me muero. ¡Te corté! Pero no daba para explicaciones, estaba tenso el clima entre nosotros esos días. Pedro sonríe mientras lo mira con ternura.
P_ ¿Te acordás de aquella pregunta que hizo Marcos aquel día en el estudio? “¿Cómo sabe la gente cuando se enamora?”
G_ ¿Y te acordás la respuesta de Beto? “Yo creo que la gente no se da cuenta que está enamorada” ¿Vos cómo te diste cuenta?... si se puede preguntar, obvio.
P_ El dolor. Ese día, los celos de verte con Matías, de ver que ya no te quedabas conmigo como antes sino que te ibas con él, se transformaron en un puñal que me partió el alma. Veía como te alejabas y sentí que te lo llevabas todo. Mi alegría, mi sonrisa, mis ganas de vivir. El dolor de sentir que te perdía me hizo darme cuenta que mi casamiento había sido un error, y que la única vida posible era esta, al lado tuyo._ Pedro deja la copa y toma la mano de Guille_ ¿Y vos, como te diste cuenta?
G_ Yo creo que lo mío fue la segunda opción, la de Beto. Yo me enamoré de vos cuando vi tu foto en tu curriculum, pero pasó mucho tiempo antes de que me diera cuenta de que estaba enamorado.
P_ Rara la charla que venimos teniendo desde que salimos de Buenos Aires, no?
G_ Si, rara pero absolutamente constructiva. Tantas veces nos hicimos daño, sin querer hacerlo que, al menos para mí era necesario hablar de esta manera. ¿Pedro vos estás  seguro de “esto”?
P_ Definitivamente si.
G_ No vamos a tener hijos y…
P_ Si no tenemos hijos tendremos otras cosas… Basta Guillermo, ya te elegí, amor, ya te elegí.
G_ Pedro, es la última pregunta y no tocamos estos temas nunca más. Te lo prometo. La última pregunta y de acá en adelante nos dedicamos solo a ser felices…
P_ Te escucho
G_ Pedro, ¿vos querés, realmente, formar una nueva familia conmigo?
P_ Guillermo, ya tengo una nueva familia con vos y es todo lo que quiero tener. Guillermo, yo te amo.
Guillermo levanta su copa invitándolo a un brindis _ Te amo precioso, te amo.
Y con ese brindis se daba por finalizada la charla, una charla rara pero profundamente edificante como dijo Guillermo, porque era necesario estar así para comenzar el nuevo camino, desnudos, los dos desnudos, pero esta vez, con toda la ropa puesta.
Era necesario exorcizar el dolor.
Caminan de regreso al hotel, hace frio. El aire del mar los envuelve. Pedro está desabrigado y Guille se da cuenta que está temblando. Entonces le pasa un brazo por la espalda y lo acerca a él con fuerza. Antes le hubiese dado pudor, hubiese sido una cuestión de impedimento tener esa actitud en público, pero después de esa charla, después de la charla que arrastraron desde Buenos Aires hasta el mar, todo le parece posible. Pedro lo mira contento y sorprendido, Guillermo por toda respuesta le deja un beso lleno de ternura sobre los labios. Caminan lento y abrazados bordeando un mar rugiente, enmarcados por la noche y las estrellas, mientras tiran todo el dolor anterior ahí, justamente ahí donde las olas rompen con furia contra las rocas. 
Al llegar al hotel, Guille pide las llaves de la habitación, sin soltar a Pedro que está helado. El conserje los mira. Lejos de molestarse Guille lo mira divertido, porque este es un nuevo Graziani,  se siente liberado para vivir el amor. Y que sea lo que Dios quiera, porque lo que le quede de vida solo quiere vivirla junto a Pedro.
El conserje pregunta _ ¿Duplex?
G_ No, matrimonial. No pensará que vinimos  hasta acá para dormir en dos camitas separadas.
Cuando llegan a la habitación Guille se da cuenta que Pedro sigue temblando.
G_ Hace frio mi amor, mucho frio. Vení, abrazame, deja que te de calor.

La cena, el viaje y tanta sinceridad los ha dejado agotados, se duermen abrazados y felices entre las sábanas blancas de ese refugio, a salvo de la mirada del mundo y estrenando una nueva etapa de este amor, que ya nunca más, será un secreto.

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