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domingo, 25 de enero de 2015

"RESURRECCIÓN" - Cap. 12 - (By Mary Buhler)

RESURRECCIÓN - CAPÍTULO 12



Alex desconoce los motivos que puedan influir en el hermetismo que Pedro viene demostrando desde el día anterior, lo único que se le ocurre es alguna clase de depresión postraumática que recién haya hecho su aparición ahora, cinco semanas después del accidente.  La tarde anterior se acostó apenas regresaron de la playa y por la noche se negó a probar un solo bocado.  Ese domingo por la mañana se armó de paciencia para lograr sacarlo a dar un paseo, a las pocas cuadras se empecinó en volver porque decía que le dolía la cabeza.  No sabe cómo combatir contra éso.  Cualquier intento de indagar las causas lo hace toparse con un muro de silencio y gestos hoscos.  Ya empieza a preocuparse, es poco el tiempo que puede dedicar a quedarse con él, esos diez días que pidió de licencia ya se terminan y el trabajo en el hotel le va a demandar muchas horas cuando regrese. 
-Creo que voy a tener que contratar a alguien después de todo.  No puedo ocuparme de mil cosas y encima soportar tu malhumor, Pedro.  No es justo.
-Te lo dije.  Fuiste vos el que no quiso.
Alex está preparando unas milanesas, uno de los platos preferidos de Pedro.  Últimamente cocinaban juntos, pero ya ni éso quiere hacer.  Se detiene con las manos llenas de pan rallado y lo mira a través de la abertura que da al comedor diario.  Está sentado en la silla de ruedas, las manos sobre la falda, la cabeza inclinada mirando el techo.  Hace una hora que está así, apenas ha logrado convencerlo de que abandone la cama y se ubique en la sala pero ésa ha sido toda su actividad.  Ya ni siquiera se ocupa en leer.
-¿Quieres que ponga música… o prenda la televisión?
Como no le contesta, vuelve a observarlo.  Aún sigue en la misma posición, salvo por un pequeño detalle creería que está dormido.  Una lágrima recorre su mejilla y se detiene en el borde de la barba.  Alex se lava las manos y va hasta él.  Se agacha y le apoya la mano en el brazo.  –Si no me cambia esa cara de muerto, pronto van a empezar a posarse los gallinazos…
Pedro ni siquiera parece haberlo oído.  Está inmóvil, apenas pestañea. 
-Pedro, ¿Qué te pasa…?  ¿Por qué no me cuentas lo que te está mortificando tanto?
Pedro baja la cabeza, parpadea para espantar las lágrimas que le borronean la visión.  –No pasa nada. 
-No me mientas… hace dos días estabas distinto.  Podías sonreír, querías salir.  ¿Por qué te dejas caer así?  Esto no es bueno para tu recuperación. Tienes que avanzar, no quedarte en pausa. 
Lo mira por un segundo y vuelve a bajar la cabeza.  Alex puede sentir una pequeña vibración en su cuerpo, un temblor que indudablemente está tratando de mantener a raya.
-No puedo ayudarte si no me dices lo que estás pensando… lo que sientes. 
-No quiero hablar.  No me quiero arrepentir de algo que pueda llegar a decir.  Ya se me va a pasar, algún día se me va a pasar.
-Ese algún día suena muy lejano, Pedro.  No puedes darte el lujo de quedarte tirado en esta silla.  Tu cuerpo necesita ejercitarse, tu cerebro también.  Un día detenido así es mucho desperdicio.  Y yo me siento muy mal viéndote así.  Me duele. ¿Podrías hacerlo, al menos, por mí?
Le acaricia el brazo, le toma la mano.  –Pedro, yo creo que hice muy mal en hacerte caso la otra vez. Tendría que haber hablado con Guillermo…
Escuchar su nombre parece hacerlo salir del letargo. Lo mira con asombro, su expresión va mutando de la pena a la indignación.  -¿Guillermo…? ¿Qué mierda le importa a él de mí?  Está muy feliz de haber recuperado su libertad.  Y éso que ni siquiera sabe en lo que me convertí. 
-¿Pero cómo puedes hablar con esa seguridad? Tal vez esté destrozado sin saber y tú…
-¿Yo? ¿Yo soy el insensible, el desalmado que se alejó, que lo abandonó? ¿Cómo podés siendo mi amigo hablar de esa manera?  Soy yo el digno de lástima, no él. 
-No eres digno de ninguna lástima, Pedro.  Eres joven y fuerte, y vas a recuperarte.  No sé qué ideas estúpidas te has puesto en esa cabeza.
-¡Ninguna idea estúpida! El muy hijo de puta está feliz y disfrutando de su nueva vida, soy yo el que está hecho un desperdicio, el que no sabe cómo mierda seguir adelante!
-Escúchame, Pedro… aunque sea la última vez que lo hagas.  En ocasiones la vida nos pone a prueba.  Nos lleva al límite del sufrimiento, nos dice jaque.  Y es entonces cuando se abren dos caminos importantes.  O te detienes y usas la cabeza… y piensas cómo salir airoso, o te precipitas y la cagas.  Así de simple.
-Esta cabeza ya pensó demasiado, te lo aseguro.  Vos no conocés a ese hombre.  No tenés idea de las cosas de las que es capaz cuando se propone algo.  No hay nadie que pueda superarlo. Es un tornado.  Si estuviera destrozado como decís, hubiera removido cielo y tierra hasta encontrarme. No me fui a ningún lado.  Aquí estoy, abandonado en esta maldita silla.  Días y días sin saber de él… y ahora… ahora ya es tarde. Ya no tiene sentido que venga, que me hable, no hay excusas posibles. Perdió su derecho a defenderse.  Aunque no creo que esté interesado en éso.  Tiene mejores cosas en las que invertir su tiempo.
Alex se levanta y lo mira con detenimiento. En venticuatro horas Pedro se ha convertido en alguien indescifrable.  Siente crecer una firme determinación.  No puede seguir consintiendo este capricho, tiene que hacer algo, tomar las riendas y acabar con todo este despropósito.  Pedro necesita que  lo ayude, no está razonando bien, ya no va a discutir.  Hay otra opción y hará uso de ella. Porque tampoco le agrada enojarse con él, se siente desleal, injusto.  Su amigo pasó por un calvario y no se merece su falta de paciencia.  Tiene que buscar ayuda.
-Voy a terminar de cocinar y espero que esta vez estés dispuesto a comer algo.  Te estoy preparando esas benditas milanesas que te gustan tanto.
Pedro se masajea las sienes, no le contesta, está tratando de dispersar la furia, pero un nuevo volcán de dolor lo quema por dentro.  “Te odio, Guillermo… te odio.  Ojalá nunca te hubiera conocido.  Todo ésto es tu culpa”.
Está preparándose para salir cuando escucha que Pedro lo llama desde el baño.  Lo encuentra sentado en su silla, inclinado sobre la taza del inodoro, está tosiendo y acaba de vomitar.  Corre a buscar un vaso de agua, se lo acerca a la boca y mientras se enjuaga le toca la frente.  –Te noto un poco caliente.  Va a ser mejor que te acuestes.  Yo hoy no voy a trabajar.
