
En el estudio, hay un clima contenidamente festivo en los días previos a la celebración de la Navidad, a duras penas se ha mantenido dentro de los límites de lo permitido por el jefe pero ese día alguna clase de connivencia ha hecho florecer la euforia de los preparativos. Beto discute con Gabriela por la ubicación de las luces en el árbol, Solange y Cuca se ríen en la cocina mientras desafinan unos villancicos.
-¿Qué es ese alboroto, por Dios? ¡Así no se puede trabajar! –Asomado a la puerta del despacho, Guillermo le hace un gesto a Matías, éste deja de tipear en la computadora y va a su encuentro-. ¿Querés que veamos lo del banco ahora?
-Dale, Guillermo. Junto lo que tengo y estoy con vos.
-Beto, el aire otra vez, querido. Si esto sigue así vamos a tener que trabajar en pelotas.
-Termino con el arbolito y me ocupo, Guille.
-Si, dale, vos poné las prioridades. Si querés yo armo la porquería esa y vos venís a redactar la demanda.
Cierra de un portazo la puerta y se sumerge en el agobio de la oficina, intenta dirigir el escuálido aire de un ventilador de escritorio hacia su cara pero sólo consigue vislumbrar la sombra de una brisa inútil. Matías entra y distribuye un racimo de carpetas sobre el escritorio. Se sienta enfrentado a Guillermo y espera que le dé la orden de iniciar el trabajo, pero él parece estar ajeno a todo, desparramado en el sillón, abanicándose con una carpeta y sintiendo que un mar de sudor lo va a dejar adherido a la cuerina.
-¿De verdad te parece que se puede trabajar así, Guille? Te ofrecí que fuéramos a mi casa. Aire a 24º y un par de cervecitas heladas no se rechazan.
-Matías, Matías… te delimité la línea roja pero parece que te empecinás en pisarla.
Se ríe pero no da muestras se sentirse amilanado. –Yo estoy hablando de pasar la jornada laboral en forma cómoda, placentera. No veo qué tiene de malo.
-Bueno, vamos a intentar hacer de cuenta que no hacen cuarenta grados de temperatura y que te fuiste a la banquina una vez más. –Se calza los anteojos de leer-. ¿Por cuál demanda empezamos?
-Vayamos por orden alfabético, ¿te parece?
-A ver. Anchorena, ¿qué declaró? -Se queda pasmado-. …Madre mía, ¿qué tenía esta mujer en la caja de seguridad, las joyas de la Corona?
-Y todavía no viste lo de las monjitas, no guardaban precisamente el rosario. Más bien parece el arca de la alianza.
-Decime una cosa Matías, ¿qué piensa esta gente de la seguridad bancaria? Yo si tuviera estas fortunas me hago un bunker en mi casa y duermo tranquilo.
-No sé… yo tampoco confío en estas instituciones. Nada mejor que el viejo y querido colchón, Guille.
Matías se queda pensativo, mirándolo. Él advierte su silencio y levanta la vista.
-¿Qué pasa?
-Nada. Bueno… algo, sí. Solamente quisiera saber cuándo me vas a aceptar alguna invitación. Después de tantos intentos, me merezco una mínima oportunidad. Al menos por perseverante.
- Lo que te merecés es un telegrama de despido, nene. No te pases.
-¿Me vas a demandar por acoso?
Guillermo se queda mirándolo, sin saber bien adónde está dispuesto a llegar este muchacho que no pierde oportunidad de lanzarse en cuanto se quedan solos.
-Si no fuera porque sos un abogado brillante, eficiente y no excesivamente costoso, hace rato que te habría echado. No pienses que con esa carita de yo no fui me vas a comprar…
Matías se ríe con esa mueca entre insolente y despojada que lo hace ver mucho más joven de lo que en realidad es. –Acuso recibo, jefe. Por hoy no mando más cartas documento. Pero yo sé que tarde o temprano voy a tener mi recompensa.
-Mientras sigas en esa tesitura, lo único que vas a conseguir es que te ponga a trabajar con Marcos todo el santo día.
-No, válgame Dios. Trabajemos.
A últimas horas de la tarde, han conseguido despachar la cuarta parte de las demandas y se dan por satisfechos. El aire acondicionado ha comenzado a funcionar a media asta y les da una tregua refrescante. Beto se asoma para despedirse.
-¿Necesitan algo, Guille?
-¿Quedó tinta negra para la impresora? No me salen los documentos.
-Ahora te alcanzo una.
Matías se levanta, da la vuelta al escritorio y se agacha para abrir la tapa de la impresora y liberar el cartucho.
-Tomá Guille, es el último. Hasta mañana. –Alberto cierra la puerta antes de irse.
-Chau. No Matías, dejame a mí, vos no conocés bien este carro.
Abre el envoltorio y saca el cartucho de tinta. Intenta ponerlo pero no consigue que entre, se atasca y cuando quiere sacarlo termina raspándose la mano.
–Mierda, mierda! Lo que me faltaba…
-¿Te lastimaste? A ver, mostrame. –Le toma la mano y Guillermo no atina a zafar, Matías saca un pañuelo del bolsillo y le presiona la lastimadura.
-Es un rasponcito nada más, dejá. Fijate si podés colocarlo vos. Yo ya estoy cansado, no puedo ni con la boludez más grande. Mejor no…, vayámonos, es tarde.
-Está bien, jefe. Sus deseos son órdenes.
Guillermo recoge el saco y la corbata y Matías desconecta el aire y apaga las luces. Salen juntos del despacho a la sala de reuniones, y se detienen al mismo tiempo al ver la figura parada en medio del salón.
