
RESURRECCIÓN - CAPÍTULO 9
La plaza está abarrotada de gente. Se apura a llegar, sabe que Pedro lo está esperando y que ya habrá empezado a cocinar la langosta. Dios, siempre esos bichos terribles. Ya debería estar acostumbrado pero extraña demasiado la carne argentina y sólo puede pensar en celebrar esa fecha con una buena parrillada. Trae dos botellas de vino, un champagne y un pan dulce recién horneado que le suplicó que lo comprara desde el puesto de la panadería. Llega al departamento y toca el timbre, no puede abrir con las manos ocupadas. Él le abre y lo recibe con un delantal a la cintura y unos shorts apretadísimos como acostumbra llevar.
-¿Tiene invitación, señor? –le arroja con un fruncimiento de cejas.
-No jodas, Pedro, se me está cayendo el vino –pasa junto a él y al hacerlo le llega un atisbo del perfume que se puso. Demoledor.
-¿Trajiste uno blanco por lo menos? Queda mejor con la langosta.
-¿Un chardonnay te parece bien? El otro es un cabernet.
-Hummm qué bien huele ese pan dulce… Me dan ganas de probarlo ya.
-No che, es para las doce –Guillermo deja las compras sobre la mesa. Se acerca y abre el horno para ver el aspecto del bichejo ése.
Pedro lo ataca desde atrás, le pasa las manos por la cintura y se le pega a la espalda.
-Hey nene, pará que es temprano para ciertas cosas.
-¿Y quién dijo que hay horario para esas cositas? A la langosta le falta un rato todavía…
-¿Me dejás que me bañe primero? Vos olés muy fresco pero yo vengo de recorrer el mercado y me parece que se me pegó el olor a pescado.
Pedro se ríe y lo libera. –Tenés razón, mi vida… Andá, bañate y no te pongas perfume.
-¿Por qué?
-Porque te voy a perfumar con un buen chorro de Chardonnay…
Está bañándose cuando siente un par de manos que le recorren la espalda. Un trueno retumba fuerte, una ráfaga de viento repentino abre la ventana y lo llena de frío. ¿Frío en Bahía? Ni cuando llueve. Abre los ojos y lo recibe la oscuridad del dormitorio. Está doblado en la cama, vestido. En la mesa de luz el reloj digital muestra las diez y cuarto de la noche. “Dios, era un sueño. No es posible, fue tan real… Pedro, amor mío, dónde estás?”
Se levanta a cerrar la ventana. Una tormenta de viento agita las ramas de los árboles y trae olor a lluvia. Apoya la frente en el cristal donde pequeñas gotas comienzan a deslizarse. Rememora el sueño. Casi idéntico a lo que vivió hace justo hoy un año. La Nochebuena que pasaron lejos de todo, solos, profundamente dedicados a mimarse, a disfrutar la maravilla de estar juntos después de haber padecido tantas cosas innombrables. Soñar con él, recordar lo que vivieron lo fragmenta y lo desparrama por el piso como un jarrón hecho pedazos. El corazón le late desordenado. Parece no poder seguir un ritmo acompasado desde que Pedro no llegó como debía. Una rabia amarga le crece adentro, siente deseos de romper todo, de gritar, de desquitar ese dolor injusto que le está carcomiendo las entrañas.
-Guille… pronto va a estar lista la comida. –Ana espera en el umbral que le responda algo pero él sigue con la cabeza apoyada en la ventana, inmóvil.
-¿Vas a venir?
-Si. En unos minutos bajo.
-Bueno, te espero.
Un recuerdo se filtra de pronto en sus pensamientos. Habían tenido una discusión tonta. Esas charlas que de pronto derivan en un reproche tardío. Le echó en cara su relación con José, la rapidez con que lo había, según él, reemplazado. Habían estado observando el atardecer sobre la playa hasta que estalló el conflicto. Los gestos de ternura viraron a palabras duras y miradas de desprecio. Habían hablado tantas veces sobre el tema que Guillermo consideró que ya no quería defenderse más. Se quedó callado y eso enfureció más a Pedro. De improviso se levantó y se fue corriendo al mar. Con ropa y todo se metió al agua, se adentró en las olas oscuras y en un instante lo perdió de vista. “¡Pendejo! Sólo a él se le podía ocurrir semejante estupidez”. Se acercó al borde del agua y entornó los ojos. No pudo distinguirlo, el oleaje de la bahía era tranquilo pero ya los había alcanzado la noche. Empezaba a ponerse nervioso cuando unos brazos helados lo atraparon aprisionándole los suyos. Pedro chorreaba agua fría, lo mojaba entero. Fue inútil que le pidiera que lo suelte. El muy atorrante se refregaba contra él, empapándolo. Y encima se reía, feliz de su travesura, como si no hubieran estado discutiendo cinco minutos antes. El agua lo calmaba como a las fieras, lo llenaba de bienestar. Siempre se tiraba al mar, hasta en los momentos más inesperados. Era su pasión. Y él se quedaba mirándolo, conteniendo el aliento hasta que por fin decidía salir, relajado y fresco, ajeno a su preocupación. Muchas veces, cuando se quedaban solos en la playa se preguntaba que haría si algún día tenía un calambre, o si el golpe de una ola le jugaba una mala pasada. No sabía nadar, pero estaba seguro que no se quedaría a mirar mientras se ahogaba. –No tenés que alejarte tanto, Pedro –le pedía. Y por supuesto nunca le hacía caso, desdeñando todo peligro. ¿Por qué le vino este pensamiento ahora a la cabeza? No puede evitar seguir dándole vueltas al asunto. Pedro desaparecido. Juan diciéndole que la tierra no se traga a las personas. Pero el mar… ay… el otro día en el hotel, cuando le dijo “extraño el aire de Bahía, las playas, el mar”. No sería alocado pensar, conociéndolo, que haya decidido pasar por alguna playa antes de llegar al calor del departamento. Lo visualiza parado frente al mar en una playa solitaria, observando la inmensidad de esas aguas que tanto le atraen. Se quita la ropa y camina despacio hasta que las olas lo invitan a zambullirse y comenzar a bracear. Después…, no quiere seguir imaginando, pero la visión se le atraviesa una y otra vez, lo tortura. Pueden pasar días hasta que un ahogado aparezca sobre la playa, incluso puede no aparecer nunca. De pronto es como si las piezas del rompecabezas encajaran, todo cobra un sentido espantoso. La palabra desaparecido adquiere su verdadero significado, el peor que podría llegar a tener. Siente surgir de lo más profundo de su interior un grito desgarrado, no encuentra mejor idea que descargar la rabia golpeando el vidrio de la ventana que tiene enfrente suyo. Lo atraviesa, destrozándolo y convirtiendo su mano en un río de sangre. Ana siente el ruido y corre escaleras arriba. Se queda helada viéndolo junto a la ventana, mojado por la lluvia, sosteniéndose el brazo y gimiendo de dolor.