-No hace falta, ya se me está pasando… Ya vomité dos veces, no tengo más nada adentro. 
-Ya es el segundo día que estás mal, tiene que verte un médico.  Voy a llamar al hotel y pido que manden alguno, de paso aviso que no voy.
-No quiero que tengas problemas por mi culpa. 
-Pedro, te digo que no importa, no me tomé las vacaciones completas este año, puedo pedir un día más.  Vamos a la cama.
Empuja la silla hasta el dormitorio y lo ayuda a acostarse.  Lo ve hacerse un ovillo, recostado de lado.   Le sube la sábana hasta la cintura. 
-Enseguida vuelvo. 
Llama a su superior y le dice que se siente mal, consigue que le envíen un médico. Después de revisarlo le extiende una receta y le deja indicaciones de una dieta.  Alex le da su propio nombre para que haga los certificados.  Mientras el médico escribe, lo mira a Pedro y le guiña el ojo.  Acaba de matar dos pájaros de un tiro.  Pedro se sonríe, está un poco más aliviado pero la cabeza aún le duele bastante.
Después de despedir al doctor regresa con él.  –Voy a ir a comprar los medicamentos.  Cuando regrese te preparo un té, ¿quieres?
-Bueno… pero primero quiero dormir un ratito.
-Me parece perfecto.
Cierra la puerta y se va a cumplir con los mandados.
Juan se levanta temprano.   Dobla las sábanas y las deja a un costado en el sofá.  Pone a funcionar la cafetera, busca pan en el freezer para preparar unas tostadas.  Se asoma al dormitorio y lo ve dormido, abrazado a la almohada.  Tuvo una noche complicada, no se podía dormir y se negaba a tomar un sedante.  Se quedó con él, haciéndole el aguante, tratando de distraerlo.  Cuando las primeras luces del día comenzaron a filtrarse por la ventana, el sueño lo venció.  También él cayó rendido apenas se acostó.  Ahora le da pena despertarlo, está profundamente dormido, su respiración se nota relajada.  Además, imagina que apenas se despierte va a querer salir corriendo en pos de esa quimera llamada Pedro.   Teme el momento que inevitablemente llegará, el de la decepción final.  No sabe cómo lo sostendrá, cómo evitará que caiga en un pozo irrescatable.  Lo único que tiene en mente es estar con él, acompañarlo en esa empresa descabellada.  Ya verá lo que acontece.  Prepara el desayuno y lo coloca en una bandeja.  Lo lleva hasta la cama, Guillermo empieza a despertarse y lo mira con los ojos entornados.  Por un momento no sabe dónde está, apenas unos segundos antes estaba soñando algo lindo, ya no puede recordarlo, pero le dejó una sensación agridulce, una emoción difusa de felicidad y nostalgia.  Juan acomoda la bandeja entre los dos, le alcanza la taza llena de café humeante, negro, sin azúcar. 
-Buen día… aunque me parece que hace dos minutos que estábamos charlando.  ¿Pudiste dormir algo?
-Si, gracias, Juan.  Termino ésto, me baño y me voy.
-Eh… pará un poquito con la ansiedad…  vamos por pasos.
-¿De qué pasos me hablás?  Ayer fue imposible ubicar a ese hombre.  Tengo que volver, tengo que encontrarlo.
-Lo que tenés que hacer es tomarte las cosas con calma, por tu salud.  No vine solamente para correr detrás tuyo y ver cómo te desplomás, vine para cuidarte.
-Ya estoy grande para que me cuiden.  Te agradezco infinitamente, pero no te voy a pedir permiso.  Si querés acompañarme, genial.  No intentes detenerme, no sé en qué circunstancias voy a encontrar a Pedro, no puedo perder más tiempo del que ya perdí.
-Bueno, entendí.  A partir de ahora me callo la boca.  Al menos prometeme que antes de salir vas a tomar todos los medicamentos que hasta ahora no te vi tomar.
-No es cierto, sí los estoy tomando  –mira el reloj-.  En veinte minutos me toca uno. 
-Si es así, avisame cuando vayas a tomarlo que quiero verificarlo.
-Qué feo lo tuyo, qué desconfianza… No soy tan tonto, no me quiero morir  ahora.
Juan intenta abrir la boca para quejarse pero Guillermo lo detiene con una mirada de reproche.   Cuando terminan el desayuno, se preparan y piden un remis.
Ya es media mañana cuando llegan a la casa de la playa.  Toca insistentemente el timbre, golpea, se desespera.  Después de casi diez minutos aún siguen allí en la puerta sin que nadie haya salido a atender.
-No está, Guille.  Debe haberse tomado el fin de semana para irse a algún lugar.  En el hotel nos dijeron que mañana iba a trabajar… esperemos hasta mañana.
-¿Y cómo mierda hago para esperar un día más, decime? 
Juan se queda callado y decide no opinar más.  Al menos, antes de salir logró hacerle tragar un par de comprimidos, ya tiene anotadas las siguientes tomas en la alarma del celular.  Lo que más teme es que si no encuentran a Pedro se le haga imposible lograr que continúe tomándolos.
-Date una tregua, Guille.  Vayamos a caminar un poco por el centro y después buscamos un lugar para almorzar.
-Bueno  –Se suben a un taxi y se van, Guillermo no se queda convencido, se da vuelta para mirar hacia la casa en dos ocasiones, no puede hacerse  a la idea de que no esté.  Una sensación muy fuerte, precisa, lo acometió desde el primer segundo que pisó la vereda de esa casa. Ayer sábado, y también ahora.  Aunque no termina de creer en los presentimientos, la percepción es demasiado intensa como para menospreciarla.  Ese hombre sabe algo,  encontrarlo no es un capricho, está en juego su vida y tal vez la de Pedro.  Ignora cómo puede ser así, pero lo siente y con éso tiene suficiente para insistir hasta encontrarlo.
Alex entra al dormitorio a acercarle el  medicamento que compró.  Pedro está dormido.  Toca su frente, lo nota más tibio que caliente.  Le retira la sábana y decide esperar un poco, dejarlo dormir como le pidió.  Enciende el ventilador y sale despacio sin cerrar la puerta. 
Busca en sus contactos telefónicos un número que agendó alguna vez pero que nunca utilizó.  Solicita un turno para la próxima semana.  Corta y se queda pensativo.  No lo consultó con Pedro,  no cree que tenga su aprobación.  Si es necesario, lo llevará a la fuerza, ya no sabe qué más hacer.  Piensa que un psicoanalista es la única opción.  Todos esos cambios de humor, los altibajos, las angustias, los desórdenes alimentarios, tienen un solo nombre. Mal de amor.  ¿Pero cómo va a ayudar él, que no ha podido resolver sus propios males sentimentales? A veces no queda más remedio que recurrir a la asistencia de un profesional. Se siente aliviado.  Alguien más se hará cargo, él ya no confía en su valor como sostén.  No vaya a ser que por ayudarlo se caiga también. 