Pedro deja el bolso en el piso y clava su mirada en Guillermo, su cara es una máscara de muda seriedad, de expectativa.
-¿Vos…? ¿Qué hacés acá? ¿Quién te abrió la puerta? –Las palabras suenan a frío rechazo, desalmadas, fuera de lugar. Dentro suyo, en cambio, un remolino le convulsiona la sangre, amenaza estallarle en el pecho. Se siente imposibilitado de correr a abrazarlo, extrañamente inválido y renuente, encadenado a las mismas palabras duras que pronunció hace más de un mes.
Pedro traga saliva, intenta hablar con normalidad pero un nudo de angustia le oprime la garganta. “No voy a llorar, no voy a darte el gusto. Maldito seas, Graziani”.
-Vine porque quedó una conversación pendiente. Creo. Pero ahora me parece que no hace falta, que ya está todo más que claro. –Lo mira a Matías y siente que un puño de furia comienza a crecerle dentro, que pronto no va a poder contenerlo más y tendrá que liberarlo como sea, gritando, insultando, abalanzándose sobre ese intruso que ocupa su lugar.
-No seas tan obtuso, Pedro. Acá sólo hay trabajo, no estamos tocando la guitarrita en la playa ni comparándonos los tatuajes.
-Ah… ya entiendo. Ojo por ojo… De ésto se trataba ese “tomémonos un tiempo”. Encontraste quien te ayude a decantar el agua turbia. Y ahora, apreciás el fondo? ¿Valió la pena reemplazarme por este muñeco almidonado? Seguramente es más interesante, más experimentado… Se nota que tiene muchas más horas de vuelo que yo como puto.
-Guillermo, yo mejor me voy.
-Está bien, Matías, andá. Ya por hoy hicimos bastante. –Lo mira a Pedro de reojo y se siente repentinamente embalado, quiere hacerlo sufrir, devolverle la pelota del desengaño y clavarle el puñal de los celos donde más le duela.
-Nos vemos después en tu casa. A las diez, ¿te parece?
Matías lo mira sin atinar a contestarle, acorralado en el medio de dos corrientes de energía negativa en las que no quiere terminar atrapado. Guillermo le guiña un ojo y él se aleja antes de que el huracán se vuelva incontrolable.
Ahora están solos, se recuesta en el borde de un escritorio, lo observa parapetado tras la máscara de su rostro sereno. Pedro aprieta las manos, siente un impulso desconocido, violento, nunca antes experimentado. Quiere arrojarse encima de él y golpearlo, descargar el odio inmenso que lo ahoga. Su propia furia lo asusta y lo detiene antes de permitirse darle rienda.
-¿Qué pasa, Pedro? ¿De qué querías hablar? Pero que sea un tema nuevo, no quiero gastar saliva en cosas ya dichas.
-¿Cuánto hace que estás con él? ¿Volviste para éso o surgió después?
-¿Viniste de tan lejos para preguntarme cosas intrascendentes? Qué importa cuánto tiempo, o cómo, o cuándo. Nosotros terminamos, y lo que haya pasado después es asunto de cada uno. O lo que no haya pasado. ¿Me creerías si te digo que no pasó nada, Pedro? ¿Confiarías en mí?
Se miran largamente, midiendo el alcance de sus rencores, de sus desconfianzas. Pedro comienza a vislumbrar una ranura en la tersa impermeabilidad de su dolor, un resquicio por donde amenaza escapar el último aliento de orgullo que le queda. Podría perdonarle cualquier cosa… si tan sólo extendiera su mano, correría a abrazarlo, a hundir su cara en su pecho y llorar toda su angustia. Lo único que desea es que le dé otra oportunidad.
-Ya sé que estamos separados… Pero yo aún no terminé nada, Guillermo. Para mí ésto ha sido un infierno. No puse distancia entre nosotros, fuiste vos. ¿Te acordás? Pasé todo este tiempo obligándome a no buscarte, a respetar tu voluntad aunque significara cargar con una piedra de cien kilos en el pecho, seguí adelante como pude, y pude poco, por lo visto. Aquí estoy… como la última vez. Desarmado, Guille. Estoy lastimado y a vos no parece importante. ¿Qué tengo que hacer, qué tiene que pasar para que me escuches? ¿Necesitás que un rayo me parta al medio para que se ablande tu corazón?
-Yo… No sé qué más decir, Pedro. Siento y pienso igual que antes. Nada cambió. No es fácil para mí como vos decís. Yo no tengo el corazón endurecido, estás viendo una armadura, ¿no me conocés acaso? ¿Querés que desnude mi alma, que te diga que me muero cada día pensando en vos, que me propuse imposibles y aún así no estoy dispuesto a abandonarlos? Las decisiones a veces duelen mucho. Pero hay que sostenerlas. No queda más remedio.
-Vine pensando en las cosas que nos diríamos, en la forma que nos miraríamos… por primera vez en tantos días, fui feliz, Guille. Ojalá no hubiera venido. Va a ser demasiado duro volver a la realidad, desandar el camino que me trajo hasta acá. No veo cómo. Decime cómo hago para renunciar a vos, para convencerme…
-Antes te había preguntado algo, ¿Confiás en mí, me creés si te digo que no hubo nada?
-No importa, Guille. Te juro que ya ni eso me importa, ya pasó. Soy capaz de aceptarlo todo, todo menos tu falta de amor.