-¿Qué hiciste, qué pasó? –le pregunta mientras corre hacia él.
-Por favor alcanzame una toalla!
-No, Guille, vení vamos al baño tenés que lavarte…
-Te dije que me traigas algo, Ana!
Trae una toalla y le envuelve la mano.
-Tenemos que ir al hospital, Guillermo. A lo mejor no para. ¿Cómo te hiciste ésto?
-No voy a ningún lado… Estamos a un rato de las doce, ¿te imaginás lo que van a ser las guardias? Ni loco salgo a la calle. No es tan grave. Me quedo quieto un rato y va a parar.
-¿Querés que busque una gasa y te la vende?
-Bueno.
Ella busca en el botiquín y trae un algodón humedecido para limpiarlo. Apenas comienza a pasarselo por la mano él se queja de dolor.
-Guille, tenés pedacitos de vidrio incrustados, hay que lavarlo bien. –logra convencerlo y lo lleva hasta el baño. Él se deja lavar y cierra los ojos porque no quiere verse en el espejo. Su cara parece la de un extraño. La angustia, el miedo, la bronca, han dejado su impronta.
Después de ajustarle el vendaje le ofrece traerle la comida a la cama.
-No tengo hambre. Perdoname si te grité. Y perdoname por hacerte pasar una nochebuena de mierda. Vos no estás obligada conmigo.
-Guille… sabés cuánto te quiero. Siempre voy a estar cerca y no me siento obligada. Y aunque no tengas hambre, te voy a traer un poco de comida.
-Está bien… pero no traigas nada, yo ahora bajo.
Ana limpia los trozos de ventana desparramados por el piso y cierra la persiana. Le pide que no tarde. Guillermo se sienta en el borde de la cama mirándose la mano, sosteniéndola. Apenas aumenta un poco la presión el dolor se hace insoportable, al aflojarla le pulsa en forma aguda, como un latido. Al menos mientras le duele la angustia cede un poco, deja paso a otra forma de sufrimiento, menos espiritual, más soportable. Levanta una esquina del vendaje y observa las líneas ardientes que surcan su mano, encarnizadas en la zona de los nudillos. Sin la presión, el fino hilo comienza a ensancharse, a rezumar el líquido rojo. Le extraña ese color tan intenso, tan vital, cuando siente que su cuerpo es un despojo al que apenas le queda un poco de resto… Vuelve a cubrirse y baja al comedor. Se sienta y Ana le sirve la comida. Permanece quieto con la vista fija más allá del plato, ella se da cuenta que no está comiendo nada, le corta la carne pensando en el dolor de la mano, pero él sigue sin reaccionar en esa aparente ensoñación en la que estuvo sumido todo el día. Le pide que haga un esfuerzo.
-No me entra, no puedo.
-¿Y mañana, Guille? ¿Qué vas a hacer mañana y pasado, tampoco vas a comer?
-Tal vez.
No insiste, sabe que es inútil. Levanta los platos y mientras lava todo le pregunta si necesita algo, le dice que está cansada y que quiere acostarse.
-¿Dónde vas a dormir?
-No te preocupes Guille, no me voy a meter en tu cama… Uso la cama de los chicos –él no acusa recibo del comentario. Podría jurar que ni siquiera la escucha. Está puesto en piloto automático. Mientras lava los platos, lo observa a menudo de reojo. Lo nota demasiado tranquilo, esa imagen no condice con lo que le está pasando. El Guillermo de antes no estaría ahí sentado sin hacer nada. Hubiera salido corriendo y removido cielo y tierra hasta encontrar a Pedro. Algo pasa y no entiende qué.
Cuando termina de lavar, se acerca y le apoya una mano en el hombro. Él hace un imperceptible gesto de fastidio pero no la mira ni le dice nada. –Me voy a dormir, entonces. Si necesitás algo…
-Andá, andá a acostarte. No necesito nada, Ana. Gracias.