Febrero, 2016
El lunes por la mañana Guillermo se levanta temprano, apenas ha podido dormir de a ratos como le sucede desde que llegó a esta ciudad.  Encuentra a su amigo completamente vestido preparándose el bolso. 
-Buen día… ¿qué pasó?  –Juan deja de acomodar la ropa.
-Hola Guille.  Lo siento, pero me tengo que ir.
-¿Así, de repente, por qué?
-Me llamaron del estudio.  No sabés el bolonqui que se armó.  Un subordinado mío… aprovechó que le dejé unos datos para mandarse una macana.  Si no me presento y doy la cara van a creer que estoy de acuerdo con él.
-Pero,  ¿es muy grave? 
-Casi medio palo verde, Guille.  Un desastre.
-Uy Juan… lo siento.  ¿Se puede recuperar  o la hizo demasiado bien?
-Ya debe estar tomandose un martini en Tombuctú…  Lo que resta es ir a tratar de salvar mi culo, si puedo.  No creo que se pueda hacer mucho pero ellos van a querer que por lo menos se intente.
-¿Corre peligro tu trabajo?
-No creo… mi jefe me tiene mucha confianza, pero tengo que hacer acto de presencia. El pibe éste no hacía ni un año que estaba, parecía piola… qué hijo de puta.
-Bueno, quedate tranquilo.
-Sí, esa frasecita te la copiaste de mí.  Guille… -se acerca y le apoya la mano en el hombro-.  No me voy tranquilo, para nada.  Vine para cuidarte y ahora te tengo que dejar solo… Ésto es una reverenda cagada. 
-No te preocupes, voy a estar bien.  Te prometo que me voy a cuidar.
-¿Vas a tomar los remedios? ¿Lo vas a hacer por mí? ¿Y por tu hijo?  No quiero encima de sentirme culpable tener que enfrentar su rencor… Pensá en éso.  Por favor.
Guillermo le sonríe y le da un abrazo.  –Nos vamos a ver prontito… andá tranquilo y sin culpas.  Hierba mala nunca muere.
Juan se queda mirándolo por unos segundos, intentando convencerse de que tomó la decisión correcta.  Y de que Guillermo no le miente cuando le asegura que se va a cuidar.  Espera de corazón no tener que arrepentirse  de dejarlo solo.  Ningún trabajo vale nada en comparación con un amigo.  Guillermo se da cuenta de ese titubeo y le palmea el brazo.
-Andá, Juancito.  Todo va a salir bien.
Lo acompaña hasta la plaza y lo despide cuando se sube a un taxi.  Mira la hora. Las diez de la mañana.  Decide en el momento no volver al departamento, se busca un auto y le da la dirección del hotel.  La misma empleada que lo atendió el sábado lo recibe y le dice que Alexander no llegó aún a trabajar.
-Mire… no estoy pidiendo una audiencia con el Papa.  Si es tan amable, por favor ubíquelo y dígale que es urgente, que tengo que hablar con él, no puedo seguir buscándolo por todos lados.
-Lo siento pero su horario es desde las seis de la tarde.  Si regresa después de esa hora lo va a encontrar.
Se debate entre volver más tarde o dejarle algo escrito, finalmente decide sacar una tarjeta personal y escribirle un mensaje y su número de celular.
-¿Le puedo pedir un último favor?
-Por supuesto, señor.
-Déle esto, apenas lo vea.  Es muy importante para mí que él me llame  –le alarga la tarjeta.
-Así lo haré, pierda cuidado.
Sale del hotel y se queda detenido en la explanada, pensando qué hacer a continuación.  Ya van tres días que llegó, siente que no pudo avanzar pero algo le dice que falta poco para que pueda sacarse las dudas que a cada momento se transforman más y más en certezas.  Se va caminando por la avenida en dirección al centro, necesita gastar un poco de energía, llegar más cansado al final del día para evitar esas horas angustiosas de la noche en las que no puede alcanzar un sueño duradero.  Ya empieza a extrañar la presencia de Juan, se da cuenta lo solo que está, lo difícil que es caminar por esos lugares memoriosos sin el apoyo de su comprensión,  temeroso de que todos sus presentimientos positivos no sean más que un espejismo.  Al llegar al departamento, se  deja caer en el sillón y descubre que está verdaderamente agitado.  Deja pasar un rato para aquietar el ritmo de su respiración, controla su pulso y se promete a sí mismo que no volverá a poner la maquinaria en riesgo.  No puede permitirse caer antes de llegar a la meta, necesita saber de Pedro, tiene que encontrarlo.  Después… que Dios o su destino decidan el resto.
Esa noche no puede quedarse quieto.  El silencio del departamento le provoca una sensación opresiva.  Sale a la calle, no se fija un itinerario, simplemente quiere despejarse, respirar un poco de aire.  Camina un par de  cuadras, se detiene en un bar y pide una cerveza.  Segundo error del día.  No importa, una raya más que le hace al tigre.  Mientras la bebe despacio, observa el discreto tránsito nocturno, se deja llevar por los recuerdos de otras noches frescas de verano junto a él.  Tan parecidas a ésta.   Hace un año atrás, una mesa en la vereda, Pedro sonriéndole de esa forma atrevida, haciéndole cosquillas con la mano por debajo del mantel, retándolo a protestar, forzándolo a reírse también.   –Quiero alquilar algo por acá… me encanta este barrio. Tiene onda.  ¿Viste esos edificios tan coloridos? Me encantan. La playa es aburrida.  ¿Te parece, mi amor? –le pregunta mientras su mano acaricia la pierna de su compañero.
-Basta, Pedro no sigas… -A pesar de todo no puede evitar reír-.  Te voy a tirar este vaso de cerveza a ver si te enfriás.
-No me contestaste.  ¿Te gusta?  –y le guiña el ojo.
-Si… me encanta todo… -Pedro lanza una carcajada.
-Ves, es tan fácil convencerte… Mañana busco un departamento por acá –lo suelta y se echa en la silla para atrás.  Guillermo lo mira y siente una cosquilla dentro.  Es tan hermoso, piensa.  A veces le cuesta creer que todo éso sea algo real.
Ahora, mira la silla vacía junto a él, después de todo tenía razón cuando no se la creía.  Las cosas buenas no duran.  Apura el último trago, por hoy ya no quiere pensar, ni recordar.  Desanda el camino hasta el departamento, apenas entra al edificio una fina llovizna comienza a caer.  El resto de la noche espera una llamada, controla la pantalla del teléfono a cada rato, se impacienta, mira por la ventana.  Cuando se da cuenta que está verdaderamente cansado, se desviste y se acuesta.  Mañana no esperará más.  Lo encontrará donde sea.