Siente que la ranura se agranda, la presión de las lágrimas se hace intolerable, se cubre la cara con las manos y deja fluir todo el caudal que lo oprime. Guillermo no puede verlo así, no soporta seguir manteniendo esa postura de fingida indiferencia, su propia fortaleza se desmorona. Va hacia él y le abre los brazos, hunde su cara en el cuello de Pedro, se deja llevar por su propio río de lágrimas. –Dios… Pedro… perdoname, perdoname! Por favor…
En apenas un par de segundos sus bocas descubren el camino extraviado, se pierden en un frenesí de caricias, de besos ávidos, urgentes, se dejan llevar por esa vorágine que los aturde, que los desarma, que los alivia. Guillermo pasa sus manos por la cara de Pedro, recoge sus lágrimas, intenta borrar las huellas de todo el dolor que causó.
-No pasó nada… no puedo ni pensar en alguien que no seas vos. ¿Me creés, mi amor? Por favor, decime que me creés.
-Shh… Guille, no hablemos más, no perdamos tiempo… ya perdimos demasiado.
Pedro recoge el bolso, lo toma de la mano y lo lleva hasta la puerta. -Hay un remis esperando. Vamos.
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Apenas logran contenerse mientras suben en el ascensor hasta el cuarto piso, corren por el pasillo hasta la suite y cierran la puerta de un golpe. Botones, puños, cinturones y zapatos, interminables obstáculos para despojarse de todo lo que molesta. Un camino de prendas llega a los pies de la cama. Sobre el colchón, sus cuerpos buscan saciar la tremenda sed que los consume, apagar el fuego de la angustia que dejó sus corazones reducidos a cenizas. La ansiedad y el dolor de todos esos días separados los hace dejar de lado la ternura, olvidan por un momento que son amantes y se trenzan en una lucha despiadada, devorándose, apretándose, sometiéndose. Más tarde, cuando el furor de la pasión se adormece, retoman el rumbo de las caricias, de los besos, de las palabras que necesitan escuchar una vez más. Pedro tiene la cabeza apoyada en el pecho de Guillermo, la levanta y la acerca a su oído. -En este cuarto, esta noche, me reconcilié con el amor. Tus besos fueron el mediador que me acercó de nuevo a él.
Guillermo sabe que su decisión provocó una devastación. Una nueva herida que sus corazones exhibirán como marcas de batalla. Quisiera expresar lo que siente, pero no sabe cómo. Le parece que las palabras no alcanzan, a veces, para pedir perdón. Acaricia la frente de Pedro, apoya su boca en la curva de su mejilla.
-No culpes al amor de mis errores… Nunca midas ese sentimiento con la vara de los actos humanos.
-Está bien. Pero no vuelvas a hacerme ésto.
-¿Dejarte, o lo que hicimos recién…?
-No cancherees, sabés bien lo que no quiero. Lo que acabamos de hacer jamás entraría en la lista de cosas prohibidas. Con vos todo está permitido.
-Si, ya sé… Pero me gusta que me lo digas.
-¿Qué te diga qué? ¿Que no me abandones nunca más? ¿Serías capaz de dejarme otra vez?
-¿A vos te parece que sería tan estúpido de tropezar dos veces con la misma piedra? Mi amor, no hace falta que preguntes éso. Aunque tengo que reconocer que cuando me lo pedís, algo dentro mío se hincha de placer. Pensar que puedo ser tan importante para vos, reconforta mi corazón acomplejado. –Sonríe avergonzado de haberse sincerado-. ¿No te diste cuenta todavía que con vos siempre se me derrumban las resistencias? Fue un infierno este tiempo sin tenerte. Cada vez que me quedaba solo, era un suplicio evitar los pensamientos, forzarme a no recordar, no salir corriendo a buscarte.
-Me hace feliz saber que hayas sufrido. Y mucho. –Se sonríe Pedro.
-Ah, sí, qué malo sos conmigo. –Le contesta haciéndose el ofendido.
-Vos tuviste la culpa por abandonarme… no creo que hayas padecido ni la mitad que yo.
-Bebí de mi propia medicina. Nunca más, te lo juro. Este pobre ciego aprendió la lección. Sin vos no tiene sentido nada. Si tengo que sufrir un día por perderte… será el precio que tenga que pagar. Afronto lo que sea.
Pedro apoya una mano sobre la mejilla de Guillermo. La desliza suave, apenas rozándolo.
-Nunca me vas a perder Guille… palabra de honor. Este hombre que estás viendo, ya no sabe respirar si no te tiene cerca. Dejarte de amar sería olvidarme de respirar. Soy un bien a perpetuidad. No vas a poder deshacerte de mí.
Guille suspira, conmovido. Desea con una desesperación rayana en la locura que todo le que está diciendo sea una realidad sostenida en el tiempo, ajena a todo orden cósmico, a todo designio. Quiere creer que lo pueden todo, que su amor es invencible.
-Entonces voy a hacer uso de mi propiedad. –Le contesta pasando una mano por ese tatuaje que lo vuelve loco. Dibuja con su dedo índice la forma de la piedra. Pedro siente cómo le corre un fuego por la piel, expandiéndose desde ese diamante hacia cada célula de su cuerpo.
-¿Te harías un tatuaje por mí, Pedro?
El contacto de sus dedos lo tiene electrizado, lo enloquece tanto como el sonido grave de su voz.
-Lo haría. Y vos… ¿Qué harías vos por mí, Guille?
Lo piensa un momento y se sonríe, imaginándolo.
-Yo… lo que nunca jamás soñé que querría hacer.