Se queda allí sentado, mirando la esfera del reloj que no pierde su ritmo monótono, nunca se detiene, pase lo que pase. Quisiera arrancarlo de la pared y estrellarlo contra el piso, odia ese tic tac insoportablemente indiferente. Cuando empieza la sinfonía de las doce, los fuegos artificiales, los festejos, vuelve a sentir la mordedura de la pena, cada vez más honda, más arraigada en el convencimiento de que todo sucedió como lo piensa. “Si no hubiera sido tan estúpido, si me hubiera quedado allá con él… ahora estaríamos juntos, Pedro estaría bien… estaría vivo”. El dolor sube en intensidad, le atraviesa el pecho. No soporta más mantenerlo a raya, se deja llevar, recuesta la cabeza sobre los brazos apoyados en la mesa y llora, deja que las lágrimas afloren, que drenen un poco de angustia y calmen esa presión insoportable. El contraste entre su pena y la algarabía del mundo exterior ahondan el sufrimiento. Las lágrimas silenciosas van mutando en un llanto desesperado. Poco a poco la culpa que siente se transforma en un sentimiento agobiante, no encuentra la manera de evitar la sensación de que él es el culpable de todo lo malo que siempre les sucedió. Arruinó la relación, lo llevó a Pedro a realizar un viaje sin retorno. ¿Fatalidad, destino? No cree que hayan sido víctimas de algún mandato escrito. Su cobardía fue la única responsable, la que le sopló al oído el camino equivocado. Ya no tiene otra oportunidad, no hay vuelta atrás. Tenía un paraíso al alcance de la mano y por una mala decisión lo perdió. La idea de no volver a verlo, de no saber qué le pasó, es un cuchillo que le perfora el alma. El dolor se transforma en algo físico, palpable, ya no puede inspirar el aire sin que la puntada le atenace el pecho. La opresión que comienza a sentir le avisa que su corazón atraviesa una crisis. En un destello fugaz, le viene una frase a la cabeza: “me rompiste el corazón… Sí, Pedro, tu desaparición me rompió el corazón.” Un solo pensamiento se obstina en permanecer con su irremediable fatalidad. “Me muero sin volverlo a ver”. Ya no le importa más nada, lo peor que podría haberle sucedido ocurrió, morir no es el problema sino hacerlo sin él. Cierra los ojos, los aprieta fuerte cuando una nueva puntada se expande por su pecho. Evoca su rostro. El dolor y la angustia súbitamente desaparecen. Pedro le sonríe, él sonríe también. Sus ojos recuperan el camino que los une. Poco a poco la oscuridad se los va tragando a los dos.
Ana está saliendo del baño cuando escucha algo que le llama la atención. Baja la escalera y se queda paralizada tratando de asimilar lo que ve. Recupera el dominio de sus músculos y corre, pasa junto a su cuerpo desplomado, busca el celular y marca el número de su hijo porque no atina a nada más. Sabe que debería ir hasta él y tratar de hacer algo pero el terror que siente es tan grande que no se puede ni acercar. Comprobarlo muerto la volvería loca. Aunque no lo quiera admitir ni siquiera en sueños, aún lo ama como el primer día.
Cuando la ambulancia llega unos minutos después los está esperando temblorosa en la puerta. Los hace pasar y se queda afuera. Al instante un taxi se detiene y Fabián se abalanza hacia la puerta. Trata de detenerlo, de que no entre y vea a su padre en el piso. Él se zafa y corre al interior de la casa. Los paramédicos están poniéndolo sobre una camilla.
- ¿Está… está muerto mi papá?
Sin perder un segundo pasan por su lado, ni siquiera le contestan.
Los sigue hasta la ambulancia y se queda parado frente a las puertas abiertas. De pronto ya no se siente un adulto, vuelve a ser un niño aterrorizado ante la idea de quedarse huérfano. Llora en silencio y siente que ése es el peor momento de su vida, que nunca antes conoció un dolor semejante. Ana lo abraza desde atrás y llora con él.
…
“Llegué. Te llamo antes de volver. Te amo”. Pulsa enviar y ya se arrepiente de no haberlo llamado en vez de mandarle ese mensaje apenas entibiado por el te amo final. Unas pocas horas lejos suyo y extraña su voz como si no hubiesen pasado los últimos dos días y medio encerrados en la habitación del hotel, amándose sin descanso, resarciendo sus cuerpos y sus almas de tantos días distanciados. El taxi se detiene delante suyo, se agacha para recoger el bolso y en ese momento una mujer le pasa por al lado y se sube sin ningún remordimiento. Y bueno, me pasa por dormido, piensa. En Buenos Aires ese gesto lo hubiera enfurecido, aquí se lo toma con calma. El aire de esta ciudad debe tener alguna clase de tranquilizante. A veces cree que tiene mucho de cierto el axioma brasileño de que en Salvador nadie trabaja. La gente vive en otra frecuencia. Cuando se sube al próximo taxi, le da la dirección del departamento. Por el camino comienza a definir mentalmente los pasos que seguirá ese día, tiene pocas horas y varias cosas por hacer. Primero contactará al administrador para tratar de llegar a un acuerdo sobre el alquiler, si no lo convence de rescindir buscará alguien que pueda ocuparlo, tiene en mente un par de amigos a los que le vendría bien. Después llamará al hotel para avisar que renuncia. Supone que después tendrá que cumplimentar algún trámite para hacerla efectiva, así que no cree que hasta media tarde pueda verse libre para ir a despedirse de sus amigos. El calor ya es fuerte a esa hora temprana. Sería genial darse un chapuzón, vino preparado con el short debajo del pantalón, ése que a Guille le parece escandalosamente provocativo y que no le gusta que use en público. Sonríe pensando en los ataques celosos de su amor. Ya no tendrá que soportar sus exhibiciones, Buenos Aires no le despierta ningún instinto de libertad corporal, todo lo contrario. Pensar en esa cárcel de cemento le hace desear más que nunca volver a deslizar sus pies por esas playas que aprendió a amar y a necesitar tanto. Le pide al chofer que cambie el recorrido, y lo lleve de paso a la playa de Itapoâ, aquel lugar donde un año atrás Guillermo y él estrenaban una vida juntos. Siente que también debe despedirse de ese sitio, que forma parte del ritual que se ha propuesto cumplir para irse tranquilo.