La lluvia nocturna dejó un rastro de charcos en el viejo empedrado, de a poco las callecitas comienzan a poblarse, grupos de gente vestidas de blanco recorren la ciudad con paquetes y flores.  Es 2 de febrero, la fiesta de celebración de Iemanjá, la orixá de las aguas saladas, la diosa que es invocada para la protección de los navegantes y pescadores y también como benefactora de la familia y el hogar.  Se viste despacio, observa por la ventana y recuerda sin querer los festejos del año anterior, la divertida procesión de gente llevando sus ofrendas al mar.  Pedro le había insistido mucho hasta que lo convenció, tuvo que arrastrarlo aún así de la mano hasta la calle, él no entendía de qué se trataba todo éso.  Al final de la tarde tuvo que admitir que se había divertido, que se había sentido transportado a otra época, casi a otro mundo.  Pedro estaba fascinado.  Se embebía de la cultura de esa ciudad con el mismo entusiasmo que le dedicaba a explorar las infinitas facetas que el amor podía regalarles, con idéntica pasión.
-A veces pienso que sos incansable, Pedro –le dijo aquella vez-.  ¿Nunca te aburrís de nada?
-Estoy aprendiendo, Guille… Soy como una esponja. Y tengo mucho para explorar, soy como esos conquistadores portugueses del siglo dieciséis, vine a establecer mi lugar, a plantar mi bandera. 
-¿Y yo qué vendría a ser…?
Pedro se reía, desfachatado. –Vos sos la bahía donde quiero anclar cada día de mi vida.
Guillermo no pudo evitar la carcajada.  –Anclar! Qué atorrante…
El era así, desprejuiciado, transparente, a veces inocente, un espíritu libre, feliz, que había conseguido todo aquello que necesitaba para vivir.  ¿Cómo imaginar que alguien así pueda no estar más, que en un segundo su vida se apague y el mundo siga girando, como si nada?  No quiere aceptarlo, no puede.  Ya no tolera esperar, sale a la calle y se mezcla con la gente, se deja llevar.  Alguien le ofrece una flor, la acepta mansamente, se ajusta al ritmo parejo de la procesión, se siente uno más.  Cuando ya no puede seguir avanzando, se sienta a un costado y observa el río incesante que sigue su curso.  Un pensamiento descolocado, sorpresivo, lo asalta de improviso.  “Este camino me lleva hacia vos”.
Alex termina de cortar unas verduras, las echa en la olla y baja el fuego para que se cocinen despacio.  Va hasta el dormitorio a pedirle a Pedro que se levante. Se queda de una pieza al verlo sentado en la cama, fumando tranquilamente un cigarrillo.
-¿Qué carajo es éso?  ¿De dónde lo sacaste…?
Pedro larga el humo despacio y lo mira con aire retador.  –Lo compré, por qué, te molesta?
Alex siente ganas de agarrar ese cigarrillo y estrujárselo en la nariz. 
-Tuviste un pulmón colapsado, Pedro, te parece que es conveniente fumar? Apenas te estás recuperando… -se acerca y pega un manotazo para quitárselo pero Pedro lo esquiva-. Dámelo, no me provoques con esa actitud… o  voy a terminar dándote un guascazo.
-Es mi vida y si quiero fumar, fumo.  No me jodas. Y no me vengas con colombianismos que no tengo el diccionario a mano.
Alex lo mira en absoluta incredulidad.  –Cada día me sorprendes más Pedro…  Yo intento levantarte y tú te obstinas en caer.  ¿Qué estás buscando? Si quieres morir hazlo rápido, porque un cáncer de pulmón no es una linda forma de hacerlo.
-Estás exagerando.  Sólo quería volver a sentir ésto, una vez más… lo necesitaba.
-Lo que necesitas es alguien que no te consienta como yo lo estoy haciendo.  Desgraciadamente no estudié para baby sitter, Pedro.  Voy a tener que buscar a otra persona que lo haga.
-Te prometo que me fumo este paquete y ninguno más. ¿Está bien?
-No, no me parece.  Dámelo y terminemos con esta vaina.
Pedro se apura a esconder el atado debajo de su pierna pero Alex se tira encima de él y lucha para quitárselo.  Forcejean y finalmente logra hacerse con el paquete.
Alex resopla y lo mira con fastidio.  –No vuelvas a pasarte de listo, Pedro.  Estás bajo mi responsabilidad, no me pagues con esta ingratitud.
-Qué dramático, hermano… tanto lío por un cigarrillo! Ni que fuera  marihuana.
-La próxima vez que hagas algo así te juro que marco el número de Guillermo y se te acaba el libre albedrío.
Pedro se calla mientras le echa una mirada furibunda.  La mención de Guillermo le ha pegado como una cachetada.  No necesita que se lo recuerde, y no precisa que lo haga sentir un crío malcriado. En ese momento odia a Alex como nunca antes.
Alex advierte el efecto que causaron esas palabras y vacila una vez más.  ¿Por qué no acaba por fin con toda esta locura y llama a Guillermo? Se ha dejado manejar por Pedro, trató de convencerse de que tenía razón, que no podía meterse en medio de los dos, pero ya no está tan seguro.   Su amigo no se está comportando bien, al menos no en la forma adulta que debería.  Sigue un patrón de conducta equivocado y si bien él no es un modelo a imitar llevando las riendas en una pareja, sabe que no es correcto lo que Pedro hace. Esta insensatez tiene los minutos contados, va a tener que intervenir.  Ahora, para empezar, siente que no debe permitir que continúe encerrado entre esas paredes. Lo llevará a la fuerza si es necesario, después de esa fumata lo menos que tiene que hacer es respirar aire puro.
-Vamos, no seas necio, Pedro.  Salgamos a ventilarnos un poco. 
-No tengo ganas…
-No me importa.  Te levantas, por lo visto ya se te calmó el estómago si has podido tragarte ese humo apestoso.  Estoy preparando un cuchuco colombiano que te vas a chupar los deditos.   Después vamos a salir, te voy a llevar a ver la fiesta de Iemanjá.
-Ni lo sueñes.  De acá no me muevo.
-Bueno, a caprichoso, caprichoso y medio.  En un rato te traigo el guiso. 
Después de comer, tiene que armarse de paciencia para lograr que se vista.  Está apático, indiferente.  No es producto de la enfermedad, los medicamentos hicieron bien su trabajo o simplemente cumplió su ciclo.  Pero el estado de ánimo no mejoró.  Le coloca un pantalón liviano de algodón y una remera.  Usa casi siempre su propia ropa, sobre todo para la parte superior, ya que tiene un talle más y eso le permite pasársela con comodidad y que no le apriete las costillas fajadas.  A pesar de la discusión que tuvieron trata de infundirle ánimos.
–Pronto van a sacarte todos estos trapos de momia, Pedro.  Seguramente la próxima semana.  Tal vez éso te permita rehabilitarte mejor.  En cuanto no los tengas más hasta vas a poder empezar a intentarlo en el agua.