-¿Y puedo saberlo?
-Dentro de poco, ¿Sos capaz de esperar, de no ser ansioso?
-No, no puedo. Sólo hay un remedio para la ansiedad. Hacé que me olvide de lo que me acabás de decir con alguna distracción.
-Calma. En un rato te toca otra dosis.
-Yo sé muy bien cómo acortar la espera.
Le quita la mano del tatuaje y comienza a morder suavemente sus dedos, uno a uno, acariciándolos con su lengua. Mientras lo hace, no deja de mirarlo a los ojos. Esta vez, van de menor a mayor, sin prisas, sin temor a quedarse sin aire, o a morir intoxicados. El amor es el único medicamento que no tiene peligro de sobredosis.
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-¿Colgaste el cartelito en la puerta, mi amor?
-Por supuesto, Guille, me extraña… desde temprano, por si me olvido después.
-Está bien. ¿Pedimos el desayuno o bajamos al comedor?
Pedro se estira y se acomoda de costado, abrazado a la almohada, mientras observa los movimientos de Guillermo que se viste despacio, meticuloso como siempre. Abrochándose, subiéndose el cierre, revisando el borde del cuello para cuidar que no esté doblado. Deja un único detalle, los puños sueltos como nota discordante de tanta prolijidad. Se da vuelta y lo mira, divertido de verlo allí relajado como un gatito satisfecho, sin intenciones de realizar el mínimo gesto de querer levantarse.
-Por lo que veo, mejor lo pido, ¿no?
-Si… -Su voz es un ronroneo despiadadamente juguetón-. No quiero perder tiempo en vestirme, como vos.
-¿Y puede saberse por qué, chiquitín? –Le pregunta como si no supiera, mientras pasa sus dedos por el pecho de Pedro.
-Me encanta cuando te hacés el boludo, Graziani. Dejá de provocarme con esa mano o no vas a tener oportunidad de llamar al servicio.
-Está bien, me cuido porque primero necesito reponer energías. –Se levanta y disca el número del restaurant del hotel. En pocos minutos, están disfrutando de su desayuno, sentados sobre la cama, Guillermo vestido, Pedro sin nada más que la sábana que apenas cubre su cadera, deliciosamente impúdico como siempre que tiene cerca lo que más desea. Su mano derecha sosteniendo la taza de café con leche, la izquierda apoyada sobre la pierna de Guillermo, un gesto que es habitual en él, una forma de ir más allá, de establecer su posesión, su pertenencia.
-Extraño aquellos desayunos. Antes no imaginaba que podía llegar a gustarme comer frutas junto con el café… Pero ahora me da nostalgia. Allá me volvía loco cuando no podía conseguir el dulce de leche, o la yerba. Acá extraño la exhuberancia de las frutas, hasta me parece que empiezo a echar de menos esos exóticos platos que a vos te gustaba preparar.
-Tendría que haberte grabado. Me hiciste la vida imposible. Pero bueno, no hay potro que con pericia no se pueda domar.
-Igual no te agrandes que hay cosas con las que no voy a comulgar. Esos malditos cangrejos llenos de patas… y la manía de meterle ese aceite espantoso a todo.
-No te preocupes, puedo aprender otras recetas mi amor. Por vos hasta soy capaz de aprender a amasar pastas.
-No, éso es para entendidos cielito. Dejámelo a mí.
Pedro se queda pensando en las cosas que más le gustan de ese país que ahora parece tan lejano. Son muchas, sin duda la mayoría de ellas no compartidas con Guillermo. Suspira anhelando lo que apenas ayer dejó atrás.
-Yo lo que ya estoy necesitando es el aire de Bahía, las playas, el mar. Qué falta que me hacen.
-Pedro… -Deja la taza sobre la bandeja y lo mira, repentinamente serio-. Vos sabés que yo no voy a volver a vivir allá…, ¿no? Éste es mi lugar, no aquél. No soy pez de superficie, necesito la presión, la oscuridad, el abismo. Lo habíamos hablado. No hay ninguna posibilidad de que me vaya. Aquí estoy y aquí me quedo. Ya tuve suficiente vacación para el resto de mi vida. No puedo seguir mirando para otro lado, inventar que me puedo adaptar a lo que sea. ¿Lo tenés claro éso?
-Sí. No vine a pedirte que vuelvas. Además… ya retomaste tu vida, tu nombre, tu profesión.
-Vos también podés hacerlo. Todo puede continuar como antes, ya no tenemos que escaparnos de nadie ni vivir con miedo.
-Tal vez…
-No, tal vez no. Es así, Pedro, mi amor… -Lo toma de la barbilla, le sonríe con dulzura-. Ya somos libres, para estar juntos, para compartirlo todo, para hacer lo que querramos.
-Ya no estoy tan seguro qué es lo que quiero hacer. Pero voy a seguirte en la decisión que tomaste, porque para mí… no hay nada más importante que estar con vos. Yo estoy dispuesto a lo que sea. Pasamos demasiado tiempo separados, no quiero sufrir un día más sin vos.
- ¿Entonces te quedás?
-Si. Pero antes tengo algo que resolver. Me vine de improviso, sin planificarlo, no avisé nada, solamente pedí un par de días por enfermedad. Nadie sabe que estoy acá.
-Y el departamento, aún nos queda un año de contrato. ¿Qué pensás hacer?
-Si te parece, hablo con el propietario y le ofrezco rescindir, a ver qué me dice. Si no se puede, lo seguimos pagando hasta que se cumpla el plazo y lo usamos para ir de vez en cuando, no sé… para descomprimir la presión un poco. Para recordar lo felices que fuimos. O al menos, yo. Vos no sé.