El conductor sigue derecho hasta poder tomar la vía contraria, gira en un semáforo y recorre unas cuadras hasta el empalme con la otra autovía. Una camioneta lo adelanta a excesiva velocidad y se topa con un camión que intenta ingresar a la misma ruta. El chofer del taxi advierte la colisión que va a producirse a pocos metros suyos y trata de evitarla pegando un golpe de volante hacia la derecha, pero es demasiado tarde y el automóvil choca con la parte trasera del camión que ha quedado frenado en diagonal sobre la ruta. Todo transcurre muy rápido, son apenas un par de segundos en los que Pedro se da cuenta que se van a estrellar, que no se colocó el cinturón de seguridad, que ya no tiene modo de escapar. El ruido de la explosión apenas demora unos segundos después del golpe frontal. El taxi se prende fuego, las llamas lo cubren por entero en apenas unos minutos. Las ambulancias no demoran en llegar pero al hacerlo descubren que la persona aprisionada dentro ya no tiene chances de sobrevivir. Alguien grita llamándolos desde el costado de la ruta, un grupo de gente rodea el cuerpo de un hombre caído. Se acercan corriendo y le presionan el estetoscopio en el pecho. Tiene la remera empapada de sangre y una herida que sangra profusamente en la cabeza. Lo acomodan sobre una camilla y lo suben a la ambulancia. La búsqueda de alguna documentación da resultados negativos. Imposibilitados de avisarle a nadie, lo ingresan a urgencias sin nombre. Unos minutos más tarde lo llevan al quirófano. Trabajan arduamente para recomponer los daños y finalmente lo derivan a la sala de terapia intensiva donde lo conectan a un respirador.
Enero, 2016.
Una bruma flota encima suyo. Hace rato que abrió los ojos pero no puede disipar esa neblina, la luz es demasiado fuerte, todo está borroso. Y le duele terriblemente la cabeza. Una persona se le acerca, le hace una pregunta. No puede entender lo que le dice. Habla en un idioma incomprensible. Tiene la boca seca y le molesta la garganta. Le humedecen los labios con una gasa húmeda, ahora son dos o tres personas las que lo rodean y le hablan. Sólo alcanza a entender una pregunta entre tantas. Quiere contestar pero no parece tener la fuerza suficiente para que le salgan las palabras. No comprende qué está sucediendo, le cuesta armar en su cabeza algo que le indique qué hace allí, apenas puede recordar que estaba arriba de un avión, que miraba por la ventanilla a través de las nubes. Insisten con las preguntas, deliberan entre ellos. Palabras extrañas, vagamente conocidas. Hace un esfuerzo por pronunciar su nombre, lo repite varias veces hasta lograr que sus labios recobren la fuerza suficiente para hacerlo audible. Mi nombre es… Pedro. Pedro Beggio.
Los días se suceden sin variaciones, la debilidad lo tiene sumergido en un pozo profundo. Dormir. Es lo único que desea. Las horas se alargan demasiado, el tiempo ha perdido toda cualidad que distinga la noche del día, la bruma está siempre ahí, flotando encima suyo, disipando apenas el sonido de los monitores y los murmullos de las personas que lo atienden. Cualquier movimiento le trae dolor. Su cuerpo es un pobre cúmulo de tendones, músculos, huesos, órganos que duelen, que batallan con los calmantes intentando sacarlo de la niebla, a veces ganan y lo hacen gemir, otras pierden y se sume en el alivio de la inconsciencia. Evita pensar, no lo conduce a ninguna parte, no le trae imágenes ni sensaciones, sólo ese vacío espantoso donde apenas flota su nombre pronunciado por otra persona, alguien que poco a poco comienza a definirse, a cobrar la dimensión que le corresponde. Se convierte en su cabeza en la única persona que puede recordar. Guillermo. Repite su nombre, lo delinea en sus labios, lo acuna en su mente para no sentirse tan solo. En las horas de mayor dolor, lo invoca como un mantra, se aferra a él desesperado. Puede comprender cada vez más las palabras de ese idioma que lo rodea, le piden que les diga como ubicar al Guillermo que nombra con tanta insistencia, pero ésa es una información que aún desconoce, porque también él está rodeado de bruma, acompañándolo, sosteniendo su mano.
-No me dejes, mi amor. No te vayas.
-Tengo que irme, Pedro. Este ya no es mi lugar.
Cada noche se despide, se aleja de él, lo abandona. Pero al día siguiente regresa, arrepentido. Vuelve a tomar su mano y le dedica una mirada llena de amor y de tristeza. Esos vaivenes lo sumergen unas veces en el desconcierto, otras en la alegría de tenerlo nuevamente con él.
Poco a poco sus visitas se van espaciando, haciéndose más cortas, siente que se está alejando, que llegará un momento en que ya no volverá.
- No puedo imaginar la vida sin vos…
- No te voy a olvidar, Pedro.
Un día todo cambió, no se presentó como de costumbre. Fue inútil llamarlo, estaba completamente solo. La posibilidad de haberlo perdido para siempre le abrió un pozo en el corazón, le quitó todo deseo de seguir. Una fiebre comenzó a devorarlo, a aniquilar implacable cada célula de su cuerpo indefenso. Los médicos lucharon por rescatarlo. Pero no fueron las medicinas las que lo salvaron, sino la presencia de él otra vez, su mano recorriendo su frente, su voz susurrándole al oído.
–Yo estoy, mi amor… no me fui. Siempre voy a estar.
Ahora se siente tranquilo. Sabe que no va a abandonarlo. Comienza a recobrar el dominio de sus recuerdos, de a poco los últimos días de su vida van perfilando un contorno más nítido. Se va abriendo la niebla, permitiendo que pueda retroceder en lo que pasó y ver lo que estaba detrás. Aún quedan espacios muertos, cosas que presiente a punto de alcanzar pero entonces desaparecen, espejismos de situaciones vividas. Le aseguran que va a terminar recordándolo todo, que no debe apresurarse. Las horas de ensoñación comienzan a acortarse pero la luz de la realidad no consigue apagar del todo la sensación de que Guillermo sigue allí, acompañándolo.
En uno de esos intentos por recuperar su historia otro rostro adquiere forma e identidad. Llama a la enfermera y le dice el nombre, le informa dónde pueden ubicarlo. Unas horas después, el hombre se presenta, busca una silla y se sienta a su lado.
-¿Qué te pasó…, Pedro?
-¿Cómo supiste que era yo?