Pedro no le contesta.  Le da lo mismo todo.  Es como si ahora los vendajes, la silla, las muletas fueran parte de su cuerpo.  ¿Qué importa que se los dejen o se los saquen?  Ya no tiene por quién salir adelante. Alex no parece comprender que ha perdido todo interés en rehabilitarse, que esa chiquilinada de comprar un atado de cigarrillos a escondidas de él no fue más que un pequeño atisbo de la indolencia que siente hacia todo, y más que nada al cuidado de su cuerpo. Pero lo que menos se imagina es el acto de rebeldía que supone haber vuelto a fumar.  La promesa que hizo aquella vez, cuando Guillermo estaba desaparecido y prometió abandonar el hábito si Dios se lo devolvía.  El desprecio hacia Guillermo se traduce en algo tan insignificante como éso.  Fumar.  Si Alex supiera de qué se trata toda esa cuestión no se preocuparía tanto por su pulmón como por su cerebro.  Pedro está perdiendo la cordura en pequeños pasos, se desvía tan sutilmente de la senda que su amigo no lo nota.  Tal vez, además, porque no lo conoce lo suficiente.
Cuando más tarde sale a la calle empujando la silla, le pregunta si toma el camino más corto o se desvía por el brazo principal de la multitud hacia las playas del vecino barrio de Río Vermelho. 
-No me preguntes, hacé como te parezca, me da igual.
Enfila hacia el sur, a medida que van llegando el gentío se torna cada vez más asfixiante.  Busca un sitio en la costanera que tenga un poco de sombra.  Misión imposible, apenas si consigue un pedacito libre al sol donde ubicarse los dos.  Le pone la traba a la silla y se sienta a su lado en el suelo.  Mujeres, hombres y niños vestidos de blanco se internan en las cálidas aguas llevando canastas con ofrendas, tiran flores, rezan, se ríen.  Es un día de fiesta, un canto a la esperanza.
-Me gustaría creer como ellos  –dice Alex.
Pedro intenta espantar de su cabeza el recuerdo del año anterior.  A duras penas lo consigue.  Por momentos, cierra los ojos, esquiva los pensamientos tratando de ahuyentar esa maldita nostalgia.  Pero la tormenta de la duda lo persigue sin tregua.  “Hace tres días estaba aquí… ¿Aún estará? Cómo saberlo…  De todas maneras, ¿qué importancia tiene?  El está con otra persona.  Seguramente duermen en la misma cama, en la que era nuestra.  Tal vez a él sí se atreva a pintarlo entero, a retratar su desnudez”.  Un resabio de naúseas le sube desde la garganta, Alex se da cuenta y le pregunta si se siente mal. 
-Quiero irme ahora.  Por favor. 
No puede convencerlo.  Empuja la silla por el costado de la avenida y toma el camino hacia la casa.  Algunas personas rezagadas aún vienen en dirección al mar.  Camina despacio, llevando trabajosamente la silla en una suave pendiente hacia arriba. 
-Perdoname… -le dice Pedro al advertir su cansancio-.  No debí permitir que me llevaras tan lejos.
-No te preocupes, es un buen ejercicio.  Ya faltan pocas cuadras.  En la esquina termina la subida.
Paran en una panadería del barrio a comprar una bolsa de pan y bizcochos.
-Esta noche voy a preparar un buen peixe a las brasas… ¿te parece? –le pregunta ya frente a la casa mientras hurga en los bolsillos buscando la llave. Pedro le contesta que es una buena idea y ve que hace un gesto de contrariedad.
-¿Qué pasa? –le pregunta Pedro-.  ¿No la encontrás?
-No entiendo… la tenía acá en el bolsillo del pantalón.  Y  ahora no está.
-Fijate bien. Cuando sacaste la billetera en la panadería… ¿No será que se te cayó ahí? Había bastante ruido en ese momento, tal vez no te diste cuenta.
-Qué problema… no tenemos cómo entrar, dejé todo cerrado. ¿Te molesta si me doy una escapada para fijarme ahí?
-Andá, yo me quedo acá en la sombrita.  No me van a raptar. 
-Bueno, enseguida vuelvo.  Reza para que la encuentre porque si no voy a tener que buscar un cerrajero.
Alex se va trotando, Pedro empuja las ruedas de la silla y se ubica en el jardín delantero, a la sombra de un árbol.  Cierra los ojos y tira la cabeza para atrás.  Es agradable estar ahí, acariciado por esa brisa ligera que viene del mar.  Pasan los minutos y Alex no vuelve.  Tal vez la llave no estaba en la panadería después de todo.  Empieza a cansarse. 
Enfrente, las olas ejecutan un suave vaivén, la playa está desierta.  Se ve mucho más agradable allí, el agua tiene un brillo plateado, la espuma es inmaculadamente blanca.  Lo acomete una desesperante necesidad de arrojarse en la arena y sentir la fría espuma envolver sus pies.  Mira en la dirección que su amigo se fue pero no lo ve venir.  Deja la bolsa de la compra en el escalón de la puerta.  Se cruza al otro lado de la calle, si Alex regresa podrá verlo desde la casa.  Recorre el caminito de cemento, cuando se le termina el piso firme traba la silla y se arroja sobre la arena.  Unos cuantos metros lo separan del agua.  Tendrá que hacer un esfuerzo para llegar, pero nada es imposible.  Cada movimiento que realiza le acalambra el abdomen, siente que se está forzando demasiado, no puede abusar con las costillas en recuperación.  Tendrá que conformarse con la humedad de la arena o esperar a que Alex venga.  Se queda allí sentado, masajeándose las piernas, intentando despertarlas.  El sol va diluyéndose lentamente en el borde de la bahía, en apenas unos minutos rozará el horizonte.  Casi no hay gente, apenas un par de pescadores en la parte más alejada de la escollera.  No hubo ceremonias paganas en ese sector, los lugares más buscados son los que tienen corrientes que internan las ofrendas en el mar.  Intenta no mirar hacia la construcción de cemento.  Rehúye volver a la tarde del sábado, recordar la terrible comprobación que tuvo que soportar.  De sólo pensar en ello, el asco le inunda el estómago, lo marea, le deja un áspero gusto a sal en el alma.  Está tan cansado… a veces piensa hasta dónde podrá soportar, qué sentido tiene nada desde esa hora maldita en que se descubrió abandonado para siempre. 
La blandura de la arena oculta los pasos del hombre que viene caminando a sus espaldas, directo hacia él.  El ruido del oleaje ahoga las palabras que murmura cuando se detiene.  “Pedro…  mi amor…”
Algo sin embargo le eriza la piel de la espalda, le hace correr un escalofrío.
Gira la cabeza y, por un segundo, el corazón le deja de latir. 