-Yo también fui feliz, mi amor. Pero no se puede vivir en estado de gracia perpetua. Hablá entonces con él. Si no podemos rescindirlo, lo usamos para ir a mitad de año. O vemos si podemos conseguir alguien que lo quiera habitar mientras tanto.
-Me parece bien. Voy a sacar el pasaje hoy mismo. Cuanto antes vaya, antes regreso.
-¿Estás diciendo que vas a ir personalmente? No es necesario, podemos hablarlo por teléfono, digo, a menos que hayas dejado la heladera con comida. Y de última el propietario tiene otra llave, le pedimos que vaya y revise. La plata se la podemos ir mandando por transferencias.
-No, no quiero desaparecer así, no me despedí de nadie, no renuncié al trabajo, no me gusta. Es sencillo, voy, arreglo todo, dejo el departamento en condiciones, me traigo algunas cosas que los dos dejamos allá. Me parece más prolijo, Guille. Lo puedo hacer en un día.
-Bueno ya sé que cuando se te mete algo en la cabecita… está bien, andá y volvé rápido. Ahora que probé el dulce nuevamente, me va a matar la abstinencia.
Guillermo se le acerca y le besa el cuello. Se queda allí respirando el aroma de su piel. Pedro le acaricia la nuca, cierra los ojos y le murmura bajito las palabras que a su hombre más le gusta escuchar.
–No te preocupes, el tiempo nos sobra, Guille. Soy tuyo, y vos sos mío. Hoy, y mañana y el mes que viene.
Guillermo continúa con la frase evocando lo que él mismo alguna vez le dijo. “…Y en un año y en dos y en tres”.
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Están parados en un rincón del hall del aeropuerto, callados, querrían alargar los minutos y no tener que separarse aún. Guillermo le acomoda el cuello de la chomba, una y otra vez busca excusas para no perder el contacto con su cuerpo, se siente impedido de hacer lo que más querría, abrazarlo, tomarlo de la mano. Le cuesta hacerse a la idea que se va. Pedro lo mira tratando de no sentir el familiar desgarramiento que lo asalta cada vez que se aleja de él. Ambos, aunque no lo digan, sienten que quedaron muchas cosas sin expresar, que esos dos días en el hotel tuvieron gusto a poco. Pedro no quiso internarse en zonas pantanosas. Guillermo se propuso por un largo tiempo no pensar. El agua parece haber decantado, pueden apreciar un fondo pero ninguno quiere arriesgarse a remover lo que se presenta tan claro. Se miran con ternura, en silencio. El primero en bajar la vista para espantar una lágrima es Guillermo. Siente un apremiante deseo de no dejarlo ir. Irracional, descolocado. Pedro lo nota y busca darle ánimos, intenta no entristecerse también.
–Es un día y medio, mi amor, qué tontería es ésta de ponernos mal... En cuanto te descuides estoy de nuevo, andá preparando mis lugares. Los estantes del placard, mi escritorio en tu despacho, el lado derecho de la cama.
-Todo, todo va a estar listo para cuando llegues.
-Uy, me olvidé de algo. –Se agacha para buscar en los bolsillos del bolso-. Esto es para vos, y no me digas que no. –Tiene la cintita verde en la mano.
-No, yo no uso esas cositas… -Se ríe Guillermo.
-Ésta es especial, creeme. Me la dio un angelito de ojos tiernos.
Guillermo hace un gesto de resignación y estira la mano. –Dale, siempre te salís con la tuya.
-Antes de cada nudo, pensá un deseo, no lo digas en voz alta.
-Bueno, -le dice cuando finalmente ya tiene los tres nudos-. ¿Ahora qué?
-Nada. Simplemente tenés que esperar que se rompa, y los deseos se cumplirán.
-¿Recién entonces? Me voy a morir esperando. -Se ríe.
-Si se parecen a los míos, entonces no hay problema. En realidad ya se cumplieron.
De repente recuerda algo que lo hace poner serio. –Guille… ¿Me prometés que no vas a pasar mucho tiempo con ese tipo mientras yo no esté? No me gusta cómo te mira.
-Mirá las cosas que se te ocurren. ¿No te diste cuenta que sólo tengo ojos para vos desde que te conocí? ¿No te lo dije cien veces, en el hotel? ¿Y vos?, Vas a hacer una fiestita de despedida con tus amigos, con ése tal Alex?
Pedro se ríe con ganas. –No tenés arreglo. Pero pensándolo bien, en mi caso, hay una sóla manera de que me vaya tranquilo, Graziani.
-Ay qué miedito. Cuando me decís así…
-Tenés razón. Vení, acercate que no quiero que nos escuchen.
Guillermo acerca su cara y Pedro le estampa un beso en el medio de la boca.
Apenas puede contener la risa de verlo estático, azorado, con los colores subiendo hasta teñir sus mejillas de un rojo intenso.
-Te voy a matar Pedro.
-Bueno, pero que sea sin anestesia, como lo hiciste anoche.