-Llamaron al hotel y preguntaron por mí. Yo no conocía a ningún Pedro Beggio… pero esa persona indudablemente me conocía a mí. Tuve el presentimiento. Siempre creí que había un gran secreto en tu vida anterior. Vine casi seguro de que te iba a encontrar.
-Deberías ser detective, Alex.
-No, no te creas… Hace unos días llamaron al hotel, preguntando por tí. Por Luciano. Era de Buenos Aires. No sabíamos por qué, la última noticia que teníamos era que te habías tomado unos días de licencia por una infección, es lo que dijiste. Yo fui a buscarte y no te encontré. Nadie sabía nada. Una vecina del edificio, sin embargo, me contó que te había visto salir unos días antes con un bolso de viaje. Me puse a pensar y se me ocurrió que podrías haberte ido. Pero cuando hoy me llamaron de acá del hospital, recordé que también alguien te estaba buscando allá en Buenos Aires. Todo era muy extraño. Decidí venir y descubrir quién era este Pedro Beggio.
-Armé un tremendo lío, hermano. Cuando me preguntaron mi nombre, lo único que me vino a la cabeza fue el mío, el verdadero. De todas maneras… a Luciano le quedaban pocas horas de vida. Ya había tomado la decisión.
-¿Me vas a contar alguna vez en qué embrollo andas metido?
-Sí, pero no ahora. Primero quiero que averigües el teléfono de Guillermo y le avises de mí.
-¿Quién es Guillermo? ¿Acaso… Joaquín?
Pedro sonríe y asiente con la cabeza. –No recuerdo los números, están en la zona de mi cerebro a la que no puedo acceder, pero tal vez lo encuentres por internet. Somos abogados, tiene un estudio, no debe ser difícil hallar algún dato para ubicarlo. Lo que te pido es que sólo hables con él, con nadie más, quiero asegurarme que recibe el mensaje y saber cómo se lo toma. Y que te diga si va a venir a buscarme.
Alex anota los datos en el celular. –Apenas me vaya de acá me pongo a investigar. No te preocupes. ¿Cómo estás, qué te dijeron los médicos?
-Cuando termine el horario de visita me dijeron que me va a ver el traumatólogo. Me fracturé dos costillas y aunque tuve una perforación en el pulmón ya estoy recuperado. La cabeza me duele de a ratos, tuve una contusión importante, un edema, no puedo fijar la vista porque me produce mareos. Los calmantes que me dan me tienen atontado… Quisiera levantarme pero no encuentro las fuerzas, es como si mi cuerpo tuviera las baterías descargadas. Hoy intenté sentarme solo y no pude. El cuerpo aún no me responde.
-Agradece, por lo que me contaron del accidente estás vivo de milagro. La sacaste muy barata.
-Si, ya sé… el pobre chofer que me llevaba no sobrevivió. El destino es muy retorcido. El tipo llevaba cinturón y yo no. Salí despedido y éso me salvó de morir quemado. Todo es muy loco.
-No era tu hora...
-No. Decime, ¿qué día es hoy?
-Hoy es viernes 15 de enero.
-¿Enero? Entonces hace como… tres semanas que estoy aquí.
-Estuviste ocho días en coma. Y recién hoy recordaste mi nombre.
-¡Dios mío, Guillermo debe estar muy mal! Tenés que encontrarlo urgente, que avisarle que estoy acá.
-Hoy mismo me ocupo, Pedro. Te llamo así, ¿no?
-Sí, Alex y gracias, por favor avisame cuando hables con él. Necesito saber cómo está. No pienso en otra cosa en todo el día. Nos habíamos arreglado. Vine solamente a liquidar todo, a despedirme. Qué ironía.
-No te inquietes, ya pasó lo peor –se inclina para darle un beso en la frente-. Mañana vengo, descansa.
Por la noche, apenas termina de comer, la enfermera le avisa que está en camino el traumatólogo. Cuando los ve acercarse, porque no es un médico sino dos, advierte la seriedad de sus semblantes. Se da cuenta que no son portadores de buenas noticias.
CONTINUARÁ
***
Querida Mary que belleza de relato, absolutamente conmovedor, hasta las lágrimas, Guille y ese profundo dolor que lo carcome, la culpa , la desazón por no saber de Pedro, y el corazón que no lo soporta, y Pedro accidentado solo, perdido, realmente un cap tremendamente doloroso y hermoso como pocos , me queda la esperanza de que Alex velará por ellos! Que así sea, por favor, besos enormes y felicitaciones , amo tu escritura! Marian.��
ResponderEliminarGracias Mariana, tu comentario me devolvió la tranquilidad porque esperaba palos y me encontré con palabras amorosas, te lo agradezco de corazón, vos estás del mismo lado del mostrador que yo, entendés que a veces lo dramático no es un capricho sino el mosquito de la inspiración que nos zumba al oído... uno es un poco un intérprete de lo que la mente manda... no es tan libre el acto de escribir, hay una zona misteriosa del cerebro que idea las historias como quiere... o como puede. Tu historia también cursa carriles de dolor y frustración, creo que por eso tu lectura es sumamente comprensiva. Te mando un beso enorme...!
EliminarVenía a casa desesperada por leer el capítulo de esta noche y ahora que acabo de hacerlo, siento que por algo era. Yo sabía que me iba a encontrar con algo espectacular como nos tenés acostumbradas.
ResponderEliminarPobre Guillermo! Leía y pensaba... Si me pasa algo así no sobrevivo, me muero o enloquezco. Debe ser torturante no saber donde está la persona que amas como a nadie en el mundo, si está vivo o esta muerto, ni que le pasó. Como dice Marian confiemos en Alex, pero todavía no sabemos como está Guillermo y ademas Pedro le pidió que hablara solo con él.
¡Ay Mary, Mary...! Si no te quisiera tanto.. jaja! Pero bueno, acá estamos enteras esperando.. ¡Abrazo inmenso!