CONTINUARÁ
***

24 comentarios:

  1. ay nooooooooooo !!!! Mary tu maldad ya no tiene límites!!! pero hoy no con el capítulo!!! no podés dejarme asi!!! Dios miooooooo #muertayresucitada por favor! que capitulazo nos regalaste!!! impresionante! ya no se como decirte lo bien escrito que está!! es impecablemente bello y a la vez terriblemente perturbador! he descubierto con esta fic que soy muy masoquista!!! y lo peor es que no me molesta! esta historia me engancha cada vez mas!! a pesar de los nervios que me hace pasar.....me duele un poco...decime cuanto sufrimiento nos queda please!!!!! necesito prepararme para el momento que sea todo felicidad o no me lo voy a creer!!!! GRacias Mary !!! que pedazo de escritora sos...un lujo verdaderamente leerte! TE quiero y quiero mas!!! por supuesto!!!! Silvana

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    1. Sil querida, para aliviar tu ansiedad y preparar tu corazón, sólo quedan tres capítulos... no puedo adelantar más... Espero que sepan perdonar todo lo que viene, así salió, así fue como lo ví... no es mi culpa, sino de esta mente nebulosa... un beso enorme y te quiero muchísimo...

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    2. Bruja hermosa!!!! ya esta me prepare para lo que sea que tu perversa y a la vez adorable mente nos regale....ya a esta altura solo puedo pedirte que al final alla por el capitulo ciento y pico...cuando decidas terminarlo ninguna decision de estos dos herrrrrrmosos personajes sea definitiva please no me los mates!!! mirá a lo que hemos llegado...de pedir que se reconcilien, que sean felices que esten juntos ahora lo unico que pido que ninguno pierda la vida en el intento please!!! a ese punto!!!!! Gracias Mary y sabes que todo es en tren de broma...sos realmente muy buena escribiendo...y yo nunca voy a abandonar esta historia!!!!!!!! Silvana

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  2. ¡Ayy Dios!! Juro que siento dolor físico una vez más.. ¿Cómo se puede resistir tanto dolor? Mi corazón también va dejar de latir un domingo de estos y se van a quedar sin Teatro! Jajaja!! Dios se apiade de las que esta noche no tienen medicación cardíaca.. ¡Mary mi vida que capacidad! Sos talento puro, una escritora de élite.. Me mata esta historia pero confío tanto en vos que me dejo llevar confiada, llegaremos a puerto seguro algún día y lo celebraremos como corresponde. Ay nena, te agradezco tanto esta fic! Cada domingo pienso, "antes de volverme a enamorar, elijo el tren bala!" Maldito sea, como duele el amor!
    Mujer con atributos de "El Ángel de la Pluma", acá sigo, entera, esperándote el próximo domingo.. ¡¡¡Aplausos de pie Mary Buhler!!!