Por el parlante anuncian el vuelo que tiene que tomar. Pedro le guiña el ojo, se da media vuelta y huye con una sonrisa que le cruza toda la cara. Guillermo lo mira alejarse y siente que es él quien va a morir, de amor, de necesidad, de deseo. No lo pierde de vista hasta que desaparece en lo alto de la escalera, un segundo después de darse vuelta y tirarle un beso con la mano. Sus labios dicen te amo, aunque Pedro ya no puede verlo. “Ay… cuánto te amo, mi vida…”
CONTINUARÁ
***
Hay Mary y no me digas que no.....Yo ahora lloro porque vos cambiaste el rumbo de la historia porque nosotras (Yo lloraba) chillamos y sufrimos....no te dejamos ser vos,ser la Mary escritora,maravillosa y de mucha calidad....Mucha calidad....Sos muy especial,muy,especial para mi,pero no se me temo que te fallamos como lectoras,perdón ,mil perdones....Esos dos reconciliándose me mataron......me pueden de todas las maneras....perdón niña, perdón.....no lo volveré hacer......te amo.....mucho...Besito y abrazo....
ResponderEliminarMirta como ya te comenté no cambié, don`t worry, o mejor dicho, preocupate jajaja... vos sabés que conmigo es imposible... la proxima semana hablamos, siempre y cuando desde Marte haya señal de internet. Muchos besitos, te quiero.
EliminarHay te amo mary !con lo. Que llege a sufrir por ellos y ahora esto es un aliciente para mi corazón ya había preparado la cerveza y el clorazepan para sobrellevarlo
ResponderEliminarPero ahora en tu honor solo me tomare la cerveza un beso enorme que crucé el río mara rosas
Mara mi hermosa escritora del otro lado del río, guardá el clorazepam no lo tires todavía y por favor te pido, no dejes de brindar que todo ésto que estamos viviendo como lectoras, como amigas, como escritoras, es algo único y maravilloso. Te quiero mucho nena...
EliminarMe parece que todavia es temprano para cantar victoria...pero por lo menos una semana mas de esperanza....que bien descripto este reencuentro ...pero las dudas siguen....uno no puede en una ciudad y el otro no puede en otra ciudad...este amor va a tener que ser muy pero muy fuerte... Porque lo deja ir ???? Porque??? besos grandes ...felicitaciones...
ResponderEliminarGracias, es verdad, conmigo no se puede cantar victoria, soy traicionera, jajaja, pero qué le voy a hacer... me sale así. Muchos muchos besos!
EliminarMary!!!! Te das cuenta? ;) TODAS contentas!!! y sobre todo Pedro & Guille !!! Esta vez, solo por esta vez, no voy a pedirte: "la historia completa YA! por favor". Como me dijiste: puro amor como Materazzi ;) Hermosamente escrito! (conste que siempre te lo digo, aún cuando escribís esos capítulos dolorosos y angustiantes que a vos te gustan pero que a nosotras nos dejan tipo trapo de piso requete-usado :( Me encantó! (obvio, no? para no decirlo). Espero mas de esto, mucho, mucho amor y ternura como solo "ellos" pueden. pleaseeeeee..... Besos Romina PD: lamentablemente todavía: ni Guille & Pedro ni tu historia, pasaron a la parte del cerebro donde entiende que es ficción, por lo tanto cada cosa que escribas, deleitará o sumergirá en el dolor a mi corazón
ResponderEliminar;) #SoloParaQueLoSepas ;)
Romina me alegro de haber calmado esa ansiedad al menos por un ratito... no, la imagen del trapo de piso me dolió en el alma!!! No quiero que sufran, ya les dije que ésto termina bien... qué mejor spoiler que ése? Si, hay que padecer un poco, bastante, pero así después va a brillar más ese final... al menos yo lo siento así. Un beso enorme Romi, gracias por estar siempre y apoyarme.
EliminarMaryyyy, me hiciste largar la carcajada sonora con esta ya célebre frase: "Se nota que tiene muchas más horas de vuelo que yo como puto." =P
ResponderEliminarBueno, acabo de descubrir que no sos tan mala como pensaba... Yo imaginaba que la tosudez de Guillermo iba durar muchossssss capítulos. Nada de lo que imaginaba del arribo de Cielito a Buenos Ayres (cosas horribles), se cumplió.
Al final, alguien te había dicho si íbamos a pasar unas fiestas angustiantes y vos le dijiste que sí... Pero no! Porque ya estamos en Navidad y hasta después de la misma, nos quedamos con algo tremendamente gratificante.
No importa que ahora me/nos quieras asustar con lo que vendrá después. Vamos paso por paso. Ni por asomo me esperaba este derroche de amor (lo del tatuaje libera un río caudaloso de ratones, jaja).
Y nos queda la gran intriga de qué sería capaz de hacer Guiie por Pedrín...
Te quiero Mary! Amo esta Resurrección ;-)
Guilleeeee te equivocás sí soy mala, sólo que a veces intento dar un respiro, porque mucha angustia es cansadora... hasta a mí me cansa. Así que te compadecés de Matías repetidamente? Pobre, en serio, lo tenemos como palo de gallinero todas, y éso que no era malo... en realidad si lo hubiera sido no lo pondríamos en las historias... el muchacho es un buen estímulo para celar a Pedrito..., o a Julio en el fic de Sandra. Lo usamos como hizo Guille en este capítulo, está predestinado a éso. Bueno Guille, espero que me sigas acompañando for ever! (ah sos tremenda, lo del tatuaje... no era para tanto! apenas una insinuación... aunque me parece que eso es lo que a vos te gusta, justamente... no?) Muchos Besossss!!!
EliminarAh! Me olvidaba! No será como mucho compadecerme dos veces en una semana por Matías? En Teatro ya me dio penita la contestación que le dio Julio... Y ahora, atrapado entre ese flujo de energías negativas que desataron Guille y Pedro... Y el guacho de Guille todavía usándolo para darle celos a Pedro!!! Eso de "te veo en tu casa a las 10" después de hacerlo rebotar una y otra vez como pelotita de ping pong...