Gracias Sandri valoro muchísimo el tremendo esfuerzo que hacés, desde ya quiero recalcar por si alguien lee ésto que te rompiste por publicar el sábado y no pudiste, si las historias salen a la luz es porque vos te arremangás y asistís este parto, te aplaudo y te felicito, sin vos no existiría el blog, asi que antes que nada, GRACIAS!!!!
EliminarCon respecto a lo que decís, es cierto... la incertidumbre es a veces peor que la muerte, se puede comenzar un duelo desde lo irremediable pero no desde la nada... el dolor se prolonga aún más y se torna indefinible. Guillermo ha sufrido demasiado ya, su cuerpo no resiste más. Era bastante previsible que algo así lo voltearía. Yo les diría que no confien en nadie si la bruja Buhler anda suelta con su escoba...jajajajaja, un beso enorme, Sandra, gracias por todooooo!!!!
Ayyyyyyyyyyyy Mary querida!!!! todo el dia afuera..no veia la hora de llegar para leerte!!! pero bueno uno tiene una vida real que atender tambien!!! que impactante capitulo MAry, leer todos los pensamientos y sentimientos de Guille me partieron al medio, por Dios! cualquier corazón cae y no sobrevive a ese cúmulo de culpas, miedos, incertidumbre y dolor!!! Pero Guille sobrevive no????#matamesino....
ResponderEliminarEstoy segura porque confío absolutamente en vos! y aunque el capitulo no fue pum! para arriba al menos sabemos donde esta Pedro y ya contactó a Alex...y éste una vez los distanció, hoy, los va a volver a unir! GRACIAS Mary!!! #adorarte por tanto! me encanto! Silvana (Barby)
Queridisima Silvana, si bien espero tus comentarios como el agua ya sabés que no hay obligación, yo te espero tranquila, hasta el otro domingo hay tiempo, jajajaa, también yo tuve un fin de semana complicado, a veces uno quisiera poder estar en todo y es imposible... siempre algo queda sin hacer. No voy a adelantarte nada porque no tiene gracia andar diciendo lo que va a pasar... sea bueno o terrible mejor callar. Como le dije a Sandra, no hagan conjeturas porque mis chicos son impredecibles a veces... aún no se barajaron todas las cartas. Muchos besos!!!
EliminarComo siempre, comienzo con "aaayyyyy Mary....." Que dolor, Pienso igual que Sandra, si me pasa algo así, no sobrevivo. Pobre Guille, me mata de tristeza, imagino su dolor, su desesperación. El próximo fic, por favor, TODO JUNTO! esto del suspenso me mata. Confío en vos, es la historia que creas, en como la llevas, en las idas y vueltas y en los desenlaces, en como piensan cada uno de ellos (tan ellos), me fascina! Pero en cuenta gotas, no ;( por favor! Sos una gran escritora, pero me matas de desesperación. "Apiádate de mi" :) Besos Romina
ResponderEliminarAyyyyyyy Romi!!!! ajajajajaja ya sabés que si pudiera te lo mando íntegro pero los blogs son así... fueron hechos para la tortura. Gracias por tus comentarios y aunque decís que no querés sufrimiento yo sé que en el fondo te gusta o ya me habrías abandonado hace rato! Los que quieren sufrir son pocos pero están aunque no lo creas... son una extraña y pequeña minoría que hasta tiene miedo de alzar la voz, jajaja Un beso grande Romi!!!
EliminarEl próximo capitulo no tan desesperante como este por favor!! Gracias por seguir escribiendo en este 2015 ...Un gran abrazo!!
ResponderEliminarAdriana, tal vez un poquito menos desesperante... pero esto es una montaña rusa, ni más ni menos. Un beso y gracias por estar ahí también en este 2015!!!
EliminarMagistral lo suyo Mary. Es una cosa tan exquisita que, a pesar de lo angustiante y despiadado de las situaciones es un placer tan grande leerlo, que creo que ningún capítulo lo disfruté más. Es una belleza narrativa que reconforta el espíritu.
ResponderEliminarParticularmente maravillosa la descripción de la situación previa al ¿infarto? de Guille. Los dos hospitalizados, faaaaa!! Y yo no me olvido que este Guillermo es el que estuvo a punto de suicidarse, ahora su cuerpo ante lo que cree "la verdad" decidió tomar ese camino. Estás pintando un amor tan grande, me encanta tu lado sádico ;-)
Ese Alex me está cayendo muy simpático.
Pero el fin del capi me dejó con una horrible espina... Yo me imagino que Pedro está... ¿paralítico? =S
PS: Esta historia me tiene completamente obsesionada, creo que ya te lo dije. Todo me hace pensar en ella. No puedo escuchar hablar de Brasil porque es imposible que no lo asocie.
Estaba reviendo algunos fragmentos del espectáculo que tiempo atrás nuestra Elena Roger hizo sobre Mina, y escuchando algunas canciones todo me remontaba a esta historia... Particularmente una, que se llama "Un Año de Amor", me llevó al momento en que Guillermo tomó la estúpida decisión de dejar a Cielito. Luego la posteo en FB =P
Te mando un beso gigante Mary. La que no va a sobrevivir soy yo cuando termine esta historia porque soy adicta.
Guilleeeee!!!! ya tenía la respuesta escrita y se me tildó la compu, jodeeeerrrrr!!!! Bueno, voy a tratar de ser más breve porque esto anda como quiere... me alegra muchísimo que te guste la onda brasileña, te cuento que yo lo escribí entre marzo y abril del pasado año, también estaba re obsesionada... me costó ponerle punto final a la historia. La idea me surgió porque en un reportaje la sra. Aguirre dijo que se iban a fugar a Brasil cuando pasó lo que pasó... la idea me quedó dando vueltas en la cabeza, me parecía rarísimo porque siendo Guillermo como es... así que me decidí y los mandé para allá, para "enterarme" cómo se iban a adaptar... tenía mucha curiosidad... después la historia se disparó para el santo carajo... en fin. Igual no te preocupes, faltan algunos capítulos y después... la cosa no termina, tendrán que aguantarme unos meses más, (si quieren), aún me queda mucho por contar. Te mando un beso grande y gracias por estar y por poner siempre cosas tan interesantes, es un lujo leer tus comentarios! Espero la canción!