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    1. Guillermina Sandris, gracias, te acordás lo que te dije alguna vez sobre el final? Tengo pánico, estoy temiendo el próximo domingo... ay, qué hago? casi no duermo. Ya tomé una decisión y es alargarlo, pero aun así... veremos cómo lo resuelvo porque las dudas me martirizan cual Hamlet "ser o no ser..."? He aquí el dilema. En realidad no es el principe de la calavera el que me preocupa sino los enamorados trágicos de Verona... Besos enormes

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  3. Nooooooooooo Mary!!! No nos podes dejar justo ahí!!!! Eso sí que es consagrarse como la witch del año!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
    Pobre Cielito cómo se está autodestruyendo... Yo un poco lo comprendo, las dudas sobre el amor de Guille... Es que no es fácil lidiar con el prontuario de Graziani... Llegar a entender que es él "EL ELEGIDO" y no uno más en la lista interminable.
    Lo que me parece terriblemente mal es lo que está haciendo con Alex... El pobre colombiano está dejando la vida atrás de él...
    Bueno, ya te imaginarás cuál fue mi parte preferida =P La voy a citar:
    "A veces pienso que sos incansable, Pedro –le dijo aquella vez-. ¿Nunca te aburrís de nada?
    -Estoy aprendiendo, Guille… Soy como una esponja. Y tengo mucho para explorar, soy como esos conquistadores portugueses del siglo dieciséis, vine a establecer mi lugar, a plantar mi bandera.
    -¿Y yo qué vendría a ser…?
    Pedro se reía, desfachatado. –Vos sos la bahía donde quiero anclar cada día de mi vida." (Sobre todo la última frase!)
    Beso grandeeeeeeee
    PS: La boluda del hotel no le dio la tarjeta?

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    1. Es verdad, Guille, Cielito se autodestruye desde la comprobación que cree haber tenido... su vida parece haber llegado a un callejón sin salida. Es muy difícil para el amigo ayudarlo, él no quiere ser ayudado... El amor que siente por Guillermo es el todo en su vida... ambos no pueden vivir uno sin el otro... te dije alguna vez que esta resurrección era una tragedia, un culebrón...? Y bueno, ya estamos ahí, a pasitos del final. La última pregunta que me hacés, no, no se la dió porque Alex nunca fue a trabajar, se hizo hacer el certificado "trucho" para faltar! Por éso no se enteraron... todo viene mal. Bancame un poquito más y ya llega la palabra fin. Besos Guille... adoro tus coments!!!

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  4. Nanananaana, no podes hacernos esto! Odio ese maldito CONTINUARÁ, ESTA MUY MAL PUESTO! Como me dejas así, vengo sufriendo este desencuentro y ahora tengo q esperar una semana mas. Es muy injusto. Amo esta fic, Sos tan buena escritora, que nos tenes a todas en jaque. Espero ansiosa la continuación, aunque se que voy a sufrir. Besos

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    1. Es cierto el continuará es una reverenda c...., hoy lo sufrí con Teatro... uno quiere seguir y seguir! Pero si se publica entero se termina muy rápido, porque todas somos ávidas lectoras... es como una dieta para no engordar. Gracias x bancarme, un beso enorme Connie!

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  5. Noooooo. Asiiii, nooooooi!!!!! A tus fieles lectoras y fans???? Basta, es un suplicio!!!! Y nuestro doble capi? Por favor!!!! No doy mas. :) excelente! Como siempre! Besos Romina

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    1. Romi!!!! el doble era el próximo, en serio, pero bueno, veré... estoy en la terrible disyuntiva de "ser o no ser". Yo las quiero muchísimo y les agradezco tanto amor hacia la historia... es un honor indescriptible! Un beso grande y te espero el domingo para una nueva sesión de tortura, jaja, nos vemos...

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  6. Exijo ya una reparación para mi corazón ya solucioname este dolor mara

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    1. Mara si querés reparación bancate los palos que al final el sol iluminará todo... besazos!!!! y dale con lo que te pedí!

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  7. jajaajajajaaajaj sos una florrrrr de SHEGUAAAAAAA MALVADAAAAAAAAAAAAA Y ADORABLEEEEE ,QUE BIEN NOS LA HICISTE!!!!! BRUJISSS PERO DIPLOMADAAAA EN HARVARD JUAJUAJUASSSS ,ME ENCANTO ESTE CAPITULO DOLIO Y MUCHO PERO ESTOY APRENDIENDO A DISFRUTARTE PESE A TODO.
    ALUCINANTE COMO PEDRO SE VA TRANSFORMANDO EN ESE SUBHOMBRE ENFURECIDO CON LA VIDA Y SOBRE TODO CON GUILLERMO....IMPECABLE MI ILUSTRISIMA AMIGA VAS DESGRANANDO SENTIMIENTOS Y ACTITUDES EN LA MEDIDA JUSTA...
    Y EL FINAL APOTEOTICO Y DIGNO DE UD NO ESPARIA MENOS...PERO DE TODAS MANERAS TE AVISO Q SE ME PIANTO UN LAGRIMON ASI Q TENE LA BONDAD DE AFLOJAR UN CACHITO AMORE Y DANOS UN CHANGUIII!!!!!IPARA ESTOS SUBIBAJA EMOCIONALES DANOS LA PASTILLITA O AUNQUE SEA DENTRO DEL EMBOLE Q TIENEN Q SE MATEN EN LA ARENA PERO A BESOS JIJIJIJIJIJI...................DIOSAAA MI HAND WRITTER DE PLATINO SOS SUBLIME MERYB E INIMITABLE ...LEERTE ES UN PLACER GIGANTE !!!MUACKSSS.....................majo

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    1. MAJO lo tuyo es de antología! Qué te puedo decir...! Por un lado, que la maldad que me endilgan no es tal, yo veo más allá del presente y apuesto a un futuro mejor... por ahora todo es una cagada pero ya florecerán los rosales... con el abono que ya sabemos las flores salen más rozagantes, jajaja!!! Bueno Majito, no tengas miedo que falta poco, uds, se van a llevar la medalla de Harvard si llegan a leer todo hasta el final...un beso enorme (y estoy esperando ese capítulo de toma one, qué carajo pasa que se demoran tanto... ya se momificaron esos chicos, les salieron telarañas esperando... vamossssssss!!!!)