ResponderEliminarPobre chico... Demás está decir que siempre me cayó mucho mejor que los otros dos que ni siquiera los voy a nombrar...
No se que nos depara el destino en esta historia, pero estoy a la espera de eso y tengo mucha ansiedad...Gracias!!
ResponderEliminarDestino, uy que palabrita... en este caso yo diría que el problema es ése, el destino, el que les va a jugar en contra. Gracias por tu ansiedad, es un estímulo para seguir escribiendo Adri. Besos!!!
Eliminar¡Ay Mary, Mary, Mary..! No se que hacer con mis locuciones internas cuando vos escribís, este capítulo tan precioso, de tanta entrega y de tanto amor, me hace temerte aun más. Presiento que te vas a venir con unas de las tuyas, no quiero hacerme ilusiones, porque me siento en las manos de Uma Thurman en kill bill.. Mujer, que fantástica tu pluma, te aplaudo de pie. Sos una genia que nos lleva del Cielo al Infierno como se le da la gana. Lo tuyo se llama talento y te adoro por eso. Abrazo Guilledrista!
ResponderEliminarMe mató la imagen de Uma Thurman, me gusta, sabés? Yo tengo una heroína de ficción, es Lisbeth Salander, de la trilogia Millenium. Una mujer aguerrida, valiente, dura, sufrida. Me inspira una ternura descomunal. Stieg Larsson no le ahorró penurias y desgracias a esa pobre mujer en su historia... pero todo éso creó un personaje salvaje, querible e inolvidable. Ojalá mis lectoras no me odien así como yo no odié al pobre Stieg mientras los leía... (bueno, él está muerto y yo todavía no, éso tal vez haga la diferencia). Jajajaja hoy estoy delirante... no me hagas caso... Gracias por tu elogio, siempre es reconfortante leer tus comentarios señora editora. Besotes!!!
EliminarMi adorada Mary sólo tengo exclamaciones no palabras todo en mi es ahhh ohhhhh Nooooo Siiiiii auchhhh Dios mioooo ayyyyyy mi Diossss y siguen y siguen .Como te dije ayer tenes una cálida para escribir el alma y el cuore de estos muchaschos com.o pocas.te pasas de increíble,y aunque putee contra este Grazziani que me debe unas cuantas. Y que lo voy a tener vigiladooo mi amor por t pedro es unversamente proporcional amo su valentía su entrega su audacia y su enrme amor es el hombre q muchas quisiéramos ..en fi n amiga lo más importante es que veneramols esta historia y te admiramos y te queremos con furia JAMAS dudes de nuestra incondicionalidad más allá de nuestros berrinches plis no te vayas a Marte quiero leerte por los siglos de los siglos AméN..........sos bestial!!!!!.....majo
ResponderEliminarMajo lo tuyo es un comentario eminentemente orgásmico jajajajaja!!! Lamento que lo bueno dure poco en mis historias... soy como una institutriz inglesa que entra y corta la joda... sorry! Pero como soy bipolar escribiendo, me voy del cielo al infierno todo el tiempo, así que no te pongas mal que lo terrible no va a ser eterno. Y por suerte mi fic tampoco, por la salud mental de todas ustedes! Lo de Marte lo estoy evaluando, sale un poco caro, tal vez me conforme con un viajecito a la Luna que está más cerca... o si tampoco llego con mis ahorros, me limitaré a desaparecer en forma virtual... con no abrir el face suficiente! Que puteen tranquis, a palabras electricas oídos desenchufados. Gracias Majo! Igual confío en que me defenderás... espero, creo y deseo...
EliminarMi bella escritora llegue al fin!!! Recupere mi internet, así que puedo comentarte acá!! Que mas agregar que ni hallan dicho las chicas, capitulo hermoso, al fin un respiro entre tanto dolor!! Ese reencuentro fue bellísimo, cargado de angustia, celos amor y esa pasión única que los envuelve, se que pedirte que esto dure para siempre es demasiado ... Jajaja pero no pierdo la esperanza que sea así en algún momento, te admiro profundamente, marian
ResponderEliminarGracias Marian, qué buena noticia lo del internet así no se demora lo que sabés, ;) te agradezco muchisimo tu compañía y sé que siempre estás... Te mando un beso enorme y me siento muy emocionada con esa admiración que no termino de entender pero que me hace muy feliz...