EliminarLLEGASTE AL NIVEL 10 MI SADIC AMIGA DE VERDAD NO PODES!!!!!!!!!!!!! DECI QUE ME TOME EL COCTAIL Q TE DIJESINO ME INTERNAN AL LADO DE GUILLE JAJAJAJAJ,SOS TREMENDA BUHLER TE ZARPAS DE GENIA DONDE ENCONTRAS LA INSPIRACION PARA ESCRIBIR DE ESTA MANERA??? VOS SABES QUE TE RECONTRAARCHIADMIRO Y TE QUIERO EN IGUAL MEDIDA PERO ME ESTAS MATANDO A FUEGO LENTO CHICA...DAME UN RESPIEX..SOY UNA PERSONA MAYOR DE EDAD ...!!!!! ME VOY A CONVERTIR EN LA VENGADORA ANONIMA Y TE VOY A IR A BUSCAR EJEJEJEJEJEJEJ ...................PARA TOMERNOS UNOS BAILEYS AMIS ...QUE PENSASTE JAJAJAJAJAJAJAJA BESTIA ANIMAL SOS INFALIBLE ESCRIBIENDO ME PONGO DE PIE Y TE APLAUDO!!!!!!!!DECIME EN QUE HOSPI ESTA PEDRITO PARA IR A HACERLE THERAPY JIJIJIJIJIJ....
ResponderEliminarMajito lindaaaaa!!!!!!!!!! si algún día no comentás te voy a buscar y yo te agarro del cogote hasta que lo hagas! Me hacés largar la carcajada siempre!!! No puedo explicar lo bien que me hace leerte! Y hasta culpable me siento... porque yo te mando drama y vos me hacés reir... mirá lo que causás en mi! EStoy esperando Toma1, ya sé que no se pudo el sábado y Sandra sufrió mucho por éso, espero que mañana o pasado sí se pueda... ya estoy extrañando demasiado a esos dos que se "odian" tanto... jajajaja No puedo informarte dónde está Peter porque irías y causarías el "efecto mariposa", alterarías el curso de la historia!!! Asi que aguántese m´hija! Un beso grande grande!!! (ah, se me acaba de ocurrir algo... mmmm jajajaja tal vez te incluya en la historia jejejeje, te parece? una simple mención...? Como fisioterapeuta?
Eliminarme muero muerta jajajajajajaj me harias archi inmensamente feliz y lo ando necesitando amiguita gracias mery sos tremendamente impresionante beso y cuida esas manos y esa cabeza que quiero leerte por los siglos de siglos AMEN!!!!!
EliminarSin palabras ....decirte que este capitulo me dejo clavada delante de la computadora sin poder de reaccion es decir poco....y al toque se me vino a la mente " Algo para recordar" de Gary Grant y Deborah Kerr...no se ...el final...medicos con cara de malas noticias...Ya no te puedo decir lo bien que escribis porque hasta eso parece infantil....SOS IMPRESIONANTE...
ResponderEliminarTu comentario me dejó helada... te cuento algo... Mientras lo escribía, me venía esa peli a la cabeza. Yo fui una adepta de las peliculas románticas de Hollywood, y ésa particularmente se me quedó muy grabada en la memoria... Esta parte de la historia me la trajo a la cabeza igual que a vos... por éso tu alusión me impactó mucho. Gracias por los elogios, son lindas caricias que nunca se pueden dejar de apreciar, aunque uno se sienta no demasiado merecedor de ellas vienen muy bien. Si podés firmame el comentario porque me encanta saber a quién pertenece... sobre todo cuando es tan lindo! un beso enorme!
EliminarNO SE PUEDE, NO SE PUEDE SER TAN, PERO TAN MALAAAAAAAA.
ResponderEliminarTODO ES DOLOR, DESOLACIÓN, DESESPERACIÓN, ANGUSTIA.
¡CUANDO PASAAAAA LA TORMENTAAAA!! QUIERO VER UNA LUZ DE ESPERANZA, PLEASE.
OTRA VEZ CIELITO, ENCIMA LOS MÉDICOS CON MALAS NOTICIAS, ESTO ES DEMACIADO,. ALEX, ES CIERTO, NO SOS SANTO DE MI DEVOCIÓN PERO TE LO SUPLICO, ME ARRODILLO DE SER NECESARIO PERO POR FAVOR COMUNICANTE CON MI GUILLE, VIAJA A BUENOS AIRES, NO SE, PERO HACELE SABER A GRAZIANI QUE SU PEDRO ESTA VIVO.
GUILLE, PRECIOSO, AGUANTA, SE FUERTE.ES UN ACTO DE FE EL AMOR.
IM-PRE.SIO-NAN-TE CAPITULOOOOOOO.IMPECABLE,
AY, MARY, ESTE NOVELON ES ADICTIVO. QUIERO UN CAPITULO DOBLEEE, O CAPITULOS MAS LARGOS.
TODOS LOS APLAUSOS TODOS.
P/D QUIERO CREER QUE LA FELICIDAD QUE LES ESPERA, ES DIRECTAMENTE PROPORCIONAL A TODO LO QUE ESTÁN SUFRIENDO , DE LO CONTRARIO, TE VOY A ENVIAR A UN ASESINO SERIAL, QUE SE DICE ESTARÁ ENTRE NOSOTRAS DURANTE EL TRANSCURSO DEL AÑO, JA, JA, JA.
"AUNQUE NO LO CREAS, ESTO TAMBIÉN VA A PASAR"
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO, CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA.NO PUEDE NO PASAR .MONICA DE LANUS
Moni, gracias porque entremezclás los tirones de oreja con los elogios, una de cal y otra de arena! Tal vez mande un doble capítulo, veremos. Me quedo con algo que me impactó: Si querés mandarme al asesino serial ése que ya sabemos, hacelo, Moni, hacelo, date el gusto...!!!! (como diría Graziani), yo aquí lo espero entera, tranquila... con los brazos abiertos!!! Nada me haría más feliz, muero contentaaaaa jajajaja, qué linda amenaza te mandaste! Te mando un beso gigante, gracias por tus comentarios!