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    2. Jajajajajajaja Ya viene amigaaa Ya estamos de vuelta necesitabamos recargar pilas para vovler con toda La furia un Beso y Sabes i Trust you till the end Amiga mi vicky ocampo recargada besote.....Majo

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  8. Me gusta q los personajes tomen otros riegos,les des màs pàgina en blanco para desarrollarse.-De todos los cap,este me pareciò un poco largo y repetitivo en las situaciones. Lo màs interesante es q le das a Pedro un poco màs de realidad,lo sacàs del lugar irreal de un ser perfecto,inocente y màrtir q mostraba la tira.-
    Los celos,las inseguridades y el dolor hacen mella en algunas almas y casi q llegan a destruirlas...Te felicito x correr el riesgo d ponerlo a P en ese lugar,veo q los lectores le justifican todo,eso me divierte! si hubiera sido Graziani lo estarian destrozando.jejeje

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  9. Concido con la apreciación de que fue un riesgo, y que si hubiera sido Guille lo destrozaban, es lo que siempre digo. Injusticia. Pedro es para mí, no un ser perfecto ni mártir, sino un ser maravilloso, inundado de amor, y que pierde todo si pierde, o cree perder lo que más ama... simplemente éso. El no tuvo amor verdadero en su vida... sólo el de Guillermo, quién a pesar de sus defectos lo quiere como nadie lo quiso antes. Por éso su caída, su destrucción. Sin ese amor no tiene nada. El cap es largo pero así lo requería, había que detallar paso por paso esos dos días en que el encuentro fue imposible y mostrar por qué, lo de repetitivo me extrañó pero bueno, fue tu percepción y la respeto porque puede ser que tengas razón. Gracias por tus opiniones mi lectora anónima, un beso. :)

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  10. "La blandura de la arena oculta los pasos del hombre que viene caminando a sus espaldas, directo hacia él. El ruido del oleaje ahoga las palabras que murmura cuando se detiene. “Pedro… mi amor…”
    Algo sin embargo le eriza la piel de la espalda, le hace correr un escalofrío.
    Gira la cabeza y, por un segundo, el corazón le deja de latir."
    SIIIIII!!!!!! POR FIN, GUILLE DEVORALO A BESOS, INUNDALO DE AMOR.
    CIELITO ESTA DESESPERADO, DEVASTADO,FURIOSO Y PELIGROSAMENTE ENOJADO.PEDRO ES PEDRO.
    CHIQUITÍN AFLOJA, YA TENES DELANTE TUYO A LA PERSONA ,QUE SIN DUDAS , TE QUIERE COMO A NADIE.

    ¡QUE MANERA DE SUFRIR! RESPIRO, PLEASE,UNA CUOTA DE AIRE FRESCO.
    IMPECABLE CAPITULO, SUBLIME LO SUYO, ANTOLOGICO.
    SUPONGO QUE LO MEJO ESTA POR VENIR. ESTOS ENAMORADOS SE MERECEN SANAR, CURAR HERIDAS PERO SOBRE TODO UNA LARGA, EXTENSA, CONVERSACIÓN QUE LOS HARÁ SEGURAMENTE " RESUCITAR"
    UNA DELICIA PODER LEERTE MARY.
    EL BLOG TIENE ESCRITORAS DE LUJO.PLACER PODER DISFRUTARLAS.

    " PEDRO, MI AMOR, ESTO VA A PASAR, AUNQUE NO LO CREAS, ESTO TAMBIÉN VA A PASAR".

    "MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA".MONICA DE LANUS.

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    1. Perdón Moni no te contesté es que no vi los nuevos comentarios, gracias como siempre, tus opiniones y frases memorables, es un placer leerlas! Ya falta poquito para dejar de sufrir en esta historia complicada, un beso grande, gracias!!!

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  11. Mi querida Mary llegó tarde pero siempre te leo, que puedo agregar a tantos comentarios totalmente enamorada de esta historia de mi hermosos Guille y Pedro, que cielito deje de castigarse por favor, que le de la oportunidad a Guillermo de demostrarle cuanto lo ama, solo espero que en algún momento el amor resurja, lo necesitamos , te adoro !!! Marian

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    1. Uh Marian gracias con retardo recién caigo, me alegro que te guste, un beso grande! El amor resurgirá tarde o temprano, tiene que ser!

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  12. Estuve afuera y lo acabo de leer y estoy pensando que esto puede salir como el reverendo traste o estallar de amor...dejemos a Romeo y a Julieta que descansen en paz y por favor dales una pequeña , aunque mas no sea muy pequeña oportunidad de salvar algo de este amor impresionante....un amor que no se ve todos los dias...yo siempre apuesto al amor aun en medio del drama...el amor todo lo puede si no la vida seria muy triste....CAPITULAZO...de esos que te dejan con la piel de gallina...Dios, que manera de escribir...como veo que hay otra amiga anonima voy a firmar como Pilar...

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  13. Van a sufrir pero al final tendrán su recompensa, por supuesto como debe ser, como les debo a ellos y a ustedes queridas lectoras, tal vez en este tramo se hizo muy pesada la subida pero llega pronto el desenlace, gracias por tanto apoyo, un beso Pilar! Ay, diferencia inconmensurable: Romeo y Julieta no resucitaron :( ...

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