EliminarQuerida Mary!!! te juro que no abandonde el barco!!! solo tengo algunos dias complicados...bah! mas complicados de lo normal....que decirte de este capitulo!!! un oasis en medio del desierto....una belleza de pie a cabeza....Pedro atacado por los celos me mata pero mas me mato leer que no le importaba nada si Guille volvia con el...#amarlo un dulce....ahora Guille.....ay ay ay Guillermo Graziani....me impresiona como sacaste su personalidad y como se mantiene a lo largo de los capitulos....y si...el amor nos puede cambiar un poco pero como bien lo dice él mismo Es un hombre grande y cuesta... cuesta soltar...cuesta creer y cuesta arriesgarse....lo q si no le cuesta es ocultar sus verdaderos sentimientos....eso lo tiene tan arraigado!!! mira que prenderse a querer darle celos a cielito cuando se hizo semejante viaje solo por él....mmm Graziani eso no se hace.....y otra cosa que tambien tiene arraigada es la debiidad por su Pedro, que hace que muera al verlo sufrir y hace que rompa todas sus barreras autoimpuestas... Mary...adore este capitulo!! no quiero lechuzear...pero presiento que este impaz en tu sadismo no durara mucho.....me preparo para sufrir y recibir los tomatazos el proximo domingo??? te quiero my sadistic writer!!! Silvana (Barby)
ResponderEliminarSil ya me imaginé que andabas muy ocupada, no te preocupes! No hay obligatoriedad, yo sé que lo leés, leyendo tus comentarios pienso que en cualquier momento te paso la posta y dejo el fic en tus manos así yo descanso mi mente, la reseteo un rato como diría Cielito. Aunque la verdad..., no confío en nadie para seguir por el camino sadic, en cuanto me descuidara pintarían un mundo lleno de fruta encendida jajajaja imposible de remontar! Y sí, andá preparando el paraguas y el impermeable, el domingo se viene la tormenta de críticas y quejas. No me vayas a renunciar ahora ehhhh que si no apunto el barco para un iceberg y nos hundimos de unaaaa Te mando un besote gigante Sil, besotes y gracias por hacerte un ratito para escribirme, lo valoro muchísimo, de verdad.
EliminarMary <3 yo soy una romantica empedernida por lo tanto este culebron me tiene tan atrapada que imposible soltarlo!!!! lo que si te digo...me tiene absolutamente intrigada para donde nos lo vas a llevar esta vez.....antes supe en el instante de leer qué ocurriría en breve...pero ahora! nop....no entiendo....que puede hacer que vuelvan a separarse cuando ambos vieron que es imposible vivir separados??? Pedro esta dispuesto a todo por Guille y desp de este encuentro no puedo creer que aun éste terco Graziani no caiga en la cuenta que no debe dejar escapar al chiquitin.....tal vez deberia ser Guille que ahora se juegue un poco por el precioso.....Pedro ya se jugo demasiado! vamos Graziani! media pila!!!! (Mary ya se que es ficcion pero tu fic y alguna otra de por aca las vivo tan reales que mi cabecita terca y enamorada de estos dos me hacen confundir) sorry! besos del alma!!!
EliminarMI DIOSSSSS!!!! ALGO ME DICE QUE EL CIELO SE VOLVERÁ A OSCURECER , Y POR MAS QUE SUPLIQUEMOS VER ESTRELLAS, PIDAMOS DESEOS, LA NOCHE MAS BELLA SE OPACARA , DENSOS NUBARRONES LA ACECHAN
ResponderEliminar¡ QUE PEDAZO DE NOVELON!!!! ME ENCANTA, SI DESPUÉS DE CADA TEMPESTAD LA CALMA VIENE CON PASION Y DESBORDE DE TERNURA.
MARY ESTA HISTORIA ESTA,COMO SUELO DECIR, PARA ALQUILAR BALCONES.
"...SE NOTA QUE TIENE MUCHO MAS HORAS DE VUELO QUE YO COMO PUTO" MI AMOR, PEDRO ES PEDRO.
GRAZIANI, GRAZIANI, CIELITO ES TU CONDENA,TE DESARMA, TE CORROMPE, TE DEJA SIN ALIENTO, TE DA ESE TOQUE DE INSEGURIDAD QUE ODIAS.
BUENO ESTE OASIS ESTA POR DESVANECERSE, ASI QUE APROVECHO Y ME EMPAPO DE TANTO AMOR.
FELICITACIONES Y GRACIAS POR TANTO
PONGO EL PECHO A LO QUE VENDRÁ POR QUE CON ELLOS VOY A MIRAR EL CIELO, PEDIR UN DESEO ,PARA QUE SIGAN TENIENDO LAS NOCHES MAS BELLAS .MONICA DE LANUS.
P/D FELIZ NAVIDAD, INMEJORABLE AÑO NUEVO PARA ESTAS ESCRITORAS QUE NOS PERMITEN SOÑAR Y QUE DIA A DIA ACARICIAN Y ARREGLAN NUESTROS CORAZONES.
NO PODIA NO PASAR, CUESTION DE FE.
YO POR LAS DUDAS MIRO EL CIELO, Y PIDO UN DESEO, PODER VER, A JULIO Y BENJA TRABAJANDO JUNTOS.TEATRO, TELEVISION, CINE, PUBLICIDAD....PORFI, AFILEN AGENDASSSS.AGUANTADORAS, AGUANTADORAS.
Moni querida, después de semejante comentario, no queda otra que agradecer con el alma el gesto que has tenido, gracias y más gracias, es bellísimo todo lo que escribís siempre, me encanta también ese amor incondicional que sentís hacia nuestra pareja inolvidable, hacia esos Guille y Pedro que se prendieron a nuestro corazón y no van a irse jamás. Es verdad, en este fic el cielo se oscurece y tardará mucho en volver a salir el sol, mis historias son así, como aquellos culebrones que siempre me atraparon, donde uno putea porque la pareja está toda la tira sufriendo y separados por distintos motivos. Qué le voy a hacer, me sale así y por algo será... tal vez mi inspiración se activa solo de esa manera. Moni, quiero además de agradecerte que me hayas acompañado hasta ahora, los hermosos comentarios tan generosos que me regalaste. Este fin de año yo voy a mirar el cielo y pediré un deseo, y es que cada una de ustedes sea feliz, que la vida les de, entre otras cosas, la bendición del amor en todas sus manifestaciones... amor de amigos, de familia, de pareja. Te mando un beso gigante y muy felices fiestas para vos...
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