EliminarLo resistí pero estoy "muy" enojada.......Sos mala,mira como sufre el pobre Guiie.....ese Pedro internado......no saben nada uno de otro.....Ahora no sabemos que pasa con Pedrito...Hay mujer que sufrimiento.......Estoy atónita......aaahhhh y no se si no apoyo a Majito las dos nos convertimos en vengadoras anónimas y pobre de ti.......Mira si digo que sos una bestia escribiendo y que superaste mis expectativas no te miento pero no te lo voy a decir,no,sigo enojada y nunca diré que te admiro y que nunca cambies.......aaahhh y tampoco voy a decir "ANIMALLLLL".......ni te amoooooo!!!!! no te digo ni beso ni abrazo........chauuuu MIRTA Ardemagni.....
ResponderEliminarMirtuuuu te estás volviendo muy osada, yo te cuido y te digo que no lo leas y vos no me hacés caso! Ahora a lo hecho, pecho! Me encantan tus elogios encubiertos, jajajaja sos única! Te prometo que cuando termine este fic vas a respirar tranquila... para llegar habrá que cruzar muchos campos de batalla, pero lo vale! Eso sí, falta bastante, así que paciencia... paciencia y más paciencia. Un beso enorme y que te vaya muy bien en BsAs con las chicas... sería muy lindo ir pero no puedo :( Otra vez será!
Eliminar"El drama" es un género viejo como los tiempos, al igual que "La comedia". Ambos son tan extremos que personalmente me atrapan porque soy intensa. Obvio que para hacerlo hay que hacerlo muy bien, sino se pierde el sentido de ambos.
ResponderEliminarMary, te banco a full, porque lo que vos hacés tiene estilo y es impecable. Si no estuviera tan bien narrado no sería interesante leerlo. Pero es para aplaudirte de pie. Ya te lo he dicho, serías una profesional de la pluma si quisieras porque te sobra talento. Besos y no dejes de escribir!
Yo lo sé, personalmente amo las dos caras, pero entiendo la postura si me pongo en el lugar de los que piden no sufrir...ya se sufrió mucho con la novela. El problema es que a mi me sale asi... No soy sir William que era un genio en el arte del drama y la comedia... Ni tampoco me destaco como romántica... Uno hace lo que puede, lo que le sale. Lo que me intriga es por qué insistir en pedirle peras al olmo... Si querés peras andá al peral!!! (Lo digo con onda, eh!) Gracias mi hermosa editora, sos un lujo como escritora, como editora y como amiga.
ResponderEliminarAsí que "esa" dijo que se iban a fugar a Brasil? Yo no la escuchaba, no la escucho ni la escucharé porque como me vienen ganas de estrangularla y no lo voy a poder hacer, y esa onda negativa me va a volver, prefiero evitarla... Pero si de allí surgió esta maravillosa historia que nos estás brindando, bienvenido sea! De todo queda algo positivo.
ResponderEliminarYo siempre pienso que si no hubieran hecho eso tan horrible que hicieron, nunca hubiera llegado a conectarme con Uds. Porque me hubiera quedado con lo visto en Tv y por más que me hubiera encantado la historia, mi pasión no hubiera desbordado de manera de tener que canalizarla cibernéticamente. Y me hubiera perdido de conocer personas maravillosas e historias que, muchas, superan ampliamente lo planteado en la original.
Conclusión: hasta de lo más negativo salen cosas buenas! Y esto me hace muy feliz ;-)
Ah! Otro punto que quiero destacar: Pedro sintiéndose acompañado por Guille en sus peores días de hospital... Y Guille sintiéndose acompañado por Pedro en los momentos previos a desplomarse... Esa conexión "cósmica" que tienen. BRILLANTE! (Siempre pongo la cuarta parte de todo lo que quisiera poner)
ResponderEliminarCoincido, algo bueno quedó de esa catástrofe. Yo particularmente no imaginé que una novela podría traer tanta cola. Me parece algo insólito y digno de un estudio sociológico. (O psiquiátrico jaja). Igual no deja de ser divertido. Ojalá dure!
EliminarCorrijo: ojalá dure el fenómeno más allá de los fics, rescato sobre todo la amistad que se gestó, eso quisiera que dure.
EliminarComo abandonarte Mary? Jamás! Me pareces una escritora estupenda. Tu modo de contar, de describir, de llevar las ideas de los 2 desde sus puntos de vistas (tal cual son ellos). Los conflictos y los desenlaces, me encanta. Me atrapa tanto y me hace sentir tanto, que me lo creo (es como Julio, actua de lo que actua y te lo crees). Por eso me vuelve loca, porque me encanta la historia. Pero sobre todo la respeto. Vos la creas y es tuya y vos la llevas a donde vos quieras y para donde vos quieras (yo compro, eh! ;). Y te repito ME ENCANTA! Solo que no puedo manejar la ansiedad, ya lo sabes. Me gusta tanto que la quiero toda ya! Pero ya! ;) Besos Romina
ResponderEliminarGracias Romi, es un reto escribir sobre algo que tanta gente escribe (en este caso la historia de Guille y Pedro), y resultar interesante, creible y no ser demasiado repetitivo. A veces quisiera mandar todo al carajo pero yo también estoy atrapada en esta telaraña y no puedo zafar. Al menos no hasta que termine esta historia y pueda volver a mi vida normal, recuperar la tranquilidad (y el aburrimiento). Es muy bello esto pero también un poco estresante. Gracias por todo!
EliminarHay que belleza y que dolor , pero estoy aquí entera y eternamente agradecida de esta historia un besotes grande mara rosas
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